La fosa común del cementerio de Sariñena

En el cementerio de Sariñena se encuentra una tumba que alberga los restos de 13 hombres asesinados durante la guerra española, el 28 de julio de 1936. El paso del tiempo ha ido borrando los nombres que cada vez se van volviendo más ilegibles. Rescatamos parte de sus historias, episodios duros y trágicos.

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            Las victimas corresponden a Eduardo Colay Biarge, sacerdote coadjutor ejecutado a los 24 años de edad, el Teniente Coronel E.M. Bernardo Cardiello Torrente, a los 65 años de edad, los señores Mariano Caballero, José María Arrelda Oroz (comerciante), Jesús Oto Portoles, Mariano Rivera Riva, Eduardo Baile Herrerin (Industrial), Fulgencio Desentre García (Contable), Tomas Aguilar Refusta (Industrial), Felipe Cativiela Solan (Agricultor) y tres personas de identidad desconocida. La Causa General de Huesca, Pieza Principal, Rama Separada nº 131 Sariñena dicta que “Fueron fusilados por la canalla roja, la fecha indicada, en la carretera de Sariñena a la Estación del Ferrocarril, y después trasladados al Cementerio y quemados”.

            La fosa se encuentra inventariada  por el Ministerio de Justicia con el número de registro 1454/2009 HUES. Se encuentra en el pasillo central del cementerio, en el lado derecho, destacando una cruz de piedra y una gran losa, también en piedra con los nombres de las personas enterradas. Además, la lapida contiene la siguiente inscripción: “Aquí reposan las cenizas de trece caballeros Españoles que por dios y por la patria dieron su vida en esta villa. El 28 de julio de 1936”.

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          Al parecer a Eduado Colay Biarge, coadjutor de Sariñena y recién ordenado sacerdote, se le instó en repetidas ocasiones la prohibición de celebrar oficios religiosos. Aún así, celebró misa en una casa particular, por lo que fue detenido, encarcelado y ejecutado. Daniel Pinos, en su libro “Ni el árbol ni la piedra”, data su encarcelación el 21 de julio y su ejecución el 28 del mismo mes. Cuenta que Eduardo Colay y Bernardo Cardiello gritaron, antes de morir fusilados: “¡Viva Cristo Rey!”.

            Estuvieron a punto de ejecutar al párroco Pedro Segura Gavín, mosén Pedro se libró por la intervención del Molinero. Desafortunadamente, mosén Pedro no aguantó aquellos años convulsos y cayó en coma falleciendo el 6 de octubre. Luis Buil Espada, en su libro “Toda la vida en guerra de un pacifista”, describe la gran personalidad y querencia que tenía mosén Pedro “El cura, Don Pedro, se quedó y estuvo bien cuidado así como la casera que era hermana suya. Este cura se había comportado siempre muy bien. A pesar de su edad se quitó una vez los pantalones en la iglesia para dárselo a un necesitado. El también era pobre; después de mucho tiempo murió de enfermedad pero nunca le faltó nada.”

            El Teniente Coronel E.M. Bernardo Cardiello Torrente vivía retirado en Lastanosa, a donde se desplazaron para detenerlo cerca de veinte hombres en un camión. Lo trasladaron a la cárcel de Sariñena y fue fusilado al poco tiempo. Los cadáveres fueron quemados en el cementerio municipal y en los informes políticos sociales encontramos el siguiente testimonio: “En dicho recinto donde había restos humanos medio calcinados de varios cadáveres que días anteriores habían sido asesinados, a los que prendieron fuego de uno de los cuales se le quemaron únicamente las ropas haciendo mofa y burlas de dichos restos, tirandoles piedras al pene al que aparecía intacto, hasta que un convecino, testigo presencial, le recriminó tan inhumana acción.

           El caso de Tomás Aguilar Refusta lo rescata su nieto Manuel Maynar Aguilar. A raíz de la publicación de este artículo ha conocido el lugar donde se encuentra enterrado su abuelo: “Otra buena persona, cuyo único delito fue tener coche y llevar a unos amigos desde Zaragoza a Robres para recoger al cura del pueblo antes de que la zona cayese en poder de las fuerzas paramilitares que avanzaban desde Cataluña para combatir a los insurrectos en Aragón. Y no se llevó también por delante a mi tío Luis Maynar Ferrer porque una alta fiebre le impidió acompañarle siendo sustituido por otro de los allí enterrados”. 

                  Jesús Oto Portolés fue detenido en Robres y fusilado en Sariñena el 27 de julio de 1936. Era soltero y natural de Robres, aunque domiciliado en Zaragoza. Hijo de Joaquín Oto Serreta, comerciante natural de Robres, fue fusilado en Tardienta el 20 de octubre de 1936. Su hermano Ángel Oto Portolés también fue fusilado en Tardienta el 20 de octubre de 1936. Ángel, natural de Zaragoza, estaba soltero y contaba con 33 años de edad, era perito de marina .  

            Fulgencio Desentre García, contable, era natural de Torralbilla (Campo de Daroca) y pertenecía a una de las familias de mejor posición del pueblo, señala su sobrino Luis Yáñez Montenegro, “lo cual no quiere decir que fuera rico”. “Trabajó de secretario para un rico de Sariñena, ignoro cuál. Oí que había enseñado a leer y a escribir por altruismo a muchos analfabetos”, aunque Luis no sabe si esto sucedió en Sariñena. Luis cuenta que su tío Fulgencio fue quemado vivo “En mi familia los hubo socialistas, falangistas y anarquistas. Que no se vuelva a repetir. Que por cierto, su hermano Pascual Desentre levantó en armas al pueblo de Torralbilla contra la Guardia Civil en el año 1940. Un episodio muy desconocido y extraño”.

            La fosa contiene otros tres restos, personas de las que desconocemos su identidad y que difícilmente podremos averiguar. Otros sucesos ocurrieron durante la guerra y estas no fueron las únicas ejecuciones durante la Sariñena republicana y como zona de guerra, con gran actividad por su cercanía al frente, por el aeródromo de “alas Rojas” y su comunicación ferroviaria con Barcelona. El administrador de la familia Bastaras, Arizaleta fue detenido en la Cartuja de las Fuentes y fusilado en Sariñena. En los informes políticos sociales encontramos el siguiente testimonio: “El informado salió con un grupo que salió de esta a Lanaja con el fin de sostener el avance nacional (en cuya ocasión cogieron a un falangista, asesinándole un Catalán que iba en el grupo, de cuyo sujeto nadie da datos. Manifestando, así mismo, que el informador acompañado de varios más fueron a buscar a la Cartuja con el propósito de detener al Sr. Administrador de Bastaras al que no encontraron siendo detenido posteriormente  por la escolta del comisario político del campo de aviación de esta villa y en octubre del 36 fue asesinado en el cementerio de esta villa por los mismos que lo detuvieron.”

            El 25 de marzo del 38 también fueron fusilados Teodoro Cabellud Blanco, de profesión caminero a los 54 años de edad, Pilar Conte Dueso, a los 20 años de edad, Antonio Loscertales Peralta, labrador de 60 años, Carmen Tierz Marias, dedicada a “sus labores” 58 años y el 26 de marzo del 38 fue fusilado José Almerge Montel, caminero de 60 años de edad. En el campo de aviación “Alas Rojas” aparecieron los cadáveres “incendiados” de los aviadores de derechas Abelardo Carazo y Muntaner. Las personas sospechosas fueron los responsables del campo de aviación, el comandante Reyes, el comisario político Franco y el Capitán Adonis Rodríguez.

            La memoria es una lección, un ejercicio vital que como sociedad hemos de saber asumir, respetar y aprender, para transmitir y nunca volver a repetir.

10 pensamientos en “La fosa común del cementerio de Sariñena

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  4. colillano

    En esa fosa, que creí identificar visualmente en 2004, debe de estar también enterrado mi abuelo, sus restos, lo que quede de él. Supongo que podría tratarse de una de esas personas anónimas y de difícil identificación que, al parecer yacen allí.
    Se llamaba Bernardo y se apellidaba Santiago Pulgar.
    Era un empleado de Ferrocarriles del Norte, mozo de tren, no combatiente, fallecido “en extrañas circunstancias” en Sariñena, allá por el día 19 de julio de 1937.
    Era natural de Torquemada, en Palencia, aunque en aquellos años vivía en Lérida donde estaba destinado, teniendo sin embargo el domicilio familiar en Ávila.
    Su mujer y cuatro hijos habían vuelto a Ávila en julio de 1936, porque él, (viendo lo que se avecinaba) les envió de vuelta aquí al considerar que estarían más seguros. Les acompañó en el viaje, se despidió de ellos ( la hija más pequeña nacida en mayo), regresó a su casa de Lérida y al trabajo algún día después, y ya no se vieron más.
    Hay un par de cartitas personales de quince palabras en papel de seda, llegadas a Ávila mediante Cruz Roja Internacional desde Francia, cartas sin mayor interés en que se limita a decir que está bien y a enviar besos a todos. La segunda y última le sitúa en Barcelona algunos días antes de su muerte. También mediante Cruz Roja se recibió en Ávila la noticia de su fallecimiento.
    Su viuda pudo ver ya en 1938 la fosa, tras la toma de Lérida, donde encontró su casa perfectamente saqueada, cosa que ocurrió al día siguiente de la muerte del abuelo. En el cementerio de Sariñena le señalaron sin muchas ganas el lugar aproximado del enterramiento. Allí lloró y rezó un poco (según mi padre que tenía entonces diez años y le acompañaba en el triste viaje). Pero mi abuela, viuda, no pudo (ni quiso, ni supo) hacer nada más que perdonar.
    De alguna manera me hace ilusión contar esto aquí, sin tener certeza alguna de que el abuelo yazga en esa fosa.
    Me gusta creer que sí.
    Descansen en paz todas las víctimas de aquella barbarie..

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