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Antonio Gracia-Diestre


Sumergirse por los archivos, descifrar escrituras que nos hablan del pasado, horas de estudio, documentos medievales, grafías esquivas, palabras ilegibles, indescifrables, paleografía, lenguaje jurídico…  Escudriñar las ruinas, cada detalle, dibujar, delinear, perfilar, hacer planos, indagar, plantear hipótesis, definir, establecer relaciones, hilvanar… ver materiales, ladrillo, sillar, ver que había un arco, o el principio de una bóveda o alero, ver que ha cambiado, que el muro pertenecía a otra fase constructiva anterior y el otro elemento, con ese principio de arco, fue posterior. Pasear por los pasillos, cavilar sentado en cada rincón, recaer en cada cambio imperceptible que se acaba asomando, como ese detalle que había pasado inadvertido y de repente explica todo. Al final es interpretar, ir haciendo coincidir las piezas de un puzle complejo, del plano hecho a mano, sentado en un peldaño de la fría escalera, al recién aparecido documento histórico que detalla a la perfección lo construido.

Hablar de investigar en Los Monegros es hablar de Antonio Gracia Diestre, un apasionado de la historia y del patrimonio, en especial del Santuario de Nuestra Señora de Magallón que, en destacado cerro, guarda la sierra de Alcubierre. No se puede decir nada mejor que lo que sutilmente precisó y dedicó, en acertadas palabras, Juan José Marcén Letosa:

“En tu rincón sentado,
Leyendo en los sillares
Y en los planos
Siempre atisbando
Pasado”

Su historia es indisociable al Santuario, quizá fruto de la casualidad o la causalidad de un destino inevitable. Natural de San Juan de Mozarrifar (con raíces por línea materna a finales del siglo XVIII en Lanaja), Antonio Gracia Diestre acabó en Leciñena encontrándose con el Santuario de Nuestra Señora de Magallón en un proceso de amenazante ruina. Fueron los inicios de un romance y un tedioso estudio e investigación que ayudó a forjar su salvación, recuperación y preservación. Un trabajo en conjunto gracias al pueblo de Leciñena, cuando la gente se unió, implicó y participó por devolver el esplendor a su Santuario de la Virgen de Magallón, gran baluarte histórico y devocional de Leciñena, Perdiguera y Robres.

Antonio comenzó estudios de Bellas Artes y Sociales, aunque sin llegar a finalizarlos. Mientras estudiaba, trabajaba como dibujante publicitario industrial. Aquello le formó en planos, en la representación gráfica, en ser preciso y lo más real posible. También, adquiría libros de arqueología e historia, para perfeccionar su evolución autodidacta, realizando diversos cursos, como los relacionados con la paleografía, indispensable para la compresión de las escrituras antiguas.

Gracias a su formación, fueron muy importantes para su trabajo las labores de demolición y posterior restauración del Santuario para conocer su desarrollo y transformación en su historia, realizando tanto el trabajo de campo como de archivos, aspectos complementarios entre sí. En principio, su misión principal fue extraer todos les vestigios necesarios, tanto arqueológicos y artísticos, como documentales del Santuario.

El conocimiento del dibujo técnico le permitía realizar planos del Santuario. Antonio dibujaba croquis y planos, los estudiaba posteriormente y descubría las diferentes construcciones, sus fases  arquitectónicas y cronología de las mismas. Poco a poco fueron apareciendo elementos constructivos ocultos o casi prácticamente desaparecidos, estableciendo donde habían ido las antiguas construcciones y edificaciones del Santuario hasta llegar a localizar el primigenio abrigo pastoril. Antonio estudió pavimentos, estudios del altar mayor… y a su vez, gracias a su conocimiento artístico pudo estudiar las pinturas y las técnicas para tratarlas, especialmente realizando el decapado de las mismas para descubrirlas. Así pues, en la iglesia del Santuario, tras varias capas aparecieron restos de pinturas y acabó constatando que respondían a Fray Manuel Bayeu, tal y como reflejaban los documentos, para lo que contó con la estimable colaboración y apoyo de José Ignacio Calvo Ruata.

Así, Antonio, fue reconstruyendo cronológicamente la historia del Santuario, un lugar que ha sufrido una constante evolución a lo largo de los siglos. Desde que en 1238 se apareció la virgen de Magallón, a un pastor en el cerro, a la edificación de un humilde habitáculo para albergar la virgen en su humilde morada, una cueva de caño profundo. De una cueva a una primigenia iglesia de finales de siglo XIII, y de un nuevo trazado de la iglesia a diferentes ampliaciones. Tuvo su máximo esplendor a finales del siglo XVIII hasta que el 25 de enero de 1809, las tropas francesas de la Guerra de la Independencia lo saquean, destrozan y queman. El resultado queda plasmado en “Documentos para la historia del Santuario de Nuestra Señora de Magallón en Leciñena”, obra publicada en el 2019 por el Ayuntamiento de Leciñena.

Entre sus investigaciones, son destacables la aparición de la nevera de sillería y la alberca medieval, pero, sin duda, una de las particularidades interesantes del Santuario es la presencia de grafitis de los siglos XVI y XVII, siendo uno de 1520 de los más antiguos de España. Antonio los documentó entre 1993 y 1994 “Un archivo de residentes, viajeros de toda índole, peregrinos e incluso los que iban durante varios días para realizar novenas, buscar la salud, descanso espiritual o estudio” dejaron su huella en forma de grafitis “Escritos, monogramas, consejos, dibujos, firmas, fechas y fragmentos de composición musical”. Un trabajo sobre este archivo mural plasmado en el libro “Los grafitis del salón (S. XVI-XVII): Santuario de Nuestra Señora de Magallón en Leciñena” publicado en el 2017 por el Ayuntamiento de Leciñena. También hubo grafitis de la guerra civil, pero la mayor parte de estos se perdieron.

El estado del santuario llegó a ser muy crítico, incluso se tuvo que cerrar, debido a que una parte del Santuario se derrumbaba y arrastraba a todo el edificio. Fue decisivo que pasara a ser finalmente de titularidad del ayuntamiento de Leciñena, de la mano de Gonzalo Gavin González, con quien Antonio siempre ha mantenido, y mantiene, gran amistad, además de compartir pasión y dedicación por el Santuario, la historia en general y de Leciñena en particular.

Antonio se siente de Leciñena y se conoce el Santuario palmo a palmo. De hecho, Antonio se casó en el Santuario (en 1978), fue el segundo matrimonio en celebrarse/oficiarse del siglo XX. En 1981, inauguró el día de San Blas, el disco-bar Lorien en Leciñena, abría los fines de semana (el resto de los días eran para el estudio y la investigación) y contaba con actuaciones musicales en directo y algún que otro espectáculo cómico, fue un pequeño centro cultural en su momento.

Paralelamente a los trabajos del Santuario, Antonio comenzó a estudiar e investigar, se ocupó y especializó en épocas medievales, sobre todo en los siglos XIV y XV. Ha trabajado profesionalmente como investigador independiente de forma autónoma, y ha realizado numerosas investigaciones por encargo (algunas para el extranjero), además de elaborar dos bases toponímicas del XIV y XV de Aragón, entre otras. Se puede decir que se ha dedicado y se dedica a la investigación documental histórica, inmerso en archivos, especialmente en el Colegio Notarial de Zaragoza, donde se encuentra el Archivo Histórico de Protocolos Notariales.

En esas historias que esconden los archivos es donde Antonio descubre los misterios de nuestro pasado. Al igual que el Santuario le ha enseñado y ha aprendido de sus paredes. Antonio atesora un gran conocimiento sobre la historia de Aragón, tras más de treinta y cinco años de investigaciones y de incalculables estudios de actas notariales. Su conversación es toda una enseñanza capaz de contextualizar Los Monegros en rigor histórico, de un Santuario muy relacionado con otros enclaves como el monasterio de santa Cruz de Perdiguera, san Blas en Robres o las ermitas de santa Quiteria y san Caprasio en la sierra de Alcubierre, o la torraza de Farlete. Una visión global donde el estudio y el conocimiento construyen nuestra verdadera historia.

Siempre es un poco tarde
Para mirar al cielo.
No hemos sabido por qué y en donde
Comienza el mundo donde moramos.
Todos sabemos que somos torpes
Todos queremos pasar por sabios.

G. Gúdel.

Libros relacionados con Los Monegros:

  • Escudo y bandera de Leciñena. Mira editores, 2002
  • Estatutos de los ganaderos de Leciñena en los siglos XIV, XV y XVI. Ayuntamiento de Leciñena, 2016.
  • Los grafitis del salón (S. XVI-XVII): Santuario de Nuestra Señora de Magallón en Leciñena (Zaragoza). Ayuntamiento de Leciñena, 2017.
  • Documentos para la historia del Santuario de Nuestra Señora de Magallón en Leciñena (Zaragoza). Ayuntamiento de Leciñena, 2019.

Artículos en la revista Montesnegros:

  • «Pretérito encantado». Núm. 2.
  • «Antonio Fray Bayeu en el Santuario». Núm. 19.
  • «Alizarina, un espacio para la creación y la recuperación». Núm. 26.
  • «Sentimientos y afectos». Núm. 28.
  • «Una nómina de notarios de Leciñena, siglos XIV al XVIII». Núm. 44.
  • «Bailes, igualdad y fraternidad». Núm. 47.
  • «Un cafetal del Santuario de Nuestra Señora de Magallón en 1824». Núm. 48.
  • «El pilón de San Antonio, Leciñena 1780». Núm. 50.
  • «Nuestra Señora la Virgen del Pilar se enoja con uno de sus hijos». Núm. 53.
  • «Insaculación en Leciñena en 1702». Núm. 60.
  • «Reliquias de San Blas y Santa Águeda en la iglesia de Leciñena (11 de junio de 1490)». Núm. 74.