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La Orquesta Cobalto


      La Orquesta Cobalto nació en 1945 y desapareció  en 1978. Fueron treinta y tres años de amor a la música, de acompañar y dar sentido a las tardes dominicales de muchísimos jóvenes, de pretexto para el acercamiento entre chicos y chicas, de alegrar la vida a varias generaciones, de miradas tímidas o atrevidas, de noviazgos y  decepciones y también, por supuesto, de cubalibres.

     La historia de la Sariñena de esos años no se hubiera escrito de la misma manera si no hubiese existido nuestra orquesta.                                

     Las relaciones entre el Casino y la Orquesta fueron, en general, aceptables e incluso buenas, a pesar de la cicatería y estrechez de miras que tuvo algún  presidente.  

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La orquesta Cobalto.  Por Manuel Antonio Corvinos Portella

Preludio

   Los orígenes de nuestra orquesta deben buscarse en las enseñanzas musicales que el inefable maestro José Guioni impartía a numerosos jóvenes de Sariñena y  comarca, pues la mayoría de sus componentes así como todas las bandas, grupos, orquestas o solistas que en Sariñena han sido han tenido relación directa o indirecta  con el “Italiano”.

   Auspiciado por el Alcalde Medina formó y dirigió una Banda Municipal compuesta por 16 músicos, además fundó una orquesta de baile a la que denominó Mozart y que actuaba en el primer piso del café Romea. Los alumnos más aventajados no pagaban por las enseñanzas del maestro, pero estaban obligados a tocar gratuitamente en la orquesta durante cuatro años.

    También deberíamos incluir en este preludio a Ana Corvinos Ferraz “Anita” (única alumna femenina de Guioni)  que con su piano animaba, antes de la guerra, el baile que se hacía en el citado Romea. También solía actuar al piano el Ciego de Albalatillo.

    El primer grupo musical moderno que se conoce en nuestro pueblo se llamó ORQUESTA MERRIMENT JAZZ y fue creado en 1934. Sus componentes fueron los siguientes: F. Salillas al trombón, F. Bareche a la trompeta, batería J. Novellón, Antonio Mir al violín, saxo M. Vitales, saxo alto  J. Orquín y saxo tenor Jorge Casasnovas. De esta orquesta no se  sabe nada más.

Los primeros músicos

escanear0017.jpg      En 1940 y a unos pocos meses de finalizada la Guerra Civil, PEDRO GOBERNA funcionario de correos es trasladado a Sariñena desde Barcelona por motivos políticos (el siempre se declaró inocente y alegó que algún envidioso le había denunciado). Pedro Goberna Vilabrú, su esposa Matilde Aliana Gasulla y  su hija María vivieron durante 12 años en un piso de la calle del Mercado. En 1952 es trasladado de nuevo a Barcelona y 6 años después muere a la edad de 43 años. Goberna tenía la carrera de piano y era un consumado músico, incluso llegó a ser  profesional en Barcelona. También poseía el título de operador de cine  que le sirvió para proyectar películas en el desaparecido cine Victoria, además de enseñar el oficio a Antonio Villacampa  y a Rosendo López  ejerció de fotógrafo profesional. Actualmente su esposa  de 93 años y su hija viven en Hospitalet de Llobregat.

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   En la primavera del 38, en plena contienda civil JORGE CASASNOVAS permanece en las inmediaciones de Lérida. Durante uno de los permisos que disfruta en Sariñena tiene la feliz idea de llevarse al frente leridano su saxo para alegrar los bailes del pueblo donde están acuartelados. Poco dura la música en el pueblo leridano porque en julio de 1938  Jorge es trasladado al frente del Ebro para tomar parte en la batalla más grande de la Guerra Civil donde es herido.Varios años después de terminada la guerra regresa al pueblo ilerdense donde había dejado el saxofón y le devuelven el instrumento que le habían guardado. Jorge tocaba con maestría el saxo tenor, la flauta, el clarinete e incluso el acordeón y ejerció de director del grupo durante 33 años. En sus ratos libres y sobre todo después de su jubilación lo podíamos ver por cualquier rincón de Sariñena en otra de sus aficiones, la pintura. Jorge aprendió música con el maestro Guioni.

    En ese año de 1938 la familia LOBATERAS se instala en Sariñena por motivos de trabajo. Se trasladan desde el pueblo de Campo donde el padre de Pepe y Antonio ejercía de telegrafista.

   Finalizada la guerra PEPE LOBATERAS comienza a trabajar en la oficina de telégrafos de la calle del Mercado y, como gran amante de la música, pregunta en el pueblo si habría alguien interesado en formar una orquesta. Le hablan de Jorge, pero le informan que permanece en Madrid realizando el servicio militar obligatorio al que se ven forzados a cumplir los soldados republicanos después de terminada la guerra. Durante este tiempo Pepe, que domina el violín, la guitarra eléctrica, el trombón de varas y el contrabajo, entra a formar parte de la orquesta Ramos.

    ANTONIO LOBATERAS comienza trabajando en el Silo del trigo, más tarde pasó al esparto de Basols y después, siguiendo los pasos de su familia, ingresó como celador de telégrafos en la zona de Sariñena . En la década de los 80 y a causa de la caída del uso del telégrafo se suprime la plaza de celador y pasa a formar parte de la plantilla de correos. Es en ese momento cuando aparece el amable cartero que muchos recordarán. Durante muchos años trabajó con Pablo Llamas como encargado de dar color y barnizar los muebles que éste hacía. Su hermano mayor José fue para Antonio siempre una gran referencia, por ello cuando le propone entrar en la orquesta Cobalto acepta encantado. Antonio conocía magníficamente el contrabajo, pero también podía tocar la guitarra eléctrica e incluso el jazz (batería). Permaneció en la orquesta hasta su disolución. Su familia lo recuerda como una gran persona, llena de amor y cariño para su esposa Mari y sus hijos Antonio José, Blanca y Arantxa. Tuvieron la gran pena de su repentina muerte, pero también la gran alegría de haber compartido con él unos maravillosos años. Este sentimiento es el que su familia ha transmitido a sus nietos y, aunque no lo llegaron a conocer (sólo Miguel), hablan de su abuelo Antonio con gran  afecto.

     ROSENDO LÓPEZ  había nacido en Barcelona, aunque de padres sariñenenses. Estudia en una Escuela de Artes y Oficios de la ciudad condal y entra  a formar parte de la Banda de Cornetas y Tambores de dicha institución educativa. Terminada la contienda, Rosendo, se viene a trabajar a Sariñena  como carpintero de Regiones Devastadas y empieza a tocar en algunos grupos de la comarca. También trabajo como delineante en Nivelcampo y destacó como dibujante, caricaturista y fotógrafo. Todavía se recuerdan  sus excelentes carteles que anunciaban las películas del cine Victoria. Su herencia artística la pudimos ver en el concierto del día 29 de diciembre al comprobar como tres de sus hijos, José Luis, Valero y Gerardo, tocaban en distintos grupos musicales y como el cuarto, Rosendo, grababa y fotografiaba el concierto.

     Muchos domingos se desplazaba con su seiscientos a Barcelona a ver a sus padres y la vuelta debía hacerla a toda velocidad  y con mucho riesgo para poder llegar a tiempo a la sesión de baile.

     JOSÉ ORQUÍN CASAÑOLA, nació en Sariñena el 20 de diciembre de 1917 y murió en Logroño el 14 de febrero de 2001.

     Queremos resaltar la fecha de su muerte, el día de los enamorados, ya que como componente de la Orquesta Cobalto y posteriormente de una banda francesa hizo que muchos enamorados disfrutasen con las melodías que interpretaba.

 Aprendió en Sariñena con la insustituible ayuda de D. José Guioni. Tocaba el saxo alto y el clarinete. Siendo muy joven perteneció a una banda de Huesca y cuando regresó a Sariñena ingresó en la Orquesta Cobalto, prácticamente desde sus inicios hasta el año 1955 que emigró a Francia, concretamente a Normandía. En Sanit Lô donde residió durante 30 años formó parte de su Banda de Música. Fue galardonado con la medalla de oro al Mérito Musical. Grabó un disco con la citada banda en el que interpreta un solo magnífico. Siempre fue un gran melómano que disfrutó enormemente de la música y que fue capaz de crear con sus interpretaciones.

     Estamos seguros que este homenaje le proporcionaría una gran emoción ya que siempre sintió un gran cariño por la música en general y por la Orquesta Cobalto en particular. La familia agradece profundamente la realización de este acto y vota para que la Orquesta Cobalto sea el nombre de una de las calles de nuestro queridísimo Sariñena.

    ÁNGEL SERRA PALACIO nació en 1925 en Casbas, era el pequeño de siete hermanos siendo Miguel el mayor de todos ellos. En 1942, con 17 años se vino a vivir a Sariñena a casa de su hermano Miguel donde aprendió el oficio de carpintero. Muy aficionado a la música decidió asistir a las clases que impartía Guioni. Debió ser un buen alumno porque pasó a formar parte de la Orquesta Mozart que dirigía el Italiano y que actuaba los domingos en el salón de baile del Romea  En 1950 entró a formar parte de la Cobalto a la que perteneció durante cinco años, tocaba la guitarra e incluso la batería (el jazz como se llamaba en aquellos tiempos). En 1955 deja la orquesta, se casa y se va a vivir a Lanaja donde trabaja de carpintero. Allí tuvo la mala suerte de cortarse los dedos de una mano por lo que debió abandonar su trabajo y su gran afición, la música. Marchó a trabajar a la empresa Monsanto de Monzón hasta su jubilación. Murió en el año 2005. Su esposa Laura y sus tres hijos siguen viviendo en la actualidad en la ciudad montisonense.

   ANTONIO LOPE (apodado el “Maromo”) era un trompeta zaragozano que tocaba en la Banda Pignatelli, muy conocida por aquel entonces por su calidad y porque era muy solicitada para animar las fiestas de bastantes pueblos de Aragón (para San Antolín, “ir a esperar la música”, era ir a esperar a la Banda Pignatelli). Antonio Lope fue el autor del pasodoble titulado “Viva Sariñena,” que nuestra banda municipal lleva en su repertorio.

…Y un trompetista leridano, natural del pueblo de AITONA, del que me ha sido imposible averiguar su nombre y que como el anterior venía en tren desde su localidad para cada actuación.

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  La merecida fama local del maestro Guioni como dinamizador docente de las enseñanzas musicales no debe oscurecer la labor que otros músicos hicieron en el pueblo. Algunos de los que integraron la Cobalto también ejercieron como maestros de solfeo y ejecución de instrumentos. Francisco Rodés dio sus primeros pasos en la música de forma autodidacta, con las inestimables orientaciones de Pepe Lobateras, en principio, y de Jorge Casasnovas después. Pepe enseñó las destrezas musicales a sariñenenses de varias generaciones, careciendo de recursos dignos pero con mucha ilusión y fuerza de ánimo. Contaba con un teclado dibujado en papel que desplegaba sobre una mesa, sobre el que los noveles debían imaginar el sonido que correspondía a sus dedos sobre las teclas… e incluso corregía la posición de las manos y muñecas. Paco Rodés, que había nacido en 1927, comenzó sus estudios musicales siendo un adolescente, más bien niño, y debía compatibilizar sus estudios musicales con las tareas cotidianas que ocupaban todo su tiempo; en aquella época se trabajaba desde niño en las tareas del campo y en los negocios familiares. No sé si podemos imaginar con realismo los fríos y húmedos inviernos de antes, con un jovencísimo Paco que se subía por las noches al granero, robándole horas al merecido descanso, pertrechado con ropas de abrigo, guantes y una triste vela. La incomprensión de familiares y vecinos era total: no cesaban las quejas por algo que mentalidades antiguas cosideraban frívolo y sin sentido práctico.  Allí aprendió a manejar el saxofón. Más tarde se atrevió con el violín, la flauta travesera y el clarinete, inspirado por sus profesores, después grandes amigos, Pepe y Jorge.

Sus primeros pasos en el mundillo musical los dio con el Quinteto Juventud, una de las primeras formaciones de Sariñena. En 1950 entró a formar parte de la orquesta Cobalto, con una hija de dos años (Mercedes, quien tuvo, más tarde, el honor de tocar el teclado mudo de Lobateras) y compatibilizando en lo posible los ensayos y actuaciones con el servicio militar que cumplió en Zaragoza y en las minas de Ballobar. Durante años puso su saxo, su clarinete y su voz en las veladas musicales que ofrecía la orquesta Cobalto, asumiendo su dirección en los últimos años. Tras desaparecer la Cobalto, Paco participó, con músicos de la comarca, en otras formaciones musicales. Pero eso ya es otra historia.

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El encuentro

     La llegada de Pedro Goberna a Sariñena supuso un revulsivo para la vida cultural del pueblo. Él, Pepe Lobateras y Jorge Casasnovas se buscan, se necesitan y terminan por formar la  Orquesta Cobalto. Inmediatamente se les unen Rosendo López, Antonio Lobateras y José Orquín. En estos primeros años también intervienen el trompetista de Aitona (Lérida) y Antonio Lope.

    En distintas etapas de la historia de nuestro grupo también han pertenecido a él grandes músicos como Ángel Serra (guitarra y jazz), Paco Rodés (saxo y clarinete) Alfonso Millera (cantante), Vicente Sanclemente (saxo), Aurelio Casasnovas (trompeta), Eli Périz (de Lalueza), Roberto López (trompeta) y seguramente alguno más.

Los otros protagonistas

     PACO RODÉS GRAÑÓN. Francisco Rodés dio sus primeros pasos en la música de forma autodidacta, con las inestimables orientaciones de Pepe Lobateras, en principio, y de Jorge Casasnovas después. Pepe enseñó las destrezas musicales a sariñenenses de varias generaciones, careciendo de recursos dignos pero con mucha ilusión y fuerza de ánimo. Contaba con un teclado dibujado en papel que desplegaba sobre una mesa, sobre el que los noveles debían imaginar el sonido que correspondía a sus dedos sobre las teclas… e incluso corregía la posición de las manos y muñecas. Paco Rodés, que había nacido en 1927, comenzó sus estudios musicales siendo un adolescente, más bien niño, y debía compatibilizar sus estudios musicales con las tareas cotidianas que ocupaban todo su tiempo; en aquella época se trabajaba desde niño en las tareas del campo y en los negocios familiares. No sé si podemos imaginar con realismo los fríos y húmedos inviernos de antes, con un jovencísimo Paco que se subía por las noches al granero, robándole horas al merecido descanso, pertrechado con ropas de abrigo, guantes y una triste vela. La incomprensión de familiares y vecinos era total: no cesaban las quejas por algo que mentalidades antiguas consideraban frívolo y sin sentido práctico.  Allí aprendió a manejar el saxofón. Más tarde se atrevió con el violín, la flauta travesera y el clarinete, inspirado por sus profesores, después grandes amigos, Pepe y Jorge.

Sus primeros pasos en el mundillo musical los dio con el Quinteto Juventud, una de las primeras formaciones de Sariñena. En 1950 entró a formar parte de la Orquesta Cobalto, con una hija de dos años (Mercedes, quien tuvo, más tarde, el honor de tocar el teclado mudo de Lobateras) y compatibilizando en lo posible los ensayos y actuaciones con el servicio militar que cumplió en Zaragoza y en las minas de Ballobar. Durante años puso su saxo, su clarinete y su voz en las veladas musicales que ofrecía la Orquesta Cobalto, asumiendo su dirección en los últimos años. Tras desaparecer la Cobalto, Paco participó, con músicos de la comarca, en otras formaciones musicales. Pero eso ya es otra historia.

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   ALFONSO MILLERA CASAÑOLA: “Yo pertenecí a la Orquesta Cobalto en sus inicios como primer cantante junto a Pedro Goberna, Jorge Casasnovas, José Orquín, José y Antonio Lobateras, Rosendo López y Antonio Lope. Actuábamos todos los domingos y festivos en Sariñena. También tocábamos en otros lugares cuando requerían nuestros servicios, pero siempre que no coincidiera con nuestro compromiso con el Casino . Recorrimos bastantes lugares como Sena, Lalueza, Valfarta, Castillazuelo, Castelserás, Robres, Bujaraloz, etc. Para las fiestas de San Antolín tocábamos solamente en el baile vermut. Recuerdo que venían orquestas magníficas como la de Jaime Planas, Plantación, Seissón, José Puertas,  Maniáticos de Lérida, Gran Casino, Estrellas Negras, Ríos, Busquets… y cantantes como Katia Morlans, Diana España, Pilarín Andrés, José Guardiola, Luis Aguilé y muchos más que no recuerdo. Mi sueldo en la Cobalto ascendía a 40 pesetas por actuación. Después pasé a cantar varios años con la Orquesta Coronas de Huesca alternando, en las fiestas de muchas poblaciones, con cantantes de la talla de Jorge Sepúlveda, Antonio Machín, Robiralta, Hermanas Fleta,, Juanito Segarra, Lorenzo González y un largo etcétera.

   En estos momentos tengo fijada mi residencia en Alcañiz.

  ANTONIO LAGUNA CASAÑA (el trompeta de Albalatillo) nació en 1923 en Albalatillo. Era tal su afición por la música que en su juventud se vendió una mula para comprar su primera trompeta. Estudió música con Isidoro Marcial, el  pianista ciego de su mismo pueblo. En 1955 se desplaza a Barcelona y toca en la sala de baile La Paloma y en Rialto. No puede vivir lejos de su pueblo natal por lo que  en 1960 regresa a  Albalatillo para dedicarse a la agricultura y a la ganadería. Tocó varios años en las orquestas Cobalto, Ríos y Ramos, esporádicamente en el conjunto Los Santos y en varias charangas de la provincia. Se le podía ver  acudir a las fiestas de los pueblos con su vespa y su trompeta. Se casó con Fredesvinda con la que tuvo tres hijos Dolores (vive en  Sariñena), Antonio y Juan Carlos. En sus últimos momentos pidió ser enterrado con la trompeta que tanto amaba.

 Antonio Laguna murió en noviembre de 2007 y su esposa en enero de 2008.

   VICENTE SANCLEMENTE GATNAU aprendió a los seis años las primeras notas de solfeo en el Barrio de la Estación de la mano de Daniel Millera, era el año 1947. Dos años más tarde se compra su primer clarinete y pasa a estudiar con Jorge Casasnovas. Este le puso como condición que se matriculase en el Conservatorio de Música de Barcelona. También realizó estudios musicales durante cinco años con Isidoro Marcial, que a la muerte de Guioni ejerció como profesor de música en Sariñena, para lo cual se desplazaba todos los días desde Albalatillo en el correo de Valfarta. En 1951, con 10 años, se matricula en solfeo y clarinete como alumno libre en el Conservatorio de Música Moderna de la capital catalana y los ensayos los realiza con la Orquesta Cobalto. A los 11 años tiene su primera actuación como músico en Castejón de Monegros con motivo de la inauguración de la Avenida del Doctor Vilardell de dicha localidad. Recuerda que hubo Misa Mayor cantada a cuatro voces con música del compositor italiano de música religiosa Lorenzo Perossi  y café concierto amenizado por la Orquesta Cobalto. Aquel día tocaron Pepe y Antonio Lobateras, Jorge Casasnovas, Rosendo López, Paco Rodés, José Orquín, Eli Périz y Vicente Sanclemente y  cobraron 100 pesetas cada uno.

       En el año 1958 pasó a formar parte de la Orquesta Ríos que simultanea con la Cobalto. A final de los años 80 forma con sus amigos la Charanga Grañén con la que sigue tocando y también pertenece a la Banda Municipal de Sariñena.

    AURELIO CASASNOVAS GÓMEZ adquirió los primeros conocimientos musicales gracias a su tío Jorge Casasnovas. Al igual que Vicente Sanclemente se vio en la obligación de matricularse en el Conservatorio de Música Moderna de Barcelona por orden de su tío, decisión que siempre ha agradecido por la base que adquirió. En 1961 Jorge lo introduce en la Orquesta Cobalto en calidad de meritorio (o sea de aprendiz sin sueldo) tocando la trompeta al lado de Antonio Laguna. Cuando el de Albalatillo pasa a la Orquesta Ríos se queda como solista, permanece en la Cobalto hasta 1968, año en el que se va a la “mili”. Recuerda que venía a cobrar unas trescientas pesetas por actuación y que su canción preferida era “El Silencio” de Roy Etzel. Estos últimos años ha pertenecido a la Banda Municipal.

 *También actuaron con mayor o menor asiduidad  los hermanos Jesús, David y Rubén Périz de Lalueza, Cándido Campo, Manolo Casabón, S. Barón de Lanaja, Antonio López (actual director de la Banda Municipal) y muchos otros.

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El nombre

      Decidieron llamarla Orquesta Cobalto. La verdadera razón nunca la sabremos, pero posiblemente les llamó la atención el descubrimiento, por aquel entonces, del metal radioactivo cobalto-60. O quizá por las repercusiones mediáticas de la invención de la bomba de cobalto. Porque se puso de moda la utilización de este duro metal en la formación de superaleaciones industriales  para la fabricación de aceros, turbinas de avión y herramientas de todo tipo. O simplemente les gustara el color azul cobalto.

     Debo decir que las dos primeras argumentaciones tiene valedores importantes.

Los honorarios

      Desde su creación  actuaron ininterrumpidamente domingos y demás festivos, de 20 a 22 horas, en el antiguo Salón de Baile. Su primera remuneración ascendió a  la módica cantidad de 2,50 pesetas por músico y actuación. Más adelante pasaron a cobrar 40 pesetas y hacia los años 60 subió su caché a 300 pesetas por sesión y músico. En  los años 70 el salario ascendió a 600 pesetas.

     Recibieron varias ofertas para tocar asiduamente en otras localidades, como la de Monzón que mejoraba ostensiblemente lo que ganaban en casa, pero no aceptaron.

La dedicación

       Desde 1945 a 1978  no faltaron a su cita con los jóvenes de Sariñena y de otras localidades vecinas.  El esfuerzo y la fidelidad durante tantos años no siempre fueron valorados por algún presidente del Casino que no supo apreciar la ventaja de disponer de una orquesta cada domingo.

   Cabe destacar el buen hacer de unos excelentes músicos, su dedicación  y su renuncia a la vida familiar a lo largo de esos años.. También es de justicia recordar a las resignadas esposas ya que no pudieron disfrutar de un solo día festivo con sus maridos.

Los ensayos

      Los primeros años fueron de gran éxito en las tardes festivas de nuestra villa. En todo momento compaginan sus trabajos con las sesiones de ensayo en el Casino los miércoles de 10 a 12 h de la noche. Siempre acompañados de un buen número de simpatizantes que iban a disfrutar de la música como Victor Acín, Florentín Nogués o Antolín Lana entre otros.

     También solían ensayar la primera media hora del baile mientras la gente se animaba a salir.

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     -Durante las fiestas de San Antolín eran los encargados de amenizar el baile vermú y en el año 1963 negociaron con la directiva del Casino un aumento en la remuneración por esas actuaciones. El presidente no sólo se negó a ello sino que contrató a la orquesta de Jaime Miralles de Barcelona para sustituirlos. El grupo se sintió muy dolido,  tanto que Jorge decidió montar un entoldado en la plaza de la Iglesia para  hacer con la Orquesta Cobalto sesiones de baile al margen del Casino. La cosa no le salió nada bien en el plano económico.

     -Hubo un  tiempo en las tardes de los domingos que se puso de moda dedicar canciones a las chicas que acudían al  baile. En una ocasión, nuestra orquesta, tuvo la mala fortuna de leer una dedicatoria poco apropiada para ciertas chicas que se sentaban en un palco importante, el asunto tuvo consecuencias desfavorables para uno de los componentes del grupo.

    -A raíz de las notables actuaciones en el Casino de los Juniors y de los Rebeldes de Amposta con unos modernos aparatos de sonido, nuestros músicos decidieron pedir a la junta la mejora de la megafonía. Como ésta se negase a invertir en dichos mejoras Jorge y Rosendo tuvieron que fabricarse artesanalmente varios altavoces que colocaron estratégicamente por el salón.

    -Durante unas fiestas de San Antolín, Rafael Ispa tuvo la idea de alquilar el salón de baile del  Romea para que actuara la Orquesta  Cobalto reforzada con un excelente trompeta y una vocalista de Zaragoza, bastante picante, llamada Hortensia Nelda. Esta explosiva combinación consiguió arrastrar al público de Sariñena de tal manera que, incluso los componentes de la Orquesta Internacional Grashopers de Ámsterdam que actuaban por la noche en el Casino se acercaban casi todas las tardes a ver a la Cobalto.

     -El grupo recibía las partituras de la Sociedad General de Autores y las canciones que no les gustaban o se habían pasado de moda las arrojaban por una rendija al interior del escenario. Años después, cuando se reformó el Salón de Baile, aparecieron cientos de ellas

    -En las grandes ocasiones solían llevar una americana roja con solapas negras y  en el bolsillo superior un escudo con las iniciales O.C.

El final

     Poco puede decirse de la tristeza de ese momento, salvo que las nuevas modas terminaron con nuestra querida orquesta, en este caso la firma tenía el sello de una discoteca llamada Dragón de Oro.

M.A.C.P.

  Todas estas fotografías, notas biográficas y datos relevantes e incluso opiniones que ustedes han podido leer se deben  a la pluma o a la memoria de familiares, amigos o músicos de la propia orquesta Cobalto. Por lo tanto muchas gracias a las familias Goberna, Orquín, Lobateras, López, Casasnovas, Millera, Serra, Laguna, Rodés, y Sanclemente

    Quiero agradecer a los familiares, amigos y compañeros de nuestros protagonistas su colaboración, gracias a la cual ha sido posible llevar a cabo este reportaje sobre la Orquesta Cobalto.   

 

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El dance de Castejón de Monegros


El dance de Castejón de Monegros corresponde a uno de los típicos dances monegrinos, un dance completo de pastoradas, duelo de ángel y diablo, dichos y mudanzas al son de la gaita de boto aragonesa. Como muchos dances se interrumpió durante la guerra y aunque fue reanudado débilmente tras la contienda, poco a poco se fue perdiendo hasta que en la década de 1970 se recuperó definitivamente, aunque de forma parcial. Gracias a la incorporación de la mujer, hoy en día goza de gran vitalidad y futuro.

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El dance de Castejón de Monegros  se representa para la festividad mayor de Santa Ana el 26 de julio y la menor de San Sebastián el 20 de enero. Un dance con una gran historia recogida por Simeón Serrate Valdovinos en la revista “Pliegos” de la Asociación de Gaiteros de Aragón “Historia del antiguo dance de Castejón de Monegros”.

Tras su interrupción, durante la guerra, el dance se reanudó en 1940 con los pasacalles hasta su desaparición a mediados de la década de 1960. Recuperado a principios de la década de 1970, actualmente, se representa mediante el dance de palos interpretado en procesión y mudanzas y la representación del duelo del ángel y el diablo.

Históricamente, en Castejón de Monegros se ha venerado a la Virgen de la Lumbre, siendo su santa patrona “Nuestra señora de la Lumbre”, hasta que una plaga de langostas causó el cambio a Santa Ana, tal y como lo recogió Lucia Pérez:

En el caso de Castejón es curioso observar que, según las informaciones de los ancianos, la Virgen de la Candelaria era la antigua patrona del lugar y que en enero, para el d í a de San Sebastián, tenían lugar las fiestas de invierno. El patronazgo de Santa Ana se debe a que «antiguamente en esta tierra había muchas plagas de langosta y otras que dejaban sin cosecha el campo». Esto naturalmente ocurría cuando las espigas ya estaban granadas y una de esas plagas «se paró y desapareció justo el día de la Santa», así que «en agradecimiento se la nombró patrona». 

Lucia Pérez

El dance de Castejón de Monegros “Abuelos del mejor nieto”. Andalán nº432-433

Es en la década de 1970 cuando un grupo de jóvenes castejoneros comenzó a retomar y revitalizar el dance de Castejón de Monegros. Gracias principalmente al tío Virgilio, Ángel Tabueña, Fructuoso Sampietro y al tío Simeón “Cachencho” la nueva generación comenzó a recuperar el dance. Aunque la falta de relevo generacional de hombres propició la entrada de mujeres para poder mantener la tradición. Así, con cierta naturalidad, las chicas comenzaron a entrar en el dance de Castejón de Monegros: “No hubo grandes problemas y a partir de entonces siempre tuvieron las puertas abiertas” explica Ana Puey.

Acabadas las fiestas en el año 65 dejamos de danzar durante siete años. El dance estuvo dormido hasta que una señora lo despertó en 1973.Siendo Florentino Badimón mayordomo mayor de Santa Ana, su esposa Rafaela Badimón de Badimón, tuvo la obsesión y empeño de que volviera el dance y volvió. 

Simeón Serrate Valdovinos

Historia del antiguo dance de Castejón de Monegros. Pliegos.

Maricarmen Lavilla Calvete fue una de aquellas mujeres pioneras que entraron en el grupo de dance. Maricarmen fue reina de fiestas en 1973 y al año siguiente estaba de reina saliente “los hombres danzaban con pantalón, camisa y banda”; Maricarmen danzó por primera vez en 1975 con ropa de calle. El primer año que debieron de danzar las mujeres debió de ser en 1974, así lo fecha Simeón Serrate. Faltaba gente para danzar y, aunque no les gustaba que danzasen mujeres, fueron aceptadas para que no se perdiese. Eso sí, no faltó quien decía “No tenéis fuerza para danzar” o “El dance es cosa de hombres”.

“Los hombres fueron dejando poco a poco el dance hasta que al final sólo quedaron mujeres”.

“Aquellos años los maestros discrepaban sobre cómo se debía ejecutar el dance y cada uno lo recordaba a su manera, tanto el tío Simeón como el tío Virgilio tenía su propia forma de ver el dance”. Fructuoso Sampietro había sido danzante y se entregó mucho en su recuperación, “Fructuoso Sampietro era el más mayor y el que más se acordaba de las mudanzas, era muy enérgico y danzó con nosotras”, recuerda Maricarmen con gran cariño. Ángel Tabueña provenía de Pallaruelo de Monegros y había sido antes danzante de su Pallaruelo natal. “En la recuperación del dance en los años 70 fue crucial el empeño de Florencio y Rafaela Badimon. Compraron los trajes, gaitas y regalaron una moneda de oro a cada uno de los danzantes. Rafaela fue de casa en casa convenciendo a los antiguos danzantes y animando a los jóvenes para que se incorporarán” recuerda Carmina Vidaller Salillas.

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Para aprender formaron cuadros de chicas con chicos, dos a dos. Se tuvieron que recuperar las viejas mudanzas, “cada fiesta tiene sus propias mudanzas”. “Nos lo pasábamos muy bien en los ensayos, con el gaitero los ensayos los hacíamos del 15 al 23 de julio, venía todos los días desde La Almolda”. Cuando ensayaban sin gaitero se tatareaban las melodías mientras danzaban.

Ana Puey ha danzado durante 15 años, comenzó en 1978 y ahora son sus hijas quienes han tomado su relevo. A principios de la década de 1980 los hombres dejaron de danzar, aproximadamente entre 1980 o 1982. A partir de entonces, los cuadros del dance de Castejón de Monegros están conformados totalmente por mujeres.

Al tío Virgilio lo querían mucho, era una persona muy buena y cariñosa, recuerda Ana Puey, tenía mucha consideración cuando enseñaba. Primero fue mayoral el tío Virgilio llevando el típico palo de pastor y luego, cuando se fue haciendo mayor, tomó relevo el tío Simeón. El palo tenía el característico gancho de pastor e iba adornado con cintas de colores.

Mayorales que he conocido en el dance: Primero Telesforo Segura, su apodo el Pelaire; segundo Mariano Serrate, apodado Marta; tercero Luis Buil, de apodo Padura; cuarto Hilario Segura, hijo del primero, de apodo el Trenero; quinto Enrique Martín, el Valenciano; sexto Virgilio Villanúa, este último sin apodo. En la actualidad es un servidor Simeón Serrate, de apodo Cachencho.  

Simeón Serrate Valdovinos

Historia del antiguo dance de Castejón de Monegros. Pliegos.

Al principio danzaban en el salón viejo del ayuntamiento y quien no estaba a las diez no entraba, la puerta se cerraba y para Santa Ana no danzaba. Luego danzaban enfrente de la balsa, al lado del monte blanco. “El suelo del ayuntamiento temblaba cada vez que bailaban” recuerdan Maricarmen y María Jesús. Incluso se ensayó en casa del tío Virgilio, en el pasillo de su casa, explica Martín Blecua Vitales: “Fue cuando se reanudó tras la guerra”.

El antiguo gaitero de Castejón de Monegros fue el tío Senen, que murió en 1954. El tío Senen debió de acompañar al dance de Castejón de Monegros hasta sus últimos años hasta que quizá fue sustituido por Vicente Capitán de Sariñena hasta su desaparición en la década de 1960. Vicente Capitán debió de tocar también antes del tío Senen, también debieron de pasar los gaiteros sariñenenses el Malo y el Rey. La gaita de tío Senen se conserva en una casa de Castejón de Monegros. Tomas Serrate, padre de Simeón Serrate fue gaitero, al igual que su padre (Historia del antiguo dance de Castejón de Monegros. Simeón Serrate Valdovinos. Pliegos). Simeón Serrate cita a Blas Villanua, aunque lo conoció ya muy mayor y nunca lo escuchó tocar.

Con la recuperación del dance, el gaitero oficial de Castejón de Monegros fue Mariano Labat de La Almolda, con una gaita gallega.

En 1983, el joven gaitero sariñenense Martín Blecua Vitales, junto a Pedro Mir, se acercaron a Castejón de Monegros para ver el dance. Al finalizar, mientras tomaban un trago en el bar “Metropol”, con Simeón Serrate y Mariano Labat, el tío Virgilio se acercó para conocer a los nuevos gaiteros. Martín, que llevaba una gaita de boto aragonesa en el coche, la sacó y tocó, el tío Virgilio emocionado dijo “Esto sí, esto sí, creía que no volvería a escucharla nunca”. Aquel año Martín había comenzado como gaitero en el dance de Valfarta.

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Al año siguiente murió la madre de Mariano Labat: ”No tocó en La Almolda así que tampoco le pareció bien tocar en Castejón de Monegros”. Las danzantes María Jesús, Pili y Tere bajaron a Sariñena para proponerle al gaitero de Sariñena Martín Blecua Vitales que tocase en el dance de Castejón de Monegros, Martín aceptó sin dudar. Fue en 1984 cuando Martín se incorporó al dance de Castejón de Monegros con la recuperada gaita de boto aragonesa, del que ha sido pilar fundamental, con aquel sonido autentico que los viejos danzantes reconocían con gran emoción. De la mano de Virgilio, Martín recuperó la esencia del sonido de gaita del dance de Castejón de Monegros, lo abrió a una nueva etapa forjando fuertes lazos con el grupo de dance de Castejón de Monegros: “Martín llegó en un Seat 127 junto a Virgilio”, recuerda Ana. Al año siguiente Mariano Labat ya no quiso tocar y desde entonces Martín les ha acompañado incondicionalmente: “Martín es muy querido en Castejón de Monegros, ¡Es nuestro gaitero!”. María Jesús Roca Balien comenzó a danzar en 1977 y al final acabó casándose con el gaitero, así, como bien es sabido, “la mujer del gaitero es mujer de fortuna”.

“El dance al principio no se abría hasta que llegó Martín y entonces se abrieron los cuadros al bailar”

Virgilio se acordaba del paloteado y a Martín le iba cantando las melodías, Martín las fue sacando, eran parecidas a las de Sariñena y Virgilio exclamaba “¡Pues te las sabes todas!”. Las diferencias son algunas notas, matiza Martín Blecua, algunas son más cortas pero en el fondo no hay muchas diferencias. Cuando abrieron los cuadros hablaron con el tío Magarro, que conservaba gran memoria.

Un año, en la presentación de las fiestas de Castejón de Monegros tocó el gaitero  Mario Gross Herrero, pues aquel año Martín no pudo estar para la presentación. Y en una salida a Zaragoza tocó Miguel Ángel Fraile, seria en torno a la década de 1990. Son las únicas veces que Martín no ha tocado con el dance de Castejón de Monegros desde que comenzó. Actualmente, tanto como Martín Blecua y Leandro Cucalón son os gaiteros del dance de Castejón de Monegros.

La vestimenta tradicional era la típica de fiesta, un pantalón negro, camisa blanca con cuello de tirilla, fajín blanco y alpargatas. “El traje se recuperó inspirado en el de Huesca, pero en pobre, la banda sin bordar y las zapatillas sin florituras”, explica Ana Puey. Simeón Serrate cita que los trajes fueron realizados en 1954. Aquellos trajes quedaron guardados en unas arcas en una casa de Castejón de Monegros y cuando quisieron volverlos a utilizar, en la década de 1970, los encontraron en mal estado y no los pudieron usar. Con la recuperación del dance un modista hizo trajes nuevos, igual que los inspirados en los danzantes de Huesca.

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Mariano Labat y Simeón Serrate.

Son cinco cuadros, uno central de volantes y cuatro exteriores. Cada cuadro luce un color característico en las bandas y el fajín, dependiendo al cuadro al que pertenecen van de color verde, rojo, azul, amarillo y lila. El cuadro de color lila corresponde a los volantes, de las que se inician al dance. Los otros cuadros son los adultos, los cuadros que se abren danzando al exterior. El traje se complementa con una mantilla de fiesta y un pañuelo alrededor del cuello. “El pañuelo los hombres lo llevaban en la cabeza a modo de cachirulo y las mujeres lo comenzaron a llevar a modo de segadoras, atado en la cabeza, ahora se lleva colgado al cuello”, comentan Maricarmen y María Jesús. “Antes llevaban alpargatas miñoneras ahora son zapatillas blancas de esparto  con las cintas del mismo color que las cintas y el fajín” comenta Ana puey.

Cuando empezaban en el dance las empleaban para llevar las flores, los palos y el banderín y, aunque iban a los ensayos y se sabían las mudanzas, si no había sitio en los cuadros, iban acompañando. El grupo tiene su propio estandarte “Agrupación de danzantes Santa Ana Castejón de Monegros”, realizado aproximadamente en 1978-1979.

Los dances de Castejón de Monegros

 La villa de Castejón de Monegros pertenece también al partido judicial de Sariñena. Los dances son dos. En el primero interviene el general cristiano con sus diez danzantes, y el turco o moro, con otros diez. La contienda entre los dos bandos acaba con  el vencimiento de los moros, al tiempo que el ángel aparece y convierte a los infieles. Salen después el pastor y dos repatanes, con lo que termina la introducción. Siguen largos “dichos” o elogios a la patrona Santa Ana, a cargo de los generales y los danzantes, donde el autor hace alarde de cultura hagiográfica. El dance segundo es más interesante e ingenioso. El demonio trata de engañar a los dos generales, persuadiéndoles, con sofismas y falaces, pero agudos argumentos, a que suspendan el festejo. Ya decididos, el ángel deshace la artimaña y confunde a Lucifer. Con esto acaba la introducción y siguen los “dichos” por los danzantes. Estos dichos se escribieron o enmendaron en el año 1878. El dance termina con una regocijante intervención de los dos repatanes.

Hay interpolados latines. La versificación es desigual. La copia que he utilizado, sin duda no es fiel, como hecha por el mainate o director del dance, que siempre es un sujeto rústico.

 

     Ricardo del Arco y Garay Notas de folklore altoaragonés (Madrid, 1943)”

La hagiografía es la historia de las vidas de los santos.

Para San Sebastián se va en procesión y se sube al castillo en pasacalles. Para Santa Ana se va en procesión danzando hasta la ermita de Santa Ana, llevando a hombros la santa y representando el duelo del ángel y el diablo a su vuelta en su particular lucha del bien contra el mal.

María Jesús recuerda que su abuela le contaba que “Antes se danzaba todos los días de la fiesta”. Se danzaba ya en la víspera de la fiesta “La víspera de Santiago, al atardecer, el mayoral del dance con el gaitero salían a dar una vuelta por el pueblo para anunciar la fiesta”, narra Simeón Serrate. Ya en el día de Santiago se subía danzando hasta la ermita de Santa Ana y se celebraban las “Completas”.

La noche del 25 al 26 se iba de ronda por las calles rondando a las mozas, a las solteras, y se cantaban romances: “Marichuana”, “Las trece pilares”… Se iba a “Recoger” y en un palo se iban colocando las tortas que estaban huecas en el centro.

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Para Santa Ana se subía en procesión a la ermita con las cinco banderas, tal y como recoge Simeón Serrate: “Con la de San Miguel, San Sebastián, Virgen del Rosario, Santa Ana y la de Nuestra Señora”. Llegando a la ermita se realizaba El Redolín, se formaban dos filas de danzantes y de nuevo en pasacalles, danzando, se llegaba a la ermita. En la ermita se ejecutaba El Tarirán, luego el gaitero interpretaba el Ofertorio y se regresaba de nuevo al pueblo. Durante la vuelta aparecía el diablo y el ángel, batiéndose en duelo hasta que el ángel derrotaba al diablo en la plaza.

La representación de moros y cristianos se hacía en la plaza el día de Santa Ana, los textos los recogió Ricardo del Arco y Garay en “Notas de folklore altoaragonés (Madrid, 1943)”; también se decían los dichos y motadas. Una de las particularidades del dance de Castejón de Monegros era la presencia de dos repatanes, que al igual que la figura del mayoral actualmente no se representan.

Los danzantes recitaban un largo «dicho» en que contaban la vida y milagros de la santa patrona y, al finalizar el número 20 de los danzantes, el gaitero hacía sonar su gaita bailando las mudanzas de rigor los danzantes con palos y espadas.

Lucia Pérez

El dance de Castejón de Monegros “Abuelos del mejor nieto”. Andalán nº432-433.

En la plaza se realizaba el Degollau, como en Sariñena, pero se hacía con varas en vez de espadas. El Degollau lo recordaba el tío Magarro, “un día en el campo de futbol nos lo explicó, en un encuentro de la Sociedad de Montes Blancos”, recuerda Mari Carmen.  No hay cuadro de volantes, así que durante el degollado no se sube arriba en forma de torre y lo que hacían era cruzar por encima de las varas, las cruzaban corriendo. Después, los mayordomos de la fiesta obsequiaban con un refrigerio.

Por la tarde se hacía el rosario y luego, como no había otra cosa, se volvían a hacer rondas por el pueblo. “Hasta entre fuego y fuego artificial se danzaba” recuerda María Jesús.

El tercer día, narra Simeón Serrate en La historia del dance de Castejón de Monegros,  se hacía la mudanza del Tormo: “Una vez terminada la ceremonia, los danzantes ensayaban una mudanza que se llamaba la mudanza del Torno y se interpretaba con unas varas. Cada danzante llevaba una vara cogida por las puntas, formaban un circulo y la gaita entonaba una danza”.

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Hace años de diablo hacía el tío Rubio el aventurado, Andres Mazuque. Durante los últimos años ha sido Javier Serrate Pueyo “Con una chispa y gracia intensa que hacía la delicia de mayores y el temor de zagales y zagalas”. “En Castejón de Monegros siempre ha sido difícil encontrar un chico o chica de menos de diez años para hacer de ángel, todos le tienen mucho miedo al diablo”. Ahora continúa su hijo Raul Serrate Giral que lleva cinco años desde que se retiró su padre en el ejercicio del mal hasta que, como siempre, acaba siendo derrotado por el ángel.  De ángel normalmente es un niño o niña de no mucho más de ocho años: “le tiene que ir bien el traje y que no tenga miedo al diablo”.

Tanto el traje de ángel como el diablo corresponden a aquellos trajes confeccionados después de la guerra. El traje del diablo es completamente negro con unas líneas amarillas onduladas adornando el traje: “La horca también está pintada de negro con una línea en amarillo”.

El diablo sale para Santa Ana “los críos lloran con sólo verlo”. Sale después de la misa, a la vuelta, por el barranco del Pelaire sale el diablo donde se enfrentan los danzantes. Luego, por el llano se baten en duelo el diablo con el ángel y un tercer enfrentamiento en la puerta de la iglesia, donde el ángel acaba matando al diablo. La espada del ángel es característica: “No es recta sino sinuosa”.

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En aquellos primeros años, de 1970 a 1980, fueron todos los años a danzar a Huesca a la plaza de toros. Han estado en muchos sitios, antes se pagaban los trajes y gastos con diferentes actuaciones. Han ido a Francia, Graus, Boltaña, Robres, La Almolda… En 1988 participaron en la inauguración de la plaza Mayoral Antonio Susín Palacio de Sariñena, el 27 de agosto de 1988 y la Calle del Dance “Se danzó y cantó el romance de Marichuana y Las trece advocaciones”. En aquel homenaje también participaron los dances de Sariñena, Sena, La Almolda y Monegrillo; además tocó Juan Mir la gaita y contaron con la honorable presencia de Marcell, lutier francés constructor de las tres primeras copias de la gaita de boto aragonesa. En el 2016 fueron a danzar a Huesca, en el 2018 participaron en el homenaje al gaitero Martín Blecua y hace poco en Zaragoza para las fiestas del Pilar en la feria de artesanía. A la ofrenda del Pilar de Zaragoza acuden algunas vestidas de danzantes, a modo particular. Una vez incluso fueron a danzar a Sabiñanigo, pues las fiestas coinciden con la de Castejón de Monegros. Así que fueron pronto por la mañana el día 25 de Santiago y volvieron para danzar al día siguiente “El autobús nos dejó en el baile y cuando bajaron las gente les aplaudió”. El baile no lo perdonaron, las fiestas del pueblo son las fiestas, aunque había que tener todo preparado para el día siguiente para el día 26 santa Ana “El traje tenía que estar impoluto”. Les pagaron 100.000 pesetas.

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El tío Simeón fue abanderado del dance de Castejón de Monegros. El antropólogo Julio Alvar grabó en 1982 al tío Simeón cantando los romances de Castejón de Monegros con Mariano Labat a la gaita. Carmina Vidaller Salillas cuenta además que Julio filmó el dance y la procesión de Santa Ana. “El texto del romance de Marichuana fue contraportada del programa de la Semana de Aragon en París organizada por la Casa de España de esa ciudad en 1983. Todo el trabajo de campo que Julio hizo en Castejon en el 81,82 y 83 se depositó en el Instituto Aragonés de Antropología”, explica Carmina Vidaller Salillas. Las grabaciones de Julio Alvar pueden consultarse en la fonoteca de la Fundación Joaquín Díaz.

Además, en 1988 Mario Gros y Luis Bajén recogieron y difundieron la gran tradición musical de Los monegros, del dance y cantos romances. De sus trabajos aparecieron “Monegros” (Música tradicional de Aragón SAGA, 1990), una extraordinaria recopilación del folklore monegrino, “La gaita en los Monegros” (Aragón LCD Prames) y “Romances de ronda” una recopilación de romances cantados por Simeón Serrate.

A la gente joven le encanta el dance, por ahora sólo se animan las chicas pero los chicos tienen completamente abiertas las puertas. Ahora hay dos cuadros de chicas ensayando, “Lo malo que muchas están fuera estudiando o trabajando y no pueden ensayar”.

Gracias a Ana Puey Campos, Maricarmen Lavilla Calvete, María Jesús Roca Balien, Carmina Vidaller Salillas, Martín Blecua Vitales y Mario Gros Herrero por sus explicaciones y fotografías en esta aproximación al dance de Castejón de Monegros. ¡Qué continúe! ¡Viva el dance de Castejón de Monegros! y ¡Viva los dances de Los Monegros!.

Crónica de un domingo en los años 60/70


Durante muchos calurosos domingos de julio y agosto en los años 60 y principio de los 70, unas cuantas familias del Barrio de la Estación y de Sariñena nos juntábamos en una arboleda a la orilla del río Alcanadre para pasar el día. Crónica de un domingo en los años 60/70, por Asun Porta Murlanch. Fotografías Asun Porta y Araceli Pueyo.

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La aventura de “ir al río” empezaba en la puerta de casa porque el juego y la diversión estaban garantizadas desde el minuto uno.  Mis padres, mis hermanos y yo bajábamos andando sobre las nueve o las diez de la mañana, a esas horas que, aunque nos diéramos un buen paseo al sol y cargados con toda la comida y la bebida, el aire todavía era fresco y se podía respirar.

Había varios caminos, pero solíamos ir por el más corto, que además era el más emocionante. Dejábamos a la derecha la iglesia del barrio y cogíamos un camino paralelo a la vía del tren por la parte de arriba del terraplén, después nos encontrábamos lo que llamábamos “la fija”(*). Cerca había un puente sobre la vía, era una parada obligatoria, allí nos entreteníamos un buen rato, buscábamos unos surcos que alguien había marcado en el borde de las dos barandas, colocábamos una piedra pequeña y la empujábamos suavemente al vacío, esperábamos en silencio unos segundos hasta que oíamos el sonido metálico y agudo que hacía la piedra al darle al raíl de la vía del tren.

Un poco más adelante bajábamos a la vía por el terraplén con mucho cuidado, el sendero era muy estrecho y resbaladizo por las piedras.  A veces, mientras caminábamos al lado de la vía pasaba algún tren y nos separábamos un par de escasos metros, allí se mezclaban los gritos, el miedo, el atrevimiento, las risas, esas emociones que hacen que esos momento no se olviden.

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Por fin llegábamos a un camino más ancho que enlazaba hacia el pueblo con el de los Olivares de Sariñena y pasábamos la vía por debajo, por un túnel que nos inspiraba a jugar: a pasar el túnel sin respirar, a pasarlo gritando sin parar, a pasarlo a la pata coja sin caernos, sin reírnos, callados, a oír el eco…, lo que daba de sí aquel estrecho y oscuro túnel.  Un poco más abajo estaba el camino que discurría entre la acequia del Molino y las huertas y más adelante cogíamos otro más estrecho hasta la arboleda de Chabarriga.

Al llegar dejábamos las cestas y capazos encima de la hierba, todos llevábamos algún bulto y nos tirábamos largos, entre risas, rodando por la hierba, a veces nos quedábamos descansando tumbados a la sombra respirando el aire más fresco y mirando los rayos de sol, que vistos desde allí debajo eran como destellos, pequeños rayos que pretendían pasar entre las hojas de aquellos enormes chopos, álamos y sauces. Era una sensación muy agradable poder disfrutar aquel descanso después de una hora caminando bajo el sol.

Mi madre colocaba la manta o el mantel en el suelo para coger sitio, al lado dejábamos las cosas y llevábamos el melón, los tomates, cebollas y bebidas a la fuente, lo depositábamos todo entre las piedras debajo del chorro de aquella agua fresca y cristalina, las botellas un poco más abajo atadas con una cuerda para que la corriente no se las llevara, así asegurábamos que se refrescara todo para la hora de comer. En el lecho de la fuente y hasta que salieron las típicas neveras azules de hielo, cabíamos todos, allí reposaban todos los tomates, melones, sandías, melocotones, botellas, de todas las familias que allí pasábamos el día. Algunos llevaban una gaseosa de brida así una vez que nos bebíamos el contenido, la llenábamos del aquel agua tan buena de la fuente y la poníamos otra vez a refrescar.

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Al poco rato llegaba Luis Pueyo con su Vespa y su familia, todo perfectamente colocado para que en el viaje desde Sariñena no se perdiera nada ni nadie. De conductor iba Luis, entre él y el manillar de la moto la más pequeña, Ana de pie, sentada detrás de su padre  Mariceli y  después Rosario, su mujer,  que se agarraba a Luis con una mano sujetando a la vez a Mariceli  y con la otra la cesta de la comida, porque a pesar de que iba bien atada al portamantas que llevaba la moto en la parte trasera, Rosario no se fiaba de que en algún bache saltase alguna fiambrera. Venían por la carretera hasta que ya no les quedaba otro remedio que recorrer los caminos y entonces debían evitar los agujeros, pedruscos y charcos del riego manteniendo el equilibrio por la seguridad de la comida y los pasajeros.

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Otra familia que solía venir eran Emilio Pallás, René y sus dos hijos Jos y Emilio, lo que era un lujo para los críos que estábamos por allí pues nos abastecían de flotadores hechos con las cámaras de las ruedas de motos, coches y alguna enorme de camión. Pallás les quitaba las válvula para que no nos hiciéramos daño y sellaba el agujero con el buen hacer de un gran profesional de las ruedas.

Nos juntábamos también con Paco el relojero y su familia, Teresa, su hija Tere y sus dos hermanos pequeños, Jesús Maza, Nati su mujer y sus hijas Mª Rosa y Nati y otras familias de Sariñena y la Estación.

Quizás recuerde mejor a las familias que nombro porque la amistad, la complicidad y el cariño que surgió en aquella arboleda entre las chicas y chicos que nos reíamos y jugábamos juntos muchos domingos, se ha mantenido en todas las etapas de nuestra vida. Recuerdo, con el mismo cariño y la ternura que ella repartía siempre, a Tere, que se fue demasiado joven.

Acudían también otras familias de la Estación. Cuando venían los Sanclemente no hacía falta que lleváramos tomates, cebollas o pepinos para la ensalada y algún melón o sandía para el postre porque, al pasar por delante de su huerta, cogíamos para todos. Eso nos encantaba, primero porque no teníamos que llevar peso desde la Estación y luego porque todo estaba buenísimo por recién cogido, por natural y por el hambre que un día de baño al aire libre nos levantaba.

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Una vez colocado todo, era la hora de bañarse en la “badina de la piedra”, debíamos cruzar el río delante de la arboleda, en esa parte  llevaba poca agua pero había muchas piedras, muchos cantos rodados de todos los tamaños, así que íbamos muy despacio y con mucho cuidado para no caernos, y así acercarnos a la badina que estaba a unos doscientos metros del puente de la vía, el sitio era además de bonito muy singular porque saludábamos con entrega a todos los trenes que pasaban por el puente y porque en esa badina aprendimos todos a nadar y a tirarnos de todas las formas posibles al agua.

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El hambre que teníamos al acabar la sesión de baño era tremenda, en la arboleda nos esperaba una buena ensalada, carne rebozada, tortilla de patata y una buena tajada de melón.  Otras veces hacían fuego, la leña no faltaba por los alrededores, y allí se cocía poco a poco una buena caldereta de cordero o conejo que nos encantaba. A algunos les gustaba comer a rancho directamente de la cazuela y a los críos nos la repartían en plato para controlar lo que comíamos. Ni que decir tiene que los platos quedaban limpios. Así era mejor, porque aquellos platos de metal había que fregarlos junto a la cazuela con la arena del río.

Recuerdo la arboleda siempre limpia, era la época que todo se aprovechaba y todo se recogía, la comida venía en fiambreras, la bebida en botellas retornables y lo metíamos todo en cestas o capazos, el uso de los plásticos aún no era muy habitual y si había restos orgánicos los tirábamos lejos, seguro que algún conejo, ratón o jabalí acabaría con ellos.  Encendíamos fuego entre los árboles en plenos meses de verano y no recuerdo que nunca hubiera ningún incendio porque se tenía mucho cuidado. Nos gustaba mucho ese rincón que año tras año la naturaleza nos regalaba y que su dueño, Chabarriga, nunca puso objeción alguna para que lo utilizáramos.

Después los mayores se echaban la siesta con unas mantas o trozos de telas, o se quedaban charlando o jugando a las cartas a la sombra de los árboles y nosotros nos dedicábamos a buscar culebras, ranas, renacuajos en las charcas que hacía el río entre las piedras, nidos entre los arbustos, también nos gustaba jugar al escondite y escondernos entre los cañaverales, carrizos y tamarices.

Siempre se oía a alguna madre gritar: -¡¡ Ven!!  ¡qué te voy a dar crema! ¡¡qué te vas a poner malo con tanto sol!!- Daba igual embadurnarnos de Nivea para que no nos “quemáramos con el sol”, ese remedio según se ha demostrado en el futuro no era eficaz y siempre regresábamos rojos como tomates.

La vuelta a casa también era una odisea porque al atardecer y al lado de la acequia había verdaderas nubes de mosquitos, entonces arrancábamos cañas con sus hojas largas y verdes y con las uñas las rasgábamos a lo largo para hacernos espantamoscas, y con las últimas hojas de la caña nos hacíamos un chuflete.  Así que entre los improvisados antimosquitos, el ruido de los chufletes acompañados de las risas y el bullicio, no sé si espantábamos algún mosquito, pero no había gorrión que se acercara por muy atrevido que fuera.

Como volvíamos sin peso, nos gustaba mucho, si era la época, coger moras en las abundantes zarzas que había al lado de la vía del tren o caracoles al lado de los brazales y la acequia.

Esperábamos a nuestro regreso coincidir con algún tren que nos pasaba al lado lleno de pasajeros, les decíamos adiós saltando, gritando y braceando y con ese gesto despedíamos también el día porque al llegar a casa caíamos rendidos.

“La fija”

En el Barrio de la Estación llamábamos así a un lugar dónde estaban los depósitos que recogían agua de la acequia Valdera. Había una casa con una chimenea que albergaba un motor que bombeaba el agua hasta un tanque en el Barrio de la Estación. Este motor funcionaba con el mismo sistema que las máquinas de vapor del tren de aquella época, había que echar carbón y mantenerlo en marcha para que el agua llegara a su destino. Vicente Sanclemente me contaba que con solo diez años se pasaba allí muchos días echando carbón ayudando a su padre, Teodoro, que era mecánico de RENFE. Años después colocarían un motor más moderno que era eléctrico, pero cuando se estropeaba se volvía a usar el de carbón. Con esos motores, el primero era muy antiguo,  se llevaba el agua tan necesaria para el Cuarto Agentes, las máquinas de tren, los lavabos, y al final para todo el barrio. El carbón que se utilizaba se quemaba a medias y se acababa de quemar en las casas porque los vecinos del barrio iban allí a recogerlo. En esos tiempos se aprovechaba todo.

Vicente Sanclemente (hermano de Teodoro) era el guarda de “la fija”. Allí había una cama, más bien camastro, y a Vicente más de una noche le tocaba quedarse a dormir.  En una ocasión, cuando ya estaba durmiendo, oyó un tremendo ruido que lo despertó, salió con su lámpara de carburo a averiguar qué había pasado, entonces encontró una gran roca que se había desprendido de un lateral del terraplén y había caído en la vía, al tiempo oyó el pitido de un tren que se acercaba, corrió hacia el tren haciendo señales de stop con sus candilejas. El tren consiguió parar a pocos metros de la roca, el maquinista bajó y le dio un gran abrazo a Vicente. Mi padre nos contaba muchas veces este hecho con verdadero orgullo de amigo.

Asun Porta Murlanch

 

 

Natividad Laguna Casaña y José Marcial Ripol


Nati y José nacieron en Albalatillo en 1933, eran vecinos de casa y con los años se convirtieron en matrimonio. José es de familia de agricultores: “En Albalatillo había secano, no mucha tierra, pero también había huerta vieja donde se regaban unas 300 hectáreas”. La madre de José trabajaba en casa, fueron tres hermanos y a los 13 años dejó la escuela. En aquellos años había muchos en la escuela, unos 22 chicos y unas 26 chicas en clases separadas: “Había una escuela de dos pisos”.

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“Te levantaban pronto por la mañana, cogía la gorra y al campo o al monte a labrar, sembrar, regar, cosechar…”, en casa de José tenían cerca de cincuenta almendreras que vendían a Antonio Porta del barrio de La Estación de Sariñena. “Hoy no hay novias a escoscar”, decían por las noches cuando al día siguiente no había almendras que coger. También iban al olivar donde recogían las aceitunas con sábanas, pues entonces no tenían mandiles. Las cargaban en sacos, se las echaban a los hombros y para casa.

“En Albalatillo había un pozo en cada casa y el agua era muy buena”, además contaban con la fuente del Saso, donde hicieron un lavadero los rojos cuando construyeron el aeródromo de Alas Rojas. En Albalatillo se recogía esparto, lo cargaban en un camión que compraba uno del pueblo y lo llevaban a vender a Sariñena, que luego vendían a Zaragoza. También se recogía el regaliz, se vendía a Salvador Betes, lo pagaba muy bien, había unos 25 hombres que picaban el regaliz para recogerlo.

La gente era humilde y muy trabajadora”, para las fiestas una orquesta estaba para todos los días, había carrera pedestre donde ganaban un pollo. Iba a correr Sabino, siempre llegaba el último pero nunca se rendía “¡Hacer la carrera hasta que se cansen todos, que ganaré yo!”. Se corría en la era de Ferrer.

Había cinco tabernas donde se podía comer: casa Tabernero, casa Palillos, casa el Herrero, casa Atares y casa la Matilde. En casa Palillos hacía cine y baile, “Hizo una gran obra”.  También estaba el guarnicionero José Ripol, la tienda de ultramarinos de María la Tornera, que también era carnicería, y María la estanquera. Acudía La Fragatina a vender naranjas por trapos y hierros. A Lanaja se iba a vender patatas y se traían leñas.

En casa de Nati eran dos chicos y dos chicas, tenían vacas y vendían la leche para gasto de la casa, “En una lechereta le llevaba leche a una tía que vivía en la plaza”. En una de esas veces comenzaron a bombardear el pueblo y la tía la cogió en brazos y la llevó a la orilla de la acequia donde se refugiaron como pudieron. Albalatillo sufrió los bombardeos, principalmente por su cercanía al aeródromo republicano: “Había un castillo en la plaza que quedó totalmente destruido”. Muchas casas quedaron también destruidas. Nati iba a coser como modista, iba a una casa y allí les enseñaban a varias chicas.

Durante 10 años José ha trabajado en la Hispano Oliveti. Se casaron a los 22 años y a los 23 años se marcharon a vivir a Barcelona, donde estuvieron hasta los 33 años. En la Hispano Oliveti no dejaban que las mujeres trabajaran y pasaban por las casas para comprobarlo. Aunque primero estuvo en Fusta Fabra, donde estuvo reparando ascensores durante tres meses. En Barcelona también trabajó de pintor y fontanero, faenas que continuó a su vuelta a Albalatillo donde además trabajó de agricultor.

Volvieron al pueblo y en Albalatillo Pepe ha trabajado de todo. En casa de sus padres había cinco caballerías, en casa del Quin, y cuando volvió adquirieron un tractor: “Se cogía más grano que con las cinco caballerías”. Luego montó su propia empresa “Marcial” que trabajaba realizando obras de fontanería, albañilería y pintura.

Tenían vacas y una granja de conejos. Los conejos se los llevaban todos los martes, criaba 125 conejos cada semana. De 1945 a 1950 fue presidente del equipo de fútbol de Albalatillo. El cuarto año se quedaron segundos y el decimosegundo año quedaron campeones, pero no pudieron seguir ya que andaban faltos de recursos. A los jugadores les invitaban a merendar y Pepe gastaba de unos diez a doce conejos cada merienda: “Oye quios!, si queréis merendar a ganar”.

Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

 

María Alegre Peralta


Mucha gente se vio obligada a emigrar en busca de trabajo por distintas zonas de España, entre ellas Ángela Peralta Solanas, natural de Castelflorite, que trabajó sirviendo para una casa de Tarrasa y su marido Antonio Alegre Soldevila, natural de Belver de Cinca, que se dedicó a llevar una cuadra de vacas, a cuidarlas, arreglarlas, ordeñarlas…

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María Alegre Peralta

Fruto de aquel matrimonio nació en 1932 María Alegre Peralta, en Tarrasa, pero con el estallido de la guerra volvieron a Los Monegros, donde se alojaron en casa de los abuelos maternos de Castelflorite. “Dispues”, un amigo de su padre, un montañés, instaló una vaquería en Belver de Cinca y su familia se trasladó allí para trabajar en ella. También tenían tierras por Belver de Cinca, por los “Royeros” y el soto,  con un carro tirado por “bueys” acarreaban “alfalce” para las vacas.

En Belver de Cinca María fue a la escuela, pero como eran cinco hermanos tuvo que dejar la escuela para ayudar a su madre. “No vayas a la escuela que hoy no me encuentro bien”, Ángela sufría de males que le dejaban en cama muchos días. María quería ir a la escuela, le gustaba mucho, pero no tuvo más remedio que quedarse en casa a trabajar, ir a comprar, lavar, fregar, cuidar los animales de las cuadras…

Molían mucho, “enparece” que iba a moler a un molino que estaba “indo” por la carretera de Osso de Cinca, recuerda María. En el molino molían alfalfa, maíz, ordio… con lo molido hacían una pastura para las gallinas y los pollos. María se acuerda cuando iba a buscar a casa a los arrieros, su padre anotaba todo bien y lo controlaba todo.

“Vente, aquí se gana mucho más que en el pueblo”. María tenía una amiga que había ido a servir a Barcelona y le animó mucho a que también ella marchase. Así que María se animó y fue a servir a una casa de Tarrasa. Estuvo dos años, ella tendría unos 19 años y le tocó hacer de todo. A María le gustó mucho la vida en la ciudad: “Había un gran ambiente”.

A los dos años, María se volvió a Albalate. Su padre estaba de encargado en una vaquería, cercana a Albalate, en una finca donde había unas diez casas. Su padre tenía muy buena mano para el manejo de las vacas, mucha experiencia. Las trataba cuando estaban enfermas y cuando se hacían alguna herida les hacía “pegaos”. Recogía malvas por el campo, las hervía en agua, las trituraba y las espolvoreaba pimienta. Cuando ya lo tenía bien preparado, colocaba el preparado en un paño y lo aplicaba en la zona, lo ataba y lo aseguraba bien. Con aquel remedio las heridas de las vacas sanaban bien, las rozaduras, los granos…

En el baile conoció a quien fue su marido Joaquín Luna Hernández. María se casó con Joaquín en el mismo Albalate y se marcharon de viaje de novios a Barcelona durante un mes. María se casó de negro, con un traje que ella mismo hizo “La tela era muy bonita y tenía un brillo precioso”. Lo confecciono gracias a todo lo que había aprendido con la Paulina: coser, bordar…

El matrimonio se  asentó en Albalate, en casa de los suegros de María. Joaquín era labrador y llevaba las tierras, mientras María trabajaba en casa, iba a buscar almendras, a “escoronar” con un machete la remolacha… Se hacía en invierno, hacía mucho frío, María se llevaba un saco con algo de paja para ponerse de rodillas y amortiguar la dureza del suelo y el frío. Antes se recogía mucha remolacha que se llevaba a la azucarera de Monzón. Se sembraba más o menos en septiembre u octubre y si salían 2 o 3 en el mismo sitio había que clarecerla.

Joaquín realizó un curso para ser mayoral de pueblos de colonización, lo hizo en Gimenells. Al principio no lo llamaban hasta que al final le dieron como destino Mélida, un pueblo de Navarra. Estaban haciendo Rada y cuando lo acabaron fueron a vivir al pueblo. Estuvieron 10 años en Rada y allí nació su segunda hija y el hijo. Tuvieron tres hijos, dos chicas y un chico. Joaquín, como mayoral, se encargaba de controlar si iban bien los lotes, si lo trabajaban correctamente “Todo tenía que ser por escrito y luego el perito lo revisaba cada mes”, recuerda María.

Ellos no tenían lote pero si corral donde criaban animales y 1 o 2 tocinos que mataban cada año. María guarda muy buenos recuerdos “Allí salían muy buenas cosechas”. A los diez años volvieron a tierras oscenses, instalándose en el pueblo monegrino de Cantalobos donde Joaquín continuó ejerciendo de mayoral. El pueblo ya estaba construido, igual llevaban cinco años viviendo la gente. En Cantalobos han vivido más de 30 años y ahora los recuerdos de María nos han llevado a recorrer su historia, de esfuerzo  y trabajo.

Ahora tiene 86 años y goza de una excelente salud y memoria. Un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Antonia López Conte, La Hornera


        Manuel Antonio Corvinos Portella nos descubre el antiguo oficio de hornera.  Una historia más de su serie “Oficios Desaparecidos”, unos testimonios de extraordinario valor que  Manuel Antonio nos transmite con cercanía y apego: Antonia López Conte, La Hornera.       

                        

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Antonia López Conte

Antonia era esposa de Mariano Laín Susín, nació en Sariñena en 1904 y falleció en su pueblo después de 94 años de dura vida. A edad muy temprana (10 años) se quedó huérfana de madre y aquella desgracia la marcó para siempre, pero al mismo tiempo la hizo espabilar para mitigar la pobreza que rondaba la casa. Por supuesto que aquello de ir a la escuela no fue para ella.

Fueron dos hermanas y un hermano, pero pronto se quedó sin su hermana mayor pues murió muy joven. Según cuenta su hija Maribel más de una vez oyó decir a su madre que debió morir de hambre.

A los 10 años ya se ofrecía en los hornos de las casas para barrer el suelo, buscar agua o lo que fuese menester y por esos trabajos recibía como paga una tajada de pan que repartía con su hermano. Enseguida aprendió el oficio de hornera y se quedó para siempre con ese apelativo.

En un tiempo sin panaderías las horneras eran mujeres a las que se les encargaba la elaboración del pan y la repostería. En el caso que nos ocupa, la “seña” Antonia amasaba la harina, añadía la levadura, vigilaba la fermentación de noche, le daba vueltas y de madrugada  la transportaba en una bacía en la cabeza tapada con un trapo blanco de lino o algodón recio a uno de los hornos que había en la localidad para proceder a su horneado. Terminada la operación lo llevaba a la casa que le había hecho el encargo y cobraba lo estipulado. El cobro solía consistir en un “pizco de pan” y en los céntimos  establecidos.

Estas mujeres tenían una clientela fija que les encargaba el pan para varios días ya que entonces duraba sin secarse mucho tiempo. Cada hornera señalaba con una marca sus productos para que no se confundieran con los de las otras mujeres que se dedicaban a este oficio.

Recuerdan mis vecinas que había, por lo  menos, tres hornos en la villa: uno estaba en una de las calles laterales del antiguo ayuntamiento, otro en el Muro Bajo y el tercero en la calle del Horno.

La repostería de la señora Antonia era muy valorada por muchas familias de Sariñena y cuando ya se generalizaron los hornos industriales solía elaborarla en casa de “El Vidriero”. Famosos eran sus roscones, tortetas de cucharada, farinosos, magdalenas, tortas de fiesta o de bizcocho.

Me cuenta su hija Maribel una anécdota de su madre que, a pesar de lo dura que había sido  la vida para ella, indicaba la sensibilidad personal que tenía. Pues bien…, un día recibió un encargó de Pilar la de Rosendo para que le hiciera algunos productos de repostería. Cuando lo hubo realizado se lo llevó a la tienda y a la hora de cobrar le manifestó que no quería dinero, que sólo deseaba a cambio una fotografía en la que saliera favorecida para que se la pusieran en su tumba el día que muriera.

 Y yo añadiré que de los recuerdos que el que suscribe tiene de ella podrían resumirse en dos palabras que utilizaba a menudo al comienzo o al final de las frases y que dan cuenta de su recio carácter: “Rediós y Copón” (genio y figura).

                                                                             Manuel Antonio Corvinos Portella

Romería de Lalueza a La Cartuja


El camino Real de Barbastro a Zaragoza pasaba por Sariñena, atravesaba la actual Laguna y continuaba por La Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, allí discurría por las planas de la sierra, por Peñalbeta y ascendía a la sierra de Alcubierre. La cuesta requería la ayuda de caballos fuertes y potentes, “Percherones”, que hacían de apoyo para salvar la sierra y continuar su descenso hacía Farlete, por donde vigilaba la torraza, para acabar en la muy noble, leal, heroica, benéfica, siempre heroica e inmortal Zaragoza, capital de Aragón.

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Mapa de Aragón en 1831

El camino de Lalueza a La Cartuja de las Fuentes gozaba de suma importancia, enlazaba al Real camino de Barbastro a Zaragoza en el mismo corazón de Los Monegros y unía y vertebraba esta inmemorable e antiquísima comarca. Así también lo manifiesta Santiago Vilella Barrachina en su libro “En la vida de Juan Andrés Comenge”, aquel camino de Lalueza a la Cartuja gozaba de “buen estado” y por él “discurrían las tradicionales romerías a San Isidro, en la que labradores de Lalueza y de Los Monegros rogaban a la virgen para que les concediese lluvias y abundantes cosechas”.

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La Cruceta. Foto: Alberto Lasheras Taira.

El camino salía de Lalueza, cruzaba el barranco Salado, por “El Salto”, y alcanzaba la predominante zona de “La Cruceta”, lugar estratégico por donde llegaron a congregarse las tropas francesas, según Santiago Vilella Barrachina, en su avance contra Zaragoza durante la guerra de la Independencia. Hasta allí salían las gentes del lugar de Lalueza a despedir a los romeros con sus estandartes y cruces. Cerca de “La cruceta” se encontraba una losa cóncava, una gran piedra o sillar “foradado” donde, de forma ritual, por creencia o superstición, los peregrinos depositaban piedras, pues según Santiago Vilella Barrachina “se preservaba las cosechas de las tormentas con pedrisco”. Luego marchaban por “La Cobacha”, seguían por “El Boral”, el monte “Artal” de Orillena y el Monte “Oliván” hasta llegar al monasterio de La Cartuja de Las Fuentes (En la vida de Juan Andrés Comenge, Santiago Vilella Barrachina).

Encontramos un ritual mágico, contra tronadas y pedregadas, místico y cultural, donde la tradición obligaba a depositar o tirar una o varias piedras sobre un sillar que encontraban en el camino.

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Losa con piedras. Fotografía: Eugenio Monesma Moliner.

El gran etnógrafo y documentalista Eugenio Monesma Moliner recogió el testimonio de María Teresa Moliner Viñas, dentro de su serie “Los secretos de las piedras”: “En pares. Siempre dos piedras. Dos. Y con esto ya se tenía la garantía, o por lo menos lo creían, que el pedrisco no nos caía y protegía los campos. Bueno, pues yo creo que no tenía otro misterio la piedra.” Para Eugenio Monesma “Estamos ante una piedra ritual en la que los vecinos de Lalueza tenían depositada su confianza para la protección de las cosechas”.

El antiguo camino de Lalueza a la cartuja de las Fuentes debía de ser muy importante y transitado, estaba muy bien, aunque actualmente ha sido modificado y ya no existe como tal por las concentraciones parcelarias. En la cartuja existía la portería hospedería, donde se alojaban transeúntes y viajeros.

En Lalueza se mantiene viva la memoria de la antigua romería a la Cartuja de las Fuentes. Marchaban con carros, unos iban más por la misa y otros a pasar un día agradable por la explanada o por el barranco de la fuente del monasterio.

Mosén Demetrio Segura Gavín, sacerdote natural de Castejón de Monegros, ejerció como párroco en Lalueza y vitalizó muchísimo la romería a la Cartuja de las Fuentes. Impulsó la romería, dando voz a la misma cartuja con coro de hombres de Lalueza acompañando la sacra misa.

Mosén Demetrio Segura

Hombre de gran nobleza

Por eso lo quiere tanto

El pueblo de Lalueza. 

En la vida de Juan Andrés Comenge, Santiago Vilella Barrachina

Y para terminar recordar un espléndido romance-poema de Mariano Peralta Asín, natural de Lalueza y que con gran maestría inmortalizó su particular romería a la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Mariano fue un gran escritor de su pueblo y sus gentes que colaboró con la revista del Recautillo y los programas de fiestas de Lalueza.

 

 

Peripecias ocurridas en el viaje a la cartuja

 

El día 9 de mayo

pensando  pasar buen día

en la iglesia la cartuja

en celebre romería.

 

Este día, por la mañana,

se quedó el pueblo desnudo,

unos para la Cartuja

otros para Torrente, al futbol.

 

Ya marchan las modistillas

con esa “famosa” rubia

siguiendo la Oscense y Julio

todos a la romería.

 

Eleuterio con su tractor

se veía con armonía

Antonio con el remolque

con una gran pandilla.

 

Cambreta con Manoler

también fueron con sus carros,

llevaban a sus familias

y parte del vecindario.

 

También fueron en bicicleta

para presenciar la escena,

y una rubia pequeña,

con la familia Pena.

 

Ya estamos en la Cartuja

todos con tanta ilusión

a visitar la iglesia

que es cosa de admiración.

 

No pudiéndose andar

de tantas personalidades,

unos visitan la fuente,

otros visitan los bares.

 

Ya llegaron los párrocos

y todos, viejos y menores

todos van a presenciar

los actos religiosos.

 

Ya terminada la Misa

todos salen por la puerta,

unos a tomar vermut

otros a coger la capaceta.

 

Ya se marchan a comer

a la sombra las paredes

otros van a las casetas

y alguien a los olivares.

 

Yo me junté con “Narciso”

que es un amigo cordial,

se dejó la alforja en casa

y partimos la caridad.

 

Cogimos la capaceta

como si fuera tal cosa,

comimos en medio un haber

al abrigo de una sosa.

 

Terminamos de comer

y fue una cosa sencilla,

fuemos a tomar café

invitados por las modistillas.

 

Al llegar a las modistillas

nos juntamos con los Penas,

que nos obsequiaron bien

y allí se empezó la escena.

 

Allí cantamos unas jotas,

Miguel pena daba la entrada,

nombrando a las modistillas

también a la profesora.

 

Con aquel vínico rancio

junto con melocotón,

todo eran cosas buenas

pa alegrar el corazón.

 

Llegó Pedrito Gascón

y José Raúl de Pena,

nos echaron unas fotos

debajo de la olivera.

 

También llegaron los quintos

cargadicos de licor

molestando a las modistillas

y se terminó el buen humor.

 

Nos marchamos al Rosario

todos tan condescendientes,

íbamos a cantar los Gozos

a la virgen de la Fuente.

 

Ya se terminó la tarde

de gozos y maravillas

y acordamos con “Narciso”

agasajar las modistillas.

 

Al entrar en Poleñino

a visitar a Otín y Elena

invitar algunas cosas

d´esas botellicas buenas.

 

Pero esto salió muy mal,

se nos volvió la “naranja”

y veréis lo que pasó

a la salida de Lanaja.

 

Al pasar el cementerio

ocurrió un accidente

chocó la rubia de Lalueza

con un coche de La Oscense.

 

No nos matamos ninguno

porque así lo quiso dios,

se nos quedó desmayada

Maribel la de Gascón.

 

Los dos heridos más graves

fueron Mari Malo Gavín

y el que escribe el romance

Mariano Peralta Asín.

 

Las primeras asistencias

fueron unos de Poleñino,

también venían, alegres

de sidra, champan y vino.

 

Al presenciar aquel acto

que tan desesperado había,

allí pasaron el tractor

y me montaron arriba.

 

Llegamos a Poleñino

y me querían acostar

mi dolor era tan grande

que a casa quería llegar.

 

Siempre me recordaré

y lo tendré en el cerebro

que el lugar de Poleñino

será mi segundo pueblo.

 

Me trajeron a Lalueza

con el remolque y el tractor,

todo el pueblo de jaleo

y que no estaba el doctor.

 

Me visitó un practicante

siendo una cosa buena

que el cual está retirado

llamado D. José Pena.

 

Ya me quedé tranquilo

después de tan apurau,

y ahora me llamarán todos

“Andrés” el resucitau.

 

Y me velaron de vivo

hasta las tres de la mañana,

el “afamado” “Narciso”

y Manolo “Estozarranas”.

 

 Mariano Peralta Asín. Lalueza, 9 de mayo de 1954.