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Hospital de sangre de Peñalba


Peñalba, población de retaguardia, por su proximidad a Bujaraloz y al sector central del frente de Aragón, es uno de los lugares elegidos para instalar un hospital de sangre que atendía a diferentes heridos procedentes del frente. Parte de una red sanitaria compleja en tiempos de guerra. La historia de un hospital que recuperamos.

Escuela de Peñalba.

Con el estallido de la guerra, la sociedad civil, a través de partidos políticos y sindicatos, se organiza en milicias para la defensa de la zona republicana. Con ella se va organizando la sanidad, con su propio personal y centros, pero también creando una sanidad de guerra, con expediciones sanitarias que acompañan a las columnas al frente y en la organización de puestos médicos de socorro y hospitales de sangre en el frente y retaguardia.

La nacional II es el camino que recorre la columna cenetista de Durruti en su avance hacía Zaragoza. Una columna que parte de Barcelona el día 24 de julio y que va acompañada de su propia columna expedicionaria sanitaria con personal médico y ambulancias para dar servicio sanitario al grueso de la milicia.

Tan solo alcanzar Candasnos ya se establece un primer hospital, aunque no dura mucho tiempo: “Lérida, 27. A veintiocho kilómetros de Fraga, en un pueblecillo llamado Candasnos, se ha establecido un hospital de sangre a la retaguardia de la columna. De momento, la dotación de dicho hospital la forman dos médicos, ocho practicantes, enfermeras y camilleros” (El Día Gráfico, martes 28 de julio de 1936).

 Milicianos en momento de descanso en el pueblo y población civil jugando a tirar la barra / P. Luis Torrents, Josep M.ª Sagarra.

Peñalba, localidad al sur de Los Monegros, se encuentra en la antigua vía de los Fierros, que unía Lérida con Zaragoza y que actualmente sigue el trazado de la Nacional II entre Barcelona y Madrid, a unos 10 km de Bujaraloz. Víctor Pardo Lancina recoge los primeros días en Peñalba, en la que se celebra una reunión para definir su posición “En la que se acordó que el pueblo se sumaría al ideario de las fuerzas que tomaran la localidad, independientemente del cariz político de las mismas”. La columna alcanza Peñalba la mañana del 26 de julio y pronto se establece un comité revolucionario que ocupa el poder (Rama separada 228. Partido judicial Fraga. La retaguardia del frente de Los Monegros, Causas generales).

Sello del Consejo Local de Defensa – CNT Peñalba.

Mientras, la columna prosigue su marcha alcanzando Bujaraloz poco después del mediodía del mismo día. La mañana del 28, la columna, en su avance hacía Pina de Ebro, sufre un tremendo bombardeo que les obliga a detenerse, reorganizándose en Bujaraloz definiendo al poco el frente del que Bujaraloz forma su propio sector del centro de Aragón.

Es el Comité Central de las milicias antifascistas, del que dependen las diferentes columnas y milicias, quien se hace cargo de la organización de la sanidad de guerra por medio del Comité Sanitario. Entre sus primerias misiones está la de inspeccionar el estado de las columnas expedicionarias sanitarias para luego, por medio del servicio sanitario del Comité Central de las milicias antifascistas, ir organizando una red de hospitales y puestos de socorro. En aquel contexto nace el “Hospital de sangre de Peñalba”.

Sello del Comité local antifascista de Peñalba.

El entusiasmo y la abnegación es el espíritu que domina a los combatientes…, dice el Comité Sanitario al volver del frente

Ha vuelto del frente de Aragón el Comité Sanitario integrado por los doctores Aiguader, Neira y Cruz, el cual efectúa una visita de inspección, donde ha podido constatar que todo el personal afecto al servicio sanitario del Comité Central de las milicias antifascistas y las otras ambulancias de la Cruz Roja, se encuentran en un perfecto estado de salud, lo cual se hace constar por la mayor satisfacción de las familias respectivas.

Así mismo, los citados doctores pudieron apreciar el estado de ánimo y el entusiasmo en que las poblaciones de Bujaraloz, Peñalba y Candasnos se encuentran todos los elementos que integran las columnas y impulsados por todo el espíritu de abnegación que se necesita para la lucha.

La Humanitat, 1 de agosto de 1936.

Sello Consejo Municipal de Peñalba.

El hospital de sangre de Peñalba

El hospital de sangre de Peñalba se instala en las escuelas nacionales, pasado el barranco de la Valcuerna. Básicamente, podemos definir un hospital de sangre como una instalación sanitaria provisional, cercana a las líneas de frente, destinada a estabilizar, operar y atender rápidamente a los heridos.

El responsable es el doctor cirujano José Santamaría, delegado sanitario de la columna Durruti, siendo el mismo quien da cuenta de su establecimiento en Solidaridad Obrera del 8 de agosto de 1936: “Un ejemplo de buena organización. El doctor J. Santamaría nos envía desde Peñalba el siguiente telegrama: «Peñalba, 7. Todo marcha bien. Organización sanitaria modelo de disciplina y esfuerzo. Moral elevada. Firma doctor Santamaría, delegado sanitario columna Bujaraloz».

Sellos hospital de Peñalba (Archivo familia Arandes).

Su instalación se produce a medida que se desarrolla el frente, siguiendo una organización improvisada pero sólida. La columna Durruti, tras un primer hospital en Candasnos va desarrollando su infraestructura sanitaria que ira completándose con un hospital de sangre en Bujaraloz y una extensa red de puestos de socorro y otros hospitales que desarrolla la Cruz Roja en el sector centro del frente de Aragón, como los hospitales y puestos de Azaila, Sástago y Valfarta. Una circunstancia que refleja Solidaridad Obrera en su edición del 14 de agosto de 1936: “Primera columna sanitaria expedicionaria. A medida que avanza la columna sanitaria, en cada pueblo se instala un hospital de sangre. Se van levantando los hospitales de retaguardia a medida que se avanza y se instalan en vanguardia. En la actualidad disponemos de un hospital con equipo quirúrgico en Peñalba, habiéndonos instalado en los edificios escuela de nueva construcción. El grueso de la columna sanitaria se encuentra en Bujaraloz”. En la misma noticia, queda recogida la presencia desde un primer momento de un equipo quirúrgico, dando constancia de la importancia que tuvo el hospital de Peñalba.

Dr. Santamaría.

Acompañando al Dr. Santamaría, en la columna sanitaria está el también cirujano y doctor Fraile, recogido por Abel Paz: “Alrededor del Comité de Guerra se concentraron diversos servicios; tales como… Un excelente servicio sanitario, con dos cirujanos, los doctores Santamaría y Fraile, asistido por un equipo de enfermeras, algunas de ellas llegadas del extranjero, solidarias de la revolución española” (Paz, Abel. “Durruti en la revolución española).

El hospital queda inventariado por Gonzalo Berguer: “En el municipio se instaló un hospital de sangre desde agosto de 1936. Este hospital atendía a heridos procedentes del sector central del frente de Aragón. Se informa de soldados republicanos muertos y 100 prisioneros durante los combates del día 26.3.38 en Peñalba (AGMAV 1376.1). Unidades: 26.ª División / Hospital de sangre Vinculados: Vila Peix, Amadeu”(Berguer, Gonzalo. Frente de Aragón (1936-1938): despliegue, evolución y trazabilidad de unidades militares, combatientes republicanos muertos y lugares de inhumación).

En definitiva, y en línea con lo anteriormente manifestado, el hospital de Peñalba es complementario al principal hospital de Bujaraloz, población donde llegan a instalarse hasta tres hospitales, el hospital de sangre (hospital primario), otro en casa Gros (hospital secundario) y un tercero antivenéreo (Fichas del hospital de Bujaraloz y su sector). Por lo que los hospitales de Bujaraloz y Peñalba son destinados de segundas y terceras intervenciones donde, como ya habíamos dicho, había equipo quirúrgico. Mientras que en el frente se desarrollan puestos avanzados de socorro, como el puesto avanzado del cruce de Gelsa, que respondía de primera urgencia.

Esta red, además del puesto avanzado del cruce de Gelsa, se complementa con los hospitales de Aguilar, puesto de socorro de Farlete, Las Ventas, Monegrillo, Osera, hospital avanzado de Pina de Ebro, Velilla de Ebro, puesto Val de la Hierba y Valfarta (Memoria. Os Monegros).

El 19 de septiembre de 1936, la Generalitat forma el Consell de Sanitat, encargándose de la coordinación sanitaria, entre ella la relacionada con el frente aragonés.

Con nuestros héroes del frente Por Ángel Senblancat

En su visita al frente de Aragón, Ángel va con compañeros de la Oficina Jurídica, entre los cuales “la distinguida letrada señorita Boadella, hermana del médico del mismo apellido que desde el principio de las operaciones está al frente del Hospital de sangre de Peñalba.

Los doctores Santamaría, Lechuga y Boadella nos acompañaron al cuartel general, donde rema un orden perfecto. Durruti estaba en la línea de fuego y no pudimos entrevistarle. Tuve, en cambio, la satisfacción de estrechar la mano de Ortia, de Ruano, de Campón, de la compañera de García Olivar. Todos estuvieron muy amables con nosotros.

Los chistes de Santamaría no pasan de una tomadura de pelo, que le perdonamos por los ser vicios de cicerone que nos presta en la cárcel de Pina y en las avanzadas de este sector, en donde comprobamos el cariño que los milicianos tienen a sus médicos.

En los pueblos cercanos al frente disfrutan da una tranquilidad paradisiaca a Impera un orden admirable. Los corrales están llenos de gallinas y por los campos pacen bastantes rebaños. La plaza da Pina la cruzan constantemente mujeres de todas las edades y en medio de ella Juegan los niños. En Bujaraloz el trajín militar no impide, lo mismo que en Peñalba, que el reparto del agua a los vecinos se haga normalmente. En Candasnos las chicas, endomingadas, pasean, como en sus mejores días, la carretera.

La comida qua los sanitarios de Peñalba nos ofrecen no puede ser más agradable.

El Diluvio: diario político de avisos, noticias y decretos: Año 79, no. 271 (13 nov. 1936).

Personal médico

Entre el personal médico que ejerce en el hospital de Peñalba destaca la presencia de los doctores José Santamaría, Roberto Lechuga García, Joaquim Boadella i Clota y el Dr. Zapater que probablemente responda al Dr. Pedro Zapater Ferrer.

En agosto de 1936 son citados los capitanes médicos Linares y Fidel Montes y el practicante médico R. Feliu, «llegado del frente aragonés en representación de Durruti y Pérez Farrás” (LVG, 19 de agosto de 1936).

Probablemente debe de contar con personal de la Cruz Roja tal y como lo nombra una nota publicada en el Boletín Oficial de la Brigada Nº1 de Cruz Roja N.º 198 de septiembre de 1936: «En el sector Aragonés, hay establecidos servicio de nuestra Institución, en Sástago, con  personal de Comité Local de Lérida y en Bujaraloz, Peñalba, Pina y demás pueblos alrededor, está servido con personal de Barcelona«.».

En marzo de 1937 es el doctor Ramon Arandes Adan quién se hace cargo del hospital de Peñalba, a quien le acompañan, entre otros «El cirujano Antonio Aznar y el médico internista Francisco Llabrés» (L’equip quirúrgic del doctor Ramon Arandes durant la guerra civil española. Closa Salinas, Francesc).

Miembros del equipo quirúrgico de Arandes en Peñalba durante los primeros meses de la guerra en el hospital de Peñalba (Archivo familia Arandes).

Además, de acuerdo con el “Diario Oficial del Ministerio de la Guerra» (Valencia, 22 de enero de 1937), conocemos diverso personal médico que actúa en los diferentes hospitales y puestos de socorro, siendo los siguientes alféreces médicos provisionales para el hospital Peñalba: Pedro Arque Cuxart (9 septiembre 1936), Carlos Asensio Merino (2 septiembre 1936), Carlos Asensio Merino (2 septiembre 1936), Juan Colón Bragulat (17 agosto 1936), Francisco Cañet Castella (10 septiembre 1936) y José Polo Tomás (2 septiembre 1936). Nota: Entre paréntesis, la fecha de designación.

Doctor José Santamaría

El doctor José Santamaría actúa como delegado sanitario de la columna Durruti, acompañado del Dr. Fraile. Es responsable del hospital de Peñalba y del de Bujaraloz, atendiendo ambos hospitales desde los primeros días. Lo atestigua el doctor Félix Martí Ibáñez, médico, psiquiatra, escritor y con el tiempo editor quien, en agosto de 1936, visita el hospital de Bujaraloz “Nuestro fraternal amigo el doctor Santamaría, que desciende del coche que le trae del Hospital de Peñalba, tostado y alegre, y el doctor Zapater, que le ayuda magníficamente en su tarea” (Impresiones de la Revolución, Frente y RetaguardiaSolidaridad Obrera, 28 de agosto de 1936).

El doctor Santamaría es uno de los médicos en Madrid con la muerte de Durruti “Los médicos que estaban aquel día 19 de noviembre de 1936 en el Hospital de las Milicias Catalanas destacadas en Madrid, en el Hotel Ritz, habilitado como hospital de las mismas, eran los médicos siguientes: doctores Santamaría, Moya Prats, Martínez Fraile, Cunill, Sabatés, Gómez y Abades. Pero de todos ellos, el que permaneció junto al herido hasta su fallecimiento fue el doctor Santamaría, Jefe de Sanidad de la que fue 26 Di visión, al militarizarse la «Columna Durruti». Pude averiguar, tiempo después, que el doctor Santamaría, testimonio de primera mano, vivía todavía recibiendo en la provincia de Lérida. Llamar a la puerta de sus recuerdos y de su silencio con el aldabonazo de la curiosidad informativa era, hasta cierto punto, un delicado pero, justificable para la realización de un libro sobre la muerte de Durruti. Sería necesario establecer, en lo posible, un contacto con él y procurar obtener alguna información valiosa sobre lo sucedido… Pero el silencio fue la única respuesta” (Llarch, Joan. La muerte de Durruti).

Doctor Joaquim Boadella i Clota  

El médico cirujano Joaquim Boadella i Clota es nombrado el 18 de agosto de 1936  jefe de la circunscripción de Bujaraloz (Apropamet a la historia dels hospitals de la Guerra Civil (1936-1939) A L’Alt Urgell Casassas i Romero, Eva; Oniols i Perearnau, Lluís; Altimiras i Roset, Jacint).

Doctor Ramon Arandes Adan

El historiador Francesc Closa Salinas ha estudiado el hospital de Peñalba en relación con el doctor Ramon Arandes Adan, doctor que, en enero de 1938, remite un informe al alto comandante de la sanidad del ejército del Este. Un informe que, en palabras de Francesc Closa Salinas, nos permite conocer de primera mano la funcionalidad de los equipos quirúrgicos en el frente del Este (ANC: 1-886-T-17128, Expediente personal de Arandes Adán, Ramón. L’equip quirúrgic del doctor Ramon Arandes durant la guerra civil española. Closa Salinas, Francesc).

Ramon Arandes Adan es destinado al Hospital de Peñalba en marzo de 1937: “Como médico voluntario a la columna Durruti, ocupando el cargo de jefe del equipo quirúrgico” (L’equip quirúrgic del doctor Ramon Arandes durant la guerra civil española. Closa Salinas, Francesc).

A partir de finales de agosto de 1937, el Dr. Arandes es designado consejero quirúrgico del XI Cuerpo del ejército y el 25 de agosto Pelai Villar es nombrado jefe de sanidad del XI Cuerpo del ejército “Acompañándole el Capitán Blay como director del hospital de campaña, el capitán Bas en la sección de Higiene y Desinfección, nombra un jefe de evacuaciones, asigna al capitán Joan Salvador Roca como ayudante de campo y Arandes le nombra como consejero de las cuestiones quirúrgicas” (L’equip quirúrgic del doctor Ramon Arandes durant la guerra civil española. Closa Salinas, Francesc).

Tarjeta postal del Hospital de Peñalba (Archivo familia Arandes).

Los siguientes meses, el Dr. Arandes se encuentra al frente del equipo quirúrgico del hospital del cruce de Gelsa, como teniente médico, sobre los meses de agosto, septiembre y octubre d 1937: “Coincide con el teniente médico Guzmán Lorca Ruiz. También con su hermano Venanci Arandes Adan, soldado”. Y en noviembre es trasladado al Hospital Mixto de Campaña de Bujaraloz, donde es ascendido a capitán médico (L’equip quirúrgic del doctor Ramon Arandes durant la guerra civil española. Closa Salinas, Francesc).

El hospital de sangre de Peñalba en el sector sanitario del XI Cuerpo de Ejército

Tras la militarización de las milicias, proceso que se inicia a finales de octubre del 36 y finaliza en abril del 37, el hospital de sangre de Peñalba acaba perteneciendo a la 26 división republicana del XI Cuerpo del Ejército, quedando el cuartel general establecido en Sariñena.

Francesc Closa Salinas realiza una radiografía del sector sanitario del XI Cuerpo de Ejército a finales de 1937, que presentaba “Unos rasgos muy semejantes a los del inicio de la guerra” constatando como el sector “Tenía cuatro equipos quirúrgicos distribuidos geográficamente de una manera bastante anómala: dos en la clínica base situada en Sariñena, uno en el «cruce» de Gelsa y el último en la clínica de Peñalba”. No obstante, resalta Francesc Closa Salinas, tanto el hospital de Peñalba como el hospital de Sariñena se encontraban bastante alejados del frente “Aproximadamente, a unos cincuenta kilómetros del frente”.

A primeros de 1938, el sector es reconfigurado, trasladando el puesto del cruce de Gelsa a Monegrillo “En barracones Docker, intentando alejarlo de los continuos bombardeos del sector de Bujaraloz” y el equipo de Arandes de Peñalba se traslada a Grañén junto al cirujano Antonio Aznar y el médico internista Francisco Llabrés.

Documento firmado por Pelai Vilar, jefe de sanidad del XI Cuerpo del Ejército en el que se informa a Arandes de su traslado al equipo quirúrgico de Grañén como jefe (Archivo familia Arandes).

Gracias al informe de Ramon Arandes y a la investigación de Francesc Closa Salinas, además de permitirnos conocer de primera mano la funcionalidad de los equipos quirúrgicos en el frente, podemos saber como a lo largo del año 1937 su equipo asiste a un total de 973 heridos “La relación de datos que Arandes nos ha dejado, así como la presencia de niños y ancianos y la tipología de las intervenciones realizadas —donde hay un gran número de esguinces, luxaciones y apendicitis—“, definiendo la actividad propia de un hospital de retaguardia.

Sello Jefatura de Sanidad del XI Cuerpo Ejército.

Evacuación

Los heridos de guerra son atendidos en los puestos avanzados, donde se realizan las primeras intervenciones de urgencia para ser clasificados y evacuados a los hospitales de retaguardia o también llamados hospitales base. En este caso se evacuan de los puestos de socorro del cruce de Gelsa y de Monegrillo a Bujaraloz y Peñalba.

Algunos de estos servicios aparecen en la «Relación de servicios» publicados en el Boletín oficial de la Brigada nº.1 Cruz Roja de la Comisión Provincial de Barcelona del 1 de julio de 1937:

  • 18 de julio: Fueron evacuados 5 heridos al Hospital de Bujaraloz y 2 al Hospital de Peñalba.
  • 20 de julio: Traslado de 2 heridos al Hospital de Peñalba y 5 heridos al Hospital de Bujaraloz.

Para no saturar los hospitales del frente y retaguardia se evacuaba a hospitales alejados completamente del frente. Del sector centro de Aragón se evacuaba principalmente al hospital de Lérida e incluso a Barcelona.

No obstante, según las características de cada hospital o disposiciones de cada momento, los heridos son trasladados entre los hospitales del sector:

  • El compañero Jaime Acon es trasladado al hospital de Bujaraloz por no estar afecto de apendicitis aguda y si de un cuadro de colón…    a medicina general. Peñalba 27 del X del 36. (CDMH_PS_ARAGON_C0109_EXP00019_0026).
  • 1ª Columna Sanitaria Expedicionaria. El miliciano Jaime González Andón va a Bujaraloz por enfermo y regreso cuando sea dado de alta. En Peñalba a 23 de diciembre de 1936. Colitis?… Sello 1ª Columna Sanitaria Expedicionaria. Sello Columna Durruti Sección…  (CDMH_PS_ARAGON_C0109_EXP00019_0241).

Actas de nacimiento y defunción de Peñalba

En el registro municipal de Peñalba se encuentran las actas de nacimiento y defunción de Peñalba durante el periodo de la contienda. Consultadas, estas no han aportado presencia del hospital o de su personal. No obstante, curiosamente podemos extraer la denominación de algunas de las calles de Peñalba:  

  • Calle Galán y García  (Acta Defunción 175).
  • Calle cantoneda/cantomedra (AD 180).
  • Calle Costera baja (AD 183).
  • Calle del Picacho (AD 286).
  • Calle Ascaso (AD 289).
  • Calle Saul/Paul Soler (AD 293).
  • Calle de Durruti (AD 296).
  • Afueras Casilla Valcardosa (AD 288).
  • Calle Fermín Galán (AN 181).

Delegación Ganadería CNT-AIT Peñalba (Las colectividades en Los Monegros).

Fernando Sugrañes Castañeda

Fernando Sugrañes Castañeda fallece en el hospital de Peñalba a consecuencia de las heridas recibidas en el frente. Maestro guarnicionero, auxiliar subalterno del séptimo regimiento de Artillería, anteriormente a la guerra presta sus servicios en el cuartel de San Andrés. Forma parte de la primera columna expedicionaria que parte a Bujaraloz, siendo auxiliar del comandante Pérez Farrás y Durruti “Quienes apreciaron en él grandes dotes de inteligencia y heroísmo”.

Herido gravemente, es trasladado a Peñalba “Donde falleció, a pesar de la rápida intervención quirúrgica llevada a cabo por los capitanes médicos Linares y Fidel Montes”. En su entierro “La comitiva fúnebre partió del Hospital Militar, presidiendo el duelo, además de los familiares del muerto, el practicante médico R. Feliu, llegado del frente aragonés en representación de Durruti y Pérez Farrás” (LVG, 19 de agosto de 1936).

La memoria de un hospital

Al trasladarse el personal quirúrgico, a principios de 1938, el hospital de sangre de Peñalba debe de reducir bastante su actividad e importancia, hasta la caída definitiva del frente de Aragón, cuando a finales de marzo, concretamente el 25 de marzo de 1938, las tropas nacionales alcanzan Valfarta, Peñalba y Candasnos (Parte Oficial de Guerra del 26 de marzo de 1938), concluyendo la existencia del efímero hospital de sangre de Peñalba.

Así, queda recogida parte de su memoria, especialmente la de aquellos doctores y resto de personal sanitario que en tiempo de guerra lucharon por salvar vidas y de Peñalba, una localidad históricamente hospitalaria. Lugar de paso, de peregrinaje, por donde también pasa el ramal del camino de Santiago conocido como el camino catalán de san Jaime. Por ello su hospitalidad viene de lejos, cuando en 1170 se es fundado hospital en esta villa por Alfonso II. Pero eso es otra historia.

Gracias al ayuntamiento de Peñalba y a Francesc Closa Salinas por su estimable a ayuda.

José Ignacio Aguilar Samper


José Ignacio Aguilar Samper nace en Castillonroy el 31 de julio de 1959, aunque su vida se ha desarrollado completamente en Bujaraloz. Durante años, junto a su hermano Jesús, han regido “Tocinería Aguilar”, carnicería fundada por su padre en 1962. Apreciada por su calidad y cercanía Tocinería Aguilar ha dado servicio hasta su cierre en el 2024, desapareciendo uno más de nuestros comercios más emblemáticos y tradicionales de la zona.

Su abuelo tuvo seis hijos, abriéndose paso con el esfuerzo y trabajo. Hacía yeso para moler que luego vendía en Caspe o Peñalba, y robaba leña, principalmente cogía romeros y algo de pino si podía, que había principalmente en la Efesa, entre monte Fraga y Caspe, y en el monte de la Retuerta (Efesa: Dehesa, tierra acotada destinada al cultivo o a pastos “Esta primavera ha llovido mucho y está la efesa llena de yerba”. Barceló Caballud, Rafael. Vocabulario Caspolino). Hacían romeros para los hornos de yeso que vendían en Caspe y recogían esparto “Esparto, lagaña y moco”. Igualmente se dedicó a la extracción de sal en la Salineta, -Para comer amargaba algo la sal, pero si la recogían bien no pasaba nada y era buena-. También la sal la empleaban para curar los jamones. Fue el último en ver un lobo por el monte de Bujaraloz, afirma José Ignacio, estando de pastor vio al lobo, sería sobre 1908, -el último lobo que los mastines del ganado ahuyentaron-. El agua siempre tan escasa, a la de boca siempre la ponían con algo de vinagre para que refrescase mucho más. 

Tras duros años faltos en cosechas sus abuelos y padres dejan Bujaraloz y marchan a Castillonroy para trabajar para casa Borras. Allí llevan una finca como medieros, algo más de la mitad que sacan para la casa y la otra mitad para ellos. Así, que allí acaba naciendo José Ignacio donde escasamente vive seis meses, cuando sus padres deciden regresar a Bujaraloz.

Una vez en Bujaraloz tampoco lo tienen fácil y tienen que vivir de alquiler. Su padre va trabajando en todo lo que puede, tanto en casa Gros, en el campo como de peón de albañil. En casa Gros trabajaba de “agosterias”, uno de los muchos jornaleros que cogían para la cosecha, de julio hasta septiembre. Había viñas, olivos, en casa Gros daban permiso para coger a medias; José Ignacio quiere publicar un libro sobre el origen de casa Gros.

A la escuela fue a los 3 años, estaban 3 en un pupitre, a veces los llevaban más que nada para pasar el día, haciendo parvulitos, que antes no había, con doña Juanita. Antes de la guerra las escuelas estaban en la calle mayor, al lado la casa del practicante y el ayuntamiento, donde iba el veterinario. Luego la escuela estuvo al lado de la carretera, en frente del restaurante La Parrilla. Luego, José Ignacio estudió en los salesianos de Huesca.

Jugaban a “San Grampito Tole” y se escondían; a burro, media manga, manga entera; a los pitos y las capuchinas (las chapas de las bebidas). Iban a las balsas a coger ranas y se las comían asadas con cuatro hierbajos -Cuando echaron peces a las balsas desaparecieron las ranas-. Iban a quitar miel a las colmenas, con media herradura, se les escurría la miel, y destrozaban la colmena. Con tirachinas tiraban a joder las bombillas, los platos de cerámica estaban llenos de pedrada. En más de una ocasión les pilló el guardia, tío Capeche -Una vez nos hicieron juicio rápido y nos hicieron pagar 25 pesetas-. Su padre le castigó con un mes sin poder ir al cine Oasis y los amigos, para chincharles le decían -Hoy se han visto las tetas a la Sofía Loren-. Era mentira, lo decían porque estaban castigados y no podían ir a verla al cine.

Iban por los campos, aunque había muy poca huerta, y robaban alberges o manzanas, uno hacía guardia para que no les pillasen, hasta que un día el dueño se escondió en la caseta y les pilló. Les dio tiempo a escapar corriendo, pero el dueño les quitó las bicicletas y no se las devolvió hasta que dieron la cara. Hacían rastro, pero lo pagaban. Solo había un balón y el dueño siempre escogía los mejores para jugar en su equipo. Jugaban en la plaza.

Tristemente su padre cogió hepatitis y le recomendaron un clima más seco. Por ello la familia marcha a Barcelona donde un pariente cercano lo mete en el matadero de Barcelona. Allí aprende el oficio de Chacinero -Que aquí decimos de tocinero- y de “Cansaladeria”.

De vuelta a Bujaraloz emprendieron el negocio de tocinería en Bujaraloz, aunque no les quisieron firmar para empezar, con trabajo y esfuerzo fueron sacando adelante la que ha sido toda una insignia de Bujaraloz: “Tocinería Aguilar” fundada en 1962. En un cuaderno apuntó todas las recetas y cantidades exactas de cada embutido, de la longaniza, chorizo, butifarra, morcillas o bolas, que aquí, como en muchas partes de Los Monegros, son dulces –Con nueve panes hacían una cantidad exacta de bolas, tanto canela, tanto anís…-

José Ignacio ha sido granjero de cerdos, pero también de terneros y matachín. A su madre le gustaba mucho las cerdas y él lo ha heredado. A su padre no le gustaban las cerdas, era más tratante, negociaba lechones y los engordaba. De su padre, José Ignacio hereda el carácter negociante y con 14 años ya emprende comprando terneros a uno de Sariñena. Pues no han dejado de ser emprendedores y con su hermano montaron un secadero de jamones, aunque no funcionó.

Su padre también hizo de tocinero, llevaba un triciclo ROA, con carro donde subía 6 cerdos de Caspe, la gente trabajaba mucho con Caspe. Se bajaba el estiércol y el pajuzo y lo cambiaba por patatas y otras hortalizas. En Caspe había uno que tenía 5 machos e iba por las casas para cubrir las cerdas. Les informaba quién criaba bien los tocinos para poderlos comprar. Y en Peñalba estaba “Vicente el tocinero”: -Fue el último tratante, compraba lechones en Caspe y los vendía por estos pueblos-

Bujaraloz ha tenido gran tradición ganadera, había mucho ganado ovino, y en cada casa tenían tocinos, criaban y mataban en casas -Se hacía la matacía en cada casa-. La mayoría de tierras las poseían las casas más ricas de Bujaraloz, que eran casa Gros y casa Rozas, por ello la gente buscó en las granjas de cerdos una posibilidad de poder tener sus propias explotaciones. Por ello ha habido matadero en Bujaraloz, -No de kilómetro cero si no de metro cero- apunta José Ignacio – Es peor llevarlos lejos, la carne coge PSD o exudativa y aquí se mataba las tres especies: cerdo, cordero y ternera-. A Bujaraloz venían de 7 pueblos:  Candasnos, Caspe, Castejón de Monegros, Farlete, La Almolda, Monegrillo y Peñalba.

José Ignacio se ha casado y han tenido tres hijos que sorprendentemente los tres han elegido vivir en Bujaraloz. Amante de Bujaraloz, de su cultura, de tradiciones como el dance recuperado gracias a La tía Churrera que contó muchas cosas del dance. Ha jugado a futbol, llevaba el 14 en 1965 1970, jugaban en campo de tierra y los días de viento se levantaba mucho polvo. Ahora sigue con la misma afición a través de sus nietos. 

Con su hermano ha llevado la tocinería Aguilar, desde 1962 hasta que cerraron en el 2024. José Ignacio como ganadero y matachín y Jesús como carnicero. Herederos de una actividad, de tocineros, que fue básica en la supervivencia de nuestros pueblos.

Julia Rozas Ferrer


Natural de Bujaraloz, Julia es una apasionada de la pintura y de su pueblo, por ello no es de extrañar que se defina como “Pintora de su pueblo y para su pueblo”. Dominando diferentes técnicas, Julia se expresa en diversos estilos, poniendo el alma y pasión en cada cuadro, por cuyas pinceladas han llegado a escribir que sólo se puede describir con poesía, “haciendo comunión con el poema, para poder aspirar en su transparencia toda su magia contenida”.

Julia Rozas Ferrer nace en Bujaraloz el 15 de febrero de 1950, hija de Abundio Rozas Solanot y Ascensión Ferrer Genique. Viven en casa de sus abuelos paternos, Mariano Rozas Albacar y Julia Solanot Villagrasa, casa que tenían algo de tierras, especialmente por la Retuerta, eran las mejores tierras que tenían, aunque tenían en otros dos montes. Allí tenían un mas, una masada pequeña pero que daba para un hogar, guardar la paja y el ganado… Un lugar especial al que siempre quería ir, recuerda Julia con cierta añoranza, y al que vuelve con su pintura plasmando la Retuerta en sus cuadros como a su pueblo y tierra de Los Monegros.  

Su padre eran tres hermanos y dos hermanas, uno de ellos, Valentín, llegó a ser alcalde de Bujaraloz. Por parte materna, sus abuelos eran Cosme Ferrer Samper, que eran ocho hermanos, y su abuela Fabiana Genique Soto. Cosme trabajó en la Salineta en la obtención de sal, con el tío Piquete y el tío Umena. La sal la vendían, la refinaban y mandaban para su uso y consumo. También, durante un tiempo, su abuelo Cosme estuvo de viajante a Caspe, llevaba y traía mercancías – Una vez se llevó a mi madre y les pilló una nevada tan grande que los dejó atrapados y del frío que hacía casi se muere congelada-. Tras la sal, Cosme se puso a quemar hornos de yeso por la noche, acabando perdiendo la vista.

Mas familiar de la Retuerta.

Cuando nevaba, su abuelo Mariano le decía a Julia, que por entonces tenía cuatro años, y a su hermano Javi, de dos años menos, en plan jocoso -Venga, vamos a asar nieve– Y ellos, ilusos, salían a la calle a recoger nieve para asarla. Su madre, pendiente de ellos, decía -¡No le hagáis caso a ver si la vais a palmar!- y se partían de risa en casa. Lo que si hacían es coger algo de nieve limpia, la colocaban en una fuente con canela y azúcar y se la comían, era muy típico de Bujaraloz.

En casa, Julia han sido 5 hermanos. Al rededor del hogar, Julia guarda gran recuerdo a las tostadas de pan, ajo y aceite. En el corral tenían un pozo que, por medio de una bomba manual, bombeaban el agua salada del subsuelo de Bujaraloz. Aquella agua la empleaban para limpiar y refrescar la bebida.

En Bujaraloz el agua para consumo la iban a buscar a la balsa Buena, mientras que la balsa Predera era para los animales. Iban con una cuba tirada por mulas y cuando llenaban las cubas ponían un trapo blanco, a modo de colador, donde luego se veían algunos bichillos rojos (artemias) o cullarones que se quedaban en el trapo. A pozales de cinc llenaban después las tinajas de casa. Luego estaba el botijo, que era sagrado, tanto en verano, en lugar bien fresco, como en invierno. Al vino le echaban gaseosas de sobre Armisen y sabía a gloria. Todo era de cinc, pero también estaban los terrizos, para matacías, fregar o para lavarse, ponían agua y por medio de una cazueleta se iban echando el agua por el cuerpo.

Lo que si había era mucho vino que se guardaba en toneles en las bodegas -Cuando prensaban la uva su abuelo siempre nos daba a probar el primer mosto-.

A los 3 años ya fue a la escuela, por donde ahora está el ayuntamiento, con doña Teresa. Estaban de varias edades en la misma clase. En la escuela les daban leche en polvo, que ellos mismos preparaban, y queso. Cada día uno se encargaba de encender la estufa de piñuela –Una estufa de los huesos de las aceitunas molidas, era como un tubo grande, se llenaba y por medio de una puertezela se le echaba petróleo o algo parecido y con cerillas prendían fuego. ¡Era un peligro!-. La leche la preparaban en una olla grande, pero a Julia no le sentaba bien, no era la única y consiguió un papel médico para librarse de tomarla. Mientras, el queso estaba aceptable.

También les mandaron libros. Hacían dictados y cada falta de ortografía que cometían tenían que escribirla 20 veces. En mayo cogían flores y les hacían leer poesías delante de la iglesia. A Julia le gustaba dibujar y la maestra se daba cuenta que no calcaba, que lo hacía en otros tamaños y que se le daba bastante bien.

Cuando Julia pasó a primaria su madre le compró una enciclopedia, a su tía por 5 pesetas, y con ella Julia estudiaba. Luego estaba mosén José, quien daba la clase y por la tarde la señora Francisca, que les enseñaba a coser vainicas, festones, cruceta… un paño de costura que iban realizando diferentes técnicas. A julia no le gustaba mucho eso de coser. Con el mosén se escapaban de clase y se marchaban a Valfarta.

Entre las clases de chicas y chicos había un agujero y se hacían travesuras y en el patio había un árbol y una higuera del vecino que se metía en el patio y se dedicaban a coger los higos. Cada vez tenían que trepar más en la higuera, a medida que los iban cogiendo.

Julia Rozas Ferrer.

Con 10 años ya cuidaba de sus hermanos y a los doce años su madre la saca de la escuela para trabajar en casa, principalmente cuidando a sus hermanos. Aunque la maestra Maripaz intentó que se quedase en la escuela, que no podía salir para ir a ayudar a casa, Julia se vio obligada a dejar la escuela, la necesidad se impuso. Tampoco podía salir a jugar, en casa tenían mucho trabajo y Julia se tenía que quedar a cuidar a sus hermanos.

Con 15 años Julia iba con su padre en una motocicleta a recoger olivas, cogían un saco diario y para comer su padre hacía unas salchichas en las brasas, sacudía las brasas y le ponía las salchichas en el pan -Me sabían a gloria-. Con el tiempo vendieron el olivar, aunque para Julia siempre será una tierra muy querida.

Al campo iban con una galera, recuerda Julia, tirada por mulas. Años más tarde ya iban en el remolque tirado por un tractor Hanomag. Allí siempre les llamaba la atención su padre –No os rebulquéis por el trigo-. Siempre estaba mirando al cielo, para ver si venía la esperada lluvia y mientras le explicaba a Julia las diestras de la espiga -¡Si se tumba la espiga es buena señal-.

Su madre hacía farinetas en el corral, hacían fuego y ella las hacía en una sartén. Fregaban con esparto y arena, en Bujaraloz se hizo mucho esparto, algunos iban en bicicletas y ataban detrás los fajos de esparto, recuerda Antonio, marido de Julia y también natural de Bujaraloz.

Hacían la matacía en casa. Julia se acuerda cuando le mandaban a casa de tía Carmen a buscar el molde de las bolas, para hacer bolas dulces y hacían de todo, longaniza, chorizo, butifarra y, aunque se hacía poca, la longaniza de vinagre era muy buena. Estaban las carnicerías de Santiago Royo, que la llevaba su madre, la tía Luisa, la de Simón Royo y su mujer Pili y los Rigabery en la plaza. 

En reyes le empiezan a regalar pinturas de Alpino y lo que empieza como una distracción va evolucionando y acompañándole toda la vida. Tuvo como primer ejemplo a un tío suyo de Madrid, que también pintaba y que Julia trató de imitar, aunque a él no le hizo mucha gracia.

Ermita de san Antón, Bujaraloz. Julia Rozas Ferrer.

El telefonista de Bujaraloz también hacía de papelería, y Julia fue comprando pinturas, experimentando con acrílico o acuarelas. Le gustaba mucho la tinta. El mismo de la tienda le enmarcó un cuadro y se quedó sorprendido de su pintura. Al poco, con Merche, la de la boutique, que también pintaba hicieron una exposición en la plaza.

Julia se casa en Bujaraloz con Antonio Genique palacio, con quien tiene cuatro hijos. Viven en Bujaraloz, donde tiene una tienda de lanas, una mercería, pero al tiempo se mudan a Zaragoza, sería sobre 1999.

Julia Rozas Ferrer.

En la capital comienza a pintar acuarelas, oleo… pinta en tela y seda, pajaritos en cristal, ha sido muy autodidacta pero también por escuelas, talleres de maestros y master class, con pintores como Carmen Mansilla, Fermín García Sevilla, Miguel Rodríguez, acuarelas con María Jesús Benedicto, oleo con Begoña del Rincón y grabado a punta fría con Julio Cobo. También estuvo en la academia de Juan Badenes.

Dominando técnicas con suma delicadeza, como la acuarela, el óleo, la pintura en tela, seda o vidrio, el gravado o incluso la encáustica. Julia pertenece hace más de veinte años al Colectivo de Pintores de la Margen Izquierda “Colectivo APMI”, con quienes ha realizado numerosas exposiciones. El 1 de mayo del 2014 Ilustra la Portada de Artes y Letras de Heraldo de Aragón, número 466, aportando su director Antón Castro cierta reseña “Realiza un arte figurativo de colores suaves”.

En marzo del 2026 ha expuesto en la sala de Ámbito Cultural en Zaragoza «Los Monegros a pinceladas” reflejando su pasión por su tierra y su pueblo de Bujaraloz.

Julia sigue pintando, una obra ecléctica que seduce e invita a sumergirnos en su pintura, en su alma y expresión, inmortalizando en sus cuadros la tierra que ama: «Una pintora de su pueblo y para su pueblo».

Mike Lana Sarrate, en memoria de Casimiro


Casimiro Lana-Sarrate tuvo un hijo, Alfredo, y dos nietos, Mike y Julián. Yo soy Mike, el último miembro vivo de esta rama familiar. Nací en Canadá, pero el trabajo de mi padre nos llevó a mudarnos a la zona de Nueva York y luego a Uruguay. En casa hablábamos inglés y no empecé a aprender español hasta los nueve años, cuando nos mudamos a Sudamérica. Cuando dejé la universidad, trabajé en el sector forestal en las montañas del oeste de Canadá. A los años empecé a interesarme por el fitness y la salud y puse en marcha un negocio de nutracéuticos y alimentos ecológicos. Después de trabajar muchas horas al día durante 20 años, vendí el negocio y me jubilé.

Mike Lana Sarrate.

Casimiro falleció cuando yo tenía cinco años, así que nunca lo conocí en persona. Él vivía en Buenos Aires y nosotros estábamos cerca de Nueva York, a un mundo de distancia. Mi padre, Alfredo, pensaba que mi hermano pequeño y yo no estábamos preparados para hablar de asuntos familiares y de la historia de la familia. No fue hasta que nos mudamos a Uruguay cuando empezaron a surgir algunas anécdotas durante las cenas. Mi padre era una persona reservada, racional y práctica, parecía que utilizaba anécdotas y detalles familiares para respaldar argumentos más generales. Habló de algunas ideas de Casimiro sobre la educación y en el ámbito de la ingeniería. No tengo historias largas como las que se cuentan para reforzar una tradición oral. Me fui de casa de Uruguay para empezar la universidad en Canadá a los 16 años, así que mi padre y yo pasamos muy poco tiempo juntos, tiempo que podríamos haber dedicado a compartir la historia de nuestra familia. Falleció joven.

Alfredo logró superar la muerte de su madre, Luisa, que vivía en Ciudad de México. Regresó del funeral con varias cajas de documentos familiares y objetos de recuerdo. El contenido de esas cajas nos reveló la historia de la familia. Leí y revisé gran parte del material y luego guardé las cajas en mi casa. Un día recibí en mi casa la extraordinaria carta con sello de Joaquín Ruiz Gaspar, en la que me pedía información sobre su compatriota de Sariñena Casimiro Lana-Sarrate. Compartí todo lo que resultaba interesante: fotos, títulos, documentos y, por supuesto, las cartas que atestiguaban su relación con Albert Einstein.

Casimiro Lana Sarrate

Veo a un hombre motivado por superarse a sí mismo y que aboga por formas de mejora para los demás. Para mí, lo que destaca es la amplitud de intereses a los que se dedicó. La educación, la ciencia, los negocios, la naturaleza, el discurso intelectual y la política son disciplinas que él desarrolló como expresiones de su voluntad.

Exilio, una herida desgarradora

Si pienso en el exilio de España, llego a la conclusión obvia de que cualquiera que se exiliara evitaba la cárcel y la ejecución. Por supuesto, muchos héroes se quedarían a luchar, pero otros quizá esperarían a que cambiaran los vientos políticos. En ese momento podrían volver a cobrar relevancia y formar parte de la reconstrucción del país. Por desgracia, Casimiro fue perseguido en España mientras se encontraba en Argentina. Tengo documentos que demuestran la afirmación de Casimiro de que se quedaría en Argentina y seguiría dedicándose a sus intereses allí. Pero perdió tantas cosas en el exilio. Un hombre con su nivel de creatividad, su variedad de intereses y sus relaciones sociales tendría que recuperar tantas cosas en el Nuevo Mundo.

Tengo un documento en el que se describe la fortuna que Casimiro perdió cuando se marchó de España. Creo que había guardado oro y dinero en efectivo como garantía para un negocio. La Generalidad de Cataluña confiscó el contenido de las cajas de seguridad, lo que, al cambio actual, asciende a 3 millones de dólares estadounidenses. Es curioso que el padre de Casimiro perdiera su fortuna a causa de la Revolución Mexicana, durante la cual le confiscaron sus 4000 hectáreas de tierras de cultivo. Es un consuelo saber que, tras el exilo, mi padre y yo hemos evitado sufrir pérdidas provocadas por motivos políticos.

Sariñena, un lugar en la memoria

Me sorprende no haber visitado España todavía. Mi mujer siempre ha querido ir desde que nos conocimos y yo le había propuesto hacer un viaje de Barcelona a Zaragoza y visitar los lugares de interés que hay por el camino. Es interesante especular sobre cómo un entorno da lugar a personas excepcionales. Muchas personas famosas y exitosas a lo largo de la historia, como Isaac Newton y William Shakespeare, procedían de pueblos pequeños, pero llegaron a influir en todo el mundo. Me encantaría compartir historias con los habitantes de Sariñena y de los alrededores. Estudiaría el contenido de Os Monegros para prepararme para apreciar la región, sus costumbres, su historia y su gente.

Alfredo Lana Sarrate Noriega

Mi padre tenía una serie de creencias y tomó una serie de decisiones que probablemente estuvieron influenciadas por Casimiro. Recuerdo haber visto una solicitud de admisión al MIT, la prestigiosa universidad de Cambridge, en la que se le pedía a mi padre que eligiera una religión de una lista estándar. Él escribió a mano «librepensador». Casimiro se describió a sí mismo de la misma manera en una carta que tengo, dirigida a Albert Einstein. Casimiro se licenció en Química y estudió en el MIT. Alfredo se licenció en Ingeniería Química en el MIT. Casimiro presentó a mi padre a una multinacional canadiense, Alcan, para que trabajara allí. A los dos les interesaba la metalurgia. Es posible que el apoyo de Casimiro al ejercicio físico y al deporte influyera en Alfredo. Él se convirtió en campeón de remo en Buenos Aires. En una visita a la casa de su madre en Ciudad de México, vi un retrato suyo a tamaño natural, de pie, con la espalda recta y el pecho hinchado, sosteniendo un remo largo. Así se pintaba en aquella época. Aunque mi padre no se dedicó a la política, creía en la justicia social y en el valor del trabajador. Era el director general de la empresa, pero podía hablar con los obreros de la fábrica como si fueran viejos amigos. Supongo que estaría de acuerdo con algunas de las posturas políticas Republicanas que Casimiro defendía en Huesca.

Alfredo Lana Sarrate, segundo por la izquierda, campeón de remo. Buenos Aires, 1944.

Casimiro Lana Sarrate, un hombre de ciencia rescatado del olvido

Supongo que para ganarse un lugar duradero en la imaginación del público es necesario compartir muy a menudo las historias. Desde mi punto de vista, aquí en Canadá, la historia estaba perdiendo interés por falta de participación y el paso de tiempo. Ya no tenía a mi padre ni a mi madre para aclararme las preguntas que pudieran surgir. Debo admitir que el perfil de Casimiro en Os Monegros me ayudó a comprenderlo mucho mejor. Si a eso le sumamos la colaboración entre Joaquín Ruiz Gaspar y Antoni Roca Rosell, así como los numerosos datos que figuran en las publicaciones de Javier Turrión Berges, no puedo sino quedarme asombrado ante el minucioso detalle y la elocuente erudición que me han llevado a re-imaginar la figura de Casimiro.

Mi abuelo no era un académico encerrado en su torre de marfil ni un diletante. Ponía sus ideas en práctica. He llegado a verlo como una persona con un carisma que inspiraba a los demás a movilizarse en pos de un objetivo común. Se unió a tantas sociedades y asociaciones que casi no puedo contarlas.

El renovado interés por su vida y su obra es muy gratificante y tengo que dar las gracias y rendir homenaje a todas aquellas personas que han dedicado tanto tiempo y esfuerzo a este proyecto.

In Memoriam de Casimiro Lana Sarrate.
Mike Lana-Sarrate, 3 de mayo del 2026, sesenta y cinco aniversario de su muerte.