Archivos Mensuales: marzo 2017

La música de Los Monegros, conversando con Mario Gros Herrero


El folklore monegrino resulta muy desconocido a pesar de su riqueza y vigor en su principal manifestación del Dance y la persistencia de la tradicional y singular gaita de boto aragonesa. Mario Gros ha investigado y recogido la música de Los Monegros, un gran conjunto de pasacalles, bailes de palos y espadas, despertaderas, coplas, coplillas, romances, jotas…  

Con Mario me encontré una tarde de noviembre del 2016 en un céntrico café zaragozano, descubriendo a un gran músico, musicólogo, folklorista y sobretodo a una gran persona. Lo aprendido con Mario Gros queda recogido a continuación, con la melódica sensación que la música de Los Monegros aún tiene mucho que dar la nota.

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Mario Gros Herrero

            Mario comienza destacando la música de Los Monegros “siempre ha causado atracción a diferentes musicólogos” y entre ellos destaca al reconocido folklorista Arcadio Larrea. Arcadio fue un chistabino que trabajó en el Instituto Español de Musicología del CSIC, durante las décadas de 1970 y 1980 realizó un programa sobre folklore en RNE y en 1982 documentó la reconstrucción de la gaita de boto aragonesa. Arcadio fue autor del primer trabajo sobre el Dance aragonés, recogiendo 97 representaciones de la provincia de Zaragoza: “El Dance aragonés y las representaciones de moros y cristianos”.  Después, es la Doctora en Filosofía y Letras Mercedes Pueyo Roy quien realizó un trabajo más exhaustivo de investigación y documentación de 74 representaciones de todo Aragón. “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón” es el resultado de su tesis doctoral, impresa en versión reducida por Heraldo de Aragón en 1973.

La gaita en Los Monegros

            Sin duda la gaita es el instrumento estrella de Los Monegros, para Mario “es un instrumento musical que fascina y atrae”. La primera referencia de la gaita es una representación en el s. IX y su expansión por Europa parece que fue en el siglo XII. En Aragón, las primeras representaciones de gaita son las del Vidal Mayor, hacia 1247, para aquel entonces ya había unas cuantas representaciones anteriores en la península. “Lo mas probable es que la gaita llegó de Europa por el camino de Santiago”. Es en el siglo XVIII cuando se origina la diferenciación de la gaita, mientras que su decadencia se produce a partir del siglo XIX, señala Mario: “llegan nuevos instrumentos, como el acordeón, nuevos bailes, más agarrados, nuevas músicas… pero en Los Monegros la gaita se mantiene viva gracias al Dance”.

            Mario Gros Herrero es un músico, folclorista, luthier aragonés e investigador, siendo figura clave en la recuperación de la gaita de boto aragonesa. Junto a Luis Miguel Bajén editaron en 1990 el Lp “Monegros” que se reeditó en 1997 en formato CD dentro de la serie de “La tradición musical en España”. El disco es fruto de más de ocho horas de grabaciones en Castejón de Monegros, Farlete, La Almolda, Lanaja, Monegrillo, Sariñena, Sena y Valfarta. En 1999 publicaron, Luis Miguel Bajén y Mario Gros, “La gaita en Los Monegros, Archivo de tradición oral”. También, Mario fue coordinador del libro disco “Romances de ronda en Castejón de Monegros. Simeón Serrate Mayoral”, editado por el archivo de Tradición Oral de Aragón en el 2008. Actualmente, Mario es profesor de gaita de boto en la Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza desde 1994.

Monegros

            Para Mario la gaita está ligada a la ritualidad del Dance, a los ritos funcionales básicos: “No es principalmente estética, ha de ayudar a danzar, a bailar, sobretodo en procesión o romería. Las letras son nemotécnicas, ayudan a recordar las danzas”. Con la decadencia de la gaita van desapareciendo sus técnicas de construcción y mantenimiento, van desapareciendo la posibilidad de arreglos. Los gaiteros de Robres dejaron de tocar en 1820 y guardaron sus gaitas en una cesta, ya que no tenían descendencia masculina. Sus hijas las guardaron como un tesoro.

            De Vicente Capitán se recogieron más de 54  melodías de gaita, entre ellas una jota, un vals, un pasodoble y un baile de Sobrarbe. Fue a tocar con un grupo de sección femenina. Al parecer, Capitán era zapatero y arreglaba sillas de anea,  tocó en los dances de Tenerias, San Gregorio, La Almolda, Castejón de Monegros, Valfarta, Sena, Lanaja…

Romances de Ronda

            “Los Monegros es una zona muy conservadora musicalmente, con vitalidad. Por la ritualidad del dance, apego, pobreza…”. Es un placer escuchar a Mario y aprender, sentir la verdadera magnitud de la música monegrina que parece pasar tan desapercibida. Mario recuerda a Miguel Huguet (Revista Aragón, 1930) y Pili Monter que recogieron muchas melodías de Sena. “Los dos grandes bloques son el dance y los cantos romance a gaita. Romances de ronda en Sena, Castejón de Monegros, Pallaruelo de Monegros, Sariñena; despertaderas de Valfarta, Castejón de Monegros, las coplillas de Bujaraloz. En el canto con gaita la puesta en escena es única”.

            En Los Monegros hemos heredado una extraordinaria tradición musical, muy ligada a celebraciones religiosas y manteniendo constantes sus profundas raíces, “Hasta pocos años aún se hacían cantos religiosos en latín en Pallaruelo de Monegros”. Queda la sensación que aún nos queda mucho por aprender y descubrir en la música monegrina, de valorar, estudiar y transmitir. Gracias a personas como Mario Gros, por su amor a la música y en especial por su conocimiento del folklore monegrino y aragonés, podemos continuar manteniendo vivo nuestro patrimonio, del que sin duda, aún nos queda mucho por oír y sentir.

Elena Encuentra Nogues


El éxodo rural provocó la migración a las grandes ciudades, principalmente a Barcelona, Madrid o Zaragoza. Muchas mujeres marcharon a servir en busca de una vida mejor y allí acabaron haciendo su vida.  La vida de Elena es una de aquellas historias, historias que el  paso del tiempo y la distancia se han ido borrando de la memoria colectiva.

Elena Rostro

Elena Encuentra Nogues

            Elena Encuentra Nogues nació en Sariñena en 1944. Su padre Placido Encuentra, natural de Ballobar, fue sereno de Sariñena junto a Paco “El Manco”, ambos vigilantes de la noche sariñenense con su chuzo y capote característico. Su madre Antonia Nogues Roy trabajó de cocinera en las escuelas nacionales. Se conocieron en Barcelona, donde Antonia había emigrado para servir en una casa, mientras Placido trabajaba como portero. De familia humilde fueron cuatro hermanos: Nati, Elena, Leonor y Placido, todos acabaron emigrando a Barcelona. No tenían tierras, solamente un pequeño huerto que su padre cultivaba cuando podía.

            Elena iba a la escuela con alpargatas de esparto, eran blancas y las llevaba hasta en invierno. De camino a la escuela pasaban por la plaza de la Iglesia donde se formaba un gran charco que en invierno se helaba, rompían el hielo por diversión y se mojaban las alpargatas, luego iban a clase con los pies mojados y completamente helados. Elena recuerda su amistad con las chicas del Hotel Anoro.

Elena encuentra madre

Antonia Nogues

            Su madre iba a recoger el carbón que tiraban a la vía los trenes que pasaban por Sariñena. Iban muchas mujeres y volvían con los sacos llenos de carbón sobre sus cabezas, recorriendo los más de tres kilómetros que dista la vía férrea de Sariñena. Recogían el carbón quemado que aún se podía aprovechar y algún lingote que los maquinistas tiraban desde el tren. Una vez un lingote de carbón le dio en la cabeza a la pobre Antonia, que quedó muy dolorida. A veces llevaban una pequeña carreta para transportar el carbón, pero lo normal es que lo llevasen en sacos. Una vez en casa clasificaban y separaban el carbón según la calidad, por el color a veces cogían los “cagacierros”, carbón quemado que ya no servía y que tenían que tirar. La gente iba a las casas de las carboneras a comprar el carbón para calentarse en casa. Era una forma de ganarse el pan, para quitarse el hambre que tanto padeció la sociedad española de la postguerra.

          Iban a respigar los campos una vez segados, en una ocasión un guardia les denunció. El trigo lo iban a moler para hacer pan o hacer aquellas farinetas que tanta hambre quitaron. Con la cartilla de racionamiento iban al estanco donde les daban un kilo de harina o de arroz. Elena recuerda ir a pedir el Cabo d´año por las casas de Sariñena, a veces les daban un higo. Cuando había una boda ofrecían las sobras a las personas más necesitadas. Al Romea iban a pedir los posos del café que aprovechaban para hacer de nuevo café, “No había leche y así se hemos quedado, con males de huesos”.

           De Fraga venía Beltran a vender naranjas, a la plaza de la constitución, donde estaban los coches de Anoro y de Hispa. Su madre cambiaba un pozal de naranjas por trapos y para ganar peso ponía viejas alpargatas mojadas, así podía llevarse un pozal repleto de naranjas que hacía los gozos de Elena y sus hermanos. Una gran felicidad, la necesidad, el hambre obligaba. Una tía que servia en Terrasa les mandaba ropa que su madre cosía y arreglaba para que tuvieran ropa. La madre de Elena no era modista, pero sabía coser muy bien. A lavar iban al río o al lavadero que había cerca de las monjas.

            Elena no llegó a acabar sus estudios, con unos doce años se iba a cuidar a niños. Con unos 13 o 14 años fue a trabajar a casa de Salavert. A los quince años, sobre 1958, marchó a servir a Barcelona. Marchó en tren con su hermana y gracias a su tía pudo comenzar una nueva vida. Ya sabía lo que se iba a encontrar, escuchaba la radio y estaba muy informada. A pesar de las inseguridades, los sueños se abrían a un mundo de posibilidades. Al principio trabajó en una casa con seis hijos, trató de prosperar y estuvo sirviendo hasta en tres casas más. Con su hermana lucharon para conseguir un piso de protección oficial que al final consiguieron.

         Su madre murió en Sariñena en 1963, a los 54 años, y a los dos años su padre y hermano se trasladaron a Barcelona para vivir con ellas. Elena se casó en 1969 y ha tenido dos hijos y seis nietos, actualmente reside en Sabadell. Elena mira a su pasado sariñenense con sentimientos y sensaciones encontradas, de unos tiempos humildes donde gracias al trabajo y al esfuerzo de su madre pudieron salir adelante: “Las mujeres sufrían todo, soportaban la casa, eran las que más trabajaban y las que menos recibían”.

               Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que irá relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros.

En homenaje al maestro Don José Castanera Escaned


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                        Don José nació en el año 1890 en una buena casa de Binaced en la que todos sus hijos habían estudiado alguna carrera, Binaced dista unos cincuenta kilómetros de Sariñena  y forma parte de la comarca denominada Cinca Medio.

  A principios del siglo XX ejerció de maestro en Belsierre (municipio sobrarbense agregado en la actualidad al ayuntamiento de Puértolas  y a 34 kilómetros de la villa de Ainsa). Allí conoció a su esposa  Concepción Lascorz Mariñosa (doña Concha). Tuvieron cuatro hijos: Concha, José María, Conrado y Berta.

  Posteriormente pasó a practicar la docencia en el barrio de la Estación de Sariñena. Allí vivieron en una casa propiedad de la familia Llamas y cedida a los maestros.

  En el otoño del 37, comenzada la guerra, la familia decidió exiliarse a Francia al considerar don José que sus ideas  liberales y socialistas (se había afiliado a FET- UGT en 1937) podían ser peligrosas para su integridad y la desgracia de los suyos. A pesar de que le acusaron de ser de Izquierda Republicana, él nunca se consideró ni rojo ni comunista.

   Marcharon los seis, Berta tenía entonces unos meses,  en el coche de línea que subía de Barbastro y que  pasaba por Ainsa, Labuerda, Laspuña, Escalona…, allí bajaron y se dirigieron andando por Belsierre hasta la aldea de Bies (pequeño pueblo de dos casas, hoy deshabitado) donde se quedaron a dormir en casa Marcial, propiedad de su amigo el alcalde Ramón Bernad y de su esposa Teresa Garcés. Ambas familias habían acordado  exiliarse a Francia conjuntamente aprovechando que Ramón conocía perfectamente los caminos pirenaicos que llevaban al país vecino.

   Al día siguiente de madrugada, la familia Bernad-Garcés con sus cinco hijos  y la familia Castanera-Lascorz con los cuatro propios bajaron hasta Hospital de Tella y allí cogieron el autobús que les llevaría por Lafortunada hasta  Bielsa, llegados  al citado pueblo continuaron hasta Parzán  y posteriormente se dirigieron a Francia por caminos y sendas ya nevados.

  De los dos años y medio que permanecieron  en el exilio no tengo información..

  En 1940 y recién terminada la Guerra Civil regresaron y don José pidió el reingreso en el cuerpo de maestros para seguir en la docencia.

   Para comprobar las implicaciones políticas o en hechos de guerra de los docentes  que solicitaban el reingreso, se habían creado unas Juntas Municipales y Provinciales. Estas juntas tenían la misión de verificar el grado de participación que habían tenido los maestros en  la extinta República y en la Guerra Civil. En el caso que nos ocupa, don José tuvo que presentarse ante  la Junta Municipal de Educación Primaria de Sariñena que estaba presidida por el alcalde accidental Melchor Pueyo y en la que ejercía como secretario mosen Jorge Lecha. La junta dio el visto bueno y en marzo de ese mismo año don José fue rehabilitado provisionalmente para volver a ejercer su profesión en la escuela  del Barrio de la Estación.  Al año siguiente solicitó el traslado a las Escuelas Nacionales de Sariñena y se lo concedieron.

   Alquilaron un piso en la calle Mercado (popularmente de los Porches) propiedad de la familia Bastida-Cascales y allí vivieron hasta su fallecimiento.

  También ejerció de maestro en el pueblo de Larrés  (municipio de Sabiñánigo) donde su hija Concha conoció al que después iba a ser su marido y donde permaneció toda su vida. Este destino profesional no tiene una datación conocida.

     familia-castanera-003-1       Las rehabilitaciones de los maestros iban acompañadas de algún tipo de sanción más  o menos grave dependiendo de su implicación política en tiempos de la Segunda República. En el caso de don José, el castigo fue el de trabajar sin derecho a sueldo durante dos años. No tuvo más remedio que aceptar  la sanción puesto que, además de ser un maestro vocacional, era lo que  mejor sabía hacer. Para poder  subsistir se vio en la necesidad de dar numerosas clases particulares en su casa y más tarde de bachillerato, contabilidad  y preparación de oposiciones en un cuarto que arrendó en casa Paraled (Sabineta). Cobraba 25 pesetas al mes por dichas clases y enseñó a numerosos alumnos como los hermanos Morén, Ángel Barrieras, Ricardo Herrezuelo, Ramón Gómez, José López, Ángel Royo, Domingo Lana, los hermanos Anoro, Antonio el cartero, Antonio Gascón y los hermanos Porta entre otros.

   Con esta represalia  y otras peores fueron sancionados cerca de 20.000 maestros de los 60.000 que había ejerciendo en tiempos de la República. Las plazas de los que fueron depurados definitivamente pasaron a ser ocupadas por militares que habían combatido en el bando franquista.

    En esos tiempos difíciles,  don José y su familia recibieron la solidaridad de muchas personas de Sariñena en forma de productos de la huerta, de la matacía, incluso leña o los posos del café que le daban en una conocida cafetería próxima a su domicilio.

   También tenían un corral con gallinas y conejos en la calle Violinista José Porta al que doña Concha le sacaba un buen partido.

  Esta  delicada coyuntura económica familiar la vivieron hasta marzo de 1942, fecha en la que ya se regularizó su  situación.

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  Don José preparó a su hijo José María para oposiciones a la RENFE  en las que consiguió la mejor nota. Fue el número uno de su promoción y se mantuvo en su plaza de Lérida hasta que se jubiló. Recuerda Berta que su hermano tuvo que engañar al tribunal respecto a su edad pues opositó con 17 años, incumpliendo la normativa que exigía a los opositores haber cumplido los 18. Al final de su vida laboral tuvo que jubilarse un año más tarde porque su edad real no correspondía con la que constaba en los papeles oficiales.

 Su tercer hijo Conrado aprobó oposiciones a banca en Barcelona.

En la vida familiar existe  una anécdota muy representativa de aquel año tan difícil como fue el 1937 en que nació su hija Berta en el barrio de La Estación y la inscribió en el Registro Civil con el nombre de Libertad Castanera Lascorz. Era  juez municipal Cándido Alegre Sarrate y así lo anotó en el certificado de nacimiento el secretario del mismo Manuel Carpi Arroyos.

  Mi madre (cuenta Mª José) pasó a llamarse familiarmente Berta, o sea el diminutivo del mencionado Libertad, pero nadie se dio cuenta de que había habido una alteración sustancial en el acta de nacimiento hasta que años más tarde cuando fue a arreglar unos documentos le dijeron que ese no era su verdadero nombre, que estaba inscrita como Matilde. Alguien había tachado en su acta el nombre elegido, o sea Libertad y a su lado había escrito, increíblemente, Matilde.

  Puede ser que el autor del cambiazo  pensara que lo de Libertad era demasiado revolucionario y no lo permitió.

   Así que en 1990 tuvo que ir al juzgado con varios testigos los cuales aseguraron bajo juramento que siempre se la había conocido con el nombre de Berta. Entonces el juez adjuntó un certificado al Acta de Nacimiento en el que quedaba reflejado el cambio de nombre que, sin el consentimiento de la familia, había realizado  la autoridad judicial competente en esos días.

    Don José también dio clases en las Escuelas Nacionales al que suscribe y aún recuerda su enjuta figura, su bien hacer, su carácter bondadoso y su célebre boina que utilizaba alguna que otra vez a modo de elemento admonitorio contra los que tenían dificultades  en mantener cierta disciplina.

  Tenía fama de buena persona y de buen maestro, con gran habilidad para enseñar  matemáticas, contabilidad y gramática. Incluso dicen que se sabía el Quijote de memoria.

  Este pequeña gran historia la he escrito animado por el interés de su hija Berta y de su nieta Mª José Bernad. Ambas querían dar conocimiento público de las dificultades  que tuvieron que solventar  don José y doña Concha a lo largo de su vida y también la de recordar  la figura de un  excelente maestro que  dejó  huella en muchas generaciones de sariñenenses.

 Don José falleció en Sariñena en diciembre de 1967 y su esposa  doña Concha en mayo de 1981. Ambos lucharon por tener una vida digna en unos tiempos difíciles y ahora descansan en paz en nuestro cementerio

                                                                     Manuel Antonio Corvinos Portella

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