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Brigadas Internacionales en Los Monegros


Voluntarios de más de cincuenta países, cerca de unos 60.000, acudieron a España para participar en la guerra civil española. De aquellos voluntarios, unos 15.000 fallecieron en su lucha contra el fascismo, un fascismo que comenzaba a amenazar Europa. De su paso por Los Monegros recogemos y recopilamos diferentes hechos en su reconocimiento y recuerdo.

La solidaridad internacional no solamente fue la lucha en el frente, sino también se materializó en una red de ayuda médica. Gracias a la Unidad Británica de Auxilio Médico se instaló el Hospital de Poleñino y el Hospital de Grañen: “El hospital de Grañén, instalado al comienzo de la contienda bélica, fue el primero de la ayuda sanitaria británica en España, de ahí el calificativo de “inglés”. Dependía del  SMAC (Spanish Medical Aid Committee) y se creó bajo los auspicios del Dr. Hyacinth Morgan (asesor médico del TUC, Trades Union Congress); junto a él Isabel Brown (líder comunista con experiencia en comités de este tipo, considerada La Pasionaria del movimiento de ayuda británico). El Hospital ingles de Grañen, Castiella Hernández J. Jesús.

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Almas Vivas, de Editorial Milenio.

Significativo y excepcional es el testimonio y fondo fotográfico de Alec Wainman, un joven ingles que se alistó en la British Medical Unit (BMU) como conductor de ambulancias. Alec partió de Barcelona el 7 de septiembre de 1938 al frente de Aragón. Su primera parada fue en Sariñena, donde se quedó sorprendido por el “Porrón” una forma muy higiénica de beber vino del que escribió: “El novato casi invariablemente se atraganta al primer intento, y por tanto es siempre aconsejable practicar con vino blanco en vez de tinto para evitar unas manchas feas y reveladoras en la ropa”.

En Grañen les asignaron una granja escuela para instalar el primer hospital británico del frente de Aragón: “Para empezar, el corral estaba ocupado por un montón de estiércol de dos metros de alto”. Al proponerle al líder anarquista local “Pancho Villa” la retirada del estiércol este “Se mostró sorprendido y comentó que siempre había estado allí”. La unidad la componían el Dr. Kenneth Sinclair Loutit, Rosita Davson, Mary Slater, Derry Atkinson, Margot Miller, Emmanuel Julius (Conductor de ambulancia)  y cirujanos catalanes. Emmanuel Julius abandonó el BMU y se unió a los milicianos en el frente de Alcubierre, donde encontró la muerte.

La falta de comida, el aceite rancio… trataron sin éxito que les hirviesen unas mazorcas de maíz; gracias a los paquetes de comida que les mandaban desde casa sortearon el hambre.  Los primeros atendidos fueron enfermos en vez de heridos “La gonorrea era el principal enemigo”. Su interesante relato narra combates en la sierra de Alcubierre, la presencia de brigadistas internacionales de la columna Thaelmann en Tardienta y su toma de la ermita de santa Quiteria, un bombardeo sobre Tardienta y un combate aéreo sobre Grañen.

Alec se permite rendir homenaje a las enfermeras inglesas Mary Slater, las Annie Murray, las Margaret Powell y las docenas de enfermeras inglesas “Que valían su peso en oro”. Almas vivas. La Guerra Civil Española en imágenes. Serge Alternês, Alec Wainman. Textos de Paul Preston, Josep Fontana, Juan Manuel Bonet, Ernest Alós y Teresa Ferré.

Entre sus fotografías aparecen milicianos y milicianas, voluntarios y voluntarias de los hospitales de Grañen y Poleñino. La Guerra Civil, vista por un cuáquero inglés, El País.  Entre aquellos retratos aparece la miliciana Liesel Carrit, de la que señala que “Nació en Mottek, había huido de Alemania con su familia rumbo a Gran Bretaña. Su cuñado resultó malherido mientras conducía una ambulancia en Brunete, a resultas de lo cual murió”. Liesel Carrit  fue fotografiada en Grañen el 14 de septiembre de 1936 por Alec Wainman.

El testimonio de la enfermera australiana Agnes Hodgson también resulta excepcional, la mirada de una mujer y enfermera, sus vivencias en la guerra de España. Agnes Hodgson, memorias en los hospitales monegrinos de Grañén, Poleñino y Sariñena los recogió en su diario: “A una milla de Huesca, edición de Judith Keene y Víctor Pardo Lancina”.

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El papel de la mujer en las milicias, su participación en la lucha en primera línea de frente, nunca ha sido lo suficientemente visualizado. Es el caso de la miliciana catalana Elisa García Sáez, cuya figura y memoria cada día es más conocida y reconocida. El caso de las brigadistas internacionales no es una excepción, pero sin duda su estudio e investigación pueden aportar luz a su olvido.

Georgette Kokoczinski (Georgette Léontine Roberte Augustine Kokoczinski) “La Mimosa” fue una miliciana anarquista de origen francés que en septiembre de 1936 vino a España a luchar en la guerra civil. Enrolada en el Grupo Internacional de la Columna Durruti, Georgette llegó al frente de Aragón donde se ocupó, junto con las militantes anarquistas alemanas Augusta Marx y Madeleine Gierth, de la enfermería y de la cantina. Georgette Kokoczinski La Mimosa.

La Mimosa

Georgette Kokoczinski murió el 17 de octubre de 1936 durante la batalla de Perdiguera, junto con otras enfermeras y decenas de voluntarios y activistas extranjeros y franceses, entre ellos Roger y Juliette Baudard, Yves Vitrac, Bernard Meller, Jean Delalai, Suzanne Girbe, Louis Recoulis, René Galissot, Jean Albertini, Jean Giralt, Raymond Bergé y Henri Delaruelle. Georgette fue capturada por las tropas franquistas, fusilada con otros compañeros y, según ciertos testigos, su cuerpo fue quemado en una granja. Según el testimonio de Antoine Giménez, habría sido capturada con Augusta Marx y ambas fueron evisceradas y, desnudas pero aún con vida, fueron lanzadas en primera línea del frente donde perdieron definitivamente la vida rematadas.

Georgette Kokoczinski escribió un diario durante su estancia en la Península, que fue encontrado después de su muerte y recopilado por Fortin; se conserva en el International Institute of Social History (IISH) de Amsterdam. En mayo de 1937, en su homenaje, un grupo francófono de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) del distrito barcelonés de Gracia, al que pertenecía Fortin, tomó el nombre de “Mimosa”.  

documentalismomemorialistayrepublicano.wordpress.com

Aquel 15 octubre de 1936, el Grupo Internacional de la Columna Durruti participó en la batalla de Perdiguera, donde las tropas republicanas trataron de tomar la localidad. Lo relata Isidro Benet en La batalla de Perdiguera un completísimo trabajo de investigación realizado por los “Los Guimenologues” Antoine Gimenez, Souvenirs de la guerre d´Espagne. Isidro fue uno de los cuatro o cinco españoles que se integraron en el Grupo Internacional, compuesto por unos  150 milicianos y milicianas. Tras la llegada de tropas nacionales y ser superados, varios miembros del Grupo Internacional quedaron atrapados durante la retirada. Refugiados en un pajar, este fue quemado mientras los que trataron de huir fueron tiroteados. El articulo cuenta con valiosos relatos y testimonios de Costán Escuer y su tío Mariano y Pepe Maestro de Perdiguera.

 

Imágenes facilitadas por CostánEscuer.

“La batalla de Perdiguera es una de las más documentadas de la zona”, señala Costán Escuer: Hubo muchos muertos del GI, y los franquistas también hicieron buena escarda entre los suyos a base de fusilamientos para escarmentar a futuros desertores o soldados que abandonaran su puesto.”

Telegrama de la batalla de Perdiguera. “Los Guimenologues”

Costán Escuer: «Pues Mariano que testimonia recuerda haber visto a las dos milicianas detenidas, que eran llevadas andando rodeadas de soldados [paseadas por el pueblo ] y el cree que las llevaron a interrogar a la comandancia. En las varias ocasiones que ha nombrado este hecho, siempre ha hecho mención a que le parecieron dos mujeres muy hermosas y que llevaban correaje (me imagino que para llevar pistola). Lo que ocurrió con ellas, solo son suposiciones suyas, nada sabe de cierto, pero imagina que las volvieron a llevar delante del pajar y que las mataron allí delante, seguramente para demostrar a los ocupantes del pajar que nadie saldría con vida de allí. Asegura que nunca oyó hablar a nadie del hecho de que fueran destripadas ».

“Según La Revue Anarchiste, eran cuatro las mujeres que murieron este día en Perdiguer : Mimosa, Augusta y las dos francesas Juliette Baudart y Suzanne Girbe. Las mujeres prisioneras que tenían correaje pueden ser las milicianas Suzanne y Juliette pues Mimosa y Augusta eran enfermeras”.

“El militar ordenó que se pusieran todos a cantar “cara al sol”. Pues la mujer (Suzanne Girbe) gritó “viva el comunismo !” y fueron fusilados todos.” Antonio Cugota.

Gimenologues.org

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Felicia Browne fue una artista inglesa que murió en el frente de Tardienta a los treinta y dos años, el 25 de agosto de 1936. Felicia fue alcanzada por un francotirador cuando acudía en auxilio de un compañero. “¡Soy militante del Partido Comunista Británico y puedo combatir como cualquier hombre!”, la Indomable Felicia Browne consiguió integrarse en las milicias y luchar activamente. Murió el 25 de agosto, un día después que Elisa García Sáez, miliciana herida en Tardienta días antes. Quizá Feliciana y Elisa se conociesen, quizá la dibujase.

El archiconocido escritor y periodista británico George Orwell estuvo luchando en el frente de la sierra de Alcubierre, durante los meses de enero y febrero de 1937 integrado en las milicias del POUM. Sus vivencias quedan reflejadas en su obra Homenaje a Cataluña  que inspiró la película Tierra y Libertad de Ken Loach. En el frente George Orwell coincidió con Willian Krehm, escritor, periodista y activista político, uno de los 16.000 canadienses brigadistas internacionales que vinieron a luchar a la guerra de España.

Por último, el Hospital Militar de Sariñena registró la defunción de tres Brigadistas Internacionales. Es el caso de Eugen Wayuer, Perteneciente a la columna Thaelmann que falleció en el lugar de la estación de Sariñena el 24 de octubre de 1936 a consecuencia de “luchando contra el fascismo”. El Batallón Thälmann estuvo integrado en las Brigadas Internacionales y acompañó a la columna Durruti en el frente de Aragón. Su nombre fue un homenaje al líder comunista alemán Ernst Thälmann. Siptime Jacques, de veintisiete años, fue teniente de las brigadas internacionales mixtas 110 1ª Brigada 4ª compañía. Falleció en el Hospital militar de Sariñena el 6 de septiembre de 1937 a consecuencia de una herida de bala en el abdomen. Joao Amputo das Heresnatural de Sao Martinho (Portugal) falleció el 23 de octubre de 1936, a consecuencia de heridas por arma de fuego.

En recuerdo a todos aquellos hombres y mujeres que en su conciencia social y solidaridad acudieron a luchar contra el fascismo.

Si al combate marchamos con arrojo 

para España obtendremos libertad.

Morirán los fascismos sangrientos,

en España habrá ya felicidad;

morirán los fascismos sangrientos,

en España habrá ya felicidad.

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José Porta Martín


La vida de José, Pepe como se le conoce familiarmente, está muy ligada al Barrio de la Estación de Sariñena y a una de las empresas familiares con más solera de la villa: “Espumosos Porta, Hielos y bebidas carbónicas”, actualmente “Comercial Porta SL”.

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José Porta Martín

José Porta Martín nació en el Barrio de la Estación de Sariñena el 4 de diciembre de 1929. Sus padres Higinio, natural de Osso de Cinca, y Asunción, de Caminreal (Teruel), emigraron a la Argentina donde vivieron unos 12 años. Regresaron por causas de salud de Higinio y se instalaron en Capdesaso, donde el hermano de Higinio fue secretario del Ayuntamiento. Higinio y Asunción tuvieron 12 hijos de los que vivirían seis, el más pequeño de todos era Pepe.

Higinio fue un gran negociante y emprendedor. Cogía el caballo desde Capdesaso y solía acercarse a la Estación de tren de Sariñena, donde vio una finca que le gustó y la compró; allí edificaron su casa, una fábrica de gaseosas y una fábrica de hielo. En la esquina con la carretera pusieron un almacén de venta al por mayor de arroz, aceite y productos básicos, en la trastienda había otro almacén donde vendían cemento y yesos. En Sariñena, en la Plaza Constitución hacía la calle Eduardo Dato, pusieron un bar que se llamaba “La Favorita” en el que sonó muchas veces, recuerda Pepe, “Suspiros de España” en una pianola que funcionaba con rodillos de papel perforados, después hubo un piano: “A todos los hermanos nos gustaba mucho la música y casi todos tocábamos el piano de oído.   

En aquella época el barrio estaba en su apogeo, en pleno crecimiento, el 90% de los habitantes del Barrio tenían relación con el tren, Sariñena era unos de los centros neurálgicos ferroviarios más importante de Aragón, había mucha vida y mucha demanda de productos.

Espumosos Porta, Hielos y bebidas carbónicas.

Al principio se hacían las gaseosas de pito y cuando se rompía la botella los críos aprovechaban los pitos para jugar a las canicas.  En un caldero de cobre se elaboraba el jarabe: azúcar, esencia de limón y agua; con los años se sustituyó el azúcar por la sacarina. Después vinieron las botellas de brida siempre retornables, en la fábrica se utilizaban máquinas manuales para el llenado una a una, estaban continuamente lavando botellas y era todo muy artesanal.

En el tren les traían desde Barcelona cerveza virgen en grandes toneles de madera, las botellas y las chapas y ellos la tenían que pasteurizar, enfriar y embotellar.

Al principio se repartía la mercancía con un carro tirado por un caballo por los pueblos de la redolada, también mandaban gaseosas, cervezas y hielo con el tren a pueblos cercanos.

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Gaseosa de pito.

“En la Estación había una cantina que estaba al lado del edificio principal, allí paraban muchos trenes y las paradas duraban bastante tiempo, la Lamparera Sra. Paula, vendía gaseosas que las llevaba en un pozal con hielo por los vagones de pasajeros del tren correo y le daba tiempo de vender las botellas y recogerlas una vez vacías, por si acaso cobraba los cascos y algunos viajeros los tiraban por las ventanillas al marchar y ella los recogía en los andenes.” La Lamparera era la mujer del Lamparero, éste se encargaba de mantener el farolillo rojo del último vagón del tren, que indicaba el final del convoy y tenía una oficina- taller donde todos los trabajadores de ferrocarriles arreglaban o llenaban su farol, por las noches siempre lo llevaban encendido.

En la estación había mucho tráfico, los trenes paraban a repostar agua o carbón, para cambiar de maquinista, para revisar y reparar las máquinas, las ruedas de los vagones, recuerda Pepe el sonido al golpearlas todas las ruedas una por una con una barra de hierro, según el sonido podían estar rotas.  Los maquinistas y los fogoneros descansaban, se quedaban a dormir en el “Cuarto de Agentes” donde además había una cocinera, cocina y comedor. El señor Goya fue uno de los jefes de la Estación, recuerda José. Para los silos, la Cross, había dos vías que iban para ellos y otras a los muelles de carga y descarga. En los cargaderos se cargaba cereal y mucha cantidad de remolacha, había una báscula donde la pesaban y luego la cargaban.

Cada dos o tres vagones había un guardafrenos, personal encargado de accionar los frenos según los pitidos que daba el maquinista. En aquella época había muchos oficios relacionados con los trenes, desde el jefe de la estación (el de la gorra roja), jefe del depósito de máquinas, jefe del cuarto agentes, factores, los brigadas, guarda agujas, mecánicos, guarda railes, la encargada del paso a nivel para subir y bajar las barreras, guardafrenos, etc. “Cuando pasó Franco por la estación justamente se habían bajado las barreras y la mujer que se encargaba del paso, toda preocupada exclamó: ¡Ay! hijo mío, ¿quieres que paremos el tren para que pases? Y dicen que le preguntó por su familia, o eso se contó y fue muy nombrado.”

José y sus amigos jugaban por la estación, se metían por los vagones y cuando transportaban gallinas metían una cuchara y cogían los huevos de las jaulas. A las maquinas pequeñas las llamaban chocolateras. José nombra al cura don Pedro: “Iba siempre con una sotana y una vara y cuando alguno le decía – ¡Mosén!, que parece un pastor- él contestaba -¡sí! De cabritos-“. Como la iglesia no se encontraba en condiciones hacían la misa en el Cuarto de Agentes.

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Camión de “Espumosos Porta”

Su padre y sus dos hermanos mayores, Higinio y Antonio, seguían con el negocio y adquirieron un camión para la venta, pero con el inicio de la guerra fue requisado por los republicanos, tan solo hacía un año que lo habían comprado. También les requisaron los almacenes, todo lo que había en ellos, los del campo de aviación iban a buscar cajas de cervezas y gaseosas con unos vales que no tenían valor y nunca cobraron, se llevaron los animales de los corrales, uno de los almacenes lo utilizaron para guardar las bombas destinadas al aeródromo de “Alas rojas”, José las veía desde una ventaneta “Estaban sin la espoleta, para que no explotasen”-comenta.  Quizá llegaban en tren y provisionalmente se guardaban en la estación hasta su traslado definitivo al aeródromo.

Los habitantes del barrio construyeron un refugio antiaéreo, cavaron el refugio en el suelo y lo cubrieron primero con railes de las vías, bien juntos, luego había una capa de medio metro de arena, otra capa de railes y por último, tierra encima. José solía jugar por el refugio a Pedro Botero (al escondite) con los demás críos del barrio.

Para avisar cuando se acercaba la aviación colocaron la campana de la iglesia de San Jorge en un árbol grande porque la iglesia se había derruido, a veces llamaban desde Grañén o Tardienta avisando que la aviación venía hacía Sariñena y hacían sonar la campana. La estación la bombardearon hasta en cinco ocasiones, con su hermano Antonio hicieron una zanja en el corral de su casa para refugiarse, veían pasar los aviones y decían “Ya nos dan, ya nos dan”, recuerda como cayeron tres bombas en el campo de al lado y que las mujeres de su casa nunca bajaron al refugio. En una ocasión huyeron a refugiarse a la Torre de Llamas, desde allí su madre Asunción contempló como los republicanos, en su huida, dinamitaban el puente de la vía.

El Cuarto de Agentes pasó a ser hospital de evacuación, también había un tren hospital en uno de los muelles de la estación donde llevaban los heridos y los más graves los derivaban al hospital. Su hermano Luis se encargaba de llevar la ambulancia, iba a recoger al frente a los heridos para llevarlos al hospital, en una ocasión la ambulancia fue bombardeada y él se salvó pero no los heridos que llevaba. A su hermano Higinio se lo llevaron a Tarragona y, como era muy buen mecánico, puso en marcha la maquinaria de una fábrica de harinas.

Al acabar la guerra hubo que empezar de cero y en aquellos difíciles tiempos en los que no quedaba casi nada siguieron con la fabricación de gaseosas y hielo, pero al no dar mucho también compraban y vendían naranjas, pollos, aceite, miel o lo que les demandasen. También se dedicaron al negocio de las almendras, las compraban, las metían en unas máquinas de descascar y por un lado salían las almendras que las mandaban a Reus, por otra las cáscaras que se vendía para las estufas; allí trabajaron de diez a quince mujeres de Capdesaso para acabar de separar la cáscara de la almendra.

 

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Gaseosa de brida “Espumosos Porta”

Los Porta también habían montado una fábrica de hielo para refrescar las bebidas. Había unos moldes que se llenaban de agua, se sumergían en la “piscina” donde se convertía en hielo, se desmoldaban en un pozo de agua y  luego  guardaban las barras en una cámara frigorífica de muros anchos, para no ir abriendo y cerrando la puerta de la cámara había una ventaneta muy pequeña por donde metían y sacaban las barras de hielo, “El aire deshiela más que el sol. El hielo es muy delicado y había que manejarlo y transportarlo con mucho cuidado, entre paja y sacos”. Por medio del tren mandaban el hielo a Grañén y Tardienta y con los camiones de reparto, en años posteriores, a otros pueblos de la comarca. Aquellas cámaras frigoríficas también fueron requisadas durante la guerra y les hicieron mantenerlas siempre en marcha porque las tropas republicanas que andaban por la estación las utilizaron para conservar víveres. El hielo se utilizaba mucho, además de para refrescar la bebida, en las nuevas neveras de hielo que salieron, en las pescaderías, para hacer helados, etc.

Compramos un camión Diamon que duró muchos años y tenía una bocina que hacía: SOL Mi DO. Mi hermano Luis cuando pasaba por delante de su casa le tocaba a Asunción una melodía “sol do mi do sol mi sol do” y así ella sabía que llegaba.

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Sifón “Espumosos Porta”

A todo añadieron la fabricación de sifones, entonces se bebía mucho vino con sifón. A la muerte de su padre y con los años quedaron a cargo del negocio cuatro hermanos: Higinio el mayor era el administrador y era un gran mecánico y negociante, su hermano Antonio era el químico, encargado del laboratorio y muy buen mecánico,  en los años 60 llegaron a fabricar soda de café (cuando comenzaba a llegar la Cocacola), limonada y naranjada además de gaseosas, Luis era un emprendedor y muy negociante “Era como el comodín, hacía de todo, igual estaba en la oficina que llenando gaseosas, que iba de comercial y a repartir por los pueblos la mercancía o iba a Barcelona con el camión, un Pegaso Barajas, recuerda que salía a las cuatro de la madrugada y llegaba a Barcelona a la una del mediodía. En realidad, todos trabajábamos mucho, no tuvimos nunca vacaciones. Yo aprovechaba los domingos que se podía para ir al río Alcanadre con mi mujer y mis hijos a pasar el día al lado de la fuente de Chabarriga en la huerta de Capdesaso y nos bañábamos en las badinas cerca del puente del tren o a la playa a Salou a pasar el día cuando fueron más mayores”.

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José Porta durante el servicio militar.

José fue a la escuela en la estación, los chicos a la derecha y las chicas a la izquierda.  Luego estudió dos años en los escolapios en Zaragoza donde vivía con su hermana Josefina que era como su madre. El servicio militar lo realizó a los 17 años en Mallorca donde además aprovechó para estudiar comercio. Antes de realizar la mili, José ya había conocido a María Pilar Murlanch Minguella con la que cortejó nueve años y la bajaba a ver siempre que podía a Sariñena en bici, “el amor de mi vida”. José y María Pilar se casaron, tuvieron tres hijos y su vida se ha desarrollado siempre ligada al barrio de la Estación de Sariñena.

Pepe y Mª Pilar fueron muy bailadores: “En la estación había muy buenas fiestas hasta que sobre 1965, unos cohetes explotaron incontroladamente hiriendo a varias personas, uno de ellos a Vicente Sanclemente, vecino del Barrio, por este motivo las fiestas se suspendieron hasta bastantes años después. Las fiestas son para San Jorge, a la estación venía gente de todos los pueblos de alrededor, en casa Gil se hacían muy buenos bailes.  En aquella época había cinco bares, estaba casa Gil, que era bar y baile de fiestas, casa El Gorrión, bar y tienda de ultramarinos, El Parador, era bar y posada, La cantina del señor Jesús, al lado de casa Gil, y la cantina de la estación y una carnecería, panadería y lechería detrás de la escuela, la de la Sra. Antonia y el Sr. Feliciano”.  

José ha sido un gran aficionado a la fotografía, cuando se casó se compró dos libros y todo el material para montar un laboratorio fotográfico y él mismo aprendió a revelar las fotografías que hacía a sus hijos, en las excursiones al río de los domingos, etc. La fotografía era una de sus pasiones al igual que el fútbol, siempre seguidor del CF Sariñena, estuvo 11 años en la directiva y durante esos años y algunos más estuvo de corresponsal deportivo de radio y prensa. En la revista Monegros fue puntual colaborador escribiendo en cada número las noticias deportivas del momento así como la historia del CF Sariñena hasta el año 1981.

Dos años después sufrió una enfermedad que le apartó de su vida profesional habitual: “Menos mal que mi hijo Jaime, del que me siento muy orgulloso, se quedó en el negocio y aunque era muy joven tomó mi relevo con gran entusiasmo y dedicación”.

A partir de entonces José y María Pilar viajaron mucho, José por el negocio familiar era socio de ANFABRA (Asociación Nacional de Fabricantes de Bebidas Carbónicas) y visitaron muchos lugares de España, en reuniones y encuentros. También viajaron muchas veces a Mallorca porque le encantaba ir en avión (otra de sus pasiones) y volver a los lugares donde hizo la mili, a la playa y con el IMSERSO.

Pepe recuerda con cariño a tantas mujeres y hombres que han trabajado con ellos algunos como si fueran de la familia y a clientes de toda la comarca con los que después de tantos años les ha unido una gran amistad. En la década de 1960 modernizaron la fábrica y en la de los 80 automatizaron totalmente el proceso. Desde que esta empresa familiar nació por allá los años 20 (luego cumplirá el centenario) siguen adaptándose a los nuevos tiempos y ya va por la cuarta generación.

La saga familiar continúa ligada al barrio de la Estación de Sariñena, un barrio con mucha historia a la que nos hemos acercado gracias a la memoria y la afabilidad de José Porta Martín, un placer.

Joaquín Ruiz Gaspar y Asun Porta Murlanch

 

Sariñena, la retirada.


En marzo de 1938 comienza la retirada de las tropas republicanas, destruyendo en su huida los puentes sobre el río Alcanadre y el barranco de Malfaras.  El 25 de marzo, la legión Alemana Condor bombardea Sariñena y el 30 la aviación italiana el Barrio de la Estación. Sariñena fue duramente golpeada, según José María Maldonado “Sariñena era un lugar citado que había que machacar”. Así, su destrucción llegó a más del 65% de la población, lo que le valió, en el franquismo, su declaración como “localidad adoptada por el caudillo”, debiéndose hacer cargo de su reconstrucción “Regiones devastadas”.  

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Foto aérea del bombardeo del Barrio de la Estación de Sariñena

Arturo Morera data el bombardeo de Sariñena el 26 de marzo: “El escuadrón Junkers 52 actuó bajo las órdenes de Joaquín González Gallarza”, matizando que la ocupación de Sariñena llegó por las tropas del cuerpo del ejército del general Moscardó, del ejército de Franco, después del feroz bombardeo: “El 27 de marzo una división de marroquíes dirigidas por el general Moscardo ocuparon Sariñena”. Daniel Grustán Ballarín, en “Guerra, exilio y represión”, recuerda ver como 28 aviones Junkers sobrevolaban Sariñena, dando la vuelta a la altura del barranco Malfaras y colocándose en fila india bombardearon intensamente Sariñena.

Definitivamente, el 25 de marzo de 1938 “cuatro escuadrillas de tres aviones Heinkel-111” de la Legión Cóndor bombardearon de forma “inmisericorde la villa”, tal y como recogen diferentes autores como Salvador Trallero, José María Maldonado y Jesús Inglada. La población prevenida se había refugiado en las masadas y casetas de los montes cercanos, evitando lo que podría haber sido una gran tragedia. Mientras las tropas republicanas marchaban en retirada, en la confusión, resultaron asesinados Antonio Loscertales, el Zumarro, su mujer Carmen Tierz Marías, Teodoro Cabellud Blanco (caminero) y Pilar Conte Dueso, que fueron fusilados en la cocina de su casa el día anterior a la liberación de Sariñena “Suponiéndose que fue por delatarlos alguien de que estaban celebrando la entrada de los nacionales en esta villa”.

Del bombardeo de la Estación de Sariñena, de la fotografía que acompaña el artículo, hay citas que fechan aquel bombardeo el 19 de Noviembre de 1937: “Un despiadado bombardeo aéreo perpetrado por la Regia Aeronautica Italiana a las ordenes directas del dictador Benito Mussolini, como prueban los documentos encontrados en el país transalpino de donde proviene, también, la foto tomada desde uno de los Savoia Marchetti que intervinieron y que Antoni Nebot gentilmente nos proporciona” (Foro trenes).

De aquellos tiempos también contamos con las memorias del sindicalista cenetista José Peirats “De mi paso por la vida. Editorial Flor del Viento”, con su testimonio de su retirada del frente de Aragón. José Peirats ya había pasado otras veces por Sariñena, una vez por la inauguración del campo de aviación, inaugurado por el Coronel Felipe Díaz Sandino. También estuvo en sus visitas al frente de Huesca por medio de “Acracia” con Manuel Magro (Acracia era la revista de la C.N.T. de Lérida editada durante los últimos años de la Guerra Civil. José Perirats y Manuel Magro fueron durante un tiempo directores de la revista, además Magro fue alcalde de Lérida durante la contienda bélica). Así, José Peirats recordaba el aeródromo: “Era de tierra y por todo ornamento de un palo colgaba la manga de una camisa que señalaba la dirección del viento. ¡Qué diferencia desde entonces!”. Al divisar Sariñena, aún humeante de los bombardeos, Peirots relata una imagen macabra: “Centenares de soldados estaban echados por el suelo, medio muertos por la fatiga. Debían ser los de Huesca. El espectáculo era horripilante, digno de una escena dantesca”. Peirots se reencontró con algunos camaradas y fue testigo del consejo de guerra contra Sostre. El jefe máximo Bellmonte “impasible como siempre”, nombró como jefe de batallón a Rubi y asesinaron a Sostre. Se encontraban de retirada, en huida hacía Lérida: “Sonó la alarma de aviación, mucha gente se fue a refugiar debajo del puente, pero no hubo bombardeo, se trataba de aviones de reconocimiento”.

Ante el “Hotel Anoro”, sirviendo de dosel unos rótulos inconmensurables de gritos “antifascistas” se encuentra el cadáver de un miliciano. Quedó rezagado en la huida de sus compañeros. Cuando habían llegado las fuerzas nacionales a la plaza, este miliciano quiso defenderse usando granadas de mano. Un certero disparo de pistola le desplomó y quedó con los brazos extendidos y los ojos abiertos.”

Arturo Morera

Para muchos la retirada y para otros la reconstrucción. Una Sariñena destruida, muy arrasada mostraba sus calles llenas de escombros, impracticables, y casas derruidas e inhabitables. Los vecinos y el Batallón 408 de Orden Público fueron los encargados de realizar las labores de desescombro y limpieza.

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Portada del ABC del 22 de mayo de 1938

La retirada también fue dura, fatigosa y trágica. En su retirada, el Comisario de Guerra de Compañía Francesc Roca Matamoros, en sus Memorias de su exilio, narra su paso por Sariñena: “Llegamos a Sariñena y virtualmente estábamos todos desfallecidos, eran tres días de andar, combatir y no dormir, nuestros cuerpos parecían autómatas pues nos movíamos por intuición. La comida no la habíamos probado desde que empezó el ataque y nuestra intendencia funcionaba mal completamente. Un tren militar nos esperaba en Sariñena donde se había dado la orden que la 32 división, fuera a instalarse en unas posiciones que había a 13 Km. A la retaguardia de Sariñena”. La posición que tomaron fue El Tormillo, donde prepararon un contrataque. A pesar de dinamitar el puente del tren del ferrocarril sobre el río Alcanadre, las tropas nacionales avanzaron hacia sus posiciones donde trataron de contratacarles con el factor sorpresa. “Empezamos el ataque y sin artillería, sin tanques y sin ametralladoras, el desastre fue grande, pues de 500 soldados, llegamos a nuestras líneas como 300, quedó en poder del enemigo y nuestras filas completamente desorganizadas” (Memòries escrites pel Comisari de Guerra de Companyia Francesc Roca Matamoros durant el seu exili cap a Mèxic – D’Ulldecona a Morelia).

Fue una retirada sin orden, a la desesperada, hacia nuestra vecina Cataluña. Indudablemente Cataluña acogió a numerosos aragoneses que buscaban su huida hacía Francia, por la Vall de Aran o por la costa. Una de las poblaciones que sirvió de refugio y acogida fue La Garriga, en la provincia de Barcelona y allí encontramos un documento interesante y sorprendente. Una relación de refugiados, sin especificar la fecha, que muestra en un momento dado el registro de 56 sariñenenses refugiados en dicha localidad. Además, entre los numerosos aragoneses, los 95 de Vicien, los 35 de Barbastro…, aparecen los 12 monegrinos de Barbués, los 6 de Torralba de Aragón y los 5 de Sangarren.

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Arxiu Municipal de la Garriga (AMLG). Fons Ajuntament de la Garriga.

La Garriga tenía poco más de 3.000 habitantes antes de iniciarse la Guerra Civil española, y pasó a tener cerca de 10.000 poco antes de su finalización, acogiendo personas que huían de las zonas del Estado español en la medida  que eran ocupadas por las tropas franquistas y gentes que escapaban de los continuados bombardeos que sufría la ciudad de Barcelona.

Un número muy importante de estos refugiados eran niños, procedentes en su mayoría del País Vasco, de Madrid y de Castilla, a los que se procuraba fueran debidamente escolarizados, bien alimentados y que disfrutaran de sesiones de ocio propias de su edad, conscientes de que habían sido apartados, para su mejor seguridad, de sus entornos familiares, de que habían sufrido las consecuencias de los bombardeos y que habían llegado a la Garriga en unas condiciones de transporte muy penosas.

Joan Vendrell i Campmany

http://vencamp.blogspot.com/

Gracias a Enric Costa Argemí, del Àrea de Patrimoni del Ajuntament de la Garriga, por su ayuda en la consulta y acceso al documento.

IMPRESIONES DE GUERRA

Sariñena ofrece a la vista toda la gama de hechos vandálicos que puede dictar conciencia perturbada y una cabeza en derrota

— Una visita a lo que fue base aérea — Pilarín Basols mantuvo con gran fortaleza su fe cristiana a pesar de la horda. – La población civil, que había huido, regresa. — Desde los primeros momentos funciona el “Auxilio Social”

Tenía el cronista a Sariñena ante la vista. El mando retrasaba su ocupación. Estos jefes espléndidos que llenos de victoria son padres de cada soldado, cuidaban con calor las unidades. Al fin se realizó la entrada. En el más profundo silencio de la horda que huía dejando tras sí una estela de barbarie. Voladura de edificios, incendios, el saqueo más vergonzoso. Toda la gama de hechos vandálicos que puede dictar una conciencia perturbada y una cabeza en derrota, la población civil había desaparecido  completamente. La huida por los montes obligada por la tiranía roja que obligó a no pocos a seguir la aventura del descalabro…, la población desapareció. De algunos edificios asciende el humo y presentes derrumbamientos se observan. La horda, después de desvalijar y destrozaron con estudio la población que tiranizaron, prendió fuego a no pocas viviendas que nuestros soldados van apagando para recuperar lo posible.

Una estela de barbarie

Todos los puentes sobre el río Alcanadre, aparecen volados. Han saltado altos. Aquel magnífico de la vía férrea a Barcelona. De líneas elegantes, de tres tramos, que salva aquella imponente, hondonada por donde se estira el río ha saltado volado por tres puntos.

La Iglesia Parroquial, con aquella fachada catedralicia, esta raspada de todo  tributo y mínimo simbolismo de lugar sagrado. A lo largo de aquellas paredes, ¡Sosales los gritos de una propaganda ..a, pornográfica y revolucionaria, en los carteles multicolores.

La Iglesia fue destinada a taller de reparación de automóviles. En su puerta principal hay un letrero colosal con la inscripción: U.H.P. Hay restos de vehículos, grasas, herramientas Sobre la fachada un gran parapeto de sacos terreros donde se escondían armas antiaéreas.

El edificio del Casino de Sariñena se baila en su interior totalmente transformado. Un gran letrero reza: “Casa del pueblo” “Central de Sindicatos” Sin embargo, en estos momentos, aparecen sus salas destinadas a grados escolares. Hay un gran desbarajuste.

En la plaza de la Iglesia, frente a ella, lo que fue una gran manzana de viviendas es hoy una gran calva. Sucedió que hace unos meses un depósito de trilita, con una cantidad de tres mil kilos, hizo explosión, levantando toda la edificación.

Hemos visitado los locales que ocupaba el Banco de Aragón. Allí está el rastro de la horda. La caja fuerte pudo ser violentada. Allí están las señales de ello.

Sin duda la horda no tuvo tiempo suficiente. Toda la documentación se halla por los suelos y el moblaje aparece destruido.

Obra de perversión

Sariñena, como centro radial de una extensa zona, fue centro de lo que ellos llamaran cultura, pero que es la más desdichada perversión de la inteligencia y del corazón.

Aparte de la estación difusora denominada «Alas rojas» que tiene un edificio construido en la llanura que une la estación del ferrocarril con la villa, por cuya difusora se vertieron tantas patrañas y sandeces, Sariñena contaba con una instalación lujosa de centros culturales (¡!).

Cada grupito tiene su hoja de publicación, su biblioteca y centro cultural Comenzando por el más cándido republicanismo hasta el rabioso concepto libertario.

En la calle de «Dato», encontramos centenares de hojas que declaran las excelencias de aquel papel «Adelante». ¡El radical- socialismo redivivo! Los señores Lana, Estéban y Brunet, elogian el republicanismo con ribete socialista.

En el «Hotel Anoro» tienen su sede las juventudes libertarias: telas rojas con rótulos inmensos, banderas, folletos del peor gusto, colores y colores, Prensa que atosiga, carteles que marean. En la plaza «Enado» tienen la se de las Juventudes Unificadas. Tenían, vamos. Allí está Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S.

En este piso espléndido estaba el socialismo instalado. Sería el académico por la elegancia de de la instalación y el perfil de la Enciclopedia Espasa que sostiene un magnífico «bureau».

En una planta baja del mercado vimos la biblioteca más indecente que se pudo coleccionar. ¿Cultura?

¡Perversión! Combinada con aquel cine grosero que ha sido servido a la procacidad de milicianos y milicianas.

Con estos antecedentes no hay nunca victoria sino derrota; no hay ejército fuerte sino horda bestial.

Campo de aviación

Llevados por la popularidad que la la base aérea de Sariñena logró en nuestra provincia, nos dirigimos a aquello que es el cementerio de una base aérea. Nuestras escuadrillas nacionales han pulverizado en excursiones sucesivas este campo que fue destinado a ser una de las primeras bases de Aragón. Sus edificios quedaron aniquilados y la superficie de él convertida en un sistema de fosos que nuestra metralla sucesivamente fue abriendo.

Fue abandonado ante la predilección que nuestras armas aéreas sentía por la base y pericia de nuestros aviadores que machacaron todos los proyectos rojos. En una ocasión los cazas rusos se negaron a elevarse ante la presencia de la aviación nacional. Mientras los jefes anduvieron a tiros, nuestros aparatos destrozaron una regular cantidad de aviones rojos y nuestros cazas ponían fin a las discusiones entre los aviadores en rebelión.

Una mujer fuerte

Pilarín Basols, oficial de la Hacienda de Huésca. Conocida en esta ciudad. La señorita Basols, de la Juventud Católica de Huesca, ha sido la mujer que ha sostenido el rosario y devocionario en sus manos frente y a pesar de la horda

Nunca lo ocultó. En los sucesivos registros se lo arrebataron. Ella siempre tuvo sus libros de rezo y mantuvo altivamente su bandera católica ante los «aguiluchos de la F. A.I. y ante los «Incontrolados» que no es poco.

Hoy la hemos encontrado, aquí esperando a España. Al saludarla la dijimos: ¡Arriba España! Pilarín. Ella nos contesta con sencillez: ¡Arriba España y la paz de Cristo en el reino de Cristo!.

Esta tesis católica ha sostenido como una mujer fuerte esta señorita ante la horda. Sus primeras preguntas fueron: Cómo van nuestras Juventudes Católicas de España y Huesca.

La población civil regresa

Desde las primeras horas del domingo tornan estas gentes a sus viviendas. Vienen con huellas del terror que han padecido Este puede apreciarse en un detalle. Al contemplar la población castigada no lamentan el castigo, sino bendicen la hora en que fue cortado aquel régimen que dicho sea de paso fue ejercido por los peores.

No fue excesivo el derramamiento de sangre, sin embargo el régimen de opresión y tiranía que han padecido, supera al asesinato.

Algunos asesinatos, continuados vejámenes, persecuciones sin cuento por el motivo más fútil, forman el calvario.

Presencia de España

Ya está aquí la Falange con la exaltación de la Patria, en sus carteles simbólicos y el pan de «Auxilio Social». Al atardecer ya habían regresado una buena parte de los vecinos. Ellos recibieron el pan blanco de la España de Franco y cantidad de víveres para tres comidas.

Luego volverán a comer estas gentes en la mano de la Falange. Hoy, lunes, ya funciona el comedor de «Auxilio Social» que está, lo veo, instalando la incipiente Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista.

El jabón de «Auxilio Social» alegra a estas mujeres sencillas que tienen hambre de limpieza. No había jabón; y alguien dio, en una ocasión una gallina por un trozo, de él.

Un cadáver, rojo

Ante el «Hotel Anoro», sirviendo de dosel unos rótulos inconmensurables de gritos «antifascistas» se encuentra el cadáver de un miliciano. Quedó rezagado en la huida de sus compañeros.

Cuando habían llegado las fuerzas nacionales a la plaza, este miliciano quiso defenderse usando granadas de mano. Un certero tiro de pistola le desplomó y quedó con los brazos extendidos y los ojos abiertos.

Nosotros le contemplábamos y trajimos a la consideración un simbolismo. Aquel corpachón tendido junto al desfile interminable de banderas, cantos y generales, era todo ese tinglado bélico y revolucionario que está derrotado y tendido por la superficie de Cataluña, sobre la cual va a pasar inmediatamente el triunfo de la guerra como una realidad y la victoria de la paz como una promesa de futura grandeza.

 Flecha.

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Francisco Larroy Masueras


Paco es el último combatiente vivo de La Madeleine, una heroica batalla durante la segunda guerra mundial en Francia. Desde su exilio, Paco ha vivido toda su vida en Anduze, donde llegó exiliado desde Sariñena junto a sus padres y hermano Antonio. Los hermanos Larroy son todo un ejemplo de supervivencia y compromiso por la libertad, dos sariñenenses de leyenda.

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Paco Larroy Masueras

Francisco Larroy Masueras nació en Sariñena en 1924. Su padre José Larroy Bollic descendía de familia de herreros pero se dedicó a construir carros: “Fue carretero”. El taller lo tenía al lado de la herrería, en la calle Goya nº 4, subiendo a mano derecha. Su abuelo dividió la casa en dos, así que los dos talleres estaban pegados, las puertas eran iguales: “Tal y como subías primero estaba la herrería, que la llevó mi tío, y luego el taller de carros”. Además, en casa vendían abono de pescado para los campos, se podía leer en la fachada: “Se venden abonos”. Su madre era Adelaida Masueras Clavería y sus hermanos tenían una fábrica de gaseosas camino del río, a la salida de Sariñena, al lado de garaje de Eloy Casabon y durante la guerra todo quedó destruido. Antonio, hermano de Paco, era tres años mayor, nació en Sariñena en 1921 y murió a los noventa y cuatro años de edad, el 18 de noviembre del 2015.

Paco fue poco a la escuela, pero aún recuerda al maestro don Pío, a algunos amigos como el Peti (el cafetero) y el rubio Chin. Iban a robar manzanas por la huerta, a bañarse al río, a la Laguna a cazar patos y de romería a san Isidro. Recuerda la línea de autobús de la sesantina, de unas seis fuentes y del cine del teatro Romea, donde iban a ver películas en el gallinero, pues era más barato, “Al dueño del Romea lo fusilaron en Sariñena”. La plaza Alvarado, actualmente de la Constitución, rebosaba de vida, había un abrevadero y encima el bar “Las Delicias”. También estaba el quiosco que había hecho su Padre, donde vendían cervezas. La plaza estaba llena de gente, de vida, y además las vacas, mulas y caballos iban a beber al abrevadero y al caer la tarde volvían solos.

Llegó la guerra y todo se quebró, Paco la vivió con nueve años. Su padre, José Larroy Bollic fue conserje de Izquierda Republicana y estuvo en el comité local: “Estuvo cuando los milicianos venidos de fuera querían fusilar a los cerca de 40 detenidos de derechas en la cárcel, estaba al lado de la ermita de Loreto, se opusieron dejando claro que aquí no se mataba a nadie”. Su tío, Manuel Masueras Clavería, fue directivo de Izquierda Republicana y Francisco Masueras Clavería fue patrullero al servicio del comité con su automóvil, fue detenido y murió en Burgos, “No había hecho nada malo”, recuerda Paco.

Del frente llegaban camiones con heridos y fallecidos, Paco aún recuerda ver de crío los cadáveres en la entrada del Hospital Militar. Aún se acuerda Paco del jefe del campo de aviación “se llamaba Franco y La Pava, un avión que salía hacía Huesca a bombardear todos los días hasta que un día no volvió”. En casa acogieron a una hermana de su padre que estaba de monja en Fonz y también a una monja del País Vasco que no podía regresar a casa y se tuvo que quedar en casa de los Larroy-Masueras. Su madre Adelaida aprovechó aquellos tiempos para montar un puesto de venta de mantecaus y churros en la calle del medio: “Había mucho trasiego de milicianos en Sariñena, hizo dineros pero lo perdieron todo al cruzar la frontera”.

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Paco Larroy y Joaquín Ruiz

Se fueron a refugiar de los bombardeos a la masada de Florencio, era amigo de su padre y allí fueron unas dos o tres familias, a unos siete kilómetros por la carretera a Sena. Al acabar los bombardeos, su padre José volvió al pueblo pero vio que no había quedado nada, tan sólo encontró ruinas. A los pocos días marcharon dirección a la frontera hacía el Valle de Aran: “Balaguer, Tremp, Valle de Aran y Francia”. Solamente estuvieron un mes en Francia, a su hermano lo llamaron a quintas y su madre decidió volver a la España republicana para estar más a salvo. Estuvieron dos o tres meses en Vila Sacra, en la provincia de Gerona, hasta que de nuevo se vieron obligados a huir a Francia. Fueron por la costa mientras las tropas fascistas les acribillaban a balazos, desde el mar, “Nos asaron”.

Al cruzar la frontera los alojaron en un campo de refugiados; hasta que los distribuyeron, su padre y su hermano Antonio fueron a un campo de concentración durante dos años, mientras que su madre y él fueron llevados en tren hasta Anduze, un pequeño pueblo en la región francesa de Occitania, en el departamento de Gard.

En Anduze, Paco estuvo muy bien, era un refugio y la gente del pueblo les acogió muy bien. Allí fueron a parar varios exiliados Españoles. Con el tiempo consiguió contratos de trabajo para su padre y hermano, lo que les permitió abandonar el campo y reunirse con la familia en Anduze. Así, José y su hijo Antonio comenzaron a trabajar en la agricultura, compraron una casa y vivieron una pequeña época en calma: “Estábamos muy bien”.

Pero de nuevo el fascismo les sumió en una guerra; con la segunda Guerra mundial, el ejército Nazi ocupó Francia y muchos no dudaron en hacerles frente. Entre ellos Paco y Antonio que se echaron al monte, junto a otros españoles y franceses, protagonizando una de las más épicas batallas de la segunda Guerra Mundial. El investigador caspolino Amadeo Barceló, autor de “¡Viva el maquis!. Tras las huellas de maquis, guerrilleros y clandestinos en el Bajo Aragón” ha investigado y estudiado aquella batalla de La Madelaine, “la batalla contra la Wehrmacht, cuando el 25 de agosto de 1944, 32 españoles, de los que nueve eran aragoneses, lograron rendir a una columna entera de alemanes compuesta por 700 soldados”. Amadeo conoció y entrevistó a los hermanos sariñeneses Antonio y Paco Larroy y con su estudio, además de darlos a conocer no ha dudado en reivindicarlos. Así fue en noviembre del 2015 cuando, de la mano de Salvador Trallero, Amadeo presentó en Sariñena su extraordinario trabajo “¡Viva el maquis!” y en las Jornadas conmemorativas del 80 aniversario del bombardeo y final de la Guerra Civil en Sariñena (1936-1938), celebradas en marzo del 2018 y organizadas por la investigadora Gemma Grau.

Castillo de Tornac.

Las cifras bailan, de unos 32 o 38 maquis españoles a unos 2 a 8 guerrilleros franceses y  de 700 alemanes a cerca de 1500. “Nueve aragoneses se contaban entre ellos: Antonio y Francisco Larroy, el calandino Martín Vidal y los caspolinos Vicente Rufau, Manuel Ornaque, José Arcos, Mariano Calés, Miguel Piquer y su hijo Elías” (Barceló, Amadeo. “¡Viva el maquis!”). Ellos, la 21ª Brigada estuvieron unos cuatro o cinco días esperando la columna alemana 11ª Panzerdivisionen, tenían pocas armas y un fusil ametralladora. Sobre las 11:00 horas de la mañana comenzó a llegar la columna y cuando los tuvieron bien a tiro comenzaron a disparar a los camiones. Fue en la zona del castillo de Tornac, un punto elevado entre carrascas y matorrales, desde donde los maquis dispararon moviéndose de un lado a otro. Al final, una brillante estrategia y una férrea resistencia consiguió detenerla hasta que por la tarde, las tropas aliadas, acabaron por doblegar la columna alemana. La hazaña de La Madeleine queda recogida por Amadeo Barceló, tanto en su publicación “¡Viva el maquis!” como en su artículo “Aragoneses contra Hitler: La batalla de La Madeleine”.

Al día siguiente les mandaron a la liberación del departamento francés de Ariège, tras la batalla de La Madeleine se había formado un grupo de unos 50 maquis españoles, su compromiso con la libertad y contra el fascismo fue ejemplar. Con la liberación de Francia, los hermanos Larroy pasaron a España con el resto de maquis. Estuvieron haciendo incursiones entre el valle de Aran y el valle de Benasque, iban a pie, pasando frío y hambre.

Monumentos a los héroes de La Madeleine.

Llevaban tres días sin comer cuando el capitán Martínez pidió voluntarios para bajar al valle de Benasque para encontrar algo de comer. Fueron seis voluntarios, bajaron y encontraron una casa vieja donde había un carabinero y comenzó un combate que se alargó dos días. En aquel combate falleció  Elias Piquer, estaba con Paco cuando murió.

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Tuvieron enfrentamientos en la zona del Hospital de Benasque, las tropas franquistas subieron morteros con los machos para tratar de cogerlos y al final acabaron rompiéndolos. Fue debajo del pico del Aneto donde se rompieron, divididos y perdidos, trataron de regresar a Francia. Una vez a salvo en Francia fueron recogidos por una compañía de maquis de cerca de 50 hombres, pero los gendarmes les hicieron volver a casa y les pagaron los billetes para volver a Anduze. Cuando llegaron a casa sus padres estaban leyendo el periódico, decían que la 21ª brigada de guerrilleros españoles había caído. Ante su sorpresa, la familia Larroy Masueras se rejuntó sana y a salvo.

Paco se casó en 1950 con Suzy Dellien y han tenido dos hijos. Ha trabajado haciendo trabajos públicos y en viñedos, ha sido tractorista en plantaciones, labrando… incluso estuvo trabajando en Mauritania. Su hermano Antonio trabajó durante 40 años para la misma casa, en los muchos viñedos que salpican aquella hermosa campiña francesa. Paco ha regresado en varias ocasiones a Sariñena, pero la edad ya no se lo permite; la primera vez que volvió tuvo que ir a firmar a la Guardia Civil por su padre. Tiene muy presente a Sariñena, al final son sus raíces y muchas han sido las preguntas sobre antiguos amigos y como ha cambiado el pueblo.

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Ricardo Ornaque, Paco Larroy y Joaquín Ruiz.

Los hermanos Larroy, Antonio y Paco son héroes de Francia condecorados con la Cruz de Guerra con Estrella de Plata, un reconocimiento por su participación en la segunda Guerra Mundial luchando contra el fascismo. Forman parte de los muchos republicanos españoles que tras la Guerra de España continuaron la batalla contra aquel fascismo que asolaba Europa. Mientras, todo contrasta con el olvido que aún arrastramos en España, así que aquí el humilde pero muy sentido reconocimiento a los hermanos Antonio y Paco Larroy Masueras, ¡¡Por siempre eternos!!.

Gracias al investigador Amadeo Barceló, a la ayuda y gran acogida en Anduze de Ricardo Ornaque y a Francine Larroy, hija de Paco, por su amabilidad y su paseo por aquella preciosa campiña francesa. Y sobre todo a Paco Larroy Masueras por un día muy especial y emotivo, ¡gracias!.

 

Miguel Inglan Tierz


Miguel Inglan Tierz nació en Sariñena en 1935. De padre labrador, en casa tenían tierras y su abuelo unas 200 ovejas, Fermín el de Soto: “El Corrutillo”. Su madre trabajó en casa y fueron tres hermanos, dos chicos y una chica. Ambos emigraron a Cataluña, su hermano a Tarrasa y el a Badalona. Con Miguel recorremos numerosas anécdotas que nos describen la vida rural de entonces, con añoranza y cariño. 

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Miguel Inglan Tierz

Miguel con doce años se quedaba sólo en el monte, con un par de mulas por Las Almunias, eran tiempo de maquis y eso a Miguel le causaba cierto pavor. Trabajó en el esparto para Rafael Basols, ganaba 8 pts. cada día, lo traían cortado del monte, lo triaban y lo embalaban, hacían pacas. Lo mandaban para papel, a una papelera, lo cargaban en el camión y luego a la estación y en vagones lo mandaban para San Sebastián, Rentería o Tolosa. Miguel tenía unos 13 o 14 años. Trabajaba mucha gente con el esparto, sobretodo recogiéndolo.

En casa tenían mucha fruta, de un campo de su abuelo cogían peras, membrillos, melones… Cogían higos para secar en cañizos, melocotones para hacer orejones, se embotaba tomates, pimientos, claudias (ciruelas), membrillo… se hacía conserva de cerdo, jamones, morcillas, bolas, longaniza, chorizo… Cogían aliagas para la matacía del tozino.

Tenía amigos que por las noches sacaban las vacas, iban a coger peras, cerezas, uva buque… En una ocasión la vieja Portera les pilló, pero para que no les quitara las cerezas las tiraban por la acequia y aguas abajo las recogían otros. El padre de Luis, el señor Benito, guardaba bien los melones por su huerto del pesquero, pero mientras unos le entretenían dándole tabaco, otros le arramblaban algún melón. Jugaban a pitos, a marro, a churro, mediamanga y manga entera.

Se iban a bañar a la badina del Hospital, se escondían tras las cañas para ver a las chicas bañarse, era un grupo de chicas muy guapas y les veían las piernas. Las vacas se remojaban en el río y Miguel se agarraba a la cola de una vaca para aprender a nadar, también los caballos se remojaban en el río. Entonces había muchos animales, para desplazarse, transportar o trabajar, hasta que llegaron los vehículos y el tractor. También recuerda cuando llegó la segadora y la maquina atadora que, con cuerda de pita, hacía los fajos y los tiraba, luego los tenían que recoger.

Una vez cogió un corderico de unos pastores que estaban de trashumancia, Miguel lo crió en casa y le enseñó a tozar. Tanto tozaba que a un amigo le dio una gran tozada –No te lo dicía yo, que no abrieses la puerta!-. Su tío tenía un burro muy malo y dos pares de mulas. El burro no paraba de hacer maldades, trataba siempre de tirarte al suelo y al andar hacía tropezar. Una vez cargaron una cesta de melocotones sobre el burro pero le picó una mosca al hocico al burro y salió corriendo, llegó a casa con la cesta vacía, los había ido perdiendo todos los melocotones por el camino.

Iban a buscar nidos de cardelinas, los colorines, luego los criaban en casa. Si eran muy pequeños los ponían en una jaula cerca del nido para que le diesen de comer. Al río iban a pescar, con las manos a veces cogía alguna culebra que otra por las badinas y entre las rocas buscando barbos. También se pescaba con red, tenían un conocido, un comandante del ejército retirado, Manolo el Espartero. Una vez, que se encontraban pescando en la Isuela, les apareció la guardia civil. Al requerirles el permiso, el comandante les sacó su documentación, la guardia civil vio la estrella y enseguida se le plantó: -¿Quiere usted algo más?-  a lo que respondió –Todo bien, simplemente que no molestasen-.  Después, cada vez que lo veían se levantaban y lo saludaban y a ellos les dejaban pescar en todas las partes sin problemas. Manolo el Espartero era un gran tirador, era tirador de la reina. Esa destreza la demostró una tarde por los campos, estaba echando estiércol  y en un descanso cogió el rifle del guardia de campos Vicente Lozano y de un disparo partió un alambre que habían colocado para la ocasión causando el asombro de todos.

A la laguna venían catalanes a cazar patos, cuando los cazaban los patos se espantaban y escapaban al río, a la Isuela o al Alcanadre. Una vez le cayó un pato por la Isuela, pronto apareció un catalán buscando el pato que les preguntó si lo habían visto a lo que respondieron que no. En la laguna había carpas, pero eran muy bastas. Estaba el muladar y solían venir muchos buitres, una vez consiguieron atar un cencerro a un buitre y este se escapó haciendo sonar el cencerro. Días más tarde, trabajando por el monte sintió un cencerro por el aire, era el buitre volando con el cencerro aún colgado a su cuello.

Su gran memoria aún recuerda a muchos maestros y maestras que por entonces había, a don Nicolás, a don Pio, don Martín, a doña María y a doña Victoria. Con doce años abandonó la escuela y fue a clases particulares a casa Loste. “En la escuela, si no llevabas leña no te podías calentar en invierno”,  llevaban leña de oliveras o almendreras. Por la zona de la escuela había un abrevadero de mulas y otro cerca por la ronda San Francisco.

En aquella Sariñena se trabajaba mucho y se ganaba poco, así que Miguel se marchó a trabajar a Cataluña a los 17 años, en 1952 hasta que regresó en 1992. Estuvo treinta años trabajando en la empresa Pegaso, como encargado de almacén. Su mujer era de Sariñena, María Soledad López Martínez, la conoció cuando volvía a Sariñena para las fiestas. María Soledad trabajó muchos años en Fabra i Coats y tuvieron dos hijos. Para las fiestas se hacían muchos bailes en el casino, la orquesta “Estrella negra”, se bailaba arriba del casino viejo, entonces el presidente del casino era Manuel Tena. Se hacían vaquillas, carreras de bicicletas y venían de Fraga a vender turrón

Cuando llegó a Cataluña comenzó a trabajar en una granja de vacas en Villadecaballs, donde las cuidaba y ordeñaba y luego bajaba a vender la leche a Tarrasa. También trabajó en el almacén de forrajes que el mismo dueño tenía, había muchos caballos. Los domingos se iba a Sabadell de fiesta, al Casinet, al Euterpe…  Luego tuvo que realizar el servicio militar, al 76 de artillería antiaérea, antes volvió a Sariñena a celebrar la fiesta de los quintos. Bailes, meriendas y alguna trastada, así era la fiesta de los quintos. En una fiesta, sería por el mes de enero, una burra se bebió el melocotón con vino que tenían en una portadera, menuda borrachera que pilló, casi no se tenía de pie y la tenían que aguantar, se la llevaron de fiesta hasta acabar de madrugada en el Peti para tomar la barracha de la mañana. Miguel fue a África, a Tetuán, a realizar el servicio militar, estuvo 16 meses. Guarda muy buenos recuerdos:  ”¡ahora mismo volvería!”. Estuvo en el Rincón de Medik, le pusieron de asistente de un Capitán y por las tardes le daban fiesta. Llegó a estar preparado para la guerra, pero al final mandaron a la legión.

Luego trabajó en el tranvía de Barcelona, de “tranviaire”. Conducía el tranvía hasta que en una discusión se cabreó con el revisor y dejó parado el tranvía en la puerta del clínico de Barcelona. Después trabajó de transportista, recorriendo toda España. En Granollers trabajó cultivando champiñones, en un criadero de champiñones instalado en una cueva. Por último trabajó en la factoría Pegaso, donde se jubiló. Estaba por la zona franca, donde la Seat, Martorell Iberica.. “Pasaban los aviones que parecía que iban a entrar dentro”.

Vivió en Badalona,  iba mucho a la playa con el bocadillo a pasar el día. Cogía mejillones y nécoras, bajaba a pulmón limpio y cogía lo que podía. Siempre volvía para las fiestas a Sariñena y desde hace un año ha vuelto definitivamente. Así hemos pasado un buen rato, con tantas anécdotas e historietas que nos remontan a tiempos pasados con su fuerte impronta rural, con ese buen sabor de lo autentico, gracias Miguel. Y un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!.

Concha Buisan Ballarín


A sus 98 años de edad, Concha goza de una gran salud y una excelente memoria. Ha sido una chica muy vital, divertida y alegre, le llamaban “El risorio” porque no paraba de reír, se reía mucho. Nació en Sariñena en 1920 y durante su vida trabajó en la sastrería que montaron junto a su marido. Su padre fue Melchor Buisan y su madre Concepción Ballarín, “mi madre era muy espabilada”, recuerda Concha.

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Vivían en la zona del castillo bajo. De pequeña en casa tenían ganado, ovejas que sacaban todos los días a apajentar, además tenían dos sasos que cultivaban, uno grande y uno pequeño que estaban bastante cerca entre ellos. Fueron cuatro hermanos, Melchor, Mariano, Josefa y Concha. Fue a la escuela con las monjas y además trabajaba en casa, hacía de todo: fregaba, guisaba, cuidaba de los animales del corral… “¡un sin parar!”. El agua la iba a buscar con botijos a la fuente de dos caños, “era un agua muy buena”, de la que también llevaba dos botijos al médico don Nicolás, “le gustaba mucho esa agua”. En verano iba a bañarse al río, iba mucha gente.

De muy joven conoció a Severo, su marido, una gran persona que ha querido toda su vida. Él era catorce años mayor que ella, pero en casa lo acogieron con mucho cariño, con quince años tuvo a su hija y más tarde llegó su segundo hijo.

Concha recuerda que durante la guerra había ametralladoras por los tejados y su madre hacía la comida a altos mandos de las tropas republicanas que se encontraban por Sariñena. Los domingos iban a comer a la caseta del campo, su madre ponía una gran sábana blanca a modo de mantel y comían todos. También se iban a refugiar a la caseta, se sentían más seguros.

Cuando la guerra tuvieron que escapar a Barcelona, se llevaron las cuatro vacas que tenían. Las tenían que ordeñar por el camino y tirar la leche, al final fueron perdiendo las vacas, se las fueron quitando. Llevaron enseres en un carro tirado por dos mulas, con gallinas y pollos, donde también pusieron un colchón para llevar a su hermano que estaba malo, lo habían operado recientemente. También llevaron otro colchón para protegerse por si aparecía la aviación y cubrirse con el. En el carro también llevaba Concha a su hija Paz y la hermana de Concha fue montada sobre una burra de ametralladora. A uno de sus hermanos le dispararon dándole un balazo en el gorro que llevaba, quitándole del balazo el botón rojo que llevaba en la gorra. Concha aún se acuerda de su paso por Sena durante su huida, la pequeña Paz bailó en una era donde se encontraban muchos milicianos. En una ocasión Concha se refugió en una cuneta, se metió por un aliviadero y luego le costó mucho salir una vez pasado el peligro.

Continuaron su viaje a Barcelona, donde tenían una prima que estaba sirviendo en una casa, aquella familia les acogió y convivieron con ellos aquellos angustiosos meses. Estuvieron muy bien, fueron muy bien recibidos y tratados, aunque el señor de la casa era muy serio. “Había unos aucos que al principio no nos dejaban casi ni pasar, luego ya no nos decían nada”. La dueña de la casa, ante los previsibles bombardeos, se refugió en un pueblo cercano donde pensaba que no iba a llegar la aviación, pero la aviación llegó y en uno de esos bombardeos encontró la muerte, a los ocho días. A la hija del señor le hicieron un traje, recuerda Concha con su memoria asombrosa. Al tiempo regresaron a Sariñena donde llegaron sin nada y nada se encontraron.

Como sastres comenzaron trabajando para Moren, pero pronto establecieron su propia sastrería en Sariñena: “La Sastrería de Severo”.  En la sastrería principalmente ella era pantalonera, hacía los pantalones, pero hacían de todo, chaquetas y trajes, hasta llegaron a tener a cuatro chicas trabajando. Les encargaban los trajes, les tomaban las medidas y los confeccionaban. A veces les traían la tela, pero lo normal es que ellos hiciesen todo, tenían dos máquinas de coser.

Con Concha hemos pasado un rato agradable y han quedado muchas cosas que contar. Goza de buena salud, memoria y esa personalidad alegre y divertida, así que gracias Concha por tus gratos recuerdos. Y un agradecimiento a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de la entrevista, gracias!!.

El Auxilio social y otros asuntos de aquella época


Manuel Antonio Corvinos Portella nos traslada a la época de postguerra, al auxilio social, las cartillas de racionamiento, el tabaco, el estraperlo, la tortilla de patatas sin huevo ni patatas y las Farinetas. Un viaje por nuestra historia  imprescindible.

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EL AUXILO SOCIAL

Esta organización de socorro humanitario fue creada en Valladolid en octubre de 1936, recién comenzada la Guerra Civil. La idea fue de Mercedes Sanz Bachiller viuda de Onésimo Redondo y parece ser que la adoptó después de viajar a la Alemania de Hitler donde funcionaba alguna institución de esas características. Los objetivos que se marcaron fueron alimentar a los habitantes de las zonas “liberadas”, convencer a la población de las bondades de la España que se avecinaba  y adoctrinarla en la filosofía Joseantoniana.

En todo momento el peso del trabajo diario fue llevado a cabo por mujeres, miles de mujeres anónimas que en su mayoría no pertenecían al régimen fascista de Franco.

 El primer nombre que recibió esta organización fue el de Auxilio de Invierno, pero en el año 1937 se cambia por el de Auxilio Social

Una de las primeras actuaciones que llevaba a cabo el incipiente gobierno de Franco al tomar las ciudades y pueblos era repartir comida entre la población. La encargada del reparto era una sección del Auxilio de Invierno que acompañaba al ejército. Posteriormente se abrían comedores para atender a los niños huérfanos o a los hijos de presos políticos.

En Sariñena, el comedor del Auxilio Social comenzó su andadura en 1940 y terminó en 1943. Estuvo ubicado en los bajos de la antigua Caja de Ahorros de Zaragoza Aragón y Rioja sita en la plaza de la Iglesia. Allí podían prestar el Servicio Social femenino obligatorio las mujeres solteras o viudas sin hijos de entre 17 y 35 años por un período de seis meses. Estaba dirigido por María Cruz Torres Ballarín, persona considerada como seria, estricta y extraordinaria mujer; como encargadas de la cocina estaban María Vicente y María Blanco y como colaboradoras sirviendo comida, muchas chicas del pueblo que se turnaban cada seis meses sin cobrar nada, aunque recibían a cambio un certificado que les podía servir para concursar u opositar a plazas de trabajo de entidades oficiales.        En el comedor se repartían comidas y cenas (estas durante poco tiempo, aunque luego las daban para llevar a casa) a cerca de 50 niños y niñas hasta los catorce años. Todos los comedores del Auxilio Social se financiaban con dinero de postulaciones públicas de cincuenta céntimos o de una peseta a las que nadie se podía negar; donativos llamados Ficha Azul que la población acomodada y organizaciones públicas debían pagar mensualmente; con las requisas de alimentos y con lo que se recaudaba de la instauración del día del plato único (aunque se cobraba el menú entero) en todos los restaurantes del país los días 1 y 15 de cada mes.

Los alimentos más habituales y que más recuerdan las personas con las que he hablado eran: lentejas, puré de habas, patatas con bacalao, cuatro sardinetas, pan de higos o mermelada. También comentan que antes de cada comida, era imprescindible rezar unas oraciones y al finalizarla cantar el Cara al Sol con el brazo extendido.

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La Guerra Civil quebró la estructura productiva y trastocó el sistema de reparto y comercialización, favoreciendo el nacimiento de la especulación y del mercado negro o estraperlo. Todo esto supuso un grave retroceso en el bienestar de la población que llevó a que, la escasez y la miseria se apoderaran de una gran mayoría de habitantes de este país. La mayor parte de la actividad agrícola, ganadera y pesquera quedó en manos de los franquistas que con más disciplina que los republicanos pusieron los medios necesarios para alimentar a la población. En España, durante la posguerra más de un millón de personas necesitaron del Auxilio Social para poder comer.

A partir de la entrada del ejército nacional en Sariñena,  en marzo de 1938, empezaron a llegar camiones desde Huesca cargados con comida. Este servicio lo realizaba la Comisaría General de Abastos que también se encargaba de marcar la cantidad y el precio de los alimentos que adjudicaba. Los productos los descargaban en un almacén de Juan Basols, y esta persona los repartía por las tiendas del pueblo.

LAS CARTILLAS DE RACIONAMIENTO

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El reparto de alimentos se hacía por medio de las cartillas de racionamiento con las cuales los sariñeneses podían  ir a las tiendas que tenían establecidas a comprar los artículos y a cortar el cupón  correspondiente. Había alimentos que se repartían semanalmente y otros quincenalmente. En cada cupón constaba el producto y la cantidad asignada que podían retirar. Cada persona tenía derecho a  un cuarto de litro de aceite, 100 gramos de azúcar moreno (que según dicen tenía movimiento propio), 30 gramos de café, 250 gramos de pan negro, 50 gramos de lentejas (con piedras y cucos), 75 gramos de bacalao, 75 gramos de tocino, 1 kilo de patatas, 200 gramos de jabón y si había niños recibían leche y harina. También se repartían esporádicamente algún otro artículo como tabaco, membrillo, carne, leche, boniatos o aquel chocolate terroso hecho de algarrobas. Las naranjas se obtenían a cambio de trapos o hierros con unos comerciantes que venían de Fraga.

Las cartillas eran de tres categorías según el estatus social de la  familia o la salud de las personas. En principio las cartillas fueron de ámbito familiar, a partir de 1943 se hicieron individuales y en 1952 se suprimieron.

EL TABACO

Fue un producto también sometido a racionamiento. El encargado de  recibir las remesas y de repartirlo entre los estanqueros de la localidad fue el farmacéutico D. Juan Escudero desde su farmacia de la calle del Mercado, botica que también hacía las veces de estanco abierto al público. Las otras expendedurías de tabaco de aquellos años eran la de José María Segura, sita en la plaza del Ayuntamiento (en los bajos de lo que hoy es casa de la familia Lacerda), y la de Pilar situada en la misma plaza. Los tipos de tabaco que se expendían eran Cuarterón para liar, los roqueños Ideales, el Caldo, el rubio Bisonte y el Mataquintos. Cuando apretaba la necesidad se podían fumar hojas secas de patatera, de higuera o de matapulgas liadas en papel de estraza y también estaban los puros de riera.

EL ESTRAPERLO

En 1924 Primo de Rivera decide prohibir el juego en España. Uno de los grandes casinos afectados fue el famoso Gran Kursaal de San Sebastián. Terminada la dictadura de Primo de Rivera, Alejandro Lerroux presidente de la Segunda República decide anular la prohibición del dictador y en el año 1935 se reabren varios casinos.

El nombre estraperlo proviene de los nombres Strasuss (Stra), Perlowitz (Per) y la esposa del primero Frieda Lowann  (Lo). Estos personajes fueron tres aventureros judeo-holandeses  que convencieron  al gobernador de Guipúzcoa, Aurelio Lerroux (hijo adoptivo del Presidente del Gobierno  Alejandro Lerroux) para poner una ruleta de la marca ESTRAPERLO en los casinos de Mallorca y San Sebastián. Las ruletas tenían una trampa eléctrica para detenerlas en el momento deseado, pero el engaño se descubrió y tuvo consecuencias políticas. La implicación del Presidente en el escándalo del estraperlo le costó el puesto a Alejandro Lerroux y también a otros políticos importantes de la época.

A partir de entonces se le dio el nombre de  estraperlo al contrabando de bienes de primera necesidad que se generalizó en la España de la posguerra. Algunas personas se arriesgaban y viajaban por los pueblos para comprar alimentos para luego revenderlos en las grandes ciudades, con los consiguientes beneficios. A Sariñena llegaban los estraperlistas desde Barcelona con maletas vacías que  llenaban de trigo o de otros productos para luego regresar a la Ciudad Condal. Unos centenares de metros antes de entrar en la estación barcelonesa, los contrabandistas arrojaban a las vías los paquetes con comida, donde eran recogidos por familiares; así evitaban las requisas, multas o incluso la cárcel por realizar un comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado. Dicen que muchos se hicieron ricos con este tipo de comercio.

En Capdesaso los trenes llegaban a parar en el paraje llamado de Santa Cruz para realizar operaciones de estraperlo. Allí los ganchines vendían sacos de trigo  a los maquinistas y estos los escondían debajo de las briquetas de carbón.  Para dejar espacio suficiente, los ferroviarios arrojaban el carbón sobrante junto a las vías, que inmediatamente era recogido por otros avispados personajes.

Cuentan de un tren que tiró tanto carbón que estuvo muy cerca de no llegar a Barcelona. Las leyendas populares dicen también que, en esos años, en Capdesaso y en La Estación corría el dinero como nunca lo había hecho antes.

LA TORTILLA  DE PATATA  SIN HUEVO NI PATATAS

Una receta imaginativa para paliar el hambre bien pudo ser la denomina “tortilla de ….” Para  ello  se pelaban varias  naranjas y se separaba el mesocarpio (lo blanco de la naranja) de la piel y se ponía a remojo. Después se mezclaba con 4 cucharadas de harina, 10 de agua, una de bicarbonato, un poco de pimienta molida, aceite sal y colorante para darle el tono. Por último se ponía en una sartén y se cocinaba.

LAS FARINETAS

Este plato de origen musulmán se hizo muy socorrido en Sariñena y otros lugares de Aragón en la posguerra. Consistía en calentar agua y echarle harina suficiente para que quedara una mezcla espesa, mientras tanto se freía en una sartén aceite con sebo de cordero y unos crostones de pan y sal. Por último se mezclaba todo muy bien y ya estaba listo para su consumo.

Quiero agradecer las informaciones aportadas por Severina Pena Mora, Eloísa y Mercedes Tella López y también a otras personas que han participado con sus recuerdos o con sus fotografías,

                                                                                         Manuel Antonio Corvinos Portella