La plaga de langosta en Los Monegros

La plaga de langosta es la octava de las diez plagas que asoló Egipto según los relatos bíblicos de la religión cristiana. Estos acrídidos responden a un insecto de la familia de los ortópteros y su explosión como plaga ha afectado históricamente a cultivos causando hambrunas y muerte, especialmente en zonas subdesarrolladas de África. Pero en Los Monegros también se han producido plagas de langostas que repasamos descubriendo uno de los mayores males que ha padecido esta tierra.

Langosta

Los Monegros están considerados como una de las cinco Zonas permanente de langostas en España (Apud. José del Cañizo, “La langosta y el clima”, 1942. Elaboración: C. Alberola Die). Una de las zonas áridas peninsulares en que las condiciones pueden permitir el paso de la langosta de fase solitaria a gregaria (Armando Alberola Roma. Plagas de langosta y clima en la España del siglo XVIII). Además, Alberola señala que durante los años 1718 y 1724 Los Monegros “No conoció cosecha alguna”.

Zonas permamemtes de Langostas en España

Documentalmente podemos remontarnos hasta el siglo XVIII, mediante un escrito con motivo de una plaga de langostas que afligió Los Monegros y que se publicó en 1682. El escrito aparece recogido en la obra de Félix de Latassa: “Obra de Pedro Martín de Buena Casa: Motivos por los quales nos castiga Dios regularmente con la plaga de langostas. Daños que ocasionan en el Reyno de Aragón en donde hoy se llora. Con noticias de San Gregorio de Ostia oficial, Abogado contra la langosta y de sus santas reliquias, con otras memorias de Aragón. En Zaragoza 1688 en folio. Con motivo de la plaga de langostas que en 1682 empezó a arruinar el territorio de Monegros en Aragón, trata recientemente de este escrito Don Ignacio de Asso en su Discurso sobre la langosta y medios para exterminarla. Pág 4 edición Ámsterdam 1785.” (Tomo IV, pág 226, de su biblioteca nueva de los escritores aragoneses). También Latassa recogió otro escrito que se publicó en 1680 por el Diputado de Aragón Félix Medel que trataba del santo de San Gregorio como santo protector contra las langostas dada la importancia que esta debió de adquirir: “Como abogado de las plagas del campo”: “Discurso histórico, de la venida a España de San Gregorio, obispo de Ostia, de su patrocinio contra la langosta, garrapatillo, pulgón, y otras varias plagas del campo y frutos de la tierra…” (Tomo III, pág 551, de su biblioteca nueva de los escritores aragoneses). Ambas referencias aparecen en la obra de Agustín Salido y Estrada: La Langosta, Compendio, 1874. Ángel Cortes, Monegrillo en sus raíces, apunta que durante 1684 y 1687 hubo plaga de langostas en Monegrillo.

Latassa

Latassa

Así, Los Monegros responden a una zona gregarígena donde a lo largo de la historia se han dado plagas de langostas y que, en un futuro, su amenaza puede ser una gran posibilidad. Sin embargo, es principalmente es en el siglo XX cuando encontramos mayor información.

Darío Villagrasa en su libro “Monegros Tierra de cine. Sariñena Editorial” recogió la primera grabación cinematográfica de Los Monegros que justamente corresponde a un documental sobre el control de la plaga de langostas. Rodado en 1915, el documental Plaga de langosta es obra del pionero cinematográfico Antonio de Padua, donde “Los agricultores combatían a una voraz plaga que asolaba sus cosechas”. Por lo tanto podemos establecer que en 1915 se produjo una plaga de langosta en Los Monegros.

Un papel decisivo fue el ingeniero jefe de la  Sección Agronómica Pedro Navarro, quien en una circular publicada en el Boletín Oficial del 14 de Mayo de 1919 indicó de la probabilidad de la plaga. A Pedro Navarro le debemos un justo reconocimiento.

El investigador Costán Escuer Murillo, en su articulo «De plagas», Revista Montesnegros nº 38, cita la primera referencia de plaga de Langosta en Perdiguera en 1902 a raíz de una anotación en el libro de sesiones del ayuntamiento de la localidad. La anotación responde al 1 de febrero de 1902, dando cuenta del presupuesto para extinción de la langosta, «gasolina y jornales». Luego, no es hasta 1920 cuando no vuelve a aparecer mención a plagas de langosta en los montes de Perdiguera.

En cambio, en Monegrillo afectó una plaga de langostas en 1912, pero, según Ángel Cortes, no es hasta el 21 de julio de 1913 cuando los periódicos dan cuenta de los hechos.

«En 1916 hay langosta en balsa Fortiz, balsa Pina, Sasos, Celebrún y otros términos monegrillenses. Se pide que venga el Sr. José Cruz Lapazarán Beristáin, que es ingeniero jefe de la Sección Agronómica. Se dan batidas con fuego y se paga a 3 ptas. el kilo de canuto de langosta cogido a mano. Cada canuto pesa unos dos gramos y contiene unos 45 huevos. Suele haber un millón de canutos por hectárea. En junio de 1917 se recogieron 1.700 kilos de canuto, lo que da idea del esfuerzo por combatir la plaga y de los apuros económicos del momento. La subvención que se ha recibido es de 3.500 ptas. a lo que hay que añadir 1.000 recolectadas entre los vecinos.

En estas duras circunstancias debió sentarles muy bien a los cuatro agraciados monegrillenses que la junta de gobierno del Montepío de Labradores del Arzobispado de Zaragoza los premiase con 500 ptas. para estímulo y fomento de la agricultura.

Al año siguiente se prueba a poner carne envenenada contra la langosta y se paga el kilo de canuto a 1,50 ptas. En años sucesivos continuarán los trabajos y es necesaria una mayor cantidad de gasolina. A pesar de todo el esfuerzo realizado, se vienen perdiendo las dos terceras partes de la cosecha. El 19 de junio de 1920 hacen expediente justificativo de calamidad pública por langosta (saltón o grillo) y, tal vez por ello, 1921 fue muy publicitario en el tema; no sabemos, si también muy efectivo. Lapazarán estuvo en abril y se mostró pesimista. Los medios empleados son escasos, pues sólo se dispone de cuatro lanzallamas. En junio se hizo un homenaje al ingeniero jefe en la villa de Pina y Monegrillo se sumó al acto. Por si fuera poco, el año es de sequía y los recursos económicos están agotados. Sólo les han mandado 24 cajas de gasolina.»

Monegrillo en sus raíces
Ángel Calvo Cortés

Aquella plaga afecto completamente al pueblo de Monegrillo, en palabras de Ángel Cortés fue el pueblo más castigado, siendo las perdidas del 85% quedando solamente la ganadería:

«La zona afectada entonces era una franja de 3 Km de ancha por 14 Km de larga dirección a La Almolda. La población monegrillense ha disminuido considerablemente y se ha gastado el pueblo 86.951 ptas. El presupuesto ordinario del Ayuntamiento no llega ba a 20.000 ptas. Se han destruido 20.483 kilos de canuto, sin contar el no controlado.

Así van pasando los años y el mal continúa. En 1922 el canuto se paga ya sólo a 0,50 ptas. kilo. Mientras tanto, se hace en Zaragoza una asamblea para abordar el problema, pues son 31 los pueblos afectados. Se dividen los términos en cuarteles. Fabiani, comisario regio de Fomento, y Lapazarán cambian impresiones. En este año las pérdidas se estiman en el 35 %, las debidas a la langosta y en el 15 %, las debidas al mal tiempo. Un detalle viene de la Asociación de Comerciantes de tejidos de Zaragoza: regalan 20 latas de gasolina a Monegrillo que es el principal foco exportador de langosta desde hace muchos años. La prensa publica alguna opinión de monegrillenses que conocen el problema y tienen cierta formación intelectual: si Monegrillo estuviera en Cataluña, el Gobierno ya le habría ayudado.»

En el Diario de Huesca la primera noticia que aparece es del 11 de junio de 1920. En ella se da cuenta, por parte de los alcaldes de Alcubierre y Castejón de Monegros, de la existencia de la plaga de langosta disponiendo que “Con el carácter de urgente se gire visita de inspección por el ingeniero jefe de Sección Agronómica señor Navarro”. La segunda nos lleva a 1922 y responde a los temores que la plaga de langostas vuelva a reaparecer. Es entonces, cuando los diputados provinciales por el distrito de Fraga-Sariñena Gaspar Mairal, Esteban Panzano y Antonio Gálligo se reúnen con Manuel Batalla, presidente de la Diputación provincial, apara abordar el grave problema que supone la plaga de langostas. La visita tuvo por objeto “Recabar de tan digna autoridad promesa de apoyo de la Corporación que preside por si la propagación de la plaga hiciera necesario el auxilio a los pueblos perjudicados (La plaga de la langosta.  El concurso de la Diputación. Diario de Huesca 15 de abril de 1922)”.

El 19 de mayo de 1922 en el Diario de Huesca se daba ya cuenta del desarrollo de la plaga de langosta, el jefe de la sección a agronómica de Huesca reconocía en Castejón de Monegros un cordón de mucha importancia procedente de Pina y Monegrillo. Las langostas nacen en primavera y en fase gregaria suelen formar rodales hasta que se rompe por algún lado formando un cordón que va arrasando todo lo que va encontrando a su paso. Navarro continuó visitando los pueblos afectados, principalmente durante ese año, Fraga, Candasnos, Peñalba, Valfarta, y Castejón de Monegros: “Amenazado en un breve plazo, de no auxiliársele convenientemente, de una terrible invasión”. Unas abundantes y extensísimas manchas de langostas amenazaban la excelente cosecha. También el insecto aparecía en grandes cantidades por Monegrillo y Lanaja. El foco principal se extendía en una longitud de ocho kilómetros por la partida llamada Farled, del citado monte de Pina, lo que sin duda alguna llevó a Navarro a proponer el inicio de los trabajos de extinción al gobernador de Zaragoza Cruz Lapazarán.

Plaga Langosta Diario Huesca

Pronto los vecinos de Castejón de Monegros se dispusieron a trabajar en la defensa de sus cultivos, a quienes Navarro les prometió “El envío de gasolina, trochas de zinc, un lanzallamas y cuantos elementos puedan servir de avada al esfuerzo de los vecinos, que se hallan, en justicia, alarmados”.

El panorama parecía desolador, en los trigales donde había hecho presencia la langosta aparecían “Increíblemente destrozados” empeorando por un tiempo caluroso que favorecía la propagación del insecto: “El remedio, para que ocasione eficacia, ha de ser inmediato”. En La Almolda y Valfarta las manchas se iban combatiendo con los elementos que previamente habían sido allí enviados. Mientras Peñalba aparecía invadido por completo, ofreciendo una imagen desoladora, produciendo la plaga importantísimos daños en su avance. Se recogieron hasta unos quince mil kilos de insectos, incluso los vecinos de Peñalba adquirieron por su cuenta “Dos mil quinientos metros de trocha, con los que, unidos a los enviados por el ingeniero agrónomo, proceden con gran actividad a los trabajos de defensa”. Una de las mayores preocupaciones era que los insectos invadiesen los pozos que les abastecían, peligrando el consumo de agua de boca “De la visita a Peñalba hemos obtenido una penosa impresión; y entendemos que las autoridades, secundando el entusiasmo del pueblo, deben acudir, sin demora, en su socorro, a fin de salvarlo del desastre agrícola y económico que se le avecina”.

La plaga en Castejón de Monegros, por José Antonio Pérez Serrate

En mayo de 1922, y en el término municipal de Castejón de Monegros, una devastadora plaga de langosta arrasaba cientos de hectáreas de terreno. Un pueblo eminentemente cerealista y cuya cosecha era el único medio de vida para sus habitantes, aquel año, el voraz y destructor insecto, acabó con la cosecha.

El foco llegaba por el término colindante del monte de Pina, y procedente de las zonas de Monegrillo y Farlete. La situación se iba agravando y tomando grandes dimensiones. Los labradores aterrados por el devastador insecto, pensaban en la precaria situación que quedarían muchas familias, si no se conseguía detener al imparable destructor.

Los vecinos del pueblo, se multiplicaban en su sesión permanente para llevar a cabo sus trabajos, pero, todos estaban desvanecidos por su insuficiente eficacia.

Afortunadamente, al frente de la situación estaba el ingeniero agrónomo D. Pedro Navarro, Jefe de la Sección Agronómica, que no descansó un momento hasta ver aminorar los estragos de la plaga.

La Junta de plagas dirigida por el Sr. Navarro, estaba presidida por D. Antonio de Salvador Buil, el Alcalde D. Ángel Serrate Sesé, el párroco D. Antonio Bercero, el médico D. Félix Anadón, el farmacéutico D. Pedro Rallo, el veterinario D. Valero Urcia, y una gestora de labradores propietarios representada por D. Florencio Badimón.

Viendo el alcance de la tragedia, y provistos de regaderas, gasolina, trochas de zinc, lanzallamas y cuantos elementos sirvieron de ayuda para los vecinos del pueblo, se hizo frente a la desgracia.

A pesar de la cantidad enorme de insectos que se retiraban todos los días, veían que aumentaba en gran proporción, y se temía, que llegasen a invadir por completo el término municipal de Castejón. La mancha era verdaderamente considerable, y la dirección del insecto hacía suponer que no tardaría en llegar a la población.

El cordón que venía del monte de Pina se calculaba en una longitud de 8 kms. de largo por 3 kms. de ancho. Y, por otro lado, un hervidero incontrolado venía del monte de Lanaja. De modo, que Castejón tenía que acudir a dos frentes invasores, necesitando protección para no ver los campos arrasados.

Las balsas que abastecían agua a Castejón, corrían peligro. Tuvieron que improvisar una muralla de cañizos rodeada de hierbas ardiendo, para impedir que traspasaran el muro.

Para realizar las labores, los labradores más pudientes de Castejón, contribuyeron con sus yuntas de mulas y sus jornaleros, hasta finalizar los trabajos de extinción.

Los vecinos del pueblo lo habían dado todo, y una vez más, dieron ejemplo de carácter luchador. Abandonaron sus labores con espíritu de solidaridad para dedicarse por completo y hacer frente a tan terrible invasión, pero la situación se hacía insostenible. Por lo que un miembro de la Junta de plagas le planteó al Ingeniero Sr. Navarro, ¿con qué va a comer un hombre de familia, si abandona su trabajo para dedicarse a la extinción de la langosta?. Es hora de que el Estado acuda en auxilio para compensar los emolumentos de los labradores. A lo que el Sr. Navarro accedió, comprometiéndose a resarcir sus honorarios a razón de 3,- Pesetas jornal.

Era tan grave el problema que se había originado en la zona de Monegros para realizar los trabajos de extinción, que ni los Ayuntamientos, ni Diputaciones Provinciales, disponían de medios económicos para hacer frente a todos los gastos originados. Por lo que consideraron necesario, acudir en demanda de auxilio al Estado Central.

En reunión celebrada en Huesca por la Comisión de los pueblos afectados, nuestros representantes D. Valero Urcia y Mosén Antonio Bercero, propusieron una reforma inmediata de la ley de plagas por las deficiencias de que adolecía, y que el Estado, fuera el responsable de realizar las tareas de extinción y roturación de los terrenos.

Los maestros de la escuela, dirigidos por Dª María Badarán y D. Nicolás de Laportilla haciendo eco de su desolación, actuaron de manera ejemplar y daba gusto ver como 240 niñas y niños con sus azadillos (en Castejón “jadillos”) y capazos ayudaban a exterminar la plaga invasora. Esta acción fue reconocida por el Consejo de Fomento, recompensando a los protagonistas escolares.

Igualmente, Mosén Antonio Bercero párroco de Castejón, y en representación del pueblo, recibió el premio de la Facultad de Medicina y Ciencias de Zaragoza, en reconocimiento sobre los medios empleados, y su eficacia, para la extinción de la plaga.

Para las autoridades provinciales, “Castejón fue un pueblo modelo” en los trabajos de extinción de la plaga, y manifestaron su orgullo y satisfacción, de las labores realizadas por los vecinos, y la excelente gestión de la Junta de plagas.

La plaga en Castejón de Monegros, recogida en el diario La Tierra del 30 de mayo de 1922.
José Antonio Pérez Sarrate.

En Candasnos también hizo su aparición el insecto, pero no en las proporciones que en Peñalba. El pueblo utilizó el material que la acción oficial le proporcionó para la extinción y, al igual que en Peñalba, preocupó la invasión de la langosta de pozos y balsas.

La plaga de langostas 

Apena el ánimo, conmueve el corazón y entristece el alma, ver los semblantes decaídos, al observar el incremento tan grande que va adquiriendo este devastador insecto.

Los labradores se encuentran aterrados al ver en perspectiva un pauperismo absoluto, en cuya precaria situación quedarán muchas familias si no se consigue atajar la marcha de la langosta.

En esta villa, cuando se creía que los daños no serían de importancia, por confiar que cuando penetrara en su término las cosechas estarían duras, se ha visto con espanto lo mucho que adelanta y las grandes dimensiones del cordón.

Diario de Huesca 25 de mayo de 1922.

El presupuesto del 1921 había sido de 10.000 pesetas, combatiendo la plaga en unos diez pueblos y aunque el presupuesto para 1922 había ascendido a las 17.500 pesetas, este resultó insuficiente al aparecer nuevos pueblos con manchas de langostas. Así fue puesto de manifiesto en el Consejo Provincial de Fomento, celebrado el 1 de mayo de 1922 (Diario de Huesca 26 de mayo de 1922). A los pocos días, en tres autos, el gobernador civil Cabrera visitó la zona junto al comisario regio de Fomento señor Cajal, el comandante de la Guardia civil Navarro, el representante de la Cámara Agrícola Mur, el director de La Tierra Banzo, el ingeniero jefe del Servicio Agronómico Navarro y el representante de El diario de Huesca. Visitaron las localidades de Castejón de Monegros Peñalba, Candasnos “Un relato de andar pisando langostas. Desagradable y peligroso es pisar la nieve fría en el campo. Pero andar pisando insectos destructores que forman bandos espesos de kilómetros, que producen un ruido apagado y continuo, y acaban con el cereal, que es el pan nuestro de cada día; eso además de desagradable, es espeluznante, trágico y angustioso.  En esas nubes que hoy corren a ras de la tierra y mañana volando nublarán el sol y dominarán regiones enteras, está el enemigo del labrador, el encarnizado destructor de la tranquilidad y bienestar, el elemento exterminador que lleva la ruina y la miseria. Los de Castejón trabajan en las trochas sin hacer caso del bochorno ni del sol que les derrite; luchan a brazo partido para defenderlas balsas ¡Qué ya que el pan se les va, que no les envenenen el agua de balsa que beben!” (Diario de Huesca 30 de mayo de 1922).

A la falta de cosecha, las perdidas, la escasez de rentas y alimentos, el problema del agua fue casi una tragedia. Las langostas eran capaces de acabar y malmeter las balsas y los pozos; las únicas infraestructuras básicas para el abastecimiento de agua para el consumo humano y animal. La situación fue preocupante, alarmante… al borde de la tragedia.

También representantes de la Cámara Oficial Agrícola de la provincia visitaron la zona “Una visita a los pueblos invadidos” (Diario de Huesca 1 de junio de 1922) “Hemos podido apreciar el mal en toda su intensidad, saliendo profundamente apenados ante el ejército arrollador de langosta que, avanzando, avanzando, siembra la desolación”.

El ingeniero jefe de la sección agronómica Pedro Navarro pronto realizó una explicación histórica sobre el problema de la langosta, en el marco de la asamblea de la diputación de Huesca del 5 de julio de 1922. Navarro expuso como los focos principales radicaron en Pina, Farlete y Monegrillo y como el año de 1921 la plaga apareció por la sierra de Alcubierre, llegó a los pueblos de la ribera del Flumen y del Alcanadre, y luego, atravesando la sierra de Alcolea, las bandas llegaron hasta los pueblos cercanos.

 “Se trabajó con entusiasmo; los labradores roturaron los terrenos donde la langosta aovó y así pudieron salvarse las cosechas de diez y nueve pueblos.

 La langosta puede y debe ser extinguida totalmente. Para ello hacen falta grandes recursos, y yo formularé, desde luego, el presupuesto necesario; como medio preliminar debe irse a la acotación de los terrenos donde el insecto aove, cuidando que varias brigadas se dediquen a seguir el vuelo, especificando cuáles son los campos de particulares y cuáles los montes del Estado. A este fin yo repartiré las instrucciones e impresos precisos.

Una vez hecho esto procede la acción mancomunada; donde se pueda, roturar, donde no, cavar o proceder a la recogida del canuto. Más tarde, cuando el insecto comienza a nacer deben emplearse los buitrones, que requiere numerosa prestación personal, pero que son de gran eficacia, de mucha mayor que la gasolina, cuyos efectos son teatrales más que otra cosa.

Pero la verdadera labor, la principal, es la de la roturación.

Los pueblos vienen obligados a hacer las acotaciones de los terrenos en que la langosta hizo la aovación; pero si las circunstancias excepcionales que pueden concurrir en el término municipal, tales como su extraordinaria extensión superficial, o el haber en aquéllos gran número de hectáreas pertenecientes al Estado, impusieran a los pueblos esfuerzos que estuvieran imposibilitados de realizar, pueden dirigirse a la Jefatura Agronómica de la provincia, que facilitará dentro de los medios de que disponga, personal idóneo que se trasladará a los pueblos aludidos y hará las acotaciones.”

Diario de Huesca 6 de julio de 1922.

En el Diario de Huesca del 4 de agosto de 1922 se da cuenta de la publicación, en el Boletín Oficial número 76 del 26 de Junio, de la Real orden del ministerio de Fomento de 19 de Junio del año actual, ordenando el cumplimiento de la Ley de extinción de las plagas del campo de 21 de Mayo de 1908 y dando instrucciones y plazos fijos para la vigilancia, denuncia y acotamiento de los terrenos invadidos por la langosta y donde ésta haya hecho la aovación.

La langosta realiza su puesta en canutos, Navarro daba prioridad a la escarificación, realizar labores de labranza en otoño, invierno y primavera  para que el hielo, las aves o la recogida manual y posterior quema destruyese las puestas. Fue una gran lucha contra la plaga. Vicente Gascón Lacort lo recoge en su artículo “La plaga de la langosta en nuestros municipios hacia 1920” en la revista Montesnegros. Por medio del artículo “La afección en los municipios de Los Monegros sur” del Ingeniero Jefe del Servicio Agronómico de Zaragoza José Cruz Lapazarán, aparecido en la revista semanal «El Progreso Agrícola y Pecuario» de 31 de julio de 192 “Una campaña de trabajos de langosta en Zaragoza”. Entre los métodos para su extinción habla de trochas que había en La Almolda y que habían realizado con esfuerzo. La explicación de este método de trochas, Vicente Gascón la encuentra en un trabajo de 1986 de José Moral de la Vega donde se describe como la trocha respondía a una lámina, principalmente de cinc, que se colocaba para interceder la marcha del cordón de langostas y hacerlas caer a unos pozos o  bretes donde las destruían con fuego.

Una vez en vuelo, una de las técnicas de atrapamiento era el empleo de buitrones, una red de forma cónica que en forma de embudo va disminuyendo, impidiendo que puedan salir las presas que entran en el arte y queden atrapadas en un remate final. Luego, mediante la quema se exterminaban.

Vicente Gascón Lacort señala que durante 1923 las zonas Leciñena, Pina, Perdiguera, Farlete y La Almolda, en menor medida, fueron términos infestados de langostas. Aun así habían experimentado una gran reducción gracias al gran esfuerzo de los trabajos de escarificación. También Vicente Gascón Lacort reseña una cita de 1917 del trabajo de José Cruz Lapazarán En este volumen hay un pequeño apartado sobre la plaga de la langosta, habitual en aquella época. Es del año 1918, unos años anterior a los dos artículos citados, y en él hace alusión a que la campaña de extinción (año 1917) tuvo verdadera difíciles  en Monegros aunque sin resultados muy halagüeños. También destaca que la langosta apareció en zonas acotadas y  otras que no, en gran cuantía, además, favorecida por los inmensos términos municipales de la zona, poco poblados y que debido a la sequedad del clima se cultiva poca tierra, generalmente vales rodeados de terreno yermo. Como balance de 1918 dice que ayudó a que el traslado de langostas a sembrados fuera rápido y por ello el término de Monegrillo, el inmenso monte de Pina y algunos otros fueron excesivamente castigados”.

En Perdiguera continuó afectando en los años 1920, 1922, 1923, 1924 y 1925, donde se va solicitando gasolina para su exterminio.

La plaga de langosta se vio agudizada con el abaratamiento del trigo por la importación del cereal por parte de los harineros catalanes “La injusta pretensión de los harineros catalanes de entrar trigos extranjeros en la época de la recolección para conseguir el abaratamiento de este artículo, unida a la escasez de cosecha habida y a los daños que ha originado la langosta, precipitarían la ruina de esta comarca (si se accediera a ello), hacia la cual se va a pasos agigantados” (Diario de Huesca del 4 de agosto de 1922). La gran importancia de la plaga en los pueblos, dio pie al maestro de Castejón de Monegros “perfectamente percatado de su misión”, de  llevar los domingos a los niños de las escuelas al monte y “Provistos de azadillas de mano les nace recoger canutos de langosta en las laderas que no pueden ser escarificadas” (Diario de Huesca del 5 de noviembre de 1922). Se cita que acudían unos 240 niños y niñas, en un término municipal donde se estimaba que había unas 760 hectáreas donde las langostas tenían depositados sus huevos (Diario de Huesca del 9 de noviembre de 1922).

Que a la langosta que pace vuestro calor la deshace cuando el sol más la aviva, sois cuchillo que degüella esta plaga tan impía. Todas las plantas desmedra esa plaga cuando pasa, que como todo lo abrasa hace más mal que la piedra, no hace esta tierra mella porque en tu socorro fía.

Novena, canto religioso que se interpreta en la virgen de la Sabina, Farlete.

Nos dicen de Bujaraloz: «Los de Monegros son héroes, émulos de aquellos héroes de Numancia.» ¿Por qué? ¿Qué tienen que ver los numantinos con los que viven en los terrenos esteparios de los Monegros?. Los de Numancia prefirieron morir antes de entregarse a los romanos. Los de Monegros prefieren entregarse al hambre antes de emigrar. ¿Es un heroísmo morir de hambre sobre la tumba de los mayores? Si lo es, héroes como los de Numancia son los de Monegros…

En los tristes pueblos esteparios ha diez años que vive la langosta. Sobre las tierras de siembra, no llueve sino muy rara vez. Ahora la sequía es tan persistente, que falta el agua para los hombres. Y el pan para los niños. Y la paja para las caballerías, colaboradoras del hombre en la obra de abrir el vientre a la tierra sedienta… Ya no queda nada a los labriegos de sus provisiones. No les queda nada: ni esperanza…

Monegros, en tierras de Aragón, no tiene caminos. Los ojos de los gobernantes no llegaron a contemplar nunca la desolada costra de la tierra estéril. Los negociantes no vieron en la tierra sedienta ninguna utilidad. Por eso no hay carreteras ni vías férreas; por eso no se intensifican las obras del canal de Monegros… ¿Qué importa el amor de aquellos hombres a la tierra donde nacieron? ¡Que se mueran! ¡Que emigren! ¡Que maten a sus hijos!, como los héroes de Numancia, antes de entregarlos a los invasores: el hambre y la sed! .

Ya no confían en los Gobiernos aquellos labriegos.

Las noticias que nos llegan de aquella comarca son graves, piden auxilios prontos, rápidos. ¿Es posible auxiliar a los que están en trance de emigrar o de morir? No sabemos si es posible. Más que dinero, acaso fuera preferible enviar técnicos que estudiaran la manera de restablecer la riqueza agrícola de los Monegros, Intensificando la obra del canal, y dando trabajo a los que esperan del cielo el milagro de su salvación… La construcción de una carretera, la apertura de pozos artesianos y el «perdón de las contribuciones», sería un alivio para el otoño. Con estas medidas, se llevaría la fe a los labriegos de aquella comarca. Ellos creen que no hay justicia en la tierra. Y el caso es que hasta ahora tienen razón.

 Rodolfo Viñas. El Sol, 4 de junio de 1924.

Aunque al parecer las plagas no volvieron a sucederse, el miedo quedó muy marcado en la memoria de nuestros pueblos. Pues aún se tardaron algunos pocos años en exterminar completamente la plaga. Así en el Diario de Huesca del 19 de febrero de 1924 se solicitó en la sesión de la Diputación Provincial de Huesca al Gobierno “La consignación necesaria para que en la campaña próxima de primavera quede totalmente extinguida la plaga de la langosta”.

El año 1925 fue de gran sequía en toda la comarca. Desde Leciñena, La Almolda y otros lugares recibe el gobernador cartas del cura y diversas personas. Bujaraloz lleva cuatro años sin cosecha y Monegrillo arrastra ya doce años de plaga de langosta. En este último lugar sólo queda, entre las dos balsas, agua racionada para seis días. El agua se paga a 20 céntimos el decalitro. Desde las esferas gubernativas se promete que los monegrinos serán los primeros contratados para trabajar en las obras de riegos del Alto Aragón. Por fin llueve un poco y la necesidad se alivia momentáneamente. De nuevo, en 1926, habrá escasez de agua y en 1929 no se cosechará a causa de la sequía. La recolección en 1930 y en el 1931 es buena, pero también en este último año se necesita agua de socorro. Por si fuera poco, aunque nieva en 1932, en 1933 apedrea.

La langosta se ha ido localizando, pero se necesitan medios para terminar con ella. Son precisos más de seis mil metros de trocha, ochenta latas de gasolina y otros accesorios. En 1928 se prueba a matarla con arseniato de sosa en el término de las Fabarnías. En los años siguientes, incluso hasta el 1939, hay que estar atentos y mojonar los focos que todavía aparecen.

Monegrillo en sus raíces
Ángel Calvo Cortés

La herida que dejó la langosta fue muy dolorosa, causó mucho sufrimiento en estas tierras. Quizá por ello casi ni se recuerda, como si de una pesadilla hubiese tratado. Una plaga que no deja de crear grandes crisis humanitarias en África y que en Los Monegros puede volver a suceder.

4 comentarios en “La plaga de langosta en Los Monegros

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