Archivo del Autor: Joaquín Ruiz Gaspar

Acerca de Joaquín Ruiz Gaspar

Responsable del proyecto cultural "Os Monegros"

Maquis por Los Monegros


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Sierra de Alcubierre

“Localizados por numerosos efectivos gubernamentales fueron perseguidos hasta lograr adentrarse en la Sierra de Alcubierre, tan acogedora como siempre con los que huían de la ley”. Así narra Manuel Benito el devenir de algunos guerrilleros que, en octubre de 1944, atravesaron los Pirineos para combatir el régimen de Franco y fueron expandiéndose con dificultad “por los valles intermedios, llegando a los somontanos y a las cercanías de Huesca”.

El maquis,​ fue el conjunto de movimientos guerrilleros comunistas y anarquistas de resistencia en España que comenzó durante la Guerra Civil. Muchos de ellos guerrilleros lucharon en la 2ª Guerra Mundial incorporados en la Resistencia Francesa y comprendidos en la Agrupación de Guerrilleros Españoles. Con el comienzo de la retirada de las tropas alemanas nazis, en 1944, muchos volvieron a España con la esperanza de acabar con el régimen fascista de Franco esperando que los aliados interviniesen también en España. “Los Maquis Perdieron la guerra pero no la esperanza de volver a su tierra en libertad. Lucharon contra la Alemania nazi en suelo francés, fueron los primeros en entrar a París y los últimos guerrilleros europeos. Crecidos por el triunfo, creyeron que obligarían a Franco a rendirse con la ayuda política internacional” Manuel Benito.

Todo apunta que en Los Monegros no llegó a establecerse un grupo estable de maquis o guerrilla antifascista. Para Ignacio Castán Andolz, en su obra Los pirineos y el Maquis, la sierra de Alcubierre “Hubiera podido actuar como eslabón en un camino que, en las zonas descampadas, se atravesara al amparo de la noche. Nada he podido, de todos modos, confirmar al respecto. De las entrevistas realizadas en estos pueblos no se desprende la existencia de grupos guerrilleros de una manera fija en el período estudiado”.

En la Enciclopedia Aragonesa señala que en 1944 la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) realizó abundantes acciones en la sierra de Alcubierre. “En paralelo a la invasión del valle de Arán, a lo largo de la primera quincena de octubre de 1944 penetraron por la cabecera de los valles de Ansó y Echo cerca de 300 guerrilleros encuadrados en la 241ª Brigada, anteriormente llamada Brigada B, y comandados por José Cortés Brun, natural de Siresa (Huesca). Paulatinamente se fueron desplazando hacia el sur con la idea de agruparse en los montes de Zuera y Alcubierre. Arainfo

Algunos monegrinos formaron parte de los maquis, como Mariano Viñuales Tierz (Huerto, Huesca, 12 de febrero de 1919 – Huesca, 13 de octubre de 2013) que pasó armado los Pirineos para unirse a los maquis. Como muchos, Mariano ya había luchado en la guerra de España en las filas del Ejército Popular Republicano (EPR) y en la segunda Guerra Mundial en las Fuerzas Francesas del Interior (FFI). Mariano Viñuales fue denunciado y detenido cuando se encontraba en Huerto en 1944, siendo sometido a un Consejo de Guerra por un delito de Rebelión, Viñuales fue condenado en 1945 a la pena de 12 años y 1 día de cárcel. Los sariñenenses Antonio y Paco Larroy Masueras, también volvieron a España del exilio para luchar con la 21ª brigada de guerrilleros en la zona del Hospital de Benasque. Héroes de Francia y condecorados con la Cruz de Guerra con Estrella de Plata, mientras en su tierra natal la desmemoria y el olvido.

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Sobre mapa de la península, zonas de actuación de la guerrilla, hasta 1960. La guerrilla antifranquista. Andrés Sorel.

Sobre la presencia de maquis por Los Monegros, son varios los testimonios que se han ido recogiendo, como el de Miguel Inglan Tierz, quien con doce años se quedaba sólo en el monte, con un par de mulas por Las Almunias (Sariñena): “Era tiempo de maquis y eso causaba cierto pavor”. Los mismo le sucedía a Domingo Lana Novellón: “Recuerdo que, con 14 años, me quedé a dormir sólo en la paridera y en ese “bautismo iniciático” dormí poco,  sobre todo por el miedo que pasé sin luz, con el roer de las ratas y con las historias de maquis que aún se contaban”. También por las Almunias está el testimonio de Julián Royo Martínez: “Una noche, cenando con Pedro el jinete y otro más, aparecieron unos maquis. Estábamos preparando un calderito de patatas con aceite y al final tuvimos que hacer dos calderitos, pues no había suficiente para todos. En un momento, fui a llenar un jarrito a la balsa, que estaba a unos 50 metros y, como tardé un poco, los maquis se inquietaron “¡Oye!, este zagal tarda mucho en venir”, pues temían que pudiese avisar a la guardia civil. Los maquis llevaban un reloj de bolsillo y a las doce de la noche marcharon, no sin avisar que mejor no decir nada, que muchas veces la guardia civil acudía con quien denunciaba por delante y si había tiros siempre serían los primeros en recibir. Sacaron 10 pesetas para pagarles la cena, que no aceptaron, y marcharon. Al tiempo vieron pasar a muchos militares buscando maquis por la zona”.

Por la sierra de Alcubierre Jesús Perez Casamayor y Ángel Lacruz Escanero cuentan como en 1944 se encontraron por la sierra algunos maquis desperdigados: “Estuvieron poco y de paso”. Ángel encontró huellas cuando estaba trabajando de rebadán, para casa Calvo, y los maquis se llevaron una oveja: “En seguida aparecieron los guardias de asalto y partieron en su captura”. En otra ocasión, estando labrando con tres o cuatro pares de mulas por el Puyalón, les aparecieron tres maquis que les pidieron algo de comida: “Estaban muy hambrientos, agotados y desconfiados”. Al día siguiente aparecieron más de cien militares en su búsqueda. También aparecieron tres maquis cuando se encontraban ahoyando por la balsa de las piedras, donde actualmente se encuentra la escombrera, y los pararon para ver si tenían comida. Iba Julián, el padre de la abuela Carmen, con otros “menudas botas que llevaban, ¡unas botas! y olían mucho a humo”, pidieron comida y algo les dieron para comer.

En la publicación “Maquis y Pirineos”, de Ferran Sánchez i Agustí aparece la siguiente referencia: “Una columna al mando de José Marcos ocupó El Frago, pasó por Cinco Villas, fue bombardeada en Zuera, donde cayeron presos dos maquis, pero huyó hacía la sierra de Alcubierre. Octubre 1944”. Aunque las citas más precisas del paso de maquis por los Monegros las encontramos en la publicación “Maquis y Guerrilleros, del Pirineo al Maestrazgo, de Fernando Martínez de Baños Carrillo. Delsan LIibros, S.L. 2003”:

  • El 18 de noviembre llega a Sariñena el Batallón de Cazadores de Montaña “Galicia” número 10 por ferrocarril desde Ayerbe. También de esta localidad llega el 27 una Compañía del Batallón “Talavera” número 15. El día 14 de diciembre se realizaron reconocimientos entre Sariñena y Pallaruelo para localizar y batir una partida de tres guerrilleros.
  • En Robres el 19 de noviembre de 1944, el batallón 13 sostuvo un tiroteo con un grupo de  cinco guerrilleros  que lograron huir y el 20 capturaron a uno de ellos en la carrete a Alcubierre.
  • El 19 de noviembre de 1944, toman posiciones en la zona Puebla de Alfindén – Pina de Ebro fuerzas del ejército que realizaran un rastrilleo de la sierra de Alcubierre. Fuerzas del Batallón 13 capturan un guerrillero en la carretera a Robres. El reconocimiento finaliza el 21 de ese mes sin novedad. El Batallón “Las Navas” 14 salió el 29 de diciembre en persecución de un grupo de ocho guerrilleros en las estribaciones de la sierra. Estableció contacto con ellos, entre Monegrillo y Osera, capturó a dos rebeldes armados pero fue herido el soldado de la 1ª Compañía Luis Collado Samalea. Continuó la persecución en cooperación con fuerzas del   Batallón “Talavera” 15, que salieron en camión de Bujaraloz.
  • Diversas fuerzas parten el 25 de noviembre de 1944, de Perdiguera y Leciñena capturando un guerrillero armado de un grupo de seis. Un soldado del Batallón “Las navas” número 14 es herido en esa acción.
  • En Peñalba, el 30 de noviembre de 1944, se presenta una partida llevándose víveres. El día 1 de diciembre fuerzas de un Escuadrón y de un Batallón baten la zona comprendida entre Bujaraloz-Peñalba y el río Ebro para capturar una partida guerrillera que ha sido señalada en el sector. El día 13 de diciembre fuerzas del Batallón “Talavera” 15 persiguieron a una partida de tres guerrilleros sin alcanzarles, pero recogen dos fusiles rusos abandonados.
  • El 12 de noviembre de 1944 la Guardia Civil capturó en Leciñena tres guerrilleros sin armas y el 15 a cuatro más armados; uno el 16 y tres más, dos de ellos armados, el 17. Diversas fuerzas parten el 25 de noviembre de Perdiguera y Leciñena capturando un guerrillero armado de un grupo de seis. Un soldado del Batallón “Las Navas” número 14 es herido en esa acción. El 29 se presentan a la Guardia Civil dos maquis sin armamento acompañados de un labrador de esta localidad.
  • En Pallaruelo de Monegros, el 14 de diciembre de 1944, se realizaron reconocimientos entre Sariñena y Pallaruelo para localizar y batir una partida de tres guerrilleros.

Manuel Benito Moliner acabó diciendo “Unos murieron, otros se infiltraron, otros cayeron prisioneros, otros volvieron a Francia. Fueron los últimos bagaudas, bandoleros guerrilleros que recorrieron nuestra geografía en busca de lo imposible” . El maquis o guerrilleros son parte de nuestra historia más reciente, un capitulo por investigar y estudiar que a buen seguro el paso del tiempo nos irá aportando mucha más información.

Entrevista a mi abuela Cristina


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Cristina Andreu Lana

Por Jara Ballarín Cucalón. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Cristina Andreu Lana nació el 24 de julio de 1940 en Sariñena, era hija única y sus padres se dedicaban a la agricultura.

Cuando ella tenía 6 años le dejaron empezar la escuela nacional hasta los 10 años, después de eso fue a la de  las monjas, donde por la mañana hacía escuela normal y por la tarde les enseñaban a hacer labores, como coser o bordar, esto duró hasta sus 15 años. Después de esto, la llevaron a aprender a un taller de modistas, para conocer el oficio de la costura.

Los juguetes que solía utilizar eran los que le traían los Reyes Magos o en algunos casos los que le regalaban por su cumpleaños; los cuales solían ser muñecas de cartón o de trapo con pelo de verdad o de lana, cocinillas de aluminio o de cerámica, de vez en cuando le caía algún que otro costurero, y por supuesto juegos tradicionales (como ahora los llamamos).

A los 15, barría, hacía las camas, y los domingos con su abuela iban por las casas a dar leche con las lecheras (para las casas que no tenían vacas lecheras). Al ser hija de familia de agricultores, iba a hacer pequeños trabajos al campo, como recoger el producto o llevar comida a los campos o fincas donde se trabajaba. Y en la época de la siega se iba a la era a trillar.

En cuanto al agua no la tenían en las casas, la tenían que ir a coger a las fuentes que estaban en las plazas; por otra parte, la luz era escasa, solo una bombilla por habitación y de muy poco voltaje.

La vida en el pueblo era tranquila, salvo los días de fiesta, donde todos los habitantes salían a las calles a bailar, cantar jotas e ir al cine. La juventud de entonces se divertía a su manera, cada uno tenía su cuadrilla de amigos, con los que en San Isidro hacían más o menos lo mismo que ahora (montaban carroza y al mediodía iban a comer al campo), en verano como no había piscinas se iban todos al río. El 25 de julio Santiago se solían ir a refrescar y a merendar con unas gaseosas de pito.

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Mi abuela empezó a salir con mi abuelo a los 15 años y él a los 18. Se casaron a los 23 y 26 años. Su viaje de novios fue a Barcelona y a Lérida, porque mi abuelo tenía un hermano allí, la boda fue muy amena ya que se casaron en la iglesia, y después lo celebraron en su casa, la cual es la misma que tienen ahora y fue una herencia de su padre. Mi abuela era modista, y hacía labores en casa. Tuvo solo un hijo, mi padre. La tradición que tenían por entonces era quedar todos los primos de mi abuelo que seguían en Sariñena, en su casa; algunos domingos.

Jara Ballarín Cucalón.

Tercero de la ESO.

Margarita Anoro Grustán


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Por Lucia Trallero Escalzo. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Mi abuela paterna Margarita nació el 20 de julio de 1942. Su madre se llamaba Julia y su padre Joaquín. Tiene 2 hermanos Rafael y Joaquín.

Fue una familia de labradores y tenían en casa también algún animal, vacas, gallos, conejos… Para ganar dinero vendían leche a sus vecinos que llevaban a sus casas, el resto de la leche la vendían en una cooperativa que había en el pueblo. También sacaban algo de dinero con los demás animales, en el corral había: Cerdos, patos, gallinas, gallos, conejos y se acuerda mucho de unos gallos muy pequeños que los llamaban kikos y las cluecas que cuidaban, que siempre estaban con los pollitos. En casa, Margarita ayudaba a repartir la leche por las casas, alguna vez se le caía la lechera con la leche porque le daba vueltas en el aire y tenía que ir a por más. Cuando acababa se quedaba jugando con sus amigas en la calle al aeroplano y a otros juegos de su infancia.

Antes se vivía más en la calle porque no había tanta tecnología en las casas. Recuerda que los veranos jugaban por la noche a las calderas de Pedro botero, el juego trataba en poner a una persona en el centro con los ojos vendados y el resto hacían un corro alrededor de él, el del centro tenía que dar vueltas y pillar a los demás. También se acuerda de hacer alguna travesura como picar un hoyo en el suelo de la calle por la noche. Lo llenaban de agua y le ponían unas cañas y arena para que no se viera. Como las luces eran muy escasas no se veía bien y los que pasaban tropezaban y se caían, entonces los críos se reían y corrían para que no les pillasen los que se caían.

Las calles de antes eran de tierra con la lluvia se ponían todas de barro, había muchos carros de animales que tiraban de ellos (caballos, burros) también había muchos abrevaderos para que bebieran. Siempre llevaban la ropa sucia por el barro, el polvo.

A una vecina de la calle siempre le hacían alguna trastada. A la ventana más cercana de la calle le ponían una lata vacía de melocotón en conserva, la llenaban de agua y le ataban un hilo que lo tensaban y lo ataban al otro lado de la calle con una piedra. Cuando tiraba de la cuerda se le caía el agua encima y se enfadaba un montón.

Cuando salían del colegio también jugaban a las chapas, a las cartas, al balón, a la comba, también con juguetes que se hacían ellos, una vez sus hermanos hicieron un patinete de madera con ruedecitas de hierro (cojinetes). Cobraban a los otros niños que querían bajar por la calle del enado hasta la plaza de la Iglesia. Siempre había alguno que se caía y se hacía alguna chichonera.

Uno de los días más especiales que se acuerda era la matanza del cerdo. Tenían todos los niños fiesta y no iban al colegio. Los niños y vecinos acudían a ayudar y a comer ese día se daban presentes (regalos) a los parientes más cercanos. Muchas veces tenían que matar dos cerdos porque entre los que daban y guardaban con uno hacían corto, hacían: bolas, chorizos, longanizas, morcillas.

Se acuerda de hacer el proceso del jamón a la sal que era cubrirlo en sal y lo dejaban secar un tiempo prudencial, luego lo untaban con pimentón y lo dejaban secar al aire. Normalmente se hacía en el granero de la casa que era la parte alta, como un desván sin paredes ni nada y se ponían en un cañizo. También se ponía a secar ciruelas, orejones, uvas, de allí las uvas pasas y si tenían tiempo jugaban al balón con la vejiga del cerdo que hinchaban.

Para la noche de las ánimas 1 de noviembre también se acuerda de vaciar las calabazas, hacerles caras y ponerles una vela dentro. Se ponían en una ventana y de noche con la luz de la vela los niños más pequeños tenían mucho miedo.

Cuando ya se hicieron mayores uno de los hermanos Rafael se quedó en casa con la labranza para ayudar a sus padres y el otro Joaquín se empleó en un banco y ella ayudaba en algún establecimiento de dependienta.

Se casó joven con 21 años y ha tenido 4 hijos, 2 chicas y 2 chicos, Margarita, Salvador, Carlos y Marta.

Con su novio Salvador abrieron una pastelería un año antes de casarse. Ahora el negocio lo llevan sus hijos, ellos ya están jubilados pero siempre pasan por la tienda por si les necesitan.

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Ahora viajan mucho más que antes. Cuando era pequeña solo se viajan para alguna excursión, con el colegio fue a Monserratt a ver a la virgen moreneta, hicieron noche en una residencia de monjas y se acuerda porque cumplió allí 16 años. Otras excursiones con el colegio fue al Monasterio de Sijena en autobús.

Ahora es cuando más están viajando. Han estado en muchos sitios de España y también han viajado al extranjero. Ahora tiene 77 años y su marido Salvador 80, han cumplido las bodas de oro (50 años) y unos pocos más, y se consideran muy felices de haber hecho y vivido todas estas experiencias.

Lucia Trallero Escalzo.

Tercero de la ESO.

Miguela Borruel Pardina


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Miguela Borruel Pardina

Por Cruz Ullod Borruel.

Mi madre, Miguela o Miguelita, nació un 29 de septiembre de 1937, en plena Guerra Civil, en la casa del Pozo situada en la actual Ronda de San Francisco de Sariñena. Hija de María Pardina Pueyo, la “pallaruelera” y Plácido Borruel Capitán, la mayor de tres hermanos. Plácido trabajó toda su vida como jornalero en casa de Portera y en su juventud fue marmolista con los Morera. Mi abuela María servía en Casa Castanera. Plácido y María se casaron por lo civil y después de la guerra tuvieron que hacerlo por la iglesia. Aunque el cura no los dejaba casar si no le llevaban las tres “arras” de rigor. Mi abuela no tenía dinero para eso y tuvo que sustituir las arras (unas especie de tartas) por bizcochos.

A los pocos días de nacer mi madre ya se la llevaron  a Pallaruelo, pues mi abuela era de allí. Son muchos los recuerdos que guarda de este pueblo, sobre todo de su abuelo Miguel. Al criarse sin su padre (mi abuelo Plácido estuvo durante 2 años en la cárcel de Huesca, una vez acabada la guerra), su abuelo Miguel era como un padre para ella. Lo seguía a todas partes y el día que se la llevaba con él al monte era una fiesta para ella. A su abuelo Miguel, “Miguelón” porque era muy alto, lo recuerda siempre con su bota de vino colgada en el cabecero de la cama y preparándole pan con vino antes de que saliera el alba.

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De Pallaruelo recuerda los juegos bajo el Torrejón y las fiestas. Al gaitero Vicente Capitán (familia de mi abuelo Plácido), al tío Juaner…las juergas que montaban con su música y su porrón en los patios empedrados de las casas. Y los vestidos que estrenaba para la fiesta “sobre todo uno rosa con volantes”. Y el miedo que le inspiraba el diablo del dance que la encorría hasta el granero de casa, el pan bendito que entregaba y sigue entregando  siempre la misma familia por una promesa…

De la guerra recuerda cuando tenían que ir a refugiarse a las masadas  y le tapaban la boca para que no se oyesen sus llantos y no los delatase.

Recuerda como al principio, una vez que su padre salió de la cárcel, ella no lo quería, no lo había visto nunca. Decía que no era su padre sino “el marido de mi mama”. Recuerda también la noche que la bajó a la cuadra porque lloraba y no quería dormir con él.

Su segundo hermano, Antonio, nació en Pallaruelo y fue recogido por Josefina la del “Augau”.

José, el tercero, ya nació en Sariñena, en pleno invierno. Su nacimiento coincidió con la muerte del marido de su tía Isabel la Patica y como había nevado tanto tuvieron que abrir un camino con palas  desde su casa (Ronda San Francisco) hasta la iglesia para poder enterrarlo.

Miguelita no quería vivir en Sariñena y aunque sus padres y hermanos ya estaban instalados aquí ella se quedaba siempre que podía con sus abuelos de Pallaruelo, también fue allí a la escuela.

Años después ya se quedó definitivamente en Sariñena, aunque iba a Pallaruelo siempre que podía. De su casa de Sariñena recuerda que no había luz pero sí tenían pozo, incluso un pequeño brazal donde iban las vecinas a lavar la ropa. Muy distinto era el tema del agua en Pallaruelo, donde iban a la balsa con un colador para recoger el agua estancada llena de cucos  y donde se reutilizaba una y otra vez la misma agua porque no se podía desperdiciar ni una gota. En Sariñena era diferente, aquí había fuentes en muchas calles y plazas.

Fue a la escuela en Sariñena hasta los 14 años, cuando empezó a cuidar a Encarnita, la hija de su maestra ( y mía) Doña Emilia. Empezó a trabajar para ella mucho antes, fregaba el patio, le llevaba la leche todos las noches  de Casa La Diega. Me daba “un real” cada día por llevarle la leche. Por entonces ya empezaba a acompañarla el que sería mi padre, Jesús Ullod López, el Roso. Para Doña Emilia trabajó unos años incluso se la llevaba con ella a Huesca durante el verano para que siguiera cuidando de su hija, con la que mantenemos una estrecha amistad todavía.

En ocasiones tenía que pedir permiso a la maestra para salir antes de la escuela porque tenía que llevarle la comida a su padre hasta los chamarcales o los estañuelos Me habla de sus amigos: José Gómez, Codeta, Alicia la Sastra, la Pierretas, Culocuezo,…

En diciembre de 1958 se casó con mi padre con el que llevaban  juntos desde adolescentes, fueron de viaje de novios a Zaragoza, a la famosa “Posada de las Almas”. Al año siguiente nacería mi hermana M ª Jesús y en 1963 nació Rosa Mari, que desgraciadamente murió a los cuatro meses. Y en 1964 nací  yo, en pleno “baby boom”. Aprendió a coser con Pilarín Mateo, la “Titina” y nos hacía toda la ropa tanto a mi hermana como a mí. Yo me he criado entre patrones, hilos, retales,.. Mi padre trabajó mucho tiempo “pesando esparto” en diferentes localidades a las que se desplazaba en bicicleta.

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Jesús y Miguela por el camino del fútbol.

De sus años jóvenes recuerdan el montón de bares y tabernas que había en Sariñena, prácticamente una en cada calle: el Riau (donde la peluquería de Flora), la Parra (en la calle Enado),  Puchades (donde se instaló la primera televisión), el Bodegón “donde íbamos a merendar cabezas”, el café de Paquito en la calle de Ancho, casa Ojitos, el Romea “de más categoría” y El Peti donde “se vieron por primera vez las olivas rellenas” y había que hacer cola para entrar durante las fiestas. Y del cine, en el Romea, en el Casino y en el Victoria, a los que siempre se tenían que llevar de “carabina” a la abuela Incolaza, que era la primera que se apuntaba.

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Isidro Clavería, el “Chupón”, Antonio Campos, Jesús Ullod y José Borruel en el bar La Parra, detrás el camarero ¿?

Para poder aumentar el escaso salario que ganaba mi padre en “las viguetas” durante muchos años mis padres se hicieron cargo del bar del campo de fútbol “el ambigú”. Gracias a ello mi hermana y yo pudimos salir a estudiar fuera. Un esfuerzo que nunca les agradeceremos lo suficiente.

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Cruz Ullod Borruel

 

La vida de mi abuela Mª Jesús


 

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           Mª Jesús Sancho Domene                              

Por Carla Palau Sodric. Tercero de la ESO A. IES Gaspar Lax.

Mª Jesús Sancho Domene, nació el 24 de febrero de 1948 en Castelserás (Teruel). Su madre se llamaba Carmen y su padre José María. Su madre era ama de casa y ayudaba a su marido en el campo y su padre era agricultor. Mª Jesús tiene un hermano (José Luis) y una hermana (Antonia).

Estudió primaria hasta los catorce años y por las tardes hacía labores como coser, bordar… Cuando salían de la escuela jugaban a muchos juegos, al corro de la patata, a tirar la pelota que consistía en tirarla al aire y todos se iban corriendo para que no le pegara a nadie, si decían su nombre y le golpeaban con la pelota, morían. También  jugaban a las agujetas, a los cartonetes y con juguetes (muñecas, juegos de madera,…)

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En verano, como no había piscinas, iban al río a bañarse y allí se juntaban todas las amigas. Cuando el pueblo compró la primera televisión, la pusieron en casa del cura y todos se  juntaban allí para verla. A los catorce años comenzó a trabajar y hacían rulé a los pañuelos, que consistía en hacerles el borde a mano, cosió hasta los 16 años. En el pueblo había un centro de jóvenes donde se reunían y además había cine todos los fines de semana.

En Alcañiz, abrieron una conservera muy grande de mermeladas, fruta en conserva…y empezó a trabajar allí durante 2 años, hasta los 18 años que se fue a Zaragoza para aprender a hacer jerséis con máquina de tejer. Se compró una de esas máquinas y estuvo trabajando hasta los 30 años.

Durante ese tiempo se casó, el 5 de abril de 1975, con Rafael y tuvieron 3 hijos, Esther, Mª José y Nacho. Se casaron en Castelserás, su marido también era del mismo pueblo y lo celebraron en un restaurante en Alcañiz. De luna de miel se fueron a las Islas Canarias, visitaron Tenerife y Las Palmas.

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A los 38 años, se fue a estudiar estética a Zaragoza y a los 42 años estudió peluquería porque en el pueblo habían cerrado la única que había y abrió una. Se hicieron una casa y cuando tiraron la vieja, encontraron una bomba de la Guerra Civil que tuvo que venir a buscarla la guardia civil.

Cuando sus hijos eran pequeños iban de vacaciones a un camping con los amigos, que tenían hijos de edades parecidas y se lo pasaban genial, les encantaba ir. La primera vez que montaron la tienda de campaña se fueron a un pantano a estrenarla y justo esa noche subió el agua y se les mojó todo, porque estaban durmiendo y no se dieron cuenta. En otro camping, les picaron un montón de mosquitos a sus hijas y parecía que tenían una enfermedad de tantas picaduras.

Cuando cumplieron los 25 años de casados se fueron a Tierra Santa, fue un viaje que les pareció impresionante. A partir de entonces no han dejado de viajar a muchos lugares, como Budapest, Praga, Noruega, Rusia, Marruecos, Suecia, Portugal,…

Tradiciones

El día de todos los santos iban a rezar a casa de una tía y allí se rezaba el rosario y luego hacían una merienda, se contaban cuentos, chistes y se los pasaban muy bien.

Era tradicional hacer hogueras la víspera del Pilar.

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Las fiestas patronales de Castelserás son en invierno, en honor a San Sebastián, el 20 de enero y se hace una hoguera monumental  que es de interés turístico regional y las fiestas de verano son en el mes de agosto. Antiguamente las fiestas de verano eran por barrios y después dejaron solo unas para todo el pueblo.

Otra fiesta muy importante en el pueblo es el día de la ermita de Santa Bárbara, que se celebra en la segunda Pascua y se hace una romería a la ermita. Se dice que Santa Bárbara nos protege de rayos y tempestades.

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Refrán:

‘En Castelserás, es cierto, que de rayo nadie ha muerto’.

Palabras típicas que se usan en Castelserás:

Laco: bache en la carretera.

Solitre: cuando hace mucho sol.

Presco: melocotón.

Alberge: albaricoque.

Amerar: mojar

Felumbre: mal olor.

Evolución

Mª Jesús cuenta que desde que nació hasta ahora ha vivido muchos cambios.

Cuando era pequeña no tenían agua corriente en casa y tenían que ir a buscarla a la fuente, y lavaban y fregaban en la acequia, llevaban la ropa en cestos (galletas) en la cabeza y los cántaros también en la cabeza.

Al  principio cocinaban con un hornillo de petróleo, después con una cocina económica o de leña y bastante después llegó el butano. Pasaron bastantes años hasta que tuvieron vitrocerámica.

Los trabajos del campo se hacían todos a mano y con caballerías y ahora se hacen con menos esfuerzo, ya que utilizan mucha maquinaria.

Cuando era pequeña no tenían ni televisión ni teléfono en casa y ahora tienen móvil , ordenador, varias televisiones….

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Carla Palau Sodric.

Tercero de la ESO A.

Aldea


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Aldea por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Ya hace tiempo que nadie vuelve y el aire corre por estas viejas cuatro paredes. Duramente resisten los vetustos muros de piedra que inevitablemente comienzan a desmoronarse. Es tiempo de ausencias y de olvidos, ya no se cuentan añejas historias al calor de la lumbre del pequeño hogar, de un pequeño espacio que familias compartieron generaciones tras generaciones. La soledad embriaga tiempos sin memoria, de saberes populares, del esfuerzo y trabajo en esta sierra monegrina, de leyendas de bandoleros y del gran Cucaracha. Ya no humea la chimenea, ni despide antes del amanecer, ni espera después del anochecer.

Días de otoño, de preparar las tierras y sembrar, dormir al calor de las mulas en la pequeña aldea que hace muchísimos años se levantó piedra a piedra. Una a una se fueron colocando las piedras que se arrancaron a la sierra, con las manos encallecidas y duras, con las manos de segar en verano bajo el implacable sol, donde sólo la vieja sabina, a su sombra, se hallaba resguardo. Las mismas manos que aserraban los pinos y bajaban de la sierra las leñas, que arrancaban los romeros para los hornos y el esparto para hacer sogueta, las manos que recogían las almendreras, olivares y viñas.

La sierra permanece salpicada de aldeas espaldadas por tiempos que ya no valoran su propia historia, la de su gente, la de sus abuelos y abuelas. La vegetación va apoderándose, los tejados hundidos y los muros a merced de la erosión del abandono. Con ellas desaparece parte de nosotros y nosotras, vidas que fueron e incluso nacieron en aquellas solitarias aldeas esparcidas sobre la sierra de Alcubierre.

El aire, el cierzo corre por las cuatro paredes, entra por las puertas que ya nada guardan y nada resguardan, mientras la enrona se va acumulando en su abandonado espacio. Ya no bajan los carros llenos a los pueblos, ni van sus gentes montados en ellos, ni bajan ni suben. Y el viejo poblado de Peñalbeta aparece distante, resignado a la desmemoria, igual que los caminos los reclama el monte, igual que muchos campos que ya no se cultivan.

Os Monegros (1)

Sabina por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Las balsas ya no recogen el agua como antes, ya no sacian la sed, aquella sed que ya no fatiga a los hombres y mujeres en estos malditos y rabiosos secanos. Los muros de piedra de los campos se derrumban llevándose tantos recuerdos, tanta sabiduría que tanto costó aprender. Ya no abundan los rebaños de cabras y ya casi no hay pastores, las parideras quedan vacías y el silencio se adueña de todo. La sierra permanece como ausente.

Sólo el aroma a ontina, romero y tomillo, a monte, perdura la esencia de tantas gentes. Los cielos claros y limpios, el aire puro y el olor a tierra, los campos de trigo y cebada. Quien levantó cada piedra sabe el valor de cada muro y de cada aldea que siempre buscó legar a los suyos. Ahora nosotros y nosotras somos sus herederos y el frío entra entre las cuatro paredes, el aire recorre paredes que ya no hablan, callan porque ya hace tiempo que hemos dejado de escuchar.

Ya hace mucho tiempo que nadie vuelve y ya hace mucho que nadie espera. Aunque a veces parezca que aún quiere esperar.

  • Nota: Aldea es la forma de denominar a las casetas de monte en la sierra de Alcubierrre.

Herencia libertaria


Los Monegros se trata de una meseta dura de Aragón, una tierra de contrastes, donde, como cantaba José Antonio Labordeta, «Ni el árbol ni la piedra sienten piedad de un cielo despiadado». Los Monegros es un lugar de memoria, un punto de anclaje donde se arraigan dos historias: la de mis padres y la grande, la que lleva el sueño y establece la tragedia de los hombres. Todo comienza a partir de ahí, en los Monegros, en el pueblo de Sariñena.

Por Daniel Pinós.

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1939. Eusebio Pinós en el campo de concentración de Argelès

Es una historia singular, la de los republicanos españoles, una generación entera de mujeres y hombres que la historia oficial olvidó y maltrató demasiado tiempo. Cualquiera que haya escuchado las historias de la épica heroica, cuando todo parecía posible, o de los tiempos de arena, cuando las playas del sur de Francia aparcaban la desesperación de los derrotados, se recordarán siempre las voces de los fantasmas, fuertes o rotas, según sea el caso.

Todo empezó en Sariñena, el 19 de julio de 1936, con el gran viento liberador de la revolución. Los libertarios de la CNT, de la generación más joven, al igual que en el conjunto de Aragón, eran mayoritarios en los comités revolucionarios. Decretaron la colectivización de las tierras y abolieron los alquileres, expropiaron los latifundios y la maquinaria agrícola. El dinero fue abolido y un sistema de comercio basado sobre vales, en función de las necesidades de cada familia, fue establecido. Como en otros lugares, los títulos de propiedad fueron destruidos y la iglesia del pueblo fue utilizada por el comité de abastos, dirigido por mi padre. La utopía estaba en marcha y los campesinos del pueblo participaron con entusiasmo en la revolución social. Mi madre resumía las cosas así «Nunca he trabajado con tanto entusiasmo, sin estar pagada y sin vacaciones, a una causa tan hermosa». Y es así como la nueva vida empezó, con este comunismo libertario que el sueño había imaginado, pero que nadie hasta ese momento se había enfrentado a la prueba de los hechos.

En abril de 1937, mi padre partió para al frente del Levante. Tres meses más tarde, a finales de julio, en Aragón, las tropas de Lister, el general del ejército republicano, celebraban el año 1º de la Revolución mediante la destrucción, por la fuerza, de buena parte de las colectividades, con la furiosa voluntad de restaurar el orden republicano y de los propietarios. Y el estalinismo fue su brazo armado. La revolución ya sólo era un sueño abortado; la guerra sucia, donde el militarismo, finalmente, acabó por hacerse cargo de los espíritus, era una realidad.

Tres de mis tíos combatieron en los frentes de Aragón y de Andalucía en Pozo Blanco, donde uno de ellos, hermano de mi madre, perdió la vida, con sólo 20 años. En el frente, en Gandia, mi padre y sus compañeros luchaban para no fallar, porque la siniestra cara del fascismo estaba en el otro lado de la trinchera, pero la lucha era tan desigual y el entusiasmo inicial, esta fuerza que sacudió las montañas, era aplastado en la yema.

En noviembre de 1938, después de meses de silencio y de separación, mis padres se reunieron cerca de Gerona para el largo viaje del exilio: la Retirada. Mi padre pasó el último la frontera francesa por el Perthus, el 9 de febrero de 1939. Luchador anónimo entre miles de personas en una procesión funeraria donde se levantaba el silencio de los vencidos. Mi padre estaba probablemente lejos de imaginar que nunca más iba a ver Los Monegros y España.

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Aime, Savoya, 1940. Los leñadores de la empresa Trézalet. En el centro de abajo, Eusebio Pinós. Arriba a la izquierda, Gabriel Pinós. Arriba en el centro José Barrieras

El exilio español es principalmente una humillación. Mi padre y sus dos hermanos fueron detenidos en Argelès-sur-mer. Los exiliados quedaron marcados para siempre. Nunca se olvidará la primera impresión que tuvieron en los campos de concentración de Francia: el sentido de degradación que experimentaron allí, en relación con la pérdida de todos los valores morales que llevaban con ellos, el sabor amargo que tenía el pan hecho de harina mezclada con serrín, la tramontana, el viento frío y cortante que dejaba los cuerpos magullados en las playas de arena en las que nada se planeó para alojar a los hombres, la muerte, la «arenitis», la enfermedad mental que generó la insoportable cautividad de las arenas.

Nunca diremos con bastante fuerza esta vergüenza francesa que ningún arrepentimiento llegó a lavar, esta bajeza del país dicho de los derechos humanos, las palabras «libertad, igualdad, fraternidad» escritas en el frontón de sus ayuntamientos, la santa trilogía republicana que sus élites pisotearon.

En estos campos, sin embargo, los republicanos encontraron la fuerza para resistir contra el hechizo maligno, para unificar sus iras y sus solidaridades, mediante la agrupación por afinidad política o sindical, participando a la prensa de las arenas, escritas a mano en papel fino, que reproducían manualmente con una caligrafía elaborada, e ilustradas con la pluma o un lápiz de color. Obras de teatro, grupos de música fueron creados por los cautivos para resistir contra la «arenitis».

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Macizo de Glières, 1944. Grupo de maquisards españoles del grupo Ebro. Al final a la izquierda José Barrieras.

Una vez más separados por la historia, los Pinós se reunieron en el verano del 39, en la Saboya. Supervivientes de un mundo perdido, tuvieron que esperar la segunda guerra. No tardó. Al igual que para muchos otros libertarios y republicanos españoles, fue para mi padre y mis dos tíos el momento de obtener una revancha contra el fascismo y de participar a la Resistencia francesa, en Saboya y en los Pirineos en las filas de los francotiradores y partesanos de la Mano de obra extranjera. A punta de fusil, pensaban que el franquismo sólo le quedaba contar sus días… Pero se equivocaron, debido a que no contaban con el cinismo de los ganadores de la segunda guerra mundial. Los sueños de estos combatientes pasaron por pérdidas y ganancias. Sin embargo el exilio duró treinta años más.

La odisea de la familia Pinós acabo en el 1950, en la ciudad de Villefranche-sur-Saône en un lugar simbólico para unos exiliados: el «Callejón sin salida de la cuarentena», es en sitios como este donde la otra España va leyendo su memoria para no olvidar.

En «El Callejón sin salida de la cuarentena», se acabó esta saga familiar, en la ciudad donde yo nací en el 1953. Es una historia hecha de aperturas y caídas, de entusiasmos y de desilusiones, esta historia de hombres y mujeres que llevaron sueños y traiciones al hombro toda la vida, con en el corazón, la voluntad indomable de transmitir a las generaciones futuras.

La «transición democrática» se inició en 1975 después de la muerte de Franco, con el apoyo de todos los partidos políticos, de la derecha al partido comunista. Los torturadores y los asesinos a sueldo del régimen despótico nunca pagaran por sus crímenes. En este siglo XXI, el silencio sobre una parte completa de la historia de España se instaló definitivamente.

Irremediablemente optimistas, mis padres tenían la costumbre de decir que la revolución como el mítico Fénix, siempre acababa por renacer de sus cenizas. Ciertamente, puede ser difícil de creerlo en estos tiempos donde los templos del gran mercado invaden nuestras ciudades y nuestros pueblos, pero la idea es hermosa. Ella resume, en cualquier caso, el sueño de nuestros padres y de nuestros abuelos.

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Chambéry, 1944. Gabriel Pinós en uniforme de froncotiradores y partesanos tras la victoria de 1944

Soy, somos los frutos de esta odisea y de este exilio, más allá de la memoria y de la emoción, la historia es el puente indispensable entre un pasado cerrado y otro futuro. Por eso milito en el movimiento libertario francés desde los 16 años y hago parte de la asociación 24 de agosto de 1944 en París, de la cual numerosos miembros somos descendientes de combatientes antifascistas y libertarios españoles.

La Nueve estaba compuesta de hombres que venían de todos los rincones de España, tierra en la que lucharon durante 32 meses contra el fascismo y por la libertad: Tenían la esperanza y el firme deseo de establecer una sociedad más igualitaria, más justa y más respetuosa del pueblo.

Se atrevieron a cambiar profundamente la sociedad como tal fue el caso de los libertarios, con la puesta en marcha de colectivizaciones que abarcaron todos los sectores de la producción y soñando al fin y al cabo en un mundo sin clases.

La mayoría de ellos era antimilitarista, no les gustaban ni las armas, ni la guerra. Pero y a pesar de ello, pasaron 10 de los mejores años de sus vidas las armas en mano, para que generaciones como la nuestra, pudiesen vivir libres y en paz.

Daniel Pinós

Nota: Daniel Pinós es autor del libro “Ni el árbol ni la piedra”. Los combates de la libertad entre los desgarros del exilio. La odisea de una familia libertaria. Unizar, 2005.