Don Manuel Nasarre García, un erudito en Sena en la primera mitad del siglo XX.
Antonio Cavero Barreu
Publicado en El Tarirán, Boletín informativo y cultural de la Asociación Cultural Senense, número 109, mayo 2026
Aunque en el título hemos utilizado para don Manuel Nasarre[1] García la palabra «erudito», hubieran sido también adecuadas las menos comunes «hombre universal», o también «hombre del renacimiento». Se dicen, en cualquier caso, de alguien que posee conocimientos y habilidades en múltiples campos, como el arte, las humanidades, la ciencia y la ingeniería, entre otros. Manuel Nasarre García encajaba bien en esa definición. Ricardo del Arco lo tenía por «ilustradísimo letrado y discreto caballero, verdadera enciclopedia[2]». Y mi padre, Benito Cavero, en la misiva en la que comunicaba su fallecimiento en octubre de 1944 a Mariano de Pano y Ruata, escribía de él que «era un perfecto caballero». Mi padre, que nació en la casa de enfrente de la suya, le conoció bien y tuvo tiempo de colaborar con él, a pesar de ser 41 años más joven, y hemos oído muchas cosas de sus vivencias directas.
De Manuel Nasarre García se ha escrito bastante poco en El Tarirán, y no porque no haya tema del que escribir. El objetivo de esta breve nota es trazar una pequeña semblanza que pueda ser el comienzo de otros estudios más ambiciosos sobre su figura.
Los antecedentes familiares
Para situar en contexto tanto la familia como la vivienda de don Manuel Nasarre García en Sena, es preciso remontarnos hasta la primera mitad del siglo XIX.
Hay que comenzar hablando de los marqueses de Villa-López, don León Pérez, abogado de los tribunales nacionales, y doña Rafaela Villanova y Villanova. El matrimonio residía en Sena, en la casa señorial situada en el número 8 de la actual calle Cavero, la casa que luego ocuparía la familia Nasarre. El marqués, cuya lápida aún puede leerse en el cementerio de Sena, murió en 1853, y, según transcribió en su día mi padre del libro de difuntos del archivo parroquial, a su entierro asistieron 11 sacerdotes, lo que da cuenta de su relevancia. También al entierro de la marquesa viuda, fallecida en 1875, más de veinte años después, asistieron 15 sacerdotes. Como quiera al fallecimiento de la viuda los tres hijos habidos en el matrimonio de los marqueses habían muerto ya, la casa pasó a ser propiedad de la heredera de la marquesa, su sobrina doña Romana García Doménech, esposa de don Felipe Nasarre Ortega y madre de don Manuel Nasarre García.
Figura 1. Izquierda: don Manuel Nasarre García y su esposa, doña Felisa Calvo Calvo durante una visita a Sijena en la década de 1910. Detalle de la fotografía publicada en El Tarirán 76 (2010), página 6.. Derecha: don Manuel Nasarre en 1926. Detalle de la fotografía publicada en Paz y buena voluntad, Zaragoza, n. 28, agosto 1926, pág. 3, y reproducida en El Tarirán 59 (2001), página 36.
En cuanto al padre, Felipe Nasarre Ortega, descendiente del linaje infanzón del mismo nombre radicado en Sesa, y más tarde en Alquézar, fue un importante funcionario administrativo en la segunda mitad del siglo XIX. Nacido en Zaragoza antes de 1820, ocupó diversos puestos de responsabilidad a lo largo de su carrera, como secretario de los gobiernos de Huesca y Zaragoza, alcalde de Reus, y gobernador civil de Cáceres y Salamanca. Por su desempeño recibió distinciones como la de Comendador de la Real y distinguida orden de Carlos III. La Real Academia de la Historia conserva, bajo el título «Colección Felipe Nasarre» una serie de más de 50 documentos manuscritos e impresos referentes a Aragón en los siglos XVII y XVIII. Era también propietario de varias explotaciones mineras y otras empresas, que administraba tras su jubilación. A causa de su trabajo, él y su familia residieron en diversos puntos de España, recalando finalmente en Valdemoro (Madrid).
Así que, ya introducidos los padres de nuestro personaje y también la vivienda heredada en el último cuarto del siglo XIX, encontramos en Sena poco antes del cambio de siglo a la heredera y dueña de la casa, doña Romana, y a su familia, trasladados desde Valdemoro. Uno de los cuatro hijos, Luis, falleció en 1897, según puede leerse en su lápida en el panteón familiar del cementerio de Sena. Otra hija, Teresa, profesó en el monasterio de Sijena como religiosa de la Orden de San Juan de Jerusalén. Y los otros dos vivieron en Sena: María casó con el notario Manuel Pineda, y Manuel, el personaje que nos ocupa, casó con Felisa Calvo Calvo, hija de don Alejandro Calvo Blecua. Ambas parejas —y posteriormente las viudas— compartieron durante buena parte de la primera mitad del siglo XX la casa familiar de Sena.
Se comprende así que, a lo largo del tiempo, la vivienda sobre la clave de cuya portada campean esculpidas en piedra —según escuchábamos a mi padre— las armas de los marqueses de Villa-López, fuera conocida sucesivamente como «casa de don León», luego «casa de doña Romana», también «casa del notario», y finalmente «casa Nasarre», hasta hoy.
Don Manuel Nasarre García en Sena
Manuel Nasarre García había nacido en Valdemoro el 2 de febrero de 1874. Por lo que respecta a su formación, fue alumno del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, y su título de bachiller se expidió en 1889. Cursó posteriormente estudios de derecho en la Universidad de Zaragoza, y se licenció con la promoción de 1896, cuando la familia ya vivía en Sena.
Aunque profesionalmente constaba como abogado, su holgada posición económica y su vasta cultura le permitían dedicarse a muchas otras actividades. En realidad, y según hemos oído, las gentes de Sena, que le tenían en gran estima y consideración, acudían a él más en busca de asesoramiento y consejo que como clientes.
En las guías y anuarios del comercio y profesiones, de muchas de las cuales ha dado cuenta El Tarirán, aparece bajo epígrafes variados: «abogado», «administrador de fincas», «propietario», y también bajo otro tan dispar como «Maquinaria (talleres)». Aun sin haber cursado, que sepamos, estudios relativos a la ciencia o la técnica, su habilidad para los mecanismos era innata, fomentada además por su interés y sus lecturas. De ahí la cantidad de aparatos y recursos de todo tipo que se almacenaban en su casa, desde fotografías sobre placas de vidrio hasta un proyector de cinematógrafo. Era la persona a quien todos acudían para cualquier consulta técnica, o para reparar cualquier tipo de aparato averiado.
Persona muy relevante en la localidad, colaboraba siempre y ocupaba a menudo cargos de responsabilidad, como el de juez de paz o fiscal. Era la referencia obligada entre las fuerzas vivas del pueblo. Como ejemplo significativo, formó parte de la Junta de Plagas de Sena —incluso como presidente— durante la grave crisis de la langosta, entre 1920 y 1924.
Recibía visitas muy variadas, algunas de cierta relevancia, que se alojaban a menudo en su casa. Citemos como apunte la que refiere en la página 1 de su edición del 27 de febrero de 1910 el diario La Correspondencia de Aragón, donde en la sección «La vida en los pueblos. Sena» leemos una nota sobre la estancia en Sena de «la bella y distinguida señorita de Lérida, Dª Pilar García Cortillas, hija del difunto presidente de aquella Audiencia D. Rafael García Doménech; y de los distinguidos jóvenes madrileños D. José María y don Manuel de Garnica y Serrano, hijos del coronel retirado y acaudalado propietario de la corte D. Ramón. Se hospedan en la casa de nuestro amigo el abogado y rico propietario D. Manuel Nasarre García, próximo pariente de la primera y representante apoderado de los cuantiosos bienes que en este pueblo tienen los señores de Garnica».
El parentesco cercano entre Manuel Nasarre y la joven citada, y la coincidencia de apellidos entre el padre de la joven, que había sido presidente de la Audiencia Provincial de Lérida, y la madre de Nasarre nos hace suponer que ambos, el fallecido y doña Romana, eran hermanos.
Don Manuel Nasarre formaba a menudo tándem con otro personaje de parecidas características, también polifacético y también con mucho ascendiente en la cultura y la vida senense del primer tercio del siglo XX: Rafael Gudel Abellana, «mosén Rafael». De los dos hablaba mi padre con admiración. Ambos —Nasarre acompañado de sus hijos— formaban equipo en las importantes excavaciones arqueológicas de la época en Sena, recibían a los visitantes interesados y los acompañaban a Sijena o adonde fuera menester, hablaban de historia o de arte y compartían su afición por la tecnología y los aparatos. Hemos oído muchas veces de labios de Pilar Monter Ardanuy, trasladada de la vivencia de su madre, Joaquina Ardanuy Ripoll, la anécdota de la mujer que llevó a arreglar un reloj a mosén Rafael, quien no tuvo éxito en la empresa, y luego probó con don Manuel, que sí que lo arregló. La mujer no pudo menos que dejar bien claro a mosén Rafael que Nasarre era más listo…
Siguiendo la estela de su padre en cuanto a su interés por los documentos y protocolos antiguos, su bien nutrida biblioteca contenía, según mi padre, ejemplares y documentos de todo tipo, algunos únicos. Citemos como muestra un ejemplar de una obra del siglo XIV, la Crónica de los estados peninsulares, Crónica aragonesa de 1305 o Crónica navarro-aragonesa, obra que editó en 1955 el catedrático Antonio Ubieto Arteta. En una reseña de la edición, el crítico italiano Giuseppe E. Sansone escribe que Ubieto dispuso de «un antico codice, probabilmente originale, esistente nella Biblioteca privata del Abogado de Sena don Manuel Nasarre, it quale consentí generosamente all’Ubieto di sfruttarlo per la sua edizione[3]». No es preciso saber italiano para entenderlo. También mi padre consultó diversos documentos de esa biblioteca, como un pergamino de 1309 que contenía una copia, autenticada por notario, del documento de compra del azud de Jubierre por el monasterio de Sijena, a partir del cual publicó posteriormente un artículo sobre el tema[4].
Cualquier investigador que recalara en Sena interesado por los muchos y variados tesoros que encierra nuestro pueblo era invariablemente presentado a don Manuel, cuyo asesoramiento y colaboración elogiaban siempre los visitantes, que en muchas ocasiones acababan alojados en su casa. Tal fue el caso, por citar algunos ejemplos, del polifacético Ricardo del Arco y Garay, quien lo visitaba a menudo en busca de informaciones tanto de arqueología como de historia o de folclore, o del monasterio de Sijena, que Nasarre visitaba a menudo, no solo por su interés por el arte y la historia, sino también por ver a su hermana, religiosa en el monasterio. También podemos citar el caso de la folclorista inglesa Violet Alford en 1933, que en su obra The Singing of the Travels escribió que a su llegada le habían presentado a two Sena worthies, dos personalidades notables de Sena, que no eran otras que Manuel Nasarre y mosén Rafael Gudel[5]. Por cierto, Nasarre llevó también a Violet Alford a Sijena.
Finalmente, entre las informaciones más curiosas sobre su vida en Sena, cabe destacar la publicada en la página 8 de la edición del 21 de abril de 1921 del diario La Voz de Aragón, en la que bajo el título «Desde Sena. Despedida cariñosa» se informaba cumplidamente del homenaje y correspondiente banquete de despedida ante su inminente traslado a Barcelona, ciudad en la que había recibido una importante oferta para incorporarse como profesional, parece que en una notaría. El corresponsal, que calificaba a Nasarre de «inolvidable y muy querido amigo», no escatimaba los detalles: el local donde se sirvió el banquete (el salón más capaz entre los de don Vicente Izuel), las jóvenes que lo sirvieron (entre ellas Conchita y Lolita Cavero y Cándida Casas), las alocuciones del juez Vicente Isanta, del médico Baldomero Martínez, del maestro Antonio Castelar y del mismo Manuel Nasarre, quien agradeció emocionado el agasajo, tras cuarenta años de vida en Sena. No faltaron las jotas y el acompañamiento de la rondalla improvisada con Victoriano Palacín, Antonio Porta y el cantador Joaquín Lax. Pese al homenaje reseñado, todos sabemos que el traslado no llegó a producirse, y don Manuel Nasarre acabó sus días en Sena. Parece ser que en esta marcha atrás tuvo mucho que ver su esposa, Felisa Calvo, muy reticente a abandonar Sena.
«Botánico Nasarre» (y entomólogo)
«Botánico Nasarre» es precisamente el nombre de una pequeña calle de Sariñena, actualmente un callejón sin salida, dedicada a nuestro personaje, y nos queda pendiente averiguar la fecha y la justificación de su incorporación al callejero sariñenense. Es, efectivamente, un hecho constatado que una de las aficiones más destacadas de don Manuel era el estudio de las plantas y de los insectos, la botánica y la entomología. Sus salidas de campo a la búsqueda de ejemplares eran frecuentes, muchas veces acompañado por sus hijos. Desde 1912 era miembro de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, convertida en 1919 en la Sociedad Ibérica de Ciencias Naturales, de la que figuraba entre los socios fundadores. En la Figura 2 se muestra, por ejemplo, una breve comunicación enviada a la revista de dicha sociedad sobre una anomalía observada por él en una planta de Sena.
Figura 2. Comunicación presentada en 1916 por don Manuel Nasarre García al Boletín de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales a propósito de una anomalía en un ejemplar de afaca, Lathyrus aphaca L., incluyendo una lámina a color dibujada por él.
Seguramente el resultado más espectacular de sus trabajos en lo que respecta a la botánica son los dos álbumes de «Plantas del término municipal de Sena», dos tomos con casi 700 láminas dibujadas y pintadas del natural con la perfección propia de un artista. En uno de los primeros números de lo que más tarde sería El Tarirán, el Boletín de la Asociación Artístico-Cultural Senense, editado en blanco y negro en multicopista, ya se publicaron fotocopias de ocho de las láminas, de las que tres se muestran en la Figura 3.
Figura 3. Tres de las láminas de los álbumes de «Plantas del término municipal de Sena», en fotocopias en blanco y negro publicadas en su día por el Boletin de la Asociación Artístico-Cultural Senense (Boletín número 1 de 1986).De izquierda a derecha:una amapola común (Papaver Roheas) y dos cardos, Dipsacus sylvestris y Atractylis humilis.
En lo que respecta a la entomología, es de destacar su estrecha colaboración con el sacerdote jesuita Longinos Navàs, que no solo era miembro fundador de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, sino también académico fundador de la Academia de Ciencias de Zaragoza y presidente de la sección de Naturales, así como secretario de la Sociedad Entomológica de España. Fue uno de los entomólogos españoles más sobresalientes del primer tercio del siglo XX, el primero de ellos, de largo, en cuanto a número de trabajos y nuevas especies y géneros publicados: casi 400 géneros, 2.600 especies y 240 variedades a lo largo de su vida. Longinos Navàs visitaba a Manuel Nasarre con cierta frecuencia y recogía y era informado de los ejemplares capturados por Nasarre y sus hijos. Varias comunicaciones de Navàs en el Boletín de la Sociedad Ibérica de Ciencias Naturales enumeran los insectos recogidos por Nasarre, de los que se informaba en sus visitas a Sena entre 1921 y 1924. Navàs daba cuenta de los nombres de algunas especies de insectos dignas de mención, «capturadas estos últimos años por nuestro consocio D. Manuel Nasarre, disponiéndolos por órdenes y familias». No citaremos, por no sobrecargar el artículo, los nombres de los órdenes, familias y especies, pero sí diremos que son más de 140 especies, sobre todo de los órdenes de lepidópteros e himenópteros. La figura 4 muestra dos fragmentos de una de esas comunicaciones, con alusiones a Sena o a Nasarre en los nombres de las especies. El ejemplar correspondiente a la especie de la izquierda, calificada por Navàs como sp. nov., especie nueva, le fue regalado por Nasarre para su colección. En agradecimiento, Navàs añadió Nasarrei al nombre de la nueva especie, que aparece en las taxonomías actuales, aunque su validez se indica como nomen dubium, nombre dudoso en cuanto a su clasificación. En cuanto a la especie de la derecha, bautizada como variedad Senensis consta como de la colección Nasarre, que sin duda debía contener numerosos ejemplares.
Figura 4. Detalles de las descripciones de dos de las especies comunicadas en 1925 por Longinos Navàs[6]. Ambas guardan relación con Nasarre y Sena: el tricóptero limnefílido Stenopylax Nasarrei (izda.) y el lepidóptero ninfálido Limenitis rivularis (dcha.).
Epílogo
Manuel Nasarre García murió en octubre de 1944, a los setenta años. Hasta sus últimos días estuvo patente su talante colaborador y la caballerosidad que le había caracterizado durante toda su vida. A finales de septiembre, don Mariano de Pano y Ruata, que como es sabido fue autor de algunas de las obras más relevantes sobre la historia de Sijena, intercambió algunas cartas con mi padre para solicitarle algunas informaciones con el fin de hacerse una idea del estado del monasterio tras los hechos de 1936. Le pedía además que intercambiase impresiones con don Manuel Nasarre, e incluso que ambos visitaran el monasterio para evaluar sus preguntas sobre el terreno. Ambos, mi padre y don Manuel, cumplieron el encargo, tuvieron varias conversaciones y realizaron varias visitas al monasterio durante la primera semana de octubre, de todo lo cual mi padre informó a Mariano de Pano hasta el último detalle en varias misivas, ya que este, a vuelta de correo formulaba más y más preguntas. En la larga carta del 22 de octubre, mi padre escribía: «Y hago punto final para ir a visitar a don Manuel Nassarre que está seriamente enfermo hace un par de días». En la siguiente, del 28 de octubre, ya le informaba de su fallecimiento, acaecido el 24.
El 26 de octubre, con asistencia de todo el pueblo y de numerosas personas que, como Ricardo del Arco, acudieron al funeral desde otros lugares, el pueblo de Sena despidió al erudito y perfecto caballero que fue durante toda su vida don Manuel Nasarre García.
[1] Las grafías «Nasarre» o «Nassarre» aparecen indistintamente tanto en los documentos referidos al personaje que estudiamos, como a los de su familia y a todos los del linaje de este nombre.
[2] En el artículo «Las Fiestas de Sena», Diario de Huesca, 6 de octubre de 1920, páginas, 1-2. Puede leerse en el número 101 de El Tarirán (20XX), páginas XX-XX.
[3] Crónica de los estados peninsulares (Texto del siglo XIV). Estudio preliminar, edición e índices, por Antonio Ubieto Arteta. Universidad de Granada, 1955. 146 pp. + 8 facs. (CF, XI.). Reseña de Giuseppe E. Sansone en Estudis romànics, Institut d’Estudis Catalans, Nº. 5, 2, 1955-1956, págs. 199-200.
[4] CAVERO CAMBRA, Benito (1979): «La compra de un azud en Jubierre por el Monasterio de Sijena», Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet, Circular informativa número 6, pp. 29-38.
[5] Véase el artículo «La resonancia internacional del dance de Sena II: Violet Alford explora Sena» en El Tarirán 104 (2023), páginas 46-50.
[6] NAVÁS FERRER, Longinos (1925): «Insectos de Sena (Huesca)», Boletín de la Sociedad Ibérica de Ciencias Naturales, tomo XXIV, páginas 92, 94.




