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Julián Royo Martínez


Julián atesora grandes recuerdos, remembranzas de un hombre de a pie, de los que dejan huella con su sencillez y humildad. Memoria que recorre la historia viva reciente de Sariñena, descubriendo su vida, su impronta en épocas difíciles que, con la perspectiva del tiempo, nos remonta al mismo valor de la vida.

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Julián Royo Martínez

Julián nació en Sariñena el 10 de septiembre de 1929, en la calle rincón de Goya, en una casa que también daba a la calle de Joaquín Costa. Primero fue a párvulos, con doña Victoria, a casa del cura, y para llegar a la escuela atravesaba la calle de los porches y el portillo. Luego ya fue a las antiguas escuelas, donde está el casino nuevo, aquellas escuelas se hicieron gracias a una mujer que cedió los terrenos, con la única condición que siempre fuesen usados para la escuela. Julián pronto tuvo que dejar la escuela para ir a ayudar a su padre. Su padre hacía cañizos, comenzaba al pasar la festividad de Todos los Santos y no paraba hasta junio. A los trece años, Julián salió de casa para ir a trabajar de pastor, a casa Cubera y luego a casa Torres.

De sus abuelos, uno fue esquilador de mulas y el otro alguacil en el ayuntamiento de Sariñena. Este último, a raíz unos percances con tropas carlistas en la localidad, fue mandado a Barcelona para llevar una carta a un importante general. Marchó con una vara de fresno, con su peculiar empuñadura, el estoque, y tardó ocho días en ir y ocho días en volver. Aquello le valió para que se le conociese como “El Catalán”: ¡ya ha venido Perico El Catalán!.

Julián vivió la guerra en Sariñena, tras la que tuvieron que escapar a Barcelona. Fue en marzo cuando cogieron el tren en la estación del Tormillo. Mientras esperaban el tren, su padre aún volvió a recoger un pernil que se habían dejado en Sariñena, volvió desolado, los bombardeos estaban dejando Sariñena destrozada, vio todo desecho. Al final salieron ante la impaciencia de todos, una mujer no paraba de decir “Mia si arranca este tren que los fascistas ya están por Grañen”.

Después de la guerra, su hermano Santiago fue hecho prisionero y encarcelado en Reus. Su madre Dolores tuvo que ir al ayuntamiento a pedir avales para su puesta en libertad pero el alcalde se negó, dijo que pondría que fue voluntario, lo que le condenaba. Al final, gracias a Mariano Torres, consiguieron el aval que salvó a Santiago. Al tiempo Santiago fue llamado a filas y más tarde trabajó para regiones devastadas, dos años de topógrafo. Para regiones devastadas, recuerda Julián, vinieron muchos gallegos que manejaban muy bien la piedra, luego trabajaron levantando los pueblos de colonización: La piedra la obtenían del monte de Castejón de Monegros. También hubo mucha gente trabajando en la construcción del canal, incluso trabajaron presos cuando realizaron el túnel, un año de trabajo les valía como dos años de cárcel.

Una vez, cuando Julián estaba de pastor para casa Cubera, le desaparecieron de la paridera blanca dos corderos. Ya le pareció extraño encontrarse tan temprano, de camino a la paridera, dos paisanos que también se sorprendieron al cruzarse con Julián. Volvían con un carro lleno de pajuzo al pronto de la mañana. Ya en la paridera, Julián comprobó que no habían abierto la puerta, pues tenía puesto un testigo para saber si alguien había entrado por la noche. Pero por el corral pegado al de la Cubera, vio unas pisadas que coincidían con el calzado de los dos vecinos de antes. Se aseguró comparando las pisadas de la paridera con las que habían dejado en el pajuzo. Tanta perspicacia no dejó indiferentes a sus compañeros de trabajo: ¿Cómo puede ser que un crío se haya podido dar cuenta?.

Aquella paridera blanca estaba camino de Castelflorite, por las Almunias altas. Una noche, cenando con Pedro el jinete y otro más, les aparecieron unos maquis. Estaban preparando un calderito de patatas con aceite y al final tuvieron que hacer dos calderitos, pues no había suficiente para todos. En un momento, Julián se fue a llenar un jarrito a la balsa, que estaba a unos 50 metros, como tardo un poco inquietó a los maquis “¡Oye!, este zagal tarda mucho en venir”, pues temían que pudiese avisar a la guardia civil. Los maquis llevaban un reloj de bolsillo y a las doce de la noche marcharon, no sin avisar que mejor no decir nada, que muchas veces la guardia civil acudía con quien denunciaba por delante y si había tiros siempre serían los primeros en recibir. Sacaron 10 pesetas para pagarles la cena, que no aceptaron, y marcharon. Al tiempo vieron pasar a muchos militares buscando maquis por la zona.

Julián tenía un perro en casa que quería muchísimo y que un día le desapareció. Lo buscó por todo el pueblo hasta que un vecino le aventuró que, a buen seguro, por la paridera lo encontraría. Y así fue, al poco se lo encontró por la paridera blanca, el perro había ido en su búsqueda para estar con él.

Para santa Cruz, cada 3 de mayo, los pastores cumplían y renovaban o cambiaban de casa. Julián marchó a casa Torres donde le fue mejor, guarda muy buenos recuerdos. Era una época muy mala y el pan estaba por las nubes: ¡A 15 céntimos el pan negro!. El sueldo de pastor era de 12 duros al mes,  pero en casa Torres le daban 50 Kg. de trigo al mes y otros tantos a su hermano Pedro, lo que estaba bastante bien. También fue tractorista para casa Torres, su hermano ganaba 125 pts. a la semana y el 118 pts. Un domingo le dejaron el tractor para labrar sus tierras pero apareció la guardia civil, venían de denunciar a Manuel Olivan y por lo mismo tuvieron que multar a Julián y a su hermano. Era domingo por la mañana, sobre las 10:30, pues el domingo era día de misa y no se podía trabajar. La multa fue de 50 duros que tuvo que pagar con papel del estanco.

Mucha gente iba a moler el trigo de estraperlo, por la noche, al molino donde ahora está la residencia o al molino de Amado Pueyo. Los domingos se compraba 10 kilos a 4 pesetas y se vendía a duro en la estación, muchos subían en bicicleta a la estación, pero si te pillaba la guardia civil te podías llevar buena paliza. También se iba a robar carbón a la estación y cuando limpiaban las maquinas siempre había 10 o 15 críos para recoger el carbón que tiraban. El aceite iba por las nubes, a 10 duros el litro, la postguerra fue muy dura. Julián recuerda cuando se lesionó de crio y, al ver que no sanaba, su madre  lo llevó al hospital militar de Sariñena que habían establecido durante la guerra. Allí le trataron y al final se recuperó de la lesión; Julián recuerda que Matavinos estaba de ayudante, de enfermero.

Julián recuerda aquella Sariñena de antes, había muchas caleras por Sariñena, las albacas eran de cuero o las más pobres de goma de neumáticos. Cuando la tierra se deshelaba se decía que quedaba toba. Hablamos sobre la cueva que hay carretera de Pallaruelo saliendo desde Sariñena, justo antes de la curva que baja a la fuente del cántaro. Al parecer era una caseta que hicieron los camineros, aquellos que se encargaban del mantenimiento de los caminos, antes de que se convirtiesen en carreteras asfaltadas: El caminero recorría su parte con un carretillo, una pala y una medialuna, rellenando los agujeros que se formaban. Cada uno se encargaba de su tramo, de Sariñena a Cachicorba, de Sariñena hasta la recta de los cipreses de Huesca… Los camineros tenían unas pequeñas casillas, unas pequeñas casetas donde se refugiaban y podían guardar la poca herramienta que utilizaban. En la casilla de los cipreses, camino a Huesca, se encontraba “El Chato” a quien le sucedió lo siguiente: Encontrándose de viaje por estas tierras la reina de España, de camino de Pallaruelo de Monegros a Huesca pasaron por la casilla del Chato, quien no dudó en pedirle una humilde gracia: “Que siempre pudiese estar en aquella casilla”.

Su extraordinaria memoria nos lleva a los tiempos de guerra, cuando venía la aviación del bando nacional y corría a esconderse a la huerta, allí se escondía en una zanja hasta que pasaba el peligro. A partir de las nueve y media de la noche, algunos días de verano, se escuchaba a lo lejos el ruido de un trimotor que se iba acercando al pueblo, era un ruido inconfundible, un continuo ram-ram… Entonces tocaba la sirena que habían instalado en la torre de la iglesia y la gente corría a refugiarse a los diferentes refugios que había en la población. Aquella sirena, después de la guerra, fue trasladada a la torre de las monjas y fue usada para avisar a los trabajadores que trabajaban en regiones devastadas, reconstruyendo la maltrecha villa de Sariñena. Julián recuerda como una vez una mujer le tapó la camisa blanca que llevaba para que no fuese visto por la aviación. Cuando venía el trimotor, en el campo de aviación siempre apagaban las luces pero en Albalatillo siempre quedaba alguna encendida y una vez una de las bombas cayó en una leñera de Albalatillo. En el aeródromo había Chatos (Rusos) y Moscas.

El famoso trimotor, que ya escuchaban cuando pasaba la sierra de Alcubierre, acabó derribado, convirtiéndose en uno de los primeros derribos nocturnos de la aviación. Al pasar San Juan lo ametrallaron y el trimotor tubo que soltar uno de los motores que se había incendiado. De los tres ocupantes uno murió, otro se rompió la pierna y el último huyó, escapó por detrás de Albalatillo, cruzó el río, era el mes de julio y un pastor lo encontró escondido tras la gavilla amontonada en un campo. Después estuvo en una masada por Moncalvo, donde le dieron de comer y luego prosiguió su periplo cruzando la sierra de Alcubierre, por la senda de los gitanos, llegando a Farlete sano y salvo.

Durante la guerra exploto el polvorín de Sariñena, que estaba en casa Tronchón, al lado de casa Regaño. Tenía bodega abajo con unas ventanetas que daban a la calle, había mucha dinamita y algunos maderos de la casa acabaron en el tejado de la iglesia, fue una explosión tremenda. Desapareció mucho de Sariñena, el antiguo ayuntamiento era precioso, con una gran escalera sólo más entrar que subía al piso de arriba, el ayuntamiento lo dominaba una campana. Un abuelo salió al huerto y le mató una bomba.

Después de la guerra jugaban a las guerras, a zaborrazo limpio. También jugaban por los refugios, por la cueva escavada por las canteretas de la actual calle San Jorge. Había muchos refugios, como el de casa Torres (En casa Torres estuvo el Estado mayor) o el que construyeron en el ayuntamiento, lo reforzaron bien con hormigón, además había un horno de pan. En la cantera del río Alcanadre trataron de hacer refugios y defensas del puente, pero al final no salieron como querían. Cuando llegaron los fascistas a Lanaja, de Sariñena partió gente para hacerles frente, salieron en un autobús, casi sin armas, y hubo quien que marchó con una horca de hierro. La cárcel de Sariñena estaba en la plaza de las monjas, también estaba la vieja ermita de Loreto. Por la zona de la plaza del general Alvarado cayó una bomba que reventó una tubería general que inundó todo. En Alcubierre fue fusilado el capitán Pancho Villa “He tenido un momento de cobardía pero la república triunfará”, lo fusilaron porque se había pegado un tiro en el pie para volver a casa, pero lo pillaron y lo fusilaron. Tras la guerra vino a Sariñena desterrado el profesor José Castanera: “Era una persona muy buena, daba clases por las tardes y por las noches”, al final lo admitieron y pudo dar clases como maestro. Su hermano Santiago estuvo preso en Francia y llegó a escaparse “¡Hasta en tres ocasiones!” del campo de concentración. Tenía que atravesar por un puente el río, pero para llegar al puente tenía que atravesar la calle principal del pueblo. Dos veces le pillaron los gendarmes, pero a la tercera fue la vencida.

Julián también trabajó llevando un camión para casa Torres y luego marchó a trabajar a  pretensados Mavisa, donde  hacían vigas, bovedillas… fue por 1974 y estuvo cerca de 15 años. Trabajaban de 8 a 9 personas. Luego Julián estuvo montando tubos para instalar los riegos, fue la época de la concentración parcelaria, la empresa se llamaba Riglos y estaba instalada en un almacén por la cabañera carretera a Casteflorite, por las Almunias.

Hubo una época que se juntaba con los amigos a hablar de política, sobre todo por las noches, a escondidas, realizaban tertulias y escuchaban radio pirenaica. Casi todos eran comunistas, aunque él siempre se ha declarado socialista, también acudían algunas personas de Monzón y mandaban dinero a Francia.

Si algo define a Julián son la gran cantidad de historias que nos podría contar. Aunque sin duda, Julián responde a un hombre que con trabajo y esfuerzo ha sacado a su familia adelante, una persona agradable y afable. Su historia es indisociable a la historia de Sariñena, retazos de nuestra memoria, que gracias a Julián descubrimos con enorme agradecimiento. Gracias Julián por todo lo aprendido y a Inma por abrirme las puertas a tanta sabiduría.

 

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Ángel y Jesús, memoria viva de la sierra de Alcubierre.


Jesús Perez Casamayor nació en Alcubierre en 1935. De mozo, con diecisiete años, se dedicó a cuidar las mulas de casa y a plantar pinos en la sierra de Alcubierre. Salían andando a las seis de la mañana de Alcubierre y sobre las ocho de la mañana tenían que estar por San Caprasio, fue en 1952 y les pagaban 25 pts al día. 

Ángel Lacruz Escanero nació en Alcubierre en 1932 y a los doce años fue pastor hasta los veinticuatro años, luego trabajó como labrador en casa de Ángel Cajal, en casa Biescas.

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Jesús y Ángel han estado muy ligados a su pueblo y a la sierra de Alcubierre, en la que han desarrollado diferentes labores y ocupaciones. Han sido testigos de diversos acontecimientos que nos ayudan a entender la esencia, historia y vida más reciente de la esplendida y a la vez desconocida sierra de Alcubierre. Diferentes reseñas históricas de la hemeroteca del “Diario de Huesca” acompañan el presente artículo, contextualizando la valiosísima información que los entrevistados han aportado. Muchas gracias Ángel y Jesús.

Jesús subía a la sierra para plantar pinos, subían trabajadores desde Alcubierre y de Lanaja. De Lanaja subían cuadrillas de unos veinte hombres que se quedaban a dormir por la sierra. De Alcubierre, los trabajadores subían y bajaban el mismo día. Para la plantación ahoyaban primero con la jada, hacían los hoyos cada dos metros y luego plantaban con pino carrasco. En el camino a San Caprasio aún se encuentra la caseta de los forestales, donde se ubicó el vivero forestal. Entonces los guardas forestales también subían andando a la sierra, vigilaban y se encargaban de todo lo que afectaba al monte. Había pinos enormes por la sierra y  los forestales median el diámetro y la altura de los pinos que cortaban. Con un tronzador cortaban los pinos y los bajaban arrastrando con mulas hasta el camino donde los cargaban en el carro. Sorteaban lotes de pinos, unos tres pinetes por papeleta, aunque “por no faltar la verdad” el reparto no resultaba muy equitativo y justo. Algunos llenaban el carro hasta que casi se escachaba y otros les bastaba con una mula. Las copas de los pinos la gente no las quería, las carrascas y los quejigos no dejaban ni tocarlos, aunque con el tiempo fueron algo más permisivos. Las ancianas del pueblo decían que antiguamente los pinos llegaban hasta el cementerio. Eran otros tiempos, cada año caían de dos a tres nevadas buenas. Se gastaba mucha leña, sobretodo bajera, coscojo y romeros. Ángel y Jesús recuerdan oír hablar de antiguos carboneros por la sierra, pero no los llegaron a ver: “Entonces el monte estaba muy trillado”. A Ángel le contaban que el carbón lo llevaban a Zaragoza, donde lo cambiaban por judías y otras cosas.

Información del Diario de Huesca, del 28 de diciembre de 1879, que cuenta las numerosas cantidades de árboles de grandes dimensiones que por aquellos tiempos eran objeto de concurridas subastas:

Se proyectan grandes cortas de árboles en las hoy cuasi impenetrables selvas de las sierras de Castejón de Monegros, Alcubierre, Lanaja y Almudévar, calculando en cuatro millones el número de pinos que pueden ser explotados en aquellos bosques, sin perjudicar para nada el arbolado.

Dadas las grandes dimensiones de los árboles, pues los hay que tienen sesenta y un metros de circunferencia y la excelente calidad de la madera, es de presumir que la concurrencia a las subastas, que se celebraran el 30 de febrero del próximo año, será mucha y se obtendrán en ellas fabulosos resultados.

* En la noticia hay un error con la dimensión de los árboles al atribuir una circunferencia de “sesenta y un metro”, una medida completamente imposible.

Por la sierra había lobos y alimañas que causaban daños en los ganados. Para matar los lobos se solía colocar carne envenenada por el monte. El padre de tío Marino ponía una bandereta en cada trozo de carne con veneno para el lobo, una vez un hombre estuvo a punto de llevarse el cebo para comer, menos mal que consiguieron avisarle a tiempo. Ángel fue rebadán con el tío Marino: “Entonces él tenía sesenta años y contaba que cuando era joven había lobos”.  Todos los ganados llevaban mastines, por lo menos tres juntos y los lobos conocían los rebaños por las esquilas. El tatarabuelo de Carmen, la mujer de Ángel, mató a cuchillo una loba por la balsa de la Ontina y por aquello se ganó el apodo de “Matalobos”, a su madre la conocían como María la Matalobos.

Información del Diario de Huesca, del 31 de enero de 1890, sobre “Fieras envenenadas”:

Digna de imitar es la medida, tomada por el alcalde de Alcubierre, que, autorizado por el señor gobernador civil de esta provincia, y después délos anuncios exigidos por la ley de caza, dispuso la colocación de carnes envenenadas con estrignina en determinados sitios de aquel término municipal, consiguiendo disminuir notablemente el número de animales dañinos que tan considerables perjuicios causaban en los ganados de aquella comarca, puesto que, además de muchas aves carnívoras, han sido recogidos 4 zorros, 6 zorras, y 2 lobos muertos por envenenamiento; siendo de suponer que algunos más habrán ido a morir en los montes circunvecinos. Si, como creemos, se pide y otorga nuevo permiso para continuarla caza por tan expeditivo medio, y coadyuvan al mismo laudable fin, los pueblos inmediatos á la sierra de Alcubierre, pronto se verá ésta libre de alimañas, y particularmente de lobos, que hace algún tiempo ponen en cuidado á los ganaderos y aun á las personas que, aisladas, tienen necesidad de internarse en los montes.

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En 1942 se produjo un gran incendio forestal que afectó  duramente a la sierra, desde San Caprasio hasta Valmayor. El padre de Jesús se encontraba haciendo leña por el corral de José Usieto, por la plana de las yeguas, con el carro y las mulas. Era la mejor zona, donde se encontraban los pinos más grandes. Aquel día hacia mucho bochorno y de repente  el tío Jorge “el Cantador”, que era guarda municipal de la sierra (había un guarda del Ayuntamiento. aparte de los forestales del Estado) les avisó y le dijo de enganchar las mulas y tirar p´abajo: “Que venía el fuego en pleno desde Farlete”. Ángel recuerda que se veía todo San Caprasio en llamas desde Alcubierre, se apagó gracias a que se volvió el aire: “Subían camiones llenos de gente a la sierra a apagarlo”.

También hubo un incendio importante, aunque mucho menor que el anterior, en la zona de las Labaneras, subiendo desde Alcubierre a Lomagorda: “Subieron de alcubierre y de lanaja a apagarlo”. Podemos situarlo a mediados de la década de los ochenta del siglo pasado. Otro incendio fue por el galacho de Paco Ramón, que está por el camino de pozo Pablico. A Jesús le tocó subir a apagar algún que otro incendio, una vez se quedó dos noches a vigilar, iban con palas de goma, azadas y palas: “Los que trabajaban “en los pinos” tenían que ir siempre a los incendios, antes iban todos”.

Información del Diario de Huesca, del 5 de agosto de 1931, cuenta el suceso de un incendio forestal en la Sierra de Alcubierre:

En el incendio del que dimos cuenta hace unos días, de la Sierra de Alcubierre, se quemaron unos 500 árboles pequeños y leña baja. El incendio fue casual.

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Tras el gran incendio de 1942 se tuvo que repoblar la zona afectada, pero la sierra de Alcubierre ya contaba con una larga trayectoria en repoblación forestal. La sierra de Alcubierre, a finales del siglo XIX, presentaba una seria y preocupante deforestación, así lo refleja un pequeño escrito en el Diario de Huesca del 15 de noviembre de 1876: Un impulso desconocido, una aversión al arbolado, que parece innata en nosotros, nos ha movido con vertiginosa rapidez á destruir matorrales, selvas y bosques. Muchos trozos de la parte baja de la provincia estaban cubiertos de espesos arbustos en los últimos años del primer tercio de este siglo: en la sierra llamada de Alcubierre abundaba por do quiera el romero, la sabina y el pino. ¿Qué se ha hecho de toda aquella espesura? La sed insaciable de roturar la ha destruido. La manifiesta deforestación llevó en septiembre de 1891 a la Diputación Provincial de Huesca a solicitar al Ministerio de Fomento su repoblación. Diario de Huesca del 7 de marzo de1892: Por la jefatura del distrito forestal de Huesca se ha enviado a la Dirección general de Agricultura un anteproyecto de repoblación de la sierra de Alcubierre, perfectamente estudiado en todos los puntos que pueden facilitar el planteamiento de una mejora tan convenientísima para los intereses públicos. El Distrito Forestal de Huesca redactó el Proyecto de Repoblación forestal de la Sierra de Alcubierre en 1925, aunque parece que su aprobación nunca llegó. Con el Plan de Repoblaciones de 1928, una superficie de 5.000 hectáreas fue comprometida para repoblar, en un plazo de 10 años, de pino carrasco, aunque también se planteó la utilización de robre y esparto. El ingeniero de Montes encargado de las repoblaciones forestales de la Sierra de Alcubierre fue Enrique de las Cuevas y Rey y en su honor existe una calle dedicada a su nombre en Alcubierre.

Según Carlos Tarazona Grasa en Esmemoriaus, se repoblaron montes públicos de Alcubierre (2.500 Ha), Lanaja (1.800 Ha) y Robres (700 Ha), todos ellos localizados en la Sierra de Alcubierre. En 1930, de las 4000 Ha. previstas, solamente se habían repoblado 690 Ha.

En 1944 se encontraron por la sierra algunos maquis desperdigados, estuvieron poco y de paso. Ángel se encontró huellas cuando estaba trabajando de rebadán, para casa Calvo, los maquis se les llevaron una oveja. En seguida aparecieron los guardias de asalto y partieron en su captura. En otra ocasión, estando labrando con tres o cuatro pares de mulas por el Puyalón, les aparecieron tres maquis que les pidieron algo de comida: “Estaban muy hambrientos, agotados y desconfiados”. Al día siguiente aparecieron más de cien militares en su búsqueda. También aparecieron tres maquis cuando se encontraban ahoyando por la balsa de las piedras, donde actualmente se encuentra la escombrera, y los pararon allí a mirar si tenían comida. Iba el padre de la abuela Carmen, Julián, con otros “menudas botas que llevaban unas botas y olían mucho a humo”, les pidieron comida y algo les dieron para que pudieran comer.

Jesús estuvo dos años colocando mojones, delimitando los limites de los diferentes montes de la sierra de Alcubierre. Subían con un tractor y un remolque a la sierra, tres personas y el forestal. Colocaban unos veinticinco mojones al día, los ponían con cemento, los de las huegas eran los más grandes.

Antes había muchos más manantiales, ahora no llueve tanto. Recogían salvia, romero, tomillo… se recogían con flor en mayo, se hacían vapores y con el romero hacían infusiones con miel. Ángel y Jesús guardan una gran memoria, recuerdan muchas cosas, nombran los abozos (el gamón), los “pelajes” (a las cabras le decían “pelajes” por el pelo) o como por donde ahora están las piscinas estaba la balsa del medio con un pozo o como en la plaza del ayuntamiento se encontraba la balseta de la villa.

Quedan muchas historias por contar, historias que antes contaban los mayores en la berbecana, el carasol de la iglesia de Alcubierre, donde el hijo de Ángel iba y oía contar montones de historias. Gracias a Ángel y Jesús, parte de aquella memoria se ha transmitido, recuerdos de una sierra que rebosó de vida y que late en nuestra memoria. También muchas gracias a Ángel Lacruz Pérez, el nieto, por hacer posible este artículo.

Listado recogido por Ángel Lacruz Pérez

Aves

Algarabán: Alcaraván.

Aloda collarada: Alondra collarada.

Aloda moñuda: Alondra moñuda.

Alviarol: Abejaruco.

Capú: Cuco.

Churra: Ganga/Ortega.

Correndera: Posible Aloda terrera (/Chirli/= reclamo). (terrera común)

Cudiblanca: Collalba.

Cucute: Abubilla.

Engañapastor: Lavandera.

Esparvel: Cernícalo.

Esparveles: Cernícalos.

Esquilador: (Canta a las entradas de la sierra en primavera.

Escachamatas: Chochín. Muy pequeño, más que el pinchan, cola más corta.

Falcón Perdiguero: Halcón.

Galleneta ciega: Cuco o chotacabras.

Grallas: Chovas y cornejas.

Judía: Avefría.

Pardal: Lo han oído, gorrión.

Picaraza: Urraca.

Pinchán: Chochín. Pequeño, suele estar por los sisallos. Pinzón vulgar.

Polla de agua.

Sisote: Sisón.

Tordas: Zorzales.

Plantas

Abozo: Gamón, Aaphodelus  sp.

Abrojo: Posiblemente Tribulum terrestris.

Acirón: Arce, Acer monpesusulanum. “El acirón ni vale pa leña ni pa carbón.

Almierca: Amielaga, Medicago sativa.

Almiercon. Amielga silvestre, Medicago.

Amargones/soplamocos: Diente de león.

Arañones: Endrinos.

Asnallo

Azota Cristo: Cardo lanudo.

Cachorrera: Arctium y Xanthiium spp.

Carnijuelo: Chondrilla juncea.

Carrasquilla: Ramus alaternus.

Charrachón

Clarivuela: Flor pequeña amarilla.

Coda de rata/cola de rata

Corretillas: Convovulus sp.

Crujidera

Escobizo

Escorzonera

Estepa/tabaquera: Jara.

Estripapucheros: huele mal.

Ginestra: Retama.

Marruego

Píe de cristo

Romera: Cistus clusii sp.

Ontina de cabeceta

Ontina de facera

Rudo

Salvia

 

 

Félix Tabueña Tabueña, pastor monegrino


           * Félix con su colección de cucharas.

A los pies de la sierra monegrina de Alcubierre, por el puerto de la Portellada, se extiende un amplio y extraordinario sabinar. Nos adentramos por los montes de Pallaruelo de Monegros, campos salpicados por enormes sabinas albares centenarias, en una zona árida donde abunda el romero, la ontina, el sisallo y otras plantas esteparias. Es una tierra que históricamente ha sido recorrida por pastores apacentando sus rebaños, buscando los pobres pastos y la escasa agua que se recogía en antiguas balsas. Los pastores han forjado una forma de vida, una cultura que desaparece, que no encaja en un mundo acelerado y de grandes explotaciones. El homenaje que con este escrito pretendo rendir a Félix Tabueña Tabueña, no deja de ser también mi reconocimiento a la figura del pastor y a todos los pastores que aún encontramos por nuestros montes.

Félix nació en Pallaruelo de Monegros en 1927. En su familia siempre han trabajado de pastores, en casa eran siete hermanos, dos marcharon al frente en la guerra civil, Félix entonces tenía nueve años. Al comenzar la guerra murió su madre y a los tres meses murió su abuela, ella sabía que se iba a morir aquel día, se encontraba sentada al calor del hogar y mandó que la vistieran con la ropa buena y con los zapatos de casarse, al momento falleció. Durante la guerra civil fueron muchos los días que gentes del bando republicano iban a buscar al cura, tenía una casa pegada a la carretera, pero se escondía en otra casa y afortunadamente nunca le pasó nada. En Pallaruelo de Monegros no sucedió nada grave durante la guerra, pero al padre de Félix lo acusaron por tener ideas izquierdistas y fue encarcelado durante seis años en Astorga.

Antiguamente podaban las sabinas, las ramas las aprovechaban para el ganado y para el hogar. Con el astral las iba desramando, se guardaba la astraleta en el cinturón y trepaba hasta la copa hasta dejarles una buena corona. Las dejaban bien podadas, así se formaban buenos fustes ideales para la construcción de casas. A veces le decían que podaba demasiado, pero esas sabinas que podó en una marguin de un campo cerca de la balsa del ahogau nunca se murieron. “Las sabinas se mueren cuando se dejan yermos los campos, unos valles los abandonaron y las sabinas se secaron”.

    * Félix ante centenarias sabinas del monte de Pallaruelo. (Sabina Monegrina)

Félix se caso con María Soñen, también de Pallaruelo y en su casa siempre encuentro una entrañable acogida, especialmente gracias a su nieto Vicente “el casero”. El abuelo de María conoció a Mariano Gavín: el bandido Cucaracha. El abuelo también era pastor y más de una noche la pasó durmiendo con el Cucaracha por alguna paridera o masada en el monte. Una vez se le presentó por el corral del ahogau, llegó andando con su cuadrilla y a los pocos días se enteró que los bandoleros habían robado en la iglesia de Villanueva, iban a la sierra de Alcubierre para esconderse. También pasaron por Pallaruelo cuando secuestraron al rico de Alcubierre, al Ruata lo llevaban en una mula para esconderlo en la cueva de Jubierre. El abuelo de María ya no quiso saber nada del Cucaracha desde que este le intentó quitar un cordero, mientras la cuadrilla los controlaba desde una antigua pinada. Félix recuerda que muchos de Pallaruelo iban a Jubierre a coger enjambres para las colmenas.

Cerca de Pallaruelo existió una localidad en dirección a Lanaja: Moncalvo. Félix me cuenta que siempre ha oído que los fusilaron por no pagar los tributos al estado, del lugar aún queda el “torrejón”. En el torrejón está la inscripción del hermano de María, Santos Soñen.

Cuenta la leyenda que Pallaruelo de Monegros fue fundado por una mujer, la única superviviente de un incendio que destruyó Moncalvos y que según cuentan, creó el primitivo núcleo urbano al pie de la cantera donde todavía se alzan los restos de un bizarro torreón vigía.

                                                                      www.sarinena.es

La casa rica de Pallaruelo era la casa Servando, venia de casa L´aguau que hoy se conoce como casa Ruata. La casa actual data de 1926, aunque conserva una parte más antigua. Félix trabajó como pastor para la casa Servando. En la casa había nueve hermanos y más de once empleados, había mucho trabajo y María, la mujer de Félix, trabajó realizando tareas domesticas. También trabajó en casa Servando el tío Juaner, personaje muy carismático de Pallaruelo. Félix recuerda como una vez fue el tío Juaner a la feria de domingo de ramos a Sariñena, allí no paró de entretener a los amigos contando motadas, dichos y chistes, de él dijeron que “nosotros comparados  con ese, ni pa descalzarlo”.

Antes en el monte se cazaban muchos conejos y liebres. Había mucha caza en Moncalvo, por suerte el guardia “el güertero” no estaba mucho y podían cazar libremente.

El padre de María fue pastor en Pallaruelo, fue quien enseñó a Félix a grabar con una navaja la madera. Un arte de decorar cucharas, tenedores, marcos… de madera, formas geométricas perfiladas con una navaja en los días de pastoreo en el monte. Las cucharas las hacía con madera de boj, colocaba la madera en un zoque y con la astraleta las iba haciendo. Después las adornaba en el monte, especialmente cuando era primavera había mucho pasto verde y el ganau corría poco, las tardes eran más largas y había mucho tiempo. El padre con una vara de ginesta la introducía por un agujero de la tijera y así hacía un compás. Pero a Félix siempre le decía que tuviera cuidado, que era una faena que castigaba mucho la vista.

   * Detalle del grabado en cuchara.

Félix hizo la mili en San Juan de Mozarifar, en Zaragoza. Estaba en unas naves inmensas donde antes estuvo una fábrica papelera y que después de la guerra debió de ser usada como campo de concentración de prisioneros. Bajaban leña de boj que provenía de incendios y él recogió un saco para hacer cucharas y las llevó al pueblo, pero la madera no sirvió, se agrietaba.

Félix ha regalado muchas cucharas y algunas las conserva en su casa. Todas son diferentes, cada pieza es única. Aún conserva la cuchara del padre de María, siempre comía con esa cuchara. Es un arte, un trabajo delicado y de precisión que solamente el tiempo y la paciencia lo permite. La gran bonhomía define a Félix, un carácter labrado en la aridez secana monegrina, con un gran conocimiento de quien ha observado la vida y ha sabido aprender. La vida de pastor posee ese privilegio entre la dureza que tanto la define, el contacto tan estrecho con la naturaleza y la necesidad de entenderse con ella para sobrevivir, que sin duda han conseguido forjar mejores personas en la libertad del tiempo y del espacio monegrino, dominado por imperturbables sabinas centenarias y a su resguardo ante un sol intenso e implacable.

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Publicau en Os Monegros el 21 de noviembre del 2013.

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Fallece el cantador Simeón Serrate Mayoral


El lunes diez de enero fallecía en Zaragoza Simeón Serrate Mayoral, uno de los últimos cantadores a son de gaita que quedaban en Aragón. Durante toda su vida fue pastor, pero desde muy pequeño desarrolló destrezas en el canto y el dance.

Nació el 2 de julio de 1913 en Castejón de Monegros. Hijo de Tomás Serrate (Cachencho) y de María Mayoral, fue el mayor de doce hermanos, de los que dos murieron de corta edad (mortijuelos). Fue al colegio de los 6 hasta poco antes de cumplir los 9 años, lo suficiente para leer, escribir y conocer las cuatro reglas antes de comenzar a trabajar como rabadán. Aunque se libró de la mili por excedente de cupo, tuvo que marchar al frente en 1936: primero en el lado republicano, luego en el de los insurrectos. Acabada la guerra, casó con Juliana Anoro y tuvieron dos hijas: Teresa y Carmen.

Simeón creció en un ambiente en el que la gaita, el dance y los romances resultaban naturales. Su padre fue gaitero y, aunque un mal día decidió echar la gaita al fuego, Simeón tenía ya el gusanillo del instrumento. Con un clarín que le ayudó a fabricar Senén Pueyo, gaitero también del dance, entretenía sus largas soledades de pastor. Poco después de la guerra se incorporaría al grupo como danzante y como solista en el canto de los romances.

En 1968 se traslada a vivir a Zaragoza, donde continúa con su oficio de pastor hasta su jubilación en 1979. El año 1973 volvería al dance en el papel de mayoral, para organizar los sucesivos grupos de jóvenes que retomarían la actividad interrumpida. En 1988 participó en la grabación del disco documental Monegros, con la interpretación del Romance del Montañés, una auténtica joya de la tradición oral en aragonés, acompañado de gaita de boto y las danzantas de Castejón. El disco obtuvo en 1990 el premio del Ministerio de Cultura a la mejor edición discográfica del año.

En los primeros años 90, Simeón comienza a anotar sus recuerdos acerca del dance y los romances. En 1999 la Asociación de Gaiteros de Aragón publicó estos textos en Historia del antiguo dance de Castejón de Monegros, un pequeño volumen en el que Simeón detalla sus conocimientos sobre las tradiciones de su villa natal, en particular el ritual del dance, y transcribe los textos de mudanzas, despertaderas y romances. Ese mismo año, en el disco-libro La gaita en los Monegros de la colección Aragón LCD de Prames, aparecen las grabaciones del Romance de los trece Pilares, el Romance del Amor Ausente, un fragmento de la Despertadera y un cuento, el de Los pastores y los moros, interpretados por Simeón.

En 2008 vio la luz un disco documental dedicado monográficamente al repertorio romancístico de Simeón Serrate: Romances de ronda en Castejón de Monegros. José Manuel Fraile Gil, gran especialista en el romancero panhispánico y autor de los textos que acompañan a la edición, califica la colección como “extraordinaria rareza en el panorama del romancero tradicional hispánico”.

En los útimos años su tiempo se ha repartido entre la fabricación de pitas y cañas para gaita, la construcción y talla de preciosas cucharas de madera de boj y el repaso de las viejas historias del dance, los gaiteros, el pueblo y los romances. Simeón ha sido también maestro de las nuevas generaciones de gaiteros, a los que ha transmitido generosamente repertorio, técnicas y saberes. Asistente habitual a la trobada de gaiteros de Robres y decano de los gaiteros aragoneses, ha recibido numerosos homenajes, el último hace sólo unos meses (octubre de 2009) durante la trobada de gaiteros de La Almozara (Zaragoza).

Fuente: Diario del AltoAragón.

Publicau en “ Os Monegros el 12 de enero del 2011.

Post relacionado: Romance del Montañes o Romance de Marichuana.

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