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Arquitectura efímera


 El tiempo transcurre mientras se desdibuja su figura, su forma se va desvaneciendo y el conjunto del monasterio languidece inevitablemente. Lentamente, a merced del transcurrir del tiempo, la arquitectura efímera se diluye. Es la derrota a mantener lo que por historia nos pertenece y deberíamos de transmitir y legar al futuro. Continúa espaldandose el tejau, se derrumba el chapitel, atrás queda el lucido esplendor de su antiguo tejado multicolor, de una armoniosa composición de tejas azules, verdes, amarillas y blancas. El cuadro ha de ir redibujándose a la vez que se va sucediendo el tiempo, borrar los trazos que perfilaron sutiles detalles de la torre en el amplio horizonte monegrino. Y se irán borrando los murales, las pinceladas se diluirán con la humedad, las composiciones pictóricas se desmoronan y dejan de transmitir la hermosa cualidad artística para la que fueron concebidas. Ahora son una enseñanza y muestran la desidia y el abandono, el arte en movimiento desquebrajándose y desprendiendo su piel, como un lienzo desgarrado y una fotografía desvelada a un destino perdido.

Hay ladrillos que se han desplomado y la vegetación se abre paso entre los huecos que van quedando. La enrona se acumula, la lluvia y el viento van encontrando su espacio, reclamando lo que se abandonó y ahora les va perteneciendo. Ha ocurrido con las primeras construcciones, casi completamente desaparecidas, residen en el eterno olvido. La vegetación reclama sus dominios, la naturaleza es sabía, pero no entiende de arte humano.

Y ahí permanece la vieja torre a la intemperie, obligada a permanecer despojada de sus vestiduras ante las inclemencias del invierno, ignorando si este año o al otro será el último que contemplará firme y erguida a sus amados Los Monegros, que tanto la han ignorado. Pues los años van sucediéndose, el deterioro cada día es mayor y el riesgo, el peligro, amenaza con más fuerza. El patrimonio no sobrevive al desprecio y las ruinas atestiguan lo que no heredarán las venideras generaciones. Nosotros somos testigos, quizá los últimos, y los responsables.

Publicau en Os Monegros el 4 de febrero del 2014.

Zancarriana w