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La fuente del Milagro de la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes


¿Qué diremos de la fuente? La fuente fue la más concurrida, y, en verdad, que disponiendo de un agua tan excelente.

“Desde la Cartuja” S. Ortiz. Nueva España, 13 de mayo de 1954.

El entorno de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes esconde una fuente milagrosa por donde brota el agua en el árido y seco paisaje monegrino, todo un oasis: la fuente del Milagro. Un lugar donde, según la tradición popular, apareció la imagen de la virgen de Nuestra Señora de las Fuentes, dando nombre al monasterio de la orden cartuja, establecido a principios del siglo XVI.

Fuente del Milagro de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes

La fuente se localiza en una vaguada en un pequeño barranco al sur del actual monasterio y la loma contraria donde se encuentran las escasas ruinas del anterior monasterio. Cerca existen unos restos muy ruinosos de una pequeña iglesia. En el fondo, del pequeño y frondoso barranco, encontramos una pequeña construcción, un edificio de planta cuadrangular. Accediendo a su interior, podemos observar una construcción en mampuesto de caliza, abovedado y un suelo que casi siempre suele aparecer inundado. El agua brota a una pileta a través de tres caños que surgen por las bocas de unas figuras de cabezas humanas, en una placa metálica y rectangular con la inscripción – Agua Sulfatos Nitratada -. La placa debió de ser colocada cuando el monasterio fue utilizado como balneario a finales del siglo XIX.

A la izquierda aparece una entrada pequeña, con arco, que da paso a una red de galerías subterráneas que actúan para captar y canalizar el agua hasta la fuente. Las galerías fueron excavadas y parten en dos ramales, uno más corto hacía la derecha y otro a la izquierda mucho más largo que se divide en dos. De acuerdo al SIPCA (Sistema de información del Patrimonio Aragonés) su construcción se sitúa en la edad moderna, entre 1760 a 1790, con alguna reforma entre y 1881 y una restauración relativamente reciente en el 2011 –Tiene una puerta en el primer tramo, utilizada para regular la acumulación del agua. Tras esta puerta el ramal gira hacia la derecha y gira varios metros más hacia el fondo, donde se aprecian conductos para la filtración del agua y canales en el suelo para una mejor calidad del transporte. –

En el 2016, el Grupo de Tecnologías en Entornos Hostiles (GTE) de la Universidad de Zaragoza realizó un levantamiento topográfico de las galerías, cartografiando 220 metros de galerías. El resultado del trabajo se publicó bajo el título “La fuente del milagro, en la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes” (Revista Lucas Mallada nº 18), por José Antonio Rausa, José Luis Villarroel y José Antonio Cuchí.

Levantamiento topográfico. GTE Universidad Zaragoza.

El artículo señala que las galerías fueron excavadas en distintas fases, algunos tramos aparecen revestidos en obra de mampostería tomada con mortero de cal y otros presentan las paredes desnudas, incluso -Conservan huellas de instrumentos metálicos y pequeñas hornacinas-. Las galerías debieron ser excavadas por los mismos cartujos: -Los frailes, conocedores sin duda de las corrientes subterráneas, minaron el terreno en diferentes direcciones y la dotaron de una cantidad suficiente al abasto, no solo del convento, sino de una regular población. Aquí se ve de cuanto es capaz la inteligencia del hombre, aplicada a cosas útiles.- (El Diario de Huesca 27 de noviembre de 1875). Testimonios orales cuentan que debió de existir algún tipo de pozo de ventilación, ya que en la superficie se observaban montículos de piedra donde se situaban.

El agua abandona la construcción y, a través de un reguero, conduce barranco abajo, hasta una pequeña balsa de almacenamiento. La fuente surtió a los monjes de agua de boca, riego y como fuente de energía del molino, apuntan desde SIPCA. -La fuente que riega la huerta, metida en un barranco, debió ser un manantial escaso de agua. También ensayaron el cultivo del olivo y de la vid, pues junto a la casa se ve un hermoso olivar y un campo con varias filas de una y otra planta, hoy lozanas y en completo desarrollo.- (El Diario de Huesca 27 de noviembre de 1875).

Como hemos comentado antes, el conjunto monástico fue transformado como balneario entre 1877 y 1891, según el SIPCA -Debido a la calidad de las aguas, el conjunto fue convertido en balneario durante un breve período tras su desamortización.–

Un nuevo establecimiento balneario se ha abierto en la provincia de Huesca, titulado de la “Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes”. Su excelente agua sulfato nitratada está dando gran resultado para la curación de varias enfermedades.

La Época, 23 de agosto de 1877.

El Globo, 1878

El balneario, fruto de la familia Romeo Belloc, quedó recogido en los medios de la época donde encontramos elogios al balneario y sus aguas. Incluso en una casa de Lanaja apareció una caja de madera para almacenar botellas de agua de boca de la Cartuja de las Fuentes.

La virtud de estas aguas, desconocida del público por espacio de tantos siglos, ha sido notada por el ilustrado propietario de dicha finca, D. Bernabé Francisco Romeo, y analizadas detenidamente, según tengo oído. por bastantes notabilidades médicas de España, los cuales las han encontrado excelentes para curar un sinnúmero de enfermedades. No puedo detallarlas porque no he podido hacerme con un prospecto, a pesar de la diligencia que para ello he puesto; pero esté V. seguro que no han de pasar muchos días sin que de todo me halle enterado, a fin de que por mi conducto lleguen estas cosas a conocimiento de los pacientes lectores de EL DIARIO, quienes de seguro aprovecharán mis noticias para buscar un remedio eficaz que ponga término a sus dolencias, o amengüe por lo menos las que hoy padecen.

Diario de avisos de Zaragoza Sariñena, 27 de junio de 1877.

Diario de Avisos de Zaragoza. Sariñena Editorial.

Querido amigo. Aquí me tienes hace ocho días saboreando los ricos manantiales de agua medicinal de que la naturaleza prodiga en toda clase de medios en bien de la humanidad, ha dotado a este establecimiento.

Cartuja de las fuentes (Sariñena) 24 de julio de 1877.

Diario de Avisos de Zaragoza. Sariñena Editorial.

Aquí se respira; el embalsamado y fresco ambiente vivifica, la temperatura primaveral que se disfruta reanima; y si a esto se añade los benéficos auxilios que proporciona la fuente medicinal, cuyas cristalinas aguas parece que incitan al más displicente y desfallecido, te con vencerás de la oportunidad de mi venida aquí, como el año pasado.

Cartuja de las fuentes (Sariñena) 24 de julio de 1878

Actualmente el agua no se puede considerar apta para el consumo humano. Este aspecto lo señala SIPCA  -Aunque la fuente continúa manando y sus propiedades son muy apreciadas por la población del entorno, carece de aprovechamiento, ya que, según los vecinos, debe ser consumida en el mismo lugar, pues pierde sus propiedades si es almacenada y transportada.–

Es el trabajo de José Antonio Rausa, José Luis Villarroel y José Antonio Cuchí, quien aporta un reciente análisis del agua de la fuente. Dicho análisis concluye: -Sin poder evaluar el efecto sobre la salud de los monjes y el fracaso del balneario a finales del siglo XIX, incluso en la actualidad, que el agua podría presentar problemas para su ingesta sin tratar.- Lo curioso es que cada uno de los dos tramos da un tipo de agua diferente, viéndose el tramo derecho afectado por el regadío frente al de la izquierda de tierras de secano -Uno más salino y cálido (galería principal y ramal oeste) procedente del acuífero del saso, en secano, y otro (galería norte) procedente de infiltraciones del cercano regadío. Hay que señalar que la cartuja se encuentra en el límite de la zona regada por el canal de Monegros.–

Sobre su carácter “Sulfatos Nitratadas”, el trabajo señala que, por lo general, -Las aguas subterráneas de la zona central de los Monegros suelen tener una composición tipo sulfatado sódico. – Mientras que las aguas del sistema de riego, procedentes del Gállego y del Cinca, tienen una composición bicarbonatado cálcica.– Sobre la característica de aguas nitratadas, actualmente se puede explicar por la presencia de una colonia de murciélagos en su interior a pesar de la actividad ganadera intensiva que conlleva una nitrificación de las aguas.

En definitiva, el agua del manantial es distinta al agua original y ha sufrido alteraciones, una “contaminación” modificando sus características y propiedades. Pero, ¿Cómo sería el agua del manantial? ¿Qué propiedades tenía?. Afortunadamente contamos con un análisis de sus aguas en torno a 1878, cuando el monasterio era balneario. El análisis fue elaborado por parte de la Escuela de Minas y aparece recogido en las memorias de la comisión del mapa geológico de España de 1878, en la descripción física y geológica de la provincia de Huesca desarrollado por Lucas Mallada. 

Entre el aluvión que cubre los derrames de la sierra de Alcubierre brota la fuente mineral de la Cartuja de Lanaja, a la que se ha pretendido dar importancia en estos Últimos años. Es muy abundarle, pues llega a 20 litros por minuto su caudal; brota á la temperatura de 17°, siendo 16° la del aire atmosférico; es de sabor algo salino, tiene una limpidez perfecta y se observan en ella algunas burbujas gaseosas muy fugaces. Cien litros de agua contienen, según análisis efectuada en la Escuela de Minas, las cantidades siguientes:

                                                            Gramos.

Carbonato sódico                             Indicios.

Carbonato ferroso                            Indicios.

Sulfato cálcico                                   35,00

Sulfato potásico                                4,30

Sulfato sódico.                                 39,70 

Cloruro sódico                                   10,40

Cloruro magnésico                           23,20

Nitrato magnésico                           27,20

Total                                                  139,80

La analítica aporta una interesantísima y valiosa información sobre la calidad del agua antes de su alteración. Con un caudal de unos 20 litros por minuto, el agua destacaba por su buena temperatura, casi ambiente, con un sabor salino, propio de Los Monegros, clara y limpia y con unas burbujas gaseosas “muy fugaces” fruto de los carbonatos. No obstante, las cantidades estudiadas responden a gramos por cada 100 litros de agua cuando lo propio son miligramos por litro:   

                                                            mgr/l

Carbonato sódico                             Indicios.

Carbonato ferroso                            Indicios.

Sulfato cálcico                                   350,00

Sulfato potásico                                43,00

Sulfato sódico.                                 397.00 

Cloruro sódico                                   104,0

Cloruro magnésico                           232,00

Nitrato magnésico                           272,00

Total                                                  1398,00

De acuerdo a los datos, las aguas correspondían a aguas sulfatadas, propias de zonas secas y áridas como son Los Monegros. Los sulfatos aparecen en diferentes proporciones, tanto cálcico, potásico y sódico. Estas aguas sulfatadas estimulan las funciones orgánicas, principalmente del sistema digestivo, utilizadas en discinesias biliares, así como también hepato-protectoras y purgantes.

Agua de la cartuja de las Fuentes

La sal, también presente de cloruro de magnesio, previene la formación de cálculos renales, así como también la prevención de lesiones musculares y equilibrante del pH sanguíneo. La salinidad, dada por el cloruro sódico, no es limitante para su consumo como agua de boca, aunque para su ingesta, actualmente, sería necesario un informe bacteriológico para saber si era muy potable.

Los nitratos son muy bajos, por lo que la anunciada cualidad nitrosa no se ve reflejada en el análisis.

En definitiva, las aguas correspondieron a aguas medicinales con diversas propiedades curativas. Un oasis brotando en los secos Los Monegros, respondiendo a un milagro doble, el manantial y la virgen, dando origen y vida al monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Todo un milagro.

Constantino Escuer Murillo


Constantino Escuer Murillo es de Perdiguera, donde todo el mundo le conoce como Costán. Es agricultor, dedicándose al cultivo de cereales de secano, almendros y un pequeño olivar de donde saca el aceite que consume. Disfruta mucho con un buen libro y le gusta observar todo lo que la naturaleza le ofrece, especialmente en el mundo de la entomología y de la botánica. También le interesa mucho todo lo relacionado con la historia de su pueblo, Perdiguera, ya sea investigando en los archivos municipales o recopilando fotografías antiguas.

Costán lleva prácticamente desde el principio vinculado a la revista Montesnegros, como colaborador y parte del equipo de redacción. Con motivo del trigésimo aniversario de la revista Montesnegros (Montesnegros, 30 años), nos adentramos a conocer a parte de sus colaboradores y, a modo de entrevista, sus pueblos, la revista Montesnegros y una significación sobre nuestra tierra: Los Monegros.

Perdiguera

Mis recuerdos de infancia son de un pueblo todavía en blanco y negro, con calles de tierra, iluminación escasa, agua recogida en aljibes y con una agricultura que comenzaba a cambiar las caballerías por los primeros tractores.

En la escuela todavía se separaba a los niños de las niñas y cuando salías, a casa a buscar la merienda y a jugar por las eras.

Según íbamos creciendo, el pueblo iba cambiando, llegó el asfaltado de las calles, el cambio de las viejas bombillas por farolas (recuerdo que el día que las estrenaron, cogí a mi abuelo por la mano, lo saqué a la calle y le dije: mira abuelo, parece que es de día), vino el agua corriente con su red de vertido, se construyó la piscina municipal, comenzó la restauración de edificios como la iglesia y el ayuntamiento, se creó la cooperativa, más tarde se hizo la concentración parcelaria y se construyó un centro multiusos…

En fin, Perdiguera fue modernizándose, cambiando en lo físico, pero también fue cambiando su población, que se iba marchando en un goteo constante hacia la ciudad y que pasó de estar ocupada en su gran mayoría en la agricultura a buscar nuevas salidas laborales.

Producto de esa pérdida de población fue la venta por parte del ayuntamiento de dos parcelas municipales para hacer dos urbanizaciones que sumasen nuevos habitantes a una población que se iba quedando pequeña y envejecida. Esto hizo que gente proveniente de distintos sitios, viniese a vivir a Perdiguera, integrándose con quienes ya vivíamos aquí y supuso una enorme revitalización para el pueblo y para su escuela.

Y aquí es donde ahora nos encontramos, en una localidad con buenos servicios, buena calidad de vida, pero que no obstante, comienza de nuevo a perder población.

Montesnegros

Hace ahora treinta años, yo era concejal de cultura cuando Antonio Letosa vino, con una revista que dirigía en Leciñena y que ya llevaba publicados dos números, a invitarnos a participar en ella junto a los vecinos pueblos de Farlete y Monegrillo,.

Reunidos con un pequeño grupo de vecinos comprometidos con la cultura, escuchamos su propuesta y le dijimos que podía contar con nosotros. Allí comenzó mi andadura en la revista como coordinador y articulista en Montesnegros.

Desde aquellos inicios, he participado con la redacción de setenta artículos y todavía sigo siendo el coordinador de la revista en Perdiguera.

La mayoría de mis artículos tienen relación con la naturaleza de nuestra zona. Comencé  con la botánica y ahora escribo sobre todo sobre la rica biodiversidad de invertebrados que tenemos en Los Monegros.

Como ya dije, me interesa mucho la historia de mi pueblo, Perdiguera, y he dedicado también varios artículos a escribir sobre mis investigaciones en los archivos municipales. Reconozco que estoy muy satisfecho de lo que he escrito en este campo, sobre todo lo relativo al uso del agua y en especial de uno dedicado a la presencia de lobos y linces en nuestra sierra.

La revista Montesnegros es el resultado del compromiso con la cultura de un buen número de personas, que altruistamente, ponen sus conocimientos y sus diferentes sensibilidades a disposición de sus conciudadanos.

Es una ventana abierta al pasado, al presenta y al futuro de nuestros pueblos, desde la que podemos ver pasar los diferentes aspectos de conforman nuestra idiosincrasia en temas como la cultura, el deporte, la salud, el trabajo, la naturaleza, la historia…

Que haya llegado a cumplir treinta años, con la participación de 550 personas y cerca de 2000 artículos es un hecho casi sin precedentes en el mundo de las revistas comarcales o locales y nos habla de una revista viva, que se va adaptando a los tiempos, cambiando cuando es necesario formato, contenido y diseño, pero sin perder un ápice su calidad.

Montesnegros es un nexo de unión entre los pueblos que participan en la confección de la revista y sé de primera mano, que sus lectores más fieles reciben con especial cariño cada número que se reparte, guardándolo en sus colecciones particulares.

Montesnegros es CULTURA con mayúsculas.

Los Monegros

Los Monegros son la tierra donde se anclan mis raíces y las de mis antepasados.

Es una comarca que por sus especiales condiciones (clima, suelo…) nunca ha puesto la vida fácil a quienes la habitamos, ya seamos personas, flora o fauna.

Esto, sumado a la actual tendencia de la población a desplazarse para vivir en las grandes ciudades ha supuesto una pérdida constante de población, especialmente en los últimos tiempos.

Pero quienes aquí resistimos y vivimos, tenemos la satisfacción de poblar una tierra con unos extraordinarios paisajes y una biodiversidad apabullante que nos sale al encuentro en cada recodo del camino.

La resistencia y la solidaridad son los valores que hacen de Los Monegros un lugar donde la vida se abre camino y se disfruta pese a las dificultades.

                                                                                                                  

Los bosques de Los Monegros


Miguel Ortega, naturalista y etnógrafo, nos adentra en un maravilloso artículo en los bosques de Los Monegros. Un viaje fascinante a sus entrañas a través de todo un enamorado de Los Monegros que lleva tiempo descubriendo su increíble naturaleza, única y singular y de una extraordinaria riqueza y biodiversidad. Su trabajo se puede seguir por medio de sus páginas webs arboreo.org y Territorio inquieto además de su canal de YouTube.

Texto y fotografías: Miguel Ortega.

Pinar de pino carrasco en la solana de la sierra, Monegrillo.

El propio título ya parece un contrasentido, muchos opinarán que como va a haber bosques en Monegros si es un desierto; y otros recordando la leyenda de la ardilla capaz de cruzar Iberia sin poner el pie en el suelo, se imaginaran un Monegros primigenio selvático, ni unos tienen razón.

Otro problema es al propia definición de bosque, para los botánicos en un bosque las copas de los árboles proyectan tanta sombra en el suelo, que la flora de debajo de los ellos es diferente de la de las zonas sin árboles, y esta definición como veremos es muy difícil que se de en Los Monegros, por lo que usaremos el término bosque como sinónimo de masa forestal o de arbolado más o menos disperso.

Antes de continuar tenemos que tener en cuenta el espacio físico, Los Monegros es la parte central del Valle del Ebro, valle rodeado de altas montañas (Pirineos, Sistema Ibérico, Costero Catalana) que interceptan los frentes de nubes, vengan de donde vengan, por lo que en la zona central del valle desde el momento de su formación geológica siempre ha llovido menos que en las zonas que lo rodean; de manera que la escasez de agua es una constante ; y como zona interior, su clima contrastado frío en invierno y caluroso en verano, también lo es.

Aún así, y tanto por los registros históricos como a través de estudios de polen conservado en los sedimentos, sabemos que en Los Monegros siempre ha habido árboles y bosques. Pero la densidad de los mismos habrá dependido de variaciones en el clima y perturbaciones como los incendios, así como de la actividad humana. Respecto a esto último si observáis fotos de zonas del Pirineo de hace 100 años veréis que había muy pocos bosques, y eso que son zonas donde abundancia de las precipitaciones favorece a los árboles, y ese estado era por el uso que se hacia de madera y leña, y las roturaciones para crear campos de cultivo y pastos; es fácil deducir si en los Los Monegros hay poblamiento desde antiguo, con las mismas necesidades de superficies de cultivo y pastos, y de leña y madera, pero con menos humedad, la presencia de árboles es más complicada, salvo en los lugares con una estricta reglamentación como los vedados.

Donde no crecen árboles, el color banco es debido a la acumulación de sales a pesar de la presencia de agua cerca de la superficie. Laguna del complejo Bujaraloz-Sástgo

Aunque no hay consenso total sobre el tema, el panorama de Los Monegros sin intervención humana podría ser de arbolado, con una densidad más alta en la zonas de umbría de la sierra, que se iría aclarando y cambiando de especies según aumentaba la sequedad y empeoraba la calidad del suelo y con ello su capacidad de retener humedad. La masa forestal tampoco seria uniforme, los incendios dejarían zonas abiertas que los grandes herbívoros mantendrían un tiempo despejadas hasta la recuperación forestal; más o menos como ocurriría en otras zonas, existiendo bosques con rodales no uniformes y con árboles en varias etapas de crecimiento. Solo faltaría el arbolado en las zonas con exceso de sal en el suelo, en las laderas orientadas al sur cuya pendiente y suelo escaso impediría el establecimiento de una vegetación más allá de la esteparia con sus plantas de origen Norteafricano y de Asia Central, y por supuesto en las zonas donde la erosión dejara en superficie las rocas y el suelo mineral, (la existencia de sales y yesos no facilita la recuperación). El suelo expuesto, sin la protección de la vegetación es fácilmente retirado por el viento y el agua de escorrentía.

Con la roturación para la creación de pastos, y de campos, el aprovechamiento de leñas y maderas, intensificado al aumentar la población, redujo la superficie forestal; y lo que es peor y de más difícil recuperación, la perdida de suelo y la consíguete erosión. Este el momento a partir del cual la vegetación esteparia se extiende y se mantiene por la presión del ganado. Y ahora que ha disminuido la ganadería extensiva, y se abandonan pastos, muchas superficies forestales se van recuperando y aparecen árboles, donde nadie recuerda haberlos visto.

Los suelos erosionados ricos en yeso, la pendiente, el exceso de pastoreo de épocas pasadas, la escasez de precipitaciones, incluso la inversión térmica, dificultan el establecimiento de la vegetación, por eso aparecen matas separadas. Pero en la umbría, el lado izquierdo de la foto, esta es más densa y unos pinos han comenzado a crecer, nos indican la capacidad de regeneración de la naturaleza a poco que mejoren las condiciones y si le damos tiempo.

Ahora que ya sabemos que en Monegros si que debería haber más bosques y el porque no los hay, podemos pasar a ver que árboles los van a formar.

Las plantas y por supuesto los árboles son un fiel reflejo de las condiciones ambientales del lugar donde viven, y sobre todo del clima. Modificando la cantidad de agua de las precipitaciones (altitud, orientación, capacidad del suelo para acumular el agua) y también de las temperaturas (sobre todo por la altitud) veremos como unas especies sustituyen a otras, en un recorrido ideal desde las umbría de la Sierra de Alcubierre a las orillas del Ebro.

Aunque recibieran la misma cantidad de precipitación, la solana y la umbría de la Sierra, la menor insolación de esta última y por lo tanto menores temperaturas y menor evaporación hará que siempre sea un poco más húmeda, lo suficiente como para que en su parte más alta no solo encontramos, carrascas sino también robles quejigos e incluso arces de montpelier, que compensan la alta luminosidad de sus cielos (hay pocos días nublados que la atenúen) durante la época vegetativa, y unos recursos hídricos muchos años al limite, con hojas de menor tamaño pues cuanto menor es la superficie de la hoja menos pérdida de agua por transpiración, y por lo tanto mayor resistencia a la sequía.

Por debajo, en lugares con menor humedad, orientación sur o pendientes que no retiene bien el agua, va a dominar un árbol muy mediterráneo, seguramente el que es capaz de vivir con menos precipitaciones (150 mm) es el pino carrasco. Este es un árbol de “vida corta” eso quiere decir que no suele superar el par de siglos, y en parte es debido a su estrategia frente a los incendios, en lugar de rebrotar desde las raíces como hacen otras plantas leñosas de la zona (carrasca, roble, coscoja, boj, enebro), lo que hace es acumular semillas año a año (de ahí sus características copas repletas de piñas), cuando llegue el incendio el árbol perecerá pero quedaran sus abundantes semillas, que estimuladas tanto por la temperatura como por algunos compuestos químicos liberados con la combustión, germinaran en un suelo sin competencia por el agua, rico en nutrientes por la ceniza; y en tal densidad que compiten entre ellos y tienen que auto aclarase para desarrollarse convenientemente. El problema para este pino no es la existencia del incendio sino su frecuencia, demasiado pronto no tiene suficiente cantidad de semillas, si los incendios se distancias demasiado sus semillas es posible que ya no sean fértiles y no germinen.

En uno de estos pinares bien desarrollados, la vegetación que prospera bajo ellos, no difiere de la que hay en las zonas sin pinos (no seria un autentico bosque como hemos comentado al principio) por eso los botánicos denominan esta formación coscojar aragonés, y no pinar.

Ya hemos comentado que este pino es muy mediterráneo, resiste las sequías y el calor, pero no así el frío, por eso en las zonas más deprimidas de Los Monegros, donde se produce la inversión térmica es sustituido por otro árbol aún más frugal y sufridor.

A la izquierda arriba en la ladera sin labrar pinos carrascos, abajo entre la fajas de los campos sabinas. El nivel de la inversión térmica de invierno explica esta separación, Pallaruelo de Monegros.

La existencia de un sabinar de sabina albar en Los Monegros es una de sus muchas singularidades, es el lugar del mundo donde vive con diferencia a menor altitud, y si esta aquí es por el frío invernal, lo de la sequedad simplemente lo soporta. Este es un árbol típico de las parameras ibéricas, lugares fríos que comparte con la carrasca y el roble quejigo, pero ocupando los suelos de peor calidad como los muy pedregosos; pues es un árbol de pleno sol y no soporta crecer bajo la sombra de otras especies de mayor desarrollo.

La pregunta es ¿entonces como puede vivir en Los Monegros?, pues aprovechando donde no tiene competencia, como las depresiones donde se acumula el frío, con sus nieblas heladas y la escarcha formando el dorondón, aquí ningún otro árbol le hará sombra, y (nunca mejor expresado), demasiado frío para el pino carrasco y demasiado seco para la carrasca y el quejigo.

Umbria de la sierra de Lanaja, entre pinos y sabinas van apareciendo carrascas, quejigos y arces que se ven mejor en otoño con el cambio de hoja.

A través de sus anillos de crecimiento (de menos de 1 mm), podemos comprobar como es capaz de sobrevivir con esta sequedad, pues es un árbol que con buenas condiciones, en fondos de vales o los años lluviosos, puede tener grandes crecimientos (anillos de cerca de10 mm). Con las lluvias de primavera el árbol va creciendo pero llegando el verano deja de crecer, entra en descanso pues no tiene suficiente agua, y así espera hasta final del verano o en otoño, si cae suficiente agua vuelve a crecer, y no dejará de hacerlo hasta la llegada del frío cuando el resto de árboles ya están en descanso, en su tronco queda registrado con un falso anillo en cada momento de crecimiento a lo largo de un mismo año. Así  con esta frugalidad, plasticidad y sabiendo aprovechar el momento nos podemos encontrar con estas grandes sabinas en Los Monegros (que por cierto, no se ha comprobado de una forma científica que ninguna sea milenaria).

Texto y fotografías: Miguel Ortega.

Recomendable:

Arboreo Monegros.
Crónica de: Por las estepas de Monegros.
Paseando por la naturaleza nº3: Por las estepas de Monegros.
Agua escurriente (Paseando por la naturaleza nº 12).
Un poco de agua es demasiado.
Qué ocurre en Monegros durante una ola de calor.

Geología de Los Monegros


Los Monegros se caracterizan por su interesante geología, formaciones litológicas variadas que favorecen la creación de diferentes formas de relieve y que contienen un importante registro de la evolución sedimentológica y climática de la Cuenca del Ebro durante el Mioceno. Sus estratos contienen diversos yacimientos de micromamíferos fósiles y ofrecen un registro magnetoestratigráfico continuo que permite datar, con precisión, todos los acontecimientos geológicos acaecidos en la zona. Su geomorfología, asociada a unos suelos y una flora típica de estepa árida, producen, en conjunto, paisajes singulares que se asocian a zonas semi-desérticas.

A través de Concha Arenas Abad y Gonzalo Pardo Tirapu, geólogos de la Universidad de Zaragoza, y Manuel Pérez Pueyo, geólogo alcoberreño, descubrimos su formación y evolución y nos adentramos en aspectos de la geología de Los Monegros, incluidas algunas de sus peculiaridades geológicas. En definitiva, Los Monegros son un territorio donde la erosión, a pesar de la escasez hídrica, han desempeñado un papel fundamental y los estratos son como un libro abierto a nuestro pasado geológico.

Por Concha Arenas Abad, Gonzalo Pardo Tirapu, Manuel Pérez Pueyo y Joaquín Ruiz Gaspar.

Los geólogos Concha Arenas y Manuel Pérez interpretando los estratos.

Formación

Los Monegros se sitúan en la parte central de la Cuenca del Ebro, una cuenca sedimentaria formada durante el Cenozoico como consecuencia de la aproximación entre las placas Euroasiática y Africana que se inició hace unos 84 Ma. Esta aproximación afectó a la placa Ibérica, situada entre Europa y África, e hizo que se elevaran los sedimentos depositados en cuencas marinas anteriores, dando lugar a la cordillera de los Pirineos, el Sistema Ibérico y la cordillera Costera Catalana. En medio de estas tres cordilleras quedó una depresión, la Cuenca cenozoica del Ebro. Desde el final del Eoceno (aproximadamente hace 36 Ma; Costa et al., 2010) la Cuenca del Ebro dejó de tener conexión con el Océano Atlántico. Al quedar sin salida al mar (situación de endorreísmo), la cuenca fue ocupada por sistemas aluviales que depositaban gravas, arenas y arcillas procedentes de la erosión de los relieves limitantes. Estos sistemas sedimentarios alimentaban áreas lacustres localizadas en la parte central de la cuenca. Las fluctuaciones en los aportes hídricos de los sistemas aluviales produjeron cambios en las características de los lagos, depositando en ellos diferentes capas sedimentarias, básicamente calizas y margas durante épocas de más humedad, y yesos y halita en los momentos de más aridez.

Mapa geológico que muestra la distribución de las UTS en la cuenca del Ebro (T1 a T8; modificado de Muñoz et al., 2002) y la ubicación de los ríos Luna, Huesca y Los Fayos. (modificado de Arenas et al., 2001). Áreas y tramos de estudio: SA, Sierra de Alcubierre (tramos: 1, Ontiñena; 2, Albalatillo; 3, Lanaja; 4, San Caprasio); MC, Montes de Castejón (secciones 5: Esteban; 6: Castillo de Sora); SF, zona San Felices (tramo 7, San Felices-Agüero). BR: Bardenas Reales (tramos: 8, Sancho Abarca; 9, Pico del Fraile; 10, Cabezo de Marijuán); TA: Comarca de Tarazona (tramos: 11, Lugar-Melero; 12, Umbría Alta). Tomado de Pérez Rivarés et al. (2016).

La zona de Los Monegros se nutrió principalmente del “sistema fluvial de Huesca”, denominado así por Hirst y Nichols (1986), proveniente de la zona oeste de la Unidad surpirenaica central, que aportaba sedimentos finos, arenas y arcillas, sin cargas gruesas. Pero además, en el área de Los Monegros se encuentran depósitos de calizas, margas y yesos que se formaron en lagos extensos, cuyo registro más continuo se encuentra en la Sierra de Alcubierre. Esos lagos registraron tanto fases de alta salinidad, en correspondencia con etapas de aridez, con formación de yeso, como fases más húmedas, con formación de calizas y margas ricas en fauna y flora de agua dulce. Entre la fauna se encuentran gasterópodos, bivalvos y ostrácodos. En el entorno vivirían vertebrados, como roedores. La flora lacustre estaría formada por plantas subacuáticas, por ejemplo, algas calcáreas (charophyta) y otras hidrófilas.

Afloramientos de yesos entre margas y calizas.

Hacia la mitad del Mioceno medio (aproximadamente hace 14,4 Ma), se produjo un avance de los sistemas fluviales pirenaicos que causó el desplazamiento de los sistemas lacustres hacia el sur. Este fenómeno se registra en la parte más alta de la Sierra de Alcubierre. De ese momento se conservan en los antiguos depósitos fluviales fragmentos de troncos de sauce, testimonio de la existencia de bosques de ribera.

Modelo teórico de facies para un sistema asimétrico para el mioceno central de la cuenca del Ebro desde el Pirineo hasta los márgenes Ibéricos. Arenas and pardo (1999).

A partir del Mioceno superior, en un momento entre hace 11,5 y 8,5 Ma, la Cuenca del Ebro se empezó a abrir al Mar Mediterráneo, a partir de un proto-Ebro que drenaba la cordillera Costero Catalana (García Castellanos et al., 2003). La erosión remontante de este río comenzó por las zonas más próximas al mar y evolucionó hacia el oeste, alcanzando la Cuenca del Ebro, donde se produjo la eliminación parcial de los depósitos lacustres y aluviales, con la captura los ríos de los Pirineos y la Ibérica. Se fue modelando el relieve hasta la situación actual, con muelas y sierras en la parte central, separadas por el río Ebro y sus afluentes. Es decir, en esta fase exorreica se produjo el “vaciado erosivo” de la cuenca con eliminación parcial de los depósitos acumulados anteriormente, que fueron transportados hacia el Mar Mediterráneo en un volumen que se ha calculado en 30.000 km3 (García Castellanos et al., 2003). En resumen, se desarrolló el modelado del relieve actual que aún continúa, una erosión diferencial que ha dado forma a paisajes y parajes espectaculares como los barrancos de La Estiva y del Bujal en la Sierra de Alcubierre, o zonas como el monte de Cajal, Gabarda o Jubierre, e igualmente los característicos torrollones. Muchas de estas zonas están declaradas como LIG (Lugar de Interés Geológico).

Modelo de facies lacustres para las unidades T5, T6 y T7. Modificado por Arenas y pardo (1999)

La sierra de Alcubierre: un registro excepcional del clima pasado

La sierra de Alcubierre constituye un registro sedimentario muy importante, con afloramientos excepcionales, donde es posible estudiar una sucesión de fenómenos y procesos a lo largo de millones de años. La sierra de Alcubierre, junto con otros relieves, como los Montes de Castejón, la Muela de Zaragoza y la Muela de Borja, quedan como testigos de lo que fue la Cuenca del Ebro y su evolución hasta la actual Depresión del Ebro. A la vez, la interpretación de los procesos registrados en las sucesiones de rocas de la sierra permite conocer cómo era el clima del pasado, observando que ha tenido una gran variabilidad dentro de una tendencia general a lo largo del Mioceno.

Corte geológico Sierra Alcubierre. Arenas y Pardo (1999); Pérez-Rivarés (2016)

La sierra de Alcubierre presenta tres unidades de depósito (Arenas, 1993; Arenas et al., 2007):

  • La parte más baja y antigua contiene depósitos con predominio de yesos y margas en la zona más central, mientras que hacia el norte y el este hay mayor presencia de calizas, p. ej. hacia la zona de Lanaja, y de areniscas y arcillas hacia Albalatillo y Pallaruelo de Monegros. Se ha asignado a una unidad de depósito denominada T5.
  • En el nivel intermedio se encuentra gran abundancia de calizas y margas con pequeñas intercalaciones de yesos; especialmente peculiar es la intercalación conocida como Miembro Perdiguera. Todo este conjunto se asigna a la unidad de depósito T6.
  • En las partes más altas de la sierra, San Caprasio y Monte Oscuro, litológicamente, de más a menos abundantes se hallan lutitas (arcillas y limos), areniscas, calizas y margas. Se corresponde con la unidad de depósito T7. En esta unidad hay huesos de roedores que han ayudado a datar como Mioceno medio ese intervalo.
Mapas geológicos y cortes transversales de las zonas de la Sierra de Alcubierre y Montes de Castejón (A) y Tarazona (B). Las secciones magnetoestratigráficas donde los límites de TSU son reconocidos se indican (T4/T5, T5/T6 y T6/T7). Tomado de Pérez Rivarés et al. (2016).

Las edades de estas unidades, según los datos magnetoestratigráficos, calibrados con bioestratigrafía y un punto con datación absoluta son (Pérez Rivarés, 2016): la unidad T5 entre los 20,8±0,66 y los 16,2±0,14 Ma; la unidad T6 se prolonga hasta los 14,3±0,15 Ma, y la unidad T7 termina hacia los 13,4 Ma en San Caprasio. No se conoce con precisión la edad del límite superior de esta unidad; se sabe es más moderno de los 12 Ma en áreas de la parte oeste de la Cuenca del Ebro.

Los estudios sedimentológicos, mineralógicos y geoquímicos sugieren que, en el registro de la Sierra de Alcubierre, el clima evolucionó hacia condiciones más húmedas a lo largo del Mioceno. Sin embargo, se detectan variaciones del clima a menor escala, que quedan reflejadas por la alternancia de intervalos ricos en evaporitas (yeso), estromatolitos y/o calizas laminadas, e intervalos ricos en calizas con fósiles de agua dulce, bioturbación por raíces e insectos, y margas. Representan, respectivamente, etapas de más aridez, con condiciones salinas y menor lámina de agua, y etapas de más humedad, con agua dulce y expansión del área lacustre. Estas etapas alternan en el tiempo según ciclos astronómicos de la órbita terrestre de distinta duración que causan cambios en el clima. Así, a gran escala, la unidad T6 correspondería a una expansión del sistema lacustre respecto al de la unidad T5, mientras que la unidad T7 refleja un avance hacia el sur del sistema fluvial de Huesca.

Arenas and Pardo (1999)

También hay que señalar que los diferentes estratos están dispuestos prácticamente horizontales. No obstante, por la zona cercana a Villamayor se observan algunos plegamientos debidos a la plasticidad de las rocas evaporíticas ante cualquier deformación; se observan, por ejemplo, en los taludes de la carretera de Sariñena a Zaragoza. Tales pliegues suelen ser debidos a hundimientos por disolución del sustrato yesífero.

Unidades litográficas y tectosedimentarias en la sierra de Alcubierre.

Salinas, lagos salados

Así pues, las épocas secas se han traducido en el registro geológico de Los Monegros en los extensos afloramientos de yesos que vemos hoy. Un proceso similar actual es la dinámica de las saladas de Bujaraloz, donde en condiciones de aridez, debido a la evaporación, se concentran las sales. La escasez de precipitaciones y la gran evaporación favorecen el depósito de minerales solubles en general, en particular sales sulfatadas y cloruradas, tanto en las saladas como en los poros del sedimento cercano, creando un ecosistema muy específico y singular, con su propia biodiversidad.

Estromatolitos

Una de las curiosidades de la sierra observable en cualquiera de las tres unidades de depósito es la presencia de estromatolitos. Se trata de estructuras minerales, normalmente calcita y dolomita, que se caracterizan por su laminación fina. Pueden tener geometrías de pequeños domos. Los estromatolitos se originan en relación con tapices microbianos (habitualmente bacterias, y entre ellas cianobacterias) que viven sobre el fondo de zonas acuáticas, y que favorecen la precipitación mineral y la fijación de partículas carbonatadas produciendo finas películas que se acumulan a lo largo del tiempo. Los estromatolitos de la sierra de Alcubierre van asociados a periodos secos y suelen aparecer en calizas y dolomías. Son rocas sedimentarias y a la vez estructuras bio-sedimentarias formadas gracias a la acción de seres vivos. La actividad fotosintética de las cianobacterias en grandes concentraciones, (por ejemplo, el típico verdín que se forma en algunas zonas con agua) favorece la precipitación de carbonatos. El resultado es una sucesión laminada de tapices de cianobacterias fosilizadas.


Estromatolitos en los estratos de calizos
Corte de estromatolito.

Fotografías: Concha Arenas.

Capa de cenizas volcánicas

Otra de las curiosidades de Los Monegros es la presencia de una capa de cenizas volcánicas entre los estratos de margas, areniscas y calizas de la unidad T5; la capa presenta un color rosado, gris claro o verdoso, y un espesor en torno a los 4-8 cm. Se reconoce en diferentes lugares de Los Monegros y sirve como nivel de correlación, dado que, transportadas por el viento, su depósito se realizó instantáneamente a la escala del tiempo geológico. La capa fue encontrada por primera vez por doctorandos anglosajones (Hirst, 1983). Posteriormente, varios investigadores de la Universidad de Zaragoza y de otras instituciones realizaron el estudio sedimentológico, el mineralógico y su datación. Está formada por ceolitas (analcima), feldespatos, cuarzo y esmectitas (Bauluz et al., 1994). Una datación muy exacta y precisa mediante 40Ar-39Ar de 19,3±0,7 millones de años (Odin et al., 1997), que resulta muy útil para conocer la edad de los diferentes estratos, pues es un punto de anclaje con la escala de tiempo de polaridad geomagnética.

Estructuras de tormenta

En los sedimentos lacustres monegrinos se encuentran testimonios de que las masas de agua en que se depositaron estuvieron sometidas a episodios de fuerte oleaje de tormentas. Se trata de estratos de calizas (a veces dolomías) que contienen láminas formadas por granos de cuarzo o de caliza (de tamaño arena o limo). Los conjuntos de láminas forman pequeños montecillos y depresiones, de varios decímetros de altura y separados lateralmente unos decímetros. Esta estructura es un tipo de estratificación cruzada particular, denominada hummocky cross stratification por los anglosajones –o HCS en abreviatura–, cuya traducción sería estratificación cruzada en montículos. La formación de esta estructura tiene lugar a mayor profundidad que las rizaduras de oleaje de buen tiempo (“ripples”) y requiere, además de intensos flujos de oscilación, flujos unidireccionales dirigidos desde la orilla hacia aguas más profundas, condiciones que solo se dan con oleaje de tormenta.

Estructuras de tormenta.

Se da la circunstancia de que estas estructuras son más frecuentes en la Sierra de Alcubierre, que en sedimentos de la misma edad en otras áreas más al oeste en la Cuenca del Ebro, como los Montes de Castejón, cuando formaban parte del mismo sistema lacustre. Por ejemplo, se observan en la carretera de acceso al cerro San Simón o en el camino a San Caprasio desde Farlete. Todo ello sugiere que esta estructura (HCS) se generó en una orilla lacustre afectada por vientos fuertes y persistentes que soplaban hacia dicha orilla tras un largo recorrido sobre un extenso lago central en la Cuenca del Ebro. ¿Evidencia de que el cierzo ya desempeñaba su función en el clima mioceno de la cuenca? Muy posible, al menos las condiciones orográficas (Pirineos y cordillera Ibérica capaces de orientar el régimen de vientos) ya se habían establecido.

Las especies relictas y fósiles de Los Monegros

Los Monegros presentan hoy, sobre los sustratos yesíferos, unas asociaciones vegetales y entomológicas singulares en la Península Ibérica, con elementos que se encuentran en áreas tan separadas de ellos como las estepas del Mediterráneo oriental y del Asia central (Braun-Blanquet y Bolós, 1957; Ribera y Blasco-Zumeta, 1988; Ribera, 1999). Mucho queda por estudiar acerca de este tema, pero todo apunta a que esas áreas contienen los relictos de unas biocenosis que tuvieron mayor extensión y continuidad anteriormente. Se puede especular sobre si tal continuidad estuvo relacionada con un periodo de clima árido, y por tanto con una mayor extensión de los ambientes esteparios alrededor del Mar Mediterráneo. A este respecto, la denominada Crisis de salinidad del Messiniense, que ocurrió al final del Mioceno, podría ser un buen candidato: en esa época, entre 5,97 y 5,33 Ma atrás, el Mar Mediterráneo sufrió varios episodios de desecación, al menos parcial, a consecuencia del cierre de la comunicación con el Océano Atlántico. Esa situación endorreica favoreció la formación de importantes depósitos de yesos y sal en sus fondos (Krijgsman et al., 1999). Para entonces la Cuenca del Ebro ya se estaba vaciando (desde unos millones de años antes, entre 11,5 y 8,5 Ma). En este contexto extensas áreas alrededor del Mediterráneo pudieron estar bajo condiciones de intensa aridez. Pero cuando después se abrió el Estrecho de Gibraltar al inicio del Plioceno (hace 5,33 Ma), el área perimediterránea tendría un clima menos árido, lo que determinaría que las asociaciones de estepa quedaran reducidas y fragmentadas en áreas disjuntas, como ahora las encontramos, siendo Los Monegros una de esas áreas relictas.

Fósil de hoja de palmera. Sierra de Alcubierre.

Pero vayamos atrás en el tiempo. A lo largo de toda la sucesión estratigráfica del Mioceno se han encontrado diversos yacimientos de pequeños roedores fósiles (Agustí et al., 2011). No son sino fragmentos de ellos, de los que tiene especial interés la dentición, mediante la cual se definen los diferentes géneros y especies. Estos micromamíferos experimentaban una rápida evolución, lo que permite establecer toda una secuencia bioestratigráfica, definir pisos continentales miocenos como el Aragoniense; además, ayudan a reconocer los ambientes en que se encontraban y seguir las migraciones que efectuaban. Pues bien, entre otros interesantes aspectos de esta fauna fósil monegrina, en el Mioceno medio, hacia la mitad de la unidad T6, se encuentran elementos de un glírido fósil, es decir, un lirón, del género Vasseuromis. Los estratos en que aparece ese fósil se han datado mediante magnetoestratigrafía en 15,3 Ma. Este género se encontraba en Europa central a lo largo de todo el Mioceno, pero en España se creía desaparecido durante unos millones de años, desde el Mioceno inferior hasta el Mioceno superior. Hete aquí que no había desaparecido de España, sino que había encontrado su refugio en Los Monegros durante el Mioceno medio.

Huecos de raíces en la roca.

Los Monegros, espacio geológico

En resumen, los Monegros a nivel científico son muy interesantes, pero también a nivel paisajístico. Hay mucha variación de unidades geológicas, modelados, torrollones, saladas y barrancos. Un lugar interesantísimo para adentrarse en el mundo de la geología, para conocer cómo se formó nuestra tierra, la misma que pisamos, contemplamos y sentimos cada día. En definitiva, un geoparque a nuestros pies. ¡No te lo pierdas!

Manuel y Concha buscando estromatolitos.

Bibliografía

Agustí, J., Pérez-Rivarés, F.J., Cabrera, L., Garcés, M., Pardo, G. y Arenas, C. (2011). The Ramblian-Aragonian boundary and its significance for the European Neogene continental chronology. Contributions from the Ebro Basin record (NE Spain). Geobios, 44: 121–134.

Arenas, C. (1993). Sedimentología y paleogeografía del Terciario del margen pirenaico y sector central de la Cuenca del Ebro (zona aragonesa occidental). Tesis Doctoral, Universidad de Zaragoza, 858 p. https://zaguan.unizar.es/record/70725.

Arenas, C. y Pardo, G. (1999). Latest Oligocene–Late Miocene lacustrine system of the north-central part of the Ebro Basin (Spain): sedimentary facies model and palaeogeographic synthesis. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 151: 127–148.

Arenas, C., Pardo, G. Pérez-Rivarés, F.J. y Vázquez-Urbez, M. (2007). From saline to freshwater lacustrine and fluvio-lacustrine carbonate systems: Neogene evolution of the central Ebro Basin. En: C. Arenas, A.M. Alonso-Zarza y F. Colombo (Editores), Geological field trips to the lacustrine deposits of the northeast of Spain. Geo-Guías, 3: 53-110.

Bauluz, B., Arenas, C., Fernández-Nieto, C. y González López, J.M. (1994). Mineralogy and geochemistry of Miocene deposits at Alcubierre Sierra, central sector of the Ebro Basin, Spain. Clay Minerals, 9: 391-400.

Braun-Blanquet, J. y Bolós, O. de (1957). Les groupements vegetaux du bassin moyenne de l’Ebre et leur dynamisme. Anales de la estación experimental de Aula Dei, 5 (1-4), 266 p.

Costa, E., Garcés, M., López-Blanco, M., Beamud, E., Gómez-Paccard, M. y Larrasoaña, J.C. (2010). Closing and continentalization of the South Pyrenean foreland basin (NE): magnetochronological constraints. Basin Research, 22: 904-917.

García-Castellanos, D., Vergés, J., Gaspar-Escribano, J. y Cloetingh, S. (2003). Interplay between tectonics, climate and fluvial transport during the Cenozoic evolution of the Ebro Basin (NE Iberia). Journal of Geophysical Research, 108, 2347, doi: 10.1029/2002JB002073. B7.

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Krijgsman, W., Hilgen, F.J., Raffi, I., Sierro, F.J. y Wilson, D.S. (1999). Chronology, causes and progression of the Messinian salinity crisis. Nature, 400: 652-655.

Odin, G.S., Cuenca, G., Canudo, J.L., Cosca, M. y Lago, M. (1997). Biostratigraphy and geochronology of a Miocene continental volcaniclastic layer from the Ebro basin, Spain. En: A. Montanary, G.S. Odin y R. Coccioni (Editores), Miocene Stratigraphy: An Integrated Approach. Developments in Palaeontology and Stratigraphy, 15, Elsevier, pp. 297-310.

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Rivera, I. (1999). Los Monegros: un enclave estepario único en Europa occidental. Boletín S.E.A., 24: 111-112.

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Os Monegros, 15 años


15 años recorriendo Los Monegros, sus gentes, pueblos y paisajes, recogiendo parte de su extensa cultura, tradiciones y memoria. Siguiendo tantos pasos, de gente fuerte y humilde, aprendiendo de sus duras manos y arrugas de sabiduría, sintiendo todo lo que heredaron de sus antepasados, sus experiencias y conocimientos de toda una forma de entender, comprender y sentir la vida.

15 años tratando de sembrar en los surcos abiertos de una tierra cuarteada, dura y seca, en la inmensa aridez con los brazos abiertos, aguardando la lluvia que tanto se hace rogar. Viendo los campos cambiantes en sus continuos ciclos, como viendo las vidas pasar y descubrir sus huellas en cada montón de piedras amontonadas a los lados de los campos, en las espaldadas masadas o en las abandonadas balsas.

Son años de luces y sombras, de boiras y cierzeras, de días soleados y noches estrelladas. Son muchas las caídas y tropiezos, de perderse en caminos, en cruces y desvíos, hasta descubrir una imponente sabina que te hace levantar la vista y saber que el camino recorrido ha valido la pena.

De sentir sus raíces, su palpitar que te permite soñar y volar, surcar paramos únicos y singulares.

Os Monegros es un proyecto personal, independiente, sin ningún tipo de ayuda y que comparte libremente artículos, investigaciones, entrevistas y escritos varios. Acumulando y atesorando un amplio archivo en una plataforma digital que llega a todas partes del mundo. Un lugar de encuentro, donde opinar y criticar, de utilizar, apoyar u obviar, un lugar de paso donde siempre estás invitado a quedarte y regresar.

15 años donde compartir, donde contarnos nuestras historias y recuerdos, como sentados en la vieja cadiera al calor del hogar o reunidos a la fresca en una noche de verano.

Años de ilusiones y frustraciones, de un camino donde uno no sabe a dónde va. Donde encontrarse con la gente da sentido a todo, pues la vida es un camino y lo importante es el recorrido.  

Alegría y sufrimiento, sequias y cosechas perdidas, sed y hambre, guerras, malditas guerras y tantas ausencias. Tanto pasado que ahora lloran los pueblos viéndote marchar, las casas vacías, calles desiertas y escuelas cerradas, sin las risas por las plazas ni en los pequeños parques ni en las viejas eras.

15 años de la salamanquesa de Los Monegros, paciente, tranquila, de estudiados pasos, serena y astuta, contemplando el devenir de nuestros pueblos y hogares, testigo de este mundo rural tan poco valorado y tan amenazado.

-¡Ay!, mis queridos y amados Monegros-, pues como decía José Antonio Labordeta -Que de los pobres nunca hay un amigo, hay un amigo siempre de los más ricos y a esos les llevan agua y cordericos- Y van pasando los años entre proyectos de centrales o basureros nucleares, de delirantes proyectos de mega casinos o de llenar todo de molinos eólicos. Parece que seguimos sin querer esta tierra, sin aupar definitivamente esta tierra. Continuaremos a pesar de vuestra inquina a un bello territorio de áridas estepas y saladas lagunas, de espacios abiertos y curiosas formaciones geológicas, de torrollones y barrancos que asemejan desiertos, sierras donde perderse y preciosos sabinares. Patrimonio y tradiciones, una cultura ligada a la sed que ha marcado el carácter de la gente. -¡Pues aún no han vencido!- y seguiremos resistiendo con rasmia y sin reblar haciendo ciertas tus grandes palabras, gran poeta, -De esta tierra hermosa dura y salvaje haremos un hogar y un paisaje-.

Gracias a todas las personas que hacéis posible Os Monegros. Gracias, muchísimas gracias.

2006-2021, 31 de marzo, decimoquinto aniversario de Os Monegros.  Aridez.

Joaquín Ruiz Gaspar

Responsable de Os Monegros.  

Ignacio Arroyos Letosa, “Damaso”


Ignacio Arroyos Letosa, apodado como “Damaso”, nació en Leciñena en 1940. De familia de labradores, siempre han tenido tierras de secano, aunque antes la agricultura no estaba tan desarrollada. Tenían un pequeño ganado lanar de unas 150 ovejas y el fiemo lo aprovechaban para echarlo al campo, a las tierras más recias. Iban a la química de Zaragoza a buscar abonos, con carros y mulas, al final de la calle Gargallo. Lo utilizaban para las tierras más delgadas, de menos cuerpo. La peor era la tierra de cascajo, la que llevaba pedrulla. 

Así, tan de repente nos sumergimos en la gran memoria y conocimiento de Ignacio Arroyos Letosa, un leciñenense muy ligado al campo y a la sierra de Alcubierre, con sus numerosas anécdotas y curiosidades. Sin duda un libro abierto, de una forma de vida que hemos dejado atrás.

A los 12 años, Damaso salió de la escuela y se puso a trabajar, tenía que ayudar en casa. Fue aprendiendo de los mismos padres y abuelos, pues entonces estaban todos juntos en las casas. Había zonas del monte que estaban a cuatro horas y se llevaban el “Recau”, la cosa para comer, la comida y el pan que preparaba la madre o la mujer. Subían con carros y mulas e incluso estaban de quedada, a veces permanecían hasta 15 días, normalmente durante la cosecha. En Lalueza y Poleñino compraban los ramos de fencejos, la sogueta para atar las mieses de la siega.

Después de realizar la cosecha se realizaban todos los pagos. Se hacía la molida, se llevaba a una fábrica, que había en Perdiguera, lo molían y te daban la harina. Se pagaba con harina a la harinera. También se vendía el trigo a compradores que venían, calificaban el trigo, en Leciñena solamente había Aragón 03. También se sembraba algo de cebada, avena y centeno para las caballerías. Normalmente se iba a la dobla, si te dejaban un caíz de trigo para siembra se tenía que devolver dos caíces. 1 caíz era unos 100 Kg. Tristemente se aprovechaban de los más pobres y humildes.

Recogían el agua en aljibes, balsas y balsetes, se tenía todo muy limpio, se cuidaba mucho y solamente se lavaban las manos y la cara, el agua era un bien escasísimo. Incluso a veces no tenían agua y tenían que bajar a la acequia de San Mateo de Gállego. Bajaban con caballería y carro y un tonel de entre 200 y 250 litros, una cuba de madera. “El agua había que llevarla a cuentagotas”. Las caballerías y el resto de animales también bebían.

Damaso era de casa pequeña, con tres caballerías y, aun así, nunca les faltó de nada. En Leciñena había de todo: viñas, almendreras, oliveras… todo para consumo. El viñedo estaba en la parte del saso y las viñas en el monte. Comían pan blanco, aunque él lo cambiaba con otros críos y se comía el pan negro. Junto con su tío eran muy cazadores. La caza estaba prohibida, así que tenían que hacer furtivismo. Sobre todo, cazaban con hurón, también ponían cepos, había mucha liebre, pero también cazaban muchos conejos. Solían hacer un mojón de piedra donde colocaban encima el cepo y por las noches caía alguna pieza. Cuando iban de “quedada” a la sierra se llevaba el hurón, se llevaban poca carne, ya que no se conservaba muchos días, y la forma de comer era yendo cazando.

Damaso se ha criado por el monte, con su padre iba al pinar, labraban con las caballerías, cogía nidos de palomos, ciquilines (Cernícalos)… no había nada prohibido. Se quedaban a dormir en las casetas, chamizos malísimos, pero era el retiro que tenían, no había otro. Se hacían leña de extranjis, aunque también les daban lotes de leña. El forestal marcaba los árboles y, como contraprestación, debían de limpiar una parte de pista. Sobre todo, limpiaban la rama baja, para que no hubiese incendios. Los lotes de pinos solían comprender entre unos diez o una docena de pies. Hubo una época que daban lotes de sabina, un forestal les decía enebros y no las quería ni ver. Cortaron grandes sabinas, de entre 6 y 7 metros, y se limpió de sabinas mucho el monte de Leciñena y Perdiguera.

Las sabinas grandes las empleaban como maderos para las casas. Cortaban con hacha o tronzador a dos manos: “Era mejor el tronzador, pues no hacía ruido cuando cortaban alguna de forma ilegal, pues la Guardia Civil y los forestales andaban siempre vigilantes”. Su abuelo conoció que antiguamente se hacía carbón, en uno de sus campos llegó a haber una carbonera y, cuando labraban, salían restos de carbón.

En casa tenían dos mulas y una yegua, una mula para trabajo y otra la criaban. Iban a la Parada de Robres, donde tenían dos sementales, un par de caballos y otro de burros. A Damaso no le dejaban entrar, como era crío, tenía 14 años, no podía ver como el burro montaba a la yegua. En Leciñena había dos herreros incluso esquiladores de caballerías para que estuviesen ligeras en verano.

Estuvo repoblando pinos en Val de Lucia, en 1954, tenía 14 años. Solamente ponían pino, a raíz desnuda. Llegaba un camión del vivero y ponían el pino, para conservarlo, en unas zanjas estrechas que hacían. Con caballerías y un aladro, con un embolo al final para que la tierra quedase más hueca, abrían surco e iban plantando los pinos a jada. Trabajaron entorno a unas 40 personas, entre chicos y gente mayor, y plantaron bastantes hectáreas, sobre unas 30 a 40 hectáreas.

Su abuelo decía que todo estaba lleno de pinos, que cuando tenía 7 años llegaban hasta la balsa del camino y toda la parte del santuario eran pinos, sabinas y carrascas. Una vez, su abuelo, iba con su hermano, que murió por una mordedura de caballo, llevando a pastar el ganado, unas 100 ovejas. Antes de llegar al pueblo, se puso atrás y al final en medio del rebaño para protegerse ante dos lobos que le sorprendieron “Al final se llevaron una oveja”. Su abuelo contaba grandes historias, de manadas de lobos por Perdiguera y monte Pinada y que los cazaban.

Cuando Damaso tenía 17 años hubo años muy malos y tuvo que marchar a trabajar a Lanaja, donde estuvo 3 años. En 1956 llovió mucho, pero se cogió poco, hubo un cierzo helador “27 días seguidos de heladas”, del 2 al 28 de febrero y lo secó todo “Había unos trigos exagerados y se quedó todo limpio, se helaron hasta los olivos”. Luego en 1957, 1958 y 1959 no se cogió nada por la sequía. Fue en 1957 cuando marchó a Lanaja, estaban ya preparando los regadíos y se fue a trabajar para mantener la casa y las caballerías. Trabajaban a destajo y ganaban 100 pesetas al día: “Se comenzaba cuando salía el sol y se acababa cuando se ponía”. Tenían que pagar el alojamiento, en un pajar a 2 pesetas cada uno por noche. Se hacían ellos mismos la comida y la mujer, que les alquilaba el pajar, les hacía la cena por 3 pesetas. Fue entonces cuando Damaso comenzó a cocinar los ranchos, del que es todo un maestro y por ello conocido como “El Ranchero”.

Iban a Lanaja en bicicleta, salían aún de noche el lunes por la mañana, la carretera era de piedra machacada y llevaba el antiguo trazado de curvas y cuestas. El sábado volvían a Leciñena. “La carretera era de piedra caliza y había mucha gente que se dedicaba a machacarla. Se les conocía como Los Machacadores, iban con macetas de 1-1´5 Kg. de peso, pero con un mango de vara larga de fresno. Los camiones echaban la piedra de las canteras y luego la machacaban”.  

En Lalueza estuvieron haciendo la caja de la carretera a Sariñena, con la “Internacional” de Grañen. La hacían a pico y pala “Cuatro picando y tres sacando la tierra”. Lo azarbes que hacían los dragaban a la huerta, los hacían con piedra, iban colocando todas las piedras iguales. También trabajó en el pantano de Tormos, cuatro meses, tendría unos 18 o 19 años. En 1965 ya estaba mecanizado todo.

Por Leciñena ha habido tejeros, había un tejar y hacían tejas y adobes. En algunas partes de la sierra había piedra de cal y en Leciñena había hornos, antiguamente hubo caleras. Damaso no las conoció, pero se lo oyó contar a su padre “En el Recordín, cerca de la cárcel de Zuera, había dos caleras”. También estaba la piedra de yeso, que utilizaban para la construcción, de casas, una piedra blanquiza que se utilizaba para hacer yeso. Hay muchos hornos de yeso por Leciñena.

En 1967 se casó. Ha sido matachín o matarife y experto en mondongo. Había días que mataba unos 10 o 12 cerdos. “En casa Letosa tenían una hija a la que le habían regalado dos cerdos, estaba casada con un médico. Para la matacía, el médico invitó a dos amigos suyos, eran pilotos de la base americana de Zaragoza. El padre de la chica, que era chistoso, les dijo que era tradicional, antes de la matacía, hacer un rodeo con los tocinos. Uno llegó a coger uno y lo intentó montar, lo grabaron en video. Cuando llegó el momento de matarlos, lo colocamos en la vacía y lo pinchamos con el cuchillo y al comenzar a brotar la sangre uno de los americanos se desmalló. El padre dijo –¡Jodo!, menudo ejército tienen estos!”.

En su haber tiene un número sin fin de anécdotas. Un día de niebla de caza con Pablico, el de la posada, y su tío Ángel, que era muy chismoso, le dijo el tío a Pablico -vamos a mirar por aquí- refiriéndose a la madriguera de conejos -mira tú por allá. En estas se escondió Ángel entre los pinos y les salió de repente gritando -¡Alto la guardia civil!- estos, asustados, echaron a correr y Pabico no paró hasta llegar a casa “Había miedo a la guardia civil, si te pillaban te multaban con 10 pesetas y te mataban al hurón”.

En otra ocasión, el tío Ángel le dijo a uno -mira que culebra más larga, mira por el aujero-, mientras, por el otro agujero, introdujo el hurón haciendo huir a la culebra por el agujero  contrario, por donde estaba mirando el otro quien, al ver salir la culebra, del susto cayó de culos cerro abajo.

Vendían verdura, los verduleros iban a cargar a Zaragoza y la vendían por Leciñena, la fruta era de temporada. “Se comía lo que se podía, en las casas había gallinas”. Había casas tan pobres que mataban zorros y luego iban por las casas con la piel pidiendo dinero o comida, los mataban porque hacía males. Una mujer iba pidiendo con el santo, con el santico.”

En la postguerra guardaban la harina en las casas. Se tenía que declarar todo y en la cartilla de razonamiento se indicaba lo que podían tener. Para ello, la fiscalía de tasas registraba las casas “Venían con el correo y la gente se avisaba, todos iban corriendo a las casas a esconder lo que tenían de más; pues si te lo pillaban te lo quitaban y denunciaban”. Se utilizaban los subterráneos que se realizaron, en muchas casas, para la guerra, era un buen escondite. “Uno tenía un tonel de vino en la bodega y este empezó a disminuir, hasta que el dueño se dio cuenta que era el vecino, que pasaba por el subterráneo y le quitaba un poco de vino cada día”.   

En las casas había una fresquera para conservar los alimentos, con una tela metálica. Solían tener 2 cerdos, criaban pollos, conejos. Para navidad mataban un pollo de corral, tenían entre unos 40 a 50 pollos, los soltaban por la era y por las noches los encerraban “Algún cernícalo se llevó algún pollete”. También tenían 10 o 12 locadas, las luecas al corral. Tomaban leche de cabra y oveja, a la de cabra le echaban las culpas de las fiebres de Malta.  Existía la bicera, los rebaños comunales. Tomaban remojón, pan con vino y azúcar para merendar, vino rancio, dulce. También hacían farinetas, harina con tostaus, con agua y leche. Las migas las hacían con arbillos (Entresijos), sebo, lechecitas del cordero, patata y ajo.

El rancho del monte era de lo que cazaban, pues lo que se llevaban no se podía conservar mucho más de dos días. Lo hacían con patatas, arroz, tocino y algo de chorizo para darle algo de sabor. Su tío cazaba perdices “Tío, mira donde canta el perdigacho” y mataba las liebres con un palo, se lo tiraba y nunca fallaba, normalmente las mataba en la cama”. Antes se comía de todo, incluso ciquilines, la churra y la sisa, águilas, mochuelos, gurriones, fardachos, culebra blanca o alcaravanes. Había algunos que subían a los nidos de águila, por las mañanas, ataban los picos a los pollos y, cuando el águila les llevaba un conejo, se lo robaban para comer.

Leciñena ha ido perdiendo población, antes eran unos 3000 y ahora sobre unos 1200. En la postguerra mucha gente marchó, sobre todo a Barcelona. Se pasó mucha hambre “Había gente que iba a buscar el cerdo muerto que tiraban”. Se tostaba la cebada y la malta para mezclarla con la chicoria para hacer café.

Había un carretero que una vez lo fue a buscar para que le labrase un campo de 3 hectáreas, una suerte. Una suerte era un campo de unas tres hectáreas, el ayuntamiento adjudicaba suertes de 0,5 a 1 hectáreas. Las suertes viejas eran en propiedad mientras que las del vedao eran del municipio. Con la caballería se labraba 1 hectárea al día. “A ver si mato una liebre” dijo el carretero y al final dijo que había matado una farnaca, al día siguiente un curandero le dijo “Yo comeré la liebre y tú el lomo”. Era del Siscal, de donde se tiraba todo. Recordando, va nombrando como se decía la carne moreriza, carne de oveja a punto de morir o muerta reciente o el caloyo o caloyico, cordericos mal nacidos.

Se segaba a mano, con hoz y dalla. Estaban segando y echaban un trager de vino, lo llevaban con cubetas, un tonel pequeño de 2 litros, solo un trago, que iba escaso. Vuelta a segar y zas, un pequeño fardacho. Cogió uno y se lo comió y comenzó a pedir vino, solo para beber “Echa vino que me araña”.

Quedan muchas historias por contar, con Damaso pasaríamos horas y horas volviendo a aquellos tiempos de antes, donde todo era diferente, más duro y de supervivencia, forjándose grandes hombres y mujeres que atesoran un gran saber que no podemos perder.

Sabina


Sus flotantes cabellos llegan hasta el suelo

Y su eterna mirada surca el inmenso cielo

La sempiterna sabina siente el vértigo del llano

Mecida en los brazos del cierzo

Susurra la historia de sus gentes

Y en lo profundo, de este mar sin agua,

Subyace la vida que parecía imposible

Y en su rigor, en su estrépito silencio,

El vacío es el horizonte basto

Que el tiempo detiene para siempre.

Os Monegros, octubre del 2021.

El puente de hierro


Jesús Cancer Campo
Publicado en la revista El Tarirán en febrero del 2020.
Fotografías Pilar Laín.

Fotografía Pilar Laín.

Todos conocemos nuestro “Puente de Hierro”, no muy lejos del Real Monasterio de Sijena. Por él cruzamos el río Alcanadre camino de la sierra y el monte alto. Hasta él llevamos más de cien años paseando los de Sena y Villanueva para hacernos alguna fotografía con sus vigas herrumbrosas de fondo. Novios, cuadrillas de amigos y amigas, familias… todos, una u otra vez, hemos ido hasta allí para disfrutarlo de cerca y ver correr las aguas de nuestro río desde el vértigo de sus pasarelas laterales.

Personalmente, es uno de los recuerdos indelebles de mi niñez. La excitante experiencia de apearme del carro, camino de la siega estival (y a la vuelta), para cruzarlo caminando de la mano de Cristina, mi hermana mayor, bajo la atenta mirada de nuestra madre. Pisar aquella plataforma metálica bajo nuestros pies y ver correr las imparables aguas del río, que se iban al mar, es una vivencia que se ha grabado en nuestro ADN.

Después de algunos meses buscando información en distintos estamentos oficiales (CHE, DGA, DPH, Fomento…), finalmente conseguí encontrar información sobre nuestro puente. Fue en la ciudad de Huesca, Departamento provincial de Carreteras de la DGA. Allí me encontré con Paco Tomás, un hombre paciente y amable que desempolvó viejos legajos que guardaban datos, planos y referencias sobre nuestro objeto de estudio: El puente sobre el río Alcanadre en el término municipal de Villanueva de Sijena, dentro de “una carretera de tercer orden que discurre entre la Estación Férrea de El Tormillo y Bujaraloz, km 19´677 de dicha vía”. Se hace necesario explicar ese recorrido, pues en la actualidad se nos hace algo incomprensible, ya que esa “carretera de tercer orden” venía desde la estación de Ferrocarril de El Tormillo ( a unos 17 km. de Sena) y llegando a nuestra almazara bajaba por la actual carretera A-131 y tomaba el desvío a la derecha, antes de Villanueva, hasta el puente sobre el río Alcanadre y continuaba por el actual camino del monte recorriendo nuestro alargado término municipal hasta llegar a Valfarta y desde allí a Bujaraloz.

El proyecto de su construcción data de 1909, efectuado por el ingeniero D. Blas Sorribas. Dos años después, en 1911, se realiza una detallada memoria. Pero no es hasta el 22 de diciembre de 1913 cuando se adjudican las obras para la definitiva construcción del puente.

Su construcción conllevó algunos problemas que dilataron su definitiva ejecución. Hemos de tener en cuenta la precariedad de los medios técnicos, incluso mecánicos de aquella época. Así el 17 de febrero de 1919 se efectuaron las pruebas de resistencia con resultado favorable, aunque un año más tarde, en 1920 y en plazo de garantía, una gran avenida del Alcanadre produjo importantes daños que requirieron su reparación. Por fin, el ingeniero jefe D. Juan Serrano y Piñana realizó su definitiva liquidación en 1922.

La obra se adjudicó a la Sociedad Anónima Astilleros del Nervión en 1913, como hemos apuntado ya; debiendo comenzar su construcción el 19 de febrero de 1914, con un plazo de finalización de las obras que vencía el 18 de junio de 1917. Su coste total fue de 186.543,63 pesetas, ¡algo más de mil euros!

Sobre algunos datos técnicos podemos señalar:

Su longitud es de 127,700 metros, dividido en tres tramos iguales.

Se realizó un sondeo de 3 metros de profundidad en el cauce del río para las pilastras de soporte de la estructura.

Su peso es de 303.783 kg. (más de 300 toneladas). Solo sus 72 cuerpos visibles (36 a cada lado) y las barandillas –grosso modo y por lo que he calculado– suman unos 40.000 remaches, además de la tornillería. No tiene tantos como la Torre Eiffel, pero ya son…

Nos ha llegado alguna noticia de que el Ministro de Justicia de entonces, procedió a su inauguración, aunque, por ahora, no he hallado documento fehaciente acerca de este dado. Seguiremos investigando.

Fotografía Pilar Laín.

En cien años de vida solamente ha recibido “un lavado de cara”, fue por año 1945 cuando se convocó una primera subasta pública para obras de pintura. Una vez adjudicados los trabajos en 1946 (las personas más mayores quizás lo recordaréis) al contratista Marino Sanz Carijo, la empresa de José Tello Espinosa se encargó de la pintura del puente, que debió comenzar el 9 de septiembre de 1946 y finalizar dos meses después. Según parece, un problema con el suministro de aceite de linaza retrasó algo el comienzo de los trabajos.

En la liquidación final se contabilizaron 2.650 metros cuadrados de superficie pintada y un gasto total presupuestado de 80.212,80 pesetas.

Actualmente, y a la vista de su estado, nos animamos a instar a las autoridades competentes a que presten nuevamente atención a nuestro Puente de Hierro, para que se reparen sus numerosas herrumbres, se efectúe un pulido de su estructura total y se pinte de nuevo a la máxima urgencia. Ah, y algo muy importante: a quien corresponda también, se debería evaluar seriamente el estado del hormigón de sus pilastras, a buen seguro desgastadas por la erosión permanente del agua, y reforzarlas tanto como sea necesario. Es una cuestión de JUSTICIA y SEGURIDAD PÚBLICA.

Aridez


2006-2021, 31 de marzo, decimoquinto aniversario de Os Monegros.  Aridez.

Sequedad, cierzo y cielo desnudo
igual la tierra, soledad y en ti, raíces.
Savia, sabina y matices
sol, entorno a ti, mundo
solo y vida, árido como la tierra
duro como el suelo
baldío y erosionado
balsas, fueron espejismos
y fugaces sueños
que, en inabarcables noches, surcaron perderse
hasta un nuevo amanecer,
Árida tierra de Los Monegros.

Embriagada aridez
seca, basta, tosca
abrasiva, áspera…
castigada tierra al sol
y a tu ausencia, lluvia.
Ruda y a la vez agrietada
desquebrajada y polvo
agostada y sedienta
vasta tierra
yermos y eriales
resecos barrancos,
Árida tierra de Los Monegros.

Romeros y tremoncillos
agua, reverberación
ocres y yesos,
pura salinidad
y de nuevo tu ausencia
páramos sedientos
de cómplices  silencios
atardeceres de fuego
contrastes como la vida que escondes,
una vez fuiste mar,
Árida tierra de Los Monegros.

Barbechos y caminos desiertos
extenuados al sol
caminos de paso
vacíos sin destierro.
Aridez que se emborracha de la sed
y nada sacia,
penas que no se pueden ahogar
y de nuevo caminos
donde no encontrarse
y vagar, tan solo de paso
divagar y cavilar
haciendo un paisaje
imposible dejar atrás.

Quemada tierra
despellejada al esparto.
Protege la sabina
donde el horizonte parece no detenerse
y dispersarse
tierra oscura, negros montes
de interminables estrellas
de anhelos infinitos.
Aridez, endiablada embriaguez.  

Montes oscuros, sierra quebrada
desplomada en acantilados
caída a un mar desierto
a un mar árido de cebada y trigo
que se bate en oleaje
mecido al cierzo
alimentando esperanzas
de esta tierra sedienta
Árida tierra de Los Monegros.

Amarillean los campos
segados con sudor
la paja al vuelo
y el grano al granero
quedando rastrojos
festejados al pasto
donde resuenan las esquilas
y las voces quedan calladas

Parajes que aparecen extraños
casas de tierra, adobe y piedra
cañizos y casetas espaldadas
abandonadas balsas, enronadas,
tierra cuarteada, sedienta
agua casual, esquiva y efímera.
Abruma, la boira entre tus vales
entre tus solemnes
e imperturbables sabinas;
sobrecoge entre tus pies de montes.

Desmemoria, olvido, desarraigo
aroma a ontina
y a la tierra herida
como la piel
y las arrugas de las manos,
labradas.
La voz abandonada
y la mirada perdida
cantaros en añicos
y trillos perdidos
el tacto entre el vacío y la nada
de lo desaparecido
sin sentir el recuerdo callado
extrañada y caprichosa aridez,
fragancias, ¡Presencia!
Árida tierra de Los Monegros.

Tan cerca de tocar la Luna
que, sin darnos cuenta, la estábamos pisando.

Sin darnos cuenta
siempre fuimos un hogar y un paisaje.

Sí, sin darnos cuenta
Árida tierra de Los Monegros.

Venas secas, vacías
y raíces entre piedras
sueños vagando como el polvo
y el tiempo aguardando
sin saber qué está esperando
sin rumbo varado
sin saber si ser naufrago
o levar anclas, izar velas
y navegarte, tierra.

Surcan capitanas como veleros,
la estepa pausada
coqueta con sus arcillas
con sus margas y calizas
jugando en cárcavas y barrancos
anhelando el agua que trae vida.

Así, sin darnos cuenta
Tierra árida de Los Monegros.

Tierra
ningún lugar y todos los lugares del mundo
tan solo polvo y tierra
tan solo nosotros
por un momento
y ningún lugar y a la vez todos,
Árida tierra de Los Monegros.

Sierra de Alcubierre, consideraciones


En plena depresión del valle del Ebro, la sierra de Alcubierre resulta un accidente geográfico sobresaliente que alberga, en unas condiciones extremadamente difíciles, un gran ecosistema que le hace excepcional y de gran valor medioambiental. La sierra destaca en un contexto bioclimático mediterráneo, fitoclima genuinamente mediterráneo y clima mediterráneo árido y subárido, con escasas precipitaciones, con el azote del cierzo y sin ningún curso fluvial permanente en sus dominios.    

Una sierra cuya conservación merece una reflexión y quizá la adopción de una mayor figura de protección por sus valores medioambientales, ecológicos, geológicos, paisajísticos y culturales así como por su fragilidad y necesidad de preservación.

San Caprasio, fotografía aérea, 2013. Autor: Os Monegros.

El enclave de la sierra de Alcubierre responde a una unidad geomorfológica propia, con formación principalmente boscosa, en pleno sector central del valle del Ebro, en la comarca aragonesa de Los Monegros. Se desarrolla longitudinalmente a lo largo de 40 Km, con una clara dirección noroeste-sureste, desde los llanos de la Violada (Tardienta) hasta el término de La Almolda y su altitud varía desde los 400 m hasta sus máximas cotas de San Caprasio (834 m) y monte Oscuro (820 m) ocupando una superficie aproximada de unos 400 Km² (40.000 ha). 

El medio natural está declarado como zona ZEPA (ES0000295) «Sierra de Alcubierre» y LIC (ES2410076) «Sierra de Alcubierre y Sigena» de la Red Natura 2000, “Destaca por su calidad e importancia, por ser un espacio de gran interés y extensión, una zona de especial relevancia por su estratégica situación en el valle del Ebro y por presentar importantes masas boscosas abiertas de Pinus halepensis con sabinar y formaciones de matorral esclerófilo mediterráneo”.

Por su flora, fauna, geología y paisaje, la sierra reúne características suficientes para  establecer una mayor figura de protección dentro de las distintas categorías de Espacios Naturales Protegidos de Aragón (Decreto Legislativo 1/2015). En este sentido, el marco jurídico de planificación de un Plan de Ordenación de Los Recursos Naturales (PORN), Ley 6/1998, de Espacios Naturales Protegidos de Aragón (Texto refundido de la Ley de Espacios Protegidos Decreto Legislativo 1/2015) aparece como el instrumento perfecto para “señalar los regímenes de protección que procedan y aplicar alguna de las figuras de protección establecidas en la Ley de Espacios Naturales Protegidos”. Entendiendo la elaboración del PORN Monegros norte complementario al PORN de Monegros sur para definir y señalar el estado de conservación de los recursos y ecosistemas del ámbito territorial de Los Monegros y, de acuerdo con sus objetivos, señalar los regímenes de protección que procedan y aplicar alguna de las figuras de protección establecidas en la Ley de Espacios Naturales Protegidos.

En este sentido, destacan estudios como Interés florístico y geobotánico de la sierra de Alcubierre (Julia Molero, Llorenç Sáez y Luis Villar. Barcelona, 1998) que inciden en “La necesidad de regular un marco adecuado de protección para algunos lugares de la sierra, especialmente para los bosques residuales de la cara norte, dada su originalidad florística y paisajísticas”

«En conjunto, las especies de flora vascular en Los Monegros se estiman en más
de un millar, estando la mitad de ellas presentes en la Sierra de Alcubierre, y al menos 25 de ellas son endémicas del Ebro medio.
«

Propuesta de declaración de una red de Espacios Naturales Protegidos en Los Monegros. Víctor Herrero Silvestre.

Sin duda, la sierra representa un elemento natural de especial interés ecológico, presentando diferentes hábitats y biodiversidad (Directiva Hábitats 92/43 CEE) que van de formaciones boscosas de pinar mediterráneo mesogeano de Pinus halepensis, sabinares endémicos de Juniperus sp., zonas con presencia Quercus ilex y Quercus faginea, a vegetación gipsícola ibérica (Gypsophiletalia), zonas subestépicas de gramíneas y anuales del Thero-Brachypodietea y matorrales halonitrófilos (Pegano-Salsoletea).  

Numerosas especies de aves habitan la sierra y sus piedemontes y tierras de secano cerealista. Es significativa la presencia rapaces rupícolas como alimoche, incluida como «vulnerable» en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, aguililla calzada, culebrera europea y águila real, además de ser ámbito del Plan de recuperación del águila-azor perdicera. Además cuenta con presencia de especies esteparias, en sus zonas llanas, como ganga ortega, catalogada como «vulnerable», la avutarda “en peligro de extinción, el sisón “Vulnerable” o como área de cría del cernícalo primilla. También muy reseñable es la presencia de anfibios, entomofauna y la aparición de mamíferos como el corzo, citas de cabra montés y la controvertida presencia del lobo.

Una sierra de erosión diferencial con una profunda red de barrancos bajo un techo de materiales carbonatados, caliza, resistentes frente a taludes deleznables de arcillas, margas y yesos. Una masa de fuerte carácter protector frente a la erosión en una de las zonas de mayor aridez de la depresión del valle del Ebro. Un conjunto de plataformas tabulares, una unidad orográfica de singular interés, con un alto valor paisajístico que destaca en un entorno  agrícola de secano, un paisaje que probablemente, por su naturaleza forestal, dio nombre a Los Monegros por ser montes frondosos y oscuros, valores propios para proteger, planificar y gestionar con vistas a conservar y mejorar su calidad de acuerdo con el convenio Europeo de Paisaje del 2000 de Florencia. Además de su patrimonio material de casetas, conocidas como aldeas, muros de piedra seca, balsas, balsetas y balsetes, ligados a una cultura, especialmente la del aprovechamiento del agua, en un ambiente de escasas precipitaciones. Así, se localizan pequeñas balsas dispersas que aportan puntos de agua favorables para la fauna, importante para aves, anfibios o reptiles.

Víctor Herrero Silvestre (Propuesta de declaración de una red de Espacios Naturales Protegidos en Los Monegros) sostiene que «En razón de su singularidad y representatividad, se hace necesaria la declaración de un Parque Natural de las sierras de Alcubierre y Sigena, que podría abarcar las áreas de las figuras de la Red Natura 2000, lo que implicaría una extensión de en torno a 42.000 hectáreas.»

En Los Monegros la protección del medio ambiente siempre ha estado vista como amenaza al desarrollo. Aunque, sin duda, su protección, valoración y conservación son una oportunidad en el desarrollo sostenible, en la reorientación de políticas activas que apuesten por el medioambiente y el medio rural y que frenen la despoblación, entendiendo los recursos naturales como una oportunidad de futuro. Pues, su fragilidad actual y falta de protección la expone mucho a diferentes actividades que se van desarrollando sin ordenación ni control. Además, su desconocimiento y falta reconocimiento no ha logrado evitar amenazas a su integridad, como pone de manifiesto el Gran  Incendio Forestal de julio de 2019 provocado por un vehículo motorizado tipo buggy.

En definitiva, la sierra de Alcubierre reúne un amplio número de características valedoras de una mayor protección en un entorno único y singular, Los Monegros, que por sus condiciones científicas y técnicas hace tiempo que debería haber sido declarado Parque Nacional.

Consideraciones sobre la sierra de Alcubierre (Los Monegros).