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Museo de Oficios Antiguos Monegros


          El Museo de Oficios Antiguos Monegros es un viaje a nuestro pasado, a nuestra memoria etnográfica, un lugar donde redescubrimos como se vivía antes. Pero también, es un viaje que nos permite contemplar el vertiginoso paso del tiempo y el gran desarrollo tecnológico que, en los últimos cincuenta años, ha revolucionado la humanidad.

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            En la monegrina localidad de Sena encontramos el Museo de Oficios Antiguos Monegros, inaugurado el 10 de julio del 2015. El museo es la antigua fonda Felisa y herrería de Florentín, del matrimonio Florentín Nogués y Felisa Inglán. En el interior encontramos cerca de 5.000 utensilios y herramientas, un conjunto museístico dividido en diferentes espacios que recrea, con gran detalle, diferentes oficios perdidos. Herrería, albañilería, barbería, aperos de labranza y siega, la carpintería, la escuela, la habitación de fonda, la tienda, la cocina, la bodega, los juguetes… espacios que, de forma didáctica, desarrollan un recorrido que ellos mismos describen como “fiel imagen del modo de vida de nuestros antepasados que  queda reflejado por medio de sus enseres”.

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            En el museo descubrimos que en Sena había hasta 5 talleres de carros y carruajes que exportaban por todo Aragón, un oficio poco conocido pero de gran complejidad. Trabajaban magistralmente tanto la madera como el hierro y fabricaban a la perfección fabulosos carros de gran belleza y utilidad. En el museo podemos contemplar un gran carro de los antiguos talleres “Tisaire” de Sena. Aquella gran tradición de construcción de carros da origen a una curiosa particularidad de Sena, sus hogares tradicionales con los aros metálicos de las ruedas de los carros. Un mundo de curiosidades, de recuerdos y sentimientos, de sabiduría popular forjada a lo largo de la historia.

 20161119_172526           Cada objeto cobra una enorme dimensión, traen muchos recuerdos y despiertan muchos sentimientos. Algunos los recuerdas y otros los desconoces, en algunos reconoces su nombre y en otros le das tú propio nombre dependiendo de tu zona. Es un museo lleno de detalles y curiosidades, como la primera bicicleta que llegó a Sena y que en la Guerra Civil fue incautada. Cada objeto guarda una profunda historia que Alejandro Campoy Rios narra con profundo cariño y orgullo. Alejandro es el responsable del museo y junto a su padre, ha ido recogiendo, adquiriendo y restaurando la extensa colección. Ha invertido gran esfuerzo y trabajo, su ilusión es ya toda una realidad, el más que recomendable Museo de Oficios Antiguos Monegros.

            Además, Sena ofrece un conjunto de casas solariegas, tales como la de Chavarriga y Blecua, la antigua casa de las Carmelitas descalzas, la iglesia gótica de la Asunción y la Casa Consistorial del siglo XVI; claro ejemplo de arquitectura civil aragonesa y Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés desde el 2002. Sena no deja de ser un pueblo muy recomendable para su visita y cercano al Real Monasterio de Santa María de Sijena.

             Gracias a Alejandro Campoy y a Rocío Sanz por su gran acogida, un museo al que hay que volver.

 

 

 

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Los últimos esquiladores


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         El otro día, charlando  con A. R. M. talabartero de toda la vida,  contertulio impenitente y conocedor de mil historias, me comentó de pasada  un asunto relacionado con las caballerías de Sariñena. Su comentario  me dio pie para indagar sobre los últimos esquiladores que hubo en nuestra villa. Para completar este asunto necesité de otros conocidos tertulianos como José B. S., en otro tiempo contumaz viajero nacional e internacional y Agustín A. A. reputado ganadero de El Tormillo. Entre estos y otros espontáneos abordados en los mentideros más soleados de la localidad (a los que debo de agradecer su implicación), me suministraron  suficientes datos como para pergeñar  un  ilustrativo artículo de etnografía monegrina.

        Allá por los años cincuenta, los burros, machos y mulas abundaban en las zonas rurales de este país. La precaria mecanización nacional hacía de estos  animales sujetos imprescindibles para la realización de las tareas agrícolas. Los cuidados que necesitaban eran mínimos, no obstante, era necesario tenerlos bien atendidos aunque sólo fuese por puro practicismo. Entre las incomodidades estacionales que padecían estas caballerías estaban las que les podía conllevar un exceso de pelaje, o sea, calores, suciedades y parásitos.  Para solventar este problema había en Sariñena cinco personas que  ejercían el antiguo oficio de esquilador. Estos  eran:  Pedro Peralta Royo y sus hijos  Pedro y José, (todos de casa  Chapi) y el tándem formado por Antonio Peralta Royo (apodado Matietas) y su socio José ¿Peralta? de sobrenombre Huesetes.  A pesar de las coincidencias en  nombres y apellidos, parece ser que sólo los tres primeros tenían parentesco entre sí, como ya he reflejado.

         Los cinco eran diestros con los utensilios propios del oficio, a saber: tijeras de distintos tamaños, maquinilla manual, una rasqueta acanalada de metal  para eliminar la porquería que generalmente se adhería al pelo y dificultaba el esquile y un cepillo para dejar perfecto al animal.

          Su lugar de trabajo estaba en la misma calle en la que vivían. Los primeros lo hacían en la Ronda San Francisco, enfrente de donde hoy está el baile del casino y los segundos en los comienzos de la calle Miguel Servet. Esta actividad, al ser de temporada, sólo era un complemento económico para las personas que la ejercían.

       Si el animal era tranquilo o no tenía cosquillas, no se tomaba ningún tipo de precaución, pero si era nervioso o “guito” había que atarle las patas con una “traba” o incluso ponerle el “torcedor”  en la boca  (un artilugio de madera con una cuerda en forma de asa en un extremo con la que se cogía el morro del animal y se tensaba con el palo). Este artefacto podía producirles  mucho dolor si se movían.

          La mejor época para el esquileo de los animales era en primavera y se les arreglaba, especialmente,  crines, colas y lomos.  Primeramente dibujaban con una tijera más pequeña una “rayeta”  para separar el lomo de la panza con el propósito de delimitar la zona esquilable. Con otra tijera de mayor tamaño “hacían” las crines y las colas y con la maquinilla el lomo.  Se evitaba esquilar demasiado ciertas partes del cuello, ancas y barriga con el objeto de minimizar el roce con el collerón o las cinchas. Y también  se les dejaba en el nacimiento de la cola un “floco” o flequillo. Algunos esquiladores solían perfilar cualquier tipo de dibujo como marca de la casa a modo de firma, generalmente en la culera.

        En un burro esquilado exclusivamente a tijera se podían emplear aproximadamente dos horas.  Con la llegada de las maquinillas  manuales a principios de siglo XX el tiempo se redujo a la mitad.

         Las nuevas mecanizaciones terminaron con la preponderancia animal en el campo y de aquel millón de burros que había aproximadamente en la España de los años cincuenta, se han quedado en unos sesenta mil en la actualidad, por lo que pueden ser considerados animales en peligro de extinción. Y la escasa demanda de esquiladores hizo que la mayoría se dedicara a otra cosa.

     La sabiduría popular ideó numerosos refranes para estos inteligentes, fuertes, resistentes, pacíficos, amigables, a veces tercos  y siempre denostados animales. En ningún caso, dichos refranes hablan de agradecimiento por la ayuda que prestaban o alababan sus cualidades. De mulas hay varios con tendencias machistas  y de esquiladores sólo recuerdo uno.

-Ponerse como el chico del esquilador.

-A la mujer y a la mula mano dura.

-A la mujer y a la mula por el  pico se les va la hermosura.

-Burro mal “esquilau” a los siete días “igualau”.

-El que a bodega va y no bebe, burro va y burro viene.

-Después de burro muerto la cebada al rabo.

-El burro delante “pa” que no se espante.

-El burro busca a otro burro “pa “ rascarse.

-Quien a burros favorece, “cosa” merece.

-Para las cuestas de arriba quiero mi burro,…

-Bien sabe el burro en que casa rebuzna.

-A burro viejo no le cambies el camino.

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           En cuanto al esquileo de las ovejas era trabajo de cuadrillas forasteras provenientes de Teruel o Soria. En algunos lugares como por ejemplo en El Tormillo un mismo esquilador local se hacía toda la cabaña.

         El último profesional de dicho pueblo fue Juan José Solano, era tal su destreza que podía esquilar entre cincuenta o sesenta ovejas por jornada, incluso una vez llegó a las ciento una, batiendo todos los record conocidos. Recuerdan sus convecinos que el pobre Juan José se fue a casa después de aquella dura jornada encorvado y sin poder enderezarse.

           En El Tormillo el sistema de pago se hacía por medio de igualas, como las que cobraba el barbero y que subían anualmente a una anega de trigo. Este pago daba derecho a afeitarse todos los sábados del año, por lo que ese día había cola durante buena parte de dicha jornada.

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       El descubrimiento de la ganadería sucedió en la época prehistórica denominada Neolítico. Antes de llegar a este hito social se domesticaron: el perro hace unos 9.500 años,  la oveja 9.000 años atrás, el jabalí (cerdo) 8.000 años y el burro  hace unos 7.000 años.

      Durante la etapa siguiente, la llamada Edad del Bronce se fabricaron numerosas herramientas de dicho metal y una de ellas fue precisamente las tijeras con las que se comenzó a esquilar a animales y personas. Estaban hechas de una sola pieza y no fue hasta el siglo XIV en que se  inventaron las de dos piezas.

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          La mecanización en la Sariñena de antes de la guerra era muy débil y sólo en casas muy ricas se podía ver un tractor oruga que funcionaba con petróleo o algún que otro artefacto con ruedas de hierro. A finales de los años cuarenta la casas fuertes de Sariñena disponían de los siguientes tractores:  Gilaberte un Renault, Regaño un Renault, Guillén un Volvo, Budios un Volvo, Sobella un Volvo, Torres  un Deutz, un Ford y un Fendt, Castanera un Farmall y un Minneapolis Moliné, Blanco un Deutz, Conte un Ford, Ariste un Volvo, Paraled (Sabineta) un Massey Harris Pony y posteriormente un Lanz de 95 caballos, Portera un Normag, Gaspar un Normag y Dupla un Man.

      Con la llegada de Nivelcampo en 1956 se le dio el verdadero empujón a la “tractorización” local y comarcal puesto que algunos agricultores aprovecharon la ocasión que se les brindaba para comprarse tractores y trabajar arrendados en la citada empresa. Posteriormente, con su desaparición en 1962, Nivelcampo  se deshizo de los tractores propios vendiéndolos a excelentes precios, muchos agricultores de la comarca se hicieron con alguno. El precio de venta de los de menos caballaje fue de 20.000 pesetas (unos 123 euros) cuando uno nuevo estaba valorado en 250.000 pesetas  (1.500 euros).

                                                                                                   Manuel Antonio Corvinos Portella

 

 

OFICIOS DESAPARECIDOS V “Colchonero”


MANUEL MARTÍN AINOZA Y ROSA AYALA MORILLA: COLCHONEROS

     Por entre las medievales calles del barrio del Castillo vive un entrañable matrimonio que con toda amabilidad me reciben en su casa y me cuentan numerosos detalles de un oficio que desapareció a principios de los años setenta.

     Hasta hace cuatro décadas en todas las casas de nuestro pueblo se  utilizaban únicamente colchones de lana y teniendo en cuenta que la lana se iba apelmazando por el uso, cada año había que “parar” el colchón, por lo que este oficio contó con numerosas personas que vivían de él o que lo tenían como un apoyo  a la economía familiar. Era una profesión ambulante y nuestros colchoneros/as  se desplazaban por casi toda la comarca

     Dada la imposibilidad de hablar con Manolo, las preguntas me las responde su esposa Rosa.

    Me cuenta que ella es de Lorca (Murcia).

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-¿Vuelve mucho por Lorca?

Muy poco, en 60 años he ido un par de veces. Ya no la conocería.

-¿De dónde les viene el conocimiento de este viejo oficio?

La colchonera era la madre de Manolo y ella fue la que le enseñó el oficio. Manolo la ayudaba si se lo permitía su otro trabajo.

Se llamaba Josefa Ainoza Castejón y era de Castejón de Monegros.  Imagino que  lo aprendería de su madre, allá en Castejón.

-Entonces, ¿ el oficio de Manolo no era el de colchonero?.

Bueno, ese y otros más, trabajó en empresas como Corominas o el tejar y también llevaba el huerto. Después de morir la abuela “paró” colchones esporádicamente si alguien se lo pedía. Al final  lo tuvo que dejar  cuando se cayó de la moto y se rompió los tendones del hombro.

-¿En qué año se perdió el oficio?

Recuerdo que el último colchón que paró fue el año en que  murió la abuela, más concretamente en el año 1973. Ya se habían puesto de moda los colchones FLEX.

-Tengo entendido que había dos tipos de colchones de lana.

Sí, estaba el sencillo y el inglés.

El sencillo no tenía ningún misterio, se cosía redondo y sin bordes y al inglés se le cosía con un bordillo de tres dedos de “reciura” con lo que las camas quedaban  mejor hechas y se dormía mejor. También se unían con cintas las dos superficies del colchón por varios sitios simétricos para que la lana no se moviese haciendo ese característico dibujo de bultos y hondos

…Pero, ¿el precio no sería el mismo?

Los sencillos muy pequeños valían 800 pesetas, los sencillos pequeños 1.000 pesetas, los sencillos de matrimonio 1.500 pesetas y los de estilo inglés sobre 2.000 pesetas, porque se trabajaba el doble.

-¿Cómo se hacía un colchón?

Se ponía un cañizo en alto y en él se colocaba la lana y se “bareaba” con una “bara” de avellano para esponjarla y quitarle la suciedad gorda. Después se iba colocando la lana bareada encima de una tela y cuando se cubría toda se ponía otra encima, se sentaban en  el suelo y se disponían a coser las dos telas. Esta última fase era muy pesada.

-Se necesitarían pocos  materiales.

Pocos: un cañizo, unas “baras” y unas agujas. El cañizo, las telas, la lana y las cintas para coser las ponía la casa. La aguja grande nos la hizo Paquito Casabón (el herrero) q.e.p.d. artesanalmente con martillo y forja..

-¿De dónde sacaban la lana?

Si en la casa no había ovejas la gente compraba la lana en las casas que había, luego la tenían que ir a lavar al río para quitarle la grasa y otras porquerías. Cuando se “bareaba”, la suciedad  se depositaba debajo del cañizo.

-¿Cuántos colchones se podían hacer en una jornada?

En un día se podían hacer dos y si apuraba el trabajo tres. Recuerdo que la abuela Josefa empezaba a las ocho de la mañana y volvía a las tres de la tarde.

¿Sin parar a tomar algo?

No paraba, se llevaba un corrusco de pan en el bolsillo y se lo iba comiendo mientras trabajaba.

¿Sólo trabajaban en Sariñena?

No, también paraban colchones en Albalatillo, Pallaruelo, Capdesaso y en La Estación. Allí iban Manolo y su madre solamente los sábados y domingos, durante todo el día. Hacían los colchones de tres o cuatro casas y comían en una de las casas para las que trabajaban.

Manolo ha hecho colchones hasta en Barcelona. Recuerdo que estuvo durante 20 días parando colchones para la familia que tenemos allí.

-Dado  los difíciles años  de los  que estamos hablando, ¿cómo se desplazaban?

Iban en bicicleta, Manolo llevaba a su madre en el portamaletas y ella llevaba las dos “baras” en la mano.

-¿Había mucha competencia?

Por supuesto, había colchoneros en casi todos los pueblos de la comarca. En Castejón había varios, hasta Sariñena se desplazaban Margarita y su hija Miguela, la madre tenía bastante genio; de Sena venían el matrimonio formado por Victor Mored y Candelaria Alvira que era la encargada de coser los colchones. En Sariñena estaban Catalina “la Eulogia”, Pablo Tomás y sus hijos Faustino y Emiliano y  no recuerdo ninguno más.

    Hoy hemos conocido un oficio de origen medieval que desempeñaron un buen número de monegrinos.

   Las nuevas tecnologías y las nuevas modas arrinconaron hasta su desaparición a los viejos oficios. Podemos decir que el colchón Flex mató al trabajo de colchonero

   Terminó una época y  apareció un nuevo negocio, el del  que compraba la lana de los colchones inutilizados.

   Por las calles sonaba la potente voz  del ¡COLCHONERO LANERO, COMPRO LANA!!!

M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS IV “Estañador y paragüero”


                                 

JOSÉ Aº LÓPEZ MOYA EL ÚLTIMO ESTAÑADOR

   Para realizar este cuarto capítulo me entreviste con un convecino cuyo nombre es el que encabeza este artículo. Reside en el barrio del Carmen junto a su esposa y a pesar del exagerado calor que hacía ese 26 de junio (cerca de los 40º a las 13 horas) y lo intempestivo de la hora, se mostró, en todo momento, amable y abierto al diálogo.

-¿Dónde nació usted?

   Yo nací hace 72 años en un pueblecito de la comarca de Calatayud llamado Olvés, ahora tiene alrededor de 110 habitantes, después toda la familia nos fuimos a vivir a Illueca y en Sariñena llevo viviendo 46 años.

-¿Cómo aprendió el oficio de estañador?

   Tanto mi padre como mi madre conocían a la perfección este oficio y ellos me enseñaron. Cuando tocaba, generalmente con el buen tiempo, cogían el carro y a sus 8 hijos y se lanzaban camino adelante por los pueblos buscando a los posibles clientes, que entonces eran muchos debido a las condiciones económicas y sociales de la época. Vivíamos duramente tres o cuatro meses al año.

-No me imagino a diez personas viviendo en un carro.

   Nos arreglábamos, unos dormían dentro y otros debajo, la comida la hacíamos al lado del carro y el agua…, la del río que pasara más cerca. De día nos mandaban a ganarnos algo por el pueblo que visitábamos. Recuerdo que en un  pueblo me gané una peseta paseando varias horas alrededor de un campo haciendo sonar un truco (esquilla) para espantar los pájaros para que no se comieran el ordio.

-¿Qué pasó después?

   Cuando me independicé compré un carro y una caballería y me fui a trabajar en lo que sabía, o sea de estañador. Me recorría provincias como Guadalajara, Soria, Navarra, Zaragoza, Huesca o Teruel . En una ocasión tardé dos años en volver a casa. Mi carro era mi hogar, en él comía y dormía.

-¿Y cómo aparece por Sariñena?

   En uno de mis viajes por esta comarca decidí quedarme porque me gustó el pueblo. Cambié el carro por un furgón y seguí dedicándome a lo mío, pero sin alejarme demasiado, o sea por la parte sur de la provincia. En 1980 llegó la hora del cambio y me dediqué a las ovejas. No lo debí de hacer mal porque tengo cinco premios conseguidos en la feria de FEMOGA , en 1990 recibí el primer premio al mejor lote de corderas.

-Volvamos a su antiguo oficio, ¿qué herramientas utilizaba?

   Eran bastantes, todas muy sencillas, pero muy prácticas:

Tijeras para cortar la hojalata, el Palo de Vuelta que tenía un agujero en la parte superior y que servía para introducir y sujetar la herramienta que estábamos utilizando, la Uña era una barra de hierro terminada en forma de uña con la que se hacían los bordes de los pucheros, las Tranchas eran herramientas de hierro que servían para hacer los remaches de cobre, luego se sacaban y se ponían en los calderos, un compás para marcar el camino que debías seguir, una barra de hierro, un taladro para agujerear, el soldador que era una delgada barra de hierro terminada en una especie de martillo, un gato para atirantar los somieres, grapas para las tinajas y algunas más.

   Para estañar calentábamos el antiguo soldador en una pequeña estufa de carbón y cuando estaba a una temperatura adecuada lo colocábamos encima del agujero y derretía el estaño, luego añadía  salfumán para que agarrara mejor el estaño, cuando se enfriaba lo lijaba hasta que quedaba fino.

-Además de estañar, ¿qué más cosas hacía?

    Hacía fondos de pucheros, de pozales, reparar calderos de cobre para las matacías, poner grapas en las tinajas, arreglar varillas de paraguas o cambiar la tela, hacer canaleras para los tejados, arreglar sillas y camas y más cosas que ahora no recuerdo, pero vamos, arreglaba de todo.  También fabricaba algunos objetos, sobre todo de hojalata.

-Por curiosidad, ¿Cuánto valían estos arreglos?

   Cuando mis padres podemos hablar de perricas y perragordas no me acuerdo exactamente cuanto, pero de mi época puedo decirte que de arreglar un puchero cobraba  dos reales, en cosas más complicadas podía cobrar tres, cuatro pesetas o incluso un duro.

  ¡¡¡EL ESTAÑADOR Y PARAGÜERO, SE ARREGLAN SARTENES, CALDEROS, SILLAS, PUCHEROS…!!!!

   Muchas gracias José Antonio por su atención. Sus palabras nos han abierto una pequeña ventana a nuestro pasado, hemos conocido un oficio que la vida se  llevó por delante y nos ha dado a conocer las dificultades por las que se movía una parte de la sociedad rural española de no hace mucho.

                                                                              M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS III “Cañicero”


  

 El Cañicero

 Duro oficio el del cañizero que servía para completar la economía familiar  en tiempos difíciles al igual que el esparto o el regaliz.

     Las cañas había que cortarlas en invierno en tiempo de mengua (aunque alguno no lo respetara), las más rectas se usaban para las costillas y las torcidas para abrirlas y tejer con ellas. Los lugares más reconocidos para cortar las cañas eran las Cequinbajas, los Charcales, la Capellanía, o las acequias del Molino y Albalate. Las  herramientas que se usaban  para su elaboración eran muy sencillas: una astral para cortar las cañas, una hoz para pelarlas y un partidor de madera con punta de cono que se introducía en la caña y la reventaba  en tres o cuatro varas. En cuanto a la calidad de las  cañas, las buenas eran las duras, las otras llamadas banas no servían por su blandura. Después de cortadas no debían ser almacenadas en el suelo porque se estropeaban. Se utilizaban 23 pares para el cañizo y 15 cortadas para las  trasversales. La medida estandar era de 90cm x 2m.

    El uso que se le daba era muy variado, lo mismo se utilizaban para los cielos rasos de las casas como para secar higos, tomates, claudias, cerollas, escurrir el cerdo de la matacía, vallas en las parideras o varear la lana.

    Hubo un comercio muy pujante de este producto que se llevaba a Huesca en carros con caballerías como hacía Félix Marías.

    La familia Anoro (Joaquín, Francisco, Salvador y Rafael) podían hacer unos 1000 cañizos al año.

    Los ricos mandaban hacer los suyos, se quedaban dos tercios y regalaban el tercio restante al cañizero.

    Según me contaron mis informadores los cañizos mejores y más limpios eran los de Jesús el Can Can.

M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS II “El Sereno”


El Sereno

   El oficio de sereno se perdió a principios de los años sesenta del siglo pasado. Su principal misión era la vigilancia nocturna de las calles. Impedían los alborotos, los excesos de los borrachos y los cantos en las vías públicas o en las tabernas, vigilaban por si había peleas o robos y en casos graves avisaban a la Guardia Civil. También daban la hora y el estado del tiempo. Estaban investidos de cierta autoridad.

    Generalmente su jornada comenzaba a las once de la noche y terminaba cuando amanecía. En nuestra villa la  ronda la hacían dos serenos cada noche.

    Su equipamiento consistía en un uniforme gris con gorra de plato y un chuzo (palo armado que utilizaban como defensa) que golpeaban en el suelo para avisar de su presencia y generar tranquilidad en el vecindario; en invierno se protegían con un grueso abrigo uniformado.

   Entre los serenos más conocidos por ser los  últimos se encuentran:  Paco “el Manco”, Plácido Encuentra “Masvino”, José Gómez “Ciriaco”y José Nogués Carpi. Nótese que casi todos tenían un sobrenombre: el primero por la carencia de un brazo, el segundo por tener una taberna con ese nombre y el tercero por un apodo familiar bastante antiguo.

   La soledad, la nocturnidad , la climatología y el sueño eran los principales inconvenientes de esta antiguo oficio.

“LAS DOCE EN PUNTO Y SERENOOOOO…”

M.A.C.P.

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OFICIOS DESAPARECIDOS  I “El pregonero”


Entre recordar algunas cosas y preguntar el resto uno ha ido componiendo una serie de modestos informes que irán viendo la luz sucesivamente. Espero también que estas líneas y las próximas sirvan de pequeños homenajes  a aquellos que desempeñaron estos trabajos.

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

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José Gómez, el último pregonero de Sariñena.

El Pregonero

   Seguro que mucha gente  recuerda con cariño a los que ejercieron de pregoneros en nuestra villa y a su peculiar forma de decir los mensajes.. Según las fuentes consultadas este oficio de pregonero dejó de realizarse en Sariñena en el año 1975 siendo José Gómez Camón el último de estos personajes de la historia local.

  Ciñéndonos a nuestro pueblo podemos recordar que había tres tipos de pregones y que de su redacción se encargaba Mª Carmen Callén. Para anunciar unos se utilizaba siempre el redoble de un tambor y para los otros, el toque de una trompeta.

  Cuando se oía la peculiar llamada del pregonero la gente callaba y silenciaba al de al lado si era necesario; los que estaban en el interior de sus casas se asomaban por las ventanas, y los que estaban comprando salían a la calle para no perderse detalle; podríamos decir que la vida social se detenía por unos instantes. El interés de los vecinos era muy alto, téngase en cuenta que era el único medio de comunicación social-local de la época. El pregonero recorría las calles y se detenía en lugares predeterminados, siempre los mismos.

    El pregón que se realizaba con tambor era únicamente para dar información del Sindicato de Riegos, tocaba unos redobles y comenzaba:

– “ De parte del Sindicato de Riegos, se hace saber que…” – y avisaba a los regantes interesados que ya podían regar en tal acequia, entre tal y cual boqueras.

   En cuanto a la trompeta se utilizaba para pregonar bandos de interés general tanto del Ayuntamiento como de otras entidades públicas, igualmente de cortes de agua, de luz e incluso de difusión comercial.

   Para los mensajes institucionales y después del toque de trompeta correspondiente, el pregonero comenzaba el bando:

 -“De parte del señor alcalde, se hace saber…”

   Para hacer publicidad de los comercios locales y después del consabido toque  voceaba:

-“Se hace saber que ha llegado a la pescadería de Candela, o a la Perla, o a la  Flor, sardineta fresca a 2 pesetas el kilo…”-

   (toque)

-“Se hace saber que ha llegado Roseta la de Fraga con naranjas a la plaza del Ayuntamiento…”- en este caso la tal Roseta cambiaba kilos de naranjas por kilos de trapos o de hierros.

   (toque)

– “Se hace saber que se vende vino en casa el Cubano, o en casa Lerín a peseta el litro…

   (toque)

-“Se hace saber que ha llegado a la Tienda de Jesús Portella …”.

  En Navidad entregaban una felicitación y a cambio se les daba alguna propina. Parece ser que en este oficio no era tan usual el aguinaldo y que  incluso se utilizó poco..

  Los últimos pregoneros fueron Vicente Capitán Inglán que pregonaba con su clásico traje de pana negro, era hombre de muchos oficios: gaitero, alguacil, pregonero, cestero o carcelero y José Gómez Camón con su uniforme de alguacil municipal, también hombre de varios oficios. Esporádicamente realizaron pregones José Nogués Carpi y Pedro Royo.

   Todos con gorra de plato.

M.A.C.P.

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