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La memoria de la sed


Hasta hace pocas décadas no había agua en las casas, el agua era un bien escaso y limitado que había que preservar con mucho trabajo y esfuerzo, desarrollando toda una cultural que constituye un extraordinario patrimonio material e inmaterial que preservar.

A pesar de la existencia de los cursos fluviales del río Alcanadre, Guatizalema y La Isuela, actualmente conocido como Flumen, el resto de Los Monegros ha dependido de la lluvia y su almacenamiento como forma de subsistencia. Las escasas precipitaciones, propias del clima continental semidesértico, a veces no han superado los 350 mm al año, además de las sequías extremas propias de zonas desérticas. La cultura del agua, en la semiárida comarca de Los Monegros, ha sido una constante de carencia y ausencia.

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La memoria de la sed, una memoria que no podemos olvidar.

“Solamente quien carga su propia agua sabe el valor de cada gota derramada”

Durante todo el año 1995 se recogieron 205 mm de precipitación en Pallaruelo de Monegros, un año excepcionalmente seco, aunque la media de Los Monegros siempre ha sido muy baja, entorno a los 400 mm anuales. Con precipitaciones tan irregulares e insuficientes las cosechas siempre han sido pobres. Pocos, muy pocos años han sido buenos en el secano monegrino. Se recuerdan años muy malos en que no se cogía nada, como los años 1949 y 1953 en los que se perdió toda la cosecha. Con años secos muchos perdían sus tierras, no podían pagar los préstamos y las tierras acababan en manos de las casas ricas. Para salir del paso, la gente migraba o trabajaba a jornal para las casas pudientes. Aun así, cuentan que en las balsas siempre había algo de agua, todo un uso eficiente, de gestión tradicional, para asegurar y preservar la valiosa agua caída del cielo.

Las balsas se abastecían por escorrentía superficial, por agua de lluvia, recogiendo el agua que se escurría por los barrancos y que a través de los regueros “agüeros”, “agüeras” o “güeras” de captación se recogía y llevaba el agua a las balsas. Previamente se obligaba a pasar el agua por una “contrabalsa” o “rebalseta” y un escalón de decantación previo que evitaba una pronta colmatación por sedimentación de la balsa principal. No obstante, cada cierto tiempo las balsas debían de ser limpiadas, retirar los lodos, el tarquín acumulado en el fondo. Era un trabajo comunal con implicación de todos los vecinos del pueblo “A vecinal”. Se limpiaban cuando se secaban, antes que las lluvias que les volviesen a dar vida y principalmente en mengua.

“Es evidente que, en este medio semiárido, la gestión de los recursos hídricos es fundamental. Salvo la lejana agua permanente del Alcanadre, la mayor parte del territorio depende directa o indirectamente de las escasas e irregulares precipitaciones, a través de las limitadas escorrentías superficiales temporales, y de las aguas subterráneas.”

Aproximación a la gestión del agua en Castejón de Monegros (Huesca)

 José Antonio Cuchí, José Luis Villarroel y Carlos Garcés. Revista Lucas Mallada, nº 20.

“La rebalseta correspondía al depósito donde se iban quedando las gravas y arenas que arrastraban las tormentas a las balsas y aljibes” apunta Constantino Escuer, autor de diversos artículos en la revista Montesnegros y gran conocedor de la historia de los sistemas de abastecimiento de agua de la localidad monegrina de Perdiguera y de Los Monegros. En su artículo “El aljibe viejo, que antes fue nuevo” (Revista Montesnegros), Constantino recoge la historia del aljibe perdiguerano, proyectado en 1927, cuando la vieja balsa de la villa presentaba graves problemas: “Tiene agua potable, pero situada aguas debajo de las eras y la carretera, recoge una cantidad grande de materia orgánica vegetal y animal, que produce la descomposición del agua en los meses de calor, por otra parte, en esta época, la balsa se seca muchos años y los vecinos de Perdiguera tienen que traerla desde Villamayor, después de beber un último líquido, tan perjudicial para la salud, que las estadísticas acusan un coeficiente enorme de mortalidad (Proyecto de una balsa para el abastecimiento de agua para la población de Perdiguera)”. Aquella obra, señala Constantino “Sería vital para el abastecimiento de agua para la población de Perdiguera hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX“.

Actualmente hay abundancia agua, es abrir el grifo y ver correr el agua limpia y clara, sin miedo a que se termine. Antes era algo inconcebible, igual que imaginar que los amplios y bastos secarrales, los rabiosos secanos, serían regables. Nuestro medio, en determinadas zonas, ha sufrido una gran transformación y aquella aridez monegrina, que ha configurado la vida durante años, ha quedado relegada en gran parte de Los Monegros.

Mujeres yendo a cargar agua, Farlete. Documental “Agua en Monegros” de rtve, 1959.

Las mujeres iban a las balsas cargando los cantaros sobre sus cabezas y entre los brazos, acudían también con pozales y carretillos, con toneles y cubas tiradas por mulas. También existía la figura del “aguador”, que repartía agua por las casas a razón de “Cubadas”. Recogían el agua cuando más helaba, en las menguas de enero y febrero y la almacenaban en aljibes, tinajas o tinas en las bodegas de las casas. Había hogares que no disponían de aljibes particulares. Antes, en invierno, helaba mucho más, en las balsas se generaba una capa de hielo de más de tres dedos de grosor y el hielo se guardaba en los neveros para conservarlo. Siempre se ha preferido la nieve, señala Constantino Escuer: “Solamente se utilizaba el hielo en caso de escasez de nevadas”.

“El agua se trasladaba a las casas, al principio con cántaros desde la balsa de La Villa, que era la que subministraba el agua a la población. Luego cuando se hicieron los dos aljibes, se llevaba con pequeños cubos que iban en carros y a quien no tenía medios, la llevaba, pagando una tasa, el aguador”.

Constantino Escuer

El agua era vital, necesaria. Había que preservarla lo mejor posible, limpia y fresca, cubierta pero que respirase, colándola antes de usar para beber o cocinar. Había que conservar el agua y mantenerla fresca, en botijos, jarricos o cantaricos. Los botijos se cerraban con un manojo de tomillo y así el agua respiraba y se conservaba mejor. Y qué decir del aseo, los pequeños en un barreño y los mayores con un pozalico en el corral. Para las fiestas, en la víspera, se lavaban en la balsa de los animales.

Balsa buena de Candasnos. Mujer con cántaro Fotografía F. Blasi y limpieza comunal de la balsa “La balsa buena de Candasnos”

“El agua de la Balsa Buena era extraída por las mujeres con cántaros y se guardaba fresca en las tinajas de las bodegas. Estaba prohibida la recogida de agua con cualquier medio o sistema que no fuera el cántaro, por medidas higiénicas, ya que los pozales o galletas eran también utilizados para otros fines; también por economizar  y evitar el abuso del consumo de agua, ya que costaba más llenar un cántaro,  obligando incluso  a formar filas para la extracción.”

El agua y las balsas. La Balsa Buena.

Los aljibes estaban en las casas, Alejandro Campoy, del Museo de Oficios Antiguos Monegros de Sena, explica sobre los aljibes: “Se bebía habitualmente y se limpiaban en la mengua de enero, se fregaba y se terminaba de vaciar con un plato de porcelana en un pequeño foso que tenía en la base, para después llenarlo de nuevo con alguna cubeta desde el exterior de la vivienda. Quizá es por este motivo que solían estar construidos en los patios, muy cerca de la calle. Recuerdo cuando los limpiábamos, también como era la técnica que utilizábamos los albañiles para rebozarlos con varias capas de mortero y malla para finalmente darles un yiscado  fino de llana y pintado de cemento puro”.

En algunos pueblos había pozos manantiales, de aguas subterráneas, y de ellos se extraía el agua fresca. También se usaban los pozos para conservar alimentos, se metían los alimentos en los pozales y se bajaban a los fondos del pozo. Cuando los pozos se llenaban de tierra, bajaban al pequeño de la casa para que limpiase el pozo. Por su poco tamaño y poco peso los bajaban en el pozal, con un candil para poder ver mientras poco a poco iban soltando cuerda mientras chirriaba la vieja y oxidada carrucha. Y qué decir de cuando se caía algún pozal al pozo, había que bajar a recuperarlo y de esas hay muchas historias del Tío Migueler de Alcubierre, que ágilmente bajaba para recuperarlos. Todo sin olvidar las viejas bombas manuales de extracción de agua en pozos y abrevaderos.

“En Alcubierre recuerdo ver gran cantidad de pozos, muchos se han tapado y otros siguen con agua, hay aguas subterráneas en la base de estratos de grava y sobre salagón. La presencia de paleocanales en sasos y vales, favorece la concentración de agua freática que se va aprovechando en las captaciones tradicionales de agua, en zonas semi áridas como Monegros. Como ejemplos tenemos la fuente del Milagro en La Cartuja de las Fuentes, La Fuente Madre de Castejón de Monegros, la de Alberuela de Tubo.”

Alberto Lasheras Taira

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Balsa en la salinas de Bujaraloz

La salinidad ha sido muy significativa en Alcubierre o Bujaraloz, allí los pozos eran salinos y aquellas aguas solamente se usaban para lavar o fregar, no resultaba apta para beber. El barranco salado por Lalueza o las saladas de Bujaraloz, la antigua laguna salada de Sariñena, tierras de sales y yesos. Suelos de sed, agrietados y desecados, esta tierra de Los Monegros ha sido dura, muy dura: “Polvo, viento y sol”. En Los Monegros decían que había más vino que agua ¡Hasta las adobas se hacían con vino!. En muchos pueblos no había ni huerta, el hambre también fue una constante, tierra dura, tierra oscura de Los Monegros (La memoria del hambre).

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Aquellos lavaderos públicos y sus construcciones, en las balsas, acequias y ríos, los abrevaderos para el ganado, las fuentes, la fuente madre de Castejón de Monegros, las acequias, azarbes y brazales, tajaderas y enfilas, el azud de Bastaras, la fuente del milagro de la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, el manantial camino San Caprasio, pozo Pablico… infraestructuras que dejan testimonios de una forma de vida ya muy pretérita.

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Pozo Pablico, Alcubierre.

Balsas, balsazas, balsetas, balsetes, aljibes, pozos, el pozer… salpicaban y salpican abandonados Los Monegros, muchos revestidos de piedra y con accesos que evitaban la entrada de animales. Con escaleras o zonas estrechas para el paso de personas o con rampas para el paso de animales. Ahora son oasis para la fauna silvestre, anfibios, invertebrados, peces, aves y mamíferos, ecosistemas dinámicos que a veces son verdaderas trampas que podríamos gestionar adecuadamente.

Topónimos de la zona meridional de Monegros (Castejón de Monegros, La Almolda, Peñalba y Valfarta) relacionados con el agua.

Los Alteros de la Balsa Matín (LA) Balsa Alta (LA) Balsa del Perdigón (Va), Balsa del Reguero (Va), Balsa Nueva (Pe), La Balsa Roya (Pe), La Balsaza (LA), Balsa del Escobizo (CM) Balsa de la Cerveriza (Pe) Balsa de Puyal de Lobos (Pe).

Arroyo de la Torre (CM), Arroyo de Pedregales (CM), Arroyo del Medio (CM), Arroyo Valdeva (Pe), Balaguero, (Pe), Balsa Alta (LA), Balsa Alta – Balsa Baja y la ‘güera (Va) (termino no registrado de forma escrita, pero de uso en la lengua hablada), Balsa Boboral (LA), Balsa Calzada (Pe), Balsa de la Cerveriza (Pe), Balsa de la Marga (Pe), Balsa de la Pedrera / Balsa la Pedrera (Va), Balsa de las Oliveras (Va), Balsa de Puyal de Lobos (Pe), Balsa de Sanchorroyo (LA), Balsa del Mas de Ros (Va), Balsa del Perdigón (Va), Balsa El Escobizo (LA), Balsa Fraguada (Pe), Balsa Güera (CM), Balsa la Pedrera (Va), Balsa Lorén (Pe), Balsa Martín (LA), Balsa Pallarés (LA), Balsa Pedrera (LA), Balseta Güera (Pe), Barranco de la Valcuerna (Pe) (y 128 Luenga & fablas, 17-18 (2013-2014) I.S.S.N.: 1137-8328 los restantes Barrancos), Barranco Val de Alcolea (LA), Charcos de Valpeseguera (Va), El Aljibe de Sta. Quiteria (LA), El Balsetón (Pe), El Charco del Reguero (LA), El Manantial (CM), El Reguero / Reguero / Regueros (LA), El río Alcanadre (CM), Embalse de Ballestero (CM), Embalse de Valcabrera (Pe), Fuente La Madre (CM), Guaral / El Guaral (CM), L’Azú (Pe), La Balsa Fraguada (Pe), La Balsaza (LA), La Balseta (LA), La Balseta Longa (LA), La Fuente de Val de Previllo (Pe), La Val (LA), La Val de Castejón (Pe) (y deriv.), Las Clamores (CM), Las Lagunas (Va), Los Galochos (CM), Los Pozos (LA), Los Pozos de Carpio (LA), El Manantial (CM), Plana el Pozo (Va), Pocer de Viturián (Pe), Pozo “La Val” (LA), Pozo de nieve, Nevero (LA), (Va), Pozo de Trallo (LA), Pozo de Valserenosa (Pe), Pozo del Catalán (Pe), Pozo del Hielo y Pozo de la Bomba (Va), Pozo el Hielo (LA), Pozo Ripa (Pe), Río

Balsa del Corral de Dueso (Va) Balsa Calzada (Pe) Balsa del Obispo (CM)

Balsa de la Pedrera / Balsa la Pedrera (Va), Balsa Pedrera (LA) (y todos los demás términos compuestos de Balsa: Embalse de Ballestero (CM), Embalse de Valcabrera (Pe), Balseta el Ordio (CM), Balsetón (Pe), La Balsaza (LA),

La balsaza, La Balseta, Los pozos  de La Almolda; El Balsetón, L´Azu,  La Fuente de Val de Previllo y el Pocer de Viturián de Peñalba y  El Manantial de Castejón de Monegros

Toponimia de la zona meridional de Monegros por Mª Angeles Lax Cacho

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Azud bastaras, Lanaja. SIPCA. Rivas, Félix A.

En Lanaja gracias al “Acueducto del caño” se abastecía de agua a la población, una construcción del siglo XVI de 400 metros de longitud y construida con sillares de arenisca y forma abovedada. El Acueducto del caño recogía el agua desde un manantial y a través de un conducto subterráneo llevaba el agua hasta una fuente en el centro del pueblo. También en Castejón de Monegros encontramos una conducción similar, el acueducto “La Madre”, que también desde un manantial lleva el agua hasta una fuente en la localidad, un acueducto subterráneo de unos 1200 metros de longitud.

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Aljibe en el monte de Jubierre, Castejón de Monegros.

Aquellas construcciones e infraestructuras fueron vitales para el asentamiento humano en Los Monegros, los balsones circulares con muros de piedras y acceso por escaleras que no permitía el paso de animales ni ganado, o los pozos ganaderos, también circulares, de uso exclusivo para los ganados. En La Almolda “El pozo de la Val”, de origen romano, abastecía a la localidad. La Balsa Calzada en Bujaraloz, el Pozo de Baño y la Balsa Vieja en Monegrillo, la Balsa Buena en Farlete, los pozos de Escuer y de las Planas en Leciñena, el lavadero de Robres, los aljibes del prado de Perdiguera, la Balsa de la Pez (llamada así por su fondo impermeabilizado) para su distribución con fines medicinales o el Pozo del desengaño “Construido por el propietario de la casa a pesar de que sus vecinos se lo desaconsejaban. Sin embargo encontró agua e hizo colocar una placa en la fachada de la casa que dice: POZO DEL DESNGAÑO/ AGUA PARA EL ABASTECIMIENTO / DE ESTA CASA Y DESENGAÑO DE / LOS INCRÉDULOS/ JOSÉ MUÑÓZ 15 ABRIL 1940”.En definitiva, Los Monegros presenta un extenso y rico patrimonio que preservar y conservar.

Inevitablemente, Los Monegros nunca dejan de escapar de esa imagen de lugar seco, vacío y de paso, es su esencia. Ya en tiempos inmemoriales, la antigua vía romana que unía Ilerda (Lérida) y Cesaraugusta (Zaragoza), el camino de los Fierros, ofrecía avituallamiento de agua en Candasnos, Peñalba y Bujaraloz. De aquellas balsas se abastecía de agua de balsa a los viajeros. Es el caso de la balsa buena de Candasnos, donde, en un reportaje del Heraldo de Aragón “Candasnos: una balsa real y un cine de fábula”, Gemma del Pueyo cuenta como la balsa buena para Candasnos “Es el símbolo del pueblo desde siempre. De origen romano, proveía de agua de boca a lugareños y visitantes”. Además, en el mismo reportaje, Gemma añade “En esta balsa siempre ha habido agua, incluso en los tiempos de las peores sequías. Era cosa sabida por los viajeros, y en una ocasión llegó una visita especial;Isabel II iba camino de Zaragoza, y paró en el pueblo para que los animales que utilizaba su comitiva bebieran agua. Le explicaron que el agua de consumo humano estaba en otro sitio y la trasladaron hasta la Balsa Buena en una silla con porteadores, además de invitarle acto seguido a reposar en una casa contigua”. 

Vía de Ilerda a Cesaraugusta

Salía de Ilerda por calle Mayor, ermita de Butsénit, Alcarrás y detrás de Aytona, Serós, llegaba Masalcoreig hacia Torrente por Torralba. Cruzaba el Cinca más abajo de Torrente y ascendía por la escarpada de este río por Valcarrera hacia el Camino del diablo hasta los Monegros. Paraba en Cardiel (campamento), Candasnos (de cándara, el puente), Peñalba, Bujaraloz, Celsa (Velilla de Ebro), a Cesaraugusta.

Diario del Altoaragón.

La disponibilidad era esencial para la subsistencia de las poblaciones, su salubridad era vital, pues las aguas no estaban exentas de transmitir enfermedades. A pesar de diferenciar balsas para consumo humano o animal, por el contacto, especialmente de los perros que bebían en balsas humanas. Aberto Lasheras cuenta que en Alcubierre se contaban varios casos.  Por el agua se transmitían los quistes hepáticos o hidatídicos, además de las distintas afecciones como diarreas o gastroenteritis causadas por la baja calidad del agua de balsa. Como explica la doctora sariñenense Carmen Nicas: “En general se podían transmitir todas las infecciones digestivas, parasitarias, malaria, poliomielitis, shigellosis…sobre todo en aguas estancadas, pero también corrientes”. Constantino Escuer recuerda como su madre fue operada en varias ocasiones de esos quistes que luego se pasaban a los pulmones. Además, Constantino apunta como en Perdiguera se dictaban, a través de bandos,  normas para vacunar a los perros contra la hidatidosis.

Bandos de Perdiguera,  cortesía de Contastino Escuer.

Las necesidades se hacían en pozos negros o pozos ciegos tal y como los denomina Constantino Escuer de Perdiguera “Los antiguos retretes antes de que hubiese agua corriente y vertidos. Se excavaba un pozo en el corral y luego se cubría. Sobre la excavación una caseta estrecha con puerta era el retrete. Dentro, un asiento de tablas con un agujero en medio, generalmente con tape de madera, servía para sentarse y hacer aguas mayores. En la pared del retrete, un gancho de alambre con recortes de periódico (hojas del Heraldo de Aragón) cortadas en cuatro era el papel higiénico que, a la vez que nos entretenía el rato leyendo, luego nos rascaba el culo inmisericordemente. Se acumulaban los excrementos hasta que se colmataba.”. Cuando llegó el agua corriente a las casas fue un gran cambio para las personas mayores, para ellos dejar correr un hilillo de agua era un derroche imperdonable. Constantino recuerda lo que hubo que insistir para que su padre tirase de la cadena cuando hacía aguas menores: “Pues lo consideraba un derroche de agua, solo digno de ser utilizado cuando se hacían aguas mayores”.

“Solamente hay que recordar que en pueblos como Leciñena, Perdiguera, Farlete y Monegrillo, no llegó el agua corriente hasta 1976, año en que también se hizo la red de vertidos, y se sustituyeron los antiguos retretes, pasando a ser unos modernos WC”. Constantino Escuer recuerda que el agua potable llegó del embalse de La Sotonera a través del canal de la Violada hasta la balsa de San Mateo que distribuye a Leciñena, Perdiguera, Farlete y Monegrillo.

Un año antes llenaban las piscinas en Perdiguera con agua dura de un pozo y el agua de boca provenía “Gracias a dos grandes aljibes que llenaban con el agua que recogía una zona de escorrentía de 18 Has. Cuando se secaban todas las balsas y aljibes el agua se traía con bidones y cubetas desde las acequias de Villamayor y Peñaflor”.

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Canal de Monegros.

El canal de Monegros permitió el desarrollo de nuevas poblaciones, el regadío llegó a parte de Los Monegros, los nuevos pueblos de colonización, las nivelaciones, los canales, canaletas y acequias de riego, el riego a manta, las concentraciones, la modernización… Aunque, al principio la visión de Costa de redistribuir las aguas se vio como una amenaza para los grandes terratenientes, dicen que muchos se opusieron a su llegada. Parte de la población vio en el canal una esperanza de futuro, allí estuvieron las mujeres canalistas de Lanaja cuando en 1915, marcharon caminando a Huesca reivindicando y reclamando que el canal llevase agua a sus campos de rabiosos secano: “pan y trabajo”. A pesar de ser expulsadas de Huesca por la fuerza y devueltas hasta Lanaja en dos autobuses, que fletó el propio Gobierno Civil, aquellas mujeres se convirtieron en todo un ejemplo de lucha y reivindicación por el futuro de su pueblo.

El agua ha sido tan importante que hasta el monasterio cartujo de Los Monegros está dedicado a Nuestra Señora de las Fuentes. La fuente del milagro, un manantial donde brota milagrosamente el agua, un agua con propiedades medicinales que incluso fue embotellada y dio origen a un intento fallido de balneario. Definitivamente, el agua en Los Monegros ha sido y es un milagro, el milagro de la vida.

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La memoria de la sed es nuestra memoria, nuestra memoria colectiva que nos precede, la memoria que deberíamos tener siempre presente. El candasnino y teólogo José Bada ha tratado la memoria del agua en los Monegros en sendos trabajos “La Sed” y “Una cultura del agua en Los Monegros”. Su gran visión del pasado, de la necesidad y su ruta de la sed es digna de reconocimiento y de tener muy enciuenta: “Si hubiera que hacer un monumento a la sed propondría hacerlo en Los Monegros. Y si hubiera que darle forma, yo le daría la forma de un botijo”.

Abrir el grifo y ver salir agua fue impensable durante siglos y siglos, antes valoraban cada gota y ahora carecemos del significado de aquel valor, ahora es un privilegio que malgastamos. Es imposible evolucionar olvidando de dónde venimos, la memoria de la sed es la memoria de la superación, del esfuerzo, el trabajo y la solidaridad.

A su memoria y a todo el patrimonio olvidado.

Escrito en plena ola de calor a finales de junio del 2019 y finalizado tras el fatídico incendio de la sierra de Alcubierre entre los montes de Leciñena y Perdiguera, del 23 de julio del 2019. Gracias a Alberto Lasheras, Alejandro Campoy, Carmen Nicás y Constantino Escuer.

 

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Avutardas por Los Monegros


Por las llanuras cerealistas de Bujaraloz descubres unos Monegros completamente desnudos de vegetación arbórea y arbustiva, una planicie imponente que se extiende entre campos de cebada, trigo y eriales en barbecho y rastrojos. De la mano del guía ornitológico Esteban Hernandez San Román, se descubre la gran riqueza de avifauna que esconde el árido ecosistema monegrino. “Tierra de pájaros… pájaros de Tierra” es la oportunidad perfecta para visitar, aprender y conocer el sur monegrino.

Las Avutardas en Los Monegros

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Esteban localizando avutardas.

      Recorriendo con Esteban los montes de Bujaraloz, contemplamos numerosos cernícalos, aguiluchos laguneros y hasta un huidizo esmerejón, entre muchas otras aves más menudas. Resulta imprescindible acudir con gente experta para asegurar el avistamiento y evitar un comportamiento intrusivo que perjudique especies que se encuentran en peligro de extinción. Cada excursión aguarda sus propias sorpresas.

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        Sin duda, la ave esteparia reina es la avutarda, seguida por sisones, ortegas, gangas, alcaravanes…. Las avutardas (Otis Tarda) han adquirido una importancia histórica muy controvertida, especie en peligro de extinción, su protección ha limitado la expansión de regadíos por monegros sur. Son aves muy sensibles a las alteraciones de su hábitat y, aunque mantienen una población estable, hacen falta medidas que aseguren y aumenten su población. Crear áreas arboladas que den sombra, limitar la caza en algunas zonas, fomentar determinados cultivos… son medidas que favorecerían la expansión poblacional de avutardas, pero siempre han de contar con la implicación y aceptación de todos los sectores sociales. Los censos recientes arrojan unos datos de unos 60 ejemplares de avutardas y se estima que entre 1960 a 1980 sufrieron una merma de más de un tercio de sus ejemplares. Son aves sedentarias y se pueden avistar a lo largo del año, aunque hay que evitar la época de cría sobre el mes de mayo. Su alimentación es mixta, vegetal e insectívora, acuden mucho a los barbechos y rastrojos. Las avutardas es el ave más pesada que vuela, alcanza hasta los 15kg, y aún así gozan de gran agilidad para levantar el vuelo, un ave muy espectacular que podemos observar en Los Monegros.

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Avutardas avistadas a través del catalejo.

      El día de la observación llegamos a avistar a casi unos treinta ejemplares agrupados en una bandada, un espectáculo natural impresionante que constituye un gran potencial, un activo turístico muy excepcional en el mundo de la ornitología. Lastima que no localizáramos un sisón que merodeaba por nuestro entorno, lo que hubiera completado una jornada perfecta.

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Avutardas sobrevolando Bujaraloz.

       Cerca aparecen las saladas de Bujaraloz, un conjunto de ecosistemas salinos especialmente singulares. Parece ser que la expansión del regadío no afectará a las saladas. También encontramos las “clotas”, pozas naturales, hondonadas salobres que aparecen por los campos, algunos terrenos son auténticos saladares. En estos ecosistemas encontramos especies gipsícolas (de yesos) y halófilas (salinas), plantas y artrópodos que demuestran la relación que hubo en el Terciario entre las estepas del centro de Asia y el Mediterráneo Occidental. Existen especies endémicas relacionadas con especies asiáticas. En este sentido han sido declarados los espacios naturales ZEPAs de “La Retuerta y saladas de Sástago” y “Estepas de Monegrillo y Pina” que protegen las zonas de las avutardas y del cernícalo primilla, pero el territorio único monegrino siempre ha sido merecedor del máximo reconocimiento natural: la figura de Parque Nacional, una aspiración innegable en el mundo científico pero muy cuestionada socialmente. El potencial natural y ornitológico ha de ser un complemento para lograr la sostenibilidad ambiental y diversificar la economía rural para generar futuro.

       Contemplar los amplios horizontes, los amplios espacios abiertos donde perder la vista es todo un placer, una libertad para los sentidos en un océano de tierra.  “Tierra de pájaros… pájaros de Tierra”, donde descubrir su riqueza merece una oportunidad que no nos dejará indiferentes. Gracias Esteban, un placer y hasta la próxima!.

Os Monegros


Os Monegros

El foscor de tus montes

te conceden tu nombre: Os Monegros,

pues en estos páramos disiertos

güenas son las sombras

ande el sol nos destierra,

en esta hermosa tierra,

de secanos y áridos pastos.

Os Monegros.

Son estepa. Ande sus gentes

son transeúntes mirando al cielo,

tan extenso, tan inmenso,

que aquí, allí y más allá hay sol y sol.

Os Monegros.

Tierra plana. Ande sus lugares

son contrastes, tonalidades

de sabinares y ontinares,

de tierras caminadas por el cierzo,

de montes foscos y negros,

hermosa tierra de “Os Monegros”.

Publicau en “ Os Monegros el 21 de marzo del 2011.

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Javier Blasco Zumeta, el gran amigo de Los Monegros


Javier Blasco Zumeta es vecino de la localidad ribereña de Pina de Ebro, donde ejerce de maestro de primaria. Su gran afición es descubrir la extraordinaria riqueza natural de la estepa aragonesa, lo que ha propiciado el hallazgo de nuevas especies naturales. A finales de los noventa creo la “Asociación de amigos de Los Monegros”: con el objetivo de divulgar no un espacio degradado, sino un ecosistema maduro con una fauna y flora propias y originales, que son, simplemente diferentes.

Javier Blasco Zumeta, el gran amigo de Los Monegros

     En este artículo nos adentramos en la gran persona y figura de Javier Blasco Zumeta: conocimiento, sabiduría y la pasión de amar, comprender y divulgar la tierra que uno pisa.

     Javier me recibe gustosamente en su casa, lo cual agradezco profundamente, y pronto entablamos una agradable conversación sobre las sabinas, tema que a ambos nos apasiona. Me comienza comentando que sobre 1800 ya se protegía la sabina albar, los permisos que daban en Farlete dejaban cortar enteras la sabina negral, mientras que la sabina albar no se dejaba ni tocar; los pinos solamente se podían podar y se permitía recoger el romero como leña. Hablamos de tiempos en que las leñas era un recurso muy demandado, a la vez que escaso.

      En los taludes de la sierra de Alcubierre se visualizan estratos que indican carbón, restos de antiguos incendios forestales sucedidos en la sierra monegrina. El fuego es y ha sido un factor clave en la dinámica evolutiva mediterránea, favoreciendo procesos de regeneración. La naturaleza es un libro abierto y nos enseña su historia, hay que aprender a leer en sus páginas y así amar lo que aún desconocemos: estos secarrales llenos de vida conocidos como Los Monegros.

      Javier realizó el “Manifiesto científico por Los Monegros”, con una gran repercusión y respaldo en la comunidad científica. Javier ha realizado numerosos estudios e inventarios sobre flora y fauna: “se ha conseguido cambiar la percepción de la estepa, una comunidad ecológica de gran biodiversidad”. El desconocimiento ha despreciado la estepa, aquellos eriales y rabiosos secanos de paso. El objetivo lo considera cumplido: se ha estudiado y se ha puesto en valor, pero aún queda mucho por hacer: ninguna especie endémica, ni hábitat, se encuentra protegido. Existen espacios protegidos, las saladas de Bujaraloz son ZEPA, por la protección ornitológica de especies como la avutarda y el sisón, no por los endemismos, la entomofauna, los líquenes, las especies gipsícolas, salinas…

“Es por ello necesaria una importante tarea de divulgación y es en ese contexto en el que se enclava esta página, que pretende ser sólo herramienta útil que acerque esta tierra a los interesados para, conociéndola, llegar a quererla.”

Amigos de Los Monegros

      El gusto por la naturaleza, por los paisajes agrestes y la soledad, Javier es un enamorado de la estepa. Ha tenido la virtud de mirar donde nadie miraba, de preguntarse que especie encontraba ante sus ojos y cuando no encontraba respuesta la trasladaba a diversos expertos especializados en cada materia, lo que ha dado píe al descubrimiento de nuevas especies a la humanidad. Una labor ingente digna de reconocer.

      La Retuerta de Pina es un paraje estepario que enseña el monegros de hace cien años, es su paisaje de referencia. En 1912 se subastaron 2.000 hectáreas forestales en lotes de unas 200 ha, lo que favoreció la conservación de una zona muy especial, donde se mantienen muchas aves esteparias. En la sierra, al ser una masa cerrada, solamente hay aves forestales, pero la proximidad de hábitats contribuye a la gran biodiversidad que esconde Los Monegros.

      Acabamos volviendo a hablar sobre las sabinas, que por Pina se empleaban para hacer estacas (emplaizados) para sujetar las ribas de las acequias o del río. En el Ebro aún permanecen postes de sabina, los colocaban antiguamente para la pesca de anguilas, hace ya más de 40 años. Con la madera de sabina se construían piezas para los pozos, iba muy bien la sabina, pues es muy resistente a la pudrición. Hablamos del falso mito de la armada invencible, un carpintero viejo le comentó que la sabina no servía de mucho, pues la pequeña tiene muchos nudos y las grandes están podridas por dentro.

     Javier ha recogido más de doscientas especies que los expertos han  clasificado, dando a conocer la gran biodiversidad monegrina en el mundo científico. Diversas publicaciones y trabajos atestiguan su gran capacidad de trabajo y difusión, ampliamente reconocido y distinguido, sin duda es el mejor amigo de Los Monegros. ¡Muchas gracias Javier!.

Enlaces de interés:

Javier Blasco Zumeta.

Atlas de aves y flora de la rivera. 

Zancarriana w