Capdesaso ha visto pasar los años a través de los ojos de María, una mujer que nació, creció y formó su hogar en este mismo rincón de Los Monegros. María, conocida como Marieta, refleja toda una generación de mujeres rurales que han tejido la historia invisible de los pueblos, con esfuerzo y arraigo, pero también con humildad y dignidad.
María Villacampa Buisán nació en Capdesaso el 29 de mayo de 1931. Su madre, María Buisán era de Peralta de Alcofea, estaba viuda con un hijo, Placido, cuando se casó con su padre Mariano Villacampa, que también se había quedado viudo y con dos hijos Monserrat y Antonier. Fruto de aquel nuevo matrimonio nace María e Inocencio.
Mariano, su padre, era de Capdesaso, de casa Roque, debido al nombre de su abuelo. Casa humilde que tenía algo de tierras, no muchas, en la huerta vieja que tanto dio a Capdesaso –gracias a la huerta y a los corrales se sobrevivió bien, pues como bien dice el refrán:“El primer plato en la huerta y el segundo en el corral”-. Tiempos duros, recuerda María, pero que con el trabajo nunca faltó de comer – en invierno se hacía un gran caldero de col y se cenaba col todas las noches-.
El trabajo era duro y constante, María no olvida a su padre Mariano salir pronto y regresar tarde. A pesar de todo, cada noche, a modo de oración, cuando llegaba y les pillaba en la cama, nunca se olvidó de recitarles entrañables y cariñosos versos:
“Gracias a dios que he llegado Pensé que no llegaría A darle las buenas noches A Montserrat y Marieta”.
La guerra a Marieta le pilló muy de pequeña, escuchaban que se acercaba la aviación y corrían rápidamente a esconderse a las cuevas bajo la era de Constantino, que eran bodegas antiguas donde guardaban el vino -una más grande y otra pequeña-. La familia de Marieta cogió miedo, debido al peligro que sentían, y decidieron huir con los carros y las mulas, dejando la casa y marchando a zona más segura.
Su hermano Inocencio, que era muy pequeño se quedaba dormido en el carro y cuando pasaba la aviación su madre decía – ¡Ay ese hijo! ¡Ay ese hijo! –, por el miedo que tenía a que le sucediese algo, por no despertarlo mientras ellos se resguardaban del paso de los aviones bajo el carro.
Llegaron a Binéfar donde encontraron una casa abandonada en la que se alojaron hasta que vieron seguro regresar. A su vuelta a Capdesaso la casa había sido ocupada, faltaban pertenencias y el pequeño ganado que tenían no estaba. Se lo habían llevado a un corral y no les dejaron ni ordeñarlo para tener un poco de leche. Algunos vecinos del pueblo les iban a cantar por considerarlos rojos, fueron años muy difíciles.
A la escuela fue poco. Tuvieron que sacar pronto a Marieta, incluso la maestra fue a hablar con su madre para que no la sacaran, pero Marieta tenía que ayudar en casa, trabajar con las tareas propias de la casa y criar animales en el corral, sin dejar de ir a ayudar a su padre en el campo: a segar, a dar gabilla, a trillar… con la gabilladora y atar la gabilla en fajetes.
No paraban de trabajar, en invierno, como muchas mujeres, iba a recoger remolacha, para una casa grande del pueblo. La arrancaban, limpiaban y amontonaban, luego la recogían y la llevaban a la estación y de allí a Monzón a la azucarera. También iban a recoger almendras y olivas con los mandiles, y respigaban todo lo que podían. Los higos los ponían a secar en cañizos, pasados por harina, y los consumían a lo largo de todo el invierno.
Arrancaban esparto, lo mallaban con un mallo grande para que estuviese suave y hacían sogueta, fencejos. La hacían en el Soltador, en la plaza de la Iglesia. Se llama el Soltador ya que era el lugar donde reunían las mulas y otras caballerías para que un pastor común las llevase a apacentar por algún campo, la dula o bizera. También lo hacían con las ovejas y cabras, en casa tenían unas 8 o 10 ovejas y un par de cabras que ordeñaban todos los días para tener leche fresca. Las llevaban a un corral y allí se juntaban de unas cuantas casas y un pastor común se encargaba de ellas. Después, ellas mismas sabían volver solas a casa. Sin duda, apunta María, la leche de cabra fue esencial en esta zona, aunque no fue la única -Un familiar de Peralta de Alcofea se puso malo y le recomendaron leche de burra-. Se ve que tenía muy buenas propiedades.
Hambre no han pasado. Antes de ir al monte a trabajar se almorzaba judías blancas. Cuando paría alguna cerda, María salía al corral por la noche para que la cerda no chafara los lechones. En casa tenían unas ocho cerdas para criar lechones que vendían al tocinero de Alberuela, de Alberuela de Tubo.
Criaban 2 o 3 tozinos cada año con los que hacían conserva para todo el invierno y corderos que mataban especialmente para las fiestas. Para la matacía del cerdo se juntaban 3 casas, con cinco hijos cada una, mataban el tocino y al mondongo, después las mujeres preparaban un chocolate cocido. Hacían longanizas, chorizos, tortetas, que son las típicas bolas dulces de sangre. Las tortetas se regalaban calientes a los vecinos, recién sacadas, y a la familia se le regalaba el presente, que era darles un trozo de lomo.
María muy de joven comenzó a trabajar sirviendo en casa de Antonio Monaj, el panadero, donde hacía de todo: cuidar los críos, limpiar, fregar, ir a lavar a la balsa… Cogía el agua con unos pozales y en las pilas se afanaba a estregar y aclarar la ropa. En casa Monaj poco a poco fue trabajando en el horno de pan, también haciendo de todo -Antes se amasaba en casa y se iba a cocer el pan al horno de Montori-.
Luego marchó a trabajar a la fábrica de gaseosas Porta en el barrio de la Estación de Sariñena, a “escoscar almendras”, les pagaban según el montón de cascos. A la Estación de Sariñena igual bajaban a trabajar unas cinco mujeres andando -con un frio tremendo-, algunas a limpiar botellas.
En Capdesaso se hacía cine y teatro, venían con un remolque que ponían en la plaza y con el cura don Benito hacían teatro. Don Benito se quedaba alojado en casa de María, donde estuvo hospedado durante muchos años. Era de Castejón de Monegros y al final era como de la familia, apunta María. Sobre todo, en fiestas, venían de invitados los curas de la redolada y comían en casa de María. La abuela les guisaba conejo “¡Qué bueno que está señora María!”, decían los curas.
Los domingos iban al baile a casa Marina. En la calle baja estaba el otro bar, el de José Paul. Para santa Agueda iban a voltear las campanas, iban a esperar a los músicos e iban al baile. En las fiestas a los músicos de las orquestas se les alojaba por las casas y se les daba de comer. Antes de las fiestas, recuerda María, venían los blanqueadores, los Pierretes de Sariñena, que blanqueaban casas para las fiestas, se quedaban alojados en casa de María y a cambio cada año les pintaban un par de habitaciones. También se quedó el encargado de la construcción del pueblo de colonización de San Lorenzo del Flumen, el señor García y el señor Roca, ferroviario de Lérida, a quien le hacían mucho café de puchero.
Para san Marcos, el 25 de abril se iba a la ermita a invitar a la virgen, a santa Elena a la fiesta. Y el 3 de mayo celebraban santa Elena, iban andando a la ermita y realizaban varias estaciones. Un día al año iban a cantar a las cruces, María se acuerda del campanillero y de Joaquín de Paul cuando iban a cantar a las crucetas, esto fue antes de la guerra.
María se casó con Elías Paul, empezaron muy jóvenes a festejar y en la mili le escribía cartas, era de mejor casa. Elías ha sido agricultor, de esta tierra dura pero que salvó la huerta. Juntos han formado una gran familia y María nos acoge con cariño, recordando todas estas historias de su querido Capdesaso. Siempre ha sido una casa abierta que acogía y acoge a todo el pueblo.
“Capdesaso está en un saso Y Sariñena en un rincón No te quejes vida mía Que te doy mi corazón”.
Son muchas las crónicas que nos acercan al pasado de la Villa de Sariñena, importante población en el reino de Aragón. Este es el caso de Bernardo Espinalt y García Buenos que nos lleva a descubrir la Sariñena de finales del siglo XVIII, destacada por sus “Buenos muros con sus torres y un castillo algo arruinado con tres puertas y, en cada una, su fuente”. En su Atlante español, obra realizada entre 1778 y 1795, igualmente destaca sus dos conventos sariñenenses, el de carmelitas calzadas y el de franciscanos presentes en la localidad, en este último donde se había traído una réplica de la Virgen de Loreto, entregada a los franciscanos (Espinalt y García, Bernardo. Descripción general Geográfica, Cronológica, é Histórica de España, por Reynos, y Provincias).
Capilla de Loreto y convento san Francisco, Sariñena.
La capilla de Loreto probablemente responda a la herencia más significativa que ha dejado el convento de san Francisco de Sariñena. Una devoción cuya historia resulta todo un viaje a los entresijos del pasado sariñenense, un apasionado capitulo en el que sumergirnos.
El convento franciscano de Sariñena
El convento franciscano de Sariñena recupera su historia gracias a Manuel Antonio Corvinos Portella, plasmándose en su artículo “Avatares del convento franciscano de Sariñena”. Así, gracias al trabajo de Manuel Antonio Corvinos, podemos decir que el convento remonta su fundación a 1280 aunque, como refiere el autor, la referencia documental más antigua, en el Archivo Histórico Nacional, responde al 8 de abril de 1.258 “Una bula de Alejandro IV dirigida a los generales provinciales y hermanos de la Orden de los Franciscanos Menores, entre ellos los de Sariñena, concede a dicha orden diversos privilegios”. Un convento, apunta Manuel Antonio Corvinos, que contaba con una comunidad inicial de veinte frailes menores y presentaba capilla cuyas medidas iban de los 6 metros de largo a los 4 metros de ancho: “Era de techo abovedado y de escasa iluminación”. Además, en el atrio exterior, patio abierto situado a la entrada de algunas iglesias, había, a ambos lados, unas sillerías laterales.
Su ubicación es fuera de la Villa y de su recinto amurallado, a escasos metros camino de Huesca, quedando recogido, este aspecto, por Labaña en 1611 “Fuera de la villa hay un monasterio de frailes franciscanos, un hospital y escuela de Gramática” (Labaña, año 1611, p. 238). No obstante, se ha llegado a considerar la actual iglesia de Sariñena erigida sobre la antigua iglesia del convento franciscano. Lo cierto que el actual templo está construido sobre la antigua iglesia de Sariñena (La iglesia de San Salvador de Sariñena). Dicha cuestión es abordada por Jesús Conte Oliveros en “La histórica villa de Sariñena y la Cartuja de las Fuentes. Su historia”:«La antigua colegiata del Salvador fue destruida y en su solar, o al menos en gran parte de él, se edificó el actual edificio parroquial, que fue bendecido el 25 de diciembre de 1846. Es bastante espacioso y de planta cuadrangular. Su construcción es, relativamente moderna y está edificado sobre el anterior solar de la Colegiata del Salvador, sin ser -como suele afirmarse repetidamente- el sucesor de la antigua iglesia del convento de San Francisco».
El convento de san Francisco de la Villa de Sariñena debió ser notable, quedando recogido en diferentes obras, como en el caso de la obra del historiador y religioso Alberto Roque Faci “Aragon Reyno de Christo y Dote de Maria SS. fundado sobre la columna inmóvil de nuestra señora en su Ciudad de Zaragoza, Volumen 1” en su apartado dedicado a “N.ª S.ª De Loreto en el convento de S. Francisco de la Villa de Sariñena”, editado en 1750, donde lo introduce con una muy breve referencia a la historia de Sariñena: “La antigua Villa de Sariñena fue libertada de la tyrania Mahometana por N. Rey D. Alfonso I de Aragón: poblaronla gente Noble, cuya demostración han sido los Sugetos infignes en letras, y armas, que han ilustrado a esta su patria, de quienes hace memoria La Nuza (Historia Ecles. De Aragón t.1. l. g.c.6.) para que se conserve en ella su antiguo esplendor. Mayor es el que la dio el Cielo en su Convento de S. Francisco, en quien floreció siempre la virtud: refierese entre otros de esta Casa el V. Fr. Miguel Moron, cuya humildad profundissima y ardentissima caridad le dieron el renombre de Siervo del Señor y de Santo. Es antiguo este convento y lo poseen los Padres Observantes de S. Francisco desde el año de 1567 como escribe el mismo La Nuza (La Nuza ibid.. t.2. lib. I.c. 5.). Haze memoria de esta S. Imagen en su Coronica M.S. de su provincia de Aragón el R.P. Fr. Joseph Antonio Hebrera 3. Pa en la fundación de este convento.”
En relación a esta información, el mismo Roque Faci hace mención del paso, en 1567, del convento a los franciscanos observantes, al abandonarlo los conventuales, reformados de la misma Orden. Pues, en ese año, el rey de España Felipe II suprimió la orden de los franciscanos conventuales, que fueron expulsados de España. Además, Roque Faci cita a Fr. Miguel Moron y la imagen de Nuestra Señora de Loreto.
Efectivamente, en las inmediaciones del convento de san Francisco de la Villa de Sariñena existió la ermita de Nuestra Señora de Loreto, a la que Jesús Conte Oliveros denomina “Iglesuela de Nuestra Señora de Loreto”, enclavada en el interior de San Francisco. Una devoción que, según Manuel Antonio Corvinos, no estuvo establecida en Sariñena hasta que fue instaurada el año 1550 con la llegada de la imagen traída desde Roma por el franciscano sariñenense fray Domingo del Pico, previo regalo del papa Julio III “Tenía fama de milagrosa y en las paredes de su capilla había colgados numerosos exvotos que daban prueba de sus milagros”.
De fray Domingo del Pico Francisco decir que fue doctor en teología, vicario y comisario general de los hermanos conventuales, citado como confesor de Carlos V, cargo que rechazó por su avanzada edad. Vincenzio Blasco de Lanuza lo define “Claustral, de los mas celebres Predicadores de España, y que predico muchas Quaresmas en el Hospital de nuestra Señora de Gracia desta Ciudad, que es excellencia concedida a pocos ingenios. Compuso el libro que llamó Trilogio, y muchos otros de sermones. Eligiole el Emperador por su Predicador para llevarle a Flandes: pero estava ya muy viejo, y pidio licencia para quedarse” (Historias ecclesiasticas, y seculares de Aragon.Vincenzio Blasco de Lanuza y en tiempos de Carlos V). Con la expulsión de los conventuales, fray Domingo del Pico ingresó en los Observantes. Murió en 1570.
La Virgen de Nuestra señora de Loreto
Retrotrayéndonos al origen de Loreto, etimológicamente viene del latín lauretum, que responde al «lugar poblado de laureles», origen ligado a la ciudad italiana de Loreto. En su contexto religioso viene de la leyenda del traslado milagroso por los ángeles de la Santa Casa de Nazaret —el hogar donde nació la Virgen María, recibió la Anunciación y vivió con Jesús y San José— desde Tierra Santa hasta Italia en el siglo XIII. Siendo su festividad cada 10 de diciembre.
La devoción por la virgen de Loreto en Sariñena, adentrándonos en los orígenes de su devoción, Manuel Antonio Corvinos detalla diversos aspectos históricos como cuando el día 27 de julio de 1.549, el cardenal Juan María del Monte (futuro papa Julio III) junto con otros cardenales “Conceden, a petición de Domingo del Pico, cien días de perdón a todos los fieles penitentes que visiten la capilla de Santa María de Loreto en determinadas festividades y contribuyan a la reparación de la fábrica (edificio) y al aprovisionamiento de ésta”. O cuando en 1.550, dedican oficialmente la iglesia a la Virgen de Loreto e instalan en su interior la pequeña virgen donada por Domingo del Pico. Por lo tanto, es en 1550 cuando Sariñena comienza a venerar a la Virgen de Loreto.
La llegada de la imagen de Loreto a Sariñena
La llegada de la imagen de Loreto a Sariñena queda ampliamente recogida gracias a Roque Faci, en su anteriormente mencionada obra “Aragon Reyno de Christo y Dote de Maria SS. fundado sobre la columna inmóvil de nuestra señora en su Ciudad de Zaragoza, Volumen 1”. Una imagen que P.M. Pico trajo de Roma donada por el pontífice, quien por aquellos años respondía a Julio III (7 de febrero r 1550 al 29 de marzo de 1955) sucediendo a Paulo III (13 de octubre de 1534 al 10 de noviembre de 1549). El texto ya nos advierte que la imagen no está en el mismo convento si no en una “Hermita” dentro del distrito de la misma casa fundación de P.M. Pico:
“En dicho convento quedó después de la Reforma el M.R.P.M. Pico recibió de mano de el Ponfice una devotísima Imagen de N. S.a de Loreto y queriendo enriquecer con tan soberano Retrato a su Patria Sariñena, a su Convento, dexó aquí la S. Imagen en el año de 1550. No esta la S. Imagen en la Iglesia principal del Convento, sino en una Hermita muy capaz dentro del distrito de la misma Casa. Es fundación de el mismo P.M. Pico. Es singular la devoción, que la tiene la Villa de Sariñena y tanta que no se tiene por Christiano allí (como suele dezir el fervor devoto) el que no la visita con mucha frecuencia. Son muchos los milagros que ha obrado, como lo publican las muchas presentallas, que se ven pendientes en su Capilla.”
El tratamiento a Pico, en un primer momento aparece tras las abreviaturas P.M., en el presenta análisis aportamos la posibilidad a que se refiera a Pater Magister, Padre Maestro. En cambio, el tratamiento M.R.P.M. solamente nos aproxima a la posibilidad de estar relacionado con Reverendo Padre Maestro.
La imagen era de madera de pino y, de acuerdo con Manuel Antonio Corvinos: “Posiblemente estuviera pintada de color dorado o decorada con pan de oro; en cualquiera de ambos casos pudo confundir a los feligreses del siglo XVI creyendo que era de ese metal. Su medida era de un palmo de alto (unos 21 cm) y la tenían expuesta dentro de una urna de cristal”. Descripción que viene siguiendo el texto de Roque Faci, quien además afirma como, en tiempos de sequía, la imagen es llevada a la iglesia de Sariñena:
“Es la S. Imagen de Pino y tiene en alto un palmo y esta colocada dentro de un Christal, con mucha decencia. En necesidades de agua se lleva la S. Imagen baxo su Palio, a la Iglesia de la Villa, y allí día y noche asisten a su culto y veneración dos Racioneros, dos Religiosos de S. Francisco y dos del gobierno de la Villa, para que su alabanza sea perennes quantas vezes ha sido venerada en estas ocasiones, han recibido los devotos el beneficio que pedían.”
Imagen actual de Nuestra Señora de Loreto. Fotografía Nieves Ropero.
Cofradía de Nuestra Señora de Loreto
Roque Faci, en su concreción, señala la existencia de una cofradía dedicada a la avocación de nuestra señora de Loreto “Ay aquí fundada Cofradia baxo la Invocación de N. S.a de Loreto y celebran su festividad con mucha devoción en la Dominica Infra Octava de la Natividad de N. Sa. Ay concedidas a esta Hermita singulares indulgencias y Privilegios; Sus Bullas se conservan en el Archivo de la Provincia. De ellas consta ser Altar Privilegiado de confesión de Gregorio XIII en 18 de septiembre de 1584 para que nueve Sacerdotes de aquel Convento en todos los días del año (y no otros) logren tan singular Indulgencia”.
De la cofradía de Nuestra Señora de Loreto se conservan las actas entre 1818 – 1842, en cuyo texto se consigna que existía con anterioridad, desde antiguo, pero que se había perdido el Libro de Estatutos a causa de la invasión francesa. La cofradía instituida en el Convento de San Francisco de Sariñena, el libro contiene Estatutos y Ordinaciones “Fundada en su capilla contigua a la Iglesia del Convento de Nuestro Señor San Francisco, de tiempo inmemorial, y aora con el motivo de haberse extraviado el libro que seguía a causa de la entrada de las tropas francesas suplican el Prior y Hermanos de la misma a … se digne poner su autoridad, a mayor honra y gloria de la misma Nuestro Señor” (Cofradías de Sariñena).
La cofradía se componía de cuarenta y un hermanos y doce de devoción, quien se ordenase en la cofradía debía de ser admitido “Siendo honesta, de buena forma y costumbres”. Se favorecía la entrada a los hijos de hermanos, debiendo pagar cinco sueldos y una vela.
Cien días de indulgencia y la Cofradía de Minerva
Continuando el relato de Roque Faci y siguiendo el trabajo desarrollado por Manuel Antonio Corvinos, en el siglo XVI, el papa Paulo III “concedió 100 días de indulgencia a todos aquellos que habiéndose confesado visitasen la ermita de la Virgen de Loreto los días de los Santos Inocentes (28 de diciembre), San Antón (17 de enero) y San Blas (3 de febrero)”. En el relato de Falci no falta la mención de la fundación en la misma “Hermita” de la Cofradía de Minerva:
“Paulo III concedió cien días de Indulgencia a todos los que confessados y comulgados visitasen esta Hermita, que puso reservado al SS. Sacramento en ella y fundó en la misma la Cofradía de Minerva todos los Domingos terceros del mes, con mucha Solemnidad. En esta Santa Capilla canta el Convento todos los dabados del año la Salve con la Antifona Tota pulcha en gloria de la Purisima Concepción.”
Por último, Roque Faci hace mención de la orden franciscana seráfica. Hay que aclarar que el término «Seraphica» (o Seráfica) se refiere comúnmente a la religión Seráfica Orden Franciscana, por los serafines) y se encuentra principalmente en el título de obras históricas y religiosas antiguas, como la «Chronica seraphica«, escrita por el fraile Damián Cornejo en el siglo XVII, que narra la vida de San Francisco y sus discípulos, siendo un término que evoca lo angelical y lo franciscano.
“Era debido tan Soberano Retrato a la Religión de S. Francisco, porque como dice Padilla en su Historia Lauretana (Apud Arman. Seraphic. Regeft. 324. Colum. 597) Quien mas ha dilatado, y estendido la noticia de aquel Divino Santuario y del nombre de N. Sa. de Loreto son los Frayles de la Santissima Orden de el Seraphico P. S. Francisco, la cual siempre se ha mostrado muy devota de la Gloriosa Virgen María y de su Limpia Concepción (Mysterio muy propio de aquella Casa; pues Nuestra Señora fue concebida y engendrada en ella hasta las Indias Occidentales y allí refiere varios Conventos baxo esta Invocación y el Armamento citado añade otros; pero ni unos ni otros Autores podrán referir las muchas y Milagrosas Imágenes que Religión tan Seraphica venera baxo esta Invocación, porque son muchas.”
imagen de la capilla de loreto, década de 1950.
Conventuales y Observantes
Tal y como hemos apuntado anteriormente, en 1957 el Convento de san Francisco de Sariñena es abandonado por los franciscanos conventuales para parar en mano de los franciscanos observantes: “En 1567 pasó a los franciscanos observantes, al abandonarlo los conventuales, reformados de la misma Orden en esa fecha” (Conte Oliveros, J. La histórica villa de Sariñena y la Cartuja de las Fuentes. Su historia).
Estos hechos responden a dos ramas históricas surgidas de una gran división en la Orden Franciscana durante los siglos XIV y XV. Los conventuales aceptaban vivir en grandes conventos con propiedad en común y estudios, mientras que los observantes exigían una pobreza radical y estricta a los ideales primitivos de San Francisco. El Papa León X los separó oficialmente en 1517 hasta que, en el año 1567, el rey Felipe II, con el apoyo papal, ordena la extinción y el cierre de sus conventos en la península ibérica para unificarlos con los observantes o pasarlos al clero secular.
Altar privilegiado
Sobre 1580, Jesús Conte Oliveros recoge como Gregorio XIII hace a su altar privilegiado donde anteriormente se había fundado el de Minerva. Hecho que también aporta Manuel Antonio Corvinos, citando la fecha del día 13 de septiembre de 1.584, cuando “Gregorio XIII concede un privilegio por el que las misas de difuntos que se realicen en la capilla de Santa María de Loreto sean oficiadas por nueve de los quince hermanos que tiene el convento”.
Hechos que van complementando un relato en torno a Nuestra Señora de Loreto cuya, avocación ha ocupado un lugar muy especial en Sariñena.
La capilla de Loreto
Denominada “Hermita”, Capilla e incluso “Igluesela” de Nuestra Señora de Loreto (Conte Oliveros, J. La histórica villa de Sariñena y la Cartuja de las Fuentes. Su historia), esta estaba enclavada, adosada, al convento de san Francisco de Sariñena, perteneciendo al mismo cenobio.
Lo que sí que queda claro, de acuerdo con Javier Martínez Molina, historiador del arte, investigador y profesor de Historia del arte en la Universidad de Zaragoza, que responde a una capilla. Una capilla adosada a un convento de construcción muy convencional con apariencia de edad moderna, aunque puede ser enmascarado, de época anterior.
Hoguera, hecha por las fuerzas republicanas, con la quema de documentos de la notaría relativos a las propiedades rurales y asuntos financieros, para eliminar el viejo orden económico. «Ante el edificio del juzgado y registro civil. Incendiadas las causas y demás documentos y requisitos» (Anotación en la parte de atrás de la fotografía) Sariñena, Frente de Aragón. Arxiu Nacional de Catalunya. Fondo Martí Bas i Blasi Referencia: ANC1-109-N-161.
En relación a las fotografías de la antigua capilla, esta aparenta ser deudora de la arquitectura de la cartuja de las Fuentes, arquitectura barroco clasicista, que deriva de su arquitectura vinculada a los arquitectos que trabajan allí, como Julián Yarza Ceballos, Agustín Sanz y la propia iglesia parroquial “Es una capilla pequeña, claramente adosada al propio edificio conventual, conectada con un gran arco para servir de capilla o iglesia del convento, siendo un espacio cuadrado claramente articulado interiormente con pilastras. A su vez, por encima, consta de un gran entablamiento perimetral que sirve para desplegar y ordenar el espacio visualmente y con cuatro pechinas en los ángulos que permiten voltear una cúpula hemisférica o peraltada probablemente con un tambor interior bastante escueto y que exteriormente queda trasdosada con un tambor octogonal que oculta el casquete de la cúpula. Es decir, la parte hemisférica queda oculta, que era algo muy habitual en las cupulas aragonesas del último tercio del siglo XVIII. Con un modelo de cúpula que ya se utilizaba en el barroco castizo, pero que sobre todo se vinculó mucho en el barroco clasicista, esas cupulas de tambores de exterior octogonales que usaba mucho Agustín Sanz, Yarza, etc… y que se difundieron mucho por todo Aragón. Tienen probablemente una raíz italiana, pero sobre todo se difunden en ese barroco tardío. Probablemente, la capilla, y sin saber nada de ella, es del último tercio del XVIII, de las últimas décadas. Deudora tanto de la cartuja e incluso del proyecto de la iglesia parroquial, estaría en esa línea de Agustín Sanz y de los Yarza o incluso puede que sea un proyecto del propio fray Manuel Bayeu que también ejercía de arquitecto como hemos podido demostrar en la catedral de Jaca en la capilla de los Comenges y, además, tampoco pueda descartarse que fuera una colaboración del propio Fray Manuel.”
Concretando, Javier Martínez, a simple vista, considera la desaparecida capilla de «Planta cuadrada, articulada con pilastras con un entablamiento general interior con cuatro pechinas en los ángulos que permiten voltear la cúpula y probablemente tenga, aunque no se ve en las fotos, un pequeño ensanche o saliente para albergar el altar mayor para distribuirlo en el eje axial. Una capilla muy escueta que sigue ese lenguaje barroco clasicista en transición al neoclasicismo vinculado a la cartuja y a la propia parroquial».
Finalmente, apunta Javier Martínez “La capilla se iluminaba mediante dos grandes vanos semicirculares de influencia termal en los laterales, que es un sistema muy vinculado a Agustín Sanz y a la cartuja de las Fuentes, a ese último tercio del siglo XVIII. Esto nos puede acercar a la cronología, además de la propia austeridad del edificio y la solución del tambor octagonal de la cúpula. La iluminación se complementa con cuatro óculos en los extremos de los ejes del templo, en la cúpula, interiormente en el casquete, y que exteriormente abren al tambor envolvente octogonal, es decir tendríamos los dos vanos semicirculares, por debajo del entablamiento, en las dos paredes laterales y cuatro óculos circulares en lo que sería la cúpula interiormente en el casquete y exteriormente en el tambor.”
Una aproximación a la capilla y al edificio conventual que, como se ha apuntado anteriormente, de construcción muy convencional con apariencia de edad moderna que puede ser enmascarado de época anterior. Su devenir pasa por las medidas desamortizadoras en 1835, cuando el edificio es dedicado a juzgado, oficinas y vivienda de un funcionario, “Excepto la iglesuela de Loreto -en la planta baja, que fue convertida en cárcel” (Conte Oliveros, J. La histórica villa de Sariñena y la Cartuja de las Fuentes. Su historia).
Efectivamente, en 1835 es convertida en cárcel, restableciéndose posteriormente su culto, siendo la prisión trasladada a otra dependencia. En el catastro de 1859 aparece con la entrada número 15.- Un oratorio dedicado a N.ª S.ª de Loreto en la plaza de S.n Francisco.
La capilla de Loreto sobrevive a la guerra civil, periodo en el cual es destinada como garaje del Consejo Municipal «Local de Loreto. -Haciéndose las reparaciones que sean precisas-” (Actas Consejo Municipal) quedando su interior desvalijado y destrozado. Incluso, una vez pasada la guerra, es utilizada como almacén de material por regiones devastadas durante la reconstrucción de Sariñena, tal y como señala Faustino Blanco Gari “En la desaparecida capilla guardaban carretillos, regletes, tableros, andamios» quien además recuerda “En su cúpula había pintado un sol enorme”. El convento es derribado en 1940. Durante años, el convento ha dado nombre a la plaza san Francisco, posteriormente llamada de Alvarado, del Generalísimo o, actualmente, de la Constitución.
La capilla es derribada en 1958.Tanto la capilla como el mismo edificación conventual, no respondían a las construcciones fundacionales de la comunidad religiosa, ya que, como hemos visto, responden a varios siglos después. Con seguridad, existieron anteriores construcciones, tanto del convento como de la capilla. Actualmente, en su lugar se levanta una nueva capilla con una esbelta torre en lo que respondió a las monjas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, inaugurando su nuevo edificio en 1960. La esvelta torre con su característico reloj durante años albergó la sirena que durante la guerra avisaba de los ataques de aviación para marcar la una del mediodía. Ahora, además de la capilla, el edificio de las hermanas de San Vicente de Paul se encuentra destinado a biblioteca y salas de actividades en el denominado Edificio Cultural Antonio Beltrán Martínez.
La desaparecida capilla de Loreto nos descubre parte de la intensa historia sariñenense ligada a la religiosidad, al igual que descubrimos la historia de la reliquia de san Antolín y Sariñena. El presente artículo, además de profundizar en el origen de la devoción a la virgen de Loreto, ha indagado en su antigua capilla en el contexto del antiguo convento franciscano. Sorprendentemente, nos ha llevado a establecer una posible cronología de la anterior capilla, gracias Javier Martínez Molina, que nos han retraído al último tercio del XVIII estableciendo una hipotética relación con la cartuja de las Fuentes y Fray Manuel Bayeu, a quien también le establecimos una posible implicación con la iglesia de Sariñena. Curiosamente, tal y como señala José Ignacio Calvo Ruata, sobre 1789, el año en que se redacta un nuevo proyecto desechado de iglesia parroquial de Sariñena, el pintor y moje cartujo Fray Manuel Bayeu pasa unos días en Sariñena: «La estancia de fray Manuel Bayeu en Sariñena durante «24 días» a la que se refiere en una carta del 18 de agosto de 1789 podría deberse a alguna actividad profesional. Curiosamente los primeros planos de la nueva iglesia parroquial que se pensaba levantar en dicha localidad fueron hechos en ese mismo año 1789 por el arquitecto Manuel Inchauste. El proyecto quedó, no obstante, desestimado por la Academia de San Fernando, encargándose otro plan a Agustín Sanz» (Calvo Ruata, José Ignacio. Vida y obra del pintor fray Manuel Bayeu. Tesis Doctoral). Así, también podemos suponer la mano de Bayeu detrás de la capilla y quizá, de sus pinturas. Pero esto tan solo son conjeturas.
Gracias a Javier Martínez Molina por sus apreciaciones sobre la antigua capilla de Loreto.
Carmen atesora el saber popular y la memoria de Peñalba, de su forma de vida tradicional y cultural, de un pueblo del árido territorio monegrino por el que discurre el barranco de la Valcuerna y la nacional II. Un pueblo con vida, vital y acogedor, del que hace gala Carmen, hablando con pasión y cariño que transmite como peñalbina y contagia, consciente que Peñalba es mucho más que un lugar y un pueblo, que es su historia y su gente.
Carmen Gros Gros, natural de Peñalba, nace un 14 de noviembre de 1936, exactamente en la calle Escuer n.º 15. Viene de familia de agricultores, su padre se dedicaba a las labores agrícolas mientras su madre trabajaba en las faenas de casa –En casa era mucho el trabajo que hacer: atender la casa, ir a buscar agua, leñas, dar de comer a los animales…-. Una forma de vida en un enclave rural de secano, donde el agua de boca, para cocinar, aseo, fregar o para los animales se iba a buscar a la balsa. Carmen iba a buscar el agua con las cantaras sobre la cabeza, como todas las mujeres, especialmente con su abuela al Balsetón, donde está el parque, ella con la cantareta pequeña y su abuela con la cantara grande para llenar la tinaja para las gallinas y el tocino. Cerca del Balsetón estaba casa de su abuela -Con corral grande-.
Para casa recogían el agua los domingos, con la cubeta, un carro con una cuba, un tonel grande de madera, mientras –en las casas grandes las criadas iban con el burro, al que le ponían los argados, pues los argados tienen dos huecos a cada lado donde metían las cuatro cantaras-. Además, estaba la balsa Fraguada para el agua de boca y la balsa del Lugar para animales y agua para llevar. Las dos balsas estaban donde ahora están las piscinas. La balsa del Lugar, apunta Carmen, llevaba ese nombre porque Peñalba siempre ha sido lugar hasta que fue villa. También estaba la balseta Huguera, en un hondo donde ahora se encuentran los depósitos. Esta balseta se utilizaba para ir a buscar agua a los animales con la cubeta, solo cuando no había agua en las otras balsetas. Sin olvidar balsa Loren y balsa de los Perros, camino la Valcuerna, donde aún están los restos del horno tejar, pues hubo tejeros en Peñalba que hacían tejas. Sin olvidar los diferentes balsetes que hay por el monte.
En Peñalba no había ni pozos ni manantial, sí que cerca de Valfarta había uno, mientras, por el barranco de la Valcuerna bajaba agua de tanto en tanto, eso sí, cuando bajaba casi no podían ni cruzarlo para ir a la escuela por el paso que tenían y tenían que dar la vuelta por el puente de la carretera. De la Valcuerna no se cogía agua y solían encontrar alguna culebra, tortuga o fardacho. Al otro lado del pueblo, pasada la Valcuerna era casi todo eras, allí iban a llevar las comidas cuando era la época de la trilla, las cuatro comidas: almuerzo, comida, merienda y cena. Y no por ello, Carmen dejaba de ayudar en las tareas de la siega y trilla -Íbamos a segar, dallaban y con una sábana hacíamos un montón y se recogía al carro-. Luego, tras la hoz y la dalla, llegaron las primeras máquinas de segar “La mallorquina”: –Una máquina que lo dejaba suelto igual que la hoz-.
Peñalba, plano 1900-1930.
En todas las casas del pueblo había ganado, ovejas y cabras, –Por lo menos una cabra en cada casa para leche fresca-. La gente que tenía unas pocas ovejas y cabras las ponían en común, se juntaban unas cinco casas y un pastor las llevaba en rebaño en común, como la dula o bizera.
Cada uno mataba en casa los cerdos, hacían la matacía. Conejos, gallinas, pollos… no faltaban en cada corral. Había tocineros que subían a la montaña a comprar lechones que vendían en el pueblo, en enero se mataba y en febrero se compraba para criar el tozino o los tozinos del año. No obstante, llegaron a haber hasta tres carnicerías en Peñalba que vendían principalmente cordero.
Había almendreras y oliveras en las casas más grandes y viñas en todas las casas para el vino del año. Para hacer el vino había 3 o 4 pisaderas, en corrales, donde iban las diferentes casas. También había quien tenía colmenas y quien recogía esparto en el monte –Algunas mujeres lo peinaban en la era Quibus, al lado de las escuelas y luego lo venían a buscar para llevarlo a las fábricas-. Sin olvidar que había soguero que hacía sogas, Gregorio, a quien le decían el tío Soguero.
Carmen recuerda cuando era joven que no había mucha circulación en la nacional 2, no se notaba tanto como se llegó a notar en los últimos años antes de la liberalización de la autopista -Pasaban carros y algún coche-. En la plaza estaba la posada de Braulio y luego la posada de Benjamín, en lo que luego fue Las Mañas. Pasaba el coche correo, que iba de Zaragoza a Lérida y paraba en casa de Cándido Pomar. Se solía ir a Fraga a comprar y a veces a Lérida especialmente al médico. Si no se cabía en el coche iban hasta en el techo, eran otros tiempos. La variante la hicieron en 1964 y la liberación de la AP2 en el 2021.
El horno de pan estuvo en el Callizo, amasaban en casa y lo cocían en el horno una vez por semana y para toda la semana -y en invierno para una quincena, ya que no se secaba tanto-. Luego estuvieron los hornos de pan -El de José y Benita y el de Julián Royo-. El ultimo horno fue el de Modesto Pomar. Por otro lado, estaban las tiendas de Mariano Ysanta y Pascual Palay (Sarro), ambas vendían de todo, pero la de Pascual además telas, alpargatas, azúcar o chocolate. De carpinteros estaban Benito Gros y Víctor Calavera y su hermano Jesús Calavera que era herrero, ambos hacían carros y erraban mulas. También estuvo la fábrica de vidrio, de la que Carmen ha llegado a ver vasos de vidrio que se hacían en ella –pesaban mucho-.
En septiembre venían de Sena y Ontiñena con carros a vender sacos de patatas. También venían de Caspe a vender e igualmente bajaban mucho a comprar a Caspe, bajaban con el carro y las mulas, tardaban 8 horas en ir y otras tantas en volver. Aprovechaban para comprar y visitar amigos.
Para navidad, en casa hacían el tronco de nadal “Caga turrón de mazapán”, le daban con la tenaza y salía alguna que otra barreta de turrón o una naranja. El turrón lo hacían en Peñalba en casa de Mariano Ysanta, que era pastelero y que también elaboraba dulces, tartas de novios, las arras, las arras eran treinta duros, pero se llevaba la tarta, iban delante de los novios, una tarta pequeña para el cura y una grande para después del banquete.
De tiempos de su abuela, Carmen ha escuchado como subían algunos a casarse a la ermita de santa Quiteria y hacían el baile afuera, un pasodoble, un vals o una jota. Esto resulta parecido a lo recogido por Félix Rivas en “Religiosidad popular en la comarca de Los Monegros”, cuando al finalizar la ceremonia de la boda, los novios subían a la ermita para pisar una cruz de ladrillos situada en el centro del suelo del edificio. Pero esto, Carmen, no lo ha vivido.
Para las fiestas de mayo y octubre, el baile se hacía debajo de la Costera y luego en la Cantonada, donde ponían un entoldado de balcón a balcón, venían orquestas muy buenas que se subían a un entablado que hacía de escenario. En las fiestas de octubre, frente al ayuntamiento, ponían tres maderos y hacían fuegos artificiales. Ya lejano queda el dance de Peñalba, del que Carmen ha oído hablar, pero solo que en casa de su abuelo estaban los palos del desaparecido dance. Antes de la guerra, recuerda Carmen, se iba a bailar a la Sociedad, un bar que llevaba Gregorio Suelves – Antes de la Cantonada, el baile estaba en la Sociedad, donde los maestros, que estaba un edificio para todo el pueblo con un salón grande donde se hacía el baile -. Después se iban a refrescar a casa de la Mallena. Luego, años más tarde, vino el baile en la pista de Lax.
Se hacían hogueras para san Antón, san Blas, san Fabián y san Sebastián. Para san Antón se hacían hogueras por el pueblo y durante el día no se salía al campo a trabajar -En Peñalba había muchas mulas-. Igualmente se hacían hogueras para las vísperas de san Valero y santa Apolonia.
Mientras hacían hogueras, por las noches, los quintos salían de ronda por el pueblo, con dos botas, una de vino y otra de agua haciendo trastadas -Tío Fulano ¡bebe!- y al beber Tío Fulano de la bota se remojaba de agua diciendo -¡Granujas, más que granujas!-. En relación a esta “tradición” le cito a Carmen una anécdota que recoge Félix Rivas en “Religiosidad popular en la comarca de Los Monegros”, en la línea de su recuerdo sobre la gracia de las botas de vino: “La ermita de Santa Quiteria en Peñalba contaba además con unos objetos particulares. Se trataba de tres botijos para beber, los cuales contaban con la peculiaridad de que cada uno de ellos tenía siete chorros diferentes de los que unos estaban abiertos mientras otros no permitían la salida del agua. Estos botijos los utilizaban quienes querían ponerse a prueba para ver si acertaban a beber sin llegar a mojarse.” Los quintos hacían baile cuando quintaban, en casa de tía Mallena, que era bar, en verdad se llamaba Pascuala.
Para Domingo de Ramos llevaban una rama de Boj, que cogían por la Valcuerna, ahora es de olivo. Y para Pascua hacían la tradicional Rosqueta con huevo en medio, que hacían y comían en casa. Para la Virgen del Rosario se hacía procesión por todo el pueblo, sacaban a san Francisco y la Virgen del Rosario con los dos estandartes e iban cantando canciones de misa. La romería de san Isidro empezó sobre 1973-74 ya que antes solo celebraban fiesta la calle Mayor Alta
Antes, en todas las fiestas se cantaban coplillas, en las vísperas de la fiesta de mayo, la de san Isidro, María Auxiliadora, la Virgen del Carmen, san Lorenzo y san Roque. Para la verbena de san Juan y san Pedro, 29 de junio, iban por las calles con las tapas soperas, con las tapaderas de hierro dando vueltas y chocándolas para hacer ruido, lo que llamaban salir a tocar las coberteras.
Así, para san Pedro: cantaban: “La mañana de san Juan y también de san Pedro venimos a saludar las mocetas de este pueblo. San pedro como era calvo le picaba los mosquitos y san Juan le decía ponte un gorro periquito”. Se cuenta que, tanto para san Pedro como para Santiago, mientras entonaban las cancioncillas, llevaban un farol hecho con un periódico, una caña y una vela: «san Chaume la regalicia, san Chaume la regaló, a los hombres escobazos, y a las chicas un bombón«. Y san Juan “san Juan y la Madalena fueron a coger melones y en medio del melonar se dejaron los mejores”.
Y si hay algo especial para Carmen en Peñalba es el canto del Reloj, un canto que va describiendo hora a hora la pasión de Jesús y que cantan las mujeres tras los pasos de la Dolorosa en la procesión de Semana Santa: «En la Pasión de Jesús/un reloj de gracia y vida/reloj y despertador/que a gemir y orar convida; Oye pues, oye sus horas/y en todas agradecido/que os daré, mi buen Jesús/por haberme redimido». Cuentan que un párroco de la localidad lo escribió en torno a 1900.
De niñas jugaban a al corro chirimbolo, a la soga, al «encorrer» y al “Un, dos, tres… sin mover los pies” … A la escuela entraban a los 6 años y salían a los 14, pero a los 10 años la tuvo que dejar para ir a ayudar a casa. Aun se acuerda de Julia Pellicer Escartín, su maestra, que era de Huesca. En clase iban todas juntas, de todas las edades en la misma clase. Las escuelas siguen siendo las mismas.
En casa eran tres hermanos y ella era la mayor, por lo que Carmen tuvo que ir a trabajar a casa de su abuela que necesitaba ayuda y allí estuvo hasta el día que se casó. Muchas marcharon a Cataluña a trabajar y muchas se quedaron, las que marcharon, principalmente, fueron a servir a Lérida.
Carmen se casó con Manolo Pomar, agricultor de Peñalba, tenía algo de tierras y con el tiempo hicieron con Carmen una granja de pollos que llevaban entre los dos, de 1977 a 1990, cuando la cerraron. A Carmen le tocaba hacer de todo, cargar y descargar pollos, todo manual, los piensos y el agua, abrir las ventanas o cerrar según el aire… Han tenido tres chicas y un chico y Carmen se ha dedicado principalmente a trabajar en casa.
Si tiene que elegir algo del pueblo lo tiene claro, a Carmen le gusta todo de su pueblo de Peñalba. Le gusta salir a pasear todas las mañanas e ir a hacer la compra todos los días a las nueve de la mañana a la tienda de Elena. Va a la escuela de adultos, a informática, se apunta a todo, está con gente, va a misa y a toda actividad o fiesta que hay en su querida Peñalba. Lugar y villa que Carmen lleva en su corazón.