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La Nivela, La última bruja de Sariñena


Pilar Naudín Tella –La Nivela: La última bruja conocida de Sariñena

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

Capitulo I

Llamarla bruja me parece excesivo aunque sus habilidades y artimañas pudieran catalogarse como próximas a esta rama del esoterismo. En cierta manera podríamos decir que practicaba la llamada magia blanca o brujería benéfica. Este tipo de magia es aceptada por la sociedad sin ningún problema. La otra, la denominada magia negra, se lleva a cabo en concomitancia con las fuerzas del mal para producir daño y  no es aceptada por la sociedad.

Pilar era una persona de carácter adusto y a la que nadie vio nunca sonreír. La soledad, las necesidades económicas, la incomprensión y el misterio inherente a sus inclinaciones por lo oculto debieron moldear  su fuerte personalidad. Su mirada  dura y penetrante y su encogida figura emanaban un no sé qué inquietante.

Pequeña, algo encorvada, cara espabilada y con la psicología suficiente como para aprovecharse de la ignorancia o de las necesidades de la gente.

Siempre vestida de oscuro y no muy aseada, le seguía a todas partes un olor  especial derivado de la colonia que usaba llamada Ronquina.  Es este un  ungüento capilar elaborado con plantas medicinales como el  romero y la quina, con propiedades antibióticas, antisépticas, cicatrizantes, vasodilatadoras y fortalecedoras del cabello.

Era una mujer de una personalidad muy singular para la época, pues sus aficiones por lo oculto le granjeaban burlas, algún problema y también soluciones alternativas a sus necesidades primarias. Era una persona independiente que no tenía ningún reparo en viajar sola, pero que siempre buscó, a su manera, relacionarse con la sociedad en la que le había tocado vivir, aún teniendo la desventaja de que no sabía leer ni escribir.

Visitaba asiduamente las casas de sus vecinos para charlar, escuchar la radio, contar historias o para que (según Mari Lacerda) le escribiera cartas Teresa Etura en el taller de la sastrería. También me dijo Mari que a veces hacía vaticinios en trova.

Amiga de santos y espíritus se desplazaba una vez al año a visitar al Cristo de Balaguer, conocido por sus milagrosas curaciones. De allí se traía hierbas con propiedades curativas.

También era asidua del santuario de  los santos Cosme y Damián, médicos del siglo  IV que fueron muy conocidos en su tiempo por sanar todo tipo de dolencias a personas y animales. Ambos murieron decapitados por orden del emperador Diocleciano. El recinto religioso de los citados santos recibió en el siglo XIV (Edad Media) algunas de sus reliquias y desde aquel momento se convirtió en lugar de peregrinación de numerosos enfermos. Anteriormente al cristianismo ya  era visitado  por motivos parecidos. Se halla situado próximo al pueblo de Liesa en la Hoya de Huesca.

Como parecía tener el don de adivinar el futuro recibía en su casa a numerosas personas para tal fin. También realizaba conjuros para invocar o pedir la intervención de alguna fuerza sobrenatural.

Algunos pudieron ver en ella a una pícara medieval, pero en su defensa hay que decir que tenía mucha fe en lo que hacía, en las fuerzas del más allá y en la interrelación entre ambas.

Poco, aparte de sus andanzas, se conoce de esta atípica mujer. Posiblemente el “respeto” a sus habilidades hizo que el pueblo pasara página y cerrara esa ventana que daba al pasado más oscurantista.

El apellido Naudín es de origen francés y está datado en ese país desde el siglo XII.

En Aragón aparece documentado como infanzón en las Pedrosas (Zaragoza) en el siglo XVIII y también en Castejón de Valdejasa (ambos pueblos muy próximos).

En su certificado de defunción aparecen los siguientes datos:

  •  Nacida en 1881 en Zaragoza.
  • Sus padres se llamaban Juan y María.
  • Viuda de Manuel Labad.
  • No tuvieron hijos.
  • Fallecida el 14 de abril de 1968.

 

Capitulo II

      ANECDOTARIO

En este segundo y último capítulo vamos a conocer alguna de las muchas andanzas y habilidades que se recuerdan de Pilar Naudín. Como verán, unas tienen bastante sorna, otras son de cierta picaresca y otras carecen de explicación. Pero en casi todas esas intrigas se ve la mano de una persona diferente al resto.

Leamos pues:

-Acostumbraba a decir que el coche fúnebre que llevó los restos de su marido  Manuel al cementerio de Huesca iba sin conductor.

-Contaba que se comunicaba con su marido a través de sonidos: “Manoler, si eres tú da tres golpes en la puerta”.

-Cuando el cielo se oscurecía por las tormentas, la Nivela echaba sal en el “branquil” de su puerta y colocaba tijeras  y tenazas del hogar formando cruces. Ella siempre se vanaglorió de que mientras realizó este ritual nunca hubo “pedregadas” por Sariñena.

-También solía echar agua bendita en las estancias de su casa. Según me contó Faustino Blanco tenía agua bendecida de trece iglesias distintas.

-Me relató Ilda Gómez que  allá por el año 1955 hubo cinco chicas que tenían que presentarse al examen para recibir el  Certificado de Estudios Primarios. Dada la importancia del asunto fueron a preguntar a la Nivela por su futuro académico. Lo decidieron un poco a la ligera y otro poco por si acaso era verdad lo que se decía de ella.   El caso es que nuestra vidente se percató enseguida de la situación y les contestó irónicamente que se fueran tranquilas puesto que cinco días después de realizada la prueba sabrían el resultado.

La citada prueba consistía en un dictado, una redacción, un problema de aritmética, un dibujo lineal desarrollando algún poliedro y un dibujo artístico.

-Esta anécdota me la relató Domingo Lana y ocurrió en una caseta de las Barceladas donde se hallaba un grupo de hombres dando buena cuenta de un almuerzo mientras alcahueteaban de los asuntos locales, entre ellos las andanzas de la Nivela. De pronto oyeron unos golpes en la puerta y  se les apareció inesperadamente Pilar. Con aquel carácter fuerte que la caracterizaba les espetó: “¿Quién de vosotros ha dicho que la Nivela no iba a presentarse en esta reunión?”,  y como uno de ellos mostrase algún gesto de incredulidad lanzó una frase al más puro estilo del famoso adivino francés Nostradamus: “Estaba cogiendo flores en el campo, vino un burro y me escupió”. Dejó a todos descolocados con la frasecita y no supieron qué responder. Tras lo cual se quedó a charlar un rato y de paso a distraer el hambre.

-En esta historia que cuentan de ella, el tiro le salió por la culata. Nos habla de una esposa celosa que le fue a consultar sobre las posibles andanzas de su marido. Nuestra bruja le comunicó que éste se veía con otra mujer. La “engañada” se enfadó terriblemente y al llegar a su casa se lo contó al esposo. Al enterarse el acusado, se enfado más todavía y urdió una trama para desenmascarar a la falsa adivinadora.

Siguiendo el plan concebido hizo venir a Pilar para que le diera más información de las aventuras de su marido. Mientras tanto el hombre permanecía escondido en una habitación próxima. Al llegar, la mujer le preguntó dónde estaba su esposo en ese momento, la Nivela le aseveró que ahora mismo estaba con su amante. Oído el falso vaticinio salió airado el marido y se armó la de San Quintín.

-Por las noches solía ir, después de cenar, a casa de algún vecino a tener un rato de tertulia. Los pequeños de la familia lo pasaban de miedo con las historias de cementerios, almas en pena y del más allá que acostumbraba a contar y que ella adornaba  parándose en lo más peliagudo de la historia, suspirando profundamente mientras musitaba: “Ya me ha entrado un espíritu”.

-Un hecho que también tuvo mucha repercusión fue cuando halló la chaqueta sustraída del padre de Faustino. Por esta rocambolesca operación recibió un “enfarinoso” y una botella de anís de parte del sustractor para que no lo delatara.

-En otra ocasión vaticinó, en el bar Chicote de Sariñena, mediante el echado de cartas, la muerte de uno de los contertulios diciéndole: “Cinco puñales llevas clavados en el corazón, cuando pasen cinco meses estarás dentro de un cajón. Llevas un pistón que quema mal la gasolina y si te comes las uvas, a Reyes no llegarás”. Aquella cuadrilla se echó a reír con la ocurrencia, pero pasados cinco meses el augurio sucedió tal como la Nivela había predicho.

-Se encontraba G.M.M. paseando con su bicicleta por el puente del río, allá por el verano del 1959 cuando se topó con nuestra protagonista. Por aquel entonces G.M. tenía doce años de edad y ya no recuerda si lo hizo por picardía o por candidez. Sea por lo que fuere, le preguntó si querría adivinarle el porvenir, a lo que nuestra bruja asintió y le profetizó que sería rico y que se moriría a los sesenta años. Teniendo en cuenta que ahora el antedicho tiene setenta es casi seguro que Pilar le tomó el pelo.

-Este otro sucedido ocurrió un día cualquiera del mes de septiembre de mitad del siglo XX. Se acercó Pilar a la carpintería de Antonio Gascón Orlac en la calle del Horno para encargarle una mesa de pino con tres patas.  La Nivela tenía intención de emplear la mesa para echar las cartas a los vecinos que se acercasen a verla.

El encargo puede parecernos muy normal, pero si uno investiga entre los arcanos de la hechicería descubrirá que, en las ceremonias de iniciación de los Caballeros del Templo de Salomón,  aparece un altar con tres patas visibles. Representan los tres pilares del mundo cotidiano; la cuarta, la que no se ve, representa al mundo invisible. Posiblemente esta imagen fue utilizada por los magos como una señal a imitar.

Aquella mañana pues, se presentó Pilar a realizar su encargo y después de acordar precio y forma, Gascón Orlac decidió aprovechar la circunstancia e inquirió a la Nivela  por el futuro de su hijo Jesús allí presente. Ella sólo le preguntó por la fecha de nacimiento y al conocer que era el 12 de junio  miró al muchacho fijamente y dijo: “Día del Corpus” y seguidamente manifestó: “Este zagal tendrá muchos hijos y se ganará muy bien la vida”. Y como todos ya conocen acertó de pleno.

Estos y otros casos que no han salido a la luz, dieron a la Nivela la fama de bruja que ha llegado hasta nuestros días entre los que peinan canas. Para unos, era una  impostora y para otros no. Ambos pareceres, el tiempo en qué vivió y las dificultades que tuvo que sortear nos dan idea de una mujer fuerte que ha dejado su impronta en el recuerdo de los sariñenenses.

                                                   DATOS ANEXOS

Su marido se llamaba Manuel, era de buena presencia y la sobrepasaba en bastantes centímetros, trabajaba como albañil de la RENFE. No tuvieron descendencia y vivieron en la calle Ugarte número 9. Pilar se quedó viuda muy pronto y debió de pasarlo económicamente mal por lo exiguo de la pensión de viudedad que quedaba en aquellos tiempos, también disponía de un huerto y lo trabajaba.

Posiblemente nunca sabremos por qué se le apodó como La Nivela. Hilando con trazos muy gruesos podría especularse con la profesión del marido y el paso a nivel de la estación.

Pudiera ser que la famosa mesa de tres patas aún estuviese arrinconada en el granero de la casa sita en la calle Ugarte número 9.

Capitulo III

No tenía pensado escribir un tercer capítulo sobre esta singular mujer, pero al  recordar que la familia Fernández-Garrido ocupó la vivienda después de su fallecimiento, decidí aprovechar la oportunidad para concluir el tema visto desde otro ángulo.

 Ocurrió que, terminada la construcción de la presa de El Grado a finales de los años sesenta, varios de los obreros que en ella trabajaron para la empresa Auxini se desperdigaron por las poblaciones cercanas. Varios de ellos llegaron a nuestra villa y aquí se establecieron.

En aquella época el boom urbanístico en Sariñena aún no había  comenzado  y las viviendas de alquiler escaseaban. A pesar de dichas limitaciones, la casa sita en la calle Ugarte número 9  no parecía interesar a nadie. Es fácil imaginar que la fama que había perseguido a su antigua propietaria imponía cierto recelo o incluso miedo a los posibles arrendatarios.

La familia Fernández-Garrido con menos aprensión  que los demás habló con  el dueño, llegaron a un acuerdo y por un  ventajoso precio se la arrendaron. Florentín les puso la condición de que nunca debían entrar en una habitación situada en la falsa y que estaba cerrada con llave.

Entraron a vivir en aquella enorme casa un día de 1968 y enseguida se dieron cuenta de que no era una  vivienda normal. Entre otras cosas  por el tamaño de las habitaciones, por las numerosas dependencias que había entre las tres plantas, por como estaban distribuidas, por aquel gato negro de bastantes kilos de peso que deambulaba desconcertado por la falsa observando a aquellos intrusos y por otras cosas que luego  veremos.

Por cierto, aquel enorme gato era utilizado por nuestra protagonista para realizar adivinaciones, para ello colocaba varios platos boca abajo en el suelo, en un momento dado el felino se dirigía a uno de ellos en particular y seguidamente Pilar lo levantaba e interpretaba lo que el plato ocultaba.

Manolo y Eduardo, los pequeños de la familia, vieron en aquel enigmático edificio  un filón donde desarrollar su espíritu aventurero y a fe que no se dejaron rincón de visitar, incluida la habitación prohibida.

En el patio de entrada llamaba la atención un enorme lavadero de obra de unos dos metros de largo en el que incluso podían  bañarse los dos muchacho o lavar ropa varias mujeres a la vez. El “estanque” era  alimentado por un grifo de considerables dimensiones.

También había en ese patio, al fondo a la izquierda, una sala pintada toda ella de color azulete (índigo).  El azulete es un color mágico y desde tiempo inmemorial se ha utilizado para ahuyentar o impedir la entrada en las viviendas a demonios, brujas  y otros seres del inframundo.  La extraña estancia carecía de luz, tanto artificial como natural, por lo que para moverse por su interior era indispensable alumbrarse con velas. Precisamente era allí donde Pilar recibía a las “visitas” que querían conocer su futuro y era en la mesa de tres patas, que comenté en el anterior capítulo, donde les echaba las cartas del Tarot o realizaba vudú con unos muñecos que ella misma confeccionaba.

En aquella lúgubre sala nuestros dos muchachos se atrevieron a entrar en contadas ocasiones porque cuando lo hacían notaban sensaciones perturbadoras. En su primera visita encontraron solamente velas, ungüentos, aceites, hierbas secas y no vieron ningún mueble.

Completaba el plano del patio una cocina a mano derecha con un enorme hogar rodeado por dos cadieras en consonancia..

A la primera planta se  subía por unas escaleras situadas a la izquierda del patio, en ella había dos habitaciones, cocina, despensa y comedor, todo muy normal. Aunque en la habitación de los chicos había un descomunal armario empotrado con un hueco de unos 2 o 3 metros de largo por unos 50 cm de ancho que en tiempos debió estar disimulado.

Ambos muchachos dicen que vivieron a gusto esos años, pero de todas maneras no las tenían todas consigo, sobre todo cuando tenían que subir de noche al granero a buscar algo o bajar a cerrar la puerta de la calle, teniendo en cuenta que las bombillas alumbraban lo justo para no tropezar y que en la imaginación infantil las sombras cobran vida y se mueven al antojo de  voluntades inciertas, desconocidas y misteriosas, vaya usted a saber… Y además estaba el gato negro que con sus brillantes ojos amarillos resaltando en la oscuridad le daban a esta unas posibilidades maléficas inagotables.

Me cuentan Eduardo y Manolo que aquella habitación prohibida del granero era como la manzana del paraíso y que un día, no pudiendo aguantar más,  decidieron entrar y saciar su curiosidad. Esperaron a que sus padres los dejaran solos y entonces se pusieron manos a la obra. La habilidad de Eduardo debía ser especial puesto que después de manipular un rato la cerradura se abrió. Observaron prudentes y  expectantes desde la puerta los variopintos objetos que en ella estaban guardados. Vieron colgada en la pared una cruz con su Cristo clavado en ella, varias estanterías soportando numerosas botellas de licor vacías y algunos recipientes con fluidos ya secos que en otro tiempo debieron ser pomadas artesanales; y de pronto, advirtieron en un rincón la presencia de un impoluto y enorme arcón que exacerbó aún más la inclinación de ambos por lo clandestino. No les fue difícil abrir aquel “Arca de la Alianza” descubriendo en su interior objetos de diversa índole y muy bien  ordenados: había una vajilla roja de la Cartuja de Sevilla, ropa de cama, camisones, una túnica de color negro, dos extrañas copas de vidrio y un espectacular pañuelo de seda negra que, según ellos, pesaba demasiado.

Satisfecha su curiosidad, ambos decidieron dejar todo como estaba, cerrar la puerta y dedicarse a otras cosas propias de la edad.

Pasados los años la familia Fernández- Garrido cambió de residencia y Eduardo decidió irse a vivir a Zaragoza. Estando allí le ocurrió algo inesperado, no sabe cómo, pero se dio cuenta que tenía aptitudes para adivinar el futuro echando las cartas al igual que la Nivela. Tuvo mucha aceptación en el barrio donde se había establecido y estuvo varios años realizando esta actividad esotérica.

Dado que ningún antepasado suyo había tenido esta habilidad, es normal especular que pudo adquirir  aquellos poderes en aquella enigmática casa.

La muerte de Pilar Naudín sucedió en soledad. En una primera vez y al no dar señales de vida fue llamada la Guardia Civil para que entrara en su casa por la fuerza, la encontraron aterida de frío debajo de la cama. Parecía como si al no poder levantarse de alguna caída se hubiese refugiado en aquel lugar. Hubo una segunda vez en que la autoridad debió  de nuevo entrar ante la falta de noticias, en esta ocasión la encontraron en el mismo lugar, pero sin vida. Fue enterrada el 14 de abril de 1968.

Desde estas líneas quiero agradecer, en este tercer y último capítulo a  Manolo y Eduardo por ayudarme a descubrir los lugares donde Pilar Naudín tenía su vivienda. Una mujer de fuerte carácter que despertó desprecios, recelo y cierta fascinación entre la sociedad sariñenense de mitad del pasado siglo.

Me hubiese gustado añadir al reportaje algunas fotos, pero me ha sido imposible conseguirlas.

Debo agradecer a todas las personas nombradas en este trabajo porque cada una  ha aportado sus recuerdos o experiencias y la suma de todas ellas ha servido para tener un conocimiento más humano de una persona tan especial.

                                                                       Manuel Antonio Corvinos Portella

 

 

 

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La Orquesta Cobalto


      La Orquesta Cobalto nació en 1945 y desapareció  en 1978. Fueron treinta y tres años de amor a la música, de acompañar y dar sentido a las tardes dominicales de muchísimos jóvenes, de pretexto para el acercamiento entre chicos y chicas, de alegrar la vida a varias generaciones, de miradas tímidas o atrevidas, de noviazgos y  decepciones y también, por supuesto, de cubalibres.

     La historia de la Sariñena de esos años no se hubiera escrito de la misma manera si no hubiese existido nuestra orquesta.                                

     Las relaciones entre el Casino y la Orquesta fueron, en general, aceptables e incluso buenas, a pesar de la cicatería y estrechez de miras que tuvo algún  presidente.  

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La orquesta Cobalto.  Por Manuel Antonio Corvinos Portella

Preludio

   Los orígenes de nuestra orquesta deben buscarse en las enseñanzas musicales que el inefable maestro José Guioni impartía a numerosos jóvenes de Sariñena y  comarca, pues la mayoría de sus componentes así como todas las bandas, grupos, orquestas o solistas que en Sariñena han sido han tenido relación directa o indirecta  con el “Italiano”.

   Auspiciado por el Alcalde Medina formó y dirigió una Banda Municipal compuesta por 16 músicos, además fundó una orquesta de baile a la que denominó Mozart y que actuaba en el primer piso del café Romea. Los alumnos más aventajados no pagaban por las enseñanzas del maestro, pero estaban obligados a tocar gratuitamente en la orquesta durante cuatro años.

    También deberíamos incluir en este preludio a Ana Corvinos Ferraz “Anita” (única alumna femenina de Guioni)  que con su piano animaba, antes de la guerra, el baile que se hacía en el citado Romea. También solía actuar al piano el Ciego de Albalatillo.

    El primer grupo musical moderno que se conoce en nuestro pueblo se llamó ORQUESTA MERRIMENT JAZZ y fue creado en 1934. Sus componentes fueron los siguientes: F. Salillas al trombón, F. Bareche a la trompeta, batería J. Novellón, Antonio Mir al violín, saxo M. Vitales, saxo alto  J. Orquín y saxo tenor Jorge Casasnovas. De esta orquesta no se  sabe nada más.

Los primeros músicos

escanear0017.jpg      En 1940 y a unos pocos meses de finalizada la Guerra Civil, PEDRO GOBERNA funcionario de correos es trasladado a Sariñena desde Barcelona por motivos políticos (el siempre se declaró inocente y alegó que algún envidioso le había denunciado). Pedro Goberna Vilabrú, su esposa Matilde Aliana Gasulla y  su hija María vivieron durante 12 años en un piso de la calle del Mercado. En 1952 es trasladado de nuevo a Barcelona y 6 años después muere a la edad de 43 años. Goberna tenía la carrera de piano y era un consumado músico, incluso llegó a ser  profesional en Barcelona. También poseía el título de operador de cine  que le sirvió para proyectar películas en el desaparecido cine Victoria, además de enseñar el oficio a Antonio Villacampa  y a Rosendo López  ejerció de fotógrafo profesional. Actualmente su esposa  de 93 años y su hija viven en Hospitalet de Llobregat.

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   En la primavera del 38, en plena contienda civil JORGE CASASNOVAS permanece en las inmediaciones de Lérida. Durante uno de los permisos que disfruta en Sariñena tiene la feliz idea de llevarse al frente leridano su saxo para alegrar los bailes del pueblo donde están acuartelados. Poco dura la música en el pueblo leridano porque en julio de 1938  Jorge es trasladado al frente del Ebro para tomar parte en la batalla más grande de la Guerra Civil donde es herido.Varios años después de terminada la guerra regresa al pueblo ilerdense donde había dejado el saxofón y le devuelven el instrumento que le habían guardado. Jorge tocaba con maestría el saxo tenor, la flauta, el clarinete e incluso el acordeón y ejerció de director del grupo durante 33 años. En sus ratos libres y sobre todo después de su jubilación lo podíamos ver por cualquier rincón de Sariñena en otra de sus aficiones, la pintura. Jorge aprendió música con el maestro Guioni.

    En ese año de 1938 la familia LOBATERAS se instala en Sariñena por motivos de trabajo. Se trasladan desde el pueblo de Campo donde el padre de Pepe y Antonio ejercía de telegrafista.

   Finalizada la guerra PEPE LOBATERAS comienza a trabajar en la oficina de telégrafos de la calle del Mercado y, como gran amante de la música, pregunta en el pueblo si habría alguien interesado en formar una orquesta. Le hablan de Jorge, pero le informan que permanece en Madrid realizando el servicio militar obligatorio al que se ven forzados a cumplir los soldados republicanos después de terminada la guerra. Durante este tiempo Pepe, que domina el violín, la guitarra eléctrica, el trombón de varas y el contrabajo, entra a formar parte de la orquesta Ramos.

    ANTONIO LOBATERAS comienza trabajando en el Silo del trigo, más tarde pasó al esparto de Basols y después, siguiendo los pasos de su familia, ingresó como celador de telégrafos en la zona de Sariñena . En la década de los 80 y a causa de la caída del uso del telégrafo se suprime la plaza de celador y pasa a formar parte de la plantilla de correos. Es en ese momento cuando aparece el amable cartero que muchos recordarán. Durante muchos años trabajó con Pablo Llamas como encargado de dar color y barnizar los muebles que éste hacía. Su hermano mayor José fue para Antonio siempre una gran referencia, por ello cuando le propone entrar en la orquesta Cobalto acepta encantado. Antonio conocía magníficamente el contrabajo, pero también podía tocar la guitarra eléctrica e incluso el jazz (batería). Permaneció en la orquesta hasta su disolución. Su familia lo recuerda como una gran persona, llena de amor y cariño para su esposa Mari y sus hijos Antonio José, Blanca y Arantxa. Tuvieron la gran pena de su repentina muerte, pero también la gran alegría de haber compartido con él unos maravillosos años. Este sentimiento es el que su familia ha transmitido a sus nietos y, aunque no lo llegaron a conocer (sólo Miguel), hablan de su abuelo Antonio con gran  afecto.

     ROSENDO LÓPEZ  había nacido en Barcelona, aunque de padres sariñenenses. Estudia en una Escuela de Artes y Oficios de la ciudad condal y entra  a formar parte de la Banda de Cornetas y Tambores de dicha institución educativa. Terminada la contienda, Rosendo, se viene a trabajar a Sariñena  como carpintero de Regiones Devastadas y empieza a tocar en algunos grupos de la comarca. También trabajo como delineante en Nivelcampo y destacó como dibujante, caricaturista y fotógrafo. Todavía se recuerdan  sus excelentes carteles que anunciaban las películas del cine Victoria. Su herencia artística la pudimos ver en el concierto del día 29 de diciembre al comprobar como tres de sus hijos, José Luis, Valero y Gerardo, tocaban en distintos grupos musicales y como el cuarto, Rosendo, grababa y fotografiaba el concierto.

     Muchos domingos se desplazaba con su seiscientos a Barcelona a ver a sus padres y la vuelta debía hacerla a toda velocidad  y con mucho riesgo para poder llegar a tiempo a la sesión de baile.

     JOSÉ ORQUÍN CASAÑOLA, nació en Sariñena el 20 de diciembre de 1917 y murió en Logroño el 14 de febrero de 2001.

     Queremos resaltar la fecha de su muerte, el día de los enamorados, ya que como componente de la Orquesta Cobalto y posteriormente de una banda francesa hizo que muchos enamorados disfrutasen con las melodías que interpretaba.

 Aprendió en Sariñena con la insustituible ayuda de D. José Guioni. Tocaba el saxo alto y el clarinete. Siendo muy joven perteneció a una banda de Huesca y cuando regresó a Sariñena ingresó en la Orquesta Cobalto, prácticamente desde sus inicios hasta el año 1955 que emigró a Francia, concretamente a Normandía. En Sanit Lô donde residió durante 30 años formó parte de su Banda de Música. Fue galardonado con la medalla de oro al Mérito Musical. Grabó un disco con la citada banda en el que interpreta un solo magnífico. Siempre fue un gran melómano que disfrutó enormemente de la música y que fue capaz de crear con sus interpretaciones.

     Estamos seguros que este homenaje le proporcionaría una gran emoción ya que siempre sintió un gran cariño por la música en general y por la Orquesta Cobalto en particular. La familia agradece profundamente la realización de este acto y vota para que la Orquesta Cobalto sea el nombre de una de las calles de nuestro queridísimo Sariñena.

    ÁNGEL SERRA PALACIO nació en 1925 en Casbas, era el pequeño de siete hermanos siendo Miguel el mayor de todos ellos. En 1942, con 17 años se vino a vivir a Sariñena a casa de su hermano Miguel donde aprendió el oficio de carpintero. Muy aficionado a la música decidió asistir a las clases que impartía Guioni. Debió ser un buen alumno porque pasó a formar parte de la Orquesta Mozart que dirigía el Italiano y que actuaba los domingos en el salón de baile del Romea  En 1950 entró a formar parte de la Cobalto a la que perteneció durante cinco años, tocaba la guitarra e incluso la batería (el jazz como se llamaba en aquellos tiempos). En 1955 deja la orquesta, se casa y se va a vivir a Lanaja donde trabaja de carpintero. Allí tuvo la mala suerte de cortarse los dedos de una mano por lo que debió abandonar su trabajo y su gran afición, la música. Marchó a trabajar a la empresa Monsanto de Monzón hasta su jubilación. Murió en el año 2005. Su esposa Laura y sus tres hijos siguen viviendo en la actualidad en la ciudad montisonense.

   ANTONIO LOPE (apodado el “Maromo”) era un trompeta zaragozano que tocaba en la Banda Pignatelli, muy conocida por aquel entonces por su calidad y porque era muy solicitada para animar las fiestas de bastantes pueblos de Aragón (para San Antolín, “ir a esperar la música”, era ir a esperar a la Banda Pignatelli). Antonio Lope fue el autor del pasodoble titulado “Viva Sariñena,” que nuestra banda municipal lleva en su repertorio.

…Y un trompetista leridano, natural del pueblo de AITONA, del que me ha sido imposible averiguar su nombre y que como el anterior venía en tren desde su localidad para cada actuación.

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  La merecida fama local del maestro Guioni como dinamizador docente de las enseñanzas musicales no debe oscurecer la labor que otros músicos hicieron en el pueblo. Algunos de los que integraron la Cobalto también ejercieron como maestros de solfeo y ejecución de instrumentos. Francisco Rodés dio sus primeros pasos en la música de forma autodidacta, con las inestimables orientaciones de Pepe Lobateras, en principio, y de Jorge Casasnovas después. Pepe enseñó las destrezas musicales a sariñenenses de varias generaciones, careciendo de recursos dignos pero con mucha ilusión y fuerza de ánimo. Contaba con un teclado dibujado en papel que desplegaba sobre una mesa, sobre el que los noveles debían imaginar el sonido que correspondía a sus dedos sobre las teclas… e incluso corregía la posición de las manos y muñecas. Paco Rodés, que había nacido en 1927, comenzó sus estudios musicales siendo un adolescente, más bien niño, y debía compatibilizar sus estudios musicales con las tareas cotidianas que ocupaban todo su tiempo; en aquella época se trabajaba desde niño en las tareas del campo y en los negocios familiares. No sé si podemos imaginar con realismo los fríos y húmedos inviernos de antes, con un jovencísimo Paco que se subía por las noches al granero, robándole horas al merecido descanso, pertrechado con ropas de abrigo, guantes y una triste vela. La incomprensión de familiares y vecinos era total: no cesaban las quejas por algo que mentalidades antiguas cosideraban frívolo y sin sentido práctico.  Allí aprendió a manejar el saxofón. Más tarde se atrevió con el violín, la flauta travesera y el clarinete, inspirado por sus profesores, después grandes amigos, Pepe y Jorge.

Sus primeros pasos en el mundillo musical los dio con el Quinteto Juventud, una de las primeras formaciones de Sariñena. En 1950 entró a formar parte de la orquesta Cobalto, con una hija de dos años (Mercedes, quien tuvo, más tarde, el honor de tocar el teclado mudo de Lobateras) y compatibilizando en lo posible los ensayos y actuaciones con el servicio militar que cumplió en Zaragoza y en las minas de Ballobar. Durante años puso su saxo, su clarinete y su voz en las veladas musicales que ofrecía la orquesta Cobalto, asumiendo su dirección en los últimos años. Tras desaparecer la Cobalto, Paco participó, con músicos de la comarca, en otras formaciones musicales. Pero eso ya es otra historia.

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El encuentro

     La llegada de Pedro Goberna a Sariñena supuso un revulsivo para la vida cultural del pueblo. Él, Pepe Lobateras y Jorge Casasnovas se buscan, se necesitan y terminan por formar la  Orquesta Cobalto. Inmediatamente se les unen Rosendo López, Antonio Lobateras y José Orquín. En estos primeros años también intervienen el trompetista de Aitona (Lérida) y Antonio Lope.

    En distintas etapas de la historia de nuestro grupo también han pertenecido a él grandes músicos como Ángel Serra (guitarra y jazz), Paco Rodés (saxo y clarinete) Alfonso Millera (cantante), Vicente Sanclemente (saxo), Aurelio Casasnovas (trompeta), Eli Périz (de Lalueza), Roberto López (trompeta) y seguramente alguno más.

Los otros protagonistas

     PACO RODÉS GRAÑÓN. Francisco Rodés dio sus primeros pasos en la música de forma autodidacta, con las inestimables orientaciones de Pepe Lobateras, en principio, y de Jorge Casasnovas después. Pepe enseñó las destrezas musicales a sariñenenses de varias generaciones, careciendo de recursos dignos pero con mucha ilusión y fuerza de ánimo. Contaba con un teclado dibujado en papel que desplegaba sobre una mesa, sobre el que los noveles debían imaginar el sonido que correspondía a sus dedos sobre las teclas… e incluso corregía la posición de las manos y muñecas. Paco Rodés, que había nacido en 1927, comenzó sus estudios musicales siendo un adolescente, más bien niño, y debía compatibilizar sus estudios musicales con las tareas cotidianas que ocupaban todo su tiempo; en aquella época se trabajaba desde niño en las tareas del campo y en los negocios familiares. No sé si podemos imaginar con realismo los fríos y húmedos inviernos de antes, con un jovencísimo Paco que se subía por las noches al granero, robándole horas al merecido descanso, pertrechado con ropas de abrigo, guantes y una triste vela. La incomprensión de familiares y vecinos era total: no cesaban las quejas por algo que mentalidades antiguas consideraban frívolo y sin sentido práctico.  Allí aprendió a manejar el saxofón. Más tarde se atrevió con el violín, la flauta travesera y el clarinete, inspirado por sus profesores, después grandes amigos, Pepe y Jorge.

Sus primeros pasos en el mundillo musical los dio con el Quinteto Juventud, una de las primeras formaciones de Sariñena. En 1950 entró a formar parte de la Orquesta Cobalto, con una hija de dos años (Mercedes, quien tuvo, más tarde, el honor de tocar el teclado mudo de Lobateras) y compatibilizando en lo posible los ensayos y actuaciones con el servicio militar que cumplió en Zaragoza y en las minas de Ballobar. Durante años puso su saxo, su clarinete y su voz en las veladas musicales que ofrecía la Orquesta Cobalto, asumiendo su dirección en los últimos años. Tras desaparecer la Cobalto, Paco participó, con músicos de la comarca, en otras formaciones musicales. Pero eso ya es otra historia.

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   ALFONSO MILLERA CASAÑOLA: “Yo pertenecí a la Orquesta Cobalto en sus inicios como primer cantante junto a Pedro Goberna, Jorge Casasnovas, José Orquín, José y Antonio Lobateras, Rosendo López y Antonio Lope. Actuábamos todos los domingos y festivos en Sariñena. También tocábamos en otros lugares cuando requerían nuestros servicios, pero siempre que no coincidiera con nuestro compromiso con el Casino . Recorrimos bastantes lugares como Sena, Lalueza, Valfarta, Castillazuelo, Castelserás, Robres, Bujaraloz, etc. Para las fiestas de San Antolín tocábamos solamente en el baile vermut. Recuerdo que venían orquestas magníficas como la de Jaime Planas, Plantación, Seissón, José Puertas,  Maniáticos de Lérida, Gran Casino, Estrellas Negras, Ríos, Busquets… y cantantes como Katia Morlans, Diana España, Pilarín Andrés, José Guardiola, Luis Aguilé y muchos más que no recuerdo. Mi sueldo en la Cobalto ascendía a 40 pesetas por actuación. Después pasé a cantar varios años con la Orquesta Coronas de Huesca alternando, en las fiestas de muchas poblaciones, con cantantes de la talla de Jorge Sepúlveda, Antonio Machín, Robiralta, Hermanas Fleta,, Juanito Segarra, Lorenzo González y un largo etcétera.

   En estos momentos tengo fijada mi residencia en Alcañiz.

  ANTONIO LAGUNA CASAÑA (el trompeta de Albalatillo) nació en 1923 en Albalatillo. Era tal su afición por la música que en su juventud se vendió una mula para comprar su primera trompeta. Estudió música con Isidoro Marcial, el  pianista ciego de su mismo pueblo. En 1955 se desplaza a Barcelona y toca en la sala de baile La Paloma y en Rialto. No puede vivir lejos de su pueblo natal por lo que  en 1960 regresa a  Albalatillo para dedicarse a la agricultura y a la ganadería. Tocó varios años en las orquestas Cobalto, Ríos y Ramos, esporádicamente en el conjunto Los Santos y en varias charangas de la provincia. Se le podía ver  acudir a las fiestas de los pueblos con su vespa y su trompeta. Se casó con Fredesvinda con la que tuvo tres hijos Dolores (vive en  Sariñena), Antonio y Juan Carlos. En sus últimos momentos pidió ser enterrado con la trompeta que tanto amaba.

 Antonio Laguna murió en noviembre de 2007 y su esposa en enero de 2008.

   VICENTE SANCLEMENTE GATNAU aprendió a los seis años las primeras notas de solfeo en el Barrio de la Estación de la mano de Daniel Millera, era el año 1947. Dos años más tarde se compra su primer clarinete y pasa a estudiar con Jorge Casasnovas. Este le puso como condición que se matriculase en el Conservatorio de Música de Barcelona. También realizó estudios musicales durante cinco años con Isidoro Marcial, que a la muerte de Guioni ejerció como profesor de música en Sariñena, para lo cual se desplazaba todos los días desde Albalatillo en el correo de Valfarta. En 1951, con 10 años, se matricula en solfeo y clarinete como alumno libre en el Conservatorio de Música Moderna de la capital catalana y los ensayos los realiza con la Orquesta Cobalto. A los 11 años tiene su primera actuación como músico en Castejón de Monegros con motivo de la inauguración de la Avenida del Doctor Vilardell de dicha localidad. Recuerda que hubo Misa Mayor cantada a cuatro voces con música del compositor italiano de música religiosa Lorenzo Perossi  y café concierto amenizado por la Orquesta Cobalto. Aquel día tocaron Pepe y Antonio Lobateras, Jorge Casasnovas, Rosendo López, Paco Rodés, José Orquín, Eli Périz y Vicente Sanclemente y  cobraron 100 pesetas cada uno.

       En el año 1958 pasó a formar parte de la Orquesta Ríos que simultanea con la Cobalto. A final de los años 80 forma con sus amigos la Charanga Grañén con la que sigue tocando y también pertenece a la Banda Municipal de Sariñena.

    AURELIO CASASNOVAS GÓMEZ adquirió los primeros conocimientos musicales gracias a su tío Jorge Casasnovas. Al igual que Vicente Sanclemente se vio en la obligación de matricularse en el Conservatorio de Música Moderna de Barcelona por orden de su tío, decisión que siempre ha agradecido por la base que adquirió. En 1961 Jorge lo introduce en la Orquesta Cobalto en calidad de meritorio (o sea de aprendiz sin sueldo) tocando la trompeta al lado de Antonio Laguna. Cuando el de Albalatillo pasa a la Orquesta Ríos se queda como solista, permanece en la Cobalto hasta 1968, año en el que se va a la “mili”. Recuerda que venía a cobrar unas trescientas pesetas por actuación y que su canción preferida era “El Silencio” de Roy Etzel. Estos últimos años ha pertenecido a la Banda Municipal.

 *También actuaron con mayor o menor asiduidad  los hermanos Jesús, David y Rubén Périz de Lalueza, Cándido Campo, Manolo Casabón, S. Barón de Lanaja, Antonio López (actual director de la Banda Municipal) y muchos otros.

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El nombre

      Decidieron llamarla Orquesta Cobalto. La verdadera razón nunca la sabremos, pero posiblemente les llamó la atención el descubrimiento, por aquel entonces, del metal radioactivo cobalto-60. O quizá por las repercusiones mediáticas de la invención de la bomba de cobalto. Porque se puso de moda la utilización de este duro metal en la formación de superaleaciones industriales  para la fabricación de aceros, turbinas de avión y herramientas de todo tipo. O simplemente les gustara el color azul cobalto.

     Debo decir que las dos primeras argumentaciones tiene valedores importantes.

Los honorarios

      Desde su creación  actuaron ininterrumpidamente domingos y demás festivos, de 20 a 22 horas, en el antiguo Salón de Baile. Su primera remuneración ascendió a  la módica cantidad de 2,50 pesetas por músico y actuación. Más adelante pasaron a cobrar 40 pesetas y hacia los años 60 subió su caché a 300 pesetas por sesión y músico. En  los años 70 el salario ascendió a 600 pesetas.

     Recibieron varias ofertas para tocar asiduamente en otras localidades, como la de Monzón que mejoraba ostensiblemente lo que ganaban en casa, pero no aceptaron.

La dedicación

       Desde 1945 a 1978  no faltaron a su cita con los jóvenes de Sariñena y de otras localidades vecinas.  El esfuerzo y la fidelidad durante tantos años no siempre fueron valorados por algún presidente del Casino que no supo apreciar la ventaja de disponer de una orquesta cada domingo.

   Cabe destacar el buen hacer de unos excelentes músicos, su dedicación  y su renuncia a la vida familiar a lo largo de esos años.. También es de justicia recordar a las resignadas esposas ya que no pudieron disfrutar de un solo día festivo con sus maridos.

Los ensayos

      Los primeros años fueron de gran éxito en las tardes festivas de nuestra villa. En todo momento compaginan sus trabajos con las sesiones de ensayo en el Casino los miércoles de 10 a 12 h de la noche. Siempre acompañados de un buen número de simpatizantes que iban a disfrutar de la música como Victor Acín, Florentín Nogués o Antolín Lana entre otros.

     También solían ensayar la primera media hora del baile mientras la gente se animaba a salir.

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     -Durante las fiestas de San Antolín eran los encargados de amenizar el baile vermú y en el año 1963 negociaron con la directiva del Casino un aumento en la remuneración por esas actuaciones. El presidente no sólo se negó a ello sino que contrató a la orquesta de Jaime Miralles de Barcelona para sustituirlos. El grupo se sintió muy dolido,  tanto que Jorge decidió montar un entoldado en la plaza de la Iglesia para  hacer con la Orquesta Cobalto sesiones de baile al margen del Casino. La cosa no le salió nada bien en el plano económico.

     -Hubo un  tiempo en las tardes de los domingos que se puso de moda dedicar canciones a las chicas que acudían al  baile. En una ocasión, nuestra orquesta, tuvo la mala fortuna de leer una dedicatoria poco apropiada para ciertas chicas que se sentaban en un palco importante, el asunto tuvo consecuencias desfavorables para uno de los componentes del grupo.

    -A raíz de las notables actuaciones en el Casino de los Juniors y de los Rebeldes de Amposta con unos modernos aparatos de sonido, nuestros músicos decidieron pedir a la junta la mejora de la megafonía. Como ésta se negase a invertir en dichos mejoras Jorge y Rosendo tuvieron que fabricarse artesanalmente varios altavoces que colocaron estratégicamente por el salón.

    -Durante unas fiestas de San Antolín, Rafael Ispa tuvo la idea de alquilar el salón de baile del  Romea para que actuara la Orquesta  Cobalto reforzada con un excelente trompeta y una vocalista de Zaragoza, bastante picante, llamada Hortensia Nelda. Esta explosiva combinación consiguió arrastrar al público de Sariñena de tal manera que, incluso los componentes de la Orquesta Internacional Grashopers de Ámsterdam que actuaban por la noche en el Casino se acercaban casi todas las tardes a ver a la Cobalto.

     -El grupo recibía las partituras de la Sociedad General de Autores y las canciones que no les gustaban o se habían pasado de moda las arrojaban por una rendija al interior del escenario. Años después, cuando se reformó el Salón de Baile, aparecieron cientos de ellas

    -En las grandes ocasiones solían llevar una americana roja con solapas negras y  en el bolsillo superior un escudo con las iniciales O.C.

El final

     Poco puede decirse de la tristeza de ese momento, salvo que las nuevas modas terminaron con nuestra querida orquesta, en este caso la firma tenía el sello de una discoteca llamada Dragón de Oro.

M.A.C.P.

  Todas estas fotografías, notas biográficas y datos relevantes e incluso opiniones que ustedes han podido leer se deben  a la pluma o a la memoria de familiares, amigos o músicos de la propia orquesta Cobalto. Por lo tanto muchas gracias a las familias Goberna, Orquín, Lobateras, López, Casasnovas, Millera, Serra, Laguna, Rodés, y Sanclemente

    Quiero agradecer a los familiares, amigos y compañeros de nuestros protagonistas su colaboración, gracias a la cual ha sido posible llevar a cabo este reportaje sobre la Orquesta Cobalto.   

 

Las Escuelas Nacionales en los años cincuenta


He decidido comenzar recordando a aquellos maestros y maestras que impartían docencia en nuestra localidad hacia mitad del siglo pasado. Aquellas personas a las que se les trataba con respeto y con la consideración de don o doña fueron: María Dueso, Urbana, María Pilar Pinilla, Pilar ( catalana de Lérida), Carmen Pueyo, Blas Casasús, José Castanera, Pío Toda, Tere Guillén, Mariano Sampietro, Alfonso Aparicio, Ramón de Sena, Emilia Arán,  María Jesús Berdiel, directora y Fausto Gonzalvo, director, entre otros.

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

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Todos ellos debieron adaptarse a la normativa de la Ley de Educación sobre la Enseñanza Primaria de 17 de julio de 1945. En ella se definía a la escuela como una comunidad activa de maestros y escolares, instituida por la familia, la Iglesia o el Estado, como órganos de la educación primaria para la formación cristiana, patriótica e intelectual de la niñez española.

A partir de ahí la vida en la escuela se programó para que chicos y chicas adquirieran unas habilidades que el estado y la sociedad de entonces demandaba. Allí se aprendía cultura general, esfuerzo, disciplina y educación. También se compensaba la insuficiente alimentación de la posguerra. Se hacían funciones teatrales. Se practicaba la horticultura. Y además se  fomentaba la religiosidad y el patriotismo nacional.

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El periplo escolar de aquellos alumnos y alumnas de mitad del pasado siglo comenzaba en las clases de párvulos (niños o niñas) , luego debían pasar por cuatro cursos más que se denominaban primer grado (hasta los siete años), segundo grado (desde los siete a los 10) y tercer grado de carácter especial (hasta los doce). A los diez años, los que iban a realizar el bachillerato se presentaban en Huesca a la prueba de ingreso y si la superaban podían estudiarlo por libre o matricularse en algún colegio de la capital.

Cada grado tenía su enciclopedia propia y cada una de ellas englobaba todas las asignaturas. La más utilizada fue la enciclopedia Álvarez.

Las mañanas de un día cualquiera estaban dedicadas a impartir cultura general de 9:30 h. a 12:30 h. y las tardes a labores, trabajos manuales o a llevar el huerto escolar dirigidos por don Blas.

Las niñas de primer y segundo grado disponían de un pequeño paño donde aprendían a hacer punto atrás, hilvanes, vainica, pespuntes,  costuras, ojales, etc.). En tercer grado  ya realizaban  bordados, lagarteras, punto de cruz, festones, patrones de ropa de bebé en papel de seda… Mientras cosían  una compañera les leía  pasajes de algún libro de carácter religioso.

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A media mañana el maestro o maestra repartía entre el alumnado un trozo de queso de color amarillo. Las chicas lo recibían  en clase de doña María y los chicos en sus aulas respectivas . El famoso queso estaba envasado en grandes latas cilíndricas de metal dorado de 5 kilos y seguidamente en el comedor bebían un vaso de leche en polvo. Ambos alimentos llegaron a España a través del plan ASA (Ayuda Social Americana). Entre 1954 y 1963 el gobierno de Franco recibió más de 300.000 toneladas de leche en polvo, venía en grandes bidones de cartón rodeados con flejes metálicos.

Aquellas toneladas se transformaron una vez preparada para su consumo en 3.000 millones de litros.

Aquel comedor escolar donde se repartía la leche también era utilizado al mediodía para dar de comer a los niños que en su casa tenían problemas de subsistencia.  Las cocineras fueron Antonia, Paquita, Luisa y Miguela y los menús consistían, entre otros, en comidas bastante energéticas a base de garbanzos, lentejas, patatas guisadas  con ajo picado y tocino frito; de  segundo abundaba el tocino y de postre dos galletas. Cada semana un profesor o profesora se quedaba a cuidar el comedor y comía con los aproximadamente 25  alumnos que utilizaban ese servicio.

En cuanto a las funciones teatrales se hacían cada dos años y para ello se empleaba un aula de gran tamaño que sólo se dedicaba a este tipo de eventos. La citada clase estaba situada de tal manera que desde  sus ventanas se podían ver la calle del Molino y a las caballerías aliviando su sed en el abrevadero. A aquellas entrañables funciones asistía  toda la escuela, padres y madres, el secretario del ayuntamiento don Fidel Bailo y el concejal Miguel Villacampa. También eran invitadas sor Concepción y sor Felisa por parte del colegio “La Milagrosa”.

 La función del año 1954 tuvo la siguiente programación:

-El Trébole (canción y baile grupal).

-Caperucita Roja y Blancanieves (diálogo a cargo de Pili Villa e Ilda Gómez).

-La Concejala (romance jocoso declamado por María Teresa Calzada).

-Una poesía recitada por Antonio Lobateras.

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En 1956 teatralizaron la obrita titulada “España y sus regiones”. En la primera escena aparecen dialogando entre sí Leonor Encuentra, María Dolores Ezquerra, Pili Tierz  e Ilda Gómez contando ésta, que había tenido un sueño sobre la formación de España. En la siguiente escena aparece Celia Casañola anunciando a Isabel la Católica (papel realizado por Tere Casabón). Al lado de la reina se coloca Pili Alegre representando a España y llamando una a una a  las alumnas que personificaban las distintas regiones: Aragón representado por María Teresa Calzada cantó una jota, Andalucía era Pili López, Galicia era Maribel Nogués y así hasta completar las diecisiete regiones.

En 1958 el alumnado de las nacionales llegó al culmen de  sus habilidades artísticas  en el escenario del cine Victoria.

La religiosidad de esta época llenaba casi todos los momentos de la vida escolar. Aquella gran aula en la que se representaban las funciones también se dedicaba para instalar el belén y cantar villancicos en vísperas de Navidad  o para celebrar durante el mes de mayo (mes de las flores) la Inmaculada Concepción. Para llevar a cabo esta última actividad entraban los alumnos o alumnas en la sala donde estaba colocada la Virgen en un altar adornado con abundantes flores de color blanco. Una alumna rezaba una oración específica de un librito dedicado a la Virgen y, por último, todas juntas cantaban  la canción popular “Con flores a María “ que comenzaba con el “Venid y vamos todos con flores a María…”

Los sábados había clase normal hasta la hora del recreo, después las maestras y las alumnas se reunían en la clase de doña María  para rezar el rosario.

Las clases estaban presididas por un crucifijo y los retratos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.  Antes de entrar se cantaba el “Cara el Sol”  o el “Prietas las Filas”. Llegados al aula  se  rezaba una oración antes de empezar la clase.  También era obligatoria la misa dominical y en los bancos de la iglesia se sentaban cada maestro o maestra con sus alumnos/as.

Por supuesto que la separación del alumnado por sexos era básica en los planes educativos de la época e incluso había dos recreos, uno para chicos y otro para chicas con una puertecilla de comunicación entre ambos que estaba prohibido franquear.

La disciplina era bastante estricta y había pocos que se atrevieran a transgredir las normas establecidas. Las consecuencias podían ser: copiar repetitivamente frases, ser castigado en un rincón de rodillas o de pie, golpes en la mano con palmeta o regla, tirones de orejas o de patillas, dar vueltas al patio, quedarse  sin recreo o alguna bofetada. También les podía pasar lo que les ocurrió a aquellos mozalbetes que fueron pillados “infraganti” robando abugos. Llevados por el guardia hasta el ayuntamiento que presidía por entonces el alcalde Medina, éste determinó que aquella “ banda de robaperas” debía pasar un largo fin de semana aislados en el interior de  las Escuelas Nacionales.  Me contaron que era tal el aislamiento que, incluso, tenían que mingitar a través de los barrotes de las ventanas que daban a la calle del Muro. Aunque de esto último no estoy muy seguro de su veracidad  y más parece que forme parte de las leyendas que generaron aquellos “héroes” de los tiempos difíciles.

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Cualquiera de estas penas podían ser impuestas a los recalcitrantes “peladillas” de la época. La palma y la mala fama se la llevó un maestro que venía en Vespa desde Barbastro. Es de justicia decir que la mayoría de los docentes no practicaban este tipo de  pedagogía y que sus alumnos y alumnas guardan buenos recuerdos de ellos.

Toda esta información ha llegado hasta la revista Quio gracias a la amabilidad de la maestra doña Carmen Pueyo, de las alumnas Ilda Gómez, María Teresa Calzada y algún que otro alumno de aquella época que no desea ser nombrado. Para todos ellos muchas gracias.

Y para terminar disfruten con el romance de la Concejala.

           LA CONCEJALA

Me tienen harta en el pueblo

con tantas habladurías.

¿Quién le mandará a la gente

meterse en las cosas mías?

Porque ya lleva diez años

mi esposo de concejal.

Se cuentan unos infundios…

¡ricontra que están muy mal!

Dice en el pueblo la gente mala:

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

                                                                                                                                                            Porque hemos mercau dos mulas

tres bueyes y un buen jumento

ya dicen los envidiosos

que son del ayuntamiento.

Y no sabe quién tal dice

que de allí no puen sacar

sino algún que otro disgusto

pues de esto… ni siquia un rial.

 

Ayer sin saber por dónde

se me ha perdido un cochino,

se me ha puesto en la cabeza

que lo tiene algún vecino.

Y el alcalde ha puesto un bando

en la puerta del corral

paque traigan insiguida

al puerco del concejal.

Y siguiendo al tamboril

 así dice el pregonero:

¡Lo que ha perdido está tarde

el concejal, es un puerco!.

Dice en el pueblo la gente mala

¡Seña Pascuala, seña Pascuala!

¡Y cómo engorda la concejala!

paice un costal, paice un costal.

 

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

Seña Pascuala, seña Pascuala

y cómo engorda la Concejala

paice un costal, paice un costal.

Todo porque mi hombre lleva

diez años de concejal.

 

 

                                                            Manuel Antonio Corvinos Portella

 

 

Antonia López Conte, La Hornera


        Manuel Antonio Corvinos Portella nos descubre el antiguo oficio de hornera.  Una historia más de su serie “Oficios Desaparecidos”, unos testimonios de extraordinario valor que  Manuel Antonio nos transmite con cercanía y apego: Antonia López Conte, La Hornera.       

                        

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Antonia López Conte

Antonia era esposa de Mariano Laín Susín, nació en Sariñena en 1904 y falleció en su pueblo después de 94 años de dura vida. A edad muy temprana (10 años) se quedó huérfana de madre y aquella desgracia la marcó para siempre, pero al mismo tiempo la hizo espabilar para mitigar la pobreza que rondaba la casa. Por supuesto que aquello de ir a la escuela no fue para ella.

Fueron dos hermanas y un hermano, pero pronto se quedó sin su hermana mayor pues murió muy joven. Según cuenta su hija Maribel más de una vez oyó decir a su madre que debió morir de hambre.

A los 10 años ya se ofrecía en los hornos de las casas para barrer el suelo, buscar agua o lo que fuese menester y por esos trabajos recibía como paga una tajada de pan que repartía con su hermano. Enseguida aprendió el oficio de hornera y se quedó para siempre con ese apelativo.

En un tiempo sin panaderías las horneras eran mujeres a las que se les encargaba la elaboración del pan y la repostería. En el caso que nos ocupa, la “seña” Antonia amasaba la harina, añadía la levadura, vigilaba la fermentación de noche, le daba vueltas y de madrugada  la transportaba en una bacía en la cabeza tapada con un trapo blanco de lino o algodón recio a uno de los hornos que había en la localidad para proceder a su horneado. Terminada la operación lo llevaba a la casa que le había hecho el encargo y cobraba lo estipulado. El cobro solía consistir en un “pizco de pan” y en los céntimos  establecidos.

Estas mujeres tenían una clientela fija que les encargaba el pan para varios días ya que entonces duraba sin secarse mucho tiempo. Cada hornera señalaba con una marca sus productos para que no se confundieran con los de las otras mujeres que se dedicaban a este oficio.

Recuerdan mis vecinas que había, por lo  menos, tres hornos en la villa: uno estaba en una de las calles laterales del antiguo ayuntamiento, otro en el Muro Bajo y el tercero en la calle del Horno.

La repostería de la señora Antonia era muy valorada por muchas familias de Sariñena y cuando ya se generalizaron los hornos industriales solía elaborarla en casa de “El Vidriero”. Famosos eran sus roscones, tortetas de cucharada, farinosos, magdalenas, tortas de fiesta o de bizcocho.

Me cuenta su hija Maribel una anécdota de su madre que, a pesar de lo dura que había sido  la vida para ella, indicaba la sensibilidad personal que tenía. Pues bien…, un día recibió un encargó de Pilar la de Rosendo para que le hiciera algunos productos de repostería. Cuando lo hubo realizado se lo llevó a la tienda y a la hora de cobrar le manifestó que no quería dinero, que sólo deseaba a cambio una fotografía en la que saliera favorecida para que se la pusieran en su tumba el día que muriera.

 Y yo añadiré que de los recuerdos que el que suscribe tiene de ella podrían resumirse en dos palabras que utilizaba a menudo al comienzo o al final de las frases y que dan cuenta de su recio carácter: “Rediós y Copón” (genio y figura).

                                                                             Manuel Antonio Corvinos Portella

El Auxilio social y otros asuntos de aquella época


Manuel Antonio Corvinos Portella nos traslada a la época de postguerra, al auxilio social, las cartillas de racionamiento, el tabaco, el estraperlo, la tortilla de patatas sin huevo ni patatas y las Farinetas. Un viaje por nuestra historia  imprescindible.

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EL AUXILO SOCIAL

Esta organización de socorro humanitario fue creada en Valladolid en octubre de 1936, recién comenzada la Guerra Civil. La idea fue de Mercedes Sanz Bachiller viuda de Onésimo Redondo y parece ser que la adoptó después de viajar a la Alemania de Hitler donde funcionaba alguna institución de esas características. Los objetivos que se marcaron fueron alimentar a los habitantes de las zonas “liberadas”, convencer a la población de las bondades de la España que se avecinaba  y adoctrinarla en la filosofía Joseantoniana.

En todo momento el peso del trabajo diario fue llevado a cabo por mujeres, miles de mujeres anónimas que en su mayoría no pertenecían al régimen fascista de Franco.

 El primer nombre que recibió esta organización fue el de Auxilio de Invierno, pero en el año 1937 se cambia por el de Auxilio Social

Una de las primeras actuaciones que llevaba a cabo el incipiente gobierno de Franco al tomar las ciudades y pueblos era repartir comida entre la población. La encargada del reparto era una sección del Auxilio de Invierno que acompañaba al ejército. Posteriormente se abrían comedores para atender a los niños huérfanos o a los hijos de presos políticos.

En Sariñena, el comedor del Auxilio Social comenzó su andadura en 1940 y terminó en 1943. Estuvo ubicado en los bajos de la antigua Caja de Ahorros de Zaragoza Aragón y Rioja sita en la plaza de la Iglesia. Allí podían prestar el Servicio Social femenino obligatorio las mujeres solteras o viudas sin hijos de entre 17 y 35 años por un período de seis meses. Estaba dirigido por María Cruz Torres Ballarín, persona considerada como seria, estricta y extraordinaria mujer; como encargadas de la cocina estaban María Vicente y María Blanco y como colaboradoras sirviendo comida, muchas chicas del pueblo que se turnaban cada seis meses sin cobrar nada, aunque recibían a cambio un certificado que les podía servir para concursar u opositar a plazas de trabajo de entidades oficiales.        En el comedor se repartían comidas y cenas (estas durante poco tiempo, aunque luego las daban para llevar a casa) a cerca de 50 niños y niñas hasta los catorce años. Todos los comedores del Auxilio Social se financiaban con dinero de postulaciones públicas de cincuenta céntimos o de una peseta a las que nadie se podía negar; donativos llamados Ficha Azul que la población acomodada y organizaciones públicas debían pagar mensualmente; con las requisas de alimentos y con lo que se recaudaba de la instauración del día del plato único (aunque se cobraba el menú entero) en todos los restaurantes del país los días 1 y 15 de cada mes.

Los alimentos más habituales y que más recuerdan las personas con las que he hablado eran: lentejas, puré de habas, patatas con bacalao, cuatro sardinetas, pan de higos o mermelada. También comentan que antes de cada comida, era imprescindible rezar unas oraciones y al finalizarla cantar el Cara al Sol con el brazo extendido.

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La Guerra Civil quebró la estructura productiva y trastocó el sistema de reparto y comercialización, favoreciendo el nacimiento de la especulación y del mercado negro o estraperlo. Todo esto supuso un grave retroceso en el bienestar de la población que llevó a que, la escasez y la miseria se apoderaran de una gran mayoría de habitantes de este país. La mayor parte de la actividad agrícola, ganadera y pesquera quedó en manos de los franquistas que con más disciplina que los republicanos pusieron los medios necesarios para alimentar a la población. En España, durante la posguerra más de un millón de personas necesitaron del Auxilio Social para poder comer.

A partir de la entrada del ejército nacional en Sariñena,  en marzo de 1938, empezaron a llegar camiones desde Huesca cargados con comida. Este servicio lo realizaba la Comisaría General de Abastos que también se encargaba de marcar la cantidad y el precio de los alimentos que adjudicaba. Los productos los descargaban en un almacén de Juan Basols, y esta persona los repartía por las tiendas del pueblo.

LAS CARTILLAS DE RACIONAMIENTO

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El reparto de alimentos se hacía por medio de las cartillas de racionamiento con las cuales los sariñeneses podían  ir a las tiendas que tenían establecidas a comprar los artículos y a cortar el cupón  correspondiente. Había alimentos que se repartían semanalmente y otros quincenalmente. En cada cupón constaba el producto y la cantidad asignada que podían retirar. Cada persona tenía derecho a  un cuarto de litro de aceite, 100 gramos de azúcar moreno (que según dicen tenía movimiento propio), 30 gramos de café, 250 gramos de pan negro, 50 gramos de lentejas (con piedras y cucos), 75 gramos de bacalao, 75 gramos de tocino, 1 kilo de patatas, 200 gramos de jabón y si había niños recibían leche y harina. También se repartían esporádicamente algún otro artículo como tabaco, membrillo, carne, leche, boniatos o aquel chocolate terroso hecho de algarrobas. Las naranjas se obtenían a cambio de trapos o hierros con unos comerciantes que venían de Fraga.

Las cartillas eran de tres categorías según el estatus social de la  familia o la salud de las personas. En principio las cartillas fueron de ámbito familiar, a partir de 1943 se hicieron individuales y en 1952 se suprimieron.

EL TABACO

Fue un producto también sometido a racionamiento. El encargado de  recibir las remesas y de repartirlo entre los estanqueros de la localidad fue el farmacéutico D. Juan Escudero desde su farmacia de la calle del Mercado, botica que también hacía las veces de estanco abierto al público. Las otras expendedurías de tabaco de aquellos años eran la de José María Segura, sita en la plaza del Ayuntamiento (en los bajos de lo que hoy es casa de la familia Lacerda), y la de Pilar situada en la misma plaza. Los tipos de tabaco que se expendían eran Cuarterón para liar, los roqueños Ideales, el Caldo, el rubio Bisonte y el Mataquintos. Cuando apretaba la necesidad se podían fumar hojas secas de patatera, de higuera o de matapulgas liadas en papel de estraza y también estaban los puros de riera.

EL ESTRAPERLO

En 1924 Primo de Rivera decide prohibir el juego en España. Uno de los grandes casinos afectados fue el famoso Gran Kursaal de San Sebastián. Terminada la dictadura de Primo de Rivera, Alejandro Lerroux presidente de la Segunda República decide anular la prohibición del dictador y en el año 1935 se reabren varios casinos.

El nombre estraperlo proviene de los nombres Strasuss (Stra), Perlowitz (Per) y la esposa del primero Frieda Lowann  (Lo). Estos personajes fueron tres aventureros judeo-holandeses  que convencieron  al gobernador de Guipúzcoa, Aurelio Lerroux (hijo adoptivo del Presidente del Gobierno  Alejandro Lerroux) para poner una ruleta de la marca ESTRAPERLO en los casinos de Mallorca y San Sebastián. Las ruletas tenían una trampa eléctrica para detenerlas en el momento deseado, pero el engaño se descubrió y tuvo consecuencias políticas. La implicación del Presidente en el escándalo del estraperlo le costó el puesto a Alejandro Lerroux y también a otros políticos importantes de la época.

A partir de entonces se le dio el nombre de  estraperlo al contrabando de bienes de primera necesidad que se generalizó en la España de la posguerra. Algunas personas se arriesgaban y viajaban por los pueblos para comprar alimentos para luego revenderlos en las grandes ciudades, con los consiguientes beneficios. A Sariñena llegaban los estraperlistas desde Barcelona con maletas vacías que  llenaban de trigo o de otros productos para luego regresar a la Ciudad Condal. Unos centenares de metros antes de entrar en la estación barcelonesa, los contrabandistas arrojaban a las vías los paquetes con comida, donde eran recogidos por familiares; así evitaban las requisas, multas o incluso la cárcel por realizar un comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado. Dicen que muchos se hicieron ricos con este tipo de comercio.

En Capdesaso los trenes llegaban a parar en el paraje llamado de Santa Cruz para realizar operaciones de estraperlo. Allí los ganchines vendían sacos de trigo  a los maquinistas y estos los escondían debajo de las briquetas de carbón.  Para dejar espacio suficiente, los ferroviarios arrojaban el carbón sobrante junto a las vías, que inmediatamente era recogido por otros avispados personajes.

Cuentan de un tren que tiró tanto carbón que estuvo muy cerca de no llegar a Barcelona. Las leyendas populares dicen también que, en esos años, en Capdesaso y en La Estación corría el dinero como nunca lo había hecho antes.

LA TORTILLA  DE PATATA  SIN HUEVO NI PATATAS

Una receta imaginativa para paliar el hambre bien pudo ser la denomina “tortilla de ….” Para  ello  se pelaban varias  naranjas y se separaba el mesocarpio (lo blanco de la naranja) de la piel y se ponía a remojo. Después se mezclaba con 4 cucharadas de harina, 10 de agua, una de bicarbonato, un poco de pimienta molida, aceite sal y colorante para darle el tono. Por último se ponía en una sartén y se cocinaba.

LAS FARINETAS

Este plato de origen musulmán se hizo muy socorrido en Sariñena y otros lugares de Aragón en la posguerra. Consistía en calentar agua y echarle harina suficiente para que quedara una mezcla espesa, mientras tanto se freía en una sartén aceite con sebo de cordero y unos crostones de pan y sal. Por último se mezclaba todo muy bien y ya estaba listo para su consumo.

Quiero agradecer las informaciones aportadas por Severina Pena Mora, Eloísa y Mercedes Tella López y también a otras personas que han participado con sus recuerdos o con sus fotografías,

                                                                                         Manuel Antonio Corvinos Portella

 

Los refugios de la guerra y otros recuerdos


     Una tarde de un día cualquiera del mes de julio me acerqué a casa de DRG. Hacía tiempo que teníamos pensado hablar y aquel era un buen momento. Tiene muy buena memoria y es de fácil diálogo, por lo tanto la entrevista fue amable y entretenida, aunque iba un poco a su aire.

      La llamaré DRG ya que no desea protagonismo y me ha advertido que en ningún momento escriba su nombre y así lo he respetado.

 

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Entrada tapada al refugio del Romea 

Por Manuel Antonio Corvinos Portella

En principio me gustaría saber cuántos refugios antiaéreos había en Sariñena:

Teníamos uno en la era Bolera, otro en las bodegas de Torres,  un tercero en la bodega del Romea (en éste si hubiera caído alguna bomba hubieran muerto todos porque el edificio se habría hundido), otro en la calle del Mercado, más concretamente debajo de la tienda de Ramón el Cabalero (recuerdo a Ramón sentado a la puerta de la tienda y poniendo en marcha un gramófono con una gran bocina, como esas que tenían un perro escuchando y allí que nos íbamos los críos y crías a escuchar música, más tarde a esa casa la llamaron “Casa el Comercio” y la regentó un guardia civil que se casó con Manoleta la de Casas), había otro refugio en el salón de Arcos del Casino, otro en la torre de la Iglesia  (en éste los que llegaban los últimos empujaban a los demás hacia arriba hasta que cabían todos), otro en las escaleretas del Castillo (en casa Mora) y por último en el huerto de Nogués  hicieron una zanja y allí íbamos todos los que vivíamos en esa zona del Muro cuando no había niebla o humedad.

¿Cómo se repartían por los refugios?

Cada barrio tenía previsto de antemano el suyo. Cuando oíamos la sirena dejábamos la llave en la gatera y corríamos con toda el alma hacia el refugio.

¿Cuántas personas se solían juntar?

Eso no lo sé porque en esos momentos lo único que pensabas era en que acabara pronto todo; pero se llenaban porque eran sitios pequeños y todo el pueblo se refugiaba en alguno.

¿Imagino que lo pasarían bastante mal?

Allí estábamos  esperando en la semioscuridad,  iluminados por la escasa  luz que entraba por alguna ventana. Sólo el refugio de Torres tenía luz eléctrica. Oíamos las ametralladoras y pasábamos mucho miedo,  siempre se oían lloros, no hablaba casi nadie…

Los más atrevidos salían hasta la puerta del refugio para ver como iba la cosa y nos daban ánimos.

¿Cuántas horas permanecían en los refugios?

Generalmente estábamos alrededor de una hora. Cuando sonaba la sirena tres veces era la señal de que ya se habían marchado los aviones.

¿A qué hora solían  bombardear?

Recuerdo que allá por el mes de septiembre un avión vino a bombardear varias noches seguidas a la misma hora. A la cuarta noche un aviador del campo de aviación de Albalatillo al que llamaban el ruso (debía ser por su nacionalidad) lo esperó y lo ametralló. Cuando tocó la sirena tres veces salimos de los refugios y Jesús el de Josito y Manolo Millera nos informaron de lo que pensaban que había ocurrido. Luego cogieron las bicicletas y marcharon a Albalatillo a enterarse de lo que había pasado. En el bombardero derribado viajaban cuatro militares de los que murieron tres, el otro pudo escapar. Uno de los muertos era hijo de los dueños del Monasterio de Piedra. A éste, sus padres, le pusieron una lápida en la Sierra de Alcubierre

¿Algún recuerdo más?

Sí, tengo muchos, el 21 de enero cayó una bomba en Casa Barrieras, en lo que antes llamábamos la placeta de la Iglesia (hoy Fray Zacarías Martínez) y “escachó” media casa (ésta fue la primera casa que derrumbaron las bombas en Sariñena). Una mañana de febrero cayó una bomba enfrente de la fuente que hay en la avenida de Goya (la que restauraron hace poco) y los que estaban en el refugio de Torres lo pasaron muy mal, pensaron que iban a quedar sepultados, incluso llegaron a  percibir el olor a la pólvora. Ese mismo día cayó otra bomba en el corral de Ariste y mató a un crío de 7 u 8 años.

¿Cómo eran las defensas antiaéreas?

En la placeta de la Iglesia, al lado del hotel Ispa, había un edificio que pertenecía al Ayuntamiento que se utilizaba como parvulario y cuya maestra era doña Baltasara. En la parte de arriba vivían los soldados de las ametralladoras antiaéreas. Había dos, una en la torre de la Iglesia y otra en la zona de la Jinjolera (cerca de la actual cooperativa).

Recuerdo que en esa casa municipal se guardaba un carro para transportar fallecidos, pero nunca se usó porque todo el mundo prefería llevar las cajas de sus difuntos al hombro hasta el cementerio.

¿Cómo sabían los bombarderos donde soltar las bombas?

Por aquel entonces se dijo que un matrimonio con una niña que vivían en casa de Ballarín en la calle del Sol (hoy Ugarte) pasaba los planos con los lugares donde tenían que bombardear. Al acabar la guerra el posible espía y su familia desaparecieron.

¿Vivió usted la explosión del polvorín?

    Ya lo creo y además bien cerca. El 19 de abril a las nueve menos cuarto los críos y crías de cuarto grado estábamos esperando entrar en la escuela que había en el Casino (los maestros y maestras eran doña Cristina Lana, don Pío Toda y don Nicolás, el primer, segundo y tercer grado estaban en las escuelas viejas) cuando vimos salir del polvorín un humo muy negro y enseguida vimos a varios soldados a medio vestir que huían de la casa chillando. Gritaban que se marchase todo el mundo a sus casas. Casi inmediatamente oímos un gran ruido ensordecedor.

En el edificio también estaba instalada una caja de ahorros cuyo director era un señor apellidado Maicas. Lo vimos salir al balcón  y cómo la explosión lo lanzaba contra las rejas de la iglesia. En el suceso también murieron su esposa, treinta o cuarenta soldados y un niño de 12 años. A varios de los que jugábamos en  la plaza nos hirieron y nos llevaron al hospital que estaba en casa Paraled (hoy casa Abadías-Ullod).

El polvorín estaba en casa Tronchón que quedó totalmente destruida, también se derrumbaron casa Blasco, casa la Nena, casa Candela y casa la Rosa.

Como ese día hacía mucho cierzo recuerdo que el humo y el polvo desaparecieron de la plaza muy deprisa y entonces pudimos ver cómo los escombros la llenaban casi toda.

Cambiemos un poco de tema. ¿Qué recuerdos tiene de la escuela?

En mi clase estábamos 30 niñas, aprendíamos mucho porque nuestra profesora doña Cristina Lana Villacampa era muy buena maestra, (la mejor que he conocido). No nos meneábamos y tampoco se nos ocurría hablar, tenía mucha disciplina pero nos quería mucho.

Por la mañana de 9 a 12:30 h. aprendíamos a leer, a escribir, verbos, matemáticas, geografía, etc., por la tarde de 3 a 5 h. a bordar, aprender corte para hacer camisones, pijamas, etc. El recreo lo hacíamos en la plaza de la Iglesia.

¿Cómo era un domingo de antes de la guerra de un chico o chica de 11 o 12 años?

Íbamos a misa de once con mosen  Pedro y luego jugábamos por las plazas a encorrer, a la comba y los chicos a marro bandera, a la una andaba la mula y a otras cosas. También nos íbamos hasta el río a pasear o por los porches y nos sentábamos en el patio del casino a ver a los que bajaban del baile. Esas eran nuestras diversiones

Por la tarde teníamos catequesis con Maruja Basols Salaver y con María Cruz…

-Imagino que recibirían algo de paga.

-Bueno…, unas veces me daban cinco céntimos y otras diez (de los de antes), a los demás por el estilo. Con ese dinero algunos iban a casa la Marta a comprarse dos naranjas un poco tacadas que eran más baratas y otros a casa Blasito a comprar chupones o adoquines. Yo no me compraba nada porque estaba ahorrando para comprarme una cordera de las que vendían a 15 pesetas en la plaza Villanueva. Pero vino la guerra y no lo pude hacer, tuve que dar el dinero para comer en casa.

Desde aquí doy las gracias a D.R.G. por la amabilidad mostrada y por compartir esos penosos recuerdos que marcaron la vida de varias generaciones.

 

Las masadas durante la guerra civil


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Aquellas personas que se quedaban en la retaguardia debían lidiar con incontables problemas e incertidumbres: el miedo, las represalias, la escasez de alimentos, el racionamiento, los movimientos de tropas, los bombardeos, etc. Para evitar estos últimos las familias buscaban refugio donde podían o creían oportuno. Unos lo hacían en los siete u ocho refugios antiaéreos habilitados para tal fin en nuestra localidad y otros decidían pasar temporadas en las  masadas de los montes.

En el caso que nos ocupa, tres familias lo hicieron en una edificación que estaba situada en el término denominado la Sardera. Se llevaron comida para pasar varios días en ella: judías secas, gallinas, conejos, pan, tocino, vino, aceite y poco más. Y allí se instalaron.

Los días eran generalmente aburridos debido a la falta de actividad, pero siempre estaban atentos a lo que pudiera venir, mientras las noches eran potencialmente peligrosas. Para evitar en lo posible los riesgos que pudieran provenir de la oscuridad, al anochecer cogían lo más indispensable y se trasladaban a dormir a una cueva bastante profunda denominada el “Sagrau”  ubicada en el monte de Lastanosa.  Todos los días a la caída del sol tomaban el camino que les llevaba hasta el río Alcanadre y allí en sus orillas los hombres cogían a los abuelos y abuelas “ancolicas” y lo vadeaban, realizada esta operación se dirigían a dicha gruta. A la mañana siguiente regresaban a la masada para pasar el día en ella y cuidar de los animales y de la comida almacenada.

Me contaba Jesús Foj que en aquella masada de la Sardera permanecían cortas temporadas. “Cuando el bombardeo de Sariñena estuvimos en ella casi quince días. Estábamos tres familias, la de mi tío Lombarte, la de Enrique el Molinero y la de Manuel Foj Morén. Muy cerca teníamos la masada de la Diega y en ella estaba refugiada la familia de Florencio. Unas veces venían a vernos y otras veces íbamos nosotros, cambiábamos  impresiones y jugábamos a las cartas”.

“Un día aparecieron por la masada dos moros que llevaban un macho, posiblemente eran desertores del ejército de Franco. Como tenían mucha hambre les ofrecimos de almorzar dos huevos fritos, pero como no se fiaban de aquella comida mi padre tuvo que probarla primero, igual creían que los íbamos a envenenar. Luego, a través de mi padre que sabía algo de árabe por haber hecho la mili en Tetuán supimos que querían que los guiara alguien a alguna estación de ferrocarril cercana porque tenían intención de llegar a Barcelona.  A pesar de que nos ofrecieron el macho ni Lombarte, ni Enrique ni mi padre quisieron  arriesgarse y ninguno quiso acompañar a aquellos personajes.

Entonces, mi padre optó por darles las indicaciones suficientes para que pudieran llegar a la estación de El Tormillo que no caía muy lejos y se marcharon. Cuando lo hicieron nos quedamos tranquilos porque no las teníamos todas con nosotros ya que las historias que se contaban sobre ellos eran muy fuertes.

Otro día, extrañamente, llegó un coche oficial con un general en su interior, bajó el  chófer y preguntó por la familia Foj. Al reconocer al conductor salió inmediatamente mi tía Soledad que se había escondido por precaución y resultó ser su novio con el que después de la guerra se casó y vivieron en Barcelona toda su vida. El chico aquel se llamaba Ángel”.

Estas pequeñas historias me las contó Jesús Foj un día cualquiera del pasado verano 2017 y aunque era muy joven cuando las vivió nunca las ha olvidado.

   Gracias Jesús.

A. Corvinos Portella