Archivo de la etiqueta: Sariñena

Ángel Mombiola Allué y María Lozano Molina


Con el silencio somos cómplices del olvido, con la memoria encendemos la llama por un  mundo mejor. Por ese mundo nuevo, por otro mundo posible, muchos dieron su vida luchando por la libertad. Ángel y María fueron de aquellas personas excepcionales que se enfrentaron al fascismo, primero en España y luego, tras el exilio, contra el nazismo en la segunda Guerra Mundial. Muchos murieron y muchos no pudieron volver. Su patria acabó siendo la libertad, la lucha contra la opresión y el compromiso: “Por un mundo mejor y no el mejor de todos los mundos”.

Sin título

María y Ángel.

Ángel Pedro Mombiola Allué nació en Sariñena el 6 de febrero de 1908, hijo de Pedro Mombiola y Carmen Allué. Ángel fue militante de la CNT y en la relación nominal, de los individuos incursos en responsabilidades políticas de Sariñena, aparece como presidente (1º abril) del sindicato CNT de Sariñena.

Certificado Matrimonio.jpg

Certificado matrimonial. (Centre Mombiola).

Ángel militó en la organización de las juventudes anarquistas de la Federación Ibérica de Juventud Libertaria (FIJL) y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). En aquel ambiente libertario debió de conocer a María Lozano Molina, natural de Zaragoza que nació el 3 de marzo de 1914. María, a los 15 años ya se movía en un ambiente libertario, al parecer por “cuestiones familiares”, conociendo al grupo de acción anarquista conocido como “Los Solidarios”. La familia de María regentaba una casa de huéspedes muy frecuentada por militantes anarquistas, entre ellos Miguel José y Augusto Moisés Alcrudo Solórzano. Miguel José y Augusto fueron hermanos, ambos médicos de ideología libertaria que participaron en el movimiento anarquista zaragozano hasta que, tras el levantamiento de las tropas sublevadas, fueron fusilados en el paraje de Valdespartera. (Augusto Moisés Alcrudo Solórzano. Real Academia de la Historia).

Los jóvenes María y Ángel, María con tan sólo 18 años y Ángel con 24 años, se unieron en matrimonio en plena segunda república española. Se inscribieron en el registro civil de Zaragoza el 24 de noviembre de 1932 y fruto del joven matrimonio tuvieron una hija.

Árbol

Hojas del árbol

caídas

que del árbol

ellas son…

Todas ellas

han luchado

para la emancipación

y la transformación.

Y sobre todo

ellas dicen

que cese, cese

la explotación

de todos

seres humanos.

 

                                                                                                 María Lozano Molina

Con el estallido de la Guerra Civil, María participó en las luchas callejeras contra los sublevados en julio de 1936 en Zaragoza, marchando hacía Alcubierre donde poco a poco se estableció el frente republicano. Luego, en Sariñena, María participó en la Colectividad Agropecuaria local. Ambos, Ángel y María se unieron voluntariamente a la Columna Durruti, donde Ángel se negó a comandar un batallón: “No quiero ordenar a nadie, quiero ser un luchador y nada más”. Ángel se opuso a la militarización de las milicias y continuó como dinamitero en un grupo en el frente aragonés hasta su caída “donde se reintegró a su antiguo batallón en la 26ª División (antigua Columna Durruti)”.

Al acabar la guerra, Ángel y María se exiliaron a Francia. María fue internada en el campo de concentración de Gaillac, en el Tarn (Occitania, actualmente Midi-Pyrénées). Aunque María huyó del campo para unirse a la guerrilla de la zona Haute-Garonne donde se encontraba Ángel. El 20 de agosto de 1944, Ángel junto a los compañeros Ricardo García y Francisco Aguado, ambos españoles de la CNT, mientras trataban de dinamitar un puente sobre el Garona, cerca de Ondes, fueron capturados y fusilados por las tropas Alemanas. En el lugar donde fueron ejecutados colocaron una placa y un monumento dedicado a su memoria, a los españoles muertos por la liberación de Francia: “Ellos no quisieron morir, pero murieron, murieron porque luchaban, por la libertad de los pueblos”.

 

Placas en memoria a R. Garcia, F. Aguado y A. Mombiola.

Terminada la segunda guerra mundial, María clandestinamente regresó a España para recoger a su hija. Su vuelta a Francia fue complicada “se perdió por los Pirineos y pasó grandes dificultades”. A su regreso, María se instaló en Toulouse donde continuó militando tanto en el FIJL como en la CNT “su casa se convirtió en refugio de activistas libertarios y en estos años militó en las Juventudes Libertarias y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), realizando tareas para la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT)”. María apoyó a la resistencia antifranquista “A menudo abriendo sus puertas a militantes buscados y aquellos que salen de prisión”,  ayudando especialmente a la guerrilla libertaria de Quico Sabaté  y en la década de 1970 al Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) y a los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (GARI). El MIL, creado en Toulouse, se disolvió tras la condena a muerte por garrote vil a Salvador Puig Antich. Al parecer, Salvador Puig Antich llegó a estar alojado en casa de María.

María Lozano

María Lozano.

María fue una de las fundadoras del Archivo de Documentación Libertaria, Centro de Recherche sur l’Alternative Sociale de Toulouse (CRAS, Centro de Investigación sobre la Alternativa Social) del que fue presidenta. Fue una mujer combativa y luchadora que participó activamente contra la central nuclear de Golfech, campaña llevada a cabo por el colectivo Retonda. Activismo que llevó hasta poco antes de su muerte, era asidua de manifestaciones y mítines, así el 19 de febrero de 2000 escribió: “Ya no tengo la fuerza para encender la mecha, pero mantengo mi conciencia intacta. Otros están allí y con razón se deleitan en él. Sustancia que alimenta mi esperanza. Un mundo mejor y no el mejor de todos los mundos.”

María, nacida en 1916 en Zaragoza (España), activista libertaria de la CNT, refugiada en Toulouse desde 1939 tras la derrota y la revolución republicanas, continúa liderando la lucha en Toulouse por la transformación del mundo hacia una sociedad igualitaria, sin clase. Ella es Presidenta Honoraria de CRAS desde su creación.

 

María falleció el 19 de febrero de 2000 en Toulouse (Languedoc, Occitania) y sus cenizas fueron esparcidas en el río Garona el 24 de febrero del mismo año. Considerada como poetisa y militante anarquista, María Lozano Molina fue una mujer comprometida y luchadora, de firmes ideales que le acompañaron toda su vida. A María también se le conoció como María Mombiola.

La paloma

Una paloma blanca,

blanca como la nieve, volaba,

y también se preguntaba:

¿dónde está el bien?

¿Dónde está el mal?

Se detuvo en una isla,

y en soledad,

se puso a pensar…

¿Dónde estoy?

¿En qué mundo me he detenido?

¿De verdad estoy sola?

¿Puedo vivir, y volar

y pensar en solitario?

Y su pequeño cerebro la llevó a pensar,

y a concluir… No.

Debes vivir,

y volar, y pensar, y proclamar,

y reclamar, y protestar

para salvar a la humanidad de tanta desigualdad.

Y sobre todo combatir,

combatir la energía nuclear,

porque a todos,

a todos juntos,

bien podría destruirnos.

                                                                                    María Lozano Molina

                                                                                  Traducción: Elena Salas Nicas.

Placa

Placa a María Lozano.

En Toulouse se colocó una placa conmemorativa en recuerdo de María Lozano en la casa que residió, en la calle Pargaminière, pero al ser restaurado el edificio, la placa fue retirada. Son vidas de reconocimiento, de gentes que tuvieron que abandonar sus hogares por el fascismo y que continuaron luchando contra el fascismo en Francia. Dieron sus vidas y su memoria es una llama inmensa para encender la mecha por un mundo mejor. En su memoria alimentaremos esa llama llamada libertad.

A todos ustedes

María Lozano Mombiola murió este sábado 19 de febrero de 2000 al mediodía.

En su apartamento en la rue Pargaminières en Toulouse, por una buena parte ocupada sin título, refugio de solidaridad para los compañeros y compañeros de infortunio o paso, María murió al amanecer de sus 86 años, lentamente, sin el sufrimiento innecesario, un pasaje cuidadoso y gentil hacia la nada o lo desconocido. Alcanzó, inevitablemente, el final de su vida dedicada a la transformación social, a ese mundo que quería más, lo que la hizo ver con tantos otros, esta revolución reprimida en su sangre. Nacida en España, en Zaragoza el 3 de marzo de 1914, María, con su nombre real, se adhirió a la realidad histórica del momento que iba a vivir la historia hasta el final… Para atreverse, pensar y vivir el sueño revolucionario en España desde 1936-37… El pueblo unido, liberado de sus cadenas, colectivizando los medios de producción, derribando milenios de oscurantismo, esclavitud y moralidad sucia. Una revolución que defendió armas en mano, María en el frente de Aragón. Una revolución que iba a ser combatida por la República y los socialdemócratas europeos, asesinados por los estalinistas y masacrados por el ejército franquista.

Utopistas, republicanos, revolucionarios, pueblos de España, finalmente obligados a huir de la victoria fascista en 1939 y a encontrar “refugio” en las garras del estado francés, las garras de un gobierno republicano de izquierda. Una lágrima que separa a los seres, la madre y el niño, como fue el caso de María y su hija.

Una guerra que mató a un millón de personas y 500.000 refugiados. La mitad de estos exiliados inaugurarán los primeros campos de concentración, campos de exterminio, que tantos deseos de exterminio hicieron infames, desde el sur de Francia hasta el extremo oriental, a través de Auschwitz y Gaillac en el Tarn. De esta última, María logra escapar para unirse a los maquis. También reuniose a su compañero y esposo, Ángel… y le pierde inmediatamente en agosto de 1944 en una carretera en Haute-Garonne. Ángel, atacado con otros dos “terroristas” resistentes yendo a dinamitar el puente cerca de Ondes. Los tres miembros españoles de la CNT.

Amor roto por la liberación. María se trasladará a Toulouse. ¿Cómo no seguir luchando hasta el final, y esperar siempre, cuando una vida está tan bien comprometida? ¿Cómo podría uno, como María, estar al lado de todos esos valerosos extraños, que querían concluir con Franco, esos Sabaté y otros que tomaron las armas de nuevo? Todos aquellos insatisfechos, murieron en batalla o bajo tortura que precedieron al Caudillo, quien murió en su cama en 1975. Cuántas muertes para este avatar real de la democracia.

María no se detendrá jamás, los jóvenes libertarios en la CNT a través de la AIT, los grupos de acción autónomos y luego el CRAS, el centro de archivos al que contribuyó y del que seguirá siendo siempre la Presidenta. María era partidaria de la democracia directa y la acción directa. Una mujer todavía involucrada, dando su corazón, su voz y siempre abriendo sus puertas a los activistas de los últimos años, los revolucionarios de la MIL, Puig Antich, asesinado a garrote vil en 1974 en Barcelona, ​​miembros de GARI, rebeldes locales, desertores de prisiones. A los fugitivos de aquí y allá, a Jean-Marc, su “ángel exterminador”, “el revolucionario”, condenado a la pena de máxima seguridad, a tantos amigos que se han codeado y olvidado. A todos los seres, pero también a muchos idiotas que supieron explotar su generosidad. Como una paloma en la distancia, María finalmente se fue. Al final de la carrera, ella nos dejó. Este es el último “regalo” que nos dejó, finalmente nos dio un poco de descanso, solo un recuerdo para hervir a fuego lento. Su partida creará un vacío en aquellos que la han acompañado para tomar su mano por última vez antes de su último viaje “al mar” a las cenizas, a través de Garonne desatada. “No tengo la fuerza para encender la mecha, pero mantengo mi conciencia intacta, otros están ahí y con razón me deleito con la sustancia que alimenta mi esperanza, un mundo mejor y no el mejor de los mundos”. La hemos apoyado en los últimos años y sabemos lo difícil e intransigente que se ha convertido esta mujer, siempre persiguiendo a sus amigos más cercanos. “No importa, María seguirá siendo nuestra amiga hasta Su muerte, por supuesto, nos está devolviendo a la aprehensión de nuestra propia muerte, pero el recuerdo de su vida completamente vinculado a un ideal, a la voluntad de emancipación, mantendrá en nosotros ese sentimiento de completa complicidad. Su contacto cercano.

Amigos de Toulouse

“La acción es difícil hacer que el acto sea ridículo. Queda mucho por cambiar en el escenario, sería una lástima irse sin haber probado un poco”

 

 

Anuncios

Carmen Mir Loscertales


Vital y dinámica, familiar y amiga de sus amigas y vecinas, una mujer fuerte que ha sacado adelante su familia. Una campeona del guiñote, gran aficionada y jugadora. Así es Carmen, siempre muy alegre que nos acerca la vida de antes con ese cariño de siempre, de sus tortas de cuchara, magdalenas y farinosos que nos daba para merendar de críos, cuando con su nieto Luis, parábamos para verla. Con su nieta Carolina descubrimos a Carmen, con muchas historias y otras muchas que quedan por contar. 

whatsapp image 2018-10-23 at 10.19.03

Carolina y Carmen.

De casa  “La Droguera”, Carmen nació en Sariñena el 3 de septiembre de 1927, en la calle de los Ángeles. Su padre trabajó en la estación “siempre iba y venía”, recuerda Carmen. Su madre Rosa Loscertales Tierz natural de Lalueza, de casa Guallart, fue de buena casa aunque fue la pequeña y tuvo que buscarse la vida. Una vez en Sariñena, Rosa iba mucho a casa Moreno, allí jugaba a las cartas mientras Carmen saltaba a la comba y jugaba a las tabas con otras chicas. Rosa lavó para otras mujeres en Sariñena, “fue muy querida y trabajadora”. Ademas, Rosa vivía junto a su hermano Manuel que era padre de Santiago, Josefa “la del Romea” y Mª Carmen, que se criaron junto a ella, siendo primas hermanas de Carmen: “nos une un gran vinculo familiar”.

Carmen Mir (5).jpg

Carmen Mir y Eugenia Palacio.

Fueron cinco hermanos en casa: Carmen, Fina, Manuel “El Cubano”, Antonio y Jesús. Carmen fue muy amiga de Carmen Santolaria, hermana del que después fue su marido, iban a jugar al solar donde luego hicieron la casa, por la calle Ronda san Francisco: “Éramos como hermanas, íbamos a bailar, a saltar a la comba…”. Carmen aprendió a coser en casa de Dolores “La Hermosa”, la mujer del barbero: “la barbería la tenía por la calle del Mercado”.

Carmen fue a la escuela muy poco, la guerra le pilló justo entonces y esta se interrumpió. Carmen recuerda la sirena y las campanas que avisaban de los bombardeos y tener que ir corriendo al refugio de Torres, donde se juntaban muchísima gente. A Carmen se le murió un hermano “Jugando con una pelota que resultó ser una bomba”.

Su abuelos Antonio Loscertales, “El Zumarro” y su mujer Carmen Tierz Marías celebraron antes de hora la entrada de los nacionales y rezagados republicanos los asesinaron cuando se retiraban. La casa familiar la escachó la aviación durante los bombardeos, así que después de la guerra se mudaron a casa de los abuelos a la calle Larosa. Allí se reunían mucho la familia y tiempos después en la casa de la calle del Horno, casa de su hermana Fina. Tras la guerra, el racionamiento fue vital: “Tanto tocaba por uno”.

“Esa casa siempre estaba con gente y todos recuerdan a mi tía Fina y a mi bisabuela Rosa  con mucho cariño por su cercanía y su generosidad de tener siempre la casa abierta”

 Carolina Santolaria Lafita

Carmen se casó muy joven, a los dieciocho años. A su marido lo conoció en el cine del teatro Romea, él se acercaba al gallinero para verla y estar cerca de ella. Su marido fue Francisco Santolaria Cazacarra, conocido por el apodo de “El Calistro”. Paco tenía campos y fue labrador, además de ir con los albañiles: “Iba con todos”. Francisco tuvo mulas y carro y con el tiempo fue encargado en “Pretensados Alcanadre”, haciendo vigas. Su hermana Luisa tuvo una pescadería por el callejón del Saco, donde actualmente se encuentra el bar La Lifara.

En casa tenían conejos, pollos, pavos y mucha huerta, hacían conserva, mermeladas, peras cocidas al vapor, tomate embotado… “Para todo el año, sobre todo para pasar el invierno”. Paco le hacía ir de joven al huerto para ayudar con las faenas, pero a Carmen no le gustaba mucho. Tuvieron tres hijos: Luis, Paco y Rosa. Cuando estaba embarazada del primero le mataron al suegro en la conservera: “Escondía la caza y debieron pensar que era un maqui, le dispararon”.

Carmen Mir (8).jpg

Carmen y Abelina

Los domingos por la mañana iban al casino a tomar vermut. Iban al Casino con el Riau (que tuvo un bar), con Abelina, Marianeta, Carmen y Florentín (El Cartujano). Iban al cine y a bailar los domingos por la tarde, había orquestas y casi siempre la orquesta sariñenense Cobalto.

Se juntaban en las casas a merendar, tortas de casa y a jugar a las cartas. En verano por las noches a la fresca, en la calle se juntaban las vecinas y hablaban. Carmen ha sido una gran jugadora de cartas y con su compañera Abelina han ganado numerosos campeonatos de guiñote, tanto en la residencia como en el Casino. ¡¡Todas unas campeonas!!.

También Carmen ha tenido una grandísima amistad con su cuñada María Jesús, mujer de su hermano Manuel “El Cubano”, a quien recuerda con ternura porque eran los dos mayores: “Se supo buscar la vida”. Manuel regentó la tasca de “El Cubano”  siendo muy popular sus meriendas y él mismo. Allí han pasado alguna navidad todos juntos, al lado del hogar que estaba al final del local.

“La taberna de El Cubano venia  ya de su abuela Manuela por parte de su padre, que provenía de Alcolea, así  que tiene más de 100 años el bar”.

Carolina Santolaria Lafita

Carmen es muy familiar y muy querida por los suyos, amigas y vecinas. Su vida está llena de recuerdos y vivencias que con gran afecto nos ha transmitido, gracias Carmen. Y gracias a Carolina Santolaria Lafita, nieta de Carmen, que con su gran cariño y admiración a su abuela ha hecho posible esta entrevista.

María Pelegrín Losfablos


María es natural de Santa María de Buil, localidad perteneciente al municipio de Aínsa Sobrarbe, entre Aínsa y Arcusa. Nació en 1932 en la pequeña localidad sobrarbense, entonces apenas eran unos 40 vecinos, con sus principales iglesias de Santa María, donde fue bautizada, y la iglesia de San Martín, la de abajo. “Hay trece iglesias y once cementerios, era un pueblo con muchas aldeas y montañas” y con mucho cariño María recuerda la ermita de San Lino, camino a Morillo de Tou.

Maria pelegrin (1).jpg

María se ha criado a carga de burro, a la escuela fue poco y pronto tuvo que trabajar en casa, ella era la segunda de cinco hermanas y un hermano. Era un pueblo muy pequeño, en 1950 llegó la luz y la carretera no ha llegado hasta hace muy poco. Se juntaban en casas, iban a misa y de romerías.

Tenían cabras, ovejas, algunas vacas, tocinos… labraban con mulas y güeyes. A Aínsa iban a comprar con la burra y vendían algún cordero o tocino cuando podían. “No se gastaba nada”, tenían pocos dineros y se hacían casi todo, se hacían la ropa, con lana de ovejas, los calcetines, los jerséis… Hacían su propio pan, cultivaban cáñamo y hacían sacos, mandiles, alforjas… Tenían colmenas, recogían la fruta de verano y hacían mucha conserva para el invierno, “Ahora, muchos de los campos están poblados de pinos, ya no hay viñas ni olivares”.

A los veinte años se casó y bajó a tierra plana, a Sariñena. Su marido, Casimiro López “Morcilla” era el chatarrero del pueblo. La chatarrería la comenzó Matías, el padre de Casimiro, a la salida de Sariñena carretera a Zaragoza y enfrente de la Laguna. Sus padres también se bajaron al llano, fueron a parar a Grañen, donde se compraron casa y montaron una vaquería.

“La gente llevaba la chatarra y también la iban a buscar, el beneficio estaba en la selección”, clasificaban los metales (Aluminio, cobre, plomo, hierro…) empacaban el cartón y recogían el vidrio, botellas de coñac, de champan…  Después lo vendían a Zaragoza o lo venían a buscar desde Pamplona. De los coches se vendían muchas piezas, como recambios, y también se vendían hierros para obras, mientras el cartón y el vidrio se mandaba a Lérida para su reciclado. Francisco, Quico “Matavinos” recogía con un motocarro las cajas y cartones de las tiendas. También se recogía muchos sacos de papel, sacos de simiente que utilizaban en agricultura.

María sabe hacer frivolité, una labor de punto que se teje a mano con lanzadera, es una labor muy difícil de hacer y muy antigua, se lo enseñó una maestra que fue al pueblo cuando era niña, en cambio su hermana no consiguió aprender la técnica.

Vivieron en la calle Goya y tuvieron dos hijos, una chica y un chico, el hijo continuó el negocio hasta que falleció. Trabajaron mucho en la chatarrería: “había mucho trabajo”. Ha estado muy ligada a la laguna, la lleva en el corazón. Ha visto la laguna toda helada: “antes era más pequeña y había muchos más patos, golondrinas…” María recuerda una noche con la luna llena con la laguna completamente helada. Un precioso recuerdo que María nos ha compartido, agradeciendo de corazón su memoria, gracias María.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Carmen Novellón Oliván


Carmen novellon (1).jpg

Carmen nació en Sariñena en 1932, en la calle La Meca, enfrente del reloj de la plaza Alvarado, ahora plaza de la Constitución. Su padre, Andrés Novellón fue caminero, controlaba y mantenía un tramo de camino antes de que se asfaltaran y convirtieran en las actuales carreteras. Su trabajo era controlar y mantener un tramo: “limpiaba cunetas, arreglaba pequeños baches y si estos eran muy grandes venía una máquina”. Andrés estuvo trabajando en distintos lugares, por Ontiñena, Terreu… “lo fueron trasladando por varios sitios”. En algunos puestos tenían una casilla, una caseta donde guardaban material y se refugiaban, en otros no tenían nada. “Andrés fue muy honrado”, recuerda Carmen, “en una ocasión se encontró una caja de tabaco y la guardó hasta que volvió a pasar el camión de reparto y la devolvió”. Su madre Rosalía Oliván tuvo seis hijos y trabajó en casa. Carmen fue la cuarta y hasta los 14 años fue a la escuela de Sariñena.

Carmen, de joven, iba a buscar agua a la fuente del quiosquer, enfrente del bar de Pitera, “hasta pusieron una sombrilla para poder descansar en verano”. Iba a lavar a la acequia y al río: “detrás de las monjas había unas escaleras que bajaban abajo y allí estaba el lavadero, un lavadero grandioso y cubierto”. Este lavadero era de pie, era más cómodo que el que estaba camino de la Laguna, que también estaba cubierto pero había que lavar de rodillas, mucho más incómodo. Por el lavadero de la Laguna estaba el tejar. Al río iban a lavar con sus madres, por la zona cercana al puente, donde aprovechaban para bañarse y volvían con las ropas limpias: “la ropa se secaba tendida por las matas”.

Durante la guerra, Carmen se acuerda de la evacuación del pueblo “En una tartana de Anoro se subieron niños y ancianos y marcharon a refugiarse a las masadas”. Su padre trató de salvar algunas cosas de casa, pero muchas se quedaron, entre ellas olvidó un apreciado y viejo acordeón de su tío. Les dejaron una burra y aprovecharon para que fuera su madre con su hermano pequeño, pero con el estruendo de un cañonazo, la burra se asustó y los tiró al suelo. Luego veían los camiones militares llevando muñecos que cogían de las casas, puestos en los camiones, lo que hizo sufrir a los zagales.

Con Carmen vamos recordando aquella Sariñena de entonces: “En frente del antiguo hostal Romea estaba la tienda de ultramarinos de Jesús Portella, luego la trasladaron a la calle Eduardo Dato, cerca del estanco. Allí también vendía petróleo Candido. Arriba vivía una profesora, Josefina, a quien iba a fregar y limpiar, la llevaba en el carrito de la leña por la casa, era una forma de divertirse”.

“En la plaza hubo una fuente, en la esquina del ayuntamiento, luego en frente estaba la farmacia de Loste, el comercio de Ferraz y la carnicería de la Catalana.”

Carmen vivió por la calle Soldevilla. Por allí estaba la carnicería de Mariano Huerva, de Pichirrin, la carbonería de Pilar y el antiguo cuartel de la guardia civil; allí luego vivieron Asunción Paraled, Trallero, Ferraz… Pilar “la Carbonera” estaba arriba de la calle: “le traían camiones de afuera y lo vendía a capazos, era carbón brillante de bolas y trozos”. El camión basculaba en la calle y cuando limpiaban el suelo el agua bajaba completamente negra.  También estaba el bar de casa Pedro, al lado de la carnicería, era de Madrid. Era normal que sirviese una bebida y un plato de olivas, casa Pedro fue muy conocida y respetada.

Carmen trabajó para la panadería de Silvina la Tora y José Orquín Casañola, la panadería estaba por la calle de La Meca, por donde estaba Vitales y la casa del pregonero, allí estaba el horno: “una calle sin salida”. Antes de la carnicería de Latre estuvo la carpintería de Orquín, José Orquín tocaba en la orquesta Cobalto. Un hermano de José murió en la Guinea Española.

En la panadería, Carmen comenzó de niñera además de ir a vender pan al barrio de la Estación. Subía con Juanito Anoro, tenía un coche grande abierto por la parte de atrás donde ponían los paquetes y maletas. Después de comer, el coche de Anoro paraba en la panadería y Carmen colocaba los sacos con pan, subía a la estación y a las ocho de la tarde volvía. El pan lo vendía en una casa detrás de la iglesia del barrio de la Estación, allí tenían el despacho del pan. Allí conoció a su marido, en el despacho de pan, Julián Latorre de Peralta de Alcofea. Julián trabajaba cargando y descargando en la estación y después marchó a casa Mirasol, “El Recio”, de labrador. Carmen y Julián se casaron en Sariñena y de viaje de novios fueron a Peralta de Alcofea, en tren hasta El Tormillo donde les fueron a buscar. Tuvieron dos hijos, un chico y una chica, aunque Carmen continuó trabajando en el horno: “al mayor me lo llevaba al horno”.

Con el tiempo Carmen comenzó a trabajar para el ayuntamiento de Sariñena, se dedicó a la limpieza y le dieron un piso en el ayuntamiento, junto a los pisos del jefe de Correo y el del secretario, que estaban en la parte de arriba. El piso de Carmen estaba en la planta baja por donde luego ampliaron la antigua biblioteca.

Gracias a Carmen hemos ahondado en la memoria de nuestro pueblo, recorriendo parte de su historia. Carmen siempre ha sido muy conocida y querida en Sariñena y con sus entrañables recuerdos y vivencias hemos disfrutado de un agradable encuentro, ¡Gracias Carmen!.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Las Escuelas Nacionales en los años cincuenta


He decidido comenzar recordando a aquellos maestros y maestras que impartían docencia en nuestra localidad hacia mitad del siglo pasado. Aquellas personas a las que se les trataba con respeto y con la consideración de don o doña fueron: María Dueso, Urbana, María Pilar Pinilla, Pilar ( catalana de Lérida), Carmen Pueyo, Blas Casasús, José Castanera, Pío Toda, Tere Guillén, Mariano Sampietro, Alfonso Aparicio, Ramón de Sena, Emilia Arán,  María Jesús Berdiel, directora y Fausto Gonzalvo, director, entre otros.

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

escuelas-saric3b1ena[240].jpg

Todos ellos debieron adaptarse a la normativa de la Ley de Educación sobre la Enseñanza Primaria de 17 de julio de 1945. En ella se definía a la escuela como una comunidad activa de maestros y escolares, instituida por la familia, la Iglesia o el Estado, como órganos de la educación primaria para la formación cristiana, patriótica e intelectual de la niñez española.

A partir de ahí la vida en la escuela se programó para que chicos y chicas adquirieran unas habilidades que el estado y la sociedad de entonces demandaba. Allí se aprendía cultura general, esfuerzo, disciplina y educación. También se compensaba la insuficiente alimentación de la posguerra. Se hacían funciones teatrales. Se practicaba la horticultura. Y además se  fomentaba la religiosidad y el patriotismo nacional.

escuelas nacioales 013 (2)[237]

El periplo escolar de aquellos alumnos y alumnas de mitad del pasado siglo comenzaba en las clases de párvulos (niños o niñas) , luego debían pasar por cuatro cursos más que se denominaban primer grado (hasta los siete años), segundo grado (desde los siete a los 10) y tercer grado de carácter especial (hasta los doce). A los diez años, los que iban a realizar el bachillerato se presentaban en Huesca a la prueba de ingreso y si la superaban podían estudiarlo por libre o matricularse en algún colegio de la capital.

Cada grado tenía su enciclopedia propia y cada una de ellas englobaba todas las asignaturas. La más utilizada fue la enciclopedia Álvarez.

Las mañanas de un día cualquiera estaban dedicadas a impartir cultura general de 9:30 h. a 12:30 h. y las tardes a labores, trabajos manuales o a llevar el huerto escolar dirigidos por don Blas.

Las niñas de primer y segundo grado disponían de un pequeño paño donde aprendían a hacer punto atrás, hilvanes, vainica, pespuntes,  costuras, ojales, etc.). En tercer grado  ya realizaban  bordados, lagarteras, punto de cruz, festones, patrones de ropa de bebé en papel de seda… Mientras cosían  una compañera les leía  pasajes de algún libro de carácter religioso.

ESCUELAS NACIOALES 012[236].jpg

A media mañana el maestro o maestra repartía entre el alumnado un trozo de queso de color amarillo. Las chicas lo recibían  en clase de doña María y los chicos en sus aulas respectivas . El famoso queso estaba envasado en grandes latas cilíndricas de metal dorado de 5 kilos y seguidamente en el comedor bebían un vaso de leche en polvo. Ambos alimentos llegaron a España a través del plan ASA (Ayuda Social Americana). Entre 1954 y 1963 el gobierno de Franco recibió más de 300.000 toneladas de leche en polvo, venía en grandes bidones de cartón rodeados con flejes metálicos.

Aquellas toneladas se transformaron una vez preparada para su consumo en 3.000 millones de litros.

Aquel comedor escolar donde se repartía la leche también era utilizado al mediodía para dar de comer a los niños que en su casa tenían problemas de subsistencia.  Las cocineras fueron Antonia, Paquita, Luisa y Miguela y los menús consistían, entre otros, en comidas bastante energéticas a base de garbanzos, lentejas, patatas guisadas  con ajo picado y tocino frito; de  segundo abundaba el tocino y de postre dos galletas. Cada semana un profesor o profesora se quedaba a cuidar el comedor y comía con los aproximadamente 25  alumnos que utilizaban ese servicio.

En cuanto a las funciones teatrales se hacían cada dos años y para ello se empleaba un aula de gran tamaño que sólo se dedicaba a este tipo de eventos. La citada clase estaba situada de tal manera que desde  sus ventanas se podían ver la calle del Molino y a las caballerías aliviando su sed en el abrevadero. A aquellas entrañables funciones asistía  toda la escuela, padres y madres, el secretario del ayuntamiento don Fidel Bailo y el concejal Miguel Villacampa. También eran invitadas sor Concepción y sor Felisa por parte del colegio “La Milagrosa”.

 La función del año 1954 tuvo la siguiente programación:

-El Trébole (canción y baile grupal).

-Caperucita Roja y Blancanieves (diálogo a cargo de Pili Villa e Ilda Gómez).

-La Concejala (romance jocoso declamado por María Teresa Calzada).

-Una poesía recitada por Antonio Lobateras.

ESCUELAS NACIOALES 007[233].jpg

En 1956 teatralizaron la obrita titulada “España y sus regiones”. En la primera escena aparecen dialogando entre sí Leonor Encuentra, María Dolores Ezquerra, Pili Tierz  e Ilda Gómez contando ésta, que había tenido un sueño sobre la formación de España. En la siguiente escena aparece Celia Casañola anunciando a Isabel la Católica (papel realizado por Tere Casabón). Al lado de la reina se coloca Pili Alegre representando a España y llamando una a una a  las alumnas que personificaban las distintas regiones: Aragón representado por María Teresa Calzada cantó una jota, Andalucía era Pili López, Galicia era Maribel Nogués y así hasta completar las diecisiete regiones.

En 1958 el alumnado de las nacionales llegó al culmen de  sus habilidades artísticas  en el escenario del cine Victoria.

La religiosidad de esta época llenaba casi todos los momentos de la vida escolar. Aquella gran aula en la que se representaban las funciones también se dedicaba para instalar el belén y cantar villancicos en vísperas de Navidad  o para celebrar durante el mes de mayo (mes de las flores) la Inmaculada Concepción. Para llevar a cabo esta última actividad entraban los alumnos o alumnas en la sala donde estaba colocada la Virgen en un altar adornado con abundantes flores de color blanco. Una alumna rezaba una oración específica de un librito dedicado a la Virgen y, por último, todas juntas cantaban  la canción popular “Con flores a María “ que comenzaba con el “Venid y vamos todos con flores a María…”

Los sábados había clase normal hasta la hora del recreo, después las maestras y las alumnas se reunían en la clase de doña María  para rezar el rosario.

Las clases estaban presididas por un crucifijo y los retratos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.  Antes de entrar se cantaba el “Cara el Sol”  o el “Prietas las Filas”. Llegados al aula  se  rezaba una oración antes de empezar la clase.  También era obligatoria la misa dominical y en los bancos de la iglesia se sentaban cada maestro o maestra con sus alumnos/as.

Por supuesto que la separación del alumnado por sexos era básica en los planes educativos de la época e incluso había dos recreos, uno para chicos y otro para chicas con una puertecilla de comunicación entre ambos que estaba prohibido franquear.

La disciplina era bastante estricta y había pocos que se atrevieran a transgredir las normas establecidas. Las consecuencias podían ser: copiar repetitivamente frases, ser castigado en un rincón de rodillas o de pie, golpes en la mano con palmeta o regla, tirones de orejas o de patillas, dar vueltas al patio, quedarse  sin recreo o alguna bofetada. También les podía pasar lo que les ocurrió a aquellos mozalbetes que fueron pillados “infraganti” robando abugos. Llevados por el guardia hasta el ayuntamiento que presidía por entonces el alcalde Medina, éste determinó que aquella “ banda de robaperas” debía pasar un largo fin de semana aislados en el interior de  las Escuelas Nacionales.  Me contaron que era tal el aislamiento que, incluso, tenían que mingitar a través de los barrotes de las ventanas que daban a la calle del Muro. Aunque de esto último no estoy muy seguro de su veracidad  y más parece que forme parte de las leyendas que generaron aquellos “héroes” de los tiempos difíciles.

ESCUELAS NACIOALES 010[235].jpg

Cualquiera de estas penas podían ser impuestas a los recalcitrantes “peladillas” de la época. La palma y la mala fama se la llevó un maestro que venía en Vespa desde Barbastro. Es de justicia decir que la mayoría de los docentes no practicaban este tipo de  pedagogía y que sus alumnos y alumnas guardan buenos recuerdos de ellos.

Toda esta información ha llegado hasta la revista Quio gracias a la amabilidad de la maestra doña Carmen Pueyo, de las alumnas Ilda Gómez, María Teresa Calzada y algún que otro alumno de aquella época que no desea ser nombrado. Para todos ellos muchas gracias.

Y para terminar disfruten con el romance de la Concejala.

           LA CONCEJALA

Me tienen harta en el pueblo

con tantas habladurías.

¿Quién le mandará a la gente

meterse en las cosas mías?

Porque ya lleva diez años

mi esposo de concejal.

Se cuentan unos infundios…

¡ricontra que están muy mal!

Dice en el pueblo la gente mala:

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

                                                                                                                                                            Porque hemos mercau dos mulas

tres bueyes y un buen jumento

ya dicen los envidiosos

que son del ayuntamiento.

Y no sabe quién tal dice

que de allí no puen sacar

sino algún que otro disgusto

pues de esto… ni siquia un rial.

 

Ayer sin saber por dónde

se me ha perdido un cochino,

se me ha puesto en la cabeza

que lo tiene algún vecino.

Y el alcalde ha puesto un bando

en la puerta del corral

paque traigan insiguida

al puerco del concejal.

Y siguiendo al tamboril

 así dice el pregonero:

¡Lo que ha perdido está tarde

el concejal, es un puerco!.

Dice en el pueblo la gente mala

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

 

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

Seña Pascuala, seña Pascuala

y cómo engorda la Concejala

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

 

 

                                                            Manuel Antonio Corvinos Portella

 

 

Lorenzo Abadías López


La vida de nuestros pueblos es la historia de nuestra gente y la vida de Lorenzo es la vida de un hombre llano, forjado en la vida rural que tanto nos caracteriza. Lorenzo y su mujer Leandra regentaron “El Gorrión” un bar del barrio de la Estación de Sariñena. Tiempos de trasiego y vida, sobre todo de vida de un barrio rebosante de actividad que hoy en día es paradigma de la despoblación y del abandono del medio rural.

Lorenzo (4).jpg

Lorenzo nació en Novales en 1929 en el seno de una familia de agricultores. En casa fueron tres hermanos y aunque fue a la escuela hasta los 13 o 14 años, pronto Lorenzo tuvo que trabajar; “El maestro era hijo de Compaire”. De joven Lorenzo cogió las fiebres de malta, una enfermedad muy normal en aquellos tiempos causada por una bacteria que afectaba, principalmente, a personas que trabajan con animales o productos infectados. Su padre estuvo en la cárcel tras la guerra, lo que obligó a Lorenzo a llevar el huerto y las tierras. A los 10 años ya iba al huerto: “En Novales había bastante huerta y todo era para casa”. Con una burra de su abuelo y una mula de casa iba a labrar al campo, de lo bien que lo hacía los mayores se quedaban sorprendidos: “Tenía una faja muy larga”. En la huerta se ponía mucha patata: “Entonces comenzó a aparecer el cuco de la patata, al principio los quitábamos a mano con mi madre, después llegaron los tratamientos”.

Lorenzo se acuerda de ir a visitar a su padre, estaba trabajando en una carretera  por la zona de Campo o por allí cerca, se encontraba preso en las capuchinas de Barbastro.

Con los años Lorenzo comenzó a trabajar de mozo mayor en Callén, llevaba las tierras de la casa, labraba, sembraba, cosechaba… y apacentaba las mulas: “Fue un año muy seco y no se sacó nada de la tierra”. Luego realizó el servicio militar en Melilla, estuvo 18 meses en transmisiones. Al acabar el servició volvió a Callén, donde estuvo dos años de mozo en otra casa. Pero un año antes de hacer la mili, Lorenzo había conocido a Leandra Peña, quien con el tiempo fue su esposa. La familia de Leandra tenía un bar en Fraella: “Tuvieron la primera televisión del pueblo y la gente acudía al bar para verla”.  Lorenzo y Leandra se casaron en Fraella, donde Lorenzo trabajó para un tío suyo.

Tras unos años de casados se vinieron a vivir al Barrio de La Estación de Sariñena, donde adquirieron el bar “El Gorrión”, Lorenzo por entonces tenía unos 35 años. El bar “El Gorrión” además fue tienda, lo inició la familia Porta y después lo tuvo Rafael. En “El Gorrión” daban comidas y les fue muy bien cuando renovaban las vías: “Entonces había mucha gente en la estación”. También estaban los de las oficinas que se quedaban en casa a dormir y de la harinera alguno se pasaba a tomar algún café. A Lorenzo le regalaban carbón: “En la estación había una gran montaña de carbón para los trenes”.

Casi siempre cocinaba Leandra, algunas veces Lorenzo, aunque más bien pocas, normalmente él estaba en la barra. Además atendían la tienda donde además de comida vendían de todo. “Había días que repartíamos hasta 40 comidas y algunas pocas cenas, unas cuatro o cinco, pues muchos trabajadores bajaban a dormir a Sariñena, sólo algunos dormían en el Cuarto de Agentes”.

Lorenzo y Leandra llevaron el bar y la tienda durante unos treinta años, hasta que se jubilaron. En el mismo bar han hecho la vida, han tenido tres hijos, dos chicos y una chica. “Antes pasaban muchos trenes y paraban todos, había mucho movimiento, ha cambiado mucho la estación”.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

José Casabón Peralta


José Casabón Peralta nació en Sariñena el 23 de diciembre de 1925. Descendiente de familia de herreros, su padre Eloy Casabón acabó siendo mecánico de automóviles, montando el taller familiar “Garajes Casabón”. Tras la guerra civil, la familia de José se vio obligada al exilio a Francia, del cual pudieron regresar con el tiempo y continuar con su vida y el negocio familiar. 

Casabon (3).jpg

A pesar del exilio, José pasó su infancia en Sariñena, jugando a los pitos y a las ingles, se ponían de cuclillas y saltaban por encima. Fue poco a la escuela, pues para la guerra tuvo que abandonarla. Siempre ha estado en el taller junto a su padre, de quien aprendió el oficio de mecánico. Su padre Eloy Casabón Tisaire comenzó trabajando en la herrería con su padre y hermano, pero a Eloy le gustaba mucho más la mecánica: “Arreglaba todo lo que podía”. Así que poco a poco fue aprendiendo mecánica, ya que en aquellos tiempos, en Sariñena, “Sólo había tres o cuatro coches”.

De zagal, Eloy se encargaba de llevar unos cinco litros de combustible a la avioneta que fotografiaba el terreno y que repostaba en la cabañera. Un día aquella avioneta se averió “Eloy la evaluó y le dijo al piloto que si quería la arreglaba”. El piloto sorprendido se rio, pero Eloy le matizó –Eso es la magneto-, a lo que el piloto le respondió -Pues oye, ¡arréglala!- . Finalmente, Eloy la desmontó y la llevó a Huesca para que la arreglasen, mientras aprovecho para estudiar la avioneta, su mecánica, hasta que la pieza regresó. Eloy la montó y la avioneta volvió a volar, entonces Eloy era muy joven.

José siempre ha estado con su padre en el taller, detrás de él aprendiendo todo lo que sabía. Eloy ponía unos tarugos en los pedales de un automóvil y mientras se subía en el estribo enseñaba a conducir a José. En el taller tenían un coche para alquilar, aquel era el que conducía José hasta que aprendió y tuvieron que comprar otro para alquilar.

El primer taller lo montó Eloy camino del río, al principio de la salida de Sariñena a mano derecha, en un pajar grande de un amigo junto a la fábrica de gaseosas de Masueras. Cuando evacuaron Sariñena durante la guerra, su padre se llevó todo lo que pudo del taller y de la casa en un camión, la familia tuvo que abandonar España. De alguna manera, Eloy trató de salvar su medio de vida, la forma de ganarse la vida de la que dependía su familia, pero cuando pasaron a Francia por Sallent, en la frontera tuvo que bascular el camión y abandonarlo todo.

José tenía un hermano y dos hermanas. A Eloy lo cogieron y lo llevaron a un campo de concentración, mientras a ellos se los llevaron a un refugio para mujeres, niñas y niños. Sus hermanas se pusieron a trabajar en una fábrica textil, de hilaturas, y ellos fueron a la escuela, eran los más pequeños. Cuando José cumplió la edad tuvo que dejar la escuela, allí estuvieron cuatro años hasta que alquilaron una casa. Afortunadamente Eloy conoció a un médico del campo que le ayudó a salir, se había puesto malo y le dijo que saliese “Que si no se iba a morir”, al final salió y pudo juntarse con su familia.

Antes, José había ido a buscar trabajo a un taller del pueblo, el dueño viajaba a Paris y cada semana traía dos coches para vender. Los traía en ferrocarril cada fin de semana, eran de la marca Sinca. Eloy fue a trabajar al taller cuando salió del campo frances.

Al tiempo se volvieron a Sariñena, aunque su padre tardó en volver por miedo y se quedó un tiempo más en Francia. En España, José realizó el servicio militar, se había sacado el carnet de conducir de segunda, y durante el servicio transportaba carbón en un camión en una mina en velilla de Cinca a la estación. En Sariñena José se casó con Aurelia Carpi, no han tenido hijos.

IMG_20180911_111638.jpg

Con su padre y un primo montaron de nuevo un taller en Sariñena, se llevaban muy bien y nunca discutían, así que con mucho trabajo y esfuerzo sacaron adelante “Garaje Casabón, Accesorios del Automóvil y Recambio Marías”. Arreglaban de todo, coches, camiones, tractores… y vendían tractores Barreiros. Gozaron de muy buena clientela y con mucho esfuerzo y trabajo sacaron adelante el taller. El taller estuvo en la avenida Huesca, luego hubo un garaje, con una puerta automática donde los críos se colgaban cuando se elevaba. El segundo taller se ubicó en la calle Gasset. Gracias a José por relatarnos su historia, la de un taller muy característico de la historia reciente de Sariñena, de una época de transición, de la tracción animal a los vehículos a motor, de los coches, tractores y camiones.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.