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Inocencio Villacampa Buisan


Natural de Capdesaso, Inocencio Villacampa Buisan nace el 28 de diciembre de 1933. De casa de labradores, su padre era jornalero, profesión de la que también ha ejercido Inocencio. Una forma de ganarse la vida muy habitual en el medio rural, el del ir a trabajar donde había trabajo -Donde llamaban, a la huerta, la viña, la siega o la trilla, a cualquier faena del campo-. Afortunadamente, Cadepsaso siempre ha tenido huerta y en ella se ha cultivado todo tipo de hortalizas y verduras, sobre todo patatas, para el gasto de casa y maíz que se vendía, lo que favoreció bastante la vida en el pueblo. Además, había mucho olivar, almendrar y vides.

Inocencio nació antes de la guerra, aunque de esta poco se acuerda, su familia veía los aviones pasar y para estar más seguros marcharon a Binéfar. Al acabar la guerra, la familia regresó a Capdesaso. Así, su juventud transcurre en Capdesaso, haciendo viajes a buscar agua a la fuente para beber, que es de manantial -¡íbamos con la burra y cuatro cantaros!-. El resto del agua la cogían de la balsa, agua para fregar y lavar, había tres pilas de piedra para lavar la ropa.

Se hacía esparto y sogueta, fencejos. Inocencio hacía una ristra larga desde la plaza de la iglesia hasta la fuente y poco a poco iba entrelazando con sus manos el basto esparto. Lo vendían a Fidel Paul, que tenía una tienda en la calle Baja, con quien hacían algo de trueque. También se hacían adobas y cañizos, Inocencio los hacía con el tío Elías y José Puertolas, quien era el que más se dedicaba a hacer cañizos en el pueblo.

En Capdesaso había tres rebaños importantes y tres pastores de ovejas. La caza era sobre todo liebre y algo de conejo. La leña la traían a vender y la compraban, aunque también mucha gente se la hacía. Se amasaba en casa y al horno solo se iba a hornear En casa Montori estaba el horno de pan “Casa Segundo” y luego se instaló otro en 1940, que llevó uno de Cuarte de Huesca, Antonio Monaj. Tres eran las tiendas que había entonces, recuerda Inocencio, y una carnicería, además del café de la señora Marina. Sin olvidar al herrero José Bescos y al carpintero Alejandro Escartín, que entre los dos arreglaban las ruedas de los carros.

Estaba la posada de Pedruelo de 1770, que tenía unas cuadras bien grandes y donde Iban los caldereros a arreglar cacharrería. Tenían la posada unas cuadras grandes. También hubo cárcel, en la plaza del ayuntamiento, pero Inocencio solo ha conocido los calabozos que estaban bajo tierra. La iglesia tenía un reloj de cuerda y el padre del herrero iba todos los días a darle cuerda.

Las fiestas mayores para el 3 de mayo, cuenta Inocencio, de la Invención de la santa Cruz, eran cuatro días y tres días las pequeñas de la exaltación de la santa Cruz, el 14 de septiembre. En las de mayo se iba a buscar un chopo grande que se cortaba, lo hacían los mozos del pueblo, con un carro sin mulas y lo cargaban hasta el pueblo y  plantaban el “mayo” en la plaza y allí estaba todo el año. Siempre había orquestas para las fiestas y el resto del año aparecían de vez en cuando algún que otro comediante por la plaza. 

Inocencio no fue buen estudiante, aunque tuvo que ir a la escuela. Las escuelas estaban a la salida de Capdesaso hacía Huesca, aún está el edificio, y tenía dos departamentos, uno para chicas y otro para chicos. Inocencio aún se acuerda de Don Antonio, el maestro, que era de Sena y su mujer, también maestra, Doña Laura.

Capdesaso, escuelas nacionales. Década de 1940.

A los 12 años dejó la escuela y marchó a trabajar a una casa del pueblo, a acarrear agua y paja para las caballerías. Se quedaba a dormir en las cuadras y debía de levantarse unas tres veces por noche para darles agua y paja para que al día siguiente estuviesen listas para labrar. De esta manera, de los 12 a los 17 años estuvo en casa Mur de jornalero. No podía labrar, ya que la casa sólo tenía 3 mulas. Un día dallando, día del Corpus, Inocencio quería ir a misa de las 12, pero le fueron apurando la faena, -un par de carreretas más, un par de carreretas más…- hasta que al final cogió y se fue. Entonces, lo habitual era estar, al menos, en una casa de san Miguel a san Miguel, el 29 de septiembre, que era cuando podían cambiar de casa.

A partir de entonces comenzó a trabajar a casa Paquio, allí tenían 5 mulas y podía labrar, dos mulas para el mozo mayor y otras dos para Inocencio. Pero, a pesar de todo, al paso de unos años, volvió a casa Mur donde pasó algunos años más hasta que marchó a Barcelona en 1969.

En la ciudad condal ha trabajado en la Nissan, en la línea de tractores Ebro y Massey Ferguson, primero tres años montando las ruedas de los tractores y luego se dedicó a conducir los terminados a la explanada. Es en Barcelona donde se acaba casando con una chica de la Estación de Sariñena, Leonor Tomas Escudero, que había nacido en una caseta del monte en 1938, en plena guerra. 

Al jubilarse, junto a su mujer regresa a Capdesaso, pues siempre que podían, cualquier festivo día de vacaciones, aprovechaban para volver a Capdesaso. Se ha dedicado a llevar su huerto, mañana y tarde, con su motocultor con carro. Aquí es feliz, en su pueblo, como buen ganchín, recordando parte de la memoria reciente de Capdesaso y la forma de vida rural de un pueblo con historia que cuenta con gran carió y pasión.