Robres

Robres

 *Foto: Robres. 

Madoz

Diccionario Geográfico – Estadístico – Histórico 

1845-1850

l. con ayunt. en la prov. y dióc. de Huesca (6 horas), part. jud. de Sariñena (6), aud. terr., с. g. de Zaragoza. Sit. en una hondonada, con buena ventilación, y Clima templado y sano; las enfermedades comunes son fiebres gástricas. Tiene 480 CASAS, la consistorial y cárcel, una escuela de instrucción primaria , dotada con 1,400 rs vn., concurrida por 40 alumnos; una iglesia parr. (Ntra. Sra. de la Asunción) cuyo curato es de 2ª clase, de provisión real y ordinaria; el cementerio se halla en paraje ventilado; los vec. se surten de aguas de pozos y balsas, para beber, y demás usos domésticos. El Térm. соnfinа N. Fraella y Senes; E. Granen; S. Alcubierre, y O. Leciñena, en él sé encuentra una ermita dedicada á San Miguel. El Terreno participa de llano y montuoso; hay varias alturas ó cabezos aislados; pero el monte principal llamado la Sierra forma cord, con los de Senes y Alcubierre; es tenaz y pedregoso, poro muy fértil en años abundantes de lluvias; hay un bosque arbolado de pinos, y deh. para pastos Hay varios Caminos locales de herradura, y uno que conduce á Zaragoza. Prod.: trigo, cebada, avena, vino y legumbres; cría ganado lanar, caza de perdices, conejos y liebres y pesca de tencas en las balsas. Pobl. : 120 vec. 745 alm. RIQUEZA IMP.: 161,360 rs. CONTR.: 21,184 rs.

Historia. La primera mención que aparece de este pueblo en la historia, pertenece al año 1118, con motivo de haber sido conquistado en aquel año por el rey D. Alonso el Batallador. No sabemos otro hecho digno de citarse hasta la guerra de la Independencia contra la agresión francesa de 1808. En Robres tuvo lugar la única sorpresa que sufrió en el discurso de toda su vida el insigne caudillo español D. Francisco Espoz y Mina, nuestro estimado y particular amigo y paisano. Hemos merecido de su respetable viuda, la Excma. Sra. Doña Juana María Vega, condesa de Mina, la relación de aquel memorable acontecimiento, copiado exactamente de lo que sobre este suceso dejó su mismo héroe, consignado en sus memorias cuya publicación espera con ansia el público y que tal vez no se haga esperar largo tiempo según lo denotan las siguientes palabras de la Sra. condesa. «Veremos si ahora me es fácil llevar á cabo este pensamiento que tanto me ocupa, y para cuya realización no he perdonado gasto ni fatiga; por considerarlo como un deber á la memoria de mi virtuoso marido, y un servicio a la nación, cuya felicidad fue el norte de toda su vida.» Reconociendo el gran mérito de la autenticidad de esta relación, no podemos menos de transmitirla á nuestros lectores y es como sigue.

«Preparado yo para marchar á Aragón con el fin de pedir razón de su conducta al Malcarado Tris, (‘) previnele que con su partida se reuniese al comandante de húsares D. Miguel Irribarren que se hallaba en aquel reino, y el 22 de abril de 1812 sin mas aviso me presenté en el pueblo de Robres, donde estaban. Malcarado receló de mi ida y así lo daba á entender en su semblante: creí tranquilizarlo por el pronto con demostraciones de aprecio, y para mas inspirarle confianza le encargué aquella noche que con su gente cubriese los puntos de la Atalaya avanzada del pueblo para impedir toda sorpresa del enemigo, sin perjuicio de que Irribarren por su parle no descuidase otras medidas de precaución. Propúsome además Tris con toda la astucia de una alma depravada, que creía conveniente para mejor seguridad, enviar á Huesca uno de sus confidentes à fin de que observara si la guarnición enemiga de aquel pueblo hacia algún movimiento, y en el caso de hacerlo diese pronto aviso. Convine en la propuesta y de buena fe con esta mayor confianza nos echamos á descansar.

Pero resultó que en lugar de la comisión de observar, llevó el confidente de Tris la de hacer mover las tropas que había en Huesca, y antes del amanecer del otro día, ya teníamos sobre Robres 800 infantes y 150 caballos de la división Panatier que de Navarra se había corrido á Aragón. Adelantaron se algunos caballos conducidos por el confidente enviado por Tris, y esta fue mí fortuna: rodean mi alojamiento, despierto me al ruido que sentía en la calle, me asomo á la ventana, y veo que los enemigos forcejean la puerta de la casa: llamo á mis asistentes, y corro á las armas. Mí maletero Luís Gastón á mis voces corre á la puerta, y medio la abre para observar lo que había : llego  yo á ellа al tiempo que uno de los húsares franceses hacia empeño de entrar con su caballo: detengo le yo dando al caballo con la tranca de la puerta, y recibiendo de ella varios golpes de sable, con los cuales he llegado á entender que el dueño de la casa la enseñaba después como una curiosidad: arremolinandose otros 5 caballos, que estaban próximos á la puerta, con los movimientos del primero y cejan algún tanto dando lugar con esto á que yo pudiera cerrar la puerta y se me preparase el caballo: montado ya en él, hago al patrón que abra enteramente la puerta y salgo con precipitación seguido de algunos ayudantes que alojaban en la misma casa, y de un tajo de sable hiero malamente en un brazo al húsar que estaba mas próximo á mi salida; pico el caballo á delante dando grandes voces á mis soldados, atúrdense estos; corren unos sin caballos hacia donde suena el grito; otros montados en pelo y muy á la ligera de ropas, otros sin armas y todos confusos y atolondrados. Y para que los mas puedan lograr su salida, entretengo á los enemigos corriendo de uno á otro lado, y sosteniendo sus ataques con un puñado de valientes que de pronto lograron unírseme. Poco después Irribarren, Gurrea y otras mas se me reúnen, y con ellos hago mas frente al grueso de la caballería enemiga y rechazo algunos grupos de ella, y cuando llegaba su infantería dejé el pueblo, y cada cual de los que me acompañaban tiró por donde pudo: los que se vieron imposibilitados de salir quedaron hechos prisioneros, y entre ellos, mi maletero Luis Gastón; logré rescatar a mi ayudante secretario el capitán D. Félix Boira que se vio muy apretado por un trozo de enemigos, pero tenia serenidad y brío, y acostumbrado á salvar peligros, aunque herido, con mi auxilio se desembaraza de estos y viose libre de sus garras.

Lleno de cólera aguardé no lejos del pueblo á que los franceses lo desocuparan, viendo que no aparentaban seguirme, y en efecto, antes del mediodía se volvieron á Huesca con el botín de todos nuestros despojos con 6O soldados unos prisioneros y otros tantos caballos cuyas monturas y lanzas quemaron en la plaza: finalmente, rescataron una porción de prisioneros que días antes había hecho Irribarren atacando un convoy. Todo este fracaso nos vino de la traición de Tris, el Malcarado, mezclado tal vez con otros cómplices. Por descontado, intercepté el parte del alcalde de Leciñena, firmado por él y por el cura del lugar, dando noticia de la sorpresa al comandante de armas francés de Zuera, y de que muchos de los dispersos se dirigían á pasar el r. Gallego por aquella parte, y te invitaban salirles al encuentro; y á mas de este documento el hecho fue confirmado por los mismos á un oficial disperso de la división, que se fingió francés extraviado dé la columna la noche anterior. Tris fue visto durante la refriega, pero se supo pronto que por la noche había desaparecido del pueblo, y lejos de seguirme en mi salida como pudo hacerlo no se me presentó hasta el día siguiente.

Apenas el enemigo había desocupado el pueblo, volví yo á él; me encontré un espía de los franceses venido de Zaragoza, y lo hice fusilar: averigüe el descuido ó la mala intención de no haber dado aviso de los movimientos de los franceses, teniendo tiempo y ocasión para hacerlo conforme les estaba mandado, de 3 alcaldes ó regidores de los pueblos por donde transitaron, y en donde hicieron alguna mansión, y sufrieron también aquella pena; igual suerte experimentaron el cura y alcalde de Leciñena, después de recibida información en regla acerca de sus sentimientos y procederes, de la cual resultaron probados los malos hechos que se les imputaban; por último, hice fusilar á Tris después de convencido de su delito de traición, y le acompaño un criado que tenia á quien antes de la guerra se le habían probado dos muertes: estos últimos sufrieron la condena en el pueblo de Alcubierre.»

Publicau en Os Monegros el 4 de octubre del 2011.

– Enlaces relacionaus:

Francisco Espoz y Mina

Húsares

Zancarriana w

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