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La Cartuja de Lanaja 


Os Monegros g

Un día cualquiera en la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Una literaria crónica que apareció publicada en el Diario de Huesca el 3 de septiembre de 1908 y cuyo periodista firma con una anónima “X”. Un recorrido visual muy descriptivo y, sobretodo, complaciente con el entonces rico propietario de la cartuja monegrina Mariano Bastaras. Con la desamortización de Mendizábal (1835-1836), la cartuja pasó a manos privadas de la familia Bernabé Romeo, adquirida en 1841 por Francisco Romeo Martínez de Bengoa. Tras el intento fallido de transformar la cartuja en un balneario y la rescisión del préstamo, la cartuja salió a subasta pública siendo adquirida por la familia Bastaras en 1896 hasta que en el 2015  fue adquirida por la Diputación Provincial de Huesca.

Sin título

Cuando el periodista, como el héroe cervantino, sale a correr aventuras, todos los molinos de viento se lo antojan gigantes y todas las ventas del camino castillos encantados. Tiene razón el maestro Moya. Ni el militar al hacer sus apuestos guerreros para próxima lucha, ni el marino al levar anclas para lanzarse a cruzar la inmensidad de los mares, sienten emociones tan placenteras como el humilde croniqueur al armarse de carnet y lápiz para llevar a cabo una excursión que ha de proporcionarle recreo para su espíritu y ocasión de cumplir con su deber profesional.

Cariñosamente requerido por D. Mariano Bastaras, dignísimo diputado provincial, para pasar un día en su magnífica posesión llamada La Cartuja, ni el sinsabor de un madrugón a que no estoy acostumbrado, ni las molestias de un viento tan huracanado como frío, fueron obstáculo para que montado en un lujoso vehículo de D. Teodoro Casamayor, propietario de Alcubierre y amigo mío, llegase en compañía de éste á Lanaja, a las seis de la mañana. En esta villa nos esperaba nuestro predilecto amigo D. Mariano Berdún, y media hora después arribamos los tres a la antigua residencia de los hijos de San Bruno, cedida por los condes de Sástago a estos religiosos entre los siglos XIII y XIV.

En el centro de una superficie de veinte hectáreas, coreada por muro de tapia y ladrillo, se levanta majestuoso el antiguo monasterio, evocando el recuerdo de aquellos ascetas que en la soledad purificaban sus almas con la mortificación y castigaban sus almas con el trabajo material. A la entrada del edificio salúdanos efusivamente el Sr. Bastaras y con la distinguida familia de éste oímos la Santa Misa en el templo exmonacal, inundado de luz que hacía resaltar el colorido de las pinturas que cubren todas sus, paredes y techumbre.

Después de cumplido este precepto cristiano—era domingo,—recorrimos el laberinto de pasillos y dependencias quedando agradablemente sorprendido al ver el llamado claustrillo, pintado por el tercero de los hermanos Bayeu, que desde el año 1784 al 96 se ocupó en decorar este pequeño claustro y las diez o doce capillas que lo circundan. Vimos molduras en yeso, de irreprochable gusto, algunos frescos de gran mérito y en una de las celdas la estela de sus maravillosas concepciones artísticas qué allí dejó el insigne Goya. Bs de alabar, y la religión y el arte lo han de agradecer, el interés del Sr. Bastaras por conservar joyas de tan estimable valor, sin hacer caso de los cuantiosos dispendios que supone el sostenimiento de un edificio de tan colosales proporciones.

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Todavía me esperaba otra sorpresa muy agradable. Quien desde Tardienta recorre el trayecto que media hasta Lanaja y ve campos agostados, montes inmensos con raquítica vegetación y, por consiguiente, sin árboles que tanto agrandan la hermosura natural de un paisaje, no puede suponer que en las inmediaciones de La Cartuja ha de encontrarse con frondosa huerta, cubierta de verdor, rodeada por espesos cañaverales y árboles gigantescos y fecundada por copiosa fuente de aguas sulfato-nitrotadas, tan cristalinas como frescas. Esto es un oasis, un sueño de hadas, decía yo a D. Mariano, y quien como usted puede hacer frente al calor estival en una finca como La Cartuja que, a las sublimidades del arte, une tan bellísimos encantos naturales, seguramente no echará de menos el veraneo en las más concurridas playas.

La comida resultó un banquete suntuoso y espléndido, de los que acreditan la marca Bastaras. Sentámonos a la mesa los señores de la casa, Dª Florencia Gabarre, madre política de D. Mariano, las bellísimas señoritas Visitación Ferrer, de Albalatillo; Rafaelita Vizcarra, de Selgua; Carmen Mur, de Lanaja; los ya expresados D. Mariano Berdúa, D. Teodoro Casamayor y el que estas líneas escribe. Presidio o hizo los honores con exquisita y delicadísima galantería la distinguida y muy bondadosa Dª Matilde Ferrer, digna esposa de D. Mariano Bastaras, que para todos los comensales tuvo frases de familiar cortesanía. Después del café tuvimos audición de Gramófono y… ¡qué veloz pasa el tiempo cuando el alma se recrea en las placideces que siempre proporciona la reunión con personas de nuestro agrado e intimidad! Llegó la hora del regreso, y cuando al salir de La Cartuja vi en la era de nuestro digno diputado una veintena de criados sonrientes y satisfechos amontonando trigo y llenando carros con este cereal, pensé en que nuestro amigo jamás se yergue sobre el pedestal de su opulencia y trabaja para que su nombre, tan conocido en la región aragonesa, sea pronunciado más como bueno que como inmensamente rico, y en que el problema social perdería todo su aspecto pavoroso si la burguesía estuviera representada por hombres del talento, cultura y bondades de D. Mariano Bastaras. ¡Qué hermosa es la democracia cuando en ella se confunden los aristócratas de más elevada alcurnia!

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Pueblo: Bujaraloz


Cruce de caminos, al sur, Bujaraloz también es capital de Los Monegros. Municipio de gran historia que se sitúa en plena estepa monegrina, en la provincia de Zaragoza, a medio camino entre Madrid y Barcelona. En 1910 contaba con 1.473 habitantes y a partir de entonces comenzó un imparable descenso demográfico hasta llegar a los 1.040 habitantes en 1960. Luego llegó una leve recuperación, hasta la década de 1980, cuando llegó a los 1.210 habitantes. Actualmente son 1.048 habitantes (INE 2008), una densidad de 8,62 hab/km² y su índice de viabilidad demográfica es cero. Considerado lugar de paso por la Nacional II, Bujaraloz, como Los Monegros, no es tierra de paso, es de gente y de pueblos llenos de vida que luchan por su futuro. 

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Bujaraloz

A través de jóvenes de la localidad conocemos su visión de la vida rural y sus inquietudes. Una perspectiva joven para reflexionar sobre el presente y futuro de nuestras localidades, una serie de entrevistas enmarcadas en la serie “Pueblo” de la iniciativa cultural “Os Monegros”. Gracias al IES Sabina Albar de Bujaraloz y muy especialmente a Chusé Rozas Auría por ayudar a hacer posible este proyecto. Gracias también a Marisol Frauca.

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Marina Baches (1)

  • IES Sabina Albar de Bujaraloz.
  • Curso: 3º de la E.S.O.
  • Localidad: Bujaraloz
  • Libro: Desconocidos.
  • Música: Rosalía.
  • Equipo: F.C. Barcelona.
  • Aficiones: Jota y baile, pertenece al grupo “Aires de Monegros”.

Marina prefiere el pueblo frente a la ciudad, aunque sabe que al final tendrá que marchar a estudiar a Zaragoza, de hecho quiere acabar bachillerato en Caspe y luego ir a la universidad para estudiar magisterio infantil. Le gusta la vida de pueblo: “No hay tantas aglomeraciones y hay muchas cosas que hacer, hay libertad para salir con las amigas”. De vez en cuando, Marina va con la familia de compras a Zaragoza.

En Bujaraloz hay un equipo de futbol que suele ir a ver, “Hacíamos patinaje y judo pero lo dejaron de hacer”. Lo peor del pueblo son los olores “Aunque ya estamos acostumbrados”.

Su lugar especial de Bujaraloz es el pilar de la plaza de Martín Cortes “Tiene mucha leyenda” y el parque de La Petanca, donde se juntan a menudo. Marina saca su alma jotera “Antes de las fiestas se hace un festival de jotas”, es una de sus aficiones. Las fiestas patronales, a san Agustín, son las mejores: las Damas “Cada año es una quinta”,  los autos de choque, el dance y las procesiones: “Las damas se visten de joteras y es un día muy especial”.

Marina piensa a lo grande y le gustaría tener un centro comercial en Bujaraloz, ya sabe que es totalmente descabellado, pero al fin de todo es lo que le gustaría. Al menos se conformaría con una pequeña tienda de regalos, “Aunque hoy en día por internet se puede comprar de todo”.

Los Monegros es donde vive, donde está su familia y amigos, su entorno. Las saladas de Bujaraloz y la Retuerta de Pina de Ebro son sus lugares preferidos.

Su abuelo le cuenta muchas cosas y le sorprende que sólo tuviese un libro para todo. Marina es muy consciente de que ha cambiado todo mucho: “Iban a enfriar los alimentos al pozo de hielo, tenían un aljibe… y mi abuelo vivió parte de una guerra”.

Marina no echa en falta mucho, vive muy a gusto en Bujaraloz “Nacen menos y cada vez somos menos en los pueblos”. Así, Marina se despide con su deseo para Bujaraloz: “Que siga habiendo la misma vida y que no vayamos para atrás, sino que vaya siempre para adelante el pueblo”.

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Plaza de Bujaraloz. Fotografía de Marisol Frauca.

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  • IES Sabina Albar de Bujaraloz.
  • Curso: 3º de la E.S.O.
  • Localidad: Bujaraloz
  • Libro: La hija del Tuareg.
  • Música: Natos Waor.
  • Película: Tres metros sobre el cielo.
  • Equipo: Real Sociedad.
  • Aficiones: Jugar a la Play Station.

Lucas es de pueblo “Nunca he vivido en la ciudad” aunque suele ir una vez al mes de compras a Zaragoza con sus padres. Quiere acabar el bachiller en Caspe y le gustaría estudiar arquitectura.

Está abierto a conocer otros lugares. Lucas es abierto y sabe que será difícil vivir en su pueblo. Lo que más le gusta del pueblo es la gente y lo que menos es el aire, el cierzo. Pero sobre todo, de Bujaraloz, le gusta mucho el nuevo pabellón donde va a jugar a futbito.

Le gustan las fiestas mayores de Bujaraloz: las ferietas, orquestas y el dance, del que dice que es muy bonito. Echa en falta algo de ocio “Hace poco que pusieron unas mesas de ping pon y dan mucha vida”.

Los Monegros es su comarca, se siente monegrino “Es una zona muy desierta y me gusta”. A Lucas le da pena que cada vez haya menos gente y él lo tiene claro: “Preferiría vivir en Bujaraloz”. Lucas es consciente que los tiempos cambian “Mi abuelo me contaba que se iba a bañar a la balsa”.

Su deseo es “Que Bujaraloz nunca se despueble y siempre haya gente para vivir”.

Continuará…

Romería de Lalueza a La Cartuja


El camino Real de Barbastro a Zaragoza pasaba por Sariñena, atravesaba la actual Laguna y continuaba por La Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, allí discurría por las planas de la sierra, por Peñalbeta y ascendía a la sierra de Alcubierre. La cuesta requería la ayuda de caballos fuertes y potentes, “Percherones”, que hacían de apoyo para salvar la sierra y continuar su descenso hacía Farlete, por donde vigilaba la torraza, para acabar en la muy noble, leal, heroica, benéfica, siempre heroica e inmortal Zaragoza, capital de Aragón.

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Mapa de Aragón en 1831

El camino de Lalueza a La Cartuja de las Fuentes gozaba de suma importancia, enlazaba al Real camino de Barbastro a Zaragoza en el mismo corazón de Los Monegros y unía y vertebraba esta inmemorable e antiquísima comarca. Así también lo manifiesta Santiago Vilella Barrachina en su libro “En la vida de Juan Andrés Comenge”, aquel camino de Lalueza a la Cartuja gozaba de “buen estado” y por él “discurrían las tradicionales romerías a San Isidro, en la que labradores de Lalueza y de Los Monegros rogaban a la virgen para que les concediese lluvias y abundantes cosechas”.

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La Cruceta. Foto: Alberto Lasheras Taira.

El camino salía de Lalueza, cruzaba el barranco Salado, por “El Salto”, y alcanzaba la predominante zona de “La Cruceta”, lugar estratégico por donde llegaron a congregarse las tropas francesas, según Santiago Vilella Barrachina, en su avance contra Zaragoza durante la guerra de la Independencia. Hasta allí salían las gentes del lugar de Lalueza a despedir a los romeros con sus estandartes y cruces. Cerca de “La cruceta” se encontraba una losa cóncava, una gran piedra o sillar “foradado” donde, de forma ritual, por creencia o superstición, los peregrinos depositaban piedras, pues según Santiago Vilella Barrachina “se preservaba las cosechas de las tormentas con pedrisco”. Luego marchaban por “La Cobacha”, seguían por “El Boral”, el monte “Artal” de Orillena y el Monte “Oliván” hasta llegar al monasterio de La Cartuja de Las Fuentes (En la vida de Juan Andrés Comenge, Santiago Vilella Barrachina).

Encontramos un ritual mágico, contra tronadas y pedregadas, místico y cultural, donde la tradición obligaba a depositar o tirar una o varias piedras sobre un sillar que encontraban en el camino.

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Losa con piedras. Fotografía: Eugenio Monesma Moliner.

El gran etnógrafo y documentalista Eugenio Monesma Moliner recogió el testimonio de María Teresa Moliner Viñas, dentro de su serie “Los secretos de las piedras”: “En pares. Siempre dos piedras. Dos. Y con esto ya se tenía la garantía, o por lo menos lo creían, que el pedrisco no nos caía y protegía los campos. Bueno, pues yo creo que no tenía otro misterio la piedra.” Para Eugenio Monesma “Estamos ante una piedra ritual en la que los vecinos de Lalueza tenían depositada su confianza para la protección de las cosechas”.

El antiguo camino de Lalueza a la cartuja de las Fuentes debía de ser muy importante y transitado, estaba muy bien, aunque actualmente ha sido modificado y ya no existe como tal por las concentraciones parcelarias. En la cartuja existía la portería hospedería, donde se alojaban transeúntes y viajeros.

En Lalueza se mantiene viva la memoria de la antigua romería a la Cartuja de las Fuentes. Marchaban con carros, unos iban más por la misa y otros a pasar un día agradable por la explanada o por el barranco de la fuente del monasterio.

Mosén Demetrio Segura Gavín, sacerdote natural de Castejón de Monegros, ejerció como párroco en Lalueza y vitalizó muchísimo la romería a la Cartuja de las Fuentes. Impulsó la romería, dando voz a la misma cartuja con coro de hombres de Lalueza acompañando la sacra misa.

Mosén Demetrio Segura

Hombre de gran nobleza

Por eso lo quiere tanto

El pueblo de Lalueza. 

En la vida de Juan Andrés Comenge, Santiago Vilella Barrachina

Y para terminar recordar un espléndido romance-poema de Mariano Peralta Asín, natural de Lalueza y que con gran maestría inmortalizó su particular romería a la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Mariano fue un gran escritor de su pueblo y sus gentes que colaboró con la revista del Recautillo y los programas de fiestas de Lalueza.

 

 

Peripecias ocurridas en el viaje a la cartuja

 

El día 9 de mayo

pensando  pasar buen día

en la iglesia la cartuja

en celebre romería.

 

Este día, por la mañana,

se quedó el pueblo desnudo,

unos para la Cartuja

otros para Torrente, al futbol.

 

Ya marchan las modistillas

con esa “famosa” rubia

siguiendo la Oscense y Julio

todos a la romería.

 

Eleuterio con su tractor

se veía con armonía

Antonio con el remolque

con una gran pandilla.

 

Cambreta con Manoler

también fueron con sus carros,

llevaban a sus familias

y parte del vecindario.

 

También fueron en bicicleta

para presenciar la escena,

y una rubia pequeña,

con la familia Pena.

 

Ya estamos en la Cartuja

todos con tanta ilusión

a visitar la iglesia

que es cosa de admiración.

 

No pudiéndose andar

de tantas personalidades,

unos visitan la fuente,

otros visitan los bares.

 

Ya llegaron los párrocos

y todos, viejos y menores

todos van a presenciar

los actos religiosos.

 

Ya terminada la Misa

todos salen por la puerta,

unos a tomar vermut

otros a coger la capaceta.

 

Ya se marchan a comer

a la sombra las paredes

otros van a las casetas

y alguien a los olivares.

 

Yo me junté con “Narciso”

que es un amigo cordial,

se dejó la alforja en casa

y partimos la caridad.

 

Cogimos la capaceta

como si fuera tal cosa,

comimos en medio un haber

al abrigo de una sosa.

 

Terminamos de comer

y fue una cosa sencilla,

fuemos a tomar café

invitados por las modistillas.

 

Al llegar a las modistillas

nos juntamos con los Penas,

que nos obsequiaron bien

y allí se empezó la escena.

 

Allí cantamos unas jotas,

Miguel pena daba la entrada,

nombrando a las modistillas

también a la profesora.

 

Con aquel vínico rancio

junto con melocotón,

todo eran cosas buenas

pa alegrar el corazón.

 

Llegó Pedrito Gascón

y José Raúl de Pena,

nos echaron unas fotos

debajo de la olivera.

 

También llegaron los quintos

cargadicos de licor

molestando a las modistillas

y se terminó el buen humor.

 

Nos marchamos al Rosario

todos tan condescendientes,

íbamos a cantar los Gozos

a la virgen de la Fuente.

 

Ya se terminó la tarde

de gozos y maravillas

y acordamos con “Narciso”

agasajar las modistillas.

 

Al entrar en Poleñino

a visitar a Otín y Elena

invitar algunas cosas

d´esas botellicas buenas.

 

Pero esto salió muy mal,

se nos volvió la “naranja”

y veréis lo que pasó

a la salida de Lanaja.

 

Al pasar el cementerio

ocurrió un accidente

chocó la rubia de Lalueza

con un coche de La Oscense.

 

No nos matamos ninguno

porque así lo quiso dios,

se nos quedó desmayada

Maribel la de Gascón.

 

Los dos heridos más graves

fueron Mari Malo Gavín

y el que escribe el romance

Mariano Peralta Asín.

 

Las primeras asistencias

fueron unos de Poleñino,

también venían, alegres

de sidra, champan y vino.

 

Al presenciar aquel acto

que tan desesperado había,

allí pasaron el tractor

y me montaron arriba.

 

Llegamos a Poleñino

y me querían acostar

mi dolor era tan grande

que a casa quería llegar.

 

Siempre me recordaré

y lo tendré en el cerebro

que el lugar de Poleñino

será mi segundo pueblo.

 

Me trajeron a Lalueza

con el remolque y el tractor,

todo el pueblo de jaleo

y que no estaba el doctor.

 

Me visitó un practicante

siendo una cosa buena

que el cual está retirado

llamado D. José Pena.

 

Ya me quedé tranquilo

después de tan apurau,

y ahora me llamarán todos

“Andrés” el resucitau.

 

Y me velaron de vivo

hasta las tres de la mañana,

el “afamado” “Narciso”

y Manolo “Estozarranas”.

 

 Mariano Peralta Asín. Lalueza, 9 de mayo de 1954.

 

La talla de la Virgen de las Fuentes


De la talla de la Virgen de las Fuentes de Sariñena se conserva solamente la cabeza, salvada de ser quemada por Isabel Callen Conte “La Pomara”, una historia fascinante que queda recogida en “La historia de la Virgen de las Fuentes”.

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La Virgen de las Fuentes

Hace unos años, Nacho, el actual párroco de Sariñena, me contó que en el taller de la diócesis habían tenido una fotografía de la virgen con el cuerpo entero. Aquella fotografía se había perdido y lamentablemente no se sabía nada de su procedencia. Afortunadamente aquella fotografía del cuerpo entero existe y podemos contemplar, tal y como fue, la talla de la Virgen de las Fuentes. La fotografía corresponde al “Catálogo monumental de España: Huesca, Madrid, CSIC, t. II, fig.911”.

La talla original de la Virgen de las Fuentes está datada en 1400, una obra en madera de cuerpo entero con la talla del niño Jesús incorporada al cuerpo de la virgen. Según José Ignacio Calvo Ruata, Historiador del Arte y experto en la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes: “Se tenía erróneamente por una imagen del XVI pero Samuel García Lasheras, experto en escultura gótica y en especial de vírgenes con el niño no duda en fecharla hacia 1400, pleno gótico, aunque sea tosca”.

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Actual Virgen, querida y protegida.

En la imagen, la virgen aparece sentada, entronizada y con la mano derecha sostiene al niño Jesús que con el dedo indice señala al cielo. En las representaciones góticas, el niño Jesús se suele representar alzando la mano ofreciendo una bendición. La mano izquierda de la virgen parece agarrar fuertemente algo o sujetar las telas de su falda. Ambas imágenes aparecen dirigiendo sus miradas al espectador, para escuchar las oraciones que le dirigen o dar la idea de intercesión. La talla aparece sin policromías, quizá perdidas por el paso del tiempo. La actual virgen se restauró hace unos años. Ahora su cuerpo es simple, sin forma, de madera, cubierto por un peto y un manto delicadamente bordados.

La talla de la virgen es mucho anterior a la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes cuya fundación se remonta a 1507, aunque el actual monasterio cartujo se comenzó a construir en 1717. Así que probablemente estamos ante una imagen de la antigua iglesia de Sariñena, anterior a la actual iglesia de San salvador, neoclásica del siglo XVIII. Estamos quizá ante una imagen religiosa que con el paso de los años ha adquirido su condición de la virgen de las Fuentes, siendo originalmente una sencilla representación de “virgen con niño”, el tema artístico más frecuente en la iconografía del arte mariano y uno de los más tratados en todo el arte cristiano: la representación de la Virgen María junto con el Niño Jesús, su hijo (Wikipedia).

La Virgen de las Fuentes es todo un tesoro de Sariñena y la fotografía, la imagen, nos abre un mundo nuevo en su conocimiento, en su historia y tal vez en su futura reproducción. Gracias a Alberto Lasheras Taira por la imagen de la fotografía de la virgen y a José Ignacio Calvo Ruata por sus respuestas de experto y gran conocedor de la historia del monasterio de la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes.

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La historia de la Virgen de las Fuentes de Sariñena


La historia de la virgen de las fuentes de Sariñena pasa por las manos de Isabel Callen Conte, una mujer de firmes convicciones religiosas que salvó de la hoguera la virgen de las fuentes de Sariñena. La protegió, conservó y cuidó durante años, “prácticamente fue como de la familia”. A ella le debemos que haya llegado a nuestros días y en su memoria rescatamos su fascinante historia.

Virgen de las Fuentes de sariñena

Virgen de las Fuentes de Sariñena

Isabel Callen Conte nació el 18 de mayo de 1903 en Sariñena y falleció en Sariñena el 26 de febrero del 2002. Su familia venía de Pomar de Cinca y por ello fue conocida como “La Pomara”. Se casó con Mariano Nogues Arles, agricultor y tuvieron tres hijos. Además de cuidar la casa, el corral y hacer faenas del campo, Isabel hacía de matrona y ayudaba a recoger críos. Ponía inyecciones, sacaba muelas, hacía ungüentos, iba a amortajar… era una mujer muy valiente y ayudaba mucho a la gente, tenía un gran corazón, incluso acompañaba a Huesca al hospital a gente que la requería, “tranquila, ya iré con tú”. Además, Isabel guardaba todo lo del dance, cuidaba los trajes, las cintas, las capas y limpiaba las espadas, era una persona muy participativa y se esforzó mucho para que el dance se volviese a representar tras la guerra.

Al iniciarse la guerra civil, milicias republicanas comenzaron a llegar a Sariñena, enclave cercano al frente de Aragón que fue uno de los puntos neurálgicos de la contienda. Ocuparon la iglesia y alojaron en ella un taller de vehículos, para lo que vaciaron el interior de la iglesia, amontonando las imágenes, santos, retablos… en la plaza, un patrimonio que luego quemaron. Mientras estaba todo amontonado en la plaza, había milicianos que colocaban algún santo y hacían prácticas de tiro con ellos, se reían y burlaban de todo, uno de los milicianos se subió a un camión y sin quererlo se pegó un tiro en la cabeza resultando muerto.

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Amalia, Mariví e Isabel.

Isabel, “La Pomara”, contemplando el montón en la plaza, distinguió entre todo la imagen de la Virgen de las Fuentes de Sariñena, lo que le motivó, no sin miedo y con toda precaución, mandar a una niña a recoger inocentemente la cabeza y el peto de la Virgen de las Fuentes. Aquella niña era Asunción la Cibora,  “ves hija mía y coge esa cabeza”. As, la niña Asunción cogió la cabeza y el peto y se la entregó a Isabel, “ya la quemaré yo” les dijo a las niñas para disimular y discretamente abandonó la plaza. La llevó a su casa, en la calle castillo bajo, la envolvió cuidadosamente en una sábana, la metió en una caja y la enronó en el conejar, en el corral que tenía en casa. Cada cierto tiempo la cambiaba de sitio para mantenerla mejor a salvo, pues existía el miedo a que fuese descubierta y a las posibles consecuencias. Isabel la guardó durante toda la guerra.

Cuando avisaron que iban a bombardear el pueblo, Isabel la desenterró y la cargó en el carro con el resto de enseres que se llevaban a la masada. En el monte, por la zona de Miranda, la volvió a esconder, enterrándola con sumo cuidado, de hecho, se ha conservado extraordinariamente hasta nuestros días. Cuando acabó el bombardeo la volvió a llevar al pueblo y tras la guerra la guardó en casa.

Durante un tiempo, cada vez que Isabel iba por el campo y se encontraba un trozo de madera sentía como una voz le incitaba a recoger cada trozo de madera y así fue recogiendo trozos de madera hasta que llenó un arcón. Con aquellas maderas, poco a poco, fue montando el cuerpo de la virgen “yo, que no había hecho nunca nada de carpintería, cada madera la encajaba a la perfección”  quedó perfecto, el peto encajaba estupendamente, ajustó la cabeza y le confeccionó un manto.

Isabel

Isabel y Amalia

Isabel la vistió y sacó para unas fiestas, para san isidro o para san Antolín,  para el pueblo fue una gran ilusión, la gente se emocionó mucho, pues no había quedado nada y la salvación de la Virgen de las Fuentes fue todo un secreto. Isabel la quiso llevar a la iglesia pero a mosén Vicente le parecía una virgen vieja y no la quiso, así que Isabel la continuó guardando en su casa. La tenía en una alcoba, al lado de su habitación, en lo alto de una repisa. En la habitación tenía una cama donde su nieta Mariví dormía muchas noches. En casa le quitaba el peto y lo guardaba cuidadosamente entre una sábana en el arcón. Hasta que no llegó el párroco Juan Carlos, la Virgen de las Fuentes no fue a la iglesia, desde entonces reside en ella en el altar de La Milagrosa.

El peto es original, de seda y bordado con hilos de plata y oro, lo restauró hace unos años María Teresa Muñoz Guillen. También se conservó la corona de la virgen. Hasta su restauración, la virgen era más moreneta y la nariz la tenía un poco picada, “En su rostro nunca se posaba el polvo, siempre estaba limpia”. El cuerpo de Isabel desapareció tras su restauración, solamente quedó una madera principal donde se inserta la cabeza que pasó a formar parte del nuevo cuerpo.

Isabel le hizo dos mantos, uno blanco y otro azul, los dos los llevó a la iglesia. También hizo los vestidos al niño Jesús que lleva la virgen. Cuando la guardaba en casa, Isabel le puso un Jesús también morenete como era ella. Mariví ha conservado el cariño familiar a la Virgen de las Fuentes y en 1993 encargó un manto precioso y una espléndida mantilla.

 

Tarjeta cofradía Virgen de las Fuentes

En antaño, con la Virgen de las Fuentes se iba en procesión a la cartuja de las Fuentes, se iba en carruajes y carretas. Un año muy seco no brotaba ni la fuente del monasterio, acudían en romería con cantos y ruegos a la virgen y conforme se iban acercando comenzó a emanar agua de la fuente del milagro.

También se salvó de la quema el sagrario, lo fueron manteniendo escondido de casa en casa y se utilizó para celebrar clandestinamente misa por alguna casa. Pusieron en el sagrario una vela que no se apagó durante toda la guerra.

Gracias a Mariví y a Manolo por tantos recuerdos y por mantener viva la memoria y el cariño por una seña de identidad de Sariñena. Gracias a Isabel, La Pomara, la Virgen de las Fuentes ha llegado a nuestros días.

Ver: La talla de la Virgen de las Fuentes.

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Correos y Telégrafos


El cuerpo de correos y telégrafos sufrió una de las mayores depuraciones de toda la administración. Juan Carlos Bordes, “El servicio de correos durante el régimen franquista (1936-1975), depuración de funcionarios y reorganización de los servicios postales”, sostiene “que, en contra de lo que se ha difundido, el cuerpo de correos fue el más afectado por la represión franquista y no el de los maestros, siendo en cualquier caso ambos grupos de la administración los más afectados”. Después de todo, el cuerpo de correos y telégrafos garantizaba -o restringía- la capacidad de comunicación del pueblo.

Retrotrayéndonos a aquellos tiempos pasados, al periodo anteguerra, en Sariñena podemos atrevernos a decir que la estafeta de correos debía de estar en casa Sabineta, por la calle Santamaría, telégrafos en casa Procopio, calle Mercado, y teléfonos en casa Bastida (Matilde), también calle Mercado, aunque anteriormente debió de estar en la calle José Fatas esquina con los Ángeles.

La estafeta de Sariñena aparece en la relación de las estaciones de estafetas limitadas de tercera clase, servidas por auxiliares permanentes (El Telégrafo Español, 13 de febrero de 1891). También existió una estafeta móvil para las milicias que se desplazó por el frente. Además, en el aeródromo de Alas rojas se instaló “un telégrafo de código y una línea de teléfono, básica para las comunicaciones directas con el frente o con el Alto Mando instalado en la misma población de Sariñena”. (TRALLERO, Salvador, Alas Rojas. Sariñena. Sariñena. Sariñena Editorial. 2006.)

En Sariñena encontramos documentación en las notas de las solicitudes de Informes Políticos-Sociales. Son los casos de José Peleato Otal, cartero urbano que prestó servicio durante la dominación roja (Solicitud de información del Juzgado especial de Valladolid, dirección general de correos y telecomunicación). Antonio Mir Loncan, afiliado a la UGT, fue considerado “muy peligroso por su ideal extremista. Ingreso voluntario en los primeros movimientos” (Solicitud de información de la Administración principal de correos de Barcelona). José Torres Porta, que prestó servicios como funcionario del cuerpo técnico de correos en la estafeta de Sariñena, considerado “Izquierdista”. Julián Sarrate Olivena, oficial de correos. Severino Romerales (Sebastian Romerales), cartero urbano de la estafeta de Sariñena. Gabriel Portoles Minguez, administrador de correos. Evaristo Egido Roca: “guardia civil que permaneció en esa localidad ocho meses desempeñando un destino de correos” e Ignacio Díaz pardo que prestó sus servicios en la estafeta de correos de Sariñena.

Y por parte del cuerpo de telégrafos: Vicente Gil Gallardo, oficial de telégrafos que prestó servicios de guerra en Sariñena (Solicitud de información del Juzgado especial de telégrafos). José Mulet Camacho, oficial 2º de telégrafos, de quién preguntan “Si medió para conservar dos días la vida al telegrafista de Belchite, asesinado por los rojos”. Luis Nicolas Esparza,  operador interino de telégrafos. Andres Ballespin del Val, repartidor de telégrafos, natural de Sariñena, detenido en la prisión zaragozana de predicadores, los informes son solicitados para su puesta en libertad vigilada. Francisco Marquez Sapico, repartidor de telégrafos, juzgado especial sección telégrafos de Madrid. Antonio Sanz Tello, celador del cuerpo de telégrafos: “Persona de orden durante la dominación, estaba en casa con uno de derechas con el cual hablaba siempre a favor de la causa nacional”.

Reseñable es la existencia de una estafeta móvil para las milicias catalanas de Aragón, que seguramente se desplazaría por las diferentes posiciones del frente de la sierra de Alcubierre. Así aparece recogido en la solicitud de información de Tomas Oros Gimeno, quien prestó sus servicios en estafeta móvil de milicias catalanas de Aragón: “oficial de correos, hospedado en el hotel Anoro y que ostentaba insignias de capitán rojo”.

Sin duda, fueron cuerpos muy investigados y depurados, junto al cuerpo de maestros y maestras. Sariñena no fue una excepción y el régimen fascista extendió sus garras  de represión y control. En su memoria, de tantos y tantos.

 

Julián Royo Martínez


Julián atesora grandes recuerdos, remembranzas de un hombre de a pie, de los que dejan huella con su sencillez y humildad. Memoria que recorre la historia viva reciente de Sariñena, descubriendo su vida, su impronta en épocas difíciles que, con la perspectiva del tiempo, nos remonta al mismo valor de la vida.

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Julián Royo Martínez

Julián nació en Sariñena el 10 de septiembre de 1929, en la calle rincón de Goya, en una casa que también daba a la calle de Joaquín Costa. Primero fue a párvulos, con doña Victoria, a casa del cura, y para llegar a la escuela atravesaba la calle de los porches y el portillo. Luego ya fue a las antiguas escuelas, donde está el casino nuevo, aquellas escuelas se hicieron gracias a una mujer que cedió los terrenos, con la única condición que siempre fuesen usados para la escuela. Julián pronto tuvo que dejar la escuela para ir a ayudar a su padre. Su padre hacía cañizos, comenzaba al pasar la festividad de Todos los Santos y no paraba hasta junio. A los trece años, Julián salió de casa para ir a trabajar de pastor, a casa Cubera y luego a casa Torres.

De sus abuelos, uno fue esquilador de mulas y el otro alguacil en el ayuntamiento de Sariñena. Este último, a raíz unos percances con tropas carlistas en la localidad, fue mandado a Barcelona para llevar una carta a un importante general. Marchó con una vara de fresno, con su peculiar empuñadura, el estoque, y tardó ocho días en ir y ocho días en volver. Aquello le valió para que se le conociese como “El Catalán”: ¡ya ha venido Perico El Catalán!.

Julián vivió la guerra en Sariñena, tras la que tuvieron que escapar a Barcelona. Fue en marzo cuando cogieron el tren en la estación del Tormillo. Mientras esperaban el tren, su padre aún volvió a recoger un pernil que se habían dejado en Sariñena, volvió desolado, los bombardeos estaban dejando Sariñena destrozada, vio todo desecho. Al final salieron ante la impaciencia de todos, una mujer no paraba de decir “Mia si arranca este tren que los fascistas ya están por Grañen”.

Después de la guerra, su hermano Santiago fue hecho prisionero y encarcelado en Reus. Su madre Dolores tuvo que ir al ayuntamiento a pedir avales para su puesta en libertad pero el alcalde se negó, dijo que pondría que fue voluntario, lo que le condenaba. Al final, gracias a Mariano Torres, consiguieron el aval que salvó a Santiago. Al tiempo Santiago fue llamado a filas y más tarde trabajó para regiones devastadas, dos años de topógrafo. Para regiones devastadas, recuerda Julián, vinieron muchos gallegos que manejaban muy bien la piedra, luego trabajaron levantando los pueblos de colonización: La piedra la obtenían del monte de Castejón de Monegros. También hubo mucha gente trabajando en la construcción del canal, incluso trabajaron presos cuando realizaron el túnel, un año de trabajo les valía como dos años de cárcel.

Una vez, cuando Julián estaba de pastor para casa Cubera, le desaparecieron de la paridera blanca dos corderos. Ya le pareció extraño encontrarse tan temprano, de camino a la paridera, dos paisanos que también se sorprendieron al cruzarse con Julián. Volvían con un carro lleno de pajuzo al pronto de la mañana. Ya en la paridera, Julián comprobó que no habían abierto la puerta, pues tenía puesto un testigo para saber si alguien había entrado por la noche. Pero por el corral pegado al de la Cubera, vio unas pisadas que coincidían con el calzado de los dos vecinos de antes. Se aseguró comparando las pisadas de la paridera con las que habían dejado en el pajuzo. Tanta perspicacia no dejó indiferentes a sus compañeros de trabajo: ¿Cómo puede ser que un crío se haya podido dar cuenta?.

Aquella paridera blanca estaba camino de Castelflorite, por las Almunias altas. Una noche, cenando con Pedro el jinete y otro más, les aparecieron unos maquis. Estaban preparando un calderito de patatas con aceite y al final tuvieron que hacer dos calderitos, pues no había suficiente para todos. En un momento, Julián se fue a llenar un jarrito a la balsa, que estaba a unos 50 metros, como tardo un poco inquietó a los maquis “¡Oye!, este zagal tarda mucho en venir”, pues temían que pudiese avisar a la guardia civil. Los maquis llevaban un reloj de bolsillo y a las doce de la noche marcharon, no sin avisar que mejor no decir nada, que muchas veces la guardia civil acudía con quien denunciaba por delante y si había tiros siempre serían los primeros en recibir. Sacaron 10 pesetas para pagarles la cena, que no aceptaron, y marcharon. Al tiempo vieron pasar a muchos militares buscando maquis por la zona.

Julián tenía un perro en casa que quería muchísimo y que un día le desapareció. Lo buscó por todo el pueblo hasta que un vecino le aventuró que, a buen seguro, por la paridera lo encontraría. Y así fue, al poco se lo encontró por la paridera blanca, el perro había ido en su búsqueda para estar con él.

Para santa Cruz, cada 3 de mayo, los pastores cumplían y renovaban o cambiaban de casa. Julián marchó a casa Torres donde le fue mejor, guarda muy buenos recuerdos. Era una época muy mala y el pan estaba por las nubes: ¡A 15 céntimos el pan negro!. El sueldo de pastor era de 12 duros al mes,  pero en casa Torres le daban 50 Kg. de trigo al mes y otros tantos a su hermano Pedro, lo que estaba bastante bien. También fue tractorista para casa Torres, su hermano ganaba 125 pts. a la semana y el 118 pts. Un domingo le dejaron el tractor para labrar sus tierras pero apareció la guardia civil, venían de denunciar a Manuel Olivan y por lo mismo tuvieron que multar a Julián y a su hermano. Era domingo por la mañana, sobre las 10:30, pues el domingo era día de misa y no se podía trabajar. La multa fue de 50 duros que tuvo que pagar con papel del estanco.

Mucha gente iba a moler el trigo de estraperlo, por la noche, al molino donde ahora está la residencia o al molino de Amado Pueyo. Los domingos se compraba 10 kilos a 4 pesetas y se vendía a duro en la estación, muchos subían en bicicleta a la estación, pero si te pillaba la guardia civil te podías llevar buena paliza. También se iba a robar carbón a la estación y cuando limpiaban las maquinas siempre había 10 o 15 críos para recoger el carbón que tiraban. El aceite iba por las nubes, a 10 duros el litro, la postguerra fue muy dura. Julián recuerda cuando se lesionó de crio y, al ver que no sanaba, su madre  lo llevó al hospital militar de Sariñena que habían establecido durante la guerra. Allí le trataron y al final se recuperó de la lesión; Julián recuerda que Matavinos estaba de ayudante, de enfermero.

Julián recuerda aquella Sariñena de antes, había muchas caleras por Sariñena, las albacas eran de cuero o las más pobres de goma de neumáticos. Cuando la tierra se deshelaba se decía que quedaba toba. Hablamos sobre la cueva que hay carretera de Pallaruelo saliendo desde Sariñena, justo antes de la curva que baja a la fuente del cántaro. Al parecer era una caseta que hicieron los camineros, aquellos que se encargaban del mantenimiento de los caminos, antes de que se convirtiesen en carreteras asfaltadas: El caminero recorría su parte con un carretillo, una pala y una medialuna, rellenando los agujeros que se formaban. Cada uno se encargaba de su tramo, de Sariñena a Cachicorba, de Sariñena hasta la recta de los cipreses de Huesca… Los camineros tenían unas pequeñas casillas, unas pequeñas casetas donde se refugiaban y podían guardar la poca herramienta que utilizaban. En la casilla de los cipreses, camino a Huesca, se encontraba “El Chato” a quien le sucedió lo siguiente: Encontrándose de viaje por estas tierras la reina de España, de camino de Pallaruelo de Monegros a Huesca pasaron por la casilla del Chato, quien no dudó en pedirle una humilde gracia: “Que siempre pudiese estar en aquella casilla”.

Su extraordinaria memoria nos lleva a los tiempos de guerra, cuando venía la aviación del bando nacional y corría a esconderse a la huerta, allí se escondía en una zanja hasta que pasaba el peligro. A partir de las nueve y media de la noche, algunos días de verano, se escuchaba a lo lejos el ruido de un trimotor que se iba acercando al pueblo, era un ruido inconfundible, un continuo ram-ram… Entonces tocaba la sirena que habían instalado en la torre de la iglesia y la gente corría a refugiarse a los diferentes refugios que había en la población. Aquella sirena, después de la guerra, fue trasladada a la torre de las monjas y fue usada para avisar a los trabajadores que trabajaban en regiones devastadas, reconstruyendo la maltrecha villa de Sariñena. Julián recuerda como una vez una mujer le tapó la camisa blanca que llevaba para que no fuese visto por la aviación. Cuando venía el trimotor, en el campo de aviación siempre apagaban las luces pero en Albalatillo siempre quedaba alguna encendida y una vez una de las bombas cayó en una leñera de Albalatillo. En el aeródromo había Chatos (Rusos) y Moscas.

El famoso trimotor, que ya escuchaban cuando pasaba la sierra de Alcubierre, acabó derribado, convirtiéndose en uno de los primeros derribos nocturnos de la aviación. Al pasar San Juan lo ametrallaron y el trimotor tubo que soltar uno de los motores que se había incendiado. De los tres ocupantes uno murió, otro se rompió la pierna y el último huyó, escapó por detrás de Albalatillo, cruzó el río, era el mes de julio y un pastor lo encontró escondido tras la gavilla amontonada en un campo. Después estuvo en una masada por Moncalvo, donde le dieron de comer y luego prosiguió su periplo cruzando la sierra de Alcubierre, por la senda de los gitanos, llegando a Farlete sano y salvo.

Durante la guerra exploto el polvorín de Sariñena, que estaba en casa Tronchón, al lado de casa Regaño. Tenía bodega abajo con unas ventanetas que daban a la calle, había mucha dinamita y algunos maderos de la casa acabaron en el tejado de la iglesia, fue una explosión tremenda. Desapareció mucho de Sariñena, el antiguo ayuntamiento era precioso, con una gran escalera sólo más entrar que subía al piso de arriba, el ayuntamiento lo dominaba una campana. Un abuelo salió al huerto y le mató una bomba.

Después de la guerra jugaban a las guerras, a zaborrazo limpio. También jugaban por los refugios, por la cueva escavada por las canteretas de la actual calle San Jorge. Había muchos refugios, como el de casa Torres (En casa Torres estuvo el Estado mayor) o el que construyeron en el ayuntamiento, lo reforzaron bien con hormigón, además había un horno de pan. En la cantera del río Alcanadre trataron de hacer refugios y defensas del puente, pero al final no salieron como querían. Cuando llegaron los fascistas a Lanaja, de Sariñena partió gente para hacerles frente, salieron en un autobús, casi sin armas, y hubo quien que marchó con una horca de hierro. La cárcel de Sariñena estaba en la plaza de las monjas, también estaba la vieja ermita de Loreto. Por la zona de la plaza del general Alvarado cayó una bomba que reventó una tubería general que inundó todo. En Alcubierre fue fusilado el capitán Pancho Villa “He tenido un momento de cobardía pero la república triunfará”, lo fusilaron porque se había pegado un tiro en el pie para volver a casa, pero lo pillaron y lo fusilaron. Tras la guerra vino a Sariñena desterrado el profesor José Castanera: “Era una persona muy buena, daba clases por las tardes y por las noches”, al final lo admitieron y pudo dar clases como maestro. Su hermano Santiago estuvo preso en Francia y llegó a escaparse “¡Hasta en tres ocasiones!” del campo de concentración. Tenía que atravesar por un puente el río, pero para llegar al puente tenía que atravesar la calle principal del pueblo. Dos veces le pillaron los gendarmes, pero a la tercera fue la vencida.

Julián también trabajó llevando un camión para casa Torres y luego marchó a trabajar a  pretensados Mavisa, donde  hacían vigas, bovedillas… fue por 1974 y estuvo cerca de 15 años. Trabajaban de 8 a 9 personas. Luego Julián estuvo montando tubos para instalar los riegos, fue la época de la concentración parcelaria, la empresa se llamaba Riglos y estaba instalada en un almacén por la cabañera carretera a Casteflorite, por las Almunias.

Hubo una época que se juntaba con los amigos a hablar de política, sobre todo por las noches, a escondidas, realizaban tertulias y escuchaban radio pirenaica. Casi todos eran comunistas, aunque él siempre se ha declarado socialista, también acudían algunas personas de Monzón y mandaban dinero a Francia.

Si algo define a Julián son la gran cantidad de historias que nos podría contar. Aunque sin duda, Julián responde a un hombre que con trabajo y esfuerzo ha sacado a su familia adelante, una persona agradable y afable. Su historia es indisociable a la historia de Sariñena, retazos de nuestra memoria, que gracias a Julián descubrimos con enorme agradecimiento. Gracias Julián por todo lo aprendido y a Inma por abrirme las puertas a tanta sabiduría.