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Rosa Virgili Susín y Daniel Pilarces Ramos


Sariñena ha tenido gran tradición panadera con sus tradicionales hornos de pan y sus grandes profesionales, panaderos y panaderas. Actualmente ya no queda ningún horno de pan activo, aunque sí su memoria, de aquellas panaderías de siempre y su oficio de panadero que aún permanece grabado en nuestras mentes, el olor a pan recién hecho, calientico, y la extraordinaria repostería tradicional, de las desaparecidas panaderías de Pelegrina, el horno de Giménez, que traspasaron a Campos, el Vidriero o Virgili.

Rosa Virgili y Daniel Pilarces en el viejo horno.

Rosita, como cariñosamente se le conoce en Sariñena, nació en la misma Sariñena en 1944, hija de Francisco Virgili Bara y Cristobalina Susín Inglan. Su abuelo, Francisco Virgili Canellas, era de Torredembarra y su abuela Vicenta Bara Carrera de Berbegal. Vivieron en Barcelona donde nació su padre Francisco Virgili Bara, desde donde llegaron a Sariñena, concretamente a la estación ferrovía donde regentaron el estanco de la estación.

«Panadería, comestibles y Despojos Francisco Virgili» Diario de Huesca, 2 de septiembre de 1926.

A los años, su abuelo y su padre construyeron un horno en Sariñena. El horno lo montaron en la travesía Villanueva, a lado de la tienda de Adrián Basols, mientras que el puesto de pan lo tenían en casa de Isabel Lac, en plena plaza de la iglesia. Ellos hacían todo el proceso, ya que antiguamente había hornos en Sariñena donde las mujeres iban, directamente, a cocer los panes que habían amasado anteriormente en casa. Aunque aún había mujeres que llevaban su propia harina que molían en el molino de Torres, que estaba donde está la residencia y llevaba Murillo, recuerda Rosa.

Plaza de la iglesia con el antiguo callizo de la Plaza y el Bazar de Angelito.

Tras la guerra y la destrucción de gran parte de la localidad, entre ellos el antiguo bazar de Angelito, Ángel Palacio, los padres de Rosa se hacen con la propiedad donde han tenido el horno y panadería hasta hace unos treinta años. Es en la parte de arriba de la plaza de la iglesia, por donde estaba el antiguo callizo de la Plaza, llamado “vulgarmente” de Brocas. Al desaparecer el callizo les obligaron a abrir paso por la parte de atrás de la casa, una nueva calle, uniendo la calle Castillo Bajo con la antigua calle de las Herrerías, Pepito Porta, Enado, Fatas y la misma plaza de la iglesia. Arriba de la nueva calle quedaba la tienda de comestibles de Guillermo Blecua, en los bajos de casa el Linero; casa Lac, donde estuvo la imprenta y tienda de lanas, Lanas Tere oficialmente Luminer; y casa Salavert, que en tiempos también tuvo un horno, con calle Enado y calle Fatas, antes del Medio. Aquel cruce de calles formaba y forma una «Plazuela» que en tiempos fue bautizada «Siglo XX».

Urbanización de la nueva calle.

Angelito se fue a la calle del medio, donde trasladó su tienda, un pequeño comercio de revistas y comics. Mientras, Basilio Borruel, en 1943, construye la nueva casa familiar en la parte alta de la plaza de la iglesia, donde un año después nace Rosa. Allí establecen el horno de pan “La Espiga”, aunque siempre se ha conocido como panadería Virgili.

El primer horno fue de casa José Jover y el segundo y más moderno de casa Balac. En el primero se hacía el fuego en el mismo horno. La leña de romeros la traían de Castejón de Monegros, el Babetas con el carro, y la almacenaban en el patio de la casa junto al horno. En el horno viejo la leña iba adentro de la bóveda donde se cocía el pan y, cuando la ceniza de la combustión comenzaba a estar blanquecina, la apartaban a los lados del horno y en el hueco que quedaba cocían el pan. Como no tenía luz el horno, las mismas brasas que quedaban iluminaba lo suficiente para ir viendo cuando el pan estaba hecho e ir sacándolo. Aquel horno no permitía humidificarlo, se iba el vapor por la chimenea, así que cuando lo sacaban le daban con un paño húmedo y así conseguían dar brillo a los panes.

Daniel mostrando el horno de casa José Jorner.

Llegaron a estar hasta 6 obreros trabajando en el horno. Antes de fiestas muchas mujeres iban a cocer las tortas de fiesta. También era tradicional hacer el pan de kilo, que aguantaba muy bien, luego ya llegaron los chuscos, barras, moños o las más modernas baguets. La repostería fue variada, de la tradicional a toda la actual, hacían empanadicos, farinosos, tortas… y la famosa torta de pan, aceite y azúcar, que la hacían todo lo larga que la pala daba, sobre unos dos metros, luego la cortaban a medida de lo que uno quería.

Había cinco hornos y ahora ninguno. Ha sido un trabajo duro, todos los días, a las tres de la mañana había que empezar a trabajar, a calentar el horno y a preparar los panes para hornear. La masa la tenían preparada del día anterior, cuidando en su elaboración todo el proceso, de la masa madre a la fermentación. La masa madre olía a alcohol, era agría. Y a las ocho de la mañana abrían el puesto de pan, con el olor a pan recién hecho.

Daniel Pilarces Ramos ha sido panadero junto a su mujer Rosa, con quienes han llevado la panadería durante años. Daniel nació en Casetas, Zaragoza, en 1942. Vino a Sariñena con su familia, ya que su padre vino a trabajar en la construcción del nuevo pueblo de colonización de San Lorenzo del Flumen. Vinieron el 7 de enero de 1958, de carpinteros, aunque trabajaban tanto la madera como el hierro. Vinieron para dos años, con el plan Badajoz, pero la obra se paró cuatro años por falta de financiación, situación que aprovecho Daniel para realizar el servicio militar. Luego continuaron con el trabajo en la construcción del pueblo, las puertas y ventanas de las casas, las puertas y bancos de la iglesia y su cruz, aún recuerda Daniel cuando la colocaron.

Tras trabajar en la construcción de San Lorenzo del Flumen, Daniel junto a su padre establecieron en Sariñena su propio taller “Talleres Pilarces”, tanto de madera como metálico. La nave principal era más taller metálico y daba a la Ronda san Francisco mientras que la carpintería daba a la calle de abajo, a los pisos de la discoteca. Llegaron a trabajar hasta 18 obreros, fueron años de mucha actividad, en pleno proceso de concentraciones parcelarias, nivelaciones y puestas en regadío, hacían cabinas para los tractores y arreglaban todo tipo de aperos.

Antiguos Talleres Pilarces, Ronda san Francisco, Sariñena.

Aquella época pasó y a su padre le llegó la jubilación. Daniel cambió el taller por el horno de pan, donde ha permanecido trabajando sin descanso hasta que se jubiló el 3 de mayo del 2008. Trabajó con el horno nuevo, con leña de carrasca, olivera o almendrera, luego llegó el gasoil, el humo no llegaba a la bóveda de cocción, habían dejado atrás los romeros, aquel sabor que dejaba al pan, y ese calor que se mantenía a lo largo de la mañana.

Rosa y Daniel han elaborado gran parte del pan de Sariñena y su gran repostería, herederos de un oficio ancestral, de un saber, donde el sentir despierta un olor a pan que nos llena de nostalgia. Un horno abierto, donde no faltaban los asados de días de fiestas, navidades y banquetes, porque las panaderías siempre han sido algo más que un puesto de pan, han sido parte fundamental de los pueblos, donde cada mañana, la vida giraba en torno a ellas, las panaderías, sus hornos de pan y panaderos y panaderas.