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Jubierre


Jubierre aparece espectacular bajo las confluencias del Alcanadre y la Isuela (oficialmente Flumen), tras la depresión de Sariñena y a los pies de la intersección de las sierras de Alcubierre y Sijena. Un laberinto elegante y sinuoso, con escarpes y barrancos que juegan caprichosamente con un tiempo inexorable, pretérito y a la vez, aunque parezca imposible, en continua evolución.

 

Un lugar excepcional en plena depresión del Ebro y en el corazón de Los Monegros, ocupando una superficie aproximada de unas 3.199,92 hectáreas y que pertenece al término municipal de Castejón de Monegros, lindando con Albalatillo, Sariñena y Sena. Desde el 2015 se encuentra protegido como Área de Interés Geológico “Badlands de Jubierre” incluido en el Catálogo de Lugares de Interés Geológico de Aragón (Código LIG : ARA062).

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Jubierre es un amplio conjunto de depósitos y formas de modelado de origen fluvial y eólico, Jubierre es una unidad de relieve propia. Sedimentos del mioceno erosionados de forma diferencial, de calizas, areniscas, arcillas y margas con fuertes procesos geomorfológicos activos de erosión hídrica superficial, principalmente de lluvias torrenciales. Una amplia red de drenaje profundamente desarrollada en barrancos, cárcavas y regueros, tierra desierta con un suelo escasamente fértil y muchas veces desnudo, sin vegetación. Romerales, ontinares, espartales, tomillos, aliagas, coronillas de fraile, algún espino, alguna sabina albar y pinos rastreros de repoblación que difícilmente sobreviven en un paraje de inhóspita apariencia. El paisaje atrae con gran intensidad, fascina y muchos de sus espacios nos trasladan al viejo oeste cinematográfico. Jubierre va  desarrollando su potencial de entorno único y singular, una marca propia y reconocida que cada día es más visitada y disfrutada.

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El terreno aparece desquebrajado, su rota horizontalidad nos va descubriendo matices que nos envuelven en el mismo paisaje, sorprendiendo con sus imponentes tozales, formaciones eminentes dominadas por materiales resistentes (areniscas) sobre materiales débiles que crean formas imposibles que desafían la misma gravedad. Un sustrato de margas y arcillas versicolores que crean caprichosas morfologías con infinidad de detalles, con intensas oxidaciones rojizas (debido al hierro férrico) y reducciones grisáceas verdosas (épocas de inundación), con un amplio abanico de tonalidades: ocres, amarillos, marrones, pardos, blanquecinos… pinceladas de un entorno natural que es pura creación artística. Más al piedemonte de la sierra, las margas (el salagón) son culminadas por una mayor capa resistente de caliza lacustre.

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Ermita de San Miguel

Jubierre es un lugar con profundidad, con historia, lugar de remotos asentamientos, con yacimientos ibéricos que posiblemente sean de los más importantes de la provincia de Huesca. Además parece que existió el pequeño poblado de Jubierre, donde actualmente se encuentra la ermita de san Miguel, y también un viejo molino harinero, destruido hace algunos años, que fue comprado en el año 1419 por Castejón de Monegros.

En el territorio donde se encuentra la ermita de San Miguel, y a la izquierda  y junto al r. Alcanadre, hubo antiguamente un pueblo llamado hoy Jubierre y antes Chubierre, del cual se conservan algunos vestigios. Dicho pueblo (arruinado ya), con todas sus pertenencias de pastos, montes, sierra, dicha ermita de San Miguel y un molino harinero, destruido hace algunos años, fue comprado en el año 1419 ; y es ahora propiedad de Castejón de Monegros.

Madoz

Diccionario Geográfico – Estadístico – Histórico 1845-1850

Jubierre es árido y seco, esquivado por el magnifico soto del Alcanadre que se desvía antes de llegar a Jubierre, antes de desembocar aguas abajo en el Cinca. De ahí el nombre del río Alcanadre, de la vieja lengua ibera que Bienvenido Mascaray nos describe como el río que se desvía próximo a acabar. Y a buen seguro que la misma lengua ibera de respuesta al origen del topónimo de Jubierre, que quizá lo describa como terreno “separado” o “partido”, debido a su segundo término berex.

 

Los tozales de Colasico, la Cobeta y los tozales de los Pedregales, el tozal Solitario, el mirador de Peñaltar… un paisaje espectacular, impresionante que a nadie deja indiferente. Suelos lunares, de fuertes contrastes, lugar de inspiración y de creación, un paraje lleno de vida y de magia, un tesoro natural, geológico y monumental imprescindible para descubrir.

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Javier Blasco Zumeta, el gran amigo de Los Monegros


Javier Blasco Zumeta es vecino de la localidad ribereña de Pina de Ebro, donde ejerce de maestro de primaria. Su gran afición es descubrir la extraordinaria riqueza natural de la estepa aragonesa, lo que ha propiciado el hallazgo de nuevas especies naturales. A finales de los noventa creo la “Asociación de amigos de Los Monegros”: con el objetivo de divulgar no un espacio degradado, sino un ecosistema maduro con una fauna y flora propias y originales, que son, simplemente diferentes.

Javier Blasco Zumeta, el gran amigo de Los Monegros

     En este artículo nos adentramos en la gran persona y figura de Javier Blasco Zumeta: conocimiento, sabiduría y la pasión de amar, comprender y divulgar la tierra que uno pisa.

     Javier me recibe gustosamente en su casa, lo cual agradezco profundamente, y pronto entablamos una agradable conversación sobre las sabinas, tema que a ambos nos apasiona. Me comienza comentando que sobre 1800 ya se protegía la sabina albar, los permisos que daban en Farlete dejaban cortar enteras la sabina negral, mientras que la sabina albar no se dejaba ni tocar; los pinos solamente se podían podar y se permitía recoger el romero como leña. Hablamos de tiempos en que las leñas era un recurso muy demandado, a la vez que escaso.

      En los taludes de la sierra de Alcubierre se visualizan estratos que indican carbón, restos de antiguos incendios forestales sucedidos en la sierra monegrina. El fuego es y ha sido un factor clave en la dinámica evolutiva mediterránea, favoreciendo procesos de regeneración. La naturaleza es un libro abierto y nos enseña su historia, hay que aprender a leer en sus páginas y así amar lo que aún desconocemos: estos secarrales llenos de vida conocidos como Los Monegros.

      Javier realizó el “Manifiesto científico por Los Monegros”, con una gran repercusión y respaldo en la comunidad científica. Javier ha realizado numerosos estudios e inventarios sobre flora y fauna: “se ha conseguido cambiar la percepción de la estepa, una comunidad ecológica de gran biodiversidad”. El desconocimiento ha despreciado la estepa, aquellos eriales y rabiosos secanos de paso. El objetivo lo considera cumplido: se ha estudiado y se ha puesto en valor, pero aún queda mucho por hacer: ninguna especie endémica, ni hábitat, se encuentra protegido. Existen espacios protegidos, las saladas de Bujaraloz son ZEPA, por la protección ornitológica de especies como la avutarda y el sisón, no por los endemismos, la entomofauna, los líquenes, las especies gipsícolas, salinas…

“Es por ello necesaria una importante tarea de divulgación y es en ese contexto en el que se enclava esta página, que pretende ser sólo herramienta útil que acerque esta tierra a los interesados para, conociéndola, llegar a quererla.”

Amigos de Los Monegros

      El gusto por la naturaleza, por los paisajes agrestes y la soledad, Javier es un enamorado de la estepa. Ha tenido la virtud de mirar donde nadie miraba, de preguntarse que especie encontraba ante sus ojos y cuando no encontraba respuesta la trasladaba a diversos expertos especializados en cada materia, lo que ha dado píe al descubrimiento de nuevas especies a la humanidad. Una labor ingente digna de reconocer.

      La Retuerta de Pina es un paraje estepario que enseña el monegros de hace cien años, es su paisaje de referencia. En 1912 se subastaron 2.000 hectáreas forestales en lotes de unas 200 ha, lo que favoreció la conservación de una zona muy especial, donde se mantienen muchas aves esteparias. En la sierra, al ser una masa cerrada, solamente hay aves forestales, pero la proximidad de hábitats contribuye a la gran biodiversidad que esconde Los Monegros.

      Acabamos volviendo a hablar sobre las sabinas, que por Pina se empleaban para hacer estacas (emplaizados) para sujetar las ribas de las acequias o del río. En el Ebro aún permanecen postes de sabina, los colocaban antiguamente para la pesca de anguilas, hace ya más de 40 años. Con la madera de sabina se construían piezas para los pozos, iba muy bien la sabina, pues es muy resistente a la pudrición. Hablamos del falso mito de la armada invencible, un carpintero viejo le comentó que la sabina no servía de mucho, pues la pequeña tiene muchos nudos y las grandes están podridas por dentro.

     Javier ha recogido más de doscientas especies que los expertos han  clasificado, dando a conocer la gran biodiversidad monegrina en el mundo científico. Diversas publicaciones y trabajos atestiguan su gran capacidad de trabajo y difusión, ampliamente reconocido y distinguido, sin duda es el mejor amigo de Los Monegros. ¡Muchas gracias Javier!.

Enlaces de interés:

Javier Blasco Zumeta.

Atlas de aves y flora de la rivera. 

Zancarriana w