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Joaquina Ardanuy Ripoll


Joaquina me recibe en su casa junto a dos de sus tres hijas, con Pili y Josefina Monter. Sorprende su vitalidad, su  memoria y aspecto físico a sus 102 años, lo que no es de extrañar en una casa que rebosa armonía y creatividad, música y pintura, espiritualidad y creatividad. Gracias a Joaquina descubrimos un valioso testimonio de la vida monegrina, de una generación que vivió una gran transformación tecnológica y social.

 

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Joaquina Ardanuy Ripoll

            Joaquina nació en Sena el 25 de noviembre de 1914. De casa “La Morena”, familia de labradores y hortelanos, fueron cuatro hermanas y dos hermanos. Tenían un pequeño rebaño ovino y cuatro mulas que pastoreaba un pastor común a otras casas de Sena; Joaquina recuerda como a su madre le gustaba mucho ir a pajentar el ganado.

            Joaquina fue a la escuela hasta los catorce años y aprendió a coser con las monjas. Desde niña hacía labores de casa, como ir a buscar agua a la acequia de Sena y al río con una burra. En verano, el río Alcanadre llevaba poca agua, “por eso lo llamábamos el matapanizo”. En la acequia existía un molino harinero y un lavadero donde iban las mujeres a lavar la ropa. El lavadero era muy bonito, con unas losas grandes y allí se juntaban para lavar la ropa. Era un lugar de encuentro social muy importante para las mujeres, donde hablaban y contaban chismes. También se juntaban las casas vecinas y familias para “tomar la fresca”, por las noches de verano después de cenar.

            En Sena siempre ha habido una buena huerta y los melones han sido el producto estrella, la tierra y las semillas de toda la vida han dado melones de un sabor exquisito: “para melones, los de Sena”.

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Joaquina por Josephine Monter.

            En casa de Joaquina tuvieron dos vacas que debían de ordeñar, la leche la vendían a otras casas. Las mujeres se ocupaban de hacer la comida, de lavar, de fregar, de cuidar de los hijos… múltiples tareas en un sin parar. En Sena había dos hornos, se amasaba en casa y se llevaban al horno para cocer. Durante la época de siega subían a las masadas de los campos las familias enteras, se pegaban más de un mes sin bajar a Sena, así que se llevaban hasta las gallinas al monte. Subían antes del mes de agosto hasta que terminaban las faenas de la siega del cereal. Existían balsas fraguadas en piedra que conservaban bastante bien el agua para consumo humano, tristemente han desaparecido casi todas. Para el ganado aún se conservan dos grandes balsas comunales

            Joaquina vivió la llegada de la radio a Sena y también del cine. De la mano de Mosén Rafael Gudel, Joaquina escuchó, a través de unos auriculares, por primera vez la radio en 1920. “El Cureta”, como cariñosamente conocían en Sena a Mosén Rafael Gudel, fue una revolución para la localidad monegrina, una persona muy culta, amante de la música, la fotografía, la arqueología… “aunque tenía mucho genio”. Gracias a su amistad con unos ricos cazadores barceloneses consiguió regalos difíciles de obtener que sorprendían en el pueblo. Mosén Rafael trajo el cine a Sena, Joaquina recuerda verlo en la abadía durante la doctrina (catequesis). El Cureta ponía en las escaleras una tela blanca y proyectaba cine mudo. “Cuando en alguna película una pareja se besaba, Mosén Rafael decía que la mujer era sorda”, por eso el hombre se acercaba tanto, para decírselo al oído.

            Fueron tiempos que el mundo cambiaba rápidamente, donde pasaban de alumbrase con velas, candiles de aceite o el quinqué de petróleo a ver llegar la luz eléctrica. La luz llegó a Sena gracias al molino de harina. Al principió, en casa de los padres de Joaquina pusieron dos luces. Una luz en la cocina y otra en la cuadra, pero al ser conmutadas no podían tener encendidas las dos a la vez, así que cuando encendían la luz de la cuadra se quedaban sin luz en la cocina.

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Manos, por Josephine Monter.

            Joaquina vivió la Guerra de España, su padre y su novio tuvieron que ir a luchar al frente. Sena estaba lejos del frente, pero la aviación pasaba a menudo y tenían que correr al refugio. El paso de tropas por Sema protagonizó uno de los hechos más tristes para el patrimonio monegrino y aragonés: la destrucción de parte del conjunto monástico de Santa María de Sijena por milicias catalanas. Joaquina fue testigo directo de la profanación del sepulcro de Doña Sancha de Castilla, un testimonio muy importante que reproducimos en su integridad: “En Sena había militares que venían a descansar del frente, unos iban y otros venían. Entonces se fueron a Sijena (al monasterio) donde estaba la momia de Doña Sancha, estaba allí enterrada. Los militares estaban sin hacer nada y bajaron a Sijena donde destrozaron bastante y sacaron monjas que estaban allí enterradas. Por Sena estuvieron jugando con una momia que el médico reconoció como Doña Sancha, a quien al final tiraron tras una tapia. La tiraron al corral de una tía mía y la pobre mujer fue a dar vuelta a las gallinas y se encontró con la momia, dime tú que susto se llevó. Entonces avisó al pueblo y el pueblo la subió al cementerio y la enterraron”. No se sabe exactamente en que parte del cementerio de Sena se enterró, para el pueblo no fue fácil.  Joaquina recuerda que el cuerpo de Doña Sancha se conservaba bastante bien, “debía de estar muy bien embalsamada”. En el saber popular de Sena se cuenta que la momia de Doña Sancha presentaba el abdomen característico de mujer que había tenido descendencia, por eso la reconoció el médico senense.

            Joaquina se casó con José Monter Escalona, carpintero y constructor de carros de profesión. Tuvieron cuatro hijas, Teresa, la primera, murió con tan sólo tres meses, después nacieron Pilar, Josefina y Charo. A Sena venían muchos chicos de otros pueblos a trabajar en el campo y en los talleres de carros. Fue el caso de José Monter, que se inició en el taller de Agustiner hasta que años después instaló su propio taller de carpintería.

           Los carros los venían a comprar desde toda la provincia y muchos se vendían en Fraga y después se mandaban a Cataluña. Los cuatro talleres de carros de Sena fueron los de casa de Timoteo, de casa Agustiner, de casa el Chel y el taller más antiguo de casa el Carretero.

            En Sena había dos cafés bastante grandes, había mucho ambiente en el pueblo y gozaba de mucha vida, en las fiestas había hasta dos orquestas. Una noche muy especial era el canto romance, que permitía salir a los más jóvenes hasta muy tarde. También se hacía baile y el dance en la plaza, se juntaba todo el pueblo, era una verdadera fiesta. Por Sena pasaban comediantes, algunos llevaban música y al final pasaban el plato, pero mucha gente no tenía mucho que darles, “unos comediantes traían una mona y la hacían bailar”.

            Joaquina y su marido José adquirieron la casa del antiguo cuartel de la Guardia Civil, donde ahora reside con sus hijas Pilar y Josephine. José monto su carpintería en los bajos de la casa y se le recuerda como a un gran artesano de la madera.

       Queda la nostalgia de aquellos tiempos pasados “cuando no había mucho pero se disfrutaba de lo poco que se tenía”.  Tiempos que quedan en los recuerdos y en la memoria, que gracias a Joaquina continúan vivos formando parte de nuestra historia, donde las mujeres jugaron un papel fundamental.

          Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que irá relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Pilar y Josefina Monter.

Pili Monter y el quejido monegrino.


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            Los Monegros siempre aparecen como un vasto territorio de escasa biodiversidad, de secarrales, yermos y vacíos horizontes. Al igual sucede con su cultura, etnografía, tradiciones… y especialmente con su música; pero nada más lejos de la realidad, pues Los Monegros poseen una extraordinaria riqueza que continuamente hemos de ir redescubriendo.

            Para conocer su gran riqueza y biodiversidad, hacen falta personas excepcionales y una de ellas es la senense Pilar Monter, con quien nos adentramos en la música monegrina.

“Las tradiciones musicales de Los Monegros son muy, muy importantes para conocer la cultura del territorio. Y todavía es música muy desconocida, incluso dentro de nuestra propia comarca, falta mucho por hacer y por dar a conocer. Me di cuenta porque fui componente del grupo de música tradicional aragonés Chundarata” y dando conciertos por gran parte de Aragón, eché mucho de menos más música monegrina y lo mismo me comentaron algunos músicos, que valoran nuestra música como muy especial y de gran valor dentro de nuestras costumbres.”

Pilar Monter

Ganas de Vivir

            Pilar es una gran conocedora de la música de Los Monegros, una enamorada de sus melodías, que se sumerge en sus raíces y las renueva manteniendo su esencia y dotándolas de una nueva frescura que nos alegra el alma. Musicalmente es polifacética, toca el acordeón, laúd, guitarra, guitarrico, órgano y voz. Comenzó de pequeña de la mano del maestro José Guioni Levetti, quien acudía desde Sariñena para impartir clases de música en Sena. Pronto, su pasión por la música, motivó que ahondara en las raíces musicales de Los Monegros. Con los gaiteros senenses Eduardo y Carlos Plana, transcribieron músicas del dance de Sena, continuando el trabajó que inició mosén Rafael Gudel, cura de la localidad, que transcribió parte de la música del dance, publicada en la “Revista Aragón” en 1934. También el cura Miguel Hubed enseñó música y formó una rondalla de jotas en Sena.

Mosén Rafael Gudel el cura la Galinda (Dña. Marcelina), el “cureta” gracias a él: Allí se escucho la primera “radio de galena” , que se oía por medio de auriculares ,( como los mp3 de ahora… ) Allí se vio el primer cine, con una sábana blanca y todos sentados en las escaleras, dio clases de música para formar una orquesta. Allí, también, enseñó a tallar madera a jóvenes carpinteros. Por él, voces privilegiadas, que como siempre hay, había entonces en Sena, se hubieran educado para ser cantantes profesionales. Hizo gestiones para que el dance fuera a Londres, sacaba a cualquiera de un apuro arreglando una pendiente, un reloj o cualquier cosa. Desde allí proyectaba las expediciones a la masada Simoner a los graneros, a las valletas, etc, con hallazgos que tanto enriquecieron los museos de Zaragoza, Huesca y Lérida.

https://senaartistico.wordpress.com/la-abadia/

            En los últimos años cuando Pilar ha aprendido a tocar el acordeón y la podemos disfrutar junto al grupo de música tradicional de “Xixena”.  El grupo fue creado en el 2001 y va haciendo escuela en la localidad monegrina, enseñando a tocar la gaita de boto, dulzaina y percusión, -¡hay más de 5 jóvenes gaiteros en Sena!-. Mantienen una gran actividad cultural y musical, acompañan los gigantes y cabezudos de Sena y han recuperado la tradición medieval de homenajear, con “bailes y danzas”, a los Reyes de Aragón enterrados en el Panteón Real del Monasterio de Santa María de Sigena, para la Pascua de Navidad.

            Además, cuando Pilar trabajaba en Barcelona, formó parte del grupo de música tradicional aragonesa “Chundarata”, formado en la Casa de Aragón en Barcelona. Actualmente canta albadas y coplillas de Sena para las fiestas del 15 de agosto, las fiestas patronales y santa Quiteria. –Es el folclore más antiguo, los celtas e iberos despertaban con cánticos los días de fiesta.- Ha recogido músicas de Los Monegros y algunas las ha adaptado, es el caso de “Mambo Monegros”, -Es una forma de dar a conocer las músicas y letras de monegros-.

 -La música de Los Monegros parece igual que el paisaje, como bestia y a la vez dulce, fuerte y a la vez sensible, alegre y a la vez puede ser triste… según los expertos es una música que varía repentinamente de un tono mayor a uno menor, “El quejido monegrino”-. 

Pilar Monter 

            Para conservar la música son importantes las grabaciones, hay una gran riqueza: nanas, canciones de bodega, cantos de capilla, tonadas, letras pastoriles… -hay letras preciosas-. Aún queda mucho por descubrir, valorar y dar a conocer, comenta Pilar Monter.  Pasacalles, bailes de palos, de espadas, de espada y broquel, de cintas, de castañuelas, los ofertorios, las despertaderas, los romances o coplas, los cantos corales al son de la gaita, rogativas, gozos, salves, cantos de hoguera, canciones de cuna, infantiles… en definitiva, Los Monegros poseen una magnifica tradición musical que, en personas tan imprescindibles como Pili Monter, vuelve a expresarse  y a inundar los diversos lugares monegrinos con su quebrado quejido monegrino.