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Entrevista a mi abuela Pilarín


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Por Lucía Barranco Allué. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Mi abuela se llama Pilar Lucientes Espinosa, nació el 7 de Marzo de 1944 en La Puebla de Albortón, y toda su descendencia es de ahí. Su infancia la pasó en La Puebla, acompañada de sus familiares y amigos. Con sus amigos se reunían en la plaza del pueblo y jugaban a la comba, al corro y muchos más.

Pilarín fue hasta los 12 años a la escuela de La Puebla, empezaban de las 10 a las 13 y seguían por la tarde de 15 a 17, y cuando acababa el que quería se quedaba a repaso. Solo llevaban 2 libros, uno de lecciones (donde había de todo, matemáticas, lengua…) y otro de lectura. En la escuela también les enseñaban a bordar. Con 14 años se iban con sus amigas a escondidas a merendar por el campo para que no las siguiera nadie.

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Con 15 años empezó a ir al campo, como antes no había cosechadoras, con un rastrillo cogía las espigas y las echaba en un montón. También tenían viñas e iban a vendimiar (coger uvas) y las usaban para hacer vino.

No tenían agua, por lo que con un cántaro y un pozal hacían 4 o 5 viajes para coger el agua. Cuando no había agua cerca porque no llovía, iban a un pozo y cogían agua para fregar porque  esa no valía para beber, y para coger agua que sí  que se podía beber, iban los hombres con un carro y un cubo, a una balsa a tres cuartos de hora de La Puebla, y la echaban a un aljibe que tenían en casa, que se almacenaba muy fresca. En casa tenían tocinos para consumo propio, gallinas, pollos, conejos, y cabras para leche.

Con 20 años conoció a mi abuelo, Salvador Barranco, de aquí de San Lorenzo del Flumen. Pilarín tenia aquí una tía que estaba enferma, y venía mucho a verla, y a veces salía al baile que hacían en casa de un señor y bailando conoció a mi abuelo, aunque mi abuelo cuenta que la conoció en el huerto de su tío Ángel, pero ella no lo vio.

Tras 5 años de conocerse se fueron juntos a Zaragoza, y volvieron a San Lorenzo para las fiestas de Agosto, y estuvieron cerca de 2 meses.

A mi abuelo, al llegar soltero a San Lorenzo le dieron un lote y una casa, en la que actualmente siguen viviendo. Pilarín para ayudar a la economía de la casa decidió comprar unas cuantas vacas, y así ordeñándolas vendían la leche y sacaban dinero. También ella iba a recoger panizo para sacar más dinero.

El 29 de Septiembre de 1969 se casaron, en Zaragoza en la iglesia San Miguel. Invitaron a sus familiares y amigos de La Puebla y de San Lorenzo. Una vez terminada la ceremonia les invitaron a todos a una comida y después visitaron Zaragoza.

Ellos no hicieron viaje de novios, porque  mi abuelo no tenía tiempo, ya que tenía mucha faena con las vacas y el campo. Tuvieron 2 hijos, Loly Barranco Lucientes, mi tía, y Salvador Barranco Lucientes, mi padre. Convivieron y trabajaron con las vacas.

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Cuando mi padre acabó la mili y decidió quedarse en casa, hizo unas naves en el lote y llevo las vacas ahí, y compro más. El negocio de las vacas le duró unos años porque cuando mi hermano Saúl tenía 2 años, tuvo que cerrar el negocio porque ya no se ganaba casi. Ahora se dedica a la ganadería y tiene bastantes campos que los lleva con mi hermano y mi abuelo Salvador.

Pilarín a día de hoy, lleva 54 años en San Lorenzo del Flumen. Tras una larga vida aquí, ya jubilada, se juntaba todas las tardes con sus amigos en la placeta de los abuelos, que decimos nosotros, y se sentaban 10 o 12 y charraban y alcahueteaban toda la tarde, fuera invierno o verano.  Ahora ya no quedan más que 3 ó 4, pero ya no se juntan, por lo que mi abuela pasa todas las tardes viendo la novela y haciendo crucigramas.

Ella me cuenta que la vida en el pueblo ha cambiado, que tenemos agua solo abriendo el grifo o comprando embotellada, que no pasamos frío porque hay calefacción, que antes era todo mas barato, los cafés…etc.

Lucía Barranco Allué.

Tercero de la ESO.

 

 

 

 

Entrevista a mi abuela Cristina


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Cristina Andreu Lana

Por Jara Ballarín Cucalón. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Cristina Andreu Lana nació el 24 de julio de 1940 en Sariñena, era hija única y sus padres se dedicaban a la agricultura.

Cuando ella tenía 6 años le dejaron empezar la escuela nacional hasta los 10 años, después de eso fue a la de  las monjas, donde por la mañana hacía escuela normal y por la tarde les enseñaban a hacer labores, como coser o bordar, esto duró hasta sus 15 años. Después de esto, la llevaron a aprender a un taller de modistas, para conocer el oficio de la costura.

Los juguetes que solía utilizar eran los que le traían los Reyes Magos o en algunos casos los que le regalaban por su cumpleaños; los cuales solían ser muñecas de cartón o de trapo con pelo de verdad o de lana, cocinillas de aluminio o de cerámica, de vez en cuando le caía algún que otro costurero, y por supuesto juegos tradicionales (como ahora los llamamos).

A los 15, barría, hacía las camas, y los domingos con su abuela iban por las casas a dar leche con las lecheras (para las casas que no tenían vacas lecheras). Al ser hija de familia de agricultores, iba a hacer pequeños trabajos al campo, como recoger el producto o llevar comida a los campos o fincas donde se trabajaba. Y en la época de la siega se iba a la era a trillar.

En cuanto al agua no la tenían en las casas, la tenían que ir a coger a las fuentes que estaban en las plazas; por otra parte, la luz era escasa, solo una bombilla por habitación y de muy poco voltaje.

La vida en el pueblo era tranquila, salvo los días de fiesta, donde todos los habitantes salían a las calles a bailar, cantar jotas e ir al cine. La juventud de entonces se divertía a su manera, cada uno tenía su cuadrilla de amigos, con los que en San Isidro hacían más o menos lo mismo que ahora (montaban carroza y al mediodía iban a comer al campo), en verano como no había piscinas se iban todos al río. El 25 de julio Santiago se solían ir a refrescar y a merendar con unas gaseosas de pito.

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Mi abuela empezó a salir con mi abuelo a los 15 años y él a los 18. Se casaron a los 23 y 26 años. Su viaje de novios fue a Barcelona y a Lérida, porque mi abuelo tenía un hermano allí, la boda fue muy amena ya que se casaron en la iglesia, y después lo celebraron en su casa, la cual es la misma que tienen ahora y fue una herencia de su padre. Mi abuela era modista, y hacía labores en casa. Tuvo solo un hijo, mi padre. La tradición que tenían por entonces era quedar todos los primos de mi abuelo que seguían en Sariñena, en su casa; algunos domingos.

Jara Ballarín Cucalón.

Tercero de la ESO.

Miguela Borruel Pardina


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Miguela Borruel Pardina

Por Cruz Ullod Borruel.

Mi madre, Miguela o Miguelita, nació un 29 de septiembre de 1937, en plena Guerra Civil, en la casa del Pozo situada en la actual Ronda de San Francisco de Sariñena. Hija de María Pardina Pueyo, la “pallaruelera” y Plácido Borruel Capitán, la mayor de tres hermanos. Plácido trabajó toda su vida como jornalero en casa de Portera y en su juventud fue marmolista con los Morera. Mi abuela María servía en Casa Castanera. Plácido y María se casaron por lo civil y después de la guerra tuvieron que hacerlo por la iglesia. Aunque el cura no los dejaba casar si no le llevaban las tres “arras” de rigor. Mi abuela no tenía dinero para eso y tuvo que sustituir las arras (unas especie de tartas) por bizcochos.

A los pocos días de nacer mi madre ya se la llevaron  a Pallaruelo, pues mi abuela era de allí. Son muchos los recuerdos que guarda de este pueblo, sobre todo de su abuelo Miguel. Al criarse sin su padre (mi abuelo Plácido estuvo durante 2 años en la cárcel de Huesca, una vez acabada la guerra), su abuelo Miguel era como un padre para ella. Lo seguía a todas partes y el día que se la llevaba con él al monte era una fiesta para ella. A su abuelo Miguel, “Miguelón” porque era muy alto, lo recuerda siempre con su bota de vino colgada en el cabecero de la cama y preparándole pan con vino antes de que saliera el alba.

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De Pallaruelo recuerda los juegos bajo el Torrejón y las fiestas. Al gaitero Vicente Capitán (familia de mi abuelo Plácido), al tío Juaner…las juergas que montaban con su música y su porrón en los patios empedrados de las casas. Y los vestidos que estrenaba para la fiesta “sobre todo uno rosa con volantes”. Y el miedo que le inspiraba el diablo del dance que la encorría hasta el granero de casa, el pan bendito que entregaba y sigue entregando  siempre la misma familia por una promesa…

De la guerra recuerda cuando tenían que ir a refugiarse a las masadas  y le tapaban la boca para que no se oyesen sus llantos y no los delatase.

Recuerda como al principio, una vez que su padre salió de la cárcel, ella no lo quería, no lo había visto nunca. Decía que no era su padre sino “el marido de mi mama”. Recuerda también la noche que la bajó a la cuadra porque lloraba y no quería dormir con él.

Su segundo hermano, Antonio, nació en Pallaruelo y fue recogido por Josefina la del “Augau”.

José, el tercero, ya nació en Sariñena, en pleno invierno. Su nacimiento coincidió con la muerte del marido de su tía Isabel la Patica y como había nevado tanto tuvieron que abrir un camino con palas  desde su casa (Ronda San Francisco) hasta la iglesia para poder enterrarlo.

Miguelita no quería vivir en Sariñena y aunque sus padres y hermanos ya estaban instalados aquí ella se quedaba siempre que podía con sus abuelos de Pallaruelo, también fue allí a la escuela.

Años después ya se quedó definitivamente en Sariñena, aunque iba a Pallaruelo siempre que podía. De su casa de Sariñena recuerda que no había luz pero sí tenían pozo, incluso un pequeño brazal donde iban las vecinas a lavar la ropa. Muy distinto era el tema del agua en Pallaruelo, donde iban a la balsa con un colador para recoger el agua estancada llena de cucos  y donde se reutilizaba una y otra vez la misma agua porque no se podía desperdiciar ni una gota. En Sariñena era diferente, aquí había fuentes en muchas calles y plazas.

Fue a la escuela en Sariñena hasta los 14 años, cuando empezó a cuidar a Encarnita, la hija de su maestra ( y mía) Doña Emilia. Empezó a trabajar para ella mucho antes, fregaba el patio, le llevaba la leche todos las noches  de Casa La Diega. Me daba “un real” cada día por llevarle la leche. Por entonces ya empezaba a acompañarla el que sería mi padre, Jesús Ullod López, el Roso. Para Doña Emilia trabajó unos años incluso se la llevaba con ella a Huesca durante el verano para que siguiera cuidando de su hija, con la que mantenemos una estrecha amistad todavía.

En ocasiones tenía que pedir permiso a la maestra para salir antes de la escuela porque tenía que llevarle la comida a su padre hasta los chamarcales o los estañuelos Me habla de sus amigos: José Gómez, Codeta, Alicia la Sastra, la Pierretas, Culocuezo,…

En diciembre de 1958 se casó con mi padre con el que llevaban  juntos desde adolescentes, fueron de viaje de novios a Zaragoza, a la famosa “Posada de las Almas”. Al año siguiente nacería mi hermana M ª Jesús y en 1963 nació Rosa Mari, que desgraciadamente murió a los cuatro meses. Y en 1964 nací  yo, en pleno “baby boom”. Aprendió a coser con Pilarín Mateo, la “Titina” y nos hacía toda la ropa tanto a mi hermana como a mí. Yo me he criado entre patrones, hilos, retales,.. Mi padre trabajó mucho tiempo “pesando esparto” en diferentes localidades a las que se desplazaba en bicicleta.

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Jesús y Miguela por el camino del fútbol.

De sus años jóvenes recuerdan el montón de bares y tabernas que había en Sariñena, prácticamente una en cada calle: el Riau (donde la peluquería de Flora), la Parra (en la calle Enado),  Puchades (donde se instaló la primera televisión), el Bodegón “donde íbamos a merendar cabezas”, el café de Paquito en la calle de Ancho, casa Ojitos, el Romea “de más categoría” y El Peti donde “se vieron por primera vez las olivas rellenas” y había que hacer cola para entrar durante las fiestas. Y del cine, en el Romea, en el Casino y en el Victoria, a los que siempre se tenían que llevar de “carabina” a la abuela Incolaza, que era la primera que se apuntaba.

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Isidro Clavería, el “Chupón”, Antonio Campos, Jesús Ullod y José Borruel en el bar La Parra, detrás el camarero ¿?

Para poder aumentar el escaso salario que ganaba mi padre en “las viguetas” durante muchos años mis padres se hicieron cargo del bar del campo de fútbol “el ambigú”. Gracias a ello mi hermana y yo pudimos salir a estudiar fuera. Un esfuerzo que nunca les agradeceremos lo suficiente.

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Cruz Ullod Borruel

 

La vida de mi abuela Mª Jesús


 

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           Mª Jesús Sancho Domene                              

Por Carla Palau Sodric. Tercero de la ESO A. IES Gaspar Lax.

Mª Jesús Sancho Domene, nació el 24 de febrero de 1948 en Castelserás (Teruel). Su madre se llamaba Carmen y su padre José María. Su madre era ama de casa y ayudaba a su marido en el campo y su padre era agricultor. Mª Jesús tiene un hermano (José Luis) y una hermana (Antonia).

Estudió primaria hasta los catorce años y por las tardes hacía labores como coser, bordar… Cuando salían de la escuela jugaban a muchos juegos, al corro de la patata, a tirar la pelota que consistía en tirarla al aire y todos se iban corriendo para que no le pegara a nadie, si decían su nombre y le golpeaban con la pelota, morían. También  jugaban a las agujetas, a los cartonetes y con juguetes (muñecas, juegos de madera,…)

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En verano, como no había piscinas, iban al río a bañarse y allí se juntaban todas las amigas. Cuando el pueblo compró la primera televisión, la pusieron en casa del cura y todos se  juntaban allí para verla. A los catorce años comenzó a trabajar y hacían rulé a los pañuelos, que consistía en hacerles el borde a mano, cosió hasta los 16 años. En el pueblo había un centro de jóvenes donde se reunían y además había cine todos los fines de semana.

En Alcañiz, abrieron una conservera muy grande de mermeladas, fruta en conserva…y empezó a trabajar allí durante 2 años, hasta los 18 años que se fue a Zaragoza para aprender a hacer jerséis con máquina de tejer. Se compró una de esas máquinas y estuvo trabajando hasta los 30 años.

Durante ese tiempo se casó, el 5 de abril de 1975, con Rafael y tuvieron 3 hijos, Esther, Mª José y Nacho. Se casaron en Castelserás, su marido también era del mismo pueblo y lo celebraron en un restaurante en Alcañiz. De luna de miel se fueron a las Islas Canarias, visitaron Tenerife y Las Palmas.

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A los 38 años, se fue a estudiar estética a Zaragoza y a los 42 años estudió peluquería porque en el pueblo habían cerrado la única que había y abrió una. Se hicieron una casa y cuando tiraron la vieja, encontraron una bomba de la Guerra Civil que tuvo que venir a buscarla la guardia civil.

Cuando sus hijos eran pequeños iban de vacaciones a un camping con los amigos, que tenían hijos de edades parecidas y se lo pasaban genial, les encantaba ir. La primera vez que montaron la tienda de campaña se fueron a un pantano a estrenarla y justo esa noche subió el agua y se les mojó todo, porque estaban durmiendo y no se dieron cuenta. En otro camping, les picaron un montón de mosquitos a sus hijas y parecía que tenían una enfermedad de tantas picaduras.

Cuando cumplieron los 25 años de casados se fueron a Tierra Santa, fue un viaje que les pareció impresionante. A partir de entonces no han dejado de viajar a muchos lugares, como Budapest, Praga, Noruega, Rusia, Marruecos, Suecia, Portugal,…

Tradiciones

El día de todos los santos iban a rezar a casa de una tía y allí se rezaba el rosario y luego hacían una merienda, se contaban cuentos, chistes y se los pasaban muy bien.

Era tradicional hacer hogueras la víspera del Pilar.

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Las fiestas patronales de Castelserás son en invierno, en honor a San Sebastián, el 20 de enero y se hace una hoguera monumental  que es de interés turístico regional y las fiestas de verano son en el mes de agosto. Antiguamente las fiestas de verano eran por barrios y después dejaron solo unas para todo el pueblo.

Otra fiesta muy importante en el pueblo es el día de la ermita de Santa Bárbara, que se celebra en la segunda Pascua y se hace una romería a la ermita. Se dice que Santa Bárbara nos protege de rayos y tempestades.

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Refrán:

‘En Castelserás, es cierto, que de rayo nadie ha muerto’.

Palabras típicas que se usan en Castelserás:

Laco: bache en la carretera.

Solitre: cuando hace mucho sol.

Presco: melocotón.

Alberge: albaricoque.

Amerar: mojar

Felumbre: mal olor.

Evolución

Mª Jesús cuenta que desde que nació hasta ahora ha vivido muchos cambios.

Cuando era pequeña no tenían agua corriente en casa y tenían que ir a buscarla a la fuente, y lavaban y fregaban en la acequia, llevaban la ropa en cestos (galletas) en la cabeza y los cántaros también en la cabeza.

Al  principio cocinaban con un hornillo de petróleo, después con una cocina económica o de leña y bastante después llegó el butano. Pasaron bastantes años hasta que tuvieron vitrocerámica.

Los trabajos del campo se hacían todos a mano y con caballerías y ahora se hacen con menos esfuerzo, ya que utilizan mucha maquinaria.

Cuando era pequeña no tenían ni televisión ni teléfono en casa y ahora tienen móvil , ordenador, varias televisiones….

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Carla Palau Sodric.

Tercero de la ESO A.

Aldea


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Aldea por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Ya hace tiempo que nadie vuelve y el aire corre por estas viejas cuatro paredes. Duramente resisten los vetustos muros de piedra que inevitablemente comienzan a desmoronarse. Es tiempo de ausencias y de olvidos, ya no se cuentan añejas historias al calor de la lumbre del pequeño hogar, de un pequeño espacio que familias compartieron generaciones tras generaciones. La soledad embriaga tiempos sin memoria, de saberes populares, del esfuerzo y trabajo en esta sierra monegrina, de leyendas de bandoleros y del gran Cucaracha. Ya no humea la chimenea, ni despide antes del amanecer, ni espera después del anochecer.

Días de otoño, de preparar las tierras y sembrar, dormir al calor de las mulas en la pequeña aldea que hace muchísimos años se levantó piedra a piedra. Una a una se fueron colocando las piedras que se arrancaron a la sierra, con las manos encallecidas y duras, con las manos de segar en verano bajo el implacable sol, donde sólo la vieja sabina, a su sombra, se hallaba resguardo. Las mismas manos que aserraban los pinos y bajaban de la sierra las leñas, que arrancaban los romeros para los hornos y el esparto para hacer sogueta, las manos que recogían las almendreras, olivares y viñas.

La sierra permanece salpicada de aldeas espaldadas por tiempos que ya no valoran su propia historia, la de su gente, la de sus abuelos y abuelas. La vegetación va apoderándose, los tejados hundidos y los muros a merced de la erosión del abandono. Con ellas desaparece parte de nosotros y nosotras, vidas que fueron e incluso nacieron en aquellas solitarias aldeas esparcidas sobre la sierra de Alcubierre.

El aire, el cierzo corre por las cuatro paredes, entra por las puertas que ya nada guardan y nada resguardan, mientras la enrona se va acumulando en su abandonado espacio. Ya no bajan los carros llenos a los pueblos, ni van sus gentes montados en ellos, ni bajan ni suben. Y el viejo poblado de Peñalbeta aparece distante, resignado a la desmemoria, igual que los caminos los reclama el monte, igual que muchos campos que ya no se cultivan.

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Sabina por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Las balsas ya no recogen el agua como antes, ya no sacian la sed, aquella sed que ya no fatiga a los hombres y mujeres en estos malditos y rabiosos secanos. Los muros de piedra de los campos se derrumban llevándose tantos recuerdos, tanta sabiduría que tanto costó aprender. Ya no abundan los rebaños de cabras y ya casi no hay pastores, las parideras quedan vacías y el silencio se adueña de todo. La sierra permanece como ausente.

Sólo el aroma a ontina, romero y tomillo, a monte, perdura la esencia de tantas gentes. Los cielos claros y limpios, el aire puro y el olor a tierra, los campos de trigo y cebada. Quien levantó cada piedra sabe el valor de cada muro y de cada aldea que siempre buscó legar a los suyos. Ahora nosotros y nosotras somos sus herederos y el frío entra entre las cuatro paredes, el aire recorre paredes que ya no hablan, callan porque ya hace tiempo que hemos dejado de escuchar.

Ya hace mucho tiempo que nadie vuelve y ya hace mucho que nadie espera. Aunque a veces parezca que aún quiere esperar.

  • Nota: Aldea es la forma de denominar a las casetas de monte en la sierra de Alcubierrre.

Mi abuelo Mariano


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Por Paula Hernández Sampériz. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Mi abuelo se llama Mariano Sampériz Peralta y nació en Lalueza el 10 de Junio de 1936. Toda su familia nació en Lalueza. Su padre Antonio, era agricultor y su madre Felisa era ama de casa. Tenía 3 hermanos y 4 hermanas.

Su infancia fue divertida. Jugaban a encorrer pajaricos, a las canicas y al sombarre  (triángulo con chapas). En casa tenían 2 cerdos, gallinas, una mula que la usaban para la agricultura y un burro. Tenían también un soto (huerto) para cultivar las verduras y las patatas.

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En la escuela, la maestra ponía la lección en la pizarra, la copiaban y salían al recreo a jugar al fútbol y luego iban a la iglesia a rezar. En invierno tenían que llevar una astilla para encender el fuego y a cambio les daban queso y leche americana.

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Normalmente se juntaban la gente de varias quintas y se iban a nadar al río. En Lalueza nunca ha habido bailes tradicionales pero les enseñaron jota durante 4 años. Antes había más juegos tradicionales como los cántaros, había cine y baile con orquestas y vocalista por eso eran mejores las fiestas de aquella época porque no había todavía peñas. Los trabajos que más se dedicaba la gente eran la agricultura y la construcción.

Cuando iban a abrevar los animales se subían encima del burro y este frenaba en seco en la orilla del río y se daban un chapuzón.

Mi abuelo estuvo cortejando con mi abuela durante varios años hasta que al final decidieron casarse porque mi abuelo ya era mayor. Se casaron por la iglesia y a los invitados les dieron un aperitivo. De viaje de novios se fueron a Zaragoza, Madrid y a Mallorca. Después se fueron a vivir a casa de los suegros porque tenían que cuidar de ellos.

Trabajó de panadero, tractorista y peón de albañil. Tuvieron dos hijos, mi madre Rosa y mi tío Víctor. Algunos de sus hobbies era ir a las fiestas de los pueblos con la vespa, jugar al fútbol, al billar, al rabino, ir al cine y sobre todo leer.

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Una de las tradiciones era la puesta de la cubeta en la plaza del pueblo que se llenaba con vino de la vendimia de las viñas de la localidad y todo el mundo podía beber gratis.

Ahora la vida adulta es muy tranquila. Leen la prensa, echan la partida en el bar con los amigos después de comer… Antes las calles estaban sin asfaltar, no se recogía la basura, no había aseos y había mucha más gente. Ahora está asfaltado, hay muchos más servicios que facilitan la vida en el pueblo (farmacia, bancos, tiendas, médico, panadería,…)

REFRANES: Ojos que no ven, gabardina que se pierde. Al pan, pan y al vino, vino.

PALABRAS CURIOSAS: Pozal, esparto, fendejo (cuerdas para atar la cosecha), malacate (aladro antiguo), aventadora (servía para sacar el grano de la paja).

REMEDIOS: Cuando te picaba una avispa se ponían barro y cuando se hacían una herida se meaban en ella.

CREENCIAS: En Lalueza hay varias creencias como son la católica y protestante conviviendo sin ningún problema.

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Paula Hernández Sampériz.

Tercero de la ESO.

La vida de mi abuela Marcelina


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Por María Lahoz Dominguez. Tercero de la ESO A. IES Gaspar Lax.

Marcelina Llorente Sanz , nacida el 28 de junio de 1948 , en Alcorlo (Guadalajara) pueblo cuya historia luego desvelaré, en su casa ,ayudada por la matrona del pueblo que en este caso era su abuela Cipriana.

La bautizaron con muy pocos días al siguiente domingo de su nacimiento, siendo sus padrinos su abuelo materno Estanislao y su abuela paterna Cipriana.

Es la  mayor de cinco hermanos, los otros cuatro varones (Basilio, Félix, Victor y Julián)

Su madre, Francisca, era ama de casa al igual que prácticamente todas las mujeres en esa época, pero también se encargaba de los animales que había en casa (cerdo, gallinas…), también hizo de ama de cría para otros bebes que no eran hijos suyos, ya que en aquella época no había leches artificiales y era una manera de que los bebes no se quedaran sin comer.

Su padre,  Venancio, se dedicaba a la agricultura. Y también trabajó de guarda del monte reforestando pinos y encargándose de la limpieza de estos.

En esta época era difícil poder ir al colegio ya que desde muy pequeños comenzaban a trabajar, mi abuela no tuvo la oportunidad de ir durante mucho tiempo, sólo asistió un año al colegio , y con 7 años comenzó a trabajar cuidando ovejas.

Una  de las anécdotas que ella siempre cuenta trata de una noche que iba a recoger las ovejas y le pilló una tormenta, se refugió en una cueva hasta que se pasó, su padre salió a buscarla y no la encontraba, así que cuando volvía a casa desesperado y gritando su nombre, ella lo oyó y pudieron volver los dos a casa.

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Alcorlo es un pueblo con una historia especial, estaba situado en la Serranía, en el Valle del río Bornoba . Ella recuerda escuchar a la gente mayor hablar de abandonar el pueblo porque iban a construir un pantano. Desde los años 70 el pueblo empezó a vaciarse debido a esta amenaza, la mayoría de la gente se marchó a pueblos más cerca de la capital o a Madrid, como es el caso de mis bisabuelos. Marcharon a Madrid como porteros en una comunidad de vecinos en el año 1972 y allí estuvieron hasta su jubilación. Sus hijos ya habían marchado a trabajar a Madrid unos años antes. Finalmente, el desalojo total del pueblo de produjo en enero de 1982 cuando ya quedaban pocas familias, se derribó y quemó todo el pueblo.

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Alcolo en 1982

Hoy en día existe un pantano que se dedica a agua de boca y riego. De aquel pueblo solo queda el recuerdo de hijos de aquellos que vivieron allí y el cementerio que estaba en la parte alta del pueblo y donde no llegaron las aguas.

Las tradiciones de este pueblo se han perdido debido a esta historia y en la actualidad algunos hijos y nietos de gente que vivió allí han creado una asociación de amigos de Alcorlo, se reúnen en la ermita del cementerio el día 24 de agosto cada año y han creado una página web donde van recopilando fotos antiguas y es una manera de estar en contacto y no perder esas raíces.

La casa donde nació, estaba situada en la calle mayor  la construcción era de piedra y adobe de una sola planta. Distribuida con un portal amplió, una cocina con chimenea que era la manera de calentarse en invierno y donde se cocinaba, y tres alcobas donde dormían sus padres en la grande y los cinco hermanos repartidos entre las otras dos ,los colchones eran de lana de oveja que rellenaban cuando esquilaban.

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No había agua corriente en casa por eso tenían que ir a lavar la ropa al río con jabón hecho a mano en casa aprovechando la grasa de los animales de la matanza. El agua para asearse y cocinar la cogían de la fuente que había en la plaza, luz tampoco había y usaban lámparas de aceite o velas. Para calentarse en invierno tenían la chimenea, y en algunas ocasiones preparaban braseros de picón (restos de las podas y limpiezas que se hacían en el monte).

En casa había varios cerdos que se criaban con los restos de la comida, y que se mataban en enero para tener carne todo el año, la matanza era una fiesta familiar en la que todos ayudaban a hacer las morcillas, a limpiar el cerdo, etc. También había gallinas de las que se aprovechaban los huevos y alguna oveja para la leche y cuando no daban leche también para carne. Al lado de su casa había un horno de leña donde las mujeres iban a cocer el pan.

Como era un pueblo pequeño y no había médico iba una vez a la semana, atendía a los enfermos en el ayuntamiento. En esa época se creía mucho en los curanderos (personas que creían tener un don para curar, sobre todo los dolores de huesos y el “mal de ojo”). Un curandero de aquellos curo a mi abuela de  una fiebre muy alta, que el médico no supo curar. Mandó  a su padre que le cortara un mechón de pelo lo llevo a la curandera hizo su ritual y le dijo que la niña tenía” mal de ojo”, que cuando llegara a casa su hija estaría bien, y así fue.

Aunque ya desde pequeños comenzaban a trabajar, también jugaban  a juegos como: hacer muñecas con trapos, saltar a la comba o hacer trenes con latas de sardinas, los domingos solían ir a dar un paseo  por la carretera.

Cuando cumplían 14 años la mayoría de los chicos se iban del pueblo para buscar trabajo. Mi abuela se fue a servir en la casa de unos médicos en Madrid, y sus hermanos también se fueron, unos de camareros y otros en una tienda de ultramarinos, también en la capital. Como los medios de transporte no eran muy frecuentes solo volvían al pueblo para las fiestas patronales y en ocasiones para Navidad.

Como de niña fue poco al colegio en su juventud, aprendió a leer y escribir y un poco de matemáticas, en la Sección Femenina, que era una especie de asociación para las mujeres jóvenes, allí también aprendió a coser.

Las fiestas del pueblo se celebraban en honor a San Bartolomé, el 24 de agosto, se celebraba misa y una procesión, donde sacaban al santo las mujeres solteras. Después se comían rosquillas bendecidas que habían hecho todas las mujeres del pueblo y luego había baile en la plaza y a veces hasta vaquillas.

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En sus tiempos de ocio, alguna vez iban al cine o a bailar, pero esto cuando ya era novia con mi abuelo Vicente.

Las bodas en aquellos años no eran tan lujosas como ahora. En este caso se casaron en Humanes de Mohernando, el 20 de abril de 1974,(y nevando ) el pueblo donde vivían los dos en ese momento, fue una boda por la iglesia, los padrinos fueron la hermana del novio y el padrino su hermano Félix. El banquete se celebró en un pequeño hostal con la familia de ambos.

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Boda de Marcelina y Vicente. 1974.                                           

El viaje de novios,  en este caso fue a Bilbao y San Sebastián, y no de hotel, sino que dormían en casa de unos familiares, duró una semana.

Se compraron un pequeño piso donde siguen viviendo hoy, ya eran otros tiempos y tenía agua, luz y disponían de electrodomésticos. Tuvieron tres hijos, mi abuelo trabajaba en un taller de cerrajería y posteriormente en una planta de áridos y hormigón. Mi abuela se encargó de la casa y de sus hijos, no volvió a trabajar fuera de casa hasta que los hijos fueron mayores.

No tuvo teléfono en casa hasta el año 1988, cuando mi madre, su hija mayor se fue a estudiar fuera.

Mi abuela no tiene carnet de conducir, y nunca se lo ha planteado sacárselo, tampoco le ha sido de necesidad, pues los medios de transporte públicos se han apañado para poder ir al hospital a Guadalajara y de papeleos. Incluso para ir a dar a luz  a su primer hijo fue en taxi acompañada de una vecina pues, su marido estaba trabajando en Madrid.

Refran:

Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Chistri y el día de la Ascensión.

Este tipo de refranes vienen a referirnos que el sentido religioso era mucho más profundo que en la actualidad, en Cuaresma se respetaba mucho el no comer carne , el Corpus Christi era una fiesta muy celebrada en Alcorlo y el día de la Ascensión se celebraban las comuniones de los niños.

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Procesión del corpus Christi. 1970. 

                                                                                                      María Lahoz Dominguez.

Tercero de la ESO.