Archivos Mensuales: junio 2018

Julián Royo Martínez


Julián atesora grandes recuerdos, remembranzas de un hombre de a pie, de los que dejan huella con su sencillez y humildad. Memoria que recorre la historia viva reciente de Sariñena, descubriendo su vida, su impronta en épocas difíciles que, con la perspectiva del tiempo, nos remonta al mismo valor de la vida.

IMG_20180517_201545.jpg

Julián Royo Martínez

Julián nació en Sariñena el 10 de septiembre de 1929, en la calle rincón de Goya, en una casa que también daba a la calle de Joaquín Costa. Primero fue a párvulos, con doña Victoria, a casa del cura, y para llegar a la escuela atravesaba la calle de los porches y el portillo. Luego ya fue a las antiguas escuelas, donde está el casino nuevo, aquellas escuelas se hicieron gracias a una mujer que cedió los terrenos, con la única condición que siempre fuesen usados para la escuela. Julián pronto tuvo que dejar la escuela para ir a ayudar a su padre. Su padre hacía cañizos, comenzaba al pasar la festividad de Todos los Santos y no paraba hasta junio. A los trece años, Julián salió de casa para ir a trabajar de pastor, a casa Cubera y luego a casa Torres.

De sus abuelos, uno fue esquilador de mulas y el otro alguacil en el ayuntamiento de Sariñena. Este último, a raíz unos percances con tropas carlistas en la localidad, fue mandado a Barcelona para llevar una carta a un importante general. Marchó con una vara de fresno, con su peculiar empuñadura, el estoque, y tardó ocho días en ir y ocho días en volver. Aquello le valió para que se le conociese como “El Catalán”: ¡ya ha venido Perico El Catalán!.

Julián vivió la guerra en Sariñena, tras la que tuvieron que escapar a Barcelona. Fue en marzo cuando cogieron el tren en la estación del Tormillo. Mientras esperaban el tren, su padre aún volvió a recoger un pernil que se habían dejado en Sariñena, volvió desolado, los bombardeos estaban dejando Sariñena destrozada, vio todo desecho. Al final salieron ante la impaciencia de todos, una mujer no paraba de decir “Mia si arranca este tren que los fascistas ya están por Grañen”.

Después de la guerra, su hermano Santiago fue hecho prisionero y encarcelado en Reus. Su madre Dolores tuvo que ir al ayuntamiento a pedir avales para su puesta en libertad pero el alcalde se negó, dijo que pondría que fue voluntario, lo que le condenaba. Al final, gracias a Mariano Torres, consiguieron el aval que salvó a Santiago. Al tiempo Santiago fue llamado a filas y más tarde trabajó para regiones devastadas, dos años de topógrafo. Para regiones devastadas, recuerda Julián, vinieron muchos gallegos que manejaban muy bien la piedra, luego trabajaron levantando los pueblos de colonización: La piedra la obtenían del monte de Castejón de Monegros. También hubo mucha gente trabajando en la construcción del canal, incluso trabajaron presos cuando realizaron el túnel, un año de trabajo les valía como dos años de cárcel.

Una vez, cuando Julián estaba de pastor para casa Cubera, le desaparecieron de la paridera blanca dos corderos. Ya le pareció extraño encontrarse tan temprano, de camino a la paridera, dos paisanos que también se sorprendieron al cruzarse con Julián. Volvían con un carro lleno de pajuzo al pronto de la mañana. Ya en la paridera, Julián comprobó que no habían abierto la puerta, pues tenía puesto un testigo para saber si alguien había entrado por la noche. Pero por el corral pegado al de la Cubera, vio unas pisadas que coincidían con el calzado de los dos vecinos de antes. Se aseguró comparando las pisadas de la paridera con las que habían dejado en el pajuzo. Tanta perspicacia no dejó indiferentes a sus compañeros de trabajo: ¿Cómo puede ser que un crío se haya podido dar cuenta?.

Aquella paridera blanca estaba camino de Castelflorite, por las Almunias altas. Una noche, cenando con Pedro el jinete y otro más, les aparecieron unos maquis. Estaban preparando un calderito de patatas con aceite y al final tuvieron que hacer dos calderitos, pues no había suficiente para todos. En un momento, Julián se fue a llenar un jarrito a la balsa, que estaba a unos 50 metros, como tardo un poco inquietó a los maquis “¡Oye!, este zagal tarda mucho en venir”, pues temían que pudiese avisar a la guardia civil. Los maquis llevaban un reloj de bolsillo y a las doce de la noche marcharon, no sin avisar que mejor no decir nada, que muchas veces la guardia civil acudía con quien denunciaba por delante y si había tiros siempre serían los primeros en recibir. Sacaron 10 pesetas para pagarles la cena, que no aceptaron, y marcharon. Al tiempo vieron pasar a muchos militares buscando maquis por la zona.

Julián tenía un perro en casa que quería muchísimo y que un día le desapareció. Lo buscó por todo el pueblo hasta que un vecino le aventuró que, a buen seguro, por la paridera lo encontraría. Y así fue, al poco se lo encontró por la paridera blanca, el perro había ido en su búsqueda para estar con él.

Para santa Cruz, cada 3 de mayo, los pastores cumplían y renovaban o cambiaban de casa. Julián marchó a casa Torres donde le fue mejor, guarda muy buenos recuerdos. Era una época muy mala y el pan estaba por las nubes: ¡A 15 céntimos el pan negro!. El sueldo de pastor era de 12 duros al mes,  pero en casa Torres le daban 50 Kg. de trigo al mes y otros tantos a su hermano Pedro, lo que estaba bastante bien. También fue tractorista para casa Torres, su hermano ganaba 125 pts. a la semana y el 118 pts. Un domingo le dejaron el tractor para labrar sus tierras pero apareció la guardia civil, venían de denunciar a Manuel Olivan y por lo mismo tuvieron que multar a Julián y a su hermano. Era domingo por la mañana, sobre las 10:30, pues el domingo era día de misa y no se podía trabajar. La multa fue de 50 duros que tuvo que pagar con papel del estanco.

Mucha gente iba a moler el trigo de estraperlo, por la noche, al molino donde ahora está la residencia o al molino de Amado Pueyo. Los domingos se compraba 10 kilos a 4 pesetas y se vendía a duro en la estación, muchos subían en bicicleta a la estación, pero si te pillaba la guardia civil te podías llevar buena paliza. También se iba a robar carbón a la estación y cuando limpiaban las maquinas siempre había 10 o 15 críos para recoger el carbón que tiraban. El aceite iba por las nubes, a 10 duros el litro, la postguerra fue muy dura. Julián recuerda cuando se lesionó de crio y, al ver que no sanaba, su madre  lo llevó al hospital militar de Sariñena que habían establecido durante la guerra. Allí le trataron y al final se recuperó de la lesión; Julián recuerda que Matavinos estaba de ayudante, de enfermero.

Julián recuerda aquella Sariñena de antes, había muchas caleras por Sariñena, las albacas eran de cuero o las más pobres de goma de neumáticos. Cuando la tierra se deshelaba se decía que quedaba toba. Hablamos sobre la cueva que hay carretera de Pallaruelo saliendo desde Sariñena, justo antes de la curva que baja a la fuente del cántaro. Al parecer era una caseta que hicieron los camineros, aquellos que se encargaban del mantenimiento de los caminos, antes de que se convirtiesen en carreteras asfaltadas: El caminero recorría su parte con un carretillo, una pala y una medialuna, rellenando los agujeros que se formaban. Cada uno se encargaba de su tramo, de Sariñena a Cachicorba, de Sariñena hasta la recta de los cipreses de Huesca… Los camineros tenían unas pequeñas casillas, unas pequeñas casetas donde se refugiaban y podían guardar la poca herramienta que utilizaban. En la casilla de los cipreses, camino a Huesca, se encontraba “El Chato” a quien le sucedió lo siguiente: Encontrándose de viaje por estas tierras la reina de España, de camino de Pallaruelo de Monegros a Huesca pasaron por la casilla del Chato, quien no dudó en pedirle una humilde gracia: “Que siempre pudiese estar en aquella casilla”.

Su extraordinaria memoria nos lleva a los tiempos de guerra, cuando venía la aviación del bando nacional y corría a esconderse a la huerta, allí se escondía en una zanja hasta que pasaba el peligro. A partir de las nueve y media de la noche, algunos días de verano, se escuchaba a lo lejos el ruido de un trimotor que se iba acercando al pueblo, era un ruido inconfundible, un continuo ram-ram… Entonces tocaba la sirena que habían instalado en la torre de la iglesia y la gente corría a refugiarse a los diferentes refugios que había en la población. Aquella sirena, después de la guerra, fue trasladada a la torre de las monjas y fue usada para avisar a los trabajadores que trabajaban en regiones devastadas, reconstruyendo la maltrecha villa de Sariñena. Julián recuerda como una vez una mujer le tapó la camisa blanca que llevaba para que no fuese visto por la aviación. Cuando venía el trimotor, en el campo de aviación siempre apagaban las luces pero en Albalatillo siempre quedaba alguna encendida y una vez una de las bombas cayó en una leñera de Albalatillo. En el aeródromo había Chatos (Rusos) y Moscas.

El famoso trimotor, que ya escuchaban cuando pasaba la sierra de Alcubierre, acabó derribado, convirtiéndose en uno de los primeros derribos nocturnos de la aviación. Al pasar San Juan lo ametrallaron y el trimotor tubo que soltar uno de los motores que se había incendiado. De los tres ocupantes uno murió, otro se rompió la pierna y el último huyó, escapó por detrás de Albalatillo, cruzó el río, era el mes de julio y un pastor lo encontró escondido tras la gavilla amontonada en un campo. Después estuvo en una masada por Moncalvo, donde le dieron de comer y luego prosiguió su periplo cruzando la sierra de Alcubierre, por la senda de los gitanos, llegando a Farlete sano y salvo.

Durante la guerra exploto el polvorín de Sariñena, que estaba en casa Tronchón, al lado de casa Regaño. Tenía bodega abajo con unas ventanetas que daban a la calle, había mucha dinamita y algunos maderos de la casa acabaron en el tejado de la iglesia, fue una explosión tremenda. Desapareció mucho de Sariñena, el antiguo ayuntamiento era precioso, con una gran escalera sólo más entrar que subía al piso de arriba, el ayuntamiento lo dominaba una campana. Un abuelo salió al huerto y le mató una bomba.

Después de la guerra jugaban a las guerras, a zaborrazo limpio. También jugaban por los refugios, por la cueva escavada por las canteretas de la actual calle San Jorge. Había muchos refugios, como el de casa Torres (En casa Torres estuvo el Estado mayor) o el que construyeron en el ayuntamiento, lo reforzaron bien con hormigón, además había un horno de pan. En la cantera del río Alcanadre trataron de hacer refugios y defensas del puente, pero al final no salieron como querían. Cuando llegaron los fascistas a Lanaja, de Sariñena partió gente para hacerles frente, salieron en un autobús, casi sin armas, y hubo quien que marchó con una horca de hierro. La cárcel de Sariñena estaba en la plaza de las monjas, también estaba la vieja ermita de Loreto. Por la zona de la plaza del general Alvarado cayó una bomba que reventó una tubería general que inundó todo. En Alcubierre fue fusilado el capitán Pancho Villa “He tenido un momento de cobardía pero la república triunfará”, lo fusilaron porque se había pegado un tiro en el pie para volver a casa, pero lo pillaron y lo fusilaron. Tras la guerra vino a Sariñena desterrado el profesor José Castanera: “Era una persona muy buena, daba clases por las tardes y por las noches”, al final lo admitieron y pudo dar clases como maestro. Su hermano Santiago estuvo preso en Francia y llegó a escaparse “¡Hasta en tres ocasiones!” del campo de concentración. Tenía que atravesar por un puente el río, pero para llegar al puente tenía que atravesar la calle principal del pueblo. Dos veces le pillaron los gendarmes, pero a la tercera fue la vencida.

Julián también trabajó llevando un camión para casa Torres y luego marchó a trabajar a  pretensados Mavisa, donde  hacían vigas, bovedillas… fue por 1974 y estuvo cerca de 15 años. Trabajaban de 8 a 9 personas. Luego Julián estuvo montando tubos para instalar los riegos, fue la época de la concentración parcelaria, la empresa se llamaba Riglos y estaba instalada en un almacén por la cabañera carretera a Casteflorite, por las Almunias.

Hubo una época que se juntaba con los amigos a hablar de política, sobre todo por las noches, a escondidas, realizaban tertulias y escuchaban radio pirenaica. Casi todos eran comunistas, aunque él siempre se ha declarado socialista, también acudían algunas personas de Monzón y mandaban dinero a Francia.

Si algo define a Julián son la gran cantidad de historias que nos podría contar. Aunque sin duda, Julián responde a un hombre que con trabajo y esfuerzo ha sacado a su familia adelante, una persona agradable y afable. Su historia es indisociable a la historia de Sariñena, retazos de nuestra memoria, que gracias a Julián descubrimos con enorme agradecimiento. Gracias Julián por todo lo aprendido y a Inma por abrirme las puertas a tanta sabiduría.

 

Anuncios

Pedro Mir Tierz, el sueño de Normandía


En el verano de 1973, en un viaje por tierras de Normandía, Pedro Mir Tierz descubrió la música bretona, con bombardas y gaitas escocesas, bailes An Dro que tanto le evocaron al dance de Sariñena y al dance aragonés en general, dejando profunda huella para toda su vida. Esa misma noche, Pedro soñó con aquellas melodías tan semejantes a las mudanzas del dance y en aquella atmósfera mágica, de deleite ensoñación, los danzantes de Sariñena aparecieron bailando, fusionándose, quizá, con sus propias raíces europeas.

IMG_2211

Martín Blecua, Marcel Gastellu y Pedro Mir. 

Pedro, aunque es de Sariñena, nació en Huesca el 5 de abril de 1953, de casa Soto por parte de madre y de casa “El Francés” de Lalueza por parte de padre. En Sariñena vivió hasta los diez años, después marchó a vivir a Zaragoza donde se licenció en químicas. Pedro se ha dedicado a la docencia, ejerciendo en Sevilla, Soria y en Alcañiz donde actualmente reside.

Folclorista e investigador es un enamorado de la gaita de boto aragonesa, instrumento del cual ha sido pieza clave y fundamental en su recuperación. Tras el sueño de Normandía, Pedro comenzó a investigar la gaita de Sariñena, tratando de conocer sus particularidades y su distribución, “poco a poco fue inevitable hacer algo para evitar su desaparición”. Juan Mir Susín, tío de Pedro, dejó de tocar la gaita en 1975, dejando huérfanos de gaitero y gaita al dance de Sariñena.

“El dance puede ser una de las raíces más antiguas de Europa, nos conecta con otros pueblos.”

Su magnetismo con aquellas melodías bretonas llevó a Pedro a conocer la música de Alan Stivels, un cantautor y arpista francés de Bretaña muy conocido por fusionar la música tradicional bretona con sonidos contemporáneos como el rock, así como con las músicas de otros países célticos (An Dro Nevez). Al entonces mayoral de Sariñena Antonio Susín le puso la música de Stivels: “No le extrañó, vio normal que otros pueblos de Europa tuviesen una música parecida al dance de Sariñena”.  Alan Stivels reconstruyó con su padre el arpa bretona y además toca la bombarda y la gaita.

En 1974 Pedro conoció a Ánchel Conte, en una charla sobre el aragonés en el Pignatelli, Conte le contó que había dejado la gaita de Bestue a Juan Antonio Urbeltz, de San Sebastián, para su estudio. Juan Antonio Urbeltz intentó “tímidamente” usarla en el País Vasco, a partir de entonces hubo intentos de apropiarse la gaita de boto aragonesa, la querían llamar “gaita de los pirineos centrales” y así fue bautizada en los trabajos del Conservatorio Occitano de Toulouse. Pero Pedro no dudó en reivindicarla, aportando información y destapando mentiras: “Incluso habían negado la existencia de la gaita en Sariñena e inventaron la historia del vestido de la niña para la gaita”. Además, Juan Antonio Urbeltz compró a Juan Mir un clarín y una bordoneta.

35295503_631345037230324_8228981756577972224_n

Pedro Mir y Martín Blecua

Es en 1976 cuando Pedro, con su gran amigo y  gaitero sariñenense Martín Blecua Vitales, comienzan a trabajar en la recuperación de la gaita de boto aragonesa. En 1980 consiguieron que el pastor de Sangarrén, Clemente Brun, realizase una copia a mano de la gaita de Juan Mir: “La Famosa”. “Fue hecha con mucho amor pero tenía dificultades técnicas al ser copia de una gaita hecha a mano, salvo el clarín. No es que estuviese desafinada, para tocar el dance valía. Con ella el musicólogo belga Herman Vuylsteke, acompañado de Arcadio Larrea Palacín, grabó varías mudanzas con Martín Blecua en el casino de Sariñena, de allí salió un disco en una colección etnológica europea”.

 

“La gaita era un instrumento que utilizaban los romanos, sus tropas desfilaban con gaitas y así se va extendiendo a lo largo y ancho del imperio romano.”

Al poco tiempo, en agosto de 1980, Pedro conoció al artesano francés Marcel Gastellu Etchegorry, que estaba construyendo 6 copias de la gaita de Bestue, del antiguo gaitero Juan Cazcarra de Bestué (Huesca), para Juan Antonio Urbetz. El 2 de septiembre de 1980, el día de san Antolín,  apareció en las fiestas de Sariñena Ángel Vergara, después de la actuación del dance habló con Martín y Pedro y vio La Famosa: “como él tocaba la gaita gallega tenía mucho interés en tener una gaita aragonesa”. A partir de entonces quedaron con verse en Zaragoza y Pedro conoció al grupo del que formaba Ángel Vergara “Ticotán”. Al final, las seis gaitas de boto aragonesas no fueron vendidas y en un acto de justicia, Marcell Gastellu regaló tres de las seis gaitas a  Martín, Pedro y Vergara.

“Con Ticotán, el dance de Sariñena, Josefina Loste y Os corros des Bailes de san Chuán de Plan nos fuimos a Tarbes, Martín con La Famosa y Ángel con una copia de la gaita de Bestué con escala rectificada. Lo organizaron allí jóvenes de Tarbes como Pierre Loubère y Alain Founeau. Por eso años después, Antonio Pereira me presentó a Mario Gros y Luismi Bajén.”

En 1983 Mariano Pascual, jefe del dance de Graus, hacía de transportista en los viajes a Francia “Pues no teníamos ni coche ni dinero. Nos alojaba Pierre Loubère en su casa en Orleix, cerca de Tarbes”.

 “Es un sonido antiguo, hipnótico con el sonido continuo de los bordones, la escala de Do es una de las más antiguas que se conocen”.

Con el clarín viejo de Bestue también se encontraron con problemas de afinación, estaba en Do sostenido y no daba para muchas de las mudanzas. El músico francés Yan Cozian resolvió el problema de la afinación rectificando la escala del clarín a Do.

«Los clarines viejos tienen una escala musical del siglo XVII y hoy pueden tocar sólo con instrumentos en los que el intérprete pueda buacar las notas alteradas. No tienen ningún problema para tocar los dances. Pero no pueden tocar con instrumentos de afinación actual como el acordeón, guitarras etc. Por eso Yan Cozian modificó la escala, variando el diámetro de los agujeros y las distancias para hacerlos en una escala en Do centrada y poder tocar con todos los instrumentos, incluídos dances.

No se puede recuperar un fósil y limitarlo. Es importante que los dances conserven la afinación antigua como referencia para los estudiosos y generaciones venideras. Hoy sólo Sariñena suena con copias de clarines viejos y algún amigo de Zaragoza.»

En 1993 Pedro participó en el simposium sobre la gaita europea de Lugo, donde se encontró con Jean-Luc Matte, autor de un libro único sobre la iconografía de la gaita en Francia y excelente intérprete de chabretta lemosina. Jean-Luc, vista la manipulación obvia de pruebas para denominar nuestra gaita como de los Pirineos Centrales, por parte francesa, se comprometió a luchar por nuestra causa y defendió la gaita de boto aragonesa frente a la manipulación de Urbetz. Definitivamente, con trabajo y reivindicación, actualmente la gaita de boto es un instrumento propio aragonés y reconocido internacionalmente.

“Cuando la gente escucha la gaita hay un 50% de personas a quienes le gusta y el otro 50% a quienes no”, Pedro sencillamente es de la mitad del sí, es todo un enamorado de la gaita de boto aragonesa.

Image result for gaita boto aragonesa libro

Quedaba mucho trabajo aún “No se podían perder todos los conocimientos”, así que con Martín Blecua se esforzaron en reforzar el repertorio de Sariñena y recuperar todas las mudanzas. Fue fundamental el trabajo de Julia Valdovinos, profesora de música de Castejón de Monegros que transcribió las diferentes melodías del dance de sariñena, melodías que luego Mario Gros actualizó. Fruto de aquel trabajo dio como resultado en 1998 el libro “La Gaita de Boto Aragonesa” que Pedro Mir realizó junto a Martín Blecua. Gracias a la Asociación Gaiteros de Aragón (AGA), que aportó la mitad del dinero, y el Rolde de Estudios Aragoneses pudo publicarse el libro.

Actualmente Pedro lleva muchos años dedicado a la construcción de cañas, buscando la caña perfecta. Espera en un futuro escribir el manual de construcción de cañas para gaitas. Toca poco la gaita, no muy bien, al principio le enseñó algo Martín con un cifrado de números que le escribió, “Llevo varios años yendo a clases de gaita y leo con partitura, pero apenas practico, porque en casa los vecinos me matarían.” Pedro profesa una gran amistad con Martín, “A partir de 1976 Martín dignificó, junto a su hermano Luis, el dance de Sariñena. Martín es el único referente de gaitero aragonés heredero directo de los grandes gaiteros monegrinos”. 

Pedro ha formado parte de esa gran familia entorno a la gaita de boto aragonesa, imprescindible en su recuperación y dignificación. Formó parte como investigador de Biella Nuei, un proyecto que contó con dos vertientes: la investigación y la difusión de la musical tradicional. Además, Pedro fue homenajeado en la VI Trobada de la Gaita de La Almozara “por su labor divulgativa de la música tradicional” y en este 2018, junto a Martín Blecua, será pregonero de las fiestas de san Antolín de Sariñena.

Sin duda alguna, la recuperación de la gaita de boto aragonesa ha contado con grandes personas, apasionados de la música y las tradiciones, formando un gran equipo. “Compartir estas pequeñas pasiones, tan minoritarias hace conocer a gente muy especial”. Personas excepcionales, una gran familia con un gran capital humano digno de reconocer.

El hipnótico Morfeo, en contra de Zeus, encendió la llama de la gaita de boto aragonesa y reveló el secreto de la vida, aquellas pequeñas cosas que son enormes, que nos unen y nos forjan como pueblo, que vuelven a vibrar cada vez que un gaitero o gaitera, entre el brazo y el costado, acomoda su gaita y comienza a soplar, descubriendo el característico rugido de la gaita de boto aragonesa que despertó tras el maravilloso sueño de Normandía.

José Wenceslao Paraled Sarrate


IMG_20180610_0002.jpg

José Paraled Sarrate

José Paraled Sarrate, conocido como Pepe, nació en Sariñena el 28 de septiembre de 1902 y falleció en Reus el 1 de octubre de 1945, a los cuarenta y tres años de edad. De casa Paraled, casa acomodada de Sariñena, se licenció en derecho y ejerció de juez durante la II República Española. Contrajo matrimonio con Carmen Méndez Jiménez, casamiento que debió de realizarse de modo civil y que no fue reconocido después de la guerra. En Sariñena nunca más se ha sabido de lo que le deparó a Carmen Méndez Jiménez y, lamentablemente, nada se ha podido averiguar, por ahora.

Pepe fue una persona de fuertes convicciones políticas y muy activo en la vida política y social de Sariñena. Fue dirigente del Partido Radical Socialista de Sariñena hasta que en 1935 pasó a pertenecer a Izquierda Republicana, años más tarde fue apoderado en las elecciones a Diputados a Cortes. Ejerció de abogado y en septiembre de 1938 fue nombrado presidente del Tribunal de Guardia de Baza (Granada), cargo que nunca llegó a tomar posesión a pesar de sus numerosos requerimientos. También fue juez de los juzgados de Urgencia y Popular de Barbastro, Caspe, Alcañiz y Mora de Rubielos. En enero de 1937 fue nombrado juez del Tribunal Popular de Barbastro.

En determinados documentos aparece como alcalde de Sariñena, representando al Frente Popular, cargo que parece que ocupó durante un corto tiempo en la República y los primeros días tras el alzamiento militar fascista. Ejerció de alcalde hasta que fue destituido cuando los sindicatos C.N.T. y U.G.T. tomaron el ayuntamiento de Sariñena formando el Comité Revolucionario de Sariñena. “Iniciada la revolución marxista en esta localidad es el que junto con su compañero de Consejo Manuel Blanco Maestro, entregaron seguramente de mutuo acuerdo el mando al comité rojo en esta villa”. Esta cuestión es el propio José Paraled quien lo desmiente asegurando que el comité se apoderó del ayuntamiento “por la violencia”. Algunas fuentes lo sitúan como concejal en 1933 y alcalde de Sariñena de febrero a julio de 1936. Otras fuentes lo sitúan hasta el 20 de agosto del 1936 en el cargo de Alcalde, después de que el Capitán del puesto de Sariñena y varios Guardia Civiles abandonasen la población. Fue entonces cuando componentes de las secciones sindicales de CNT y UGT se apoderaron del ayuntamiento formando el comité. Además, Pepe fue secretario de la Colectividad local.

Pepe fue detenido el 23 de octubre de 1939 por unos milicianos y puesto en libertad a las pocas horas. Al parecer, diferentes autoridades del momento, entre ellos Pepe, se opusieron a que las milicias, llegadas de fuera, tratasen de fusilar a varias personas de Sariñena, encarceladas por precaución en la cárcel de Sariñena. Este suceso parece que motivó su marcha a Barcelona, donde residió en el Hotel San Agustín hasta que su quinta fue llamada a filas en julio de 1938. Fue destinado a servicios auxiliares en la parte de Valencia, donde le sorprendió el fin de la guerra.

También se le sitúa trás la ocupación de Alcañiz, huyendo trás el avance del bando fascista. En su expediente judicial aparece reflejado esta circunstancia además de no dar credibilidad que su huida fuese hacía Madrid.

Pepe fue hecho prisionero y sometido a juicio por lo que fue condenado a 14 años, 7 meses y 30 días por el delito de “auxilio a la rebelión”, condena estipulada hasta el 27 de octubre de 1958. Su sentencia fue emitida el 15 de mayo de 1944, causa 4.112/40: “Que el procesado José Paraled Sarrate, mayor de edad penal, vecino de Sariñena y filiación izquierdista, le sorprendió el Glorioso Movimiento Nacional  desempeñando el cargo de alcalde del Frente Popular del citado pueblo, colaborando con los demás elementos en la instauración del régimen rebelde; el procesado fue nombrado registrador de la propiedad y Juez de Barbastro y Caspe, distinguiéndose en el desempeño de este último cargo por los abusos e indignados atropellos a que sometió a las personas de orden que estaban procesando e instruyendo los sumarios con notoria malicia y parcialidad, que se tradujo en la aplicación por parte de los Tribunales de gravísimas penas, algunas de ellas de muerte, que se efectuaron. Se pidió que se le impusiera como autor de un delito de adhesión a la rebelión del artículo 238 del Código de Justicia Militar sin circunstancias la pena de reclusión perpetua a Muerte con las accesorias legales, debiendo de ser conmutado por la principal, por la de catorce años y ocho meses de reclusión mayor, que llevará las accesorias de inhabilitación absoluta (…)”.

Cronología penitenciaria:

  • Prisión Provincial de Murcia ingresó el 29 de marzo de 1939.
  • Prisión Provincial de Huesca 20 de julio de 1940, el 23 de agosto de 1940 fue encerrado en celdas de castigo como “elemento perturbador (por su condición de abogado) y por haber hecho manifestaciones al sacar de la Brigada donde se hallaba a unos condenados a muerte”.
  • El 13 de junio de 1941 se ordenó su traslado a la prisión de Barbastro e ingresó en ese mismo día, en el expediente aparece la siguiente observación: “es sujeto peligroso, debiéndose  tener cuidado en su condición”.
  • El 22 de octubre de 1941 se ratifica su prisión por ser considerado un “detenido con peligrosidad”.
  • El 3 de mayo de 1944 es puesto en libertad preventiva, habiendo cumplido 5 años, 1 mes y 10 días de prisión. Se le concede la posibilidad de cumplir la libertad vigilada en el pueblo de Prades (Tarragona).
  • El 12 de octubre de 1953 es aprobada la libertad definitiva.

 

El juicio, típico del franquismo, incautó la mayor parte de sus bienes. Incluso el alcalde franquista de Sariñena, Joaquín Blasco Mirallas, se apropió indebidamente de la bañera de la casa familiar de Pepe para su propio beneficio. Al menos, Pepe dejó 8 hectáreas, una masada y un olivar a un amigo y encargado de sus tierras que nunca lo dejó de lado, ni en los peores momentos. José Paraled Serrate murió tras una larga enfermedad contraída en las cárceles franquistas, la tuberculosis. Debido a su enfermedad fue puesto en libertad el 3 de mayo de 1944, retirándose a Prades, pequeño pueblo de Tarragona, donde falleció al año y medio en Reus.

A pesar del olvido, Pepe siempre ha estado conmigo, en mi mente, en mi curiosidad, en mis sentimientos, en mi corazón y quizá en mis ideales. Tras años de investigaciones en archivos penitenciarios, causas judiciales, informes políticos sociales, cartas, llamadas, búsquedas y un largo etc. por fin puedo concretar una pequeña reseña de lo que fue José Paraled Sarrate y recuperar su memoria en contra de la condena del olvido. Es por él, por Pepe, por la eterna justicia de los olvidados. Por siempre.