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Domingo Lana Novellón, el rebadán del tremoncillo.


 

Domingo Lana

Domingo Lana Novellón.

             Cariñosamente, Antonio Susín, antiguo mayoral del dance de Sariñena, apodó a Domingo Lana Novellón como el “Rebadán del tremoncillo”. El mismo Susín lo cuenta en una entrevista a Rafael Ayerbe Santolaria:

     Domingo Lana. Ese también fue rebadán conmigo. Y cuando veníamos a danzar aquí a Huesca una vez, resulta que no llevaba ramo de albahaca ni cosas de esas, porque era pa distinto tiempo, no era San Lorenzo precisamente. Y como no llevaba ramo bajo, paró el coche de línea que veníamos todos, y baja y coge unos tremoncillos y una aliaga, y se hizo un ramo.

    Y llega aquí y digo:

 

“Tenemos un rebadán

que para mí es bastante pillo

y en Sariñena le llaman

el rebadán tremoncillo.”

 

Antonio Susín Palacio

Archivo de tradición oral Rafael Ayerbe. 

            A raíz de esta simpática y graciosa anécdota nos adentramos a conocer a Domingo Lana, persona muy conocida y querida en la villa de Sariñena.

            Domingo Lana Novellón nació en Sariñena, un 4 de agosto de 1933, en casa “Codaneta”, en la calle La Rosa. Su padre Manuel Lana Laín fue ferroviario en Sariñena, pero al final de la guerra tuvieron que marchar a Barcelona. Regresaron pronto y su padre se empleó en la llevanza de tierras. Domingo abandonó pronto la escuela, entre los diez y once años, incorporándose a las faenas del campo. Con la mayoría de edad obtuvo el carnet de conducir y por el 64 comenzó a trabajar en la autoescuela, oficio que ha ejercido hasta su jubilación. Mucha gente de Sariñena ha aprendido a conducir con Domingo Lana, un gran maestro. Es persona culta, poeta, ha escrito dichos, motadas y jotas, tocaba la guitarra y siempre ha colaborado en la vida cultural sariñenense. Recuerdo verlo en el almuerzo, cuando me saqué el carnet de conducir, afanoso con el crucigrama del periódico.

            Domingo cuenta que el mayoral Antonio Susín trabajó en un taller mecánico en Barcelona, donde se encargaba de engrasar. Susín tuvo un accidente, le explotó un compresor que le afectó a una mano y parte de la mandíbula. La lesión de la mano le impidió tocar la gaita, aunque algo se defendía con el clarín. Domingo también trató de iniciarse con la gaita, compró un clarín a plazos, pero su padre se lo hizo devolver.

            “Sena y Sariñena han conservado muy bien el dance”. Cuando Susín se puso malo se tuvo miedo “porque se podía perder el dance”. También cuando se perdió la gaita de boto aragonsea, se tuvo que recuperar, con Martín Blecua y Pedro Mir. Mientras reconstruían la gaita, Domingo y Manolo Berdun marcharon a Zaragoza y compraron tres gaitas gallegas. Fueron tiempos difíciles para el dance, incluso hubo un desprestigio del mismo y mucha gente pensaba que era hacer la risa.

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Domingo Lana con la revista «Monegros»

            “Susín era muy buena persona, tenía muy buen fondo”, recuerda Domingo. “La siña Teodora, la madre de Susín, les preparaba una cebolla a tiretas con olivas negras y aceite cuando volvían de trabajar.” Gozaban de una gran amistad, venía de familia y compartían muchas faenas del campo, además de su pasión por el dance.

            Domingo empezó en el dance en el 43 como rebadán y con Susín  como mayoral. Le ha tocado escribir dichos y motadas: “las motadas expresan muchas cosas en pocas palabras”. Recuerda con cariño a Susín  y del mayoral de Pallaruelo, el tío Juaner, del dice que “tenía una luz especial para los dichos y motadas”.

      Manuel Antonio Corvinos Portella recogió, gracias a Domingo Lana, diferentes curiosidades sobre el dance de Sariñena en «La casa del gasto y otros asuntos del dance».

            Domingo me ha recibido en su huerta, me ha hablado del dance con pasión, orgullo y emoción. El dance es una gran tradición y todo un arte: “El dance va con el instinto natural de la persona, es una expresión natural por instinto. Es una expresión oral que tiene su momento, efímera. Pero, cada paso que ha tenido importancia en la vida, se ha visto reflejado en el dance”. Domingo tiene muchas cosas por contar y que mejor que él para contarlas, le animo y espero que pronto las podamos disfrutar.

Zancarriana w

LA CASA DEL GASTO Y OTROS ASUNTOS DEL DANCE


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Danze de Sariñena, fotografía de Pilar Laín.(Pilarlainphotoblog)

  Conversando  con Domingo Lana y  Daniel Mir me comentaron ciertas actividades que el grupo del dance realizaba en otros tiempos y que, por unas u otras razones, se perdieron a finales de los años sesenta. Como la que se realizaba la víspera de la fiesta cuando algunos danzantes solían ir de madrugada al huerto de los “Pomar” a comer higos acompañados de una buena tajada de pan.

   También el día 2 de septiembre, después de honrar a San Antolín, se  recorrían los barrios más antiguos de la villa  recogiendo con unas canastas lo que los vecinos les regalaban, a saber:  tortas de cucharada o de las de fiesta (éstas las llevaban ensartadas en sus espadas), también madalenas, enfarinosos, chorizos, longanizas o dinero que llevaban ostentosamente en una bandeja y que se utilizaba para renovar el material propio del dance; incluso, en algunos casos muy celebrados, recibían algún cordero de alguna casa “pudiente”. Y, de vez en cuando, se refrescaban con el vino de un porrón o de una bota.

 También se perdió  la antigua “Casa del Gasto”, que aunque llamada de esa forma genérica, el apelativo correspondía a una sola dependencia ubicada en alguna casa de algún danzante veterano. Allí se reunían el segundo día de la fiesta para dar buena cuenta de todas aquellas viandas que los danzantes habían recogido el día de San Antolín, igualmente se utilizaba para guardar cosas propias del dance

  Cuenta Daniel que en casa de su abuela Francisca Laín Carrasquer (de ahí viene el mote Carrasco) de la avenida de Goya estuvo la Casa del Gasto durante siete años También se ubicó durante muchos años en casa de Elías Capitán (Pierretes).

  Como anécdota curiosa cuenta Domingo la que les ocurrió a Antonio Torres, Domingo Lana y Manuel Berdún cuando se trasladaron a Toledo a comprar espadas y alfanjes. Llevaban la dirección de una contrastada fábrica de armas medievales y hacia ella se dirigieron. Al preguntar por el precio se llevaron una desagradable sorpresa puesto que les pidieron por las espadas de acero una cantidad inasumible para el presupuesto que manejaban  y dada la calidad y similitud con las auténticas debían pedir permiso a Gobernación cada vez que fueran a usarlas. No queriendo regresar de vacío decidieron buscar algo más económico y preguntaron dónde podían adquirirlas más baratas. Les indicaron una tienda del centro turístico de la ciudad y se fueron hacia el comercio indicado. Después de realizar la compra regresaron a Sariñena. Llegado el día de San Antolín, salieron los danzantes a las puertas de la iglesia con sus flamantes espadas y alfanjes y al comenzar las mudanzas y en el entrechocar de los aceros empezaron a “brincar” por los aires las guardas de aquellas económicas armas  y ante tal situación ya no se fiaron y decidieron continuar con  los viejos y gastados sables.

   Después del paréntesis de la Guerra Civil, el dance se retomó en 1940  y como primer mayoral ejerció Martín “el Donato” y como rebadán Antonio Susín.

   Me contó Domingo que en los años de la  posguerra se debía cumplir cada año con la normativa vigente, que no era otra que la de pedir permiso a la Guardia Civil para poder utilizar las espadas y los alfanjes, si descontextualizamos el dato podría parecer una extraña petición, pero pensemos que eran tiempos posbélicos.  También  me dijo que los danzantes  tenían la costumbre de salir a danzar en la procesión del Corpus.

      Entre los autores de los dichos recuerdan a  Martín “el Donato”, Antonio Susín, Domingo Lana, Tito Torres y los actuales Jaime Martín y Luis  Blecua.

 

                                                                              M.A. Corvinos Portella.