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Maribel Tella Pisa y Marí Carmen Ballarín Moreno


Maribel Tella Pisa y Marí Carmen Ballarin Moreno.

El Pesquero es aquel barquito que navegaba y navegaba hasta quedar varado en tierra firme, tan adentro, que, sin darse cuenta, echó su ancla en la huerta del río Alcanadre, en su capital, Sariñena. Aquel barquito, encalló en aguas entre la Acequieta y la acequia del Molino, por eso no es de extrañar que Francho Rodes, en “Bocabulario Monegrino”, recoja que responde a un topónimo menor en el que se encuentra una importante acequia de riego y varios colectores. Pero ese barquito, ese Pesquero del Mediterráneo en verdad no se perdió, si no que buscó su lugar, aquel Pesquero del tío Pepe, tal y como cuenta Manuel Antonio Corvinos amarró en Sariñena para dar nombre a dicho lugar y recordar el mar que surcaba en plena libertad. Así, muchos aún recordaran la casa del Pesquero, la casa del tío Pepe en honor a su barquito de Barcelona llamado “El Pesquero”.

Pero el Pesquero también es un camino por el que había que cruzar las acequias y había que tener cuidado con no caer. Lavaban la ropa y la vida transcurría entre los vecinos que por allí vivían, en ese tramo de la calle del Muro, de la Ronda de San Francisco. El Muro, en referencia a la antigua muralla, que delimitaba la población dejando en su lado exterior parte de la gran huerta sariñenense que aún se dibuja, aunque ya algo abandonada.

Por el Pesquero andaban sueltos los patos, Mari Carmen Ballarin Moreno recuerda ver como sacaban los patos por el Pesquero a “apacentar”. También se acuerda Maribel Tella Pisa, a quien, si no la despertaban por la mañana, cuando salían, se ponía a llorar. Manolo Coto le decía que no llorase, que ya volverían.

Los patos los criaban para comer, al igual que las gallinas, conejos, pavos, … Maribel recuerda que había árboles de hoja de mayo, de los que cogían las hojas y la mezclaban con la cabezuela y la tercerilla. Molían los zurros de maíz y hacían la cabezuela y la tercerilla, este último era más fino. Luego, en una olla cocían los restos de comidas, sobras, de todo y patatas, algunas que se habían puesto malas o eran muy pequeñas, o las peladuras y lo vertían en la vacieta sobre la cabezuela y la tercerilla y se lo daban como alimento a los animales; aunque siempre había quien pasaba hambre y echaba mano y zarpado a la boca.

Maribel Tella Pisa nació en Sariñena en 1950 y Marí Carmen Ballarín Moreno en Huesca en 1953. Ambas han vivido y viven en la calle San Francisco, de cara al Pesquero que mucho ha cambiado. Entonces era una senda que bajaba a las huertas, al huerter, de paso, pero también de encuentro, de charradetas y donde tenía la casa Pepe y Emilieta. Emilieta era modista y cosía para la gente, muchas fueron a aprender de ella.

El Pesquero, entrada al huerto de Ibor.

Las acequias estaban descubiertas y había un puentecico pequeño donde lavaban. Una vez, la cría de Rosendo se cayó al cruzar el puente del Pesquero. Maribel recuerda ver lavar la ropa en el Pesquero, en cambio, Marí Carmen no lo ha llegado a ver, pero su abuela se lo contaba. -A veces había unas ratas enormes-, recuerdan ambas.

Las mujeres hacían de todo, lavar la ropa a la acequia o al río, iban al campo, al carbón, sin sueldo y trabajaban mucho, sin parar. Hacían la comida, cuidaban de los críos y los abuelos, cosían, punto media, ganchillo, bordaban…. todo, incluso la matacía.

En la escuela, Maribel aprendió a bordar, le decía la maestra -¡Si supieras de letras tanto como bordar!-. Luego le enseñó a bordar Maribel Aznar, sobrina de las Antonas. Maribel se fue a Barcelona de pequeña, al salir de la escuela, un año y volvió y estuvo dos años con las Ballarinas hasta que pudo comprarse una maquina y ponerse a coser con Aznar La tienda de las Ballarinas era grande con cajones de madera y techos altos.

La madre de Maribel, Crescencia Pisa era una carbonera, una de aquellas muchas mujeres que iban a buscar carbón a la estación de Sariñena. Lo llamaban ir a “respigar carbón” y llevaban un saco para recogerlo que luego cargaban sobre sus espaldas; uno o dos sacos. Subía a la estación con otras mujeres y recogían el carbón que se caía. En la estación había vigilantes, pero había atrevidas que si podían cogían del bueno y si les veían les echaban el alto. Si respigaban el carbón del suelo, según el guardia que había, hacía la vista gorda. Uno de los guardias era Guillermo Latorre, era uno de los buenos

También tenían el problema de encontrarse con la guardia civil por el camino, a su madre no le pararon nunca, pero a alguna que llevaba mucho cargamento le quitaron parte. Iban con frio, lluvia… una vez que nevó, su madre se resbaló y cayó con todo el carbón.

Lo recogían para la estufa, cocinas de carbón y leña, algunas eran de obra. Lo vendían si les sobraba algo y a quien les pedía. Recuerdan que iba Míguela Sampudela a buscar carbón. Igualmente recuerdan a la Cuca, la madre de la Tía Paca la Rompe esquinas. Se ayudaban mucho entre ellas, eran muy jóvenes.

Mari Carmen recuerda que viajaba mucho y cogía muchos trenes, la estación era un transito continuo. Ispa tenía el coche que subía y bajaba pasajeros, equipajes y mercancías, tenía su despacho en casa de los Ticanos, a un lado de la droguería de Sobella y enfrente de los periódicos de Lucia. Allí recogía y repartía los paquetes y mercancías y vendía billetes de tren. El hermano de Maribel trabajaba para Ispa, un año que nevó mucho, al ver que no volvía a casa, fue a preguntar al despacho de Ispa con tan mala suerte que se cayó por la nieve y se rompió un tobillo.

Marí Carmen se acuerda de la cárcel, entonces vivía cerca de ella. La cárcel estaba en la placeta, un edificio viejo casi ya en desuso; debía ser provisional antes de trasladar los presos a Huesca. Se acuerda de una mujer que mató al marido, sería en torno a 1957: -Al parecer eran dos mujeres recién casadas que se turnaban para cuidar a los hijos mientras la otra iba al río a lavar la ropa. Pero un día, una de aquellas mujeres se olvidó el jabón y al regresar a casa pilló al marido con la vecina y lo mató. Aquella mujer por las noches lloraba y gritaba mucho, sufriendo por su hijo que había quedado solo ¡Ay mi Esperanzita!-. A Marí Carmen le daba mucho miedo la cárcel, -cada dos por tres se escapaban de ella, estaba super vieja-.

Se iba a buscar hielo a casa Porta, que tenía un despacho al lado del Hotel. Antes estaba donde la pescadería de Gloria “El Ancla”. En frente estaba la Marta, con su frutería y verdulería. Al lado la taberna del Peti, las Ballarinas, mercería y que cogían punto de media y fotografía Rosendo. También estaba la tienda de ultramarinos de Emilio Portella, el Currutaco. Luego llevaron la tienda Pepe y Emilieta que vivieron en el Pesquero.

Ambas recuerdan a Carmen La Hermosa y su carnicera, a los Pierretes y su tienda de pinturas enfrente de casa Ancho. El Bodegón que estaba donde ahora está Pacheco. Los bolos y el futbolín de Pitera, donde ahora de esta Charly Sport, y los tebeos de Angelito. La carnicería la Tora, casa Soto (Peluquería) y Asunción. Maribel se acuerda como su abuela Petra iba a comprar la carne a la Tora en el cruce. Todo ha cambiado mucho.

Las mujeres en mayo, cuando comenzaba el calor, bajaban al río a lavar la lana, siempre que bajase el río limpio, no turbio y sin barrete, Llevaban unas canastas donde metían la lana para que se escurriese, luego la tendían para que se secase por las piedras y luego la volvían a guardar en las cestas. La llevaban al colchonero, a Pedro Sabate y este hacía los colchones; unos eran ingleses, colchón recto, y otros cogidos. 

En las cocinas tenían el cantoral, para colocar los cantaros, había algunos de granito y otros de madera. En muchas casas tenían una cadiera con una mesa para comer.  En las habitaciones solían tener un pequeño armario empotrado, con cristales. Al abuelo se le subió el pollino, el hijo de la burra, al piso de arriba por las escaleras y para bajarlo lo tuvo que hacer recular hacia atrás.

Mari Carmen recuerda como en casa de sus abuelos solo tenían una cuchara, primero la cogía su abuela y luego su abuelo. Compraron una casa en el Muro por 3.000 pesetas, cerca de la placeta. Al lado de Perifollos, al lado estaba la abuela de Marí Cruz la Nonas, el Menses (Soltero) pañuelo y boina, con el basurero (Inés) el señor Manolo.

Merendaban pan con vino y azúcar o pan con tomate. La conserva de tomate la ponía en botellas de vidrio verde, que iba a buscar a los bares. Con un embudo introducía la salsa de tomate. Compraban unos polvos en las hermanas para conservar. La madre de Maribel tenía una tozina que hacía criar, el recrío, y los vendía.

Se acuerdan de los camiones de Nivelcampo, que eran verdes, pues debieron emplear camiones viejos del ejército. También estuvo Regiones Devastadas, los ingenieros vivían en casa Paraled, tenían cocineras y camareras, también estaban haciendo los pueblos de colonización. En donde Guissona, estaba para sembrar Ascens, semillas. En el lugar de la peluquería de Flora estaba el bar de Rials con patio terraza donde ponía un entoldado. Detrás de Guissona estuvo unos años sor Alicia, solo dos monjas, era de pago  

Maribel ha estado trabajando en el sector de la limpieza, encargada de la limpieza del Banco Huesca y más tarde en el Banco Bilbao Vizcaya.

Marí Carmen trabajó en la conservera, su exmarido estuvo de electricista. Los dueños de la Conservera de Sariñena eran navarros y hacían conserva de tomate, puerro, tomate frito, alcachofa, pimientos… Había unas ollas enormes, llenaban las latas y las sellaban. El puerro se limpiaba afuera de las naves, iban en barquillas que ponían todas en línea. Pesaban y tanto habían hecho y tanto pagaban. Se trabajaba a temporada. Se encendía la fábrica y se hacía la conserva y se enlataba.

El Pesquero, Sariñena. Fotografía Asunción Paraled Millera.

Vivencias de antes que recordamos gracias a Maribel y Marí Carmen, vecinas, con quienes te saludas, sonríes, te paras a hablar y a veces aún te encuentras en el Pesquero; en aquel lugar mágico para algunos, en el que tanto jugué con mis amigos Vicente el Casero y Alberto Fragio. Y gracias a Manuel Antonio Corvinos Portella, quien no cesa en que el Pesquero tenga su dignidad y dejé de ser un lugar abandonado y sucio.

Al Pesquero

Tal vez vuelvas a navegar, Pesquero varado en este desierto de árida estepa sureña, del sur del Alto Aragón, donde el desierto se apodera de unos Pirineos distantes.

Quizá vuelvas a navegar, entre olas que te dejen llevar, entre brisas que acaricien tus velas, igual entre mares que fueron y quisieron ser océano.

Pesquero, varado en este desierto seco, de playas interminables que nunca acaban de desembocar, en acantilados que acaban rompiendo la tierra, así, sin más, en la misma tierra que se agrieta a la sed.  Sueño con tu Pesquero varado. Sueño con el mar extendido entre tu casa blanca de sábanas blancas, sacudidas al viento, mecidas, como las velas de tu pequeño Pesquero que siempre soñó con navegar, que siempre soñó con la mar.

Se baten las velas como alas de mariposas, como el aleteo de los gorriones revoloteando con tus andares, mirando el cielo tan azulado como la más hermosa mar en calma donde navegar es siempre es libertad.

Lo llamó El Pesquero, a su lugar, a su casa blanca por donde corrían las aguas de unas acequias, de la Acequieta y del Molino donde a veces aún se siente el oleaje y la misma brisa del mar.

Quizá, también, porque cerca, una pequeña laguna soñó con ser algún día mar.

La Nivela, La última bruja de Sariñena


Pilar Naudín Tella –La Nivela: La última bruja conocida de Sariñena

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

Capitulo I

Llamarla bruja me parece excesivo aunque sus habilidades y artimañas pudieran catalogarse como próximas a esta rama del esoterismo. En cierta manera podríamos decir que practicaba la llamada magia blanca o brujería benéfica. Este tipo de magia es aceptada por la sociedad sin ningún problema. La otra, la denominada magia negra, se lleva a cabo en concomitancia con las fuerzas del mal para producir daño y  no es aceptada por la sociedad.

Pilar era una persona de carácter adusto y a la que nadie vio nunca sonreír. La soledad, las necesidades económicas, la incomprensión y el misterio inherente a sus inclinaciones por lo oculto debieron moldear  su fuerte personalidad. Su mirada  dura y penetrante y su encogida figura emanaban un no sé qué inquietante.

Pequeña, algo encorvada, cara espabilada y con la psicología suficiente como para aprovecharse de la ignorancia o de las necesidades de la gente.

Siempre vestida de oscuro y no muy aseada, le seguía a todas partes un olor  especial derivado de la colonia que usaba llamada Ronquina.  Es este un  ungüento capilar elaborado con plantas medicinales como el  romero y la quina, con propiedades antibióticas, antisépticas, cicatrizantes, vasodilatadoras y fortalecedoras del cabello.

Era una mujer de una personalidad muy singular para la época, pues sus aficiones por lo oculto le granjeaban burlas, algún problema y también soluciones alternativas a sus necesidades primarias. Era una persona independiente que no tenía ningún reparo en viajar sola, pero que siempre buscó, a su manera, relacionarse con la sociedad en la que le había tocado vivir, aún teniendo la desventaja de que no sabía leer ni escribir.

Visitaba asiduamente las casas de sus vecinos para charlar, escuchar la radio, contar historias o para que (según Mari Lacerda) le escribiera cartas Teresa Etura en el taller de la sastrería. También me dijo Mari que a veces hacía vaticinios en trova.

Amiga de santos y espíritus se desplazaba una vez al año a visitar al Cristo de Balaguer, conocido por sus milagrosas curaciones. De allí se traía hierbas con propiedades curativas.

También era asidua del santuario de  los santos Cosme y Damián, médicos del siglo  IV que fueron muy conocidos en su tiempo por sanar todo tipo de dolencias a personas y animales. Ambos murieron decapitados por orden del emperador Diocleciano. El recinto religioso de los citados santos recibió en el siglo XIV (Edad Media) algunas de sus reliquias y desde aquel momento se convirtió en lugar de peregrinación de numerosos enfermos. Anteriormente al cristianismo ya  era visitado  por motivos parecidos. Se halla situado próximo al pueblo de Liesa en la Hoya de Huesca.

Como parecía tener el don de adivinar el futuro recibía en su casa a numerosas personas para tal fin. También realizaba conjuros para invocar o pedir la intervención de alguna fuerza sobrenatural.

Algunos pudieron ver en ella a una pícara medieval, pero en su defensa hay que decir que tenía mucha fe en lo que hacía, en las fuerzas del más allá y en la interrelación entre ambas.

Poco, aparte de sus andanzas, se conoce de esta atípica mujer. Posiblemente el “respeto” a sus habilidades hizo que el pueblo pasara página y cerrara esa ventana que daba al pasado más oscurantista.

El apellido Naudín es de origen francés y está datado en ese país desde el siglo XII.

En Aragón aparece documentado como infanzón en las Pedrosas (Zaragoza) en el siglo XVIII y también en Castejón de Valdejasa (ambos pueblos muy próximos).

En su certificado de defunción aparecen los siguientes datos:

  •  Nacida en 1881 en Zaragoza.
  • Sus padres se llamaban Juan y María.
  • Viuda de Manuel Labad.
  • No tuvieron hijos.
  • Fallecida el 14 de abril de 1968.

 

Capitulo II

      ANECDOTARIO

En este segundo y último capítulo vamos a conocer alguna de las muchas andanzas y habilidades que se recuerdan de Pilar Naudín. Como verán, unas tienen bastante sorna, otras son de cierta picaresca y otras carecen de explicación. Pero en casi todas esas intrigas se ve la mano de una persona diferente al resto.

Leamos pues:

-Acostumbraba a decir que el coche fúnebre que llevó los restos de su marido  Manuel al cementerio de Huesca iba sin conductor.

-Contaba que se comunicaba con su marido a través de sonidos: “Manoler, si eres tú da tres golpes en la puerta”.

-Cuando el cielo se oscurecía por las tormentas, la Nivela echaba sal en el “branquil” de su puerta y colocaba tijeras  y tenazas del hogar formando cruces. Ella siempre se vanaglorió de que mientras realizó este ritual nunca hubo “pedregadas” por Sariñena.

-También solía echar agua bendita en las estancias de su casa. Según me contó Faustino Blanco tenía agua bendecida de trece iglesias distintas.

-Me relató Ilda Gómez que  allá por el año 1955 hubo cinco chicas que tenían que presentarse al examen para recibir el  Certificado de Estudios Primarios. Dada la importancia del asunto fueron a preguntar a la Nivela por su futuro académico. Lo decidieron un poco a la ligera y otro poco por si acaso era verdad lo que se decía de ella.   El caso es que nuestra vidente se percató enseguida de la situación y les contestó irónicamente que se fueran tranquilas puesto que cinco días después de realizada la prueba sabrían el resultado.

La citada prueba consistía en un dictado, una redacción, un problema de aritmética, un dibujo lineal desarrollando algún poliedro y un dibujo artístico.

-Esta anécdota me la relató Domingo Lana y ocurrió en una caseta de las Barceladas donde se hallaba un grupo de hombres dando buena cuenta de un almuerzo mientras alcahueteaban de los asuntos locales, entre ellos las andanzas de la Nivela. De pronto oyeron unos golpes en la puerta y  se les apareció inesperadamente Pilar. Con aquel carácter fuerte que la caracterizaba les espetó: “¿Quién de vosotros ha dicho que la Nivela no iba a presentarse en esta reunión?”,  y como uno de ellos mostrase algún gesto de incredulidad lanzó una frase al más puro estilo del famoso adivino francés Nostradamus: “Estaba cogiendo flores en el campo, vino un burro y me escupió”. Dejó a todos descolocados con la frasecita y no supieron qué responder. Tras lo cual se quedó a charlar un rato y de paso a distraer el hambre.

-En esta historia que cuentan de ella, el tiro le salió por la culata. Nos habla de una esposa celosa que le fue a consultar sobre las posibles andanzas de su marido. Nuestra bruja le comunicó que éste se veía con otra mujer. La “engañada” se enfadó terriblemente y al llegar a su casa se lo contó al esposo. Al enterarse el acusado, se enfado más todavía y urdió una trama para desenmascarar a la falsa adivinadora.

Siguiendo el plan concebido hizo venir a Pilar para que le diera más información de las aventuras de su marido. Mientras tanto el hombre permanecía escondido en una habitación próxima. Al llegar, la mujer le preguntó dónde estaba su esposo en ese momento, la Nivela le aseveró que ahora mismo estaba con su amante. Oído el falso vaticinio salió airado el marido y se armó la de San Quintín.

-Por las noches solía ir, después de cenar, a casa de algún vecino a tener un rato de tertulia. Los pequeños de la familia lo pasaban de miedo con las historias de cementerios, almas en pena y del más allá que acostumbraba a contar y que ella adornaba  parándose en lo más peliagudo de la historia, suspirando profundamente mientras musitaba: “Ya me ha entrado un espíritu”.

-Un hecho que también tuvo mucha repercusión fue cuando halló la chaqueta sustraída del padre de Faustino. Por esta rocambolesca operación recibió un “enfarinoso” y una botella de anís de parte del sustractor para que no lo delatara.

-En otra ocasión vaticinó, en el bar Chicote de Sariñena, mediante el echado de cartas, la muerte de uno de los contertulios diciéndole: “Cinco puñales llevas clavados en el corazón, cuando pasen cinco meses estarás dentro de un cajón. Llevas un pistón que quema mal la gasolina y si te comes las uvas, a Reyes no llegarás”. Aquella cuadrilla se echó a reír con la ocurrencia, pero pasados cinco meses el augurio sucedió tal como la Nivela había predicho.

-Se encontraba G.M.M. paseando con su bicicleta por el puente del río, allá por el verano del 1959 cuando se topó con nuestra protagonista. Por aquel entonces G.M. tenía doce años de edad y ya no recuerda si lo hizo por picardía o por candidez. Sea por lo que fuere, le preguntó si querría adivinarle el porvenir, a lo que nuestra bruja asintió y le profetizó que sería rico y que se moriría a los sesenta años. Teniendo en cuenta que ahora el antedicho tiene setenta es casi seguro que Pilar le tomó el pelo.

-Este otro sucedido ocurrió un día cualquiera del mes de septiembre de mitad del siglo XX. Se acercó Pilar a la carpintería de Antonio Gascón Orlac en la calle del Horno para encargarle una mesa de pino con tres patas.  La Nivela tenía intención de emplear la mesa para echar las cartas a los vecinos que se acercasen a verla.

El encargo puede parecernos muy normal, pero si uno investiga entre los arcanos de la hechicería descubrirá que, en las ceremonias de iniciación de los Caballeros del Templo de Salomón,  aparece un altar con tres patas visibles. Representan los tres pilares del mundo cotidiano; la cuarta, la que no se ve, representa al mundo invisible. Posiblemente esta imagen fue utilizada por los magos como una señal a imitar.

Aquella mañana pues, se presentó Pilar a realizar su encargo y después de acordar precio y forma, Gascón Orlac decidió aprovechar la circunstancia e inquirió a la Nivela  por el futuro de su hijo Jesús allí presente. Ella sólo le preguntó por la fecha de nacimiento y al conocer que era el 12 de junio  miró al muchacho fijamente y dijo: “Día del Corpus” y seguidamente manifestó: “Este zagal tendrá muchos hijos y se ganará muy bien la vida”. Y como todos ya conocen acertó de pleno.

Estos y otros casos que no han salido a la luz, dieron a la Nivela la fama de bruja que ha llegado hasta nuestros días entre los que peinan canas. Para unos, era una  impostora y para otros no. Ambos pareceres, el tiempo en qué vivió y las dificultades que tuvo que sortear nos dan idea de una mujer fuerte que ha dejado su impronta en el recuerdo de los sariñenenses.

                                                   DATOS ANEXOS

Su marido se llamaba Manuel, era de buena presencia y la sobrepasaba en bastantes centímetros, trabajaba como albañil de la RENFE. No tuvieron descendencia y vivieron en la calle Ugarte número 9. Pilar se quedó viuda muy pronto y debió de pasarlo económicamente mal por lo exiguo de la pensión de viudedad que quedaba en aquellos tiempos, también disponía de un huerto y lo trabajaba.

Posiblemente nunca sabremos por qué se le apodó como La Nivela. Hilando con trazos muy gruesos podría especularse con la profesión del marido y el paso a nivel de la estación.

Pudiera ser que la famosa mesa de tres patas aún estuviese arrinconada en el granero de la casa sita en la calle Ugarte número 9.

Capitulo III

No tenía pensado escribir un tercer capítulo sobre esta singular mujer, pero al  recordar que la familia Fernández-Garrido ocupó la vivienda después de su fallecimiento, decidí aprovechar la oportunidad para concluir el tema visto desde otro ángulo.

 Ocurrió que, terminada la construcción de la presa de El Grado a finales de los años sesenta, varios de los obreros que en ella trabajaron para la empresa Auxini se desperdigaron por las poblaciones cercanas. Varios de ellos llegaron a nuestra villa y aquí se establecieron.

En aquella época el boom urbanístico en Sariñena aún no había  comenzado  y las viviendas de alquiler escaseaban. A pesar de dichas limitaciones, la casa sita en la calle Ugarte número 9  no parecía interesar a nadie. Es fácil imaginar que la fama que había perseguido a su antigua propietaria imponía cierto recelo o incluso miedo a los posibles arrendatarios.

La familia Fernández-Garrido con menos aprensión  que los demás habló con  el dueño, llegaron a un acuerdo y por un  ventajoso precio se la arrendaron. Florentín les puso la condición de que nunca debían entrar en una habitación situada en la falsa y que estaba cerrada con llave.

Entraron a vivir en aquella enorme casa un día de 1968 y enseguida se dieron cuenta de que no era una  vivienda normal. Entre otras cosas  por el tamaño de las habitaciones, por las numerosas dependencias que había entre las tres plantas, por como estaban distribuidas, por aquel gato negro de bastantes kilos de peso que deambulaba desconcertado por la falsa observando a aquellos intrusos y por otras cosas que luego  veremos.

Por cierto, aquel enorme gato era utilizado por nuestra protagonista para realizar adivinaciones, para ello colocaba varios platos boca abajo en el suelo, en un momento dado el felino se dirigía a uno de ellos en particular y seguidamente Pilar lo levantaba e interpretaba lo que el plato ocultaba.

Manolo y Eduardo, los pequeños de la familia, vieron en aquel enigmático edificio  un filón donde desarrollar su espíritu aventurero y a fe que no se dejaron rincón de visitar, incluida la habitación prohibida.

En el patio de entrada llamaba la atención un enorme lavadero de obra de unos dos metros de largo en el que incluso podían  bañarse los dos muchacho o lavar ropa varias mujeres a la vez. El “estanque” era  alimentado por un grifo de considerables dimensiones.

También había en ese patio, al fondo a la izquierda, una sala pintada toda ella de color azulete (índigo).  El azulete es un color mágico y desde tiempo inmemorial se ha utilizado para ahuyentar o impedir la entrada en las viviendas a demonios, brujas  y otros seres del inframundo.  La extraña estancia carecía de luz, tanto artificial como natural, por lo que para moverse por su interior era indispensable alumbrarse con velas. Precisamente era allí donde Pilar recibía a las “visitas” que querían conocer su futuro y era en la mesa de tres patas, que comenté en el anterior capítulo, donde les echaba las cartas del Tarot o realizaba vudú con unos muñecos que ella misma confeccionaba.

En aquella lúgubre sala nuestros dos muchachos se atrevieron a entrar en contadas ocasiones porque cuando lo hacían notaban sensaciones perturbadoras. En su primera visita encontraron solamente velas, ungüentos, aceites, hierbas secas y no vieron ningún mueble.

Completaba el plano del patio una cocina a mano derecha con un enorme hogar rodeado por dos cadieras en consonancia..

A la primera planta se  subía por unas escaleras situadas a la izquierda del patio, en ella había dos habitaciones, cocina, despensa y comedor, todo muy normal. Aunque en la habitación de los chicos había un descomunal armario empotrado con un hueco de unos 2 o 3 metros de largo por unos 50 cm de ancho que en tiempos debió estar disimulado.

Ambos muchachos dicen que vivieron a gusto esos años, pero de todas maneras no las tenían todas consigo, sobre todo cuando tenían que subir de noche al granero a buscar algo o bajar a cerrar la puerta de la calle, teniendo en cuenta que las bombillas alumbraban lo justo para no tropezar y que en la imaginación infantil las sombras cobran vida y se mueven al antojo de  voluntades inciertas, desconocidas y misteriosas, vaya usted a saber… Y además estaba el gato negro que con sus brillantes ojos amarillos resaltando en la oscuridad le daban a esta unas posibilidades maléficas inagotables.

Me cuentan Eduardo y Manolo que aquella habitación prohibida del granero era como la manzana del paraíso y que un día, no pudiendo aguantar más,  decidieron entrar y saciar su curiosidad. Esperaron a que sus padres los dejaran solos y entonces se pusieron manos a la obra. La habilidad de Eduardo debía ser especial puesto que después de manipular un rato la cerradura se abrió. Observaron prudentes y  expectantes desde la puerta los variopintos objetos que en ella estaban guardados. Vieron colgada en la pared una cruz con su Cristo clavado en ella, varias estanterías soportando numerosas botellas de licor vacías y algunos recipientes con fluidos ya secos que en otro tiempo debieron ser pomadas artesanales; y de pronto, advirtieron en un rincón la presencia de un impoluto y enorme arcón que exacerbó aún más la inclinación de ambos por lo clandestino. No les fue difícil abrir aquel “Arca de la Alianza” descubriendo en su interior objetos de diversa índole y muy bien  ordenados: había una vajilla roja de la Cartuja de Sevilla, ropa de cama, camisones, una túnica de color negro, dos extrañas copas de vidrio y un espectacular pañuelo de seda negra que, según ellos, pesaba demasiado.

Satisfecha su curiosidad, ambos decidieron dejar todo como estaba, cerrar la puerta y dedicarse a otras cosas propias de la edad.

Pasados los años la familia Fernández- Garrido cambió de residencia y Eduardo decidió irse a vivir a Zaragoza. Estando allí le ocurrió algo inesperado, no sabe cómo, pero se dio cuenta que tenía aptitudes para adivinar el futuro echando las cartas al igual que la Nivela. Tuvo mucha aceptación en el barrio donde se había establecido y estuvo varios años realizando esta actividad esotérica.

Dado que ningún antepasado suyo había tenido esta habilidad, es normal especular que pudo adquirir  aquellos poderes en aquella enigmática casa.

La muerte de Pilar Naudín sucedió en soledad. En una primera vez y al no dar señales de vida fue llamada la Guardia Civil para que entrara en su casa por la fuerza, la encontraron aterida de frío debajo de la cama. Parecía como si al no poder levantarse de alguna caída se hubiese refugiado en aquel lugar. Hubo una segunda vez en que la autoridad debió  de nuevo entrar ante la falta de noticias, en esta ocasión la encontraron en el mismo lugar, pero sin vida. Fue enterrada el 14 de abril de 1968.

Desde estas líneas quiero agradecer, en este tercer y último capítulo a  Manolo y Eduardo por ayudarme a descubrir los lugares donde Pilar Naudín tenía su vivienda. Una mujer de fuerte carácter que despertó desprecios, recelo y cierta fascinación entre la sociedad sariñenense de mitad del pasado siglo.

Me hubiese gustado añadir al reportaje algunas fotos, pero me ha sido imposible conseguirlas.

Debo agradecer a todas las personas nombradas en este trabajo porque cada una  ha aportado sus recuerdos o experiencias y la suma de todas ellas ha servido para tener un conocimiento más humano de una persona tan especial.

                                                                       Manuel Antonio Corvinos Portella