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Carmelo Morón Buil y Flor Nieto Extremera


Flor Nieto Extremera nace en la Puebla de Almoradiel, en la provincia de Toledo, en 1945. Su madre la trae prematuramente al mundo, mientras su padre sufre la cárcel, como muchos, al finalizar la guerra española de 1936-1939. A su salida de la cárcel, el mismo director de la prisión de Carabanchel le aconseja no regresar a su pueblo, del que queda desterrado. Por lo que acaba yendo a Valdemanco de la Sierra, comunidad de Madrid, junto a su familia, donde comienza a trabajar de mecánico y electricista. Un trabajo al que poco a poco va especializándose en motores de elevadores y montacargas, llevando su mantenimiento, lo que le lleva a trasladarse de nuevo para trabajar en las minas de Asturias; de la mano de Ingeniería y Construcciones Marcor S.A.

Carmelo Morón Buil.

Flor guarda muy buenos recuerdos de Asturias ya que la empresa les trataba bien -hacía frio y llovía y la empresa aseguraba la estufa todos los días en la escuela-.  Allí pasaron unos siete años hasta que, entre 1954-1955, la empresa los traslada a Castejón de Monegros, donde se inicia la construcción del túnel de la sierra de Alcubierre para el paso del canal de Monegros, un túnel que les cambia la vida.

Estamos hablando del denominado túnel de Alcubierre, también conocido como túnel de Castejón, una extraordinaria obra de ingeniería del canal de Monegros que permite salvar el accidente geográfico de la sierra de Alcubierre para dar servicio a la zona sur de la comarca. Una infraestructura que empleó a cerca de trescientas personas, muchas venidas de fuera, como fue el caso del padre de Flor, pero también de mucha gente de la zona.

La empresa encargada fue Marcor S.A., una empresa grande constituida en Madrid el 17 de enero de 1928, con el acrónimo de Ingeniería y Construcciones Marcor, S.A. y gestionada por el ingeniero de caminos Rafael Corbí Martínez. En el túnel de Alcubierre, su padre continúa encargado de los elevadores o montacargas que en el argot minero llamaban “Jaulas”, principalmente en el mantenimiento y reparación de los motores.

En el túnel también trabaja quien, con el tiempo, es su esposo, Carmelo Morón Buil, natural de Castejón de Monegros, donde nace en 1942. Su padre fue pastor, no tuvieron tierras por lo que Carmelo pronto tuvo que dejar la escuela y comenzar a trabajar. Así, con 14 años comienza a trabajar en el canal y concretamente en el túnel. Lo hace ingresando en el taller, había fragua, yunque… era más bien como una herrería y allí repasaban las barrenas, martillos y picos, las ponían como nuevas, las pasaban por la fragua y templaban, con gasoil y aceite, dejando bien los cortes. La barrena esta hueca por dentro y la metían en una máquina que la calentaba y le hacía un nudo.

El túnel de Alcubierre del canal de Monegros es construido perforado con técnicas de minería, llevado a cabo entre 1956 y 1960. Para su perforación mecánica se emplearon barrenas, un tipo de barrenas hexagonales, era todo salagón, y primero iban introduciendo una barrena de 1 metro y así iban introduciendo sucesivamente una de 2 m., 3 m., 4 m. hasta finalmente una de 5 m. para colocar definitivamente el explosivo. Introducían cartuchos de dinamita y una vez preparado realizaban la detonación y explosión. Para ello solían apartarse bastante, colocándose lejos de la carga para detonarla con seguridad. Luego procedían al desescombro, retirando todo el material y cargando a pala las vagonetas que evacuaban por medio de los pozos con sus respectivas jaulas.

También perforaban con martillos neumáticos. En superficie se instalaron unos grandes compresores, cada uno igual pesaba 20 toneladas que funcionaban a gasoil y alguno puede que eléctrico. Igualmente, Carmelo recuerda partes de los motores de los compresores que pesaban más de 500 kg. Así, por medio de unas mangueras se llevaba el aire comprimido de los compresores al interior del túnel excavado para mover los martillos neumáticos. Carmelo trabajó también de ayudante de tubero, instalando las mangueras para los martillos.

A su vez, dentro del túnel instalaron railes por los que circulaban las vagonetas, a veces empujadas por hombres y otras con mulas que llevaban hasta las bocas o pozos, en estos últimos donde estaban las jaulas. Por medio de los elevadores, las jaulas, subían las vagonetas llenas para extraer toda la piedra y tierra, la voladura. Una vez en superficie basculaban las vagonetas y las volvían a bajar por las jaulas, igual que en las minas.

Pozo del túnel de Alcubierre donde en su interior iban las «Jaulas».

Aquellos potentes motores de las jaulas iban a gasoil. En las jaulas ponían hasta 3 o 4 mulas -Una se mató al caer por el hueco de la jaula, también uno de los obreros, empujando una vagoneta, no se dio cuenta que estaba la jaula abajo y al volcar la vagoneta esta le arrastró tras ella-. Había un matrimonio encargado del cuidado de las mulas, el tío Juan y Puri, les daban pienso para comer. Flor recuerda cuando vivió en Asturias como a las mulas les daban algarrobas que ellas también comían, les gustaban -eran dulces-.

Había encargados y los ingenieros solían aparecer de vez en cuando dando vueltas y comprobando el avance de las obras. Se trabajaba en cuatro tramos, van narrando Carmelo y Flor. De la boca de Jubierre al pozo uno y del pozo uno a la boca de Jubierre iban picando para encontrarse en medio y así hacían en cada tramo. En total fueron tres pozos que dividían los cuatro tramos; empezando en cada pozo para converger en el centro del mismo. Conforme avanzaban en el túnel ponían luces, aunque se movían mucho con candiles de carburo, pues la luz fallaba mucho. Después se iba revistiendo de hormigón la bóveda, camiones cogían arena del río y la subían para el túnel, donde se amasaba para el encofrado de la bóveda del túnel. Encofraban rápido, ya que el salagón era muy débil, para así evitar derrumbamientos y desplomes.  

En uno de los tramos, en vez de pozo había una rampa de la que un cabestrante tiraba de las vagonetas para la extracción de tierra y piedra de la perforación -Una vez se rompió el cable y las vagonetas cayeron aplastando a un empleado-.

El taller era una caseta pequeña que habían construido, tenía fragua, yunque, tenían de todo. De encargado del taller estaba Julián el herrero, con quien Carmelo forjó gran amistad. También soldaban con autógena y algo con eléctrica, pero muy poco, por lo que Carmelo fue aprendiendo todo un oficio. Entre las distintas instalaciones existió un polvorín, muy cerca del pozo 2 y siempre custodiado, día y noche, por dos guardias.  

Se montaron barracones, hubo hasta unos 100 reclusos trabajando en el túnel para quienes construyeron unos barracones de madera, cerca del pozo 2. Dormían en los barracones y también tenían cocina y comedor. Además, tenían unos depósitos de agua que iban reponiendo con cubas, para beber y aseo y en invierno se tenían que duchar con agua fría. Hubo seguridad, unos guardias vigilaban la obra y los barracones, no obstante, aún hubo un par que escaparon. Dentro de lo que cabe tenían cierta libertad, incluso bajaban a Castejon de Monegros a comprar y a misa los domingos. Al que era malo no le dejaban ir a Castejón. Además, disponían de servicio médico.

Algunas mujeres se quedaban en las casetas que había cerca del túnel. La mayoría de los que vinieron como trabajadores eran asturianos, gallegos, de muchas partes de España. Muchos trabajadores y sus familias se alojaron en casas en Castejón de Monegros; este fue el caso de la familia de Flor. Incluso los hijos de las familias iban a la escuela de Castejón de Monegros. Carmelo aún recuerda la escuela de su niñez: -Había dos, una de párvulos que estaba en la plaza del ayuntamiento, con doña Carmen, y las escuelas de abajo, de niños y de niñas, separados, aunque se juntaban en el recreo-. Sin poderlo evitar, Carmelo, con cariño, se acuerda de doña pilar y don Mariano y de don Ángel.

La empresa les traía agua y eso que la fuente madre de Castejón de Monegros siempre ha dado agua en abundancia a la localidad, siempre ha habido buena huerta e incluso de La Almolda venían a buscar agua. Pero, cuando los americanos se pusieron a prospectar en busca de petróleo la zona, debieron de joder la beta y ya no ha vuelto a brotar agua igual en la fuente madre.

El resultado dio un túnel de una longitud total de 6.199,11 metros. 5.161,81 metros de longitud natural y 1.037,30 metros de falso túnel o túnel artificial. Una obra fundamental en el sistema de riegos del Alto Aragón dentro del canal de Monegros, que marca el fin del Tramo IV y el inicio del Tramo V del canal a la zona regable denominada Monegros II al sur de la sierra de Alcubierre. Una expansión declarada de interés nacional en 1985 y que abarca miles de hectáreas transformando en regadío poblaciones como Ballobar, Bujaraloz, Candasnos, Fraga, Peñalba o Valfarta.

Con la finalización del túnel, Flor se vio obligada a desplazarse a Sádaba, donde la empresa trasladó a la mayoría de trabajadores que participaron en la construcción del túnel de Alcubierre. Mientras, Carmelo estuvo un tiempo trabajando en Castejón de Monegros, en un taller metalúrgico, reparando aperos de labranza e incluso errando caballería… pero, sobre todo, Carmelo se fue profesionalizando en la soldadura.

Luego Carmelo marchó a Zaragoza, a talleres Cima, le hicieron una prueba por la mañana y por la tarde ya empezó a trabajar. Luego pasó a La Pesa, donde hacían depósitos de Repsol. También trabajó en hornos Farja, haciendo hornos de pan, especializándose en los frontales, que eran de acero. 

Aunque después de todo y gracias al túnel, Carmelo y Flor contrajeron matrimonio, viviendo en Zaragoza y sin perderse cada oportunidad de volver a Castejón de Monegros, fines de semana y festivos. Son felices entre los dos sitios, acompañados de su familia. Sin olvidar lo que significó la construcción del túnel que, gracias a sus testimonios, nos hemos acercado, a aquella época que tanta prosperidad y vida trajo a Castejón de Monegros -Entonces igual hubo cerca de 2000 habitantes en Castejón de Monegros, panaderías, bares, comercios… el pueblo rebosaba de vida.

Una gran obra de ingeniería cuya memoria perdida recordamos gracias a Carmelo y Flor, recordando una obra dura, muy dura, de mucho polvo y sudor por traer las aguas prometidas que nunca llegaron a regar las tierras de Castejón de Monegros pero sin ellos, sin su trabajo y esfuerzo, nunca hubiese sido posible.