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Félix Omeñaca el Pediatra de los neonatos


Quiero reseñar mi temor por acertar en la narración de la historia y personalidad de este científico, criado en nuestra villa, en la que quedó enraizado y de la que nunca, – confiesa – olvidó en momento alguno el amor por ella, el que sus padres , la tierra y sus conciudadanos, lograron implantar en su corazón.

Por: Juan Antonio Casamayor Anoro.

1-Felix Omeñaca Teres Jefe de Neonatologia

El Doctor Félix Omeñaca.

       Me siento de Sariñena, repite el Doctor, Pediatra e investigador, Félix Omeñaca Terés, Jefe del Servicio de Neonatología del Hospital La Paz en Madrid y como quiera que a pesar de la lejanía de nuestras vivencias, – las suyas y las de este cronista-  hemos logrado mantener relación a través de los años, (más fácilmente por las Redes sociales), tengo la posibilidad de contar su interesante historia y trabajo, en nuestra Revista Quió.

      Félix llegó a Sariñena, muy niño (un mes de vida) y se formó aquí, donde compartió estudios y juegos con otros niños de ese tiempo, primeros años 50. Como saben nuestros lectores, lo que ya contamos en un capítulo de “Los Recuerdos de Sariñena del Dr. Omeñaca” su progenitor. El paso de Félix por la llamada Escuela Nacional (hoy pública) de la que recuerda el queso y la leche del plan Marshal de los americanos y la primaria en las monjitas, con el gran aprecio de Sor Alicia que le consideraba un aventajado.

      Los juegos y el empeño que un formador como su padre imprimió a Félix y a todos sus hermanos, crearon el germen que fue transitando por Monzón y Barbastro con el Bachiller y la carrera de Medicina en Zaragoza. Se dio la circunstancia que estando haciendo las prácticas de las entonces denominadas Milicias Universitarias en Huesca, se integró como médico aquellos 4 meses del verano de 1970 en el hospital San Jorge de Huesca. Allí encontró mucha gente de Sariñena lo que volvió a reactivar el germen constituido en su primera infancia, como él mismo dice con vehemencia “somos rehenes de nuestra Infancia”. Y más tarde tras del periodo de buenos recuerdos en la Sanidad oscense, su inquietud por desarrollar la investigación dentro de su especialidad de Pediatra le llevó a profundizar en esta materia, que tanto había amado su padre, emigrando a Madrid e integrándose en un gran hospital inaugurado unos años antes, cuando corría el año 1971.  En el Hospital La Paz, más concretamente en el Materno-Infantil, comenzó su carrera que se ha mantenido durante 46 años, pasando por todos los cargos de responsabilidad clínica. Junto a una  labor asistencial dedicada a mejorar la salud de los recién nacidos y en los últimos 20 años también en la Medicina Fetal, en que ha participado como Profesor Asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma, así como dirigiendo y publicando numerosos proyectos de investigación y siendo conferenciante y ponente en varios congresos y reuniones en España y en el extranjero, principalmente en Hispanoamérica.  De todo ello hemos tenido ocasión de saber a través de publicaciones y programas de divulgación científica y más recientemente, en el conocido programa de TV,  La Sexta, “ Dentro de”,  dirigido por la presentadora Cristina Pedroche.

Sobre nuestro Doctor Omeñaca, hemos extraído una precisa reflexión  que se publicó en los Medios de Comunicación.

     “Siempre me gustó la pediatría, desde estudiante, influido por mi padre, que era Pediatra rural en Sariñena ( Huesca ). Y también la medicina. Una vez que empecé a trabajar como pediatra, vi que lo más “médico”, lo que abarcaba más la medicina en general y todos los aspectos del individuo era el recién nacido. Por eso me he dedicado siempre a ellos.”

     Omeñaca nos define, las facetas más importantes que se abordan en la Unidad en que trabaja y que se han ido implantando a través del tiempo.

  1. Lucha contra la parálisis cerebral de origen obstétrico, en constante relación y sintonía con el mundo obstétrico. Habiendo descendido las cifras de esta enfermedad del 2-3 por mil a estar por debajo del 0,5 por mil
  2. Control de las infecciones, que siempre han supuesto un serio desafío en los recién nacidos y que gravaban enormemente la mortalidad. Desde los Streptoccocus hasta el SIDA, el Ébola o más recientemente Zika
  3. Desarrollo de los Cuidados Intensivos Neonatales incorporando todos los adelantos tecnológicos y en continua innovación, manteniendo un alto grado de humanización e incorporando la participación de los padres.
  4. Grandes avances en cirugía neonatal, abordando todo tipo de problemas subsidiarios de esta disciplina, incluso desde hace unos años en la vida fetal. Cirugía cardiaca, del sistema nervioso, riñón y vías urinarias, etc.
  5. Medicina fetal, especialidad en desarrollo con enormes avances en los últimos años. No solo se pueden diagnosticar la mayoría de las malformaciones congénitas u otras enfermedades en el feto, sino tratarlas intraútero, mejorando así la mortalidad y las secuelas. Exige un equipo multidisciplinar con expertos de múltiples. especialidades (obstetras, neonatólogos, cirujanos, genetistas, radiológos, etc.), siendo la actividad médica mas interdisciplinar.
  6. La prematuridad ha sido y es otra de las grandes preocupaciones. Se empezó limitando la viabilidad en los niños que pesaban menos de 1.500 gr. y esta cifra ha ido descendiendo hasta poner un límite en los 500 gr. de peso y 23 semanas de gestación.
  7. La Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital La Paz dispone de 23 puestos, es de máxima complejidad, la más grande del país y acepta cualquier problema de salud que se presente en un recién nacido (prematuridad extrema, malformaciones de cualquier órgano o sistema, enfermedades hematológicas, de la piel, de los huesos, siameses, tumores, etc…). Maneja unos 500 niños al año y actúa como centro de referencia nacional. Un ejemplo concreto, una recién nacida proveniente de Barbastro atendida hace unos meses en la Unidad con una “epidermolisis ampollosa” también conocida como “piel de mariposa”. Rara y terrible enfermedad de la piel y que en los recuerdos de niño “veía y sentía” como lo vivió mi padre, tratando una familia de Sariñena, en la que alguna de las descendientes padeció ésta misma enfermedad.

     Llegamos a una parte importante que percibimos en la información que llega al paciente y el interesado, desde ese gran complejo sanitario del Hospital Universitario La Paz. Y en este punto, explica el Doctor :

     Hay un Programa de Información para las familias, un Programa de Alta Precoz en Domicilio, más reciente una “Escuela de Padres” y en nuestro centro salió el embrión de la Asociación de Padres de Niños Prematuros (APREM) de ámbito nacional y de la que estamos convencidos, al igual que otras múltiples asociaciones de padres o pacientes, tienen que jugar un gran papel en el ámbito de la Sanidad.

     Dada la complejidad de los problemas que presentan muchos de los niños que son atendidos, siempre me preocupó – refiere el Doctor – el cómo dar “las malas noticias” a los padres y compartir con ellos un sinfín de consideraciones éticas.

       Y nos matiza el Doctor – Las familias saben cuando llegan a nosotros, que el camino a recorrer no será fácil, pero somos conscientes de que desde el Hospital La Paz, podemos ofrecerles mucho. Contamos con un sistema público y universal, donde el tratamiento y los recursos materiales y humanos que ponemos a disposición de cada paciente, son los mismos para todos los niños (dato muy a destacar), y contamos con un potente servicio de psiquiatría-psicología y trabajadores sociales, que ayudan a las familias durante su estancia en Madrid.

       De nuestro interés, en tanto que informadores, por la transparencia en el Sistema Público de Sanidad, sabemos que, según cuenta el equipo de – la Unidad.

     En el Hospital existe un compromiso de transparencia y mejora y los resultados se hacen públicos anualmente en la correspondiente Memoria. La información, implicación y participación de los padres es una constante en el tiempo habiendo conseguido logros inimaginables.

     La atención al paciente (feto, recién nacido y padres) siempre ha sido el núcleo central de la actuación y lo sigue siendo a pesar de la seria amenaza que suponen los avances tecnológicos, pues la visión humanística de la Medicina no nos ha abandonado. Así, la preocupación por los problemas concretos de cada paciente, el trato cercano y por igual, la revisión continua de resultados, y procedimientos con el objetivo último de mejorar, tanto los datos de supervivencia, como la calidad de vida de nuestros pacientes.

      Concluimos, tras de haber intentado explicar lo más “cercanamente posible” el carácter científico de este “reportaje-entrevista”, y tener la oportunidad de contar a, nuestros lectores de Sariñena, Monegros y de allende nuestras fronteras, la historia y el trabajo de este médico investigador, del que tenemos conocimiento y reconocimiento muchos de los sariñenenses.

      Como epílogo, he querido hacerle una pregunta, que a buen seguro, agradará a nuestro médico explicitar. Doctor Omeñaca, nos consta su gran satisfacción en el desarrollo de esta su profesión, contando con los medios de hoy para su trabajo en la Unidad de Neonatos del Hospital La Paz. Así pues, ¿que reflexión se hace acerca de lo que pudo haber sentido su padre, cuando recuerda las dificultades que le eran inherentes al trabajo de médico rural en Los Monegros, en aquel principio de la segunda mitad del siglo pasado?.

      Y nos responde, el Doctor : vienen a mi mente unas líneas que escribí a los pocos días del fallecimiento de mi padre y que creo responden fielmente a esa pregunta

       “Su primer destino fue Sariñena, dónde en los años siguientes a la contienda civil ejerce de Médico en el mas amplio y profundo sentido de la palabra. Medicina auténtica, el enfermo (niño, joven, adulto o anciano) se convierte en el eje central de su vida, dedicación plena, todas las horas del día y todos los días del año. Medicina completa, cualquier problema médico tiene que ser abordado y resuelto; traumatismos por coces de caballerías, heridas por arma de fuego, partos complicados y de muy difícil solución, perforaciones intestinales, pulmonías, garrotillo… con la única ayuda de los conocimientos adquiridos en la Facultad, la experiencia y los libros (cuanto le gustaba, leer, leer y leer…muchas veces hasta el alba echando en falta horas del día). Medicina humanizada, todo el quehacer médico ejercido con proximidad, estableciendo unos lazos de sinceridad y cariño que han permanecido para siempre. Medicina solidaria dirigida hacia los mas desfavorecidos; familias de campesinos, gentes humildes, transeúntes, pobres de solemnidad, gitanos… Medicina de confianza que le llevaba a intervenciones como “hombre bueno” en numerosos conflictos familiares y que al final del camino acompañaba y ayudaba a muchos de ellos “a bien morir”.

2-El Comité de Medicina Fetal del Hospital.

Comité de medicina fetal. 

      Cuántos caminos y veredas, carreteras y sendas, valles y montañas, riachuelos y lagunas, cuántos secarrales cubiertos de tomillo y esparto de toda la agreste y dura zona de Los Monegros, podrían dar fe de aquel estilo de hacer Medicina; tremendamente humanizada, marcada por la voluntad inquebrantable del deber, la solidaridad, el afán de superación, la coherencia total en las actuaciones ( las normas de actuación o conducta deben ser consecuentes con las ideas; si estás con los desfavorecidos, la gente sencilla y humilde, tu vida tiene que serlo también). Todo ello sin esperar recompensa, solo por la sensación que producen las cosas bien hechas, el deber cumplido, la consecuencia con las ideas, sólo así se entiende la alegría que mostraba jugando con sus cinco hijos al caer la tarde, después de extenuantes jornadas de trabajo en el Hospital y fuera de el. Cierto es que con los años llegaron otras alegrías… se popularizó la penicilina y se instalaron los Rayos X.”

      Así podría concluir este cronista que, el Dr. Felix Omeñaca padre, vivió la Medicina plenamente y eso mismo fue vivido en este medio siglo reciente, y complementado por su hijo, el Médico Pediatra Jefe de la Unidad de Neonatología del Hospital La Paz en Madrid, Felix Omeñaca Terés, al que hemos querido acercar a nuestros lectores.

Juan Antonio Casamayor Anoro.

 

Félix Tabueña Tabueña, pastor monegrino


           * Félix con su colección de cucharas.

A los pies de la sierra monegrina de Alcubierre, por el puerto de la Portellada, se extiende un amplio y extraordinario sabinar. Nos adentramos por los montes de Pallaruelo de Monegros, campos salpicados por enormes sabinas albares centenarias, en una zona árida donde abunda el romero, la ontina, el sisallo y otras plantas esteparias. Es una tierra que históricamente ha sido recorrida por pastores apacentando sus rebaños, buscando los pobres pastos y la escasa agua que se recogía en antiguas balsas. Los pastores han forjado una forma de vida, una cultura que desaparece, que no encaja en un mundo acelerado y de grandes explotaciones. El homenaje que con este escrito pretendo rendir a Félix Tabueña Tabueña, no deja de ser también mi reconocimiento a la figura del pastor y a todos los pastores que aún encontramos por nuestros montes.

Félix nació en Pallaruelo de Monegros en 1927. En su familia siempre han trabajado de pastores, en casa eran siete hermanos, dos marcharon al frente en la guerra civil, Félix entonces tenía nueve años. Al comenzar la guerra murió su madre y a los tres meses murió su abuela, ella sabía que se iba a morir aquel día, se encontraba sentada al calor del hogar y mandó que la vistieran con la ropa buena y con los zapatos de casarse, al momento falleció. Durante la guerra civil fueron muchos los días que gentes del bando republicano iban a buscar al cura, tenía una casa pegada a la carretera, pero se escondía en otra casa y afortunadamente nunca le pasó nada. En Pallaruelo de Monegros no sucedió nada grave durante la guerra, pero al padre de Félix lo acusaron por tener ideas izquierdistas y fue encarcelado durante seis años en Astorga.

Antiguamente podaban las sabinas, las ramas las aprovechaban para el ganado y para el hogar. Con el astral las iba desramando, se guardaba la astraleta en el cinturón y trepaba hasta la copa hasta dejarles una buena corona. Las dejaban bien podadas, así se formaban buenos fustes ideales para la construcción de casas. A veces le decían que podaba demasiado, pero esas sabinas que podó en una marguin de un campo cerca de la balsa del ahogau nunca se murieron. “Las sabinas se mueren cuando se dejan yermos los campos, unos valles los abandonaron y las sabinas se secaron”.

    * Félix ante centenarias sabinas del monte de Pallaruelo. (Sabina Monegrina)

Félix se caso con María Soñen, también de Pallaruelo y en su casa siempre encuentro una entrañable acogida, especialmente gracias a su nieto Vicente “el casero”. El abuelo de María conoció a Mariano Gavín: el bandido Cucaracha. El abuelo también era pastor y más de una noche la pasó durmiendo con el Cucaracha por alguna paridera o masada en el monte. Una vez se le presentó por el corral del ahogau, llegó andando con su cuadrilla y a los pocos días se enteró que los bandoleros habían robado en la iglesia de Villanueva, iban a la sierra de Alcubierre para esconderse. También pasaron por Pallaruelo cuando secuestraron al rico de Alcubierre, al Ruata lo llevaban en una mula para esconderlo en la cueva de Jubierre. El abuelo de María ya no quiso saber nada del Cucaracha desde que este le intentó quitar un cordero, mientras la cuadrilla los controlaba desde una antigua pinada. Félix recuerda que muchos de Pallaruelo iban a Jubierre a coger enjambres para las colmenas.

Cerca de Pallaruelo existió una localidad en dirección a Lanaja: Moncalvo. Félix me cuenta que siempre ha oído que los fusilaron por no pagar los tributos al estado, del lugar aún queda el “torrejón”. En el torrejón está la inscripción del hermano de María, Santos Soñen.

Cuenta la leyenda que Pallaruelo de Monegros fue fundado por una mujer, la única superviviente de un incendio que destruyó Moncalvos y que según cuentan, creó el primitivo núcleo urbano al pie de la cantera donde todavía se alzan los restos de un bizarro torreón vigía.

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La casa rica de Pallaruelo era la casa Servando, venia de casa L´aguau que hoy se conoce como casa Ruata. La casa actual data de 1926, aunque conserva una parte más antigua. Félix trabajó como pastor para la casa Servando. En la casa había nueve hermanos y más de once empleados, había mucho trabajo y María, la mujer de Félix, trabajó realizando tareas domesticas. También trabajó en casa Servando el tío Juaner, personaje muy carismático de Pallaruelo. Félix recuerda como una vez fue el tío Juaner a la feria de domingo de ramos a Sariñena, allí no paró de entretener a los amigos contando motadas, dichos y chistes, de él dijeron que “nosotros comparados  con ese, ni pa descalzarlo”.

Antes en el monte se cazaban muchos conejos y liebres. Había mucha caza en Moncalvo, por suerte el guardia “el güertero” no estaba mucho y podían cazar libremente.

El padre de María fue pastor en Pallaruelo, fue quien enseñó a Félix a grabar con una navaja la madera. Un arte de decorar cucharas, tenedores, marcos… de madera, formas geométricas perfiladas con una navaja en los días de pastoreo en el monte. Las cucharas las hacía con madera de boj, colocaba la madera en un zoque y con la astraleta las iba haciendo. Después las adornaba en el monte, especialmente cuando era primavera había mucho pasto verde y el ganau corría poco, las tardes eran más largas y había mucho tiempo. El padre con una vara de ginesta la introducía por un agujero de la tijera y así hacía un compás. Pero a Félix siempre le decía que tuviera cuidado, que era una faena que castigaba mucho la vista.

   * Detalle del grabado en cuchara.

Félix hizo la mili en San Juan de Mozarifar, en Zaragoza. Estaba en unas naves inmensas donde antes estuvo una fábrica papelera y que después de la guerra debió de ser usada como campo de concentración de prisioneros. Bajaban leña de boj que provenía de incendios y él recogió un saco para hacer cucharas y las llevó al pueblo, pero la madera no sirvió, se agrietaba.

Félix ha regalado muchas cucharas y algunas las conserva en su casa. Todas son diferentes, cada pieza es única. Aún conserva la cuchara del padre de María, siempre comía con esa cuchara. Es un arte, un trabajo delicado y de precisión que solamente el tiempo y la paciencia lo permite. La gran bonhomía define a Félix, un carácter labrado en la aridez secana monegrina, con un gran conocimiento de quien ha observado la vida y ha sabido aprender. La vida de pastor posee ese privilegio entre la dureza que tanto la define, el contacto tan estrecho con la naturaleza y la necesidad de entenderse con ella para sobrevivir, que sin duda han conseguido forjar mejores personas en la libertad del tiempo y del espacio monegrino, dominado por imperturbables sabinas centenarias y a su resguardo ante un sol intenso e implacable.

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Publicau en Os Monegros el 21 de noviembre del 2013.

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