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Relatos de raíz


Relatos de raíz, de ficción y con personajes históricos, famosos e inventados.

Relatos de contrastes, alegres y vivos que ensalzan a Los Monegros y a sus gentes frente a relatos de sucesos oscuros y sobre la cruel realidad del mundo rural de principios del siglo pasado y la guerra española.

Asimismo se intercalan relatos que hablan sobre la realidad social de la mujer, aquella realidad silenciada, tratando representar diferentes realidades sociales a través de diferentes mujeres en clara referencia a la obra de Ramón J. Sénder usando su titulo en femenino: El lugar de una mujer.

Una amalgama de relatos diversos entremezclados, de contrastes como la misma tierra de Los Monegros.

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Miguel chapoteaba y mojaba a Pedro y Juan, sus hermanos pequeños. Escapaban y al pronto regresaban a que Miguel les volviese a remojar. Saltaban entre las piedras y se dejaban llevar por la tímida corriente. Gritaban y reían, luchaban como grandes guerreros y se abrazaban como grandes hermanos.

La chiquillería alegraba la rivera del Alcanadre, donde muchas familias se reunían para sobrellevar el asfixiante verano. El sol era rabiosamente abrasador, los campos segados parecían abandonados y los rebaños evitaban las horas más intensas; hasta las sombras ardían. La luz cegaba, con tanta intensidad como revivía el recuerdo de madre Catalina vigilando desde la orilla, con su cabello bajo su pañuelo de azul turquesa, como el radiante cielo donde ahora se perdía su mirada.

La plaza estaba a abarrotar, la gente se agolpaba y gritaba al impío y hereje con la mirada perdida. Las campanas recordaban aquellas del viejo monasterio de santa María de Sigena, donde padre Antón ejercía de notario y entre cuyas piedras tanto jugó con sus hermanos.

El sediento Alcanadre discurría mientras un olor a humo comenzaba a adueñarse de todo y cegaba el cielo azul turquesa. Pronto comenzó a sentir el calor que quemaba como nunca antes había sentido, como asfixiaba y ahogaba hasta que la circulación menor dejó de fluir. Miguel volvió a chapotear en el Alcanadre con sus hermanos aquel 27 de octubre de 1553 en Ginebra mientras Catalina lloraba a orillas del río Alcanadre.

Para Marian Hillar, Servet fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV d. C.. Aún más, Hillar sostiene que históricamente hablando, con la muerte de Servet, la libertad de conciencia acabó convirtiéndose en un derecho civil en la sociedad moderna.

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Su barquito, de tabla de madera, navegaba a lo ancho y largo de la balsa de la árida estepa aragonesa de Los Monegros. El pequeño capitán maniobraba su navío y desarrollaba las mayores técnicas y artes de navegación. Soportaban tremendas épocas de calma mar hasta tempestades procelosas que dejaban a la deriva la débil tabla de madera con velas de papel. El agua era salada, como el mar. Y el cierzo era el aire que arreciaba las velas en ventura de alcanzar buen puerto.

Martín se dejaba llevar por infinitas aventuras allende los mares, orientándose en el cielo estrellado de su Bujaraloz natal, guiándose por las incontables estrellas, recorriendo de proa a popa la cubierta, corrigiendo el rumbo, longitud y latitud, señalando el norte con la brújula, manejando el nocturlabio o la carta esférica y surcando océanos en los grandes navíos del imperio.

Soltó amarras, levó anclas, izó velas y partió el joven Martín al reino de los mares desde la árida tierra monegrina. Advirtió de la diferencia entre el polo magnético y el terrestre y la desviación que había que tener en cuenta en la navegación para no errar en el destino, para mantener el rumbo reorientando adecuadamente la rosa náutica.

Fue un maestro de la navegación y, mientras contemplaba el mar, cerraba los ojos e imaginaba que al abrirlos la mar tan sólo sería un espejismo donde Bujaraloz aparecía al fondo, como aquellos días de su niñez en que era capitán de su barquito de tabla de madera y velas de papel.

Martín Cortés de Albacar (Bujaraloz, 1510- Cádiz, 1582) está considerado como uno de los científicos más importantes del Renacimiento español en uno de los campos más importantes de su siglo: “el arte de navegar”, debido a la necesidad de conocer los secretos de la navegación de altura, necesaria para impulsar los descubrimientos de la época.

Desde la agrietada y seca tierra soñó con navegar, soñó con el mar.

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Mientras desenmarañaba el áureo cabello de Luna, con su cepillo de suaves púas, Penélope recordaba aquel paisaje desértico cuya noche estrellada se le hizo tan inmensa. Un escalofrió le sobrecogió de improvisto y recorrió todo su cuerpo, electrizando el vértigo que da asomarse al pasado.

En esa tierra desconocida, Penélope contemplaba infinitas estrellas inalcanzables, alargaba su mano tratando de alcanzarlas tal y como decía el director “En estas tierras, desde Monegrillo, he tocado la luna”. Ella alargaba su mano para tocar la clara luna, estiraba todo lo que podía su brazo para alcanzar sus sueños, ser ella dueña de su propia odisea en el firmamento de las infinitas estrellas.

Como una perla flotaba la luna en el cielo mientras la noche se cernía y ella se fundía en el cielo solitario de las tierras de Los Monegros. Una durísima jornada de rodaje esperaba, la responsabilidad de hacerlo bien, los nervios y los sueños se enmarañaban en el estómago, como el cabello de Luna que había que desenredar.

Alcanzó las estrellas y los sueños. En esas tierras, desde Monegrillo, Penélope alargó tanto su mano que solamente ella sabe si de verdad tocó la luna.

La producción cinematográfica Jamón, jamón tuvo un notable éxito internacional, catapultó a la fama al director Bigas Luna y a dos de los actores españoles más populares en todo el mundo, Penélope Cruz y Javier Bardem. Fue rodada en Los Monegros en 1992.

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Tanto por lo universal, como por nominalismo, existía una cierta controversia o disentimiento, también incluso aceptación o una ligera o profusa matización que abría nuevos escenarios dialecticos. Quizá, la palabra del maestro, curtido en la misma Sorbona, era indiscutible, pero en verdad todo debía de ser susceptible a ser cuestionado. La discusión era, en sí misma, la principal razón filosófica de su encuentro.

La discusión iba alcanzando gran intensidad entre los asistentes a la mesa, un fluido duelo dialectico confrontaba las ideas, las enfrentaba y batía en un combate sin igual, o tal vez particular. Todo concepto o teoría se exponía ordenadamente, modulando el tono y haciendo hincapié en los detalles más notables que al final se rebatían y refutaban con el peligroso arte de la palabra.

La victoria de la razón y la lógica, con su tono sereno y reflexivo se instruían, enriqueciéndose con el uso de la palabra, la moderación y el saber escuchar. Sabían guardar los tiempos y mantener los silencios. Sabían escuchar.

Intercambiaban argumentos, ideas y razonamientos y, de aquel enmarañamiento dialectico, surgían respuestas y conclusiones. Se cultivaban en el arte de la dialéctica y aprendían conversando, abriendo la mente y reconociendo la virtud de reconocer que aprendemos, que somos sabios con nuestra humildad de la lógica y la razón.

Gaspar Lax nació en Sariñena en 1487. Estudió en la Sorbona de Paris donde ejerció de maestro, fue un filósofo y matemático considerado el príncipe de la lógica, aquel que su discípulo Juan vives calificó como de ingenio sumamente agudo y de tenaz memoria

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La primavera se revelaba como un milagro en la tierra árida y seca que tanto se agrieta por la escasez de lluvias. Manuel caminaba, realizaba uno de esos esporádicos paseos que podían realizar cada cierto tiempo, aunque él, en la orden, gozaba de cierta libertad por la delicadeza de su trabajo y obra. Daba sus pasos contemplando el paisaje, con la sierra al fondo y las florecillas en los marguines del camino y los campos. Los colores, los intensos y brillantes colores que pincelaban cada palmo de tierra alegraban el alma, una composición inigualable que regalaba la naturaleza.

Era un momento vital, de abandonar el retiro y coger perspectiva con los amplios horizontes. También de distraerse, aunque en verdad nunca lo conseguía. Siempre estaba con sus ideas para continuar pintando las paredes, bóvedas y cúpulas. Reflexionaba sobre realizar una inscripción en lo más alto de la cúpula principal, como un secreto difícil de descubrir. Cavilaba lo tanto que le agradaría que Francisco de Goya aceptase su invitación y viniese a contemplar su obra. Sus pinceles y murales se habían vuelto su vida.

El monasterio iba quedando alejado, nada aconsejaba ir mucho más allá, nunca se sabe y hay muchas historias de bandoleros que advertían prudencia. Se acercó a la fuente, un oasis que emanaba vida. Meditó sobre los colores y su paleta de pinturas, recordando las florecillas del campo y las flores de su jardín. Su brillo, pensaba Manuel, su brillo.

Pronto regresó en calma a la paz y al inviolable silencio que aguardaban los muros del monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Volvió a su retiro, su pequeño paseo había sido su vuelta al mundo mientras el monasterio continuaba inamovible e inmutable. Manuel entró en el cenobio contemplando y redescubriendo sus composiciones pictóricas, sorprendiéndose como si fuese la primera vez.

Fray Manuel Bayeu concibió un vasto programa iconográfico para la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Entre 1770 y 1780 plasmó su obra en más 250 composiciones de pintura al fresco, siendo un conjunto artístico extraordinario de absoluta belleza.

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El lugar de una mujer

Caminaba como siempre, por las calles de toda la vida, sin esquivar las tantas miradas hirientes que le acechaban, sin inmutarse de los cuchicheos que despertaba a su paso o las nunca tan infantiles burlas que siempre le decían. Caminaba junto a sus inseparables perros, sus incondicionales, a quienes también convirtieron en objeto de mofas e incluso hasta de algún intento de agresión. Era lo fácil, atacar a lo débil, a lo indefenso, siempre lo más fácil.

Fueron muchos años en el pueblo que la vio nacer, donde sus sueños e ilusiones fueron disipándose en una oscura niebla que la fue aislando completamente. Casi sin poderlo entender comenzaron a no aceptarla, casi nadie la saludaba, ni preguntaba qué tal y si estás bien, un pequeño gesto de cariño, una sonrisa, una complicidad… casi nadie se paraba para hablar con ella. Incluso le apartaban la mirada o trataban de no cruzarse con ella.

La gente la evitaba, murmuraban, chismorreaba a su paso, -¡allí va!, -¡mírala!. Poco podía hacer ella, estigmatizada, una mujer mayor y soltera que se había convertido en objeto del cachondeo y pitorreo de la chiquillada del pueblo.

Le había quedado una mísera pensión y casi no podía vivir, merodeaba los contenedores y sus ropas se volvían andrajosas con el tiempo. Fumaba como queriéndose ocultar en esa niebla que tanto la aislaba. Solamente en su casa, anclada en el tiempo, se refugiaba con sus perros, gatos y plantas.

Caminaba como siempre, acostumbrada al desprecio y a la miseria que le habían condenado. Pero siempre fue fuerte y dura, siempre caminó erguida a pesar de la curva de la edad y el peso de la vida, siempre hubo gente buena, siempre hubo quién se preocupó, siempre hubo un mundo por el que continuar caminando.

Ella tenía muchos nombres, la de muchas mujeres vulnerables que sufrieron marginación y el desprecio de la sociedad. Ella tenía sus motes, su nombre daba igual, ya no era ella. Igual que borraron su nombre tras la guerra y obligaron a sus padres a ponerle otro nombre. Se llamaba Libertad.

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La edad, forjada en tantas batallas, hace ya tiempo que reclamaba su cuerpo. La naturaleza hace mortales a todos los hombres y no hay reino que ampare la inmortalidad más que la memoria que la perdura.

Alfonso había conquistando Los Monegros y las tierras al sur de la sierra de Alcubierre avanzando imparable hacia el este. Atrás quedaban tantas batallas, desde la conquista de la madina de Siya y la de Saraqusta a sus enfrentamientos contra leoneses y gallegos y sus luchas de poder entre los diferentes reinos. Se había adentrado por tierras de al-Ándalus, por la taifa de Valencia, como hizo de joven apoyando al Cid, hasta alcanzar Granada y llegar a cercar la misma ciudad.

Ya lo había presagiado antes que los bearneses y gascones de Gastón se retirasen sin blandir la espada contra las guarniciones musulmanas, mucho antes de renovar su testamento en el lugar de Sariñena, antes de adentrarse de nuevo en el fragor de la batalla. Mucho antes de sentir el templado acero hiriendo su cuerpo.

Ya sabía de su suerte cuando, por última vez, sitiando la fortaleza de Fraga, gritó Deus lo vol, Junto a sus quinientos caballeros aragoneses que acabaron derrotados por los almorávides al mando de Avengania.

La inmortalidad ya no le pertenecía, solo su herencia continuaría grabada a fuego y sangre en los anales de la historia  de la vieja tierra del Reyno d´Aragón.

Alfonso I El Batallador, rey de Aragón y de Pamplona entre 1104 y 1134, murió por las heridas de guerra el 7 de septiembre de 1134 en Poleñino y, posteriormente enterrado, con todos los honores, en el castillo de Montearagón.

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Como todos los días, Asun ha salido a escobar la calle, el tramo que corresponde a su casa y que toda la vida ha ido limpiando. A veces coge un poco de agua, con el pozal, y rugía la calle antes de escobarla, para no levantar mucho polvo.

Asun mira su casa y ve las grietas que se han ido formando, como un espejo donde las arrugas de la edad van quedando reflejadas. Las otras casas de la calle aparecen tristes, hace tiempo que no vive nadie y han ido a peor. A José, el Basto, hace un par de años que se lo llevaron a la residencia, Josefa la Cañicera murió hace un año y poco menos hace que también murió Matilde.

En la calle tampoco quedan muchos, se había quedado el hijo de Francisquer, pero al final marchó a vivir a Huesca y baja muy de vez en cuando. Al final de la calle está María, la de Antonier, tiene una chica que la va a cuidar, pero ni sale de casa, hace mucho tiempo que ni se ven.

María Victoria, la sobrina, va trayendo todo lo que necesita y le hace una compra semanal. Llama todos los días  para saber qué tal está y si le falta algo, es un cielo. Asun siempre la espera cuando sabe que va a venir y la despide con un eterno abrazo y muchos besos cuando se va. Al pueblo hay que venir de propio, no hay gente de paso y casi nadie viene.

Aún mira Asun al portal de Matilde esperando encontrarla con su alegre sonrisa, ver la acera escobada todas las mañanas, las macetas llenas de hermosos geranios y la silla de tomar la fresca por las noches veraniegas. Pero la calle está desierta, a veces pasa un coche y cuando se ve alguien resulta extraño, incluso a Asun le da miedo y rápidamente se resguarda en casa.

Asun se va a acostar, la calle permanece silenciosa, pocas casas quedan con vida y apenas llegan a la media docena de vecinos. Sin escuela, tienda bar… y el médico una vez por semana. El cura ya no viene ni a hacer misa, solo para las fiestas, cuando aún vuelven los muchos que marcharon.

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La noche era fría, una de aquellas noches que te aprietas con todas tus fuerzas, recogido y envuelto en ropas haraposas que ajustas y ajustas para tratar de no dejar escapar el poco calor que aún conserva tu cuerpo.

A la intemperie no tenían nada para calentarse, ni para alimentar un fuego que también agonizaba de hambre y moría de frío. La tierra era seca y árida, las noches heladoras congelaban los maltratados cuerpos y te hacían tan ínfimo como insignificante en un lugar perdido del mundo.

El cielo se abría oscuro dejando entrever millones de estrellas. Mantenerse humano era más importante que mantenerse vivo, musitaba Eric para sus adentros, en el sobrecogedor silencio de la infinita noche.

Aun así, la mañana aguardaba fría en trincheras cavadas en la tierra, en la calma de una guerra lejos de casa, de la verde Inglaterra. En un mundo a veces tan inmenso como reducido a un instante y un lugar.

Eric Arthur Blair, más conocido por el pseudónimo de George Orwell, combatió en el bando republicano en la guerra Española y entre enero y febrero del 37 luchó en el frente de Alcubierre, en monte Pucero y monte Irazo.

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No hay prisa, pasete a pasete y con ayuda del bastón, poquer a poquer, va avanzando. Hace muy buena mañana y hasta la hora de comer no hay que volver a casa.

Antonier va andando por la calle hasta llegar al cruce del pueblo, allí están como siempre los dos bancos donde se solían juntar. El mentidero, bien resguardado del aire y soleado, además, geoestratégicamente ubicado desde donde se puede controlar todo movimiento importante del lugar.

Antonier se sienta en su sitio de siempre, al lado donde Manolete solía sentarse, cerca de Juan y Ramón. Luiser solía estar más de pie, se movía mucho y braceaba enérgicamente con cada discusión. Se alteraba demasiado y siempre le advertíamos que le subiría la tensión.

Ahora, a finales de primavera, estarían hablando de cómo había ido la cosecha, de los 5.000 kilos por hectárea que cogía Luiser y que siempre se enfadaba cuando le llamábamos fanfarrón. Hablaban del tiempo, de si iba a venir o no tormenta, de tiempos pasados y recuerdos, de lo mucho que había cambiado todo, que antes no había nada y los pueblos rebosaban vida y ahora que lo hay todo la gente marcha.

Pasaron los tiempos del mentidero, de cuando se juntaban todos y hablaban del pueblo, de lo olvidados que estaban y del poco futuro que había. Nosotros ya somos viejos, decían, pero es una pena que nadie haga nada por nuestros pueblos.

Antonier se levantó, apenas ha estado un rato en el banco, ya no es como antes y ya solamente queda él. Quizá, mañana le toque faltar.

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El sol rabiaba mientras el rebaño pacía por los resecos rastrojos. Entre tanto, bajo la imponente sabina, cavilaba el pastor, mascullando palabras líricas que iba entrelazando, hilando en un relato de acontecimientos teatralizados, con gracia y maestría, con elegancia y sabiduría.

Qué decir cuando aprendió de los grandes maestros, pastores que le antecedieron en el arte de los dichos, loas y motadas, de la tradición y herencia del mayoral que a buen orgullo siempre portaba.

Con su palo y morral lleno de versos, de sucesos, alcagueteríos y alparceríos, lo que ayer le sucedió a Pascualer y lo que le pasó a Fermín hace días, iba tío Juaner cavilando mientras apacentaba el ganau. Las virtudes de la paciencia, serenidad, observancia, reflexión y la sabiduría heredada con total convivencia con la naturaleza.

Al final se había enterau, resultaba inevitable, enseguida le contaban todos los chismorreos del lugar de Pallaruelo de Monegros y redolada y tío Juaner componía versos para recitar a viva voz, como verdadero juglar en la plaza mayor para el gran disfrute de sus convecinos.

Volverán a sonar los versos cada fiesta mayor, igual que el gaitero pretará el codo y hará vibrar su gaita y los danzantes bailaran con entusiasmada devoción al santo patrón. Repiquetearan las campanas y chocaran con fuerza los palos, sonaran los cascabeles y olerá albaca. Volverá el mayoral, con su firme planta, a recitar su arte sin igual, llano del pueblo y culto como el mayor de los poetas.

Sus versos efímeros volverán a sonar, pues no hay más grandeza que hacer felices a quienes te rodean.

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Una sensación de desorientación se le apoderó, todo era humo y polvo, cascotes y tierra, un silencio completamente sobrecogedor; más bien no oía nada hasta que los gritos comenzaron a resonar por todas partes.

Aturdida, todo se movía lento a su alrededor y un dolor, como ajeno al principio y a la vez insufrible después, cogía fuerza a la vez que Elisa iba reaccionando y comprendiendo la situación. Una tremenda explosión les había sorprendido, la más maldita de las pesadillas cuyo único despertar era la muerte, cadáveres entre los escombros, cuerpos destrozados y heridos ensangrentados deambulando sin rumbo ni sentido.

Unas voces se pararon, le gritaron, le tocaron la cara, le agitaron los brazos y palparon su joven cuerpo, tiraron de ella y la subieron a una camilla. En la ambulancia, el traqueteo golpeó incesantemente el malherido cuerpo. Pareció una eternidad hasta que llegaron al Hospital Militar de Sariñena.

Sant Andreu, sus calles, la fábrica y su casa, la esperaban sus padres: Ahora madre vuelvo a casa, vuelve mi libertad que mi cuerpo queda en el frente, no lloréis por mí, ahora vuelo en los corazones libres que luchan por un mundo mejor.

Elisa García Sáez murió en Sariñena tras ser herida de muerte en el frente de Tardienta. Con tan solo 19 años, fue una de las muchas mujeres que lucharon contra el fascismo. La leyenda de su tumba fue borrada durante el franquismo hasta que en el 2013 se consiguió recuperar: Muerta heroicamente, luchando contra el fascismo, en el frente de Aragón, sector Tardienta.

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Lorién ha salido a dar una vuelta por el pueblo. Con su bicicleta ha recorrido las calles y ha saludado a María, estaba entretenida dando de comer a los gatos, también ha saludado a Pedro,  iba a regar el huerto.

Lorién ha llegado hasta el pequeño parque y se ha distraído con los columpios y el tobogán, después ha chutado varias veces a la portería, acertando casi todas las veces, todas menos una en la que ha aventado el balón, tan lejos, que por poco cae en la acequia. Luego ha ido hasta la balsa, se ha dedicado a tirar piedras tratando hacer ranetas y las piedras han brincado una y otra vez hasta hundirse en el agua.

Ha vuelto a recorrer las calles del pueblo, ha pasado por la plaza y se ha sentado un rato en el banco. Volviendo a casa se ha cruzado con Jacinto, volvía con el tractor con el chisel enganchau. Los gatos de la señora María se han espantado al verle pasar de nuevo con su bicicleta.

María siempre con su gran sonrisa saluda a Lorién, dice que es la gran alegría y es una pena, es el único zagal del pueblo.

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Los zapatos brillantes, el traje impecable y elegante, aseado y bien repeinado. Un joven Pedrito es objetivo de interminables e insufribles cumplidos, besos, abrazos y arrumacos por parte de su familia. Hoy es un día muy importante para el pequeño Pedrito, sus padres se sienten muy orgullosos de él. Pedrito se va haciendo mayor.

Ya replican las campanas, tocan a misa y todo el pueblo se vuelca en una celebración tan especial. Además es 15 de mayo, día de San Isidro Labrador que celebran con gran devoción en estos pueblos del secano altoaragonés.

No llevan mucho tiempo aquí, en Poleñino, y tampoco estarán mucho más. Viviendo en un pueblo tras otro es difícil adaptarse, no da tiempo. Llevaban desde el verano y a padre Antonio le quedaba poco trabajando en la fabricación de canales, tubos y soportes de fibrocemento para los nuevos sistemas de regadío de la zona. Pronto emprenderán la marcha a un nuevo destino.

Pedrito está espectacular con su traje. La gente se agolpa en la plaza para entrar a su iglesia que destaca por su torre mudéjar sobre una nave principalmente barroca. Es el día de su primera comunión, pero Pedrito ya se estaba haciendo mayor y su mente se abría a un increíble abanico de colores en una España gris. Pronto sus sueños y su arte, también forjados en un lugar de Los Monegros, florecerán y brillarán con tal fuerza que nos deslumbrarán.  Al final, su verdadero destino.

Pedro Almodóvar comulgó en Poleñino el 15 de mayo de 1958.

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Padre nuestro que estás en los cielos… Eduardo recitaba en voz baja, titubeando, santiguándose una y otra vez, repetitivamente, en un claro gesto tremendamente nervioso. Nunca antes había tenido tanto miedo, aterrado, completamente aterrorizado.
Sumido en el profundo miedo, su corazón se aceleraba, con taquicardias, le flaqueaban las piernas y amenazaban con dejarle caer al suelo. Sudaba, mantenía los ojos cerrados, no quería mirar, rezaba medio balbuceando mientras le gritaban que su dios no le iba a salvar. Su garganta se secaba, se paralizaba, su mente se volvía borrosa, erraba en la oración una y otra vez.

Eduardo volvía a comenzar de nuevo su rezo, incapaz de terminarlo. Una ceremonia, simplemente una misa, su encuentro con Dios había sido su delito. Se lo habían dicho, lo sabía, pero ya no importaba ante el pelotón que estaba a punto de fusilarlo junto a otras doce personas.

Tan solo una misa, escondidos en una casa, ni mosén Pedro lo sabía, que mal iban a hacer. Eduardo volvió de nuevo a rezar mientras estaban a punto de dar la orden de disparar, ya iba a acabar todo, llegaba a su fin. Susurró sus últimas palabras mientras una ráfaga de balas apagaba su miedon. Por todos los siglos. Amén.

Eduardo Colay Biarge, sacerdote coadjutor de Sariñena fue ejecutado a los 24 años de edad, el 28 de julio de 1936, junto a otros 12 hombres.

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El lugar de una mujer (2)

Marisa, la mayor, se había quedado para contribuir en las faenas de la casa y ayudar a su madre Catalina. Los pequeños Juan Antonio, Manolito y María Teresa daban mucho trabajo,  además estaban los abuelos, ya mayores, y requerían muchos cuidados. Eran muchos en casa y no llegaba para todos, muchas bocas que alimentar, decía padre Antonio cada vez que llegaba del campo.

Raquel era la segunda, quería estudiar y andaba siempre leyendo libros, cosas de chicas pero ya iba tocando ser toda una mujer y olvidarse de esas cosas. Asimismo tonteaba mucho con Alfredito, el hijo de la Miguela, y estaba dando mucho que hablar a la gente, no lo podían permitir.

En casa de los Sabinos necesitaban una chica para servir y Antonio ya había hablado con don Jesús. Tras la cena, cuando ya todos dormían, reunieron a Raquel y le comunicaron que mañana comenzará; pronto por la mañana prepararás la maleta que madre te acompañará.

Le daban alojamiento, comida y si se portaba bien le darían alguna paga, seguro que será buena chica y se portará bien. Le dejaron claras las faenas y los horarios, los domingos a primera misa de la mañana, con las otras chicas, y luego pronto a la casa, a hacer las faenas. Por la tarde, los domingos, tendrá unas horas libres para ir a ver a la familia.

Para Raquel fue duro, no paraba todo el día y no podía salir de la casa más cuando le mandaban alguna compra o recado. No podía ver a su familia, ni amigos y de Alfredito ya podía olvidarse.  Debía vigilar sus amistades, era una casa buena, de reputación y tenían que saber con quién iba y se veía.

Llevaba unas semanas y como cada noche se refugiaba en su pequeño cuarto, le costaba conciliar el sueño, aún no conseguía acostumbrarse.  De repente la puerta se entreabrió y una sigilosa sombra entró en su habitación. Se recostó a su lado, era don Jesús, le susurró que guardase silencio, que si se portaba bien no le iba a hacer daño.

Raquel no se atrevió a decirlo en casa, se lo guardó, tuvo que contenerse de no ir llorando a contárselo a madre Catalina. Solamente a los pocos días se lo contó a mosén Julián, no le extrañó, aunque dijo que don Jesús era una gran persona y muy respetable, que se había preocupado mucho por ella, lo mejor era callar y olvidar, ser buena chica y las cosas irán bien.

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Extendió su brazo y la mano recorrió la arrugada piel, su tacto, tan familiar, su olor, ¡tantos sentimientos venían a la mente!. Hacía tiempo que no la visitaba, que no la venía a ver, estaba cerca, pero el día a día hace que nunca sea el momento, que nunca vaya bien.

Hoy ha sido el día, Miguel se ha acercado y, tal como se aproximaba, un escalofrió ha recorrido su cuerpo. Se ha quedado mirándola, de frente, helado sin saber que decir; son tantos recuerdos que es inevitable dejar escapar una lágrima entre melancólica y alegre.

Ha extendido el brazo y la mano ha palpado su anciano cuerpo, su corteza agrietada de color ceniza claro, ha tocado sus ramillas de diminutas hojas, ha cavilado bajo su atmosfera acogedora y protectora, testigo de tantas historias y secretos que guarda en sus entrañas. Ha sentido hundirse en sus raíces.

La sabina permanecía como siempre, muchas veces acudió Miguelito con yayo Pascualer, cuando le mostraba orgulloso la enorme sabina donde tantas veces se había resguardado, mientras apacentaba el ganado, cuando el sol abrasaba implacable, el cierzo arreciaba con fuerza o el cielo se desplomaba en espectaculares tormentas.

La vieja sabina permanecía, era parte del abuelo Pascualer, de su memoria. Hacía tiempo que no lo venía a ver.

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Conchita y Margarita se apretujaron fuertemente en el suelo, en un rincón del amplio salón de la pudiente casa de los Sabinos. Su madre Leonor no paraba de gritar, mientras la señorita Raquel las protegía con su cuerpo y trataba que no escucharan ni viesen nada de lo que aquel fatídico día sucedía.

Varios hombres armados registraban la casa, se llevaban objetos, ropas y muebles, buscaban joyas y dineros y amenazaban a don Jesús y a la señora Leonor. Todo lo religioso lo tiraban por la ventana, muchos se marchaban con comida, bebida, pertenencias… y otros se burlaban con las buenas ropas que tenían. –A fusilar, te vamos a fusilar- gritaban embravecidos los hombres armados.

Raquel no soltaba a las niñas Conchita y Margarita, las abrazaba con todas sus fuerzas, temblorosa y con los ojos llorosos. Un hombre se acercó y le susurró que estuviese tranquila, que a ella y  a las niñas no les iba a pasar nada. Era el Alfredito, pero parecía otro, hacía por lo menos dos años que no se veían.

También estaba Marquitos, el de tía Paca, parecía el más tranquilo y andaba tratando de apaciguar los aireados ánimos que reclamaban muerte. Estaba con otros del comité dejando claro que nadie iba a hacer nada y que  don Jesús tenía que ir, como todas las personalidades de derechas, a la cárcel municipal. Era lo mejor, les dijo Marquitos a don Jesús y a la señora Leonor, la única forma de evitar que le fusilen en cualquier momento.

Conchita y Margarita no entendían nada, se llevaban a su padre y la casa quedaba destrozada. Para las jovencísimas niñas la guerra les había golpeado sin tener un porqué. Raquel se quedó con Conchita y Margarita y con la señora Leonor, ahora era libre, pero prefirió quedarse con ellas, no las iba a dejar solas.

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El mal sueño de Camilo

Despertó confundido, como si hubiese perdido el sentido y estuviese tendido en el suelo, con el dolor de un golpe seco en la nuca y metralla de una granada laffite clavada en el pecho. Había habido silencio, la guerra era como un vacío hasta que los vuelos de los pájaros se volvían balas  que rasgaban el cielo buscando la muerte.

Como una pesadilla, Camilo se despertó de los barrancos de la desnuda y agría sierra de Alcubierre, de la paramera donde crecía el esparto y vivía el escorpión y el alacrán, la víbora y la tarántula.

La muerte es dulce; pero su antesala, cruel; decía Camilo. Despertó, esta vez, sin ser herido. Tampoco le produjo mucho dolor antes de ser evacuado para ser hospitalizado en el hospital militar de Logroño, en la popular Industrial.

Camilo despertó de su mal sueño, de la pesadilla de la guerra que vivió con apenas veintiuno años. Se despertó de su mal sueño, de la siesta en su cuarto repleto de estanterías rebosantes de libros, de esa colmena social de letras entrelazadas en prosa.

Camilo José Cela y Trulock​ (Iria Flavia, 11 de mayo de 1916-Madrid, 17 de enero de 2002), combatió en el frente de Aragón, por las posiciones cercanas a Farlete, dejando constancia en su obra “Mazurca para dos muertos”.

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El lugar de una mujer (3)

Manchadas de negro regresaban por el camino, con el sudor en la frente que se volvía oscuro, negro, al contacto con el polvo del carbón que les había ido tiznando a lo largo de la mañana. Mineras monegrinas, de polvo, viento y sol, sin casco, ni pico, ni pala, ni lámpara de carburo; mineras de intemperie, sin galerías ni túneles, mineras sin mina.

Regresaban portando sobre sus espaldas el triste carbón que habían podido recoger, entre los raíles que parecían conducir vagonetas, buscando a lo largo de la vía de la línea férrea, por los alrededores de la estación o por la cuesta que tanto costaba subir a los trenes dejando entre caer alguna que otra vigueta de carbón.

Los maquinistas hacían sonar la bocina al paso de los convoyes ferroviarios, su traqueteo y el ruido del metal sobre metal, el suelo tembloroso y el olor a humo, a carbón quemado. Mujeres recorrían  las vías entre los cagafierros, los restos de carbón consumido que escupían los trenes. Mozos fogoneros les echaban alguna vigueta sin quemar y algunas mujeres se lo disputaban porque la vida les iba en ello.  Los maquinistas hacían sonar la bocina, aún no hacía mucho que murió Josefa, la Royeta, arrollada por un tren que no vio venir. Aún había una pequeña cruz de madera, hecha con dos palos y una cuerda, que recordaba el lugar y el fatal atropello.

La estación rebosaba vida con el ir y venir de viajeros, maquinistas, operarios varios y las mercancías. Algunos se movían cuidadosos y recelosos con el escurridizo estraperlo que burlaba las fuerzas del orden y permitía sobrevivir, igual que el carbón que portaban sobre sus espaldas aquellas mujeres que, manchadas de negro, regresaban por el camino. Regresaban al pueblo con el miedo que les confiscasen su pan negro para alimentar sus hijos, en su triste margen para poder ir sobreviviendo y sacar adelante sus familias.

Durante años muchas mujeres se dedicaron a ir a buscar carbón por la estación de Sariñena, luego lo vendían y/o lo aprovechaban para cocinar y calentar las casas. Fue un medio de sustento para muchas familias en tiempos muy difíciles y duros.

Para aquellas mineras de intemperie y pan negro todo recuerdo y memoria. Mira, mira como vienen, Santa Bárbara bendita.

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El lugar de una mujer (4)

Cristina fue de las primeras, pasó caminando entre la multitud, entre la gente del pueblo agolpada sobre las aceras, haciendo un pasillo como si fuese el día de la fiesta mayor y las damas desfilasen con sus mejores galas, regalando sonrisas entre confeti y serpentinas.

No faltaban las nuevas autoridades locales, don Jesús el alcalde, mosén Manuel y don Rodrigo, el capitán del puesto local de la guardia civil. Estaba todo el pueblo, mayores, chicos y aquellos a quienes, no hacía mucho, Cristina enseñaba a leer, escribir, materias varias… y con los que jugaba en el patio-jardín de la escuela o saludaba con gran efusividad por las calles.

Cristina se había esforzado en dar nuevos aires pedagógicos a la escuela, en modernizarla y  llegar a todos los alumnos. Trabajó con cariño afanándose en tratarlos con mucho respeto, pero también con cierta rigidez con las técnicas de aprendizaje y estudio. La jovencísima maestra Cristina se ganó el corazón de todos con su dulzura, la habían querido mucho. Fue una mujer valiente y adelantada a sus tiempos, risueña y alegre.

Cristina desfiló junto a otras chicas, entre ellas María, una buena chica que había estado con ella de enfermera en el hospital que instalaron durante la guerra. También estaba Antonia, la mujer de Marquitos, el de tía Paca, y otras mujeres del pueblo.

Cristina pasó con la mirada caída al suelo, viendo escasamente los disimulados rostros entristecidos de pena, con sus lagrimas secas e invisibles de quienes habían sido sus alumnos. También vio rostros de odio cuando pasaron con la cabeza rapada, trasquilada, señaladas entre los insultos y escupitajos, humilladas y con el corazón herido y hundido en el más profundo miedo.

Cristina marchó y nunca más volvió. Tal vez en el más absoluto silencio debió ser recordada.

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Muchos hacían la ronda, recorrían los pocos bares de la localidad hasta terminar en la taberna de Nicolás. Allí se juntaban los de siempre, en un pueblo todos somos conocidos, vamos, de toda la vida.

Era tarde de vinos, la charradeta en el bar y la partida de guiñote. Algunas parejas se sentaban en las mesas, buscando algo de intimidad, mientras la barra se llenaba de hombres. Hablaban de agricultura y ganado, de caza, fútbol, mujeres… como cada domingo la tarde se iba animando a cada chato de vino.

Rodrigo trataba de no ir a los bares, evitaba ir a según qué sitios pero era su pueblo, había elegido quedarse a vivir aquí y tenía que hacer su vida. Como casi siempre solía ocurrir, cuando Rodrigo entraba a la taberna de Nicolás las típicas risas y mofas por lo bajini no faltaban, era lo habitual, se había vuelto lo normal.

Rodrigo “El palomo cojo” le llamaban, en un pueblo todo se sabe y todos somos conocidos, resulta imposible pasar desapercibido, llevar tu vida y mantener anonimato. Solo en la ciudad Rodrigo se sentía libre, andaba como uno más, sin esa estigmatización que tanto le condicionaba en el pueblo.

En un pueblo todos somos conocidos, vamos, de toda la vida.

Mucha gente se ha visto obligada a abandonar sus pueblos por la intolerancia e intransigencia por parte de la población, otros se quedaron. Todos soñaron una sociedad de respeto y libertad.

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Juan va de paso y todos los lugares son pasajeros, como él, que es pasajero entre los diversos lugares que transita. A veces ajeno a todo y otras espectador, involuntario, de una sociedad a la que ya no pertenece, de la que vive al margen.

En su camino todas las direcciones son posibles y, sin embargo, ninguna es su destino, no hay final. Tampoco hay hogar, solamente un continuo dejar atrás y olvidar. Parece que tampoco nunca hubo un principio.

Viaja solo, con sus parajes, calles y callejones llenos de contenedores, con sus cartones y noches estrelladas, las frías y oscuras noches que se hacen infinitas, inagotables como la soledad que le acompaña. Esa compañía invisible que le embriaga y le hace divagar y vagar.

Invisible transcurre por las calles llenas de gente que le ignoran o le miran con desprecio, incluso con asco, se apartan, le esquivan, le evitan… En un mismo instante y lugar se dan distintas realidades, la hipocresía les diferencia, Juan escupe y va dando tumbos por la calle, él no se esconde, ni aparenta nada, ni está sujeto a nada, ni vive en una gran mentira… la sociedad es nauseabunda, está podrida y da asco.

Juan va de aquí para allá, con su escaso equipaje vacío de pasado, durmiendo en albergues, portales y cajeros, mendigando las calles, las puertas de supermercados y las iglesias. Juan vaga por el mundo, es un trotamundos errante y sin bagaje. Va vacío de pasado  sin saber si huye o la misma vida lo abandonó.

Juan va vagando, transeúnte de un camino que no lleva a ninguna parte, parece que tan sólo va dando vueltas, errante y de paso, como una estrella fugaz en el universo de estrellas varadas. Se vuelve a embriagar, se ríe de la gente, son todos miserables, son miserables, son miserables… la calle es miserable, la vida es miserable.

La noche se vuelve dulce, el alcohol la hace dulce, el sueño se vuelve también dulce, desparece el miedo a una nueva paliza, a caer víctima de humillaciones y vejaciones. La calle es dura, cada ruido, cada paso, el frío… sobrevivir cada día es una victoria para continuar vagando, continuar caminando entre diversos lugares donde ser simple pasajero, como invisible, como el aire, libre sin destino. Libre para seguir de paso.

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Va de paso, como otras muchas veces. Es verano, hace un calor insoportable y hay un tráfico intenso, están los turismos que van a la costa, y, como siempre, los numerosos camiones que abarrotan la nacional II. El recorrido es familiar, Manolo lo recorre muchas veces, casi demasiadas y desde hace ya  unos cuantos años.

La ruta es peligrosa con su camión tráiler Escania de tres ejes y más de 20 toneladas de peso. El asfalto arde y crea espejismos, como si fuese agua. Otras veces el cierzo golpea el camión, lo sacude, lo bandea y Manolo tiene que agarrar fuertemente el volante.  Estas carreteras ya se han cobrado demasiadas vidas.

El paisaje se desnuda al pasar por Los Monegros, aparecen los horizontes que se pierden secos, áridos y medio desérticos, que evocan al oeste, donde las capitanas recorren los llanos páramos que se descubren al pasar, que invitan a perderse.

Manolo suele aprovechar para parar en alguna área de descanso, como en mitad de la nada y a mitad del camino. Siente el contraste del calor al salir del camión, pasar del frescor del interior del camión, gracias al aire acondicionado, al sofocante calor de Los Monegros, siempre cercano a los 40ºC. El área de descanso resulta un refugio, un oasis.

Manolo siempre de paso, con su camión de más de 20 toneladas de peso. Siempre atraviesa el arco del meridiano de Greenwich y el toro de Osborne de Peñalba. A veces piensa que debería conocer esta tierra, adentrarse y explorar sus misterios, de esta tierra tan familiar que tan solo le es de paso.

Va de paso, Manolo va de paso con su camión tráiler Escania de tres ejes y más de 20 toneladas de peso, atento a la carretera y a ese paisaje que tanto le atrapa y con el que tiene la deuda pendiente de perderse. De repente, un camión se le echa encima sin dar tiempo a reaccionar, no ha podido hacer nada y han acabado chocando frontalmente. Manolo iba de paso, tan solo de paso.

El tramo de N-II que une Fraga y Alfajarín es uno de los que más accidentes mortales registra cada año en Aragón. Un tramo pendiente de desdoblar que no debería cobrarse más vidas.

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Las manos duras y resecas, el sol implacable, el sudor en la frente y el cuerpo doblado. El botijo guardado bajo la sabina, a la sombra, y la comida colgada para que ninguna alimaña se hiciese con ella. Hombres y mujeres recorrían paso a paso el áureo campo, de altas espigas con su preciado grano.

El verano traía la siega, los dorados campos de cebada y trigo, de la buena o mala cosecha dependía la vida, de sobrevivir o miseria. Las tronadas hacían peligrar las cosechas y en la sierra se volvían atronadoras, asustaban a todos.

La hoz bien afilada y la zoqueta en la otra mano, el zamarro protegiendo la pierna, ir segando poquer a poquer, formando manojos. Las mujeres se cubrían los brazos para que no les diese el sol, se ponían manguitos, entonces ponerse morenas era de pobres. Con fencejos anudaban manojos y tendían las gavillas en el rastrojo, haciendo los fajos de mies.

Comían a rancho y apuraban el día, trabajaban de sol a sol. Subían toda la familia y permanecían en la caseta varios días. A la era acarraeaban los fajos de mies que cargaban en las caballerías, hacían la fagina y extendían la parva. Ataban al caballo el trillo y los chiquillos se subían al trillo para darle peso, como si fuese un trineo surcando la nieve de paja. Trillaban ayudando con la horca, desatascaban el trillo, replegaban con la plegadera, un tablón que recogía las mies, y el retabillo, especie de rastillo de media luna y sin dientes. Escobaban la era y aventaban separando el grano de la paja, el aire tenía que ayudar, porgaban, cribaban el grano y lo recogían en los costales o talegas y los mandiles con la paja.

La mirada del abuelo Paco se perdía en el amplio horizonte mientras la cosechadora devoraba el campo a una velocidad asombrosa, lo que antes costaba avanzar y ahora sin darse cuenta, en un momento, ya está cosechado.

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La pequeña Marieta llevaba días con tos, había perdido mucho peso y solía tener sudores y fiebres. Lo más seguro, dijo al principio el médico, será un simple refriado, pues recientemente había habido algunos casos de gripe por el pueblo. Lo mejor será que guarde cama y dejar pasar unos días.

Era una familia humilde, Javier, el padre, llevaba las pocas tierras de la familia y de vez en cuando hacía alguna faena para los Sabinos. Leonor, la madre, no paraba atendiendo a sus cinco hijos, daban mucho trabajo y le consumían por completo. Ya habían intentado que la mayor marchase a servir a casa de don Jesús, de casa de los Sabinos, pero siempre decía que no necesitaban ninguna chica más.

A los días Marieta no mejoraba, y eso que habían tratado que no le faltase de nada, siempre le tocaba la mejor pizca para comer, aunque no tuviese gana, y guardaba cama rigurosamente tal  y como había ordenado el doctor. Aun así no tardó don Pedro, el médico, en volver a visitarla de nuevo, había escupido sangre, así que extrajo de su maletín su fonendoscopio y la auscultó con detenimiento. Respiraba fatigosa, los pulmones parecían dañados y necesitaba tratamiento, lamentablemente en su diagnóstico se temía lo peor, Marieta sufría de tuberculosis.

 Lo mejor era llevarla a un sanatorio para tratarla, aquí solo podía infectar a los demás, era muy delicado.  Don Pedro les recomendó un sanatorio en Boltaña, allí el clima era bueno y la ayudarían, estaba el doctor Isaac Nogueras que tenía muy buena reputación. Pero a Javier y Leonor no les alcanzaba el dinero para cubrir los gastos, la única manera era acudir a don Jesús.

Don Jesús mostró su profunda preocupación por la joven Marieta pero no podía ayudar a todos los que llamaban a su puerta. No obstante aportó una solución, que según don Jesús salían ganando los dos, le dejaba el dinero a cambio de parte de su cosecha.

A Javier no le gustó mucho la idea y menos a Leonor, ya sabían cómo habían acabado otros. Era mucho dinero para una familia humilde pero no podían abandonar a Marieta, tenían que hacer lo posible para ayudarla. Al final no tuvieron otra opción y Javier volvió a hablar con don Jesús. Acordaron que cada año Javier le entregaría por lo menos lo que de una caizada, unos siete cahizes de trigo cada año.

Tras una larga estancia en el sanatorio, Marieta regresó junto a su familia. Javier fue sacando adelante buenas cosechas, había ido teniendo suerte y toda la familia participaba en la siega. Lo malo vino después, dos años de malas cosechas y sin poder pagar a don Jesús.

Don Jesús fue muy claro, si uno dejaba de pagar los demás harían lo mismo y no lo podía consentir. Javier regresó a casa llorando, ya sin tierras  tenían que hacer las maletas y marchar, aquí ya no les quedaba nada para vivir.

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Me encantaba curiosear por su cuarto, su cama grande donde muchas noches dormía con ella, la ventana con sus largas cortinas, las mesillas, el gran armario y la cómoda. También había una silla donde solía estar, cuando estaba sola, decía que se sentaba y miraba por la ventana, así pasaba el tiempo. Entraba tanta luz que en verano había que bajar completamente la persiana.

La cómoda, robusta de madera antigua, era lo que más me gustaba mirar, tenía un espejo grande y una foto de ella joven, en blanco y negro, tendría unos 16 años, estaba preciosa. También había fotos de la boda y de toda la familia, pequeñas fotos de cada uno de los nietos y nietas. Un pequeño transistor, una a cruz y una estampita de santa Rita completaban la parte superior de la cómoda.

Siempre me encantaba abrir los distintos cajones de la cómoda, no le importaba, en verdad le gustaba que mirase entre sus cosas. Abrir aquella cómoda era descubrir a la abuela, ver sus recuerdos, las viejas postales y cartas, los recortes de periódico envejecido y papeles del abuelo. La abuela Asun recogía muchas cosas, eran los objetos de su vida guardados en aquellos cajones. Aún lado, sin poder faltar, estaba la libreta del banco y un pequeño cuadernillo con los teléfonos más importantes apuntados a lápiz.

En el segundo cajón aparecían sus escasas joyas, los pendientes de boda, algunas que otras pulseras y el collar de perlas que el abuelo le regaló en su viaje a Mallorca. En una cajita estaban las arras de la boda, trece monedas sin mucho valor más que el sentimental. También tenía un reloj, casi nunca lo usaba y siempre le fallaba la dichosa pila.

En el cajón de abajo guardaba cuidadosamente unos delicados paños bordados con las iniciales de su madre, la bisabuela Loreto. La yaya se emocionaba muchísimo cada vez que lo enseñaba, lo sacaba con sumo cuidado de la caja, su pequeño tesoro que volvía a plegar y guardar con extraordinaria delicadeza.

Cada vez que preguntaba por algo concreto, un objeto, la abuela siempre contaba una historia. Todo en la casa eran recuerdos. La casa olía a ella, a la laca con la que se arreglaba el cabello, su cocina con sus guisos y deliciosos postres y sus plantas. Desde la alacena de la cocina, con su preciosa vajilla de cristal de siempre, al cuarto de estar con su meseta de costura y costurero, a la entrada con el bastón del abuelo aún en el paragüero. La silla con la que tomaba la fresca con Matilde la vecina, la toquilla de invierno en el ropero y el cenicero recuerdo de Comarruga. Un horrible cuadro de una escena de caza en el recibidor, el reloj del cuarto estar, el jarrón del pasillo y las lámparas vintage que ahora se podrían volver a poner de moda con su aires retro. El cabezal metálico de la cama, la alfombra del cuarto de estar, el sofá chester marrón oscuro y los viejos tebeos. El hueco de abajo de la escalera, con tantos trastos, y el armario donde guardabas las tortetas y farinosos que tanto nos gustaba cuando íbamos los veranos contigo.

Todo se fue abuela, al poco que nos dejaste. La casa se vendió y se encargaron de todo, lo tiraron todo. No pude bajar al pueblo, el trabajo, los niños, la distancia… ahora me doy cuenta y ya es tarde. Tan solo el tío pasó y se llevó las joyas y algunas fotos, también los papeles importantes, ya sabes, escrituras del campo y papeles de los bancos. Todo lo demás lo tiraron, zarrios, tan solo eran zarrios que ya tanto echo de menos.

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La joven Elisa contemplaba su arqueada figura, doblada con el paso del tiempo, retorciéndose y envejecida con su piel arrugada llena de cicatrices. Parecía desafiar la gravedad y hacer verdaderos equilibrios para mantenerse en pie.

Su curvatura caprichosa, su sinuoso tronco pasaba desapercibido entre otros rectos y esbeltos, hermosos y erguidos, cuyos espléndidos cuerpos atraían poderosamente las miradas.

Su silueta, sus medidas, su brillo… sus características le hacían único y singular pero a la vez la superficialidad lo condenaba al ostracismo. Su rudo y triste vigor no alcanzaba los estereotipados cánones de belleza. Solamente Elisa lo miraba. Elisa lo estrujaba, sentía fundirse en su corteza y penetrar en su madera, fusionaba sus brazos con las ramas y agitaba las manos como si fuesen las hojas, movía los pies y los hundía en la tierra abrazando las raíces.

Feo, irregular, combado, torcido… tan solo era un árbol. Un pino que, a pesar de las muchas vicisitudes y adversidades, se había adaptado para sobrevivir, había luchado buscando la luz, compitiendo y resistiendo el tumbar del aire, aguantado los embistes y el peso de otros árboles caídos y, aun así, nunca había cejado en salir hacia adelante, hacerse un hueco en el denso bosque, en crecer hacía el cielo, soñando con acariciar el sol y besar la luna y las estrellas.

Para Elisa, el más bello de los árboles.

* Elisa es la protagonista del Diario distópico de Los Monegros.

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El repique de campanas, intenso y enérgico, anunciaba fiesta. Su sonido repetido y continuado se extendía a lo largo y ancho del pueblo y la gente corría apresurada. Se sentía hasta en los campos más cercanos desde donde venían los campesinos. Los caminos y calles eran un ir y venir de gente, con sus gritos y alborotos, tal y como un día de fiesta.

Como un día de fiesta, de celebración, las campanas de la majestuosa iglesia gótica no cesaban de sonar una y otra vez, repicando sus campanas con su toque característico de fiesta. Todos corrían a la iglesia, familias enteras con sus hijos y mayores, todo el pueblo acudía presuroso al sagrado templo.

No podía ser otra cosa, el toque a fiesta no podía fallar, pero nunca antes había sido tan intenso y enérgico. Tenía que ser fiesta, no podía ser otra cosa, mientras algunos rezaban bajo el incesante repique de campanas o se agolpaban en los muros, abrazados y tranquilizando a los más pequeños. No, no podía ser otra cosa.

Ya nunca más volvieron a sonar las campanas en aquel lugar olvidado de Los Monegros. Nunca más sus casas volvieron a echar más humo que el que acabó consumiendo su historia, nadie volvió a pasear por sus calles, ya nunca más volvieron los días de fiesta.

Nadie os llorará y aquella consumida historia dará paso a leyendas del viejo y olvidado poblado de Moncalvo. Y nunca más nadie os recordará, Virgen Vieja de Moncalvo, ni de vuestras vidas ni de vuestras piedras, nunca más volverán a sonar las campanas, ni volverán los días de fiesta. Ya nunca más…

Moncalvo

El viejo poblado de Moncalvo fue una población de Los Monegros, a escasos kilómetros de Pallaruelo de Monegros, cuya historia el tiempo borró. El pueblo quedó arrasado y sus gentes perecieron. Hoy en día solamente una pared de la vieja iglesia gótica de Moncalvo atestigua  su pasado. Moncalvo, lugar de leyendas.

A la memoria de los habitantes del desaparecido poblado de Moncalvo.

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Espero que estés bien, hace ya tiempo que no sé nada de ti, que no recibo ninguna carta, que no me escribes. Por aquí todo bien, como siempre, hasta que me doy cuenta que el tiempo ha pasado y en verdad todo ha cambiado, nada es como antes. A veces, incluso tu ausencia se me ha ido volviendo como algo normal, como acostumbrándome a que ya no estés conmigo. Hace tiempo que nadie pregunta por ti, ni dicen tu nombre, incluso hay días que casi ni me acuerdo que aún tienes que volver. No hay recuerdo que el tiempo no borre ni pena que la muerte no acabe, decía Miguel de Cervantes.

Aún miro el buzón con la esperanza de volver a encontrar una carta tuya. Sin embargo nunca hay nada, ninguna respuesta, ningún sobre que lleve tu nombre. Aún se me encoge el corazón y se me para la respiración cada vez que llaman a la puerta, aún sueño con verte aparecer, aún tengo esperanzas porque me es la única manera de sobrevivir.

Ya no escribo, tras las muchas cartas devueltas que guardo, celosamente, en el cajón del viejo escritorio de madera. Ya ni pregunto al cartero. Hablo sola a aquella foto que se quedó callada e inmóvil en la mesilla de mi habitación o aquellas otras que quedan por la casa. Espero que estés bien, que escribas y regreses pronto a casa con la misma sonrisa con la te despediste, pues nada acaba con mi pena, ni nada borra tu recuerdo.

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Todavía recuerdo cuando los abuelos solían mirar al norte y contemplar los Pirineos, para ellos era como volver a su pueblo, allá en el valle, bajo las aguas del pantano. Regresaban a sus calles llenas de vida y casas abiertas con el hogar siempre encendido, los verdes pastos, el bosque y las grandes nevadas del largo invierno. Volvían a su niñez, porque en verdad nunca quisieron regresar, nunca quisieron ver el pueblo inundado, prefirieron quedarse con sus recuerdos y continuar sus vidas aquí en el llano.

Les prometieron tierras cuando se vieron obligados a abandonar el pueblo. Aquí llegaron sin nada, les adjudicaron casa y lote de 10 hectáreas de tierra para cultivar. Los comienzos fueron duros, muy difíciles, solamente el esfuerzo y trabajo les hizo salir hacia adelante. Pronto fueron haciendo pueblo, las puertas de las casas se fueron abriendo para todos, era su nuevo hogar y se llenaba de vida y futuro, con los zagales y zagalas correteando y jugando por las calles.

Así, los yermos se nivelaron moviendo cantidades ingentes de tierra modelando el nuevo paisaje, transformándose en esplendidas tierras de cultivo. Luego llegaron las canalizaciones y el riego, el agua de aquellos malditos pantanos regaban las prosperas tierras. Algunas tierras presentaban salinidad y el cultivo del arroz les fue salvando. También tuvieron vacas de leche y por algún tiempo les fue dando para vivir.

Todo fue creciendo, los pinos se volvieron fuertes y envolvieron al pueblo, parecía un oasis frente al secarral que fue a sus inicios. Ahora es un vergel. Luego llegaron nuevas modernizaciones, las concentraciones parcelarias, el riego fijo, por aspersión o pívots, de nuevo mejor y más moderna maquinaría… y cada vez hacía faltaba más tierras, las 10 hectáreas de antes ya no daban para vivir. Continuamente se fueron modernizando, adquiriendo maquinaría que evolucionaba sin parar, aquella generación comenzaron labrando con mulos y acabaron con modernos tractores. Pronto irán solos.

Pero la prosperidad de aquellos años se vio truncada de nuevo por la despoblación, el agua que una vez les hizo abandonar sus pueblos ahora hacía falta en tierra plana. La gente joven comenzó a marchar de los pueblos y resultaba casi imposible que nadie se pudiese hacer agricultor si no heredaba las tierras.  Las tierras no serán nuestras.

Miro los Pirineos al fondo mientras contemplo por última vez las tierras antes de venderlas, cuarenta hectáreas para un fuerte empresario que ha conseguido formar una finca de cerca de trescientas hectáreas y que además tiene proyectadas granjas de cerdos. En la ciudad ya tengo mi vida, aunque de vez en cuando bajo para dar una vuelta por la casa, el pueblo cada día está más vacío y de vuestra época ya quedan pocos, muchos han muerto ya. Me despido de vuestra tierra, donde construisteis un nuevo hogar sin perder vuestras raíces. Adiós almendrera que unas lagrimas empañan mis ojos, te veo ya borrosa cuando me alejo de las tierras que nos vieron nacer y os vieron morir.

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Nieves y Petra van caminando, también van Laureana, Donata y María con alegría paso a paso, recorriendo el largo trecho que les aguarda. Hay un buen recorrido parar ir a pie, desde los secarrales rabiosos de hambres y miserias, donde el agua ahoga por su ausencia, hasta el horizonte soñado por Joaquín Costa.

Hoy son ellas, Alejandra y Magdalena que van orgullosas, Florencia y Manuela que han perdido el miedo y van decididas, van por sus familias y futuro. Son ellas, las que nunca descansan, las que llegan a todo y cuidan de todos, las que llevan sobre sus hombros el peso de sus familias y casas, como si nada, como si no fuese trabajo, invisible y silencioso.

Van a pie y también en carros, mujeres de Lanaja van sonrientes, unidas y valientes, a cada paso, haciendo camino al andar rumbo a Huesca, llevando la palabra que tanto les han negado. Mujeres que desafían, que se levantan y se ponen en pie, caminando cansadas de ver perder cosechas y sufrir el hambre que acaba erosionando la vida. Van a pie y con sus hijos a cuestas.

¡Son mujeres!, osadas y atrevidas mujeres que se revelan. Son ellas, Adela y Pabla que van marchando junto a Nicasia y Ana llegando a Huesca para ser oídas por el mismísimo gobernador. Caminando van construyendo su futuro.

Sí, han llegado a Huesca para ser recibidas por el gobernador, no han reblado y la Guardia Civil no ha podido evitarlo. A pesar de ello, han sido conducidas a las afueras de Huesca, las han subido a los ómnibus y a la madrugada las han mandado de vuelta  a Lanaja. No ha podido ser, no se han podido sumar a las cerca de 500 mujeres de otros pueblos de la provincia que han ido llegando para manifestar su dolor y miseria de unos pueblos que agonizan, pueblos que se han levantado a través de sus mujeres por el futuro de sus hijos.

Felipa, Juana, Simona… son muchas las mujeres hartas de las miserias que acechaban estas tierras. Mujeres Canalistas que un 25 de febrero de 1915 marcharon a Huesca reivindicando pan y trabajo, que las obras del canal llegasen para regar los malditos y rabiosos secanos, que la pobreza y la penuria se las llevase el cierzo y el sueño de Costa se hiciese realidad. Ellas, sí ¡Ellas!.

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El agua reposa tranquila, sosegada, clara y limpia. A veces parece un espejismo, allí en medio de la nada, incluso, cuando te acercas, no puedes evitar pensar que vaya a desaparecer.  Sin embargo el agua está, aguarda en medio del desierto, entre montes yermos y secos, entre la aridez que salpica ontinas y sisallos.

El agua espera como un oasis baldío, que aprovecha y recoge las aguas de las escasas lluvias. El agua es vida y cada gota tiene su valor, cada gota importa y es necesaria. La balsa es como un pequeño mar o como un inmenso océano, con su playa de arena y arcillas compactas. Su agua dulce la podemos beber y recoger, lejos de las malditas aguas salinas que residen en pozos y en las pequeñas lagunas saladas de Bujaraloz. Algo queda de cuando fuimos mar, acaso, por ello, la buscamos, la mar, aunque aquí esté todo seco, fuimos mar.

Al amanecer van llegando, buscando el agua con sus alegrías y penas, como cada mañana. Vienen hablando de sus cosas y otras ajenas que se van sucediendo en el pueblo. La balsa es lugar de encuentro. Llegan caminando a la balsa, portando los cantaros sobre sus cabezas o cogidos por el brazo, con sus pozales asidos en sus estirados brazos.  El agua les aguarda cada mañana, les espera a la madrugada a las muchas mujeres que vienen a por ella. Vienen con el pelo recogido en un moño y cubierto con un pañuelo, la blusa, la falda larga y el delantal. Algunas cantan de la balsa buena vienes, cuanta alegría traes, que el agua es vida, como tu sonrisa cada día. Otras van con prisas por las muchas faenas pendientes, acarreando rápidamente el agua para almacenarla pronto en casa, en aljibes o tinajas, para cuando el agua escasee y cada gota reclame su pequeño lugar en el universo.

Los tiempos cambian y el agua ya no espera en la balsa, ni la luna se refleja en las noches de verano, ni le rondan cada mañana, ni cada gota tiene su valor. Tampoco vale ya su memoria, aquella que sació la sed de nuestras raíces, la que olvidamos y desaparece como si hubiese sido tan solo un espejismo.

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Violeta juega con las palabras, las junta, las revuelve y las lanza al aire, se vuelven mariposas,  revolotean en el cielo, con sus gamas de colores, brillos y tonos y vagan sin sentido ni orden.  Van moviéndose libres y su escala de notas va creando una preciosa armonía que va cincelando cada detalle del espacio, tallando una escultura que va moviéndose, como ingravitacional, aparentemente desincronizada y desacompasada. En fin, caótica.

Bailando, las palabras no cesan, se arremolinan y el viento las vuelve a lanzar al cielo donde explotan creando una incesante lluvia de colores. La imagen se vuelve introspectiva y su dinámica dubitativa hace divagar, cavilar, pensar, reflexionar…   Vuelven las palabras a explotar y en la oscuridad se vuelven estrellas en el firmamento y el infinito se vuelve rebelde y Violeta juega con él.

Violeta se detiene con las palabras, con cada una de ellas, les da vueltas, las gira y las pone tanto boca arriba como boca abajo. A veces se pierde en ellas, sobre todo con las que llevan el prefijo im- o in-, como indescriptible o imposible y en ese infinito navega en procelosos versos, en un incesante oleaje que deja a la deriva innumerables, incalculables e inverosímiles rumbos y destinos. Inmortal, Violeta sueña con surcar los vacíos con sus palabras al viento y versos enloquecidos, alzarse hasta lo más alto del cielo, virar su rumbo en la segunda estrella a la derecha y volar hasta el amanecer al mundo perdido de Nunca Jamás.

Inagotable, Violeta captura las palabras al vuelo, incluso cuando giran velozmente en un tornado y se elevan tanto que juegan a confundirse con las nubes, dándoles forma con su significado. Violeta se recrea construyendo insoportables estructuras que se tambalean, danzan en sinuosas, zigzagueantes y onduladas frases que narran leyendas inconcebibles, impensables e inimaginables. Sencillamente increíble.

En su jardín de palabras, Violeta las entremezcla, se divierte a su ritmo y sentido, ríe y llora. Se funde en el arcoíris y hace magia, colorea, descolora y vuelve a colorear la vida. Compone y a la vez jazzísticamente improvisa y confecciona melodías con sus entremezcladas palabras y versos descompuestos que juegan y bailan mientras la poesía acaba describiendo lo indescriptible y haciendo posible lo imposible.

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El paso ha dejado huella, hundiéndose en la agrietada tierra, en la corteza reseca que se abre sedienta en el árido territorio lunar. Marcial es todo un astronauta en la inmensidad del firmamento, un cosmonauta interestelar dando pasos de gigante en la historia de la humanidad.

El paisaje lunar se extiende ante Marcial y va descubriendo la piel de la tierra cuarteada, una tierra sedienta que quiere y odia a la vez el agua. Marcial va dando saltos, se eleva y aterriza levantando el polvo de la tierra que se deshace al caer. Levanta el polvo que mece el viento, como las capitanas o barrillas que recorren los bastos paramos semidesérticos.

Selene se muestra a sus pies, con sus cráteres de asteroides que impactaron sobre la superficie lunar, también hay un castillo y un dragón que echa fuego por la boca y da vueltas y vueltas alrededor de la luna. Marcial lo contempla, deslumbrándose como si mirase al mismo sol implacable en verano. Hay otros castillos que imponentes se levantan como torrollones en el horizonte, entre barrancos donde se esconde el dragón que abrasa esta tierra. Entre los surcos labrados y la tierra erosionada, arrugada con el paso del tiempo, aquel que va dejando vestigios de su pasado y va dejando su huella.

Marcial es todo un aeronauta entre planetas y estrellas, viaja a galaxias lejanas y regresa rápidamente a la tierra a mayor velocidad que la luz. Sus manos tocan la tierra, levantan la costra  y entre sus dedos se deshace. El polvo fino y claro mancha la ropa que hay que sacudirse  a base de manotazos. Mama no entiende de astronautas y viajes espaciales.

A cada paso, el pasado ha ido dejando huella, como los pequeños pasos de Marcial en su infinito espacio sideral. Ya ha aterrizado en la tierra, en un lugar indeterminado de Los Monegros, donde la luna también ha dejado su impronta y Marcial ha hundido sus pies con su sempiterna huella.

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Recuerdo su tacto rugoso y áspero, me entraña recuerdos.

Me acuerdo mucho de sus manos, arrugadas con el paso del tiempo, envejecidas con el continuo trabajo. Sus manos, sí, sus manos sobre la mesa triando las lentejas, quitando las impurezas, pasándolas de una en una de un montón a otro.  Sus manos restregando ropas a mano en pleno invierno, en el río o en el lavadero, fregando de rodillas el suelo, sacando brillo a viejos objetos de estaño u otros metales o limpiando las borrajas, pacientemente, para que estuviesen sin ningún hilo y tiernísimas para comer.

Sus manos que se curtían en su pequeño huerto, delicadamente cuidado, con su pequeña jada y las cañas con las que empalaba las tomateras y judías. Sus manos, agrietadas al agua y al frío. Sus manos que tejían y remendaban todo tipo de ropas, que manejaban el fuego y guisaban, que escaldaban y desplumaban los pollos, hacían la matacía y despellejaban conejos.

Las manos, al principio débiles, se endurecían. Pronto comenzaban a sentir el tacto rugoso y áspero del esparto que poco a poco iba hiriendo. Las manos comenzaban a escocer, se agrietaban y se abrían heridas, sangraban y dolían. Había que endurecer las manos, haciéndose al esparto, aflorando durezas y cayos que aguantaban mientras las manos entrelazaban los haces de esparto haciendo sogueta. Metros y metros de sogueta que hacían mujeres juntándose a la fresca en verano y junto al calor del hogar en invierno.

Extrañó aquellas manos rugosas y ásperas que me acariciaban, arrugadas con la edad y forjadas en la dureza que imponía la vida. Aquellas manos que tanto te definían, fuerte, extraordinariamente fuerte, invencible.  Aquellas manos tuyas que tanto sentía.

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Podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros, donde el sol te hace rabiar y otras veces se esconde, durante días, tras boiras impenetrables. Donde las gaitas rugen y te hacen danzar, brincar y bailar porque es un sentimiento. Sí, son Los Monegros, al sur de los Pirineos, en pleno valle del Ebro y con su sierra de Alcubierre en el corazón, como una espina dorsal, arbolada, todo un pulmón vital que nos alienta el alma.

Tierra llana, plana de paramos esteparios, secos y faltos de lluvias y a la vez labrados en fértiles campos, con claras aguas de los Pirineos, aquellos que nos contemplan desde la distancia, a los que les debemos la vida y no podemos dar la espalda. Igual nos contemplan los torrolllones, como vigías del tiempo, testigos de la erosión, de las cicatrices de esta tierra que tantos pastos albergó y tanto esfuerzo y sacrificio lidió para que sus gentes saliesen adelante.

Podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros, donde el arado penetra el duro mallacán, donde el cierzo siempre trata de tumbar una tozudez inquebrantable y donde reblar nunca fue una opción. Donde las casas se levantan de piedras de arena y adobas, donde el agua se recogía en balsas… donde siempre había una puerta abierta en cada casa.

También se levanta el polvo, se cierne y se posa, se revuelve y vuelve a perderse en esta tierra, que bien podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros. Tierra de yesos y sales, de torrollones y sabinas, de capitanas o barillas surcando paisajes, donde ser tierra de paso, como ser la nada y a la vez ser un lugar único y singular.

Tierra de sol, de arenisca y salagón, de sisallos, ontinas, romeros y tremoncillos, de esparto y yermos baldíos y cebadas y rastrojos. De sasos y barrancos escondidos, de oscuros montes desde el horizonte, de gentes humildes, con rasmia y entereza que bien podría ser cualquier lugar, pero son Los Monegros.

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Rugen las tripas mientras la abuela va dando vueltas a la sartén. Lleva su delantal y la cuchara larga de madera con la que va revolviendo a la vez que tizonea el fuego sin parar. Vuelven a rugir las tripas mientras aguardamos en la mesa, impacientes, con hambre acumulada que no ha hecho más que aumentar a lo largo del día.

Va cociéndose poco a poco, la harina entremezclada, de trigo y panizo, aquel maíz de antes de color royo, a partes iguales, cocido en agua con sal. La escasez condicionaba todo, si había algo de tocino se freía antes con algo de sebo, algún ajo y trozos de pan viejo, tostones, luego se reservaba para añadir después como portentosa guarnición. Había quien tostaba la harina en el sebo y otros la añadían una vez que el agua comenzaba a hervir. En cada casa tenían su receta, sus trucos, igual que las migas, si había chicha se echaba al plato, si no había nada, todo era más pobre. El hambre era de pobres, aquel que agujereaba el estómago y lo retorcía, aquel que no dejaba vivir, aquel que las farinetas de la abuela saciaba. El pan siempre servía, para las migas, la tortilla en trampa, las sopas de ajos y las farinetas. El pan y las patatas siempre salvaron al pueblo.

Lentamente las farinetas se van cociendo, con la paciencia infinita de la abuela, con su delicadeza y cariño que ponía con todo. Aquí se comieron plantas que no se comían en otros lugares, como borrajas y cardos, platos que ahora son una delicia. Aquel hambre se nos ha ido olvidando, igual que la sed y los sabores de antes.

Javier Murillo Bometón


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Niños jugando a las canicas

Por Najwa El Khalqi. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Javier Murillo es mi vecino,  nació  en Sariñena el 29 de julio de 1955. Su padre Mariano Murillo y madre Julia Bometón, Mariano era agricultor y Julia ama de casa que murió hace pocos años con casi 100 años

Javier tuvo  una infancia muy divertida,  jugaba a lanzar las canicas, al futbito y también hacia natación. A él  le encantaba cazar y jugaba mucho al tiro de plato

En su época le obligaban ir a la iglesia entre semana. La luz y el agua iban bien pero de vez en cuando se cortaba y usaban velas hasta que volviese la luz. El agua siempre la tenían guardada o la iban a buscar a fuentes cercanas. Él fue a la escuela  hasta los 13 años, que luego fue particular, y salió a trabajar de albañil en Sariñena.

Se casó con su mujer Ester en Albalatillo  pero hicieron la boda en Sariñena, de viaje de novio se fueron a Córdoba y Ceuta. Tuvieron dos hijos Javier y José. Javier es deportista y participa en grandes competiciones de ciclismo. Y las tradiciones del pueblo era lo típico, menos lo de la peñas, pero lo pasaban muy bien

Los refranes que ellos utilizaban en esa época: “la creatividad es la inteligencia de divertirse”.

Najwa El Khalqi .

Tercero de la ESO.

Aldea


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Aldea por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Ya hace tiempo que nadie vuelve y el aire corre por estas viejas cuatro paredes. Duramente resisten los vetustos muros de piedra que inevitablemente comienzan a desmoronarse. Es tiempo de ausencias y de olvidos, ya no se cuentan añejas historias al calor de la lumbre del pequeño hogar, de un pequeño espacio que familias compartieron generaciones tras generaciones. La soledad embriaga tiempos sin memoria, de saberes populares, del esfuerzo y trabajo en esta sierra monegrina, de leyendas de bandoleros y del gran Cucaracha. Ya no humea la chimenea, ni despide antes del amanecer, ni espera después del anochecer.

Días de otoño, de preparar las tierras y sembrar, dormir al calor de las mulas en la pequeña aldea que hace muchísimos años se levantó piedra a piedra. Una a una se fueron colocando las piedras que se arrancaron a la sierra, con las manos encallecidas y duras, con las manos de segar en verano bajo el implacable sol, donde sólo la vieja sabina, a su sombra, se hallaba resguardo. Las mismas manos que aserraban los pinos y bajaban de la sierra las leñas, que arrancaban los romeros para los hornos y el esparto para hacer sogueta, las manos que recogían las almendreras, olivares y viñas.

La sierra permanece salpicada de aldeas espaldadas por tiempos que ya no valoran su propia historia, la de su gente, la de sus abuelos y abuelas. La vegetación va apoderándose, los tejados hundidos y los muros a merced de la erosión del abandono. Con ellas desaparece parte de nosotros y nosotras, vidas que fueron e incluso nacieron en aquellas solitarias aldeas esparcidas sobre la sierra de Alcubierre.

El aire, el cierzo corre por las cuatro paredes, entra por las puertas que ya nada guardan y nada resguardan, mientras la enrona se va acumulando en su abandonado espacio. Ya no bajan los carros llenos a los pueblos, ni van sus gentes montados en ellos, ni bajan ni suben. Y el viejo poblado de Peñalbeta aparece distante, resignado a la desmemoria, igual que los caminos los reclama el monte, igual que muchos campos que ya no se cultivan.

Os Monegros (1)

Sabina por Valdecarros, güega entre Lanaja y Castejón de Monegros. 

Las balsas ya no recogen el agua como antes, ya no sacian la sed, aquella sed que ya no fatiga a los hombres y mujeres en estos malditos y rabiosos secanos. Los muros de piedra de los campos se derrumban llevándose tantos recuerdos, tanta sabiduría que tanto costó aprender. Ya no abundan los rebaños de cabras y ya casi no hay pastores, las parideras quedan vacías y el silencio se adueña de todo. La sierra permanece como ausente.

Sólo el aroma a ontina, romero y tomillo, a monte, perdura la esencia de tantas gentes. Los cielos claros y limpios, el aire puro y el olor a tierra, los campos de trigo y cebada. Quien levantó cada piedra sabe el valor de cada muro y de cada aldea que siempre buscó legar a los suyos. Ahora nosotros y nosotras somos sus herederos y el frío entra entre las cuatro paredes, el aire recorre paredes que ya no hablan, callan porque ya hace tiempo que hemos dejado de escuchar.

Ya hace mucho tiempo que nadie vuelve y ya hace mucho que nadie espera. Aunque a veces parezca que aún quiere esperar.

  • Nota: Aldea es la forma de denominar a las casetas de monte en la sierra de Alcubierrre.

Repoblaciones en la sierra de Alcubierre


La sierra de Alcubierre aparece densamente cubierta por pino carrasco (P. halepensis), abriéndose una extensa masa forestal que plantea diferentes dudas sobre su origen natural o artificial y del que vamos a tratar aportando diversa información para su análisis e interpretación. Una sierra mediterránea que aún conserva restos de encinares con algunos quejigos, con un sotobosque de coscojas y piedemontes con sabinas que configuran auténticos sabinares. Una sierra seca, extraordinaria, en un entorno árido, al límite del subdesierto, donde la adaptación al medio es una de sus mayores características, debilidades y virtudes.

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Pero peor y más ridículo y absurdo es todo esto, del mismo artículo también: «…hoy los representantes en Cortes de la provincia de Huesca reclaman la restauración arbórea de aquella desolada sierra de Alcubierre, espina dorsal, digámoslo así, de la árida estepa de los Monegros, desierto páramo (dígalo usted así también) donde toda miseria y despoblación tienen su asiento.»

Palique. Clarín.

Madrid Cómico, 31 de octubre de 1897.

Cuentan que los lobos llegaban hasta Leciñena gracias al extenso arbolado que llegaba hasta el mismo pueblo. Una gran masa forestal se extendía antiguamente a lo largo y ancho de la sierra de Alcubierre, pero esta sufrió un gran retroceso por sus usos y aprovechamientos de leñas, agricultura y ganadería. Todo apunta que la gran deforestación comenzó aproximadamente en el siglo XVIII, tal y como la describía el naturalista Jordán de Asso (1742-1814): “Esta cordillera estuvo muy poblada de pinares y carrascales, que suministraban abundante materia para carbón, pero hace algunos años que los cortes hechos incontroladamente han disminuido en gran parte aquellos bosques”. Un testimonio que describe la sierra dominada por pinos y carrascas, estas últimas, junto a las sabinas, serían las que darían el color oscuro a esta sierra y a gran parte de Los Monegros, pudiendo ser el origen del nombre toponímico de Los Monegros. La deforestación continuó y fue en aumento hasta entrado el siglo XX, esencialmente debido a la expansión de la agricultura, el pastoreo y la necesidad de abastecimiento de leñas.

¿Hasta dónde llegó su deforestación? Bien conocida es la referencia de George Orwell en su obra cumbre “Homenaje a Cataluña” cuando narra su estancia en el frente de Aragón en 1936, en las trincheras de la sierra de Alcubierre, donde Orwell resalta que no encontraban leñas para calentarse. Pero vamos a ir más atrás, Pascual Madoz escribió, en su Diccionario Geográfico–Estadístico–Histórico de 1845-1850, “Es indudablemente la montaña más árida y despoblada de España”. Otro valiosísimo testimonio lo encontramos en 1912, con motivo de una excursión a San Caprasio el 10 de abril de 1912, de un articulista del Diario de Huesca firmado por las iniciales  T.B. quien resalta su atención en “Una negra mancha de arbolado y planta baja que cubre dilatada superficie”. Una mancha que podemos interpretar que destacaría en una despoblada sierra. El motivo de su excursión fue su participación en la tradicional romería a San Caprasio junto a las gentes de Alcubierre, Farlete, Monegrillo, Leciñena, Perdiguera y Lanaja, con sus respectivos actos religiosos, bailes y la banda de música de Villamayor. El articulista no puede terminar su crónica sin matizar: “Sin aplaudir como se merece el esfuerzo y cultura del pueblo de Alcubierre en la repoblación de su sierra”. Posiblemente se referiría a una zona que el pueblo de Alcubierre había vedado por diez años, una gran extensión de terreno que todos respetaron “Desde entonces (1905), los pinos brotan a millares por todas partes y la vegetación es exuberante en toda la zona respetada. Lástima que tan hermoso ejemplo no sea imitado por todos los pueblos, convenciéndose de que una de las causas principales que se oponen al progreso de, nuestra agricultura es la punible tala de los montes. Si Alcubierre no tuviese ya merecida fama de ilustrado, esta simpática nota bastaría para colocarle entre los primeros pueblos progresivos”.

“Alcubierre tiene en su haber el que desde el año de 1904 vedó una parte de monte en el cual cuenta ya con centenares de millares de pinos pequeños y desde aquella fecha se mima con cariño al árbol”

Diario de Huesca, 19 de mayo de 1925.

En el diario de Huesca, del 19 de mayo de 1925, un escrito del ayuntamiento de Alcubierre  “El arbolado y la sequía” expone que “Cuando se ven millares y millares de hectáreas de terreno que este no puede más que destinarse a la producción de arbolado sin una sola planta”. En dicho escrito, resulta reveladora la siguiente afirmación “Este vecindario, como otros muchos, no puede negarse que persiguió con saña al árbol y en la actualidad le alcanzan las consecuencias de tal funesto error”. Tal es el lamento que el escrito expresa: “Hace sesenta o cien años, dicha labor educativa hubiera hecho conservar una riqueza inmensa que sería el sostén de los pueblos en épocas de crisis tan graves como la que desgraciadamente atravesamos, pero hoy dicha riqueza está por crear”. Así, podemos afirmar que la deforestación de la sierra de Alcubierre fue todo un problema para un territorio seco que acumulaba grandes sequías y miserias.

«Ese llanto benéfico de las nubes está demostrado que el árbol nos lo trae».

Joaquín Costa

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Diario El Sol, edición 17 de junio de 1927.

Los pueblos de Monegros piden el auxilio del Gobierno para repoblar la Sierra de Alcubierre. Esto, que a primer a vista parece que viene a aumentar el número de las peticiones de los municipios que lo esperan todo del Estado, es, por el contrario, una petición en la que se solicita sólo la atención oficial, para que el sacrificio que de todos modos piensan realizar en bien de los tres vecindarios no sea un sacrificio estéril. Par a facilitar el logro de esa justa aspiración, los municipios de Lanaja, Alcubierre y Robres han formado un consorcio y lo han sometido a la aprobación del Estado. Al lado de esa iniciativa, encaminada a ofrecer mayores garantías al Tesoro, se proponen contribuir con el 50 por 100 de los gastos, excluyendo los de dirección y suministro de semillas, y se ofrece al Estado satisfacer entre los tres Ayuntamientos diez mil pesetas anuales hasta que los montes entren en plena producción. Llegado esto caso, abonarían el resto en cinco anualidades. “Pueblos éstos—nos dice el Municipio de Alcubierre—enclavados en la zona monegrina, que con frecuencia sufre los efectos de la sequía, con la pérdida total o parcial de sus cosechas, no se hallan en condiciones de realizar mayores sacrificios.”

En la solicitud dirigida al Poder, después de una breve historia de las gestiones realizadas y a con la misma finalidad, y fracasados por diversos motivos que pueden reducirse a uno solo, a la falta de dinero, piden que sea aprobado “el referido consorcio y se disponga que por la jefatura del distrito forestal se redacte, la propuesta de trabajos que se han de realizar en el primer año, y una vez aprobada, se conceda el crédito necesario par a su ejecución, con lo que, además de iniciarse los trabajos de repoblación, que tanto anhela esta comarca, se resolvería la crisis obrera proporcionando trabajo a los vecinos dentro de los pueblos de su naturaleza”.

Consideramos de todo punto justa esta solicitud. Puede afirmarse de antemano que el Estado accederá, convencido del noble deseo que la alienta y de que el dinero que haya de facilitar no será dinero perdido, sino, a la postre, multiplicado.

Articulo atribuido a Ramón J. Sender  en la obra “A lo largo de una escritura. Ramón J. Sender, guía bibliográfica”, de Elisabeth Espadas (IEA, Huesca, 2002).

Francis Chauvelier, en “La Repoblación Forestal en la provincia de Huesca y sus impactos geográficos” (1995), señala sobre la sierra de Alcubierre: “El bosque, muy degradado desde hace tiempo, se componía en el mejor de los casos de algunos terrenos para pastos en la vertiente norte de la Sierra de Alcubierre o en sus prolongaciones orientales. La leña para el fuego, así como la madera, se importaban de la montaña”. La desforestación de la sierra debió ser considerable, abarcando probablemente su total extensión. Sus extensas masas, posiblemente quedaron reducidas a un arbolado disperso, principalmente en margines de campos y zonas escarpadas de difícil acceso. La falta de agua en estas tierras dificultó enormemente la vida de los pueblos de Los Monegros, escasas cosechas de cereal y la imposibilidad de criar hortalizas, verdura y fruta hicieron de la leña y el carboneo un producto principal para su comercialización y muy necesario para la supervivencia de las gentes de los pueblos a los pies de la sierra. Pero la reforestación de la sierra también significó la renuncia a muchos pastos vitales para la gran ganadería lanar que existía en el árido territorio.

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Diario de Huesca 3/9/1930

Reprodujo EL DIARIO un artículo de la “Revista Contemporánea, escrito por el ingeniero de Montes señor Jordana Morera, abogando por la repoblación forestal en todo el centro aragonés y especialmente en la de la parte correspondiente a las vertientes N. y S. de las sierras de Alcubierre, Almudébar, Tardienta, Lanaja. Monegros y la Litera.

 Hace 33 años

Diario de Huesca 26/01/1928

Ya en 1879 la repoblación de la sierra de Alcubierre fue considerada como necesaria por la Comisión del plan forestal Español y, en 1894, el ingeniero de Montes José Jordana y Morera, en su artículo “La repoblación forestal en sus relaciones con la climatología, orografía e hidrología de la parte peninsular de España. Revista Contemporánea, Año XX, Tomo XCVI Octubre-Noviembre-Diciembre 1894″, hizo mención de la necesidad de repoblar la sierra de Alcubierre: “Que sea incuestionable también la conveniencia de cubrir de arbolado aquella parte de la cuenca del Ebro”.

En Aragón la sierra de Alcubierre y las Bárdenas Reales, situadas hacia la región media y parte central de la cuenca del Ebro, presentan caracteres de sequedad tal, que se hace imposible en ellas todo cultivo agrario permanente, a causa de las pertinaces sequías que allí se sienten. El suelo es muy bueno en el fondo de los valles, y si fuese posible suministrarle un riego moderado, se conseguiría dar a aquella zona una fertilidad extremada, con provecho evidente de la riqueza general del país.

Todos los publicistas que de dichas comarcas se han ocupado han reconocido como único medio para atraer el beneficio de las lluvias la repoblación forestal; trayendo a la memoria épocas atrasadas en que, por la existencia de los montes, la lluvia no era tan escasa como lo es actualmente.

No puede negarse la influencia que en la regularidad, sino en la cantidad absoluta de aquel meteoro, ejercen los montes, y de aquí que sea incuestionable también la conveniencia de cubrir de arbolado aquella parte de la cuenca del Ebro, donde además, por lo escueto del terreno, azotan con mucha violencia los vientos secos del O., que por este medio disminuirían su intensidad.

José Jordana y Morera

La repoblación forestal en sus relaciones con la climatología, orografía e hidrología de la parte peninsular de España.

Revista Contemporánea, Año XX, Tomo XCVI Octubre-Noviembre-Diciembre 1894

Poco a poco, la repoblación forestal en la sierra de Alcubierre comenzó a adquirir una enorme relevancia e importancia en el territorio. En 1891 la Diputación de Huesca solicitó al Ministerio de Fomento la repoblación de los montes de la Sierra de Alcubierre y su entorno “Dicho ministerio puso el asunto en manos de la Dirección General de Agricultura quien a su vez lo remitió al ingeniero jefe del Distrito Forestal  de Huesca (D. F. Huesca). Desde este distrito se redactó un Plan de Trabajos para la Repoblación de la Sierra de Alcubierre. La aprobación del mismo quedó demorado por tiempo indefinido. En 1926 se aprobó un nuevo Plan de Repoblaciones al cual se le dotó de nada menos que cien millones de pesetas del momento. En él quedaron incluidas, entre otras zonas, la repoblación de esta área oscense. El proyecto específico fue redactado por el D. F. de Huesca en 1928 y contempló la repoblación de 5.000 Ha en un plazo de diez años que incluyó otros montes de esa comarca. Así, dentro de esa superficie se incluyeron terrenos pertenecientes a montes públicos de Alcubierre (2.500 Ha), Lanaja (1.800 Ha) y Robres (700 Ha), todos ellos localizados en la Sierra de Alcubierre. La especie principal a emplear habría de ser el pino carrasco por ser la más adecuada, aunque también se contempló el empleo de roble y esparto”. (http://esmemoriaus.blogspot.com)

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La repoblación de la sierra fue una reivindicación por parte de las localidades a las que pertenece la sierra. El 6 de marzo de 1927 Alcubierre realizó la fiesta del árbol, los niños plantaron, en la carretera que va a Lanaja “102 árboles, 50 acacias de flor blanca y 52 chopos de Canadá comprados por el ayuntamiento, los que inmediatamente serán regados”. La crónica la escribe el secretario  Ángel Gavín Bailo, comprometido e intelectual de Alcubierre, que destacó con la publicación de escritos y noticias varías en el Diario de Huesca. En su crónica sobre la fiesta del árbol de Alcubierre, Ángel no deja de escapar la ocasión y revindicar la ansiada repoblación de la sierra: “El entusiasmo e interés sea insuperable porque cuando un vecindario siente palpitar en sus nobles corazones ansias de regeneración, cuando cifra su porvenir en usa mejora tan importante como, la de repoblar su Sierra, cuando se espera con avidez que el personal técnico encauce las loables iniciativas de gran número de propietarios que anheles una orientación para contribuir con todas sus actividades a tan magna obra, cuando se espera con ilusión la llegada de la prensa para ver si el Consejo Forestal ha dictaminado sobre la aplicación que ha de darse al presupuesto extraordinario de 9 de julio último por saber si nos alcanzan sus beneficios. Días de ansiedad, días de esperanza, días de ilusión están atravesando los vecinos del pueblo y sus dignas autoridades hasta conocer si es atendida la solicitud enviada en 10 de noviembre próximo pasado al excelentísimo señor ministro de fomento en la que solicita el ayuntamiento acogerse a los beneficios que determina el artículo 5º del real decreto ley de 26 de julio último”. Diario de Huesca del 9 de marzo de 1927.  En junio del mismo año, los ayuntamientos de Alcubierre, Lanaja y Robres dirigieron al ministro de fomento una exposición de motivos para la repoblación de la sierra “Como obra complementaria de los riegos del Altoaragón”. La repoblación buscaba “Aminorar los riegos del clima y solucionar la crisis económica” pidiendo fondos para un proyecto del que reconoce sus bondades, un proyecto realizado por el ingeniero Enrique de las Cuevas. Por tanto: A V. E. suplican se digne aprobar el referido consorcio y disponer que por la Jefatura del Distrito Forestal se redacte la propuesta de trabajos que se han de realizar en el primer año y una vez aprobada conceder el crédito necesario para su ejecución, con lo que además de iniciarse los trabajos de repoblación que tanto anhela esta comarca, se resolvería la crisis obrera, proporcionando trabajo a los vecinos dentro de los pueblos de su naturaleza. Gracia que esperan alcanzar de vuestra excelencia, cuya vida guarde Dios muchos años para bien de la nación. Alcubierre 12 de Juntó de 1927. El alcalde de Alcubierre, Jesús Casamayor.—El alcalde de Lanaja, Pascual Oto.-El alcalde de pobres, Vicente Maza —Es copia. — El secretario, Ángel Gavín”. Diario de Huesca 15 de junio de 1927.

Anoche «tuvieron en nuestra redacción los alcaldes de Lanaja y Robres don Pascual Otto y don Vicente Maza, junto con el secretario del Ayuntamiento de Alcubierre don Ángel Gavín, con objeto de saludarnos e invitarnos a la inauguración oficial de la repoblación de la sierra de Alcubierre.

Diario de Huesca 13 de noviembre de 1928

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Robres, Alcubierre y Lanaja  Justas demandas

Comisionados por los Ayuntamientos de Lanaja, Alcubierre y Robres, llegaron a esta población los alcaldes don Vicente Maza y don Jesús Casamayor, con el competente secretario don Ángel Gavín, quienes realizaron gestiones de transcendental interés para los pueblos dichos.

Como testimonio de agradecimiento y afecto entregaron al prestigioso ingeniero jefe del Distrito Forestal, don Enrique de las Cuevas, un artístico pergamino declarándole hijo adoptivo de los tres pueblos por sus cooperaciones en pro de la repoblación de la Sierra de Alcubierre, de positivos beneficios para aquella simpática comarca. 

De la Diputación solicitaron una subvención de 10.000 pesetas con reintegro a plazo fijo, y de su visita llevaron las mejores impresiones.

También el asambleísta señor Campo pudo facilitarles, en la visita que le hicieron, noticias satisfactorias de una ayuda del Estado para la construcción de una balsa en Alcubierre.

Tuvieron una extensa entrevista con el excelentísimo señor don Fernando Rivas, nuestro gobernador civil, que con su cortesía y amabilidad acostumbrada, escuchó de los comisionados los pormenores de problemas locales de gran interés y, sobre todos ellos, el planteado con la gravísima crisis de trabajo, motivada en la paralización de las obras de los Grandes Riegos en aquella zona y que obliga a estar parados y sin trabajo a unos 500 obreros.

El señor gobernador, que ya tenía conocimiento de esto, prometió hacer gestiones personales en Madrid en unión de los señores asambleístas para obviar rápidamente cuantos trámites u obstáculos impidan reanudar tales trabajos.

Finalmente visitaron las redacciones de los diarios locales, para los que tuvieron frases de reconocimiento y elogio por el apoyo que les han prestado siempre.

Todo lo merecen tan laboriosos y simpáticos pueblos, para los que son todas nuestras atenciones y deferencias.

Diario de Huesca 27 de febrero de 1929

En el diario de Huesca 22 del 6 de 1928 se da cuenta de la decisión del Ayuntamiento de Acubierre de la incorporación del director del Diario de Huesca en un cuadro de Honor de ilustres que han actuado en pro de la repoblación de la sierra de Alcubierre. Comunicando, además, de la inauguración de las obras a las que se dará invitación “A cuantas entidades, periódicos y persones se han interesado en pro de nuestra repoblación firmado por el alcalde Jesús Casamayor, a 19 de junio de 1928″. El 23 de septiembre de 1929 se realizó el acto de inauguración de las repoblaciones en la sierra de Alcubierre.

La Sarda 1947 2

Aspecto de una ladera del monte La Sarda en 1947 tras ser ahoyado a mano. Foto: Archivo Cartagra. Fuente: http://esmemoriaus.blogspot.com

Los sueños y aspiraciones de Monegros convertidos en realidad

El optimismo de una comarca

Una tarde gloriosa

Así fue la de anteayer en Alcubierre, donde se congregaron sus convecinos y compañeros de inquietudes y alegrías, los de Lanaja y Robres, y contingentes muy numerosos de toda la comarca con comisiones oficiales presididas por los alcaldes respectivos.

Todos los actos fueron presididos por el general Mayandía, que representaba al jefe del Gobierno.

Vimos también en Alcubierre al director general de Montes señor Elorrieta, gobernador civil de Huesca, presidente de la Diputación y alcalde, capitán general y alcalde de Zaragoza, delegado de Hacienda, asambleísta señor Coarasa, don Ricardo del Arco, ingenieros señores Cuevas, Navarro, Armingol y Etnbún, gobernador militar, teniente coronel de la Guardia civil, delegado gubernativo, don Mariano Gavín y el inspector provincial de Sanidad.

Inauguración de la repoblación

Tuvo lugar en el término «Pucero», a cuatro kilómetros de la villa. Allí, bajo un templete de olorosos romeros y mejorana, habló el alcalde don Octavio Lasheras, que en nombre de su villa, con las de Robres y Lanaja, ofreció a todos y al jefe del Gobierno, Mayandía y Guadalhorce en especial, el testimonio de una profunda gratitud.

Habló seguidamente el ingeniero jefe de Montes señor Cuevas, que dijo que lo hacía por razón de su cargo, estimando que representaba la inauguración el principio de una cruzada precisa en la lucha del trabajo con la Naturaleza. Ya en 1879, esta gran obra de regeneración fue considerada como necesaria por la Comisión del plan forestal.

Invita a los tres pueblos interesados a que recuerden sus antiguas campañas y no olviden lo que han tenido que suplicar para alcanzar este primer pilar de la reconstrucción nacional de la repoblación, como le llamó Costa.

Elogia la intervención de marqués de Estella, Guadalhorce y Mayandía, para llegar a día fausto, y aplaude el esfuerzo económico de los monegrinos que ofrece el grato espectáculo de los pueblos que se asocian a la obra del Estado, con la letra que hoy giran y que tan recompensada les será después. Pide perseverancia y respeto en el amor al árbol, cuyos beneficios canta. Ofrécese como representante de la Administración forestal. El señor Banzo estima que no es posible la ausencia de la Diputación en estos actos y por eso vino e interviene.

Ofrece el concurso de la Diputación, ya demostrado a los monegrinos y que estima merecido y además la tierra es madre y lo pide clamando agua y árboles y que todos la defendamos que ella nos dará el ciento por uno. Termina con un himno al árbol que él nos da la cuna y el ataúd y el mástil de la sagrada bandera patria.

Diario de Huesca – 25/09/1929

El director General de Montes, en frases muy elocuentes, saludó y felicitó a todos con elogios para los tres pueblos. Aplaude la organización forestal y la labor de los señores Cuevas y Embún, terminando con atinadas enseñanzas sobre el problema de los montes en sus aspectos distintos. Por último, el ilustre aragonés Mayandía, en este discurso precursor de ocho o diez más, mostró su gratitud de buen hijo por los vivas y aclamaciones incesantes de que fue objeto

sus fervores de buen patriota soldado y aragonés; sus cariño: por todo Aragón y sus afanes por ser útil a toda su tierra. Después, el canónigo señor Tricas bendijo el monte y se plantaron numerosos pinos.

Diario de Huesca 25/09/1929

Ecos provinciales ALCUBIERRE

Adhesiones recibidas a los actos celebradlos con motivo de la inauguración de la repoblación de la sierra de Alcubierre. La del excelentísimo señor vicepresidente del Gobierno, el excelentísimo señor don Severiano Martínez Anido, lamentando que su ausencia de Madrid le haya impedido asistir y felicita por tan importantes mejoras.

Del excelentísimo señor marqués de Cabriñana, presidente del Tribunal Supremo de Hacienda pública. Excelentísimo señor don Pedro Vives, general. ídem don Antonio G. de Rocasolano, delegado regio de la Confederación del Ebro. Excelentísimo señor doctor Fray don Mateo Colom, obispo de Huesca. Excelentísimo señor jefe de la Sección de Montes de Madrid. Excelentísimo señor presidente de la Audiencia provincial de Huesca. Ilustrísimo señor don Gaspar Mairal. ídem id. don Manuel Batalla, registrador de la Propiedad de Sariñena. Alcaldes de Sariñena, Farlete y Lalueza.

Diario de Huesca 28/09/1929

 

Crónicas aragonesas   — Sierra de Alcubierre

Monegros… ¡Cuántas horas de emoción dio esa tierra sedienta e irredenta! Todos los problemas están allí latentes, vivos, encarnados; todas las angustias se alzan y nos acusan a paso.

La fisonomía monegrina es triste, de una profunda tristeza. Cuanto deseo se ponga en querer iluminar aquel panorama es vano; cuanto se interese porque las figuras y las cosas resulten alegres, es un esfuerzo tirado. Allí tierra, hombres y cosas están supeditados a la tragedia de la sed, esa vida llena de abnegados heroísmos, tras el arado que abre y la semilla que cae, al abismo de un germinar, entre las blancas cenizas de un incendio, que esa es la sed de la tierra y la claridad sin nubes.

La leyenda de los ciervos y de los bosques, de las espesuras y de los matorrales, de la densidad forestal, hace soñar en aquel posible o imaginado tiempo, en que estos llamados Monegros fueron montes poblados con la cabellera abundante de las hayas y de los pinos. El sueño y la vocación canalista, la esperada realidad del Canal de

Monegros por otra parte, han hecho que estos legionarios de la incertidumbre y de la miseria se adaptaran a vivir precariamente, sin un pozo artesiano, sin agua en las balsas.

Pero… El alcalde de Alcubierre, un alcalde que tiene sentido común y sentido político clamó hace poco tiempo, e invocando las razones que en estos casos son de eficacia mayor. Pidió arbolado para esa sierra, muralla del Alto Aragón y de los Monegros bajos, dique de roca, frontera geológica de la meseta monegrina y de la zona de los riegos del Alto Aragón.

Han pedido la repoblación forestal; se han impuesto para ello Lanaja, Robres y Alcubierre el sacrificio de aportaciones económicas; han unido a estas aportaciones la historia canalista, los entusiasmos de aquella región de muchos años, sólo dedicados a realizar el imperio forestal como único remedio a la sequía crónica.

La sierra, dura, alta y estéril, alberga muchas vidas: la de sus hogares tristones, la de sus hombres cansados de sembrar, la de sus ganados que han paseado días y días sin encontrar veredas y caminos donde yantar. La sierra ingrata, seca y pelada, ha rehuido la humedad, ha tirado hacia abajo a sus hijos, ha arruinado a sus moradores. Pero el ansia de vivir, el deseo de no querer abandonar pueblos enteros, en muchos momentos culminante y a punto de realizarse, ha sido vencido por el de vivir a toda costa, de hacer una plantación de arbustos, de vigilantes, de amigos.

Recientemente se ha celebrado la mayor fiesta que se podía hacer. Algún día se celebrará otra mayor. Cuando el ilustre ingeniero Sans Soler abra las compuertas y lance las aguas del Canal de Monegros, desde la sierra hacia la meseta monegrina. En tanto llega ese día, el único medio de conseguir que los cereales no desaparezcan y se pueda comer pan es implantando el régimen del árbol, que, es la llamada a las lluvias. La sierra alta, poblada de millares de árboles, que atraerán a esas nubes que pasan y pasan burlándose de esta serranía, poblada de silencios y de tristes aspectos.

B. GARCÍA MENENDEZ. (El Liberal, de Madrid). Diario de Huesca 4 del 10 de 1929.

La repoblación fue, ante todo, una reivindicación para sacar adelante una tierra que necesitaba inversiones para salir de la miseria en la que se encontraba. Junto a la llegada del agua, a través del canal de Monegros, fue la gran esperanza de finales del siglo XIX y principios del XX. Aunque su gran dimensión complicó su continuidad hasta su paralización en la década de 1930. Los pueblos continuaron luchando y reclamando  la necesaria inversión, tal y como es el caso de Ángel Gavín, secretario del ayuntamiento de Alcubierre.

De Alcubierre. Los trabajos de repoblación, paralizados en absoluto

Tomar la pluma para exponer un hecho que deja sin trabajo y por ende sin pan a un centenar de familias de la clase obrera de esta localidad, nos llega al alma; pero dejar a ésta sumida en la miseria y silenciar el hecho, sería un crimen de lesa humanidad, que nosotros no podemos aceptar. El cumplimiento del consorcio que tiene hecho el Ayuntamiento con el Estado y aprobado por este último en 2 de Julio de 1928 para repoblarla Sierra de Alcubierre, es bastante, de momento, como lo ha sido hasta hoy, para que ninguna familia careciera de pan.

La orden terminante y rotunda de paralización absoluta de trabajos ha caído como una bomba; más, en una población corno esta que en el año 1929 fue nula a  consecuencia de la sequía la cosecha de cereales, única que tiene importancia. Del Gobierno, autoridades y Prensa recabamos el apoyo preciso para que la clase obrera pueda tener trabajo y, con ellos los medios necesarios para alcanzar pan para sus familias.

Repoblación, trabajos en el tramo tercero del Canal de Monegros y la subasta del proyecto de conducción y abastecimiento de aguas potables a la población aprobado en 5 de Noviembre último, pueden evitar muchas penalidades y sufrimientos. Sí quien puede atender las peticiones lo hace, habrá realizado una gran obra social. Tenemos noticias de que el alcalde ha dado cuenta a su jefe superior.

Ángel Gavín

Diario de Huesca – 22/02/1930.

El 28 de febrero de 1930, el Diario de Huesca daba cuenta que el ministro de fomento manifestaba que no iba a hacer desaparecer la Dirección de Montes, noticia por la que el mismo diario mostraba cierta alegría, especialmente manifiesta “Y dada la trascendencia que ello tiene para la provincia tan forestal como la nuestra, aplaudimos igualmente la decisión del ministro de Fomento, no solo de mantener aquella Dirección general, si no de imprimirla gran actividad y nos permitimos interesarle, continúen con la misma intensidad los importantes trabajos que el Distrito Forestal realiza, para la repoblación de los montes de Argüís y de la Sierra de Alcubierre, y para la explotación ordenada de la masa arbórea del Pirineo Aragonés, cuyos gastos han de ser tan reproductivos para el país”.

El miércoles día 29 de abril de 1930 se celebró sesión la Comisión permanente de la Diputación de Huesca, reuniéndose la Comisión provincial Permanente y el Pleno Diario de Huesca 1 de mayo de 1930: “Se da cuenta de una instancia de los Ayuntamientos de Lanaja, Robres y Alcubierre, solicitando un anticipo de diez mil pesetas para fines forestales de la sierra de Alcubierre. El señor Lacadena felicite, con frases encomiosas, la labor de esos Ayuntamientos que han sabido conseguir un consorcio ventajosísimo con el Estado y que dada la justicia y equidad que anima aquella pretensión, propone el nombramiento de una ponencia para favorecer los intereses de esos pueblos y con ello la riqueza forestal de la provincia.

El señor España manifiesta que ha oído con mucha complacencia las palabras del señor

Lacadena, pueda realmente la solicitud de los citados pueblos es muy interesante por el sacrificio que se han impuesto esas Corporaciones para llegar a la repoblación forestal de la sierra de Alcubierre y que, por tanto, la Diputación no debe desatender esas peticiones. Pronuncia bellas frases en alabanza del árbol y adhiriéndose a la propuesta del señor Lacadena, pide se tome en consideración y se nombre una ponencia.

Se acuerda finalmente que el asunto pase a las Comisiones de Fomento y Hacienda conjuntamente.”

Diario de Huesca 1 de mayo de 1930

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Según Carlos Tarazona Grasa, autor de libro Pinos y penas, la fórmula que se escogió para acometer las repoblaciones fue la del consorcio entre la administración forestal y los tres ayuntamiento afectados: Alcubierre, Robres y Lanaja: “El D. F. de Huesca se comprometía a llevar la dirección técnica de las mismas así como a proveer de las semillas y plantas necesarias. El ingeniero de montes encargado de dirigir las mismas fue Ricardo Sáenz de Santamaría. La repoblación se debía efectuar mediante la apertura manual de hoyas aunque esta parte no fue ejecutada por la administración forestal. Esa fase se realizó mediante subastas públicas a las que se podía presentar todo el mundo que quisiera. En el tablón del ayuntamiento afectado se exponían las condiciones que debían cumplir los interesados y la forma de ejecutar los trabajos. El pliego en cuestión fijaba el número de hoyas a realizar, las zonas donde había que abrirlas o el coste individual de las mismas. A estas subastas se presentaron sobre todo a q vecinos de los tres pueblos afectados”. (http://esmemoriaus.blogspot.com)

Al final, los montes repoblados, señala carlos Tarazona Grasa, fueron los montes de utilidad pública nº 330 de Alcubierre, nº 332 de Lanaja y el nº 335 de Robres: “Para 1930 en esos tres montes se habían repoblado por el procedimiento del ahoyado manual 690 Ha, cifra que quedó finalmente bastante por debajo de las 4.000 Ha previstas inicialmente”.

nº monte  Pertenencia Fecha subasta Nº de hoyos Plazo ejecución   Coste hoyo
     332      Lanaja 20-Nov-1928    100.000        3 meses
     335      Robres Octubre 1929      50.000        3 meses  12 céntimos
     330  Alcubierre 26-Oct-1929    100.000        3 meses
     330  Alcubierre 27-Ene-1930    250.000        4 meses  11 céntimos

Fuente: http://esmemoriaus.blogspot.com

El Pucero de Alcubierrre

Vista del monte Pucero de Alcubierre con sus laderas ahoyadas manualmente. Foto: Archivo Cartagra. Fuente: http://esmemoriaus.blogspot.com.

En 1940-1950 comenzaron de nuevo las repoblaciones en masa en la provincia de Huesca: “720 has. repobladas y se localizan en los municipios de Castiello de Jaca, Gurrea de Gállego y Alcubierre (Chauvelier, Francis)”. Así mismo, la sierra de Alcubierre sufrió una serie de repoblaciones forestales a partir de 1940 con un objetivo protector y social y en 1952 aparece como comarca de Interés Forestal “Sierras de Alcubierre y Lanaja (Z y HU). Decreto de 11 de enero de 1952 por el que se declara de interés forestal la comarca que se establece en las sierras de Alcubierre, Lanaja y sus estribaciones de las provincias de Zaragoza y Huesca. (La restauración forestal de España. 75 años de una ilusión)”.

Para Chauvelier, el pino carrasco (Pinus halepensis) es una especie espontánea de la vertiente norte de la Sierra de Alcubierre, señala Chauvelier, su distribución, en la sierra, va de los 200 a los 700 metros de altitud. Aunque para autores como César Pedrocchi, la carrasca sería la especie potencial de la sierra de Alcubierre. No obstante la sabina ocupa grandes espacios desde el piedemonte, donde forma grandes rodales, alcanzando zonas elevadas de la sierra donde aparecen individuos dispersos. Ver: Las sabinas de Los Monegros.

“Otra parte de las repoblaciones se han localizado en la Sierra de Alcubierre y en los Monegros, tratándose en este caso de tierras de seca no dedicadas a la cerealicultura y dominadas por cerros cubiertos a medias por esqueléticos bosques residuales de pinos de Alepo y de sabinas, y por un matorral más o menos espeso. Este último pertenecía a los ayuntamientos y recibía durante el invierno algunos rebaños de ovejas llegados desde los Pirineos hasta las partes más altas de la Sierra de Alcubierre. En este contexto, y al cabo de veinte años, se han desarrollado nuevos pinares, ocupando en ocasiones emplazamientos realmente inhóspitos.”

Francis Chauvelier

La Repoblación Forestal en la provincia de Huesca y sus impactos geográficos.

En 1948 se firmaron nuevas repoblaciones, a través de un consorcio entre el Patrimonio Nacional del Estado y el Ayuntamiento de Alcubierre. Unas ochocientas hectáreas en el monte de utilidad publico nº 330 “Comprendidas en las partidas de Loma de San Caprasio, sesenta hectáreas linda al norte y oriente con resto del monte  La Sierra nº 330; al mediodía con monte Lanaja y poniente con monte Farlete Puy Fernando, Valdelupo y Pacos de Ramón, quinientas hectáreas, linda por norte con Barranco Nuevo, mediodía Filada de Paris, oriente Barranco de San Caprasio y poniente Filada de Paris. Pucero, extensión doscientas cuarenta hectáreas, linderos: norte con monte Robres, mediodía monte del Irazo, poniente monte de Leciñena y oriente con la parte repoblada del mismo monte nº 330 y Galacho de sobre Casas. Así como la ejecución de los trabajos auxiliares necesarios para la creación y conservación de la masa forestal”.

Francisco Amador Mene, natural de Alcubierre, trabajó en las repoblaciones de la sierra. Francisco relata como en la zona de la balsa de las Piedras se instaló un vivero y actualmente aún queda la caseta de los forestales. Trabajaban unas doscientas personas. Subían andando desde Alcubierre hasta san Caprasio, Francisco tenía unos 18 años, sería el año 1951 -De forestal estaba Adrián, era algo loco-. Salían de Alcubierre a las cinco de la mañana para comenzar la jornada de trabajo a las ocho, por las faldas de san Caprasio, -Los de Robres venían en bicicleta-. Trabajaban ocho horas y luego se volvían para el pueblo.

A jada ahoyaban, iban haciendo los agujeros hasta que cambiaba el tiempo en invierno y comenzaban con la plantación. La planta la traían desde Huesca con un camión y la descargaban en el vivero de la balsa de las Piedras. Después, con un burro subían la planta a las lomas donde estaban trabajando, -Se llevaba en los esportones de los burros-.

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Barranco de Valzaragoza. Vuelo americano 1945.

Desde Alcubierre Crisis Obrera

Diversos e interesantes decretos ha dictado el ministerio del Trabajo en favor del sufrido obrero agrícola, pero éstos según noticias, no han tenido la virtud de mitigar la crisis existente., ni aún en la época de recolección.

Si en la segunda quincena de Agosto no se ha dado gran impulso a los trabajos de la Confederación o Mancomunidad, serán muchos los millares de obreros que habrá en Aragón en paro forzoso y tendrá el Gobierno otro problema tan importante y grave como el de Andalucía.

Son incalculables los perjuicios que irrogan esas indecisiones y entorpecimientos continuos en problemas de tan vital importancia como son los riegos, repoblaciones, ferrocarriles, carreteras y demás obras públicas de la Nación.

Toda esta zona monegrina está anhelando llegue el momento de ver cumplidas las solemnes promesas que se le han hecho de principiar a construir  y construido en breve plazo el acueducto de Tardienta que es que ha de darle vida y convertirla de mísera a una de la más fértiles de España.

Y si se pretende conjurar de verdad el conflicto que la falta de trabajo pueda originar interesa que también a la brevedad posible den principio a los trabajos en el tramo tercero del canal de Monegros.

En esta localidad, en años anteriores, con las labores que se llevaban a cabo en la repoblación de la sierra, gran número de obreros, con su honroso trabajo, ganaban el pan para ellos y sus familias.

En el actual, no tenemos noticias de que se haya concedido para dichos fines cantidad alguna.

Hay que esperar que un ministro que representa a Aragón, que lleva un sobrenombre de discípulo predilecto de Costa, que en el ideario de su partido  tiene como lema preferente el fomento y conservación de las obras públicas de verdadera utilidad general, el intensificar la repoblación forestal y el de la obligación del Estado de proporcionar a todos los ciudadanos la posibilidad de ganarse el sustento mediante un trabajo remunerador  y productivo; hay que esperar decimos, que su elevada y reconocida cultura la emplee en dar facilidades para que sean pronto realidad tan bellos ideales.

No olvide señor ministro, que el problema más vital para todas las clases sociales hoy en Aragón, es el de riegos; el complementario, la repoblación forestal y, el más importante, solucionar la crisis del trabajo.

Un pueblo mísero de la zona monegrina como Alcubierre, que tuvo la valentía de interesar y acometer, de acuerdo con el Estado una empresa tan importante y útil como la de repoblar la Sierra en una extensión de más de 2.500 hectáreas de terreno, caso único en España y quizá en el mundo entero; no puede llevar a su ánimo la convicción de que un ministro radical-socialista con los títulos ya expuestos, se desligue del compromiso que adquirió el Estado, y si en ello nos equivocáramos – cosa que no creemos-, tenemos fe en que los representantes en Cortes lucharán con entusiasmo con ese entusiasmo, desinterés y cariño nunca bastante agradecido, con que lo defendió la Prensa de la región y de Madrid hasta conseguir el justo premio que la constancia, el tesón y el amor al árbol, de un pueblo merece.

El digno alcalde don Ignacio Mené, que siente cariño extraordinario por este problema y el social, también tiene interesada su continuación y sería para él y para el vecindario que representa muy lamentable un fracaso, porque aparte del interés general, se halla el de la satisfacción que produce el tener colocados a los obreros en la localidad que actualmente se hallan ya en paro forzoso.

Ángel Gavín

Diario de Huesca 14 de agosto de 1931

La repoblación significó trabajo y la recuperación de la sierra como una oportunidad para uno de sus aprovechamientos: el de leñas, que fue vital en el pasado. Una obra complementaria al canal de Monegros que atraería las lluvias para un seco y árido territorio lleno de miserias. “En la actualidad, en una extensa comarca, mueren de sed las semillas y las plantas, se carece del agua necesaria para beber las personas y ganados, los obreros no alcanzan trabajo para remediar las necesidades de sus familias y dar pan a sus hijos, los agricultores se encuentran también sin agua, sin trigo, sin pan, sin paja y sin cebada, y lo que es más doloroso con la esperanza perdida de hallar siquiera un modesto alivio a tal desventurada situación porque la cosecha actual está totalmente perdida por la sequía como también se perdieron las tres de años anteriores. A esto hay que añadir que están agotadas las existencias de cereales para la próxima siembra, pues las pocas que quedan son necesarias para el consumo actual. En situación tan desesperada como la que hoy desgraciadamente se atraviesa en estos pueblos, cuando el vivir es una agonía que agota con lentitud las energías del paciente que aún espera con gran ansiedad un alivio a tanto y tanto mal como tiene sobre sí”. La dramática situación de aquellos años, descrita en el escrito del ayuntamiento de Alcubierre “El arbolado y la sequía”, diario de Huesca 19 de mayo de 1925, evidencia la importancia que tuvo la reforestación de la sierra de Alcubierre. “Año tras año la emigración aumenta, familias enteras han marchado más de cuarenta, la juventud desaparece en su mayor parte en busca del sustento que aquí no encuentran y, como prueba de ello, baste decir que de los comprendidos en el padrón de cédulas pe4rsonales, o sea mayores de 14 años, durante el año 1924 se han ausentado 126, el 13 por 100 en un año”( Diario de Huesca del 17 de febrero de 1925).

Hoy en día tenemos una gran sierra  que podemos disfrutar, declarada como zona ZEPA (ES0000295) y LIC (ES2410076) de la Red Natura 2000. Presenta una rica biodiversidad en un contexto árido, sobresaliendo en el Valle del Ebro, así la sierra se configura como una gran masa forestal, un bosque que va madurando ofreciendo un extraordinario espacio natural que valorar, proteger y preservar.

A la memoria de Ángel Gavín Bailo

A todos sus habitantes y a don Ángel Gavín especialmente, por ser alma de todo movimiento honrado e iniciador de las más loables y beneficiosas empresas, enviamos nuestra felicitación cordialísima por el éxito, significación y brillantez de la hermosa y educadora fiesta del Árbol.

Diario de Huesca del 17 de febrero de 1925

José Luis Villanúa Serrate: Panadero.


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Por Mareme Badiane. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

José Luis nació en Castejón de Monegros un 13 de agosto de 1952. Dice que, si no le fallan las matemáticas, tiene 67 años. La familia de su padre eran montañeses, de Villanúa como su apellido, un pueblo cerca de Jaca, y la familia de su madre era toda de Castejón de Monegros.

José Luis es el segundo de 4 hermanos. Su padre se llamaba Virgilio, era albañil y picapedrero, trabajaba muy bien la piedra y en Castejón hay muchas cosas que hizo él, como la pared del frontón, el ojo de la Iglesia…  Cuando era albañil construyó en algunos pueblos de colonización muy cerca de aquí como San Lorenzo entre otros. Su madre se llamaba María y como todas las mujeres de su época se dedicaba a sus labores que se decía entonces. Es decir, cuidar de los hijos  y llevar la casa que ya era bastante con cuatro hijos y un marido que por su trabajo siempre estaba fuera de casa.

Tiene 3 hermanos, dos chicos y una chica. Su hermano mayor se llama Tomás, vive en Tenerife, ahora está jubilado pero trabajó en Correos. Formó una familia allí y a Castejón vienen de vacaciones de vez en cuando. Su otro hermano Pedro fue panadero con él, también está jubilado y estos últimos años ha sido chofer del camión de residuos de la Comarca de Monegros. Y por último, su hermana pequeña, Begoña, trabaja y vive en Zaragoza, es carnicera desde muy joven y sigue en el gremio.

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José Luis comenzó a trabajar con 12 años de panadero y no ha parado hasta su jubilación. Bueno, dice que se tomó 2 años de ”vacaciones” en Tenerife donde trabajó de barman en un Restaurante del Puerto de la Cruz. Se fue con su hermano pero él se tuvo que venir.

Ha sido un poco viajero pero siempre para trabajar. Con 14 años se fue a Villafranca de Ebro de panadero, con 18 a Tenerife, con 20 a Bujaraloz y con 23 a Peñalba de panadero también.  Con 24 años volvió a Castejón donde se casó con Nieves. Hasta hace 25 años que se vino a vivir y trabajar aquí a Sariñena.  Lugar donde vive con su mujer, hija, yerno y su mejor perla su nieto Pablo, que es el que más ganas de vivir le da.

 

Su infancia no fue la época más inolvidable para José Luis, ya que en aquellos tiempos no tenía grandezas como ahora pero con poco eran felices. Fue a la escuela hasta los 12 años y después a trabajar. Aunque recuerda jugar a los pitos o canicas, al bote, al pañuelo, saltar.  Le gustaba jugar a las tabas que era el hueso de la rodilla del cordero.  Recuerda ir buscar agua a la balsa y a la fuente ya que, cuando era pequeño, no había agua corriente en las casas.  Iba siempre cargado de pozales y cantaros. También recuerda que tenían algún animal para engordarlo y matar.

Dice que a la escuela fue poco pero lo pudo aprovechar bien. No destacaba mucho por los estudios pero ahora se da cuenta que le hubiera gustado estudiar. Pero no había posibles en su casa para eso. José Luis apunta que siempre les repite lo mismo a los alumnos de su hija: “Estudiad… que para burros ya estamos suficientes, luego te acordarás y te arrepentirás como me paso a mí”.

La juventud de José Luis la resume como trabajo, trabajo y trabajo. Tenía pocas horas para juergas. Siempre se acuerda que cuando todo el mundo estaba de fiesta él tenía que ir a trabajar,  ya que el trabajo de panadero siempre es de noche.  Alguna juerga ha tenido pero siempre a trabajar sin dormir.  El baile y la música es su gran pasión. En casa tiene una guitarra pero nunca ve el momento de ir a aprender a tocarla. Ahora dice que como habla Joaquín Sabina en una canción…”Ahora es demasiado tarde princesa”, le encanta Joaquín Sabina.

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Se casó con 25 años con Nieves Mayoral ella tenía 21 años. Se casaron en noviembre en Castejón de Monegros. Un domingo recuerda. Su viaje de novios fue 10 días a Tenerife. A los 9 meses de su boda nació su primer hijo, Daniel y 8 años después Blanca.

Se le cae la baba al hablar de sus hijos, José Luis me explica que ha tenido mucha suerte con sus dos hijos. Dice que son muy buenos, inteligentes y muy trabajadores. Su primer hijo se llama Daniel, tiene 41 años y actualmente tiene una autoescuela en Fraga con su mujer, Paola. Y Blanca, tiene 33 años, es autónoma y da clases particulares,  también trabaja de secretaria en la Asociación Monegros Empresarial.  Tiene un hijo de 2 años y medio que se llama Pablo con Dani, su “joven”.

Su vida adulta se vio truncada por una operación a los 50 años que le cambió la vida por completo. Un tumor cerebral hizo que tuviera que dejar de trabajar con 55 años. Así que su vida actual es ir al corral, trabajar un pequeño huerto que tiene y cuidar de su nieto.

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Refranes que siempre dice uno: “Si la envidia fuera música, no haría alta traer orquesta pa´las fiestas”. Y recuerda que un hombre de Castejón le decía que el mejor remedio para los dolores era el agua, ¡AGUANTARSE!.  Aunque el que más le llena de emoción es el que es referente a la patrona de su pueblo: “Santa Ana, buena muerte, poca cama”.

José Luis me habla de las creencias y tradiciones. Piensa que muchas están desapareciendo en todos los sitios pero que siempre hay personas que luchan por recuperarlas. Y recuerda a su padre con el dance de Castejón de Monegros.  Que luchó para que no desapareciera y fue reconocido por ello.

Mareme Badiane

Tercero de la ESO

 

 

Ester Giral Ezquerra


Ester Giral

Por Darío Pueyo Serrate. Tercero de la ESO. IES Gaspar Lax.

Ester Giral Ezquerra, nació el 16-5-1943, Castejón De Monegros (Huesca). Es hija  de Vicente y Florencia, agricultor y ama de casa, fue la menor de 4 herman@s, (han fallecido dos hermanas), el otro reside en la misma localidad.

Tuvo una infancia feliz, jugaban a la comba, a la zapatilla por detrás, al corro la patata…. Las canciones típicas de esa época eran: Conchita va en un coche caraba y la chata la mandanguera.

No trabajó fuera de casa pero ayudó mucho a sus padres en los trabajos agrícolas. Como iba al monte muchas noches dormía en masadas o casetas y tenía mucho miedo porque se pensaba que los árboles eran personas.

En las casas no había agua, la iban  a buscar a la fuente que había en el pueblo, usaban cántaros,  pozales y  botijos. Tampoco había luz y se iluminaban con candiles.

En la mayoría de las casas había animales domésticos En casa de mi abuela tenían un burro, cerdos, gallinas, conejos, pollos y patos.

Mi abuela finalizó sus estudios primarios en la escuela pública de Castejón de Monegros, en la que había dos clases una para chicos y otra para chicas. De mayor, cuidaba a los niños pequeños, hubiera sido una buena maestra.

De joven, aprendió a coser y bordar junto a otras chicas de la localidad, en casa de una señora particular que les enseñaba en su casa. Después ejerció de bordadora durante muchos años y era ella la que enseñaba a otras jóvenes que realizaban su propio ajuar.

Se casó con un joven del pueblo, mi abuelo Javier y se quedaron a vivir en la localidad de Castejón de Monegros. Fueron padres de tres hijos: Beatriz, mi madre, Yolanda, y Raúl. Tienen 6 nietos.

Durante su juventud se divertían los domingos en el baile de casa el Ronquillo, donde los chicos sacaban a bailar a las chicas y ellas les indicaban  el turno de la canción que les concedían.

En aquellos años pasaban muchos comediantes por los pueblos. En Castejón estuvo actuando junto a sus padres el famoso Andrés Pajares y Fernando Esteso. Eran los años 60 y residían en la localidad unos 1.300 habitantes. Ahora apenas residen 500 habitantes.

Mis abuelos se casaron en la iglesia de Castejón de Monegros y celebraron el banquete en el salón del baile. Fueron de viaje a Barcelona con los autobuses de Agreda y regresaron en una moto Ducati que se compró mi abuelo. Eligieron esa ciudad porque allí residían familiares de mi abuelo que les llevaron a visitar varios monumentos, teatros, parques…

Al regresar del viaje de novios se trasladaron a vivir a unas casas construidas a la entrada del pueblo donde todavía residen.

Mi abuela trabajó como bordadora y fue ama de casa. Mi abuelo fue conductor y trabajó en la construcción. Actualmente están jubilados.

Les gustaba pasar los domingos haciendo excursiones familiares al campo: a un monte, cerca de Monegrillo “el monte Pina o Miramón”, y al río Alcanadre, en el monte de Jubierre.

Como tradiciones celebraban las fiestas patronales: San Sebastián, San Miguel, San Isidro y Santa Ana, en cuya procesión mi abuelo ejerció el personaje de diablo, durante 27 años y yo participé junto a él con 5 años en el papel de ángel, realizando la lucha del bien y el mal. Me hizo mucha ilusión.

Mi abuela ha aprendido mucho de la sabiduría popular. Sabe muchos refranes: “No por mucho madrugar amanece más temprano”, o relacionadas con sus patrones “Santa Ana, buena muerte y poca cama”, “San Sebastián bendito, cortinas verdes, por debajo la cama corren las liebres”.

En el pueblo se conservan muchas tradiciones populares en las que mi familia ha participado, como para las fiestas de San Sebastián subimos al castillo a coger naranjas que reparten los mayordomos. También se disfrazan cabras en el baile para un concurso. En Semana Santa también hay muchos actos religiosos: el día de viernes santo se realiza un descendimiento de un Cristo articulado desde hace muchos años que vienen a verlo desde otros pueblos y atrae a muchos visitantes. Para la aparición de San Miguel, el 8 de mayo se va en romería desde el pueblo a la ermita de Jubierre, mi abuela bajaba con sus padres con el carro y las mulas, después por la noche se paraba en las canteras y hacían hogueras.

Para Santa Ana, el 26 de julio, se va en procesión a la ermita junto a mairalesas y grupo de dance.

El pueblo de mi abuela tiene mucho patrimonio cultural: Castillo, Iglesia con pórtico, varias Ermitas, Fuente Madre, donde mana agua de forma continuada. También se mantienen muchas tradiciones.

Darío Pueyo Serrate

Tercero de la ESO A

Pueblo: Sesa


Sesa pertenece a la comarca de la Hoya de Huesca, aunque para los jóvenes su centro de referencia es el IES Montes Negros Grañen. A orillas del Guatizalema, destaca la ermita de la Jarea  y la iglesia de Juan Bautista. La localidad ha sufrido un gran descenso desde los 834 habitantes en 1900 hasta los 167 habitantes en el 2018, una pérdida del 79,97% de su población. Sesa presenta una densidad de 5,43 hab./km² con un índice de viabilidad demográfica de menos tres.

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A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Isaac Sacristan Peréz de Tudela

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 4º de la E.S.O.
  • Localidad: Sesa.
  • Película: El niño de pijamas de rayas.
  • Música: Alejandro Sanz.
  • Deporte: Fútbol americano.
  • Equipo: F.C. Barcelona.
  • Aficiones: Jugar a vídeo juegos.

Actualmente a Isaac le gusta más la ciudad “Hay más gente y más movimiento”, pues en Sesa no tiene mucho que hacer: “Antes venía más gente pero ahora se han despreocupado del pueblo y ya no vienen”. Así, que a Isaac no le gustaría quedarse a vivir en Sesa “Hay que desplazarse siempre a todos lados”. Cada dos por tres suele ir a Grañen para estar con los amigos y sobre todo cuando hay alguna fiesta.

Le gusta el deporte y juega a fútbol americano en Villanueva de Gallego, donde va a entrenar cada semana. Del pueblo le gusta la libertad, salir seguro por la calle y por las noches “Los padres no están tan pendientes, te tienen más a mano” aunque está todo demasiado desierto “Solamente estamos cuatro jóvenes”.  La piscina es lo mejor, las fiestas son muy pobres y no hay mucha actividad. La iglesia de Sesa es lo más representativo del pueblo.

En principio quiere estudiar nutrición y deporte, aún no tiene muy claro dónde “Dependerá donde llegué la nota”. Hace falta gente en los pueblos, a Isaac le gustaría que se arreglasen las casas: “Tendría que haber más actividades que hagan más atractiva la vida en los pueblos. Hay pueblos muy vacíos, tendría que haber alguna tienda que no te obligase a desplazarte por cualquier cosa. Antes se vivía del campo y había mucha más gente.”

Inma Satué Carrera

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 3º de la E.S.O.
  • Localidad: Sesa.
  • Música: c/dc.
  • Deporte: Fútbol.
  • Equipo: Real Madrid.
  • Aficiones: Descansar.

A Inma le gusta el pueblo y también le gusta la ciudad, pero las fiestas de los pueblos son mejores: “En Sesa no hay muchas cosas, no hay tienda y el bar se abre a ratos, a veces sólo en fin de semana”. Inma quiere estudiar en Huesca, estudiar mecánica  o quedarse en el pueblo con la explotación familiar, en la granja de su padre.

La fiesta es lo que más le gusta, cuando hay gente, el buen ambiente y el buen rollo que hay entre todos: “La gente va viniendo cuando puede, cuando vienen con sus padres, a pasar el verano, navidad o semana santa”.

En el pueblo hay muy poca gente y no se puede hacer muchas cosas por el pueblo, están pocos y siempre los mismos “A veces cansa, pues mucha gente marcha a estudiar y a trabajar a Huesca”.

La ermita es un lugar especial de Sesa, se encuentra en la parte alta del pueblo, es un lugar muy tranquilo “Hay una cueva a unos tres kilómetros del pueblo, es un buen paseo para ir andando, corriendo, en bici o en moto”. Echa en falta la panadería, la han cerrado recientemente, una tienda… hace años había hasta un estanco, una peluquería y el bar lo abrían todos los días. “Iría bien algún local como peña, no hay nadie en los pueblos no hay casi gente. Los pueblos viejos están vacíos: Sesa, Tramaced, Piraces… en cambio, los de colonización, aún gozan de cierta buena salud”.

Inma ve muy difícil una solución: “Quizá se podrían hacer pisos, arreglar casas y alquilarlas para que venga gente a vivir, pero claro, hace falta más trabajo y sin trabajo los pueblos se mueren”.

Continuará…

Pueblo: Barbués


Barbués, al norte de la comarca de Los Monegros, destaca por su atípico castillo  medieval, con influencia musulmana, del siglo XVI. Actualmente cuenta con una población de 77 habitantes, presentando una densidad de 3, 93hab/km² y un índice de viabilidad demográfica de menos dos. La pérdida de población ha sido progresiva desde que, en la década de 1920, sufrió un gran descenso, pasando de los 504 habitantes en 1920 a los 253 en 1930, una pérdida del 50% de su población.

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A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Carlos García Cabanillas

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 4º de la E.S.O.
  • Localidad: Barbués.
  • Música: Ac/dc.
  • Película: Titanic.
  • Deporte: fútbol.
  • Equipo: Real Madrid.
  • Afición: Cazar.

Carlos es de pueblo, le gusta más que la ciudad “Las cosas que se pueden hacer en un pueblo no se pueden hacer en la ciudad”. La libertad, las noches de verano…  además a Carlos le gusta mucho la agricultura y la ganadería. Carlos quiere vivir en el pueblo, quiere estudiar un grado en agricultura y quedarse a trabajar en casa.

“El verano es la mejor época en los pueblos, hay más vida, la piscina, la pista de pádel, fútbol…” En invierno tienen una peña donde se juntan los jóvenes, es un lugar donde encontrarse y estar juntos. “Lo malo es que la gente se va a Huesca y se hacen pocas cosas para mantener el pueblo. Una tienda iría bien para las personas mayores”.

“Las fiestas de invierno son buenas, son más largas pero hace frío, las de verano también son buenas”. Además, en Barbués se hacen las tradicionales hogueras de San Fabián. El castillo de Barbués es un lugar muy característico y especial del pueblo.

En el pueblo fijos estarán unos cincuenta, Carlos ve que cada vez hay menos gente “En Torres de Barbués habrá unas cincuenta casas y unos quince habitantes”. Mucha gente se queda a vivir en Huesca “Por no estar viajando y cogiendo el coche en invierno y días con niebla”.

“Antes todos los días estaba lleno de gente, ahora hay un club social, cuando va uno lo abre, ya no es lo mismo. Antes había vida por las calles y ahora sólo cuatro gatos.”

Continuará…

Pueblo: Tramaced


Tramaced se encuentra a las faldas de la pequeña sierra de Tramaced y pertenece a la comarca de la Hoya de Huesca, pero van a estudiar al IES Montes Negros de Grañen.  Tramaced cuenta actualmente con una población de 99 habitantes presentando una densidad de 6,94 hab./km², su índice de viabilidad demográfica es de menos dos. Tramaced ha ido perdiendo población, a principios de la década de 1960 eran 192 habitantes, perdiendo casi el 50% de su población, el 48,43%. El testimonio de Unax es especial, de vivir en una de las capitales del mundo, en Barcelona, a estar en un pequeño pueblo donde él es el único de su edad.

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A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Unax Guallart Preciado

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 4º de la E.S.O.
  • Localidad: Tramaced.
  • Libro: Comics.
  • Música: Ac/dc.
  • Película: El gigante de hierro.
  • Deporte: Baloncesto.
  • Aficiones: Salir con los amigos e ir en bici.

Unax viene de Barcelona, ha vivido en Sodeto cuatro años y ahora lleva tres meses en Tramaced. Un cambio brutal, de una gran ciudad, considerada entre las diez mejores del mundo, al desierto demográfico de Los Monegros.  Así, es natural que a Unax le guste más la ciudad “Hay un montón de cosas y puedes hacer muchísimas cosas más”.

“En la ciudad puedes ir andando o en metro, aquí, si quieres ir a otro pueblo, te tienen que llevar”. Quiere estudiar bachiller en Huesca y luego, quizá, una carrera y volver a  Barcelona. Pero a Unax también le gusta la vida de pueblo, aprecia lo que tiene, la naturaleza y pasear hasta la ermita  de la Virgen del Puyal “Es un paseo majo”, la ermita está en un lugar elevado y es un lugar muy especial. Le gusta mucho el contacto con la naturaleza: “Es más real que un parque”.

“Si no vives en un pueblo un poco grande como Grañen no hay nada en los pueblos y te tienen que llevar”. De Tramaced sólo están dos chicos que van al instituto de Grañen. Al principio le gustaba la idea de vivir en un pueblo, pero ahora Unax echa de menos la ciudad “El cambio fue muy fuerte aunque me adapté”. Falta comunicación entre los pueblos, comenta Unax “En Tramaced no hay nada, el pan lo traen con una furgoneta”.

Unax ve que la gente no está muy acostumbrada a salir “Los Monegros son majos pero se van despoblando, todos dicen que se quieren quedar pero tendrán que marchar”.

 

Marcos Lafuente Castell

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 3º de la E.S.O.
  • Localidad: Tramaced.
  • Libro: Los juegos del hambre.
  • Música: Oasis.
  • Película: Corredor de laberinto.
  • Deporte: Escalada.
  • Aficiones: Ir a la montaña.

Marcos es de pueblo, para él es más tranquilo y hay más libertad para salir por la calle. Quiere ir a Zaragoza y cree que no volverá. Le gusta la gente: “La gente del pueblo es muy maja pero son pocos”. Marcos echa en falta más gente, para las fiestas “La gente se va a la ciudad”.

De Tramaced le gusta la pista de fútbol y el parque. Lo malo del pueblo es que muchos amigos se han ido a vivir a Huesca. Le gusta mucho la fiesta de verano, antes se celebraban carnavales pero últimamente no.

La iglesia es muy maja y representativa del pueblo. Echa en falta gente, le haría mucha ilusión un rocódromo, aunque ya sabe que es imposible, Marcos es realista. Normalmente va a Huesca al rocódromo y puede practicar su deporte favorito.

Le preocupa la despoblación, “Estaría bien que la gente tuviera más hijos”. “En Tramaced hay pisos que se alquilan, pero están vacíos casi siempre. Antes había mucha más gente pero ahora hay poca.”

Continuará…

 

Pueblo: Sodeto


Sodeto, pueblo de colonización perteneciente al municipio de Alberuela de Tubo. Establecido en las tierras del Duque de Villahermosa, comenzó a construirse según un planteamiento inicial de casas aisladas hasta que al final se constituyó definitivamente como núcleo poblacional en 1956: “60 viviendas de colonos y 10 de obreros en el núcleo, además de las 14 viviendas diseminadas en las parcelas”. En el 2000 Sodeto tenía una población de 245 habitantes y 209 en el 2018. En 2011 les tocó el gordo de navidad de la lotería nacional, un empuje vital para ir manteniendo población.  

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A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión e inquietudes sobre la vida rural. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Montes Negros de Grañen y muy especialmente a Lurdes Gracia por ayudar a hacer posible este proyecto.

Javier Bescós Escario

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 4º de la E.S.O.
  • Localidad: Sodeto.
  • Libro: The Whitcher.
  • Música: La raíz.
  • Deporte: Boxeo.
  • Equipo: S.D. Huesca.
  • Aficiones: Deporte.

A Javier le gusta un tipo de ciudad intermedia Ni muy grande ni muy pequeña, tipo Monzón”.  Le gustaría quedarse en su pueblo, pero todo dependerá del trabajo: si tira para el campo y se queda a trabajar en la explotación familiar o la cocina; Javier quiere estudiar en la Escuela de Hostelería en Huesca.

Le encanta de los pueblos la relación entre personas, conocerse entre la gente y entre distintas edades, “Además, las personas mayores saben mucho y se aprende de ellos”. Lo peor de los pueblos es tener que desplazarse para hacer cualquier cosa y que hay poca gente.

De Sodeto le gusta el pinar cercano, donde está la torre de vigilancia de incendios en desuso y donde, desde una zona despejada y elevada, se contempla un amplio paisaje.

Las fiestas de septiembre son más largas y mejores que las de mayo, que son más cortas. Como tradición, en Sodeto se hace una matacía popular. Pero para Javier, sin duda alguna, el premio de la lotería nacional de navidad ha sido lo más relevante de Sodeto.

El lugar más especial es el parque de la Gabarda.

En los pueblos hace falta gente, aunque van volviendo algunos “Hay muchos empadronados pero en el día a día somos pocos, se nota mucho los fines de semana y los puentes”.

“Es muy incómodo necesitar cualquier cosa y tener que marchar a Huesca para comprarlo y además falta actividades para entretenerse”. Se siente monegrino, le gusta la gente, la zona y la agricultura. Su abuelo fue José Bescós Gil, uno de los últimos de abandonar Acín.  A Javier le parece mal la despoblación “La gente está a gusto pero en la ciudad hay más gente, servicios… sólo una tienda sería mucho, una tienda multiservicio”.

“Ahora es todo muy tecnológico, muy artificial.”

Erika Rodríguez Viñuales

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  • IES Montes Negros Grañen
  • Curso: 2º de la E.S.O.
  • Localidad: Sodeto.
  • Libro: El niño de pijama de rayas.
  • Música: Reguetón.
  • Película: La casa de papel (Serie)
  • Deporte: Fútbol.
  • Equipo: Real Madrid.
  • Aficiones: Ir en bici.

Erika prefiere la ciudad “Hay muchas más cosas, gente con quien quedar, salir por la tarde, comprar chucherías que, por ejemplo, es algo que no puede hacer en su pueblo”. Pero para Erika su pueblo es su familia, los amigos, su casa… “Todo es más tranquilo y seguro”.

Lo malo del pueblo es la soledad de diario, de su edad sólo están dos, aunque se juntan con otras edades, principalmente de menos edad. Afortunadamente en Sodeto tocó la lotería y la gente joven se ha ido quedando “Se notó mucho y ha dado mucha vida al pueblo, hay muchos niños y hasta se ha hecho una guardería”. Erika aprovecha fines de semana para ir a Huesca, para tener más vida y hacer muchas cosas, ya que en el pueblo está todo más vacío.

La loma es un lugar especial en Sodeto, Erika suele ir paseando hasta allí y donde conocieron unos amigos que tenían familiares en Sodeto, “Ahora vienen de vez en cuando e incluso van a la loma a merendar alguna que otra vez”. Le gusta mucho la fiesta de San Miguel “Como caen en verano viene mucha gente y se hacen gincanas”. “En verano se hacen hinchables en la piscina y hay mucha gente, el verano es mucho más alegre”.  Es muy tradicional la matacía popular,

Erika tiene pensado ir a estudiar a Huesca, a terminar el bachillerato y luego a la universidad, quizá criminología a Madrid. Hace falta gente joven, de su edad “Hay cosas en el pueblo pero falta gente”.  Los Monegros han tenido mucha historia, está la Gabarda donde va muchas tardes, a las tirolinas, va mucha gente y es muy conocido.

Grañen es un pueblo grande pero otros se van quedando en menos, si no hubiera tocado la lotería Sodeto igual estaría por la mitad.

Antes no había tantas comodidades.  Su abuelo le suele decir que ahora vivimos muy bien “En la casa de ahora antes estaba el establo, vestían como podían, a veces solo tenían dos mudas (una para trabajar y otra para el día de fiesta), unos zapatos… tenían muy pocas cosas”.

Continuará…