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Entrevista a mi abuela Cristina


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Cristina Andreu Lana

Por Jara Ballarín Cucalón. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Cristina Andreu Lana nació el 24 de julio de 1940 en Sariñena, era hija única y sus padres se dedicaban a la agricultura.

Cuando ella tenía 6 años le dejaron empezar la escuela nacional hasta los 10 años, después de eso fue a la de  las monjas, donde por la mañana hacía escuela normal y por la tarde les enseñaban a hacer labores, como coser o bordar, esto duró hasta sus 15 años. Después de esto, la llevaron a aprender a un taller de modistas, para conocer el oficio de la costura.

Los juguetes que solía utilizar eran los que le traían los Reyes Magos o en algunos casos los que le regalaban por su cumpleaños; los cuales solían ser muñecas de cartón o de trapo con pelo de verdad o de lana, cocinillas de aluminio o de cerámica, de vez en cuando le caía algún que otro costurero, y por supuesto juegos tradicionales (como ahora los llamamos).

A los 15, barría, hacía las camas, y los domingos con su abuela iban por las casas a dar leche con las lecheras (para las casas que no tenían vacas lecheras). Al ser hija de familia de agricultores, iba a hacer pequeños trabajos al campo, como recoger el producto o llevar comida a los campos o fincas donde se trabajaba. Y en la época de la siega se iba a la era a trillar.

En cuanto al agua no la tenían en las casas, la tenían que ir a coger a las fuentes que estaban en las plazas; por otra parte, la luz era escasa, solo una bombilla por habitación y de muy poco voltaje.

La vida en el pueblo era tranquila, salvo los días de fiesta, donde todos los habitantes salían a las calles a bailar, cantar jotas e ir al cine. La juventud de entonces se divertía a su manera, cada uno tenía su cuadrilla de amigos, con los que en San Isidro hacían más o menos lo mismo que ahora (montaban carroza y al mediodía iban a comer al campo), en verano como no había piscinas se iban todos al río. El 25 de julio Santiago se solían ir a refrescar y a merendar con unas gaseosas de pito.

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Mi abuela empezó a salir con mi abuelo a los 15 años y él a los 18. Se casaron a los 23 y 26 años. Su viaje de novios fue a Barcelona y a Lérida, porque mi abuelo tenía un hermano allí, la boda fue muy amena ya que se casaron en la iglesia, y después lo celebraron en su casa, la cual es la misma que tienen ahora y fue una herencia de su padre. Mi abuela era modista, y hacía labores en casa. Tuvo solo un hijo, mi padre. La tradición que tenían por entonces era quedar todos los primos de mi abuelo que seguían en Sariñena, en su casa; algunos domingos.

Jara Ballarín Cucalón.

Tercero de la ESO.

José Luis Villanúa Serrate: Panadero.


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Por Mareme Badiane. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

José Luis nació en Castejón de Monegros un 13 de agosto de 1952. Dice que, si no le fallan las matemáticas, tiene 67 años. La familia de su padre eran montañeses, de Villanúa como su apellido, un pueblo cerca de Jaca, y la familia de su madre era toda de Castejón de Monegros.

José Luis es el segundo de 4 hermanos. Su padre se llamaba Virgilio, era albañil y picapedrero, trabajaba muy bien la piedra y en Castejón hay muchas cosas que hizo él, como la pared del frontón, el ojo de la Iglesia…  Cuando era albañil construyó en algunos pueblos de colonización muy cerca de aquí como San Lorenzo entre otros. Su madre se llamaba María y como todas las mujeres de su época se dedicaba a sus labores que se decía entonces. Es decir, cuidar de los hijos  y llevar la casa que ya era bastante con cuatro hijos y un marido que por su trabajo siempre estaba fuera de casa.

Tiene 3 hermanos, dos chicos y una chica. Su hermano mayor se llama Tomás, vive en Tenerife, ahora está jubilado pero trabajó en Correos. Formó una familia allí y a Castejón vienen de vacaciones de vez en cuando. Su otro hermano Pedro fue panadero con él, también está jubilado y estos últimos años ha sido chofer del camión de residuos de la Comarca de Monegros. Y por último, su hermana pequeña, Begoña, trabaja y vive en Zaragoza, es carnicera desde muy joven y sigue en el gremio.

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José Luis comenzó a trabajar con 12 años de panadero y no ha parado hasta su jubilación. Bueno, dice que se tomó 2 años de ”vacaciones” en Tenerife donde trabajó de barman en un Restaurante del Puerto de la Cruz. Se fue con su hermano pero él se tuvo que venir.

Ha sido un poco viajero pero siempre para trabajar. Con 14 años se fue a Villafranca de Ebro de panadero, con 18 a Tenerife, con 20 a Bujaraloz y con 23 a Peñalba de panadero también.  Con 24 años volvió a Castejón donde se casó con Nieves. Hasta hace 25 años que se vino a vivir y trabajar aquí a Sariñena.  Lugar donde vive con su mujer, hija, yerno y su mejor perla su nieto Pablo, que es el que más ganas de vivir le da.

 

Su infancia no fue la época más inolvidable para José Luis, ya que en aquellos tiempos no tenía grandezas como ahora pero con poco eran felices. Fue a la escuela hasta los 12 años y después a trabajar. Aunque recuerda jugar a los pitos o canicas, al bote, al pañuelo, saltar.  Le gustaba jugar a las tabas que era el hueso de la rodilla del cordero.  Recuerda ir buscar agua a la balsa y a la fuente ya que, cuando era pequeño, no había agua corriente en las casas.  Iba siempre cargado de pozales y cantaros. También recuerda que tenían algún animal para engordarlo y matar.

Dice que a la escuela fue poco pero lo pudo aprovechar bien. No destacaba mucho por los estudios pero ahora se da cuenta que le hubiera gustado estudiar. Pero no había posibles en su casa para eso. José Luis apunta que siempre les repite lo mismo a los alumnos de su hija: “Estudiad… que para burros ya estamos suficientes, luego te acordarás y te arrepentirás como me paso a mí”.

La juventud de José Luis la resume como trabajo, trabajo y trabajo. Tenía pocas horas para juergas. Siempre se acuerda que cuando todo el mundo estaba de fiesta él tenía que ir a trabajar,  ya que el trabajo de panadero siempre es de noche.  Alguna juerga ha tenido pero siempre a trabajar sin dormir.  El baile y la música es su gran pasión. En casa tiene una guitarra pero nunca ve el momento de ir a aprender a tocarla. Ahora dice que como habla Joaquín Sabina en una canción…”Ahora es demasiado tarde princesa”, le encanta Joaquín Sabina.

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Se casó con 25 años con Nieves Mayoral ella tenía 21 años. Se casaron en noviembre en Castejón de Monegros. Un domingo recuerda. Su viaje de novios fue 10 días a Tenerife. A los 9 meses de su boda nació su primer hijo, Daniel y 8 años después Blanca.

Se le cae la baba al hablar de sus hijos, José Luis me explica que ha tenido mucha suerte con sus dos hijos. Dice que son muy buenos, inteligentes y muy trabajadores. Su primer hijo se llama Daniel, tiene 41 años y actualmente tiene una autoescuela en Fraga con su mujer, Paola. Y Blanca, tiene 33 años, es autónoma y da clases particulares,  también trabaja de secretaria en la Asociación Monegros Empresarial.  Tiene un hijo de 2 años y medio que se llama Pablo con Dani, su “joven”.

Su vida adulta se vio truncada por una operación a los 50 años que le cambió la vida por completo. Un tumor cerebral hizo que tuviera que dejar de trabajar con 55 años. Así que su vida actual es ir al corral, trabajar un pequeño huerto que tiene y cuidar de su nieto.

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Refranes que siempre dice uno: “Si la envidia fuera música, no haría alta traer orquesta pa´las fiestas”. Y recuerda que un hombre de Castejón le decía que el mejor remedio para los dolores era el agua, ¡AGUANTARSE!.  Aunque el que más le llena de emoción es el que es referente a la patrona de su pueblo: “Santa Ana, buena muerte, poca cama”.

José Luis me habla de las creencias y tradiciones. Piensa que muchas están desapareciendo en todos los sitios pero que siempre hay personas que luchan por recuperarlas. Y recuerda a su padre con el dance de Castejón de Monegros.  Que luchó para que no desapareciera y fue reconocido por ello.

Mareme Badiane

Tercero de la ESO

 

 

Félix Tabueña Tabueña


Félix nació en Pallaruelo de Monegros en 1927. Fue un 21 de febrero pero en el DNI se equivocaron y le pusieron el 22, así que no tuvo más remedio que asumir su cumpleaños el 22 de febrero. Su padre era agricultor y pastor, especialmente era capador y capaba muy bien los mardanos, iba a muchos pueblos de capador, entre ellos Lanaja y Castejón de Monegros: “Les retorcía un testículo, los revolvía al revés y así mataban el nervio, después  ataba una cuerda hasta que encallaba”.  

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Fueron siete hermanos, pero su madre murió muy joven y pronto tuvieron que trabajar, algunos emigraron a Barcelona. Félix fue a la escuela con cuatro o cinco años pero la guerra la interrumpió. Iba con José María, un maestro de Tardienta, y al menos le dio tiempo para aprender a leer y escribir.

Tras la guerra le mandaron a casa Ruata para hacer “mandaus”. Félix era muy joven y ayudaba en la casa: ayudaba a la cocinera, iba a buscar y reponer leña, ordeñar y apacentar las cabras… vamos, a todo lo que le mandaban. Al ser tan joven, la señora de la casa, la Pelai, le mandaba a la escuela para que aprendiera. Pero el maestro, al verlo llegar tarde el primer día, prácticamente lo despachó de la escuela “¡Qué ya había dado la clase!”. Al enterarse la Pelai fue a quejarse a la escuela y enfadada regañó al maestro “Lo puso como un guante y exigió que no lo volviese a despachar”. A partir de entonces, el maestro Don Paco, que debía de ser de Albalatillo, lo trató muy bien y nunca más dijo nada malo. Con Don Paco, Félix aprendió mucho “Hacía leer el Quijote y muchas fabulas”.

Félix realizó el servicio militar a los 21 años, estaba de pastor de casa Ruata y avisó que marchaba, pero al final le retrasaron un año de mili. Así, Félix marchó a Castedefell, a la torre donde estaba su hermano, y allí estuvo un año cultivando verduras antes de hacer la mili.

“En Pallaruelo de Monegros había prácticamente tres casas que tenían unas tres partes del monte de Pallaruelo, casa Pelai, Servando y Soldau, también estaba la casa fuerte del Maleno Tenían hasta criau. Esas casas empleaban a más de la mitad del pueblo para sus labores. Los demás trabajaban para sus casas o tenían que buscarse la vida por el mundo.”

“Las mulas labraban mejor, las mulas buenas.” Con las mulas de la casa iban a buscar leña, cogían romeros, ramas de sabina y pino, ginestas… Algunos iban a Sariñena a vender fajos de leña, su abuela, con cuatro zagales, bajaba a Sariñena a vender leña y, a cambio, se llevaba algo de patatas para casa.

El agua la iban a buscar a la balsa con mulas, carretillos y pozales, llenaban cantaros, toneles y cubas y cada cierto tiempo tenían que limpiar el barro que se acumulaba en el fondo de las balsas. Las  mujeres iban con cantaros y las casas ricas con cubas que llenaban con pozales de 10 litros “Cabían unos 90 pozales en cada cuba y el aljibe más grande de Pallaruelo cabía 32 cubadas”. Los aljibes de las casas se llenaban con la mengua de enero, cuando más helaba para asegurar la mejor calidad del agua. “Cuanto más hielo mejor”, antes helaba mucho, recuerda Félix, “Las balsas por lo menos tenían tres dedos de hielo y pasaban por encima”. En invierno, a veces, tenía que romper el hielo con la jada para que el ganado pudiese abrevar. Estaban las balsas del Consejo, del Tozal, la balsa buena y la del Tío.

Por el monte había caza, tanto conejos como perdices, los viejos iban a la espera y los zagales encorrían perdiganas “Al segundo vuelo ya se podían atrapar y se usaban para reclamo”. Pagaban por ellas, “Antes la gente era muy espabilada”. Ponían cepos para los conejos ”Los viejos eran mejores, los cogían sólo por la pata pero no los mataban. Las raposas lo sabían y al sentir los gritos iban y cogían el conejo mientras que el cepo lo desperdigaban por el monte. Los nuevos cepos los cogían por el cuerpo y los mataba en el momento”.

“La cosecha solo era buena los años que llovía, pero esos solo eran muy pocos años”. Cuando tuvo edad, Félix fue a la siega y a la trilla, aunque trabajó toda su vida de pastor para casa Ruata. Un año estuvo en Sariñena, era de crio, con 15 o 16 años, en casa Torres, pues se habían quedado sin pastor, de rebadán. En casa Torres trabajó con tío Miguel, el de la Polonia, en las Almunias y por la zona del Moscallón, “Ha cambiado todo mucho, no se criaba nada y ahora ni se reconoce”. Félix cogía setas de cardo “Había muchas siempre que la primavera hubiese sido lluviosa. Había dos hombres de Sariñena que se dedicaban a coger setas y luego las vendían”.

Se compraba todo en Sariñena, aunque en Pallaruelo estaba la tienda de la tía Cruz, donde el tío Pito iba a Sariñena con un carrer pequeño para comprar lo que vendían. También estaba la tía Juliana con su estanco y café. Había un horno de pan para todo el pueblo, había horneras y el horno estaba en la plazeta donde estaba correos, “El antiguo horno pasó a casa Ruata a cambio del solar donde ahora está el frontón”.

De pastor, al principio, iban dos pastores. Félix iba con el abuelo Genaro, quien luego fue su suegro. El abuelo de su suegro ya estuvo de pastor en casa Ruata. Antes casa Ruata era casa Asín, hasta que tuvieron dos hijas, una se casó con un Ruata de Alcubierre y otra en casa Torres de Sariñena. Así, iba el mairal y el rebadán, con unas 500 cabezas en casa Ruata, en casa Pelai habría unas 400 y en casa el Soldau con el Maleno unas 400. Antes en Pallaruelo habría unas 3000 cabezas y ahora ninguna. Pastaban por todo el monte y algo en Moncalvo, por el corral del Miñón, del Bolero, el cantero… En las casas ricas no dejaban tener ganado propio a los pastores de casa, pero a Félix le dejaron tener su propio ganado, tuvo unas cuarenta ovejas y las apacentaba todas juntas. Con Jesús Labrador fue seis años juntos “Era muy cazador y cogía muchos conejos”.

Cogían rabosas por la piel, las despellejaban por la boca hasta que les dijeron que luego las abrían y a partir de entonces las despellejaban como los corderos. En primavera ya no valían, no te las compraban “Es cuando mudan y el pelo se deshace”. Por el monte comían poco, algo de judías con una patata. Llevaban un puchero y se hacían la comida en el monte. Iban con una burra o un burro castrado, llevaba una alforja de piel que cosía su suegro. En la alforja llevaban el puchero, la comida, las fiambreras de latón, el vino en el botico “Cabían 5 litros” y, entre muchas otras cosas, dos cantaricos de gua. Los cantaros los compraban en La Almolda “Había dos alfareros muy buenos”. Les llevaban leña de romero y a cambio se llevaban jarricos, cantaricos y luego botijos. Los cerraban con un manojo de tomillo, así el agua respiraba y se conservaba mejor.

 Se aseaban con un pozalico en el corral, los críos en un barreño. Para las fiestas, en la víspera, se lavaban en la balsa de los animales. Su hermano se casó en Lanaja y se casó con la tía Paca, una mujer que Macario Andreu recordaba haber oído relatos sobre la picadura de la tarántula. Félix no se acuerda mucho, cuando picaba se llamaba a un tañedor que tocaba la guitarra y el afectado tenía que bailar sin parar hasta que los efectos desaparecían.

Félix atesora gran sabiduría, aquella propia de la vida en el monte, de pastores, una forma de vida que se transmitía de generaciones tras generaciones. Un artista en el labrado de la madera que ya tratamos en el 2013 Félix Tabueña Tabueña, pastor monegrino. Con Félix siempre se aprende y, sobretodo, se pasa muy buen rato, gracias Félix!!

Gracias a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!

Paco Villellas Arasanz


Natural de Capdesaso, Paco Villellas Arasanz nació en 1933.Su padre fue ferroviario en la Estación de ferrocarril de Sariñena: “Limpiaba y encendía las máquinas de vapor. Las reparaba y las volvían a encender con leña, primero echaban unas pastillas y luego la leña para después ir echando viguetas de carbón”. Su madre trabajaba en casa, fueron tres hermanos.

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Paco fue a la escuela de Capdesaso hasta los 13 años. Primero les daba clase uno de casa Paul quien, aunque no era maestro, enseñaba a los críos. Luego ya llegó un maestro oficial “Don Andrés”. Entonces igual estaban una treintena en la escuela “Había clases separadas de chicos y chicas”.

De crío, Paco iba a la fuente a refrescarse y jugaban con una pelota de goma, a marro, a burrico falso (churro, media manga, manga entera), a ladrones y ministros y al frontón. Durante las fiestas patronales disfrutaban de la orquesta “Estrellas Negras” de Binaced y la orquesta “Colombia”, con 16 años los mozos pagaban a los músicos y, para que saliese más económico, iban a comer cada día a una casa. Se hacían carreras de bicicletas: “Se colocaba una cuerda con anillas y tenían que pasar un lapicero por las anillas”. Para los quintos se hacía merienda y bailes y para Santa Agueda las chicas les sacaban a bailar, hacían merienda y baile tarde y noche. En las fiestas del 3 de mayo se iba a Santa Elena.

Paco bajaba mucho a Sariñena, en la plaza del ayuntamiento estaba la tienda de bicicletas de Perico. Una vez, por la plaza, conoció a quien luego fue su mujer Magdalena Laín Martín, natural de Sariñena de casa Carrasca por parte paterna y Cuquera por parte materna. Luego, Paco bajaba a Sariñena al baile, con la bicicleta “Una vez volviendo, a las dos de la mañana, se me reventó una rueda a la altura del olivar de Juanillo, tuve que volver andando”. Han tenido dos hijos, su hijo Paco ha continuado en el mundo ferroviario y Elena es periodista.

De chico, Paco trabajaba en la huerta, iba todos los días con la burra hasta que a los 18 años entró a trabajar en la Renfe. Empezó de ayudante con su padre, ayudando a encender maquinas. Le hubiera gustado ser fogonero o maquinista pero no pudo ser. Al principio iba andando desde Capdesaso hasta la estación, hasta que ganó algunas perricas y se pudo comprar una bicicleta, una Orbea, después tuvo una BH.  Al tiempo comenzó como ayudante mecánico y a los ocho años le hicieron mecánico “Oficial montador”.

En la estación había una rotonda para dar la vuelta a las maquinas, los maquinistas hacían noche en la estación, en el edificio en el Cuarto de Agentes, “Tanto los que venían de Lérida o Zaragoza pernoctaban en Sariñena”. Paco estuvo por lo menos veinte años trabajando en la estación ferroviaria de Sariñena, pero cerraron el depósito de vapor y lo mandaron a Barcelona. Allí estuvo 2 años temporal en calderines, cobraba como jefe de equipo, luego al puerto a carga y descarga de contenedores. Después lo trasladaron a la Barceloneta a material móvil y más tarde en Can Tunis, cerca de la Seat, donde estuvo de mecánico de trenes hasta que se jubiló. En Barcelona estuvo en total veinte dos años y cuando se jubiló volvió a Sariñena.

“En la estación de ferrocarril de Sariñena había varias secciones de material y tracción, de material móvil, el jefe de estación y obreros…. Estaban las brigadas de mantenimiento y arreglo de vías. Entonces no había maquinaria y se hacía todo manual.  Había guarda frenos cada pocos vagones para frenar el convoy ferroviario, hasta que llegaron los frenos automáticos y desaparecieron la figura de los guarda frenos.”

Paco es memoria viva de lo que significó la Estación Ferroviaria de Sariñena, una gran actividad que nos ha acercado con gran cariño, gracias Paco.

Gracias a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!

Antonio Castejón Nogueras


Natural de Castejón de Monegros, Antonio nació en 1932. Su padre se dedicaba a las labores del campo, tenía sus propias tierras y además llevaba tierras de casas ricas de Castejón de Monegros. Se sembraba trigo y cebada: “venían años muy malos y no se cogía nada”. En casa fueron tres hermanos, él y dos hermanas.

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Antonio fue a la escuela hasta los trece años donde aprendió a leer, escribir y las cuatro reglas (sumar, restar, multiplicar y dividir). El agua la cogían en la fuente del pueblo, en los balsones del monte, fraguaus con piedra, y allí se sacaba el agua cuando llovía. En Castejón de Monegros no había huerta, sólo las casas ricas regaban con agua de las fuentes, había algunas viñas e higueras, poca cosa. En las casas se criaba algún cordero, se tenían dos o tres ovejas y un pastor se encargaba de agrupar unas 200 ovejas de las distintas casas que luego apacentaba por el monte: “Por las tardes, a la vuelta, ellas solas volvían a cada casa”. En cada casa tenían 3 o 4 cabras para leche “Al ganado se les hacía ramas de sabina para que se alimentaran”.

“En Castejón de Monegros había dos o tres fuentes grandes y las casas ricas tenían algo de huerta”

En verano todos iban a la siega “Si había algo de cosecha”. Muy malo año fue 1949 “Aquel año sin sacar las gavilladoras de casa, no se cogió nada y en 1953 también se perdió toda la cosecha”. Con 14 años, Antonio ya labraba con los machos. Ha estado de pastor por las partidas de Castejón de Monegros, llevando ganado para una gran ganadería de Huesca: “Si te cogían se trabajaba para las casas ricas, sino a marchar, mucha gente marchó a trabajar al canal en Mequinenza”. También recogían esparto para venderlo a un comerciante.

Se recogía mucha leña de romero y se bajaba a vender a Sariñena, salían a las tres de mañana para llegar pronto a las seis de la madrugada, recorrían los 24 kilómetros con un carro tirado por mulas. La leña la cogían en el monte de Castejón de Monegros, se pasaban dos días haciendo leña, lo dejaban cortado en la era del Plano, donde tenían un corral. Lo vendían a tanto el fajo, por las calles y plazas. Con 17 años Antonio ya bajaba sólo a Sariñena a vender leña “Entonces, en Sariñena había unos cinco hornos de pan”. Bajaban unos tres o cuatro carros cada día para vender los fajos de romero aunque también iban a otros pueblos ”Hasta Quinto de Ebro o La Zaida”.  Se hacía leña de pino, pero sólo para casa “De estraperlo se iba a hacer pinos en la sierra de Jubierre. También hacían lotes de pinos, pero muy pocos”. Su padre no podía trabajar, le dio un parálisis que le invalidó,  así que Antonio tuvo que trabajar desde muy pequeño.

Con 14 años, en 1946, Antonio marchaba a La Almolda a trabajar ocho horas por 16 o 17 pesetas. Iba andando para trabajar en la construcción, a pico y pala, de la carretera, luego fueron a hacer la de Bujaraloz a Osera: “De Castejón de Monegros a La Almolda hay 8 kilómetros y tardábamos dos horas.  Los de La Almolda vendían yesos.”

En 1953 fue a Bisaurri, cerca de Castejón de Sos. De Castejón de Monegros fueron veintiuna personas: “Para hacer un desmonte, a pico y pala, para una carretera”. Estuvo más de un mes gracias al contratista de Cantalobos Antonio Chesa Valdellón.

Antonio se casó en 1960. En Castejón había buenas fiestas, eran muy buenas, venían músicos todos los días, normalmente duraba tres días: “Se gastaban pocas perras, no había dineros. Iban orquestas buenas y se hacía el dance, todo a lo pobre”.

A los 38 años se dedicó a arrancar piedra para la construcción de los pueblos de colonización, muchas noches se quedaba a dormir en Lanaja: “En las cerros aparecen las cejas y allí está la piedra, piedra de cal, se hacía con todo: con pico y pala, con barrena…”. En La cartuja de Monegros apañaban la piedra y la abastecían a los albañiles. También trabajó en la construcción del túnel del canal de Monegros en la sierra “Se hicieron anillos de hormigón y se forraba con cemento”. “Lo Gavín”, le decían al terreno, “Se ganaba poco y se trabajaba mucho”.

También se ha dedicado a la venta de verdura y fruta con una camioneta: “Primero con una Ebro y luego una Nissan”. Iba a Mercazaragoza a las dos de la mañana, muchas veces con su hijo y luego la vendían por los pueblos: “Lanaja, Candasnos, Peñalba… Hasta Lamasadera”. Alguna vez hasta atascó por alguna cuneta. “Luego han venido años mejores aunque siempre todo costó mucho”.

Gracias a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!

José Casabón Peralta


José Casabón Peralta nació en Sariñena el 23 de diciembre de 1925. Descendiente de familia de herreros, su padre Eloy Casabón acabó siendo mecánico de automóviles, montando el taller familiar “Garajes Casabón”. Tras la guerra civil, la familia de José se vio obligada al exilio a Francia, del cual pudieron regresar con el tiempo y continuar con su vida y el negocio familiar. 

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A pesar del exilio, José pasó su infancia en Sariñena, jugando a los pitos y a las ingles, se ponían de cuclillas y saltaban por encima. Fue poco a la escuela, pues para la guerra tuvo que abandonarla. Siempre ha estado en el taller junto a su padre, de quien aprendió el oficio de mecánico. Su padre Eloy Casabón Tisaire comenzó trabajando en la herrería con su padre y hermano, pero a Eloy le gustaba mucho más la mecánica: “Arreglaba todo lo que podía”. Así que poco a poco fue aprendiendo mecánica, ya que en aquellos tiempos, en Sariñena, “Sólo había tres o cuatro coches”.

De zagal, Eloy se encargaba de llevar unos cinco litros de combustible a la avioneta que fotografiaba el terreno y que repostaba en la cabañera. Un día aquella avioneta se averió “Eloy la evaluó y le dijo al piloto que si quería la arreglaba”. El piloto sorprendido se rio, pero Eloy le matizó –Eso es la magneto-, a lo que el piloto le respondió -Pues oye, ¡arréglala!- . Finalmente, Eloy la desmontó y la llevó a Huesca para que la arreglasen, mientras aprovecho para estudiar la avioneta, su mecánica, hasta que la pieza regresó. Eloy la montó y la avioneta volvió a volar, entonces Eloy era muy joven.

José siempre ha estado con su padre en el taller, detrás de él aprendiendo todo lo que sabía. Eloy ponía unos tarugos en los pedales de un automóvil y mientras se subía en el estribo enseñaba a conducir a José. En el taller tenían un coche para alquilar, aquel era el que conducía José hasta que aprendió y tuvieron que comprar otro para alquilar.

El primer taller lo montó Eloy camino del río, al principio de la salida de Sariñena a mano derecha, en un pajar grande de un amigo junto a la fábrica de gaseosas de Masueras. Cuando evacuaron Sariñena durante la guerra, su padre se llevó todo lo que pudo del taller y de la casa en un camión, la familia tuvo que abandonar España. De alguna manera, Eloy trató de salvar su medio de vida, la forma de ganarse la vida de la que dependía su familia, pero cuando pasaron a Francia por Sallent, en la frontera tuvo que bascular el camión y abandonarlo todo.

José tenía un hermano y dos hermanas. A Eloy lo cogieron y lo llevaron a un campo de concentración, mientras a ellos se los llevaron a un refugio para mujeres, niñas y niños. Sus hermanas se pusieron a trabajar en una fábrica textil, de hilaturas, y ellos fueron a la escuela, eran los más pequeños. Cuando José cumplió la edad tuvo que dejar la escuela, allí estuvieron cuatro años hasta que alquilaron una casa. Afortunadamente Eloy conoció a un médico del campo que le ayudó a salir, se había puesto malo y le dijo que saliese “Que si no se iba a morir”, al final salió y pudo juntarse con su familia.

Antes, José había ido a buscar trabajo a un taller del pueblo, el dueño viajaba a Paris y cada semana traía dos coches para vender. Los traía en ferrocarril cada fin de semana, eran de la marca Sinca. Eloy fue a trabajar al taller cuando salió del campo frances.

Al tiempo se volvieron a Sariñena, aunque su padre tardó en volver por miedo y se quedó un tiempo más en Francia. En España, José realizó el servicio militar, se había sacado el carnet de conducir de segunda, y durante el servicio transportaba carbón en un camión en una mina en velilla de Cinca a la estación. En Sariñena José se casó con Aurelia Carpi, no han tenido hijos.

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Con su padre y un primo montaron de nuevo un taller en Sariñena, se llevaban muy bien y nunca discutían, así que con mucho trabajo y esfuerzo sacaron adelante “Garaje Casabón, Accesorios del Automóvil y Recambio Marías”. Arreglaban de todo, coches, camiones, tractores… y vendían tractores Barreiros. Gozaron de muy buena clientela y con mucho esfuerzo y trabajo sacaron adelante el taller. El taller estuvo en la avenida Huesca, luego hubo un garaje, con una puerta automática donde los críos se colgaban cuando se elevaba. El segundo taller se ubicó en la calle Gasset. Gracias a José por relatarnos su historia, la de un taller muy característico de la historia reciente de Sariñena, de una época de transición, de la tracción animal a los vehículos a motor, de los coches, tractores y camiones.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Virgilo Villanua Ainoza


Virgilio Villanua Ainoza, natural de Castejón de Monegros, nació el 26 de junio de 1912 y falleció el 14 de abril de 1993. Fue albañil, cantero, picador de piedra y danzante del dance de Castejón de Monegros. De la mano de José Luis Villanua, hijo de Virgilio, nos adentramos en su figura, recordando y reconociendo su impronta. También Martín Blecua Vitales plasma, en un sentido homenaje, la memoria de Virgilio, dedicando unas sentidas palabras que amablemente nos comparte y que tanto agradecemos.

 

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Virgilio Villanua Ainoza

 

Virgilio contrajo matrimonio con María Serrate Pueyo, también de Castejón de Monegros, una mujer que a los 14 años marchó a servir a Barcelona. A su vuelta conoció a Virgilio con quien se casó en seguida, un 22 de diciembre, se llevaban diez años. Con María, Virgilio tuvieron cuatro hijos: Tomas, José Luis, Pedro y Begoña, un quinto falleció al nacer. Virgilio trabajó de albañil adquiriendo maestría en el oficio de cantero y picador de piedra, trabajando en multitud de obras como las casas que hicieron para los jefes de obras del pantano de Sallen de Gállego, un arco en piedra picada a la salida sur del canal de los Monegros y en la pista de baile de Castejón de Monegros, lo que se denomina el frontón para jugar a la pelota de mano, que por detrás se puede ver qué es todo de piedra, desde el suelo hasta arriba y hecho totalmente por él, recuerda José Luis.

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Virgilio y María

“Era muy trabajador y muy buena persona” recuerda Blanca Villanua, nieta de Virgilio. Blanca inauguró la pila bautismal que realizó su abuelo en piedra para la iglesia de Castejón de Monegros. Gracias a Blanca por su trabajo, fotos, datos e información para hacer posible el presente artículo, demostrando el gran cariño que guarda a su abuelo. No obstante, Virgilio fue reconocido en vida y en su pueblo, en Castejón de Monegros, le realizaron dos homenajes, tanto el ayuntamiento en 1983 como el dance en 1992.

 

 

Así que recordamos a Virgilio Villanua Ainoza, poniendo en valor y honrando su extraordinaria figura que ha sido pilar fundamental en el dance de Castejón de Monegros, de nuestras tradiciones y raíces.

Virgilio, danzante de Castejón de Monegros.

El dance de Castejón de Monegros es uno de los más antiguos que se conservan en la actualidad. En un principio los danzantes solamente eran hombres, hasta que por unas cosas o por otras se perdió en el pueblo durante unos años. Se recuperó después con hombres y alguna mujer que se atrevió a danzar con ellos, hasta que los hombres terminaron dejándolo de lado y dejando paso a las mujeres, ellas son las que actualmente lo mantienen vivo y en activo. Además cuentan con la inestimable colaboración de una persona de Sariñena que ha puesto todo su interés y tiempo en ayudar a conservarlo, estoy hablando de Martín Blecua Vitales, buen gaitero y mejor persona (no hay quien lo ponga en duda).

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La relación entre Martín y Virgilio Villanúa, mi padre ya fallecido, comenzó cuando Martín era un chaval. En Castejón había danzantas pero no gaitero. Venia uno de La Almolda, pero el mozo tocaba de oído y las notas no las tenía muy claras. Un día propuso que el dance de Castejón danzara con mudanzas de La Almolda y fue entonces cuando Virgilio Villanúa se plantó y dijo que eso sí que no iba a ocurrir. Tuvieron sus palabras y acabó la relación.

Fue entonces cuando Enrique Pérez, que es un gran amigo de la familia, le dijo a mi padre que en Sariñena había un gaitero joven, si le interesaba…. Y a mi padre ¡¡¡tiempo le faltó!!!!. Se pusieron en contacto y empezaron los ensayos. Mi padre le tatareaba las mudanzas y Martin enseguida cogió el “tranquillo” y eso a Virgilio le ¡¡volvía loco!!. Martin era un crío, un  gaitero que tocaba las mudanzas con el arte con la que las tocaba… ¡Era una locura!. Mi padre quería mucho a Martín casi como a un hijo, supo darle aquello por lo que siempre había luchado.

Yo en mi niñez, como Rabadán de los danzantes, siempre me acuerdo que el primer gaitero que tocaba en Castejon fue también un chico de Sariñena, que también tocaba la gaita aragonesa, creo que se llamaba Domingo.

Yo como castejonero (aquí en Sariñena soy castejonero y en Castejón soy el de Sariñena… a estas alturas, no sé de donde soy). Bromas aparte, en mis recuerdos los mejores y únicos gaiteros que yo he conocido han sido los de Sariñena y por eso:

VIVA EL DANCE DE CASTEJON DE MONEGROS

VIVA EL DANCE DE SARIÑENA

Y VIVAN LOS GAITEROS QUE COLABORAN EN MANTENER VIVOS LOS DANCES

                                               José Luis Villanúa Serrate

Virgilio, cantero y picador de piedras

Virgilio fue toda su vida albañil y de ahí su afición y facilidad para picar piedra. Cuando él empezó con los tochos, bloques de cemento… pocos sabían trabajarlos y a él siempre le tocó manejarlos. Por su corpulencia no las podía manejar fácilmente pero tenía una gran habilidad, primero picándolas y haciéndoles cara y luego haciendo pared de piedra. Paredes que aún se conservan en perfecto estado.

En los montes de Castejon “abundaban” las canteras de piedra. Una piedra muy sana y que además, si sabias manejarla como hacia mi padre, se hacían obras de arte.

De sus últimos trabajos que hizo se conserva en la Iglesia de Castejon de Monegros una pila bautismal hecha íntegramente, desde la base hasta la pila.

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Bautizo de Blanca Villanua en la pila bautismal realizada por Virgilio. 

También hizo unas pilas para el agua bendita a la entrada de la Iglesia. Pero… como siempre tiene que haber un pero… el cura de entonces le dijo que si quería hacerse notar más que nadie en la Iglesia. Así que mi padre cogió tal rebote… que cogió las dos piletas de piedra picada y se las llevó a casa para comedero y bebedero de las gallinas del corral.

Otra de las obras de piedra que hizo fue por encargo de una antigua empresa de construcción de aquí, Albas- Huerva. Virgilio no era muy fuerte y las piedras que había que poner ahí pesaban lo suyo. Entonces le dijo a Manolo que le pusieran a alguien para ayudarle a darle la vuelta a las piedras: “Y, que si no  les parecía mal, le pusieran a una persona de Sariñena que también manejaba la piedra”. Le llevaron un hombre del que desconozco su nombre real, ya que siempre lo llamaban Casillas y por ese nombre lo conocíamos todos. Entre los dos hacían uno y así sacaron adelante el encargo.

 

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Se puede observar a día de hoy un ojo de buey hecho todo de piedra picada que se puede ver en la parte de detrás de la Iglesia. Vale la pena verlo. Ya que no es “moco de pavo” ya que las paredes de las iglesias son de unos 80 cm de ancho y para picar las piedras  y darles forma circular tiene su mérito y secreto. Así que desde aquí se merecen un recuerdo para Virgilio y Casillas por su buen trabajo.

José Luis Villanúa Serrate

A Virgilio Villanua, por Martín Blecua Vitales

Conocí a Virgilio Villanua un 26 de Julio de 1983, festividad de Santa Ana, Patrona de Castejón de Monegros. Aquel día, junto con Pedro Mir Tierz, habíamos ido a ver el Dance, que hacia su salida por las calles del pueblo en el rosario de la tarde. Nuestra intención era recopilar información para nuestro libro La Gaita de Boto en Aragón; sacar fotografías; hablar con nuestro amigo y gaitero Mariano Labat Pinós y con Simeón Serrate que era el actual Mayoral del Dance de Castejón.

Terminado el Rosario, nos reunimos con ellos en un bar de la localidad donde los danzantes estaban tomándose un refresco, transcurrido un rato se acercó a nuestra mesa un señor menudo que muy respetuosamente y tras presentarse, nos preguntó si éramos nosotros los gaiteros de Sariñena que le habían dicho que estaban en el pueblo, tras la respuesta afirmativa, se interesó por saber si la gaita que nosotros tocábamos era la Aragonesa, como la que tocaba Vicente Capitán. Aquel hombre menudo, resulto ser Virgilio Villanua, ultimo Mayoral del dance de Castejón antes de su recuperación en los años setenta.

Por un casual, llevábamos en el coche una de las gaitas que nos regaló el lutier francés Marcel Gastellu Etchegorry, se la mostramos y nos pidió si podíamos tocar algo, y si conocíamos la mudanza de la Zarza. Toque la melodía que tenemos en Sariñena con el mismo nombre, que resultó ser muy parecida a la de Castejón, tras escucharla, abriendo un poco los brazos y con la emoción reflejada en sus ojos y en su voz, nos dijo: “Esto sí, esto sí, creía que no volvería a escucharla nunca”.

Quedamos en hablar otro día a solas con él y pasadas las fiestas patronales, una tarde en su casa pudimos grabar en cassette todas las melodías del dance de Castejón, llevándonos una gran sorpresa por la cantidad de ellas, muchas de las cuales no se danzaban desde hacía muchos años, y otras que solo las conocíamos de oídas.

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Martín con José Luis, Blanca y Pablo.

El Tío Virgilio, hombre afable, al que le gustaban las cosas bien hechas, como amante del dance era exigente en la ejecución del mismo, su abuelo Blas fue gaitero de Castejón, durante los años que fue Mayoral acogía en su casa al gaitero de Sariñena Vicente Capitán, era lógico su gran conocimiento en el repertorio de mudanzas tanto del pueblo como de otros lugares.

Cuando en 1984 empecé a tocar el dance, se comportó conmigo como Mayoral, y siguiendo la tradición, junto con su esposa María  se me acogió en su casa como uno más de la familia, me acompañaba a los ensayos, donde el grupo de Dance demostraba un gran respeto hacia él y propició la recuperación de mudanzas olvidadas durante muchos años.

Virgilio Villanua es un personaje, que por haber realizado una actividad normal y habitual en Castejon, como es ser Mayoral del Dance, no se le ha dado la importancia que realmente merece, pues gran parte del patrimonio cultural del Dance Catejonero la tiene gracias a él.

Yo como gaitero, me siento orgulloso de haber podido ser el receptor y trasmisor de toda la sabiduría que atesoraba el Tío Virgilio; agradecido de poder gozar de su amistad y que hoy tiene continuidad con su familia y después de tantos años, seguir siendo gaitero del Dance de Castejón sintiéndome un Castejonero más.