Archivos Mensuales: enero 2017

Jorge Español Fumanal


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Jorge Español con la cerámica del aniversario de “Os Monegros” 

            Con motivo de la conferencia “Arte y pleito del monasterio de Sijena” en el marco de la sariñenense Tertulia Cultural “Violinista José Porta”, el sábado 21 de enero del 2017, conocimos al abogado Jorge Español Fumanal. Una gran persona que en los últimos años ha sido una pieza fundamental en el litigio de los bienes aragoneses reclamados a Cataluña. De una forma altruista, Jorge ha trabajado duramente para que regresen los bienes a Aragón, una lucha que devolverá los bienes aragoneses a su lugar de origen: el lugar del que nunca deberían de haber salido.

            Jorge Español Fumanal, natural de Benabarre nació en 1961. Se licenció en Derecho, en Ciencias Políticas y Sociología en Madrid, donde actualmente reside y ejerce de abogado. Jorge se define como un enamorado de la cultura y el arte en general, en especial de la música y su gran afición por la guitarra. También es un amante de la vida de pueblo, de sus gentes y sus tradiciones. Pero ante todo, Jorge es un gran luchador que ha sabido defender lo justo: un pequeño David contra Goliat.

            Jorge cuenta que quedó muy marcado cuando de joven, con unos 11 o 12 años, visitó el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Allí descubrió una gran cantidad de arte aragonés que no entendía porque estaba en un museo catalán y no en su correspondiente lugar. Dese entonces, Jorge siempre fue consciente que tenía que hacer algo.

            Fue en 1995 cuando se dividió la diócesis en la de Barbastro y la de Lérida, quedándose bienes aragoneses en la diócesis de Lérida. Aquello dio comienzo a un litigio eclesiástico que al final resolvió el Vaticano con la sentencia de devolución de las 113 piezas aragonesas a la Diócesis de Barbastro. Pero las piezas no fueron devueltas. Luego llegó el asunto de las piezas del Monasterio de Sijena que el Obispo Ambrosio Echevarría descubrió que habían sido vendidas a la Generalitat en 1983 y 1992, comenzando un litigio ante el Tribunal Constitucional en 1998 entre el Gobierno de Aragón y la Generalitat por el derecho de retracto de estas ventas que terminó por Sentencia de dicho alto tribunal de fecha 18 de Enero de 2012 dando la razón a Cataluña, aunque no se pronunció sobre la legalidad de esas ventas. “Ha sido el proceso más largo del constitucional, nada menos que catorce años”, sentencia Jorge Español. Es entonces cuando Jorge decidió dar un paso adelante y luchar por el patrimonio aragonés.

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Jorge Español en la Tertulia Cultural “Violinista José Porta”

            “En Aragón somos gente honrada y honesta”, afirma Jorge Español. A pesar de ser un proceso largo y duro,  Jorge piensa llegar hasta el final: “es algo que si volviese atrás lo volvería a hacer”. Cuando en el 2012 el Tribunal Constitucional dio la razón a Cataluña, el Gobierno de Aragón dio por finiquitado el proceso dando por perdido tanto el asunto de las 113 piezas de Barbastro como el de las piezas vendidas de Sijena, y así los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón lo ratificaron en una reunión dando carpetazo al caso. Jorge cogió las riendas del proceso y abrió nuevas vías para la resolución del litigio, convenciendo al Gobierno de Aragón de que había que impugnar la legalidad de las ventas de las obras de Sijena ante los tribunales civiles en atención a la jurisprudencia que encontró y no perdiendo nunca de vista que era un monumento nacional que no se podía vaciar de su tesoro artístico ni menos dividirse. El monasterio de Santa María de Sijena es monumento nacional desde 1923 y como tal es indivisible y toda venta privada de cualquiera de sus bienes debe reputarse ilegal, la clave del proceso ha sido la indivisibilidad del conjunto. El proceso ha supuesto una proeza y para Jorge ha sido un esfuerzo titánico, renunciando a parte de su vida profesional y personal, incluso llegó a tener un accidente de coche cuando se desplazaba a Villanueva de Sijena. En su opinión, Cataluña nos ha engañado y ninguneado y, Aragón, ha mostrado un complejo de inferioridad del que ahora vamos desprendiéndonos.

            Jorge aportó argumentos para anular las ventas de 1983 y 1992 del tesoro artístico del Monasterio de Sijena y se consiguió una Sentencia favorable por parte del Juzgado nº 1 de Huesca, algo que Cataluña no habría imaginado ni en el peor de sus sueños; después de todo, un abogado aragonés se ha enfrentado contra una potente administración con sus recursos y servicios jurídicos propios. A Jorge ninguna institución le ha apoyado económicamente. El convencimiento de restituir la integridad del monasterio sijenese abrió un segundo litigio en el Juzgado nº 2 de Huesca sobre las pinturas murales de la sala capitular. Las pinturas murales fueron arrancadas en 1936 en plena guerra civil y depositadas en Cataluña. Tras años de litigio, el Juzgado nº 2 de Huesca dictó Sentencia favorable y en noviembre del 2016 ordenó al Museo Nacional de Arte de Cataluña devolver las pinturas murales al Real Monasterio de Santa María de Sijena, sentencia que aún no han cumplido.

            Durante la tertulia de Sariñena, Jorge contagió a los presentes su amor por el Real Monasterio de Santa María de Sijena. Nos descubrió su gran capacidad oratoria, explicando la fundación e historia del monasterio sijenense. Un monasterio con simbología relacionada con Jerusalén y que en su esencia fue fundado en 1188 para ser la nueva Jerusalén tras caer esta en manos del caudillo musulmán Saladino un año antes. El monasterio albergó dos hospitales, notaría (el padre de Miguel Servet fue el notario del Monasterio), albañiles, labradores, ebanistas, etc… era como una pequeña ciudad muy ligada a los pueblos de Villanueva de Sijena y de Sena. El Real Monasterio de Sijena fue el primer Archivo de la Corona de Aragón hasta que el Rey Jaime II lo trasladó a Barcelona donde actualmente está y, es además, Panteón Real donde está enterrado el Rey Pedro II de Aragón y su madre la Reina Doña Sancha de Castilla. Afortunadamente existe una gran documentación sobre el monasterio: pinturas y fotografías que nos reconstruyen el extraordinario monasterio que llegó a ser. Una historia impresionante completamente ligada a su fundadora del Monasterio de Sijena, la reina Doña Sancha de Castilla, una cultísima reina consorte castellana casada con el Rey Alfonso II de Aragón, cuya figura está llena de misterio tras la profanación de su cadáver tras el incendio del monasterio en 1936, pero que posiblemente se encuentre enterrada en un lugar desconocido del cementerio de la vecina localidad de Sena.

            Se va acercando el final del proceso y a Jorge le va quedando un profundo sentimiento de alegría y satisfacción: “Se ha creado un importante precedente sobre la indivisibilidad de los monumentos nacionales y su venta para su íntegra preservación”. Quedan por escribir los últimos capítulos de un largo litigio que ha enfrentado a territorios hermanos. Pero conscientes y convencidos, tal y como afirma Jorge Español Fumanal, que las pinturas de Sijena deben de estar en su lugar, en el Real Monasterio de Santa maría de Sijena.

                   Todo nuestro reconocimiento a Jorge Español Fumanal y nuestro agradecimiento  por su compromiso, lucha y defensa de nuestro patrimonio. ¡Gracias Jorge!

 

Aurora Ezquerra Serrate


  Aurora Ezquerra Serrate me recibe en su actual vivienda de la casa de La Cera. Una antigua casa donde antaño trabajaban la cera para la fabricación de velas y donde  aún se conserva una espectacular prensa de cera. Aurora ha vivido toda su vida en  Castejón de Monegros, un lugar donde  las mujeres han revitalizado la manifestación folklórica del dance, asumiendo un papel reservado tradicionalmente para los hombres. Aurora es una de las muchas mujeres del secano aragonés, donde la carencia de agua ha caracterizado una vida unida al campo. Una historia más  de una mujer del secano monegrino.

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Aurora Ezquerra Serrate

            Natural de Castejón de Monegros, Aurora Ezquerra Serrate nació en 1919. De casa Lorenzo “El Bruto” fueron siete hermanos. Su padre luchó en la guerra de Cuba y tras sufrir una amputación en un dedo de una mano, le quedó una pequeña paga que le ayudo bastante a su vuelta. En la guerra de Cuba aprendió a tocar la bandurria y cuando volvió a Castejón de Monegros iba a tocar por los pueblos y así se ganaba unos dineros extras.

            Una jovencísima Aurora comenzó a estudiar en la escuela de las hermanas del cura, unas mujeres que enseñaban a cambió de pequeñas cantidades de dineros o algún que otro pago en especias. Después pasó a párvulos en las escuelas municipales, su padre quiso que aprendiese letras, a escribir bien, “si hubiesen tenido dinero hubiera estudiado una carrera”.

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Prensa de cera.

           Su madre cosía, apañaba pantalones, calzoncillos, cosía camisas, tejía jerseys de lana… hacia trabajos de costura a la gente y le pagaban por ello, a veces con dinero y otras veces le daban algo a cambio. Con el tiempo se compró una maquina de coser y mejoró su trabajo. Aquellos pequeños ingresos eran muy importantes para la economía familiar y gracias a ellos no pasaron hambre. Con parte del dinero que ganaba su madre se pagaban los libros escolares de la pequeña Aurora.

            En Castejón de Monegros iban a buscar el agua a una fuente del pueblo y a una balsa. En casa criaban un tocino y hacían la matacía, también tenían gallinas y un pequeño ganado de ovejas y cabras. Aurora aún recuerda ordeñar las cabras y con la leche hacía quesos para casa, mantenía su propio suero. Las mujeres se juntaban a lavar en un lavadero. Toda la familia iba a segar, las mujeres daban gavilla y ataban las garbas.

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Aurora Ezquerra

            Amasaban el pan y luego lo llevaban al horno. En Castejón de Monegros hacían “largos”, unas tortas de pan con algo de aceite. No había mucho dinero y tampoco había azúcar. También hacían “gorros de cura” unos panes macerados, que llevaban mucha harina y que retorcían, era un pan especial, un capricho que hacían de vez en cuando. Al pan duro y que no crecía, que no subía, lo llamaban “coto”.

            Aurora se casó con Leandro Puey Castejón, quien trabajó como labrador y pastor. En Castejón de Monegros los hombres hacían mucha leña de romero, la bajaban a vender a Sariñena unas dos veces por semana. Las mujeres se juntaban para coser en las calles, también era muy común quedar las noches de verano para salir a tomar la fresca.

            Aurora llegó a hacer hasta de albañil en casa, pequeñas obras hasta hacer una escalera hasta la terraza y un mosaico. Las mujeres en Castejón de Monegros tenían pocas salidas, algunas servían en alguna de las tres casas ricas del pueblo y la mayoría trabajaban llevando las múltiples faenas de casa y del campo. Se ha dejado atrás una forma de vida muy dura, las mujeres trabajaban de sol a sol e incluso cuando llegaba la noche. Un pasado que va quedando en el olvido pero que testimonios como el de Aurora nos describen una realidad de trabajo y esfuerzo que debemos de valorar y reconocer.

             Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Ana Puey Campos y a José Puey Ezquerra, hijo de Aurora .

Rosa Baseca Alastrúe


En la localidad monegrina de Lalueza, el trabajo del esparto para la realización de sogueta o fencejos, cuerdas de esparto, supuso una importante fuente de ingresos para numerosas familias. Un trabajo durísimo que principalmente realizaron las mujeres. Un trabajo artesanal que ha quedado relegado al pasado, pero su impronta ha quedado fuertemente marcada en la memoria monegrina.

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Rosa Baseca Alastrúe

            Rosa Baseca Alstrúe nació un 28 de marzo de 1942 en la localidad monegrina de Lalueza. De familia de agricultores, su padre trabajó como jornalero, fueron siete hermanos, cinco mujeres y dos hombres. Rosa fue a la escuela hasta casi los catorce años, no era mixta y había dos clases de chicos y dos de chicas, unas para pequeños y otras para mayores. Con tan sólo ocho o nueve años, después de la escuela, Rosa ya iba a trabajar el esparto. Las más jóvenes comenzaban haciendo sogueta menor y a medida que crecían hacían sogueta más grande. Fabricaban tres tipos de sogueta según grosor y longitud, pequeña, mediana y larga, se media desde la base del pie hasta lo largo de la pantorrilla. Alguna vez se escapaban un rato para jugar “cosa de crías”, aunque siempre tenían que hacer sogueta. Así contribuían al sustento familiar y se pagaban el traje de la comunión, zapatos, algún vestido..,  gracias al esparto en Lalueza nunca se pasó hambre.

            Se juntaban varias vecinas en la calle o en las casas en invierno, muchas veces en las cuadras donde los animales les daban calor, era fácil ver grupos de varias mujeres, niños, niñas y ancianos haciendo sogueta, trenceta. Hacer sogueta después de cenar lo llamaban tardear, Rosa recuerda quedarse hasta tarde para ver, a la lejanía, los fuegos artificiales de Sariñena. Los hombres también hacían sogueta, cuando llegaban del campo.

            Las mujeres no paraban de trabajar, en cada casa había gallinas, conejos, tocinos… dar de cenar a las caballerías lo llamaban reprensar. Se hacía la matacía, venía el matachin y después venía todo el trabajo de conservar la carne. Trabajaban la lana de las ovejas, hacían peales o peducos, manoplas, chaquetas… Recogían el agua de la balsa buena y llenaban el aljibe de casa, lo hacían en invierno porque entonces no había bichos en el agua. En Lalueza había dos balsas, una buena para las personas y otra mala para los animales. De la balsa mala cogían agua para trabajar el esparto. También acudían al barranco Salau, un barranco que solía llevar agua salada, allí también iban a aclarar la ropa o iban al río Flumen. Muchas mujeres iban a la siega para hacer garbillas, segaban y ataban fajos.

            Rosa no llegó a trabajar arrancando esparto, era muy pequeña para hacer la faena más dura. Arrancando el esparto sufrían mucho las manos y la espalda. Retorcían el esparto y daban un primer estirón, después, con parte ya de lo arrancado, retorcían de nuevo el esparto para ayudarse a dar el segundo estirón y terminar de arrancarlo y no hacer sufrir demasiado las manos. Cuando hacían sogueta también se les hacía sangre en las manos y con cámaras de neumáticos se hacían badanas para protegerse las manos.

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Sogueta trenzada de esparto.

            Los campos donde recogían el esparto los arrendaban y pagaban por su aprovechamiento. Se arrancaba el esparto en verde en los meses de julio, agosto y la primera quincena de septiembre, comenzaban a las cinco de la mañana antes de que hiciese calor. Después lo tendían en el campo para que se secase hasta que se ponía amarillo. Después había que mallar el esparto, el mallau, estrujarlo y chafarlo sin llegar a romperlo. Había quien lo mallaba con las ruedas del carro pasando por encima de los fajos de esparto. Se mallaba sobre una piedra con una gran maza de madera y, una vez mallado, se mojaba para que se amansase el esparto para poder trabajarlo para trenzar sogueta.

         La sogueta se empleaba para atar las garbas de trigo y del alfalz. Todos los días vendían fencejos, era una moneda de cambio o de trueque, iban a la tienda donde hacían trueque con comida o les daban dinero. Para el día de la Ascensión iban a venderlo a Monzón. También vendían esparto p´al peso que era un esparto malo y simplemente estaba recogido. Las sogas mal hechas las vendían para su uso en fundiciones, algunas para fundiciones de Bilbao y otras para la fundición de Averly en Zaragoza.

Cada fajo de vencejos tenía 10 fascales y cada fascal 30 vueltas. Se cogía la sogueta o vencejo y se enrollaba dándole vueltas, pisándolo con el pie y tomándolo con la mano que estaba por encima de la rodilla. Cuando se habían dado 30 vueltas ya tenían un fascal, y cuando tenían 10 fascales ya habían hecho un fajo.

Silvia Abardía, Modos de vida

Diario del Altoaragón

            Rosa participó en el documental sobre el esparto de Eugenio Monesma, se encontró a su padre por la calle que estaba esperando a Eugenio Monesma para grabar el reportaje y ella se apuntó. Se casó en 1963 con Emiliano Peralta Elbaile, agricultor, con él que tuvo dos hijos, un chico y una chica. Rosa estuvo haciendo sogueta hasta 1964, en aquellos años llegó el regadío y la agricultura sufrió una gran transformación dejando atrás los duros tiempos del esparto.

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Rosa con el mallo de mallar el esparto.

           En Lalueza siempre ha habido mucho ganado ovino, huerta y viña. El vino rancio era fuerte pero muy apreciado y lo iban a vender a Sariñena, donde al parecer lo ameraban, pues en tono jocoso decían que “lo habían pasau por la acequia Valdera”. En una casa un tonel contiene un vino madre de más de cien años. A Sariñena iban andando para comprar, a veces iban con una burra para llevar la carga o por si alguna se cansaba, se montaba un rato, iban a casa Marianetas a comprar telas. A veces aprovechaban algún viaje a la harinera de Sariñena

            A Lalueza iba a vender higos una mujer de Sariñena y Bautista melocotones, en Lalueza no había casi frutales. Un hombre iba a vender telas y siempre decía “llevo cotinas morena y bragas para las mujeres”. A un vendedor le daban retales y trapos viejos por dos mandarinas.

            Rosa ha conocido de toda la vida la labor de hacer sogueta, se siente orgullosa de su pasado, pues con el esparto en Lalueza la gente comía y no tenía que emigrar. La gente vivía con las puertas abiertas de las casas y, a pesar de la dureza, existía una fuerte familiaridad y solidaridad entre vecinos y vecinas, un apego entrañable que imprimió un carácter difícil de olvidar. Nos han acompañado sus hermanas Edelmira y Dolores, compartiendo muchos de los recuerdos de Rosa en su Lalueza natal, con una entrañable nostalgia que han querido compartir. Las manos se aujereaban, sangraban al continúo roce con el esparto, se endurecían y se volvían a aujerear. Las manos tejían la dura soga de esparto, una ardua fabricación artesanal que mucha gente ha querido olvidar pero también ha significado una digna forma de ganarse la vida en tiempos de pobreza y hambre, donde las mujeres con sus múltiples trabajos fueron fundamentales en el sustento familiar y de nuestros pueblos.

            A todas las manos forjadas al basto tacto del esparto.

        Esta primera mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias  a Rosa, Edelmira y Dolores Baseca Alastrué y a Margarita Periz Peralta.