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César Pedrocchi Renault


Una vida dedicada a la investigación científica, un ecólogo que, además de ejercer su profesión, ha hecho de ella su pasión. César ha contribuido al conocimiento científico del medio natural altoaragones pero muy especialmente ha sido un pionero en el estudio de la estepa monegrina. Sin duda, César estudió e investigó Los Monegros y descubrió un ecosistema único en el mundo, de gran valor y biodiversidad. 

César Pedrocchi Renault

César Pedrocchi Renault es Doctor en biología y científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, jubilado. Entre muchas otras cosas fue miembro del patronato de Ordesa y presidente de la revista de ciencias “Lucas Mallada” del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Autor de publicaciones y artículos como Ecología de los Monegros: la paciencia como estrategia de supervivencia (1998); Historia natural de los Monegros (2000) y Plasticidad y competencia espacial en la nidificación de Larus ridibundus en La Laguna (Sariñena, Huesca). Coautor de diferentes artículos como Los Monegros: la figura de parque nacional y el desarrollo socioeconómico de la comarca; Estudio multidisciplinar de La Laguna, Sariñena (1986); Contribución al conocimiento de los ortópteros (insecta: Orthoptera) de la comarca de Los Monegros (Revista Lucas Mallada nº 2); Estudio del efecto de un gradiente de heterogeneidad en la densidad y diversidad de las poblaciones de paseriformes de los sabinares de Los Monegros (Revista Lucas Mallada nº 8); Planteamiento de un proyecto de revegetación con plantas autóctonas como lucha contra la erosión en la comarca de Los Monegros y Características fisicoquímicas y composición de la comunidad de macroinvertebrados de dos balsas de Los Monegros (Revista Lucas Mallada nº 13).

César nació en Tolosa, Guipúzcoa y sus orígenes son diversos tanto italianos, nacionalidad que mantuvo durante treinta años, como franceses, de la región de Alsacia. Estudió Biología en Barcelona, donde vivió cerca de dieciocho años. Una vez licenciado en Biología, César consiguió una beca y realizó un curso de iniciación a la investigación en Jaca. Luego trató de conseguir de nuevo una beca para la realización de un curso avanzado de ampliación a la investigación, pero le ofrecieron dirigirle el doctorado. Así, César tuvo dos opciones para su doctorado “Estudiar los reptiles y anfibios de la península ibérica o realizar un estudio sobre las aves de San juan de la Peña”. César lo tuvo claro desde el principio, no lo dudó, su pasión por las aves le declinó a la segunda propuesta “Me ofrecieron el paraíso”.

César estaba especializado en aves forestales, de monte y montaña pero, poco a poco, iba observando aves acuáticas “Aparecían esporádicamente gansos, anatidas, limícolas…” y comenzó a preguntarse dónde iban. Algunas aves aparecían por ibones, así que debían de atravesar los Pirineos: “Entonces no había internet ni había tantos estudios, había que estudiarlo”.

En una ocasión, mientras estaba investigando por San Juan de la Peña, aparecieron unas personas que comentaron que habían visto unos nidos de garza imperial sobre los árboles en el embalse de la Sotonera. “Aquello era imposible, las garzas imperiales solamente anidan en el suelo”, así que se desplazó, junto a un estudiante-alumno, a la Sotonera a ver qué pasaba. “Había subido el nivel del agua del embalse y las garzas  anidaron a nivel del agua, al bajar el nivel, los nidos se quedaron colgados en las ramas de los árboles, sin embargo las garzas continuaron criando los pollos”. Fue el primer contacto con un humedal que tuvo y para él fue como descubrir de nuevo un paraíso.

Al poco tiempo, César recibió una carta de Gabriel Montserrat, un gran amigo, hijo del gran botánico y ecólogo Pedro Monserrat. Gabriel le dio cuentas sobre la existencia de una impresionante laguna en Sariñena: “Ven a Sariñena”. Sería sobre los años 1975 – 1976.

Pedro Monserrat tenía un hermano cura en el monasterio de Montserrat que abandonó el celibato y acabó en Sariñena, donde se casó y trabajó de ganadero montando una granja de conejos. Por eso Gabriel conocía Sariñena.  

La laguna de Sariñena, originalmente de carácter endorreica y salina, con la entrada de aguas excedentes de los nuevos regadíos fue volviéndose de agua dulce. Además, fue aumentando el nivel de agua y su tamaño anegando las tierras más próximas. Así, César descubrió un verdadero paraíso para las aves acuáticas, un gran ecosistema donde podía ver y contemplar de todo.

Una vez, en invierno, observó como el ligero oleaje llevaba gambusias (pez mosquito Gambusia affinis) muertas a  la orilla debido al frío.  En otra ocasión contempló un espectáculo dantesco, mientras un par de zódiacs  recorrían la laguna a alta velocidad, espantando a todas las aves, numerosos cazadores disparaban a discreción desde fuera “Hasta el somormujo lavanco volaba”.  También había una granja porcina que vertía directamente a la laguna.

Poco a poco, César fue encontrando los lugares donde las aves, tras su paso migratorio a través de los Pirineos, iban pasando y descansando. En el mapa militar, vio unos puntos muy interesantes: las saladas de Bujaraloz. Es en 1977 cuando comenzó a interesarse por Los Monegros y descubrirlos, los paisajes comenzaron a fascinarle: el sabinar de Pallaruelo de Monegros, La Almolda, Castejón de Monegros, Bujaraloz… “En Europa no existen estos paisajes”.

Cerca de Bujaraloz había una gran salada, César la descubrió en pleno agosto, con su Seat 600. Vio Bujaraloz y lo que parecía una gran laguna, pero en verdad no había agua, era un espejismo, pura reverberación. Después aparecieron las verdaderas lagunas saladas,  la salada de La Playa, los pequeños torbellinos que se iban formando, la soledad… César fue descubriendo las diferentes salinas de Bujaraloz.

En sus ratos libres, César comenzó a dedicar tiempo al estudio de Los Monegros, fue un pionero en esta tierra que muchos consideraban vacía. Todo lo contrario, Los Monegros se descubrían con una riqueza excepcional e única: “A medida que profundizaba me di cuenta que no solo era una intuición, sino que verdaderamente valía la pena. Sin duda un ecosistema único en Europa, irrepetible y digno de ser estudiado”.  “Nadie había estudiado Los Monegros, solo había algo de Margalef sobre las salinas”. Margalef recogió limo de una laguna de Bujaraloz, una vez en Barcelona, en una lata de sardinas, añadió agua y en invierno salió el crustáceo acuático Candelacypris aragonica (Brehm & Margalef); un invertebrado endémico de las saladas de Bujaraloz  con una distribución muy limitada y muy sensible a cualquier cambio.  El crustáceo está adaptado a sobrevivir  en seco y permanece en fase de huevo hasta que detecta condiciones  favorables para su eclosión.

Durante los años 1978-1979 la entrada de agua de sobrantes de regadíos comenzaron a aumentar significativamente el nivel de la laguna de Sariñena, anegando campos adyacentes, lo que creó una oposición por gran parte de los vecinos “Muchas voces comenzaron a pedir su desecación”. No podía ser, la laguna era una joya y había que buscar una solución “Fue una lucha importante, una movida ecologista, sin querer, que era de lógica. La laguna era una belleza, un paraíso que no se podía perder”.

Se le criticó bastante, incluso le echaron en cara que él era de fuera “¡Pa que te metes si eres de fuera!”. César solía bajar mucho para estudiar e investigar la laguna, colocar redes japonesas, anillar, identificar especies… bajaba con alumnos y estudiantes. “Impedir su desecación fue la primera movida ecologista en Aragón y de la misma manera que al final se consiguió la podrían haber desecado”. Hubo un gran debate en Sariñena donde estuvo César con Santiago Marraco y Chema Cereza, “Se politizó mucho y hubo mucho público”. Fueron años de mucha intensidad “Cuando dije la palabra pato mucha gente se levantó y me quedé sin palabras”. Santiago Marraco defendió la laguna y Eugenio Nadal, presidente de la Confederación Hidrológica del Ebro (CHE) también jugó un papel sustancial  “La CHE propuso como solución la construcción de un drenaje”. En el ayuntamiento de Sariñena hubo una tensa reunión “El alcalde Antonio Torres fue calmando los ánimos”, también estaba Adolfo Aragüés por Ansar  “Se llegó a proponer secar y retirar lodos y tierra para llenarla después”. Al final se construyó el drenaje “Está a nivel para desecarla”.

Hubo años que se realizaron cursos sobre la laguna, serían los años 83, 84 y 85. Dejaron las escuelas de Sariñena para alojarse y se recogieron muchos datos sobre la laguna, llegando a profundizar mucho en el conocimiento de la misma. A mediados de la década del 2000, César elaboró el plan de Uso y gestión de la laguna de Sariñena, con propuestas para su conservación, pues “Su estado  lleva tiempo que no es bueno, ahora las anátidas solo duermen, no se alimentan”.

“Actualmente no está bien, está eutrofizada y no permite el desarrollo de un ecosistema con biodiversidad, hay elevadas concentraciones de nitrógeno y fosforo”. Lo importante, matiza, “Todo es fácilmente reversible. En invierno, cuando el agua no es tan cara, se debería renovar. Se ha de restablecer la vegetación acuática, recuperar los patos buceadores, porrones, fochas, pato colorado… que se alimentan de vegetación acuática. Si se recupera volverá a ser un buen ecosistema.”

César recuerda ver el antiguo muladar en las inmediaciones de la laguna, con los esqueletos de las mulas. Ahora el carrizo ha ocupado todo, César propuso en su plan la introducción de caballos para el control del carrizo.

Para la comarca de Los Monegros hizo un plan de repoblación, crear islas de vegetación para que las mismas aves contribuyesen a diseminar las semillas por las zonas de Monegros más deforestadas por el pastoreo. “Los Monegros siempre le han tenido algo confuso, el hombre con la desforestación alargó la estepa, pues determinadas condiciones edáficas, obliga al ecosistema estepario, un retazo de las estepas asiáticas y con cierta influencia africana”. Una unión con la desecación del mediterráneo durante la crisis del mesiniense que conectó zonas muy distantes, tras la cual, “Los Monegros se  convirtió en un núcleo evolutivo activo, un laboratorio natural de evolución de primer orden”. Esta singularidad de su profundo componente asiático conforman a Los Monegros como únicos, imprescindible en su protección y conservación. Hay zonas con poco suelo, a veces de yesoso o salinos. Es un paisaje muy humanizado, profundamente agrícola.

“La sierra de Alcubierre es una preciosidad, aunque hay un exceso de pino carrasco (Pinus halepensis). Es un buen reservorio de especies que necesitan un pelín de humedad, sapos en las balsas, hay una serie de anfibios, poblaciones muy aisladas, punto de unión fauna y flora más humedad. La sierra potencialmente sería un encinar con sabinas.”

“Los Monegros estuvo a punto de ser declarado Parque Nacional”, pero al final no fue a así. César ha contribuido a poner en valor a Los Monegros, realizando un riguroso estudio científico con un enorme cariño a un territorio que ha ido descubriendo. César supo poner su mirada en un desierto que resultó estar lleno de vida, Los Monegros no pueden entenderse sin él y siempre hemos de estar agradecidos a un gran científico y ecólogo, gracias César.   

Avutardas por Los Monegros


Por las llanuras cerealistas de Bujaraloz descubres unos Monegros completamente desnudos de vegetación arbórea y arbustiva, una planicie imponente que se extiende entre campos de cebada, trigo y eriales en barbecho y rastrojos. De la mano del guía ornitológico Esteban Hernandez San Román, se descubre la gran riqueza de avifauna que esconde el árido ecosistema monegrino. “Tierra de pájaros… pájaros de Tierra” es la oportunidad perfecta para visitar, aprender y conocer el sur monegrino.

Las Avutardas en Los Monegros

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Esteban localizando avutardas.

      Recorriendo con Esteban los montes de Bujaraloz, contemplamos numerosos cernícalos, aguiluchos laguneros y hasta un huidizo esmerejón, entre muchas otras aves más menudas. Resulta imprescindible acudir con gente experta para asegurar el avistamiento y evitar un comportamiento intrusivo que perjudique especies que se encuentran en peligro de extinción. Cada excursión aguarda sus propias sorpresas.

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        Sin duda, la ave esteparia reina es la avutarda, seguida por sisones, ortegas, gangas, alcaravanes…. Las avutardas (Otis Tarda) han adquirido una importancia histórica muy controvertida, especie en peligro de extinción, su protección ha limitado la expansión de regadíos por monegros sur. Son aves muy sensibles a las alteraciones de su hábitat y, aunque mantienen una población estable, hacen falta medidas que aseguren y aumenten su población. Crear áreas arboladas que den sombra, limitar la caza en algunas zonas, fomentar determinados cultivos… son medidas que favorecerían la expansión poblacional de avutardas, pero siempre han de contar con la implicación y aceptación de todos los sectores sociales. Los censos recientes arrojan unos datos de unos 60 ejemplares de avutardas y se estima que entre 1960 a 1980 sufrieron una merma de más de un tercio de sus ejemplares. Son aves sedentarias y se pueden avistar a lo largo del año, aunque hay que evitar la época de cría sobre el mes de mayo. Su alimentación es mixta, vegetal e insectívora, acuden mucho a los barbechos y rastrojos. Las avutardas es el ave más pesada que vuela, alcanza hasta los 15kg, y aún así gozan de gran agilidad para levantar el vuelo, un ave muy espectacular que podemos observar en Los Monegros.

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Avutardas avistadas a través del catalejo.

      El día de la observación llegamos a avistar a casi unos treinta ejemplares agrupados en una bandada, un espectáculo natural impresionante que constituye un gran potencial, un activo turístico muy excepcional en el mundo de la ornitología. Lastima que no localizáramos un sisón que merodeaba por nuestro entorno, lo que hubiera completado una jornada perfecta.

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Avutardas sobrevolando Bujaraloz.

       Cerca aparecen las saladas de Bujaraloz, un conjunto de ecosistemas salinos especialmente singulares. Parece ser que la expansión del regadío no afectará a las saladas. También encontramos las “clotas”, pozas naturales, hondonadas salobres que aparecen por los campos, algunos terrenos son auténticos saladares. En estos ecosistemas encontramos especies gipsícolas (de yesos) y halófilas (salinas), plantas y artrópodos que demuestran la relación que hubo en el Terciario entre las estepas del centro de Asia y el Mediterráneo Occidental. Existen especies endémicas relacionadas con especies asiáticas. En este sentido han sido declarados los espacios naturales ZEPAs de “La Retuerta y saladas de Sástago” y “Estepas de Monegrillo y Pina” que protegen las zonas de las avutardas y del cernícalo primilla, pero el territorio único monegrino siempre ha sido merecedor del máximo reconocimiento natural: la figura de Parque Nacional, una aspiración innegable en el mundo científico pero muy cuestionada socialmente. El potencial natural y ornitológico ha de ser un complemento para lograr la sostenibilidad ambiental y diversificar la economía rural para generar futuro.

       Contemplar los amplios horizontes, los amplios espacios abiertos donde perder la vista es todo un placer, una libertad para los sentidos en un océano de tierra.  “Tierra de pájaros… pájaros de Tierra”, donde descubrir su riqueza merece una oportunidad que no nos dejará indiferentes. Gracias Esteban, un placer y hasta la próxima!.