Carmen atesora el saber popular y la memoria de Peñalba, de su forma de vida tradicional y cultural, de un pueblo del árido territorio monegrino por el que discurre el barranco de la Valcuerna y la nacional II. Un pueblo con vida, vital y acogedor, del que hace gala Carmen, hablando con pasión y cariño que transmite como peñalbina y contagia, consciente que Peñalba es mucho más que un lugar y un pueblo, que es su historia y su gente.
Carmen Gros Gros, natural de Peñalba, nace un 14 de noviembre de 1936, exactamente en la calle Escuer n.º 15. Viene de familia de agricultores, su padre se dedicaba a las labores agrícolas mientras su madre trabajaba en las faenas de casa –En casa era mucho el trabajo que hacer: atender la casa, ir a buscar agua, leñas, dar de comer a los animales…-. Una forma de vida en un enclave rural de secano, donde el agua de boca, para cocinar, aseo, fregar o para los animales se iba a buscar a la balsa. Carmen iba a buscar el agua con las cantaras sobre la cabeza, como todas las mujeres, especialmente con su abuela al Balsetón, donde está el parque, ella con la cantareta pequeña y su abuela con la cantara grande para llenar la tinaja para las gallinas y el tocino. Cerca del Balsetón estaba casa de su abuela -Con corral grande-.
Para casa recogían el agua los domingos, con la cubeta, un carro con una cuba, un tonel grande de madera, mientras –en las casas grandes las criadas iban con el burro, al que le ponían los argados, pues los argados tienen dos huecos a cada lado donde metían las cuatro cantaras-. Además, estaba la balsa Fraguada para el agua de boca y la balsa del Lugar para animales y agua para llevar. Las dos balsas estaban donde ahora están las piscinas. La balsa del Lugar, apunta Carmen, llevaba ese nombre porque Peñalba siempre ha sido lugar hasta que fue villa. También estaba la balseta Huguera, en un hondo donde ahora se encuentran los depósitos. Esta balseta se utilizaba para ir a buscar agua a los animales con la cubeta, solo cuando no había agua en las otras balsetas. Sin olvidar balsa Loren y balsa de los Perros, camino la Valcuerna, donde aún están los restos del horno tejar, pues hubo tejeros en Peñalba que hacían tejas. Sin olvidar los diferentes balsetes que hay por el monte.
En Peñalba no había ni pozos ni manantial, sí que cerca de Valfarta había uno, mientras, por el barranco de la Valcuerna bajaba agua de tanto en tanto, eso sí, cuando bajaba casi no podían ni cruzarlo para ir a la escuela por el paso que tenían y tenían que dar la vuelta por el puente de la carretera. De la Valcuerna no se cogía agua y solían encontrar alguna culebra, tortuga o fardacho. Al otro lado del pueblo, pasada la Valcuerna era casi todo eras, allí iban a llevar las comidas cuando era la época de la trilla, las cuatro comidas: almuerzo, comida, merienda y cena. Y no por ello, Carmen dejaba de ayudar en las tareas de la siega y trilla -Íbamos a segar, dallaban y con una sábana hacíamos un montón y se recogía al carro-. Luego, tras la hoz y la dalla, llegaron las primeras máquinas de segar “La mallorquina”: –Una máquina que lo dejaba suelto igual que la hoz-.

Peñalba, plano 1900-1930.
En todas las casas del pueblo había ganado, ovejas y cabras, –Por lo menos una cabra en cada casa para leche fresca-. La gente que tenía unas pocas ovejas y cabras las ponían en común, se juntaban unas cinco casas y un pastor las llevaba en rebaño en común, como la dula o bizera.
Cada uno mataba en casa los cerdos, hacían la matacía. Conejos, gallinas, pollos… no faltaban en cada corral. Había tocineros que subían a la montaña a comprar lechones que vendían en el pueblo, en enero se mataba y en febrero se compraba para criar el tozino o los tozinos del año. No obstante, llegaron a haber hasta tres carnicerías en Peñalba que vendían principalmente cordero.
Había almendreras y oliveras en las casas más grandes y viñas en todas las casas para el vino del año. Para hacer el vino había 3 o 4 pisaderas, en corrales, donde iban las diferentes casas. También había quien tenía colmenas y quien recogía esparto en el monte –Algunas mujeres lo peinaban en la era Quibus, al lado de las escuelas y luego lo venían a buscar para llevarlo a las fábricas-. Sin olvidar que había soguero que hacía sogas, Gregorio, a quien le decían el tío Soguero.
Carmen recuerda cuando era joven que no había mucha circulación en la nacional 2, no se notaba tanto como se llegó a notar en los últimos años antes de la liberalización de la autopista -Pasaban carros y algún coche-. En la plaza estaba la posada de Braulio y luego la posada de Benjamín, en lo que luego fue Las Mañas. Pasaba el coche correo, que iba de Zaragoza a Lérida y paraba en casa de Cándido Pomar. Se solía ir a Fraga a comprar y a veces a Lérida especialmente al médico. Si no se cabía en el coche iban hasta en el techo, eran otros tiempos. La variante la hicieron en 1964 y la liberación de la AP2 en el 2021.
El horno de pan estuvo en el Callizo, amasaban en casa y lo cocían en el horno una vez por semana y para toda la semana -y en invierno para una quincena, ya que no se secaba tanto-. Luego estuvieron los hornos de pan -El de José y Benita y el de Julián Royo-. El ultimo horno fue el de Modesto Pomar. Por otro lado, estaban las tiendas de Mariano Ysanta y Pascual Palay (Sarro), ambas vendían de todo, pero la de Pascual además telas, alpargatas, azúcar o chocolate. De carpinteros estaban Benito Gros y Víctor Calavera y su hermano Jesús Calavera que era herrero, ambos hacían carros y erraban mulas. También estuvo la fábrica de vidrio, de la que Carmen ha llegado a ver vasos de vidrio que se hacían en ella –pesaban mucho-.
En septiembre venían de Sena y Ontiñena con carros a vender sacos de patatas. También venían de Caspe a vender e igualmente bajaban mucho a comprar a Caspe, bajaban con el carro y las mulas, tardaban 8 horas en ir y otras tantas en volver. Aprovechaban para comprar y visitar amigos.
Para navidad, en casa hacían el tronco de nadal “Caga turrón de mazapán”, le daban con la tenaza y salía alguna que otra barreta de turrón o una naranja. El turrón lo hacían en Peñalba en casa de Mariano Ysanta, que era pastelero y que también elaboraba dulces, tartas de novios, las arras, las arras eran treinta duros, pero se llevaba la tarta, iban delante de los novios, una tarta pequeña para el cura y una grande para después del banquete.
De tiempos de su abuela, Carmen ha escuchado como subían algunos a casarse a la ermita de santa Quiteria y hacían el baile afuera, un pasodoble, un vals o una jota. Esto resulta parecido a lo recogido por Félix Rivas en “Religiosidad popular en la comarca de Los Monegros”, cuando al finalizar la ceremonia de la boda, los novios subían a la ermita para pisar una cruz de ladrillos situada en el centro del suelo del edificio. Pero esto, Carmen, no lo ha vivido.
Para las fiestas de mayo y octubre, el baile se hacía debajo de la Costera y luego en la Cantonada, donde ponían un entoldado de balcón a balcón, venían orquestas muy buenas que se subían a un entablado que hacía de escenario. En las fiestas de octubre, frente al ayuntamiento, ponían tres maderos y hacían fuegos artificiales. Ya lejano queda el dance de Peñalba, del que Carmen ha oído hablar, pero solo que en casa de su abuelo estaban los palos del desaparecido dance. Antes de la guerra, recuerda Carmen, se iba a bailar a la Sociedad, un bar que llevaba Gregorio Suelves – Antes de la Cantonada, el baile estaba en la Sociedad, donde los maestros, que estaba un edificio para todo el pueblo con un salón grande donde se hacía el baile -. Después se iban a refrescar a casa de la Mallena. Luego, años más tarde, vino el baile en la pista de Lax.
Se hacían hogueras para san Antón, san Blas, san Fabián y san Sebastián. Para san Antón se hacían hogueras por el pueblo y durante el día no se salía al campo a trabajar -En Peñalba había muchas mulas-. Igualmente se hacían hogueras para las vísperas de san Valero y santa Apolonia.
Mientras hacían hogueras, por las noches, los quintos salían de ronda por el pueblo, con dos botas, una de vino y otra de agua haciendo trastadas -Tío Fulano ¡bebe!- y al beber Tío Fulano de la bota se remojaba de agua diciendo -¡Granujas, más que granujas!-. En relación a esta “tradición” le cito a Carmen una anécdota que recoge Félix Rivas en “Religiosidad popular en la comarca de Los Monegros”, en la línea de su recuerdo sobre la gracia de las botas de vino: “La ermita de Santa Quiteria en Peñalba contaba además con unos objetos particulares. Se trataba de tres botijos para beber, los cuales contaban con la peculiaridad de que cada uno de ellos tenía siete chorros diferentes de los que unos estaban abiertos mientras otros no permitían la salida del agua. Estos botijos los utilizaban quienes querían ponerse a prueba para ver si acertaban a beber sin llegar a mojarse.” Los quintos hacían baile cuando quintaban, en casa de tía Mallena, que era bar, en verdad se llamaba Pascuala.
Para Domingo de Ramos llevaban una rama de Boj, que cogían por la Valcuerna, ahora es de olivo. Y para Pascua hacían la tradicional Rosqueta con huevo en medio, que hacían y comían en casa. Para la Virgen del Rosario se hacía procesión por todo el pueblo, sacaban a san Francisco y la Virgen del Rosario con los dos estandartes e iban cantando canciones de misa. La romería de san Isidro empezó sobre 1973-74 ya que antes solo celebraban fiesta la calle Mayor Alta
Antes, en todas las fiestas se cantaban coplillas, en las vísperas de la fiesta de mayo, la de san Isidro, María Auxiliadora, la Virgen del Carmen, san Lorenzo y san Roque. Para la verbena de san Juan y san Pedro, 29 de junio, iban por las calles con las tapas soperas, con las tapaderas de hierro dando vueltas y chocándolas para hacer ruido, lo que llamaban salir a tocar las coberteras.
Así, para san Pedro: cantaban: “La mañana de san Juan y también de san Pedro venimos a saludar las mocetas de este pueblo. San pedro como era calvo le picaba los mosquitos y san Juan le decía ponte un gorro periquito”. Se cuenta que, tanto para san Pedro como para Santiago, mientras entonaban las cancioncillas, llevaban un farol hecho con un periódico, una caña y una vela: «san Chaume la regalicia, san Chaume la regaló, a los hombres escobazos, y a las chicas un bombón«. Y san Juan “san Juan y la Madalena fueron a coger melones y en medio del melonar se dejaron los mejores”.
Y si hay algo especial para Carmen en Peñalba es el canto del Reloj, un canto que va describiendo hora a hora la pasión de Jesús y que cantan las mujeres tras los pasos de la Dolorosa en la procesión de Semana Santa: «En la Pasión de Jesús/un reloj de gracia y vida/reloj y despertador/que a gemir y orar convida; Oye pues, oye sus horas/y en todas agradecido/que os daré, mi buen Jesús/por haberme redimido». Cuentan que un párroco de la localidad lo escribió en torno a 1900.
De niñas jugaban a al corro chirimbolo, a la soga, al «encorrer» y al “Un, dos, tres… sin mover los pies” … A la escuela entraban a los 6 años y salían a los 14, pero a los 10 años la tuvo que dejar para ir a ayudar a casa. Aun se acuerda de Julia Pellicer Escartín, su maestra, que era de Huesca. En clase iban todas juntas, de todas las edades en la misma clase. Las escuelas siguen siendo las mismas.
En casa eran tres hermanos y ella era la mayor, por lo que Carmen tuvo que ir a trabajar a casa de su abuela que necesitaba ayuda y allí estuvo hasta el día que se casó. Muchas marcharon a Cataluña a trabajar y muchas se quedaron, las que marcharon, principalmente, fueron a servir a Lérida.
Carmen se casó con Manolo Pomar, agricultor de Peñalba, tenía algo de tierras y con el tiempo hicieron con Carmen una granja de pollos que llevaban entre los dos, de 1977 a 1990, cuando la cerraron. A Carmen le tocaba hacer de todo, cargar y descargar pollos, todo manual, los piensos y el agua, abrir las ventanas o cerrar según el aire… Han tenido tres chicas y un chico y Carmen se ha dedicado principalmente a trabajar en casa.
Si tiene que elegir algo del pueblo lo tiene claro, a Carmen le gusta todo de su pueblo de Peñalba. Le gusta salir a pasear todas las mañanas e ir a hacer la compra todos los días a las nueve de la mañana a la tienda de Elena. Va a la escuela de adultos, a informática, se apunta a todo, está con gente, va a misa y a toda actividad o fiesta que hay en su querida Peñalba. Lugar y villa que Carmen lleva en su corazón.
Muchas gracias a sus hijas Inés y Joaquina.




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