Archivos Mensuales: junio 2015

El bandido Cucaracha, la película.


Mariano Gavín Suñén vuelve a sus andanzas gracias al primer largometraje aragonés de animación: “El bandido Cucaracha, la película”. Un proyecto ilusionante que al final verá la luz bajo la dirección de Juan Alonso y Héctor Pisa, componentes de la asociación Audiovisual The Second Man productions.

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Juan Alonso y Héctor Pisa

Héctor, con raíces monegrinas, vivió en Montesusín y parte de su familia proviene de Robres. Su robresina abuela le contaba historietas del bandido Cucaracha y su figura siempre le ha despertado curiosidad y fascinación. En la memoria colectiva prevalece la visión romántica del bandido que robaba a los ricos para dar a los pobres y así  ha quedado reflejado en el bandido Cucaracha, la película.

A principios de junio quedé con ellos en Huesca, me enseñaron los decorados que han dispuesto para exponerlos en el festival de cine de Huesca y luego, tranquilamente en una terraza, charlamos sobre la película y el celebre bandolero monegrino, un encuentro muy agradable y enriquecedor.

Para la realización del largometraje han tenido que consultar abundante bibliografía y mantener entrevistas con la gente del territorio que han conservado la tradición oral, pero la obra de referencia ha sido “El Bandido Cucaracha y Puchamán de Lobarre”, de Rafael Andolz. Juan y Héctor han recorrido los parajes más singulares monegrinos por donde merodearon los bandoleros, entre ellos la sierra de Alcubierre, Jubierre y algunas zonas del Cinca medio que han servido de localizaciones. Entre los muchos colaboradores se encuentra el najino Macario Andreu, quien recuperó el certificado de defunción del Cucaracha y les acompaño al corral de l´Anica. En el corral de l´Anica fue donde le dieron muerte al bandolero y parte de su cuadrilla, allí encontraron los trajes carlistas que emplearon en algunas de sus fechorías. Trataron de encontrar su tumba pero no hubo suerte. Hay muchas historietas y muchas leyendas, donde sin duda abunda el misterio y la fantasía, como la de una familia que encontró, al reformar una casa vieja, un escrito que decía que ahí había estado el Cucaracha, otros llegaron a encontrar un botín perdido por los bandoleros.

Existen diferentes versiones sobre el comienzo del bandolerismo de Mariano Gavín, muchas son las hipótesis sobre líos de faldas y disputas varias con Santiago Ardid. (La muerte de Santiago Ardid, por Alberto Lasheras) Además, la leyenda se alimenta de versiones e historietas que se repiten en las distintas localidades monegrinas. Pero si algo ha generado controversia ha sido el origen del apodo de “Cucaracha”, que falsamente se atribuía a la canción de “La cucaracha”, muy posterior a Mariano Gavín. Juan y Héctor  me aclaran que existe una canción popular de su época que probablemente cantaba y bailaba Mariano mientras, muy de zagal, realizaba las labores de siega en la sierra.

¡Ay!, que me pica,

¡ay!, que me araña

con sus patitas

la cucaracha.

El bandido “Cucaracha” y la “Cucaracha”.

Al principio iban a realizar un cortometraje de animación, pero había tanto que contar, tantas historietas, que al final han acabado realizando un largometraje. El primer largometraje de animación aragonés que utiliza, además del castellano, la lengua aragonesa como valor añadido de normalización en el uso y empleo de nuestra esencia cultural. La traducción al aragonés la ha realizado Chuse Ignazio Navarro y tiene en consideración las antiguas relaciones sociales entre la montaña y el llano. Como dice Roberto Serrano se decía desarmato en vez de desarmau por su influencia ribagorzana a través de la trashumancia. (ver Romance de Marichuana).

El largometraje recoge muchas de las historietas del Bandido Cucaracha y su cuadrilla, como la del barquero de Pina, pero son muchas las que se cuentan y se ubican en diferentes lugares. Las han ido hilando hasta construir un relato coherente que redescubrirá una gran figura popular aragonesa.

 “Si el Cucaracha hubiese sido de otro lugar, su figura estaría mejor valorada y reconocida.”

Han construido los muñecos, los decorados, la vestimenta.., un arduo trabajo que sin el esfuerzo y la ilusión por un proyecto en el que firmemente han creído  no hubiera sido posible. Comenzaron en el 2010 y han recibido pocos apoyos, les llegaron a decir que vendían humo. Esperan recuperar lo invertido y agradecen la suerte de haber tenido numerosas y desinteresadas colaboraciones, más de cien personas. Un gran elenco de artistas aragoneses participan en la producción… músicos, doblajes, técnicos. Un trabajo con mucha ilusión y esfuerzo que, a buen seguro, nos sorprenderá. ¡Gracias! y como dicen en el mundo del espectáculo, ¡mucha mierda!.

 

La memoria del hambre


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La memoria del hambre es la historia de esta árida tierra monegrina, de escasas precipitaciones y malas cosechas, de duros trabajos y de emigración a las grandes urbes. La llegada del regadío ha transformado el medio y nuestra nueva forma de vida deja atrás el hambre, la sed y su memoria, que hoy se asoma para no olvidar de donde venimos y quienes somos.

Además del cultivo del trigo y la cebada, en esta tierra, el panizo nos ha ayudado a sobrevivir; a pesar de su principal producto, el grano, su aprovechamiento abarcaba toda las partes de la planta: la “cascarota” para hacer colchones, el pelo de la “panocha” o “panota” pa infusiones para las infecciones de orina y con el “zuro” y las “cañuflas” s´hacía fuego. En las hogueras se quemaba todo lo que se podía, pues la leña en esta zona escaseaba, se aprovechaba la paja y hasta las “antostas”, el fiemo seco de las cuadras. Cuando aparecían los pelos negros de la panocha, se “espuntaba” el panizo por encima de la panocha y con lo replegau s´hacían fajos para alimentar al “vacumen” (conjunto de ganau vacuno).

La leña la bajaban las gentes de Lanaja desde la sierra d´Alcubierre; de Castejón y Pallaruelo de Monegros traían romeros para vender o cambiar por remolacha o patatas. Alguna casa rica del lugar compraba al año un par de carretas de fajos de romeros y los repartía entre las gentes más necesitadas.

En la festividad de los animales se celebraban las hogueras de San Antonio, ningún animal realizaba faina alguna y las caballerías se quedaban en las cuadras; hasta la Guardia Civil amonestaba a quien hacía trabajar a un animal. En las hogueras se bailaba y se cantaba, en cada barrio s´hacía una hoguera y se asaban patatas. Era la fiesta de las caballerías, los agüelos prendían la hoguera, se sentaban arredol y regañaban a los zagales que enredaban con la hoguera. Un día de fiesta, de descanso, de güen vino y güena compañía.

Con el panizo royo se obtenía la harina con las que se elaboraban las farinetas, alimento básico al igual que la salvadora patata. Las tostadas de vino y azúcar fueron un gran aporte nutricional para los zagales y zagalas de nuestra tierra, ¡toda una gran merendola!.  S´ha comido de todo, verduras que en otros lugares se despreciaban, aquí han sido y son un manjar, como las borrajas y los cardos. Igual ha sucedido con las tripas y vísceras: chiretas, cabezas de cordero, sesos, libianos, madejas… lo que antaño era una necesidad, aura la casquería forma parte de la alta cocina. Lagartos, gurriones fritos, serpientes, tordos e incluso rabosas servían de alimento.  El hambre ha empujado a las gentes a sobrevivir, al furtivismo en la caza, al estraperlo e incluso al bandolerismo, muy célebre en nuestra comarca por la cuadrilla del Cucaracha.

Los huesos del muladar de la Laguna eran cambiados por naranjas. Por la laguna se juntaba el ganau de diferentes casas: vacas y ovejas eran pastaus por los guayateros (encargaus del rebaño común). Muchos zagales iban a buscar, con cantaros de leche, el caldo de cocer las bolas y butifarras de las matacías de las casas más ricas y lo aprovechaban como apreciado caldo. Tamién se iba al Casino para comprar los “posos de café” que se aprovechaban para volver a hacer un café “una miaja flojer” en casa. En los hornos de pan, los zagales pedían algún corrusquer de pan, había un horno en la calleta, entre la casa de Juan Torres y Mariano Torres y otro cerca de la plaza de la iglesia.

De la “pastura”, que es un cocido pa los tozinos con salvado (cascarilla del trigo)  y patatas, recuerda Arturo Morera con los amigos coger algunas patatas antes de que bulcasen el caldero en la zolleta.

Algunas mujeres acudían a las vías del tren a recoger el carbón quemado “cagacierros”, que los maquinistas arrojaban a la vía. Aquellas mujeres daban tanta pena que los maquinistas tiraban alguna que otra vigueta de carbón (carbón sin quemar), que se la disputaban aquellas sufridoras mujeres y que incluso alguna de esa disputa, por la necesitada vigueta, acabó a puñetazo limpio. Las mujeres llenaban pesados sacos que transportaban sobre sus espaldas caminando hasta Sariñena. Muchas portaban el saco sobre su cabeza, llegaban agotadas, negras del carbón, con el miedo a ser interceptadas por la Guardia Civil y les fuera incautada su precaria subsistencia. Muy dura fue la época de la postguerra, de un hambre horrible y una represión terrible. La dignidad de la supervivencia y la lucha de aquellas mujeres es un ejemplo, una memoria, la nuestra, la de nuestro pueblo que no se ha de olvidar.

Zagales y zagalas recibían como “Cabo d´año” un higo seco con una almendra dentro, tamién se hacían collares “zerollos” o “collares zerollicos”, en una cuerda iban poniendo los higos secos con la almendra hasta formar un collar, asinas que, poquer a poquer, se lo iban comiendo.

Muchas gracias a todas las personas que comparten sus recuerdos, aquí quedan plasmados en nuestra revista “Quio”, contribuyendo a recuperar nuestro pasado reciente, de una gran sabiduría de la que es un placer ir aprendiendo. Muy especialmente, gracias a Simone y a los Migueler (padre e hijo)  por abrirme el arcón de los recuerdos de la cadiera monegrina, que no se cierre y olvide nuestra memoria, de la que muchos y muchas, siempre nos sentiremos orgullosos.

Zancarriana w

El valor del monasterio de la Cartuja de las Fuentes (2ª Parte)


Cartuja* Foto: maqueta de Manuel Casabón. (Museo de la laguna, Sariñena)

Opinión de Belén Boloqui Larraya, Catedrática de la universidad de Zaragoza, Historiadora del arte y reconocida activista por la defensa del patrimonio cultural y fundadora de la Asociación Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (APUDEPA).

¿Cuál es la importancia arquitectónica del monasterio de la Cartuja de las Fuentes?

“El monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes es una obra sobresaliente del siglo XVIII en España, una excelente arquitectura que algunos estudiosos han vinculado a los Yarza, destacados arquitectos aragoneses del siglo de  la Ilustración. Quienquiera que sea el autor, todavía no está documentado, lo que es irrefutable es la alta calidad del proyecto y de la obra, su ejecución en sí misma. Todo el monasterio  viene determinado por la exquisita pureza de las líneas arquitectónicas y el uso impecable de los órdenes arquitectónicos clásicos, materializado en la armonía y proporción que irradia todo el conjunto arquitectónico, incluyendo como tal  el edificio de la portería, el gran conjunto  monacal, que gira especialmente  en torno a la iglesia y al  claustrillo y  sus dependencias anexas, sin olvidar el gran claustro-cementerio al que daban las celdas de los monjes, ahora en ruinas.”

Sobre el trabajo decorativo de Carlos Salas ¿qué importancia tiene? ¿Qué queda?

“Si en arquitectura es una obra excepcional, lo que no puede haber ninguna duda tampoco es que en el caso de la decoración escultórica se acudió a un excelente artista en el panorama escultórico español de mediados del siglo XVIII, Carlos Salas Vilaseca (Barcelona 1728-Zaragoza 1780). Salas fue becado para ir a estudiar a Roma, alcanzó el grado de Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fue profesor en la Academia particular de Bellas Artes de Zaragoza. Para darnos idea de su categoría profesional señalaré que Carlos Salas es el autor del trasaltar marmóreo de la Asunción de la Virgen  en la Santa Capilla del Pilar del Zaragoza y del altar del Santo Cristo, también en mármol,  que preside la capilla del panteón del Monasterio de San Juan de la Peña. Carlos  Salas y José Ramírez de Arellano (c.1705-1770) representan la mejor escultura del siglo XVIII en Aragón.”

“La intervención de Salas en la cartuja  se debió a los hermanos Comenge, señores del  vecino pueblo de Lalueza, algunos de ellos vinculados a Madrid y a la Corte, y en concreto al duque de Béjar, que proveyó una elevadísima cantidad del coste total del encargo, 6.400 libras jaquesas, un precio que considero muy alto pactado para la totalidad de la obra, es decir, retablos, relieves y escultura, incluido el dorado y la policromía: retablo mayor, tabernáculo del trasagrario, cinco sillas para la sillería del coro y el  facistol, así como los relieves y las esculturas que lo adornaban, todo ello en madera dorada (altares) y policromada, esculturas y relieves, estos últimos pintados por el propio Carlos Salas. Se contrató el 12 de enero de 1769 y al menos estaba concluido el altar y su adorno en 1772, 27 de noviembre, fecha en que se contrató el dorado a Diego Gutiérrez de Barbastro por 1.400 libras jaquesas. Por cierto, que en ese contrato, la persona de confianza, el gran intermediario entre D. Narciso Comenge y el dorador, Diego Gutiérrez, fue Fray Manuel Bayeu que actuó de depositario de los libros de oro que se irían sirviendo a fin de llevar a cabo el dorado de los altares. Además, fray Manuel tenía la misión de controlar la perfección de la obra, de tal manera que a la menor falta del dorador este quedaría avisado por el hermano cartujo.”

“La gran máquina dorada del retablo mayor de sobrio estilo académico, atemperado por  la escultura y el adorno de diversos  grupos de angelotes,  que lo decoraba, debió de arder como monumental falla durante los años de la guerra civil, expresión de la ira,  ignominia e ignorancia  que alentaba a los iracundos pirómanos.”

“Lo que se conserva de Carlos Salas procedente de la cartuja en buena parte está disperso pero algo queda “in situ”,  más de lo que habíamos sospechado en un principio, obra en estuco, tema que está por estudiar. El trasaltar del trasagrario, a modo de  baldaquino, “algo arreglado”, preside la capilla del Santiago en el templo del Pilar de Zaragoza. También tengo entendido  que en Sariñena se conservan algunas piezas de la sillería pero ignoro si alguna corresponde a las ejecutadas por Salas. Es importante señalar, personalmente hasta la última visita no me había percatado, que se conserva por todo el monasterio obra realizada en estuco de Carlos Salas: las cintas que fajan  las molduras de los cuadros de la iglesia del monasterio son obra documentada (1769-1770)  y a mi modo de ver también podrían ser suyas, o de su taller, muchas, o todas, las cabezas de angelotes de estuco que adornan las bóvedas de las estancias del recinto. Una buena noticia, sin duda que incrementa aún más el gran valor de este antiguo cenobio aragonés.”

– Post relacionau:

Zancarriana w

 

La cuchara del Cucaracha


La cuchara del Cucaracha

– El montesino Cucaracha

morador de cuevas y escondrijos

la sierra d´Alcubierre l´en da cobijo

ande al bandolero y a su desdicha

les persigue el hambre

y sus fechorías de renombre.

 

– Por tierra plana caminaba

la cuadrilla del Cucaracha

la sierra, como la vida, es maltrecha

pero en el horizonte s´atisba,

para los forajidos del disierto,

l´asperanza de un páramo incierto

– Cucaracha a una lifara fue invitau

arredol de la mesa güena gana

la olla s´alcontraba plena,

ya el cocido estaba preparau.

– Tos prestos con sus cucharas

y el Cucaracha con una costra pan

ni al mesmo repatán

trataban d´estas maneras.

– Al rematar la güena faina

tos fartos s´en quedaron

pues hasta lo socarrau se mincharon,

la siesta aguardaba bajo la sabina.

– En estas, el Cucaracha dijo

yo a naide li faltau

en la comida m´he comportau

y dizir que no ha faltau el vino

pero aura pal postre

cada uno su cuchara

a gusto se la zampará

hasta que chemeque el vientre

busatros con la de fusta aspazico

y yo mi trozer de pan pal gargancho.

– Asinas pa otra vez

al de afuera hay que ceder

lo mejor para comer,

pues asinas lo dictaminó el juez.

Publicau en Os Monegros el 15 de marzo del 2015.

Zancarriana w

Novedades en el mito del espíritu del monje de la Cartuja de las Fuentes


Novedades en el mito del espíritu del monje de la Cartuja de las Fuentes

El Dr. Roberto Falci ha realizado un sorprendente estudio en el monasterio monegrino de la Cartuja de las Fuentes. La extensa documentación sobre “fenómenos paranormales” llamó el interés del Dr. Falci, quien recientemente se desplazó al monasterio junto a su equipo técnico de investigación. “Nos habían llegado numerosos testimonios -afirma el Dr. Falci- era imprescindible realizar pronto las investigaciones oportunas”. El reputado científico, conocido por aplicar la metodología científico-natural a la parapsicología, ha utilizado novedosas técnicas de fenomenología trascendental en la detección de fenómenos paranormales en la Cartuja de las Fuentes.

Mediante psicofonías, sensores extra-sensoriales y cámaras especto-gráficas, ha recopilado un abundante material que se está analizando y estudiando. La investigación abarca diferentes materias como la radiestesia, telerradiestesia y la psicometría. La fenomenología para-física aportará influencias energéticas, efectos antigravitacionales, cambios en el estado de la masa (materialización) y transformaciones de energía.

Los datos apuntan a que los resultados serán muy reveladores, al tratarse de un lugar muy místico y transcendental. Por ahora, la prueba que nos adelanta el Dr. Falci es increíble, a través de capturas de imágenes multiespectrales se observa el espectro del espíritu de un monje cartujo vagando por el monasterio, una prueba irrefutable de la poderosa actividad paranormal de la Cartuja de las Fuentes. Verdad o no, no deja de ser ¡Inquietante!.

Publicau en Os Monegros el 28 de diciembre del 2014.

Zancarriana w

Descubriendo el monte de Lanaja (Sierra de Alcubierre)


Descubriendo el monte de Lanaja (Sierra de Alcubierre)

                                           * Vista de Peñalbeta a los pies de la sierra

Macario Andreu Torralba es un najino que conoce muy bien la sierra de Alcubierre, consciente de su gran valor natural y lo que ha significado a las generaciones pasadas. Con él la sierra se hace más grande, cada detalle, cada rincón o paraje que me descubre me sorprende y maravilla, se aprende mucho de las personas que sienten el territorio y lo transmiten.

En el mes de octubre dimos un paseo por la sierra, me hizo de guía para descubrir lugares que desconocía. Comenzamos la jornada hablando de las sabinas, de la Estiva, del paisaje, de cómo afecta la aplicación de fitosanitarios al hábitat… y de una senda oculta por la vegetación que encontré por casualidad. Hace días que me adentré por aquella senda, encontrando los buscados robellones, hasta que ya no pude avanzar más. Macario la conoce y me explica que es exactamente allí donde termina, que un poco más arriba, escondida, se encuentran los restos de una vieja aldea. Era la aldea “la Bruja” que fue habitada por un matrimonio de apariencia andrajosa y descuidada, cuya sola presencia asustaba a las gentes de Lanaja; abusaban del alcohol y pasaban los duros inviernos en la solitaria y recóndita aldea. Las aldeas son las casetas o masadas de piedra de la sierra, consistían en una pequeña zona habitable y un espacio para los animales de labor. Las aldeas las habitaban en las épocas de siembra y siega de los secanos, pasaban largas temporadas en verano. Las gentes segaban los campos, se hacía leña y alguna carbonera, por cada cerro se veían rebaños de cabras… la sierra, en estos montes monegrinos, estaba plena de vida

Pronto llegamos a Peñalbeta/Peñalveta, un conjunto de aldeas que se asemeja a un pueblo, pertenece al pueblo monegrino de Lanaja. Algunas aldeas sirvieron de posadas de arrieros y viajantes del antiguo camino Real de Zaragoza y en otras se intercambiaban los caballos de carruajes para que resistieran el largo trayecto antes de atravesar la sierra de Alcubierre. En lo alto de la sierra se encontraba “El peaje”, donde estaban los percherones, caballos que por su fuerza o temperamento servían para arrastrar grandes pesos y ayudaban a subir carruajes por Val Zaragoza.

En Peñalbeta resisten algunas aldeas, otras están caídas, la aldea de Macario, el Carlista, el Casero, de Juan Mariano, del Torralbes, de Hilario, de Quiterio, de los Pallarueleros, la posada de Lorda, el Borrachón  y la iglesia a San Martín. No llegó a ser un pueblo, pues sus habitantes residían principalmente en Lanaja y aunque pasaban largos tiempos en Peñalbeta, los domingos iban a guardar fiesta a Lanaja.

Continuamos por Val de Lupo hasta encontrar el corral de l´Anica (La Nica), donde dieron muerte al celebre bandido Cucaracha. Se narra que fueron envenenados con vino y así les sorprendieron en la aldea, dicen que dispararon por una ventaneta, pero su forma tan cerrada hace poco probable aquella versión. Posiblemente, los civiles, se aseguraron que los somníferos actuasen profundamente para abatirlos una vez inconscientes.

El camino transcurre hablando de la toponimia, de palabras como “bitilaina” que es el Durillo (Viburnum tinus L) o la palabra “tollos”, forma de denominar la zona de los barrancos que discurre encajonado. Me descubre el “Buchal” (de boj: Buxus Sempervirens sp.) un barranco muy interesante por su belleza, su valor botánico, geológico y paisajístico. Cerca se encuentra el volador, un sitio para contemplar el amplio horizonte, lo maravilloso de la sierra es poder observar la provincia de Huesca, la sierra de Guara y los altos Pirineos. Cerca del Buchal está la aldea Lorda, cuya familia arregló la aldea después de la muerte de Mariano Gavín, el bandido Cucaracha. La rehabilitación fue muy ostentosa, superior a las posibilidades de la familia, dando pie a habladurías, pues la gente chismorreaba que quizá encontraron, en la vieja aldea, el último botín del Cucaracha y con el pagaron las obras.

Macario dinamizó, con otros najinos/as, la vida del lugar de Lanaja. Crearon la asociación F.A.L. (Fablans de Aragonés de Lanaja), elaboraron un diccionario de léxico aragonés en Lanaja (Escanero, Chesús Inazio, Lanaxa: a fabla n´o lugar nuestro, Fuellas d´informazión d´o Consello d´a Fabla Aragonesa, lum. 19, Uesca, 1980), realizaron inventarios de aldeas y han trabajado la etnografía local. Crearon un grupo senderista para recorrer, conocer y disfrutar la sierra e impulsaron un proyecto de actividades educativas en el monte para jóvenes. Es miembro del dance de Lanaja y gaitero. Un ejemplo de compromiso, con el respeto al medioambiente, con conocimiento e interés por su historia; de su gente, de su pueblo y de la sierra.

La sierra de Alcubierrre no deja de ser un lugar por descubrir y proteger, con una masa forestal impresionante, de gran biodiversidad y con unos paisajes espectaculares. Acabamos la mañana dejándonos mucho por ver, que hablar y por hacer, quedan días para disfrutar del privilegio de vivir en esta parte del mundo; un mundo tan grande donde querer lo más pequeño es hacer un mundo mejor: “pensando globalmente y actuando localmente”.

Publicau en Os Monegros el 11 de noviembre del 2014.

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Los Pierretes


Los Pierretes

 *Foto: Antonio Susín, Carmen la Pomara y Elías Capitán.

      Elías Capitán Inglán, apodado “Pierretes”, debido al amor que su padre José Capitán tenía a los animales, fue “General” del Dance de Sariñena. Elías participó durante muchos años en la representación del duelo entre “Moros y Cristianos”, interpretando al General cristiano. Así aparece elegantemente inmortalizado en una fotografía  de 1940, con un traje militar de alto rango. Su hermano Vicente Capitán Inglán (1899-1967), fue un conocido gaitero del Dance de Sariñena. Vicente aprendió de Sixto Lana “El Rey”, de quien, además de transmitirle su arte, heredó su gaita. Vicente fue huertero, cestero y pregonero. Con la trompeta anunciaba el pregón de asuntos varios del ayuntamiento o anunciaba la presencia de vendedores ambulantes y tocando un tambor anunciaba el pregón sobre asuntos del sindicato de riegos. Vestía un característico traje negro de pana y con su mujer Mónica, con quien hacía las cestas, tuvieron dos hijas, Ilumina y Consuelo.

     Elías Capitán trabajó un pequeño huerto de arriendo por los bancales de Portera, tejía cañizos y blanqueaba con cal. Las brochas las hacía con pelo de burro, triaba el pelo bueno y lo fijaba a un palo con un “modroño” en la punta, con liza iba atando los manojos de pelo hasta formar la brocha. Por aquellos años, Elías y Morcilla eran los únicos blanqueadores del lugar. Para blanquear por lo alto ataba la brocha a una caña. “Pintaba por unas 25 pesetas la habitación” recuerda su hija Josefina Capitán. Josefina es una de las tres hijas de Elías, junto a María y Cristina, y nos ha recibido amablemente en su casa. Mira al pasado con la nostalgia de una época dura, pero en la que se respiraba mayor conciencia de pueblo, más unidad y vecindad: “las puertas de las casas estaban abiertas y nadie entraba”.

     Josefina con sus hermanas tenían que ayudar a su padre, primero era comer antes que la escuela, aunque trataban de faltar lo menos posible. Madrugaban para ir a pelar las cañas y con una hoz las iban pelando de arriba abajo. Su padre cortaba y hacía los fajos de cañas, los tapaba por la noche con las hojas para que no cogieran la rosada y al día siguiente las pelaban. Los cañizos se los compraba Basilio el albañil, a 1,25 pesetas el cañizo. A la hora de comer llegaba su madre con la comida y se la comían en el mismo tajo, con suerte alguna sopa de patetas o de alguna cabeza de cordero. Entre risas, Josefina cuenta la extrañeza que su padre se llevaba al percatarse que a las sardinas de cubo “guardia civiles”, compradas en casa Ancho, siempre les faltaban los ojos, pues Josefina se los comía en el trayecto de vuelta a casa.

   Para las fiestas se mataba un tocino y pollos tomateros, que eran pollos muy tempraneros. Criaban conejos y con una jadeta, Josefina, iba a buscar hierba para criarlos. En casa hacían sogueta, respigaban almendras, arrancaban lino, iban a buscar carbón quemado a la estación para calentarse e iban a comprar romeros que traían de Castejón de Monegros: “amadruga, que te darán los mejores”. Josefina nos recuerda la forma de hacer las criadillas, que las considera mejor que los sesos, para cocinarlas les quita la piel y las hierve un “poquer”, las apaña con un poco de aceite y ajo y listas para comer. Con las tripas de cordero hacían sopa, las tenían que lavar muy bien. La forma que tenían para limpiar las tripas era dejarlas a remojo con cal en polvo y al día siguiente se rascaban dejando las tripas limpias y blancas. Muchas personas iban a su casa a comprar cal para limpiar las tripas.

     Gracias a  Josefina Capitán por abrirnos la cadiera monegrina de los recuerdos, siempre un placer aprender de la gran sabiduría popular. Y también gracias a Manuel Antonio Corvinos porque, como siempre, ayuda y hace disfrutar de la aventura de viajar a las raíces de nuestra tierra monegrina.

     * La cal la elaboraban utilizando los hornos que se encuentran en el antiguo puente de Santiago sobre el Alcanadre en Sariñena. (Ampliada la información el 11/11/2014).

Publicau en Os Monegros el 20 de octubre del 2014.

Zancarriana w