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Consuelo Labrador Rodés


Consuelo Labrador Rodés nace en Valfarta el 29 de abril de 1936, en la casa familiar en la calle Alta, hija de José Lasbrador Salavert y Carmen Rodés Escalona, siendo tres hermanos: Consuelo, Ana Marí y Alfonso. Su padre, José Labrador Salavert llevaba el “Coche correo” entre Valfarta y Sariñena y su madre, Carmen Rodés Escalona tuvo una carnicería en el mismo Valfarta. Consuelo es memoria viva de Valfarta, tal vez uno de los pueblos más desconocido de Los Monegros, un pueblo pequeño al que hay que ir de propio pero que no defrauda.

Consuelo con una de las tinajas donde guardaban el agua.

Valfarta aparece algo escondido en una gran llanura, en su tímida Val Harta o Farta, en plena aridez monegrina, con sus blanquecinas casas sobre piedras de base de yeso. Domina a un lado el cerro con su ermita de san Miguel y una vez en el pueblo la iglesia a Nuestra Señora de la Luz. Y entre sus calles, nos abre las puertas de su casa Consuelo, para contarnos las historias de antes y de siempre y contagiarnos su cariño por su pueblo.

José heredó el oficio de conductor del coche correo de su padre, con el coche que habían comprado a Basols, de Sariñena, gracias a que en casa tenían algo de tierras que se las llevaban. Realizaba la ruta Valfarta-Sariñena y podía llevar entre unos 15 o 20 pasajeros y que adelante tenía tres asientos. En los pueblos salía el cartero con las cartas y se las entregaba y/o recogía, se llevaba el correo, pero también encargos y pedidos, era un servicio muy importante para los pueblos que permitía la comunicación: –En Castejón de Monegros se llenaba, además de llevar el correo, paquetería, y mercancías varias-.

Conducción del correo

Por conducto de la Administración principal de Huesca, que ha informado favorablemente, el Alcalde de Valfarta elevó a ese Centro directivo instancia solicitando que la conducción del correo en automóvil contratada con D. Pedro Basols Calvo, en la cantidad de 6.887,25 pesetas anuales, entre Sariñena y Bujaraloz, prolongue su recorrido hasta Valfarta. A tales efectos y mediante el abono de la cantidad que a porrata le corresponde, ha dado su conformidad el actual contratista de la expresada conducción.

Entiende esa Dirección general que procede acceder a lo solicitado, por cuanto, sin excesivo gravamen para el Tesoro, resulta beneficiado el vecindario de Valfarta. Por la mayor rapidez en el transporte de su correspondencia. Procede, asimismo, modificar el servicio del Cartero de Valfarta, que en lo sucesivo tendrá como obligación la de recibir y despachar la conducción y las propias de la Cartería, señalándole cuatro horas de trabajo diarias para la fijación de su haber. A virtud de las precedentes consideraciones. En uso de las facultades.

El Diario de Huesca, 12 de septiembre de 1928.

A las seis de la mañana salía de Valfarta dirección Bujaraloz, pasando por La Almolda, Castejón de Monegros y Pallaruelo de Monegros hasta llegar a Sariñena -A tiempo para poder ir a almorzar con sus tías de casa Salavert-. Y a la una del mediodía salía de Sariñena y regresaba por el mismo recorrido a Valfarta, donde llegaban sobre las cuatro. El trayecto duraba unas tres horas, con las paradas y recogidas y dejadas de correos y paquetes.

Al retirarse, José vendió el coche a uno de Castejón de Monegros, pero ya fue decayendo mucho el servicio. Con el tiempo pierde la concesión del servicio del correo y poco a poco van bajando el número de viajeros hasta acabar desapareciendo el coche correo Valfarta – Sariñena.

Su madre Carmen tenía la carnicería de Valfarta, atendían sobre todo ternasco, corderos que compraban a casa Penén y que ellos mismos mataban. También vendía otras mercaderías que José traía de Sariñena con el coche correo, además de diferentes encargos que les hacían.

Valfarta ha sido tierra muy árida, constante más agudizada en el sur de Los Monegros. Las tierras de secano cuando llovía daban, pero cuando venía a malas no daban nada, hubo años muy malos y mucha gente se vio obligada a marchar del pueblo, no se podía vivir, sería a mediados del siglo pasado, sobre los años cincuenta, fueron siete años malísimos –Si no este pueblo sería el doble-, afirma Consuelo con cierta resignación.

El agua la cogían de la balsa Alta, que era la buena, para beber y cocinar. Con cubetas, cubas que llevaban en carros, de unos doscientos litros, llenaban las tinajas de casa para guardar el agua de consumo y que llenaban, si podían, cada 15 días. La balsa Baja era agua para los animales, el ganado, para lavar y fregar en casa y regar las plantas. Consuelo, de joven, hacía viajes y viajes sólo para regar sus plantas y aún recuerda cómo –Algunas mujeres llevaban los cantaros sobre las cabeza-. En Valfarta no había pozos como en Bujaraloz.

El cuartel de la Guardia Civil se encontraba en la calle Alta, aún era grande, vivían 4 o 5 familias de guardias civiles, tenían un pequeño apartamento, con cocina y comedor más un dormitorio y un váter en medio del corral. Después de la guerra hicieron las escuelas en el cuartel, había maestro y maestra y en total serían unos 40 a 50 niñas y niños. Pues el año que nació Consuelo fueron 7 los que nacieron en el pueblo. Con 14 años, Consuelo tuvo un flechazo con un maestro muy joven, tenía unos 21 años, estuvo un año y marchó a prestar el servicio militar.

Se bebía mucha leche de cabra, que tenían en cada casa, y también tomaban mucha leche condensada. En las casas tenían cerdos, gallinas, pollos, conejos… hacían la matacía, longanizas, bolas…  y conservaban mucho en adobo en tinajas. Los pollos los dejaban por las eras y se comían el grano que quedaba sin recoger. Había almendreras, oliveras y viña para el vino de casa de cada uno y un molino para moler grano para los animales

Se hacía mucho esparto, incluso venían de Bujaraloz y de La Almolda a arrancar esparto que lo venía a comprar Basols desde Sariñena. A su vez se hacía algo de sogueta para la siega y se usaba para fregar los platos, sartenes y cazuelas. Se iba mucho al Sisallar donde también se iba a buscar leñas, sobre todo pino y todo lo seco. Al mismo monte iban a coger piedra para hacer las casas y se solía utilizar piedra de yeso en el primer medio metro o metro de altura de los muros para la humedad y luego la piedra caliza. Al lado del cementerio había tres hornos de yeso y lo llevaban a Bujaraloz a moler. Por las noches se veía el humo salir de los hornos.

Estaba la tienda de Miguel Dueso, que vendía un poco de todo, era de ultramarinos, la carpintería de Calavera, que se fue a Peñalba, y el herrero Jaime. Estaba el horno, en cada casa amasaban el pan y lo iban a cocer al horno una vez por semana -estaba muy bueno, todo natural- recuerda Consuelo. Para el teléfono tenían que bajar a la centralita de Bujaraloz, luego, su hermana tuvo teléfono en el bar que regentaba junto a su marido Eloy Ros, conocido como bar Ros.

De Sena venían a vender hortaliza y verdura, también de Villanueva de Sigena. El aguacil con una trompeta iba avisando por las calles -¡Ha llegado un vendedor!- y este que se ponía en la plaza de la iglesia o por la calle de detrás, según soplase el aire.

Consuelo recuerda mucho ir a Peñalba, con su tío Manuel Labrador, hermano de su padre, a ver familia y a algún entierro, iban en una tartana tirada por una yegua que tenían.

El 8 de mayo celebran la aparición de san Miguel, antes las fiestas menores duraban tres días, subían a la ermita, andando en procesión y hacían misa. Luego, en los graneros de casa Penén se hacía baile, en los pisos de arriba. Lo habitual era hacer por la tarde, al atardecer, procesiones llevando san Miguel y la Virgen y después el baile -Venían músicos de fuera y todas las casas les daban comida y cama-.

Las fiestas grandes son para septiembre, celebrando san Miguel el grande e igualmente se sube a la ermita danzando. Coincide con la Migueleada, cuando los criados podían cambiar de casa para la que trabajaban. Había carreras de sacos yciclistas que cogían lazos… el baile era por la tarde y noche, los chicos iban a rondar por las casas y los acompañaba el gaitero. También bailaban en el bar, donde tenían una gramola. Los chicos avisaban casa por casa que había baile y todas iban a bailar.

Para san Antón hacían hogueras, sacaban de las casas todos los muebles rotos y viejos para quemar y por lo menos se hacían dos hogueras, la de la calle Alta y la de la calle Baja -Tiraban los tiestos, en algún patio para hacer la gracia y asustar a los de la casa. Entonces los patios eran de buro-.

Para santa Águeda iban a la iglesia a bandear las campanas, los chicos, que eran muy gamberros y les tiraban agua por las calles. Ellas no querían juntarse con ellos y ellos les hacían mil trastadas. -Y no había mucho más-, apunta Consuelo -Sólo, a veces, recaía algún que otro comediante por la plaza-.

Su padre tenía en casa una radio y los vecinos iban a hacer la velada a su casa, hasta las 10 o 12 de la noche, hablando y escuchando radio Andorra -Que dedicaba canciones- mientras una hilaba otra tejía calcetines, aprovechaban cada momento. También salían a tomar la fresca en verano, se juntaban en la calle cada dos o tres casas. Aún lo hacen en verano, se cuentan cosas -y alguna que otra mentira- y juegan a las cartas. Eran otros tiempos, antes no había dinero y había gente y ahora, que hay dineros, no hay gente. Hace 30 años o así que llegó el agua. Luz la ha visto toda la vida, aquellas bombillas que apenas iluminaban, su madre sí que contaba que se alumbraban con candiles.

Con los años, aquel maestro que tanto le había marcado, tras realizar el servicio militar, aprobó las oposiciones de magisterio y ejerció por varios destinos hasta que tras cinco años acabó regresando a Valfarta. En aquellos cinco años no se habían vuelto a ver. Se llamaba José María Giménez, natural de Barbastro, con quien Consuelo contrajo matrimonio. Han tenido dos chicos y una chica y han vivido toda la vida en Valfarta, lugar donde se encuentra enterrado y han sido muy felices.

Siempre le ha gustado pasear, subir al cerro de la ermita de san Miguel y contemplar su lugar, Valfarta. Así, para Consuelo, contemplar Valfarta desde el cerro de la ermita de San Miguel, es sosiego, respirar la verdadera esencia de su pueblo que sigue latiendo con fuerza a pesar de la despoblación y que aún guarda la familiaridad entre vecinos y vecinas, de aquel pasado, en el que todas las puertas de todas las casas estaban abiertas.

Gracias a Gemma Millanes.

Marcos Rodés Pueyo


Continuado la estirpe familiar, Marcos ha trabajado como pastor de ganado ovino en los montes de Sariñena. Una tierra que ha visto transformarse con la llegada del regadío y un mundo agrario en plena ebullición, con el que ha convivido y convive con su ganado en un oficio cada vez más difícil, donde continuar es toda una lucha diaria.

Marcos Rodés Pueyo, natural de Sariñena, nació en casa el 15 de septiembre de 1957. Vivían en una casa de la calle Enado hasta que se mudaron a la calle Peñetas. Su padre, Marcos, sariñenense, era pastor y trabajó para casa Castanera y casa Torres. Mientras, María, su madre, trabajaba en casa. Son cuatro hermanos Marisa, Marcos, Silvia y Marian.

No tenían tierras, solamente un pequeño huerto. Aunque en casa siempre tuvieron algo de ganado, -muy poco, unas 10 o 12 ovejas-. Las encerraban en las cuadras de abajo de casa y en casa su abuelo tenían tocinos. Las ovejas las llevaban a la dula cada mañana, las juntaban en un corral y un pastor común las llevaba, se hacía cargo del ganado compuesto por ovejas de casas pequeñas. De alguna manera, aclara Marcos, la dula era un pastor particular que pagaban entre todos y que juntaban por la zona del Mercadal, que antes eran corrales, -por lo menos había una docena de corrales-. También, por la misma zona, estaban los corrales de Blanco y Torres, que tenían grandes ganados: -Antes, igual para un rebaño de unas 1500 cabezas había unos 10 pastores-.

Marcos fue a las monjas, en la actual casa de la cultura, y luego a las escuelas nacionales, ahora Casino Nuevo. También estudió bachiller elemental a distancia, iban los que decían que valían para estudiar y se examinaban en Huesca, en el Ramón y Cajal, 4º y revalida.

Sus padres querían que estudiase, pero lo suyo era el campo, pura y dura vocación. Desde los 7 año los veranos se los pasaba con su padre, su mayor ilusión era ir a ver las ovejas y los corderos. Luego, si podía, se escapaba de la escuela para estar con el ganado. Pero, sobre todo, al terminar la escuela pasaba por casa, comía algo rápidamente o cogía la comida y su pequeño palo de pastor y corría a reunirse con su padre que estaba con el ganado en el monte. Iba a donde se encontrase, ya fuese en las Almunias, Miranda o Moncalver; a veces corría hasta más de 7 kilómetros -antes no había peligro para nada-.

Entonces los montes eran secos, no había regadío, pero había más pastos, apunta Marcos. Tras la siega se pastaban los rastrojos del cereal, la huerta en invierno y algún campo de alfalfa. En primavera se hacían mucho los barbechos, que antes, en secano se hacía mucho. Entonces el ganado tenía mucho más terreno para pastar. No había trashumancia, aunque sí pasaban pastores trashumantes de la montaña y algún pequeño rebaño se quedaba porque había huerta Los pastores se juntaban mucho más, hacían vida en el monte y se quedaban en las parideras hasta quince días seguidos o más.

Marcos recuerda que antes el tiempo era más extremo, más calor en verano y mucho frio en invierno, con duras heladas, con los típicos chupones de hielo y nevadas. Se acuerda de crio, tendría unos tres años, ver subir a su padre por el Enado en un surco abierto en la nieve. En casa Torres había muchas almendreras y remolacha en la huerta.

A los 14 años comenzó a trabajar para Antonio Trillo, tenía la paridera en Bancels, camino Lalueza, ahora carretera. Estuvo cuatro años hasta los 18, cuando marchó un verano a recoger fruta a Fraga, luego se pasó un año y medio de pintor con Manuel Millera, junto a sus amigos Alfonso y José. Luego tuvo que realizar el servicio militar obligatorio, 15 meses en Huesca. En el ejército obtuvo el carnet de camión y cuando salió se fue a trabajar como camionero a una empresa en Lagunarrota. Allí estuvo 7 años.

Marcos se casó con Visi Zapater y han tenido dos hijas, Beatriz y Julia. A los 28 años se hizo autónomo, pidió un crédito y compró su propio rebaño. Adquirió unas 800 ovejas, de rasa aragonesa, y arrendó el corral de Blanco en las Almunias: -El oficio se lleva dentro, es vocación pura y dura. Esto no es por dinero-.

El monte de Sariñena se ha transformado mucho -sin la llegada del regadío a saber que sería de Sariñena y sus alrededores-, apunta Marcos. Hay menos pastos y los pastores han tenido que poner sus propios campos y sembrar hierba para el ganado. Pero también han aparecido nuevas técnicas que benefician a todos -A veces va bien que se coma el ganado el maíz viejo para que salga el nuevo sembrado-.

Con el tiempo le dieron un lote del IRYDA (Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario) y construyó su propio corral, por las Almunias. A Marcos siempre le ha gustado el extensivo, ni siquiera le ha gustado vallarlo o colocar el pastor eléctrico. Todo ha cambiado mucho, ha mejorado la crianza de corderos, antes nacía uno y ahora dos, era muy raro que saliesen gemelos. -Es muy importante estar en el momento que paren, le puedes engañar a una oveja, frotándole al recién parido hace salvar muchos corderos-.

Pero el sector se enfrenta a una crisis permanente y en su opinión son varios los problemas:

1º La zancadilla de la administración, si uno que quiera empezar de cero le exigen demasiado.

2º El sacrificio, es todos los días, te tiene que gustar mucho, o que fuese muy rentable. Podría ser dos pastores, pero no da. Además, es muy complicado encontrar mano de obra cualificada.

3º. Se disparan los precios, los piensos, la paja… ha habido sequía, menos paja y menos corderos, nacen menos.

Siempre ha participado llevando ganado a Femoga, la feria agrícola y ganadera de Sariñena, y ha ganado premios con sus chotos, en los concursos. Siempre le ha gustado participar, para Marcos es importante teniendo animales. Además, está asociado a la cooperativa Oviaragón, que agrupa a pastores de todo Aragón. Para Marcos, estar en Oviaragón, da tranquilidad y servicio, buscando ser más competitivos. Desde la cooperativa, el 22 de septiembre de 2019, le hicieron un homenaje junto a Benjamín Fantova.

Marcos continúa disfrutando con su ganado, siempre ha sido –Oír cuatro esquilas e ir a mirar el rebaño-. Con su rebaño recorre las tierras, con sus perros ayudándole a controlar el ganado, – son muy importantes, dan mucha tranquilidad-. Pues siempre se aprende: -Los animales, si quieres te enseñan, si los observas aprendes. Las ovejas son muy dóciles, pero las cabras hacen lo que quieren, van ciegas. Las ovejas saben el campo, los límites, no los pasan, se saben los horarios y los recorridos, son más inteligentes de lo que la gente cree. –

Pastores de Los Monegros: