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Ángel Mombiola Allué y María Lozano Molina


Con el silencio somos cómplices del olvido, con la memoria encendemos la llama por un  mundo mejor. Por ese mundo nuevo, por otro mundo posible, muchos dieron su vida luchando por la libertad. Ángel y María fueron de aquellas personas excepcionales que se enfrentaron al fascismo, primero en España y luego, tras el exilio, contra el nazismo en la segunda Guerra Mundial. Muchos murieron y muchos no pudieron volver. Su patria acabó siendo la libertad, la lucha contra la opresión y el compromiso: “Por un mundo mejor y no el mejor de todos los mundos”.

Sin título

María y Ángel.

Ángel Pedro Mombiola Allué nació en Sariñena el 6 de febrero de 1908, hijo de Pedro Mombiola y Carmen Allué. Ángel fue militante de la CNT y en la relación nominal, de los individuos incursos en responsabilidades políticas de Sariñena, aparece como presidente (1º abril) del sindicato CNT de Sariñena.

Certificado Matrimonio.jpg

Certificado matrimonial. (Centre Mombiola).

Ángel militó en la organización de las juventudes anarquistas de la Federación Ibérica de Juventud Libertaria (FIJL) y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). En aquel ambiente libertario debió de conocer a María Lozano Molina, natural de Zaragoza que nació el 3 de marzo de 1914. María, a los 15 años ya se movía en un ambiente libertario, al parecer por “cuestiones familiares”, conociendo al grupo de acción anarquista conocido como “Los Solidarios”. La familia de María regentaba una casa de huéspedes muy frecuentada por militantes anarquistas, entre ellos Miguel José y Augusto Moisés Alcrudo Solórzano. Miguel José y Augusto fueron hermanos, ambos médicos de ideología libertaria que participaron en el movimiento anarquista zaragozano hasta que, tras el levantamiento de las tropas sublevadas, fueron fusilados en el paraje de Valdespartera. (Augusto Moisés Alcrudo Solórzano. Real Academia de la Historia).

Los jóvenes María y Ángel, María con tan sólo 18 años y Ángel con 24 años, se unieron en matrimonio en plena segunda república española. Se inscribieron en el registro civil de Zaragoza el 24 de noviembre de 1932 y fruto del joven matrimonio tuvieron una hija.

Árbol

Hojas del árbol

caídas

que del árbol

ellas son…

Todas ellas

han luchado

para la emancipación

y la transformación.

Y sobre todo

ellas dicen

que cese, cese

la explotación

de todos

seres humanos.

 

                                                                                                 María Lozano Molina

Con el estallido de la Guerra Civil, María participó en las luchas callejeras contra los sublevados en julio de 1936 en Zaragoza, marchando hacía Alcubierre donde poco a poco se estableció el frente republicano. Luego, en Sariñena, María participó en la Colectividad Agropecuaria local. Ambos, Ángel y María se unieron voluntariamente a la Columna Durruti, donde Ángel se negó a comandar un batallón: “No quiero ordenar a nadie, quiero ser un luchador y nada más”. Ángel se opuso a la militarización de las milicias y continuó como dinamitero en un grupo en el frente aragonés hasta su caída “donde se reintegró a su antiguo batallón en la 26ª División (antigua Columna Durruti)”.

Al acabar la guerra, Ángel y María se exiliaron a Francia. María fue internada en el campo de concentración de Gaillac, en el Tarn (Occitania, actualmente Midi-Pyrénées). Aunque María huyó del campo para unirse a la guerrilla de la zona Haute-Garonne donde se encontraba Ángel. El 20 de agosto de 1944, Ángel junto a los compañeros Ricardo García y Francisco Aguado, ambos españoles de la CNT, mientras trataban de dinamitar un puente sobre el Garona, cerca de Ondes, fueron capturados y fusilados por las tropas Alemanas. En el lugar donde fueron ejecutados colocaron una placa y un monumento dedicado a su memoria, a los españoles muertos por la liberación de Francia: “Ellos no quisieron morir, pero murieron, murieron porque luchaban, por la libertad de los pueblos”.

 

Placas en memoria a R. Garcia, F. Aguado y A. Mombiola.

Terminada la segunda guerra mundial, María clandestinamente regresó a España para recoger a su hija. Su vuelta a Francia fue complicada “se perdió por los Pirineos y pasó grandes dificultades”. A su regreso, María se instaló en Toulouse donde continuó militando tanto en el FIJL como en la CNT “su casa se convirtió en refugio de activistas libertarios y en estos años militó en las Juventudes Libertarias y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), realizando tareas para la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT)”. María apoyó a la resistencia antifranquista “A menudo abriendo sus puertas a militantes buscados y aquellos que salen de prisión”,  ayudando especialmente a la guerrilla libertaria de Quico Sabaté  y en la década de 1970 al Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) y a los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (GARI). El MIL, creado en Toulouse, se disolvió tras la condena a muerte por garrote vil a Salvador Puig Antich. Al parecer, Salvador Puig Antich llegó a estar alojado en casa de María.

María Lozano

María Lozano.

María fue una de las fundadoras del Archivo de Documentación Libertaria, Centro de Recherche sur l’Alternative Sociale de Toulouse (CRAS, Centro de Investigación sobre la Alternativa Social) del que fue presidenta. Fue una mujer combativa y luchadora que participó activamente contra la central nuclear de Golfech, campaña llevada a cabo por el colectivo Retonda. Activismo que llevó hasta poco antes de su muerte, era asidua de manifestaciones y mítines, así el 19 de febrero de 2000 escribió: “Ya no tengo la fuerza para encender la mecha, pero mantengo mi conciencia intacta. Otros están allí y con razón se deleitan en él. Sustancia que alimenta mi esperanza. Un mundo mejor y no el mejor de todos los mundos.”

María, nacida en 1916 en Zaragoza (España), activista libertaria de la CNT, refugiada en Toulouse desde 1939 tras la derrota y la revolución republicanas, continúa liderando la lucha en Toulouse por la transformación del mundo hacia una sociedad igualitaria, sin clase. Ella es Presidenta Honoraria de CRAS desde su creación.

 

María falleció el 19 de febrero de 2000 en Toulouse (Languedoc, Occitania) y sus cenizas fueron esparcidas en el río Garona el 24 de febrero del mismo año. Considerada como poetisa y militante anarquista, María Lozano Molina fue una mujer comprometida y luchadora, de firmes ideales que le acompañaron toda su vida. A María también se le conoció como María Mombiola.

La paloma

Una paloma blanca,

blanca como la nieve, volaba,

y también se preguntaba:

¿dónde está el bien?

¿Dónde está el mal?

Se detuvo en una isla,

y en soledad,

se puso a pensar…

¿Dónde estoy?

¿En qué mundo me he detenido?

¿De verdad estoy sola?

¿Puedo vivir, y volar

y pensar en solitario?

Y su pequeño cerebro la llevó a pensar,

y a concluir… No.

Debes vivir,

y volar, y pensar, y proclamar,

y reclamar, y protestar

para salvar a la humanidad de tanta desigualdad.

Y sobre todo combatir,

combatir la energía nuclear,

porque a todos,

a todos juntos,

bien podría destruirnos.

                                                                                    María Lozano Molina

                                                                                  Traducción: Elena Salas Nicas.

Placa

Placa a María Lozano.

En Toulouse se colocó una placa conmemorativa en recuerdo de María Lozano en la casa que residió, en la calle Pargaminière, pero al ser restaurado el edificio, la placa fue retirada. Son vidas de reconocimiento, de gentes que tuvieron que abandonar sus hogares por el fascismo y que continuaron luchando contra el fascismo en Francia. Dieron sus vidas y su memoria es una llama inmensa para encender la mecha por un mundo mejor. En su memoria alimentaremos esa llama llamada libertad.

A todos ustedes

María Lozano Mombiola murió este sábado 19 de febrero de 2000 al mediodía.

En su apartamento en la rue Pargaminières en Toulouse, por una buena parte ocupada sin título, refugio de solidaridad para los compañeros y compañeros de infortunio o paso, María murió al amanecer de sus 86 años, lentamente, sin el sufrimiento innecesario, un pasaje cuidadoso y gentil hacia la nada o lo desconocido. Alcanzó, inevitablemente, el final de su vida dedicada a la transformación social, a ese mundo que quería más, lo que la hizo ver con tantos otros, esta revolución reprimida en su sangre. Nacida en España, en Zaragoza el 3 de marzo de 1914, María, con su nombre real, se adhirió a la realidad histórica del momento que iba a vivir la historia hasta el final… Para atreverse, pensar y vivir el sueño revolucionario en España desde 1936-37… El pueblo unido, liberado de sus cadenas, colectivizando los medios de producción, derribando milenios de oscurantismo, esclavitud y moralidad sucia. Una revolución que defendió armas en mano, María en el frente de Aragón. Una revolución que iba a ser combatida por la República y los socialdemócratas europeos, asesinados por los estalinistas y masacrados por el ejército franquista.

Utopistas, republicanos, revolucionarios, pueblos de España, finalmente obligados a huir de la victoria fascista en 1939 y a encontrar “refugio” en las garras del estado francés, las garras de un gobierno republicano de izquierda. Una lágrima que separa a los seres, la madre y el niño, como fue el caso de María y su hija.

Una guerra que mató a un millón de personas y 500.000 refugiados. La mitad de estos exiliados inaugurarán los primeros campos de concentración, campos de exterminio, que tantos deseos de exterminio hicieron infames, desde el sur de Francia hasta el extremo oriental, a través de Auschwitz y Gaillac en el Tarn. De esta última, María logra escapar para unirse a los maquis. También reuniose a su compañero y esposo, Ángel… y le pierde inmediatamente en agosto de 1944 en una carretera en Haute-Garonne. Ángel, atacado con otros dos “terroristas” resistentes yendo a dinamitar el puente cerca de Ondes. Los tres miembros españoles de la CNT.

Amor roto por la liberación. María se trasladará a Toulouse. ¿Cómo no seguir luchando hasta el final, y esperar siempre, cuando una vida está tan bien comprometida? ¿Cómo podría uno, como María, estar al lado de todos esos valerosos extraños, que querían concluir con Franco, esos Sabaté y otros que tomaron las armas de nuevo? Todos aquellos insatisfechos, murieron en batalla o bajo tortura que precedieron al Caudillo, quien murió en su cama en 1975. Cuántas muertes para este avatar real de la democracia.

María no se detendrá jamás, los jóvenes libertarios en la CNT a través de la AIT, los grupos de acción autónomos y luego el CRAS, el centro de archivos al que contribuyó y del que seguirá siendo siempre la Presidenta. María era partidaria de la democracia directa y la acción directa. Una mujer todavía involucrada, dando su corazón, su voz y siempre abriendo sus puertas a los activistas de los últimos años, los revolucionarios de la MIL, Puig Antich, asesinado a garrote vil en 1974 en Barcelona, ​​miembros de GARI, rebeldes locales, desertores de prisiones. A los fugitivos de aquí y allá, a Jean-Marc, su “ángel exterminador”, “el revolucionario”, condenado a la pena de máxima seguridad, a tantos amigos que se han codeado y olvidado. A todos los seres, pero también a muchos idiotas que supieron explotar su generosidad. Como una paloma en la distancia, María finalmente se fue. Al final de la carrera, ella nos dejó. Este es el último “regalo” que nos dejó, finalmente nos dio un poco de descanso, solo un recuerdo para hervir a fuego lento. Su partida creará un vacío en aquellos que la han acompañado para tomar su mano por última vez antes de su último viaje “al mar” a las cenizas, a través de Garonne desatada. “No tengo la fuerza para encender la mecha, pero mantengo mi conciencia intacta, otros están ahí y con razón me deleito con la sustancia que alimenta mi esperanza, un mundo mejor y no el mejor de los mundos”. La hemos apoyado en los últimos años y sabemos lo difícil e intransigente que se ha convertido esta mujer, siempre persiguiendo a sus amigos más cercanos. “No importa, María seguirá siendo nuestra amiga hasta Su muerte, por supuesto, nos está devolviendo a la aprehensión de nuestra propia muerte, pero el recuerdo de su vida completamente vinculado a un ideal, a la voluntad de emancipación, mantendrá en nosotros ese sentimiento de completa complicidad. Su contacto cercano.

Amigos de Toulouse

“La acción es difícil hacer que el acto sea ridículo. Queda mucho por cambiar en el escenario, sería una lástima irse sin haber probado un poco”

 

 

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