Guardia de Riego del Sindicato de Riegos de Sariñena, Manolo Foj Tella fue figura clave en el funcionamiento del sistema de riego de la huerta vieja de Sariñena. Gracias a sus hijos Joaquín y Manolo Foj Blanco, recuperamos parte de su memoria, de esa estirpe de regadores de un sistema de riego tradicional que, a lo largo de la historia, ha sido parte fundamental de la fértil huerta sariñenense.
Manolo Foj Tella nace en Sariñena en 1927 y fallece en el 2013. De casa el Chencho, por parte de su abuelo Inocencio, tenían algo de tierras, aunque no mucha, siendo familia de “regadores”, oficio que hereda tras la jubilación de su padre Manuel Foj Moren; también guarda de riegos, al igual que su abuelo Inocencio Foj. Por lo que fue conocido como “Manolo el Regador”.
Andando, su padre recorría el sistema a pie, entonces no había otro medio -¡Y eso que la acequia Valdera tiene un recorrido de unos 25 kilómetros y la del Molino de unos 12 kilómetros!-. Y al igual que su padre, Manuel fue un gran conocedor del sistema de las acequias de Valdera, el Molino y la Acequieta y se conocía palmo a palmo las acequias, enfilas, husillos y aguatillos, cada campo y huerta, cada agricultor o huertero a quien ayudaba -Pero también tenía su genio y no dudaba en reprender si este o el otro se lo merecía, especialmente si por pereza no se había levantado para regar por la mañana-.
-Había a quien se le pasaba el turno de riego, si había motivo les abría la tajadera por la noche, pero si era por no haber madrugado les regañaba-.
Manolo Foj Moren. Nació en 1900 y en 1920 realizó el servicio militar en Marruecos, momento en la que se tomó la fotografía.
Sus hijos Joaquín y Manuel han acompañado a su padre en el viejo oficio de su padre, de su trabajo como guardia de riego, en gestionar caudales, turnos de riego, vigilar su cumplimiento, marcar los tramos a limpiar, desaguar las acequias cuando venían crecidas del Alcanadre y controlar que no hubiese desprendimientos y se taponasen las acequias, tanto como por desprendimientos como de maleza a su paso por los diferentes puentes que salpican las acequias, entre muchas otras faenas -Veía la acequia y según el nivel ya sabía si faltaba agua, si estaba perdiendo o alguien estaba regando sin permiso-.
Como Guarda de Riego ostentaba autoridad, incluso podía denunciar, tenía una chapa ovalada que lo identificaba como guardia de riego del sindicato, aunque no la llevaba visible, solo la sacaba cuando lo veía necesario. Otras veces la sacaba, le sacaba brillo y se la volvía a colocar. También solía llevar un morral.
La acequia Vadera tenía unos 5 tramos y el riego se establecía por turnos -Los turnos eran de dos días por tramo, a veces se alargaba a tres días, pero no era lo normal-. Joaquín y Manolo recuerdan los siguientes tramos:
- Tramo la vía pa arriba, que regaba la huerta de Capdesaso. Justo por la vía había una enfila general.
- Tramo la vía – pantano.
- Tramo pantano – Barrieras, la enfila de las piscinas.
- Tramo Barrieras -Tierz, hasta el almacén del Pocho.
- Tramo de Tierz pa abajo.
En las enfilas, donde no estaba el turno, Manolo ponía un candado que quitaba cuando el turno tocaba. Los turnos se publicaban en unos viejos cajones de madera que el sindicato tenía distribuidos por el pueblo. Estos cajeros fueron sustituidos por unos de aluminio y que, al igual que los de antes, se encuentran en los siguientes lugares:
- En plaza Roda donde el Cartujano.
- En el Muro bajo, en casa Bernardino.
- En el Muro alto donde estaba la carpintería de Antonio el Frances.
Manolo llegó a tener una Guzzi, una moto italiana, con la que se desplazaba por todo el sistema de riego -Lo peor eran las tormentas, tenía que salir, muchas veces de noche, pues si había crecida en el río, también se venía avenida a las acequias y había que aliviarlas, desaguarlas para que no reventasen de la presión del agua-. En la acequia Valdera tenía que ir por la Sardera (por los cipreses de Gascón), donde hay un aguatillo para evacuar el agua al río. Además, con las tormentas entraba mucha tierra y eso no era bueno para las acequias. A veces le acompañaba alguno de sus hijos, Joaquín o Manolo. Mientras él abría el aguatillo, uno de sus hijos le alumbraba con una de aquellas linternas de petaca. Joaquín recuerda perfectamente estar con su padre abriendo el husillo entre lluvia, relámpagos y truenos. Siempre iba con un impermeable.

Manolo Foj Tella con sus hijos Joaquín y Manolo.
-En una ocasión, una noche de tormenta, yendo camino de la Cabañera Real hacia la Sardera, era tan fuerte el aire, la lluvia, relámpagos y truenos, que a su paso se cayeron algunos postes de luz que estaban junto al camino dándole un susto tremendo-. Fue un rayo, cuentan Joaquín y Manolo, que tiró hasta unos 10 postes de luz -Iba en moto y del susto se cayó al suelo-. En invierno se ponía periódicos para no pasar frio con la moto. Con el tiempo, Manolo llevó una furgoneta.
-Otra vez le pico un alacrán y llegó a casa como pudo, casi desvanece al llegar, no podía más-. Y otro día cayó con la furgoneta en la acequia-. Anécdotas que con el paso del tiempo recuerdan con cariño sus hijos, a pesar que fueron circunstancias duras, pero que siempre acabaron bien –Un año, que se celebraba FEMOA en las piscinas, por la noche estuvieron vigilando Manuel y Vicente Villellas, que era el Guarda de Campo, junto a la Guardia Civil-.
Era un trabajo bastante bueno pero que a veces se complicaba mucho. No había teléfonos y muchas noches la familia se preocupaba por si le había pasado algo, incluso algunas noches lo iban a buscar y allí estaba con su gancheta peleándose con algún aguatillo en plena tormenta. Cuando empezó a acompañarle José Anoro Marías, su familia se quedó más tranquila, ya no iba solo.
Los días de mucho aire, de viento, también eran malos, levantaban mucha maleza que acababa en las acequias, luego la maleza se quedaba en los puentes y si se acumulaba mucho bloqueaba la acequia. Para ello, Manolo usaba su gancheta extensible, con su mango extensible para poderla llevar en el coche. La gancheta tenía en la punta dos ganchos, a modo de horca, con solo dos dientes laterales, y con el final en forma de gancho.
Especialmente lo hacía en la acequia Valdera, cuando cruza la vía a través de un acueducto, donde se forman muchos tapones –Es una zona a la que tenía que ir muy a menudo-. Keko Anoro apunta que existe un aliviadero antes del acueducto, por si había avenida para que no desbordase por la vía, además el paso lleva como una derivación que buscaba que no se acumule la maleza, -Pero igual se acumula-. El acueducto está un poco más abajo del puente de la vía, es por donde está la Fija, la balsa y el almacén donde la Fija, la locomotora, bombeaba el agua a la estación ferroviaria de Sariñena.
El repique era una de sus faenas. Era la obligación de limpiar cada tramo de acequia. Manolo cortaba unas cañas entre unos 30 a 40 cm, las rajaba por una de sus puntas y ponía la boleta, un papel rectangular que ponía el nombre del propietario de la finca y los metros que le correspondía limpiar. Las distintas cañas las clavaba en el cajero y las ponía a la correspondiente distancia que media cuidadosamente a pasos. El que no hacía su tramo se le multaba o se le pasaba el Repique más caro. Limpiaban a hoz, horca y pala. Había zonas más difíciles de limpiar, con más buro y maleza, y otras más fáciles, como los arenales.
Una vez en Sariñena, la antigua Valdera iba desde el pantano adelante al aire, por la zona conocida como el Tollo Soto, en el cruce de la avenida de Zaragoza con la calle Miguel Servet, donde mucha gente iba a bañarse en verano.
Manolo Foj Tella con sus nietas y nieto.
Antes era un trabajo mucho más exigente, se regaba mucho a pie y muchos campos, se dependía mucho de la huerta hasta que llegó el canal y se comenzó a regar el resto de tierras de secano. Manolo ha hecho muchos metros de acequia, José el Moreno, con el tractor y el remolque llevaba los tablones y con camiones hormigonera echaban la solera y luego encofraban los laterales con tablas y rellenaban con hormigón. Nunca ha parado, siempre había trabajo, siendo Manolo un pilar fundamental en el Sindicato de Riegos de Sariñena.
Cuando su hijo Manuel se casó, Manuel en la boda no se privó de tomar una que otra copa, no mucho, pues no solía beber alcohol. Pero aquel día hizo una excepción. Al llegar a casa, por la noche, pronto se anunció tronada por lo que tuvo que salir. El oficio, la dedicación, como no podía ser de otra manera, la llevaba por dentro, la de Manolo el Regador, gran persona y muy querida en nuestra villa de Sariñena. En su recuerdo y memoria.





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