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Museo de Oficios Antiguos Monegros


          El Museo de Oficios Antiguos Monegros es un viaje a nuestro pasado, a nuestra memoria etnográfica, un lugar donde redescubrimos como se vivía antes. Pero también, es un viaje que nos permite contemplar el vertiginoso paso del tiempo y el gran desarrollo tecnológico que, en los últimos cincuenta años, ha revolucionado la humanidad.

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            En la monegrina localidad de Sena encontramos el Museo de Oficios Antiguos Monegros, inaugurado el 10 de julio del 2015. El museo es la antigua fonda Felisa y herrería de Florentín, del matrimonio Florentín Nogués y Felisa Inglán. En el interior encontramos cerca de 5.000 utensilios y herramientas, un conjunto museístico dividido en diferentes espacios que recrea, con gran detalle, diferentes oficios perdidos. Herrería, albañilería, barbería, aperos de labranza y siega, la carpintería, la escuela, la habitación de fonda, la tienda, la cocina, la bodega, los juguetes… espacios que, de forma didáctica, desarrollan un recorrido que ellos mismos describen como “fiel imagen del modo de vida de nuestros antepasados que  queda reflejado por medio de sus enseres”.

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            En el museo descubrimos que en Sena había hasta 5 talleres de carros y carruajes que exportaban por todo Aragón, un oficio poco conocido pero de gran complejidad. Trabajaban magistralmente tanto la madera como el hierro y fabricaban a la perfección fabulosos carros de gran belleza y utilidad. En el museo podemos contemplar un gran carro de los antiguos talleres “Tisaire” de Sena. Aquella gran tradición de construcción de carros da origen a una curiosa particularidad de Sena, sus hogares tradicionales con los aros metálicos de las ruedas de los carros. Un mundo de curiosidades, de recuerdos y sentimientos, de sabiduría popular forjada a lo largo de la historia.

 20161119_172526           Cada objeto cobra una enorme dimensión, traen muchos recuerdos y despiertan muchos sentimientos. Algunos los recuerdas y otros los desconoces, en algunos reconoces su nombre y en otros le das tú propio nombre dependiendo de tu zona. Es un museo lleno de detalles y curiosidades, como la primera bicicleta que llegó a Sena y que en la Guerra Civil fue incautada. Cada objeto guarda una profunda historia que Alejandro Campoy Rios narra con profundo cariño y orgullo. Alejandro es el responsable del museo y junto a su padre, ha ido recogiendo, adquiriendo y restaurando la extensa colección. Ha invertido gran esfuerzo y trabajo, su ilusión es ya toda una realidad, el más que recomendable Museo de Oficios Antiguos Monegros.

            Además, Sena ofrece un conjunto de casas solariegas, tales como la de Chavarriga y Blecua, la antigua casa de las Carmelitas descalzas, la iglesia gótica de la Asunción y la Casa Consistorial del siglo XVI; claro ejemplo de arquitectura civil aragonesa y Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés desde el 2002. Sena no deja de ser un pueblo muy recomendable para su visita y cercano al Real Monasterio de Santa María de Sijena.

             Gracias a Alejandro Campoy y a Rocío Sanz por su gran acogida, un museo al que hay que volver.

 

 

 

Mercedes Pueyo Roy


        Para afrontar el dance aragonés es imprescindible abordar “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón”, un completo estudio científico fruto de una tesis doctoral de una pionera de la etnografía aragonesa: Mercedes Pueyo Roy.

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            Pero la figura de Mercedes Pueyo Roy, además de desconocida, ha estado envuelta en un halo misterioso. A raíz de mi interés por el antiguo mayoral de Pallaruelo de Monegros, el tío Juaner, su hija Leonor me habló de una tal Mercedes que hace años realizó un trabajo sobre su padre. Al parecer, Mercedes tenía relación con Pallaruelo de Monegros y había sido secretaria de Antonio Beltrán Martínez, aunque ahora nadie la recordaba en Pallaruelo. Tras peguntar a Miguel Beltrán Llopis, hijo de Antonio Beltrán Martínez y antiguo director del Museo de Historia de Zaragoza, parecía que a Mercedes Pueyo Roy se la había tragado la tierra. En esa línea también se manifestó el músico y experto musical Mario Gros Herrero: -Las referencias sobre Mercedes Pueyo eran a través de sus publicaciones: el libro sobre el dance y algunos artículos. Era como si, después, se la hubiera tragado la tierra. Además, su libro era prácticamente inencontrable, salvo en algunas bibliotecas-. Mario consiguió contactar con Mercedes en el 2014, descubriendo una gran mujer que, aunque muy desconocida y para nada reconocida, contribuyó enormemente en los inicios de la etnografía aragonesa, –Por diversas razones la figura de Pueyo me parecía fundamental-.

            Descendiente de Pallaruelo de Monegros, Mercedes Pueyo Roy estudió filosofía y letras en la Universidad de Zaragoza. Fue la primera mujer en doctorarse, el 21 de junio de 1961, día de San Luis. De la mano del profesor de arqueología y etnología e ilustre monegrino Antonio Beltrán Martinez estudió el dance aragonés, dando fruto a su tesis doctoral “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón”, publicada por Heraldo de Aragón en 1973. Gracias a los encuentros de Dance aragonés entrevistó a danzantes, mayorales y gaiteros; llevaba un magnetófono muy pesado de unos 15 kilos y tomó numerosas notas que llegaron a pesar cerca de 20 kilos. Todo su material lo ha donado al Instituto Aragonés de Antropología, haciendo gala de una gran generosidad y amor por su tierra. En 1962 marchó a Paris donde enseñó, durante un año, lengua y literatura española en el Institut Le Martin. Luego pasó a Suecia, becada por un instituto sueco, y ejerció 35 años en la Universidad de Lund, como profesora de lengua y literatura española e impartiendo conferencias en la universidad sobre cultura española. Ha estado 50 años fuera de España y actualmente reside en Puerto de la Cruz, Tenerife. Se casó en Suecia, de donde guarda muy buenos recuerdos, además trabajó mucho con la embajada Española en Estocolmo, disfrutando de una intensa actividad cultural. En suecia fue conocida como Mercedes Pueyo Carlén.

Mercedes Pueyo

            En su infancia, Mercedes acudía cada verano a Pallaruelo de Monegros por vacaciones, la conocían cariñosamente por “Merceditas”. Su padre Francisco Pueyo Samper nació en Pallaruelo de Monegros y pronto el cura vio en él grandes dotes e inteligencia para los estudios. Por aquel entonces, la abuela de Mercedes regentaba una pequeña tienda de ultramarinos local, la tienda de los Pueyo. Se había quedado viuda y decidió  vender todo para que su hijo Francisco, con tan sólo siete años de edad, pudiese marchar a estudiar a Zaragoza. Francisco trabajó en Zaragoza como maestro y años más tarde pasó a trabajar como inspector para la agencia general de seguros. Francisco tocaba el violín y era amigo de Capitán, además de un enamorado del dance, apunta Mario Gros (Vicente Capitán era un antiguo gaitero sariñenense). Mercedes recuerda ir a Pallaruelo y sorprenderse al ver los caballos pasar por la cocina para acceder al corral, allí aprendió a montar a caballo y vivía el día a día del pueblo monegrino, iba a ayudar con las labores agrícolas, todavía recuerda ir a trillar a la era.

            Del mayoral Juaner recuerda su simpatía y gracia, tenía  gran facilidad  para los pareados, hasta había compuesto la historia de España en pareados. Para Mercedes, -si Juaner hubiese nacido hoy en día, sería rapero-, pues contaba la realidad con magistrales pareados. Su padre Francisco Pueyo Samper recogió muchos dichos y versos de Juaner, mantenían una buena amistad, se conservan dos documentos que recogen los dichos de Pallaruelo de Monegros de 1940 y la Historia de España contada en versos. Todo lo recogido fue escrito, al menos en parte, por el tío Juaner, y se lo dio en mano a su padre Francisco Pueyo.

            Mercedes recogió música aragonesa, realizó grabaciones y transcribió muchas melodías. Mercedes estudió piano en el conservatorio de Zaragoza y tiene una gran voz que aún ejercita en un grupo coral. Cantó muchas músicas antiguas como albadas y canciones populares recogidas por todo Aragón. El material quedó recogido en el archivo de Antonio Beltrán. En el 2013, Mario Gros Herrero accedió a unas cintas del legado de Antonio Beltrán Martínez donde aparece  “Rondalla que interpreta jotas, jotas de ronda, bolero de Caspe y seguidillas de Leciñena. Donde se intercalan interpretaciones de gaita de Vicente Capitán de Sariñena, cantos de Mercedes Pueyo, cantos de María Martínez, cantos de Pío Beltrán y grabaciones de gaita hasta el final de la cara”.

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            Mercedes formó parte de la creación del Museo Etnológico de Aragón en 1955, que llevó a cabo Antonio Beltrán. La Diputación  Provincial de Zaragoza se hizo cargo de los gastos y se construyó la sede de la Casa Pirenaica- Parque Grande José Antonio Labordeta. Mercedes fue su secretaria, estuvo como becaria, catalogando y realizando estudios, cobrando unas escasas 500 pts al mes. Donó al museo el chaleco de seda de su abuelo Pascual Pueyo, ganadero y pastor, y materiales de casa de su padre. Estuvo hasta 1962 trabajando como becaria y publicando artículos para la Institución Fernando el Católico. Fabricaron un cuestionario etnográfico y lo mandaron a todos los pueblos que pudieron, normalmente a los principales personajes de cada pueblo, como al maestro o al cura. Mario Gros señala que Antonio Beltrán tuvo la idea de montar los Concursos de Dance en Zaragoza para poder estudiarlos sin necesidad de ir a las distintas localidades.

“El dance es una composición poética”, poesía lírica, diálogos. La sátira en la poesía, dichos y matracadas. De la música no se pueden precisar sus antecedentes.

Mercedes Pueyo Roy

            Su trabajo “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón” es una de las primeras obras sobre el Dance aragonés y constituye una valiosísima aportación que abarca diferentes ramas de las letras, tales como historia de la literatura, poesía lírica, dialectología e historia de la cultura. Para Mario Gros -Su libro sobre el dance se publicó en el 73 como “mérito” para su acceso a la Universidad. De ahí la rareza de la edición. Está impreso en la imprenta de Heraldo de Aragón, pero la edición es de la propia autora. El libro del 73 no corresponde con exactitud a la tesis: se han reordenado las materias, faltan los anexos y se ha dado más importancia a los asuntos poéticos-literarios-. Antonio Beltrán Martínez dirigió su tesis, apunta Mario Gross, y entre ellos eran frecuentes largas discusiones sobre el dance. Mercedes recuerda a Beltrán como “un gran recopilador, capaz de montar un libro en cinco minutos”.

            Para Mercedes el “dance” es una palabra propiamente aragonesa y corresponde a un conjunto escénico, una representación dramática donde intervienen diferentes bailes, la primera vez que aparece la palabra dance es en 1720, el dance corresponde al siglo XVII. Para elaborar su tesis, Mercedes estudió durante cinco años 74 representaciones distintas del dance aragonés: -El dance es una pequeña pieza de teatro popular y al mismo tiempo una revista oral que sólo se imprimió una vez y que se renueva, corrige y aumenta cada año. Así pues, como obra dramática hay que considerarlo-.

            Gracias al Instituto Aragonés de Antropología y a su presidente Vicente Miguel Chueca he podido acceder a parte del legado de Mercedes, gracias también a Mario Gros Herrero por sus apuntes y ayuda, a Miguel Beltrán Llopis y a Mª Ángeles Hernández Prieto por sus aclaraciones y a Mercedes Pueyo Roy, por su agradable y familiar trato, un placer conocer a tan excelente persona y todo mi reconocimiento por su trabajo, esfuerzo y dedicación por la cultura aragonesa.

 

Algunas publicaciones de Mercedes Pueyo Roy:

– “El dance en Aragón”, Zaragoza V, Publicación de la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, 1957.

– “Origen y problemas estructurales del dance en Aragón”, Caesaraugusta, 17-18. Institución “Fernando el Católico”, Zaragoza, 1961.

– “Kurs i spansk fonetik och spanskt uttal” (Curso de fonética española y pronunciaciones españolas) Pueyo-Carlén, Mercedes, 1934- (författare) Lund : Studentlitteratur, 1969 Svenska 151 s.

– Fiesta / Mercedes Pueyo-Carlén, 1934- (författare) Malmö : LiberLäromedel, 1973-

– “Nya spanska stilar” (Nuevos estilos del español) Pueyo-Carlén, Mercedes, 1934- (författare)Pärletun, Margareta, 1943- (författare) ISBN 91-44-08181-2 Lund : Studentlitt., 1972 Spanska 47 s.

 

La memoria del hambre


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La memoria del hambre es la historia de esta árida tierra monegrina, de escasas precipitaciones y malas cosechas, de duros trabajos y de emigración a las grandes urbes. La llegada del regadío ha transformado el medio y nuestra nueva forma de vida deja atrás el hambre, la sed y su memoria, que hoy se asoma para no olvidar de donde venimos y quienes somos.

Además del cultivo del trigo y la cebada, en esta tierra, el panizo nos ha ayudado a sobrevivir; a pesar de su principal producto, el grano, su aprovechamiento abarcaba toda las partes de la planta: la “cascarota” para hacer colchones, el pelo de la “panocha” o “panota” pa infusiones para las infecciones de orina y con el “zuro” y las “cañuflas” s´hacía fuego. En las hogueras se quemaba todo lo que se podía, pues la leña en esta zona escaseaba, se aprovechaba la paja y hasta las “antostas”, el fiemo seco de las cuadras. Cuando aparecían los pelos negros de la panocha, se “espuntaba” el panizo por encima de la panocha y con lo replegau s´hacían fajos para alimentar al “vacumen” (conjunto de ganau vacuno).

La leña la bajaban las gentes de Lanaja desde la sierra d´Alcubierre; de Castejón y Pallaruelo de Monegros traían romeros para vender o cambiar por remolacha o patatas. Alguna casa rica del lugar compraba al año un par de carretas de fajos de romeros y los repartía entre las gentes más necesitadas.

En la festividad de los animales se celebraban las hogueras de San Antonio, ningún animal realizaba faina alguna y las caballerías se quedaban en las cuadras; hasta la Guardia Civil amonestaba a quien hacía trabajar a un animal. En las hogueras se bailaba y se cantaba, en cada barrio s´hacía una hoguera y se asaban patatas. Era la fiesta de las caballerías, los agüelos prendían la hoguera, se sentaban arredol y regañaban a los zagales que enredaban con la hoguera. Un día de fiesta, de descanso, de güen vino y güena compañía.

Con el panizo royo se obtenía la harina con las que se elaboraban las farinetas, alimento básico al igual que la salvadora patata. Las tostadas de vino y azúcar fueron un gran aporte nutricional para los zagales y zagalas de nuestra tierra, ¡toda una gran merendola!.  S´ha comido de todo, verduras que en otros lugares se despreciaban, aquí han sido y son un manjar, como las borrajas y los cardos. Igual ha sucedido con las tripas y vísceras: chiretas, cabezas de cordero, sesos, libianos, madejas… lo que antaño era una necesidad, aura la casquería forma parte de la alta cocina. Lagartos, gurriones fritos, serpientes, tordos e incluso rabosas servían de alimento.  El hambre ha empujado a las gentes a sobrevivir, al furtivismo en la caza, al estraperlo e incluso al bandolerismo, muy célebre en nuestra comarca por la cuadrilla del Cucaracha.

Los huesos del muladar de la Laguna eran cambiados por naranjas. Por la laguna se juntaba el ganau de diferentes casas: vacas y ovejas eran pastaus por los guayateros (encargaus del rebaño común). Muchos zagales iban a buscar, con cantaros de leche, el caldo de cocer las bolas y butifarras de las matacías de las casas más ricas y lo aprovechaban como apreciado caldo. Tamién se iba al Casino para comprar los “posos de café” que se aprovechaban para volver a hacer un café “una miaja flojer” en casa. En los hornos de pan, los zagales pedían algún corrusquer de pan, había un horno en la calleta, entre la casa de Juan Torres y Mariano Torres y otro cerca de la plaza de la iglesia.

De la “pastura”, que es un cocido pa los tozinos con salvado (cascarilla del trigo)  y patatas, recuerda Arturo Morera con los amigos coger algunas patatas antes de que bulcasen el caldero en la zolleta.

Algunas mujeres acudían a las vías del tren a recoger el carbón quemado “cagacierros”, que los maquinistas arrojaban a la vía. Aquellas mujeres daban tanta pena que los maquinistas tiraban alguna que otra vigueta de carbón (carbón sin quemar), que se la disputaban aquellas sufridoras mujeres y que incluso alguna de esa disputa, por la necesitada vigueta, acabó a puñetazo limpio. Las mujeres llenaban pesados sacos que transportaban sobre sus espaldas caminando hasta Sariñena. Muchas portaban el saco sobre su cabeza, llegaban agotadas, negras del carbón, con el miedo a ser interceptadas por la Guardia Civil y les fuera incautada su precaria subsistencia. Muy dura fue la época de la postguerra, de un hambre horrible y una represión terrible. La dignidad de la supervivencia y la lucha de aquellas mujeres es un ejemplo, una memoria, la nuestra, la de nuestro pueblo que no se ha de olvidar.

Zagales y zagalas recibían como “Cabo d´año” un higo seco con una almendra dentro, tamién se hacían collares “zerollos” o “collares zerollicos”, en una cuerda iban poniendo los higos secos con la almendra hasta formar un collar, asinas que, poquer a poquer, se lo iban comiendo.

Muchas gracias a todas las personas que comparten sus recuerdos, aquí quedan plasmados en nuestra revista “Quio”, contribuyendo a recuperar nuestro pasado reciente, de una gran sabiduría de la que es un placer ir aprendiendo. Muy especialmente, gracias a Simone y a los Migueler (padre e hijo)  por abrirme el arcón de los recuerdos de la cadiera monegrina, que no se cierre y olvide nuestra memoria, de la que muchos y muchas, siempre nos sentiremos orgullosos.

Zancarriana w

Los Pierretes


Los Pierretes

 *Foto: Antonio Susín, Carmen la Pomara y Elías Capitán.

      Elías Capitán Inglán, apodado “Pierretes”, debido al amor que su padre José Capitán tenía a los animales, fue “General” del Dance de Sariñena. Elías participó durante muchos años en la representación del duelo entre “Moros y Cristianos”, interpretando al General cristiano. Así aparece elegantemente inmortalizado en una fotografía  de 1940, con un traje militar de alto rango. Su hermano Vicente Capitán Inglán (1899-1967), fue un conocido gaitero del Dance de Sariñena. Vicente aprendió de Sixto Lana “El Rey”, de quien, además de transmitirle su arte, heredó su gaita. Vicente fue huertero, cestero y pregonero. Con la trompeta anunciaba el pregón de asuntos varios del ayuntamiento o anunciaba la presencia de vendedores ambulantes y tocando un tambor anunciaba el pregón sobre asuntos del sindicato de riegos. Vestía un característico traje negro de pana y con su mujer Mónica, con quien hacía las cestas, tuvieron dos hijas, Ilumina y Consuelo.

     Elías Capitán trabajó un pequeño huerto de arriendo por los bancales de Portera, tejía cañizos y blanqueaba con cal. Las brochas las hacía con pelo de burro, triaba el pelo bueno y lo fijaba a un palo con un “modroño” en la punta, con liza iba atando los manojos de pelo hasta formar la brocha. Por aquellos años, Elías y Morcilla eran los únicos blanqueadores del lugar. Para blanquear por lo alto ataba la brocha a una caña. “Pintaba por unas 25 pesetas la habitación” recuerda su hija Josefina Capitán. Josefina es una de las tres hijas de Elías, junto a María y Cristina, y nos ha recibido amablemente en su casa. Mira al pasado con la nostalgia de una época dura, pero en la que se respiraba mayor conciencia de pueblo, más unidad y vecindad: “las puertas de las casas estaban abiertas y nadie entraba”.

     Josefina con sus hermanas tenían que ayudar a su padre, primero era comer antes que la escuela, aunque trataban de faltar lo menos posible. Madrugaban para ir a pelar las cañas y con una hoz las iban pelando de arriba abajo. Su padre cortaba y hacía los fajos de cañas, los tapaba por la noche con las hojas para que no cogieran la rosada y al día siguiente las pelaban. Los cañizos se los compraba Basilio el albañil, a 1,25 pesetas el cañizo. A la hora de comer llegaba su madre con la comida y se la comían en el mismo tajo, con suerte alguna sopa de patetas o de alguna cabeza de cordero. Entre risas, Josefina cuenta la extrañeza que su padre se llevaba al percatarse que a las sardinas de cubo “guardia civiles”, compradas en casa Ancho, siempre les faltaban los ojos, pues Josefina se los comía en el trayecto de vuelta a casa.

   Para las fiestas se mataba un tocino y pollos tomateros, que eran pollos muy tempraneros. Criaban conejos y con una jadeta, Josefina, iba a buscar hierba para criarlos. En casa hacían sogueta, respigaban almendras, arrancaban lino, iban a buscar carbón quemado a la estación para calentarse e iban a comprar romeros que traían de Castejón de Monegros: “amadruga, que te darán los mejores”. Josefina nos recuerda la forma de hacer las criadillas, que las considera mejor que los sesos, para cocinarlas les quita la piel y las hierve un “poquer”, las apaña con un poco de aceite y ajo y listas para comer. Con las tripas de cordero hacían sopa, las tenían que lavar muy bien. La forma que tenían para limpiar las tripas era dejarlas a remojo con cal en polvo y al día siguiente se rascaban dejando las tripas limpias y blancas. Muchas personas iban a su casa a comprar cal para limpiar las tripas.

     Gracias a  Josefina Capitán por abrirnos la cadiera monegrina de los recuerdos, siempre un placer aprender de la gran sabiduría popular. Y también gracias a Manuel Antonio Corvinos porque, como siempre, ayuda y hace disfrutar de la aventura de viajar a las raíces de nuestra tierra monegrina.

     * La cal la elaboraban utilizando los hornos que se encuentran en el antiguo puente de Santiago sobre el Alcanadre en Sariñena. (Ampliada la información el 11/11/2014).

Publicau en Os Monegros el 20 de octubre del 2014.

Zancarriana w

Pallaruelo de Monegros


Pallaruelo de Monegros se encuentra al pie de la sierra de Alcubierre, entre campos de cereales salpicados por sabinas centenarias. El paisaje es único, el sabinar de Pallaruelo es un tesoro, un bosque formidable de sabina albar junto a especies esteparias como el romero, la ontina y el sisallo. Pallaruelo resalta en el paisaje, es un pueblo costanero culminado por los restos de una antigua torre, el último vestigio de la antigua iglesia construida en 1258. Se han perdido gran parte de las tablas góticas del retablo, del siglo XIV, obra de Martín Soria, pero afortunadamente aún se conservan algunas en el Museo Provincial de Huesca.

Las primeras referencias escritas de Pallaruelo corresponden a 1170 y son: Pallaruelo, Pallerolo, Payleyrol, Pallyaruelo, Palarolo. Manuel Benito ha relacionado su origen etimológico a “Palacio”, del latín PALATIUM: propiedad, granja. Pero es Bienvenido Mascaray, en Toponimia altoaragonesa, quien nos ofrece un análisis más profundo considerando Pallaruelo un topónimo ibérico cuyo significado es “el terreno costanero de avena”, y más completamente “el terreno costanero sembrado de avena”.

La Iglesia parroquial a San Salvador es contemporánea, de 1808, de un estilo Barroco clasicista. Las fiestas patronales se celebran los días de San Salvador (6 de agosto) y San Roque (7 de agosto). En las vísperas de las fiestas se cantaban coplillas y se iba por las casas donde tenían buen vino. El gaitero Vicente “El Capitán” acompañaba los bailes y mudanzas del dance. Acudía a cantar el jotero de Ballobar  “Remetes” y el jotero de Santalecina iba a cantar a Albalatillo; el que cantaba en un pueblo no podía ir al otro, eran rencillas sanas entre pueblos. La ronda jotera ha estado sin realizarse más de cincuenta años, pero ahora goza de una completa implicación y participación de todo el pueblo. Lo mismo ha sucedido con el dance, que se recuperó tras 30 años de ausencia.

La cofradía de San Sebastian nació para dar entierro a los transeúntes que fallecían en el término de Pallaruelo, se hacía cargo de los costes del enterramiento. Además se acompañaban y velaban los enterramientos de los cofrades, éstos pagaban una cuota periódica para cubrir los gastos. Para San Gregorio, el 9 de mayo, se bendecían los términos municipales y el 19 de enero se hacía una hoguera para la víspera de San Sebastian. En el centro del pueblo se encuentra el cruecero de La Cruz, una cruz de hierro en base de piedra, situado en la intersección de las dos principales vías.

El geógrafo Madoz, en su diccionario geográfico de 1845-1850, describe Pallaruelo como un lugar bien ventilado, con 70 casas, casa consistorial, cárcel e iglesia. Se cultivaba trigo, ordio, avena; cría ganado lanar, y caza de conejos, perdices, lobos y zorros.

Pallaruelo ha sido y es un pueblo agrícola y ganadero; antes los cultivos eran de secano  y con la llegada del canal de monegros, y la modernización, muchos campos se han transformado en regadío. Tradicionalmente la actividad ganadera se ha basado en el pastoreo de ganado ovino con un pequeño porcentaje de caprino; se consumía mucha leche de cabra. Existían cinco balsas: la balsa Buena y la del Tío eran balsas de consumo humano y las balsas el Consejo, el Tozal y la del Tío Celestino (ya desaparecida) servían para consumo animal. La balsa Buena es de planta circular y revestida con un muro de piedra. En la balsa del Tozal se encontraba el recogimiento para los transeúntes. También, al lado de la balsa del Tozal, estaba  el tejar, donde acudía la familia Dobon de Alcolea, para fabricar las tejas. El viejo pozo Servando se encuentra enronado. La construcción de las casas es en piedra, adobe y tapial.

No había ni huerta ni frutales, pero sí viña y oliveras, en Pallaruelo siempre han gozado de muy buen vino. Abunda la caza menor de conejo, liebre, perdiz… Se recogían carretadas de sosas, romeros y ramas de sabinas para vender como leña, principalmente para hornos de pan. Francisco Lasheras recuerda los 11 kilómetros de distancia entre Pallaruelo y Sariñena, los recorría en carro con su padre y puede describir al detalle el recorrido.

La escuela llegó a tener hasta 36 críos y hoy en día aún permanece abierta. Hace medio siglo había más de 350 habitantes, quizá ahora sean unas 80 personas las que residan habitualmente. En el pueblo hubo una tienda de ultramarinos del tío Villa, la panadería de Victorino, la carnicería de Francho y el herrero  Francisco Soñen. El bar de Antolina estuvo entre los años de 1960 a 1990 y antes estuvo el bar del tío Villa, desde después de la guerra civil. El médico acudía desde Sariñena, el Doctor Pedro Cascales y el Doctor Andión. Del pueblo había un médico, D. Carlos Ruata, que ejercía en Barcelona, pero pasaba largas temporadas en Pallaruelo y siempre atendía a sus vecinos. La comadrona era la Jacoba.

Entre calvos y pelaos

Y gente de poco pelo

Se ha formado un guirigay

En la fiesta de Pallaruelo.

José Pleyan de Porta, Sariñena. En “Aragón histórico, pintoresco y monumental” I Huesca p. 400.

“Pallaruelo, tres cebollas con un huevo”

 Refrán del manuscrito de Gonzalo Correas.

Publicau en Os Monegros el 27 de junio del 2014.

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Farinetas


           * Panizo Royo

Farinetas

En una perola de buro s´añade 1litro d´agua y la sal. Cuando l´agua prenzipie a bullir, s´añade poquer a poquer la harina (100gr harina de trigo y 50 gr harina de panizo royo). Pa que no se agrume, s´en barracha todo con una cuchara de madera.

S´ha de cocer china-chana unos 8 menutos, to regüelto pa que no s´en quede agarrau y ni quemau.

Pa rematar, en una sartén se puede freír, en azeite de oliva, pan cortau a piazetes y trozetes de pernil,  p´añadir dimpués l´apaño a las farinetas, una vez fuera del fuego. S´en regüelve to con las farinetas y ¡preparau pa minchar!.

¡Y buen prebo!

Publicau en Os Monegros el 26 de febrero del 2014.

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El Chato de Pallaruelo de Monegros


Francisco Lasierra nació en 1950, en Pallaruelo de Monegros. Es de casa “El Moreno”, una familia de labradores: “era la quinta mejor casa del pueblo y contaba con un par de mulas”. Francisco es agricultor, pero sobretodo es un extraordinario jotero rondador, conocido por todo Aragón como “El Chato de Pallaruelo”.

Su niñez transcurrió en Pallaruelo, un pueblo pequeño en el secano monegrino. Cuando él acudía al colegio eran unos 36 zagales. Jugaban a cazadores, a la guerra, arramblaban higos y minglanas, cogían por el monte nidos de pájaros e iban a pescar a las balsas. Con su padre cazaban raposas para vender sus pieles en Sariñena. El agua la iban a buscar con cantaros a las balsas y llenaban los aljibes de las casas para tener agua fresca en verano. Con ocho años era monaguillo y fue cuando  comenzó a cantar en el coro de misa.

Por aquel entonces había cine en el salón de casa Playán, desde Pertusa acudía un hombre en moto para poner la película. Cuando por edad no podían ver la película,  se asomaban por una ventaneta de rejas, así recuerda ver alguna escena de “El último cuplé” de Sara Montiel.

En la plazeta está el frontón, se jugaba mucho a la pelota dura y debían de darle con la mano. Había mucha afición y se hacían campeonatos. El Chato jugaba mucho hasta que se convirtió en jotero.

De pequeño iba en carro a Sariñena con su padre. La distancia de once kilómetros los conoce al detalle y así recuerda cada punto kilométrico:

  • Km 1: La almendreta (Una almendrera que ya ha desaparecido).
  • Km 2: La Cortada, cruce con la carretera a Albalatillo.
  • Km 3: Bajada La Pita.
  • Km 4: Paridera Torres.
  • Km 5: La Caseta de los camineros.
  • Km 6: Curva de la Barraca, desvío a San Juan.
  • Km 7: La fontaneta del juez (Fuente del cantaro)
  • Km 8: Puyalón
  • Km 9: Viña de Portera.
  • Km 10: Arbolera de Sariñena, donde comenzaba la calle adoquinada.
  • Km 11: Villa de Sariñena.

A los once años tuvo que abandonar la escuela para dedicarse a las faenas de campo, su padre no podía trabajar y la familia tenía que tirar para adelante. El Chato pronto tuvo que ir a labrar con las mulas, segar, atender un pequeño rebaño de ovejas y el ganado domestico: cerdos, conejos y gallinas. A los 19 años compraron un tractor “hace unos veinte años que llegó el canal de monegros”. Años más tarde se produjo la concentración parcelaria y la transformación a regadío de las tierras de Pallaruelo de Monegros.

Al principio se animaba a cantar jotas en las juergas con los amigos: “de jóvenes nos juntabamos en cuadrillas para cenar y matabamos un cordero para la ocasión”. Cuando tenía unos 29 años se formó el grupo de jotas Aires Monegrinos, “al principio no comenzó muy en serio”. Mosén José María Arregui  fue su primer profesor, enseñaba canto coral en Sariñena. José Antonio Villellas le ánimo a ir a Huesca para aprender con la gran Camila Gracia, pero al final no fue.

Con la rondalla “Aires Monegrinos” se ha recorrido todo Aragón, gran parte de España y ha estado en varios países europeos. Con la rondalla lleva contabilizadas más de 2600 actuaciones y el ha realizado más de 3500, pues acude a rondar a muchos pueblos de Aragón. Lleva el nombre de Los Monegros por todos los lugares, es un embajador excepcional del que nos sentimos y nos podemos sentir muy orgullosos. Participó, junto con Javier Badules y María Gruas, en el programa de radio nacional de España “Un día como hoy”, con Juan Ramón Lucas, los viernes cantaban unas jotas resumiendo la actualidad semanal. También lo pudimos ver en el programa de televisión aragonesa de “Sin ir más lejos”. Ha conocido a grandes artistas como a Sara Montiel, Manolo Escobar o David Civera y a presentadoras como Inés Ballesteros y Nieves Herrero, “ha sido una experiencia majísima”.

La ronda de jotas de Pallaruelo se recuperó hace unos diez años, el “Chato” conocía su existencia por su padre y ahora es un gran acontecimiento en el pueblo. La ronda dura más de tres horas en un pueblo muy pequeño: “todo el pueblo participa y se implica”. Además acuden muchos forasteros y amigos de los pueblos vecinos, una buena excusa para visitar Pallaruelo de Monegros.

Otra tradición que se ha recuperado es el dance, “estuvo más de 30 años sin hacerse”. Se recuperó hace unos veinte años y el “Chato” participa escribiendo y recitando las motadas. Sigue la estela del antiguo mayoral: el “Tío Juaner”, con la gracia y creatividad que tanto le caracterizaban.  El Tío Juaner trabajó para casa “El Moreno”, el abuelo del Chato; murió joven y fue el tío Juaner quien se hizo cargo de las tierras de la casa. La mujer de Juaner era hermana de su abuelo. El Chato recuerda al tío Juaner sentado en una cadiera, después de una dura jornada de trabajo, anotaba en unas hojas los sucesos y anécdotas graciosas que habían pasado a las gentes del pueblo. Cuando llegaba el día del dance, el Mayoral Juaner dedicaba una motada graciosa a todos los danzantes, “poseía una memoria y creatividad privilegiada”.

El Chato se encuentra muy arraigado a su tierra, a su pueblo de Pallaruelo donde ha nacido y vive. Pallaruelo es un pueblo pequeño y son pocos vecinos, el pueblo ha ido a menos y la gente joven marcha. Pero es donde está su casa, su hogar: “la vida es tranquila y cuando se quiere se puede ir en un momento a Zaragoza o Huesca, vivir aquí es un privilegio”.

Publicau en Os Monegros el 26 de febrero del 2014.

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