Cándida Buil Farled nace en Castejón de Monegros el 11 de marzo de 1937, en la calle de la iglesia número 21 aunque ha vivido gran parte de su vida en Valfarta. Sus memorias nos trasladan a las dos localidades monegrinas, a una vida pretérita que guarda grandes recuerdos, con mucha familiaridad, de una persona muy querida que nos abre las puertas de su casa y nos acoge con gran afecto.
Hija de Mariano Buil Palacio y María Farled, en casa fueron 5 hermanos, 4 chicas y un chico. Su padre era jornalero, muy trabajador, iba a todo lo que podía y hacia trabajos para casa el Cerrajero y en casa de su tío Farled -Lo que más hacía era ir a labrar con las mulas-.
Ella iba a ayudarle a segar, él iba con la dalla mientras ella ataba la garba y a veces, si podían, iban a respigar o a hacer esparto. También su padre Mariano trabajó en carreteras, con una maceta machacaba piedra, iban muchos, el tío Canarro y otros tantos. Tendrían unos 30 o 40 años cuando fueron a Sallent de Gallego y a Panticosa a hacer obras. Incluso estuvo en Valfarta poniendo pinos en el entorno de san Miguel.
Iban a hacer leña con una astraleta, coscojos y romeros que cargaban en una carretilla o con un burro la llevaban para casa. Aunque era muy duro, todo lo hacían con alegría. Almorzaban una tajada de pan con vino y azúcar y para comer muchas veces patatas con judías.
Su infancia transcurrió por las calles de Castejón de Monegros, jugando a los pitos, a los anuncios con las cajas de mistos, a la comba… Aunque en casa tampoco paraba, ayudaba a las faenas, a hacer las camas, limpiar y, entre muchas otras tareas, ir a buscar agua a la fuente del Plano con pozales y cantaros. La fuente del Plano era la fuente grande y tenía lavadero y luego estaba la fuente pequeña, que tenía dos lavaderos, uno para lavar y otro para aclarar. Gracias a la fuente había un poco de huerta en la que se ponía de todo, sí que casa Antillón hacía un huerto bastante grande. Asimismo, estaban las balsas, la Alta y la Baja, una muy buena para guisar y la otra para las caballerías y resto de animales.
Cándida fue a las escuelas que ya estaban en el Plano, entonces eran muchos, hasta comulgaron en su año unos 40 críos. Con 14 años fue a servir a diferentes casas Urcía/Mariscal y los Romairales/ Alcrudo, hacía las camas, fregaba, lavaba y amasaba el pan que cocían en el horno una vez a la semana con lo que tenían para toda la semana -Había dos hornos de pan, Castejón era muy grande, aunque ha ido a menos-.
Hacían la matazía matando un tozino al año con el que hacían longanizas, chorizos… y luego, si podían iban comprando. También tenían conejos, pero su madre decía -¡Rediós!, no voy a poner más conejos, que van a romper hasta el váter-. Había un molino harinero en calle la Luna y en casa Romeral tenía almendreras y olivos.
Recogían trapos que cambiaban por naranjas a uno de Fraga. En casa de la Camionetera vendía de todo, en la Chipranera daban comidas y había baile en casa la Ronquilla, un café muy fuerte. Las fiestas de Castejón de Monegros para Santiago y santa Ana y para el 17 de enero san Antón, que se hacían hogueras. Su padre fue danzante «Para Santiago y Santa Ana, pintan las uvas y para la Virgen de Agosto ya están maduras».
Sus hermanas marcharon a servir a Barcelona y allí se quedaron, su hermano se quedó en Castejón, fue pastor para otro. Se veían muy poco, una vez al año. Muchas chicas jóvenes marcharon a servir a las ciudades, especialmente a Barcelona.
Cándida conoció a su marido Ángel Suelves Barrieras, natural de Valfarta en unas fiestas en Castejón de Monegros. Se casaron el 20 de septiembre de 1958, cuando Cándida tenía 21 años, instalándose en Valfarta en la casa familiar casa Suelves. Su marido fue pastor de su propio ganado ovino, tenían un rebaño de unas 300 ovejas. Ángel marchaba con el ganado por la mañana y no volvía hasta la noche, con la comida en la alforja que Cándida le preparaba. Algunas veces iba a ayudar a su marido con las ovejas y tenían un pequeño camper donde sembraban cebada.
Igualmente iba a buscar el agua a la balsa, tanto a la balsa Alta, en tinajas para beber, como a la Baja, para otras cosas y los animales. En la balsa lavaban la ropa en la balsa y no es hasta 1982 cuando el agua llega a Valfarta.
Amasaba el pan, canasto y mandil, para que no se secase la masa. Había una tienda que había de todo a la que solía mandar algún crío -¡Anda a Margarita a que te de…!-. El ayuntamiento y las escuelas estaban en medio del pueblo, cerca de casa de Candida, donde los críos entraban antes de entrar en la escuela para calentarse en la estufa que tenían en casa. Iba a Bujaraloz para llamar por teléfono y para ver la televisión tenían que ir a otra casa, a ver el “un dos tres”, porque en casa no tenían televisor.
En 1965 se transforma todo con la llegada de la construcción del canal y del túnel, trabajó mucha gente, sobre todo haciendo en túnel, se quedaban a dormir por las masadas. Para hacer el túnel empleaban dinamita y un primo hermano de su marido murió en una explosión. Había mucha maquinaría y tractores. Al final el agua llegó a Valfarta y se hicieron lotes de tierra, dando bastantes, hasta alguno de Castejón se quedó algún lote. Su cuñado prácticamente hacía de secretario de Valfarta, había uno, pero a él le tocaba hacer casi todo, firmar actas y documentos.
Ha habido mucha pobreza, mucha hambre –Había que vivirlo para saber lo que era-. En casa criaban tocinos, conejos, gallinas y pollos… pero Cándida siempre ha sido feliz con lo que ha tenido, por ello decían “La Cándida» con un duro es más feliz que otros teniendo 3000”.
Cándida y Ángel tuvieron 3 chicos y 2 chicas, ahora tiene nietos y biznietos, una gran familia que le llenan la casa fines de semana, festivos y como no, cada fiesta de Valfarta. Sus hijos han sido danzantes, tradición que se mantiene muy viva en el pueblo. Se han criado por las calles, todos los del pueblo, igual había una veintena de críos jugando por las calles que ahora están casi desiertas. Ahora hay que cerrar las puertas para que no entre nadie.
En Valfarta es conocida como la Cándida de Suelves aunque también había otra de Castejón que le decían la Castejonera. Entonces igual estaban unas trescientas personas viviendo y ahora en inviernos son muy pocos, salía a la calle y veía a gente, ahora no, y menos en invierno. En verano salía con una silla a tomar la fresca con las vecinas. Hecha en falta algo más de vida en el pueblo, un pueblo que le acogió y de la que se ha sentido como en su propia casa, haciendo su hogar y vida en un pueblo que siente propio y del que se siente muy orgullosa.
Consuelo Labrador Rodés nace en Valfarta el 29 de abril de 1936, en la casa familiar en la calle Alta, hija de José Lasbrador Salavert y Carmen Rodés Escalona, siendo tres hermanos: Consuelo, Ana Marí y Alfonso. Su padre, José Labrador Salavert llevaba el “Coche correo” entre Valfarta y Sariñena y su madre, Carmen Rodés Escalona tuvo una carnicería en el mismo Valfarta. Consuelo es memoria viva de Valfarta, tal vez uno de los pueblos más desconocido de Los Monegros, un pueblo pequeño al que hay que ir de propio pero que no defrauda.
Consuelo con una de las tinajas donde guardaban el agua.
Valfarta aparece algo escondido en una gran llanura, en su tímida Val Harta o Farta, en plena aridez monegrina, con sus blanquecinas casas sobre piedras de base de yeso. Domina a un lado el cerro con su ermita de san Miguel y una vez en el pueblo la iglesia a Nuestra Señora de la Luz. Y entre sus calles, nos abre las puertas de su casa Consuelo, para contarnos las historias de antes y de siempre y contagiarnos su cariño por su pueblo.
José heredó el oficio de conductor del coche correo de su padre, con el coche que habían comprado a Basols, de Sariñena, gracias a que en casa tenían algo de tierras que se las llevaban. Realizaba la ruta Valfarta-Sariñena y podía llevar entre unos 15 o 20 pasajeros y que adelante tenía tres asientos. En los pueblos salía el cartero con las cartas y se las entregaba y/o recogía, se llevaba el correo, pero también encargos y pedidos, era un servicio muy importante para los pueblos que permitía la comunicación: –En Castejón de Monegros se llenaba, además de llevar el correo, paquetería, y mercancías varias-.
Conducción del correo
Por conducto de la Administración principal de Huesca, que ha informado favorablemente, el Alcalde de Valfarta elevó a ese Centro directivo instancia solicitando que la conducción del correo en automóvil contratada con D. Pedro Basols Calvo, en la cantidad de 6.887,25 pesetas anuales, entre Sariñena y Bujaraloz, prolongue su recorrido hasta Valfarta. A tales efectos y mediante el abono de la cantidad que a porrata le corresponde, ha dado su conformidad el actual contratista de la expresada conducción.
Entiende esa Dirección general que procede acceder a lo solicitado, por cuanto, sin excesivo gravamen para el Tesoro, resulta beneficiado el vecindario de Valfarta. Por la mayor rapidez en el transporte de su correspondencia. Procede, asimismo, modificar el servicio del Cartero de Valfarta, que en lo sucesivo tendrá como obligación la de recibir y despachar la conducción y las propias de la Cartería, señalándole cuatro horas de trabajo diarias para la fijación de su haber. A virtud de las precedentes consideraciones. En uso de las facultades.
El Diario de Huesca, 12 de septiembre de 1928.
A las seis de la mañana salía de Valfarta dirección Bujaraloz, pasando por La Almolda, Castejón de Monegros y Pallaruelo de Monegros hasta llegar a Sariñena -A tiempo para poder ir a almorzar con sus tías de casa Salavert-. Y a la una del mediodía salía de Sariñena y regresaba por el mismo recorrido a Valfarta, donde llegaban sobre las cuatro. El trayecto duraba unas tres horas, con las paradas y recogidas y dejadas de correos y paquetes.
Al retirarse, José vendió el coche a uno de Castejón de Monegros, pero ya fue decayendo mucho el servicio. Con el tiempo pierde la concesión del servicio del correo y poco a poco van bajando el número de viajeros hasta acabar desapareciendo el coche correo Valfarta – Sariñena.
Su madre Carmen tenía la carnicería de Valfarta, atendían sobre todo ternasco, corderos que compraban a casa Penén y que ellos mismos mataban. También vendía otras mercaderías que José traía de Sariñena con el coche correo, además de diferentes encargos que les hacían.
Valfarta ha sido tierra muy árida, constante más agudizada en el sur de Los Monegros. Las tierras de secano cuando llovía daban, pero cuando venía a malas no daban nada, hubo años muy malos y mucha gente se vio obligada a marchar del pueblo, no se podía vivir, sería a mediados del siglo pasado, sobre los años cincuenta, fueron siete años malísimos –Si no este pueblo sería el doble-, afirma Consuelo con cierta resignación.
El agua la cogían de la balsa Alta, que era la buena, para beber y cocinar. Con cubetas, cubas que llevaban en carros, de unos doscientos litros, llenaban las tinajas de casa para guardar el agua de consumo y que llenaban, si podían, cada 15 días. La balsa Baja era agua para los animales, el ganado, para lavar y fregar en casa y regar las plantas. Consuelo, de joven, hacía viajes y viajes sólo para regar sus plantas y aún recuerda cómo –Algunas mujeres llevaban los cantaros sobre las cabeza-. En Valfarta no había pozos como en Bujaraloz.
El cuartel de la Guardia Civil se encontraba en la calle Alta, aún era grande, vivían 4 o 5 familias de guardias civiles, tenían un pequeño apartamento, con cocina y comedor más un dormitorio y un váter en medio del corral. Después de la guerra hicieron las escuelas en el cuartel, había maestro y maestra y en total serían unos 40 a 50 niñas y niños. Pues el año que nació Consuelo fueron 7 los que nacieron en el pueblo. Con 14 años, Consuelo tuvo un flechazo con un maestro muy joven, tenía unos 21 años, estuvo un año y marchó a prestar el servicio militar.
Se bebía mucha leche de cabra, que tenían en cada casa, y también tomaban mucha leche condensada. En las casas tenían cerdos, gallinas, pollos, conejos… hacían la matacía, longanizas, bolas… y conservaban mucho en adobo en tinajas. Los pollos los dejaban por las eras y se comían el grano que quedaba sin recoger. Había almendreras, oliveras y viña para el vino de casa de cada uno y un molino para moler grano para los animales
Se hacía mucho esparto, incluso venían de Bujaraloz y de La Almolda a arrancar esparto que lo venía a comprar Basols desde Sariñena. A su vez se hacía algo de sogueta para la siega y se usaba para fregar los platos, sartenes y cazuelas. Se iba mucho al Sisallar donde también se iba a buscar leñas, sobre todo pino y todo lo seco. Al mismo monte iban a coger piedra para hacer las casas y se solía utilizar piedra de yeso en el primer medio metro o metro de altura de los muros para la humedad y luego la piedra caliza. Al lado del cementerio había tres hornos de yeso y lo llevaban a Bujaraloz a moler. Por las noches se veía el humo salir de los hornos.
Estaba la tienda de Miguel Dueso, que vendía un poco de todo, era de ultramarinos, la carpintería de Calavera, que se fue a Peñalba, y el herrero Jaime. Estaba el horno, en cada casa amasaban el pan y lo iban a cocer al horno una vez por semana -estaba muy bueno, todo natural- recuerda Consuelo. Para el teléfono tenían que bajar a la centralita de Bujaraloz, luego, su hermana tuvo teléfono en el bar que regentaba junto a su marido Eloy Ros, conocido como bar Ros.
De Sena venían a vender hortaliza y verdura, también de Villanueva de Sigena. El aguacil con una trompeta iba avisando por las calles -¡Ha llegado un vendedor!- y este que se ponía en la plaza de la iglesia o por la calle de detrás, según soplase el aire.
Consuelo recuerda mucho ir a Peñalba, con su tío Manuel Labrador, hermano de su padre, a ver familia y a algún entierro, iban en una tartana tirada por una yegua que tenían.
El 8 de mayo celebran la aparición de san Miguel, antes las fiestas menores duraban tres días, subían a la ermita, andando en procesión y hacían misa. Luego, en los graneros de casa Penén se hacía baile, en los pisos de arriba. Lo habitual era hacer por la tarde, al atardecer, procesiones llevando san Miguel y la Virgen y después el baile -Venían músicos de fuera y todas las casas les daban comida y cama-.
Las fiestas grandes son para septiembre, celebrando san Miguel el grande e igualmente se sube a la ermita danzando. Coincide con la Migueleada, cuando los criados podían cambiar de casa para la que trabajaban. Había carreras de sacos yciclistas que cogían lazos… el baile era por la tarde y noche, los chicos iban a rondar por las casas y los acompañaba el gaitero. También bailaban en el bar, donde tenían una gramola. Los chicos avisaban casa por casa que había baile y todas iban a bailar.
Para san Antón hacían hogueras, sacaban de las casas todos los muebles rotos y viejos para quemar y por lo menos se hacían dos hogueras, la de la calle Alta y la de la calle Baja -Tiraban los tiestos, en algún patio para hacer la gracia y asustar a los de la casa. Entonces los patios eran de buro-.
Para santa Águeda iban a la iglesia a bandear las campanas, los chicos, que eran muy gamberros y les tiraban agua por las calles. Ellas no querían juntarse con ellos y ellos les hacían mil trastadas. -Y no había mucho más-, apunta Consuelo -Sólo, a veces, recaía algún que otro comediante por la plaza-.
Su padre tenía en casa una radio y los vecinos iban a hacer la velada a su casa, hasta las 10 o 12 de la noche, hablando y escuchando radio Andorra -Que dedicaba canciones- mientras una hilaba otra tejía calcetines, aprovechaban cada momento. También salían a tomar la fresca en verano, se juntaban en la calle cada dos o tres casas. Aún lo hacen en verano, se cuentan cosas -y alguna que otra mentira- y juegan a las cartas. Eran otros tiempos, antes no había dinero y había gente y ahora, que hay dineros, no hay gente. Hace 30 años o así que llegó el agua. Luz la ha visto toda la vida, aquellas bombillas que apenas iluminaban, su madre sí que contaba que se alumbraban con candiles.
Con los años, aquel maestro que tanto le había marcado, tras realizar el servicio militar, aprobó las oposiciones de magisterio y ejerció por varios destinos hasta que tras cinco años acabó regresando a Valfarta. En aquellos cinco años no se habían vuelto a ver. Se llamaba José María Giménez, natural de Barbastro, con quien Consuelo contrajo matrimonio. Han tenido dos chicos y una chica y han vivido toda la vida en Valfarta, lugar donde se encuentra enterrado y han sido muy felices.
Siempre le ha gustado pasear, subir al cerro de la ermita de san Miguel y contemplar su lugar, Valfarta. Así, para Consuelo, contemplar Valfarta desde el cerro de la ermita de San Miguel, es sosiego, respirar la verdadera esencia de su pueblo que sigue latiendo con fuerza a pesar de la despoblación y que aún guarda la familiaridad entre vecinos y vecinas, de aquel pasado, en el que todas las puertas de todas las casas estaban abiertas.
Natural de Bujaraloz, Julia es una apasionada de la pintura y de su pueblo, por ello no es de extrañar que se defina como “Pintora de su pueblo y para su pueblo”. Dominando diferentes técnicas, Julia se expresa en diversos estilos, poniendo el alma y pasión en cada cuadro, por cuyas pinceladas han llegado a escribir que sólo se puede describir con poesía, “haciendo comunión con el poema, para poder aspirar en su transparencia toda su magia contenida”.
Julia Rozas Ferrer nace en Bujaraloz el 15 de febrero de 1950, hija de Abundio Rozas Solanot y Ascensión Ferrer Genique. Viven en casa de sus abuelos paternos, Mariano Rozas Albacar y Julia Solanot Villagrasa, casa que tenían algo de tierras, especialmente por la Retuerta, eran las mejores tierras que tenían, aunque tenían en otros dos montes. Allí tenían un mas, una masada pequeña pero que daba para un hogar, guardar la paja y el ganado… Un lugar especial al que siempre quería ir, recuerda Julia con cierta añoranza, y al que vuelve con su pintura plasmando la Retuerta en sus cuadros como a su pueblo y tierra de Los Monegros.
Su padre eran tres hermanos y dos hermanas, uno de ellos, Valentín, llegó a ser alcalde de Bujaraloz. Por parte materna, sus abuelos eran Cosme Ferrer Samper, que eran ocho hermanos, y su abuela Fabiana Genique Soto. Cosme trabajó en la Salineta en la obtención de sal, con el tío Piquete y el tío Umena. La sal la vendían, la refinaban y mandaban para su uso y consumo. También, durante un tiempo, su abuelo Cosme estuvo de viajante a Caspe, llevaba y traía mercancías – Una vez se llevó a mi madre y les pilló una nevada tan grande que los dejó atrapados y del frío que hacía casi se muere congelada-. Tras la sal, Cosme se puso a quemar hornos de yeso por la noche, acabando perdiendo la vista.
Mas familiar de la Retuerta.
Cuando nevaba, su abuelo Mariano le decía a Julia, que por entonces tenía cuatro años, y a su hermano Javi, de dos años menos, en plan jocoso -Venga, vamos a asar nieve– Y ellos, ilusos, salían a la calle a recoger nieve para asarla. Su madre, pendiente de ellos, decía -¡No le hagáis caso a ver si la vais a palmar!- y se partían de risa en casa. Lo que si hacían es coger algo de nieve limpia, la colocaban en una fuente con canela y azúcar y se la comían, era muy típico de Bujaraloz.
En casa, Julia han sido 5 hermanos. Al rededor del hogar, Julia guarda gran recuerdo a las tostadas de pan, ajo y aceite. En el corral tenían un pozo que, por medio de una bomba manual, bombeaban el agua salada del subsuelo de Bujaraloz. Aquella agua la empleaban para limpiar y refrescar la bebida.
En Bujaraloz el agua para consumo la iban a buscar a la balsa Buena, mientras que la balsa Predera era para los animales. Iban con una cuba tirada por mulas y cuando llenaban las cubas ponían un trapo blanco, a modo de colador, donde luego se veían algunos bichillos rojos (artemias) o cullarones que se quedaban en el trapo. A pozales de cinc llenaban después las tinajas de casa. Luego estaba el botijo, que era sagrado, tanto en verano, en lugar bien fresco, como en invierno. Al vino le echaban gaseosas de sobre Armisen y sabía a gloria. Todo era de cinc, pero también estaban los terrizos, para matacías, fregar o para lavarse, ponían agua y por medio de una cazueleta se iban echando el agua por el cuerpo.
Lo que si había era mucho vino que se guardaba en toneles en las bodegas -Cuando prensaban la uva su abuelo siempre nos daba a probar el primer mosto-.
A los 3 años ya fue a la escuela, por donde ahora está el ayuntamiento, con doña Teresa. Estaban de varias edades en la misma clase. En la escuela les daban leche en polvo, que ellos mismos preparaban, y queso. Cada día uno se encargaba de encender la estufa de piñuela –Una estufa de los huesos de las aceitunas molidas, era como un tubo grande, se llenaba y por medio de una puertezela se le echaba petróleo o algo parecido y con cerillas prendían fuego. ¡Era un peligro!-. La leche la preparaban en una olla grande, pero a Julia no le sentaba bien, no era la única y consiguió un papel médico para librarse de tomarla. Mientras, el queso estaba aceptable.
También les mandaron libros. Hacían dictados y cada falta de ortografía que cometían tenían que escribirla 20 veces. En mayo cogían flores y les hacían leer poesías delante de la iglesia. A Julia le gustaba dibujar y la maestra se daba cuenta que no calcaba, que lo hacía en otros tamaños y que se le daba bastante bien.
Cuando Julia pasó a primaria su madre le compró una enciclopedia, a su tía por 5 pesetas, y con ella Julia estudiaba. Luego estaba mosén José, quien daba la clase y por la tarde la señora Francisca, que les enseñaba a coser vainicas, festones, cruceta… un paño de costura que iban realizando diferentes técnicas. A julia no le gustaba mucho eso de coser. Con el mosén se escapaban de clase y se marchaban a Valfarta.
Entre las clases de chicas y chicos había un agujero y se hacían travesuras y en el patio había un árbol y una higuera del vecino que se metía en el patio y se dedicaban a coger los higos. Cada vez tenían que trepar más en la higuera, a medida que los iban cogiendo.
Julia Rozas Ferrer.
Con 10 años ya cuidaba de sus hermanos y a los doce años su madre la saca de la escuela para trabajar en casa, principalmente cuidando a sus hermanos. Aunque la maestra Maripaz intentó que se quedase en la escuela, que no podía salir para ir a ayudar a casa, Julia se vio obligada a dejar la escuela, la necesidad se impuso. Tampoco podía salir a jugar, en casa tenían mucho trabajo y Julia se tenía que quedar a cuidar a sus hermanos.
Con 15 años Julia iba con su padre en una motocicleta a recoger olivas, cogían un saco diario y para comer su padre hacía unas salchichas en las brasas, sacudía las brasas y le ponía las salchichas en el pan -Me sabían a gloria-. Con el tiempo vendieron el olivar, aunque para Julia siempre será una tierra muy querida.
Al campo iban con una galera, recuerda Julia, tirada por mulas. Años más tarde ya iban en el remolque tirado por un tractor Hanomag. Allí siempre les llamaba la atención su padre –No os rebulquéis por el trigo-. Siempre estaba mirando al cielo, para ver si venía la esperada lluvia y mientras le explicaba a Julia las diestras de la espiga -¡Si se tumba la espiga es buena señal-.
Su madre hacía farinetas en el corral, hacían fuego y ella las hacía en una sartén. Fregaban con esparto y arena, en Bujaraloz se hizo mucho esparto, algunos iban en bicicletas y ataban detrás los fajos de esparto, recuerda Antonio, marido de Julia y también natural de Bujaraloz.
Hacían la matacía en casa. Julia se acuerda cuando le mandaban a casa de tía Carmen a buscar el molde de las bolas, para hacer bolas dulces y hacían de todo, longaniza, chorizo, butifarra y, aunque se hacía poca, la longaniza de vinagre era muy buena. Estaban las carnicerías de Santiago Royo, que la llevaba su madre, la tía Luisa, la de Simón Royo y su mujer Pili y los Rigabery en la plaza.
En reyes le empiezan a regalar pinturas de Alpino y lo que empieza como una distracción va evolucionando y acompañándole toda la vida. Tuvo como primer ejemplo a un tío suyo de Madrid, que también pintaba y que Julia trató de imitar, aunque a él no le hizo mucha gracia.
Ermita de san Antón, Bujaraloz. Julia Rozas Ferrer.
El telefonista de Bujaraloz también hacía de papelería, y Julia fue comprando pinturas, experimentando con acrílico o acuarelas. Le gustaba mucho la tinta. El mismo de la tienda le enmarcó un cuadro y se quedó sorprendido de su pintura. Al poco, con Merche, la de la boutique, que también pintaba hicieron una exposición en la plaza.
Julia se casa en Bujaraloz con Antonio Genique palacio, con quien tiene cuatro hijos. Viven en Bujaraloz, donde tiene una tienda de lanas, una mercería, pero al tiempo se mudan a Zaragoza, sería sobre 1999.
Julia Rozas Ferrer.
En la capital comienza a pintar acuarelas, oleo… pinta en tela y seda, pajaritos en cristal, ha sido muy autodidacta pero también por escuelas, talleres de maestros y master class, con pintores como Carmen Mansilla, Fermín García Sevilla, Miguel Rodríguez, acuarelas con María Jesús Benedicto, oleo con Begoña del Rincón y grabado a punta fría con Julio Cobo. También estuvo en la academia de Juan Badenes.
Dominando técnicas con suma delicadeza, como la acuarela, el óleo, la pintura en tela, seda o vidrio, el gravado o incluso la encáustica. Julia pertenece hace más de veinte años al Colectivo de Pintores de la Margen Izquierda “Colectivo APMI”, con quienes ha realizado numerosas exposiciones. El 1 de mayo del 2014 Ilustra la Portada de Artes y Letras de Heraldo de Aragón, número 466, aportando su director Antón Castro cierta reseña “Realiza un arte figurativo de colores suaves”.
En marzo del 2026 ha expuesto en la sala de Ámbito Cultural en Zaragoza «Los Monegros a pinceladas” reflejando su pasión por su tierra y su pueblo de Bujaraloz.
Julia sigue pintando, una obra ecléctica que seduce e invita a sumergirnos en su pintura, en su alma y expresión, inmortalizando en sus cuadros la tierra que ama: «Una pintora de su pueblo y para su pueblo».
Pilar es memoria viva de Albalatillo, localidad que quiere con todo su corazón. Se siente orgullosa de su pueblo, del que es gran embajadora y nos abre las puertas de su casa para retraernos a mediados del siglo pasado y a la vida rural de Albalatillo; localidad muy ligada a la agricultura y ganadería. Su entrañable relato es solo parte de las muchas historias y vivencias que Pilar nos podría contar, con su sabiduría y memoria excepcional.
Pilar Asín Asín nació el 18 de abril de 1937 en Albalatillo, hija de Mariano y Ángeles, familia de labradores. En casa tenían algunas mulas y con el aladro araban la tierra de casa – hasta mi madre iba a labrar-. Su padre, Mariano, de quien Pilar recuerda con mucho cariño ser muy “amadrugador”, trabajaba con su hermano -Iban a labrar, pero también a cosechar, a segar, primero con hoces y luego con los dallones. Más tarde aparecieron las maquinas, las primeras llevaban una especie de sierra, como un tronzador de dientes largos, hasta que finalmente llegaron las cosechadoras modernas-. Con las cosechadoras todo fue más fácil, recuerda Pilar, que fueron evolucionando de las cosechadoras de sacos a las de tolva; -entonces ya teníamos tractor con remolque-.
También se acuerda de los trillos, de los cuales había dos tipos, el de piedras, trillo de arrastre y luego sacaron el trillo de rodillos, eran más altos y se ponían arriba. Eran otros tiempos, vida dura y mucho trabajo y esfuerzo, hubo años muy malos: -Un año fue tan malo que todo lo que segaron lo trajeron con el carro-.
Fue a la escuela hasta los 14 años, iban en clases separadas, chicas y chicos, incluso en el patio del recreo estaban separados y no les dejaban estar juntos. Jugaban en la plaza y para las fiestas a bailar -¡entonces se bailaba!-. La plaza la adornaban con ramas de chopos, colocaban estacas, la plaza era de tierra, formando un círculo grande a modo de pista, y entrelazaban ramas con hojas de chopo para adornarla, la enramaban. De escenario colocaban unos carros a modo de entablado donde se subían los músicos, venían las orquestas de Ríos o de Ballarín entre otras. Iban a comer por las casas que incluso se disputaban entre ellas para ver quien invitaba a los músicos a comer y cenar: -reñían a ver quién se podía llevar a los músicos-.
En la plaza de Albalatillo había una fuente y al lado un abrevadero, apunta Pilar muy orgullosa de su pueblo, del que no deja de hacer gala: -siempre ha estado muy unido-. También, en la plaza estaba el castillo, aunque ella no lo llegó a ver. El castillo desapareció en la guerra y en su lugar hicieron un frontón. Más abajo camino del río, existió un lavadero, lavaban derechas, de pie y había unas buenas losas. Igualmente había un lavadero en la acequia y, aunque allí tenían que arrodillarse, el agua corría y era mejor para lavar. Camino Sariñena aún está la fuente del Saso que construyeron para la guerra en el aeródromo republicano. Iban a bañarse al río, con el viso, tenían su sitio mientras los chicos otro; aunque ellos se escondían para verlas.
Había médico, que venía de Sariñena, y practicante que vivía en Albalatillo. -Albalatillo tenía de todo, herrero, dos tiendas, carnicería, dos cafés, carpintería, herrero, modista… El café de casa Paco también tenía tienda-, apunta Pilar. Luego estaba el café bar El Palillos, que era café y baile -allí es donde las mujeres comenzaron a jugar a las cartas-. Además, iban el domingo a bailar, que solo les dejaban si antes iban a rezar el rosario el domingo por la tarde. Ellas se sentaban y esperaban a que un chico las sacara a bailar, no podían bailar chica con chica. Aunque el baile primero fue en casa el pianista, donde los chicos pagaban por entrar, y luego en el Palillos. Isidoro Marcial tocaba el piano, era ciego.
-A Albalatillo venían los títeres, venían con monos-, iban con sillas a la plaza y veían la actuación. Se hacía procesión para Santa Margarita y fiesta para san Roque, también lo sacaban en procesión y dos casas daban torta bendita, Josefina y Marcial. Los chicos corrían para llevar los santos. Unas navidades con mulas, yeguas o caballos llevaron a los reyes y pajes, apagaron las luces del pueblo y con las antorchas encendidas bajaron al pueblo.
Pilar se casó con Agustín Alfredo Laguna Valentín, siempre le han llamado Alfredo, aunque era de casa Floro. Se casaron en Huesca, en la iglesia de San Lorenzo, y la primera noche la pasaron en Tardienta, tenían parientes allí y como eran fiestas fueron a pasar la noche. Han tenido dos hijos, Alfredo y Pili.
Alfredo era de casa de labradores, tenían cuadras y huerto. Casi todas las casas tenían huertos, en casa empotaban en botellas de cristal, con un embasador y un palo introducían el tomate para conserva. En cada casa se mataba un par de tocinos, hacían bolas, morcilla… de todo -El día de la matacía nos juntábamos toda la familia, íbamos de una casa a otra ayudándonos con la matacía-. Aún guarda Pilar la máquina de las morcillas. También traían pollos de Huesca, de Porta, los iban vendiendo por las casas o lo que les pedían o encargaban.
Alfredo también fue cañicero, hacia cañizos, conjunto de cañas entrelazadas que formaban una estructura compacta, plana, generalmente de unos 2,5 metros de largo por 90 centímetros de ancho. Tenía unos moldes y con el “defendedor” cortaba las cañas en tiras. Luego, iba armando la estructura y formando los cañizos -Cada uno tenía su manera pues eran muchos en Albalatillo que hacían cañizos-.
Alfredo cortaba las cañas en la mengua de enero y en fajos los iba trayendo a Albalatillo. Los hacía tras la siembra -disfrutaba mucho haciendo los cañizos-. Se empleaban para la construcción, para los tejados. También se empleaban planos, en las falsas de las casas, colocados a una altura de medio metro del suelo y sobre ellos se secaban tomates u otras hortalizas o frutas para su conserva.
Con su marido iba a hacer leña, iban con un tronzador, uno en cada punta, iban cerca del río Isuela (Flumen), que había chopos y a trozos lo iban trayendo a casa, los troncos para el fuego y la ramilla para encender. También le acompañó más de una vez a cazar. Alfredo iba a cazar conejos por Jubierre y en el monte de casa con hurón, los domingos. Pilar tuvo un hermano, Mariano, era fraile y murió en un accidente durante una jornada de caza.
En casa tuvieron vacas, ordeñaban a mano, Pilar junto a su suegro -De todo hemos hecho, todo menos carrera-. La leche la vendían a la RAN de Grañén, venían con cisternas a recogerla, llenaban los cantaros y en verano los ponía en el lavadero para que se mantuviesen frescos. Empezaron con 2 vacas, solo para casa, y fueron ampliando hasta tener al final unas 7 vacas. Querían sacar el fiemo por atrás de la casa, a la demba, pero las Bastaresas no quisieron que se hiciese calle.
Alfredo jugaba mucho al frontón, pues en Albalatillo y otros pueblos se jugaba mucho a la pelota a mano, incluso en Albalatillo y otros pueblos se celebraban torneos. Jugaban en parejas y Alfredo siempre jugaba con Carmelo, competía mucho con Nicasio. También participaba en carreras pedestres, algunas en eras, al redol, y aun ganó alguna de ellas.
En Albalatillo, Pilar ha sido y es muy feliz, se siente muy orgullosa de su pueblo, albalatillera de corazón. Muchas cosas han quedado por contar, del desaparecido dance de Albalatillo, de cuando iban a recoger esparto o cuando muchos marcharon a nivelar a Nivelcampo y llegó a Albalatillo el riego. Porque Pilar es pura historia reciente de Albalatillo y ha sido un placer escucharle hablar con tanto cariño de su pueblo que tanto quiere.
Pilar Royo López, natural de Sariñena, es mujer vital y de buena memoria, ha trabajado prácticamente desde su infancia, especialmente para casa Torres, haciendo, como dice: –de todo-. Su marido, Vicente Villellas Betes, fue guarda de campo, un oficio tradicional, ya desaparecido en Sariñena, y que a través de la misma Pilar y su hijo Vicente nos adentramos.
Pilar Royo López.
Pilar Royo López nació el 5 de junio de 1932. De casa de los Custodios, Pilar vivió su infancia en la calle Castillo Alto, una casa justo antes de las escaleretas, cerca de donde vivía Paco Cascabillo. Aunque tenían un poco de tierras, su padre trabajaba para casa Torres, en la tierra, y se encargaba de la brigada que trabajaba para la casa -estaba al tanto de los trabajos-.
Pilar no fue muy estudiosa, fue a las escuelas nacionales y aún recuerda a don Pio, doña Victoria o doña María. Les hacían hacer en el patio actividades, algunas como representaciones y a veces acudía el alcalde y concejales –una vez me hicieron recitar unos versos y gané un bolso para ir a la escuela-. En las nacionales había un gran patio, grande, recuerda Pilar, donde jugaban: -el patio daba a los Esquiñones, por la parte de atrás, donde había una puerta falsa-.
Pilar era la segunda de cuatro hermanas y pronto comenzó trabajar en casa, empezando a hacer encargos y al final no paró de hacer trabajos hasta que fue dejando la escuela. Pronto fue a trabajar a casa Torres, a casa de Mariano. Entonces, casa Torres se encontraba encima del Enado, en la plaza Villanueva, donde estaba la casa nueva y al otro lado la casa vieja, al lado de casa Bolero, donde vivían los de las Tiletas. Allí hacía de todo -todo lo que me mandaban- de ir a comprar a realizar todas las faenas y labores de una casa, de limpieza, cocina o cuidado de los críos. Pilar no paraba nunca, además Fermina, la ama de llaves, era muy exigente -lo primero que me hacía hacer era peinarla-. Pilar se acuerda de ver a los jornaleros comer en el patio.
Su marido Vicente Villellas Betes nació en Lalueza en 1928 y vino a Sariñena con su familia. Su padre entró de Guardia de Campo, oficio que continuó Vicente.
Vicente trabajó en distintas faenas, como labrador, segador, haciendo esparto o como pastor; en casa aún recuerdan cuando llevaba las vacas por la laguna. Iban a segar al monte y se quedaban por alguna masada, cazaban alguna liebre y gracias a ella hacían un rancho para todos En casa tenían animales, cerdos, gallinas y algo de huerta, un pequeño olivar. Pero pronto se convirtió en guarda de campo. Su padre falleció joven y Vicente con 23 años ocupó su cargo, -cogió la correa-.
Familia Villellas Betes.
El cargo de “Guardia Rural” dependía de la “Cámara Agraria local de Sariñena” que tuvo su sede en casa Paraled, en la plaza de la iglesia de San Salvador y luego en un local del Ayuntamiento de Sariñena. Las Cámaras Agrarias en Aragón, fueron creadas durante el régimen franquista, siendo unas instituciones destinadas a ser órganos de consulta y colaboración con la administración agraria, y estaban controladas por el Ministerio de Agricultura. Estas cámaras tenían una estructura organizativa que incluía asambleas con representación de los sindicatos agrarios. En Aragón, las Cámaras Agrarias de Zaragoza, Huesca y Teruel se constituyeron en 1948 y 1950, pero fueron finalmente extinguidas en 2014, pasando sus funciones a los sindicatos agrarios y otras entidades. Uno de los presidentes fue Procopio, que tenía un estanco en la calle del Mercado, en los porches, y de administrativa Alicia Villacampa.
Vicente ostentaba autoridad como Guardia Rural, también conocido como Guardia de Campo. Portaba una chapa oficial que lo identificaba como guarda jurado de Sariñena, siempre brillante, sobre la correa del morral. Tenía prismáticos y un rifle -llevaba balas de las buenas, del 9- que lo solía usar para cazar algún conejo y que nunca faltaron en casa -mataba conejos corriendo-.
Aunque algunos años estuvieron dos guardias, con Manoler Millera, y cada uno llevaba su partida, Vicente abarcaba todo el término municipal de Sariñena, tanto huertas como campos y monte. A principio iba andando y en bicicleta hasta que se compró por su cuenta una moto. El carnet de coche nunca se lo quiso sacar, pues pensaba que nunca se iba a poder comprar un coche.
Vigilaba la huerta, que entonces era muy importante, que no entrase ningún ganado, que no hubiese robos, que nadie se comiese más de la cuenta labrando, cabañeras, caminos, sendas, marguines u otros campos o huertas -siempre había alguno que cogía más de la cuenta-.
Si había robos los investigaba –mia que me han robado un camallón de patatas-, –mia que se me llevan los tomates-, muchos hasta iban a casa suya para contarles que le habían robado u otros problemas. Lo normal era que cogiera a los culpables y lo solucionaran apañándose con los dueños del campo. Algunas veces se pegaba hasta 3 noches escondido para sorprender algún ladroncillo. También había casos en que no le quedaba más remedio que denunciar y llevar al juzgado, iba al juzgado de Huesca y tenía que testificar. Hacía de guardia, pero también a veces hacía de juez, tratando que se arreglasen entre ellos, pues lo solían respetar mucho, solían decir -Lo que diga Vicente, que tiene razón-.
Se sabía todos los campos y a quienes pertenecían, todo lo llevaba en la cabeza, incluso lo llamaban del ayuntamiento si tenían alguna duda con alguna tierra, campo o huerta y para participar en las concentraciones parcelarias.
Otras veces tenía que acompañar a los pastores trashumantes cuando cruzaban el término de Sariñena, le avisaban desde la oficina y, pronto por la mañana, salía a esperarlos. Luego los acompañaba en su tránsito para ayudarles pasar de linde a linde. Muchas veces era el mismo presidente de la cámara quien le llamaba para decirle lo que tenía que hacer.
Madrugaba mucho, era un trabajo de mucha dedicación, que exigía implicación, estar disponible a cualquier hora del día y que incluso muchos iban a su casa para requerirle algo, alguna duda, ayuda o denunciar a alguno.
Con Manolo Foj, Guardia de Riego, eran muy amigo, casi como hermanos, entre ellos se apoyaban y ayudaban muchísimo. Juntos era un placer escucharlos, recuerda su hijo Vicente, -contaban un montón de historias y anécdotas-. En una edición de Femoga los pusieron a los dos de vigilantes de noche, a uno que vio le echó las luces de un tractor y resultó que era un guardia civil.
Entonces la huerta se cultivaba entera, la gente dependía de ella, como sustento de muchas familias y eso llevaba a que había muchos problemas. Fueron también tiempos de necesidades y algaradas. A veces pillaba a los críos robando, subidos a los árboles cogiendo fruta y los encorría. En una ocasión, en venganza, le robaron la moto y se la rompieron, dejándola tirada por un brazal. Los acabó pillando, pero fue lo ingrato del trabajo, el tratar con gente mala.
Cuando extinguieron las cámaras agrarias, Vicente pasó a formar parte de la DGA, como personal laboral y fue destinados a la Oficina Comarcal Agraria de Sariñena.
Pilar y Vicente en la plaza de la iglesia de Sariñena.
A Vicente le ha gustado mucho la huerta y su propio huerto camino los Esquiñones, donde se pasaba buenos ratos. Vicente el guardia, persona cercana, de un oficio dedicado a la huerta vieja de Sariñena que tanta prosperidad nos ha dado.
A su jubilación. la extinta Cámara Agraria Local de Sariñena le honró con una placa como “Guardia Rural” de la misma por 41 años de servicio prestado “Con dignidad y entrega” hasta su jubilación el 3 de noviembre de 1993.
Pilar y Vicente han vivido en un piso en la plaza de la iglesia, en casa Torres, en el mismo edificio donde estuvo el estanco de Asunción Blasco. Han sido felices, formando una gran familia. Vicente falleció a los 90 años de edad, el 27 de diciembre del 2018.
Escritora e ilustradora, Belén, conocida como Lamarbelen ha publicado diferentes libros destinados a un lector infantil y juvenil. La sariñenense presenta una escritura cercana, llena de valores, acompañada de ilustraciones alegres y coloridas que atraen poderosamente la atención. Belén es toda una creadora de historias que atesora varias publicaciones con un futuro muy prometedor, toda una sariñenense que ama a su pueblo, su laguna y a la misma comarca de Los Monegros.
Belén en la biblioteca de Sariñena.
Ana Belén Villadas Yus, sariñenense nace en Huesca el 5 de noviembre de 1975. Su infancia y juventud se desarrolla en Sariñena, estudiando en el «Colegio la Laguna de Sariñena”. Entre aquellos recuerdos de su infancia, Belén dice que hay un poco de todo: -Las merendolas en los porches del cole, los veranos, allí íbamos con las bicis y aprendimos muchos a la vez. A la noche compartíamos momentos entre niños y padres con charlas de Luis Mairal el Botero. Y jugábamos a un dos tres, nos preparábamos las preguntas días anteriores. Y entre esos días de preparar las preguntas nos bajábamos el bocadillo y cenábamos juntos. Y después a jugar. Las vacaciones las vivía en el pueblo de mi padre entre familiares y vecinos que nos uníamos y creábamos amistades.-
Siendo adolescente ya le gustaba mucho escribir, en sus diarios, escribía recuerdos y también poesías, además de leer: –Un día comencé a escribir una historia y otra detrás de otra, (sin publicarlas) hasta que me hice un cuaderno lleno de historias, entre ellas “Brisa y los Gnomos” es la única que salió publicada de ese cuaderno-. Con el dibujo se inició de la mano de Antonia: -De niña mi madre me apuntó a pintura iba con Antonia y los sábados a la mañana eran maravillosos junto a su hija Miriam, compartiendo dibujos y pinturas-. Una pasión que fue creciendo en la escuela añadiendo al dibujo las manualidades: -Cuando llegó sexto de EGB con la profesora Aurora, empezábamos con manualidades y yo era feliz. De hecho, mis materias favoritas era lengua española y manualidades. Ya de mayor me apuntaba a cursos de abalorios o manualidades o dibujo. Incluso impartir varios talleres para niños y mayores ya en Huesca-.
Abril y Cleo, Lamarbelen.
Poco a poco, Belén fue elaborando “El cuaderno de mis cuentos no publicados”, un cuaderno personal hasta que, con ilusión, lo enseñó a unas amistades: -Y fue una sorpresa para mí. Una de ellas me escribió una carta con mucho cariño, diciéndome que nunca parara de escribir, que era maravilloso lo que estaba haciendo, crear historias y que debía perder mis miedos y seguir mi corazón. Años después… -.
Es en el verano del 2020, cuando Belén volvió a conectarse con la escritura y el dibujo: -Llevaba años que no dibujaba ni escribía tanto. Con la pandemia por medio, escribir y escuchar música de Rozalén era una maravillosa medicina y vitamina. Repasando el block de mis cuentos. Pensé en escoger una y leerla.-
Lamarbelen con Rozalén.
En noviembre del 2020, su sobrino cumplió tres años: -Y pensé, ¿por qué no regalarle una de mis historias? “Brisay los Gnomos” fue mi elegida. Escrita por mí. Ilustrada por Patricia Roc Puey y corregida por Sonia García Casabona. A los pocos días las 3 copias estaban en mi casa, era una sorpresa para mi sobrino y para mi familia. Al cabo de unos días, publique en Facebook, lo contenta de que mi sobrino tuviera en sus manos una historia creada por mí. A partir de ahí la sorprendida fui yo, compañeros del cole, amistades, compañeros de trabajo etc. me pedían que querían ese cuento para sus pequeños. Con todo parado, por la pandemia, tuve que estudiar que hacer para poder imprimirlos y que todo estuviera bien. Hice el ISBN y de ahí a imprenta. Hacia una reserva de 10 a 12 copias y cuando se agotaban volvía a pedir, así hasta noventa y cinco copias vendidas. Gracias infinitas a toda esa gente que me apoyó desde el primer momento. Las siguientes historias ya han sido muy diferentes…. ya que con el paso de los años también cambiamos, pero he seguido escribiendo más historias y publicándolas.-
Fue en Laredo, Cantabria, en junio 2021, cuando sentada en un banco frente al mar, Belén dibujó a “Lamar”: – La playa de la soledad. La dibuje pensando que podía crearla para que los niños a través de mis cuentos, les enseñara cosas de la naturaleza familia amistad, y más temas.- Y así surgió su nombre artístico, mirando el mar, la unión de «Lamar» y su nombre : -Fue fácil. De ello Olga Martín la personalizo en dibujo digital, y Cielo Entrena hizo una muñeca de origami.-
Lamarbelen y Lamar,Olga Martín.
La ilustradora Olga Martín Trujillo ha colaborado en algunas de sus obras, aportando ilustraciones digitales, en “El Bosque Musical”, “Los Dulces de Gela y Lines” y “Sueños de Navidad”.
Lamarbelen y sus obras.
Publicaciones de Belén “Lamarbelen”:
Brisa y los Gnomos 1996 y reedición en 2020.
Abril y Cleo febrero 2021.
El aula de la amistad junio 2021.
El bosque musical Abril 2022.
Los dulces de Gela y Lines Abril 2023.
Sueños de Navidad septiembre 2023.
Las Aventuras de Molimiau Infantil. Mayo 2024.
El tren de los sueños (2024) Novela juvenil diciembre 2024.
Belén lleva 21 años viviendo en Huesca y de ellos 20 años trabajando en la empresa Elis Huesca. Aunque no deja de ser una enamorada de Los Monegros de los que resalta que hay lugares maravillosos -Pero me voy a quedar con el que más me gusta: La Laguna de Sariñena– Pues Belén destaca todos los rincones de Los Monegros: -También culturalmente sus dances monegrinos, la rondalla aires monegrinos sentir emoción mientras los ves los oyes y se te eriza la piel. Aunque no baile no cante yo. La jota la llevo en mi corazón-. Por ello no es de extrañar que destaque como personalidad de Los Monegros a José Antonio Villellas: -Siendo Monegrino y hablando anteriormente del folclore monegrino. José Antonio Villellas alma jotera que la ama. Que ha llevado a Monegros en muchos puntos de España … También expondría a mi quinta Nati Ballarín. Que antes que volviera a Sariñena a vivir. Ya llevaba una super carrera artística. Y ahora tenemos la suerte de tenerla de nuevo en casa. Creo que ella y José Antonio en la parte cultural que me toca. Es lo mejor de Monegros entre cultura.-
Lamarbelen en la Laguna de Sariñena.
Entre sus valores se encuentran la amistad, familia, ayudar y compartir, valores que cree que son muy importantes. Por ello tampoco duda en colaborar en iniciativas culturales, como fue el caso de colaborar con este proyecto de «Os Monegros» aportando su ilustración a la exposición colectiva sobre «Las carboneras de Sariñena» en la primavera del 2025.
Las Carboneras de Sariñena, Lamarbelen. Técnica rotuladores de alcohol.
Tiene muchos sueños y entre esos sueños esta presentar su primera exposición de ilustraciones – Algo que el año pasado pues no lo pensaba. La exposición se llama «El mundo de Lamarbelen» Y tiene muchas sorpresas que desvelar. Ideas, entre ellas estoy escribiendo mi segunda novela, y quiero viajar donde acabara la historia para conocer de esos maravillosos lugares.-
Aunque cree que hay cosas que se quedaron en el tintero, y otras que llegaron de sorpresa, la creativa presenta un futuro prometedor: -Si qué piensas en cosas, pero creo que más pienso en el presente. Seguir trabajando, y disfrutar de la familia, de viajar…. y de seguir cumpliendo sueños.- Entre aquellos sueños e ilusiones están contar su cuento Abril y Cleo en el parqué Miguel Servet, de Huesca –Que en poco sale la cuarta edición de él con nuevas ilustraciones- o la ilusión que está ahí en el tintero que sería presentar su novela “El Tren de los Sueños” a los sariñenses.
Amor por su pueblo, por su tierra. Orgullosa de sus Monegros, sus gentes, raíces, tradiciones y costumbres. Simoné ha sabido valorar y querer sus orígenes, de ello ha hecho gala, de la vida rural, del trabajo en el campo, con el ganado y los animales de siempre que no podían faltar en su casa. Una vida dedicada a los suyos, a salir adelante. Simoné, una chica sensible pero atrevida, valiente, luchadora, mujer coraje, con gran carácter y sobre todo querida por los suyos y querida por su pueblo. Sin duda, Simoné deja huella y sigue dejando la impronta de toda una sariñenense de los pies a la cabeza, de una guerrera que en Sariñena y en su amada laguna ha sabido encontrar su propio oasis a pesar de la dureza de la vida; con todos los suyos y los que faltan.
Simoné Andreu Serrador.
Simona Andreu Serrador nació en Sariñena el 30 de septiembre de 1946, en casa Tabolla/Taboya, actual calle Gasset, casa de su abuela Simona y su tía Pilar. Hija de Teodoro y Miguela, fueron tres hermanos: Teodoro, Teresa y Simoné. Su padre Teodoro se dedicaba principalmente al transporte, igual subía gente a la estación que llevaba un tocino al matadero, acarreaba mercancías a alguna casa o incluso Lanaja, o transportaba en su bulquete áridos y gravas para algún constructor. Mientras, su madre Miguela se dedicaba a hacer fainas varias por las casas.
Simoneta.
Era del barrio Alto de Sariñena, donde históricamente se encontraban las casas más humildes, los corrales, pajares y las llamadas Palancas; una de aquellas Palancas estaba donde estaba garaje Casabón, cerca de su casa. Por el barrio estaban muchos críos y solían enfrentarse con los del barrio Bajo, que eran de casas mejores. Los llamaban piojosos y se enfrentaban los unos con los otros encorriéndose a zaborrazos -pobres contra ricos-. A los del barrio Alto les defendía Joselín “El Moreno” -Joselín, que nos han dicho piojosos y que llevamos caparras- a lo que Joselín respondía -Esta noche a atacar- y por la noche bajaba toda la banda a enfrentarse con los del barrio Bajo. Cuando alguno recibía un zaborrazo en la cabeza, en la chichonera le ponían una perra gorda con un paño. Luego se gastaban la perra gorda en casa Blasito, donde iban a comprar regaliz. A la pastelería de Blasito solían ir a mirar el escaparate, a ver los dulces que tenía, -que bueno se veía todo, pero nada, solo mirábamos-.
Tenían un pajar camino Zaragoza, con vistas a la Laguna, donde desarrollaban parte de su día a día. Una vez le pusieron una vacuna y del efecto casi no llega al pajar, de la agonía que tenía. Cerca estaba el sifón donde se encontraba el lavadero y en un rincón, con leña, calentaban el agua para lavar en invierno. El lavadero tenía un tejadillo y aún queda algún resto de las losas.
Con cinco años contó con su primer oficio, su abuelo le dijo -tienes que ser la niñera de Antonio Huerva- pues las ratas suponían un peligro y no lo podían dejar solo. Así, que Simoné lo cuidó guardando guardia a la puerta de su habitación con un palo atenta para espantar a alguna rata atrevida que osase acercarse. A una que se atrevió, güen garrotazo le arreó.
Cartilla de escolaridad.
A Simoné le daba mucha vergüenza ir a la escuela con unas botas usadas que le dieron de un chico. Fue a la escuela de las monjas, de las que guarda muy buenos recuerdos. Aunque Simoné pronto se cansó de estudiar y se puso a trabajar de niñera en casa Torres. A los 12 años marchó a servir de niñera a Tarrasa. Su hermana Teresa, que tendría unos 17 años, ya había marchado antes de cocinera y prácticamente a hacer de todo. Simoné fue a parar a un chalet de lujo, Torre del Mer, a cuidar críos que casi eran de su edad, en una casa con jardín, piscina y huerto. Es en Tarrasa donde le cambian el nombre, dicen que Simona parece un nombre antiguo y que es más moderno Simoné, nombre que se le queda ya de por vida, aguda y con tilde en la «e» final.
Simone y Paca, mujer de Rafael Moreno.
Al año, una gran riada sacude Tarrasa por lo que Simoné coge miedo y decide volver a Sariñena. Aun así, vuelve a salir de Sariñena a los 14 años pasando algunos meses en Barcelona, igualmente trabajando como sirvienta. No tarda en regresar y una vez ya definitivamente en Sariñena, por un tiempo se dedica a limpiar el colegio de las monjas, el colegio de la Milagrosa. A Simoné le llama mucho su casa, su pueblo y comarca, le tira y le sigue tirando su tierra. Si le preguntan de dónde es ella, siempre responde sin dudar que ella es de Los Monegros, siempre orgullosa. Y cuando le dicen que aquí no hay nada siempre dice que aquí hay mucho, -¡mucho!-.
A los 19 años, Simoné contrae matrimonio con Miguel Bornao Millera, conocido como Migueler. Se casan en Sariñena y Simoné lo hace de negro pues hacía poco que se había muero Teodoro, su padre. Les casa José María, mosén copas y en el cine teatro Romea celebran un “pica – pica”. Luego, de viaje de novios marchan para Barcelona, en tren, a casa la tía Concha de Migueler, visitando algunas zonas de Barcelona, entre ellas el Tibidabo, pues perras había pocas. También visitan a la tía Teresa.
Boda entre Simoné y Miguel.
Migueler tenía algo de tierras y un par de vacas además de tener animales en casa y a parte iba a empresa, a las canaletas (al lado del cementerio) y otros trabajos. Con el bulquete iba a sacar enrona, sacar piedras, carreaba áridos, arenas y gravas para los albañiles con sus amigos Pedro “El Royo” y Mariano el de Potreta.
Por aquellos años viven en calle Los ángeles n.º 7. Simoné hacía lo que le salía, además de cuidar los abuelos que vivían con ellos en casa. Pili Bornau, hija de Simoné, recuerda como entre todos, abuelos y tíos, sumaban seis, y entre ellos Bernardo Millera y su esposa Vicenta Bornao de casa el Chiquilo y su hermana Julia, que estaba sorda como una tapia. Además, Simoné cose en casa de Soto, con Pilar Soto. En 1967 nace Miguel y en 1969 Sergio.
Simoné con Miguel y Sergio.
Simoné es una de las primeras mujeres en obtener el carnet de conducir, mucho antes que Migueler. Se lo sacó en 1969, ella fue la segunda tras Bienvenida Borruel, que fue la primera. Simoné llevaba el tractor hasta la finca y luego Migueler lo cogía para llevar a cabo los diferentes trabajos agrícolas. Migueler iba con el vespino que tenían.
Simoné conduciendo el tractor en la romería de san Isidro.
Luego fueron a vivir a la finca de Bancel, carretea Lalueza, de ganaderos y Migueler de tractorista. Se llevaron todos los animales, anqué solamente estuvieron 9 meses; regresando a su casa de la calle de Los Ángeles. Al tiempo Migueler obtiene el carnet de conducir.
Luego marchan a la finca de Balaguer, también llamada finca de los Pozos o Torres de Balaguer, que estaba al lado de las fincas de Cachicorba y Presiñena. Allí estuvieron tres años. La finca, fue de la familia de Antonio Torres, se la vendió a Balaguer, catalán, empresario que también construyó los pisos del Malibú y este llamó a la finca «Los Pozos», ya que se regaba bombeando agua de unos pozos, todo un adelanto hace 50 años.
Foto de familia Bornao Andreu.
Pili nace en 1973, el año que fallece Vicenta Bornao y en 1975 Gustavo, el pequeño de la casa. En 1976 regresan a Sariñena ya que se repartían los lotes, aunque estos fueron provisionales. Con el lote, el monte Saso Lasfitas (secano), la huerta y los animales de casa fueron tirando. La huerta la empleaban básicamente para los animales, alfal, panizo, panizo espeso, nabos, remolacha, cebada, trigo… Incluso aprovechaban las raíces de alfal, que la chafaban con la jada además de mallarlas en la calle para que se soltaran la tierra y las pudieran remusgar (rumiar) las vacas.
Igualmente, en casa tenían vacas de leche que ordeñaban todos los días y vendían. Tenían 14 vacas que cada día, a las 8 de la mañana, ordeñaban. A esa hora ya tenían a gente haciendo cola, pues la gente la iba a comprar con cantaros y botellas a casa. -Vendíamos leche, la puerta siempre estaba abierta para todo el mundo-, recuerda Pili aun sintiendo las voces de las mujeres que venían temprano a comprar y a charrar mientras se le servía la leche. Un día un abuelo le dijo a Simoné -No eches tanta agua- a lo que ella no se pudo contener en contestar -¡Eso es lo que hacía usted!-. La leche que no vendían en casa la subía en coche a la Rania. Junto a la de mariano Conte, fue una de las últimas vaquerías de Sariñena.
Migueler y Simoné.
Para Pili Bornao era una casa de mucho trabajo: “donde mi padre manejaba las tierras y las vacas, y mi madre vendía la leche y vendía lo que sacaba de la huerta. Cuidaba de nosotros, que somos cuatro. Aún veo volar la zapatilla por aquella calle, porque cada dos por tres hacíamos trastadas, que todavía hoy recordamos para reírnos” (Diario del Alto Aragón, domingo del 11 de noviembre del 2012).
En casa también tenían terneros, pollos, tocinos, vacas… y todo siempre bien limpio y desinfectado. Simoné llevaba la administración y organización de la casa. La casa la desinfectaban cada dos por tres con zotal, todo tenía que estar siempre bien limpio, restregaban con fuerza la ropa cuando la lavaban y los aluminios de las lecheras tenían que brillar -¡que no digan!-, recuerda Miguel Bornao. La casa la blanqueaban todos los años con cal hasta que en 1981 sacaron los animales de casa y los llevaron a la finca de la Laguna donde poco a poco se fueron haciendo vivienda.
A la cooperativa iban a moler y en el dyane 6 tenían que llevar pacas de alfal y paja y en el bulquete hacían viajes de fiemo. Sobre 1997 ayudó en la carnicería la catalana, limpiando patas de tocino y de corderas y tripas para hacer callos. Patas y tripas de cordero, las tripas las tenían que limpiar mucho, empleaban sosa; la sosa solo para las patas de cordero, las tripas y lo demás a mano. En 1997 se hace cargo del bar Luis, llamándole bar “A Lifara”, bar que regentan durante tres o cuatro años, Simoné con su hija Pili junto a Eli y Nicol. Hacían un montón de tapas y siempre estaba lleno.
En la calle los Ángeles siempre había tres corrillos, para las noches a la fresca, uno a la puerta de Liborio Cabellud y Dolorinas, otro en casa Simoné con los Morenos y Andrés Millera y otro más abajo, por donde telégrafos, con Olga Catalá. Rafaelito el Moreno le decía a Simoné que cuando fuese mayor se compraría caballos y así fue.
Siempre ha estado al lado de sus mayores, cuidándolos y aprendiendo de ellos, de sus anécdotas, historias, memorias y vivencias. Recuerda ver pasar mucho a Miguela la de la posada, con su viejo carretillo de la posada al huerto y otra vez de vuelta. A José el Gange, que iba mucho a visitar a su suegro y que contaban muchas historias de antes y Simoné los escuchaba mientras guisaba la comida. Le llegó a decir que comían hasta hierba. Unos vieron una mula muerta, estaba hasta hinchada, y del hambre se dieron la vuelta para cogerla y llevarse algo a la boca –hicieron fuego en una casucha y se la comieron-.
Su tía Manuela contaba historietas de la guerra, como cuando junto a 17 mujeres cruzaron la frontera por Figueras, Gerona, a Francia. Allí las llevaron con sus hijos a un castillo, donde las refugiaron. Mientras, a los hombres los internaron en el campo de Argeles. Manuela decía que una de ellas, de aquellas mujeres, era muy espabilada y que gracias a ella sabía cómo iba la guerra. Aquella mujer era María Moliner, a Manuela nunca se le olvidó. La cruz roja les llevaba comida hecha, hasta que un día ellas dijeron: –a partir de mañana no nos traigáis la comida hecha, traednos los alimentos que ya cocinaremos nosotras-, pues a los hijos no les gustaba como cocinaban las francesas. Una mañana, al abrir la puerta grande del castillo se encontraron abundante ropa y comida que la gente les había llevado, entre ello muchos juguetes que un hombre llevó para los críos.
Una noche, alguien llamó a la puerta del castillo, era el abuelo que había llevado los juguetes, pronto debían de huir, recoger algunas cosas y subirse a la camioneta, que los alemanes estaban cerca. Todas se subieron a la camioneta y el abuelo las condujo a la estación de tren donde las subieron a un vagón de madera. Un ferroviario las vio, pero el abuelo le dijo -Usted calle, estas personas van para España-. María Moliner se despidió del abuelo, mientras los críos lloraban por él, querían mucho al abuelo. Todas acabaron regresando a España. Se salvaron por los pelos, ya que por la mañana llegaron los alemanes. Del castillo de irás y no volverás, así lo llamaban.
Manuela, con 96 años con Paca y José Luis Ripoll tomándole la tensión.
Del marido de Manuela, Julián Cazán Morén nada se ha vuelto a saber de él, nunca lo encontraron, a pesar que con el tiempo Simoné gracias a la ayuda de Tere Lacerda, que hablaba francés, en vano trataron de averiguar qué fue de él. Su tío Manuel Serrador, de casa el Fraile, luchó en las Trincheras de Lanaja y Pili siempre recuerda que decía que lanzaba mandarinas en la guerra, –quizá por ser una niña, no quiso decirme que en realidad eran granadas-. Siempre decía que le silbaron muchos los oídos en la sierra, allí en las trincheras del lado de los Rojos, le silbaban por las balas. Nunca nos dijo si mató a alguien, se quedaba en silencio ante tal pregunta, que ahora no se nos ocurriría hacérsela.
A su tía Manuela le daban de comer lo que les sobraba en la casa que servía en Barcelona. Su marido trabajó haciendo el metro. Mosén Jorge le decía a Manuela que no se preocupase –no sufras Manuela, que estuvo muy bien cuidau-, aunque en verdad tras la guerra fue internado en un campo de concentración y nunca se supo nada de él. Manuela nunca supo la verdad.
Son muchas las historias que atesora Simoné, como las de aquellas mujeres que iban a buscar carbón a la vía: alguna hasta reñía por recoger el mejor carbón, recuerda Simoné. Su tía María iba junto a muchas mujeres del pueblo, luego algunas lo vendían -Si cogían alguna briqueta la compraban los ricos-. Entonces se iba a recoger muchas cosas, a respigar, o a escapotar panotas o escapotar el panizo. Recogían las panotas y en casa las limpiaban, les quitaban las cascarotas que se las quedaban para dar al ganado o incluso para hacer colchones.
Migueler y Simoné con el mondongo.
Por la calle de los Ángeles tenían un conejo que se les escapaba de casa, le cogieron mucho cariño y estaba muy gordo, se iba a otras casas donde siempre le daban algo de comer. -¡Manolo, Manolo!-, le gritaban para que volviese -déjalo, que ya volverá-. Manolo fue famoso por todo el pueblo hasta que un día ya no volvió. Estaban siempre tan rodeados de animales que incluso el médico don Nicolas decía: -Simoneta, si viene algún virus vendré contigo y tus animales, que los animales dan inmunidad-. A lo que respondía Simoné que ya estaban muchos en casa.
Simoné siempre ha luchado por Sariñena y Los Monegros, por la agricultura y los riegos, por el agua y contra el trasvase. Simoné ha luchado y continúa reivindicando un futuro para esta tierra que tanto quiere. Ha ido a todas las manifestaciones por el agua y siempre defendiendo a su gente. En una de aquellas manifestaciones en Madrid, por la problemática de las vacas locas, le dio su bolso a Migueler, lo cual dejó momentos muy divertidos. En aquella manifestación, Simoné sin querer se cayó al lado de las Cibeles, a lo que un hombre dijo -Señora no se queje, cualquiera no puede decir que se ha caído al lado de la Cibeles-.
«Simoné Andreu. 54 años. Sariñena. Huesca. Reclamo el agua que nos quieren quitar, porque en Monegros llevamos toda la vida esperando a que nos rieguen esas tierras tan hermosas. Este día servirá para algo, aunque el gobierno central no nos entienda, para que sepan que los de Aragón somos solidarios pero siempre que no tengamos tanta sed. Esperamos que haya pactos que nos deje contentos a todos. Y mira mi sombrero, estos son mis mensajes: Aragón, nobleza y bravura, hasta la sepultura; seré solidaria cuando Aragón no tenga sed; Ebro, las tierras de secano las tiene más a mano y Agua del Ebro para Los Monegros».
Cuando se comenzó a crear la cooperativa, Simonécon su marido Migueler apoyó a José María Paraled, aunque tenían pocas tierras, no lo dudaron. Igual apoyaron los primeros años de Femoga(Feria industrial, agrícola y ganadera de Los Monegros) y fueron los primeros en llevar animales, cuando era en las piscinas. Llevaron vacas para emprender la feria, siempre de la mano de Alfredo Cajal, el veterinario, quien llevó a cabo la feria. Luego, con el tiempo, fue Simoné quien promovió el concurso de fotos antiguas de Femoga, animando a que se recuperasen muchas fotos antiguas de Sariñena y de la comarca.
Simoné y el grupo de teatro «El Molino».
Ha participado en demostraciones y recreaciones tradicionales con el grupo Añoranza. Ha escrito diferentes artículos sobre costumbres y tradiciones que ha publicado en la revista sariñenense “Quio”; recuerdos y memorias que tenía miedo que se perdiesen. Ha hecho teatro con el grupo de teatro El Molino, haciendo de actriz y ha participado en numerosas obras como “Las Amargas lágrimas” de Petra Von Kant, “Yerma”, “la Zapatera Prodigiosa”, “Cianuro… ¿solo o con leche?”, y obras baturras con mucho humor que llenaban las plazas de los pueblos. Con el grupo de teatro realizaron el belén viviente movilizando a toda su casa.
Igualmente ha sido gran implicada en la romería de San Isidro y fiestas patronales. Aún recuerda lo que decía la Marrita -¡Ay chitetas, ay chitetas (Chiquetas)!, la ermita de Santiago llena de escorpiones y zancarrarrianas-.
Foto: Yegua Desancada, el Caballer y el mulo capado Carbonero: «Llegue desanclada, que tenía mal el anca (la cadera)».
Colaboró muchísimo con la creación del museo etnográfico de Sariñena y donó bastantes cosas. Tenía el número 5 de colaboradora, era muy atrevida yendo por las casas animando a que la gente donase objetos para el museo y cuando tiraban alguna casa, como la de Chin, acudían a ver que podían recuperar. Conserva unos ejemplares de la revista Crónica, de la época de la República, que durante la guerra permanecieron ocultos entre la paja de un pajar, en una caja de cartón recio, hasta que un albañil, al tiempo, las descubrió en unas reformas. Las tenía una mujer escondidas -El que descubrió el bulto al principio temió que fuese una bomba-.
También ayudó a Emma Cucalón con la recuperación del “Cabo d´año”, tradición que Simoné recordaba al ir por todas las casas pidiendo el cabo d´año, aunque algunas les mandaban de paseo otras les daban algo, una perra gorda. En casa de Calvete les daban mucho, recuerda Simoné.
En el 2012, Marga Bretos le dedica un precioso artículo en el Diario del Alto Aragón: “Simoné Andreu, una luchadora dotada de una energía envidiable”. En el artículo Marga Bretos no duda en definirla como “una mujer activa, muy cultivada tanto en experiencia como en el ámbito cultural; una mujer adelantada a su tiempo, amante de la familia, la lectura, el teatro, los animales, su pueblo y la cocina. Luchadora, constante y fuerte, todo un ejemplo a seguir.” (Diario del Alto Aragón, domingo del 11 de noviembre del 2012).
En el artículo se recoge el cariñoso testimonio de su hija Pili, resaltando que lo que de verdad la caracteriza es el humor que tiene: -Con mi madre, paso veladas de esas que te ‘mueres’ de la risa”-. También, matiza Pili -es “muy valiente, de esas mujeres que han sabido hacer ‘de un duro cinco’, y además poner todo su empeño en lo que se ha propuesto y conseguirlo-.
Simoné con niños y niñas del colegio de Sariñena.
Simoné ha acabado estableciendo su residencia en las inmediaciones de la Laguna de Sariñena, con su familia y animales, en su pequeño hogar y granja que es su propio paraíso. Cerca tenía el huerto su hermano Teodoro, que llegó a hacer una pequeña balsa donde puso una pequeña barca. La granja ha sido visitada en diversas ocasiones por los niños y niñas del colegio, conociendo los animales y el entorno de la laguna, con el afamado pony Peter Pan.
Un gallo de armas tomar
Hace un tiempo me acerqué a casa de Simoné y en tan bucólico lugar las gallinas campaban a sus anchas vigiladas por un gallo de lo más normal. Pero, al acercarme al pequeño jardín previo a la vivienda, vi como el gallo alzaba el corto vuelo propio de estos bichos y se posaba sobre la verja; no le di importancia hasta que me percaté que tenía aviesas intenciones. Inmediatamente se bajó de su observatorio y me impidió, claramente, la entrada a la casa. Cambié de táctica y me dispuse a entrar por otro lado para evitar la engorrosa situación, entonces la gallinácea hizo lo mismo y siguió con su plan defensivo.
De vez en cuando kikirikeaba amenazante, aleteaba y producía otros sonidos admonitorios. No creyendo lo que estaba viendo intente avanzar a pesar de todo y grande fue mi sorpresa cuando el animal me lanzó varios picotazos en mis zapatos advirtiéndome que no siguiera por ese camino. La cosa no fue a mayores porque Simoné oyó los kikirikis y salió a rescatarme, obtenido el salvoconducto de la dueña del volátil, este dejó de incordiarme y Simoné y Migueler me recibieron con la alegría que tienen las personas buenas y hospitalarias. ¡Qué cosas!
Manuel Antonio Corvinos Portella.
Siempre con las puertas abiertas en casa para todo el mundo, un carácter abierto, siempre había gente en casa. Pili Bornao se acuerda como algunos amigos de su padre iban a almorzar a casa: -porque a lo mejor ese día se habían ayudado en el campo, o llovía, y no se podía hacer nada, tan sólo cantar jotas-.
Decía Marga Bretos que Simoné es una mujer que brilla con luz propia, pero sobre todo una mujer muy querida por todo el pueblo: “Simoné es una persona muy querida, respetada y admirada en Sariñena, con muchas cualidades entre las que destacan la paciencia, afabilidad y hospitalaria como nadie”. Sin duda, Simoné es memoria de Sariñena, de la sabiduría popular transmitida generaciones tras generaciones, de técnicas, remedios tradicionales, refranes y un sinfín de historias. Pero ante todo Simoné es una persona muy querida en su Sariñena de su corazón.
Donde el sol despierta Sonríe la vida Y en Sariñena y su laguna Simoné es pura alegría.
En Sariñena, bajo el cielo azul, Simoné camina con paso sutil. Las calles susurran historias de antaño, De un pueblo que brilla con amor y cariño.
Las flores en los campos danzan al viento, Mientras ella sonríe, llena de aliento. En la plaza se oyen risas y cantos, Los ecos de amigos con los brazos abiertos.
Los atardeceres pintan de colores el horizonte, Y Simoné contempla, su corazón responde. Cada rincón guarda un trozo de vida, En Sariñena y su laguna, tierra querida.
Los aromas de la tierra son dulces y frescos, El pan recién horneado, los sabores honestos. Así es la vida en este hogar tan querido, Donde cada momento se siente vivido.
Así que, en Sariñena, con amor por bandera, Simoné florece como primavera. Un pueblo pequeño, pero grande en pasión, Donde Simoné aguarda en nuestro corazón.
Simoné Andreu Serrrador «Salamanquesa 2025», reconocimiento de «Os Monegros» por una vida de compromiso y amor a esta tierra.
Gracias a Marga Bretos, a Manuel Antonio Corvinos y muy especialmente a Miguel, Pili Bornao Andreu y a Simoné Andreu Serrador.
Simoné Andreu Serrador en el Diario del Alto Aragón, 25 de abril del 2025.
El Pesquero es aquel barquito que navegaba y navegaba hasta quedar varado en tierra firme, tan adentro, que, sin darse cuenta, echó su ancla en la huerta del río Alcanadre, en su capital, Sariñena. Aquel barquito, encalló en aguas entre la Acequieta y la acequia del Molino, por eso no es de extrañar que Francho Rodes, en “Bocabulario Monegrino”, recoja que responde a un topónimo menor en el que se encuentra una importante acequia de riego y varios colectores. Pero ese barquito, ese Pesquero del Mediterráneo en verdad no se perdió, si no que buscó su lugar, aquel Pesquero del tío Pepe, tal y como cuenta Manuel Antonio Corvinos amarró en Sariñena para dar nombre a dicho lugar y recordar el mar que surcaba en plena libertad. Así, muchos aún recordaran la casa del Pesquero, la casa del tío Pepe en honor a su barquito de Barcelona llamado “El Pesquero”.
Pero el Pesquero también es un camino por el que había que cruzar las acequias y había que tener cuidado con no caer. Lavaban la ropa y la vida transcurría entre los vecinos que por allí vivían, en ese tramo de la calle del Muro, de la Ronda de San Francisco. El Muro, en referencia a la antigua muralla, que delimitaba la población dejando en su lado exterior parte de la gran huerta sariñenense que aún se dibuja, aunque ya algo abandonada.
Por el Pesquero andaban sueltos los patos, Mari Carmen Ballarin Moreno recuerda ver como sacaban los patos por el Pesquero a “apacentar”. También se acuerda Maribel Tella Pisa, a quien, si no la despertaban por la mañana, cuando salían, se ponía a llorar. Manolo Coto le decía que no llorase, que ya volverían.
Los patos los criaban para comer, al igual que las gallinas, conejos, pavos, … Maribel recuerda que había árboles de hoja de mayo, de los que cogían las hojas y la mezclaban con la cabezuela y la tercerilla. Molían los zurros de maíz y hacían la cabezuela y la tercerilla, este último era más fino. Luego, en una olla cocían los restos de comidas, sobras, de todo y patatas, algunas que se habían puesto malas o eran muy pequeñas, o las peladuras y lo vertían en la vacieta sobre la cabezuela y la tercerilla y se lo daban como alimento a los animales; aunque siempre había quien pasaba hambre y echaba mano y zarpado a la boca.
Maribel Tella Pisa nació en Sariñena en 1950 y Marí Carmen Ballarín Moreno en Huesca en 1953. Ambas han vivido y viven en la calle San Francisco, de cara al Pesquero que mucho ha cambiado. Entonces era una senda que bajaba a las huertas, al huerter, de paso, pero también de encuentro, de charradetas y donde tenía la casa Pepe y Emilieta. Emilieta era modista y cosía para la gente, muchas fueron a aprender de ella.
El Pesquero, entrada al huerto de Ibor.
Las acequias estaban descubiertas y había un puentecico pequeño donde lavaban. Una vez, la cría de Rosendo se cayó al cruzar el puente del Pesquero. Maribel recuerda ver lavar la ropa en el Pesquero, en cambio, Marí Carmen no lo ha llegado a ver, pero su abuela se lo contaba. -A veces había unas ratas enormes-, recuerdan ambas.
Las mujeres hacían de todo, lavar la ropa a la acequia o al río, iban al campo, al carbón, sin sueldo y trabajaban mucho, sin parar. Hacían la comida, cuidaban de los críos y los abuelos, cosían, punto media, ganchillo, bordaban…. todo, incluso la matacía.
En la escuela, Maribel aprendió a bordar, le decía la maestra -¡Si supieras de letras tanto como bordar!-. Luego le enseñó a bordar Maribel Aznar, sobrina de las Antonas. Maribel se fue a Barcelona de pequeña, al salir de la escuela, un año y volvió y estuvo dos años con las Ballarinas hasta que pudo comprarse una maquina y ponerse a coser con Aznar La tienda de las Ballarinas era grande con cajones de madera y techos altos.
La madre de Maribel, Crescencia Pisa era una carbonera, una de aquellas muchas mujeres que iban a buscar carbón a la estación de Sariñena. Lo llamaban ir a “respigar carbón” y llevaban un saco para recogerlo que luego cargaban sobre sus espaldas; uno o dos sacos. Subía a la estación con otras mujeres y recogían el carbón que se caía. En la estación había vigilantes, pero había atrevidas que si podían cogían del bueno y si les veían les echaban el alto. Si respigaban el carbón del suelo, según el guardia que había, hacía la vista gorda. Uno de los guardias era Guillermo Latorre, era uno de los buenos
También tenían el problema de encontrarse con la guardia civil por el camino, a su madre no le pararon nunca, pero a alguna que llevaba mucho cargamento le quitaron parte. Iban con frio, lluvia… una vez que nevó, su madre se resbaló y cayó con todo el carbón.
Lo recogían para la estufa, cocinas de carbón y leña, algunas eran de obra. Lo vendían si les sobraba algo y a quien les pedía. Recuerdan que iba Míguela Sampudela a buscar carbón. Igualmente recuerdan a la Cuca, la madre de la Tía Paca la Rompe esquinas. Se ayudaban mucho entre ellas, eran muy jóvenes.
Mari Carmen recuerda que viajaba mucho y cogía muchos trenes, la estación era un transito continuo. Ispa tenía el coche que subía y bajaba pasajeros, equipajes y mercancías, tenía su despacho en casa de los Ticanos, a un lado de la droguería de Sobella y enfrente de los periódicos de Lucia. Allí recogía y repartía los paquetes y mercancías y vendía billetes de tren. El hermano de Maribel trabajaba para Ispa, un año que nevó mucho, al ver que no volvía a casa, fue a preguntar al despacho de Ispa con tan mala suerte que se cayó por la nieve y se rompió un tobillo.
Marí Carmen se acuerda de la cárcel, entonces vivía cerca de ella. La cárcel estaba en la placeta, un edificio viejo casi ya en desuso; debía ser provisional antes de trasladar los presos a Huesca. Se acuerda de una mujer que mató al marido, sería en torno a 1957: -Al parecer eran dos mujeres recién casadas que se turnaban para cuidar a los hijos mientras la otra iba al río a lavar la ropa. Pero un día, una de aquellas mujeres se olvidó el jabón y al regresar a casa pilló al marido con la vecina y lo mató. Aquella mujer por las noches lloraba y gritaba mucho, sufriendo por su hijo que había quedado solo ¡Ay mi Esperanzita!-. A Marí Carmen le daba mucho miedo la cárcel, -cada dos por tres se escapaban de ella, estaba super vieja-.
Se iba a buscar hielo a casa Porta, que tenía un despacho al lado del Hotel. Antes estaba donde la pescadería de Gloria “El Ancla”. En frente estaba la Marta, con su frutería y verdulería. Al lado la taberna del Peti, las Ballarinas, mercería y que cogían punto de media y fotografía Rosendo. También estaba la tienda de ultramarinos de Emilio Portella, el Currutaco. Luego llevaron la tienda Pepe y Emilieta que vivieron en el Pesquero.
Ambas recuerdan a Carmen La Hermosa y su carnicera, a los Pierretes y su tienda de pinturas enfrente de casa Ancho. El Bodegón que estaba donde ahora está Pacheco. Los bolos y el futbolín de Pitera, donde ahora de esta Charly Sport, y los tebeos de Angelito. La carnicería la Tora, casa Soto (Peluquería) y Asunción. Maribel se acuerda como su abuela Petra iba a comprar la carne a la Tora en el cruce. Todo ha cambiado mucho.
Las mujeres en mayo, cuando comenzaba el calor, bajaban al río a lavar la lana, siempre que bajase el río limpio, no turbio y sin barrete, Llevaban unas canastas donde metían la lana para que se escurriese, luego la tendían para que se secase por las piedras y luego la volvían a guardar en las cestas. La llevaban al colchonero, a Pedro Sabate y este hacía los colchones; unos eran ingleses, colchón recto, y otros cogidos.
En las cocinas tenían el cantoral, para colocar los cantaros, había algunos de granito y otros de madera. En muchas casas tenían una cadiera con una mesa para comer. En las habitaciones solían tener un pequeño armario empotrado, con cristales. Al abuelo se le subió el pollino, el hijo de la burra, al piso de arriba por las escaleras y para bajarlo lo tuvo que hacer recular hacia atrás.
Mari Carmen recuerda como en casa de sus abuelos solo tenían una cuchara, primero la cogía su abuela y luego su abuelo. Compraron una casa en el Muro por 3.000 pesetas, cerca de la placeta. Al lado de Perifollos, al lado estaba la abuela de Marí Cruz la Nonas, el Menses (Soltero) pañuelo y boina, con el basurero (Inés) el señor Manolo.
Merendaban pan con vino y azúcar o pan con tomate. La conserva de tomate la ponía en botellas de vidrio verde, que iba a buscar a los bares. Con un embudo introducía la salsa de tomate. Compraban unos polvos en las hermanas para conservar. La madre de Maribel tenía una tozina que hacía criar, el recrío, y los vendía.
Se acuerdan de los camiones de Nivelcampo, que eran verdes, pues debieron emplear camiones viejos del ejército. También estuvo Regiones Devastadas, los ingenieros vivían en casa Paraled, tenían cocineras y camareras, también estaban haciendo los pueblos de colonización. En donde Guissona, estaba para sembrar Ascens, semillas. En el lugar de la peluquería de Flora estaba el bar de Rials con patio terraza donde ponía un entoldado. Detrás de Guissona estuvo unos años sor Alicia, solo dos monjas, era de pago
Maribel ha estado trabajando en el sector de la limpieza, encargada de la limpieza del Banco Huesca y más tarde en el Banco Bilbao Vizcaya.
Marí Carmen trabajó en la conservera, su exmarido estuvo de electricista. Los dueños de la Conservera de Sariñena eran navarros y hacían conserva de tomate, puerro, tomate frito, alcachofa, pimientos… Había unas ollas enormes, llenaban las latas y las sellaban. El puerro se limpiaba afuera de las naves, iban en barquillas que ponían todas en línea. Pesaban y tanto habían hecho y tanto pagaban. Se trabajaba a temporada. Se encendía la fábrica y se hacía la conserva y se enlataba.
El Pesquero, Sariñena. Fotografía Asunción Paraled Millera.
Vivencias de antes que recordamos gracias a Maribel y Marí Carmen, vecinas, con quienes te saludas, sonríes, te paras a hablar y a veces aún te encuentras en el Pesquero; en aquel lugar mágico para algunos, en el que tanto jugué con mis amigos Vicente el Casero y Alberto Fragio. Y gracias a Manuel Antonio Corvinos Portella, quien no cesa en que el Pesquero tenga su dignidad y dejé de ser un lugar abandonado y sucio.
Al Pesquero
Tal vez vuelvas a navegar, Pesquero varado en este desierto de árida estepa sureña, del sur del Alto Aragón, donde el desierto se apodera de unos Pirineos distantes.
Quizá vuelvas a navegar, entre olas que te dejen llevar, entre brisas que acaricien tus velas, igual entre mares que fueron y quisieron ser océano.
Pesquero, varado en este desierto seco, de playas interminables que nunca acaban de desembocar, en acantilados que acaban rompiendo la tierra, así, sin más, en la misma tierra que se agrieta a la sed. Sueño con tu Pesquero varado. Sueño con el mar extendido entre tu casa blanca de sábanas blancas, sacudidas al viento, mecidas, como las velas de tu pequeño Pesquero que siempre soñó con navegar, que siempre soñó con la mar.
Se baten las velas como alas de mariposas, como el aleteo de los gorriones revoloteando con tus andares, mirando el cielo tan azulado como la más hermosa mar en calma donde navegar es siempre es libertad.
Lo llamó El Pesquero, a su lugar, a su casa blanca por donde corrían las aguas de unas acequias, de la Acequieta y del Molino donde a veces aún se siente el oleaje y la misma brisa del mar.
Quizá, también, porque cerca, una pequeña laguna soñó con ser algún día mar.
Para afrontar el dance aragonés es imprescindible abordar “Origen y problemas estructurales del Dance en Aragón”, un completo estudio científico fruto de una Tesis doctoral de una pionera de la etnografía aragonesa, la Dra. Mercedes Pueyo Roy.
Mercedes Pueyo Roy, Doctora en Filosofía y Letras, Sección de Historia, por la Universidad de Zaragoza, fue Catedrática de Lengua y Literatura e Historia de la Cultura Española de la Universidad de Lund (Suecia). Su Tesis doctoral “El Dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética” es indispensable, hoy en día, para la investigación de los orígenes históricos del dance aragonés.
Así, su trabajo “Origen y problemas estructurales del Dance en Aragón” es una de las primeras obras sobre el dance aragonés y constituye una valiosísima aportación que abarca diferentes ramas de las letras, tales como historia de la literatura, poesía lírica, dialectología e historia de la cultura. Junto a este importante trabajo de campo, se encontraban diversos dances recogidos e inéditos, 74 dances en total, sumando unos y otros, músicas transcritas de viva voz y fotografías que acompañaban la tesis.
La tesis quedó depositada en el 2011 en el Instituto Aragonés de Antropología, hasta la reedición facsímil de los textos y descripción de los dances por parte de la Institución Fernando el Católico en el año 2019. La edición consistió en la publicación de los apéndices inéditos de su tesis y contó con un imprescindible prólogo del músico e investigador folclorista aragonés Mario Gros Herrero“La tesis de Mercedes Pueyo: Un punto de inflexión en la percepción del dance de Aragón”
La propia Institución Fernando el Católico considera la obra de Mercedes Pueyo Roy constituyente de una valiosísima aportación científica para las letras aragonesas, de un tema que injustamente y por desgracia se había dejado abandonado.
Así, se puede asegurar que Mercedes Pueyo Roy es todo un referente para la cultura aragonesa, tal y como manifiesta la Doctora y profesora de la Universidad de Zaragoza M.ª Pilar Benítez Marco, por su condición de mujer pionera, por su brillante trayectoria académica y profesional, por la importancia de su tesis doctoral y estudios sobre el dance aragonés, pero, sobre todo, por su personalidad siempre generosa, siempre comprometida.
En el mismo sentido se expresa Antón Castro, en este tiempo donde se rescatan y reivindican las mujeres pioneras, no duda en señalar como la figura de Mercedes Pueyo Roy adquiere un singular protagonismo, ella es una de las primeras estudiosas del dance aragonés, pasión y obsesión que cristalizó en una tesis doctoral y en varias publicaciones.
Mercedes Pueyo Roy
María de las Mercedes Pueyo Roy nació en Zaragoza el 8 de septiembre de 1934, hija de Francisco Pueyo Samper y Mercedes Roy Ramón.
Su padre Francisco Pueyo Samper, de raíces monegrinas, natural de Pallaruelo de Monegros, nació el 16 de noviembre de 1900 y falleció en Zaragoza el 13 de julio de 1970. Desde muy temprano, Francisco Pueyo Samper destacó por sus excelentes aptitudes para los estudios por lo que fue recomendado por el párroco del pueblo para estudiar Magisterio en Zaragoza. Estudios que se permitió gracias a su madre, Adelaida Samper, accediendo a vender la tienda de ultramarinos de los Pueyo que regentaba en la misma localidad de Pallaruelo de Monegros para sufragar los gastos.
Francisco Pueyo Samper tenía siete años cuando salió a estudiar a Zaragoza, donde se trasladó junto a su madre y padrastro. Pues al morir su padre Pascual Pueyo Lalana, su madre Adelaida Samper Albalá se volvió a casar dentro de la familia Canalís de Pallaruelo de Monegros. En la capital aragonesa, Francisco estudió la carrera de Magisterio obteniendo todo matriculas. Igualmente, ejerció como pasante del Notario de Zaragoza y comenzó la carrera de Derecho que tuvo que abandonar con el inicio de la guerra del 36. Después pasó a ser inspector de seguros y director de la “General Española de Seguros”.
Francisco contrajo matrimonio con Mercedes Roy Ramón descendiente de “una buena familia” de Alhama de Aragón, Monterde y el Monasterio de Piedra. Mercedes Roy Ramón había estudiado secretariado y música y tocaba el piano, actitudes musicales que heredó la doctora Mercedes Pueyo Roy. La misma Mercedes Pueyo Roy recuerda como su abuelo materno Pascual Roy Gonzalo llegó a ostentar el título de infanzón.
Francisco mantuvo una fluida relación con su pueblo natal, donde siempre que podía regresaba, especialmente los veranos por vacaciones. Es en Pallaruelo de Monegros donde Mercedes conoce el entorno rural, sorprendiéndose viendo pasar los caballos por la cocina para acceder al corral. Vive el día a día de un pueblo monegrino de mediados del siglo XX, yendo con su hermano a ayudar con las labores agrícolas de las que recuerda, con gran nostalgia, el ir a trillar a la era. Es allí donde aprende a montar a caballo.
Francisco Pueyo, que tocaba el violín y era amante de la música y del folclore, profesó gran amistad con el mayoral del dance de Pallaruelo Juan Barrieras Pueyo y del celebre gaitero sariñenense Vicente Capitán. De hecho, Francisco Pueyoes el primer refundidor de la obra del mayoral Juan Barrieras Pueyo, el Tío Juaner, recogiendo de viva voz los dichos y motadas que durante años se habían transmitido, por vía oral, generación tras generación en Pallaruelo de Monegros. Una inquietud por las tradiciones y la etnografía, que afortunadamente transmitió a la Dra. Mercedes Pueyo Roy y que además resultó relevante en la elaboración de su tesis –me ayudó en la lucha por encontrar los textos en las tres provincias de Aragón, de norte a sur-.
Parte de aquellos recuerdos y vivencias, en el mundo rural aragonés, quedan recogidos en una entrevista realizada por Antón Castro a Mercedes Pueyo Roy y publicada en el Heraldo de Aragón, el 28 de mayo del 2019, en la que la misma Mercedes aseguró -De casta la viene al galgo, podría decir. Yo siempre he vivido en Zaragoza, pero mi padre, Francisco Pueyo Samper, había nacido en Pallaruelo de Monegros, era maestro y trabajaba en una agencia de seguros. ¡Cuántos hizo contra el pedrisco! Nunca perdió el contacto con su pueblo, era un hombre inteligente y sensible, y fue él quien me introdujo en la pasión por el dance y otros aspectos del folclore desde los 7 años. He pasado allí algunos veranos de mi niñez-. (Mercedes Pueyo Roy, la mujer que estudió el Dance de Aragón. Antón Castro).
En continuidad, Mercedes Pueyo Roy cursó el Bachillerato Superior en Zaragoza, en el colegio de Jesús-María de Zaragoza (Hernán Cortes, colegio de origen francés). En 1942. a los 8 años, su padre le regaló un piano y durante cinco cursos (1944-1949) la “joven Merceditas”, en palabras de Mario Gros Herrero, estudió solfeo y piano en el Conservatorio de Zaragoza con excelentes calificaciones.
Mercedes Pueyo Roy. Conservatorio de música Zaragoza.
En 1952 se matriculó en la rama de Historias de la Facultad de Letras de la Universidad de Zaragoza. No obstante, tal y como Mario Gros Herrero señala, eran tiempos en los que la presencia femenina en las aulas era muy escasa, en una facultad en la que el claustro era exclusivamente masculino: “Aunque algunos profesores las trataban con cierta displicencia, la relación con los compañeros varones era excelente. Poco después, una orden ministerial exigió titulación universitaria a los docentes de bachillerato y un tropel de monjas, profesoras de colegios religiosos, invadió las aulas, especialmente las de Letras y Magisterio. Estas hermanas apenas se relacionaban con el resto de estudiantes”.
Mercedes Pueyo Roy.
Tras cinco años de estudios, en el curso 1958-1959, Mercedes Pueyo Roy terminó la licenciatura realizando su Tesina de Licenciatura sobre “El dance en Aragón”. Su trabajo obtuvo la calificación de sobresaliente y Premio: “Excmo. Gobernador Civil de Zaragoza”.
Su tesina es el preludio de su Tesis Doctoral “El dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética”, que realizó bajo la dirección del Catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, Dr. Antonio Beltrán Martínez. La Tesis Doctoral la comenzó a realizar en 1956 pero no es hasta el 21 de octubre de 1959, cuando Mercedes Pueyo Roy recibió la comunicación del Ministerio de Educación de la aceptación del tema para la realización de su Tesis Doctoral. Tras desarrollarla durante cinco años ,la Tesis Doctoral fue defendida en la Universidad de Zaragoza el 21 de junio de 1961, festividad de San Luis obteniendo la calificación de sobresaliente “Cum Laude”, por unanimidad del tribunal.
Recorte de prensa lectura de la Tesis Doctoral de Mercedes Pueyo Roy.
Por lo tanto, Mercedes Pueyo Roy alcanzó el grado académico más alto como Doctora en Filosofía y Letras, Sección de Historia, por la Universidad de Zaragoza, considerándose la primera mujer en conseguir el título de Doctor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza.
Realmente, su paso por la Universidad presenta un hecho determinante, que responde a la estrecha colaboración que Mercedes Pueyo Roy mantuvo con el catedrático de Arqueología, Epigrafía Numismática Antonio Beltrán Martínez, ya que entra en su seminario para doctorandos y acaba, como hemos mencionado anteriormente, dirigiendo su Tesis Doctoral.
Para Mercedes, Antonio Beltrán era un gran recopilador, -capaz de montar un libro en cinco minutos-. Así, fruto de esta colaboración, en su seminario, Mercedes comenzó a realizar trabajos de investigación, publicaciones, participar en conferencias, seminarios y congresos y ser parte en el desarrollo del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón. Sin duda fue el germen para abordar su gran obra en torno al dance aragonés, y entre ellos eran frecuentes largas discusiones sobre el dance. No obstante, es el mismo Antonio Beltrán Martínez quien propone el tema de su tesis. Así, de acuerdo con Mario Gros Herrero se abre un espacio de un nuevo trabajo tremendamente atractivo y cercano: “donde todo está por hacer y que ofrece multitud de posibles enfoques: literario y lingüístico, musical y coreográfico, simbólico y ritual, histórico o etnográfico. El vínculo familiar con Pallaruelo, la sensación de adentrarse en un inexplorado terreno de investigación y su carácter, valiente e independiente, animan a la joven licenciada a aceptar el reto”.
Mercedes Pueyo Roy de jotera con otras compañeras de la Sección Femenina de Zaragoza, la SEU, durante un concurso de jotas celebrado en Barcelona el 23 de abril de 1956. Obtuvieron el 1er premio.
El Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón
Mercedes Pueyo Roy formó parte en el desarrollo del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón, desarrollando una actividad que fue vital en su Tesis Doctoral “El dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética”.
El Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón, adscrito a la “Institución Fernando el Católico” de Zaragoza, es llevado a cabo por Antonio Beltrán Martínez en 1955. La Diputación Provincial de Zaragoza se hizo cargo de los gastos del Museo y se construyó la Casa Pirenaica del Parque Grande, actualmente parque José Antonio Labordeta de Zaragoza, sede del Museo.
El día 1 de abril de 1955 se colocó la primera piedra de la Casa Pirenaica “en un sobrio acto.” Su inauguración tiene lugar el día 2 de marzo de 1956: “se bendecía el edificio por el Prelado de la Archidiócesis, Doctor Morcillo, y se abrían por primera vez las salas del Museo a las autoridades y al público, tras unas palabras brevísimas del director del Centro, destinadas especialmente a ofrecer al señor Pardo de Santayana todos los esfuerzos puestos en la realización práctica de su idea. La efeméride quedó perpetuada en una lápida caliza colocada en el plinto de una cruz sobre gradas levantada ante el museo”.
Museo de Etnología. Casa turolense.
El 2 de marzo de 1956 Mercedes fue nombrada secretaria del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón, como becaria, cargo que ocupó hasta 1962.Para la etnografía aragonesa, la creación del museo, fue muy importante y decisiva para la realización de su Tesis Doctoral. De hecho, de esta forma lo manifestó en 1957 en la revista “Zaragoza” en su artículo “El dance en Aragón”: “El Museo no solo es una exposición al público de curiosidades pasadas o actuales; es antes que eso y más que eso, un centro de estudio, de trabajo y de investigación; y en sus archivos, sus ficheros y fonoteca se recoge y se guarda el caudal, variado y rico, de nuestro folklore. Con el Museo y en el Museo hemos iniciado y proseguido nuestros trabajos de investigación en esta faceta del folklore aragonés que es el dance”.
Mercedes Pueyo Roy en el Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón.
El museo contó con una Sección de Etnología, constituida por el propio Museo, mientras la Casa Turolense, de la sierra de Albarracín, contigua a la Pirenaica, albergó la sección de Ciencias Naturales. La Casa Turolense fue inaugurada el 25 de noviembre de 1956: “Su dirección general es ostentada por el profesor Antonio Beltrány la jefatura de la Sección de Ciencias Naturales, don José Elvira; están, además, incorporados al Museo, don Alejandro Villaverde, taxidermista, y doña Mercedes Pueyo, becaria, que actúa como secretaria”(El museo etnológico de Aragón. Beltrán Martínez, Antonio. Separata de la revista Caesaraugusta, 1957).
Como curiosidad, la Casa Pirenaica, en palabras de Antonio Beltrán Martínez, sintetizó los modos constructivos de los valles pirenaicos, entre ellos el de Ansó al oeste, el de Benasque al este y la sierra de guara al sur. (“El museo etnológico de Aragón”, por Antonio Beltrán Martínez, 1957 separata de la revista Caesaraugusta núm. 9-10).
En el Museo la doctora Mercedes Pueyo trabajó catalogando y realizando estudios, cobrando unas 500 pts. al mes y publicando artículos para la Institución Fernando el Católico. Su trabajo consistió, principalmente, en inventariar, trabajo que describió en una entrevista para la revista Amanecer -Saco una ficha de cada uno de los objetos que hay allí y los fecho para facilitar la labor del investigador que necesita consultarlos. Además, llevo la administración-. (Entrevista en Amanecer, por Ana María Navales. 5 de julio de 1961).
Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón.
También Mercedes trabajó en el Museo Arqueológico de Zaragoza, ubicado en la plaza de los Sitios: -Una compañera y yo trabajamos en el Museo Arqueológico (Plaza de los Sitios), Isabel de Pedro Marín, que es Cónsul de España en EEUU. En 1958 recibimos una beca para el Instituto Arqueológico de Amersfoort, Holanda, donde aprendimos a reparar objetos de cerámica y metales-.
Como curiosidad, la familia de Mercedes donó al Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón el chaleco de seda de su difunto abuelo Pascual Pueyo Lalana, ganadero y pastor, y varios materiales de casa de su padre.
Casa Pirenaica. Por María Isabel Maza, sobrina de Mercedes Pueyo Roy.
Historiadora, etnóloga y etnógrafa
Mercedes Pueyo Roy comenzó a realizar una intensa actividad académica dentro de la rama de historia como etnóloga y etnógrafa del Museo Etnológico de Aragón. De esta manera participó en diferentes cursos, seminarios, conferencias y congresos y a su vez comenzó a publicar distintos artículos en revistas especializadas como Zehpyrus, Caesaraugusta o Amanecer. Actividad que quedó recogida, en parte, en su hoja de Servicios que la Universidad de Zaragoza elaboró en 1961 junto a otras referencias no relacionadas con el Museo.
Así, es en 1952 cuando, durante el primer año de carreras, realizó el servicio Social de un mes en Leiza (Navarra); el cual, por aquellos tiempos resultaba imprescindible para salir de España.
En agosto de 1954 participó en el III Curso de Técnica Arqueológica celebrado en Jaca.
En julio de 1955 realizó prácticas en el instituto arqueológico de Ameersfoort (Holanda), bajo la dirección del profesor Van-Giffen. En agosto, del mismo año, participó en el IV Curso de Técnica Arqueológica de Pamplona y realizó el viaje de Estudios Etnológicos a París (Museos, biblioteca del Hombre…).
En 1956, en la revista “Caesaraugusta” número 7-8, publicó la memoria “Actividades del Seminario de Arqueología y Numismática Aragonesas”. En junio, Mercedes asistió al Congreso de etnografía y folklore en Braga (Portugal), presentando una comunicación sobre “La cerámica en el Museo de Etnología de Aragón”. En agosto asistió al V Curso de Técnica Arqueológica en Pamplona y en septiembre al IV Congreso Arqueológico Nacional en Burgos, realizando la comunicación “Los Museos de Zaragoza”.
Actividades del Seminario de Arqueología y Numismática Aragonesas. Pueyo Roy, Mercedes.
Ese mismo año de 1956, de acuerdo con el museo de Etnología y la Institución Fernando el católico, se comienzan a redactar y difundir cuestionarios sobre problemas etnológicos “Así ya están en marcha los referentes al dance (señorita Mercedes Pueyo), infancia y adolescencia y alimentación” (Revista Caesaraugusta núm. 9-10).
En 1957 comenzó a ejercer de ayudante interina de griego en el Instituto Miguel Servet “El Boterón” del barrio de La Magdalena de Zaragoza, labor que desarrolla hasta 1961. Igualmente redactó y publicó la memoria “Actividades arqueológicas y etnológicas durante 1956”, publicada como separata de la revista Caesaraugusta núm. 9-10, año 1957, de la Institución Fernando el Católico. El cuadernillo recogía el intenso trabajo que se desarrolla en el museo, patente en exposiciones, cursos, seminarios… así como una reseña a la inauguración del museo. También apareció el trabajo conjunto “Los museos de Zaragoza” libreto realizado por Antonio Beltrán, Mercedes Pueyo e Isabel de Pedro, con motivo del IV congreso arqueológico nacional, Tipografía la Académica. La publicación recogía los museos arqueológico y etnológico.
Actividades arqueológicas y etnológicas durante 1956. Pueyo Roy, Mercedes.
En septiembre asistió al V Congreso Arqueológico Nacional celebrado en Zaragoza, con una comunicación sobre “El dance de las Tenerías”, septiembre de 1957. También realizó una conferencia sobre “El traje popular español” en Leiza (Navarra), pronunciada en la clausura del albergue del SEU femenino.
En el mismo, la Doctora Mercedes publicó, en el núm. V de la revista Zaragoza, publicación de la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, su artículo “El dance en Aragón” y en 1958 en el número VI de los cuadernillos Zaragoza se publicó “El traje femenino de Hecho”, publicado por la Exima Diputación Provincial. Una publicación donde Mercedes Pueyo Roy indagó y describió un traje de origen, por su corte, absolutamente medieval y que afortunadamente se había conservado: “Este traje femenino, de gran belleza, se ha perdido ya en el uso diario y sufrió un duro golpe -cosa que no pasó en Ansó- con la destrucción del pueblo por los franceses en 1808, que hizo desaparecer cuando se conservaba en las casas. Gracias al Ayuntamiento de Hecho se guardará ahora en el museo”.
El traje femenino de Hecho. Pueyo Roy, Mercedes.
Así mismo, realizó varios artículos de colaboración con el periódico “Amanecer”, de Zaragoza, entre ellos “El museo de etnología”, en 1958. Además, perteneció a la asociación “Mensa” adscrita a la delegación de cultura del Ministerio de Educación Nacional, habiendo leído su trabajo de ingreso sobre Etnología, Etnografía y Museos, 1958. Igualmente colaboró con el club del libro de dicha organización “Mensa” y comenzó la preparación un trabajo sobre “Albadas de un pueblo de la provincia de Huesca”, que la misma autora, Mercedes Pueyo Roy, apunta que posiblemente debió responder a la localidad monegrina de Sariñena.
En verano de 1958, recibió una beca para hacerse cargo de la Biblioteca de la Universidad de Verano de Jaca, donde conoció al estudiante sueco Sture Bo Lennart Carlén, comenzando un noviazgo con quien sería, 5 años más tarde, su marido.
Acto en la Universidad de Verano de Jaca.
Aquel año comenzó como ayudante de clases prácticas de la facultad, adscrita a prehistoria y Etnología (1958-1961).
En 1959 publicó “Notas sobre el dance del barrio de las Tenerias, de Zaragoza”, Beltrán, Antonio y Pueyo, Mercedes. Tipografía la Académica, 1959, resultado de la ponencia en el V Congreso Arqueológico Nacional celebrado en Zaragoza en 1957. Además, realizó sendas conferencias, en el circulo “Medina” de Zaragoza, una primera sobre “La verdad del traje regional” y otra sobre “El Museo Etnológico de Aragón” 1959.
Notas sobre el dance del barrio de las Tenerias, de Zaragoza. Beltrán, Antonio y Pueyo, Mercedes.
En el mes de julio de 1959, realizó un viaje de estudios etnológicos a Paris visitando diversos museos y la Biblioteca de Museo del Hombre.
En 1961 se publicó el capítulo de conclusiones de su tesis “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón”, en la revista Caesaraugusta, 17-18, de la Institución “Fernando el Católico”, Zaragoza.
Origen y problemas estructurales del dance en Aragón Pueyo Roy, Mercedes.
A todo esto, hay que añadir la conferencia que realizó en el Museo Etnológico de Aragón con motivo de la exposición Hispano-Francesa del Bearn, sobre “Literatura pastoril francesa”. Además, colaboró en el catálogo de la exposición, bajo la dirección del profesor Mr. Boulin, director del museo de Tarbes (Francia). Y en la revista oral “Paraninpho” del Distrito Universitario, realizó una disertación sobre “Costumbres Hispano-Francesas en el Pirineo”.
Igualmente, la Doctora Mercedes Pueyo Roy pronunció una conferencia en Gente joven: “Folklore no es panderetera”., recogida en un recorte de prensa de un medio sin identificar: “Pasado mañana habla MercedesPueyo en la cuarta conferencia de “Gente Joven”. Sobre “Lo falso y lo autentico de nuestro traje regional. Pueden acudir quienes afirman que lo bueno es el cuplé y la guitarra y el espíritu del “Tío Zambombo”, frente al trabajo concienzudo y sereno de la investigación científica, serena y enamorada. J.C.”.
Folklore no es panderetera.
La Tesis doctoral y su realización. El dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética
El 21 de octubre de 1959, Mercedes Pueyo Roy recibió la comunicación del Ministerio de Educación de la aceptación del tema para la realización de su Tesis Doctoral “El dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética”; tal y como habíamos comentado anteriormente tras realizar su Tesina de Licenciatura sobre “El dance en Aragón”.
La tesis precedió a los pioneros trabajos sobre el dance aragonés, tales como las “Notas de folklore Altoaragonés”, Madrid 1943, del oscense por adopción Ricardo del Arco y Garay (Licenciado en Ciencias Históricas por la Universidad de Valencia en 1907) y “El dance aragonés y las representaciones de moros y cristianos. Contribución al estudio del teatro popular” (Instituto de Estudios e Investigación Hispano-Árabe, Tetuán, 1952) del músico, musicólogo, investigador y folclorista Arcadio Larrea Palacín. La obra de Ricardo del Arco y Garay recogió pastoradas de diferentes dances y morismas del Alto Aragón. Mientras, Arcadio Larrea centró su trabajo entre Zaragoza e Hijar, aunque da una primera lista de 97 localidades aragonesas con representaciones de dance.
Aunque el dance aragonés comenzaba a ser estudiado, abordar el dance, en su amplitud, no resultaba tarea fácil. Aunque lo habían tratado otros autores como los mencionados Ricardo del Arco y Garay o Arcadio Larrea Palacín, estos “se habían limitado a lo que han hecho a una labor periodística sin sacar ninguna consecuencia” (Entrevista en Amanecer, por Ana María Navales. 5 de julio de 1961). De esta manera, en palabras de Antonio Beltrán Martínez, el dance aragonés presentaba problemas en música, origen, difusión, indumentaria y antigüedad.
De hecho, al entrar Mercedes Pueyo Roy como secretaria en el Museo de Etnología, constató como “una cosa tan valiosa como es una tradición antigua estaba completamente virgen”. Así, durante cinco años, de 1956 a 1961, Mercedes Pueyo Roy estudió 74 dances aragoneses para la elaboración de su tesis doctoral, veinte dances de Huesca, seis de Teruel y cuarenta y ocho de Zaragoza.
En su investigación desarrolló una metodología de trabajo de campo a través de entrevistas del cuestionario del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón. Para tal fin, Mercedes Pueyo Roy envió más de doscientos cuestionarios a las localidades que mantenían dance. Una tarea que no fue nada fácil y que, para Mario Gros Herrero, a mediados de los cincuenta eran muchas las dificultades para que una joven universitaria recorriera los pueblos de Aragón entrevistando danzantes y mayorales, o asistiendo a dances en directo.
Cuestionario Dances de Aragón. Pueyo Roy, Mercedes.
Sin embargo, el resultado de aquella primera fase de trabajo no fue muy alentador y de los más de doscientos impresos que fueron cursados, apunta Mario Gros Herrero, a los párrocos, alcaldes y maestros de las tres provincias aragonesas, apenas fueron unos treinta los devueltos cumplimentados.
Por ello Mercedes optó por apoyarse en su padre y recurrir a su extensa red de contactos, Mercedes necesitaba aguzar el ingenio, apunta Mario Gros Herrero, y cambiar de estrategia para recoger los materiales de su tesis: “Su padre tenía una extensa red de contactos por el territorio aragonés, tanto del mundo de los seguros como de antiguos compañeros de Magisterio que ejercían como maestros rurales.”
La doctora Mercedes Pueyo Roy relató a Mario Gros Herrero su metodología de campo que desarrollo de pueblo a pueblo, relato que a continuación reproducimos: “En los pueblos preguntaba, en primer lugar, por el maestro y después por el cura. Recuerda casos de cooperación entusiasta de unos y otros, pero también a algunos párrocos excesivamente celosos de su información. Si era posible, consultaba los archivos en iglesias, ayuntamientos o domicilios particulares, y copiaba a mano antiguos dances. En las entrevistas a mayorales y danzantes Mercedes escribía los textos al dictado durante horas. Recitaban con una musiquilla especial y, cuando se interrumpían, tenían que volver a empezar para retomar el hilo.
Efectivamente, a través del cura, el maestro, el médico de cada localidad, Mercedes Pueyo Roy se fue introduciendo en cada dance: “Ellos, instruidos, eran mis mejores informantes, y en ocasiones guardaban el texto original, pero también podías encontrarte con gentes como el mayoral Juan Barrieras Pueyo, el tío Juaner, que había escrito y recogido textos. Entiéndame: entonces, apenas había teléfono, no había móvil, he recorrido kilómetros y kilómetros, y yo intentaba ser rigurosa y a la vez disfrutar”. Tal y como explica Mario Gros “Estos se convirtieron en informadores, contactos locales y, en muchas ocasiones, anfitriones de la joven”.
También es la misma Mercedes Pueyo Roy quien relata el proceso: –La recogida se hizo de viva voz en su mayoría y transcrita a mano. Así llegué a recoger 33 representaciones en la totalidad de sus textos, vestimenta y coreografía —por supuesto inéditos — que transcribí y revisé. Del mismo modo, 45 de las que únicamente quedaban algunas noticias aisladas de los textos y el espectáculo. Por último, otras de las que solo quedaba algo en la memoria de algunos ancianos, es decir, la parte externa del drama y sus personajes. Los textos que quedaban únicamente en la memoria de algunos ancianos. Hay que darse cuenta de que el pueblo, en general, no sabía leer ni escribir antiguamente y cuando yo recogí los textos todavía quedaban personas mayores sin alfabetizar. Fueron los clérigos los que comenzaron a escribirlos, a darles forma, escenificarlos y archivarlos. Muchos de estos textos fueron destruidos por la guerra civil en 1936-1939-.
Para llevar a cabo tal inmersión, portó un pesado magnetófono de unos 14 kilos y tomó numerosas notas que llegaron a pesar cerca de 20 kilos-Llevé un magnetófono, que me había dejado prestado el profesor Antonio Beltrán Martínez, que sería el director de mi tesis.El aparato pesaba alrededor de 14 kilos e impresionaba a los paisanos. Hice mucho músculo-. Mario Gros Herrero apunta: “Antonio Beltrán disponía de un pesado magnetófono de bobinas que Mercedes utilizó en ocasiones. Las cintas quedaban depositadas en los fondos del Museo después de su transcripción o, más frecuentemente y ante la falta de medios, eran reutilizadas una vez transcritas.”
En sus desplazamientos Mercedes utilizó autobuses de línea e incluso el tren. Ocasionalmente, algún amigo de su padre la llevaba en coche. También llegó a desplazarse en bicicleta, acompañada de su hermano o su tío Jesús Canalis Samper; especialmente a localidades cercanas a Zaragoza. La red de telefonía tampoco facilitaba la comunicación: debía llamar a la centralita para que dieran aviso a la persona con la que quería hablar y concertar una hora para la conferencia. “Durante la investigación me sucedió un poco de todo. He ido en bus, en bicicleta, en burro, a caballo, aprendí a montar en el pueblo de mi padre, a la par que también aprendí a trillar. Me recuerdo saliendo de la Estación del Norte, en Zaragoza e iba a los pueblos. Escuchaba, registraba sonidos, transcribía textos. A veces, iba solo con mi bloc y un lápiz, con mi cámara de fotos, y una infinita paciencia” (Entrevista a Mercedes Pueyo Roy por Antón Castro. Heraldo de Aragón, 28 de mayo del 2019).
Así, pueblo por pueblo, Mercedes Pueyo Roy recogió valiosísima información sobre los dances aragoneses: “He ido pueblo por pueblo de la provincia de Aragón buscando textos originales de las representaciones y he trabajado sobre estos materiales” Entrevista en Amanecer, por Ana María Navales. 5 de julio de 1961. En definitiva, Mercedes Pueyo Roy recorrió unas 33 localidades, recogiendo 74 dances -con especial atención por el universo de Los Monegros-. El trabajo recoge una gran cantidad de textos, pastoradas y motadas.
Resulta reseñable como Mercedes Pueyo Roy tuvo, de acuerdo con María Pilar Benítez, una gran sensibilidad en recoger los textos “En concreto aquellos que, en su opinión, tenían mayor interés lingüístico. En concreto, para el conocimiento de la lengua aragonesa, son especialmente interesantes los llamados Textos de los danzantes de Jaca, los Dichos para el Trillo de san Sebastián y varias pastoradas de Besians” (Aragonés y catalán en la historia lingüística de Aragón, editado por Giralt Latorre, Javier, Nagore Laín, Francho).
En la misma línea se manifiesto Mario Gros Herrero, considerando como sus transcripciones eran minuciosas para tratar de recoger fielmente la forma de hablar de los entrevistados, consciente del valor que podía tener para los lingüistas y la importancia de la recopilación de la memoria oral: “en nuestro caso ha supuesto el poder haber escrito por primera vez en letras de molde textos que quedaban solo en la memoria de algunos ancianos.”
Mercedes mecanografío su tesis y apéndices cuidadosamente, ayudada por su padre -Había que presentarla en 6 ejemplares, uno para cada miembro del tribunal universitario, 6 meses antes de su defensa-.
Los concursos de dances y su esencia festiva
Los concursos de dances, tal y como hemos afirmado antes, para la Dra. Mercedes Pueyo Roy fue toda una herramienta en la realización de su Tesis Doctoral.
Distintos concursos de dances aragoneses, a propuesta de la Diputación Provincial de Zaragoza, se celebraron a partir de la década de 1950 en la capital aragonesa, con motivo de las fiestas del Pilar de Zaragoza. Estos fueron convocados a través del catedrático Antonio Beltrán Martínez, organizados desde el Museo de Etnología y contando con el apoyo del Ayuntamiento de Zaragoza. Se llevaron a cabo varias ediciones, Mario Gros Herrero tiene constancia de que se celebrasen concursos los años de 1955, 1957. 1958, 1959, 1965, 1978, 1979,1980, 1981, 1982 y 1983. De estos concursos, los realizados en 1957, 1958 1959 fueron determinantes, en la metodología de trabajo de campo, en el desarrollo de la tesis de la doctora Mercedes Pueyo Roy.
I Concurso de Dance Aragonés.
Más bien, estos nacieron con la finalidad de estudiar y profundizar distintas representaciones de dances aragoneses. Mario Gros Herrero afirma que permitían la observación directa además de ser una gran herramienta en la recopilación de textos ya que para Mario Gros Herrero “En el momento de la inscripción de los grupos era obligatorio presentar los textos del dance que ella misma, como secretaria del Museo, se encargaba de recoger.
Igualmente, puntualiza Mario Gros Herrero, estos certámenes contribuyeron a difundir la categoría «dance aragonés» entre los grupos participantes, “que descubren que su actividad enlaza con una tradición mucho más amplia, que suscita el interés de los eruditos urbanos”.
El primer concurso, se realizó el 15 de octubre de 1957 y presentó un doble objetivo, “añadir un espectáculo más a los que solemnizan las fiestas en honor de nuestra Señora del Pilar y estimularlos esfuerzos que los pueblos, sus autoridades y la Sección Femenina de FET y de las JONS, hacen para vigorizar o resucitar una importante muestra de nuestra más genuina vida popular” (I Concurso de dance Aragonés. Convocatoria. Beltrán Martínez, Antonio). A estos objetivos podemos añadir que el evento ahondó en el conocimiento y la investigación sobre el dance aragonés.
En esta edición de 1957 participaron los dances de Ainzón, Almudévar, Ambel, Ateca, Barrio de las Tenerías de Zaragoza, Cetina, Gallur, Pastriz, Pina de Ebro, Pradilla, Sariñena, Sena y Yebra de Basa, además de los grupos de Huesca y del Hogar Pignatelli de Zaragoza que actuaron fuera de concurso. El primer premio fue para los danzantes de Yebra de Basa, el segundo para Almudévar y el tercero (ex aequo) para Sena y Sariñena (Nuevas fotografías de dances aragoneses, Mario Gros Herrero).
El III concurso se celebró los días 15, 16 y 17 de octubre de 1959. En esta edición Mario Gros Herrero, a través de la prensa local de la época, recogió la participación de los grupos de Ambel, Borja, Jaca, Lanaja, Pallaruelo, Pradilla, Robres, Salillas, Sariñena, Talamantes, y, fuera de concurso, los de Huesca, Mas de las Matas y Urrea de Gaén. Los premios fueron para Sariñena (primero), Pallaruelo (segundo), Jaca (tercero), Salillas de Jalón (cuarto), Ambel (quinto), Borja (sexto), Robres (séptimo), Lanaja (octavo) y Talamantes (noveno) (Nuevas fotografías de dances aragoneses, Mario Gros Herrero).
Gracias a sus estudios de música y piano en el Conservatorio de Zaragoza, Mercedes recogió música aragonesa, realizó grabaciones y transcribe muchas de sus melodías. Mercedes cuenta con una buena voz, ya que estudió canto en el colegio y así canta y graba muchas músicas antiguas, albadas y canciones populares que recoge por todo Aragón “tenía facilidad para cantar piezas de distintas épocas, algo que había hecho y que seguiría haciendo en sus pesquisas”(Entrevista a Mercedes Pueyo Roy por Antón Castro. Heraldo de Aragón, 28 de mayo del 2019).
Aquel material quedó depositado en el archivo de Antonio Beltrán hasta que, en el 2013, Mario Gros Herrero accedió a unas cintas encontrando entre ellas “Rondalla que interpreta jotas, jotas de ronda, bolero de Caspe y seguidillas de Leciñena. Donde se intercalan interpretaciones de gaita de Vicente Capitán de Sariñena, cantos de Mercedes Pueyo, cantos de María Martínez, cantos de Pío Beltrán y grabaciones de gaita hasta el final de la cara”.
“El director del Museo de Zaragoza, Miguel Beltrán, nos informó de la conservación entre los fondos de Antonio Beltrán custodiados en la institución de varios carretes de cinta magnetofónica de los que pudimos realizar su estudio y digitalización.20 La voz de Mercedes puede escucharse en las cintas interpretando diversas canciones populares y contactamos con ella telefónicamente en mayo de 2014. Testigo de excepción de las grabaciones y contenidos de esos documentos sonoros, Mercedes mostró una estupenda memoria, cercanía y disponibilidad para aclarar muchas de nuestras dudas. Se trata de cinco carretes de cinta abierta, con grabaciones de Vicente Capitán (gaitero de Sariñena), el dance de Sariñena y algunas canciones cantadas por Pío Beltrán, María Martínez (padres de Antonio Beltrán) y Mercedes Pueyo, datadas alrededor de los años 1956-1960. El material fue restaurado y digitalizado por Daniel Ríos en el Laboratorio Audiovisual del Ayuntamiento de Zaragoza.”
Gros Herrero, Mario.
El dance aragonés a través de Mercedes Pueyo Roy
La doctora Mercedes Pueyo Roy, con su tesis, se sumergió en el dance aragonés. Un término que, en palabras de la misma doctora, responde a una expresión artística y cultural, de danzas y bailes de palos y espadas, y representaciones teatrales: –El dance es una pequeña pieza de teatro popular y al mismo tiempo una revista oral que sólo se imprimió una vez y que se renueva, corrige y aumenta cada año. Así pues, como obra dramática hay que considerarlo-.
Literalmente, Mercedes Pueyo Roy resalta como el dance es una composición poética, poesía lírica, diálogos. La sátira en la poesía, dichos y matracadas.-. Definición que amplió en la entrevista que Antón Castro le realizó para Heraldo de Aragón el 28 de mayo del 2019 “el dance es una composición poética, que incluye lirismo, dichos y sátira, tiene movimientos y contiene una música, que ejerce la función de dirección o coordinación del conjunto, ya sea con la gaita de boto, el salterio, el pífano, etc.” Pero, sobre todo, el dance aragonés, en esencia va mucho más allá y para Mercedes Pueyo Roy resulta todo un espectáculo popular -que el pueblo entiende muy bien y que tiene una incuestionable categoría-.
Dance, retrayéndonos a su verdadero significado, Mercedes Pueyo Roy lo define como una palabra propiamente aragonesa que corresponde a un conjunto escénico, una representación dramática donde intervienen diferentes bailes.
Para la Doctora Mercedes Pueyo Roy no es hasta 1720 cuando aparece por primera vez la palabra dance y, aunque ha existido la creencia popular de su origen a tiempos remotos, probablemente no era anterior al siglo XVII. Y ciertamente, hoy en día se han encontrado citas del siglo XVII y, de acuerdo con Mario Gros Herrero, la más antigua que se ha encontrado responde a 1615: «Hubo apacible música, discretas letras, cantadas con destreza y peregrinos tonos, abundancia de conceptos sutiles, muchos pasos de aguda graciosidad, dançes graves, y bayles alegres y entretenidos» Retrato de las fiestas que a la beatificacion de … Santa Teresa de Jesus … hizo … la … ciudad de Zaragoza … por Luys Diez de Avx 1615″. Y desde ese momento aparece frecuentemente durante el siglo XVII en las provincias aragonesas: Jaca (1623), Tarazona (1636) o Albalate del Arzobispo (1655), por ejemplo.
Así, según los estudios de Mercedes Pueyo Roy, el dance va desarrollándose hasta alcanzar su apogeo en el siglo XVIII: “A través de los materiales llego a remontar el origen del dance al siglo XVII. Hay que contar, desde luego, con muchos elementos. Por ejemplo, la danza de palos es prehistórica, pero la lucha de moros y cristianos es del siglo XVII, a través de unos enlazamientos que pueden ser, en este caso, autos sacramentales con la lucha del Bien y del Mal” Entrevista en Amanecer, por Ana María Navales. 5 de julio de 1961. Mercedes Pueyo Roy le presupone al dance un origen pirenaico, descendiendo a la sierra del somontano hasta Los Monegros y de allí llegando hasta las planicies turolenses.: “Resulta cierto que los dances más meridionales parecen ser más evolucionados y menos primitivos”. Dicha teoría la expone en un artículo sobre el dance de Tenería, artículo resultado del Congreso el Dance pastoril del barrio de las Tenerías de Zaragoza. En el mismo se presentaron grabaciones magnetofónicas del dance acompañadas por el gaitero sariñenense Vicente Capitán.
No obstante, Mercedes expresa que los dances los escribían y los bailaban los hombres, y que procederían de las danzas agrícolas de la Edad Media, sobre todo, a los que se han ido incorporando los palos y las espadas, “que aluden también a las danzas guerreras, a las rivalidades entre moros y cristianos”. Aunque en tiempos se mostró muy poco partidaria de la presencia de las mujeres en el dance, Mercedes Pueyo Roy, desde ya hace unos años resulta contundente “Bueno. Los dances eran masculinos, viriles, pero ahora son las mujeres quienes los mantienen y participan en ellos. Los tiempos cambian”, dice y sonríe. (Mercedes Pueyo Roy, la mujer que estudió el Dance de Aragón. Castro, Antón. Heraldo de Aragón, 28 de mayo del 2019).
La trama general completa de un dance, en algunos pueblos, sintetiza la Dra. Mercedes Pueyo Roy, se traduce en pastorada, lucha de moros y cristianos, motadas, lucha entre el Bien y el Mal y bailes finales, con elevada triunfal del Ángel y danzas de palos. En este sentidodistinguió diferentes tipos de dances, “las pastoradas en el norte, esos diálogos entre el pastor y su rabadán, despojados de influjo árabe; si se baja hacia la depresión del Ebro, se ven luchas simbólicas entre el bien y el mal, de tono más suave, con raíces en la Edad Media y ecos de los reinos de taifas. Apunta otro detalle: “El dance es la música, que entra por los sentidos y le da coherencia a la función. En cierto modo, es el gaitero el director del espectáculo”. (Mercedes Pueyo Roy, la mujer que estudió el Dance de Aragón. Castro, Antón. Heraldo de Aragón, 28 de mayo del 2019).
En definitiva, la doctora se encontró ante una expresión artística y cultural muy arraigada en diversos y dispersos lugares de Aragón, pero poco estudiado y reconocido –Recuerdo que por entonces el folclore parecía reducido a la jota-. Con sus estudios del dance, se amplía el campo hacia una representación compleja: “El dance esun espectáculo teatral y poético, con música y danza. Podría definirse, también, como un teatrillo crítico de la sociedad: las gentes del pueblo no tenían el ‘Hola’, pero podían pasar muchas cosas susceptibles de ser encerradas en el dance.Consta de varias partes: hay textos movibles y otros fijos, por decirlo así. Se cuenta la historia del pueblo, y luego hay una parte de crítica o sátira.” (Mercedes Pueyo Roy, la mujer que estudió el Dance de Aragón. Castro, Antón. Heraldo de Aragón, 28 de mayo del 2019).
Fruto de aquel trabajo de investigación se plasmó en su tesis doctoral “El dance en Aragón. Origen y problemas estructurales de una composición poética”. La tesis, tal y como señaló Antonio Beltrán en los “Dances de Aragón”, incluye el texto de la “pastorada” de Besians, el de los danzantes y otras manifestaciones poéticas de Jaca y otros de Hijar. Además, en los apéndices incluyó los textos de los Dances de Ainzón, Añón, Ateca, Borja, Bulbuente, El Buste, Encinacorba, Gallur, Jaca, Maleján, Mallén, Pina de Ebro, Pradilla, Pallaruelo de Monegros, Pastriz, Rodén, Salillas de Jalón, Plasencia de Jalón, Sariñena, Sena, Talamantes, Torres de Berrellén, Urrea de Jalón, Velilla de Ebro, Vera de Moncayo, Veruela, La Almolda y la Puebla de Hijar.
Viajes y becas
En 1960 Mercedes Pueyo Roy recibió una beca de intercambio con Francia, para los cursos de verano, julio y agosto, en la Sorbona y así mismo solicitó el puesto al Ministerio de Educación de Auxiliar de Lengua Española: “El año pasado hice un curso en la Sorbona, de lengua y literatura francesas: otras veces he estado en el Museo del Hombre buscando materiales para mi tesis, y este año espero hacer otro curso en la Sorbona”, (Entrevista en Amanecer, por Ana María Navales. 5 de julio de 1961).
Amanecer, 5 de julio de 1961.
-¿Qué es para ti Paris?
-La capital del mundo y, desde luego, para los estudios que yo he hecho tenía por fuerza que trabajar allí.
Entrevista en Amanecer, por Ana María Navales. 5 de julio de 1961.
Al año siguiente, el 29 de junio de 1961, es aceptada como auxiliar de lengua española en el Lycèe Lamartine de Paris, ejerciendo la docencia en el Institut Lamartine de Paris, donde impartió lengua y literatura española durante el curso 1961-1962.
Suecia. Literatura española
Becada por el Instituto Nacional Sueco (Svenska Institutet), Mercedes Pueyo Roy, se trasladó a Suecia en 1962, concretamente a la Universidad de Lund (Suecia), donde acabó como profesora titular de Lengua y Literatura española. No antes de haber realizado un curso de lengua sueca en la Sorbona.
El 1 de septiembre de 1965 es nombrada Lector extranjero de Lengua y Cultura Española en la Universidad de Lund, donde ha ejercido durante 35 años, impartiendo clases y conferencias sobre lengua, literatura y cultura española.
En Suecia, en 1963 contrajo matrimonio con Sture Bo Lennart Carlén, pasando a ser conocida como Mercedes Pueyo-Carlén. De su etapa en Suecia, Mercede guarda muy buenos recuerdos, donde disfrutó de una intensa actividad cultural y trabajó y colaborando mucho con la Embajada española en Estocolmo.
Mercedes Pueyo Roy y Sture Bo Lennart Carlén.
Diploma de Aragonés de Honor de Sture Bo Lennart Carlén. Jaca, 24 de julio de 1965.
En 1969, Mercedes coincidió en Suecia con José Antonio Labordeta, quien se encontraba realizando una serie de conciertos organizados por su amigo José García Dils: “Vino al Departamento donde yo, en ese momento, era la jefa”. Igualmente, Mercedes recuerda como en Suecia “Tuvimos y ayudamos mucho al hermano de Rafael Gastón Burillo, que vino a Suecia y se quedó. Conozco bien a los Gastón, pues su padre fue mi profesor de griego en la Facultad de Letras de la universidad de Zaragoza”.
A primeros de la década de 1980, la Doctora Mercedes Pueyo Roy ocupó la plaza de Universitetslektor en Lund como Catedrática de Lengua y Literatura e Historia de la Cultura Española. Aquellas memorias quedan perfectamente recogidas por Mario Gros Herrero: “Quedó libre una plaza de Universitetslektor en Gotemburgo y mandé desde Lund, donde tenía la tesis y todos los apéndices, mi solicitud. Me la denegaron diciendo que era etnología y entonces me di cuenta que tenía que orientarla de otra forma y además darle otra presentación más adecuada para una nueva solicitud. Así lo hice en el verano de 1973 con la imprenta del Heraldo en Zaragoza. Yo seguía como lectora de español, siempre a tiempo completo, esperando la próxima ocasión de tener un puesto fijo de funcionaria de la universidad sueca. A principio de los 80 conseguí por fin obtener el título y la plaza en Lund de Universitetslektor y, como no había catedrático de español en aquellos años ochenta y noventa, tuve que asumir algunas funciones como principal responsable de la Sección de Español. Daba regularmente, y con mucho gusto, conferencias públicas en la Universidad sobre la Cultura y Lengua Española en sueco. Hablaba sobre Premios Nobel de lengua castellana, pintura, historia y literatura. Curiosamente, ¡no hablaba nunca del Dance de Aragón! Escribí varios libros entre ellos uno de fonética y pronunciación del español para el laboratorio de idiomas.”
El 17 de junio de 1999 se produjo la confirmación de su jubilación en la Facultad de Lenguas Románicas Universidad de Lund, recibiendo la medalla de Oro de Mérito al Trabajo del Rey de Suecia. Tras residir casi 40 años fuera de España, actualmente, desde el 2000 reside en las Islas Canarias, en Puerto de la Cruz, Tenerife.
Publicaciones de Mercedes Pueyo Roy en Suecia
“Kurs i spansk fonetik och spanskt uttal”. Curso de fonética española y pronunciación española, bilingüe. Pueyo-Carlén, Mercedes, Lund: Studentlitteratur, 1969. 151 s.
“Fiesta”. Mercedes Pueyo-Carlén. Malmö (Suecia): LiberLäromedel, 1973.
“Nya spanska stilar” (Nuevos ejercicios de traducción del español) Pueyo-Carlén, Mercedes, Pärletun, Margareta, ISBN 91-44-08181-2 Lund: Studentlitt., 1972 Spanska 47 s. Lund, Suecia.
“Ordlista och kommentarer till” La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. Estrid Pastor-López; Mercedes Pueyo-Carlén; Lund, 1972.
“Traductor Notarial”.
La publicación reducida de su tesis de 1973
En 1973 Mercedes Pueyo Roy publicó su tesis en formato reducido por su propia cuenta y riesgo “El dance en Aragón. Orígenes y problemas estructurales de una composición poética”; una edición enfocada a los textos y su valor teatral, musical y escénico. De hecho, es un resumen de su tesis en la que, de acuerdo con Mario Gros Herrero, reordenó el texto y eliminó por razones de tamaño y presupuestarias algunos capítulos y la mayor parte de los apéndices.
La llevó a cabo tras no conseguir que ninguna institución se hiciese cargo de su edición, pues como apunta Mario Gros Herrero entonces no era fácil publicar y menos una obra tan extensa. Finalmente, la edición la realizó por medio de la imprenta de Heraldo de Aragón, sufragando por la propia Mercedes y su marido Sture Carlèn por un coste total de 70.000 pesetas
Contó con una tirada de unos 200 ejemplares que en gran parte regaló un libro a cada dance que había estudiado y recogido en el texto, además puso algunos ejemplares a la venta en la librería Abad de Jaca y la Librería General de Zaragoza.
En sus memorias recogidas por Mario Gros Herrero, la propia Mercedes relató como el verano de 1973, lo pasó en casa de una prima en Riglos escribiendo dedicatorias individualizadas, embalando cuidadosamente y enviando los ejemplares por correo. Así mismo, continua el relato recogido por Mario Gros Herrero “Como no disponía de las direcciones, los hizo llegar al ayuntamiento de cada una de las 74 localidades citadas, a sabiendas de que muchos de ellos se podrían extraviar o caer en manos de particulares. Dejó algunos libros en depósito en la librería Abad (ahora La Unión) de Jaca y, los pocos que sobraron, en la Librería General de Zaragoza, vendiéndose a 150 pesetas cada uno. Una operación culturalmente ejemplar y económicamente ruinosa que deja bien a las claras la generosidad de Mercedes y Sture.”
A pesar de su escasa difusión, la publicación no pasó desapercibida en la prensa aragonesa y apareció recogida en el Heraldo de Aragón en su edición del 1 de agosto de 1973 y en la revista Andalán “Notas Bibliográficas: Folklore de verdad”, en su número 26 del 1 de octubre de 1973. Aunque Mercedes Pueyo Roy aparece como colaboradora de la revista aragonesa Andalán (Sociología de muchos apoyos. Andalán 50 años. www.andalan.es), la entrevista debió de ser su única implicación con la histórica revista aragonesa.
“Notas Bibliográficas: Folklore de verdad”. Andalán, número 26 del 1 de octubre de 1973.
Años más tarde, el 8 de noviembre de 1977 el Heraldo de Aragón publica el artículo “Una forma de cultura primitiva: Setenta y cuatro representaciones de dance se conservan en Aragón”. Un artículo que pone en valor el dance aragonés a través de la obra de Mercedes Pueyo Roy.
En poco tiempo, afirma Mario Gros Herrero, el libro se convirtió en texto de culto en el mundo del dance y el folclore aragonés, tanto por la amplitud de su investigación como por la dificultad de su adquisición. De esta forma resalta su verdadera su importancia “Su libro sobre el dance se publicó en el 73 como “mérito” para su acceso a la Universidad. De ahí la rareza de la edición. Está impreso en la imprenta de Heraldo de Aragón, pero la edición es de la propia autora. El libro del 73 no corresponde con exactitud a la tesis: se han reordenado las materias, faltan los anexos y se ha dado más importancia a los asuntos poéticos-literarios”.
La donación de su tesis
Es en el 2011 cuando, la doctora Mercedes Pueyo Roy, decidió donar todo su material de la tesis al Instituto Aragonés de Antropología (IAA). Una tesis que había viajado y acompañado a Suecia y a las islas Canarias tras su jubilación; durante casi cerca de cuatro décadas.
Mercedes quiso que su trabajo no quedase escondido en una estantería y que fuese accesible su consulta; una obra de referencia para estudiosos del dance aragonés, de textos romances y pastoradas, del saber pastoril, del teatro popular, de la poesía y la oralidad que quedaba recogida en sus 526 páginas.
Así que, 39 años después de su realización, a través del por aquel entonces presidente Vicente Miguel Chueca del IAA y haciendo gala de una gran generosidad y amor por su tierra, Mercedes Pueyo Roy donó los originales de su tesis y materiales al IAA. Mario Gros Herrero precisa como Vicente Chueca, presidente del IAA en aquel momento, se encargó de los trámites, haciéndose publica la donación se hizo pública el 31 de agosto de 2011, a través del boletín digital del Instituto, aunque la aceptación formal se reflejó en acta con fecha 25 de abril de 2012. El mismo Mario Gros Herrero recoge como la donación incluía todos los documentos de la tesis: el tomo principal, tres volúmenes de apéndices con textos de los dances de 33 localidades, un cuaderno con partituras y una colección de fotografías en blanco y negro. Además, el paquete contenía un manuscrito de partituras de Graus, varios textos del dance de Pallaruelo, algunas separatas de artículos y diferentes libros de temática aragonesa.
Mercedes Pueyo Roy, una figura imprescindible en la cultura aragonesa
En el 2015, Joaquín Ruiz Gaspar (Osmonegros.com) investigando la vida y obra del antiguo mayoral del dance de Pallaruelo de Monegros, el Tío Juaner, descubre la obra y figura de Mercedes Pueyo Roy. Su Tesis Doctoral recoge algunos de los poemas del Tío Juaner. Poco se sabía de ella, hasta que, indagando por las redes digitales, acabó encontrando un teléfono a su nombre en las islas canarias. Llamó y descubrió, en palabras de Joaquín Ruiz Gaspar, una maravillosa persona, vital, generosa, una gran amiga y una gran obra, un trabajo encomiable, indispensable para comprender la extraordinaria manifestación artística que es el dance aragonés.
Aquel trabajo parecía olvidado, salvo algunas citas, por lo que pronto accedió a consultarlo, gracias a Vicente Miguel Chueca del Instituto Aragonés de Antropología.
Mercedes Pueyo Roy, haciendo gala de su generosidad, finalmente colaboró con el trabajo sobre el Tío Juaner, con aportaciones correcciones y realizando uno de los dos prólogos del “El Tío Juaner” (Gaspar Ruiz, Joaquín. Sariñena Editorial, 2018).
A su vez, en el 2016 Vicente Miguel Chueca, Mario Gros Herrero y Joaquín Ruiz Gaspar, se reunieron en torno a la figura de la Doctora Mercedes Pueyo Roy con el fin de lograr dos objetivos, reconocer su figura y rescatar y poner en valor su gran obra sobre el Dance aragonés. Para ello decidieron que debían trasladar la tesis con sus apéndices a la Institución Fernando el Católico para su toma en consideración para una futura edición y publicación.
Por lo tanto, todo el material, fue recogido por Joaquín Ruiz Gaspar y trasladado a la Institución en una mochila y dos bolsas de plástico. Pesaba tanto que tuvo que coger el tranvía de la plaza de San Francisco hasta plaza España donde se encuentra la sede de la IFC. Allí fue recibido por el director de la institución Carlos Forcadell Álvarez y el secretario Álvaro Capalvo Liesa. quienes se comprometieron a estudiar los textos académicos de la tesis y valorar si merecía la pena publicarlos. No tardaron responder, la habían estudiado y estaban decididos a digitalizar y publicar los Apéndices inéditos de la tesis.
El relato de aquellos días lo recoge Mario Gros Herrero en el prólogo a la edición de los apéndices de la Tesis de Mercedes: La aparición de Ruiz Gaspar es fundamental para la publicación de la tesis. En octubre de 2016, nos convoca, junto a Chueca del IAA, para intentar preparar un homenaje o reconocimiento a Mercedes y estudiar la posibilidad de publicación de la tesis. En un primer momento, el IAA valoró realizar la edición por sus propios medios, pero los recursos limitados del Instituto y la envergadura del proyecto hicieron desestimar la idea. En junio de 2017, Joaquín comienza las conversaciones con la Institución Fernando el Católico (IFC), que acepta llevar adelante la publicación digital tras ver los originales de la tesis. Después del verano comienzan los laboriosos trabajos de digitalización que ahora concluyen.
Así, comienza el renacer de la figura de la Dra. Mercedes Pueyo Roy. A finales del 2017, los días del 22 al 24 de noviembre, participó en las jornadas en torno a la filología aragonesa “Los dances de Aragón: Entre la tradición religiosa y el teatro popular”, coordinadas por José M.ª Enguita Utrilla y organizadas por la IFC. Mercedes Pueyo Roy y Mario Gros Herrero fueron los encargados de la conferencia inaugural bajo el título “El dance en Aragón: Origen y problemas estructurales de una composición poética”. En síntesis, de acuerdo con Mario Gros Herrero, en ella resumió muchas de las ideas de su tesis y aportó algunos datos nuevos, como las danzas de la isla de El Hierro relacionadas por su indumentaria con las aragonesas. La conferencia se publicó en el libro de actas de las Jornadas.
Conferencia Mercedes Pueyo Roy con José M.ª Enguita Utrilla. Fotografía Gros Herrero, Mario.
Coincidiendo con su visita a tierras aragonesas, el 25 de noviembre del 2017, gracias a Vicente Miguel Chueca, Mario Gros Herrero y Joaquín Ruiz Gaspar se realizó un homenaje a Mercedes Pueyo Roy, un encuentro en el que participaron diferentes personalidades del mundo del folclore y del dance aragonés y de la cultura aragonesa, así como miembros de la asociación publica en defensa del patrimonio aragonés (APUDEPA. En torno a una comida, se le entrega una placa en homenaje a su aportación al dance aragonés y a la cultura aragonesa, contando con una actuación de una representación del dance zaragozano San Chusé, del gaitero sariñenense Martín Blecua Vitales, interpretación de melodías con el salterio y chiflo por parte de Mario Gros Herrero… una velada emotiva en un ambiente familiar.
Homenaje a Mercedes Pueyo Roy.
Mario Gros Herrero también dejó constancia de aquel entrañable acto: “Si la edición estaba en marcha, la oportunidad para el merecido homenaje a la autora nos la ofrece otra coincidencia: la celebración de las V Jornadas en torno a la Filología Aragonesa en Zaragoza los días 22, 23 y 24 de noviembre de 2017 con el tema «Los dances de Aragón: entre la tradición religiosa y el teatro popular». Organizadas por la IFC y coordinadas por el catedrático de la Universidad de Zaragoza José María Enguita, Mercedes Pueyo será la encargada de dictar la conferencia inaugural: «El dance en Aragón. Fecha, origen y estructura de una composición teatral». Este acto supone el reencuentro oficial de la doctora Pueyo y Aragón, y la oportunidad para testimoniar el reconocimiento debido a su tarea pionera.”
Finalmente, concluye Mario Gros Herrero, pudimos, mediante un sencillo y sentido homenaje, reconocer como se merece su esfuerzo de tantos años. El acto contó con la presencia de familiares, amigos, profesores y estudiantes de la universidad, representantes del Instituto Aragonés de Antropología y de la Asociación de Gaiteros de Aragón, investigadores, músicos y la colaboración del grupo de danzantes de San Chusé (Zaragoza) y la música de los gaiteros de Sariñena.
Un día especial acontece en este lugar día de santa Catalina de Alejandría de agudo ingenio y sabiduría como esta mujer singular que tenemos el placer de homenajear.
Aunque hallándonos en Zaragoza capital primeramente, me es inevitable rememorar al mayoral de Pallaruelo de Monegros de donde es descendiente Mercedes Pueyo Roy.
Aquel Tío Juaner que entraba por los arrabales mirándose los edificios cabía en las catedrales.
A lo que le saltó uno de aquí, quisiéndole hacerle la mueca, y que de repente le espetó:
“¿A que no hay en tu lugar plaza tan grande como esta?” Y en estas, el Tío Juaner lo agarró del chaleco, y allí l´en hizo saber:
“En mi pueblo hay una plaza, que puedes venir a ver, d´ ´ancha y larga, no como esta, pero de alta…, fácil es”.
Y aún recuerda Leonor Barrieras hija del Tío Juaner aquella niña Merceditas, nieta de la tienda de los Pueyo, que de vacaciones acudía a Pallaruelo de Monegros.
Con sus cintas en el cabello el mundo rural descubrió y al Tío Juaner conoció de quien su padre Francisco Pueyo fue su primer refundidor.
Con gran maestría y sabiduría el dance de Aragón estudió y el día de San Luis su tesis presentó primera mujer que se doctoró en Filosofía y letras de Aragón.
Con gran tutor contó maestro de maestros, Don Antonio Beltrán Martínez extraordinario monegrino ejemplar a quien nunca dejamos de recordar.
74 dances de Aragón la doctora Mercedes investigó y de su bolsillo pagó un libro que a cada dance regaló.
Y su tesis donó al Instituto de Antropología de Aragón y hoy el dance está de celebración con su futura digitalización todo un patrimonio del dance Aragón.
Y es digno de conocer y de honores reconocer el legado que Mercedes Pueyo que tan generosamente a Aragón legó.
Ya no voy a osar mucho más aunque una anécdota más os contaré que Mercedes segunda en un concurso finalizó después del gran poeta del grandísimo Labordeta.
Y por rematar este humilde homenaje agradecer a Mercedes Pueyo Roy su ingente trabajo quien en la universidad de verano un amor encontró y a Suecia marchó y durante años, en la universidad de Lund, ejerció.
Hoy con fuerza se mantiene fuertemente unido aquel gran amor que entonces nació aunque al dance, al dance de Aragón siempre lo lleva, lo lleva en el corazón.
¡Gracias Mercedes Pueyo Roy!.
El dance en Aragón. Apéndices
La reedición facsímil de “El dance en Aragón. Apéndices”por parte de la Institución Fernando el Católico Zaragoza, 2019, fue llevada a cabo por Elena Fernández Santiago e Isidoro Gracia, quienes digitalizaron y revisaron la obra. La edición estuvo a cargo de Isidoro Gracia.
La presentación del libro “El dance en Aragón. Apéndices” tuvo lugar en la sede de la Institución Fernando el Católico, en la sala de prensa, el 17 de mayo del 2019. Esta contó con la presencia de Mercedes Pueyo Roy, con Carlos Forcadell, director de la IFC; y Mario Gros Herrero, autor del prólogo a través de un brillante estudio introductorio.
Presentación de «El Dance en Aragón» por Mercedes Pueyo Roy, Mario Gros Herrero y Carlos Forcadell.
La presentación además estuvo acompañada de un acto previo protagonizado en la Escuela Municipal de Zaragoza, organizado por Mario Gros Herrero. El mismo Mario Gros Herrero señaló como, a raíz de estos hechos, la figura de Mercedes Pueyo comienza a ser conocida en Aragón tres décadas después de viajar a Suecia, tanto por su empeño en ver publicada su tesis como por algunas casualidades casi coincidentes en el tiempo.
Resulta reseñable la sensibilidad mantenida en los criterios de transcripción, por indicación de la autora, “en la transcripción de los textos de los dances recogidos en estos apéndices se ha respetado al máximo la grafía original, conservándose intactos tales textos, por lo que se incluyen tanto vocablos arcaicos como extraños, con su grafía. Esto es así porque muchos de los dances están tomados de viva voz, por lo que se transcribía lo que se oía y tal y como se oía. Por estas razones, consideramos oportuno respetar palabras o expresiones de carácter popular, con su grafía.” (Notas a la edición. El dance en Aragón. Apéndices).
El dance en Aragón. Apéndices. Pueyo Roy, Mercedes.
Para la Institución Fernando el Católico su tesis es la primera en su clase sobre este espectáculo teatral aragonés, único en España. La Institución dedica estas mismas palabras a la autora:
“Después de una larga investigación sobre los textos recogidos, durante cinco años de búsqueda, ha conseguido la autora reunir un material único que hoy publicamos. Trabajando sobre el mismo, ha llegado así a explicar la estructura y el origen de este drama hasta hoy desconocido. En su forma actual y con todos sus elementos acoplados, se remonta a finales del siglo XVII. La obra es compleja y abarca distintas ramas de las Letras, tales como Historia de la Literatura, Teatro, Poesía lírica, Dialectología, Historia de la Cultura, etc., cosa que hace de ella un trabajo de una amplitud poco corriente y que además implica una extensísima base científica en todos los órdenes de la Cultura. Aragón le agradece y felicita a la autora por tan incomparable obra.”
Recuerda que el azar ha estado de su parte. Casi se había olvidado de su trabajo, pero un día, en una mudanza de casa, descubrió todos los materiales de su tesis. “Más de 20 kilos. Folios, carpetas, archivos, carpetas, libretas, y la tesis doctoral completa. Me había olvidado de todo aquello. Decidimos mandarlo al Instituto Aragonés de Antropología. Y allí lo encontraron Joaquín Ruiz y Mario Gros, músico y etnógrafo. Gracias a ellos, mi trabajo ha tenido una nueva vida. Miro a Mario Gros, que ha hecho el precioso prólogo del libro, y pienso: ‘Para ser músico hay que ser sabio’. Y pienso también que, aunque he estado muchos años fuera de Aragón, jamás me he olvidado de esta tierra” dice, y revela: “Ya no querría escribir más de todo eso. Antes de morir, y ya no soy una niña, querría escribir una novela”.
Mercedes Pueyo Roy, la mujer que estudió el Dance de Aragón. Castro, Antón. Heraldo de Aragón, 28 de mayo del 2019.
Mercedes Pueyo Roy, una figura imprescindible
Con la edición de “El dance en Aragón. Apéndices”, la figura de la doctora Mercedes Pueyo Roy cobra aún mayor relevancia en el panorama cultural y académico aragonés, muy especialmente ligado al folclore, etnografía y tradiciones aragonesas. Su regreso a tierras aragonesas, de nuevo motiva el desarrollo de encuentros y abre nuevos horizontes de colaboraciones.
Al día siguiente de la presentación de “El dance en Aragón. Apéndices”, el 18 de mayo del 2019, en Sariñena, Mercedes Pueyo Roy participó y fue homenajeada en las Jornadas de “Danza y Gaita”, organizado por el Grupo de Dance de Sariñena.
Aquel mismo año del 2019, se le dedica el libro “¡Qué buen sentir!”, de Mila Dolz y Ángel Vergara: “Este libro se terminó de imprimir el día 7 de diciembre de 2021, 61 años después que Mercedes Pueyo Roy registrase en la Universidad de Zaragoza su tesis doctoral “Origen y problemas estructurales del Dance Aragonés”. El libro aborda la música popular aragonesa, contada y dibujada, bilingüe castellano y aragonés, publicado por Rolde de Estudios Aragoneses y Aladrada Ediciones.
En 2022, Mercedes Pueyo Roy es una de las protagonistas de la feria nacional del coleccionismo general y popular “Replega” de Monzón. Por medio de su imagen, impresa en una edición coleccionable de azucarillos, es considerada “Ilustre de Aragón”, por su labor, trayectoria e implicación en el ambiente cultural y social aragonés. Un merecido reconocimiento realizado gracias al trabajo realizado por Chorche Paniello, director de la feria.
Azucarillo Replega: Mercedes Pueyo Roy.
Igualmente, en el 2022, una nueva publicación reconoce la figura de Mercedes Pueyo Roy. La obra “Sobre la pastorada aragonesa. Estudio filológico de las pastoradas en aragonés del siglo XVIII (2022)” de Oscar Latas Alegre y Pilar Benítez Marco: “A Mercedes Pueyo Roy, por sus estudios, por su amistad”.
El legado fotográfico de Mercedes Pueyo Roy
La tesis de la doctora Mercedes Pueyo Roy presentó un conjunto de partituras y fotografías. Concretamente, del conjunto de fotografías, estas respondían a treinta y seis instantáneas, principalmente de diferentes grupos de dances aragoneses. Fotografías de los dances de las localidades de Almudévar, Ambel, Ateca (quince fotos), Broto, Huesca (cinco), Luceni, Pradilla de Ebro (dos), Sariñena (tres) y Vera de Moncayo (tres), señala Mario Gros Herrero junto a otras de un grupo de pauliteiros de Miranda do Douro (tres), la fotografía de un tambourin a cordes pirenaico y dos croquis con detalles de la construcción del instrumento.
Sin embargo, curiosamente, de aquel conjunto de fotografías, que formaban parte del conjunto de su tesis, faltaban 46 fotografías que la misma Mercedes Pueyo Roy localizó en mayo de 2002. Aquellas instantáneas, en blanco y negro, tomadas entre 1955 y 1959, quedaron recogidas por Mario Gros Herrero en su trabajo “Nuevas fotografías de dances aragoneses en la tesis de Mercedes Pueyo”.
Por aquellos años, entre 1955 y 1959, la doctora Pueyo se encontraba trabajando como secretaria del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón y en la redacción de su tesis. Por ello, las imágenes, en su mayor parte presentan anotaciones en el reverso y hacen referencia a la localidad, personajes o instrumentos. Estas, apunta Mario Gros Herrero, recogen dos tipos de escenas:
“Por una parte imágenes facilitadas por los propios grupos, bien remitidas al Museo de Etnología como complemento a la respuesta a la encuesta que Mercedes envió a párrocos, alcaldes y maestros (Pueyo, 2019: XV-XVI) o bien aportadas al inscribirse en alguno de los concursos de dance. Son veinte fotos de los grupos de Ambel, Ateca (seis imágenes), Gurrea de Gállego, Huesca (dos), Luceni, Monzalbarba y Vera de Moncayo (ocho).
Por otra, fotografías tomadas durante el desarrollo de los concursos de dance aragonés que tuvieron lugar en Zaragoza durante las fiestas del Pilar de 1957 y 1959. A instancias del profesor Antonio Beltrán, organiza[1]dos desde el Museo de Etnología y con apoyo del Ayuntamiento de Zaragoza, los concursos tenían, entre otros objetivos, facilitar el estudio de los dances aragoneses (Pueyo, 1973: 6). En total son veintiséis imágenes, catorce de ellas tomadas en 1957 de los grupos de Ainzón, Almudévar, Ambel, Barrio de las Tenerías de Zaragoza, Gallur, Hogar Pignatelli, Huesca, Pastriz, Pina de Ebro, Sariñena, Sena, Talamantes y Yebra de Basa (dos fotografías) y doce en 1959 de los de Borja, Huesca, Jaca (dos), Mas de las Matas (dos), Robres, Salillas, Sariñena (tres) y Talamantes.” (Nuevas fotografías de dances aragoneses en la tesis de Mercedes Pueyo. Mario Gros Herrero Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza).
Mercedes Pueyo Roy, poeta del amor (y la tristeza)
Uno de las facetas más desconocidos de Mercedes Pueyo Roy fue su pasión por la poesía. En su juventud desarrolló esta vertiente artística y creativa, lo que le llevó a participar en algunos concursos.
En enero de 1960, Mercedes Pueyo Roy obtuvo el primer premio de poesía en el concurso celebrado por el Sindicato Español Universitario SEU en la cadena Ser. El segundo clasificado fue José Antonio Labordeta. “En enero de 1960, gana el primer premio en un concurso de poesía organizado por el SEU, casi empatada con el segundo clasificado, José Antonio Labordeta.”, (Gros Herero, Mario). Mercedes firmaba sus poesías como “Merche Pueyo”.
Flor y Piedra
El corazón estalla en silencio atropellado ¿Por qué huyes?, ¿Por qué la pierdes sin decir lo que deseas? Era una mañana… no, recuerdo… era la noche.
Tu alma suave y fría repetía junto al porche ¡Te quiero! y al instante maldecías como lluvia de colera que amenaza el fin.
Te vi, como eras, flor y piedra ¿Habéis visto la flor en la pradera? El paso de la luz hace que tiemble y la duda, es ella…
¿Habéis visto el mármol en la roca? el viento, la noche ni el sol la conmueven… ¿Por qué huyes? ¿Por qué te pierdes sin decir lo que deseas?
Si quieres, ¡quédate! quédate como flor, no como piedra.
Octubre de 1958. Merche Pueyo.
Sentirte
Eres suave como bruma que acaricia el vacío. Sentirte cerca es siempre deseo que no calma.
Podrías existir y serías espuma y humo que se alcanza y termina.
Eres frágil como cristal desvanecido sentirte lejos es dolor que no acaba.
Podrías amarme y todo sería estallido y dulzura, mezcla posible que el corazón espera. Eres como ilusión que no agota no sentirte, sería… no ser y es horror y agonía eterna.
Eres como alegría intima no compartida con alguien.
Podrías odiarme y todo sería suicidio y desencanto que no merezco. Quiero sentirte, suave, frágil ilusión, alegría… Recobrarte en cada instante y sufrir, si llamarte pudiera, el letargo de tu hechizo.
¡Sentirte! adorarte solo yo y que el cielo me mire ¡Sentirte!! ¡Sentirte siempre! No agotarme en ti y unirme sin desespero por la huida.
Agazapar mi alma en tu destino y correr tras él.
Que gire todo y quedes tu, suave, frágil ilusión, alegría… ¡Sentirte! ¡Sentirte siempre! aunque ya no existas.
Zaragoza, diciembre de 1958. Merche Pueyo.
Pensamientos «El Recuerdo»
No quiero recordar. El recuerdo es el humo que se enreda en el alma y tiene mil agujeritos para salir.
El recuerdo encuentra escusas para evadirse, crea situaciones que rápidamente destruye. Es inquieto, indeciso, a veces, obcecado y tenaz, otras imaginación y sueño.
Recordar es más triste que soñar. El recuerdo es el resto, triste o alegre de una realidad que nunca se pensó. Es un sueño nuevamente soñado.
Recordar es siempre lamentarse dela falta de aquello que tuvimos y que, sin querer o queriendo, pasó.
Quiero vivir el presente porque es imposible recordarlo. Quiero también soñar mi presente, continuación de aquel recuerdo pero tampoco quiero recordar mi sueño.
Zaragoza, diciembre de 1958. Merche Pueyo.
Lluvia
La tierra respira dicha llora el cielo, No, no es lluvia, son lágrimas transparentes, sucias cayendo.
Ella, las recoge y limpia, alimento viejo de su cuerpo seco, por ser mundo, por ser cieno.
Son lágrimas, suaves, lentas, dolor y alegría unidos que al caer, estallan en amable ruido.
Sin querer se juntan esperando amarse.
En el encuentro perdonan, y al unirse, rompen la esperanza.
Lluvia que redime.
El cielo respira dicha.
Lluvia fue publicada por Ana María Novales sobre 1959 posiblemente en el periódico aragonés “Amanecer”.
La Creación
Era el principio del mundo, de mi mundo.
Nada existía en él, aunque había existido… Aparte de tú, máxima creación, y comencé.
Crecías, haciéndote. Me hacías, creciendo. Tú fuerte y adulto, no pudiste buscarme.
No dudaste, pues era yo la que decías esperar. ¡Quiero, temo y distingo!
No pude confundirme yo, naciste en mí sin esperarte.
Con el amor vinieron, pasión, dudas y esperanza, los celos fueron…
¿Por qué, dime, apareciste si nada te busqué nunca?
Fuiste creado para mí, te conservo y soy.
Merche, 1959.
La espera
De inmensa esperanza mi alma llena, ternura blanca Ilusión despierta por el tiempo.
¡Esperanza! soledad verde y ciega del que teme felicidad cortada en las horas que agonizan pesadas.
Minutos que juegan y enardecen el amanecer incierto y retrasado. Intensidad, larga y continuada que abruma con sus días.
¡Esperanza! Marioneta de tiempo antojadizo. Muerte vivida lentamente de vertiginosas ruedas sin descanso. Verdugo inmóvil y cobarde, enemigo suave del que pierde
¡Esperanza! Lloro constante del que piensa, pobre limosna que te das, sin ser pedida.
Virtud esclava de la muerte, mentira piadosa de las almas que inocentes te creen. Música sin notas, que no suenan.
Eterno mañana. Sinónimo de sueño… Te apoderas, creyendo alegrar, y tan solo sacrificas a tu dueña…
i Cambia tu nombre! llamándote: Tristeza…
De inmensa tristeza mi alma llena, ternura negra ilusión dormida por el tiempo.
¡Tristeza!.
Merche Pueyo.
El Final
¿Qué tienes, dime, qué tienes? Silencio de tierra y humo que agoniza en un grito frio y negro, aturdido.
Comienzo de guerra y odio, de preguntas sin término, rotas por la duda inquieta. ¿Qué tienes, dime, qué tienes?
El prado sigue verde, el aire, la mañana, el mar, todo es idéntico.
Solo tú cambiaste… para no cambiar nunca…
Respuestas que no llegan, excusas que comienzan.
Es, la dicha triste del olvido cierto.
Es, el no querer, después del quiero.
Examen frio de los hechos, distinción amarga y segura, amor analizado.
Ya no juega tu alma… ya oscilante no me esperas, ya no cubres de besos mis mejillas, yo no me alegras.
Nada importa… el tiempo es mi amigo existo y el amor, es voluntad. ¿qué tengo, dime, qué tengo?
Tristeza dulce y seca la impaciencia decrece.
El prado sigue verde, el aire, la mañana, el mar, todo es idéntico.
Solo yo he cambiado… para no cambiar nunca… Vacío profundo y lleno, insensato destino que se ríe.
¡Tiempo! amigo mío, te perdí y te recobro.
Ya no te odio, ya tus días me aplacan, ya tus minutos, son míos.
No quiero perderte, no quiero amar
Fui ya feliz. ¡Basta!
Paris, verano de 1960. Merche Pueyo.
La huida eterna
Te llevas lo que muchos quieren ¡la vida! aunque algunos obcecados en ella te prefieren… te prefieren….
Das fin y principio a tu presa con elegante viaje sin regreso.
Si existe verdad sobre la tierra, eres Tú, flaca, fría y vieja…
Te aman, te odian, confundidos los hombres en tu lecho…
¡Noche luminosa de final perfecto que acoges en tu seno con resuelto paso!
Ven, ven cuando quieras preparado me hallo a tu venida y no te temo, te espero…
Al nacer me dijeron que existías mansa y cruel al mismo tiempo
¡Divino mandato!
Sentencia sorda y suave que te cumples sin respeto.
Recogerás la vida sin esfuerzo con el deseo y angustia del sediento…
Llevarás el alma cansada al encuentro feliz, siempre esperando se abrirá para ella eternamente tu mansión de cavernas y esperpentos
y llegará al oasis Divino, Contento el alivio vendrá presuroso y seré tuyo sin remedio.
No puedo odiarte, te respeto y te esperó…
Merche Pueyo, 1960.
El Desprecio
Espuma eran tus amores que rotos en el tiempo se esparcieron por el aire hueco del espacio y llenaron la copa de mi vida.
Lento, muy lento subían desbordando y con pequeños golpes de nada en liquido se hacían sin remedio.
Bebí de ellos y el veneno de la mentira entró sin miedo ¿Por qué bebí de aquello?
La juventud me obligó, pero… poco a poco se desvaneció el veneno y volví al recuerdo esperando de nuevo, esperando, hasta más luego…
Merche Pueyo, 1960.
Síntesis
Mercedes Pueyo Roy siempre quiso que su trabajo viese la luz y dignificar el dance aragonés. Nunca perdió la esperanza de ver publicada la integridad de su tesis. Su lema –No hay que rendirse nunca- y, por fin, gracias a la intervención de la Institución Fernando el Católico, vio realizado ese deseo. Tuvo que esperar 58 años a que se reconociese una obra imprescindible, no solo para el dance aragonés sino para el folklore y la cultura aragonesa. A fin de cuentas, Mercedes Pueyo Roy realizó su tesis en una época en que los dances aragoneses perdían vitalidad e incluso desaparecían, de ahí su extraordinario valor.
No hay que olvidar que la gran contribución de la tesis de la Dra. Mercedes Pueyo Roy es la datación histórica del origen del dance y la presentación en la tesis de 74 textos y representaciones de diferentes dances aragoneses, recopilando valiosísimos textos de los dances aragoneses. Además, su estudio consideró el dance en conjunto y profundizó en los orígenes de las distintas manifestaciones artísticas del dance aragonés al igual que en las distribuciones de los diferentes dances aragoneses.
Por lo tanto, su estudio sobre el dance aragonés es fundamental para la investigación y documentación de numerosos dances aragoneses. En sí mismo es una defensa y puesta en valor del dance como manifestación artística “Creo que urge velar por esta manifestación de la cultura, ahora más que nunca en trance de desaparecer. Hasta hoy se pensó en proteger la jota, en el sentido de crear escuelas y enseñarla en los colegios, con el fin de mantener lo que se considera más genuino de nuestro folklore, el canto y baile regional. Pienso que por igual de genuino es el dance, por su antigüedad y la variedad del espectáculo. La historia aragonesa se puede seguir muy bien a través de nuestros danzantes”. (Heraldo de Aragón, 1 de agosto de 1973).
Indudablemente, Mercedes Pueyo realizó un trabajo impagable, expresa la investigadora Carolina Ibor Monema, sobre ese complejo conglomerado del llamado “dance” en los años cincuenta del siglo XX y que constituye una auténtica referencia pionera en los estudios sobre el folklore aragonés, más valioso si cabe teniendo en cuenta las difíciles condiciones en que por aquel entonces se desarrollaba el trabajo de campo.
Además, Mercedes fue toda una pionera en el mundo del dance y como mujer, en esta línea se manifiesta Toche Menal folclorista integrante de. La Chaminera, considerando a Mercedes en todo un símbolo de los cambios que, lentamente, se van produciendo en el entorno de los dances, es decir, la incorporación de las mujeres a una manifestación tradicionalmente masculina. El caso de Mercedes Pueyo, ha dejado de ser excepcional y hay muchas mujeres trabajando magníficamente en la investigación y divulgación etnomusical. Su trabajo aportó conocimiento y, sin duda, fue un paso importante en el largo camino hacia la igualdad.
Actualmente reside en Puerto de la Cruz, Tenerife, junto a su marido Sture Bo Lennart Carlén. Colabora con la Biblioteca Tomás de Iriarte en la tertulia literaria. Continúa dando conferencias sobre el siglo de Oro, el barroco y Cervantes. También el “Premio Nobel”, sobre Vargas Llosa en la sala la “Ranilla” del puerto de la Cruz. Igualmente, ha participado en el coro de su parroquia involucrándose culturalmente todo lo que ha podido.
Mercedes Pueyo Roy con Maite Baez del Museo de Artesanía de Orotava donde habló del Dance aragonés y su relación con la bajada de la Virgen y su baile en la isla del Hierro.
Sin duda una gran figura y un magnífico trabajo que aportó reconocimiento al dance, con un método científico abordó de una manera general y en conjunto el dance aragonés. Pero, sobre todo, indiscutiblemente la aportación a la etnografía aragonesa de la Doctora Mercedes Pueyo Roy es digna de reconocer y agradecer.
¿Qué crees que aportas con tu tesis?
Supongo que es importante para la etnología aragonesa y para el folklore, pues abarca personajes, indumentaria, música, representaciones.
¿Piensas publicarla?
Me gustaría muchísimo porque así alguien podría aprovecharse del trabajo que he hecho una vez divulgado.
Entrevista en Amanecer, por Ana María Navales. 5 de julio de 1961.
Publicaciones de Mercedes Pueyo Roy
“Actividades del seminario de arqueología y numismática de Zaragoza”, Pueyo Roy, Mercedes. 1956. Separata de la revista Caesaraugusta núm. 7-8.
“El dance en Aragón”, publicación del capítulo de conclusiones. Zaragoza V, Publicación de la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, 1957.
“Actividades arqueológicas y etnológicas durante 1956”. Pueyo Roy, Mercedes. 1956. Separata de la revista Caesaraugusta núm. 9-10.
“El traje femenino de Hecho”. Pueyo Roy, Mercedes. Publicación por la Excma. Diputación Provincial, 1958.
“Notas sobre el dance del barrio de las Tenerias, de Zaragoza”. Beltrán, Antonio y Pueyo, Mercedes. Tipografía la Académica, 1959.
“Origen y problemas estructurales del dance en Aragón”, Caesaraugusta, 17-18. Institución “Fernando el Católico”, Zaragoza, 1961.
“Kurs i spansk fonetik och spanskt uttal” (Curso de fonética española y pronunciación española) Mercedes Pueyo-Carlén. Lund: Studentlitteratur, 1969. Svenska, 151 páginas.
Ordlista och kommentarer till La casa de Bernarda Alba av Federico García Lorca. Estrid Pastor-López; Mercedes Pueyo-Carlén; Lund: 1972.
Origen y problemas estructurales del dance en Aragón. Contenidos.
La tesis se compuso de una serie de documentos, un tomo principal y una serie de apéndices, apéndices que conforman la edición digital que se publicó en el 2019. La tesis original trata de tres volúmenes tamaño folio, encuadernados y mecanografiados con los siguientes contenidos:
• Tomo Principal: Tomo tamaño folio, encuadernado en tapas duras de color granate. En el lomo, letras en dorado «M. Pueyo» Interior: portada, certificado firmado por Antonio Beltrán el 7 de diciembre de 1960, índice de la tesis (3 páginas), mapa de Aragón desplegable y 362 páginas mecanografiadas y numeradas a mano.
• Apéndice Tomo I: Tomo tamaño folio, encuadernado en tapas duras de color granate. Índice geográfico. Relación de localidades, fecha y patronos (5 páginas). Textos mecanografiados a una columna de Ainzón, Añón, Ambel, Ateca, Borja, Bulbuente, El Buste, Encinacorba, Fuentes de Ebro, Gallur, Maleján, Mallén, La Almolda, Pallaruelo y Pina de Ebro.
• Apéndice Tomo II: Tomo tamaño folio, encuadernado en tapas duras de color granate. Tex[1]tos mecanografiados a una columna de Pradilla de Ebro, Pastriz, Rodén, Salillas de Jalón, Sari[1]ñena, Sena, Talamantes, Torres de Berrellén, Urrea de Jalón, Velilla de Ebro, Vera de Moncayo, Veruela, La Puebla de Alfindén y «Hogar Pignatelli».
• Apéndice Tomo III: Tomo tamaño folio, encuadernado en tapas duras de color granate (137 páginas). Textos mecanografiados a una columna de Pastorada de Besiáans, Jaca, La Puebla de Híjar y «Las astucias de Luzbel» de Híjar.
• Apéndice musical: Tomo tamaño folio de 36 hojas de papel pautado con pentagramas (6 de ellas en blanco), con notación musical manuscrita. Título en primera página: «El dance en Aragón» / Apéndice musical / El dance en Aragón / Mercedes Pueyo». Partituras de Ambel, Añón, Borja, Encinacorba, Graus, Tauste, Vera de Moncayo, Híjar, Cetina, Bujaraloz, Salillas de Jalón y Velilla de Ebro. • Fotografías: 35 fotografías sueltas en blanco y negro de pequeño formato. Dances de Almudévar (1), Ambel (1), Ateca (15), Broto (1), Huesca (5), Luceni (1), Miranda do Douro (Portugal) (3), Pradilla de Ebro (2), Sariñena (3) y Vera de Moncayo (3). Además, 1 fotografía de un salterio en un museo de Tarbes, montada sobre cartulina rosa y con anotaciones y dibujos acerca del instrumento.
• Apéndices Tomo 3: Textos de Pastorada de Besiáns, Jaca, La Puebla de Híjar y «Las astucias de Luzbel» de Híjar. En el apartado del tomo 1 dedicado a los textos de Pallaruelo de Monegros se han incorporado otros dos que aparecían separados en la documentación de Mercedes Pueyo: Dance y dichos 1940 (librito tamaño cuartilla de 71 páginas mecanografiadas) y Pallaruelo: Glosa de la Historia de España (13 cuartillas mecanografiadas). Todas las notas que acompañan a los textos de los dances son del editor. Cuando en la nota figura “En la tesis original dice…”, se refiere en todos los casos al libro de Mercedes Pueyo de 1973 Orígenes y problemas estructurales de una composición poética: El dance en Aragón. Los textos incluidos en el tomo 3 (Besiáns, Jaca, La Puebla de Híjar, Híjar) fueron también publicados como apéndice en el libro de 1973. Se anotan las diferencias entre unos y otros. A sugerencia de la autora, se ha añadido un cuarto tomo titulado “Indumentaria, Música y Desarrollo” en el que se incluyen las descripciones de estos elementos que aparecen en la tesis original de 1961 pero no en el libro de 1973. Es decir, combinando el capítulo «Descripción individual de las representaciones» del libro de 1973 con este nuevo tomo 4 se tiene el total de la información descriptiva del dance de cada localidad. Se han intercalado, en el apartado correspondiente a cada localidad, las fotografías que forma[1]ban parte de la tesis con el pie original que figuraba en el reverso de las mismas. Corresponden a los dances de Almudévar (1 foto), Ambel (1), Ateca (15), Broto (1), Huesca (5), Luceni (1), Pradilla de Ebro (2), Sariñena (3) y Vera de Moncayo (3). Además, se ha reproducido la fotografía de un salterio en un museo de Tarbes con la descripción de algunas características del instrumento y otras tres fotografías de los Pauliteiros de Miranda do Douro (Portugal), incluidas en el material original. Se reproduce el apéndice musical de la tesis, que incluye partituras manuscritas de Ambel, Añón, Borja, Encinacorba, Graus, Tauste, Vera de Moncayo, Híjar, Cetina, Bujaraloz, Salillas de Jalón y Velilla de Ebro. También se incluye la reproducción fotográfica de un libreto manuscrito de partituras con el título “Música de Graus” que forma parte de los papeles conservados por Mercedes Pueyo.
• Música de Graus: Cuadernillo de 7 páginas tamaño cuartilla apaisadas y grapadas de no[1]tación musical. En la portada «Música de Graus». Escritas con plumilla, papel sin pautar, pentagramas tirados a mano. Cinco de ellas aparecen firmadas y fechadas: «E. Torner / Graus – junio – 1917». Las otras dos parecen de caligrafía diferente.
• Pallaruelo: Dance y dichos. 1940: Librito tamaño cuartilla, tapas duras de color gris. 71 páginas mecanografiadas. En las guardas, manuscrito: «Francisco Pueyo Samper (firma: Pueyo) Nacido en Pallaruelo de Monegros (Huesca) el 16.11.1900 fallecido en Zaragoza el 13 julio de 1970 – Conservado por su hija. Dra Mercedes Pueyo Roy». En página 1, manuscrito: «Recogido de viva voz». En página 71, mecanografiado «Zaragoza 24 de febrero de 1940 / XIX Centenario de la venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza. / Es copia / J. Canalís S.»
• Pallaruelo: Glosa de la historia de España: Cuadernillo de 13 cuartillas mecanografiadas, grapadas en la parte superior. Manuscrito en primera página: «Recogido por Fco. Pueyo Samper (hijo del pueblo) nacido 16.11.1900. Pallaruelo de Monegros (Huesca)». Según información de Mercedes Pueyo, el texto fue recogido por su padre de boca de Juan Barrieras Pueyo, el tío Juaner, quien posiblemente fuera su autor
Natural de El Tormillo, José Trallero Buil nació en la localidad el 20 de julio de 1932. De familia de agricultores, sus padres José y Rafaela eran de El Tormillo de toda la vida. Tenían algunas tierras, más bien pocas y de secano, pues –aquí era todo secano hasta hace dos años comenzó a llegar el regadío-.
José nos recibe en su casa junto a su mujer Aurora Alfaro Raluy, quien también nació en El Tormillo, el 25 de septiembre de 1937. Curiosamente, ambos son mellizos con sus respectivos hermanos. Nos acompaña en esta mañana de verano su hija Aurora Trallero Alfaro. El pueblo está animado, el verano siempre los rejuvenece. Y nos trasladamos a su juventud, a su pueblo, El Tormillo, que siempre ha pertenecido y se han considerado de Los Monegros hasta la comarcalización, por la que fueron incluidos en la comarca del Somontano.
Ambos iban a la escuela, la escuela separada de niños y niñas, en la de chicos unos 30 y en la de chicas unas 25 -Los maestros eran don Francisco y doña Pilar, eran matrimonio, eran muy buenos maestros y siempre han sido muy queridos en el pueblo-. Pilar había estado antes en Sariñena de maestra. Hoy en día, en las escuelas, viejo edificio de 1917, se encuentra el centro social.
Iban a coger el agua a la fuente Vieja, que se encontraba por donde ahora está la piscina, era de manantial y de ahí se distribuía a otras fuentes que estaban por el pueblo. Además, había tres balsas: la del Pueblo, la de La Clamor y la del Tejero. El lavadero o lavador estaba algo lejos, por el Pantano -Había un grifo por el que siempre salía agua; también era de manantial-.
José apunta como antes se sembraba cebada y trigo, además había almendrales, olivares y mucha viña: -En cada casa había 1 o 2 viñas, un almendral y olivos, según la casa, si era casa rica pues tenían más-. Había molino de aceite en El Tornillo. En 1950 ni se segó ni se trilló, no se cogió nada por una gran sequía, mucha gente marchó, sobre todo, de aquí a Sabadell.
Cada casa tenía un par de mulas menos las casas ricas que tenían tres pares de mulas. El panadero tenía una vaca y vendía leche, pero en cada casa había algún tocino, gallinas, conejos y palomos: -El caldo de palomo era muy fuerte-. Había dos tiendas: casa Gonzalo y casa la Jaima (La Felisa); dos carnicerías, casa Felipe y casa Clau. -Hubo zapatero, esquilador de mulas, carpintero, cura con casa propia…- También, en El Tormillo había unos 4 o 5 pastores, para las casas más ricas del pueblo, casa Ferrer, casa Vicente, casa Blecua y casa Felipe.
Pero lo que verdaderamente fue importante fue su estación ferroviaria, que aportó mucha vida y prosperidad a la población. La estación ferroviaria Tormillo-Lastanosa, que dista unos tres kilómetros del pueblo; distancia que hacían andando o los iban a buscar.
Estación de ferrocarril Tormillo-Lastanosa.
Entonces, recuerdan José y Autora, en El Tormillo había unas cien casas y unos 500 vecinos, el pueblo tenía vida -Sin olvidar la estación de Terreu, donde había jefe de estación, factor y guarda aguja-. En La Masadera había un paso a nivel, pero sin barrera.
José ingresó en Renfe en Vías y Obras el 5 de agosto de 1959, desarrollando una vida profesional completamente vinculada al mundo ferroviario. Y, sin duda alguna, José es memoria viva de la estación ferroviaria Tormillo-Lastanosa.
José y Aurora nos van desgranando sus recuerdos, como en la estación vivían ferroviarios, había viviendas donde se alojaban el jefe de la estación, el factor y el guarda agujas. Había un muelle para carga y descarga de mercancías, se cargaba mucha paja para Cataluña, grano y harina de la harinera de Berbegal, sacos de 100 kilos cada uno. Se descargaba abono.
Estaban las brigadas de mantenimiento, apuntan José y Aurora, la brigada 15 de El Tormillo, la 14 de Lastanosa y la 16 de Terreu. Cada brigada estaba compuesta por 6 obreros, un 1er obrero y un capataz. Cada brigada era responsable de un tramo de vía, arreglaban los baches, cambiaban traviesas, algunas, de madera de haya, se quemaban con la carbonilla que tiraban las máquinas. Pasaban mucho calor y había mucho trabajo ya que pasaban muchos trenes. Muchos obreros vivían en El Tormillo ya que les alquilaban casas.
A su vez había unas tres o cuatro casas en la estación Tormillo-Lastanosa, dos de guardas agujas, la de los Basoles, la de Jaime, Tricas y la de Acacio, el jefe. Además, en el pueblo estaba la Posada en casa de Mariano Pérez, donde se alojaban varios ferroviarios y viajeros.
Pasaban los trenes del correo y el rapidillo. A las diez de la mañana pasaba el tren que iba de Zaragoza a Barcelona, era el tren correo en el que iba mucha gente. El rapidillo pasaba a las 9 de la mañana, de Lérida a Zaragoza y salía de nuevo por la tarde de Zaragoza a las 17:30 horas y pasaba a las 19:30 por El Tormillo continuando hasta Lérida.
Muchos tenían un pase gratis para viajar, José tenía el “carnet ferroviario” y fueran a donde fueran lo tenían gratis. Aurora tenía “El carnet kilométrico”, con el que podía hacer hasta 300 km gratis. Cogían el tren correo a Monzón para comprar y a Selgua para hacer transbordo a Barbastro, donde cogían la Burreta. También contaban con un auto línea Villanueva de Sigena a Barbastro, que paraba en Sena, Castelflorite, Lamasadera, estación Tormillo-Lastanosa, El Tormillo, Peralta Fornillos, Berbegal y Barbastro. Algunos cogían el tren en la estación para irse de viaje de novios a Barcelona.
A la estación acudía el correo de Castelflorite, Lamasadera, Peralta, Berbegal y el mismo Tormillo. -Venían en una burra- El de El Tormillo era el jefe, cogía la saca y en un cuarto de la estación lo repartían
Había un despacho de telégrafos, y telegrafiaban en la estación, era una habitación y la llevaba militares que estaban realizando el servicio militar obligatorio.
Había estraperlo, se llevaban sacos de trigo y los mozos de tren lo cargaban – si iba a 3 pesetas el saco allí lo vendían por 6 pesetas- En Terreu había más estraperlo -En la casilla de Terreu llevaban incluso un vagón vacío que llenaban con el estraperlo-. La Guardia Civil estaba en Peralta, pero todos los días se acercaban por la estación. Igualmente, se recogía algo de carbonilla, carbón a medio quemar para aprovecharlo en las casas.
La estación aún conserva el pozo de agua. De Sariñena acudía un tren con un vagón cisterna que llenaba el pozo de la estación, el depósito. Con una carrucha y un pozal sacaban el agua y llenaban el botijo. También abastecían a las casas de la estación. En Sariñena era donde los trenes repostaban agua y carbón. José y Aurora recuerdan a Cosme García y Pilar Mir, de Sariñena, que vendían refrescos en la misma estación de Sariñena.
Lamentablemente quedan las ruinas de casa Lacoma, quien vivió allí durante muchos años. También queda un almacén, lo hizo uno de Sena en torno a 1965, un particular, y no tiene nada que ver con la estación.
El 2 de octubre de 1958, José marchó como mozo de estación a Lérida, pero volvió a El Tormillo en 1960 como guarda agujas, hasta 1963, cuando se casó con Aurora y volvió definitivamente a Lérida hasta su jubilación. José y Aurora se casaron el 5 de octubre de 1963, se casaron tres a la vez, ellos y sus respectivos mellizos con sus correspondientes parejas, José y Aurora señalan que la boda debería haber sido noticia, según les dijo un corresponsal del Heraldo de Aragón que cubría la zona. En Lérida estuvo como capitán de maniobras.
La estación ferroviaria de Tormillo-Lastanosa estuvo en auge hasta 1965, cuando su actividad comenzó a decaer. Con el tiempo los obreros los concentraron en Sariñena, la estación la cerraron de noche, el personal dejó de vivir en la estación y todo hasta que sobre 1980-1981 dejaron de parar los trenes -Cuando cerró la estación fue una ruina para el pueblo y luego también acabaron cerrándose las escuelas-.
Pasear por El Tormillo, en su paraje quebrado de barrancos y bajo su cantera de elevada pendiente, es descubrir un pueblo tranquilo, con sus casas de arquitectura tradicional, de gran belleza. Es sentir la historia, la vida de un pueblo que guarda una gran memoria muy ligada al ferrocarril que tanto significo para el pueblo. Ahora solamente se ven pasar los trenes por la pequeña estación, soñando con que algún día vuelva a parar.
Gracias a Aurora Trallero Alfaro.
José Trallero Buil falleció el 7 de octubre del 2024, a penas dos meses después de la entrevista.