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La Guerra Civil en Sariñena


Con el levantamiento militar, el 18 de julio de 1936, se crea de urgencia, esa misma noche, el Comité Local de Sariñena. Más de 300 sariñenenses, entre afiliados a partidos y a sindicatos, salen a la calle a defender la republica, instando a la Guardia Civil a que se una al pueblo. El Capitán de la Guardia Civil, del puesto de Sariñena, respondió negativamente, erigiéndose como única autoridad. Durante los primeros días convivieron en una tensa calma.

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Es el veinte de agosto de 1936 cuando el capitán de la guardia civil abandona Sariñena y sale hacia Monzón con parte de su destacamento. Aquella circunstancia fue aprovechada por los republicanos sariñenenses para tomar definitivamente las calles, desarmando a las fuerzas restantes de la Guardia Civil que pasaron a formar parte de la Guardia Nacional Republicana. En las solicitudes de Informes Políticos-Sociales encontramos notas de testimonios que narran como ocurrió el desarme, así lo declaró Antonio Olivan Mir vecino de esta villa:  El desarme de la fuerza se hizo en tres puntos diferentes, o sea a dos parejas las desarmaron en la calle y al resto en la casa cuartel, siendo este último punto donde vio que Ignacio Biosca Salfe iba armado con un fusil tomando parte en dicho desarme, por ser el diciente vecino de dicho edificio y desde una ventana de su casa vio lo sucedido, manifestando también que no hubo ninguna victima y que ocurrió el 19 o 20 de julio del 36. Luis Buil apunta que el pueblo cortó las carreteras con árboles y mantuvieron guardia en las entradas del pueblo. Pronto llegaron noticias del futuro frente de Aragón: Unos falangistas de Zaragoza habían entrado en Alcubierre. Luis Buil fue uno de los voluntarios sariñenenses que, en autobuses, partieron hacía Alcubierre para frenar al enemigo: A la altura de Lanaja nos escoltó un tal Breguer de guerra francés que venía de Barcelona y que pertenecía a la aviación que estaba con nosotros. Solamente podía tirar bombas con la mano pero daba moral. Ocupamos Alcubierre donde los falangistas habían fusilado a unos once obreros del canal en construcción. Lo hicieron en la fachada del ayuntamiento. De los fusilados encontramos en la carretera  a uno herido pero vivo. Ese se salvó. En palabras de Luis: Algunos volvieron al pueblo y otros, armados, continuaron hacía Tardienta y Almudevar, donde se produjeron algunos combates y se logró estabilizar el frente.

Demetrio Bodero, Antes del M.G.N. prestaba sus servicios como guardia civil en el puesto de esta villa, sin afiliación política, siendo su ideología derechista. Al iniciarse el… fue desarmado al igual que las demás fuerzas del puesto por las hordas marxistas, el informado se refugió en el campo de aviación rojo establecido en este término municipal donde presto el servicio de su clase hasta los últimos días de marzo de 1938, que fue liberado por las tropas nacionales y, incoado expediente de depuración, fue resuelto favorable y licenciado del sustituto por haber cumplido la edad reglamentaria. No intervino en hechos delictivos y se le considera adicto a la nueva España

Notas en las solicitudes de Informes Políticos–Sociales.

El 25 de julio de 1936 llegó a Sariñena la columna miliciana del P.S.U.C. del Barrio-Trueba, 3000 milicianos y tres baterías de artillería a mando de su jefe Manuel Trueba Mirones; luego conocida como la Columna de Carlos Marx. Sariñena albergó el Cuartel General del alto mando del XII cuerpo republicano en casa Torres, el Hospital Militar y la biblioteca en casa Paraled, la Farmacia militar internacional en la calle Enado, un comedor popular, el aeródromo de Alas Rojas y un Deposito de Armas y Municiones y un Hospital de Evacuación en el barrio de la Estación de ferrocarril. También existió un taller de reparaciones de automóviles que situaron en el interior de la iglesia. En las solicitudes de Informes Políticos–Sociales encontramos a Eusebio Villa Clavería, de profesión engrasador, en la sección Automovilismo inspección y recuperación.

El pueblecito nos acoge y nos envuelve en la oscuridad de sus calles. Este pueblecito de calles polvorientas, estrechas, de casas pardas y antiguas, es un hervidero de milicianos que van y vienen al frente de combate. Nubes de polvo levantan los camiones que conducen víveres al frente y otros que transportan soldados de la libertad.     

A las seis de la mañana la claridad de los gallos mañaneros me ponen en acción y mi primera visita es al hospital de sangre en el que se encuentran diez heridos; y al ver hasta sesenta camas vacías, me hace presumir, como compruebo más tarde, que las bajas en nuestro frente de Huesca son pocas, para la importancia que tiene los distintos frentes que sitian en rodeo a dicha ciudad y los combates estratégicos que a diario suceden. 

Frente de Huesca, Los aguiluchos de la F.A.I., impacientes por entrar en Huesca.

Por Hermes., Sariñena, 7 de septiembre de 1936. 

Solidaridad Obrera, nº 1376

 Pascual Mas Borros Fue agente de investigación de la Generalidad de Cataluña y prestó servicio a una delegación que se estableció en Sariñena.  

Solicitudes de Informes Políticos–Sociales.

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En las Solicitudes de Informes Políticos–Sociales de Sariñena aparece abundante información y testimonios sobre diversos sucesos que se desarrollaron durante la guerra civil en la capital monegrina. La formación del Comité Local de Sariñena, según el testimonio de Fulgencio Esteban Olivas, el comité fue integrado por José Paraled y José Bruned, entre otros miembros que ignoraba: No ocurrió nada anormal durante la actuación de este comité a excepción de la profanación de la iglesia. Rumoreándose que las imágenes habían sido quemadas en la plaza, ignorando que hicieron de los objetos de valor y en cuyo hecho intervinieron individuos desconocidos. Días más tarde se constituyó un nuevo Comité Local con José Paraled, José Bruned, Manuel Blames, Dionisio Buil y Francisco Lana. Luis Buil Espada atribuye a la constitución del comité a socialistas, comunistas, Izquierda Republicana, Unión Republicana (de derechas) y anarquistas. José Paraled, desde 1935, perteneció a Izquierda Republicana y ocupó el cargo de alcalde hasta que fue destituido cuando los sindicatos C.N.T. y U.G.T. tomaron el ayuntamiento de Sariñena, formando el Comité Revolucionario de Sariñena. En la constitución del Comité Revolucionario de Sariñena el sindicato C.N.T. fue la fuerza mayoritaria. Para Daniel Pinos esto explica que Se decretase, desde un principio, las colectivizaciones de las tierras, la abolición de arriendos y la expropiación de grandes fincas y maquinaria agrícola. Eusebio Pinos formó parte del comité, quien según las palabras de su hijo Daniel Pinos fue delegado de abastos. También se puso en marcha una pequeña colectividad. Las fuerzas del P.O.U.M. fueron responsables del saqueo de las tres iglesias de Sariñena y se realizaron algunas detenciones, pero a los pocos días fueron puestos en libertad. José Paraled fue detenido el 23 de octubre por unos milicianos y puesto en libertad a las pocas horas. Marchó a Barcelona, donde se alojó en el Hotel San Agustín, en julio de 1938 fue llamada su quinta y destinado a servicios auxiliares en la parte de Valencia, donde acabó siendo hecho prisionero.

Se decía que el Capitán General Romerales era de Sariñena. “Paco, un conocido amigo mío, que era manco y trabajaba en el ayuntamiento, enviaba una pequeña cantidad, de su magro sueldo a la esposa del General a Madrid, pues ella no tenía pensión de viudedad (pasados muchos años se la concedieron) y él me decía que era la mujer de su tío, hijo del pueblo”.

Luis Buil Espada.

Toda la vida en guerra de un pacifista.

Las milicias del P.O.U.M. sacaron de las tres iglesias sariñenenses las imágenes y ornamentos a la calle y en carros las llevaron a la orilla del río Alcanadre, donde les prendieron fuego. También así lo atestigua Daniel Pinos, relatando las vivencias de su padre Eusebio Pinos. Se incautaron los comercios del pueblo y detuvieron por unos días a Manuel Basols Salaber (posterior alcalde durante el franquismo), Ignacio Ballarín Segura, Benjamin Portera, Bernardo Guillen, Miguel Anoro Casañola y Victoriano Buisan, entre otras personas. Fueron puestos en libertad el 26 de agosto de 1936. Diversos testimonios enmarcan aquellas detenciones con un fin protector ante elementos descontrolados de milicias que hacían peligrar la vida de personas de derechas. Luis Buil vio como las monjas carmelitas acudieron, vestidas de paisano, llorando al ayuntamiento: Desde la puerta escuché como los miembros del comité las tranquilizaban y les decían que las que quisieran quedarse allí no tenían nada que temer y que si querían irse a su casa les escoltarían.  Para Luis el comité se portó bien y mantuvo el orden. En otra ocasión, los miembros incontrolados de las milicias catalanas intentaron fusilar a unos detenidos que había en la cárcel, lo que el comité logró evitar, poniendo guardia alrededor de la misma con fusiles Mauser. Después, muchos presos fueron liberados.  Daniel Pinós relata la quema del archivo en la plaza mayor: Atizada por los miembros de la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias y ante la alegría de muchos sariñenenses.

“Las llamas se alzan más allá del techo de la iglesia y los jóvenes anarquistas continúan trayendo más y más materias de casa del notario, echándolo a las llamas con gesto triunfal. Gran número de personas mira silenciosamente al fuego. No era, de ninguna manera, una destrucción como otra cualquiera de algunos documentos indeseables, sino un acto que revestía para sus participantes profunda significación, como símbolo de la liquidación del viejo orden económico” 

Borkenau, El reñidero español, pp 81-82.

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Ante los diversos abusos y tropelías, el Comité Revolucionario de Sariñena se vio obligado a trasladar el problema al Cuartel General de Columna Durruti en Bujaraloz. Al día siguiente se personó en Sariñena Buenaventura Durruti, estableciendo de nuevo el orden y aprovechando la ocasión para celebrar un histórico discurso llamando a la movilización y a la disciplina en todos los frentes.

La orden de Durruti a Mosén Jesús, que éste cumplió disciplinadamente, fue la de recorrer todas las centurias, recoger a las mujeres “sin dejar una siquiera”, trasladarlas a Sariñena y enviarlas en tren a Barcelona. Esa escena la recreó Vicente Aranda en su película “Libertarias”, en la que un Miguel Bosé algo blandito y redicho interpreta el papel de Jesús Arnal.

Juan García Oliver

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Desde Sariñena, la agencia de noticias Febus enviaba al periódico ABC partes de guerra. También se cuenta con escritos en Solidaridad Obrera de su paso por Sariñena de su corresponsal Hermes. El 30 de septiembre de 1936, Hermes escribe sobre la llegada a Sariñena de una brigada de policía para investigar unos supuestos espías, quienes al parecer fusilaron en el campo de aviación. Hermes conoció al Teniente Reyes: “El jefe de este campo, es el Teniente Reyes; camarada de todos y gran experto en su oficio. Sus órdenes, dejan de serlo, por el acento que pone al darlas. La sencillez raya la modestia y todo lo ve, de todo se preocupa y hasta no escatima la vida cuando de jugársela se trata. Ahí está una hazaña que no es conocida. El día 5, remontó el vuelo en un avión de caza y -¿Cuáles eran sus propósitos? Lo cierto fue, que, sólo voló sobre Zaragoza y volvió sin darle poca importancia al gesto. ¿Qué paso en el campo de Zaragoza, donde tienen nueve aviones Italianos tipo Caprioni? ¿Seguramente, quedaron sus pilotos (dicen que Alemanes), atónitos del gesto de audacia?”. Hermes continua “es el guardia de ese campo y jefe de las milicias, un muchacho menudo, de nervios de acero y que ha dado pruebas de arrojo sin igual. Dicen que el movimiento le sorprendió como agente de seguros y ahora su porte guerrero y sus hazañas lo han convertido en el Alférez Franco. ¿Lastima que lleve el apellido de un traidor! Yo que él, me haría nombrar por el apellido materno pues resulta incongruente de que dos nombres, uno traidor a su pueblo y otro defensor del mismo, se nombren con las mismas letras”.

Otra declaración, la de José Zamorano Cabellud “El Vicien” cita como integrantes del comité a Tomás Inco (F) (Ferroviario de Sariñena fallecido en el momento del la declaración 1943), Antonio Mir “El Tuerto”, Francisco Masueras Claveria Andres Minguillón (F), José “El Huesetes”, Antonio Casabona Marias y Dionisio Buil Mesple. José Zamorano Cabellud se enroló voluntariamente en la veintiséis división mandada por Durruti.

 Gabino Lavilla Arcal, Participo en la detección de personas “de orden”. Intervino en la destrucción  de las iglesias de Albalatillo y Castejón de Monegros, en la quema del archivo del ayuntamiento y juzgado de Albalatillo.  Prisión provisional de Las Capuchinas de Barbastro.

Solicitudes de Informes Políticos–Sociales.

 

Convocó, un sábado a las nueve de la mañana, un Consejo de Guerra en Sariñena, en el puesto del comandante Reyes, en Sariñena. Debían de asistir el Coronel Villalba, el Comandante Reyes, Durruti, Ortiz, uno de los jefes de la columna “Rojinegra”, otro de los jefes de la columna del PSUC y uno de la columna del POUM. Viajó de noche aguantando una lluvia torrencial y gracias a la pericia de “gasolina” llegó al puesto de mando de la aviación en Sariñena. Penetró en la casita que servía de comandancia, donde le recibió la esposa del Comandante Reyes y por una hermana de ella. Llegados los convocados se celebro el Consejo de Guerra para designar el jefe de Operaciones del Frente de Aragón, quien al final fue José Villalba.

Juan García Oliver

El Eco de los pasos.

Con la creación del Consejo Regional de Defensa de Aragón, presidido por Joaquín Ascaso, entre el 6 de octubre de 1936 y el 11 de agosto de 1937, los Comités Revolucionarios pasan a constituirse como Consejos Municipales. La creación del Consejo Regional de Defensa de Aragón tuvo sus inicios en Bujaraloz  a partir de un plenario sindical  de la C.N.T. en septiembre de 1936.

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Tras la disolución del Consejo Regional de Defensa de Aragón, entre los días 14 y 16 de octubre de 1937 se crea el Frente Popular Antifascista de Sariñena. Por aquellos tiempos Sariñena alojaba el cuartel general del ejército republicano del Este. De acuerdo con el artículo de Arturo Morera: Un documento del archivo de Salamanca.

Convocados por el Delegado Gubernativo se reúnen el día 14 de octubre del corriente año y hora de las 10 de la noche, en la Delegación de esta localidad, dos representantes de cada una de las organizaciones y partidos políticos de Sariñena, con el objetivo de constituir en la misma el Frente Popular Antifascista.

Concurren, por la Confederación Nacional del Trabajo, Manuel Santolaria y José Ros. Por la Unión General de Trabajadores, Antonio Lacuna y Mariano Morén. Por Unión Republicana, Mariano Grustán y Pedro Tires. Por Izquierda Republicana, Manuel Tena (hace constar este representante que el otro compañero designado por su agrupación, que es José Morera no concurre por estar de viaje). Por el Partido Socialista, Severo Arroyos y Pedro Sanz. Por el Partido Comunista, Pedro Cáscales y Eloy Casabón. Por las Juventudes Libertarias, Gregorio Lozano y José Malo. Por las Juventudes Socialistas Unificadas Daniel Grustán.  

Preside la reunión el Delegado Gubernativo que declara abierta la sesión y expone el motivo de la reunión, que no es otro que el de constituir en Sariñena el Frente Popular Antifascista. Todos reunidos se manifiestan de conformidad con lo expresado por la Presidencia por ser necesario para ganar la guerra y consolidar la revolución. La Presidencia pasa a leer el compromiso que han firmado en Caspe por todas las organizaciones que ha llevado como consecuencia a la formación del Frente Popular en Aragón. Una vez leído es aprobado por todas las representaciones de esta localidad, haciéndose distintas las aclaraciones que son contestadas por la Presidencia y por algunos de los representantes.

En consecuencia se acuerda quede constituido en esta localidad el Comité de Frente Popular Antifascista, haciendo suyo el mismo articulado que se firmó en Caspe el 23 de septiembre para el mismo fin. Se pasó a discutir el número de representantes que formarán parte de dicho Comité, y tras amplias deliberaciones en que intervinieron todas las delegaciones se acuerda por unanimidad sea uno por cada partido y organización en calidad de efectivo y otro en calidad de suplente designado también por las distintas organizaciones para suplir al efectivo en ausencias y enfermedades, consiguiéndose de esta forma que nunca quede ningún partido ni organización sin representar en ninguna reunión. De acuerdo todos, queda en proseguir esta reunión el sábado próximo día 16 en que traerán el nombramiento efectivo.

El sábado y hora acordada vuelven a reunirse las mismas delegaciones que el día 14.

Preside el Presidente del Consejo Municipal que expone el motivo de la reunión. Pregunta el nombre del representante efectivo que mandan los distintos partidos y organizaciones para la constitución definitiva del Comité del Frente Popular Antifascista.

Por el Partido Socialista, Severo Arroyo. Por el Partido Comunista, Pedro Cáscales. Por Unión Republicana, Mariano Grustán. Por la Confederación Nacional del Trabajo Vicente Lapiedra. Por la Unión General de Trabajadores, Antonio Lacuna. Por Izquierda Republicana José Morera. Por las Juventudes Libertarias, Gregorio Lozano. Por las Juventudes Socialistas Unificadas José Romerales.

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Estudis sobre conflictos socials. Las Brigadas Internacionales: Nuevas perspectivas en la historia de la Guerra Civil y del exilio. Josep Sánchez Cervelló y Sebastián Agudo.

En Sariñena estuvo destacada la 4ª compañía del 26 batallón de portificaciones al mando del capitán Juan Planae y los sargentos Juan Torrene y Salvador Fernandez. Soldados Salvador Dalmen Serna y Vicente Marcos Amarde. Algunos sariñenenses marcharon al cercano frente de Alcubierre a luchar y allí encontraron la muerte, entre otros Salvador y Mariano Grustán Tella, Manuel Villa y Antonio Ancho.

“El cura, don Pedro, se quedó y estuvo bien cuidado así como la casera que era hermana suya. Este cura se había comportado siempre muy bien. A pesar de su edad se quitó una vez los pantalones en la iglesia para dárselo a un necesitado. El también era pobre; después de mucho tiempo murió de enfermedad pero nunca le faltó nada.”

Luis Buil Espada

El 21 de julio de 1936 fueron asesinados el sacerdote Eduardo Colay Biarge, a los 24 años de edad, el Teniente Coronel E.M. Bernardo Cariello Torrente, a los 65 años de edad, los señores Mariano Caballero, Arbeloa (comerciante), Oto, Rivera, Baile (Industrial), Desentre (Contable), Aguilar (Industrial), Cativiela (Agricultor) y tres personas de identidad desconocida. La Causa General de Huesca, Pieza Principal, Rama Separada nº 131 Sariñena dicta que Fueron fusilados por la canalla roja, la fecha indicada, en la carretera de Sariñena a la Estación del Ferrocarril, y después trasladados al Cementerio y quemados.

A Eduado Colay Biarge, en verdad coadjutor de Sariñena, recién ordenado sacerdote, se le instó en repetidas ocasiones la prohibición de celebrar oficios eclesiásticos. Aún así, celebro misa en una casa particular, por lo que fue detenido, encarcelado y ejecutado. Daniel Pinos data su encarcelación el 21 de julio y su ejecución el 28 del mismo mes. Al parecer, Eduardo Colay y Bernardo Cariello gritaron, antes de morir fusilados: ¡Viva Cristo Rey! (La fosa común del cementerio de Sariñena.)  Estuvieron a punto de ejecutar al párroco Pedro Segura Gavín, mosén Pedro se libró por la intervención del Molinero, aunque desafortunadamente, mosén Pedro no aguantó aquellos años convulsos, cayó en coma y falleció el 6 de octubre. El administrador de la familia Bastaras, Arizaleta fue fusilado en la Cartuja de las Fuentes.

El 25 de marzo del 38 también fueron fusilados Teodoro Cabellud Blanco, de profesión caminero a los 54 años de edad, Pilar Conte Dueso, a los 20 años de edad, Antonio Loscertales Peralta, labrador de 60 años, Carmen Tierz Marias, sus labores 58 años y el 26 de marzo del 38 fue fusilado José Almerge Montel, caminero de 60 años de edad.

En el campo de aviación “Alas Rojas” aparecieron los cadáveres “incendiados” de los aviadores de derechas Abelardo Carazo y Muntaner. Las personas sospechosas fueron los responsables del campo de aviación, el comandante Reyes, el comisario político Franco y el Capitán Adonis Rodríguez.

El 19 de abril de 1937 estalló el polvorín de la calle de los porches, la calle del “Mercau”. La terrible explosión causó lesiones a una niña de trece años de edad, Ascensión Vicente quien, años más tarde, se convirtió en la esposa del gran historiador sariñenense Arturo Morera. Otras citas importantes, aportadas por Arturo Morera, ocurridas en 1937 son la visita al campo de aviación del presidente de la Generalitat de Cataluña, Luis Companys, quien pasó revista  a las fuerzas militares republicanas estacionadas en la villa y la visita a Sariñena e interés, por la marcha de la guerra en la zona, del afamado escritor soviético Ilya Ehrenburg.

Estas son parte de las muchas historias de una de las páginas más tristes de nuestra historia. Un ejercicio de memoria y de historia para aprender y saber.

 

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Hilario Murillo Castelreanas, alcalde de Perdiguera por Izquierda Republicana.


“El recuerdo más nítido que guardo es el de la mañana en que mi familia se vio obligada a huir de Perdiguera, cuando varias personas, sobre todo mujeres, lanzándonos piedras al carro en el que montábamos mi padre Hilario, mi madre Carmen, mi hermano Carlos, más pequeño que yo, y mi hermano Benedicto , todavía lactante, que meses más tarde fallecería, nos gritaban : ¡ Rojos fuera de aquí! justo cuando pasábamos por la balsa Las Fuengas.”

Así comienza Jesús Murillo, el hijo mayor de Hilario y que entonces tenía 5 años, el relato de como tuvieron que salir de Perdiguera al poco de comenzar la guerra civil.

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Hilario Murillo Castelreanas

De como salvó la vida Hilario Murillo Castelreanas, alcalde de Perdiguera por Izquierda Republicana.

Por Constantino Escuer Murillo

      ¿Qué delito había cometido Hilario para tener que huir con su familia y las cuatro pertenencias que le cabían en el carro, dejando atrás casa, campos, trabajo, madre y amigos? El delito de ser el presidente en Perdiguera del partido Izquierda Republicana, el delito de ser elegido alcalde tras las elecciones que el Frente Popular ganó en febrero del 1936 y el delito de ser una persona comprometida y luchadora que buscaba el bien común y la justicia social.

      Continúa el relato su hijo Jesús: “Las prisas y la edad de mi abuela Estefanía (62 años), madre de Hilario, propiciaron que ella se quedara en Perdiguera. Por otro lado nada hacía temer por la buena mujer, devota cristiana que acudía a misa todos los domingos y festivos y que además ayudaba a limpiar la Iglesia y aquellas tareas que precisara la parroquia.

      Sin embargo, al llegar la guardia civil junto con, presumiblemente, otros colaboradores – cuyos miembros se comenta acostumbraban estar borrachos- fue conducida acompañada de otros vecinos a las afueras del pueblo y fusilada. Todos ellos fueron enterrados en una fosa común detrás de la casilla de los peones camineros.(Años más tarde, ya acabada la guerra, se exhumaron los cadáveres y fueron inhumados bajo una lápida común a la entrada del cementerio de Perdiguera, donde en la actualidad descansan).

      Ese mismo día llegamos a Peñaflor, donde fuimos acogidos por unos amigos de mi padre, la familia Pola, que vivía junto a la ordana (una acequia). No recuerdo cuanto tiempo estuvimos aquí y desconozco porqué Hilario no prosiguió la fuga, el caso es que un día se presentó un coche con dos personas que se llevaron a mi padre a Zaragoza. Recuerdo haber oído en alguna ocasión contar a Hilario que uno de los que le conducían propuso al compañero :”por qué no le pegamos dos tiros y lo tiramos a la cuneta”. Afortunadamente, prevaleció el criterio del otro y llegó a la cárcel de Torrero en Zaragoza. Mi madre y nosotros seguidamente marchamos también a la ciudad donde nos dio techo una tía de mi madre en el Coso nº 119.

       La providencia sonríe a Hilario cuando al pasar en el vehículo que lo conducía a la cárcel por la calle Don Jaime es visto, desde el mirador de su vivienda, por Amalia Castelreanas -su tía, por parte de madre- y su marido. El hijo de ambos, Santiago Cuenca, es informado de que su primo Hilario se encontraba en prisión y hace valer su influencia y relaciones con el poder gobernante en Madrid, intercediendo por Hilario.

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Acta constitución ayuntamiento Perdiguera.

       Aunque su primo le salva la vida, también el azar colabora con él, ya que durante más o menos el año que está encarcelado en Torrero, se dieron ocasiones en que pudo haber acabado siendo ejecutado. Recuerdo contar en alguna ocasión a mi padre que en la cárcel había madrugadas que acudían los soldados a las celdas con una lista de presos a los que se había decidido dar la libertad. Posteriormente, se enteraron que estas personas habían sido fusiladas. De tal modo que las veces siguientes no había ningún encarcelado que saliera cuando era nombrado. Tal circunstancia no disminuyó el número de fusilados puesto que los elegidos, mientras dormían, dependían de que los soldados les dieran una patada y los levantaran para luego llevarlos “de paseo” hasta las tapias del cementerio.

      El recuerdo más vivo que tengo de la estancia de mi padre en Torrero es el de un día que lo fuimos a visitar con mi tío Valero -hermano de mi madre- que volvía de permiso del frente (fue reclutado en Perdiguera por el ejército nacional). Aunque gracias a mi tío se nos dispensa un trato amable, al marcharnos, Hilario se asoma a una ventana para despedirnos con un pañuelo. Inmediatamente los soldados que se encuentran de vigilancia disparan una ráfaga de disparos hacia la ventana donde se encontraba mi padre. No olvidaré las semanas de angustia e incertidumbre que pasó mi madre hasta que llegó una carta de Hilario.

      Felizmente, es puesto en libertad –creo que después de un año, más o menos- y nos trasladamos a vivir a la calle San Miguel. En un principio mi padre comienza a trabajar con la familia Cuenca. Luego lo hace con “Los Mesaches”, que se encargaban de realizar el transporte con mulas y carros procedente de la estación del Norte. Finalmente, con Celedonio como socio, abren una carbonería en la calle de La Cadena.

     Una vez finalizada la guerra vuelve a Perdiguera ya que se le devuelven las tierras que le fueron confiscadas. No ocurre lo mismo con las caballerías. Al enterarse que una gran mesa que tenía en el corral de gran valor es utilizada en las escuelas la reclama. Dicha mesa le fue devuelta tras ser arrojada desde una ventana de un piso alto de la escuela.”

     En un última reflexión, Jesús dice que su padre Hilario hasta el momento de su muerte siempre defendió sus ideales y que estuvo en frente, dentro de lo que se podía, del dictador y sospecha que si no hablaba de los hechos que acontecieron aquellos años fue por el miedo que tenía a que su familia pudiera ser perjudicada, dada la dura experiencia que le tocó vivir.

     Acompaño este relato con una foto de Hilario, el acta de posesión de su cargo como alcalde y la de su destitución cuatro días después del golpe militar que dio comienzo a la guerra civil, comunicada por el sargento del puesto de Leciñena “por orden superior”

      PD: Agradezco a Carlos Murillo, hijo de Jesús y nieto de Hilario, que me hiciese llegar hace ya algunos años este texto que transcribió del relato que le hizo su padre.

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Casto López, del hospicio al exilio


     El segundo apellido de Casto, Expósito, ya nos pone en la pista de su infancia en un hospicio, en este caso el de Zaragoza. Se casa con Pascuala Puértolas, de Farlete y termina viviendo en Perdiguera, donde tendría cinco hijos, un varón llamado Antonio, y cuatro hijas: Inés, Victoria, Rosario y Trinidad.

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Casto López Expósito

Por Constantino Escuer Murillo

     Afiliado a Izquierda Republicana y vocal de este partido en Perdiguera, es elegido junto a Hilario Murillo y Segundo Arruga, concejal del ayuntamiento de Perdiguera tras el triunfo del Frente Popular.

    Tras el golpe militar que dio comienzo a la guerra civil, la situación en el pueblo se vuelve muy peligrosa para las personas de izquierdas. Detenciones y fusilamientos hacen que una noche Casto huya del pueblo acompañado de su hijo Antonio, que por entonces tiene 19 años. En casa quedan Pascuala y sus cuatro hijas.

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Rosario López

    Padre e hijo continúan la huida y se unen al ejército republicano. Antonio irá a luchar al frente y Casto, debido a su avanzada edad, será destinado como guardián a una prisión de Barcelona. Entretanto, Pascuala y sus hijas continúan en el pueblo y pasados los días, son detenidas para ser interrogadas. Quiere la fortuna que estando detenidas, se produce un bombardeo y los guardianes que las custodiaban se van a proteger a un refugio, momento que aprovechan para huir en dirección a Leciñena, donde estaban las líneas republicanas.

     Me comentó hace unos años Antonio Alfranca, que recordaba perfectamente el momento en el que se cruzó con ellas cuando huían por la carretera, la madre en medio y las hijas cogidas de sus brazos. Se acercó a ellas, pues era amigo íntimo de Antonio, y después de desearles suerte, les dio recuerdos para su amigo Antonio.

    Pascuala y sus hijas llegan a Leciñena , continuando su huída hacia Alcubierre y más tarde hacia Lérida, tras los pasos de Casto. Finalmente llegan a Barcelona donde permanecerán hasta casi el final de la guerra.

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Antonio López Puértolas.

   Antonio, el hijo de Casto, muere el último año de la contienda en el frente de Valencia y Casto con el resto de la familia, tienen que huir de Barcelona ante el avance de las fuerzas franquistas, cruzando a Francia con el último tren que pasó la frontera y que fue bombardeado por la aviación enemiga.

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Trinidad López

    Ya en Francia, son internados en el campo de Argeles Sur Mer, donde tantos refugiados republicanos fueron hacinados por las autoridades francesas, en unas condiciones atroces que causaron cientos de muertos. Pasados los meses, son reubicados fuera del campo, pero cuando todo parece que va un poco mejor, comienza la segunda guerra mundial y en un momento dado, son detenidos de nuevo por los nazis y trasladados al campo de Angouleme, justo un día después de que saliese de este campo el famoso “convoy de los 927”, donde 927 paisanos españoles fueron trasladados en tren al campo de concentración de Mauthausen, librándose de una muerte cierta por los pelos.

      Nada sé de las peripecias que sufrieron en el campo de Angouleme, pero tras la liberación de Francia, Victoria y Trini encuentran pareja en París y se quedan a vivir allí. Por su parte, las otras dos hijas, Inés y Rosario, se van a Venezuela donde también formaron familia. A la muerte de Pascuala, acaecida en Francia, Casto decide irse a Venezuela con sus hijas Inés y Rosario y allí acabaría su vida en el año 1959.

      Quiero agradecer gran parte de estos datos a Omar de Castro, nieto de Casto y que en la actualidad reside y trabaja en Inglaterra. También me dice que sus tías ya murieron y que su madre Rosario, tiene 94 años y está en una residencia delicada de salud.

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De izquierda a derecha Trini, Rosario, Pascuala, Casto y Victoria. Arriba Inés (ya en Venezuela) y Antonio (fallecido en el frente de Valencia).

     Vaya desde aquí mi homenaje y mi reconocimiento a Casto, un hombre con una dura infancia y al que sus ideales y su sentido de la justicia social, le hicieron estar en el punto de mira de los fascistas, lo que le obligó a estar en permanente exilio junto a toda su familia. Sirva el mismo reconocimiento para su hijo Antonio, que murió luchando por la libertad, y al resto de su familia, perseguida y exiliada como él.

Subo la única foto que tengo de Casto, posando con la junta directiva del sindicato agrario de Perdiguera del año 1927. También subo una foto de las dos hijas pequeñas, Trinidad y Rosario, que les hicieron en la escuela y que les mandé ya hace años. Ha sido el único recuerdo visual de su niñez, ya que escaparon de Perdiguera con lo puesto.

In Memoriam y A sangre fría



Constantino Escuer Murillo, natural de Perdiguera, es un agricultor muy unido a su tierra. Valora tanto la vida, que es capaz de ver la vida que no somos capaces de ver los demás; es todo un conocedor y descubridor de la entomofauna monegrina y de la naturaleza en general. Pero además, Constan es colaborador de la revista  monegrina “Montesnegros” y gran divulgador y conocedor de su tierra. He de agradecerle que haya querido compartir dos emotivos escritos sobre la guerra civil en Perdiguera, valiosos testimonios para que la memoria continúe viva en nuestros corazones. 

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Constantino Escuer Murillo

 

IN MEMORIAM

“Rogad a Dios en caridad por estos cuatro seres inocentes, que en horas de confusionismo, dieron su vida por España. Manuel Escuer – Saturnino Alfranca – Benito Bailo – Segundo Arruga” Así reza la inscripción en la lápida de una tumba que encontraremos en el cementerio de Perdiguera nada mas franquear su puerta.

Tal día como hoy 28 de agosto de 2016, se cumplen ochenta años del asesinato de estos cuatro vecinos de Perdiguera, que junto al maestro de Lanaja, cuyo nombre desconozco, fueron fusilados en las tapias del cementerio.

No fueron los primeros en ser pasados por las armas tras la sublevación militar del 18 de Julio de 1936, ya que previamente y en las tapias del cementerio de Torrero, habían sido fusilados el secretario del ayuntamiento de Perdiguera Félix Lamata Sanz y el médico del pueblo Martín Serrano Díaz. Con posterioridad, también sería fusilado el maestro de la escuela de niños Victoriano Tarancón Paredes.

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El marmolista que realizó la inscripción de la lápida, por algún motivo, cometió un error a la hora de escribir uno de los apellidos. Las cuatro personas que fueron fusiladas por el único delito de pertenecer a Unión Republicana son: Manuel Escuer Doñate de 52 años, que en el libro de defunciones del ayuntamiento, cuando se habla de las causas de su muerte pone “Muerto a causa de las circunstancias actuales”, Saturnino Arruga Alfranca de 51 años y con las mismas causas de la muerte, Benito Bailo Arruga de 40 años “Muerto a causa de la guerra” y por último Segundo Arruga Alfranca de 29 años, que consta como “Muerto por haber sido fusilado”.

Este último, Segundo, fue secretario de Unión Republicana, partido que tenía un pequeño casino en la actual calle de Las Plazas, que se cerró tras el golpe militar y que hasta entonces fue centro de reunión y debate político. Como muestra de ello, en una carta dirigida al Gobernador Civil, el alcalde informa de que en el Centro de Unión Republicana, ha tenido lugar el día 17 de enero de 1936 a las ocho de la tarde un acto político, y dice literalmente: “Pláceme significar a V. E. que se verificó el acto con el mayor orden, sin ocurrir ningún incidente, siendo el número de los asistentes de 80 a 100 y los oradores que tomaron parte en el acto, Don Joaquín Centelles, Don Carmelo ¿Esques? D. Saturnino ¿Guallar? y D. Casimiro Sarría, siendo los puntos tratados relacionados con la próxima campaña electoral a Cortes”.

Tras esta elecciones, ganadas por el Frente Popular, y con motivo de tres renuncias, se designarían tres nuevos concejales al ayuntamiento de Perdiguera, Hilario Murillo Castelreanas, Casto Lopez Expósito y el propio Segundo Arruga Alfranca. Toman posesión de sus cargos en marzo del 1936 y es elegido alcalde Hilario. Poco dura su mandato, ya que el 21 de julio, tres días después del golpe, el sargento de la Guardia Civil del puesto de Leciñena “Por orden de la superioridad”, da por clausurada la Comisión Gestora del ayuntamiento.

De estos tres concejales, Segundo Arruga ya sabemos cómo terminó, fusilado junto a sus tres compañeros y el maestro de Lanaja en un criminal acto al que acudieron numerosos espectadores, entre ellos muchos niños de la escuela, alguno de los cuales arrastraría terribles pesadillas hasta su muerte. Otros niños, ya de mayores, decían recordar al maestro de Lanaja dando vivas a la República mientras el pelotón de fusilamiento les disparaba. Casto tuvo que huir y terminó su vida en Venezuela, e Hilario, tras muchas vicisitudes, se libró de una muerte a la que estuvo condenado.

Espero poder escribir más adelante y con más detalle de los acontecimientos que rodearon la huida forzosa para escapar de la muerte de Hilario y Casto, así como de los horribles hechos que sucedieron en Perdiguera a finales de septiembre de 1936, pero hoy 28 de agosto de 2016, ochenta años más tarde, vaya mi particular y sentido homenaje para Manuel, Saturnino, Benito y Segundo, vecinos de Perdiguera, por su compromiso político y su lucha por lograr una sociedad más justa. Y también para el maestro de Lanaja en representación de tantos servidores públicos que como Félix, Victoriano y Martín, fueron asesinados por defender los ideales de la República.

Constantino Escuer Murillo

28 de agosto del 2016

A SANGRE FRÍA

Pocos imaginaban en el pueblo, que aquel 27 de septiembre de 1936, hoy hace de ello 80 años, se producirían unos hechos que constituirían la página más negra y trágica de la historia de Perdiguera.

14500359_1264104350298375_1426354929054863612_oAquel domingo, en un pueblo tomado desde el inicio de la guerra por los militares sublevados, un grupo de guardiaciviles al mando del teniente del cuartel de Movera, después de bien comidos y bien bebidos, según contaban quienes se acordaban de ello, se dedicaron a recorrer el pueblo deteniendo a 31 vecinos que fueron introducidos maniatados en la caja de un camión. Posteriormente fueron trasladados al límite del término de Perdiguera con Villamayor, donde en las paredes de una antigua casilla de peones camineros que había junto a la carretera, fueron fusilados y enterrados en una fosa que allí hicieron.

Sin duda alguna, la saca estaba preparada con un listado de personas a las que había que aniquilar por sus ideas políticas, aunque cabe la posibilidad de que, según algunos testimonios, en la borrachera de la acción, se detuviera a algunos pocos que no figuraban en la lista, pero tuvieron la mala suerte de cruzarse en su camino.

Resulta imposible nombrar caso por caso la tragedia de todos los fusilados, pero sí que tengo testimonios como el de Rogelia, la hija menor de Pedro Escanero y Juliana Vinues, que entonces tenía 16 años, quien me contaba entre lágrimas, que después de asesinar a sus padres, pretendieron que bajase a la plaza a bailar con los soldados unos días después del fusilamiento, y gracias a la intervención de un mando que se había alojado en su casa, la dejaron en paz.

O el caso de Estefanía Castelreanas, madre de Hilario, alcalde y presidente de Izquierda Republicana, que no quiso escapar del pueblo cuando lo hizo su hijo, convencida de que con su edad, siendo devota cristiana y ayudando en las labores de la parroquia, nada le podía suceder. Pues como no encontraron al hijo, se la llevaron por delante.

O el de Pascual Murillo (hijo) de 16 años, quien al ver que se llevaban a su padre Pascual detenido, corrió tras el camión gritando ¡Padre, padre, padre! hasta que detuvieron el vehículo y lo subieron con el resto de los detenidos.

O el de Petra Cugota, de 32 años y en su último mes de gestación, cuyo patente embarazo no fue suficiente para que se compadeciesen al menos del hijo que estaba por llegar.

O el de los otros dos adolescentes de 16 años, Elías Arruga y José Alfranca, que fueron asesinados antes de que pudieran saber lo que era la vida.

14485114_1264104443631699_7658349434840131423_nMe gustaría poder dedicar unas palabras para cada uno de los asesinados, pero lamentablemente carezco de información suficiente para poder hacerlo. Mi respeto y mi recuerdo para cada uno de ellos.

Pasada la guerra, los cuerpos fueron exhumados de la fosa donde se encontraban y enterrados en el cementerio municipal bajo una lápida común situada muy cerca de la entrada a mano derecha.

Si alguna vez entráis al cementerio de Perdiguera, dedicad al menos un pensamiento para estas 31 personas, que fueron, víctimas inocentes de una maquinaria de terror que intentó aniquilar a todos sus adversarios políticos, y protagonistas involuntarios de una tragedia que todavía tiene sus consecuencias en el pueblo donde vivieron.

 

Constantino Escuer Murillo

27 de septiembre del 2016

El Hospital Militar de Sariñena


Durante la guerra civil se instaló en Sariñena el hospital militar de referencia que atendía a los heridos del frente, especialmente de la sierra de Alcubierre y del cerco a Huesca. La casa solariega Penén-Paraled fue saqueada y requisada, alojando en sus dependencias el Hospital Militar de Sariñena.

Sariñena ocupó un lugar muy destacado en el frente de Aragón, punto neurálgico al que llegaban las tropas por ferrocarril desde Barcelona hacia el frente y próximo al aeródromo de Alas Rojas. El aeródromo estableció su propia enfermería, bajo el mando del capitán médico Manuel Conde, quien “estaba muy en contacto con el banco de sangre y hospital militar de Sariñena” (Alas Rojas Sariñena, Salvador Trallero).

El médico barcelonés Francisco Bergós Ribalta estuvo al cargo del área sanitaria de Sariñena. Nombrado en 1936 por la Generalitat de Cataluña como miembro del Consejo de sanidad de Guerra, se instaló en el frente de Aragón como jefe de los servicios sanitarios. Después de encargarse de la sanidad a la defensa civil, junto a Frederic Tarrida y Jaume Isern, son destinados al área sanitaria de Sariñena (más tarde II cuerpo del ejercito). Francisco Bergós Ribalta fue designado, meses más tarde, jefe general de Defensa Civil.

En el diario de la enfermera australiana Agnes Hodgson (A una milla de Huesca, edición de Judith Keene y Víctor Pardo Lancina), aparece su testimonio con motivo de su visita al Hospital Militar de Sariñena. El 23 de marzo de 1937, Agnes se desplazó desde Poleñino a Sariñena con los dentistas Ramón y Moussons. Visitaron el hospital de Sariñena al que describe como “bastante grande, aunque el quirófano no está también como el nuestro”. En su diario anota que “el superintendente se ha quejado a Moussons de que los casos quirúrgicos que llegan aquí evacuados desde Vicién están, casi todos, infectados, mientras que los de Poleñino y Grañen evolucionan bien”. Otras citas, no directas con el hospital, señalan que el 24 de abril del mismo año, a las 11:30 solicitaron con urgencia, desde Sariñena, la ambulancia de Poleñino y el 21 de junio anotó el bombardeo sobre Sariñena, ocasionando daños en el aeródromo, “afortunadamente, los aviones no se encontraban allí, según cuentan”.

Reseñable es la presencia del  gran psiquiatra catalán Francesc Tosquelles Llauradó (Reus, 22 de agosto de 1912- Granges-sur-Lot, 25 de septiembre de 1994). Marxista republicano de sensibilidad libertaria, que ejerció como psiquiatra en el Hospital Militar de Sariñena, tratando en el mismo frente el miedo y la vivencia de la desestructuración de la guerra. Tosquelles es considerado el inventor de la “psicoterapia institucional” (Wikipedia), influyendo “poderosamente la pedagogía y la psiquiatría de la segunda mitad del siglo XX”.  También actuó como ayudante de cirujano y medico generalista (Orígenes y fundamentos de la psiquiatría en España, Víctor Aparicio Basauri).

Otra figura muy destacable y a la vez olvidada es Tomás Tussó Temprado (Sariñena, 1892-Méjico, 1974), militante obrero de la CNT, ejerció la medicina dedicado a las clases populares. Durante la guerra civil  ocupó el cargo de regidor del Ayuntamiento de Barcelona, como consejero de higiene y sanidad. También fue miembro de la Federación Comunista Catalanobalear, del Bloque Obrer i Camperol y finalmente del POUM, en representación del cual fue regidor del Ayuntamiento de Barcelona. Acabada la guerra consiguió exiliarse a Marruecos y luego a Méjico. Publicó algunos escritos en catalán “Necessitat d´una educació i d´una cultura obrera” en la revista L´Opinio y “Cal pendre posicions” en  L´Hora.

Otro altoaragonés que ocupó un cargo en el ayuntamiento de Barcelona fue Jesús Ulled Altemir, periodista y político oscense, que ejerció de teniente alcalde en 1931. Los hermanos de Jesús Ulled, Rafael Ulled (Sariñena, 1885 -Barcelona, 1937) y José Ulled (Sariñena, 1888-Barcelona, 1929) intervinieron muy activamente en la política catalana en las filas del Partido Republicano Radical de Lerroux. (Indagacions sobre llengua y literatura catalanes a l´Aragó, Hèctor Moret).

Durante la guerra civil en la localidad de Sariñena ejerció la medicina Pedro Cascales Ballarín, médico de asistencia publico domiciliaria, que recibió acusaciones tras la guerra civil. La Jefatura Provincial de Sanidad solicitó a la villa de Sariñena informes políticos-sociales del doctor Pedro Cascales. También se investigó a Domingo Pardo Lacruz, practicante de Sariñena. Seguramente, ambos recibieron acusaciones por ejercer su profesión, en cumplimiento a su juramento Hipocrático de atender a todo herido o enfermo. Finalmente, quedaron libres de sospechas tras los informes políticos-sociales emitidos por las autoridades franquistas locales. Los dos profesionales siempre han contado con el respeto y el cariño de la población.

En las solicitudes de informes socio-políticos aparece Leopoldo Velazque Bosque, médico de asistencia pública domiciliaria que ejerció su profesión libre en Sariñena sobre el 18 de julio de 1936 (solicitud nº3970 de la jefatura provincial  de sanidad Teruel). También encontramos a Manuel Lacruz Espada, practicante de Sariñena de asistencia pública domiciliaria, y la matrona Jacoba Ainoza Ainoza.

Al finalizar la guerra, se instaló la casa del “Auxilio Social” y la sede de Falange en casa Penén. Años más tarde, la adquirió la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Aragón y Rioja, además ha albergado la biblioteca municipal, el sindicato de riegos, un comercio y un bar, actualmente es de titularidad privada. La enorme casa Penén-Paraled data del siglo XVIII, consta de tres plantas con una fachada clasicista de cuidada composición (SIPCA), junto a la iglesia parroquial constituye una seña de identidad patrimonial de Sariñena en el centro de la villa monegrina.

A la memoria de aquellos/as médicos/as, enfermeros/as y sanitarios/as, verdaderos héroes y heroinas de todas las malditas guerras.

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE MARIANO GRAÑÓN “EL VIDRIERO”


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 Iniciada la guerra y debido a los bombardeos pasábamos más tiempo en el monte que en el pueblo. Allí intentábamos normalizar, en lo que cabe, nuestra vida diaria, pero cuando oíamos el sonido ronco de los motores recogíamos hasta la ropa que mi madre ponía a secar para no dar pistas a los temibles aviones. La medida de  ir a vivir al monte, que tomaron mi familia y otras de Sariñena, fue acertada,  puesto que uno de esos días de bombardeos, cayó una bomba en nuestra casa de la calle del Saco (maestro Justo Comín) y haciendo un boquete en el tejado, atravesó la casa y aterrizó en la planta baja, no explotó de milagro. Enseguida se hicieron cargo de la indeseable ocupa los artificieros del ejército.

  Conforme se acercaba la guerra a nuestro pueblo, el miedo se iba adueñando de mis hermanas, sobre todo por las noticias que llegaban de violaciones por parte de las tropas moras de Franco. Así que convencieron a mis padres para irnos a vivir a Barcelona. Cogimos el carro y las mulas, cargamos lo que pudimos e iniciamos aquel extraño éxodo familiar hacia Cataluña. Con mis tres años de edad, aquel viaje fue una mezcla de aventura e intranquilidad difícil de calibrar.

 A la altura de Sena nuestra perra Viola no debió ver el asunto nada claro y se dio la vuelta. Seguimos nuestro particular viaje por la carretera de Fraga. Al llegar al cruce que está cerca del pueblo de Ontiñena giramos a la izquierda y cogimos la vía que nos llevaría a Alcolea, Albalate, Esplús, Binéfar y Tamarite. No recuerdo cuantos días estuvimos viajando, pero debieron pasar entre tres o cuatro cuando entramos en Cataluña y paramos en el pueblo de La Sentiu. Allí mi padre decidió vender las mulas y el carro por un dinero de la república que pronto dejó de tener valor legal y que aún guardo como recuerdo de unos tiempos verdaderamente duros. En aquel lugar de Lérida había un pequeño horno vecinal en el que mi padre aprovechó la ocasión e hizo pan para lo que quedaba del viaje. Al día siguiente cogimos el tren en Balaguer y nos dirigimos a la capital catalana.  Llegados a la ciudad condal mi padre encontró trabajo, con ayuda de unos familiares, en una fábrica de Barcelona y en ella permaneció durante los dos años siguientes. Mi hermana se puso a coser uniformes del ejército y a mi otra hermana y a mí nos metieron en un colegio a media pensión.

  Recuerdo que aquellos maestros me enseñaron una canción que aún me viene a la memoria después de casi ochenta años.

  Pasados los dos años del exilio regresamos en tren sin nada de nada en las maletas. Llegamos a Sariñena y fuimos directamente a nuestra casa, pero… nos llevamos la desagradable sorpresa de que estaba ocupada por una familia del pueblo. Nos dijeron que se había corrido la noticia de que un avión había lanzado una bomba contra el carro y que habíamos muerto todos. El caso es que tuvieron que desalojar nuestra casa y ya nunca más les volvimos a hablar.

  La nota emotiva la puso nuestra perra Viola que nos reconoció enseguida, se llevó una gran alegría y no se quiso marchar con los ocupas.

 Mi padre empezó de nuevo a trabajar como panadero y poco a poco fuimos saliendo adelante.

  Me contaba mi abuela, Manuela Vicente Grañón, que los domingos preparaba  en su casa merienda para una treintena de mozos y que después se iban todos al baile que había en el casino de la casa palaciega de la calle del Sol (ahora Javier Ugarte). Precisamente hubo una anécdota política, propia de aquellos tiempos, ocurrida en aquel casino. Me contó mi padre que cuatro republicanos de antes de la guerra, se empeñaron en la barra del dicho bar, que ese año iban a parar la procesión de San Antolín cuando pasara por la puerta del casino. Llegado el momento salieron a efectuar lo planeado, pero al percatarse de quiénes llevaban al santo, dieron marcha atrás y no llevaron a cabo su “hazaña”. Los portadores del santo eran personas serias y respetadas como Mariano Conte, Vicente Romerales y dos cofrades más que no recuerdo sus nombres.

   Estas historias me las relató Mariano Grañón Rodés (reputado panadero, famoso por sus empanadones, tortetas de cucharada, magdalenas y otras exquisiteces de horno) mientras nos tomábamos un café en una terraza de un conocido bar de la villa una mañana muy calurosa de mediados del mes de agosto del año 2015.     

                                                                           

                                                                         Manuel Antonio Corvinos Portella

 

El molinero 4008


Al recuperar la memoria etnográfica de la villa de Sariñena aparecieron referencias sobre antiguos y desaparecidos molinos, retazos de nuestra historia que pasaron sin más, perdidos por los entresijos de la esquiva e inmaterial memoria. Pero cada detalle es capaz de reabrirnos una nueva ventana en el tiempo y destapar el arcón de recuerdos de la vieja cadiera monegrina.

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Ángel Ponz en la harinera de Sariñena.

La ventana la abrió Ángel Ponz Poderós buscando el antiguo molino de harina de Sariñena. Lo recordaba de su niñez, pasó muchos días de su infancia en el molino y, aunque estuviese en ruinas, esperaba reconocerlo.

Existía constancia de los desaparecidos molinos de aceite, uno por el camino de la residencia de la tercera edad, siguiendo la acequia del molino, y otro por donde ahora está el actual cine “el molino”, del que aún se conserva la enorme chimenea. Desafortunadamente, del molino de harina no teníamos referencia.

Al final, a raíz de los relatos de las vivencias de Manuel Olivan, surgió la huella del antiguo molino de harina de Sariñena, camino de los olivares hacia la estación de tren. (La guerra, sucesos)

“En uno de los bombardeos a Sariñena, Manuel se encontraba volviendo de recoger leña de romero del gallipuente, con su padre; leña para el molino de harina del camino de Los Olivares.” 

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Ángel Ponz esculpiendo a la diosa Minerva

Ángel Ponz ha vivido los últimos cincuenta años en Alemania, nació en Sádaba pero vino de joven a vivir a Sariñena. Su padre Antonio Ponz Beatove nació en 1900 en Tosos, donde  aprendió el oficio de molinero de la mano de sus padres Manuel y Jacoba, en el molino familiar. Pronto fue a trabajar de molinero a Sádaba, donde contrajo matrimonio con Adela Poderós. Luego vinieron a vivir a Sariñena y Antonio trabajó en el antiguo molino harinero. En el desaparecido molino, Ángel recuerda con ocho años ver cargar sacos de harina en los camiones.

Definitivamente, el molino se hallaba donde actualemente se encuentra la harinera de Sariñena, próxima a la estación ferroviaria. Ángel ha investigado y documentado la historia del antiguo molino, gracias a la ayuda de la Universidad de Zaragoza. Descubriendo también el esplendido tesoro patrimonial que constituye la actual harinera, un singular edificio construido en 1940 que deberíamos saber reconocer y conservar.

En Sariñena nacieron tres de los cinco hermanos de la familia Ponz-Poderós, vivieron en la calle Soldevila hasta que el avance de las tropas franquistas les obligó a huir a Monzón en marzo de 1938 y luego a Barcelona, cargando sus pertenencias en mulas. A pesar de no tener ninguna implicación política ni sindical, Antonio defendió la Republica contra el fascismo, participando en la Batalla del Ebro y en retirada fue destinado a Montjuich. Durante la estancia de la familia en Barcelona, Antonio se podía escapar a ver a los suyos “de vez en cuando recibían la visita del padre-soldado y ese día era un día de fiesta”.

Al finalizar la guerra la familia regresó a Sádaba, mientras que Antonio se retiró a Francia con su unidad militar. Permaneció en distintos campos de refugiados: Argelès, Le Vernet, Barcarés y Saint Cyprien.

Se alistó en la 116 Compañía de Trabajadores y, junto a sus compañeros, fue detenido por los alemanes en la primavera de1940. Fue trasladado primero al stalag VIII C y, en octubre, al XII D, desde donde escribió una última carta a su esposa Adela.

Tras la visita de la Gestapo, que identificó a los republicanos españoles, se formó un convoy que deportó unos 700 –entre los que se encontraba Antonio- hacia Mauthausen, en cuyo campo ingresaron el 25 de enero de 1941. A Antonio le adjudicaron la matrícula 4008 y unas semanas más tarde, el 8 de abril, fue trasladado a Gusen.

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Antonio Ponz Beatove

El 8 de noviembre de 1941 se registró la muerte de Antonio Ponz Beatove, victima del fascismo en un campo de exterminio nazi. Su memoria y dignidad permanece en los recuerdos y en la historia, en el molino. Su memoria se materializa en la desaparecida rueda de molino y en la inadvertida harinera que tantas historias guarda.

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Escultura Santiago, Zaragoza. Ángel Ponz.

Ángel marchó con la primera inmigración a Alemania, y ahora ve cómo van llegando de nuevo. Ha trabajado la escultura de la piedra, especialmente del mármol, dejando su obra en varias restauraciones como en la catedral de Estrasburgo, los palacios de Mannheim, de Bruchhsal y de Schwetzingen, la iglesia jesuita de Mannheim y la imagen de santiago en la fachada de la parroquia de santiago de Zaragoza. Sin duda,  Ángel es un gran artista y escultor aragonés, ha trabajado la maestría de la piedra, hijo de molinero, fruto del sueño de quienes lucharon por un mundo mejor y acabaron muriendo entre los 186 peldaños de la maldita escalera de Mauthausem.

Ángel recuerda las corridas a los refugios durante la guerra civil y estar  presente en la plaza de la iglesia cuando tiraban de la soga para arrancar el retablo. Vivió su niñez en Sariñena y, sobretodo, los recuerdos permanecen en aquel viejo molino, en la memoria que no se resigna a desvanecerse en la soledad del olvido y vuelve a estar presente, a resurgir recordando y rindiendo sentido homenaje al molinero 4008.

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Proyecto escultura Mauthausen, Ángel Ponz.

Mientras me quede voz, hablaré de mis muertos.
Tan quietos, tan callados, tan molestos.
Mientras me quede voz, hablaré de sus sueños,
de todas las traiciones, de todos los silencios,
de sus huesos sin nombre, esperando el regreso.
De su entrega absoluta, de su dolor de invierno.
Mientras me quede voz, no han de callar mis muertos.

Marisa Peña

Zancarriana w