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Cándida Buil Farled


Cándida Buil Farled nace en Castejón de Monegros el 11 de marzo de 1937, en la calle de la iglesia número 21 aunque ha vivido gran parte de su vida en Valfarta. Sus memorias nos trasladan a las dos localidades monegrinas, a una vida pretérita que guarda grandes recuerdos, con mucha familiaridad, de una persona muy querida que nos abre las puertas de su casa y nos acoge con gran afecto.

Hija de Mariano Buil Palacio y María Farled, en casa fueron 5 hermanos, 4 chicas y un chico. Su padre era jornalero, muy trabajador, iba a todo lo que podía y hacia trabajos para casa el Cerrajero y en casa de su tío Farled -Lo que más hacía era ir a labrar con las mulas-.

Ella iba a ayudarle a segar, él iba con la dalla mientras ella ataba la garba y a veces, si podían, iban a respigar o a hacer esparto. También su padre Mariano trabajó en carreteras, con una maceta machacaba piedra, iban muchos, el tío Canarro y otros tantos. Tendrían unos 30 o 40 años cuando fueron a Sallent de Gallego y a Panticosa a hacer obras. Incluso estuvo en Valfarta poniendo pinos en el entorno de san Miguel.

Iban a hacer leña con una astraleta, coscojos y romeros que cargaban en una carretilla o con un burro la llevaban para casa. Aunque era muy duro, todo lo hacían con alegría. Almorzaban una tajada de pan con vino y azúcar y para comer muchas veces patatas con judías.

Su infancia transcurrió por las calles de Castejón de Monegros, jugando a los pitos, a los anuncios con las cajas de mistos, a la comba… Aunque en casa tampoco paraba, ayudaba a las faenas, a hacer las camas, limpiar y, entre muchas otras tareas, ir a buscar agua a la fuente del Plano con pozales y cantaros. La fuente del Plano era la fuente grande y tenía lavadero y luego estaba la fuente pequeña, que tenía dos lavaderos, uno para lavar y otro para aclarar. Gracias a la fuente había un poco de huerta en la que se ponía de todo, sí que casa Antillón hacía un huerto bastante grande. Asimismo, estaban las balsas, la Alta y la Baja, una muy buena para guisar y la otra para las caballerías y resto de animales.

Cándida fue a las escuelas que ya estaban en el Plano, entonces eran muchos, hasta comulgaron en su año unos 40 críos. Con 14 años fue a servir a diferentes casas Urcía, Mariscal y los Romairales, Alcrudo, hacía las camas, fregaba, lavaba y amasaba el pan que cocían en el horno una vez a la semana con lo que tenían para toda la semana -Había dos hornos de pan, Castejón era muy grande, aunque ha ido a menos-.

Hacían la matazía matando un tozino al año con el que hacían longanizas, chorizos… y luego, si podían iban comprando. También tenían conejos, pero su madre decía -¡Rediós!, no voy a poner más conejos, que van a romper hasta el váter-. Había un molino harinero en calle la Luna y en casa Romeral tenía almendreras y olivos.

Recogían trapos que cambiaban por naranjas a uno de Fraga. En casa de la Camionetera vendía de todo, en la Chipranera daban comidas y había baile en casa la Ronquilla, un café muy fuerte. Las fiestas de Castejón de Monegros para Santiago y santa Ana y para el 17 de enero san Antón, que se hacían hogueras. Su padre fue danzante «Para Santiago y Santa Ana, pintan las uvas y para la Virgen de Agosto ya están maduras».

Sus hermanas marcharon a servir a Barcelona y allí se quedaron, su hermano se quedó en Castejón, fue pastor para otro. Se veían muy poco, una vez al año. Muchas chicas jóvenes marcharon a servir a las ciudades, especialmente a Barcelona.

Cándida conoció a su marido Ángel Suelves Barrieras, natural de Valfarta en unas fiestas en Castejón de Monegros. Se casaron el 20 de septiembre de 1958, cuando Cándida tenía 21 años, instalándose en Valfarta en la casa familiar casa Suelves. Su marido fue pastor de su propio ganado ovino, tenían un rebaño de unas 300 ovejas. Ángel marchaba con el ganado por la mañana y no volvía hasta la noche, con la comida en la alforja que Cándida le preparaba. Algunas veces iba a ayudar a su marido con las ovejas y tenían un pequeño camper donde sembraban cebada.

Igualmente iba a buscar el agua a la balsa, tanto a la balsa Alta, en tinajas para beber, como a la Baja, para otras cosas y los animales. En la balsa lavaban la ropa en la balsa y no es hasta 1982 cuando el agua llega a Valfarta.

Amasaba el pan, canasto y mandil, para que no se secase la masa. Había una tienda que había de todo a la que solía mandar algún crío -¡Anda a Margarita a que te de…!-. El ayuntamiento y las escuelas estaban en medio del pueblo, cerca de casa de Candida, donde los críos entraban antes de entrar en la escuela para calentarse en la estufa que tenían en casa. Iba a Bujaraloz para llamar por teléfono y para ver la televisión tenían que ir a otra casa, a ver el “un dos tres”, porque en casa no tenían televisor.

En 1965 se transforma todo con la llegada de la construcción del canal y del túnel, trabajó mucha gente, sobre todo haciendo en túnel, se quedaban a dormir por las masadas. Para hacer el túnel empleaban dinamita y un primo hermano de su marido murió en una explosión. Había mucha maquinaría y tractores. Al final el agua llegó a Valfarta y se hicieron lotes de tierra, dando bastantes, hasta alguno de Castejón se quedó algún lote. Su cuñado prácticamente hacía de secretario de Valfarta, había uno, pero a él le tocaba hacer casi todo, firmar actas y documentos.

Ha habido mucha pobreza, mucha hambre –Había que vivirlo para saber lo que era-. En casa criaban tocinos, conejos, gallinas y pollos… pero Cándida siempre ha sido feliz con lo que ha tenido, por ello decían “La Cándida» con un duro es más feliz que otros teniendo 3000”.

Cándida y Ángel tuvieron 3 chicos y 2 chicas, ahora tiene nietos y biznietos, una gran familia que le llenan la casa fines de semana, festivos y como no, cada fiesta de Valfarta. Sus hijos han sido danzantes, tradición que se mantiene muy viva en el pueblo. Se han criado por las calles, todos los del pueblo, igual había una veintena de críos jugando por las calles que ahora están casi desiertas. Ahora hay que cerrar las puertas para que no entre nadie.

En Valfarta es conocida como la Cándida de Suelves aunque también había otra de Castejón que le decían la Castejonera. Entonces igual estaban unas trescientas personas viviendo y ahora en inviernos son muy pocos, salía a la calle y veía a gente, ahora no, y menos en invierno. En verano salía con una silla a tomar la fresca con las vecinas. Hecha en falta algo más de vida en el pueblo, un pueblo que le acogió y de la que se ha sentido como en su propia casa, haciendo su hogar y vida en un pueblo que siente propio y del que se siente muy orgullosa.