El valor del monasterio de la Cartuja de las Fuentes (2ª Parte)

Cartuja* Foto: maqueta de Manuel Casabón. (Museo de la laguna, Sariñena)

Opinión de Belén Boloqui Larraya, Catedrática de la universidad de Zaragoza, Historiadora del arte y reconocida activista por la defensa del patrimonio cultural y fundadora de la Asociación Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (APUDEPA).

¿Cuál es la importancia arquitectónica del monasterio de la Cartuja de las Fuentes?

“El monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes es una obra sobresaliente del siglo XVIII en España, una excelente arquitectura que algunos estudiosos han vinculado a los Yarza, destacados arquitectos aragoneses del siglo de  la Ilustración. Quienquiera que sea el autor, todavía no está documentado, lo que es irrefutable es la alta calidad del proyecto y de la obra, su ejecución en sí misma. Todo el monasterio  viene determinado por la exquisita pureza de las líneas arquitectónicas y el uso impecable de los órdenes arquitectónicos clásicos, materializado en la armonía y proporción que irradia todo el conjunto arquitectónico, incluyendo como tal  el edificio de la portería, el gran conjunto  monacal, que gira especialmente  en torno a la iglesia y al  claustrillo y  sus dependencias anexas, sin olvidar el gran claustro-cementerio al que daban las celdas de los monjes, ahora en ruinas.”

Sobre el trabajo decorativo de Carlos Salas ¿qué importancia tiene? ¿Qué queda?

“Si en arquitectura es una obra excepcional, lo que no puede haber ninguna duda tampoco es que en el caso de la decoración escultórica se acudió a un excelente artista en el panorama escultórico español de mediados del siglo XVIII, Carlos Salas Vilaseca (Barcelona 1728-Zaragoza 1780). Salas fue becado para ir a estudiar a Roma, alcanzó el grado de Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fue profesor en la Academia particular de Bellas Artes de Zaragoza. Para darnos idea de su categoría profesional señalaré que Carlos Salas es el autor del trasaltar marmóreo de la Asunción de la Virgen  en la Santa Capilla del Pilar del Zaragoza y del altar del Santo Cristo, también en mármol,  que preside la capilla del panteón del Monasterio de San Juan de la Peña. Carlos  Salas y José Ramírez de Arellano (c.1705-1770) representan la mejor escultura del siglo XVIII en Aragón.”

“La intervención de Salas en la cartuja  se debió a los hermanos Comenge, señores del  vecino pueblo de Lalueza, algunos de ellos vinculados a Madrid y a la Corte, y en concreto al duque de Béjar, que proveyó una elevadísima cantidad del coste total del encargo, 6.400 libras jaquesas, un precio que considero muy alto pactado para la totalidad de la obra, es decir, retablos, relieves y escultura, incluido el dorado y la policromía: retablo mayor, tabernáculo del trasagrario, cinco sillas para la sillería del coro y el  facistol, así como los relieves y las esculturas que lo adornaban, todo ello en madera dorada (altares) y policromada, esculturas y relieves, estos últimos pintados por el propio Carlos Salas. Se contrató el 12 de enero de 1769 y al menos estaba concluido el altar y su adorno en 1772, 27 de noviembre, fecha en que se contrató el dorado a Diego Gutiérrez de Barbastro por 1.400 libras jaquesas. Por cierto, que en ese contrato, la persona de confianza, el gran intermediario entre D. Narciso Comenge y el dorador, Diego Gutiérrez, fue Fray Manuel Bayeu que actuó de depositario de los libros de oro que se irían sirviendo a fin de llevar a cabo el dorado de los altares. Además, fray Manuel tenía la misión de controlar la perfección de la obra, de tal manera que a la menor falta del dorador este quedaría avisado por el hermano cartujo.”

“La gran máquina dorada del retablo mayor de sobrio estilo académico, atemperado por  la escultura y el adorno de diversos  grupos de angelotes,  que lo decoraba, debió de arder como monumental falla durante los años de la guerra civil, expresión de la ira,  ignominia e ignorancia  que alentaba a los iracundos pirómanos.”

“Lo que se conserva de Carlos Salas procedente de la cartuja en buena parte está disperso pero algo queda “in situ”,  más de lo que habíamos sospechado en un principio, obra en estuco, tema que está por estudiar. El trasaltar del trasagrario, a modo de  baldaquino, “algo arreglado”, preside la capilla del Santiago en el templo del Pilar de Zaragoza. También tengo entendido  que en Sariñena se conservan algunas piezas de la sillería pero ignoro si alguna corresponde a las ejecutadas por Salas. Es importante señalar, personalmente hasta la última visita no me había percatado, que se conserva por todo el monasterio obra realizada en estuco de Carlos Salas: las cintas que fajan  las molduras de los cuadros de la iglesia del monasterio son obra documentada (1769-1770)  y a mi modo de ver también podrían ser suyas, o de su taller, muchas, o todas, las cabezas de angelotes de estuco que adornan las bóvedas de las estancias del recinto. Una buena noticia, sin duda que incrementa aún más el gran valor de este antiguo cenobio aragonés.”

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Zancarriana w

 

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