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Manuel Nogues Tomás


Conocido como Titana, Manuel Nogues Tomás es un sariñenense que viene al mundo el 12 de abril de 1935, en plena plaza de la iglesia, pegado a la casa Hotel del Comercio de Rafael Ispa con el pequeño paso del “Portillo” y la panadería Virgili. Está la casa tan próxima a la iglesia que en tiempos debió de ser cementerio, pues en unas obras aparecieron huesos, apunta Manuel. Luego, tras la guerra, Regiones Devastadas, -cuando hizo pueblo nuevo-, contempló tirar parte de la casa para abrir la plaza con la calle de la abadía a través del Portillo, pero por suerte no llegó a realizarse.

Manuel Nogues Tomás.

Su madre era de Villanueva de Sijena y al casarse vino a vivir a Sariñena. Quizá, por ello la masada que tienen en Moncalver es conocida como la masada del raboso, en alusión al apodo de los de Villanueva de Sijena -Alberto Ballarín escribió algo sobre la masada-, pero no recuerda donde lo leyó. Lo cierto es que la familia de Manuel se ha dedicado a la agricultura teniendo tierras en las Almunias y Moncalvo: -Los de Moncalvo eran rebeldes- señala Manuel, -Había un pueblo del que aún queda la torre, pues hubo un ataque contra ellos, los mataron y luego clavaron en pugones, como los que ponían en las fajas de las mies-. Su abuelo fue tratante de mulas y el de Villanueva de Sijena era de vacas -Las iba a buscar a la montaña-.

En su juventud la plaza rebosaba vida. Había numerosos comercios, como la casa del dinero, comercio que vendía telas, al lado de Virgili, casa Blasco de tejidos o la tienda de Benito que vendía tebeos. También la citada panadería de Virgili, que vino después de la guerra -El horno del abuelo de Rosita estuvo primero en la plaza Villanueva-. También se acuerda mucho de casa Rompechinas, de la calle Mercado, con la farmacia de Don Juan, la alpargatería de Cancaguis (Mendiburo), casa Procopio que vendía telas de confección y que luego tuvieron un estanco, las carnicerías de Segarra, la confitería de Blasito, casa Roser y la carpintería de Victoriano, o el banco Aragón. En medio de la plaza había una fuente de granito y para las fiestas, en lo que es casa Flora, se ponía un entoldado para el baile: -Venía una orquesta americana preciosa-.

Vista de la plaza de la iglesia, con el Hotel del Comercio, casa Titana, el Callizo de la plaza y el Bazar de Ángel Benito «Angelito».

A la escuela dice que fue de “escapadizo”, estaba en el Muro, con su gran patio separado para chicas y chicos y la puerta falsa que daba a los Esquiñones. Aún se acuerda de algunos de los maestros y maestras, como Doña Presen y Doña María, Don Prudencio, Don Valentín y Don José Castanera. Algunos se pusieron por libre a enseñar, en casa Paraled, encima de donde actualmente se encuentra la tienda de Guissona -Iban unos 30 críos y pagaban 30 pesetas grandes al mes-. Solía ser por la noche a las seis o siete, normalmente una hora y hacían dictado, tablas de multiplicar… -Don José estuvo dando clases también en casa Sabineta-.

Manuel recuerda el lavadero que hicieron en las monjas nuevas, las mujeres iban a lavar y los críos a jugar.

En casa tenían vacas para leche y las sacaba a apacentar, siendo uno de los muchos güayateros que hubo en la villa -Pues igual había unas 30 o 40 personas que iban a apacentar vacas-. Las solían llevar por la laguna donde se solían comer las junqueras, que eran tierras comunes. Las vacas las guardaba cerca del Muro con la calle del Castillo Bajo y solían ir solas al abrevadero del Muro que había cerca de las escuelas. Una vaca les parió un novillo con tres ojos y todo el pueblo se acercó a verlo, fue todo un espectáculo. Había familias que tenían 8 hijos y solo tenían una vaca -Ponían una cazuela al fuego con la leche y cuando hervía echaban tajadas de pan y azúcar negra de la remolacha-. Lo preparaban para desayunar y muchas veces, del hambre que se pasaba, servía para todo el día -Ha habido mucha pobreza-.

Igualmente existía la dula, por la cual se juntaban un rebaño de ovejas en que cada casa aportaba las tres o cuatro que tenían. Había un dulero para vacas y mulas, las recogía por donde Arasa tiene el taller, los pastaba por la Laguna y, al caer la tarde, cada uno iba a buscar sus animales al lugar de reunión, aunque ellos mismos sabían volver por si solos. En Sariñena hubo pocas cabras, matiza Manuel.

Iba a recoger remolacha al campo, a veces bajaban de la estación y a algunas mujeres les bajaba en el carro saquetes de carbón que recogían de la vía del tren -Les daban 3 o 4 pesetas por el saquete y con ello, aquellas mujeres, compraban pan-. Muchas de aquellas mujeres vivían en la calle la Meca. -A una cría le pilló el tren, se agachó a coger una briqueta y justo el tren se puso en marcha, tenía 13 años-.  Algunas iban descalzas, recuerda Manuel, pues fueron tiempos muy duros y se pasó mucha hambre (Las carboneras de Sariñena).

Además, en casa tuvieron un pequeño rebaño lanar de unas 100 cabezas que apacentaban por el monte. Cuando salía el sol, Manuel daba de comer a las mulas y hacía algunos fajos de esparto, con ello se ganaba algo para los domingos. Los sábados cargaba el carro con fiemo y bajaba a Sariñena, abonaba y regaba la huerta y el domingo a bailar. Todos los domingos no faltaba en el Casino, del que aún es socio -Había orquestas muy buenas y la propia, la orquesta Cobalto-. El esparto lo llevaban a Vitoria, al País Vasco, en camiones, Basols tenía hasta 4 camiones y también recogía Del Río. -Todo el pueblo iba a hacer esparto-, muchas veces, cuando se estaba realizando alguna actividad en el monte, se aprovechaba para recoger algo de esparto o cazar.

Se cazaba liebres y por la laguna patos, por las noches iban y en el tarquín los cogían. Se mataban tocinos de 10 o 12 arrobas, dos tocinos al año. Vino y aceite como el agua -Granero lleno para las mulas, familia contenta-. En casas particulares había prensas de aceite, y en algunas dejaban prensar. La comida se racionaba muchísimo, había gente que iba mal vestida -Fueron años muy duros-.

Como pastor, apajentando el ganado, Manuel estuvo unos 5 años. Se llevaba el morral con piazos de pan y pizcas de magras, iba a dar vuelta al ganado, sobre todo para que no entrase en los sembrados. A veces le quitaban la fiambrera algunos niños que pasaban hambre ya que sus padres habían marchado a Francia. Aquella faena la complementaba con la agricultura. Al principio su padre se llevaba un hombre para labrar y la trilla y con el tiempo, a medida que fue creciendo, fue él. Manuel iba a labrar, se quedaba tres meses en el monte, en la masada, y labraba con mulas. No se regaba y no se cogía nada en el secano. Sariñena, sin la llegada del regadío, estaría ya cerrada. Se sembraba lino, algodón.

Salían al “Ojitos”, con 17 o 18 pesetas huevos fritos, un piazo chorizo y vino. Allí jugaban al arrastrao. Casa “Ojitos” estaba en la casa de Aurelio, pero también estaban casa Pedro o casa Ancho.  A veces iba a casa Ancho a tomarse algo y allí se enteraba como iba el pueblo. Hizo la mili en Huesca y se salvó porque su padre tenía más de 60 años, lo había dejado solo con un par de machos. Se casó con María Jesús Mairal y han tenido dos hijos, Chus y José Manuel.

Manuel ha sido danzante durante 32 años. Comenzó a danzar a los 7 años, cuando estaba Vicente Capitán, que iba a La Almolda, y luego con Juan Susín, su hermano Pedro Susín fue general. Como mayoral estuvo con Antonio Susín. Ensayaban en la calle del Dance, justo arriba de la plaza de la Iglesia, antes de la guerra había un callizo que unía la calle con la plaza. Había muy buenos danzantes, los Carrizos, Espuña…

Dance de Sariñena. Fotografía de Manuel Nogues Tomás.

-Casi se pierde el dance y gracias a José María Paraled, que se hizo presidente, a Isidro Claveria, Juan Manuel Olivan, Antonio Olivan, Manolo Puyol y muchos más hicieron que no se perdiera-. Luego llegaron los famosos concursos de dances de Zaragoza. Manuel estuvo en ellos, los organizaba Antonio Beltrán -En una edición ganamos el primer premio y para celebrarlo fuimos a comer al Casino de Huesca-

Manuel vive con fuerza Sariñena, aún vibra con el dance del que tan orgulloso se siente. También de nuestro equipo de fútbol y ha seguido siempre al CD Sariñena y la gran rivalidad que ha habido con otros equipos. Ha sido muy activo y en casa no ha parado mucho y esa vitalidad la sigue trasmitiendo, como buen sariñenense, viviendo su día a día, en ese lugar tan privilegiado que es la plaza de la iglesia donde reside el alma de Sariñena. 

Gonzalo Alcolea Huerva


Natural de Pallaruelo de Monegros, Gonzalo nació un 25 de junio de 1936. Su padre era agricultor, tenía tierras de secano que con el tiempo se han vuelto de regadío. Su madre trabajaba haciendo faenas para las casas ricas  “Iba mucho a lavar con agua de balsa y con el jabón que ella misma hacía”. Fueron tres hermanos  y los tres tuvieron que emigrar.

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A la escuela fue poco, a los 10 comenzó a ir de rebadán con el ganado, de aprendiz de pastor con su tío José Huerva y el tío Isidoro Camón, los dos mayorales. Así, Gonzalo solamente fue a la escuela desde los 6 hasta los 10 años, pero al poco entró la educación obligatoria y tuvo que volver desde los 12 a los 14 años. De su edad apenas serían una media docena de críos. Jugaban a los pitos y a la bomba entre muchos otros juegos.

Con siete años lo bajaban al pozo en un pozal, con la carrucha. En cada casa había un pozo y lo bajaban para limpiarlo. Como era oscuro bajaba con un candil. En una ocasión lo bajaron demasiado y el agua comenzó a llegarle hasta el cuello, gritaba pero arriba no le oían y el candil se apagó, había más de metro y medio de agua. Al final lo subieron pero estuvo a punto de ahogarse.

Por el monte iban a mirar nidos por las sabinas, nidos de picarazas y cuervos, a tirarse por los bordiles de paja por los que bajaban de cabeza. Iban a la balsa buena a buscar agua con un carretillo de madera, llevaban pozales en el carretillo donde cabían unos cinco pozales de diez litros cada uno. En el carro llevaban hasta doce pozales “Los pozales eran de zinc”.

La balsa se limpiaba cuando se secaba, empleaban las caballerías. En Pallaruelo de Monegros estaba la balsa Tío y la balsa Buena y trataban que siempre tuviesen agua. Luego en las casas se almacenaba en los aljibes.

Su padre iba a buscar piedra a la virgen Vieja, su padre trabajó haciendo la carretera que iba de Sariñena a Bujaraloz y con un mallo machacaba las piedras “Sería a mediados de la década de 1940”.

Con 15 años, Gonzalo marchó a Monzón de pastor, estuvo un año. A los 16 años marchó con su familia a Raimat (Codorníu). Allí trabajaron por casa, huerto y 200 kg de harina, llevaban la tierra y las viñas, las podaban y vendimiaban. A los 21 le tocó hacer la mili y luego marcó a Alpicat (Lérida) donde trabajó como camionero hasta su jubilación a los 60 años. Aunque a los 62 volvió a su Pallaruelo natal y llevó las tierras de casa.

Siempre ha vuelto a Pallaruelo de Monegros, sobre todo para vacaciones y fiestas. Se vio obligado a marchar ya que entonces no había trabajo “Igual llegamos a marchar unas veinte personas en aquella época, fueron años muy malos que no se cogía nada en el campo, sería a principios de la década de 1950. La mayoría marchó a Barcelona, había muchas fábricas y mucho trabajo”.

De zagal cogía leñas de romero y sosa y en Sariñena o Capdesaso la cambiaban por patatas, garbanzos o judías. En casa criaban un tozino al año “Aunque si no se cogía cosecha no había dinero”. Con cepos cogían conejos que también criaban con  letacines o apanucios, hierbas que daban a los conejos para comer. Cazaban con varas o con perros conejeros, los hacían salir de los cados y los atrapaban.

Gonzalo fue danzante igual que su abuelo Mariano quien le enseñó a danzar. Ensayaban los domingos en las escuelas, recuerda Gonzalo. También se acuerda del tío Pascualer, el diablo y del tío Juaner que hacía las motadas.

En las fiestas había orquestas, en una era se hacía la carrera pedestre y al ganador se le daba un pollo y también, a veces, una garrafa de vino “Se hacía en la era donde se trillaba, por la mañana se regaba, a primera hora, para que fuese mejor la carrera”. También se remojaba la plaza para el baile. Para la celebración de los quintos se iba casa por casa a pedir y luego hacían merienda.

A los Pallaruerlo les llamaban los pelaos, los calvos y cuando los de Castejón de Monegros pasaban les decían “Quies un peine”, a rejodidas alguna les amenazaba con la escoba. Eran otros tiempos a los que nos hemos acercado gracias a Gonzalo, tiempos en los que con una perra gorda en la tienda compraba una papelina de almendras tostadas en casa de la tía Rosa y merendaban un trozo de pan con chocolate o pan con vino y azúcar. Gracias Gonzalo y a Pilar Guerrero y Aimar Mir de la Residencia de la tercera edad de Sariñena por su colaboración para la realización de las entrevistas, gracias!!