Archivo de la etiqueta: Losmonegros

La Cartuja de las Fuentes, crónica de un humilde pasajero


Aventurarse por estas tierras, en pleno verano, resulta de lo más inapropiado, por no decir del todo desaconsejable. Y me dirijo a vosotros, ávidos lectores, que ya sabéis de la dureza del estío aragonés, del calor sofocante del que uno no puede escapar, de esa sed insaciable que acaba mermando el mayor de los espíritus aventureros; por muy Campeador o Quijotesco gustes ser. 

Aquí, en Los Monegros, arden las mismas piedras y el mismo suelo; para nada resulta extraño que puedan morar aquí los diablos. Malditos paramos bajo al azote de un sol implacable, donde encontrar una sombra es ardua tarea, solamente algún escaso árbol salpica el camino, entre los campos abiertos dorados de cebada y trigo. Parecían interminables, con ese horizonte claro y con la sierra callada de Alcubierre al fondo, oscura, inquietante, con su recortada silueta y misteriosa impronta donde historias de bandoleros se suceden mucho más allá de sus confines.

Ya me hubiese gustado no hablar del bochorno, de ese aire abrasador que golpea la débil faz y agrieta la tierra, pues, en estas tierras, hasta el aire arde.  No puede ser de otra manera y el carruaje del correo aprovecha las horas de menor calor para proseguir su empresa hacía Zaragoza, recorriendo el viejo camino real desde que partimos de Monzón.

Sin mucho tardar alcanzamos Sariñena, villa inmortal donde las haya, y su rica vega a orillas del Alcanadre. Cuando el sol culminaba en el cielo, guardamos merecido descanso, no sin antes deleitarnos de una deliciosa y copiosa comida y regar nuestros ansiosos estómagos con vino recio de la zona. Un vino duro que por lo menos engañaba la sed. A la tarde dejamos atrás la inmortal villa, pasando por su salada laguna, con el hedor de un muladar donde se amontonaban los huesos apilados de aquel preciado bestia que con tanto esfuerzo ha sacado adelante a esta pobre gente. Toda una oda a la muerte y a la vida.

Habréis notado una desafección por parte de quién redacta estás atrevidas líneas, pues así fue parte de la idea que me acompañó durante gran parte del trayecto, hasta que descubrí lo que, sin duda alguna, debería de considerarse como un auténtico oasis en el corazón de Los Monegros y, por qué no decir, de todo Aragón.   

Primero avisté su torre elevada en la planicie, destacando en el agreste paisaje, entre secarrales de espartos, albardín, ontinares y sisallares, romerales y tomillares, y secanos llenos de segadores resecos, con callos en las manos y la carga a cuestas de una cosecha que apresuraba llenar los graneros. Entenderéis, queridos lectores, que esta es tierra de sed y hambre, de cosechas perdidas, sequias, plagas de langostas y otros males que a veces hacen comprender a quienes se echan al monte, al mal oficio de bandolero, de malhechores y rufianes delincuentes.

Pero volviendo a lo que en verdad nos atañe, allí estaba una de las más desconocidas cartujas, mimetizada en el agreste paisaje, con su color a tierra, formando parte de ella. No obviare que sentí un recogimiento al acercarme, era como si hubiese estado aguardando mi llegada, esperando, y yo no hubiese tenido o deseado otro fin o destino en mi aventura de la vida que acabar acudiendo a su feliz encuentro.

Los hermanos se afanaban en los trabajos de la vida, llevaban una rica huerta y cuidaban el ganado, los pastos y secanos del predio, de un olivar y vid. Dentro, los padres llevaban su retiro y recogimiento, de silencio, y su espiritualidad emanaba de las paredes del monasterio, lo impregnaba todo. Indudablemente, la virgen protege este templo perdido en mitad de la nada, en un lugar de los olvidados Monegros.

En los aledaños del monasterio, como por arte de magia, brotanan unas aguas milagrosas de una fuente manantial. Aflora de las entrañas de la tierra un agua apreciada y deseada, con propiedades curativas y, con total certeza, bendecida por la venerable Virgen de Nuestra Señora de las Fuentes. Estas dichosas aguas aplacan la sed que tanto aflige esta tierra, la rabiosa sed que se apodera de todo y hace de la vida una lucha constante. No negaréis que no hay mayor milagro en la tierra que el agua que nos da la vida y bien podéis hacer gala de ello las gentes de Los Monegros.

A la entrada del recinto amurallado, si os acercáis a ella, hallaréis una pequeña hospedería donde, como no podía de ser de otra manera, acabamos recogidos. El trato fue cordial, los aposentos sencillos pero acogedores, suficiente para gentes de paso. Reinaba la paz y se guardaba escrupuloso silencio, había que respetar el trabajo de los hermanos y el silencio de los padres, no se podía perturbar la atmosfera divina que gobernaba el barroco cenobio.

Al caer la noche, en su profundo silencio, algo me hizo abandonar mis aposentos. No fue ningún ruido ni nada me molestó, fue algo interior, algo me estaba llamando. Salí al patio del monasterio, todo permanecía en rigurosa calma, solamente el aire se movía ligeramente refrescando la noche. El cielo rebosaba de estrellas mientras paseaba por su patio, no tardé en alcanzar la puerta de la iglesia, estaba entreabierta y sentí que alguien había en su interior.

La curiosidad pudo con mi alma y no puedo aún dejar de evitar mi sorpresa y jubilo cuando pude contemplar la iglesia y, aunque estaba completamente a oscuras, se apreciaba un conjunto de pinturas de extraordinaria belleza, de colorido y calidad. Quedé absorto, recorrí una a una cada pintura, por la iglesia, por su paredes, bóveda, cúpula, tribuna y claustrillo, allí entré a una de las capillas, completamente a oscuras, sentí una presencia. Advertí su larga túnica blanca con capucha, su rostro contemplativo mirando las pinturas, escudriñando cada pincelada, como quien admira su obra. Se atusaba su larga y espesa barba blanca, no dejaba de mirar cada detalle, sin alterarse de mi presencia, pues en verdad ni me advirtió, ni se percató que estaba allí. Solo más pude hacer que retirarme de nuevo a mis aposentos.

A la mañana siguiente, antes de remprender la marcha, pude volver a contemplar la iglesia, la luz se apoderaba maravillosamente del espacio y las pinturas lucían en todo su esplendor. En una de las pinturas vi el rostro de Fray Manuel Bayeu y para mí sorpresa correspondía al mismo monje de la noche anterior. Fray Manuel Bayeu era el autor de tal inconmensurable obra, pintor entre los grandes. -Tristemente nos dejó hace poco más de un año-, fueron las palabras que dijo un hermano que nos acompañaba en nuestra visita mientras yo me quedaba absolutamente perplejo. Involuntariamente, un escalofrío me invadió el cuerpo, un tremendo recogimiento se apoderó de mí, no dije palabra, quedé mudo y a nadie conté que me había sucedido la noche pasada. Quedé tan sumamente impresionado que hasta dudé de mi cordura, si fue el maldito vino de esta tierra o si había sido un sueño en mi profundo dormir.

Me despedí prosiguiendo mi camino, dejando atrás sus muros y su silueta que se iba perdiendo en el horizonte. ¡Ay mis gozos por esta cartuja, de mis entrañas, devoto de su virgen y de su fuente de vida que fluye como la sangre en el cuerpo! ¡Ay de mi, que veo presencias en la casa de dios! ¡Ay mi virgen, a ti me debo!

Sí, tuve la suerte de encontrar entre sus muros al más desconocido de los Bayeu, saga de pintores familiarmente unida al ilustre, entre los más ilustres, extraordinario pintor de corte Francisco de Goya. Parece que es obra del mismo Goya, los coloridos murales no dejan indiferente a quien tiene el privilegio de poder contemplarlos.

Me permitiré en no caer en el efecto de no volver a elogiar las pinturas que envuelven tan majestuoso templo, de anticipar al lector en sus maravillas para que las podáis contemplar en persona y sorprenderos por vosotros mismos. Pues es bien sabida su belleza y espectacularidad en su grandeza mural que no deja impasible hasta al menos formado en estas ilustradas artes.

En vano dije anteriormente que en estas tierras debía de morar el diablo, llevado por una desacertada y superficial impresión, pues he de ser digno de reconocer mi error y rendirme a los pies de esta tierra hermosa que resulta todo un milagro para la vida. Debéis de ser sabedores, que en mi ha dejado profunda impresión y huella, que desde entonces es dado en mí una imperiosa necesidad de transmitir tales misterios que me acontecieron, pues, si en alguna ocasión tenéis el privilegio de contemplar la gloria de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, recordar que entre sus paredes aún mora Fray Manuel Bayeu velando por sus pinturas, protegiéndolas al paso del tiempo para que sean eternas.

Miguel Rui
El Eco de la Luz
5 de agosto de 1810

Artículo de ficción. Os Monegros, 2022.

La fuente del Milagro de la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes


¿Qué diremos de la fuente? La fuente fue la más concurrida, y, en verdad, que disponiendo de un agua tan excelente.

“Desde la Cartuja” S. Ortiz. Nueva España, 13 de mayo de 1954.

El entorno de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes esconde una fuente milagrosa por donde brota el agua en el árido y seco paisaje monegrino, todo un oasis: la fuente del Milagro. Un lugar donde, según la tradición popular, apareció la imagen de la virgen de Nuestra Señora de las Fuentes, dando nombre al monasterio de la orden cartuja, establecido a principios del siglo XVI.

Fuente del Milagro de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes

La fuente se localiza en una vaguada en un pequeño barranco al sur del actual monasterio y la loma contraria donde se encuentran las escasas ruinas del anterior monasterio. Cerca existen unos restos muy ruinosos de una pequeña iglesia. En el fondo, del pequeño y frondoso barranco, encontramos una pequeña construcción, un edificio de planta cuadrangular. Accediendo a su interior, podemos observar una construcción en mampuesto de caliza, abovedado y un suelo que casi siempre suele aparecer inundado. El agua brota a una pileta a través de tres caños que surgen por las bocas de unas figuras de cabezas humanas, en una placa metálica y rectangular con la inscripción – Agua Sulfatos Nitratada -. La placa debió de ser colocada cuando el monasterio fue utilizado como balneario a finales del siglo XIX.

A la izquierda aparece una entrada pequeña, con arco, que da paso a una red de galerías subterráneas que actúan para captar y canalizar el agua hasta la fuente. Las galerías fueron excavadas y parten en dos ramales, uno más corto hacía la derecha y otro a la izquierda mucho más largo que se divide en dos. De acuerdo al SIPCA (Sistema de información del Patrimonio Aragonés) su construcción se sitúa en la edad moderna, entre 1760 a 1790, con alguna reforma entre y 1881 y una restauración relativamente reciente en el 2011 –Tiene una puerta en el primer tramo, utilizada para regular la acumulación del agua. Tras esta puerta el ramal gira hacia la derecha y gira varios metros más hacia el fondo, donde se aprecian conductos para la filtración del agua y canales en el suelo para una mejor calidad del transporte. –

En el 2016, el Grupo de Tecnologías en Entornos Hostiles (GTE) de la Universidad de Zaragoza realizó un levantamiento topográfico de las galerías, cartografiando 220 metros de galerías. El resultado del trabajo se publicó bajo el título “La fuente del milagro, en la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes” (Revista Lucas Mallada nº 18), por José Antonio Rausa, José Luis Villarroel y José Antonio Cuchí.

Levantamiento topográfico. GTE Universidad Zaragoza.

El artículo señala que las galerías fueron excavadas en distintas fases, algunos tramos aparecen revestidos en obra de mampostería tomada con mortero de cal y otros presentan las paredes desnudas, incluso -Conservan huellas de instrumentos metálicos y pequeñas hornacinas-. Las galerías debieron ser excavadas por los mismos cartujos: -Los frailes, conocedores sin duda de las corrientes subterráneas, minaron el terreno en diferentes direcciones y la dotaron de una cantidad suficiente al abasto, no solo del convento, sino de una regular población. Aquí se ve de cuanto es capaz la inteligencia del hombre, aplicada a cosas útiles.- (El Diario de Huesca 27 de noviembre de 1875). Testimonios orales cuentan que debió de existir algún tipo de pozo de ventilación, ya que en la superficie se observaban montículos de piedra donde se situaban.

El agua abandona la construcción y, a través de un reguero, conduce barranco abajo, hasta una pequeña balsa de almacenamiento. La fuente surtió a los monjes de agua de boca, riego y como fuente de energía del molino, apuntan desde SIPCA. -La fuente que riega la huerta, metida en un barranco, debió ser un manantial escaso de agua. También ensayaron el cultivo del olivo y de la vid, pues junto a la casa se ve un hermoso olivar y un campo con varias filas de una y otra planta, hoy lozanas y en completo desarrollo.- (El Diario de Huesca 27 de noviembre de 1875).

Como hemos comentado antes, el conjunto monástico fue transformado como balneario entre 1877 y 1891, según el SIPCA -Debido a la calidad de las aguas, el conjunto fue convertido en balneario durante un breve período tras su desamortización.–

Un nuevo establecimiento balneario se ha abierto en la provincia de Huesca, titulado de la “Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes”. Su excelente agua sulfato nitratada está dando gran resultado para la curación de varias enfermedades.

La Época, 23 de agosto de 1877.

El Globo, 1878

El balneario, fruto de la familia Romeo Belloc, quedó recogido en los medios de la época donde encontramos elogios al balneario y sus aguas. Incluso en una casa de Lanaja apareció una caja de madera para almacenar botellas de agua de boca de la Cartuja de las Fuentes.

La virtud de estas aguas, desconocida del público por espacio de tantos siglos, ha sido notada por el ilustrado propietario de dicha finca, D. Bernabé Francisco Romeo, y analizadas detenidamente, según tengo oído. por bastantes notabilidades médicas de España, los cuales las han encontrado excelentes para curar un sinnúmero de enfermedades. No puedo detallarlas porque no he podido hacerme con un prospecto, a pesar de la diligencia que para ello he puesto; pero esté V. seguro que no han de pasar muchos días sin que de todo me halle enterado, a fin de que por mi conducto lleguen estas cosas a conocimiento de los pacientes lectores de EL DIARIO, quienes de seguro aprovecharán mis noticias para buscar un remedio eficaz que ponga término a sus dolencias, o amengüe por lo menos las que hoy padecen.

Diario de avisos de Zaragoza Sariñena, 27 de junio de 1877.

Diario de Avisos de Zaragoza. Sariñena Editorial.

Querido amigo. Aquí me tienes hace ocho días saboreando los ricos manantiales de agua medicinal de que la naturaleza prodiga en toda clase de medios en bien de la humanidad, ha dotado a este establecimiento.

Cartuja de las fuentes (Sariñena) 24 de julio de 1877.

Diario de Avisos de Zaragoza. Sariñena Editorial.

Aquí se respira; el embalsamado y fresco ambiente vivifica, la temperatura primaveral que se disfruta reanima; y si a esto se añade los benéficos auxilios que proporciona la fuente medicinal, cuyas cristalinas aguas parece que incitan al más displicente y desfallecido, te con vencerás de la oportunidad de mi venida aquí, como el año pasado.

Cartuja de las fuentes (Sariñena) 24 de julio de 1878

Actualmente el agua no se puede considerar apta para el consumo humano. Este aspecto lo señala SIPCA  -Aunque la fuente continúa manando y sus propiedades son muy apreciadas por la población del entorno, carece de aprovechamiento, ya que, según los vecinos, debe ser consumida en el mismo lugar, pues pierde sus propiedades si es almacenada y transportada.–

Es el trabajo de José Antonio Rausa, José Luis Villarroel y José Antonio Cuchí, quien aporta un reciente análisis del agua de la fuente. Dicho análisis concluye: -Sin poder evaluar el efecto sobre la salud de los monjes y el fracaso del balneario a finales del siglo XIX, incluso en la actualidad, que el agua podría presentar problemas para su ingesta sin tratar.- Lo curioso es que cada uno de los dos tramos da un tipo de agua diferente, viéndose el tramo derecho afectado por el regadío frente al de la izquierda de tierras de secano -Uno más salino y cálido (galería principal y ramal oeste) procedente del acuífero del saso, en secano, y otro (galería norte) procedente de infiltraciones del cercano regadío. Hay que señalar que la cartuja se encuentra en el límite de la zona regada por el canal de Monegros.–

Sobre su carácter “Sulfatos Nitratadas”, el trabajo señala que, por lo general, -Las aguas subterráneas de la zona central de los Monegros suelen tener una composición tipo sulfatado sódico. – Mientras que las aguas del sistema de riego, procedentes del Gállego y del Cinca, tienen una composición bicarbonatado cálcica.– Sobre la característica de aguas nitratadas, actualmente se puede explicar por la presencia de una colonia de murciélagos en su interior a pesar de la actividad ganadera intensiva que conlleva una nitrificación de las aguas.

En definitiva, el agua del manantial es distinta al agua original y ha sufrido alteraciones, una “contaminación” modificando sus características y propiedades. Pero, ¿Cómo sería el agua del manantial? ¿Qué propiedades tenía?. Afortunadamente contamos con un análisis de sus aguas en torno a 1878, cuando el monasterio era balneario. El análisis fue elaborado por parte de la Escuela de Minas y aparece recogido en las memorias de la comisión del mapa geológico de España de 1878, en la descripción física y geológica de la provincia de Huesca desarrollado por Lucas Mallada. 

Entre el aluvión que cubre los derrames de la sierra de Alcubierre brota la fuente mineral de la Cartuja de Lanaja, a la que se ha pretendido dar importancia en estos Últimos años. Es muy abundarle, pues llega a 20 litros por minuto su caudal; brota á la temperatura de 17°, siendo 16° la del aire atmosférico; es de sabor algo salino, tiene una limpidez perfecta y se observan en ella algunas burbujas gaseosas muy fugaces. Cien litros de agua contienen, según análisis efectuada en la Escuela de Minas, las cantidades siguientes:

                                                            Gramos.

Carbonato sódico                             Indicios.

Carbonato ferroso                            Indicios.

Sulfato cálcico                                   35,00

Sulfato potásico                                4,30

Sulfato sódico.                                 39,70 

Cloruro sódico                                   10,40

Cloruro magnésico                           23,20

Nitrato magnésico                           27,20

Total                                                  139,80

La analítica aporta una interesantísima y valiosa información sobre la calidad del agua antes de su alteración. Con un caudal de unos 20 litros por minuto, el agua destacaba por su buena temperatura, casi ambiente, con un sabor salino, propio de Los Monegros, clara y limpia y con unas burbujas gaseosas “muy fugaces” fruto de los carbonatos. No obstante, las cantidades estudiadas responden a gramos por cada 100 litros de agua cuando lo propio son miligramos por litro:   

                                                            mgr/l

Carbonato sódico                             Indicios.

Carbonato ferroso                            Indicios.

Sulfato cálcico                                   350,00

Sulfato potásico                                43,00

Sulfato sódico.                                 397.00 

Cloruro sódico                                   104,0

Cloruro magnésico                           232,00

Nitrato magnésico                           272,00

Total                                                  1398,00

De acuerdo a los datos, las aguas correspondían a aguas sulfatadas, propias de zonas secas y áridas como son Los Monegros. Los sulfatos aparecen en diferentes proporciones, tanto cálcico, potásico y sódico. Estas aguas sulfatadas estimulan las funciones orgánicas, principalmente del sistema digestivo, utilizadas en discinesias biliares, así como también hepato-protectoras y purgantes.

Agua de la cartuja de las Fuentes

La sal, también presente de cloruro de magnesio, previene la formación de cálculos renales, así como también la prevención de lesiones musculares y equilibrante del pH sanguíneo. La salinidad, dada por el cloruro sódico, no es limitante para su consumo como agua de boca, aunque para su ingesta, actualmente, sería necesario un informe bacteriológico para saber si era muy potable.

Los nitratos son muy bajos, por lo que la anunciada cualidad nitrosa no se ve reflejada en el análisis.

En definitiva, las aguas correspondieron a aguas medicinales con diversas propiedades curativas. Un oasis brotando en los secos Los Monegros, respondiendo a un milagro doble, el manantial y la virgen, dando origen y vida al monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Todo un milagro.

Los Monegros/los Monegros/Monegros u Os Monegros


Los Monegros, como topónimo, se traduce en la composición de los términos “Monte” y “Negro”, presentando actualmente las diferentes formas de «Los Monegros», «los Monegros», «Monegros» e incluso «Os Monegros». En el presente trabajo indagamos en la propia naturaleza del término “Los Monegros”, en su raíz etimológica y evolución histórica, aproximándonos a su correcta denominación.

Los Monegros, oficialidad

Su denominación oficial es “Los Monegros”, Ley 17/2002, de 5 de julio, de Creación de la Comarca de los Monegros, artículo 1 que establece la creación y denominación de la Comarca de Los Monegros. Sin embargo, el mismo texto de ley, a pesar de su naturaleza jurídica, presenta ambigüedad al recoger, a la vez, las formas “Los Monegros” y “los Monegros”.

Evolución histórica

Durante el periodo de Al-Ándalus, Los Monegros fueron conocidos como «Al-Yabal al-aswad», término recogido por Emilio García Gómez en su trabajo Nuevas Ideas Sobre la Conquista Árabe de España. Toponimia Y Onomástica: Aswad, al-Yabal al- “Monte Negro” (al-Munt Nagar, Monegros). Concretamente, el término parte del geógrafo andalusí, al-UdriAl-Udri o El Odrí (Almería, 4 de septiembre del 1003 – Almería o Valencia, 1085) autor de un compendio geográfico-histórico sobre la Marca Superior de Al-Ándalus y que residió por algún tiempo en Zaragoza. En su descripción del término de la ciudad de Huesca, al-Udri expone: «Entre las sierras que están frente a sus ciudades y castillos y que sobresalen por su extensión, grandeza y vasta longitud y porque constituyen una cadena de montañas seguidas, está la sierra o monte conocido por al-Yabal al-Aswad ‘el Monte Negro’, que en la lengua de los cristianos se dice al-Munt Nagar, que un jinete a buena marcha recorre en tres días, mientras que una recua de trajineros lo cubre en seis etapas».

Emilio García Gómez señala que cuando en la toponimia hispanoárabe aparece la voz ‘niger’, ‘negro’ se pueden citar dos ejemplos: los Monegros de Aragón y Montenegro de Almería. Igualmente matiza “Yo creo que la sierra llamada al-Munt Nagar se identifica fácilmente con las sierras de la comarca de los Monegros, de gran extensión y limitada por los ríos Gállego, Ebro, Cinca y Alcanadre, desde Pina de Ebro y Sariñena hasta cerca de Fraga. Actualmente dicha comarca pertenece a los partidos judiciales de Sariñena y Fraga (provincia de Huesca) y Pina de Ebro (provincia de Zaragoza)”.

En el mismo siglo XI, el cantar de gesta francés Chanson de Roland, se calcula que fue escrito entre los años 1040 y 1115, nombra “Chernubles de Monegro”: De otro lado se encuentra Chernubles de Monegro. Sus cabellos son tan largos que le llegan hasta el suelo. […] Se dice que en su país ni hay sol, ni trigo creciendo, ni llueve, escarcha o rocía, que suelo y piedras son negros. Allí moran, según dicen, los demonios más perversos.” (El Cantar de Roldán. Transcripción de Redoli Morales (2006: LXXVIII, vv. 1773- 1786).

Durante el siglo XII se produce la incorporación de Los Monegros al Reino de Aragón, la zona norte por parte de Pedro I y la sur por el conde de Barcelona. El término árabe de Los Monegros sufre latinización. Gracias a Constantino Escuer, conocemos la denominación de “Monte Nigro” en 1168. La cita aparece recogida por el catedrático Ángel San Vicente en una separata de «Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita», dedicada a Perdiguera. La referencia se encuadra cuando Alfonso II concede «Illam almunian qui es in Monte Nigro qui vocatur Asterolas» (Esa almunia que está en Monte Negro que se llama Asteruelas) al abad Raimundo Guillermo del monasterio de Nuestra Señora del Salz, abadía predecesora de la de Rueda. Constantino matiza que “esa almunia es la ermita de Santa Engracia con el poblado aledaño y todo el monte, que hoy pertenece a Perdiguera, pues un comerciante que nació aquí, la compra al Cister cuando este atraviesa una crisis económica y cuando muere la dona a Perdiguera.”

En 1174 encontramos las denominaciones de “Monte Nigro” y “Montenigro”, ambas recogidas por Pascual Miguel Ballestín, en su trabajo toponimia histórica de Aragón (2007), basada en Agustín Ubieto. Es preciso señalar que, en estas primeras referencias, la composición de los dos términos resulta en singular.

Un documento de 1174, depositado en la Biblioteca de Cataluña, cita la sierra de «Monte negro». En el texto, Bernardo de Pallars, comendador de Sena y Sigena, dona a los pobladores de Sena y Sigena la sierra de Monegros, la cual el rey Alfonso I de Aragón donó a la orden del Hospital, a cambio de que paguen los diezmos y las primicias. (ES/BC – ARXIUHISTORIC_PERGAMINS/3558).

ES/BC – ARXIUHISTORIC_PERGAMINS/3558

En 1276, en el Archivo de la Corona de Aragón, aparece un documento de la época de Pedro III, Cancillería, registros, nº38, fol. 90v. Gracias a Ánchel Conte Cazcarro conocemos que el término Los Monegros se encuentra en la forma de “Monti Negri”, dativo singular.

Desde entonces, no es hasta 1619 cuando, en la descripción de Reyno de Aragón de Ioan Baptista Lavaña, aunque no aparece Los Monegros como tal, consta el lugar de “Castillón de Monnegros”. Reseñable que el sustantivo aparece ya en plural. Asimismo, son relevantes los diferentes lugares con una denominación distinta a la actual, como son el caso de Cap de Saso, Castelflorit, El Almolda, Farletillo, Laperdiguera. Monnegrillo, Poliñino, Xixena o Vallaries. Además, aparece San Caravas como san Caprasio y la denominación histórica del río Isuela hasta su unión con el Alcanadre.

Rafael Vidaller Tricas aporta diferentes referencias escritas sobre Los Monegros. Así conocemos en 1655 el Tratado de la peste de Çaragoça del año 1652, compuesto por el licenciado Ioseph Estiche, donde, en la página 36, pone: “Tan lamentable que se tiene por cosa de milagro no auerse despoblado los Monegros, Almudebar, Buxalaloz, y otros lugares”.

En 1719, en el mapa de Bourguignom aparece Castejón de Monegros como “Monnegro”, mostrando el sustantivo en singular. Igualmente, notables son la denominación “sierra de Alcubierre”, la “Venta” entre “Liciñena” y “La Perdiguera”, los “Monts de Liciñena”, “San Carpas” como san Caprasio y la ermita de “N.S. del Romero” en “Faratillo”. Otra particularidad del mapa es el camino de Barbastro a Zaragoza, que pasa al sur del santuario de Magallón.

“Monegros” y “los Monegros” queda patente en los Discursos sobre los medios, que pueden facilitar la restauración de Aragón. Continuación de las reflexiones económico – políticas. por don Thomas Anzano, 1768:

“Muchos son de sentir también, que la gran remesa que se hizo de Barcelona para la urgencia, en que se hallaba este Reyno, especialmente Zaragoza en el mes de mayo de 1766. era Trigo de Monegros, y así de otros lances.”

“Es menester suponer, que aunque en todos los Pueblos sería útil la ereccion del Póſito; pero á lo menos en la mitad convendría infinito, y podría ser que no fuese menester en mas. En la Rivera de Xalon en los Monegros, en la Litera, en la Hoya de Huesca, de las cinco Villas, Sierra de Luna, las Pedrolas, tierra de Belchite, y algunos otros Partidos seria convenientísimo.”

En la Memoria de la sociedad económica de 1780, Antonio de Sancha cita “los Monegros”: “De los países mas distantes del agua que hay en España es el de los Monegros, y en él se hizo un pozo para regar el único olivar que hay en toda aquella tierra árida: iquanto mas útil sería este artificio para prados! El trigo sarraceno produce en qualquiera sequeral, y es un gran alimento para los bueyes.”

Antonio Ponz, en su Viaje de España, de 1788, expresa “los Monegros”: “A una parte del territorio expresado llaman los Monegros: á mí no me parece tan inepto como otros que he visto en Cataluña bastante bien cultivados. Es cierto que es caso de aguas, y, aun escasísimo; pero ¿qué diligencias se habrán practicado para tenerlas?.”

Centrándonos un poco en Castejón de Monegros, este aparece recogido en el mapa de Guss de 1798 como “Castejon de Monegro” y “Castejón de Monegros” en 1816 en el Plano Del Reyno Tomas López y “Castejón de Monegro” en el mapa de Spanien de 1825. Otras denominaciones encontradas más antiguas son “Castillon de Monegro” y “Castellon de Monnegro” [1211]. Rafael Vidaller apunta que Castellón o Castillón de Monnegro, en los mapas del XVII y XVIII suele salir en singular.

En relación a la documentación escrita, Rafael Vidaller señala a Roque Alberto Faci, en Aragón Reyno de Christo y dote de María Ss.ma., de 1739, al hablar de N. S. de la Guía de Bujalaloz, dice: «Está situado Bujaraloz en el Partido llamado de Monegros» y nombra un par de veces «Bujaraloz y su comarca».

Poco más tarde, en 1792, Pedro Blecua y Pascual (Descripción topográfica de la ciudad de Huesca y todo su partido en el Reyno de Aragón) nombra «Monegros» y «Sierra de Monegros” (Apunte de Vidaller Tricas, Rafael).

Ignacio de Asso, en su Historia de la Economía política de Aragón (1798), señala Rafael Vidaller, nombra Monegros unas cuantas veces, por ejemplo en las páginas 53-54 dedica un espacio a su etimología: «La porción más extensa de dicha faxa, que corre desde el rio ácia oriente, comprehende el territorio de los Monegros, así llamado por…» …»Los Monegros están situados entre el Ebro y la sierra de Alcubierre…».

Madoz, en su Diccionario de 1845-1850 tiene una entrada para «Monegros (Los) Comarca de Aragón…», y en Alcubierre, sierra: «Entre los dos brazos en que se divide la sierra al llegar a Castejón, está el terreno llamado de los Monegros, famoso por…» (Apunte de Vidaller Tricas, Rafael).

Los Monegros también quedan recopilados en las memorias de la comisión del mapa geológico de España de 1878, en la descripción física y geológica de la provincia de Huesca elaborada por Lucas Mallada: “Queda a la derecha del Alcanadre y del Cinca, hasta los confines meridionales de Zaragoza, la parte más triste, más seca, más desolada de la provincia, constituida por la sierra de Alcubierre y los Monegros. Aquella principia en los cerros de Santa Quiteria, al S. E. de Tardienta, se eleva como punto culminante en San Caprasio y esparcida en lomas sinuosas, cerradas por tortuosos barrancos a uno y otro lado, con matorrales y algunos grupos de pinos torcidos y delgados, separa los términos de Torralba, Senes, Robres, Alcubierre, Lanaja y Pallaruelo (Huesca) de los de Leciñena, Perdiguera, Farlete, Foratillo y La Almolda (Zaragoza). Al O. de Castejon se levanta Monte Oscuro, que se prolonga al S. hacía La Almolda, constituyendo la sierra de su nombre, que limita la hondonada de Valfarla, Bujaralóz y Peñalba, centro de los Monegros. Esta comarca, compuesta también del término de Candásnos, y parle de los de Fraga, Ballobar, Ontiñena, Villanueva de Sigena, Sena, Pallaruelo y Lanaja, es uno de los más agrestes y solitarios países de España, de los más secos y desnudos, rico en cereales algunos años, pero en general completamente árido.”

Etimología

Los Monegros, por lo que hemos podido constatar, podemos plantear su origen árabe. Lo que está claro, es que de acuerdo con las diferentes formas, al-Yabal al-Aswad al-Munt Nagar, Monte Nigro, Montenigro, Monti Negri, Monegro, Monnegro, Monnegros y Montesnegros, además de las aragonesas Mon Negro y Mons Negros, etimológicamente el sustantivo Monegros se compone de las palabras Monte y Negro, como ya habíamos comentado al principio. Así, Los Monegros, responden a un topónimo claramente descriptivo, a aquellos que describen o enumeran alguna característica física del lugar, que resulta especialmente sobresaliente o relevante.  

Precisando su condición de monte, según la definición de la RAE (Real Academia de la lengua Española), sus dos primeras afecciones corresponden a:

1. m. Gran elevación natural del terreno.
2. m. Tierra inculta cubierta de árboles, arbustos, matas o hierba.

Por lo tanto, es evidente que el topónimo se refiere a una elevación del terreno que podemos asegurar responde a la sierra de Alcubierre, totalmente predominante en un territorio principalmente llano, tierra plana. Como habíamos visto al principio, en el siglo XI el geógrafo andalusí, al-UdriAl-Udri ya definió a los Monegros como el territorio al sur de Huesca, la sierra negra.  

Mientras, el adjetivo “Negro” parece ser que hace referencia a la tonalidad oscura de la sierra de Alcubierre con su vegetación de pinar, carrascas y sabinas, que a la distancia se observa al horizonte oscura y negra en contraste con los suelos pobres y desnudos, blanquecinos del llano.

Sin embargo, históricamente se ha considerado Los Monegros una mancha oscura por entenderla cubierta de vegetación. Es indudable que la comarca sufrió una gran deforestación, en ocasiones erróneamente atribuida a la armada invencible, pero el carácter árido y estepario del llano siempre ha estado presente desde tiempos inmemoriales. Este es el caso de Lucas Mallada, en su descripción de la provincia de Huesca de 1878: “Su nombre parece ser contracción de Montes Negros, y así debieron dibujarse totalmente los cerros y lomas que los componen antes de ser arrasados en largos trechos, limpiándoles de leña y arbolado; por lo cual hoy resultan más bien cenicientos y blanquecinos, y tan escasos de agua, que pocas comarcas habrá en la Península de menos manantiales.”

Los Monegros plural

Los Monegros ha sufrido la pluralización de su nombre, del singular Monte Megro o Mon Negro al plural Montesnegros. En este sentido es claro Francho Nagore Laín (Aragonesismos y otras voces de interés en Banderas rotas, de José Antonio Labordeta) quien manifiesta que “Naturalmente, el término analógico se basa en la falsa y común creencia de que Monegros proviene de Montes negros”, apuntando que “el uso en plural debe de ser posterior cronológicamente al uso del singular, Monegro”. Para ello argumenta que “el nombre de la localidad de Monegrillo es diminutivo de Monegro y la imposibilidad, desde el punto de vista de la evolución fonética, de que Monegros se cree a partir de Mons negros (en aragonés) o Montes negros (en castellano)”. Francho Nagore concluye que “Monegro se explica perfectamente a partir del singular Mon negro. Una vez creado el término Monegro, es cuando pudo difundirse, hasta generalizarse, el uso del plural Monegros”.

El artículo los

Como hemos visto al principio “Monegros” suele aparecer escrito principalmente con el artículo “Los/los”, tanto inicial en mayúscula o en minúscula. El uso del articulo Los/los viene regulado por la RAE (Real Academia de la lengua Española), concretamente la ORAE, 3.3.2. (Ortografía de la Real Academia de la lengua Española) estableciendo las mayúsculas iniciales en función de la condición o categoría cuando el artículo forma parte «oficialmente» del nombre propio, ambas palabras comenzarán por mayúscula. Ejemplos: El Salvador, La Zarzuela, La Habana, Las Palmas…».

En su evolución histórica, todo apunta a que el artículo “Los” ha pasado a formar parte del nombre propio, por lo que, de acuerdo a las actuales normas ortográficas, corresponde colocar con mayúscula inicial el artículo, lo que ha quedado consolidado con su propia denominación oficial de “Los Monegros”.    

Consideraciones

La sierra de Alcubierre, además de dar nombre a esta tierra, también ha servido para delimitar las zonas norte y sur de Los Monegros. Esta división se ha traducido en la parte norte dependiente del partido judicial de Sariñena y la sur al partido de Monegros, con capital en Bujaraloz. Todo hasta la creación de la actual comarca de Los Monegros con su propia delimitación. Zonas como Ballobar, Candasnos, Ontiñena e incluso Pina de Ebro, que han formado parte de Los Monegros históricos, han quedado excluidas de la delimitación comarcal oficial. Igualmente, diferentes poblaciones que nunca habían formado parte de Los Monegros han pasado a formar parte de la comarca.

Podemos considerar la sierra de Alcubierre como el corazón de Los Monegros. Sin embargo, Los Monegros connota aridez e incluso consideración de “desierto”, concepto más publicitario que real y curioso cuando su propia etimología se refiere a una sierra cubierta por una gran masa forestal. Así, se ha ido creando un imaginario de Los Monegros, incluso convirtiéndose en una marca reconocida, una imagen que transmite idea de desierto, paisaje árido y seco, muy asociada a diferentes acontecimientos multitudinarios y de gran repercusión internacional como la marcha ciclista Orbea Monegros, el evento internacional Nowhere y muy particularmente el festival de música electrónica “Monegros Desert Festival”. Por lo tanto, Los Monegros adquiere una dimensión mayor más allá de su concreción geográfica y natural, transcendiendo a una marca propia en sí misma. 

Por ello, aunque las diferentes formas de nombrar Los Monegros se puedan entender en diferentes contextos, hay una forma correcta de escribir Los Monegros, como territorio y comarca.  

Conclusión

En definitiva, Los Monegros provienen de Monte Negro, haciendo referencia a la sierra de Alcubierre, aproximando su origen al periodo musulmán de Al-Ándalus. En sus diferentes formas históricas, el topónimo Los Monegros ha sufrido dos evoluciones claras: su pluralización y la incorporación del artículo “Los”, que ha pasado a formar parte del propio nombre, concluyendo que debe de escribirse con la inicial en mayúsculas. Por lo tanto, la forma correcta y oficial responde a Los Monegros. Un hogar y un paisaje.

Con la colaboración de Ánchel Conte Cazcarro, Constantino Escuer Murillo y Rafael Vidaller Tricas.

Constantino Escuer Murillo


Constantino Escuer Murillo es de Perdiguera, donde todo el mundo le conoce como Costán. Es agricultor, dedicándose al cultivo de cereales de secano, almendros y un pequeño olivar de donde saca el aceite que consume. Disfruta mucho con un buen libro y le gusta observar todo lo que la naturaleza le ofrece, especialmente en el mundo de la entomología y de la botánica. También le interesa mucho todo lo relacionado con la historia de su pueblo, Perdiguera, ya sea investigando en los archivos municipales o recopilando fotografías antiguas.

Costán lleva prácticamente desde el principio vinculado a la revista Montesnegros, como colaborador y parte del equipo de redacción. Con motivo del trigésimo aniversario de la revista Montesnegros (Montesnegros, 30 años), nos adentramos a conocer a parte de sus colaboradores y, a modo de entrevista, sus pueblos, la revista Montesnegros y una significación sobre nuestra tierra: Los Monegros.

Perdiguera

Mis recuerdos de infancia son de un pueblo todavía en blanco y negro, con calles de tierra, iluminación escasa, agua recogida en aljibes y con una agricultura que comenzaba a cambiar las caballerías por los primeros tractores.

En la escuela todavía se separaba a los niños de las niñas y cuando salías, a casa a buscar la merienda y a jugar por las eras.

Según íbamos creciendo, el pueblo iba cambiando, llegó el asfaltado de las calles, el cambio de las viejas bombillas por farolas (recuerdo que el día que las estrenaron, cogí a mi abuelo por la mano, lo saqué a la calle y le dije: mira abuelo, parece que es de día), vino el agua corriente con su red de vertido, se construyó la piscina municipal, comenzó la restauración de edificios como la iglesia y el ayuntamiento, se creó la cooperativa, más tarde se hizo la concentración parcelaria y se construyó un centro multiusos…

En fin, Perdiguera fue modernizándose, cambiando en lo físico, pero también fue cambiando su población, que se iba marchando en un goteo constante hacia la ciudad y que pasó de estar ocupada en su gran mayoría en la agricultura a buscar nuevas salidas laborales.

Producto de esa pérdida de población fue la venta por parte del ayuntamiento de dos parcelas municipales para hacer dos urbanizaciones que sumasen nuevos habitantes a una población que se iba quedando pequeña y envejecida. Esto hizo que gente proveniente de distintos sitios, viniese a vivir a Perdiguera, integrándose con quienes ya vivíamos aquí y supuso una enorme revitalización para el pueblo y para su escuela.

Y aquí es donde ahora nos encontramos, en una localidad con buenos servicios, buena calidad de vida, pero que no obstante, comienza de nuevo a perder población.

Montesnegros

Hace ahora treinta años, yo era concejal de cultura cuando Antonio Letosa vino, con una revista que dirigía en Leciñena y que ya llevaba publicados dos números, a invitarnos a participar en ella junto a los vecinos pueblos de Farlete y Monegrillo,.

Reunidos con un pequeño grupo de vecinos comprometidos con la cultura, escuchamos su propuesta y le dijimos que podía contar con nosotros. Allí comenzó mi andadura en la revista como coordinador y articulista en Montesnegros.

Desde aquellos inicios, he participado con la redacción de setenta artículos y todavía sigo siendo el coordinador de la revista en Perdiguera.

La mayoría de mis artículos tienen relación con la naturaleza de nuestra zona. Comencé  con la botánica y ahora escribo sobre todo sobre la rica biodiversidad de invertebrados que tenemos en Los Monegros.

Como ya dije, me interesa mucho la historia de mi pueblo, Perdiguera, y he dedicado también varios artículos a escribir sobre mis investigaciones en los archivos municipales. Reconozco que estoy muy satisfecho de lo que he escrito en este campo, sobre todo lo relativo al uso del agua y en especial de uno dedicado a la presencia de lobos y linces en nuestra sierra.

La revista Montesnegros es el resultado del compromiso con la cultura de un buen número de personas, que altruistamente, ponen sus conocimientos y sus diferentes sensibilidades a disposición de sus conciudadanos.

Es una ventana abierta al pasado, al presenta y al futuro de nuestros pueblos, desde la que podemos ver pasar los diferentes aspectos de conforman nuestra idiosincrasia en temas como la cultura, el deporte, la salud, el trabajo, la naturaleza, la historia…

Que haya llegado a cumplir treinta años, con la participación de 550 personas y cerca de 2000 artículos es un hecho casi sin precedentes en el mundo de las revistas comarcales o locales y nos habla de una revista viva, que se va adaptando a los tiempos, cambiando cuando es necesario formato, contenido y diseño, pero sin perder un ápice su calidad.

Montesnegros es un nexo de unión entre los pueblos que participan en la confección de la revista y sé de primera mano, que sus lectores más fieles reciben con especial cariño cada número que se reparte, guardándolo en sus colecciones particulares.

Montesnegros es CULTURA con mayúsculas.

Los Monegros

Los Monegros son la tierra donde se anclan mis raíces y las de mis antepasados.

Es una comarca que por sus especiales condiciones (clima, suelo…) nunca ha puesto la vida fácil a quienes la habitamos, ya seamos personas, flora o fauna.

Esto, sumado a la actual tendencia de la población a desplazarse para vivir en las grandes ciudades ha supuesto una pérdida constante de población, especialmente en los últimos tiempos.

Pero quienes aquí resistimos y vivimos, tenemos la satisfacción de poblar una tierra con unos extraordinarios paisajes y una biodiversidad apabullante que nos sale al encuentro en cada recodo del camino.

La resistencia y la solidaridad son los valores que hacen de Los Monegros un lugar donde la vida se abre camino y se disfruta pese a las dificultades.

                                                                                                                  

Revista Montesnegros, 30 años.


Una retrospectiva a través de su director Ángel Longás Miguel.

La revista Montesnegros cumple 30 años de existencia. Una revista que abarca casi todos los pueblos de Monegros sur y que responde a todo un referente cultural en Los Monegros. Todo un hito en su historia, de esfuerzo, trabajo y pasión que lleva a sacar adelante una excepcional revista en el medio rural, gracias a sus colaboradores y que cuenta con el afecto y cariño de vecinos y vecinas que la esperan con ilusión. De la mano de su director Ángel Longás Miguel, nos adentramos en los entresijos de la revista, a la que felicitamos por su trigésimo aniversario y deseamos larga vida y andadura.

Ángel Longás Miguel

Ángel Longás Miguel, natural de Ejea de los Caballeros, ha vivido durante años en Perdiguera, implicándose socialmente y culturalmente en la localidad monegrina, vinculación que ha continuado a pesar de residir últimamente en Zaragoza. Doctor en filosofía, Ángel ha ejercido como docente en el instituto IES Avempace de Zaragoza, como profesor de filosofía, además de ejercer en distintos lugares como Aliaga, Barbastro o Huesca. Acabó en Perdiguera al ocupar su mujer la plaza de médica a partir de 1980 hasta 1992, luego fue designada a Villamayor trasladándose a vivir a Zaragoza.

Este 2022 la revista Montesnegros cumple su trigésimo aniversario. Sus comienzos fueron en Leciñena, en 1992, de la mano de su primer director Antonio Letosa Escanero -Una gran persona con una gran inquietud cultural-. Le pusieron el nombre de Montesnegros y empezó de forma cuatrimestral y, curiosamente, con el número cero. Al principio le pasaban los escritos a Antonio Letosa y él mismo los pasaba a máquina. Los dos primeros números solo salieron en Leciñena -En Leciñena había un gran ambiente cultural y ya había habido dos revistas anteriormente-. Pronto se unió Perdiguera -Estuvieron otras localidades, como Pina de Ebro, pero se salió, también lo hizo Alcubierre y al final volvió-.  Actualmente, la revista la componen los municipios de Leciñena, Perdiguera, Farlete, Monegrilllo, La Almolda, Bujaraloz y Alcubierre. La revista es semestral y cara tirada tiene 1.800 ejemplares.

La revista cuenta completamente con el apoyo de los ayuntamientos, aunque es independiente y hay absoluta libertad -Tratando de ser ecuánimes, plurales y que haya contraste de opiniones-. Mantienen un equipo de redacción que se reúne dos veces al año cuando preparan y organizan los contenidos para el siguiente número -Lo hacemos muy a gusto y voluntariamente, así la revista sale con entusiasmo-.

Revista Montesnegros. 30 años.

Montesnegros se estructura a través de diferentes secciones: el Pórtico que realiza un reconocimiento a una personalidad, le sigue una sección de documentación e investigación, otra de educación y miradas y una última sobre personas etnólogo historiadores, -Antes había una sección sobre asociaciones-. Se mantiene una buena estructuras, secciones y diseño y las portadas son cuidadas y llenas de diseño y creatividad, elaboradas por la artista Laura Campos. Son toda una obra de arte.

Algunas portadas de la revista Montesnegros. Montesnegros nº 50.

La revista lleva 30 años recogiendo la memoria de los pueblos de la parte sur de la comarca de Los Monegros –Culturalmente es una vida. El hecho que lleva 30 años demuestra la consistencia y el arraigo, no hay ni desaliento ni abandono-. En definitiva, la revista es querida, buscada y es recibida en cada casa -Los lectores habría que multiplicarlos, como poco, por dos por cada casa que recibe la revista-.  

Antonio Letosa estuvo hasta el 2011, cogiendo el relevo en su dirección Ángel Longás a partir del número 47. Ángel comenzó a colaborar con la revista de la mano de Constantino Escuer de Perdiguera, en torno a 1992 a 1995. Escribe sobre filosofía, pensamientos, reflexiones, ética y relatos y continúa ejerciendo la dirección de la revista.  Cuando llegó a Perdiguera le impresiono el contraste de la aridez y el pinar de la sierra de Alcubierre. Sigue yendo mucho a Perdiguera y está muy incorporado a la vida social del pueblo.

En el 2013 celebraron su número 50, dedicando un especial a la revista y repasando su historia: -Se supone que aguantará muchos años, el problema hoy en día es llegar a los jóvenes. Es muy adulta y para adultos. Se escriben cosas dignas, propias, que se pueden desarrollar. Nada de ecos o repeticiones, la revista, a través de sus artículos, consigue tener su propia personalidad. Es una revista comarcal que quizá debería de tener algo más de apertura. –

Revista Montesnegros nº 50.

30 años son mucho, toda una generación, viviendo el cambio de una generación -La revista es intergeneracional. Satisface ver cómo hay gente que se anima a escribir y se lanza a la revista. Superar ese miedo al folio en blanco, gente que igual nunca se había planteado escribir y nuca se había puesto a ello. Potencialmente creces y vas adquiriendo cualidades. Es una alegría considerable para el colaborador. Es garantía de pluralidad, contar con tantos colaboradores, consistencia y futuro tener a tanta gente colaborando con la revista. –

La revista Montesnegros es un nexo cultural de unión entre pueblos monegrinos, un tesoro que deja constancia de la historia, memoria y a la vez das las vidas, del día a día de nuestros pueblos del sur de Los Monegros aportando autenticidad, calidad y en definitiva cultura en mayúsculas gracias al empuje de personas excepcionales e imprescindible. Enhorabuena a todos los que hacéis posible la revista Montesnegros, ¡Enhorabuena y larga vida a Montesnegros!.

Horizonte


Horizonte. Amplio y profundo, montes distantes y oscuros, montes negros de mis amores. Sierra, que aguardas inquebrantable la vida entre eriales y campos de cebada y trigo. Sierra oscura y bella, hermosa entre tus vales y vertientes, entre tus cumbres y cimas, por tus paramos sedientos de estoicas sabinas que enraízan profundas en la tierra.

¡Ay!, montes de mis amores, con sus aromas y fragancias, donde doy mis pasos, embriagado de tus horizontes, con los Pirineos al norte y Los Monegros a los pies. Tierra agrietada, resuena la gaita y se danza la vida, se canta, con voz brava, a la tierra la jota del alma y se recitan versos que forman parte de la misma tierra, querido Labordeta.

Tierra hermosa, de cárcavas y barrancos, de torrollones y parajes espectaculares, singulares y únicos. Quiero perderme y no encontrarme, entre tus balsas y balsetes, en tu memoria de gentes forjadas ante un sol implacable, ante una tierra dura y salvaje, de sequias y polvo, de esfuerzo y luchas, de sueños y victorias.

Paisaje. Quien ama Los Monegros no sueña con molinos, sueña con una tierra orgullosa con sus grandes riquezas y virtudes, con su ecosistema y biodiversidad, con sus horizontes y paisajes.

Pueblos y gentes, queridos Los Monegros, en el corazón labrado, labrado a golpe de azada y arados, de sueños y esperanzas.

Quien ama Los Monegros no sueña con molinos, ni tampoco soñaba con casinos. Quien ama Los Monegros ama la tierra, paso a paso y palmo a palmo, con cada paisaje y con cada horizonte, ese que hay que mirar erguido, con la cabeza bien alta, con la sabiduría y el corazón vivo.

Respirar, respirar Los Monegros, sus cielos rabiantes al atardecer y al amanecer, cuando volveremos a soñarte tierra, tierra de Los Monegros.  

Dedicado a Rosma, con todo mi corazón.

Beatriz Serrate, bibliotecaria de Castejón de Monegros


Beatriz Serrate Giral nació en Huesca un 29 de junio de 1967 aunque se puede decir que natural de Castejón de Monegros, su pueblo. Una imprescindible que ejerce de bibliotecaria en su pueblo, amando a su biblioteca y a su gente.

Recuerdos de la niñez, escuela, juegos, tradiciones, la vida en el pueblo, marchar y quedarse.

Tuve una infancia feliz. Me gustaba ir a la escuela junto a mis vecinos. Recuerdo que nos avisábamos de unos a otros y subíamos juntos al colegio, con unas carteras de cuero que nos hizo de forma artesanal un guarnicionero de Castejón de Monegros.

En el patio del colegio jugábamos a la comba, la goma, balón prisionero y a las canicas. También nos gustaba coleccionar cromos de series infantiles televisivas: La Abeja Maya, Heidi.

Con 12 años cursamos la segunda etapa de EGB en el CRA de Peñalba, junto a alumnos de las localidades de Valfarta y Peñalba. Fue una experiencia muy enriquecedora y creamos unos lazos de amistad que se siguen manteniendo actualmente.  Fue la época de mi despertar cultural, colaborando en el periódico escolar, formando grupo de teatro y en el año 1980 una profesora me animó a participar en los I Juegos Florales de Poesía resultando ganadora del premio de La Rosa. Desde entonces me gusta mucho la poesía.

La vida en el pueblo era y es tranquila. La mujer desde siempre ha ocupado un papel muy importante en el medio rural, ejerciendo principalmente de cuidadora de sus hijos y de sus padres; y apoyando en las tareas agrarias y ganaderas.

En los años 70 hubo mucha emigración a ciudades como Zaragoza y Barcelona. Son los que ahora regresan a pasar sus últimos años de jubilación en el lugar que les vio nacer y mucho de ellos nuevos lectores de nuestra biblioteca.

¿Bibliotecaria? ¿Cómo has llegado a ser bibliotecaria rural?

Tras finalizar mis estudios universitarios de Trabajo Social en la Universidad Laboral de Zaragoza, en la que fui colaboradora de forma voluntaria de la Biblioteca de este centro; regresé a mi pueblo en el año 1988 y posteriormente fui la responsable de la biblioteca Pública de Castejón de Monegros.

¿Bibliotecaria rural, mucho más?

La Biblioteca es el principal centro de referencia cultural de nuestros pueblos. Es el lugar en el que los niños leen sus primeros cuentos, donde muchos adolescentes se han iniciado en el uso de las tecnologías, ya que allí se encuentra el telecentro rural de DPH; y el sitio en el que los lectores disfrutan de las últimas novedades literarias.

¿Qué es un libro?

Un libro nos permite soñar con los ojos abiertos y viajar a través de nuestra imaginación; nos abre puertas a otros mundos.

Un género literario, un libro imprescindible, escritor/a, una poesía, una palabra bonita, una gran frase, una película y una canción

Me gusta mucho la poesía, cualquier poema de Antonio Machado y un poema que me encanta es uno de Mario Benedetti “Te quiero”, principalmente esta estrofa que dice:

Te quiero en mi paraíso
Es decir que en mi país
La gente viva feliz
Aunque no tenga permiso.

Una palabra bonita: empatía.

Una gran frase: “Toda Biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad”, Irene Vallejo (El Infinito en un junco).

Una película: Memorias de Africa, Sydney Pollack.

Una canción: Y nos dieron las diez, de Joaquín Sabina, el mejor poeta de nuestro siglo.

Una reflexión sobre el papel de las bibliotecas en nuestros pueblos y, sobre todo, frente a la despoblación.

Es un lugar de encuentro con nuestros lectores, una fuente de sabiduría y un servicio que se debe mantener en nuestros pueblos, a pesar de la despoblación.

¿Qué sientes al oír Los Monegros?

Es La tierra en la que nací, donde vivo y en la que quiero morir: “es esa tierra hermosa, dura y salvaje, donde he formado un hogar y disfruto mucho de sus paisajes, de sus espectaculares amaneceres y atardeceres”

Una esperanza, ilusión o deseo.

Esperanza de un mundo mejor, que podamos vivir en armonía y en paz.

Inmaculada Bailo, bibliotecaria de Perdiguera


Inmaculada Bailo Murillo nació en Zaragoza, un frío diciembre de 1962. Desde hace años lleva la biblioteca de Perdiguera, una imprescindible, una bibliotecaria de Los Monegros del medio rural aragonés.

Recuerdos de la niñez, escuela, juegos, tradiciones, la vida en el pueblo, marchar y quedarse, lo que ha cambiado, la vida de antes, trabajos, el papel de la mujer…

De la niñez recuerdo que todo era simple y a la vez muy difícil.

Me encantaba ir a la escuela, disfrutaba aprendiendo. Puedo, incluso, recordar cuando aprendí a leer. La maestra  sentada en su mesa y todos nosotros, en parvulitos éramos mixtos, haciendo fila para leer nuestra cartilla diaria. La atención era individualizada y cada uno progresábamos a nuestro ritmo. Mi progresión lectora fue muy rápida, enseguida percibí una independencia desconocida, un mundo propio donde no precisabas de adulto alguno. Antes de acabar párvulos, ya había leído dos libros, tras superar las obligatorias cartillas.

A contar, aprendimos con piedrecitas de río. Puedo escuchar el sonido de las piedras sobre la mesa de madera y ver las cuidadas uñas rojas de nuestra maestra. Estrenamos escuela, donde ahora está la farmacia. Al principio, íbamos a clase los sábados por la mañana y al salir repicaban las campanas anunciando que era víspera de fiesta. Era feliz.

En la escuela de mayores ya nos separaron por sexos. En el recreo jugábamos siguiendo las tradiciones: a las tabas, a la comba, a las gomas, algún corro, al escondite, etc.

5º de EGB, ya lo hice en Zaragoza, como la mayoría de los niños de Perdiguera, dada la mala enseñanza que había en las escuelas municipales, por aquel entonces.

Abandoné mi escuela unitaria con 13 alumnas y entré en Santo Domingo de Silos donde los niños se contaban por miles, fue un choque mental. Las largas jornadas escolares en la ciudad transformaron nuestra vida totalmente.

En un pueblo la infancia es fácil, la adolescencia no tanto. Yo me aburrí muchísimo. Además no había bibliotecas y mi escasez de libros era casi total, especialmente cuando dejó de venir la entrañable biblioteca móvil.

Como en el resto de los pueblos, nuestro tiempo libre transcurría fuera de casa, en la calle, las eras, haciendo excursiones al monte y lo que cambió nuestro ritmo veraniego fueron las piscinas, primero la infantil del parque y, finalmente (1976), la actual. Consiguió que todo el mundo quisiera pasar los veranos en el pueblo, se creó otro ambiente. Y aquel pedazo de césped con los aspersores funcionando era el paraíso, un oasis en el desierto.

A mi modo de ver, Perdiguera no es un pueblo muy tradicional. Puede ser causa de la emigración a la ciudad o nuestra vida a caballo entre esa misma ciudad y el pueblo. A principio de los años 90, quedábamos unos cuatrocientos y pico habitantes, con una media de edad muy elevada, hasta que se construyeron las urbanizaciones, que devolvieron la vida al pueblo y llenaron el colegio, pero claro, con otro bagaje.

Y determinante, como no, la falta de trabajo, particularmente el femenino.

¿Bibliotecaria? ¿Cómo has llegado a ser bibliotecaria rural? ¿Qué significa ser bibliotecaria en un pueblo? Dificultades, alegrías…

Comencé a trabajar en la biblioteca en noviembre de 2001. Solo eran 7 horas semanales, más tarde 9, para mí era como una afición, aparte tenía el otro trabajo, el de vivir. Me presenté a la oferta del ayuntamiento, porque pensaba que nadie más acudiría, como había sucedido con la ludoteca dominical. No fue así, pero el entrevistador me eligió.

Desde 2008 trabajo 26 horas semanales, pero no son exclusivas para la biblioteca.

Estos años nunca han sido iguales. Al principio, me encontré con una acertada selección de literatura infantil y juvenil, nada para adultos. Lo pasé fatal porque no llegaban partidas para la compra de libros. Ahora se echan de menos los lectores y no los fondos. La llegada de internet fue otro revulsivo ilusorio, pues rápidamente todo el mundo lo tuvo en sus casas.

En fin, que todo influye para bien o para mal en estos pueblos tan pequeños. Influye la Corporación o el concejal de quien se depende; influye la frecuencia con la que los padres acercan a sus hijos a la biblioteca, incluso más que la cantidad de niños del momento; influyen nuestras circunstancias personales, etc.

El trabajo, en sí, es precioso, porque es muy variado. Tiene su parte administrativa, su parte tecnológica, su gran porción literaria, cultural y organizativa de actividades. Las pequeñas bibliotecas nos dan la oportunidad de dar nuestra impronta en aquello que más nos gusta o dominamos. También permiten rellenar las carencias de nuestras localidades. Por ello, cada biblioteca de pueblo es un mundo, porque cada pueblo tiene distintas necesidades.

Nosotras nos entregamos en cuerpo y alma, mientras es posible. Esta entrega puede volverse en nuestra contra, pues la vida es más que nuestro trabajo. A veces, genera tal responsabilidad sobre el funcionamiento de la biblioteca que, cuando cualquier acontecimiento o circunstancia personal nos absorbe, no podemos abarcar todo lo que queremos o se nos exige y se forja una especie de culpabilidad.

Se nos llama bibliotecarias porque trabajamos y gestionamos las bibliotecas, pero yo me considero una “encargada de biblioteca”. Sin contar los estudios, no es lo mismo un contrato como bibliotecaria que uno de auxiliar, ni tampoco si un contrato es a tiempo completo o parcial. Sin embargo, las expectativas de nuestros usuarios o de nuestros “jefes” son tremendas, de una capacidad infinita, que el tiempo físico no permite.

¿Qué es un libro?

Para mí un libro (narrativa) es un universo propio, donde te sumerges y te entretienes, aprendes o reflexionas y si te encanta quieres compartirlo.

Un género literario, un libro imprescindible, escritor/a, una poesía, una palabra bonita, una gran frase, una película y una canción

No tengo un título preferido, porque el tiempo cambia mis gustos y mis perspectivas. Por ejemplo, de joven, Sinuhé el egipcio era uno de mis favoritos, porque viajaba y nos mostraba antiguas culturas. Nunca he tenido filtros, he leído lo que ha caído en mis manos. Disfruto mucho con el suspense de deducción, no de terror y con unas dosis de humor.

Estos últimos años, he leído cuentos y poesías y muchas veces me llenan más que una novela.

Una reflexión sobre el papel de las bibliotecas en nuestros pueblos y, sobre todo, frente a la despoblación.

En cuanto al papel de las bibliotecas en nuestros pueblos, pienso que es mucho más importante de lo que piensa el público en general. En primer lugar es un elemento de igualdad, donde lo que hay está a disposición de todos. Si no se usan estos fondos o funciones, es porque no se necesitan. Con el futuro tan incierto que se avecina, tal vez más personas vuelvan sus miradas, de nuevo, hacia las bibliotecas. Aunque puedo constatar que los usuarios más frecuentes solo vienen por placer.

¿Qué sientes al oír Los Monegros?

Cuando pasaba la mayor parte del tiempo fuera del pueblo, escuchar o leer el nombre de nuestra comarca era como pensar en casa. Imaginaba siempre en azul y amarillo y en horizonte, mucho horizonte. Ahora, siempre estoy y disfruto su luz, no tengo que pensar.

Emilia Castillo, bibliotecaria de La Almolda


María Emilia Castillo Olivan nació en 1970 en Zaragoza pero es natural de La Almolda, donde está a cargo de la biblioteca desde el año de su inauguración en 1994. Una imprescindible en la serie de entrevistas a las bibliotecarias de Los Monegros.

Recuerdos de la niñez, escuela, juegos, tradiciones, la vida en el pueblo, marchar y quedarse, lo que ha cambiado, la vida de antes, trabajos, el papel de la mujer…

Recuerdo ir al colegio con los niños vecinos, recuerdo a mi amiga Lourdes, que pasaba por mi casa y marchábamos juntas. Los paseos en bicicleta, jugar a la goma, al tejo, al churro va, la fresca del verano jugando a polis y a cacos  por todo el pueblo. Y las fiestas que se hacían en cada calle, “ir a las corridas” de la Calle de San Juan, San Antonio, San Roque, o la calle Mayor. Y sobre todo muchos niños.

La libertad que teníamos a todas horas, no había tanto peligro como existe en la actualidad. Las puertas de los vecinos abiertas por si queríamos pasar. Los abuelos sentados en corros tomando el sol en el invierno y la fresca en verano. Las abuelas mayores haciendo ganchillo o encaje en los patios frescos, ahora todo eso no existe y cada vez hay menos gente en el mundo rural.

Recuerdo que las mujeres antes se dedicaban a las tareas del hogar, la crianza de los niños y el cuidado de las personas mayores que tenían a su cargo. En la actualidad, la mujer rural, además de salir a trabajar, se involucra en los actos culturales de la población y es la primera en participar en actividades vecinales.

¿Bibliotecaria? ¿Cómo has llegado a ser bibliotecaria rural? ¿Qué significa ser bibliotecaria en un pueblo? Dificultades, alegrías…

La biblioteca de mi pueblo se abrió en 1994, entonces el ayuntamiento convocó una plaza y entré a trabajar en ella.

Para mí, ser bibliotecaria significa felicidad, orgullo y pasión por los libros. Me encanta verlos, ir a comprarlos, seleccionarlos pensando en cada uno de los lectores. La cercanía con cada socio, el trato individualizado diferencia una biblioteca rural de una urbana.

La biblioteca es un punto de referencia cultural muy importarte en una localidad pequeña. Sirve de encuentro para jóvenes y mayores, lugar donde aprender, jugar, intercambiar opiniones y experiencias. En general, de convivencia entre todos los usuarios.

¿Qué es un libro?

Un libro nos da alas, estimula nuestra imaginación y nos permite vivir otras vidas, soñar con lugares que no conocemos, sentir con intensidad emociones, incluso relajarse y dejar atrás el estrés.

Cuando leemos no solo podemos sentirnos identificados con los diferentes personajes de los libros, sino que podremos saber cómo son lugares que no conocemos, costumbres que nunca hemos visto y esto nos permitirá tener una mayor sensibilidad hacia nuestro entorno y hacia las personas que nos rodean.

 Para mí un libro es arte, todo un gran placer, nada caro y de fácil acceso.

Un género literario, un libro imprescindible, escritor/a, una poesía, una palabra bonita, una gran frase, una película y una canción

Mi género preferido es sin duda alguna la novela. Así bien, no podría elegir un solo libro imprescindible, en mi mente rondan muchos que serían de lectura obligatoria en la vida de un ser humano. “Libertad”, es la palabra que escojo, porque es un derecho que todas las personas deben tener para aprender a actuar de manera responsable en la sociedad.                                                                            

Durante un tiempo tuve un mural colgado en la biblioteca con la siguiente frase: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Es de Miguel de Cervantes.

Una reflexión sobre el papel de las bibliotecas en nuestros pueblos y, sobre todo, frente a la despoblación.

La biblioteca es un servicio imprescindible en nuestros pueblos, ya que impulsa el conocimiento entre los que la visitan. Como ya se ha ido comentando durante la entrevista, es un lugar de encuentro, en el que cambiar opiniones y pensamientos. A través de nuestras actividades, siempre novedosas y actualizadas a los tiempos, queremos que niños y mayores vean la importancia de la lectura. Aunque nos encontramos en una zona pequeña, y en tendencia a la despoblación, se quiere que los niños tengan las mismas posibilidades en cuanto a lectura se refiere, que otro de sus iguales que viven en grandes ciudades con mucha más oferta.

¿Qué sientes al oír Los Monegros?

Monegros es mi tierra, son los paisajes áridos y singulares, pero con una belleza particular. Al oír Monegros pienso en su gente, siempre mirando el cielo en busca de unas pocas gotas de lluvia que permitan sacar una cosecha en el mes de junio.

Una esperanza, ilusión o deseo.

La esperanza para un pueblo como La Almolda se llama agua, nuevos regadíos que permitan asentar población y garanticen un medio de subsistencia a las generaciones futuras.           

      

                                                           

Sara Pareja, bibliotecaria de Robres


Sara Pareja García nació en 1983 en Andalucía pero vive en Robres donde se encarga, desde hace cuatro años, de la biblioteca municipal. Una imprescindible que hace posible que se mantengan abiertas las puertas de la biblioteca local, un mundo mágico de libros, de cultura e infinitas historias y aventuras.

Recuerdos de la niñez, escuela, juegos, tradiciones, la vida en el pueblo, marchar y quedarse, lo que ha cambiado, la vida de antes, trabajos, el papel de la mujer…

Mi niñez fue en Andalucía (Málaga) de donde vengo, de un pueblecito de la costa llamado La Cala del Moral, un poco más grande que Robres, con un solo colegio mixto pero dos y tres clases por curso. Los juegos eran en la calle: la rayuela, el elástico, la comba, juegos de pelota, patines y mucha bicicleta. Juegos en la playa de arena, voleibol y a ver quién cogía más piedras o conchas dentro del mar, las tradiciones parecidas aquí pero con otras fiestas…malagueñas, sevillanas, flamenco…

Para mí la vida en el pueblo es muchísimo mejor!. Nos conocemos todos, tranquilidad, menos contaminación, seguridad para nuestros hij@s. La ciudad para una tarde de entretenimiento.

El papel de la mujer sí que ha cambiado mucho, trabaja más ahora fuera de casa, es más independiente, más libre.

¿Bibliotecaria? ¿Cómo has llegado a ser bibliotecaria rural? ¿Qué significa ser bibliotecaria en un pueblo? Dificultades, alegrías…

Pues hablé con Olga la alcaldesa diciéndole que pena que teniendo una biblioteca tan chula, no se utilice ni se abra…y me ofreció llevarla. Encantadísima porque me encanta leer, me encanta. Los libros, las actividades para niñ@s y adultos!! Así llevo 4 años y por muchos más!

Ser bibliotecaria en un pueblo significa conexión con la gente, le recomiendas a la gente un libro( en Robres la mayoría de gente me pide que le aconseje un libro) que para esa persona va a ser especial para sus momentos de desconexión, de tranquilidad.

Dificultades únicamente por el tiempo, porque si pudiera abriría todas las tardes, me encanta estar aquí y recomendar, preparar…pero teniendo otro trabajo es mas complicado.

¿Bibliotecaria rural, mucho más? Actividades culturales, centro social…

Teniendo el apoyo que tiene la biblioteca de Robres con el ayuntamiento, con las asociaciones… no para de hacer actividades y proponer cosas que siempre son bien recibidas.

¿Qué es un libro?

Es un medio de transporte hacia el mejor lugar del mundo.

Un género literario, un libro imprescindible, escritor/a, una poesía, una palabra bonita, una gran frase, una película y una canción.

personal? romántico o histórico, las nueve revelaciones de James Redfield, Luz Gabás y Dan Brown, ¨Sin condiciones¨ de Jorge Bucay, sonríe, cuando cambias el modo en que ves las cosas las cosas que ves cambian también., Película: LUCY, y canción: la vida es un carnaval de Celia Cruz.

Una reflexión sobre el papel de las bibliotecas en nuestros pueblos y, sobre todo, frente a la despoblación.

Es imprescindible una biblioteca en cada pueblo, el que cada persona pueda acceder al préstamo gratuito de la lectura y demostrar que en un pueblo se vive genial, cuando formas una familia por la tranquilidad que tienes, cuando eres mayor por la paz que hay y cuando eres joven, si si…joven, porque aunque en niveles de estudios no hay los mismos recursos que en una ciudad, las cuadrillas, las reuniones de amigos, las quedas, las fiestas del pueblo son inigualables.

¿Qué sientes al oír Los Monegros?

Siento que es el lugar perfecto para vivir, porque aunque le falte el mar, tiene ríos y lagunas.

Una esperanza, ilusión o deseo

Que siga quedándose juventud o familias en el pueblo, para mantener escuelas, actividades…que sigan habiendo tantos lector@s o más como hasta ahora y que la gente no deje de escribir ni de leer.