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Joaquina Cáncer Bailo


Para muchas mujeres del mundo rural, servir en las casas ricas fue su única salida laboral. Otras muchas mujeres marcharon a servir a Barcelona, Madrid o Zaragoza, donde ganaban más. Ha sido un trabajo escasamente reconocido, por no decir nulo, no se pagó la seguridad social ni repercutió en su pensión. Pero no todo fue malo y Joaquina guarda muy buenos recuerdos de su época en casa Ruata de Alcubierre y así nos transmite sus memorias con una envidiable y entrañable vitalidad.

Juaquina Rostro

Joaquina Cáncer Bailo

            Joaquina Cáncer Bailo nació en Zaragoza el 3 de febrero de 1938, aunque su vida siempre ha transcurrido en Alcubierre y es toda una alcoberreña de pies a la cabeza. De familia de labradores, sus padres Eulalia Bailo y Antonio Cáncer tuvieron cuatro hijos Pilar, Carmen, Pascual y Joaquina.

            Con el inicio de la guerra de España de 1936, su familia marchó a Zaragoza, junto a sus vecinos de la posada de “La Campana”. Primero pasaron unos días en la posada de Leciñena donde encontraron muy buena acogida, pero ante la falta de trabajo se vieron obligados a continuar su viaje hasta Zaragoza. Una vez en Zaragoza, su padre encontró trabajo en la base militar, gracias al coronel Antonio González Gallarza. Allí trabajó de portero en la base y al finalizar, el teniente González le redactó una carta de recomendación, un salvoconducto. El militar González Gallarza (1898-1986) fue pionero en la aviación española y se retiró en 1957 con el grado de Teniente General.

            La familia de Juaquina marchó a Zaragoza sin nada. Gracias a José Lacruz, natural de Alcubierre, que tenía el establecimiento zaragozano de telas “La Palma”,  cerca de la plaza del Pilar, pudieron tener sabanas y mantas. La madre de Juaquina fue muy buena costurera y junto a una modista prepararon el ajuar necesario para la ordenación de Vicenta Ruata en la orden religiosa de Santa Ana, de la que llegó a ser superiora. La familia Ruata también se había instalado en Zaragoza durante la guerra. Eulalia pasó muchos días cosiendo los hábitos y poco a poco se fueron apañando y pudieron ir tirando adelante.

            Joaquina nació en Zaragoza, en el Barrio del Arrabal, en la Calle las Ranas. Juliana “La Calderera” (hija de Mariano Gavín Campo, hermano de Cucaracha, por parte de padre), tenía teléfono en casa, y cuando Eulalia Bailo tuviese los primeros síntomas de parto, debía telefonear a Ascensión Rufas (esposa de Agustín Ruata) para poner en marcha la asistencia al difícil parto que se avecinaba. Ascensión preparó todo lo necesario (paños, ropa…) y bajó con el médico al domicilio de Eulalia y Antonio.

            A su vuelta a Alcubierre, la familia encontró la casa familiar desvalijada y gracias a unas pocas gallinas y unos tocinos pudieron ir subsistiendo. Compraban al trueque, huevos por lechugas, hortalizas o verduras.., la moneda más común era la cebada o el trigo. Juaquina fue a la escuela hasta los 14 años, recuerda con gran cariño a la maestra Doña Rosario Rodriguez Román, una maestra toledadana que sufrió la represión franquista y fue desterrada de su tierra para acabar ejerciendo en Alcubierre. Su marido vino con ella y trabajó como practicante. De joven, Joaquina iba a segar, las mujeres daban las mies y los hombres ataban los fajetes, cuando tenían 7 u 8 fajetes los ataban con los fencejos. También iban a coger olivas, recogían grandes olivares de familias ricas y se quedaban con una cuarta parte de lo recolectado.

            En Alcubierre había viñas y almendros y siempre ha habido una excelente miel, en casa Andresa (La Leciñenera), casa Licer y casa Barrios. Para la siega llegaban muchos segadores a Alcubierre y en casa Ruata una vez faltaron dos personas para llegar al centenar de segadores. Se formaba una gran fila a la hora de comer, dormían en las cuadras y venían de Murcia, Soria… A Juaquina le gustaban muchos los higos verdes.

            A los 20 años Joaquina sirvió en casa Ruata, durante cinco años, “estuvo muy bien, aunque carrañaba mucho con la dueña, pero siempre en un tono muy familiar”. Una vez discutieron fuertemente Juaquina y la Tía Ruata, Ascensión Rufas Aguareles, Juaquina no quería bajar a la bodega a coger el agua, tenía miedo a las ranas. Tras la discusión, Juaquina se marchó de la casa pero enseguida Ascensión la fue a buscar y Joaquina volvió a casa Ruata. Las tinajas las llenaban en invierno y de ella bebían todo el año, también tenían un deposito y cada día, con cantaros, subían el agua necesaria para la casa. Juaquina trabajó muchísimo: lavó, fregó, planchó… vivía en la misma casa y cobraba 825 pesetas al mes. De cocinera estaba Silvestra, de casa Silvano. Recuerda un cumpleaños del amo Agustín Ruata, el 28 de agosto, cuando a Juaquina la llevaron a Zaragoza para uniformarla de sirvienta, fue una ocasión especial.

            Años más tarde Juaquina marchó a servir a casa del Médico y a casa Gavín, las dos a la vez. Cuando algo se rompía o se hacía perder dinero los amos decían “iras al descuento” y descontaban del jornal la parte proporcional.

            Joaquina se casó en 1977 con Alfredo Valero de casa El Molinero. La familia de Alfredo se encargaba del horno de pan, donde la gente del pueblo llevaba su masa, ya preparada, y la cocían en el horno. La familia de Alfredo construyó el molino, María y Cecilio eran hermanos del padre de Alfredo, vinieron de La Zaida (provincia de Zaragoza, en la Ribera Baja del Ebro), y llevaron la corriente eléctrica para mover el molino, (aún sigue en pie el edificio, aunque por dentro está totalmente cambiado). El viejo horno se encontraba en el edificio que el gremio de Los Ganaderos construyó para aquel fin y donde ahora aún podemos encontrar la tradicional panadería familiar Valero.

            En Alcubierre había y siguen estando dos hornos de pan, el de la familia Valero fue construido por el Tío Calvo. Después de la guerra, la gente iba a cocer el pan al horno llevando las masas en una tabla que la llevaban sobre la cabeza. Como combustible usaban aliagas, paja… “entonces los hornos conservaban mucho el calor”. Juaquina comenzó a trabajar en el horno al pronto de casarse con Alfredo, la gente ya no llevaba la masa y el oficio de panadero era como actualmente lo conocemos, “aún hubo un tiempo que la gente traía su propia harina”. Cada día se hacían unos 180 panes de kilo que las familias consumían durante dos semanas, todo se anotaba en una libreta y se contabilizaba todo lo elaborado. También se hacía alguna barra y algún chusco, cuando el pan se hacía duro lo llamaban pan asentado. Antiguamente se cocía un pan que se llamaba la Polla.

            Joaquina y Alfredo continuaron con la panadería, tuvieron dos hijos, chico y chica, que aún continúan con la panadería. Juaquina trabajó haciendo las faenas de la casa y la panadería, sobretodo atendía en el despacho de pan. Juaquina destaca el trato con la gente, cercano y familiar, en un pueblo que a principios del siglo XX contaba con cerca de 1600 habitantes y que actualmente apenas llega a los 500.

            Tortas de almendra, de anís, de coco, farinosos, empanadicos… y torta legañosa, una torta de pan con aceite y azúcar, una larga tradición panadera y repostera de sabores auténticos. Juaquina aún permanece por la panadería, con sus hijos y nietos, con los recuerdos que tanto marcaron a las generaciones pasadas. Vidas pretéritas que permanecen con el sabor de siempre, en nuestra memoria y en nuestros corazones.

  Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Alberto Lasheras Taira.

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Pilar y Luisa, La fonda La Campana


La fonda de La Campana fue una posada de Alcubierre que albergó a gentes de paso, viajantes y tratantes, trabajadores y vecinos que buscaban refugio para pasar la noche o una estancia algo más prolongada. Luisa y Pilar regentaron y atendieron durante años la fonda y en su memoria se acumulan numerosas historias. Pero la gran historia es la vida de Pilar y Luisa, la vida de dos mujeres que con gran esfuerzo y trabajo dedicaron  su vida a sacar adelante la fonda y  sus familias.  

Pilar Moret Rostro

Pilar More Puyal

            Luisa y Pilar han dedicado más de cuarenta años a atender la fonda de “La Campana” de Alcubierre, una vida de dedicación, de día y de noche, sin parar. La fonda de La Campana tiene su origen en la familia de Luisa, de cuando su bisabuelo vino de Barbastro y la fundó en 1886.

            Luisa Cáncer Puyal nació en Alcubierre en 1927. En casa fueron cuatro hermanas y Luisa fue a la escuela hasta que comenzó la guerra. Al finalizar la guerra volvió a la escuela hasta que la terminó con 14 años. Después fue a servir a casa de Pedro Cura, casa que alojaba al cura y de ahí le venía el mote. Entonces, los criados de las casas iban a misa de los domingos a las siete de la mañana, mientras que los amos iban a la misa del medio día, a las doce de la mañana. Eran otros tiempos, no podían ni festejar, lo tenían que hacer a escondidas “teníamos que decir cada mentira que tronaba”. Se guardaba el luto, las mujeres vestían de negro, Luisa y Pilar recuerdan el caso de una mujer que le recriminaron por llevar un delantal de color estando de luto. Luisa se casó a los 25 años con Manuel Cáncer Casamayor, labrador de profesión, con quien tuvo dos hijos: María José y Alberto.

            Pilar More Puyal también nació en Alcubierre, el 7 de noviembre de 1934. Su padre fue albañil y fueron 13 hermanos. Fue muy poco a la escuela y con 10 años marchó a servir a casa de Ascensión Nogues, le pagaban 15 pesetas al mes y le daban de comer y alojamiento. Estaban hasta Santa Cruz, cuando quedaban libres y podían cambiar de casa, para San Miguel se rescindían los contratos de los trabajos del campo. Con 16 años comenzó a servir en la fonda de La Campana. Luego, a los 22 años, Pilar marchó a París donde durante cuatro años trabajó sirviendo en una casa. A su vuelta a Alcubierre, a los 27 años, se casó con el hijo del amo de la fonda, Jaime Cáncer Casamayor, con quien tuvieron dos hijos María Pilar y Pablo. Los maridos de Luisa y Pilar eran hermanos y ambos se dedicaron a la agricultura.

            “Después de una faena otra”. En la fonda atendían a gentes de paso, viajantes, pastores de trashumancia, ingenieros, agentes forestales… contaban con siete camas. El puerto de la sierra de Alcubierre era mucho más largo y cansado de pasar, sus más de trescientas curvas hacían de el un recorrido muy agotador que obligaba a buscar alojamiento en los pueblos más cercanos.  Luisa se encargaba de la cocina y Pilar servía las mesas. Gozaba de buena reputación la cocina de la fonda y mucha gente acudía por su comida tradicional. La media estaba en unas veinte personas por día. Lavaban muchos manteles, muchas sabanas… “antes el suelo se fregaba a rastro”.

            Ciclistas, tratantes, pastores trashumantes, viajantes, ingenieros, obreros, el equipo de fútbol del Numancia… muchas historias y muchos recuerdos acumulados en la memoria de Luisa y Pilar. Recuerdos buenos y malos, como algún que otro percance, como un ingeniero borracho que se metió en el cuarto de Luisa y su marido y otro ingeniero que, también  afectado por la bebida, cayó por las escaleras. A unos ingenieros les tuvieron que dar de cenar a las doce de la noche, lo que les supuso agotadoras jornadas. También se alojaron cazadores, algunos eran muy señoritos, como unos vascos que se negaron a comer junto a sus compañeros y tuvieron que separar las mesas.

            El veterinario del pueblo Don Pedro estaba fijo en la fonda. También estuvo en Alcubierre de veterinario el Padre de Eloy Suarez. Un caso curioso fue el médico vietnamita Juan Wu Tai,  que ejerció en Alcubierre y por la década de 1970 estuvo alojado en la fonda de La Campana.

            Todos los días preparaban muchos bocadillos para los clientes, limpiaban los pozales y subían el agua a las habitaciones y al antiguo baño.  El agua la iban a buscar al Balsón o a la balsa de Valmediana, la acarreaban en un carro con una cuba de madera que tiraba un macho, con 22 cubadas llenaban el aljibe de la fonda. Después, con una bomba sacaban el agua del aljibe. En Alcubierre había pozos públicos, aunque la mayoría de las casas tenían su propio pozo. En la fonda sacaban cada día catorce pozales para lavar. Con el agua de los pozos regaban los huertos y en verano servía de fresquera, metían la comida en el pozal para conservarla y lo descendían en el pozo hasta casi tocar el agua.

Entrevista Pilar y Luisa

Pilar y Luisa durante la entrevista.

            Un plato muy típico para almorzar eran las “sopas duras de pan”, en la sartén con aceite echaban unos ajos que luego retiraban, después freían longaniza y panceta, añadían pan mojado, se daba vueltas mientras se iba haciendo hasta que quedase como una tortilla. Muy famosas eran las croquetas y rodajas de cebolla rebozadas, los domingos era un día que mucha gente iba a comer por placer. Hacían tres platos para cada comida, en la fonda tenían pollos, conejos, tocinos. Era muy habitual jugar a las cartas, incluso había quien iba de propio para jugar y apostar a las cartas.

            Durante la guerra mucha gente marchó a vivir en los corrales fuera del pueblo, Luisa se pasó más de 18 meses. La fonda fue ocupada por los altos mandos del ejército del frente de Alcubierre. El 18 de julio se encontraban los milicianos formando en la plaza de Alcubierre cuando aparecieron los aviones fascistas, el mando tardó en dar la orden de romper filas y cuando comenzó el bombardeo pilló a los milicianos, muchos resultaron muertos y heridos. El hospital lo montaron en casa Ruata, casa que fue saqueada. En casa Calvo montaron la cooperativa. Tras la guerra con la cartilla de racionamiento iban a casa María León.

            En las cocheras de la fonda se molía el yeso, aún queda la columna central que hacía de eje. Una estaca de caballo costaba unas 5 pesetas al día y un burro 3 pesetas, la paja y la cebada iba incluida.

            Tiempos pasados que quedan en la memoria, muchas historias, muchas vivencias en la fonda de La Campana. Gracias a Luisa y Pilar las puertas de la fonda siempre permanecerán abiertas en sus recuerdos y en sus vidas, mujeres rurales y monegrinas.

           Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Alberto y María José Cáncer y a Alberto Lasheras.

 

 

Mariano Gavín Suñen, El Cucaracha.


Célebremente conocido como “El Cucaracha”, Mariano Gavín Suñen fue el gran bandolero monegrino de la mitad del siglo XIX. Hijo de Manuel Nicolás Gavín Ariño e Ignacia Suñén Casamayor, nació en Alcubierre en 1838 y murió a manos de la guardia civil el 28 de febrero de 1875, en el poblado de Peñalbeta (Lanaja), a los 37 años de edad.

Bandido Cucaracha (1)

Mariano Gavín Suñen. Ilustración Cruz Salvador.

    Mariano Gavín Suñen fue jornalero, mozo de mulas y carbonero. De familia de artesanos caldederos, su padre Manuel Nicolás Gavín Ariño se casó en Alcubierre en 1832 con Ignacia Suñén Casamayor. Tras la muerte de Ignacia Suñén, Manuel Nicolás Gavín contrajo matrimonio con Joaquina Campo, con quien tuvo su segundo hijo, también llamado Mariano, Mariano Gavín Campo. El hermanastro del Cucaracha nació en 1864 y falleció en 1942 y trabajó en el antiguo oficio familiar de caldereros. Familia de orígenes humildes, estaba lejanamente emparentada con una familia adinerada de Alcubierre, circunstancia que proporcionó ingresos extras a Mariano Gavín Suñen mientras se encontraba sin trabajo. Para un jovencísimo Mariano Gavín Suñen, no era de agrado trabajar por los escasos jornales que por aquellos tiempos pagaban.

     El experto monegrino Alberto Lasheras Taira y estudioso del Cucaracha señala que los Gavín llegaron a Alcubierre por el siglo XVI. El sexto abuelo de Cucaracha, es decir el tatarabuelo de su tatarabuelo, se llamaba Pedro Gavín Tubo y nació en Alcubierre en 1618 y fue el abuelo de María Gavín Seral, nacida en Alcubierre en 1665. Otras citas de los gavines en Alcubierre se refieren a  Juan Gavín, abuelo de Pedro Gavín Tubo, quien contrajo matrimonio con Pascuala Ester en 1587, en Alcubierre. Una familia de orígenes montañeses que arraigó profundamente en el lugar monegrino de Alcubierrre.

El padre de Mariano, Manuel, era calderero. Probablemente lo fuera su padre ya que los trabajos “artesanos” era una actividad que pasaba de generación en generación. Así, Mariano Gavín Campo siguió con la tradición familiar y fue también calderero.

Alberto Lasheras

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Lapida de  Mariano Gavin Campo. Fotografía de Alberto Lasheras Taira.

      Al Cucaracha también se le atribuye la conducción de caudales a Huesca, por encargo de un conocido recaudador de contribuciones. Circunstancia que cobra sentido con la historia del recaudador de contribuciones que recoge el investigador alcoberreño Alberto Lasheras. Pues, por el monte de Robres, un recaudador sorprendió al Cucaracha y a dos miembros de su banda en plena siesta, los tuvo a tiro durante buen rato y cuando despertó la banda, este les puso en evidencia. Con aquella hazaña, el recaudador se ganó la protección y escolta de la banda del Cucaracha.

      Cucaracha no era una persona formada, afirma Alberto Lasheras, casi no estuvo en la escuela y apenas sabía escribir: Le costaba mucho escribir, por eso las cartas de secuestros y extorsiones no las debía de escribir él, debía ser alguien con un poco más de formación.  

     “Por Los Monegros siempre se han oído escuchar muchas historias sobre el bandido Cucaracha: a los abuelos, a los vecinos, a las personas mayores… Incluso, cuando de crío iba jugando por los alrededores del pueblo, por los campos, siempre salían las historietas del Cucaracha. El fenómeno del bandolerismo es muy antiguo, ya Felipe II creó una red de de penales y guardias contra el bandolerismo en el siglo XVI.” Para Alberto Lasheras, Mariano Gavín nació en una época muy complicada, casi al final de la primera guerra carlista (1833-1840) y viviendo las dos sucesivas guerras carlistas: “No hay una descripción clara, pero Mariano Gavín debió de ser una persona desconfiada, recelosa, (desconfiaba hasta de la comida que le daban) y violento (dar un trabucazo a una persona cerca, secuestrar, cortar la oreja a una persona.. son síntomas, indicios de crueldad muy importantes). En fin, es una personalidad desarraigada, temerosa de todo lo que pasaba alrededor, celoso (dicen que su mujer se entendía con un vecino que más tarde apareció muerto en condiciones violentas)… una persona muy complicada.”

     Muchas son las leyendas que cuentan del Cucaracha, algunas trágicas y otras de solidaridad con el pueblo. Algunas tratan como defendía a los jornaleros del patrón, exigiendo mejoras y amenazando con represalias si no cumplían sus reivindicaciones. Rafael Andolz cita al bandolero presentándose ante los jornaleros y que, tras escuchar sus reivindicaciones, no dudó en enviar notas a los amos exigiendo comida y vino abundante para sus criados. Visiones románticas que contrastan con una realidad violenta y cruel, en una época de hambre y miserias que obligaban a la picaresca y al crimen para poder sobrevivir. Después de todo, eran los ricos a quienes podía robar y a los pobres, por sus muchos favores de espionaje, abastecimiento y protección, a quienes podía dar. Así, el Cucaracha se ganó la complicidad del pueblo más humilde y forjó su gran leyenda de bandolero:  robaba  a los ricos y  a los pobres daba.

     “Unos lo ven por su lado romántico, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y otros lo ven como un asesino.” Aunque sin duda, para Alberto Lasheras, el bandolerismo obedece a un instinto de supervivencia en una época de pobreza, desigualdades e injusticias.

“Ni el bandolerismo es siempre un pobre que se rebela contra los ricos, ni es un hombre que tiene instintos insatisfechos de capitalista. El bandolero es algo más complejo”. 

Julio Caro Baroja (1914-1995)

      La trayectoria del bandido Cucaracha fue corta, explica Alberto Lasheras, fueron cinco años de 1870 a 1875, pero llena de intensidad y de acciones muy trágicas. Alberto no quiere desmitificar la figura del Cucaracha, pero no cabe duda que su carrera estuvo llena de asesinatos, extorsiones, secuestros, robos… y de toda clase de fechorías: Todos estos bandoleros del siglo XIX eran extremadamente violentos y sin embargo es curioso como la memoria popular lo recoge como auténticos héroes. Eso es una contradicción que vemos, no solamente con Cucaracha sino con otros bandoleros de esa época.”

    El apodo de “El Cucaracha” plantea diferentes hipótesis y actualmente resulta muy complicado concretar su origen. Tradicionalmente se ha asociado a la canción de “La Cucaracha”, popularizada con la revolución mexicana de 1910, muy posterior a la muerte de Mariano Gavín Suñen. No obstante, “La Cucaracha” responde a una versión de un viejo corrido español que en sus distintas versiones pudieron ser origen del apodo de “El Cucaracha”. En está dirección apuntan José Antonio Adell Castán y Celedonio García Rodríguez, en su artículo “El Bandido Cucaracha y la Cucaracha“, donde plantean que su origen puede resultar en la vieja melodía popular de “La Cucaracha”. Pues quizá, un jovencísimo Mariano Gavín, bailase la canción de “La Cucaracha” en los descansos de las faenas del campo, animando a los jornaleros, y haciéndose para siempre popularmente conocido como  “El Cucaracha”.

   Alberto Lasheras plantea una segunda hipótesis: “De los muchos trabajos que realizó Mariano de joven, porque ya de crío con ocho o nueve años ya se iría a hacer de pastor, de rebadán o repatán, fue hacer carbón vegetal en la sierra de Alcubierre. Los que trabajaban de carboneros siempre iban tapados, tiznados, parecían cucarachas y de hecho los llamaban los Cucarachas. El era pequeño, muy moreno, vestía de negro, no sé si era la moda de la época, además tiznado, pues no había otra.”

     También Alberto Lasheras señala que el término “Cucaracha” en aquella época aparece recogido como un insulto, como un ladrón y asesino. Lo que nos puede dar la idea de responder, el apelativo de “El Cucarcha”, a la formación típica de motes aragoneses socarrones que resaltan o ponen en evidencia alguna cualidad o defecto de la persona.

Bandido Cucaracha (5)

El Cucaracha bailando. Ilustración Cruz Salvador.

¡Ay, que me pica!

¡Ay, que me araña!,

con sus patitas

la cucaracha.

El bandido “Cucaracha” y “La Cucaracha”

José Antonio Adell Castán y Celedonio García Rodríguez.

       Un 26 de marzo de 1861, Mariano se casó con Jobita Amador (Algunas veces aparece como Julita en la tradición oral). El matrimonio no llegó a tener descendencia y tampoco dejaron testamento. Tras la muerte de Mariano Gavín, Jobita contrajo matrimonio con un hombre de Villamayor, quien al parecer le presuponía a Jobita una gran fortuna oculta. Pero en realidad, la pobre Jobita no tenía ni un real.

     Blanca Mené Ester recoge en su blog  “Costumbres  de Alcubierre” el testimonio de un descendiente del Cucaracha: Yo todavía llegue a conocer a una sobrina nieta suya: Damiana “la calderera”. Creo que tenía un “negocio” de destilación de orujo…será qué…el estar sólo un poco al margen de la Ley sea genético”Damiana fue hija de Mariano Gavín Campo, el hermanastro del Cucaracha.

      Jobita fue apresada un 30 de mayo de 1874 en Belver de Cinca, mientras que Mariano consiguió escapar continuando sus reputadas hazañas. Mariano, furioso por el encarcelamiento de su mujer, prometió recrudecer sus fechorías mientras no consiguiese la liberación de su mujer (Diario de Avisos de Zaragoza, 10 de febrero 1.875).

      Mariano Gavín se “echa p´al monte” en 1864, a los veinticuatro años de edad, junto a su amigo Juan Ardid Jordán, huyendo de la miseria y convirtiéndose en la figura más destacada del bandolerismo aragonés. Fue un hombre muy peculiar, de piel morena y estatura pequeña, pero con una fuerte presencia que imponía temor, siempre vestía de negro: “Cucaracha tiene unos cuarenta años, es delgado, de una estatura casi baja, y carece de toda instrucción hasta el punto de firmar con mucho trabajo”(Diario LA ÉPOCA 12 de febrero de 1875). El Cucaracha iba siempre bien armado: “Lleva ordinariamente dos trabucos, si bien alguna vez se le ve con una escopeta de dos cañones o una carabina Remington” (Diario LA ÉPOCA 12 de febrero de 1875). A su muerte, Mariano fue descrito como seco, delgado, con bigote recortado y mal vestido, al estilo del país (Eco de España, 12 de marzo de 1875).

     Mariano Gavín Suñen llevaba la vestimenta típica de la época: camisa blanca, pantalón negro, chaleco, zurrón, pañuelo para no ensuciar el cabello y una manta para poder echar un sueño en cualquier lugar.

 Por aquella época la gente seguía contando en reales, veinte reales equivalían a un duro.  Según Tuñón de Lara, un jornalero ganaría cuatro reales al día, es decir, una peseta.

 Alberto Lasheras 

     Mariano fue un hombre mujeriego. En su época de bandolero mantuvo una relación sentimental con Gregoria Cazcarro.  Fue su amante cuando ella tan sólo contaba con quince años, cuando Mariano rondaba los treinta y cinco. A la muerte del Cucaracha, Gregoria se hizo con 5000 pesetas, dinero que guardó para momentos difíciles. Lamentablemente, tal y como cuenta Rafael Andolz, aquel dinero quedó estropeado por la humedad del escondite. Gregoria lo pudo recuperar gracias a su amistad con la familia Bastarás. En la tradición oral también encontramos testimonios sobre botines perdidos por el monte, aldeas o parideras que, al parecer, más de uno encontró tras la muerte de Mariano Gavín. Rumores que hicieron sospechar de familias que, de forma inexplicable, aumentaron rápidamente su patrimonio.

Una pareja de novios de Robres recibieron del bandido Cucaracha dos monedas de oro, las fundieron y se hicieron dos anillos de boda. 

Alberto Lasheras

     El contexto histórico de aquella época era una España con un clima muy convulso e inestable, en la que se sucedían las insurrecciones liberales, republicanas y carlistas. La sociedad monegrina era rural, dedicada a las labores del campo, especialmente al cultivo del secano, y a la ganadería. La mayoría de las gentes trabajaban para los terratenientes, en un sistema caciquil que mantenían el poder y la poca riqueza en pocas manos. Una tierra muy seca y árida, de difícil progreso y desarrollo.

Por la sierra de Alcubierre

se pasea «Cucaracha»,

siendo un hombre tan pequeño

¡cuánto respeto que causa!

trabuco

  • “El Cucaracha”, el bandolero

     Como bandolero vivía al margen de la ley, dedicándose al asalto, al robo, la extorsión y el secuestro. Siempre escondiéndose y huyendo de la férrea persecución de la Guardia Civil, llegándose a acuñar la expresión “ser más vivo que Cucaracha”. Felipe Aláiz destaca su fama de generoso: “Daba trigo a los pobres y no acumulaba riqueza más que para apaciguar el hambre de los campesinos”. Contaba con un “extenso y bien pagado espionaje“, gastaba hasta 3.000 reales diarios en confidencias. De esta forma burlaba los intentos de captura y se enteraba de lo más relevante de los pueblos de la redolada “de ocho a diez leguas alrededor“, así como los detalles “más íntimos” de las casas más pudientes. “Su partida es numerosísima y rara vez se le ve acompañado de los mismos cofrades. Tiene mucha sagacidad, talento y habilidad rara para dar los golpes que el proyecta. Pero todo esto sería inútil sin su principal elemento, que es la innumerable corte de espías y asociados que tiene por toda su zona de operaciones. No se fía ni aun de los suyos, que nunca saben dónde duerme, y obliga a comer al primero que le lleva víveres” (Diario LA ÉPOCA 12 de febrero de 1875).

     Algunas casas ricas pagaban periódicas cantidades a la cuadrilla del Cucaracha, se aseguraban que no les robasen y estar protegidos en sus negocios. Casa Bastaras de Lanaja parece que era una de aquellas casas y durante la época del Cucaracha pudieron continuar comercializando con Zaragoza sin el temor a ser asaltados. Cuentan que Mariano Gavín mantuvo relación con una criada de casa Bastaras, por lo que el Cucaracha no andaría muy lejos.

«Cucaracha» es un buen hombre,

porque el trigo de los ricos

lo reparte entre los pobres.

     Permanentemente trataron de capturar al bandolero monegrino, demostrando el Cucaracha una gran astucia e inteligencia para zafarse de las continuas emboscadas, con un especial arte de la distracción. Así sucedió al verse sorprendido por la guardia civil mientras dormía plácidamente en una casa. Mariano arrojó por una ventana una manta que logró atraer la atención de las fuerzas del orden. Mientras, por otra ventana saltaba y huía en paños menores el audaz Cucaracha. En otra ocasión, cuando de nuevo fueron sorprendidos el Cucaracha y su cuadrilla durmiendo en un frondoso soto, dispusieron a dos hombres veloces a la distracción de la guardia civil. Rápidamente se lanzaron en la persecución de aquellos bandoleros, mientras el resto de la banda permanecía escondida en lo alto de los árboles. Una vez alejado el peligro, con bastante serenidad, descendieron y escaparon.

      Una noche, al presentarse la guardia civil en la casa del amo de Isidro Mairal, colaborador de la cuadrilla, este les escondió en el pajar, burlando una vez más su persecución. Fue en numerosas las ocasiones en que le ayudaron a escapar o esconderse en casas, corrales, parideras, aldeas y demás escondrijos.

     En casa Azara (Félix de Azara y José Nicolás de Azara), en Barbuñales, en el patio de entrada a la casa, había una diligencia que en una de las guanteras de una puerta guardaba  una nota escrita a lápiz en la que advertía que cambiasen de ruta porque el bandido Cucaracha está por la zona que deben pasar. La diligencia hacía una ruta hasta Roma.

 Alberto Lasheras

  • Los escondites del Cucaracha

     Los bandoleros se escondían por la sierra de Alcubierre, por las diferentes aldeas y parideras que salpicaban el monte y en las cuevas del alto de San Caprasio. Por el monte de Jubierre, por el camino del molino del paraje de “El Pedregal” (entre las escarpaduras del Paco de Rivadero y el tozal de Colasico), era donde tenían otro de sus  muchos escondites. Por Castelflorite se refugiaban en un saliente cerca del pueblo, que hace pocos años se derrumbó, en sus paredes aún se puede observar la coloración negra de las hogueras que allí encendían. Otros lugares fueron la cueva de los Porzanes por Sena y Castejón de Monegros (El bandido más famoso de Los Monegros), los escondrijos por el Sisallar de Villanueva de Sijena, la aldea de Cazcarro por la sierra de Alcubierre, la casa de Angela la Fornera (esposa del hermano Manuel Gavín) en Alcubierre,..

    Pero el escondite más importante fue una sabina negra que nadie conocía, salvo su encubridor Francisco Navarro, quien “Allí le llevaba cantidad de información y recogía el dinero que en ella escondía el bandolero“. Quizá, aún permanezca en una vieja sabina monegrina escondido parte del botín del bandido Cucaracha y su cuadrilla

http://www.aragonesasi.com/cucarachers/mapa.htm

  • El Cucaracha en la tradición oral

    Son muchas las historias que se han ido transmitiendo por los pueblos monegrinos, convirtiendo al bandido Cucaracha en un bandolero romántico, un héroe del pueblo, un bandido de leyenda.

La cuchara del Cucaracha

      La historia de la cuchara del cucaracha se la escuche a Manuel Benito Moliner, trato de reproducirla de la mejor forma que recuerdo: En una casa cualquiera de Los Monegros, el Cucaracha y algunos miembros de su cuadrilla se dispusieron alrededor de la mesa para comer. Los anfitriones sirvieron un plato de sopa a sus invitados, pero cometieron el error de no alcanzar las cucharas hasta el último comensal, Mariano Gavín Suñen. Este cogió el pan y cortandole el currusquer, se sirvió de él a modo de cuchara. Al finalizar la comida, el Cucaracha se dirigió al resto de los comensales: “ahora para el postre cada uno se comerá su cuchara, para que otra vez se procure de atender como es debido a todos los invitados”. Un lección que, a buen seguro, nunca olvidaron los presentes.

El ermitaño de San Miguel de Jubierre

      Miguel el ermitaño, conocido como el Santero, fue apresado por la guardia civil para ser interrogado por su complicidad con la banda del Cucaracha. Al enterarse el Cucaracha de su captura, acudió con otros bandoleros para tratar de liberarlo. Consiguieron darles alcance mientras lo conducían a Sariñena, produciéndose un tiroteo en el que resultó muerto el pobre del Santero. La historia también se cuenta con la variante del ermitaño de San Caprasio y en Alcubierre se mantiene la expresión “¡qué pague el santero!”, que tal y como explica Alberto Lasheras hace referencia al suceso y ante un hecho revuelto al final acaba pagando las consecuencias el pobre santero.  El suceso queda recogido en la siguiente copla popular:

 Cucaracha y los civiles
Tuvieron un tiroteo
Ellos bien se divirtieron
Pero lo pagó el Santero.

El leñador de Pallaruelo

     Cuentan, que durante un invierno, por los montes de Pallaruelo de Monegros, un andrajoso hombre recogía leñas para calentarse. Al encontrárselo el Cucaracha, este se quitó la ropa y se la dio al vecino de Pallaruelo. Aquel acto fue contado como ejemplo de la gran generosidad que el Cucaracha mantenía con los más débiles.

El barquero de Pina

      El barquero de Pina, recogido por Celedonio García, proviene de un texto de A. Riera publicado en 1903, con el título de “Cucaracha”, revista ilustrada “Pluma y lápiz”, Barcelona. La historia la cuenta un antiguo jefe republicano, un tal Fanjul:

Anduve yo mezclado en la sublevación de Despeñaperros en 1869. Fuimos vencidos. Pude escapar; antes de huir de España quise pasar por mi casa, por Aragón. Un día me avisó el secretario del pueblo que acudía la guardia civil, que me andaba buscando. Tres días después había elecciones en Zaragoza; decidí jugar el todo por el todo y presentarme diputado en vez de huir a Francia. Pero era preciso, ante todo, escapar de los que me perseguían.

Había dado la media noche cuando salí de mi pueblo a caballo para Pina. Había que pasar el río, pero había barca. Es de advertir que en mi comarca me conocen hasta los perros. Aguijé el caballo y al amanecer llegué junto a la barca. Poco antes de llegar a ella salió un hombre de un grupo de árboles. Iba embozado en una manta, cubierta la cabeza con un sombrero del que llevaba bajas las alas. Por debajo de la manta asomaba el cañón de un fusil cuya culata se marcaba junto al hombro.

Se adelantó a mi encuentro y me saludó.

-¿Va usted a pasar el río? -preguntó.

-Sí.

-Pues pasaré con usted.

-Bueno; voy a despertar al barquero.

Le llamó. Salió a los cinco minutos, malhumorado, mascullando maldiciones entre dientes, sin duda por haberle despertado tan temprano. Pero, era el mío, caso que no admitía dilación. De un momento a otro podían aparecer los civiles y yo estaba condenado a muerte.
-Ea, pásame pronto, -dije.

-Poco a poco, señor Fanjul, -replicó el pillastre con sonrisa de mal agüero, insolente y burlona a un tiempo. -¿Sabe usted cuánto vale hoy pasar el río?

-No sé.

-Le costará cien duros-. Comprendí la pillada. El maldito sabía que huía. Busqué un arma. No tenía ninguna. Era aquel bandido el más fuerte. Si se empeñaba en no pasarme estaba perdido. Capitulé.

-No tengo los cien duros. Te daré todo el dinero que tengo.

No llevaba más que veinte o treinta pesetas. Se las ofrecí.

-No le paso.

Le di el reloj, que era de plata, la capa.

-No le paso si no vienen cien duros. Vaya a buscarlos.
No le podía dar el caballo porque le necesitaba para huir más aprisa. Volver atrás era imposible. Me cegó la ira. Iba a saltar del caballo, cuando el hombre de la manta, que presenciara aquella escena sin decir una palabra, me detuvo con un ademán y avanzando hacia el barquero le preguntó.

-Y por pasarme a mí, ¿cuánto quieres?

-El precio ordinario.

-No te daré nada. Y pasarás al señor Banjul y me pasarás a mí y nos pasarás tirando de la soga con los dientes.

-¡Oh! ¡Oh! -hizo en tono de mofa el barquero.

Había amanecido. El que hablaba con tanta autoridad se desembozó con rápido ademán, de un revés de la mano levantó el ala del sombrero y empuñó la carabina.

-¿Me conoces? -dijo.

-¡Cucaracha! -exclamó el barquero con terror.

-En carne y huesos.

Temblando como un azogado entró el pasador en la barca. Subimos también nosotros. Iba a coger la soga con las manos el barquero.

-¡Con los dientes he dicho, canalla!

Relampaguearon los ojos del salteador. Obedeció el cobarde. Y con los dientes empezó a tirar de la soga. Era un espectáculo tan tremendo y repugnante a la vez, que no puedo recordarlo sin estremecerme. El miserable temblaba, tenía su cara una expresión como enloquecida; apretaba la cuerda con los dientes, como si mordiera a un enemigo haciendo presa y los ojos, horriblemente dilatados, miraban a Cucaracha. Éste, apoyado en su carabina, inmóvil como una estatua, sin que se estremeciera un solo músculo de su rostro bronceado, sin parpadear, con aquellos ojos que vieran tantas veces la muerte cara a cara, miraba al barquero.

Pasamos. Al saltar, Cucaracha hizo que el barquero me devolviese el dinero, reloj y capa. Di las gracias al salteador.

-Vaya usted tranquilo, -me dijo- ¡buena suerte!

Echo a andar mi caballo. Cucaracha dijo al barquero:

-Si vienen los civiles y nos delatas, te mato mañana.

Volví la cabeza. El bandolero se internaba con paso rápido por entre los árboles de la orilla.

En cuanto a mí, llegué a Zaragoza guiando un carro de trigo. Dos días después tenía el acta. ¿No os parece que la debía más que a los republicanos al pobre Cucaracha?

El zagal que iba a moler al molino

“El Cucaracha quita el dinero a los ricos y se lo da a los pobres”
Bandido Cucaracha (2)

Cucaracha asaltando a un zagal en su borrico Ilustración Cruz Salvador

     La historia más extendida en la tradición oral es el conocido encuentro del Cucaracha con un zagal que iba a moler al molino con su borrico, con una talega de trigo y dos pesetas en el bolsillo.  Para Alberto Lasheras es una historia muy popular  que se cuenta en muchas localidades monegrinas. Así lo relata Celedonio García en su artículo “Cucaracha, la vida sigue igual”:

¿Llevas dinero zagal?

– No, señor. Mi padre me ha dicho que no me lo daba porque somos pobres y me lo podía quitar “Cucaracha”.

A “Cucaracha” le hizo gracia la sinceridad del niño y le entregó una bolsa de monedas diciéndole:

– Toma esta bolsa de monedas y dile a tu padre que “Cucaracha” quita dinero a los ricos y se lo da a los pobres.

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  • Los relatos de Rafael Andolz

    Rafael Andolz relata extraordinariamente las venturas y desventuras del Cucaracha a través de los numerosos testimonios que recogió por Los Monegros. Valiosos testimonios que narran como asaltaban aldeas (nombre popular de las masadas en la sierra de Alcubierre). Este fue el caso de la aldea de “El Mirón”, de basilio Escanero, donde se encontraban cuatro pastores por la paridera, entre ellos el confidente Mariano Castillo. Los bandoleros permanecían apostados vigilantes por los tozales, al mando del Farineza, de Diego y Magencias, mientras Cucaracha, el Zerrudo, Villanueva, el Víbora, Juan Andres y Mayarito ejecutaban el asalto. Mataron tres ovejas y mandaron las pieles al amo para que el portador retornase con unos 70 duros del patrón. Lo mismo sucedió con el pastor Mariano Verdún Otal, que llevaba el ganado de Pedro Perique. Tiempo más tarde, Cucaracha cortó la oreja a a Mariano Verdún por “tramposo”, por ser un falso colaborador que llegó a costar, a la cuadrilla, la perdida de ocho de sus componentes.

    El Cucaracha contaba con grandes amistades que lo protegían, su relación con los Cazcarros y en especial con su hija Gregoria Cazcarro, joven amante de Mariano Gavín, le hacían pasar a menudo por su aldea. Una noche en la aldea de Cazacarro, el Cucaracha puso aprueba a un miembro de su cuadrilla. Al momento de irse a dormir, el Cucaracha dispuso un montón de paja dentro de su camisa y calzón, simulando su persona. Entretanto, se escondió detrás de un montón de paja. Al rato de la espera, sorprendió al falso compañero disparando la escopeta sobre el bulto, Mariano lo hizo arrodillar y lo mató ahí mismo.

      A quienes consideraba “falso amigo” lo rociaban de petroleo y le prendían fuego, así consumaron el asesinato al hijo de Lorenzo Otín, uno de los más de 25 confidentes que tenía el cucaracha en Alcubierre. A Lorenzo le convenció su esposa para que cesase de colaborar con los bandoleros, por lo que el Cucaracha, el Víbora y Mayarito, no dudaron de rociarle con una botella de petroleo y le prendieron fuego. A la mujer de Lorenzo la degollaron mientras suplicaba “¡clemencia al cielo, que para la tierra no hay remedio!”. El Víbora fue un personaje muy sanguinario, de una excesiva crueldad que aplicaba sin ningún atisbo piedad. Muy demostrado quedó en el lamentable hecho en el cual obligaron, en vano, a unos pobres ancianos a pedir dinero a un ricachon del pueblo. Al negarse, el Víbora  los roció con petroleo y les prendió fuego.

      Rafael Andolz no considera al Cucaracha como un ser maligno, consideraba que “robaba porque lo necesitaba para vivir” y son varias las narraciones que muestran un carácter que se estremecía ante la miseria y el sufrimiento ajeno, aflorando pinceladas del personaje romántico que tanto nos seduce y fascina. Y en parte fue así,  una época dura en la que luchó contra una sociedad profundamente dominada, todo un revolucionario

    Fue por el paraje de Valzapatas por donde Cucaracha halló al labrador Joaquín Ezquerra, a punto de escarmentar a su hijo por quedarse dormido mientras vigilaba, conmocionado el Cucaracha evitó el castigo. A Saturnino Alastrué, carbonero de Farlete, al volver del pueblo en busca de vino, se encontró en la hoguera a miembros de la banda del Cucaracha preparando la cena y, pese a sus temores iniciales, acabaron haciéndole invitado de honor: “no corras, si quieres judías para cenar no corras”. En otra ocasión, unos pastores habían matado una oveja para cenar, mientras no muy lejos de ahí se encontraba un labrador con su hijo quien, señalando la hoguera, comentó que quizá allí se encontraría el Cucaracha. Al día siguiente un pastor se acercó llevándoles unos trozos de carne de parte del Cucaracha. Algo parecido sucedió en la aldea de Marcellán, por Valdezaragoza. Estando Fernando pontaque y Blas Cazcarro apareció por la noche el Cucaracha, el Villanueva, el Cerrudo, Manuel Lax y Francisco Alós, el Cucaracha mandó a un zagal a lo alto de una cantera, de donde cogió un saco de carne con el que se dieron una abundante lifara.

     Una fría noche de invierno, ante la casa de Rafael de Alcubierre, relata Andolz el siguiente incidente: -Ábreme, Mariano-, -a tu no te abro-, -mira que hay aguanieve y estoy chelau-, porfiaron pero no le quiso abrir,- mira que me lo pagarás…-  Días después, Cucaracha lo encontró en el monte labrando en la partida de San Blas, en Aldeabero, donde le soltó los burros, le dio una paliza y le hizo pasar la noche al raso, como venganza y escarmiento.

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  • El primer crimen del Cucaracha

       Su historial delictivo comienza empujado por la necesidad, por el hambre, un robo de fatal desenlace. Al pronto de echarse al monte, Mariano Gavín y Juan Ardid robaron un cordero de la paridera de “Tío Caprasio”. Sorprendidos por el pastor, le dispararon alcanzándole en una pierna. La herida acabó días más tarde con la vida del pobre pastor. Así lo relata el investigador Alberto Lasheras, cuando Cucaracha contaba con 32 años:

“Caprasio Amador  era un pastor que tenía su corral con sus cabras y estaba harto de que le robaran los cabritillos y corderillos. Una noche su hijo, quién también se llamaba Caprasio,  se quedó en el corral vigilando. Cuando oyó ruidos, salió y vio que alguien se  llevaba un cabritillo, e iba a saltar la vaya. Este salió con su garrote, su cayado y le fue a dar golpes. Ocurrió que el Cucaracha estaba encima del muro, de la pared del corral, amartilló su trabuco y disparó para  dejar escapar al otro. Entonces, Caprasio sufrió una gran herida en la pierna, se montó en una burra que le llevó hasta su casa y allí murió de gangrena, sufriendo mucho. La herida de trabuco era muy mala. En la casa familiar de Caprasio Amador, hasta no hace mucho tiempo, había un clavo en un madero, en el que él tenía la cama debajo y, con una cuerda, se asía para darse la vuelta. Porque la medicina de entonces estaba muy atrasada y una gangrena se quitaba retirando con unas pinzas la carne podrida y limpiando con vinagre, con sal y se hacían unos emplastes con vino… algo que debería de ser extremadamente doloroso.”

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Mural del Cucaracha en Lanaja

   Tras lo sucedido, los malhechores decidieron pasar unos días por el monte, a nadie le iba a extrañar, pues era normal tras sus dilatadas correrías. A los pocos días, asaltaron a un zagal que iba a comprar sal con su borrico a Castejón de Monegros. Al reconocer al Cucaracha y a Juan Ardid se sintió intimidado y trató de huir. De una pedrada consiguieron tirarlo al suelo,  le robaron unas 80 pesetas y le emprendieron a garrotazos. El zagal llegó moribundo al pueblo de Alcubierre y éste, a diferencia del Tío Caprasio, logró identificar a Mariano y a Juan. La crueldad con la que perpetraron el asalto, causó terror en la población, provocando que la noticia se extendiese rápidamente por toda la comarca.

       Los dos bandoleros escaparon a Francia en busca de trabajo, corría el año 1864. Allí, Cucaracha trabajó por poco tiempo de obrero pero enseguida se cansó y pronto volvió para Alcubierre. Tal y como cuenta Rafael Andolz, a la semana, Mariano, cobró el jornal y le dijo a su amigo “Yo me vuelvo a la sierra de Alcubierre”, mientras que su amigo Juan Ardid, decidió permanecer en el país galo, haciéndose llamar Juan Labrador. Alberto Lasheras cuenta que Mariano Gavín Suñen mandó dinero a su mujer Jobita desde Francia, pero el encargado de entregar el dinero se lo quedó. A su regresó, Mariano no tardó en ajustar las debidas cuentas.

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  • La Banda del Cucaracha

       A su vuelta de Francia, a Mariano Gavín Suñen se le comienzan a sumar numerosos bandoleros, personas que escapan de una sociedad muy empobrecida y caciquil para darse al bandolerismo. Alberto Lasheras estima que llegó a haber cerca de cien personas en la banda: “Es curioso que, cuando ves la lista, había de todos los oficios, había herreros, molineros, sastres…”.

     El primero en unirse al Cucaracha fue Antonio Sampériz Peralta “El Cerrudo” de Lalueza. Rafael Andolz lo describe barbudo y peludo, con buenas greñas y cara de pocos amigos. En la revista “Quio de Sariñena y Los Monegros” aparece en el número 17 de agosto de 1991 un artículo sobre la tradición oral titulado “El Cerrudo de Lalueza” firmado por Santiago. Narran que estando preso el Cerrudo en el penal de Sariñena (Donde actualmente se encuentra la casa de la cultura), le hicieron llegar vino, “una cantidad considerable de los suaves, pero sabrosos y eficaces vinos de Lalueza”, con motivo de las fiestas patronales de su pueblo natal. Bebieron todos los reclusos, incluso el carcelero, “hasta llegar a las proximidades de la embriaguez”. Hasta que un prisionero le dijo al carcelero: “El Cerrudo, este está aquí presumiendo de haber matado a fulano, no comentaron el nombre, y éste es un cobarde, no tiene…. lo que hay que tener para eso, quien lo mató fui yo, que me sobra de todo para eso y mucho más”. Probada su inocencia, el carcelero lo comunicó a las autoridades que lo pusieron en libertad. Al parecer, El Cerrudo no quiso volver a Lalueza “por la injusticia que habían cometido contra él” por lo que decidió unirse al Cucaracha y su incipiente banda. Adell y García citan la fuga de El Cerrudo del penal de Cartagena en julio de 1873, aprovechando la insurrección separatista.

Estando Pascual Perez trabajando por la sierra, salió del corral su perra al encuentro de varios miembros de la cuadrilla del Cucaracha. Al sentirse molestos, el Cerrudo no tardó en disparar a la pobre perra y matarla de dos balazos.    

Alberto Lasheras

       El segundo en unirse a la banda fue “El Farineza”, Agustín Alamán Corvinos, quien llegó a ser segundo de la banda. Otro cabecilla de la banda fue el “Villanueva”, natural de Villanueva de Sijena, de casa Polanco, quien antes de incorporarse a la banda había estado de jornalero en casa Pascual Escanero de Lanaja. Andolz lo describe como hombre duro, de pocas palabras, -con su ribete de timidez y de típicas reacciones violentas del hombre tímido-. Cuando el Villanueva estaba trabajando en casa Escanero, al soltarle un par de coces una mula guita, este la ató y le dio una fuerte paliza. Enterado el amo, le dio el mismo su propia medicina. Esa misma noche, el Villanueva abandonó la casa y se marchó al monte para unirse a la banda del Cucaracha.

     Otros bandoleros fueron “El Víbora”, exguarnicionero de Alcolea, José Bernad Rivas “El Herrero de Osso”, Melchor Colomer y Ferrer “El Molinero de Belver”, José Solanilla y Lacambra “El Guarnicionero de Alcolea”, Mayorito, Manuel Lax, Francisco Alós, Marcelino Bérbeder (de oficio sastre), Majencias…

    Adell Castán, J. A. y García Rodríguez, C nombran al “Tuerto de Capdesaso”: “Quien se encargaba de escribir las notas exigiendo a los labradores dinero, bajo la amenaza de quemarles la mies”.

    La banda del Cucaracha fue muy numerosa y abarco un extenso territorio. Esconden grandes historias para profundizar e investigar. Una banda con una organización jerárquica encabezada por Mariano Gavín Suñen y que requería de grandes recursos para su supervivencia, a la vez que una serie de red refugios y escondites por los montes monegrinos.

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  • Los inicios de la banda del “Cucaracha”

    Pronto las fechorías del Cucaracha y su banda comienzan a perpetrarse por todo el territorio monegrino y en comarcas cercanas. Correrías que se ven reflejadas en los diarios de toda España, donde encontramos abundante documentación. Es el caso de la Correspondencia de España, Madrid 24 de agosto de 1870, donde se informa de la aparición de una partida armada de bandoleros que ha penetrado en la provincia de Zaragoza desde la sierra de Alcubierre. En el pueblo de Senes de Alcubierre habían cometido un robo de “bastante consideración” y la Guardia Civil había tenido que salir en su persecución. Se trata de casa de Pepe Chico de Senes de Alcubierre y robaron  de 3000 a 4000 duros de plata. Para Alberto Lasheras se desconoce si fue el Cucaracha y su banda, pero hay quien se lo atribuye.

“El eco de Aragón” del domingo dice lo siguiente: según cartas que tenemos a la vista, uno de los últimos días penetró una cuadrilla de unos veinte bandidos en el pueblo de Senés (Huesca) armados con trabucos, puñales y navajas a cosa de las cinco de la tarde, lo cual prueba que no tenían miedo. Inmediatamente atacaron la casa de un vecino de aquel pueblo penetrando en ella hasta diez hombres, ocho enmascarados y dos en traje de soldados. Ultrajaron a una joven después de haberle atado de pies y manos, y luego dirigiéndose a la señora de la casa, anciana según parece, la obligaron a franquear todos los armarios y cómodas, llevándose al marchar de tres a cuatro mil duros. Al penetrar en la casa robada, el que hacía de capitán de la cuadrilla pidió hasta nueve mil duros. Al penetrar en la casa robada, el que hacía de capitán de la cuadrilla pidió hasta nueve mil duros, lo que prueba que tenían pormenores y que iban a robar a “píe seguro”. A otro vecino que se escapó le dispararon un trabucazo, aunque afortunadamente no pudieron acertarle, dirigiéndose después de la hazaña hacia la sierra. En seguida se avisó a Huesca y se envió en su persecución una fuerza de 30 guardias civiles que hasta la fecha no se sabe haya podido dar con los bandidos. – Y más adelante añade: La noticia del robo del que más arriba damos cuenta, coincide con la instantánea aparición de una comparsa de hombres armados y uniformados que, según se nos ha dicho, han sido vistos en las sierras inmediatas y aún en los confines de la provincia de Zaragoza.

El Telégrafo de Barcelona del 30 de agosto de 1870.

     El 14 de septiembre, La Correspondencia de España” informa la presencia de la banda por las inmediaciones del pueblo de Huerto: “El alcalde de Sariñena participa que a tres horas de aquella villa, jurisdicción de Huerto, se ha presentado una partida de hombres armados. Ayer había cierta agitación en Huesca a consecuencia de los rumores  de aparición de una partida en el monte de Vallerías, jurisdicción de Huerto”. El 23 de octubre secuestran en Castejón de Monegros a un rico propietario, el alcalde envió a gente armada en su persecución y el gobernador mandó a la Guardia Civil (Correspondencia de España, 24 de octubre):

Anoche salieron dos compañías del batallón cazadores de tarifa con dirección a la provincia de Huesca y otras dos compañías han recibido la orden de estar dispuestas al primer aviso. La causa de este movimiento tan repentino, parece ser haber aparecido una banda de secuestradores considerable, que ya ha empezado a ejercer, siendo la primera víctima un rico propietario de Castejón de Monegros, del cual hasta ahora no se tienen noticias.  

Diario de Avisos, Zaragoza 25 de octubre.

    Ante la alarmante intranquilidad que comienza a causar la banda del Cucaracha, el 14 de diciembre, el gobernador de Huesca llama a “los mayores contribuyentes, personas de arraigo del país y alcaldes”. Se les convocó el 6 de enero a una reunión en la villa de Sariñena, con los jefes de la Guardia civil, de los puestos más inmediatos, para “organizar un servicio de persecución activa que haga desaparecer a los criminales”.

He aquí la situación de un pueblecito de la provincia de Zaragoza, La Almolda: -Por aquí no se puede vivir. Anteayer fue degollado el barbero en la puerta del alcalde. El día anterior estuvo a punto de suceder una catástrofe, pues estaban forzando y rompiendo las puertas de la iglesia, a la sazón que la boda de Salvador Peralta, viudo, subía a casarse, y se ahuyentaron los ladrones. Tres días antes estuvieron cinco ladrones escondidos en una casa, disfrazados con barbas, y habiéndoles visto encerrados algunos vecinos, dieron aviso, y a pesar de ser las once del día, no hizo gestión la autoridad y cuando quisieron se marcharon. 

La Convicción, Barcelona 7 de enero, año de 1871.

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Los robos y secuestros a ricos propietarios de la comarca se fueron sucediendo durante estos años. Algunas de sus víctimas fueron: Sebastián Peralta, de Monegrillo; Mariano Peralta, de La Almolda; Martín Panzano, de Tramaced; Eusebio Laga y Gregorio del Ruste, de Pina; Faustino Escuer, regidor de Perdiguera; Mariano Casamayor, de La Almolda; Lucas Abadía, de Nuez de Ebro; Salvador Mata, Mariano Azara y Mariano Doz, de Farlete; “Casa Bastarás”, de Lanaja; José Calvo y Juan Ruata, de Alcubierre, y Joaquín Angas, de Ontiñena, entre otros.

Conflictividad social y bandolerismo en el siglo XIX (Comarca de los Monegros y 2)
García y Adell

  • El crimen del sacerdote de Capdesaso

Bandido Cucaracha (3)

Cucaracha descansando bajo una sabina. Ilustración Cruz Salvador.

     El 2 de febrero sucedió el terrible crimen del sacerdote de Capdesaso y así lo contaba el diario Democracia de Zaragoza: “El honrado sacerdote del pueblo de Capdesaso, cerca de Sariñena, volvía de un pueblo inmediato a donde fue el día 26 de enero a celebrar un entierro, y se vio acometido por dos hombres que le dispararon un tiro causándole una grave herida en la frente. No contentos con esto, cogiéronle y teniéndole entre los dos le atravesaron el cuello con un cuchillo; y no satisfechos todavía sus feroces instintos, le llenaron el pecho de puñaladas, robándole 17 reales que llevaba. ¿Horroriza solamente el que pueda haber hombres, que más son fieras, que tengan valor para cometer asesinatos de este género!. No sabemos la causa que motivaría este homicidio, puesto que nos consta que el mencionado cura era apreciado de cuantos le conocían, y únicamente creemos se cometiera para robarle”.

* La Orquestina del Fabirol  “Corriu Cucaracha”.

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  • Asaltos, robos y secuestros

      Los asaltos, robos y secuestros se van sucediendo, siendo el pueblo de la Almolda quien más sufre las fechorías de la banda del Cucaracha. El 21 de julio en el “Diario de Zaragoza” se manifestaba la creciente preocupación. Unos días antes,  el seis de mayo encontramos la descripción del asalto realizado en la localidad de Tramaced: “El sábado último, a las cuatro de la tarde, entraron en el pueblo de Tramaced once hombres armados, quienes, después de mandar cerrar las puertas de las casas de todos los vecinos, se dirigieron a la de un propietario que el día anterior había vendido setecientas arrobas de lana, con objeto de robarle. No pudiendo conseguir penetrar en la casa, fueron a la de otro propietario, también acomodado, al que robaron una cantidad bastante respetable abandonando el pueblo luego realizado el objeto que a él las había conducido”. El 12 de julio se informa de un secuestro en el monte de Pina de Ebro, comunicándolo a la madre así como el reclamo del precio del rescate. Esta mujer pagó 4.000 reales por la liberación de su hijo. El 3 de septiembre se informó del asalto a dos carreteros entre Villanueva de Gallego y Zaragoza, los cinco asaltantes hicieron fuego matando a uno de un trabucazo y al otro lo hicieron huir. Entorno al 20 de noviembre fueron robadas un número considerable de alhajas de la iglesia de Ontiñena

      En 1872 la actividad malhechora de la banda del Cucaracha fue escasa en los medios de la época, solamente del 2 de agosto se recoge la siguiente información en el “Eco de la provincia” de Huesca: “Ha llegado a nuestra noticia que por parte de de Castejón de Monegros y Balfarta, se ha presentado una pequeña partida de malhechores, compuesta de 4, 5 o 7 hombres, se entretiene en tener en continua alarma a los pacíficos habitantes de aquellas comarcas, y en donde han cometido algunos asesinatos y robos, según nos han informado. Parece que hace unos días se reunieron los vecinos de Castejón, y asociados con otros de diferentes pueblos y unos cuantos guardias civiles, dispusieron dar una batida por los montes de los mismos, y aunque no pudieron apoderarse de los “cacos”, sin embargo, dícese que llegaron a avistarlos, y aún que se habían cruzado algunos tiros”.   

      A finales de 1872 se consumió uno de los robos al rico propietario Juan Ruata de Alcubierre,  recogido por Andolz es contado por Anastasio Abadia: “Están tirando al blanco toda la banda en la aldea de Joaquín Abad y van cazando los ricos de Alcubierre. Cucaracha los vio y ellos echaron a correr. Los persiguieron y cogieron a D. Juan Ruata, se lo llevaron a la aldea de Gazol de la sierra donde se encontraban Francisco Navarro y Teodoro Sánchez de rebadán, y lo ataron al ruejo y a continuación se lo llevaron al corral de Perico de Valonguera, encontrado allí a Mariano Soto y a Pedro Maza de rebadán, cuidando cabras. Le ordeñaron leche y lo tuvieron allí cuatro o cinco días. A los pocos días llegó un criado con una yegua de víveres; a continuación se bajaron a amo y criado a la cantera de Sisallar, término de Villanueva de Sigena, que allí tenían el cuartel general. Retuvieron allí a los presos hasta que le trajeron once mil duros”.

     El 21 de enero de 1873 se realizó un segundo robo a casa Ruata. Jorge Sánchez Ardid, sobrino nieto de Juan Ardid Sánchez, amigo del Cucaracha con quien huyó a Francia en 1864 lo cuenta así: “El de casa Ruata (el más rico de Alcubierre) iba a Lanaja el 21 de enero, que es la fiesta de Lanaja. Ruata bajaba con un caballo. Cucaracha lo cogió porque se atascó el caballo. Con cuatro abríos marcharon todos para la sierra, que había una aldea y paran ya que se hacía de noche. a un criado le dijeron que se fuera con las mulas. Los otros se quedaron con Ruat. Y criado de Ruata se quedó. Al criado que se fue con las mulas le dijo Cucaracha que ellos se iban a marchar a Lanaja y le explicó a qué parte del monte de Lanaja tenía que ir y que le sacaran treinta y cinco mil pesetas. Que las sacaran das del pueblo, pero que no se acercaran más que los que llevaban el dinero. Dos ricachones  que se trataban mucho con Ruata lograron reunir el dinero. Se lo mandaron a decir a Cucaracha con vecinos que le encubrían que le llevaban el dinero, que si le parecía bien que iban José Solanes y José Antonio Lasheras. El día dos de febrero fiesta de la Candelera, por la mañana le fueron a llevar el dinero y ellos soltaron a Ruata y a su jornalero para que se volvieran con los que habían llevado el dinero. Y aquí entraron, en Alcubierre, mistando misa mayor, que era el día de la Candelera y se hacían tres misas, Don Juan Ruata y el criado. Entraron a esa hora para que no los viesen, que estaba todo el mundo en misa”. Aunque para Rafael Andolz el testimonio de Jorge Sánchez no merece gran credibilidad, este relato coincide, en parte, con la descripción del robo a Juan Ruata en febrero de 1875, suceso que se recoge más adelante.

    En febrero de 1873 en el “Diario de Barcelona” se da cuenta de la intensa actividad bandolera, principalmente en los lugares de Alcubierre, Perdiguera, Leciñena, Farlete y Monegrillo: “se encuentran en una situación por demás deplorable”. Ya son casi tres años que los bandoleros recorren la comarca y la población sale temerosa de sus casas a realizar sus labores agrícolas, cerca de doscientas personas han sido victimas de sus atropellos. El día dos de febrero, dos vecinos de Alcubierre que se dirigían a las fiestas de Robres, fueron sorprendidos por la partida y llevados cautivos a sus guaridas. Mandaron un emisario a las familias de los secuestrados pidiendo por su rescate ocho mil duros, cuatro por cada uno; no se sabe la cantidad que las familias mandaron, que debió de ser suficiente para satisfacer los deseos de la banda, por cuanto los apresados regresaron a sus casas.

La cuadrilla tiene su guarida en la sierra de Alcubierre, y no hay edificios donde existen rebaños de ovejas o carneros donde no hayan sacado su contribución en cabezas de ganado.

     El tres de febrero robaron en casa de los Cajales de Alcubierre y unos meses más tarde en Tramaced, en casa Juanico y de salvador Azara de Farlete.

   La alarma social provocó que una columna de guardias civiles se desplazara a Sariñena para lograr capturar a la cuadrilla de ladrones y secuestradores. (Diario de Avisos de Zaragoza del 20 de marzo). Según cuenta el Diario de avisos de Zaragoza, del 8 de abril, se produjo la primera captura de un integrante de la banda, donde se da cuenta por primera vez de la “celebridad” que el bandido Cucaracha va adquiriendo. Así mismo, se informó del asesinato del vecino de Zuera Martín Rubira, el 31 de marzo de 1873. El 6 de abril, 8 jinetes del cuerpo de la guardia civil, capitaneados por Silvestre Loto, y más de 200 voluntarios (de Zuera, Perdiguera, San Mateo de Gállego, Leciñena, Farlete, Monegrillo, Alcubierre, Robres, Senés y Torralba) con 20 infantes realizaron una batida general para capturar la cuadrilla del Cucaracha. Adell Castán, J. A. y García Rodríguez, C citan una reunión de alcaldes en el santuario de la Virgen de Magallón, “que acordaron medidas para perseguir a los malhechores”. Para Alberto Lasheras fue un hecho que alarmó mucho a la sociedad y que influyó en el aumento de fuerzas en busca de los bandoleros, “se dice que apareció horriblemente asesinado en un barranco”.

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  • El suceso de la muerte del cabo Antonio Ferrer Pueyo

     Alberto Lasierra relata el trágico episodio de Antonio Ferrer Pueyo. Antonio era cabo 1º de la guardia civil destinado al puesto de Alcubierre. Era muy aficionado a la caza, tanto que no renunciaba a su afición a pesar de la amenaza del Cucaracha que campaba a sus anchas por los montes monegrinos. Un día, Antonio salió  de madrugada, a las cinco de la mañana, a cazar por los alrededores de Alcubierre. Cuando discurría por un barranco parece ser que le sorprendió el Cucaracha y lo mató. Su cuerpo sin vida apareció días más tarde cuando se lo encontró un pastor. Vio una bota salir de un montón de tierra y descubrió el cadáver, indicio que dio píe a la improbable suposición del atrapamiento por un deslizamiento de tierra. Personalmente creo que quizá la banda lo cubrió con tierra, pues era un crimen que irritaba muchísimo a las fuerzas del orden. Alberto Lasheras ha encontrado una placa en el cementerio de Alcubierre en recuerdo a Antonio Ferrer Pueyo, quien: “Murió en desgracia en 1873”.

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  • De cuando, disfrazados de Carlistas, asaltaron el pueblo de Farlete

    El más ingenioso y memorable asalto de la banda fue el allanamiento al pueblo de Farlete, uniformados de carlistas, con fehacientes trajes confeccionados por Marcelino Bérbeder, miembro de la banda y de anterior oficio sastre. Al mando de la flamante tropa carlista fue el bandolero Majencias, cuya crónica quedó recogida en los medios, contribuyendo a agrandar la leyenda del Cucaracha y su cuadrilla. Las principales casas en las que hurtaron fueron  las casas de Salvador Azara y de Mariano Anoro.

He leído en su apreciable periódico el relato de robos cometidos en Farlete por la cuadrilla de “Cucaracha”, y, por si quiere V. publicarlo, voy a darle algunos detalles más sobre el suceso. Los ladrones se presentaron cuando el pueblo entero estaba en la iglesia oyendo misa, y aprovechando tan buena ocasión, colocaron dos centinelas en la puerta del templo para impedir que salieran los vecinos. Mientras tanto “Cucaracha” y el resto de su gente se entregaban al robo y al saqueo de algunas casas del pueblo. Es de advertir que los bandidos se presentaron, como lo habían hecho antes en Villanueva de Sigena, simulando ser carlistas, con el distintivo de la boina y uniformados con trajes sobrepuestos a los de uso ordinario, y que en la fuga, al ser perseguidos por los vecinos, perdieron algunos. A pesar de que había llegado ya la noche, cuando salieron, la guardia civil y vecinos de Alcubierre a perseguir a los forajidos, no por eso ha dejado de dar resultado esta persecución, pues parece ser que ayer fue preso en Lanaja uno de los ladrones, herido, y por dar las noticias de éste se ha podido en la madrugada de hoy dar con otros cinco sospechosos en esta villa, que se encuentran a disposición de los tribunales.

Carta de Sariñena. “El Diario de Avisos” de Zaragoza, 17 junio 1873.

Relato de Manuel Queraltó “Quio, febrero de 1990”  sobre “El Tío Triburcio” bandolero de la cuadrilla del Cucaracha, natural de Sariñena. Tiburcio Romerales Maestro.

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Cabezudo del Cucaracha de Alcubierre

“…después de innumerables acciones en las cuales había demostrado su arrojo y poco miedo ante los peligros, “Triburcio” llegó a ser uno de los pocos en los cuales confiaba el Cucaracha confiaba, y se vio metido en el siguiente suceso: Acordaron ir a robar a la casa más rica de Farlete y, para poder entretener a todo el pueblo reunido, pensaron en llegar cuando estuvieran en misa primera, ya que era la costumbre los domingos que todos los trabajadores, salvo los enfermos, ir a misa a las seis de la mañana, pues la misa mayor sólo era para los amos y demás personas que no dependían de nadie. Llegados en la hora prefijada, parte de la cuadrilla interrumpió en la iglesia y no dejaron salir de ella a nadie, mientras el resto, en donde estaba “Triburcio”, asaltaba la casa en cuestión. Una vez dentro de la casa, y después de hacer prisionero al amo, les obligo a que les entregara todo el oro que tenía; como les pareció poca cantidad, pues ellos se imaginaban que disponía de mucho más capital, empezaron a recorrer la casa y encontraron en la habitación de matrimonio a la dueña en la cama por encontrarse con tercianas. “El Cerrudo”, que era de muy mala leche, quiso que la señora se levantara ya que se imaginaba que en el colchón era donde tenían el resto del oro escondido. “Triburcio” se opuso y al ponerse pesado “El Cerrudo” le dijo textualmente: -Si haces levantar a la señora te pego un tiro-, y le puso el retaco apoyado en el estómago, y ante la amenaza se tuvo que conformar con lo que les dio el amo, pues sabía  “El Cerrudo” que “Triburcio” no gastaba bromas y era hombre de palabra, además estaban bastante enemistados ya que eran de carácter muy diferente.

Después de consumar el atraco, escaparon a uña de caballo para dispersarse por la sierra, pero uno de los componentes de la banda, que se había vendido a las autoridades, dejó caer un papel en el cual daba los nombres de todos los integrantes de la cuadrilla.  

Las autoridades, después de recoger el papel, fueron arrestando uno a uno a todos los que en él estaban relacionados; cuando llego el turno a “Tribucio”, estaba dallando en una finca en la partida de La Laguna de Sariñena, al ver el despliegue de las fuerzas del orden público, cogió la dalla, la clavó en el suelo diciendo –“como donde me llevarán no te he de emplear, para qué te quiero”-, la rompió y se entregó sin oponer resistencia.

Celebraron el juicio y, a pesar de que aquel señor de Farlete testificó a favor de nuestro personaje, le tocó ir a presidio para toda la vida, y aquel señor de Farlete, mientras vivió, le envió dineros al presidio para que no se le hicieran tan cuesta arriba el verse privado de libertad.”

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  • Asesinato a Santiago Ardid

    El 15 de abril de 1873, apareció muerto Santiago Ardid. Su cuerpo apareció sin vida en una era cercana a su casa, donde había acudido para realizar sus necesidades. Resulta un crimen de muy dudosa autoría que ha dado píe a varias hipótesis que desgranamos a continuación. Existen noticias que sitúan en esa fecha a la banda del Cucaracha por Ontiñena, pero no aseguran la presencia del mismo Mariano Gavín Suñen. Por otro lado, cuentan que un cazarecompensas debió de confundir a Santiago Ardid con el Cucaracha. Pero el testimonio más posible lo recoge Alberto Lasheras.

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Cruz Santiago Ardid. Fotografía Alberto Lasheras Taira.

  Señalan posibles líos de faldas, pues ambos tenían carácter de mujeriegos. Alberto Lasheras lo cuenta de la siguiente manera: “Mariano Gavín y Santiago Ardid eran vecinos. Las puertas falsas de ambas casas estaban bastante próximas la una de la otra. Mariano era ocho años más joven que Santiago. Su ímpetu y su fama de mujeriego (se dice que tenía amantes en Leciñena, Villamayor, Lanaja, Alcubierre..), junto a los problemas de proximidad, hacían que ambos hablasen en sus círculos de las ganas que tenían de encontrarse cara a cara para resolver sus disputas.”

     Alberto Lasheras recuperó el testimonio de Vicente Pérez de casa Camilo. Vicente se encontró al Cucaracha por el paraje de Valmayor, cerca de San Caprasio, era la época de la siega y la sierra estaba abarrotada de personas en las faenas de la siega. La gente subía a pasar largas temporadas, subían tocinos, gallinas y vino. El hecho es que, Vicente Pérez, se encontró con Mariano Gavín y el Cerrudo, y tras saludarse Mariano comentó que bajaba a Alcubierre a matar a santiago Ardid: “que ya estaba harto de que presumiese de ir con su mujer”. Vicente bajó para avisar a Santiago Ardid, pero mientras estaba amarrando las mulas, Vicente escuchó los disparos de un crimen que no pudo evitar. Al parecer, Santiago Ardid era muy desconfiado, precavido y evitaba ir por los caminos principales para no encontrarse con Mariano Gavín.

      En la era anexa a la casa de Santiago Ardid hay una cruz con la siguiente leyenda: “Aquí murió Santiago Ardid el 15 de abril de 1873”.

En una ocasión, faltando poco para terminar la jornada, Gavín con algunos de sus hombres pasó frente al corral del Camilo. En ese momento a Pérez le vino a la cabeza que unos días antes, cuando pasó la cuadrilla a caballo junto a su corral, su perro salió ladrando, lo que molestó al “Zerrudo” que de un tiro lo mató. Cucaracha detuvo su caballo y sin desmontar dijo:

“¡Buenas Pascual!, ¿Ya plegas?”

-“¡Hola Mariano! Sí, voy pá casa. Y tú, ¿vas al pueblo?”

-“Sí, voy a matar a Santiago “Jordán” que ya me tiene harto”.

Tras despedirse, Vicente pensó: “Tengo que apresurarme y cuando llegue a Alcubierre, avisaré a Santiago de las intenciones de éste”.

Una muerte, un secuestro y una comida asociadas a Cucaracha.

* El Bandido Cucaracha – Los Titiriteros de Binéfar

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  • Las fechorías continúan

     El Cucaracha comienza a sentirse seguro escondiéndose por la sierra de Alcubierre, por Jubierre y por Castelflorite. Incluso tuvo del atrevimiento de dirigir una misiva  desafiante al Capitán General de la guardia civil, el 26 de junio de 1873. De la carta tan sólo nos ha trascendido el siguiente encabezamiento: “Servicio Montes, Siñor Capitan jeneral en Zaragoza”.

“El célebre bandido Cucaracha ha dirigido una carta al Capitán General de Aragón, haciendo alarde de burlar la persecución que se le hace”.

“El Imparcial” 8 de junio de 1873

    Pero la muerte acechaba al Cucaracha, su cabeza tenía precio y tras tantas tropelías, muchos eran sus enemigos. Una tarde, cerca de la aldea de Pascual Escanero,  por el paraje de cuarto nuevo del monte de Lanaja, la cuadrilla de bandoleros se detuvo para charlar y merendar con el guardia Lorenzo Vived. Tal y como cuenta Andolz, Pascual Escanero había prometido buena recompensa por la captura de los bandoleros. Cuando los bandoleros retomaron su camino, Lorenzo les disparó por la espalda alcanzando e hiriendo al Cucaracha y al Villanueva, “Cucaracha se revolvió malherido y le disparó un trabucazo matándole en el acto”. Malheridos se refugiaron en la cueva de los Porzanes y luego marcharon a la Malena de Timoteo Mairal, donde les acudía a sanar Atarés el practicante. Al recuperarse el Cucaracha, la banda marchó a la zona de Jubierre, donde la guardia civil cogió por sorpresa al Villanueva, quien muy mal herido y con fiebres, no tardo en caer muerto por arma de fuego: “El amanecer del día 19 hallaron al Villanueva (fuerzas de la guardia civil del puesto de Sariñena) oculto en unas peñas, y al intimarle a la rendición, trató de defenderse encarando su trabuco, ganándole la acción el cabo Buisán que le disparó con su fusil hiriéndole gravemente. Fue entregado en el Juzgado competente”.

      La otra vez que el Cucaracha resultó malherido fue durante el asalto a casa Coarasa Paño de Torralba de Aragón, una casa fortaleza que intentaron asaltar sin éxito hasta en tres ocasiones. Existía mucho miedo al Cucaracha y su banda y las casas ricas de monegros se protegía la entrada con un gran enrejado. En la primera acometida a casa Paño, un zagal que servía en la casa estaba compinchado, pero su nerviosismo delató los planes y la familia pudo organizar la defensa, consiguiendo que la banda desestimara en su empeño. En el segundo asalto se produjo un intenso tiroteo y, al agotar las postas, una gran piedra tirada desde el balcón impactó en la riñonera del Cucaracha, dejándolo malherido. En Torralba cuentan que un bandolero murió con el impacto de un saco lleno de arena tirado desde la casa. También que fueron a buscar al medico de Torralba, le cubrieron la cabeza y lo llevaron a la sierra para que curase a un bandolero herido, después lo devolvieron sano y a salvo a Torralba.

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  • La falsa muerte del Cucaracha

       El 30 de julio se da cuenta de la muerte del célebre “Cucaracha”, tal y como informaba el alcalde de Sariñena. Información que pronto es desmentida en los medios el 6 de agosto, pues fue confundido con el Villanueva, recientemente fallecido. Por un tiempo, los bandoleros a tenor del trágico trance de la caida del Villanueva, permanecieron más escondidos. Pero pronto vuelven a sus andanzas y sobre el 18 de noviembre inauguran la temporada invernal secuestrando, por unos cientos de duros, al hijo de un acomodado vecino de Villanueva de Sijena que se encontraba en el monte realizando labores de siembra. En aquellas fechas también se produce el incidente del Catalán, hombre de confianza del Cucaracha, que acudió herido al penal donde sufrió la amputación del brazo derecho. La nueva actividad bandolera parece ser que vino motivada por la fuga de dos prisioneros del penal, aprovechando la confusión reinante ante los acontecimientos del Sitio de Cartagena.

Si las autoridades, apartando un momento su atención de los asuntos políticos, no dedican alguna fuerza a la persecución de los ladrones, pronto se enseñorearán de toda la comarca como ya lo hicieron anteriormente con grave perjuicio de los labradores acomodados, que se verán obligados a abandonar la dirección personal de sus haciendas. 

Diario de Barcelona” del 21 de noviembre

      El 10 de mayo de 1874 la guardia civil capturó algunos miembros de la cuadrilla del Cucaracha, el destacamento del alférez D. Francisco Bergua detiene en Lanaja a Juan Andrés y nueve bandoleros más. Otros cinco miembros de la cuadrilla son detenidos el 22 de junio por el mismo oficial, en la localidad oscense de Alcolea de Cinca.

      En torno a la fecha del 12 de marzo de 1874, los bandoleros obtuvieron un botín de unos 400 duros en Bujaraloz, llevando tras sus pasos a la columna de la guardia civil del brigadirer Delatre. El 15 de de marzo, la cuadrilla incendió una “hermosa paridera y pajar” del rico propietario de Alcubierre José Calvo y Ayerbe: “por no haberle mandado una respetable suma que le pidió en carta remitida por uno de sus criados”. Al parecer, numerosos vecinos salieron a sofocar el incendio. Cuando unos veinte hombres armados regresaban al pueblo, salió al encuentro el Cucaracha con seis hombres suyos, alcanzando a los rezagados que iban tirando de un carro, les convidaron a hacer un alto y a tres que trataron de huir les hicieron fuego. Consiguieron dar en la manga de la chaqueta de uno de ellos, mientras los otros dos se tiraron al suelo. Les acabaron robando las armas y efectos, rematando el incidente entregándoles una carta, conminando al señor Calvo a satisfacer el pago exigido bajo la amenaza de matar toda la caballería y ganadería.

“… el domingo, Cucaracha y su cuadrilla incendiaron una paridera y un pajar del rico propietario de Alcubierre José Calvo Ayerbe, por no haberle enviado una respetable suma que le exigieron. Muchos vecinos salieron inútilmente a apagar el fuego, al regresar, los hombres armados en número de 30 salieron al encuentro de Cucaracha”.

El Imparcial.

      El 20 de abril, el guardia civil José Pastor, que formaba parte de la columna de Delatre, reunió a seis voluntarios y partió a las cercanías de Grañen para hacer frente a algunos individuos de la partida del Cucaracha. Tras una férrea lucha de cerca de un cuarto de hora, aprehendió a cinco bandoleros que enseguida encarceló en el presidio de Grañen.

Bandido Cucaracha (6)

Guardia Civil persiguiendo al Cucaracha. Ilustración Cruz salvador.

     Una correspondencia del 5 de mayo de Sariñena denunciaba las continuas fechorías que los infames bandoleros pertrechaban por el territorio, citando la reciente actividad de la banda en el despojo de dineros y ropajes al capataz de la vía férrea y un guardia vía en sus casillas del monte de Terreu: “trabuco en mano les sorprendieron en aquel desierto terreno y amenazándoles con quitarle la vida si para día fijo no llevaban a un punto determinado cierta suma”.

     En julio de 1873 encontraron estrangulada en su casa de castejón de Monegros a la viuda del “Villanueva”, segundo de la cuadrilla del Cucaracha.

       La inseguridad reinante impedía el control de los hacendados sobre sus campos, lo que aumentaba la presión sobre las autoridades, de esta manera era denunciada en el Diario de Barcelona del 14 de mayo: “El brigadier Sr. Delatre, haría un singularísimo servicio a los pueblos vecinos a la sierra, dando el golpe de gracia a la cuadrilla que en aquella se cobija y a todas sus extensas ramificaciones”.

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  • La presión aumenta sobre la banda del Cucarcha

    La presión comenzaba a dar sus frutos. El 14 de mayo se da fe de la captura de diez bandoleros por las fuerzas de guardia civil de la comandancia de Huesca. El 18 de mayo fueron capturados varios bandidos, encontrándose entre ellos Marcelino Berbeder, el sastre de la banda. Sobre el 25 de mayo, el alférez de la guardia civil de Huesca, Francisco Bergua y Castro, capturó siete individuos que fueron puestos a disposición del señor Capitán del distrito.

 Hemos visto conducir esta mañana, escoltados por la guardia civil, desde la Capital general a las cárceles nacionales, siete presos que, según las noticias que hemos podido adquirir, están acusados de ser cómplices o compañeros del bandido “Cucaracha”. Con estos siete son ya 28 los que se hallan presos por uno u otro de los motivos indicados.

Diario de Barcelona 27 de mayo.

Bandido Cucaracha (4)

El Cucaracha y su cuadrilla. Ilustración Cruz Salvador.

   El cerco contra Mariano Gavín comienza a ser asfixiante, el 30 de mayo, mientras la banda realizaba una reunión en el pueblo de Belver de Cinca, la fuerza de la guardia civil cayó de improvisto sobre la banda. El cucaracha volvió a mostrar sus dotes de gran astucia e inteligencia logrando zafarse de sus perseguidores, pero tuvo que lamentarse profundamente por la captura de Jobita, su mujer, junto a tres miembros de la cuadrilla. También fueron encarcelados, en la localidad de Monzón, el joven zagal que portaba el aviso del chivatazo y dos mujeres y un hombre que colaboraron en alertar al Cucaracha del dispositivo de captura iniciado por la guardia civil.

     Manuel Lax y Francisco Alós fueron detenidos el 26 de junio, junto a Camila Martínez, esposa de bandolero, confidente y falsificadora de moneda. Isidro Berber, Francisco Larroy Ferrer, y Joaquín Ollés Cuadrado caían detenidos la madrugada del 22 de junio. A los dos días fue atrapado en Ballobar Manuel Miró “el Cigarro”, confidente de la banda y terror de aquella población. El 27 de junio se escapaban tres bandoleros pero el 31 del mismo mes, la guardia civil se incautaba en Ontiñena de un fusil, cincuenta y cuatro cartuchos, un uniforme carlista con divisas de sargento primero y documentación detallada de una compañía.

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  • La llegada del teniente Vicente Lafuente Pueyo y la partida de domino

      La creciente presión deja a mínimos la banda del Cucaracha que cada día se siente más cercada y debilitada. La aparición del teniente Lafuente manifiesta el aumento de efectivos de la guardia civil en la comarca monegrina, especialmente en la comandancia de Sariñena. Para Mariano Gavín, la situación se tornaba desafiante. El enfrentamiento y duelo contra la guardia civil parecía inevitable.

       Su reto alcanza su máxima expresión en un acontecimiento que marcó profundamente la grandeza y leyenda, y a veces hasta de héroe popular, del célebre bandido Cucaracha. Fue para esta ocasión cuando el Cucaracha se arregló y vistió con gran elegancia y acudió al casino de Zaragoza. Pronto localizó al teniente Lafuente jugando al domino, con sus tres estrellas de ocho puntas que tanto lo delataban. Un irreconocible Cucaracha se sumó a la partida. No existían fotografías que lo identificasen, además se había arreglado para la ocasión y nadie podía esperar encontrarlo tan descaradamente en el casino de Zaragoza. Durante la partida, el teniente no paraba de alardear del cuerpo de la guardia civil y de su nueva encomienda, acabar con el temido delincuente que atemorizaba la comarca monegrina: “Me gustaría tropezarme un día con ese Cucaracha para ajustarle las cuentas…”, dijo de forma chulesca y bravucona. De regreso a su casa, el teniente Lafuente encontró en su bolsillo una nota que decía: “También yo tendría mucho gusto en tropezarme con usted sin testigos. Ya sabe dónde encontrarme. Le espero en la sierra de Alcubierre. Cucaracha”.

     La guardia civil iba pisando los talones del Cucaracha. Un día llegaron a la balsa de Ramón Alcubierre, donde se encontraba abrevando el ganado de Bonifacio Pérez y Mariano Verdún,  y preguntaron por los bandoleros. Les dijeron que estaban por los cubilares de Sanz, entre Alcubierre y Lanaja. Allí acudieron los civiles, el Cucaracha los vio llegar. Les gritó que subieran, que allí les esperaba, pero el cabo no subió, dejando una nota al Cucaracha que le decía que pronto tendría que cambiarse la camisa. La respuesta del Cucaracha no se hizo esperar, dejando el siguiente mensaje junto a un saco manchado de sangre “así sería la próxima camisa que llevase”. A los tres días, el Cucaracha mató de un trabucazo al cabo mientras practicaba la caza.

      A los pocos días, el hombre de confianza del Cucaracha, Francisco Navarro, murió a manos de la guardia civil. Francisco era su mano derecha, escondía y sabía donde se guardaban los botines. Tras su muerte, Manuel Lorda ocupó su lugar responsabilizándose de guardar las finanzas. Andolz relata el acontecimiento de cuando los ricos de Alcubierre trataron de secuestrar a su mujer, está logró escapar al barranco de Patricia, por la zona de balsas Medias, el relato es de Anastasio Abadía: “Fue a ver a Francisco Navarro y le dijo -¿has cenado?- y contesto él -No-. -Cena y vendrás conmigo, pero no te emborraches, que te pego un trabucazo-. Cogieron a la mujer con la hija en el burro y se fueron al corral de Las Negras de la Cartuja donde estaba Jacinto Navarro, y Francisco Navarro se volvió a su corral y le dio un duro para que se comprara cajillas. Así, con la ayuda de los burros se llevaron a punta sol a la mujer al cuartel general”.

     El Cucaracha presentía que eran sus últimos días, lo dio a entender encasa de Angela, la hornera de Alcubierre: “Mira Angela -le dijo con voz tranquila, ligeramente velada por la emoción-, tendrás que hacerme una bolsica para ponerme la estampa de la Virgen del carmen, porque me parece que voy a vivir muy poco, que los civiles nos persiguen mucho”.

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  • El último asalto a Ruata

     Antes del último asalto a Ruata, en el otoño de 1874, en palabras de Jorge Sánchez Ardid, Andolz recoge un episodio al que no le concede demasiada credibilidad, un suceso en un clima de desconfianzas, tropelías y venganzas. “Un compañero de Cucaracha, de Fraga, que había sido guarnicionero, en cierta ocasión le pegó una bofetada a Ruata, el ricachón de Alcubierre. algún tiempo después lo cogieron los civiles y querían llevarlo a Zaragoza, pero no tenían medio de locomoción. Entonces no había casi coches, únicamente si se mandaba algún propio. Ruata les dejó un caballo y quiso acompañarlos pues había reconocido al que le dio la bofetada. Cuando estuvieron por la sierra les dijo a los civiles que se lo dejaran a él. Se lo dejaron y él lo mató de un tiro”.

     Juan Ruata pertenecía a una casa rica de Alcubierre dedicada a la ganadería ovina. Comerciaban con la lana con la que obtenían grandes beneficios, hasta el punto que frecuentemente hacía uso de su expresión “Vale más la cama donde duermen mis gatos que la casa de fulano”. Lo secuestraron en enero y la familia siempre contó que lo habían tenido desnudo y atado a un pino, una cuerda al cuello hacia arriba y otra atada a los testículos hacía abajo.  Pero su criado Juan Olmos, quien hizo de mediador y le llevó ropa durante el secuestro, siempre manifestó que los bandoleros habían tratado bien a Juan Ruata, cuenta el investigador monegrino Alberto Lasheras.

     En febrero de 1875, mientras el rico hacendado de Alcubierre Juan Ruata se encontraba cazando, al separarse de sus cuatro compañeros y acercándose donde se hallaban dos se sus criados y pares de mulas, fue interceptado por la banda del Cucaracha. Al iniciar la fuga Juan Ruata, los bandoleros le dispararon cuatro o cinco tiros sin conseguir darle alcance, pero al adentrarse por un terreno algo pantanoso, Ruata cayó al suelo siendo atrapado por la banda. Para su rescate le pidieron a la familia siete mil duros de plata, al día siguiente le fueron entregado treinta mil reales y la respuesta del Cucaracha fue un recado de atención a la familia “dando seguridades de que lo encontrarían colgado de un pino si no completaban los siete mil duros, y fue forzosa su remisión”. Ruata, estuvo en su cautiverio acompañado de un criado, que nunca le abandonó “volvió el martes bastante delicado, si bien dice que no solo no le han maltratado, sino que hasta ha sido objeto de algunas atenciones”.

        Para Alberto Lasheras, la familia no pudo conseguir la cantidad de dinero inicial, así que realizó una primera paga de 30.000 reales. Pero Cucaracha dijo que: “o les mandaban el resto del dinero o lo iban a encontrar colgado de un pino”. Al final, con mayor o menor esfuerzo, la familia reunió y entregó el rescate. El Cucaracha lo soltó el día de la Candelera, el 2 de febrero, toda la gente estaba en misa y  aprovechó para ir a su casa y cambiarse sin que nadie lo viese. Juan Ruata como agradecimiento a Juan Olmos le prometió una gratificación en su testamento “Juan, para cuando yo muera te voy a dejar en mi testamento lo suficiente para una vida digna” Pero, a la hora de la verdad, Juan Olmos no recibió lo prometido.

           Alberto Lasheras recoge el testimonio de Isabel Ruata, descendiente de casa Ruata. Cuando los titiriteros de Binefar presentaron la obra del Cucaracha en Alcubierre, Isabel relató que era imposible que ese rescate, pagado a principios de febrero cuando él murió el 28 del mismo mes, se lo hubieran podido gastar. El dinero tenía que estar escondido por alguna parte, por eso se habla mucho de tesoros ocultos.

Cucaracha tenía una organización montada de tal calibre que tenía como una red de confidentes y espionajes que le costaba muchísimo dinero. Se dice que tres mil reales diarios tenía que pagar el Cucaracha en confidentes para tener una buena información. Por eso había mucho gasto pero también había mucho ingreso. Es posible que parte de algún botín alguien lo escondiera.

Alberto Lasheras

       Diario de Avisos de Zaragoza del 10 de febrero de 1875. ” Alcubierre, 7 de febrero de 1875. Querido amigo: aprovecho mi corta y casual estancia en este pueblo para darle unas cuantas noticias de Cucaracha, cuyas hazañas vuelven a repetirse, y del cual ha sido victima estos días el conocido y rico propietario D. Juan Ruata.

         Salió éste un día de la semana pasada a cazar en compañía de cuatro compañeros, y ocupados en esta distracción, recorrieron el monte, llegando cerca de un campo donde se hallaban sus criados y pares de mulas.  Desvióse Ruata de los cazadores para visitar su hacienda que a unos mil pasos estaba, y mientras daba instrucciones y hacía preguntas a su criado mayor, echáronsele encima Cucaracha y los suyos, mas no con tanta precipitación que él no pudiese irse.

          Disparáronle cuatro o cinco tiros sin tocarle, mas cayó al pasar por un terreno pantanoso y perdió la ventaja que a sus perseguidores llevaba, volvió sin desmayar a levantarse, poro con tanta desgracia, que pisándose el tapabocas dio en tierra y en manos de los bandidos. Sus compañeros, que todo esto presenciaban, temerosos o cobardes, huyeron sin acudir en su socorro y consintieron su prisión que les hubiera sido fácil evitar a tener todos la serenidad y sangre fría de Ruata y de otro compañero llamado el carretero. Internáronse en la sierra, pidiendo por su rescate siete mil duros, les llevaron al día siguiente treinta mil reales, y Cucaracha envió a la familia un recado de atención, dando seguridades de que lo encontrarían colgado de un pino si no completaban los siete mil duros, y fue forzosa su remisión. Acompañado de un criado, que nunca lo abandonó, volvió el martes bastante delicado, si bien dice que no solo no le han maltratado, sino que hasta ha sido objeto de algunas atenciones.

            Tal es el golpe que tiene asustados y puestos en guardia a los ricos propietarios de este país, a quienes profesa una particular predilección Cucaracha, de quien se dice que nunca ha salido a robar pequeñas cantidades a los viajeros.

               Tiene este hombre singular unos cuarenta años, es delgado, de una estatura casi baja y carece de toda instrucción, hasta el punto de firmar con mucho trabajo. Fue jornalero, mozo de mulas y carbonero en sus mocedades y su hombría de bien le granjeó  hasta la confianza de un recaudador de contribuciones o cosa así, que le encargaba la conducción de fondos a Huesca, si que en aquella época cometieran ningún desmán. Está más o menos remotamente emparentado con algunas familias ricas de Alcubierre, y esta circunstancia se señala como la causa de su actual existencia, porque cuando el trabajo no le pareció a él una ocupación decorosa, tuvo por conveniente vivir sin trabajar y le fueron dispensados y hasta ocultadas las malas artes de que se valió, y en esta senda fue progresando hasta hoy que puede competir con ventaja con los siete niños de Écija. 

            Lleva ordinariamente dos trabucos, si bien alguna vez se le ve con una escopeta de dos cañones o una carabina Remington. Su partida es numerosísima, y raro día se le ve acompañado de los mismos cofrades que el anterior; tiene mucha sagacidad, talento y habilidad rara para dar los golpes que el proyecta; pero todo esto sería inútil sin su principal elemento, que es la innumerable corte de espías y asociados que tiene en todo este país: Se aparece con frecuencia a los pastores, guardas, cazadores y demás gente que su oficio lleva al monte y a ellos pide con buenos o malos modales, según el humor que gasta, las baratijas que en el momento necesita y que éstos tienen buen cuidado en llevarle, porque de no hacerlo, pagarían con el individuo al día siguiente. No se fía ni de los suyos, que nunca saben donde duerme, y obliga a comer el primero  al que lleva víveres.   

              Dos o tres veces ha estado a punto de caer en manos de la fuerza armada. Una de ellas le cogieron durmiendo en una casa, rodeado por la guardia civil, arrojó la manta por una ventana, mientras que por otra saltaba y en paños menores huía. Otra se hallaba con los suyos en un soto: iban a ser copados y distribuyó su gente, colocando los dos que más corrían donde la guardia los viese, con orden de huir. Echaron éstos tras ellos, mientras Cucaracha se subió a un árbol, escurriéndose después con mucha serenidad. 

           Gasta unos 3000 reales diarios en confidencias que le proporcionan los amigos que tiene en todos los pueblos de ocho a diez leguas alrededor, y sabe hasta los detalles más íntimos de las familias y pueblos, llegando en ésto a lo increíble. Está furioso con la prisión de su mujer y ha prometido recrudecer sus fechorías, mientras no consiga su libertad.

           Aquí hago punto: pues no tengo tiempo ni aún para rectificar estas líneas, escritas a vuelta de pluma, sobre los apuntes de mi cartera, y que Dios sabe como habrán salido”.  

trabuco

  • De la muerte del Cucaracha y parte de su cuadrilla

Corriu de Cucaracha. Miscelánea Turolense.

     La cuadrilla del bandido Cucaracha amaneció el 28 de febrero en el corral de L´Anica, cerca del poblado de Peñalbeta. El zagal Manolico Maza Lacasa tenía que llevarles vino que, como en otras tantas ocasiones, había dispuesto el mediador Pedro Lobardo. Pero para esta vez, el teniente Vicente Lafuente, junto al alcalde y al boticario de Lanaja habían urdido un infalible y mortífero plan. Habían envenenado el vino para dormir la banda, con la dosis perfecta para que fuese efectivo y no fuese detectado al gusto. Además prepararon un contraveneno, pues el cauteloso Cucaracha siempre hacía probar todo antes de su consumo y así, no resultase maltrecho el joven Manolico. Cuando la banda comenzó a beber y comer, el veneno hizo surtir su efecto, situación que aprovechó la guardia civil para asaltar y dar muerte a los bandoleros. Esta es la versión más popular que ha llegado a nuestros días y aunque el relato de la guardia civil la hace más épica, la verdad es que conociendo el corral de L´Anica y que ningún guardia civil resultó herido, todo apunta que el veneno consiguió sedar a los bandoleros y una vez dormidos, la guardia civil los remató a quema ropa. Al mando de los guardias iba el capitán teniente Vicente Lafuente y Pueyo, le acompañaban el sargento segundo Carlos Rodríguez, cabo primero Francisco Salanova y los guardias José Pastor, Lorenzo Laclaustra y Fermín Catalán.

De mil trampas él s´escapa

nunca le pueden pillar

l´envenenaron el vino

para poderlo cazar.

Copla recopilada por:

Alberto Lasheras

corral de L´anica

Corral de l´anica. Bandido Cucaracha.

      Los bandoleros Antonio Sampériz Peralta “El Cerrudo”, de 38 años, de Lalueza y esposo de María Bayona; José Bernad Rivas “El Herrero de Osso”, de 38 años, natural de Osso y esposo de Tomasa Ferrer; Melchor Colomer y Ferrer “El Molinero de Belver”, de 32 años y natural de Belver; José Solanilla y Lacambra “El Guarnicionero de Alcolea”, de 35 años y natural de Palo; y Mariano Gavín Suñen, de 37 años, murieron aquel fatídico 28 de febrero de 1875 en el corral de L´anica, monte de Lanaja, donde la Guardia Civil los envenenó con vino y una vez sedados, los acribillaron a tiros. En un bolsillo de Mariano Gavín apareció una petición de indulto al rey Alfonso XII; “Las cartas del Cucaracha”, por Alberto Lasheras. Los cuerpos sin vida de los bandoleros fueron expuestos en la plaza mayor de Lanaja. Mosén Baltasar hizo sonar las campanas, mientras que por las calles la gente alborotada gritaba “¡Han matado a Cucaracha! ¡Han matado a Cucaracha! ¡Están todos en la plaza!. Sacaron a todos los zagales de la escuela para que vieran los cuerpos sin vida de los temidos bandoleros y les hicieron pasar por encima de los cadáveres. Era un acto de desagravio, cuenta el najino Marcario  Andreu Torralba, quien encontró la partida de defunción de Mariano Gavín en los archivos de Lanaja. Para Macario, quizá a los bandoleros los enterraron en el antiguo cementerio de Lanaja, ya desaparecido, pero también hay quienes cuentan que fueron descuartizados y clavados en estacas por el monte.

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Partida de defunción del Cucaracha. Imagen de Macario Andreu Torralba.

       Este es el testimonio de Anastasio Abardía, recogido por Rafale Andolz: “Día 28 de febrero de 1878 (equivoca el año). ¡Qué día tan señalado! En el corral de don antonio Martínez han matado a Cucaracha y a sus cuatro compañeros. Vino una sección de guardia civiles de la provincia de Zaragoza, bajaron por la senda del volador preguntando a un pastor por el corral de L´Anica y se lo dijo. El centinela se había dormido por haberles dado el vino envenenado. la guardia civil puso un tricornio encima de la tapia. Cucaracha al ver el tricornio lo hizo piazos disparando. A cucaracha lo mataron el primero por tener la escopeta descargada. El que arreglo el vino fue el boticario de Lanaja. El que llevó el vino, Manuel Maza Lacasa, le dio contraveneno para no morir él también en aquella noche, pues Cucaracha le haría beber antes a él. Todos los ricos de los pueblos más próximos vinieron a Lanaja a ver a Cucaracha y los suyos. a continuación los bajaron en el carro y los dejaron en la plaza de Lanaja enseñándoles a los chicos y chicas el maestro Liesa, la maestra Raimunda y el sacerdote Mosen Baltasar Marcellán, los cadáveres. el escolano que servía al sacerdote era Angel Cambra. (Un viejo de Lanaja se acuerda haber oído que los niños y niñas  de la escuela pasaron pisándolos por encima de los cadaveres)”.  El siguiente relato es de Jorge Sanchez Ardid que también es recogido por Andolz: “Un pastor de Lanaja, Pedro Lobardo, le llevaba vino de parte de Angela. El dio cuenta de que el vino era para ellos. El boticario lo malbezó con una medicina poco conocida que los adormía y el repatán que llevaba el vino le daron contraveneno, pues Cucaracha lo hacía probar siempre al que lo llevaba. Va el chico, lleva el vino, Cucaracha hace beber a los cuatro compañeros. bebe él y dijo -Ya nos han jibau!, este vino está compuesto!-. Pero ya había bebido. Se acercaron a la aldea más cercana. El se pone en un montón de fiemo que había allí al lau a arreglarse la tascadera de los calzones, que llevaba calzón corto. La estaba arreglando con un palico cuando vio venir a los civiles. Cucaracha les disparó, al oír el ruido salieron los otros que también dispararon. Era la aldea de la Nica, de Pedro del Torralbés”.

“En ocasión que el célebre bandido Cucaracha, temor de toda la comarca, se hallaba con cuatro más en un corral de ganado en la falda de la sierra, y sin duda alguna desprevenidos, cayó sobre ellos la fuerza de la Guardia Civil al mando del Teniente Lafuente, trabándose una lucha de la que resultaran muertos los cinco forajidos e ilesos los guardias civiles, debido esto a la buena dirección del Teniente, que rodeó el corral, con la punta de la bayoneta fueron haciendo visores  por todo él, librándose así de los disparos de los muchachos que hicieron fuego mientras tuvieron vida.

Cucaracha fue el primero que cayó, pues saliendo a la portera del corral se puso con dos armas de fuego y un morral de cartuchos y a lo que iba a disparar contra uno de los guardias que custodiaban la portera, otro guardia civil, que era un gran tirador, llamado Catalán, lo dejó tendido en el acto.

En seguida, los demás forajidos, ocuparon posiciones en el corral e hicieron fuego nutrido que, según relación que ha hecho el teniente, duró sobre media hora, enderezando siempre sus tiros a los agujeros que abría la guardia civil.

Muertos ya o tendidos los malhechores, penetró la guardia civil en el corral, en donde permaneció toda la noche del 28 de febrero, suponiendo así podrían llegar otros, pues así lo supuso el teniente en atención a que recogieron catorce armas de fuego, entre ellas fusiles BERDAN  y REMINGTON”.

La Correspondencia de la mañana, Diario y guía de Madrid 5 de mayo de 1875

       Eco de España de Madrid, reproducido en el Diario de Barcelona el 12 de marzo de 1875: “Alcubierre 3 de marzo. Los sucesos acaecidos el día 28 del pasado, con la captura del tristemente célebre Cucaracha, terror por espacio de 5 años de esta comarca, son de tal magnitud y han impresionado a todo este país, que me tomo la libertad de hacer una sucinta reseña de ellos, por si V. gusta que su acreditado diario sea tal vez el primero que lo publique. 

         Ya el día 28 de enero una triste noticia corrió veloz de vecino en vecino, llenándoles de pena y dolor; al salir acompañado de cuatro amigos el primer contribuyente de este pueblo D. Juan Ruata, se separó un poco de ellos para ir a dar órdenes a sus criados, y en aquel momento fue sorprendido por tres hombres que le dieron el alto, trabuco en manos; trató de librarse por medio de la fuga, mas con tal desgracia, que fue a dar a un lodazal de donde no podía salir, y allí le dieron alcance los criminales, y después de maniatado, le hicieron seguir. Cuatro días lo tuvieron en su poder, cuatro años para su familia y amigos, mas al fin, después de pedir por su rescate 14.000 duros, no hubo más remedio que entregar 7.000, que es lo que se conformaron, o peligraba la vida del secuestrado.

      ¡Quién había de suponer que al mes de este suceso Cucaracha y su cuadrilla habían de ser copados!.

         D. Vicente Lafuente Pueyo, teniente graduado del benemérito cuerpo de la Guardia Civil, ha sido el que ha dado el gran paso y el que desde aquel fausto día recibe mil parabienes, y es aclamado con frenesí por estos pueblos; hombre sereno y de valor, que no teme el peligro, solo hacia diez y siete días que se hallaba al frente de la fuerza destinada para la persecución de Cucaracha y su cuadrilla, y en tan pocos días, tal ha sido la fe con que ha trabajado, tal el espíritu de llevar la paz que tanto tiempo tenían perdida los contribuyentes, que han sido suficientes para dar con las madrigueras y concluir con el que era terror  de la sierra. 

      Nunca olvidarán estos habitantes lo mucho que le deben, y si premios tiene destinados el gobierno de S.M. para los que llenan sus deberes militares con tanto honor y valentía, seguramente que no olvidará el que se merece y a que se ha hecho acreedor don Vicente Lafuente, y del que también son dignos los individuos a su mando. 

       El 27 del pasado febrero salió la fuerza dividida en dos grupos en dirección a la sierra, y en la mañana del 28 se dirigieron hacia el punto llamado Peñalveta; serían las dos de la tarde cuando al llegar a la partida titulada Lanica, término municipal de Lanaja, la pareja que iba de avanzada, con gran cautela, y tal como el caso lo requería, miró por la pared del corral y distinguió a uno que estaba cosiendo y que a su lado había un arma; examinado un poco más, vieron diferentes armas en un rincón; esto fue bastante para creer que serían los bandidos (porque hay que tener en cuenta que a Cucaracha no le conocía ninguno de la fuerza, ni había fotografías de él ni señas particulares que pudieran ser bastantes para prenderles), agitó uno de los guardias el pañuelo, y los demás avanzaron rodeando el corral; practicaron tres o más arpilleras, y acercándose dos a la puerta dan la voz de alto a la Guardia Civil, rendíos y no se os tocará; veloz como el rayo coge Cucaracha su Berdan, arma la bayoneta y se lanza a la puerta; los otros compañeros cogen las armas y van a la pelea; viendo la fuerza que era imposible prenderlos sin haber lucha, se da la voz de “fuego” y es herido de muerte  el jefe de aquellos bandidos; ya no había más recurso que concluir con todos, y los guardias, defendiéndose con valor y procurando no sufrir baja alguna, se parapetan; mas los bandidos con sus descargas no daban tiempo a nada, y a los pocos minutos ya había tres de los criminales fuera de combate, concluyendo con todos pasada media hora de lucha, sin que la fuerza tuviese que lamentar no solamente la menor lesión, sino que ni aún simples magulladuras.

     Dado aviso al pueblo, corrió la noticia con velocidad, y al día siguiente los caminos que conducen a Lanaja se veían cubiertos de gente ávida de conocer al que por cinco años ha llenado de pavor a estos habitantes, y que tantas desgracias difíciles de reparar ha ocasionado.  

        El juzgado de Sariñena  se constituyó en el pueblo, y las campanas de Lanaja y Alcubierre anunciaban que el regocijo que los vecinos sentían era una verdadera fiesta popular. 

          Tendidos en medio de la plaza se hallaban por el orden siguiente: El Cerrudo, segundo jefe de la cuadrilla; Cucaracha, el herrero de Osso, el molinero de Belver y el guardicionero de Alcolea; éste tenía un buen aspecto, gran estatura, vestía hasta con elegancia, sumamente flaco y fino de cutis, cara hasta hermosa y cubierta toda de barba larga y negra, muy aseada y limpia.

          Cucaracha, seco, delgado, bigote recortado, y mal vestido al estilo del país; de los cinco era el de peor presencia y el más desaliñado de todos.  

         Practicada la autopsia por tres facultativos, se encontró en Cucaracha una sola herida, que, habiendo penetrado por la región supra clavicular, salió por el séptimo espacio intercostal de la región dorsal, cortando la arteria subclavia y produciendo una hemorragia, que debió dar lugar a la muerte poco menos que instantánea.  

        Fueron ocupados los efectos siguientes: tres pistolas, tres grandes cuchillos, dos puñales, cuatro fusiles, una escopeta de dos cañones Lafoncher, un Remington, cinco fusiles Berdan, todas estas armas con su correspondiente bayoneta, arroba y media de cartuchos Berdan y Remington, un kepis, una corneta, barbas postizas y una solicitud muy bien redactada y de muy buena letra, escrita en papel sellado, dirigida a S.M. al Rey don Alfonso XII, y en la cual pedía Cucaracha que le indultara de toda pena y le dejase ir libremente a su casa; además una carta sin concluir de escribirla, pues cuando uno de ellos lo verificaba fueron sorprendidos y muertos; dicha carta iba dirigida al ayuntamiento de este pueblo, pidiéndole sus firmas para el indulto.

       Estos son los hechos, y es tanto el júbilo de este pueblo, que en todos los semblantes se marca la alegría, celebrándose tan fausta noticia con bulla y algazara, reunidos en diferentes puntos.

       Se había llegado al extremo de no poder habitar estos pueblos; todo se encontraba abandonado, los labradores no podían ir a ver sus posesiones, y hora era de que se diera fin a tanto mal, ocasionado por una fiera humana.

     Cinco años de persecución continua y nunca podía darse con el criminal, hasta que la Providencia ha librado al país de grandes males de que se hallaba amenazado, y cuando los bandidos se preparaban para dar tal vez un golpe en Alcubierre que hubiera llenado de luto y de dolor a los corazones de sus habitantes, lo mismo que al país”.  

Mariano Gavín Suñen, Bandido Cucaracha.

Mariano Gavín Suñen, Bandido Cucaracha. Ilustración Cruz Salvador.

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Escribir Mariano Gavín, El Guerrillero que murió una vez.  Felipe Alaiz.

     Felipe Alaiz fue profesor de literatura, escritor y periodista anarquista. Nació en 1887 en Belver de Cinca y murió exiliado en Paris en 1959. Se caracterizó por su periodismo libre y crítico, cercano al pueblo llano y alejado de los círculos distinguidos, de la etiqueta y la pedantería de la intelectualidad española. Uno de sus artículos “Mariano Gavín, El guerrillero que murió muna vez” reconoce la figura de Mariano Gavín, dentro de la serie “Tipos Españoles” que la editorial “Umbral” recogió y publicó en 1962. Gracias a Lourdes y Marga Alcubierre Pueyo de Pallaruelo de Monegros hemos podido conocer tal valioso documentoque a continuación transcribimos.

Mariano Gavín, El guerrillero que murió una vez

Hay héroes populares que lucharon denodadamente por la libertad, que se sublevaron, admirables insurrectos sociales contra la mansedumbre de sus semejantes, encarándose contra la autoridad y contra la capacidad de Camancho el Rico; que no trataron de ejercer dominio alguno. Dejaron ejemplo de dignidad y desinterés y murieron asesinados por las fuerzas malditas.

Generalmente las biografías prefieren personajes de relumbrón. Prescinden del héroe popular y por ello la vida de los héroes populares queda entre leyendas y mentiras. Conviene, pues, reivindicar la memoria de los héroes populares olvidados. Hacia el año 70 del siglo pasado, los Monegros eran las mismas tierras desoladas y esteparias de hoy. Extensión de términos comprendida entre el Ebro y el Cinca, la población vivía esperando siempre el agua del cielo. Sesenta o setenta mil campesinos se limitaban al cultivo de cereales y al pastoreo.

En medio de la miseria general he aquí que aparece por la sierra de Alcubierre, uno de los pueblos de los Monegros, el valiente guerrillero de manta y trabuco, Mariano Gavín.

Diez años seguidos anduvo rondando por la zona esteparia de Aragón que eran los Monegros. Hombre grato a la simpatía popular, figuró en relatos y romances como personificación del valor, la entereza y la picardía. Diez años anduvo por montañas y llanos, vegas y poblados a salto de mata.

Su historia no salió del archivo comarcal. Con “dijendas” y narraciones de viejos campesinos y valiéndose, además, de algún archivo, no muy asequible por cierto, pude reconstruir la vida de Mariano Gavín, a quien llamaban por apodo “Cucaracha”.

-¿Conoció a Gavín?

-Sí, en Albalate.

– ¿Qué hacía allí?

– Estaba herido. Por cierto, que el médico del pueblo, un tal Luis Valdaura, curaba a “Cucaracha” de “escondidas”. Tenía mucho temple Gavín, y era algo socarrón.

-“Cucaracha” era cazador. Tenía mujer guapa y fantasiosa. Ella se dejó querer por un propietario rico, lo supo el marido y mató al seductor.

-Esa no es verdadera, amigo. Gavín no mato al seductor porque no hubo seducción. Gavín  no mató a nadie antes de echarse al monte, ni después tampoco. Se apartó de la vida, conformado, porque tal fue su voluntad.

Contaría a la sazón unos 38 años. Era de poca estatura y de no mucho cuerpo. Los mozos cantaban en el coro de ronda, años después de la muerte de Gavín:

Por la sierra de Alcubierre

siendo un hombre tan pequeño

se pasea “Cucaracha”

cuanto respeto que causa.

Tenía merecida  fama de generoso.  Daba trigo a los pobres y no acumulaba riqueza más que para apaciguar el hambre de los campesinos.

Otra copla clásica en aquella parte de Aragón, dice así:

“Cucaracha” es un gran hombre,

aunque tenga mala fama

porque el trigo de los ricos

lo reparte entre los pobres.

He aquí el relato de un viejo, chaval en la época de Gavín.

En los Monegros, tierra de “Cucaracha”, hay muchos años de escasez absoluta y pocos de escasez relativa. Hubo muchos años malos seguidos y los labradores tenían que comprar el trigo a media talega. Encontró “Cucaracha” al mensajero:

– ¿Qué camino llevas, pequeño?

– Al molino voy.

–  ¿A comprar trigo?

–  Por “mandao” de mi padre.

– ¿Ya llevas los cuartos?

– Escondidos los llevo.

– ¿Por qué los escondes?

–  Podría salir “Cucaracha” de cualquier barranco y “sacámelos”.

– Tu padre te “malimpone”.

– ¡y pobres que somos!

– Pues dile a tu padre que “Cucaracha” no les hace nada a los que trabajan. ¿Cuánto trigo has de comprar?

– Media talega.

– Pues toma esas monedas y puedes comprar talega entera.

Rasgos de ese carácter eran frecuentes en la vida de Mariano Gavín. El viejo baturro hace una pausa corta. Pregunto:

– ¿Qué gente llevaba en la cuadrilla?

– Ferrochón el de Belver, el Zurdo de Lalueza, un tal Valentín, el Pergaroide de Albalate y Carlos el de Almudévar. A Carlos lo mataron por la espalda en el camino viejo de Zaragoza.

– ¿Y no recuerdas el caso del “desorejao”? Tengo oído que era un confidente.

– Ya lo creo que recuerdo aquel caso. Se presento a “Cucaracha” uno de esos sujetos echadizos que empleaban los enemigos del guerrillero contra este. Pero ¿sabes qué consiguió?

– Quedarse sin orejas.

– Justo.

– ¿Cómo fue?

– Estábamos en las trilleras. Era yo chulo (criado joven de labor, especie de aprendiz) de un propietario de cinco pares… Gavín y los que iban con él se acostaron al raso, a la luz de las estrellas. Cada cual se acostó donde quiso y como quiso. «Cucaracha» se hizo la cama junto a un montón de fajos de garba (mies segada), que en el país llaman «fajina». No se acostó. Algo turbio había visto en los ojos de un guerrillero. ¿Qué hizo? Pues se escondió detrás de la fajina, dejando la manta tendida sobre un hato de ropa, como si él estuviera debajo. Cuando calculó el hombre echadizo que dormían todos los guerrilleros se levantó con tiento, llegó hasta la cama de «Cucaracha» y disparó un trabucazo… Pero «el muerto» salió por detrás de la fajina. ¡Ya estaban frente a frente! En dos cuchilladas le cortó Gavín las dos orejas al echadizo, que escapó como lo que era.

-Como una liebre… ¿Sería un andarín «Cucaracha»?

-¿Que si andaba? Doblaba las horas tres veces. Cuando tenía que pasar el Cinca, siempre a deshora, mandaba llamar al barquero del marqués de Ayerbe.

– ¿Ayerbe?

-Sí… tenía el marqués una barca de sirga y aún cobraba derecho de pago como hace cuatro siglos los antepasados. El barquero era un tal Salas, y se levantaba a la hora que fuera sin pereza… Los pobres querían a «Cucaracha» como a un buen hermano.

-¿Y los cucaracheros?

-Eran los que sabían nadar y guardar la ropa sin exponer la piel, los que guardaban dobletas para emprender negocios cuando «Cucaracha» les daba alguna miseria a guardar…

No mató a nadie…

-¿Y cómo murió?

-De una vez.

-¿Cómo «de una vez»?

-Lo envenenaron. Ninguna tropa del Gobierno se atrevía con él, ningún civil se le acercaba, los chupatintas le temblaban. Si se quería ver correr a un escribano o a un alguacil sólo había que decir: «¡Que viene «Cucaracha»!» Tenía tan buena puntería, cazador de afición, que a cuarenta varas rompía un alambre de un balazo.

-¿Y dice que murió envenenado?

-Fue un mozo a buscar vino a Alcubierre. El vino era para «Cucaracha» y el mozo cometió la imprudencia de decirlo. Inmediatamente se prestó un boticario a «arreglar» el vino con narcótico en ausencia del mozo. Bebió «Cucaracha» y cayó dormido como un tronco, igual que la gente que iba con él en el corral de una «paridera» (majada). Llegaron los civiles al mando de un sargento que se llamaba Salanova, y dispararon contra los que dormían a una distancia de seis o siete metros. Los acribillaron a balazos…

El oír al viejo baturro evoca la muerte de Sacha Yegulev de Leónidas Andeief, el mismo salvaje encono, la misma cobardía.

El cadáver de Gavín con los de cuatro que le acompañaban fue expuesto en la plaza de Lanaja -dice el viejo-. Cuatro días estuvieron allí con las armas que llevaban: cinco trabucos, una tercerola, un sable, cinco puñales, un zurrón de pastor lleno de cartuchos y un saco de pólvora y municiones.

Y el viejo entorna los ojos como si quisiera atalayar el tiempo

En los Monegros, tierra frecuentada por «Cucaracha», hay grandes macizos montañosos que Gavín conocía a palmos, lo que le permitió burlar toda vigilancia en un período de diez años. Contaba, además, con la ayuda del estado llano: pastores, labradores, barqueros y cazadores. En la ribera del Cinca y en el monte, «Cucaracha» «mandaba a decir» lo que quería a sus perseguidores mediante carteles de desafío y fachenda. Fue un proscrito en todo. No acabó su vida en la cárcel como tantos guerrilleros convertidos la acaban cubiertos de papel sellado, indultos y hasta oraciones. No se hubiera dejado cazar vivo. Era áspero y socarrón cuando otros eran desleídos sentimentales. ¡Caso raro! En la vida de «Cucaracha» no hay lances amatorios ni novelería por entregas. Hubiera sido hoy un guerrillero admirable de la revolución social. Después de su vida entre riscos, rechazó toda invitación de indulto y murió de una vez”.

* De “Tipos Españoles”, segunda parte Felipe Alaiz. Umbral.

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De las memorias de Millán Astray.

    El Imparcial,  junio de 1918 el diario madrileño.“De las Memorias de Millán Astray”, Visión de sangre. José Millán Astray fue un abogado e intelectual padree del militar José Millán Astray, fundador de la Legión y de Radio Nacional de España.

“Los montes de Alcubierre, en las provincias e Huesca y Zaragoza, fueron muchos años la guarida de la cuadrilla de bandidos capitaneada por el célebre «Cucaracha».

Los habitantes de aquella región, en especial los de Sariñena, vivían en continua congoja; los pudientes pactaron con el malhechor el precio de su benevolencia y pagaban religiosamente una contribución como garantía para no ser molestados por los feroces secuaces del ladrón “montañés”.

Protegido por los poderosos, que le temían; tolerado por los más humildes, a quienes trataba con afecto; bien recibido por los venteros, a los que pagaba con esplendidez, imperaba tranquilamente en su feudo, y la Guardia civil no podía darle caza porque brotaban confidentes que comunicaban a «Cucaracha», con precisión, las maniobras de la benemérita.

Al fin fue sorprendido un día, cogido in fraganti, haciendo armas contra los guardias; sucumbió en la lucha, terminando el vergonzoso imperio de un bandido que llegó a adquirir triste celebridad en toda la tierra aragonesa.

Varios de sus compañeros fueron condenados a presidio, y uno de los principales, por bravo y astuto, ingresó en el de…

Cuando llevaba dos años de condena fui destinado a mandar aquel penal, y al punto me contaron la historia de Ramón, encargado de la enfermería y modelo de confinados.

Aprendió el antiguo bandolero a leer y escribir, solicitó una plaza de enfermero, dióse una buena maña para cuidar a los enfermos, a quienes trataba con dulzura y cariño, que al vacar la del jefe de la sala se le confirió tan apetecido cargo, y satisfechos estaban todos de la acertada elección.

 Jamás hacía alusión alguna a la pasada vida; casi todos los reclusos recuerdan los hechos, origen de sus condenas; unos, con cínica desenvoltura; otros, lamentando su desgracia; Ramón no hablaba nunca de sus pasado, y si algún atrevido osaba recordárselo, callaba, y ante un insistente preguntar, se retiraba con prudencia, pues no daba nunca motivo para la más ligera corrección.

A los pocos meses de desempeñar la dirección del presidio sentí una mañana molestia en la garganta; a la caída de la tarde me visitó el médico, diagnosticando mi enfermedad de angina catarral aguda.

Experimentaba una incomodidad enorme, que aumentaba por momentos, y el doctor consideró necesaria la aplicación inmediata de sanguijuelas, para rebajar la inflamación que me sofocaba, congestionándome.

No pudo acudir un practicante de la capital, y ordené subiese Ramón a desempeñas sus funciones; mi pabellón estaba dentro de rastrillos y no hacía falta alguna de utilizar sus servicios.

Penetró minutos después en mi alcoba emocionado, vacilante; traía en las manos una jofaina y un frasco con los repugnantes anélidos.

En tanto que preparaba todo lo necesario para practicar la operación, yo examinaba detenidamente a aquel hombre.

Era de pequeña estatura, moreno, enjuto, frente deprimida, pelo cortado con precisión reglamentaria; mandíbula inferior muy saliente, pabellones de las orejas muy caídos, manos largas y brazos muy desproporcionados. Era muy difícil apreciar el color de sus ojos, jamás miraba de frente, bajaba la vista ante la de los demás.

Se expresaba con dificultad, temeroso de pronunciar alguna palabra inconveniente; cuando se le daba alguna orden, no contestaba nunca, la cumplía en el acto, si era urgente, con la posible prontitud; si daba tiempo lo mandaba, pero siempre bien.

Al fin, Ramón terminó su faena preparatoria y quedó callado.

-¿Podemos empezar? -le pregunté.

-Cuando disponga -respondió; y comenzó la ingrata tarea.

Con más o menos rapidez todos los bichos hicieron presa, y en tanto se ponían repletos se me ocurrió preguntar a aquel hombre tan extraño algún detalle de su vida.

Causóle mala impresión mi requerimiento, y yo le dije que si le molestaba mi curiosidad, diese por no manifestado mi deseo.

Creyó, acaso, que yo podría incomodarme, y, después de después de pasar repetidas veces la mano por su frente, dijo así:

-No sé, señor, lo que usted quiere saber; pero lo presumo por lo que todos me preguntan. Las gentes cuentan una porción de cosas de mis antiguos compañeros, que casi todas son mentiras; demasiado sé que no hacíamos bien con apropiarnos de lo que no era nuestro, pero nunca sacrificamos a un pobre, nunca derramamos sangre…, sino en casos muy necesarios.

Casi salimos a la sierra por necesidad; unos, para evitar la miseria; otros, como yo, para huir de la justicia.

Tuve una cuestión en mi pueblo; un hombre me buscaba siempre riña, y sucedió lo que era inevitable, le maté; después… huí y más tarde me uní a la partida de «Cucaracha».

No había robado nunca, no tenía historia; un tabernero, que me prestaba asilo a veces, gran amigo de aquel, me aconsejó, como única salvación, me incorporase a la partida; convencido yo de la necesidad de hacerlo, una noche me presenté y desde entonces seguí su suerte.

Contaba «Cucaracha» con recursos; muchos propietarios le proporcionaban cantidades; pero no siempre se podían recoger porque la Guardia civil no nos dejaba vivir. Entonces era preciso… robar, nunca a los pobres, repito; si las personas eran juiciosas, no se las hacía nada; si se oponían, si querían pelear, no había más remedio que aceptar la lucha, y entonces…

Ramón calló; la conversación no le impedía atender su trabajo y con solícito cuidado limpiaba mi cuello, separando alguna de las sanguijuelas que, harta de sangre se había desprendido.

Su voz se había animado; su palabra era fácil; su cabeza estaba más erguida, y yo, al ver aquella transfiguración, excitado por insana curiosidad, le rogué que siguiese.

-Recuerdo -dijo- la primera vez que me vi precisado… a hacer daño. Sabíamos que un tratante e granos regresaba a su pueblo, procedente de Huesca, que debía haber cobrado unos 12.000 reales y los traía encima. Yo fui encargado con otro, un muchacho de veinte años, para esperarle.

Escondidos tras unas matas aguardamos unas dos horas; muy poca gente cruzó el camino; cuando ya estábamos desesperanzados, sentimos pisadas de una caballería y dobló un recodo el tratante, que montaba un buen caballo y traía colocada en la delantera de la montura una escopeta.

Estaría a cinco metros de nosotros, cuando di un salto y, colocándome en medio del camino, le encañoné con mi retaco.

Era muy bravo aquel hombre; paró en firme el caballo, echó mano al arma, y al oír mi voz que le dijo: «Ríndete o te mato», la amartillo…; pero yo no le dejé concluir la operación, disparé, «dio la vuelta del conejo» y cayó al suelo, despedido por el caballo, que al verse libre, emprendía veloz carrera.

Era preciso despachar; la noche se echaba encima, podía venir gente, los guardias acaso.

Lleguéme al que ya era cadáver, ¡bien muerto estaba!, le había metido una bala en el corazón; ¡de algo me había de valer haber sido cazador!

El chaval me auxilió; buscamos en el bolsillo del chaquetón: nada; pero entre la faja había un bolso verde lleno de monedas de cinco duros, que se veía relucir entre las mallas de seda.

Cogimos el cadáver, lo escondimos en el sitio que nos había servido para ocultarnos y allí lo encontró a los tres días un pastor.

Ramón, olvidado ya de sus cortedades, accionaba con vigor, acompañando su relato con movimientos que semejaba la acción de lo que refería; su voz era llena, sus ojos despedían rayos, las manos las tenía teñidas con mi sangre; se había transfigurado.

Yo estaba verdaderamente horrorizado; sus ojos me asustaban; no sé si en aquel momento me tomaba el antiguo bandido por el tratante de Huesca; pero sí sé que, al refrescar su memoria, se había olvidado del director de la prisión.

Fijóse de repente en mi cuello, vio que la última sanguijuela se había desprendido, dirigió sus manos cubiertas de sangre a mi garganta, y al ver la acción creí que me iba a estrangular; sugestionado, sin poder impedirlo, me incorporé de repente, dirigí la mano a la mesa de noche, en cuyo cajón tenía un revólver… En aquel instante presentóse el médico del penal en la puerta de la alcoba; el penado se cuadró ante su jefe inmediato; tembloroso, aturdido, terminó su faena.

Nunca pude saber la continuación de la historia; no quise preguntarle más; cuando me veía, clavaba los ojos en el suelo, ocultaba las manos tras la espalda; si en la enfermería se practicaba una operación en que rojo líquido corría, Ramón no asistía jamás; si en las riñas, tan frecuentes entonces en los presidios, resultaba algún herido o muerto. Huía; al ver sangre se sentía bandido y los esfuerzos supremos de su voluntad no podían dominar el fatal impulso de su ser”.

trabuco

El bandolerismo continua.

          Tras la caída de Mariano Gavín Suñen muchos bandoleros continuaron sus fechorías por la redolada monegrina. En los diarios de la época encontramos algunos testimonios de su actividad bandolera hasta cinco años después cuando en 1880 se pone fin al bandolerismo en la comarca de Los Monegros. Diario de Barcelona de 1 de abril de 1875: “Alcubierre 25 de marzo. En la tarde de ayer, entre una y dos, conducía desde Sariñena a Zaragoza una pequeña fuerza de la Guardia Civil el preso Manuel Isabal Comín, compañero de glorias y fatigas del difunto Cucaracha y uno de los presuntos autores del secuestro de D. Juan Ruata, cuando al llegar al punto denominado casa de Lasierra, lindante ya con el monte del cercano pueblo de Leciñena, salieron de improviso diez o doce hombres armados que empezaron a dar voces a la Guardia civil para que soltasen el preso, haciendo al propio tiempo varios disparos, a lo que contestó denonadamente la fuerza pública, dando por resultado la muerte de Isabal, ahuyentándose los otros sin que ninguno pudiera ser habido. El juzgado municipal, que se constituyó en el sitio de la ocurrencia, volvió después de algunas horas, conduciendo el cadáver en un carro”.  En el Diario de Barcelona del 18 de junio de 1875 se puede leer: “Se lee en el Diario de Avisos de Zaragoza, Sena 11 de junio. Vi hace algunos días en el periódico de su digna dirección una carta de Sariñena que relataba la entrada en este pueblo de una supuesta partida carlista, pero en realidad cuadrilla de ladrones.  Constaba ésta de once o doce hombres, y apenas llegaron cogieron al alcalde obligándole a que le acompañara en su visita a las casas de los señores Lacruz, teniente alcalde Castan, juez municipal, mosen Antonio Calvo y Blas Almerge. Reunidos estos por fuerza en casa del ayuntamiento, pidieron 14 trimestres de contribución, y de alla fueron a llamar a la casa de Fernando Galindo, que se negó a abrirles  y comenzó a tocar la campana del oratorio, esto púsoles bastante en cuidado, pero sin renunciar a su primitivo intento volvieron acompañados del dicho teniente alcalde y del alguacil, provistos de hachas, con las que dieron principio a su propósito de derribar la puerta; en este momento comienzan a oír varios tiros de revólver disparados al aire desde la misma casa, y aquí fue Troya. Aturdidos y azarosos los ladrones comenzaron a consultar entre sí, y éste fue el momento que aprovecharon aquellos dos funcionarios para escurrirse disimuladamente: entonces aumentaron las vacilaciones, y cogiendo 4.0000 rs. y pico que exigieron de castan y mosen Antonio sin detenerse a contarlos tomaron las de Villadiego a todo escape. Créese que algunos de los ladrones eran gitanos”. 

Los Carlistas liberan algunos bandoleros

     Parece que las tropas Carlistas merodeaban por la comarca y el 10 de julio de 1875 invadieron Sariñena por parte del ejercito carlista al mando del general Dorregaray. Diario de Barcelona del 13 de julio: “Huesca 10 de julio. En Sariñena los carlistas han cometido tropelías, y entre ellas la de más bulto, es el haber soltado los batallones valencianos a los presos de la cárcel, entre los que existían ocho  o diez cómplices del bandido Cucaracha que días antes habían intentado evadirse. Las facciones todas reunidas, con sus principales jefes Dorregaray, Gamundi, Boet, Adelantado, Alvarez, Cucala, cura de Flix, Muñoz, etc. se suman un conjunto de diez u once hombres”.

Bandoleros uniformados de Guardia Civiles

      Diario de Barcelona del 23 de julio de 1875: “En una correspondencia de Lérida de 22 de julio se lee -Anoche entraron en el pueblo de Belver de Cinca diez hombres disfrazados con el honroso uniforme de la Guardia Civil y pidiendo al alcalde alojamiento en las casas que se designaron. Conociendo sus intenciones malévolas, el alcalde llamó a varios vecinos y se trabó una lucha de funestas consecuencias, pues aun cuando los bandidos sufrieron  terrible escarmiento en la lucha, pereció el valeroso alcalde y salieron gravemente heridos el teniente y secretario del ayuntamiento”.

De la apresión del bandolero Miguel Senar Ríos, “De Diego.

      Del Diario de Barcelona del 19 de diciembre: “De Belver de Cinca le escriben con fecha 4 al Diario de Avisos de Zaragoza. En la tarde del 27 del mes próximo pasado, habiéndose tenido noticia de que en una de las casas de este pueblo se oculta el celebre bandido Miguel Senar Ríos “De Diego”, el señor alcalde Don Mariano Soldevilla Foj, asistido del teniente alcalde, el secretario y los guardias civiles del puesto Lorenzo Lacustra y Real, mientras los demás se situaban cerca  de las tapias del corral. Luego que penetró en el patio, se abrió una pequeña puerta, apareciendo, a la luz que proyectaba un candil, en primer término, el amo de la casa, y en el interior el terrible bandido, a quienes se le intimó varias veces la orden de rendirse; pero lejos de ello, con un movimiento rápido, el bandolero cogiendo su trabuco, lo disparó, hiriendo con sus proyectiles al guardia Lacaustra; pero éste, con un valor digno de recompensa, atravesó de un balazo el pecho del bandido. Mortal fue la herida; mas a pesar de ello, justificando el bandolero el terror de que era objeto en la comarca, se dirigió con ímpetu desesperado hacía el patio, con objeto de hostilizarles de nuevo; pero el guardia Real de un disparo le atravesó el cuello, quedando muerto en el acto y concluyendo así una vida de crímenes y asesinatos. El día 28 estuvo expuesto al público su cadáver hasta las diez de la mañana”. 

La sombra de Cucaracha

      Diario de Barcelona del 3 de enero de 1876. “De Belver de Cinca con fecha 28 de diciembre escriben al Diario de Huesca. Cuando en este país se gozaba de una tranquilidad inalterable, cuando los propietarios podían ir a ver sus posesiones más distantes, desde la muerte de Cucaracha y compañía y desde la desaparición posterior de otros de igual índole, ha venido a sorprendernos y a perturbar nuestra tranquilidad y reposo la aparición  del bandido Juan Blasco, de Osso, que con tres más a pocos días se fugó de las cárceles de Segorbe, al que ya se supone unido a la cuadrilla del Cerradilla en número de 14 o 16. Si bien es cierto que la Guardia Civil del puesto de Belver anda muy solícita en su busca, también lo es que el Blasco reune muy buenas condiciones para su oficio; pues además de la mucha protección que siempre ha encontrado en sus paisanos, es conocedor del terreno, valiente, osado y atrevido, y como no ignora el funesto fin de sus antiguos compañeros, ni al que a él se le espera, será todavía más perspicaz, por cuyas razones su captura es más difícil”.

      Diario Imparcial de Madrid, 6 de enero de 1876: “Ya está preso en la cárcel de Gurrea de Gállego el bandido Blásco, de Osso, “la Víbora”, cuya aparición había alarmado a los pueblos de la ribera del Conca”.

La captura de Mayarito

     Correspondencia de España, Madrid 9 de septiembre de 1876: “Ha sido muerto en Pina el ladrón Mayarito, de la cuadrilla de Cucaracha. Parece que hace pocos días acometió a un vecino de Gelsa en el camino de Almolda, exigiéndole 8.000 reales; y manifestando que no los tenía lo llevó a un cerro próximo donde le apuntó con su trabuco, pero no salió el tiro. Entonces se armó una lucha entre los dos, siendo despeñado por el cerro y muero Antonio Salvador Mayarito”.

El Farineza

      Agustín Alaman Corvinos, El Farineza, lugarteniente del Cucaracha continúa sus andanzas tras la muerte del Cucaracha. Parece ser que escapo a la matanza de febrero de 1875 en Lanaja. Fue capturado el 11 de octubre de 1879, uno de los últimos hombres de l a partida del Cucaracha. Dos años antes había actuado por Sariñena.

       Correspondencia de España, 27 de septiembre de 1877: “Parece que los tres o cuatro malhechores, entre los cuales figura un tal Alaman “Farineza”, procedentes de la partida carlista que mandó el célebre Cucaracha, han tratado de sorprender una casa de campo en el término de Sariñena”.

Secuestro a Mariano Marcellan

        Diario de Avisos de Zaragoza del 14 de julio de 1880. “A las siete de la noche fue secuestrado anteayer en la sierra de Lanaja, el vecino de esa villa D. Mariano Marcellan. El hecho tuvo lugar a la sazón en que se hallaba el propietario referido en uno de sus campos, acompañado de un solo dependiente. Los dos ladrones que le intimaron la rendición y que le dispararon un tiro, aunque por fortuna, sin herirle, se supone que son los que vagan hace un mes por la sierra de Alcubierre. Una vez apoderados los ladrones del señor, enviaron a un criado una carta, para que la familia de aquél entregase como precio de rescate seis mil duros. Según nuestras noticias, pudo al fin conseguirse la libertad a la mañana siguiente, mediante la entrega  de seis mil reales. Esta es ya la segunda vez que el propietario referido ha sido secuestrado en la mencionada propiedad, según carta que nos envía nuestro corresponsal en Lanaja”.

Manuel Maza Lacasa

        Manuel Maza Lacasa, quien de joven protagonizo el último capitulo del bandido Cucaracha, llevando el vino el día de la muerte de Mariano Gavín, acabó  como capitán de bandoleros.

El fin del bandolerismo en Los Monegros

         Cinco años después de la muerte de Mariano Gavín Suñen, el bandolerismo en la comarca de Los Monegros continúa siendo un grave problema de orden social. Así siguen apareciendo noticias en diferentes medios de la época. La Provincia de Huesca, 10 de agosto de 1880: “Escriben de Lalueza que a pesar de la activa y extrema vigilancia de la Guardia Civil, es lo cierto que en aquella comarca se ha instalado una banda de malhechores , que no parece fácil de ahuyentar y que es fuerza sin embargo que desaparezca. En dicho pueblo no se puede salir a las afueras sin riesgo, pues hay quien asegura que varios vecinos la han visto a un cuarto de hora de distancia por el día, y por la noche a algunos de sus individuos por las calles”. Correspondencia de España de Madrid, 12 de agosto de 1880: “Continúa la alarma en Alcubierre, Lanaja y Lalueza, a causa de vagar por aquella comarca algunos secuestradores. Se están haciendo batidas para capturar a los criminales”. 

         En 1880 se pone fin al bandolerismo en Los Monegros, dejando atrás episodios trágicos pero que con el paso del tiempo han dado lugar a una de las mayores leyendas del bandolerismo español: El Bandido Cucaracha. Es una historia llena de aventuras y anécdotas, de sorprendentes episodios llenos de inteligencia y astucia, de sucesos por descubrir. Mariano Gavín Suñen es una gran figura, un personaje para la historia.

       A la memoria de todas las victimas, muy especialmente a Mariano Gavín Suñen y a todas las personas que, nadando a contracorriente, con solamente intentarlo, han conquistado la libertad.

 Sierra alante Cucaracha

Sierra alante cucaracha

por olvidadas estepas

de sabinas solitarias

galopante bandolero

forajido monegrino.

Sierra alante Cucaracha

por vagos horizontes

y oscuros paramos,

negro bandolero

por los montes de monegros.

Sierra alante Cucaracha

forajido bandolero

por los rabiosos secanos

donde la libertad

guarda tu memoria.

Sierra alante Cucaracha

por la sierra de Alcubierre

Mariano Gavín Suñén

siempre “El Cucaracha”.

          “A los sesenta años de la muerte de Mariano Gavín Suñén, “El Cucaracha”, otro Gavín de Alcubierre muere abatido por los disparos de la policía en Zaragoza”. Alberto Lasheras recoge la historia de José Gavín Casáus “El Maño”: “El siglo XIX fue testigo de las acciones del bandido “Cucaracha” y en la primera mitad del XX, fue noticia uno de sus parientes, militante de la FAI y activista de la CNT”. Otro Gavín de Alcubierre. 

Bibliografía:

Zancarriana w

La sierra de Alcubierre


La sierra de Alcubierre corresponde a una muela situada en el sector central del valle del Ebro, con una clara dirección noroeste-sureste, divide la comarca aragonesa de Los Monegros entre la parte zaragozana y la oscense, entre la formación yesifera de Zaragoza y la detrítica de Sariñena. La sierra ocupa una superficie aproximada de unos 400 Km² (40.000 ha) y su altitud varia de los 400 m hasta sus máximas cotas de San Caprasio (811 m) y monte Oscuro (820 m). 

sierra

La sierra de Alcubierre es la gran desconocida, una sierra que esconde una gran riqueza natural y paisajística en el centro del ecosistema estepario de Los Monegros. Un  lugar único donde perderse y encontrar el silencio, el sosiego y la serenidad en plena naturaleza, un entorno que lucha por sobrevivir en un territorio difícil y extremo. Una sierra muy especial, una sierra para aventurarse y sorprenderse por su gran biodiversidad.

La sierra de Alcubierre

  • Descripción del medio

Sierra AlcubierreLa sierra de Alcubierre se encuentra en la unidad de relieve de la Depresión del Ebro, un valle de carácter endorréico que constituye una amplia fosa tectónica, originada por erosión a finales del Terciario. La sierra es un extenso e importante relieve estructural, de más de 50 km de longitud, compuesto por plataformas tabulares formadas por erosión diferencial, ligeramente basculadas hacia el norte y taludes en la franja meridional y occidental de naturaleza más deleznable (arcillas, margas y yesos), profundamente moduladas por una densa red de barrancos. Predomina un techo resistente de naturaleza carbonatada (calizas, conglomerados y areniscas), seguido por la alternancia de las diferentes capas litológicas blandas y duras, configurando una morfología de muela, pero con una clara identidad de sierra.

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* Azud de Bastaras

Los usos agrícolas y ganaderos tradicionales han sido las principales actividades en la zona, actualmente la ganaderia se encuentra en regresión, y son contados los rebaños que todavía pastan por la sierra. Existe un amplio y deteriorado conjunto de aldeas (casetas de monte), corrales y parideras, balsetes, balsetas y balsas y tapiales… un rico conjunto patrimonial, arquitectónico y cultural que va desapareciendo y que, con la responsabilidad y el respeto a nuestro pasado, no deberíamos dejar perder.

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*San Martín en Peñalveta

La sierra de Alcubierre comprende los términos municipales de Alcubierre, Castejón de Monegros ,Farlete, La Almolda, Lanaja, Leciñena, Monegrillo, Perdiguera, Pina de Ebro, Robres, Sariñena, Senés de Alcubierre, Tardienta y Torralba de Aragón. 

Soldados de las Milicias Populares

* Soldados de las milicias populares

Durante la contienda de la Guerra Civil Española, la sierra formó parte del frente de Aragón, como testimonio quedan una serie de trincheras, algunas restauradas, configurando la “ruta Orwell”,  testimonio del paso del conocido escritor británico George Orwell. La fotografía “Soldados de las milicias populares, Sierra de Alcubierre” corresponde al fotógrafo  Agustí Centelles, conocido reportero gráfico que cubrió diferentes acontecimientos de la guerra civil (Colección Reina Sofia). La sierra de Alcubierre continúa siendo un enclave natural muy desconocido, pero son numerosas las rutas de bicicleta de montaña que se van desarrollando por su entorno, al igual que rutas senderistas.

* San Caprasio

* San Caprasio

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* Balsete

En la base de la sierra el uso del suelo es agrícola, formando un mosaico de cultivos de secano y áreas naturales y seminaturales. Por las zonas más degradadas, principalmente por el sobrepastoreo, y en los taludes aparece matorral termófilo, que puede soportar temperaturas relativamente altas. Destacan las comunidades gipsícolas ligadas a afloramientos yesíferos en zonas bajas. Por el piedemonte encontramos sabinares que van transformandose en bosque de formaciones arbóreas de pino carrasco a medida que se va tomando altitud, donde encontramos pequeñas áreas de bosque mixto (pino carrasco, quejigos y carrascas). La masa forestal proviene de forma natural y de repoblación, presentando un desarrollo evolutivo alto (latizal y fustal), clasificado como de alta calidad su nivel evolutivo, cercano al climático.

La sierra se ubica entre las cuencas del Gallego y del Alcanadre, por sus montes no discurre ningún curso fluvial. Sus laderas son pronunciadas, de materiales deleznables, muy especialmente al sur, presentando una densa red de vales, barrancos o tollos y cárcavas que constituyen una importante red de drenaje, propio de un paisaje mediterráneo y árido.

sabina fosil

*Tronco de sabina fosil.

El tronco de sabina fosilizada fue encontrado en una aldea del monte de Alcubierre, corresponde a la Era Terciaria, a los periodos Aragoniense y Vallesiense, entre 20 y 13,5 millones de años. “Antes de que apareciese el Homo Erectus (1,6 millones de años)”, apunta Alberto Lasheras Taira, quien ha estudiado el fósil y nos aporta la valiosa información que reproducimos: “El fósil es una sección irregular de tronco, la mineralización resultante conserva diferentes colores: blancos, ocres, marrones, grises y en algunas zonas presenta formaciones cristalinas de calcita (carbonato cálcico), que le dan un aspecto muy diferente a otros fósiles de origen vegetal encontrados por aquí”. Es el caso de otro fósil encontrado en Alcubierre, de buen tamaño es totalmente gris, con una buena conservación de las formas de la corteza. Aunque sin documentar, hay menciones de otros fósiles de sabina en Farlete y en Lanaja.

El proceso de formación del fósil sucedió en un ambiente húmedo, al caer en la orilla de un lago de escasa profundidad, con gran contenido en sales carbonatadas tipo calcita. Se produce un intercambio de materia orgánica por sustancias minerales, sobre todo en las partes exteriores, más duras. En un ambiente más caluroso y húmedo que el actual, con amplias zonas de lagos y sabanas cubiertas con bastante vegetación herbácea, el fragmento de tronco de sabina, se enterró en un sedimento arcilloso rico en carbonatos que lo protegió y favoreció el proceso de conservación y fosilización. La aparición del mismo, puede producirse como un bloque removilizado, que debido a la erosión de los niveles arcillosos margosos en los que estaba encajado, más blandos que el fósil, han desaparecido y lo han dejado visible.

Alberto Lasheras Taira

  • Climatología

En los Monegros el ambiente climático es seco y estepario, de carácter subdesértico. Es una de las zonas más cálidas de la península ibérica, alcanzando los 35º en verano, suele sufrir olas de calor con máximas de hasta 40º, favorecidas por la presencia del anticiclón de las Azores. En la sierra de alcubierre se reduce el extremo régimen térmico, en relación a su aumento de altitud.  La pluviometría es escasa, difícilmente llega a superar los 400 mm anuales, e irregular en su distribución anual. La fosa de hundimiento de la cuenca del Ebro aísla de los frentes nubosos, al mismo tiempo que el efecto “foehn” produce corrientes de aire calidas. Son frecuentes las tormentas en periodo estival, algunas secas y con abundante aparato eléctrico. La escasez de lluvias y las altas temperaturas determinan el clima seco, con un fuerte déficit hídrico, la sierra de Alcubierre presenta un balance hídrico que oscila de los -700 a los -400 mm. El viento predominante es el cierzo, de dirección WNW, que alcanza altas velocidades y alta persistencia, que con el bochorno, viento de dirección ESE, son vientos muy  secantes.

* Quejigo.

* Quejigo.

En invierno son frecuente las inversiones térmicas, presencia de nieblas, conocidas como “boiras”, aportan humedad en los vales y zonas bajas de la sierra, convirtiendo estas zonas en más frías que las zonas elevadas de la sierra. Este fenómeno favorece la presencia de los característicos y singulares sabinares monegrinos. La temperatura media en diciembre y enero son de 5ºC, llegándose a registrar mínimas de -12ºC, siendo frecuentes las heladas desde finales de octubre a principios de abril .

 

 

  • Figuras de protección
 Mostajo (Sorbus Aria)

Mostajo (Sorbus Aria)

El enclave natural está declarado como zona ZEPA (ES0000295) y LIC (ES2410076) de la Red Natura 2000 por mantener una importante masa forestal de pino carrasco con sabina albar y matorral gipsófilo en el piedemonte, además de ser refugio y hábitat para diferentes poblaciones de aves. La fauna es abundante, lugar de paso de grandes rutas migratorias de aves, sin olvidarnos de la importante biodiversidad de insectos, arácnidos, reptiles y mamíferos que moran la sierra del secano aragonés.

Mantiene importantes poblaciones de aves, destacando el caso de las rapaces forestales mediterráneas, con Milvus migrans, pequeños núcleos meridionales de Milvus milvus, abundante presencia de Circaetus gallicus e Hieraaetus pennatus, y una alta densidad de Aquila chrysaetos,   mayoritariamente nidificante en pinos. Población regresiva, años atrás muy importante, de Neophron percnopterus, y sin duda abundante Bubo bubo en las cárcavas y barrancos. Importantes comunidades meditarráneas, siendo abundantísimas Sylvia undata, Galerida theklae y en las zonaas arboladas Lullula arborea. Buena población de Oenanthe leucura.

ZEPA (ES0000295)

  • Flora

Formaciones forestalesLa baja precipitación favorece a las plantas xerófitas, vegetación adaptada a ambientes secos. En los taludes abundan los matorrales termófilos, que pueden soportar elevadas temperaturas, y mediterráneos, especialmente la coscoja (Quercus coccifera), el romero (Rusmarinus oficinales), tomillo (Thymus vulgaris), sisallo (Salsola verniculata), retama (Retama sphaerocarpa), osagra (Atriplex halimus), ontina (Artemisa herba-alba) aliaga (Genista scorpius), aladiermo (Rhamnus alaternus), escambrón (Rhamnus lycioides), bufalaga (Thymelea tinctoria), etc. En los fondos de barrancos y umbrías muy humedas encontramos formaciones mediterráneas con pistacias (Pistacia terebinthus), madroños (Arbutus unedo), endrinos (Prunus spinosa), gabardera (Rosal sp.), boj (Buxus sempervirens), madreselva (Lonicera implexa), rusco (Ruscus aculeatus), Bupleurum rigidum, Thalictrum tuberosum, etc. Algunos arces de montpellier (Acer monspessulanum), serbales (sorbus domestica), majuelos (Crataegus monogyna), olmos (Ulmus minor), temblón (Populus tremula)… van apareciendo tímidamente por la sierra. Como comunidades gipsícolas, ligadas a afloramientos yesíferos, encontramos Ononis tridentata, Gypsophila hispanica, Heliantemun squamatum, etc.

“Las mejores calidades de estación están relacionadas con la presencia de Juniperus phoenicea, Quercus ilex ssp. ballota, mientras que Dorycnium pentaphyllum y Helychrisum stoechas se relaciona con las peores calidades.”

Rafael Rodríguez-Ochoa

Vegetación potencialLa base de la sierra, entre los 300-450 m de altitud, se encuentra ocupado por el dominio del Coscojar – Espinar con Sabina Albar (Juniperus thurifera) que aparece acompañado de la sabina negral (Juniperus phoenicea) y el enebro o “chinebro” (J. oxycedrus). Aproximadamente, entre los 800 m. de altitud, la sierra comprende el dominio del coscojar continental con pino carrasco (P. halepensis), excepto en algunas zonas de umbría. A partir de los 500 m, encontramos el dominio del Carrascal (Quercus ilex sp.) con algunos ejemplares de Cajicos (Quercus faginea).
Nivel evolutivo

El pinar ocupa una extensión de  9520,97 hectáreas, representando un 25,58% del total de la superficie. El bosque mixto de pinar con encinas y quejigos ocupa una superficie de 387,67 has, los sabinares 131,07 has y la xeroestepa subdesértica 577,2 hectáreas. La formación vegetal más amplia son los matorrales: grandes formaciones de matorral denso o medianamente denso (2888,27 has.), matorrales subarbustivos o arbustivos muy poco densos (1741,8 has.), matorral boscoso de frondosas (82,15 has.), matorral boscoso de coníferas (3708,22 has.) y matorral boscoso de bosque mixto (276,3 has.).

El suelo en las zonas húmedas el suelo aparece cubierto por pinaza (aciculas), gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), liquenes y musgos (briófitos). La asociación ANSAR (Asociación Naturalista de Aragón) identifico los siguientes musgos por la sierra: por la zona de Puy Ladrón Pleurochaete squarrosa (muy común), richostomum sp., Didymodon sp. y Homalothecium lutescens. Por el monumento: Bryum sp., Syntrichia sp., Hypnum cupresiformeBryum torquescens, Brachythecium sp., Radula complanata (hepática, encontrada en el pie de una carrasca), Frullania dilatata. ( hepática, fue vista en varios pies de sabina)y Aloina sp. Encalypta vulgaris cf. Más al sur encontraron Paeonia officinalis microcarpa y Rosa pimpinellifolia en flor. Por  Farlete: Crossidium sp., Grimmia sp., Orthotrichum sp. y  en una sabina Aloina sp. José Carlos alfranca Marcen de Leciñena tiene fotografiado el helecho Asplenium adiantum-nigrum.

  • Fauna

Destacan las rapaces forestales mediterráneas, el milano negro Milvus migrans y pequeños núcleos meridionales de milanos reales Milvus milvus, abundante presencia del águila culebrera Circaetus gallicus y águila calzada Hieraaetus pennatus, hay una alta densidad de águilas reales Aquila chrysaetos (nidifica en pinos). Población regresiva, años atrás muy importante, del alimoche Neophron percnopterus, y sin duda abundante el búho real Bubo bubo en las cárcavas y barrancos. Por las derruidas aldeas es frecuente el mochuelo Athene noctua y es frecuente el paso de buitres y otras aves carroñeras que tienen por la zona de Monegrillo un muladar al que acuden en gran cantidad.

Habitan la sierra gran cantidad de insectos, arácnidos de los que cabe destacar la tarántula (Lycosa tarantula y Lycosa radiata) y escorpión amarillo o arraclán (Buthus occitanus), encontramos ranas, sapos, lagartos (Verdes y ocelados) y culebras por las balsas. Los mamíferos son más difíciles de observar: zorros (rabosas), jabalíes, conejos, liebres, jinetas, tejones y recientemente observados ciervos y corzos.  (Ver Los mamíferos en Los Monegros)

  • Incendios forestales, su mayor peligro

Históricamente la frecuencia de incendios forestales es baja, al igual que su gravedad, por lo que su peligro estadístico es bajo. Pero según los datos del PROCINFO (Plan especial de protección civil de emergencias por incendios forestales de Aragón), la sierra presenta un peligro estructural extremo (ante situación desfavorable estival) de acuerdo a su facilidad de propagación y la dificultad que entraña su control, la peligrosidad media también es extrema en su amplio dominio forestal. El riesgo de incendios por causa natural de rayos es bajo y tan sólo el riesgo antrópico, por su interfase con el medio agrícola, es motivo de consideración. A pesar de los pocos incendios forestales, ninguno de consideración en las últimas décadas, o que exista constancia, existe una peligrosidad potencial de incendio forestal muy alta y extrema en la mayor parte de la superficie de la sierra monegrina. Reseño que Javier Blasco Zumeta ha observado en taludes de la sierra franjas oscuras de cenizas que evidencian incendios forestales en el pasado.

La potencialidad de regeneración del ecosistema forestal es baja, lo que se traduce en una alta vulnerabilidad y fragilidad, resultando un área de “alta importancia de protección contra incendios forestales”, de acuerdo con el proceso de evaluación del PROCINFO. Además, existe una alta dificultad de acceso y de transitabilidad a determinadas zonas, con alta dificultad de acceso y de distancias de medios terrestres. Pero el mayor condicionante para la extinción, en caso de incendio forestal, es la alta dificultad de disponibilidad de agua, lo que conlleva, junto con la alta continuidad del combustible, su clasificación como zona de alta dificultad de extinción. Para la sierra de Alcubierre se establece el 2º nivel de defensa: zonas de Alta Peligrosidad y Alta Importancia de Protección.

  • Vulnerabilidad

La presencia del  muerdago, planta parásita del pino, va provocando mortandad en la cerrada y regular masa forestal. Los pinos muertos van abriendo huecos muy necesarios para facilitar la regeneración y el desarrollo de especies de sombra como las encinas, los quejigos y un optimo sotobosque. Aún así, es necesario un cierto control de la expansión del muerdago para evitar una mayor mortandad y la aparición de plagas. Los zorzales son aves que distribuyen las semillas del muerdago, el fomento de otras aves forestales contribuiría a limitar el dominio de los zorzales. Aves como el Carbonero (Parus majoro) y el Herrerillo (Cyanistes caeruleus) son especies que consumen bayas de muérdago, pero no lo propagan. Con la recuperación de los diferentes puntos de agua e instalando cajas nidos, se lograría establecer adecuadas poblaciones que frenarían la elevada propagación del muérdago.

El agua es el elemento  limitante de la sierra. La recuperación de las distintas balsas, balsetas y balsetes, acondicionamiento y adaptación para su aprovechamiento por parte de la fauna, aumentaría la presencia de insectos, reptiles, aves y mamíferos, beneficiando la dinámica del ecosistema forestal. Las balsas de mayor dimensión, deberían contribuir a formar un conjunto de puntos de agua estratégicos e imprescindibles para la extinción de incendios forestales. La escasez de agua ha sido uno de los muchos factores del abandono del pastoreo por la sierra, tradicionalmente existían numerosos rebaños de cabras y una gran actividad antrópica ligada a la agricultura. El abandono de dichas actividades ha provocado un desarrollo desordenado en los últimos 50 años, su dinámica natural es frágil y muy vulnerable a incendios forestales y debería de contar con sus correspondientes planes de gestión. La elaboración del PORN de Monegros norte (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales) es urgente para establecer medidas de protección de la sierra y otros entornos naturales de la zona septentrional de la comarca de Los Monegros.

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  • Árboles para siempre, ilusión y amor por la naturaleza

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Árboles para siempre responde a “una fundación conservacionista que se une a la gran red mundial de personas decididas a trabajar por la protección y la restauración del medio ambiente de nuestro planeta”. Desde el año 2015 llevan en marcha la iniciativa de reforestar una finca en la sierra de Alcubierre, buscando la recuperación de la zona. No solamente buscan plantar árboles, sino hacer un seguimiento: implicación y sensibilización. Mediante la educación ambiental pretenden llegar a las generaciones más jóvenes, una gran labor en la árida estepa monegrina que van consiguiendo. Una gran iniciativa de esperanza, ilusión y amor por los árboles, en definitiva ¡amor por la vida!.

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Esta propuesta se ubica en un entorno rural agrario de cultivos de secano englobado en un entorno natural estepario, en donde siglos atrás la transformación a la agricultura provocó la deforestación de estas zonas, reduciéndose la vegetación natural a pequeños lindes, taludes o laderas de pequeños relieves (sasos o cerros), en los que podemos observar la vegetación potencial de estas zonas áridas (especies adaptadas a un clima crítico, con escasas precipitaciones e inviernos fríos y veranos muy calurosos), formada principalmente por vegetación herbácea (romero, tomillo, aliaga, sisallo, ontina, albardín) junto con algún pie aislado de sabina, encina o pino carrasco.

En las últimas décadas estos ambientes están otra vez en peligro, dado que el hombre está buscando adaptar este entorno natural a las demandas económicas que supone aumentar la productividad de sus actividades mediante la transformación de este territorio agrícola de secano a regadío, lo que supone un cambio en las condiciones climáticas (aumento de humedad) y por lo tanto la colonización de otras especies (alóctonas) de los pequeños reductos de vegetación natural existentes, hábitat de la fauna asociada a este entorno estepario.

Las fincas propuestas son parcelas agrícola de secano o parcelas de monte público en condiciones de abandono lo que ha supuesto la colonización de especies nitrófilas que están absorbiendo los nitratos y fosfatos residuales de la antigua actividad agrícola. Encontramos especies características de este ambiente estepario y de gran valor natural como la ontina, el sisallo, el lastón y el espino negro.

Debido a lo anterior expuesto, nuestra propuesta es muy seductora, dado que se propone un ambiente forestal en parcelas al pie de las laderas naturales.

Esta masa forestal supondrá un importante papel biológico y medioambiental, dado que a parte de las funciones de los arboles (captan la energía solar, mejorar el paisaje visual, producen oxígeno puro y absorben CO2 purificando el aire y reduciendo la contaminación), sirven de hábitat a numerosas especies de avifauna y en este caso además será una pantalla de protección de la ladera natural existente.

Concha Castellor

Portavoz de la asociación Árboles para siempre

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Trabajan para la eternidad. Colectividades en Aragón. Alejandro R. Díez Torre.

 

  • Resineros de la sierra

Costán Escuer Murillo publicó, en la revista Montesnegros, un interesantísimo artículo sobre los resineros de la sierra. Al parecer, en 1927 una familia segoviana se instaló en el monte de Perdiguera y se dedicó a resinar cerca de 30.000 pinos carrasco hasta 1940. De marzo a noviembre resinaban los pinos monegrinos, con un rendimiento bajo de unos tres kilos de resina por árbol al año.

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Aún hoy, paseando entre los pinos, podemos encontrar pedazos de esos 30.000 tiestos que quedaron desperdigados por el monte. Pero no sólo son un pedazo de cerámica, son también los restos de una cultura y una forma de vida que aquí ya ha desaparecido. 

Costán Escuer Murillo

 

 

  • Conclusión

La sierra es un ecosistema forestal frágil pero con una gran potencialidad. Presenta un buen estado evolutivo y buena biodiversidad, representada con la presencia especies mediterráneas y submediterráneas. La apertura del pinar va posibilitando su sustitución por especies de sombra marcando la tendencia de formación de masas mixtas, evolucionando a un estado optimo de vegetación climática. Una mayor protección y un mayor conocimiento ayudarían en su preservación, sobre todo incidir en la necesidad de crear puntos de agua para la extinción de incendios forestales. La sierra de Alcubierre es uno de los mayores relieves de la depresión del Ebro y constituye toda una reserva natural, un pulmón, un oasis en el territorio semidesertico de Los Monegros del que tenemos la obligación de preservar.

Bibliografía: 

Zancarriana w

El bandido Cucaracha, la película.


Mariano Gavín Suñén vuelve a sus andanzas gracias al primer largometraje aragonés de animación: “El bandido Cucaracha, la película”. Un proyecto ilusionante que al final verá la luz bajo la dirección de Juan Alonso y Héctor Pisa, componentes de la asociación Audiovisual The Second Man productions.

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Juan Alonso y Héctor Pisa

Héctor, con raíces monegrinas, vivió en Montesusín y parte de su familia proviene de Robres. Su robresina abuela le contaba historietas del bandido Cucaracha y su figura siempre le ha despertado curiosidad y fascinación. En la memoria colectiva prevalece la visión romántica del bandido que robaba a los ricos para dar a los pobres y así  ha quedado reflejado en el bandido Cucaracha, la película.

A principios de junio quedé con ellos en Huesca, me enseñaron los decorados que han dispuesto para exponerlos en el festival de cine de Huesca y luego, tranquilamente en una terraza, charlamos sobre la película y el celebre bandolero monegrino, un encuentro muy agradable y enriquecedor.

Para la realización del largometraje han tenido que consultar abundante bibliografía y mantener entrevistas con la gente del territorio que han conservado la tradición oral, pero la obra de referencia ha sido “El Bandido Cucaracha y Puchamán de Lobarre”, de Rafael Andolz. Juan y Héctor han recorrido los parajes más singulares monegrinos por donde merodearon los bandoleros, entre ellos la sierra de Alcubierre, Jubierre y algunas zonas del Cinca medio que han servido de localizaciones. Entre los muchos colaboradores se encuentra el najino Macario Andreu, quien recuperó el certificado de defunción del Cucaracha y les acompaño al corral de l´Anica. En el corral de l´Anica fue donde le dieron muerte al bandolero y parte de su cuadrilla, allí encontraron los trajes carlistas que emplearon en algunas de sus fechorías. Trataron de encontrar su tumba pero no hubo suerte. Hay muchas historietas y muchas leyendas, donde sin duda abunda el misterio y la fantasía, como la de una familia que encontró, al reformar una casa vieja, un escrito que decía que ahí había estado el Cucaracha, otros llegaron a encontrar un botín perdido por los bandoleros.

Existen diferentes versiones sobre el comienzo del bandolerismo de Mariano Gavín, muchas son las hipótesis sobre líos de faldas y disputas varias con Santiago Ardid. (La muerte de Santiago Ardid, por Alberto Lasheras) Además, la leyenda se alimenta de versiones e historietas que se repiten en las distintas localidades monegrinas. Pero si algo ha generado controversia ha sido el origen del apodo de “Cucaracha”, que falsamente se atribuía a la canción de “La cucaracha”, muy posterior a Mariano Gavín. Juan y Héctor  me aclaran que existe una canción popular de su época que probablemente cantaba y bailaba Mariano mientras, muy de zagal, realizaba las labores de siega en la sierra.

¡Ay!, que me pica,

¡ay!, que me araña

con sus patitas

la cucaracha.

El bandido “Cucaracha” y la “Cucaracha”.

Al principio iban a realizar un cortometraje de animación, pero había tanto que contar, tantas historietas, que al final han acabado realizando un largometraje. El primer largometraje de animación aragonés que utiliza, además del castellano, la lengua aragonesa como valor añadido de normalización en el uso y empleo de nuestra esencia cultural. La traducción al aragonés la ha realizado Chuse Ignazio Navarro y tiene en consideración las antiguas relaciones sociales entre la montaña y el llano. Como dice Roberto Serrano se decía desarmato en vez de desarmau por su influencia ribagorzana a través de la trashumancia. (ver Romance de Marichuana).

El largometraje recoge muchas de las historietas del Bandido Cucaracha y su cuadrilla, como la del barquero de Pina, pero son muchas las que se cuentan y se ubican en diferentes lugares. Las han ido hilando hasta construir un relato coherente que redescubrirá una gran figura popular aragonesa.

 “Si el Cucaracha hubiese sido de otro lugar, su figura estaría mejor valorada y reconocida.”

Han construido los muñecos, los decorados, la vestimenta.., un arduo trabajo que sin el esfuerzo y la ilusión por un proyecto en el que firmemente han creído  no hubiera sido posible. Comenzaron en el 2010 y han recibido pocos apoyos, les llegaron a decir que vendían humo. Esperan recuperar lo invertido y agradecen la suerte de haber tenido numerosas y desinteresadas colaboraciones, más de cien personas. Un gran elenco de artistas aragoneses participan en la producción… músicos, doblajes, técnicos. Un trabajo con mucha ilusión y esfuerzo que, a buen seguro, nos sorprenderá. ¡Gracias! y como dicen en el mundo del espectáculo, ¡mucha mierda!.

 

Descubriendo el monte de Lanaja (Sierra de Alcubierre)


Descubriendo el monte de Lanaja (Sierra de Alcubierre)

                                           * Vista de Peñalbeta a los pies de la sierra

Macario Andreu Torralba es un najino que conoce muy bien la sierra de Alcubierre, consciente de su gran valor natural y lo que ha significado a las generaciones pasadas. Con él la sierra se hace más grande, cada detalle, cada rincón o paraje que me descubre me sorprende y maravilla, se aprende mucho de las personas que sienten el territorio y lo transmiten.

En el mes de octubre dimos un paseo por la sierra, me hizo de guía para descubrir lugares que desconocía. Comenzamos la jornada hablando de las sabinas, de la Estiva, del paisaje, de cómo afecta la aplicación de fitosanitarios al hábitat… y de una senda oculta por la vegetación que encontré por casualidad. Hace días que me adentré por aquella senda, encontrando los buscados robellones, hasta que ya no pude avanzar más. Macario la conoce y me explica que es exactamente allí donde termina, que un poco más arriba, escondida, se encuentran los restos de una vieja aldea. Era la aldea “la Bruja” que fue habitada por un matrimonio de apariencia andrajosa y descuidada, cuya sola presencia asustaba a las gentes de Lanaja; abusaban del alcohol y pasaban los duros inviernos en la solitaria y recóndita aldea. Las aldeas son las casetas o masadas de piedra de la sierra, consistían en una pequeña zona habitable y un espacio para los animales de labor. Las aldeas las habitaban en las épocas de siembra y siega de los secanos, pasaban largas temporadas en verano. Las gentes segaban los campos, se hacía leña y alguna carbonera, por cada cerro se veían rebaños de cabras… la sierra, en estos montes monegrinos, estaba plena de vida

Pronto llegamos a Peñalbeta/Peñalveta, un conjunto de aldeas que se asemeja a un pueblo, pertenece al pueblo monegrino de Lanaja. Algunas aldeas sirvieron de posadas de arrieros y viajantes del antiguo camino Real de Zaragoza y en otras se intercambiaban los caballos de carruajes para que resistieran el largo trayecto antes de atravesar la sierra de Alcubierre. En lo alto de la sierra se encontraba “El peaje”, donde estaban los percherones, caballos que por su fuerza o temperamento servían para arrastrar grandes pesos y ayudaban a subir carruajes por Val Zaragoza.

En Peñalbeta resisten algunas aldeas, otras están caídas, la aldea de Macario, el Carlista, el Casero, de Juan Mariano, del Torralbes, de Hilario, de Quiterio, de los Pallarueleros, la posada de Lorda, el Borrachón  y la iglesia a San Martín. No llegó a ser un pueblo, pues sus habitantes residían principalmente en Lanaja y aunque pasaban largos tiempos en Peñalbeta, los domingos iban a guardar fiesta a Lanaja.

Continuamos por Val de Lupo hasta encontrar el corral de l´Anica (La Nica), donde dieron muerte al celebre bandido Cucaracha. Se narra que fueron envenenados con vino y así les sorprendieron en la aldea, dicen que dispararon por una ventaneta, pero su forma tan cerrada hace poco probable aquella versión. Posiblemente, los civiles, se aseguraron que los somníferos actuasen profundamente para abatirlos una vez inconscientes.

El camino transcurre hablando de la toponimia, de palabras como “bitilaina” que es el Durillo (Viburnum tinus L) o la palabra “tollos”, forma de denominar la zona de los barrancos que discurre encajonado. Me descubre el “Buchal” (de boj: Buxus Sempervirens sp.) un barranco muy interesante por su belleza, su valor botánico, geológico y paisajístico. Cerca se encuentra el volador, un sitio para contemplar el amplio horizonte, lo maravilloso de la sierra es poder observar la provincia de Huesca, la sierra de Guara y los altos Pirineos. Cerca del Buchal está la aldea Lorda, cuya familia arregló la aldea después de la muerte de Mariano Gavín, el bandido Cucaracha. La rehabilitación fue muy ostentosa, superior a las posibilidades de la familia, dando pie a habladurías, pues la gente chismorreaba que quizá encontraron, en la vieja aldea, el último botín del Cucaracha y con el pagaron las obras.

Macario dinamizó, con otros najinos/as, la vida del lugar de Lanaja. Crearon la asociación F.A.L. (Fablans de Aragonés de Lanaja), elaboraron un diccionario de léxico aragonés en Lanaja (Escanero, Chesús Inazio, Lanaxa: a fabla n´o lugar nuestro, Fuellas d´informazión d´o Consello d´a Fabla Aragonesa, lum. 19, Uesca, 1980), realizaron inventarios de aldeas y han trabajado la etnografía local. Crearon un grupo senderista para recorrer, conocer y disfrutar la sierra e impulsaron un proyecto de actividades educativas en el monte para jóvenes. Es miembro del dance de Lanaja y gaitero. Un ejemplo de compromiso, con el respeto al medioambiente, con conocimiento e interés por su historia; de su gente, de su pueblo y de la sierra.

La sierra de Alcubierrre no deja de ser un lugar por descubrir y proteger, con una masa forestal impresionante, de gran biodiversidad y con unos paisajes espectaculares. Acabamos la mañana dejándonos mucho por ver, que hablar y por hacer, quedan días para disfrutar del privilegio de vivir en esta parte del mundo; un mundo tan grande donde querer lo más pequeño es hacer un mundo mejor: “pensando globalmente y actuando localmente”.

Publicau en Os Monegros el 11 de noviembre del 2014.

Zancarriana w

Arraclán


Arraclán

Arraclán con sus crías, Escorpión amarillo (Burthus occitanus),

alcontrau en la sierra d´Alcubierre (Os monegros).

Si te fiza el arraclán

ya no mincharás  más pan

¡ni su turrau currusquer!.

Si te fiza el arraclán,

si te puncha su aguijón,

qu´es peor que una indizión,

t´hace brincar como un desustanziau.

Si te fiza el arraclán

te dará güen ardor,

pues para cuenta al espedregar

que tras los zaborros s´alcuentra el arraclán.

Cuidau que no aiga

ni escolopendra, ni gripia,

ni tarántula pa bailar  la tarantela  

que no tenga que escozer

la fizadura del arraclán.

Si te fiza el arraclán

ya no mincharás  más pan

¡ni su turrau currusquer!.

Publicau en “ Os Monegros el 22 de julio del 2012.

Zancarriana w