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La saga Ulled Altemir


La saga de los hermanos Ulled Altemir responde a una familia sariñenense cuyos entresijos nos conducen a la memoria reciente de periodos de anteguerra, guerra y postguerra. Una saga familiar fruto del matrimonio entre Antonio Ulled Ballarín y Concepción Altemir, cuyos hijos Rafael, Jesús y José constituyeron vidas trepidantes y relevantes que merecen ser recordadas. En su honor, la verdad y la historia que jamás nos podrán arrebatar.  

Rafael Ulled i Altemir

Rafael Ulled Altemir.

Antonio Ulled Ballarín fue agente de negocios, socio de la Casa de la Democracia Aragonesa y regidor del Ayuntamiento de Barcelona en 1909 por el Partido Republicano Radical. Debido a su profesión, la familia Ulled Altemir acabó viviendo en Barcelona donde establecieron su domicilio. Antonio murió en 1930 y el 17 de octubre de 1933 le fue dedicada una calle en Barcelona, en la antigua calle de Trespalacios.

Rafael Ulled Altemir nació en Sariñena en 1885, fue abogado, ingeniero industrial y diputado republicano. Estudió en Lérida y luego en Barcelona, donde accedió a estudios universitarios cursando simultáneamente Derecho e Ingeniería Industrial.

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Rafael Ulled Altemir.

En 1906 fue impulsor del periódico del partido Republicano Radical “La Rebeldía”. Por el mismo partido se presentó, sin éxito, a las elecciones municipales de Barcelona en 1907 y en 1909 participó activamente contra la guerra en Marruecos, protestas que acabaron con los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona. Los hermanos Ulled fueron acusados “por el instigamiento de incendios de iglesias y conventos” durante la semana trágica de Barcelona teniendo que huir de Barcelona. Aunque, tal y como señala Joaquim Pisa en su blog “Aventura en la tierra: Jesús Ulled y sus hermanos, una saga de políticos monegrinos en Barcelona”, “Las buenas relaciones de los Ulled con elementos militares les salvarán del destino que sufrieron inocentes como Francesc Ferrer i Guàrdia y otros”. Su hermano José se exilió a Paris, “junto a uno de sus hermanos”, y volvió al poco tiempo para ejercer de abogado defensor de los muchos detenidos por los hechos de la semana trágica.

En 1911 Rafael se presentó para el distrito II de Barcelona. Como miembro de la Diputación, entre 1912 a 1913, formó parte de la Comisión Provincial como encargado de la administración municipal, propiedades locales y asuntos contenciosos locales, de la comisión de gobernación y del comité ejecutivo de la exposición institucional de industrias eléctricas (1915). Entre 1914 y 1917 lideró las juventudes del Partido Republicano Radical y fue presidente y miembro de la ejecutiva nacional del Partido Radical . 

Desde Sariñena

Procedentes de Zaragoza, en cuya capital pasaron las fiestas del Pilar, llegaron anteanoche a esta villa los distinguidos jóvenes hijos de este pueblo don Rafael y don José Ulled, concejal y diputado provincial, respectivamente, en Barcelona. Aprovechando la estancia breve de los hermanos Ulled, nuestro querido amigo el diputado provincial don Esteban Panzano sentó anoche a su mesa a los caracterizados viajeros, asistiendo también por invitación particular del dueño de la casa y bondadoso Esteban, los señores Basols (don Pedro y don Juan), Castañera, Aviles, García Bueno, Ulled (don Timoteo), Callón, Ispa, Marquina y Altemir.

La cena fue servida con esmerado gusto por la fonda de don Rafael Ispa, y durante el banquete reinó entre los comensales la más franca alegría, propia de gente joven y de chispeante ingenio.

Los señores Ulled salen esta noche para Barcelona, deseándoles un feliz viaje y nuevos triunfos a los ya alcanzados tanto en su carrera política como profesional. 

Diario de Huesca 21 de octubre de 1916.

Rafael fue presidente del Centro Aragonés de Barcelona y vocal del mismo en 1922 (Diario de Huesca 4 de abril de 1922). Valeriano C. Labara Ballestar, en su artículo “Rafael García Fando, catedrático y presidente del Centro Aragonés de Barcelona” (Diario del Alto Aragón – Domingo, 10 de agosto de 2014), cita que Rafael Ulled Altemir sustituyó en el cargo a Rafael García Fando, quien fue presidente del Centro Aragonés de Barcelona entre 1922 y 1923.

Pro riegos

Reitero promesa formulada oportunamente ante representaciones Huesca  provincia defender primero en Comisión parlamentaria, luego salón sesiones, apurando todos medios reglamentarios integridad proyecto Riegos Alto Aragón haciendo honor representación que ostento. Rafael Ulled.

Diario de Huesca 11 de noviembre de 1934

Con el sello del Ayuntamiento de Sariñena, recibimos la siguiente carta:

9 Noviembre de 1934.

Sr. Dr. de EL DIARIO DE HUESCA

 Mi considerado señor: Le ruego y por ello le anticipo mi reconocimiento, se sirva dar cabida en el primer número del periódico de su digna dirección, al siguiente comunicado: En el periódico «La Tierra» que se publica en la ciudad de Huesca, hemos leído en este Ayuntamiento, con el consiguiente desagrado, que al publicar la relación de los pueblos a quienes se les ha concedido subsidio para el paro obrero, aparece Sariñena con la subvención de 50.000 pesetas para obras de alcantarillado, y como alcaide de la misma, he de hacer constar que dicha concesión lo ha sido por las continuadas y acertadas gestiones del celoso ex diputado radical e hijo de Sariñena don Rafael Ulled Altemir, y nunca por los diputados señores Vidal, Moncasi y Romero, como el citado periódico dice, ya que a las diez de la noche del día 29 de Octubre, comunicó telefónicamente el señor Ulled la repetida concesión.»

Dándole mis más rendidas gracias por el favor, aprovecha la oportunidad para ofrecerse de usted afectísimo amigo y seguro servidor q.e.s.m.

El alcalde, FERMÍN GRUSTAU.

Diario de Huesca 11 de noviembre de 1934

 

El Centro republicano radical tiene organizado en su domicilio social un banquete a las diez de la noche para conmemorar el aniversario de la proclamación de la segunda, actual y perenne República Española, al que además de sus afiliados asistirá el diputado a Cortes de las Constituyentes, hijo de esta provincia y actual director de Trabajo, ilustrísimo señor don Rafael Ulled Altemir.

Diario de Huesca 13 de abril de 1935

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16 de febrero de 1936, Diario de Huesca.

Rafael fue regidor del ayuntamiento de Barcelona entre 1915 a 1921 y en 1936 Rafael se presentó a las elecciones generales sin entrar a conformar el Frente popular, lo que acabó siendo un tremendo fracaso. Manuel Benito lo relata en “Las elecciones de 1936 en Huesca” (Diario del Alto Aragón – Domingo, 29 de enero de 2006): “En el centro se quedó el fracasado proyecto lerrouxista del Partido Republicano Radical liderado por el monegrino Rafael Ulled Altemir que apenas contaba con cierta implantación en Sariñena, obteniendo unos 3.500 votos”. Rafael se casó en Barcelona con Josefa Moscardó Escribá.

Joaquím Pisa recoge la vida de los hermanos Ulled en su blog “Aventura en la tierra: Jesús Ulled y sus hermanos, una saga de políticos monegrinos en Barcelona”. La familia fue muy cercana a Alejandro Lerroux “desde sus primeras luchas en Barcelona”, como destacó el propio Lerroux en un banquete que en 1932 se celebró en honor a Jesús Ulled.  Alejandro Lerroux fue un político republicano que fundó el Partido Republicano Radical con un discurso obrero, anticlerical y opuesto al independentismo catalán que jugó un papel destacado durante la Segunda República.

Los Radicales

Por fin se ha hecho pública oficialmente la determinación adoptada por este partido que se presenta a la lucha en candidatura abierta y como candidato figura el ex diputado a cortes don Rafael Ulled Altemir. Auguramos verdaderas sorpresas y por hoy cesamos en este comentario.

Diario de Huesca 2 de febrero de 1936

En 1937, Rafael Ulled Altemir fue detenido y encarcelado en el barco-prisión Uruguay, fondeado en el Port Vell. El vapor Uruguay, antes denominado  Infanta Isabel de Borbón, fue un buque requisado por el gobierno republicano para su uso como cárcel tras los movimientos revolucionarios de 1934. Durante la guerra civil, amarrado en el puerto de Barcelona, continúo siendo usado como cárcel. Rafael, cuenta Joaquím Pisa, fue “sacado del barco por elementos anarquistas y fusilado inmediatamente”. En “Els Diputats de la Mancomunitat de Catalunya” citan que, en relación a los datos del proyecto del “Cost Humà de la Guerra Civil a Catalunya” extraídos del Registro Civil, Rafael fue sacado del barco por un grupo de extremistas y asesinado: “Murió por heridas de arma de fuego en el Hospital Militar de Valcarca el 29 de abril de 1938, su cuerpo fue trasladado al cementerio Sur-Oeste”.

Desde Sariñena: El acto del domingo

Íntima y profunda satisfacción produjo en esta villa la concesión de la medalla de oro de Zaragoza a su ilustre paisano don Rafael Ulled Altemir, presidente del Centro Aragonés de Barcelona, desde cuyo sitial ha sabido defender con patriótico entusiasmo los intereses de esta Incomparable tierra Aragonesa.

El gran prestigio de este hijo de Sariñena lo pregona muy alto la Importante manifestación de simpatía en el homenaje celebrado en Barcelona el día 17 de Junio pasado con motivo de serle impuesta aquélla presa de la inmortal ciudad.

De alta justicia era, pues, qué Sariñena, su pueblo natal, exteriorizara el deseo de premiar los méritos de ése hijo predilecto.

Y esta villa, siempre noble, siempre hidalga y siempre generosa, cumplió con esa deuda de gratitud, de manera ostensible, reuniendo en ella el día 14 del actual nutrida representación del Centro Aragonés de Barcelona, en la que figurabas, entre otros, los señores Ulled (don Rafael y don Jesús), Sayos, Clavería, Vidal, Bono, Capella y el bizarro coronel del Regimiento de Badajoz señor Romerales, con los capitanes de Laza y Cardán.

La representación del alcalde de Zaragoza la ostentaba el concejal de aquél Ayuntamiento don Jesús Muro; de la de Huesca el concejal señor Mugerza, y de Sariñena el Ayuntamiento en pleno, autoridades y personalidades de la misma.

A las once y media de la mañana se celebró en la Casa Consistorial recepción popular, siendo saludado Rafael Ulled, por este vecindario, que tan admirable y entusiastamente contribuyó al homenaje de su dignísimo paisano.

La comitiva, precedida de los niños de las escuelas graduadas y las del Colegio de Carmelitas, se trasladó a la calle que por unánime aclamación acordó el Ayuntamiento designar para que perpetué el nombre de Rafael Ulled.

La Banda de Valladolid llegó el mismo día para ameniza estos actos.

El dignísimo alcalde señor Castañera pronunció elocuente discurso, en el que dice que alguien se ha permitido decir alguna vez, que los cargos gubernativos en las poblaciones rurales, son plantel de sinsabores y disgustos para aquél que los ostenta.

Al que tal dijo, al que haga esa manifestación, yo le contesto —dice— que me siento orgulloso y bendigo el cargo de Regidor Mayor que inmerecidamente ostentó en este pueblo querido, porque ese cargo proporciona a mi alma en estos instantes la dicha más grande que he experimentado en mi vida, la de ser portavoz del entusiasmo y gratitud que esta villa noble y leal siente con la celebración de esta fiesta de hermanos, porque a su hermano Rafael Ulled Altemir, se le dedica esta calle que ha de inmortalizar su nombre ilustre.

Si los entusiasmos populares han sido siempre  la corona de todo homenaje de justicia, no me cabe duda que esta vez esa corona está tejida con la más alta Inspiración del alma de un pueblo que quiere también hacer justicia, premiando —no tanto como merece— si más preclaro de sus hijos, a Rafael Ulled, en méritos de su honrada, leal y patriótica labor al frente de la más alta institución de Aragón fuera de Aragón, que es el Centro Aragonés de Barcelona, desde cuyo venerado solar, ha sabido colocar muy alto el nombre prestigioso de Sariñena, su pueblo natal.

Pocas manifestaciones –dice- se han iniciado espontánea e independientemente como esta, para otorgar modesto homenaje a los méritos y cualidades de personas acreedoras a él.

Y es porque nos encontramos en presencia de un caso excepcional de perfección es el orden social y moral, estamos ante la visión de un genio de la raza y ante un dechado de virtudes y de heroísmos para la Patria, sea esta la Patria grande o bien la Patria chica, esa Patria siempre querida, ensalzada e idolatrada siempre por Rafael Ulled, que la honró y dignificó fuera de su pueblo y para orgullo de su pueblo.

Termina el señor Castañera manifestando que al dedicar a Rafael Ulled este homenaje, humilde pero sublima porque tiene el valor de la raza, sentimos todos la satisfacción del cumplimiento de un deber de gratitud, y saladar a los dignísimos representantes de poblaciones aragonesas que han honrado con su presencia este acto; a los ilustres hijos de Aragón, alma de aquel solar común en Barcelona, sostenido con las tres históricas piedras que son tres trozos del corazón de esta raza inmortal, dando vivas a Sariñena, a Aragón, a Rafael Ulled, al Centro Aragonés y a España. Grandes y prolongados aplausos premian el discurso del señor Castanera.

F.M.

Diario de Huesca 21 de octubre de 1928

Rafael cuenta en su Sariñena natal con una calle en su nombre, que va de la plaza de la iglesia a la plaza de la Rebolería.

José Ulled Altemir nació en Sariñena en 1888, se licenció en derecho y fue abogado y político. Al igual que su hermano Rafael, José fue dirigente de las juventudes del Partido Republicano Radical “Jóvenes Barbaros” al que también perteneció Jesús. José ejerció de enlace del partido con oficiales del ejército para conspirar contra el gobierno sin mucho éxito. En 1915 fue elegido diputado provincial y de 1917 a 1919 fue Consejero de Trabajo en la mancomunidad de Prat de la Riba. José fue corresponsal del diario El Liberal y presidente del sindicato de periodistas barceloneses y por ello, en 1921, sufrió un atentado por parte de pistoleros del Sindicato Libre En esos años actuaban a sueldo de la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional, en connivencia con el gobernador civil, Martínez Anido”. José se retiró de la política y falleció en 1929 afectado por las secuelas sufridas en el atentado.

De conformidad con lo dispuesto en la base séptima de las dictadas por el consejo nacional del partido republicano radical, para la organización del misino, ha quedado constituida esta comisión en la forma siguiente: Presidente, don Rafael Ullcd Altemir; secretario, don Emeterio Palma Vázquez; vocales, don Jesús Ulled Altemir, don Eduardo Calero, don Carlos Rodríguez Suriano, don Ricardo Aveuoza, don Paulino Agraz, don Pablo Hernández, don José Daura, don Pedro Carreras, don Silvestre Boada, don Joaquín García Inglada.

La vanguardia, 19 de noviembre de 1931

Jesús Ulled Altemir nació en Sariñena en 1894 y falleció en Barcelona en febrero de 1968. Jesús también militó en el Partido Radical. Junto a  Jaume Durany escribió en 1913 la obra de teatro El Divino vagabundo, Dante Alighieri, episodio dramático en un acto y en verso (Jesús Ulled y sus hermanos, una saga de políticos monegrinos en Barcelona. Joaquím Pisa. Aventura en la tierra). Jesús participó en la fundación del Centro Aragonés y fue impulsor de la Casa de la Democracia Aragonesa de Barcelona. Además, Jesús fue director de “La Opinión”, un diario anticaciquista, defensor de los intereses de la provincia, fundado el día 6 de diciembre de 1920 (Tamaño: Folio, dos páginas, cinco columnas. Impreso: Talleres de la viuda de Leandro Pérez. “La prensa oscense” Bizen D´o Río. Diario del Altoaragón, marzo de 1990).

BANQUETE A DON JESÚS ULLED

Asistió el señor Lerroux

En el Gran Casino de San Sebastián tuvo efecto anoche el banquete que organizado por la Fraternidad Republicana Radical de la Barceloneta le fue ofrecido al teniente de alcalde don Jesús Ulled Altemir.

El acto fue una viva demostración de las simpatías y amistades con que cuenta en Barcelona el batallador teniente de alcalde. Asistieron más de quinientos comensales, entre los que se contaban muchas señoras. También asistían numerosas representaciones de todos los Centro locales del partido y algunas de localidades de la provincia.

El jefe del partido radical, don Alejandro Lerroux, que asistió al acto, ocupó con don Jesús Ulled el lugar destacado de la presidencia, en la cual fueron acompañados por el señor Pich y Pon, presidente del Comité regional; don Antonio Montaner, presidente de la Junta municipal; los concejales de la minoría radical señores Giralt, Heredia, Huguet, Grisó, Samblancat (don José), Doménech, Salva y Ruiz, y el diputado de la Generalidad señor Serraclara.

Como el señor Lerroux tenía que ausentarse antes de acabar el banquete para asistir a otro acto del partido, los brindis se pronunciaron antes de que se sirviese la comida.

El señor Giralt, en nombre de la entidad organizadora, hizo el ofrecimiento del acto con palabras de enaltecimiento para la figura de Jesús Ulled, cuya consecuencia y lealtad política ponderó con palabras expresivas y cálidas.

Recordó la brillante labor que en el Ayuntamiento realiza el señor Ulled y manifestó que a su gestión se deben principalmente los éxitos obtenidos en el Consistorio por la minoría radical.

El agasajado, que fue saludado con una ovación cariñosísima al ponerse de pie, pronunció un discurso lleno de cordialidad y de emoción, en el que agradeció el agasajo, que se le tributaba, declinándolo, a su vez, en la figura ilustre del señor Lerroux, caudillo eminente de la democracia, que enseñó a la juventud a amar a la República y que fue el animador y el estructurador de la revolución.

Terminó su brillante oración con un viva a don Alejandro Lerroux y otro a la República.

Estos vítores, contestados unánimemente, se confundieron con la ovación que se tributó seguidamente al señor Ulled.

El señor Lerroux pronunció después un discurso vibrante, apasionado, lleno de sincera emoción. Expresó primeramente la satisfacción con que asistía a un acto dedicado a exaltar la personalidad de un correligionario de los merecimientos y virtudes ciudadanas de Jesús Ulled. Recordó con palabra conmovida que los que llevan el apellido Ulled le acompañaron desde que inició sus primeras luchas en Barcelona. Son -dijo- amigos de la libertad y de la democracia desde siempre y por ella supieron luchar con el tesón de un alma noble. Evocó el recuerdo del padre del homenajeado y de su hermano don José, muertos los dos, el segundo prematuramente, cuando la libertad y la democracia necesitaban de ellos.

Hizo memoria de que en ocasión de que don José Ulled fue víctima de un cobarde atentado, él pidió en el Congreso el castigo de los asesinos que imponían el terror en Barcelona. Entonces —dijo— yo defendí a la familia Ulled, al apellido Ulled, tan entrañablemente querido, aún a riesgo de mi propia vida, pues jugarse la vida era entonces clamar contra los que hacían profesión del crimen, amparados por el Poder de la monarquía.

Tuvo después palabras de recordación para los años en que Jesús Ulled, alma y verbo de las juventudes radicales, luchaba en la calle por li República y terminó diciendo jue si algún, día llega a ser cifra y solución en una situación gobernante, llamará a su lado a los hombres que como Jesús Ulled representan la lealtad, el sacrificio y el esfuerzo victoriosos.

Una larga ovación acogió las últimas palabras del jefe radical. Este abandonó el acto cuando la comida iba poco más de mediada.

Al terminar los discursos la orquesta interpretó el Himno nacional, que fue ovacionado. Se recibieron muchas adhesiones de prestigiosas personalidades republicanas.

El acto terminó entre el general entusiasmo, después de las once de la noche.

La vanguardia, 9 de octubre de 1932

Jesús fue presidente del Sindicato profesional de Periodistas: “Bajo la presidencia de don Jesús Ulled, se celebró la reunión general de socios del Sindicato Profesional de Periodistas, a la que concurrieron numerosos socios, que llenaron por completo el salón de actos del Sindicato” (La vanguardia, 17 de marzo de 1931). “Jesús será primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y subsecretario del Ministerio de Trabajo durante el Bienio Negro (1933-1935), la etapa republicana de gobierno radical-cedista” (Jesús Ulled y sus hermanos, una saga de políticos monegrinos en Barcelona. Joaquím Pisa. Aventura en la tierra).

El homenaje a don Jesús Ulled Esta mañana se celebrará el homenaje que el Sindicato Profesional de Periodistas, de acuerdo con las fuerzas vivas del distrito décimo, dedicará al teniente de alcalde don Jesús Ulled Altemir, en la tenencia de alcaldía de dicho distrito. Los actos proyectados tienen para la populosa barriada de San Martín y Pueblo Nuevo excepcional importancia, y en ellos se pondrán de relieve las simpatías que ha sabido captarse el señor Ulled.

La vanguardia, 26 de febrero de 1933

Interesados por el teniente de alcalde del distrito X, presidente de la Comisión de Ensanche don Jesús Ulled Altemir, han salido a concurso y han sido adjudicadas, a fin de proceder a su inmediata realización, las obras que a continuación se indican y que afectan todas ellas al distrito dicho: arreglo de la calle de Bassols; de la calle de Grassot, entre las de Rosellón y Córcega: de la calle de Lope de Vega, entre las de Pallars y Carretera Antigua de Valencia; riego betuminoso en la calle de Aragón, entre las de Dos de Mayo e Independencia; arreglo de la calle de Enna, entre las de Espronceda y Lope de Vega.

La vanguardia, 8 de septiembre de 1933

 Regreso Procedente de Madrid, regreso a nuestra ciudad, en el expreso de ayer mañana, el teniente de alcalde presidente de la Comisión Municipal de. Ensanche.” don Jesús Ulled Altemir.

La vanguardia, 23 de noviembre de 1933

Ayuntamiento de Barcelona

Ha tomado posesión de la Consejería de Ensanche, el teniente de alcalde don Jesús Ulled Altemir, quien fue saludado afectuosamente por todos los altos funcionarios del referido departamento, los cuales le ofrecieron colaborar activamente en sus propósitos de hacer tarea positiva para la ciudad.

El señor Ulled recibirá al público todos los días laborables, de doce a una.

La vanguardia, 11 de mayo de 1935

Jesús fue Director General de Previsión y Acción Social por lo que fue condecorado, por acuerdo del Consejo de ministros, con la placa de comendador de la Orden de la República (La Vanguardia, 28 de junio de 1934).“Por sendos Decretos de 26-diciembre-1933 se admite la dimisión de don Eloy Vaquero Cantillo como Director General de Previsión y Acción Social; y se nombra en su lugar a don Jesús Ulled Altemir” (Movimiento Nobiliario 1931-1940. Año 1933 por José Miguel de Mayoralgo y Lodo, Conde de los Acevedos).

FALLECIMIENTO DE DON JESÚS ULLED ALTEMIR

Desempeñó diversos cargos oficiales y ejerció la abogacía y el periodismo.

El pasado domingo falleció cristianamente, en nuestra ciudad, víctima de penosa, dolencia, el ilustre periodista y abogado don Jesús Ulled Altemir, destacada figura de la vida barcelonesa que, en los tiempos anteriores al Alzamiento, desempeñó los cargos de subsecretario del Ministerio de Trabajo, director general de Previsión y teniente de alcalde de nuestro Ayuntamiento, donde un tiempo ostentó el puesto de alcalde con carácter accidental. Como letrado ejerció activamente, incorporado a los Colegios de Barcelona y Madrid. En su calidad de periodista estuvo adscrito a la redacción de «El Liberal» y regentó otros periódicos, llevándole sus relevantes méritos a la presidencia del Sindicato Profesional de Periodistas. Fue, asimismo, socio fundador de la Asociación de la Prensa y colaboró en las tareas de la Cooperativa de Periodistas para la construcción de casas baratas, hallándose dedicada al señor Ulled una de las calles de aquella barriada.

Al sobrevenir la guerra civil era representante de nuestro Ayuntamiento en Madrid, siendo destituido. Logró evadirse y desde París comunicó su adhesión al Movimiento. Más tarde acudió a Burgos y pasó, luego, al Brasil y Argentina, donde permaneció hasta la liberación de Barcelona, reintegrándose seguidamente a esta capital. El profundo sentimiento producido por la noticia del óbito de don Jesús Ulled se ha evidenciado en los incontables testimonios de pésame llegados a la familia doliente, y en la misa de «corpore insepulto» Oficiada ayer, tarde, en la basílica de Santa María del Pino, que congregó nutridísimo concurso de fieles.

Presidió el duelo, el hijo don Jesús con otros deudos; el concejal del distrito I, señor Juvé, en nombre del Ayuntamiento; el presidente de la Asociación de la Prensa don Antonio Martínez Tomás; don Alfredo Sedó Peris-Mencheta y don Julián Clapera Roca. En el duelo femenino estaban la viuda, doña Concepción Murrieta e hija, Luisa, entre otras señoras de la familia.

Entre las personalidades presentes recordamos a don Enrique del Castillo, don Néstor Lujan, don Francisco Noy, don Carlos Rodríguez Soriano, don Andrés A. Artís, doctor García Paredes, don Julio Zarraluqui, don José Brú Jardí, don José Mª Junyent, don Federico Amat, don Francisco A. Vendrell, don Martín Barrera, don José Tarín Iglesias, don Antonio Nadal-Rodó, doctor José A. Trabal, don Pablo Vila San Juan, don Fernando Baraogó, don Antonio Giner, don José Doménech, don Antonio del Cerro Alabau, don Antonio del Cerro Barris, don Jenaro Solsona, don José Vaca, don Pascual Maizterm, don Joaquín Gasch, don Juan Alsamora, don Fernando Gudel, don Víctor Rocha, don Alejandro Vilarrasa, don Santiago Ferrer. don Alberto Escofeí, don Vicente Climent, don Enrique Juncal, don Lorenzo de Otero, don Ricardo Soriano, etcétera.

Por disposición del Ayuntamiento, se tributaron al cadáver los honores reservados para los ex tenientes de alcalde. Tras el rezo de un solemne responso, y de la despedida del duelo, el cadáver recibió cristiana sepultura en el cementerio del SO.

En paz descanse don Jesús Ulled Altemir, a cuyos afligidos, esposa e hijos, testimoniamos nuestra muy sentida condolencia.

La vanguardia, 20 de febrero de 1968

COLEGIO DE ABOGADOS

Concesión de] premio extraordinario de Licenciatura Duran y Bas El premio extraordinario de Licenciatura Duran y Bas que anualmente concede el ilustre Colegio de Abogados de Barcelona como un estímulo para las nuevas promociones, le ha correspondido esta ve» tras brillantes ejercicios, al Joven letrado Jesús Ulled de Murrieta, hijo de nuestro particular amigo el distinguido abogado Jesús Ulled Altemir.

La vanguardia, 25 de diciembre de 1959

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Las Escuelas Nacionales en los años cincuenta


He decidido comenzar recordando a aquellos maestros y maestras que impartían docencia en nuestra localidad hacia mitad del siglo pasado. Aquellas personas a las que se les trataba con respeto y con la consideración de don o doña fueron: María Dueso, Urbana, María Pilar Pinilla, Pilar ( catalana de Lérida), Carmen Pueyo, Blas Casasús, José Castanera, Pío Toda, Tere Guillén, Mariano Sampietro, Alfonso Aparicio, Ramón de Sena, Emilia Arán,  María Jesús Berdiel, directora y Fausto Gonzalvo, director, entre otros.

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

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Todos ellos debieron adaptarse a la normativa de la Ley de Educación sobre la Enseñanza Primaria de 17 de julio de 1945. En ella se definía a la escuela como una comunidad activa de maestros y escolares, instituida por la familia, la Iglesia o el Estado, como órganos de la educación primaria para la formación cristiana, patriótica e intelectual de la niñez española.

A partir de ahí la vida en la escuela se programó para que chicos y chicas adquirieran unas habilidades que el estado y la sociedad de entonces demandaba. Allí se aprendía cultura general, esfuerzo, disciplina y educación. También se compensaba la insuficiente alimentación de la posguerra. Se hacían funciones teatrales. Se practicaba la horticultura. Y además se  fomentaba la religiosidad y el patriotismo nacional.

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El periplo escolar de aquellos alumnos y alumnas de mitad del pasado siglo comenzaba en las clases de párvulos (niños o niñas) , luego debían pasar por cuatro cursos más que se denominaban primer grado (hasta los siete años), segundo grado (desde los siete a los 10) y tercer grado de carácter especial (hasta los doce). A los diez años, los que iban a realizar el bachillerato se presentaban en Huesca a la prueba de ingreso y si la superaban podían estudiarlo por libre o matricularse en algún colegio de la capital.

Cada grado tenía su enciclopedia propia y cada una de ellas englobaba todas las asignaturas. La más utilizada fue la enciclopedia Álvarez.

Las mañanas de un día cualquiera estaban dedicadas a impartir cultura general de 9:30 h. a 12:30 h. y las tardes a labores, trabajos manuales o a llevar el huerto escolar dirigidos por don Blas.

Las niñas de primer y segundo grado disponían de un pequeño paño donde aprendían a hacer punto atrás, hilvanes, vainica, pespuntes,  costuras, ojales, etc.). En tercer grado  ya realizaban  bordados, lagarteras, punto de cruz, festones, patrones de ropa de bebé en papel de seda… Mientras cosían  una compañera les leía  pasajes de algún libro de carácter religioso.

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A media mañana el maestro o maestra repartía entre el alumnado un trozo de queso de color amarillo. Las chicas lo recibían  en clase de doña María y los chicos en sus aulas respectivas . El famoso queso estaba envasado en grandes latas cilíndricas de metal dorado de 5 kilos y seguidamente en el comedor bebían un vaso de leche en polvo. Ambos alimentos llegaron a España a través del plan ASA (Ayuda Social Americana). Entre 1954 y 1963 el gobierno de Franco recibió más de 300.000 toneladas de leche en polvo, venía en grandes bidones de cartón rodeados con flejes metálicos.

Aquellas toneladas se transformaron una vez preparada para su consumo en 3.000 millones de litros.

Aquel comedor escolar donde se repartía la leche también era utilizado al mediodía para dar de comer a los niños que en su casa tenían problemas de subsistencia.  Las cocineras fueron Antonia, Paquita, Luisa y Miguela y los menús consistían, entre otros, en comidas bastante energéticas a base de garbanzos, lentejas, patatas guisadas  con ajo picado y tocino frito; de  segundo abundaba el tocino y de postre dos galletas. Cada semana un profesor o profesora se quedaba a cuidar el comedor y comía con los aproximadamente 25  alumnos que utilizaban ese servicio.

En cuanto a las funciones teatrales se hacían cada dos años y para ello se empleaba un aula de gran tamaño que sólo se dedicaba a este tipo de eventos. La citada clase estaba situada de tal manera que desde  sus ventanas se podían ver la calle del Molino y a las caballerías aliviando su sed en el abrevadero. A aquellas entrañables funciones asistía  toda la escuela, padres y madres, el secretario del ayuntamiento don Fidel Bailo y el concejal Miguel Villacampa. También eran invitadas sor Concepción y sor Felisa por parte del colegio “La Milagrosa”.

 La función del año 1954 tuvo la siguiente programación:

-El Trébole (canción y baile grupal).

-Caperucita Roja y Blancanieves (diálogo a cargo de Pili Villa e Ilda Gómez).

-La Concejala (romance jocoso declamado por María Teresa Calzada).

-Una poesía recitada por Antonio Lobateras.

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En 1956 teatralizaron la obrita titulada “España y sus regiones”. En la primera escena aparecen dialogando entre sí Leonor Encuentra, María Dolores Ezquerra, Pili Tierz  e Ilda Gómez contando ésta, que había tenido un sueño sobre la formación de España. En la siguiente escena aparece Celia Casañola anunciando a Isabel la Católica (papel realizado por Tere Casabón). Al lado de la reina se coloca Pili Alegre representando a España y llamando una a una a  las alumnas que personificaban las distintas regiones: Aragón representado por María Teresa Calzada cantó una jota, Andalucía era Pili López, Galicia era Maribel Nogués y así hasta completar las diecisiete regiones.

En 1958 el alumnado de las nacionales llegó al culmen de  sus habilidades artísticas  en el escenario del cine Victoria.

La religiosidad de esta época llenaba casi todos los momentos de la vida escolar. Aquella gran aula en la que se representaban las funciones también se dedicaba para instalar el belén y cantar villancicos en vísperas de Navidad  o para celebrar durante el mes de mayo (mes de las flores) la Inmaculada Concepción. Para llevar a cabo esta última actividad entraban los alumnos o alumnas en la sala donde estaba colocada la Virgen en un altar adornado con abundantes flores de color blanco. Una alumna rezaba una oración específica de un librito dedicado a la Virgen y, por último, todas juntas cantaban  la canción popular “Con flores a María “ que comenzaba con el “Venid y vamos todos con flores a María…”

Los sábados había clase normal hasta la hora del recreo, después las maestras y las alumnas se reunían en la clase de doña María  para rezar el rosario.

Las clases estaban presididas por un crucifijo y los retratos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.  Antes de entrar se cantaba el “Cara el Sol”  o el “Prietas las Filas”. Llegados al aula  se  rezaba una oración antes de empezar la clase.  También era obligatoria la misa dominical y en los bancos de la iglesia se sentaban cada maestro o maestra con sus alumnos/as.

Por supuesto que la separación del alumnado por sexos era básica en los planes educativos de la época e incluso había dos recreos, uno para chicos y otro para chicas con una puertecilla de comunicación entre ambos que estaba prohibido franquear.

La disciplina era bastante estricta y había pocos que se atrevieran a transgredir las normas establecidas. Las consecuencias podían ser: copiar repetitivamente frases, ser castigado en un rincón de rodillas o de pie, golpes en la mano con palmeta o regla, tirones de orejas o de patillas, dar vueltas al patio, quedarse  sin recreo o alguna bofetada. También les podía pasar lo que les ocurrió a aquellos mozalbetes que fueron pillados “infraganti” robando abugos. Llevados por el guardia hasta el ayuntamiento que presidía por entonces el alcalde Medina, éste determinó que aquella “ banda de robaperas” debía pasar un largo fin de semana aislados en el interior de  las Escuelas Nacionales.  Me contaron que era tal el aislamiento que, incluso, tenían que mingitar a través de los barrotes de las ventanas que daban a la calle del Muro. Aunque de esto último no estoy muy seguro de su veracidad  y más parece que forme parte de las leyendas que generaron aquellos “héroes” de los tiempos difíciles.

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Cualquiera de estas penas podían ser impuestas a los recalcitrantes “peladillas” de la época. La palma y la mala fama se la llevó un maestro que venía en Vespa desde Barbastro. Es de justicia decir que la mayoría de los docentes no practicaban este tipo de  pedagogía y que sus alumnos y alumnas guardan buenos recuerdos de ellos.

Toda esta información ha llegado hasta la revista Quio gracias a la amabilidad de la maestra doña Carmen Pueyo, de las alumnas Ilda Gómez, María Teresa Calzada y algún que otro alumno de aquella época que no desea ser nombrado. Para todos ellos muchas gracias.

Y para terminar disfruten con el romance de la Concejala.

           LA CONCEJALA

Me tienen harta en el pueblo

con tantas habladurías.

¿Quién le mandará a la gente

meterse en las cosas mías?

Porque ya lleva diez años

mi esposo de concejal.

Se cuentan unos infundios…

¡ricontra que están muy mal!

Dice en el pueblo la gente mala:

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

                                                                                                                                                            Porque hemos mercau dos mulas

tres bueyes y un buen jumento

ya dicen los envidiosos

que son del ayuntamiento.

Y no sabe quién tal dice

que de allí no puen sacar

sino algún que otro disgusto

pues de esto… ni siquia un rial.

 

Ayer sin saber por dónde

se me ha perdido un cochino,

se me ha puesto en la cabeza

que lo tiene algún vecino.

Y el alcalde ha puesto un bando

en la puerta del corral

paque traigan insiguida

al puerco del concejal.

Y siguiendo al tamboril

 así dice el pregonero:

¡Lo que ha perdido está tarde

el concejal, es un puerco!.

Dice en el pueblo la gente mala

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

 

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

Seña Pascuala, seña Pascuala

y cómo engorda la Concejala

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

 

 

                                                            Manuel Antonio Corvinos Portella

 

 

Antonia López Conte, La Hornera


        Manuel Antonio Corvinos Portella nos descubre el antiguo oficio de hornera.  Una historia más de su serie “Oficios Desaparecidos”, unos testimonios de extraordinario valor que  Manuel Antonio nos transmite con cercanía y apego: Antonia López Conte, La Hornera.       

                        

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Antonia López Conte

Antonia era esposa de Mariano Laín Susín, nació en Sariñena en 1904 y falleció en su pueblo después de 94 años de dura vida. A edad muy temprana (10 años) se quedó huérfana de madre y aquella desgracia la marcó para siempre, pero al mismo tiempo la hizo espabilar para mitigar la pobreza que rondaba la casa. Por supuesto que aquello de ir a la escuela no fue para ella.

Fueron dos hermanas y un hermano, pero pronto se quedó sin su hermana mayor pues murió muy joven. Según cuenta su hija Maribel más de una vez oyó decir a su madre que debió morir de hambre.

A los 10 años ya se ofrecía en los hornos de las casas para barrer el suelo, buscar agua o lo que fuese menester y por esos trabajos recibía como paga una tajada de pan que repartía con su hermano. Enseguida aprendió el oficio de hornera y se quedó para siempre con ese apelativo.

En un tiempo sin panaderías las horneras eran mujeres a las que se les encargaba la elaboración del pan y la repostería. En el caso que nos ocupa, la “seña” Antonia amasaba la harina, añadía la levadura, vigilaba la fermentación de noche, le daba vueltas y de madrugada  la transportaba en una bacía en la cabeza tapada con un trapo blanco de lino o algodón recio a uno de los hornos que había en la localidad para proceder a su horneado. Terminada la operación lo llevaba a la casa que le había hecho el encargo y cobraba lo estipulado. El cobro solía consistir en un “pizco de pan” y en los céntimos  establecidos.

Estas mujeres tenían una clientela fija que les encargaba el pan para varios días ya que entonces duraba sin secarse mucho tiempo. Cada hornera señalaba con una marca sus productos para que no se confundieran con los de las otras mujeres que se dedicaban a este oficio.

Recuerdan mis vecinas que había, por lo  menos, tres hornos en la villa: uno estaba en una de las calles laterales del antiguo ayuntamiento, otro en el Muro Bajo y el tercero en la calle del Horno.

La repostería de la señora Antonia era muy valorada por muchas familias de Sariñena y cuando ya se generalizaron los hornos industriales solía elaborarla en casa de “El Vidriero”. Famosos eran sus roscones, tortetas de cucharada, farinosos, magdalenas, tortas de fiesta o de bizcocho.

Me cuenta su hija Maribel una anécdota de su madre que, a pesar de lo dura que había sido  la vida para ella, indicaba la sensibilidad personal que tenía. Pues bien…, un día recibió un encargó de Pilar la de Rosendo para que le hiciera algunos productos de repostería. Cuando lo hubo realizado se lo llevó a la tienda y a la hora de cobrar le manifestó que no quería dinero, que sólo deseaba a cambio una fotografía en la que saliera favorecida para que se la pusieran en su tumba el día que muriera.

 Y yo añadiré que de los recuerdos que el que suscribe tiene de ella podrían resumirse en dos palabras que utilizaba a menudo al comienzo o al final de las frases y que dan cuenta de su recio carácter: “Rediós y Copón” (genio y figura).

                                                                             Manuel Antonio Corvinos Portella

Francisco Larroy Masueras


Paco es el último combatiente vivo de La Madeleine, una heroica batalla durante la segunda guerra mundial en Francia. Desde su exilio, Paco ha vivido toda su vida en Anduze, donde llegó exiliado desde Sariñena junto a sus padres y hermano Antonio. Los hermanos Larroy son todo un ejemplo de supervivencia y compromiso por la libertad, dos sariñenenses de leyenda.

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Paco Larroy Masueras

Francisco Larroy Masueras nació en Sariñena en 1924. Su padre José Larroy Bollic descendía de familia de herreros pero se dedicó a construir carros: “Fue carretero”. El taller lo tenía al lado de la herrería, en la calle Goya nº 4, subiendo a mano derecha. Su abuelo dividió la casa en dos, así que los dos talleres estaban pegados, las puertas eran iguales: “Tal y como subías primero estaba la herrería, que la llevó mi tío, y luego el taller de carros”. Además, en casa vendían abono de pescado para los campos, se podía leer en la fachada: “Se venden abonos”. Su madre era Adelaida Masueras Clavería y sus hermanos tenían una fábrica de gaseosas camino del río, a la salida de Sariñena, al lado de garaje de Eloy Casabon y durante la guerra todo quedó destruido. Antonio, hermano de Paco, era tres años mayor, nació en Sariñena en 1921 y murió a los noventa y cuatro años de edad, el 18 de noviembre del 2015.

Paco fue poco a la escuela, pero aún recuerda al maestro don Pío, a algunos amigos como el Peti (el cafetero) y el rubio Chin. Iban a robar manzanas por la huerta, a bañarse al río, a la Laguna a cazar patos y de romería a san Isidro. Recuerda la línea de autobús de la sesantina, de unas seis fuentes y del cine del teatro Romea, donde iban a ver películas en el gallinero, pues era más barato, “Al dueño del Romea lo fusilaron en Sariñena”. La plaza Alvarado, actualmente de la Constitución, rebosaba de vida, había un abrevadero y encima el bar “Las Delicias”. También estaba el quiosco que había hecho su Padre, donde vendían cervezas. La plaza estaba llena de gente, de vida, y además las vacas, mulas y caballos iban a beber al abrevadero y al caer la tarde volvían solos.

Llegó la guerra y todo se quebró, Paco la vivió con nueve años. Su padre, José Larroy Bollic fue conserje de Izquierda Republicana y estuvo en el comité local: “Estuvo cuando los milicianos venidos de fuera querían fusilar a los cerca de 40 detenidos de derechas en la cárcel, estaba al lado de la ermita de Loreto, se opusieron dejando claro que aquí no se mataba a nadie”. Su tío, Manuel Masueras Clavería, fue directivo de Izquierda Republicana y Francisco Masueras Clavería fue patrullero al servicio del comité con su automóvil, fue detenido y murió en Burgos, “No había hecho nada malo”, recuerda Paco.

Del frente llegaban camiones con heridos y fallecidos, Paco aún recuerda ver de crío los cadáveres en la entrada del Hospital Militar. Aún se acuerda Paco del jefe del campo de aviación “se llamaba Franco y La Pava, un avión que salía hacía Huesca a bombardear todos los días hasta que un día no volvió”. En casa acogieron a una hermana de su padre que estaba de monja en Fonz y también a una monja del País Vasco que no podía regresar a casa y se tuvo que quedar en casa de los Larroy-Masueras. Su madre Adelaida aprovechó aquellos tiempos para montar un puesto de venta de mantecaus y churros en la calle del medio: “Había mucho trasiego de milicianos en Sariñena, hizo dineros pero lo perdieron todo al cruzar la frontera”.

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Paco Larroy y Joaquín Ruiz

Se fueron a refugiar de los bombardeos a la masada de Florencio, era amigo de su padre y allí fueron unas dos o tres familias, a unos siete kilómetros por la carretera a Sena. Al acabar los bombardeos, su padre José volvió al pueblo pero vio que no había quedado nada, tan sólo encontró ruinas. A los pocos días marcharon dirección a la frontera hacía el Valle de Aran: “Balaguer, Tremp, Valle de Aran y Francia”. Solamente estuvieron un mes en Francia, a su hermano lo llamaron a quintas y su madre decidió volver a la España republicana para estar más a salvo. Estuvieron dos o tres meses en Vila Sacra, en la provincia de Gerona, hasta que de nuevo se vieron obligados a huir a Francia. Fueron por la costa mientras las tropas fascistas les acribillaban a balazos, desde el mar, “Nos asaron”.

Al cruzar la frontera los alojaron en un campo de refugiados; hasta que los distribuyeron, su padre y su hermano Antonio fueron a un campo de concentración durante dos años, mientras que su madre y él fueron llevados en tren hasta Anduze, un pequeño pueblo en la región francesa de Occitania, en el departamento de Gard.

En Anduze, Paco estuvo muy bien, era un refugio y la gente del pueblo les acogió muy bien. Allí fueron a parar varios exiliados Españoles. Con el tiempo consiguió contratos de trabajo para su padre y hermano, lo que les permitió abandonar el campo y reunirse con la familia en Anduze. Así, José y su hijo Antonio comenzaron a trabajar en la agricultura, compraron una casa y vivieron una pequeña época en calma: “Estábamos muy bien”.

Pero de nuevo el fascismo les sumió en una guerra; con la segunda Guerra mundial, el ejército Nazi ocupó Francia y muchos no dudaron en hacerles frente. Entre ellos Paco y Antonio que se echaron al monte, junto a otros españoles y franceses, protagonizando una de las más épicas batallas de la segunda Guerra Mundial. El investigador caspolino Amadeo Barceló, autor de “¡Viva el maquis!. Tras las huellas de maquis, guerrilleros y clandestinos en el Bajo Aragón” ha investigado y estudiado aquella batalla de La Madelaine, “la batalla contra la Wehrmacht, cuando el 25 de agosto de 1944, 32 españoles, de los que nueve eran aragoneses, lograron rendir a una columna entera de alemanes compuesta por 700 soldados”. Amadeo conoció y entrevistó a los hermanos sariñeneses Antonio y Paco Larroy y con su estudio, además de darlos a conocer no ha dudado en reivindicarlos. Así fue en noviembre del 2015 cuando, de la mano de Salvador Trallero, Amadeo presentó en Sariñena su extraordinario trabajo “¡Viva el maquis!” y en las Jornadas conmemorativas del 80 aniversario del bombardeo y final de la Guerra Civil en Sariñena (1936-1938), celebradas en marzo del 2018 y organizadas por la investigadora Gemma Grau.

Castillo de Tornac.

Las cifras bailan, de unos 32 o 38 maquis españoles a unos 2 a 8 guerrilleros franceses y  de 700 alemanes a cerca de 1500. “Nueve aragoneses se contaban entre ellos: Antonio y Francisco Larroy, el calandino Martín Vidal y los caspolinos Vicente Rufau, Manuel Ornaque, José Arcos, Mariano Calés, Miguel Piquer y su hijo Elías” (Barceló, Amadeo. “¡Viva el maquis!”). Ellos, la 21ª Brigada estuvieron unos cuatro o cinco días esperando la columna alemana 11ª Panzerdivisionen, tenían pocas armas y un fusil ametralladora. Sobre las 11:00 horas de la mañana comenzó a llegar la columna y cuando los tuvieron bien a tiro comenzaron a disparar a los camiones. Fue en la zona del castillo de Tornac, un punto elevado entre carrascas y matorrales, desde donde los maquis dispararon moviéndose de un lado a otro. Al final, una brillante estrategia y una férrea resistencia consiguió detenerla hasta que por la tarde, las tropas aliadas, acabaron por doblegar la columna alemana. La hazaña de La Madeleine queda recogida por Amadeo Barceló, tanto en su publicación “¡Viva el maquis!” como en su artículo “Aragoneses contra Hitler: La batalla de La Madeleine”.

Al día siguiente les mandaron a la liberación del departamento francés de Ariège, tras la batalla de La Madeleine se había formado un grupo de unos 50 maquis españoles, su compromiso con la libertad y contra el fascismo fue ejemplar. Con la liberación de Francia, los hermanos Larroy pasaron a España con el resto de maquis. Estuvieron haciendo incursiones entre el valle de Aran y el valle de Benasque, iban a pie, pasando frío y hambre.

Monumentos a los héroes de La Madeleine.

Llevaban tres días sin comer cuando el capitán Martínez pidió voluntarios para bajar al valle de Benasque para encontrar algo de comer. Fueron seis voluntarios, bajaron y encontraron una casa vieja donde había un carabinero y comenzó un combate que se alargó dos días. En aquel combate falleció  Elias Piquer, estaba con Paco cuando murió.

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Tuvieron enfrentamientos en la zona del Hospital de Benasque, las tropas franquistas subieron morteros con los machos para tratar de cogerlos y al final acabaron rompiéndolos. Fue debajo del pico del Aneto donde se rompieron, divididos y perdidos, trataron de regresar a Francia. Una vez a salvo en Francia fueron recogidos por una compañía de maquis de cerca de 50 hombres, pero los gendarmes les hicieron volver a casa y les pagaron los billetes para volver a Anduze. Cuando llegaron a casa sus padres estaban leyendo el periódico, decían que la 21ª brigada de guerrilleros españoles había caído. Ante su sorpresa, la familia Larroy Masueras se rejuntó sana y a salvo.

Paco se casó en 1950 con Suzy Dellien y han tenido dos hijos. Ha trabajado haciendo trabajos públicos y en viñedos, ha sido tractorista en plantaciones, labrando… incluso estuvo trabajando en Mauritania. Su hermano Antonio trabajó durante 40 años para la misma casa, en los muchos viñedos que salpican aquella hermosa campiña francesa. Paco ha regresado en varias ocasiones a Sariñena, pero la edad ya no se lo permite; la primera vez que volvió tuvo que ir a firmar a la Guardia Civil por su padre. Tiene muy presente a Sariñena, al final son sus raíces y muchas han sido las preguntas sobre antiguos amigos y como ha cambiado el pueblo.

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Ricardo Ornaque, Paco Larroy y Joaquín Ruiz.

Los hermanos Larroy, Antonio y Paco son héroes de Francia condecorados con la Cruz de Guerra con Estrella de Plata, un reconocimiento por su participación en la segunda Guerra Mundial luchando contra el fascismo. Forman parte de los muchos republicanos españoles que tras la Guerra de España continuaron la batalla contra aquel fascismo que asolaba Europa. Mientras, todo contrasta con el olvido que aún arrastramos en España, así que aquí el humilde pero muy sentido reconocimiento a los hermanos Antonio y Paco Larroy Masueras, ¡¡Por siempre eternos!!.

Gracias al investigador Amadeo Barceló, a la ayuda y gran acogida en Anduze de Ricardo Ornaque y a Francine Larroy, hija de Paco, por su amabilidad y su paseo por aquella preciosa campiña francesa. Y sobre todo a Paco Larroy Masueras por un día muy especial y emotivo, ¡gracias!.

 

El Auxilio social y otros asuntos de aquella época


Manuel Antonio Corvinos Portella nos traslada a la época de postguerra, al auxilio social, las cartillas de racionamiento, el tabaco, el estraperlo, la tortilla de patatas sin huevo ni patatas y las Farinetas. Un viaje por nuestra historia  imprescindible.

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EL AUXILO SOCIAL

Esta organización de socorro humanitario fue creada en Valladolid en octubre de 1936, recién comenzada la Guerra Civil. La idea fue de Mercedes Sanz Bachiller viuda de Onésimo Redondo y parece ser que la adoptó después de viajar a la Alemania de Hitler donde funcionaba alguna institución de esas características. Los objetivos que se marcaron fueron alimentar a los habitantes de las zonas “liberadas”, convencer a la población de las bondades de la España que se avecinaba  y adoctrinarla en la filosofía Joseantoniana.

En todo momento el peso del trabajo diario fue llevado a cabo por mujeres, miles de mujeres anónimas que en su mayoría no pertenecían al régimen fascista de Franco.

 El primer nombre que recibió esta organización fue el de Auxilio de Invierno, pero en el año 1937 se cambia por el de Auxilio Social

Una de las primeras actuaciones que llevaba a cabo el incipiente gobierno de Franco al tomar las ciudades y pueblos era repartir comida entre la población. La encargada del reparto era una sección del Auxilio de Invierno que acompañaba al ejército. Posteriormente se abrían comedores para atender a los niños huérfanos o a los hijos de presos políticos.

En Sariñena, el comedor del Auxilio Social comenzó su andadura en 1940 y terminó en 1943. Estuvo ubicado en los bajos de la antigua Caja de Ahorros de Zaragoza Aragón y Rioja sita en la plaza de la Iglesia. Allí podían prestar el Servicio Social femenino obligatorio las mujeres solteras o viudas sin hijos de entre 17 y 35 años por un período de seis meses. Estaba dirigido por María Cruz Torres Ballarín, persona considerada como seria, estricta y extraordinaria mujer; como encargadas de la cocina estaban María Vicente y María Blanco y como colaboradoras sirviendo comida, muchas chicas del pueblo que se turnaban cada seis meses sin cobrar nada, aunque recibían a cambio un certificado que les podía servir para concursar u opositar a plazas de trabajo de entidades oficiales.        En el comedor se repartían comidas y cenas (estas durante poco tiempo, aunque luego las daban para llevar a casa) a cerca de 50 niños y niñas hasta los catorce años. Todos los comedores del Auxilio Social se financiaban con dinero de postulaciones públicas de cincuenta céntimos o de una peseta a las que nadie se podía negar; donativos llamados Ficha Azul que la población acomodada y organizaciones públicas debían pagar mensualmente; con las requisas de alimentos y con lo que se recaudaba de la instauración del día del plato único (aunque se cobraba el menú entero) en todos los restaurantes del país los días 1 y 15 de cada mes.

Los alimentos más habituales y que más recuerdan las personas con las que he hablado eran: lentejas, puré de habas, patatas con bacalao, cuatro sardinetas, pan de higos o mermelada. También comentan que antes de cada comida, era imprescindible rezar unas oraciones y al finalizarla cantar el Cara al Sol con el brazo extendido.

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La Guerra Civil quebró la estructura productiva y trastocó el sistema de reparto y comercialización, favoreciendo el nacimiento de la especulación y del mercado negro o estraperlo. Todo esto supuso un grave retroceso en el bienestar de la población que llevó a que, la escasez y la miseria se apoderaran de una gran mayoría de habitantes de este país. La mayor parte de la actividad agrícola, ganadera y pesquera quedó en manos de los franquistas que con más disciplina que los republicanos pusieron los medios necesarios para alimentar a la población. En España, durante la posguerra más de un millón de personas necesitaron del Auxilio Social para poder comer.

A partir de la entrada del ejército nacional en Sariñena,  en marzo de 1938, empezaron a llegar camiones desde Huesca cargados con comida. Este servicio lo realizaba la Comisaría General de Abastos que también se encargaba de marcar la cantidad y el precio de los alimentos que adjudicaba. Los productos los descargaban en un almacén de Juan Basols, y esta persona los repartía por las tiendas del pueblo.

LAS CARTILLAS DE RACIONAMIENTO

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El reparto de alimentos se hacía por medio de las cartillas de racionamiento con las cuales los sariñeneses podían  ir a las tiendas que tenían establecidas a comprar los artículos y a cortar el cupón  correspondiente. Había alimentos que se repartían semanalmente y otros quincenalmente. En cada cupón constaba el producto y la cantidad asignada que podían retirar. Cada persona tenía derecho a  un cuarto de litro de aceite, 100 gramos de azúcar moreno (que según dicen tenía movimiento propio), 30 gramos de café, 250 gramos de pan negro, 50 gramos de lentejas (con piedras y cucos), 75 gramos de bacalao, 75 gramos de tocino, 1 kilo de patatas, 200 gramos de jabón y si había niños recibían leche y harina. También se repartían esporádicamente algún otro artículo como tabaco, membrillo, carne, leche, boniatos o aquel chocolate terroso hecho de algarrobas. Las naranjas se obtenían a cambio de trapos o hierros con unos comerciantes que venían de Fraga.

Las cartillas eran de tres categorías según el estatus social de la  familia o la salud de las personas. En principio las cartillas fueron de ámbito familiar, a partir de 1943 se hicieron individuales y en 1952 se suprimieron.

EL TABACO

Fue un producto también sometido a racionamiento. El encargado de  recibir las remesas y de repartirlo entre los estanqueros de la localidad fue el farmacéutico D. Juan Escudero desde su farmacia de la calle del Mercado, botica que también hacía las veces de estanco abierto al público. Las otras expendedurías de tabaco de aquellos años eran la de José María Segura, sita en la plaza del Ayuntamiento (en los bajos de lo que hoy es casa de la familia Lacerda), y la de Pilar situada en la misma plaza. Los tipos de tabaco que se expendían eran Cuarterón para liar, los roqueños Ideales, el Caldo, el rubio Bisonte y el Mataquintos. Cuando apretaba la necesidad se podían fumar hojas secas de patatera, de higuera o de matapulgas liadas en papel de estraza y también estaban los puros de riera.

EL ESTRAPERLO

En 1924 Primo de Rivera decide prohibir el juego en España. Uno de los grandes casinos afectados fue el famoso Gran Kursaal de San Sebastián. Terminada la dictadura de Primo de Rivera, Alejandro Lerroux presidente de la Segunda República decide anular la prohibición del dictador y en el año 1935 se reabren varios casinos.

El nombre estraperlo proviene de los nombres Strasuss (Stra), Perlowitz (Per) y la esposa del primero Frieda Lowann  (Lo). Estos personajes fueron tres aventureros judeo-holandeses  que convencieron  al gobernador de Guipúzcoa, Aurelio Lerroux (hijo adoptivo del Presidente del Gobierno  Alejandro Lerroux) para poner una ruleta de la marca ESTRAPERLO en los casinos de Mallorca y San Sebastián. Las ruletas tenían una trampa eléctrica para detenerlas en el momento deseado, pero el engaño se descubrió y tuvo consecuencias políticas. La implicación del Presidente en el escándalo del estraperlo le costó el puesto a Alejandro Lerroux y también a otros políticos importantes de la época.

A partir de entonces se le dio el nombre de  estraperlo al contrabando de bienes de primera necesidad que se generalizó en la España de la posguerra. Algunas personas se arriesgaban y viajaban por los pueblos para comprar alimentos para luego revenderlos en las grandes ciudades, con los consiguientes beneficios. A Sariñena llegaban los estraperlistas desde Barcelona con maletas vacías que  llenaban de trigo o de otros productos para luego regresar a la Ciudad Condal. Unos centenares de metros antes de entrar en la estación barcelonesa, los contrabandistas arrojaban a las vías los paquetes con comida, donde eran recogidos por familiares; así evitaban las requisas, multas o incluso la cárcel por realizar un comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado. Dicen que muchos se hicieron ricos con este tipo de comercio.

En Capdesaso los trenes llegaban a parar en el paraje llamado de Santa Cruz para realizar operaciones de estraperlo. Allí los ganchines vendían sacos de trigo  a los maquinistas y estos los escondían debajo de las briquetas de carbón.  Para dejar espacio suficiente, los ferroviarios arrojaban el carbón sobrante junto a las vías, que inmediatamente era recogido por otros avispados personajes.

Cuentan de un tren que tiró tanto carbón que estuvo muy cerca de no llegar a Barcelona. Las leyendas populares dicen también que, en esos años, en Capdesaso y en La Estación corría el dinero como nunca lo había hecho antes.

LA TORTILLA  DE PATATA  SIN HUEVO NI PATATAS

Una receta imaginativa para paliar el hambre bien pudo ser la denomina “tortilla de ….” Para  ello  se pelaban varias  naranjas y se separaba el mesocarpio (lo blanco de la naranja) de la piel y se ponía a remojo. Después se mezclaba con 4 cucharadas de harina, 10 de agua, una de bicarbonato, un poco de pimienta molida, aceite sal y colorante para darle el tono. Por último se ponía en una sartén y se cocinaba.

LAS FARINETAS

Este plato de origen musulmán se hizo muy socorrido en Sariñena y otros lugares de Aragón en la posguerra. Consistía en calentar agua y echarle harina suficiente para que quedara una mezcla espesa, mientras tanto se freía en una sartén aceite con sebo de cordero y unos crostones de pan y sal. Por último se mezclaba todo muy bien y ya estaba listo para su consumo.

Quiero agradecer las informaciones aportadas por Severina Pena Mora, Eloísa y Mercedes Tella López y también a otras personas que han participado con sus recuerdos o con sus fotografías,

                                                                                         Manuel Antonio Corvinos Portella

 

Los refugios de la guerra y otros recuerdos


     Una tarde de un día cualquiera del mes de julio me acerqué a casa de DRG. Hacía tiempo que teníamos pensado hablar y aquel era un buen momento. Tiene muy buena memoria y es de fácil diálogo, por lo tanto la entrevista fue amable y entretenida, aunque iba un poco a su aire.

      La llamaré DRG ya que no desea protagonismo y me ha advertido que en ningún momento escriba su nombre y así lo he respetado.

 

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Entrada tapada al refugio del Romea 

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

En principio me gustaría saber cuántos refugios antiaéreos había en Sariñena:

Teníamos uno en la era Bolera, otro en las bodegas de Torres,  un tercero en la bodega del Romea (en éste si hubiera caído alguna bomba hubieran muerto todos porque el edificio se habría hundido), otro en la calle del Mercado, más concretamente debajo de la tienda de Ramón el Cabalero (recuerdo a Ramón sentado a la puerta de la tienda y poniendo en marcha un gramófono con una gran bocina, como esas que tenían un perro escuchando y allí que nos íbamos los críos y crías a escuchar música, más tarde a esa casa la llamaron “Casa el Comercio” y la regentó un guardia civil que se casó con Manoleta la de Casas), había otro refugio en el salón de Arcos del Casino, otro en la torre de la Iglesia  (en éste los que llegaban los últimos empujaban a los demás hacia arriba hasta que cabían todos), otro en las escaleretas del Castillo (en casa Mora) y por último en el huerto de Nogués  hicieron una zanja y allí íbamos todos los que vivíamos en esa zona del Muro cuando no había niebla o humedad.

¿Cómo se repartían por los refugios?

Cada barrio tenía previsto de antemano el suyo. Cuando oíamos la sirena dejábamos la llave en la gatera y corríamos con toda el alma hacia el refugio.

¿Cuántas personas se solían juntar?

Eso no lo sé porque en esos momentos lo único que pensabas era en que acabara pronto todo; pero se llenaban porque eran sitios pequeños y todo el pueblo se refugiaba en alguno.

¿Imagino que lo pasarían bastante mal?

Allí estábamos  esperando en la semioscuridad,  iluminados por la escasa  luz que entraba por alguna ventana. Sólo el refugio de Torres tenía luz eléctrica. Oíamos las ametralladoras y pasábamos mucho miedo,  siempre se oían lloros, no hablaba casi nadie…

Los más atrevidos salían hasta la puerta del refugio para ver como iba la cosa y nos daban ánimos.

¿Cuántas horas permanecían en los refugios?

Generalmente estábamos alrededor de una hora. Cuando sonaba la sirena tres veces era la señal de que ya se habían marchado los aviones.

¿A qué hora solían  bombardear?

Recuerdo que allá por el mes de septiembre un avión vino a bombardear varias noches seguidas a la misma hora. A la cuarta noche un aviador del campo de aviación de Albalatillo al que llamaban el ruso (debía ser por su nacionalidad) lo esperó y lo ametralló. Cuando tocó la sirena tres veces salimos de los refugios y Jesús el de Josito y Manolo Millera nos informaron de lo que pensaban que había ocurrido. Luego cogieron las bicicletas y marcharon a Albalatillo a enterarse de lo que había pasado. En el bombardero derribado viajaban cuatro militares de los que murieron tres, el otro pudo escapar. Uno de los muertos era hijo de los dueños del Monasterio de Piedra. A éste, sus padres, le pusieron una lápida en la Sierra de Alcubierre

¿Algún recuerdo más?

Sí, tengo muchos, el 21 de enero cayó una bomba en Casa Barrieras, en lo que antes llamábamos la placeta de la Iglesia (hoy Fray Zacarías Martínez) y “escachó” media casa (ésta fue la primera casa que derrumbaron las bombas en Sariñena). Una mañana de febrero cayó una bomba enfrente de la fuente que hay en la avenida de Goya (la que restauraron hace poco) y los que estaban en el refugio de Torres lo pasaron muy mal, pensaron que iban a quedar sepultados, incluso llegaron a  percibir el olor a la pólvora. Ese mismo día cayó otra bomba en el corral de Ariste y mató a un crío de 7 u 8 años.

¿Cómo eran las defensas antiaéreas?

En la placeta de la Iglesia, al lado del hotel Ispa, había un edificio que pertenecía al Ayuntamiento que se utilizaba como parvulario y cuya maestra era doña Baltasara. En la parte de arriba vivían los soldados de las ametralladoras antiaéreas. Había dos, una en la torre de la Iglesia y otra en la zona de la Jinjolera (cerca de la actual cooperativa).

Recuerdo que en esa casa municipal se guardaba un carro para transportar fallecidos, pero nunca se usó porque todo el mundo prefería llevar las cajas de sus difuntos al hombro hasta el cementerio.

¿Cómo sabían los bombarderos donde soltar las bombas?

Por aquel entonces se dijo que un matrimonio con una niña que vivían en casa de Ballarín en la calle del Sol (hoy Ugarte) pasaba los planos con los lugares donde tenían que bombardear. Al acabar la guerra el posible espía y su familia desaparecieron.

¿Vivió usted la explosión del polvorín?

    Ya lo creo y además bien cerca. El 19 de abril a las nueve menos cuarto los críos y crías de cuarto grado estábamos esperando entrar en la escuela que había en el Casino (los maestros y maestras eran doña Cristina Lana, don Pío Toda y don Nicolás, el primer, segundo y tercer grado estaban en las escuelas viejas) cuando vimos salir del polvorín un humo muy negro y enseguida vimos a varios soldados a medio vestir que huían de la casa chillando. Gritaban que se marchase todo el mundo a sus casas. Casi inmediatamente oímos un gran ruido ensordecedor.

En el edificio también estaba instalada una caja de ahorros cuyo director era un señor apellidado Maicas. Lo vimos salir al balcón  y cómo la explosión lo lanzaba contra las rejas de la iglesia. En el suceso también murieron su esposa, treinta o cuarenta soldados y un niño de 12 años. A varios de los que jugábamos en  la plaza nos hirieron y nos llevaron al hospital que estaba en casa Paraled (hoy casa Abadías-Ullod).

El polvorín estaba en casa Tronchón que quedó totalmente destruida, también se derrumbaron casa Blasco, casa la Nena, casa Candela y casa la Rosa.

Como ese día hacía mucho cierzo recuerdo que el humo y el polvo desaparecieron de la plaza muy deprisa y entonces pudimos ver cómo los escombros la llenaban casi toda.

Cambiemos un poco de tema. ¿Qué recuerdos tiene de la escuela?

En mi clase estábamos 30 niñas, aprendíamos mucho porque nuestra profesora doña Cristina Lana Villacampa era muy buena maestra, (la mejor que he conocido). No nos meneábamos y tampoco se nos ocurría hablar, tenía mucha disciplina pero nos quería mucho.

Por la mañana de 9 a 12:30 h. aprendíamos a leer, a escribir, verbos, matemáticas, geografía, etc., por la tarde de 3 a 5 h. a bordar, aprender corte para hacer camisones, pijamas, etc. El recreo lo hacíamos en la plaza de la Iglesia.

¿Cómo era un domingo de antes de la guerra de un chico o chica de 11 o 12 años?

Íbamos a misa de once con mosen  Pedro y luego jugábamos por las plazas a encorrer, a la comba y los chicos a marro bandera, a la una andaba la mula y a otras cosas. También nos íbamos hasta el río a pasear o por los porches y nos sentábamos en el patio del casino a ver a los que bajaban del baile. Esas eran nuestras diversiones

Por la tarde teníamos catequesis con Maruja Basols Salaver y con María Cruz…

-Imagino que recibirían algo de paga.

-Bueno…, unas veces me daban cinco céntimos y otras diez (de los de antes), a los demás por el estilo. Con ese dinero algunos iban a casa la Marta a comprarse dos naranjas un poco tacadas que eran más baratas y otros a casa Blasito a comprar chupones o adoquines. Yo no me compraba nada porque estaba ahorrando para comprarme una cordera de las que vendían a 15 pesetas en la plaza Villanueva. Pero vino la guerra y no lo pude hacer, tuve que dar el dinero para comer en casa.

Desde aquí doy las gracias a D.R.G. por la amabilidad mostrada y por compartir esos penosos recuerdos que marcaron la vida de varias generaciones.

 

Las masadas durante la guerra civil


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Aquellas personas que se quedaban en la retaguardia debían lidiar con incontables problemas e incertidumbres: el miedo, las represalias, la escasez de alimentos, el racionamiento, los movimientos de tropas, los bombardeos, etc. Para evitar estos últimos las familias buscaban refugio donde podían o creían oportuno. Unos lo hacían en los siete u ocho refugios antiaéreos habilitados para tal fin en nuestra localidad y otros decidían pasar temporadas en las  masadas de los montes.

En el caso que nos ocupa, tres familias lo hicieron en una edificación que estaba situada en el término denominado la Sardera. Se llevaron comida para pasar varios días en ella: judías secas, gallinas, conejos, pan, tocino, vino, aceite y poco más. Y allí se instalaron.

Los días eran generalmente aburridos debido a la falta de actividad, pero siempre estaban atentos a lo que pudiera venir, mientras las noches eran potencialmente peligrosas. Para evitar en lo posible los riesgos que pudieran provenir de la oscuridad, al anochecer cogían lo más indispensable y se trasladaban a dormir a una cueva bastante profunda denominada el “Sagrau”  ubicada en el monte de Lastanosa.  Todos los días a la caída del sol tomaban el camino que les llevaba hasta el río Alcanadre y allí en sus orillas los hombres cogían a los abuelos y abuelas “ancolicas” y lo vadeaban, realizada esta operación se dirigían a dicha gruta. A la mañana siguiente regresaban a la masada para pasar el día en ella y cuidar de los animales y de la comida almacenada.

Me contaba Jesús Foj que en aquella masada de la Sardera permanecían cortas temporadas. “Cuando el bombardeo de Sariñena estuvimos en ella casi quince días. Estábamos tres familias, la de mi tío Lombarte, la de Enrique el Molinero y la de Manuel Foj Morén. Muy cerca teníamos la masada de la Diega y en ella estaba refugiada la familia de Florencio. Unas veces venían a vernos y otras veces íbamos nosotros, cambiábamos  impresiones y jugábamos a las cartas”.

“Un día aparecieron por la masada dos moros que llevaban un macho, posiblemente eran desertores del ejército de Franco. Como tenían mucha hambre les ofrecimos de almorzar dos huevos fritos, pero como no se fiaban de aquella comida mi padre tuvo que probarla primero, igual creían que los íbamos a envenenar. Luego, a través de mi padre que sabía algo de árabe por haber hecho la mili en Tetuán supimos que querían que los guiara alguien a alguna estación de ferrocarril cercana porque tenían intención de llegar a Barcelona.  A pesar de que nos ofrecieron el macho ni Lombarte, ni Enrique ni mi padre quisieron  arriesgarse y ninguno quiso acompañar a aquellos personajes.

Entonces, mi padre optó por darles las indicaciones suficientes para que pudieran llegar a la estación de El Tormillo que no caía muy lejos y se marcharon. Cuando lo hicieron nos quedamos tranquilos porque no las teníamos todas con nosotros ya que las historias que se contaban sobre ellos eran muy fuertes.

Otro día, extrañamente, llegó un coche oficial con un general en su interior, bajó el  chófer y preguntó por la familia Foj. Al reconocer al conductor salió inmediatamente mi tía Soledad que se había escondido por precaución y resultó ser su novio con el que después de la guerra se casó y vivieron en Barcelona toda su vida. El chico aquel se llamaba Ángel”.

Estas pequeñas historias me las contó Jesús Foj un día cualquiera del pasado verano 2017 y aunque era muy joven cuando las vivió nunca las ha olvidado.

   Gracias Jesús.

A. Corvinos Portella