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Isaac Nogueras Coronas


Médico-cirujano, fue figura principal de la medicina española en el tratamiento de enfermedades del pulmón, de la «peste blanca» o tuberculosis, y otras afecciones respiratorias. Tras el estallido de la guerra española, en julio de 1936, se le situó en el Hospital Militar de Sariñena, zona Republicana. Sin embargo, su desconocida figura, llena de interrogantes, nos lleva a descubrirla a través de la diferente documentación y biografía consultada. Una investigación donde, en un principio, no todo es lo que parece.

Isaac Nogueras Coronas

Natural de Huesca, Isaac Antonio Francisco María de la Trinidad Nogueras y Coronas nació el 3 de junio de 1884, a las seis y media de la mañana. Hijo de Francisco Nogueras Cosials y Eufrasia Alegría Coronas y Coronas, posiblemente ambos naturales de Graus. Francisco falleció en Boltaña en 1930. Hermanos Antonio, también médico, Carmen, Mercedes y Pilar. Francisco Nogueras Cosials fue empleado en la sección de fomento. Vivieron en Huesca, en la calle Coso Alto nº 75 piso 2º. Sus abuelos, por línea paterna Francisco Nogueras y Cavero, natural de Salinas de Trillo (Termino municipal de Clamosa) y Paula Cosials y Villanova, natural de Graus. Por línea materna Jorge Coronas Lapenilla, natural de Graus y Antonia Coronas Subías, natural de Estadilla.

Doctor en medicina, Isaac Nogueras Coronas vivió en Barcelona donde fue miembro de la junta directiva del cuerpo médico municipal de Barcelona en 1909. Además, fue nombrado vocal de la Sociedad Pediátrica española en su constitución en 1912, también en Barcelona (España Médica, nº 45, 20 de abril de 1912). En 1919 participó en el tercer congreso de médicos en lengua catalana (29-6-1919, “En Tarragona. Tercer congreso de médicos de lengua catalana”, La Vanguardia, p. 8). (SOBRARBE Revista del Centro de Estudios de Sobrarbe, n.º 12.1.1).

En abril de 1919 participó como ponente en el I Congreso Nacional de Medicina, celebrado en Madrid donde, bajo la presidencia de Santiago Ramón y Cajal, asistieron 4ooo participantes. En dicho congreso realizó la comunicación: «Complicaciones respiratorias consecutivas a las intervenciones quirúrgicas del abdomen».—Doctor Isaac Nogueras Coronas, Barcelona (España Médica nº  276, Madrid 20 de septiembre de 1918).

Además “Participó asimismo como ponente y profesor en el ciclo inaugural de los Cursos de Verano de la Universidad de Zaragoza en Jaca en 1927 y organizó él mismo jornadas de divulgación científica en Boltaña (1925 y 1926) con conferenciantes de la talla de Saúl Gazo o Ricardo del Arco” (Sanatorios del Pirineo Aragonés S.A. Almanaque de los pirineos 1925-1935). También dirigió el dispensario del Monte de Piedad de Zaragoza.

El 28 de mayo de 1932, el doctor Isaac Nogueras Coronas, director de los sanatorios del Pirineo aragonés, participó en Jornadas Medicas Aragonesas dando una conferencia sobre el tema “Concepto actual de la enteritis tuberculosa y su tratamiento” (El Sol, domingo 29 de mayo de 1932).

Dr. Nogueras en Pineta por A. Tello. Todocolección.

Isaac Nogueras Coronas, sobre todo, fue médico especialista en tisiología que creó dos sanatorios importantes en la provincia de Huesca: “El primero, Boltaña, situado en un fértil valle, era adecuado para los enfermos que necesitaban un clima de mediana altura, y el de Pineta, en uno de los valles más pintorescos del Pirineo aragonés, hubiera podido muy bien competir, en cuanto a situación, aspecto y funcionamiento con los mejores de Suiza, ahora tan de moda” (Moises Broggí. Memóries d´un Cirurgiá). A través de su empresa «Sanatorios del Pirineo», fundó los sanatorios de Boltaña y Pineta, de los que fue director (Sanatorios del Pirineo Aragonés S.A. Almanaque de los pirineos 1925-1935). El sanatorio de Boltaña se desarrolló a comienzos de los años veinte, en el antiguo monasterio de El Carmen. En 1929, Nogueras encargó el proyecto del sanatorio de Pineta a Joaquín Porqueras (Huesca y su provincia. Boltaña. La Tierra, p. 3. 21-7-1934). En dicha referencia, además de señalar “ la autorización para el establecimiento de una comunidad de hermanas terciarias carmelitas descalzas en el sanatorio antituberculoso del doctor Isaac Nogueras” se realiza el matiz sobre el doctor Nogueras “quien en su hospital de Barcelona ya contaba con monjas”, licencia concedida el 23 de marzo de 1931 (CARCEL, 2007: 457)

“VISION DEL PIRINEO ARAGONÉS”

En la Casa de Aragón dio el Ilustre tisólogo aragonés doctor Isaac Nogueras une conferencia sobre “Visión del Pirineo aragonés”. Presidió el acto el Sr. Azpeita, e hizo la presentación del disertante el Sr. Mercadal, quien ensalzó las condiciones de laboriosidad, cultura y amor a Aragón del conferenciante, haciendo resaltar la figura del doctor Nogueras como uno de los prestigios de la región aragonesa. El doctor Nogueras agradeció las frases de cariño que le dirigió el Sr. Mercadal, y empezó su conferencia con un estudio de las características que ofrecen el agua, las montañas, la vegetación y el habitante del Alto Aragón. Dedicó grandes elogios a las Sociedades del turismo por su influencia en el mejoramiento de aquella región, y puso de manifiesto la eficacia que la labor del Patronato Nacional del Turismo significa para las vías de comunicación y la conservación de las insuperables bellezas naturales de la zona pirenaica. Expuso la importancia del aprovechamiento de los saltos hidráulicos, de la riqueza minera, de las aguas mineromedicinales, de la fabricación del aluminio y de los productos químicos, y sacó consecuencias de lo mucho que influyen en la economía nacional.

Como médico director de los Sanatorios Antituberculosos de Boltaña y de Pineta, dio a conocer la trascendencia de la lucha antituberculosa en el aspecto sanatorial.

Ilustraron La conferencia numerosas proyecciones.

Y con un canto a la región aragonesa y de admiración a la Casa de Aragón dio por terminada su disertación. Fue muy aplaudido.

El Sol, 6 de enero de 1933.

Durante la guerra ejerció como médico en el Hospital Militar de Sariñena, hospital de retaguardia en el frente de Aragón. Manuel de Córdova en “La Noche”, 12 de septiembre de 1936, escribió sobre Nogueras: “El doctor Isaac Nogueras fue a ocupar la dirección, desempeñando funciones dificilísimas; pero faltaba aún quien pudiera coordinar todos los trabajos, atender a los grandes y a los pequeños menesteres, escuchar a los peticionarios y enrolar a los que se ofrecían…”

Debido a su presencia en zona republicana, el doctor Nogueras fue objeto de investigación y su respectiva apertura de expediente desde el juzgado de Zaragoza, en manos de las fuerzas sublevadas. Así, resulta acusado de pertenecer al bando republicano, tal es el caso del primer jefe de la comandancia de Zaragoza: “Dicho individuo perteneció al Partido Radical Socialista y después de las elecciones del 16 de febrero de 1936 se hizo muy amigo de personas muy destacadas como izquierdistas, se desconoce si desarrolló actividades políticas y sociales en esta capital. No ha desempeñado cargo alguno en el campo político ni sindical, también se desconoce si hizo oposición al triunfo del Movimiento Nacional toda vez que del 10 al 12 de julio de 1936 marchó a Barbastro (Huesca) donde le sorprendió el Glorioso Alzamiento, desconociendo su actual paradero” (Zaragoza, 2 de agosto de 1937).

En la misma línea se manifestó el delegado de Orden Público de Zaragoza “Ha sido de posición ideológica izquierdista y en cuanto a sus actividades en el campo político sindical se ha distinguido en las reuniones, que en unión de otros médicos de la facultad de medicina, hacían propaganda disolvente, creyéndose por las ideas que ha tenido haya pertenecido a Izquierda Republicana aunque se supone que haya sido con otro nombre”. (Expediente nº 137. Zaragoza, 2 de agosto de 1937). Además, se le relaciona como “íntimo amigo” de los médicos Pérez Lizano y los hermanos Muniesa. Junto a estos últimos, se le culpa de haber realizado “muchos chanchullos”, junto al médico Sánchez Guisande mientras Isaac ejerció de director del Dispensario de Monte de Piedad.

Durante la guerra Nogueras acabó en Francia, según testimonios “Con una misión especial del Frente Popular”, desde donde reclamó sus títulos a través de José Andrés Asensio, Director del Dispensario de Monte de Piedad. Por medio del portero Fermín Gutiez, del edificio donde se encontraba el domicilio del Dr. Nogueras, calle San Clemente nº 26 principal derecha, Zaragoza. Parece ser que consiguieron recoger los títulos, según manifestó Aurelio López Dobón, practicante del mismo Dispensario. Todo aparece recogido en expediente 2456 abierto al Dr. Nogueras, bajo el testimonio del Delegado de Orden Publico de la Provincia de Zaragoza,

Incluso el Gobernador Civil Julián Lasierra declaró “Que es de ideas izquierdistas”. Siendo de nuevo acusado de ser amigo de los doctores Manuel Pérez Lizano y de Augusto y José María Muniesa a quienes se les condenó con la pena máxima.

Manuel Pérez Lizano llegó a ser alcalde de Zaragoza en 1932 y en 1936 y, por pocos meses, presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza. El 11 de agosto de 1936 fue asesinado en Zaragoza por un grupo paramilitar a orillas del Canal Imperial de Aragón. Los hermanos Muniesa fueron asesinaron el 7 de octubre de 1936 en Valdespartera “Ambos murieron abrazados. Los dos eran médicos, profesores auxiliares de la Facultad de Medicina” (José María Muniesa, Notas Costumbristas, Heraldo de Aragón. José Luis Melero).

El 26 de julio de 1937 se insta a Isaac Nogueras, en paradero desconocido, a comparecer, en el término de ocho días, en el juzgado nº 3. La apertura, de dicho expediente, incluso contempló la incautación de bienes por parte del Presidente de la Junta Provincial de Bienes Incautados, Zaragoza a 24 de noviembre de 1937: “Ordene la entrega a la Reserva General de Artillería, en esta plaza,  de una mesilla de noche, una alfombra grande y dos pequeñas, un armario y una estantería; embargados en el expediente que se instruye contra Isaac Nogueras Coronas”.

Irene Murillo Aced (Exigiendo el derecho a tener derechos: ciudadanía y género como prácticas de negociación y resistencia: el caso de Aragón, 1936-1945. Universidad de Zaragoza) apunta,en palabras del procurador de Nogueras, que el afán de embargo fue tal que «nada quedó libre de aquella medida, ni siquiera sus papeles y documentación personal, entre los que se encontraban infinidad de datos y notas de carácter científico».

Sin embargo, todo da un giro inesperado de 180º el 13 de julio de 1938, cuando se presenta el Resumen del Expediente por parte del juez instructor el Sr. De Pablo. El resumen se basa en “testimonios imparciales” reconsiderando al Dr. Nogueras como “Conceptuado católico y hombre de derechas”.  Además continua “Regentaba los sanatorios de Boltaña y Pineta, y que desde su fundación, en ellos tenía una comunidad de religiosas a su cargo de los enfermos con capilla dentro del mismo edificio y capellán en el sanatorio todo costeado por el Sr. Nogueras y que éste no solo acudía a los actos religiosos sino que incluso ayudaba a misa, por lo tanto no le creen de izquierdas y menos desempeñar cargos en tales partidos”.

Todo apunta que el Dr. Nogueras, con el estallido de la guerra, fue sorprendido en el sanatorio de Pineta (Bielsa) siendo capturado y trasladado a Barbastro para prestar servicios médicos. En Barbastro tuvo problemas con el comité local y fue desplazado al Hospital Militar de Sariñena donde encontró cierta protección gracias a la presencia de altos mandos que evitaban incidentes en la localidad. Estaba junto a su mujer y dos hijas.

A pesar de ello, Nogueras estaba reclamado por el comité de Barbastro y, aunque estaba protegido, no se sentía seguro: “Más de una vez habían intentado capturarlo sin conseguirlo, gracias a la valiente y decidida oposición de la maestra y de otra gente de Sariñena” (Moises Broggí). Aquella maestra era Cristina Lana Villacampa.

Así, el doctor Nogueras y su familia se vieron obligados a abandonar Sariñena junto a Moisés Broggí. Solamente lo sabía la maestra, Cristina Lana Villacampa, y el capitán Conde de la guarnición. Una vez en Barcelona, Moises Broggí cuenta como “Nos despedimos con un fuerte abrazo, deseándonos mutuamente la mejor suerte. Me dijeron que lo tenían todo preparado para irse a Colombia”. Marcharon a Barcelona desde donde consiguieron pasar a Francia. Y luego viajar hasta Colombia. 

Su hijo Isaac Nogueras Cabezali se vio obligado a comparecer en seguida al enterarse del expediente abierto contra su padre. Isaac Nogueras Cabezali se encontraba en Madrid realizando el servicio militar con el cargo de Médico Alferez, cuando pasó por Zaragoza y compareció a favor de su padre. Rotundamente manifestó que su padre respondía a una persona de orden y que “El movimiento le sorprendió en Pineta con los rojos y fue maltratado por ellos, así que en la primera ocasión que tuvo se evadió a Francia y a Colombia con familiares residentes allí esperando se logra el triunfo definitivo”. Entre otras cuestiones, a Isaac Nogueras Coronas le unía una gran amistad con el obispo de Barbastro y tanto el obispo de Tarazona como el párroco de Graus declararon a su favor. 

Isaac Nogueras Coronas y su esposa Leonor Cabezali Alarcia tuvieron tres hijas Leonor, Clotilde y María del Carmen y un hijo Isaac. Su hijo Isaac Nogueras Cabezali acabó ocupando un puesto en carros de Combate de la legión.  Falleció en acción de guerra el 12 de enero de 1939.

Irene Murillo Aced, en su Tesis por la Universidad de Zaragoza “Exigiendo el derecho a tener derechos: ciudadanía y género como prácticas de negociación y resistencia: el caso de Aragón, 1936-1945”, apunta que murió por heridas de arma de fuego en el Hospital Militar de Zaragoza. “El Sr. Nogueras, que tenía en su hijo su mejor compañero y su más cariñoso amigo, ha dado a la Patria lo mejor que podía ofrendarle y pide a Dios que la sangre de tantos héroes que como su pobre hijo cayeron en esta Cruzada sirva, como está sirviendo, para que bajo el mando victorioso del Caudillo (que Dios guarde) renazca una España mejor.” (AHPZ, FRP, Expediente 5938/6.)

El motivo de su marcha a Colombia, del Dr. Nogueras, fue un “cursillo” de enseñanzas médicas que tenía comprometido para desarrollar para la Universidad de Barranquilla. Incluso, en la misma ciudad de Barranquilla, se afilió a Falange Española y Tradicionalista de las JONS. Con los rendimientos económicos que obtuvo pudo remitirles a su mujer y dos hijas en Francia el dinero para reunirse con él en Barranquilla.

Tras el final de la guerra, Isaac y su familia regresó a España, compareciendo y manifestando su posicionamiento político, cuya actividad se resumía en haber figurado en las listas de la Unión Patriótica durante la dictadura de Primo de Rivera. Además, relató que los servicios que prestó fueron “forzosamente y bajo serías amenazas contra su vida y las de sus familiares”. Aquel viaje a Colombia fue autorizado en Paris por el representante del gobierno del caudillo Quiñones de León. El Dr. Nogueras fue absuelto de todos los cargos, sentencia celebrada el 26 de marzo de 1940.

El Dr, Nogueras acabó siendo académico de la Real Academia de San Luis, “En 1964 figuraban como académicos correspondientes en Huesca José María Lacasa Coarasa, Manuel Nasarre (Sena), Enrique Tejerizo Ayuso (Boltaña), Isaac Nogueras Coronas (Boltaña), Antonio Sanz Lavilla (Barbastro), Federico Balaguer Sánchez, Veremundo Méndez Coa rasa (Echo) y José Cardús Llanas” (Altoaragoneses en la Academia de San Luis. Julio V. BRIOSO Y MAYRA).

Isaac Nogueras Coronas falleció en Tarragona el 19 de enero de 1961.

Josephine Monter Ardanuy


Artista de vocación, de niña pintaba en una pizarra que tenía su padre en la carpintería, dibujos efímeros y pobres en colores. Por ello siempre buscó los colores, despertando verdadera pasión por ellos. A Josephine siempre le ha gustado la pintura, dedicándose al mundo de las bellas artes, la pintura y escultura. Actualmente, junto a su hermana Pili son unas revolucionarias del ambiente cultural de Sena y por ende de Los Monegros y desde hace años se ha aventurado con su propia “Galería  de Arte Josephine Monter”.

Una historia de Sena a Nueva York y de Nueva York a Sena.  

Josephine Monter Ardanuy nació en Sena en 1944 en la casa familiar, su padre era carpintero y constructor de carros. Ha sido muy mala estudiante y siempre estaba jugando y bailando, quería ser bailarina de valet “Siempre cogía el ritmo, sobre todo con la jota”. Era una típica niña de pueblo, traviesa, que no paraba de jugar y correr. Aprendió, como todos, a nadar en la badina del río Alcanadre “Por la glera del río había muchos sapos, los conciertos de ranas y los cuquetes de luz, las luciérnagas”. Eran tiempos más familiares, las casas con las puertas abiertas, de tomar juntos la fresca en la calle por las noches, cenar en los patios, hacer hogueras y saltarlas para san Antón… Su padre solía sacar la televisión a la ventana y, en la calle, se juntaban para verla, algún partido de fútbol o cosa importante.

Eran otros tiempos, “Antes todo el mundo tenía huerto y en medio un andador con frutales, pereras, manzaneras, minglaneras… fruta natural”. Han desaparecido pero antes se tenían que abastecer gracias a ellos, que decir de los famosos melones de Sena. “Antes se iba a los mercados a vender y ahora se va a comprar”,  se hacía trueque, les traían leche y su padre les decía “Pues yo te haré una silla”.  

Una vez, el  pintor senense José María Palacin acudió al taller del padre de Josephiene, quería que le hiciese un marco de madera para uno de sus cuadros. Su padre avisó a Josephine y le presentó a José María. Josephine enseguida le inundó de preguntas y José María le dejó un maletín lleno completamente de pinturas de colores. Ahí comenzó todo.

Se hacía amiga de todas las personas que llegaban al pueblo. Nunca se acordaba de los nombres de las casas y para llamar pegaba un grito en vez de gritar el nombre, pues las puertas estaban abiertas –¡tía María!-. Querían mucho a la tía Tonina, era la abuela de todos, era pequeña y regordeta, siempre con un capazo del huerto con sus verduras, hortalizas o remolacha. Si veía a Josephine con los mocos fuera se los limpiaba, se remangaba la falda y le mocaba con el refajo -¡Siempre estás igual!-. Se quedó viuda muy joven, la pobre tía Tonina, además un hijo murió en la guerra y otro tuberculosos. La gente la quería muchísimo y la trataban muy bien, en una ocasión Josephine le regaló un helado y tía Tonina lloró de la emoción que le hizo. 

Les hacían ir al campo a buscar olivas, en enero y febrero y hacía mucho frío: “Quien coge las olivas antes de navidad se deja el aceite en el olivar”. Además, los sábados iban a coger panizo, olivas, almendras, uva (Vendimiar)… se ayudaba como en todas las casas. Por el vedado, camino a Castelflorite estaban los almendrares, olivares y viñas.

Para las fiestas ponían un entablado para las orquestas y los críos se ponían debajo y, si la cantante llevaba falda, le veían las bragas. Los perros y gatos andaban sueltos por la calle, Josephine y su hermana Pili recuerdan que una perra que tenían les acompañaba a la escuela y hasta que no entraban no se iba, luego les iba a buscar a la salida.

En la escuela quería dibujar pero no le dejaban, si dibujaba le obligaban a hacer calcos en vez de dejar libre la creación y aquello frustró bastante a Josephine. Una vez les dijeron de dibujar un carro y Josephine comenzó a dibujar su carro hasta que la maestra le paró la mano –no, no, tienes que dibujar exactamente el carro de la foto- fue como cortarle las alas de la creatividad, ella quería dibujar su carro y su burro.  

A los 17 años, Josephine se presentó a un concurso de pintura de la Diputación de Huesca que acabó ganando. Aquel premio le concedió la posibilidad de tener una beca. Así, Josephine acudió a Zaragoza, a una escuela particular en El Tubo, para preparar, durante un año, el ingreso a la escuela de Bellas Artes de Barcelona. Ingresó justamente el año que inauguraban el nuevo edificio.

En la escuela de bellas artes ya comenzó a desarrollarse. Allí escogió pintura en vez de escultura, aunque le resultaba más natural la escultura, más innata.  Luego le concedieron una beca a Granada, para dos meses, para paisajes, y otra para Siena (Italia), también para dos meses pero acabó quedándose para dos años. Pintando y cuidando un niño se fue ganando la vida, además le dejaron una casa a las afueras de Siena que resultaba una preciosidad. Allí conoció un americano que estudiaba medicina y le invitó a ir a Nueva York, donde debía de conocer a una tía suya que era pintora.

En principio, Josephine no fue a Nueva York, pero si su amigo vino a Sena y le maravilló el paisaje, le encantó la tierra, el olor a tomillo y romero y la tortilla de patata. Al final fue a Nueva York, para tres meses y se acabó quedando 36 años. Allí, profesionalmente se ha dedicado al mundo del teatro, en escenografía y vestuario, especializándose en el mundo de las máscaras. Ha trabajado diferentes materiales y tipos de máscaras, de todo tipo y clase, especialmente de las máscaras del caribe que llevaron los españoles y que hacían con vejigas hinchadas. Aprendió de un maestro puertorriqueño y luego fue ella quien dio clases en el Museo de Historia Natural de Nueva York, donde estuvo unos 10 años.

Después dio clases, durante 12 años, en la escuela de cine “Visual art” de Nueva York, había alumnos de todas las partes del mundo y aprendía más que enseñaba. También participó en un teatro puertorriqueño “La Mama”, un teatro experimental

Ha vivido en el mismo Manhatan y a las afueras, a una hora y media de Nueva York, en una zona en pleno contacto con la naturaleza donde nevaba mucho. Una finca de cinco acres por la zona de Manitou, que significa dios, el creador, antiguo territorio sagrado de los nativos norteamericanos. 

Siempre ha estado pintando y ha pasado por muchas etapas y estilos. La escultura le ha resultado siempre más innata y palpable, se puede tocar. En la sierra tiene una escultura dedicada a la mora, una mujer expulsada de Sena y que se retiró a una loma cercana desde la que observaba Sena y la rivera del Alcanadre. Su leyenda cuenta que, en noches de luna llena, bajaba hasta el Alcanadre para bañarse desnuda. También, en el monte de Sena, se encuentra la escultura a la tía Tonina a la que pronto se unirá una escultura que rendirá homenaje a la figura del pastor.

Josephine y Pili

Ha realizado diversas exposiciones, de Nueva York a Sena, donde tiene su propia galería desde hace tres años y expone parte de su obra. Ahora, junto a su hermana mantienen su parcela de libertad en Sena y en su monte, en plena sierra. También en el soto del Alcanadre, donde están recuperando la vieja arboleda donde de pequeñas iban a merendar. Participan activamente en la vida social y cultural de Sena, en actividades especialmente ligadas al folclore y a las tradiciones locales. Personas excepcionales, con un enorme corazón y cariño a su gente. Sin duda colorean la vida con intensidad y luminosidad, con tonos que alegran el espíritu, con la magia del gran abanico de colores que acaban dando luz y color a la vida.

Sueños de recuerdos.


Sueños de recuerdos. Antonio Hernando Villacampa.

Por Ramón Hernando.

El pueblo dormía en su monótona tranquilidad. Los campesinos, solos o en grupos, iban a sus respectivos trabajos, quedando únicamente en el pueblo los niños jugando y las mujeres ocupadas en sus múltiples faenas.

Aquel día hubiese transcurrido como otro cualquiera, a no ser por un singular acontecimiento que provocó gran conmoción entre los vecinos, de aquel pueblecillo encogido en su nido al pie de la sierra. La guerra cruel, que devastaba centenares y centenares de ciudades, pueblos y aldeas en todo el país, iba a repercutir con su eco terrible en el pueblo.

Aquel día de invierno, ese eco terrible repercutió en las viejas casas. Las botas de los invasores, por primera vez, pisaban las calles llenas de barro produciendo un siniestro chof, chof, chof… Un barro pegajoso que ensuciaba las botas brillantes del orgulloso ejercito vencedor. Al principio, los niños se escondieron en las casas, diciendo -quédate quieta- a la oreja de la madre temerosa. -¡Los invasores…!-, con terror pronunciaban esta frase. El corazón de la madre se encogía, se agotaba y un profundo suspiro salía de aquel pecho que sufrió criando a los hijos. Los soldados repercutían el eco…,  el paso de las botas en el barro que anunciaba a los soldados. -¡Los soldados!- todos los niños y mujeres escondidos en sus casas ni miraban por el ojo de la cerradura, aquellas mujeres pensaban en sus maridos e hijos trabajando en el campo, levantaban los ojos al cielo, implorando -¡Dios mío, que nos les ocurra nada!-.

Esto pasaba  en el pueblo de… un día de invierno.  El destacamento de soldados, comprendido por un oficial y unos cincuenta hombres a pie,  iban escoltados  por un pequeño tanque dirigiéndose derechos hacia la plaza. Allí  encontraron fácilmente el edificio donde entró el oficial, así como dos soldados metralleta en mano. Un tanque había tomado posición, amenazaba con su cañón la alcaldía mientras el resto de soldados, con sus armas, adoptaban posición de combate.

-¿Qué ocurría en el pueblecillo dónde nunca sus calles habían oído el sordo pisar de la bota invasora?-.

Sucedía lo mismo que en todos los pueblos, querían asegurar su victoria, apoderarse y mantener el orden en sus territorios ocupados, suprimiendo todos aquellos que eran peligrosos y que ellos, sin distinciones de ideologías, llamaban comunistas. Comunistas eran los creyentes católicos que se alzaban contra ellos, comunistas eran todos aquellos que a la oreja decían  -los nuestros volverán-, comunistas eran todos los que tenían fe en la victoria de la democracia, comunistas llamaban a todos que no pensaban como ellos.

A penas había transcurrido media hora cuando, a la puerta de la alcaldía, apareció el alguacil, nervioso -¿Qué ocurría en el pueblo?-. Pronto iban a enterarse los vecinos, atemorizados, a medida que del trabajo llegaban y se encerraban en sus casas, pensado, sin duda, en el terror que inspiraban aquellos pájaros de mal agüero -los invasores-.

Con voz mal asegurada, el alguacil pregonaba en cada esquina un bando para dar confianza a los vecinos del pueblecillo y el cual, sin preámbulos de ninguna clase y con tono amenazador, redactado por orden del oficial, decía: -Yo, Francisco  W. ordeno a todos los vecinos a que se concentren en la plaza a las doce del mediodía de hoy, aquel que se desoiga mis órdenes será castigado con los rigores que la guerra exige-. Ni más ni menos, decía aquel pregón.

La voz del alguacil no estaba muy segura pregonando por todas las esquinas, aquellos pobres campesinos, aterrados, se dirigían hacia la plaza -¡había que obedecer!-.

Entre tanto, en una casita humilde, dos seres abrazados pronto se separaron, eran una viejecita y su nieto. Sin que aun despuntase barba, en sus ojos se reflejaba la voluntad de no ser vencido, de no rendirse.

El traqueteo de la ametralladora no cesaba de oírse y, de vez en cuando, así como algún tiro aislado. El sonido repercutía largamente en el espacio, para luego quedar todo en silencio; el terrible combate había llegado a su fin.

En un lugar del valle.

Aquel día, durante dos horas consecutivas, un grupo de 16 hombres mandados por un bravo combatiente habían tenido en jaque un batallón entero de invasores, causándoles pérdidas considerables. Aquellos 16 hombres  solamente tuvieron un herido leve, ahora se retiraban por los senderos conocidos únicamente por ellos, mientras los invasores contaban y enterraban sus muertos, curaban sus heridos y de vez en cuando, con rabia, tiraban algunos tiros.

– ¿Habéis comprendido?-.


– ¡Sí!-, respondieron  de una sola voz aquellos 16 bravos hombres.

– Entonces, escuchad por último, cuando el enemigo aparezca de este lado del puente y solamente cuando el puente habrá saltado por los aires, fuego a discreción. Pero sobre todo no derrochéis las municiones, ya sabéis que cada balazo debe ser la vida de uno de nuestros opresores-.


– De acuerdo, jefe-. Volvieron a responder aquellos atentos combatientes sin uniforme.

– Bien, todavía nos queda una hora. Cada cual a su puesto de combate y ojo ser vigilante y escuchar la voladura del puente. Tú, José, vente conmigo, a nosotros dos incumbe darles el primer susto a esos « señores»-.

Rápidos, aquellos hombres desaparecieron entre las matas, de dos en dos, conscientes del deber que iban a cumplir. ¿Quiénes eran aquellos hombres cuyo jefe se había expresado con tan firmeza?, hombres sin uniformes y vestidos  de diferentes formas. Eran un grupo de guerrilleros que tenían que cumplir una acción contra el invasor. Soldados sin uniformes, admirados por los suyos, eran terroristas a los ojos de los…

El jefe, un muchacho de 22 años, de buena estatura, recio, “El Maño”. Siempre con la sonrisa en los labios y sin nada en la cabeza, vestido con un pantalón negro y amplio, una chaqueta de cuero marrón, de bandolera una metralleta y en sus bolsillos bombas de mano. Tal era aquel hombre que, el estado mayor de guerrilleros, le habían encomendado preparar una emboscada a los camiones de las fuerzas enemigas y que, según las informaciones recibidas, debían de pasar a las diez de la noche por el puente donde habían preparado la emboscada.

-¿Tienes miedo José?-.

-No, jefe… pero quisiera que ya hubiese transcurrido el combate-.

-Hombre, sí que tienes prisa-, respondió “El Maño” con una sonrisa.

Al mismo tiempo se pusieron a andar hacia el puente, uno de tras de otro y sin hablar. José estaba un poco  nervioso; a sus quince años ya sabía que la muerte no estaba muy lejos.  Mientras el “jefe”, con sangre fría y paso firme, marchaba entre las matas. Por fin llegaron a unos cien metros del puente y la carretera, entre unos espesas matorrales paró de andar, miró unos instantes a su alrededor y sacó un pequeño aparato de su mochila. Un aparato como el de los mineros que emplean para hacer estallar los barrenos. Lo dejó en el suelo, cogió dos hilos finos que estaban allí y los ajustó a dicho aparato. José, el ojo vigilante, estaba serio y no decía nada, se sorprendió al oír la explosión y una parte del puente voló justo cuando pasaron los dos camiones. Los soldados saltaron como pudieron, entonces “El Maño”, recordando sus palabras dijo:

-¡Adelante!- Fue el grito que, cual rugido de bestia salvaje, repercutió en medio de aquellos peñascos y grandes matorrales.

-¡Adelante!- Pues rugieron otras voces y el grupo de hombres se lanzaron contras los vehículos enemigos.

El tiroteo fue violento, los soldados no vieron a sus agresores, silbidos de balas, el ¡Ra-ta-tá!  de la ametralladora, las explosiones de las bombas de mano lanzadas por “El Maño” y sus hombres. El ataque duro poco tiempo, cinco o diez minutos, quien sabe… solo unos llantos… y fueron bajando de intensidad en el silencio de la noche. Los guerrilleros se pusieron de pie, se acercaron a los camiones volcados en la cuneta y recogieron las armas y municiones. Sus miradas iban hacia esos cuerpos sin vida, rostros jóvenes como si fueran soñando a una madre o una novia.

-¡Recoged todo y nos vamos!-,  dijo con voz rugosa el jefe.

-¿Heridos, algunos de vosotros?-

-¡Sí! dos, pero poca cosa-.

-Bien, todo fue conforme, hemos cumplido. ¡En marcha!-

Desaparecieron en el silencio de la noche, pensando en sus destinos para el día siguiente, pensando en sus esperanzas de ser hombres libres.

……………………………………………………………………..

Campos… campos…mañana fría de una noche  larga.  

Un grito se oye de repente:
-¡Cartas, cartas…!-

Y hay un rayo de ilusión en las caras
y una angustia de infinito en el alma
voz mágica del cartero
que a todos nos atenazas
con tu grito, siempre viejo

y siempre tan nuevo: ¡cartas!
Y llegan como palomas
blancas, verdes, azuladas.
Un misterio en cada una,
¿Fue un roce de pluma blanca?
¿Un beso caliente y suave?
¿Una negra puñalada?.

¡Ay!, cartas de los sin patria
¡Ay!, cartas de los refugios.

Un misterio desvelado 
el niño pequeño habla,
ya dice papa y mama
¡Qué sientes en la garganta!.

Refugiado, ¿Por qué lloras?
¿Por qué muerdes las palabras?

Es que lloras en él, el hijo
es la sangre que le llama
terribles claves ingenuas
disfraz de noticias trágicas
hijo querido sabrás
que tu hermano no está en casa
porque se fue con tu abuela.

Ya está clavada la daga
ya llegó hasta el corazón
con su punta envenenada.

Refugiado ¿Por qué lloras?
¿Por qué muerdes las palabras?
su hermano está con la abuela
y mi abuela está enterrada.

¡Ay! cartas de los sin patria
madre no llore por mí,
guarde siempre la esperanza,
que ya llegará algún día
en que pueda yo abrazarla.
¿Refugiado, ¿Por qué lloras?
¿Por qué muerdes las palabras?

El hijo escribe a su madre
una mentira dorada…
ya nunca la abrazará
con los brazos que le faltan.
Querido del corazón
que sola encuentro la casa,
sin ti, todo está vacío,
sin ti, ¡no me importa nada!.

Refugiado, ¿Por qué lloras?
¿Por qué muerdes tus palabras?

La hidromiel de los recuerdos
hoy, tiene saber amarga
calor de los senos tibios
tranzas sueltas en la almohada…

¿Cuándo? ¿pronto? ¿nunca?
tiemblan en ardores las entrañas
su voz , sus ojos , su boca,
y ¿dónde está la bien amada?

¡Ay! cartas  de los refugios,
¡Ay! cartas de los sin patria. 

Soñando está el refugiado
en el azul de la mirada.
¿Con los trigos de castilla?
¿Con Madrid la idolatrada?
¿Con el vergel de valencia?
¿Con las nieblas asturianas?
¿Con los prados de Galicia?
¿Con Sevilla la sultana?
¿Con Cataluña soñaba?
Soñaba, soñaba con Aragón.

Cada uno con su terruño,
y entre todos con la patria ¡España.., España!

Pero el ensueño se ha roto,
la sangre se sobresalta.

Un grito suena en la barraca 25
-¡Cartas!-  

Y un rayo de ilusión en las caras
y una angustia de infinito en el alma

¡Ay! cartas de los refugios. 
¡Ay! cartas de los sin patria. 

                                                                   Gracias a todas las miradas llenas de libertad.