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Sierra de Alcubierre, consideraciones


En plena depresión del valle del Ebro, la sierra de Alcubierre resulta un accidente geográfico sobresaliente que alberga, en unas condiciones extremadamente difíciles, un gran ecosistema que le hace excepcional y de gran valor medioambiental. La sierra destaca en un contexto bioclimático mediterráneo, fitoclima genuinamente mediterráneo y clima mediterráneo árido y subárido, con escasas precipitaciones, con el azote del cierzo y sin ningún curso fluvial permanente en sus dominios.    

Una sierra cuya conservación merece una reflexión y quizá la adopción de una mayor figura de protección por sus valores medioambientales, ecológicos, geológicos, paisajísticos y culturales así como por su fragilidad y necesidad de preservación.

San Caprasio, fotografía aérea, 2013. Autor: Os Monegros.

El enclave de la sierra de Alcubierre responde a una unidad geomorfológica propia, con formación principalmente boscosa, en pleno sector central del valle del Ebro, en la comarca aragonesa de Los Monegros. Se desarrolla longitudinalmente a lo largo de 40 Km, con una clara dirección noroeste-sureste, desde los llanos de la Violada (Tardienta) hasta el término de La Almolda y su altitud varía desde los 400 m hasta sus máximas cotas de San Caprasio (834 m) y monte Oscuro (820 m) ocupando una superficie aproximada de unos 400 Km² (40.000 ha). 

El medio natural está declarado como zona ZEPA (ES0000295) “Sierra de Alcubierre” y LIC (ES2410076) “Sierra de Alcubierre y Sigena” de la Red Natura 2000, “Destaca por su calidad e importancia, por ser un espacio de gran interés y extensión, una zona de especial relevancia por su estratégica situación en el valle del Ebro y por presentar importantes masas boscosas abiertas de Pinus halepensis con sabinar y formaciones de matorral esclerófilo mediterráneo”.

Por su flora, fauna, geología y paisaje, la sierra reúne características suficientes para  establecer una mayor figura de protección dentro de las distintas categorías de Espacios Naturales Protegidos de Aragón (Decreto Legislativo 1/2015). En este sentido, el marco jurídico de planificación de un Plan de Ordenación de Los Recursos Naturales (PORN), Ley 6/1998, de Espacios Naturales Protegidos de Aragón (Texto refundido de la Ley de Espacios Protegidos Decreto Legislativo 1/2015) aparece como el instrumento perfecto para “señalar los regímenes de protección que procedan y aplicar alguna de las figuras de protección establecidas en la Ley de Espacios Naturales Protegidos”. Entendiendo la elaboración del PORN Monegros norte complementario al PORN de Monegros sur para definir y señalar el estado de conservación de los recursos y ecosistemas del ámbito territorial de Los Monegros y, de acuerdo con sus objetivos, señalar los regímenes de protección que procedan y aplicar alguna de las figuras de protección establecidas en la Ley de Espacios Naturales Protegidos.

En este sentido, destacan estudios como Interés florístico y geobotánico de la sierra de Alcubierre (Julia Molero, Llorenç Sáez y Luis Villar. Barcelona, 1998) que inciden en “La necesidad de regular un marco adecuado de protección para algunos lugares de la sierra, especialmente para los bosques residuales de la cara norte, dada su originalidad florística y paisajísticas”

En conjunto, las especies de flora vascular en Los Monegros se estiman en más
de un millar, estando la mitad de ellas presentes en la Sierra de Alcubierre, y al menos 25 de ellas son endémicas del Ebro medio.

Propuesta de declaración de una red de Espacios Naturales Protegidos en Los Monegros. Víctor Herrero Silvestre.

Sin duda, la sierra representa un elemento natural de especial interés ecológico, presentando diferentes hábitats y biodiversidad (Directiva Hábitats 92/43 CEE) que van de formaciones boscosas de pinar mediterráneo mesogeano de Pinus halepensis, sabinares endémicos de Juniperus sp., zonas con presencia Quercus ilex y Quercus faginea, a vegetación gipsícola ibérica (Gypsophiletalia), zonas subestépicas de gramíneas y anuales del Thero-Brachypodietea y matorrales halonitrófilos (Pegano-Salsoletea).  

Numerosas especies de aves habitan la sierra y sus piedemontes y tierras de secano cerealista. Es significativa la presencia rapaces rupícolas como alimoche, incluida como “vulnerable” en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, aguililla calzada, culebrera europea y águila real, además de ser ámbito del Plan de recuperación del águila-azor perdicera. Además cuenta con presencia de especies esteparias, en sus zonas llanas, como ganga ortega, catalogada como “vulnerable”, la avutarda “en peligro de extinción, el sisón “Vulnerable” o como área de cría del cernícalo primilla. También muy reseñable es la presencia de anfibios, entomofauna y la aparición de mamíferos como el corzo, citas de cabra montés y la controvertida presencia del lobo.

Una sierra de erosión diferencial con una profunda red de barrancos bajo un techo de materiales carbonatados, caliza, resistentes frente a taludes deleznables de arcillas, margas y yesos. Una masa de fuerte carácter protector frente a la erosión en una de las zonas de mayor aridez de la depresión del valle del Ebro. Un conjunto de plataformas tabulares, una unidad orográfica de singular interés, con un alto valor paisajístico que destaca en un entorno  agrícola de secano, un paisaje que probablemente, por su naturaleza forestal, dio nombre a Los Monegros por ser montes frondosos y oscuros, valores propios para proteger, planificar y gestionar con vistas a conservar y mejorar su calidad de acuerdo con el convenio Europeo de Paisaje del 2000 de Florencia. Además de su patrimonio material de casetas, conocidas como aldeas, muros de piedra seca, balsas, balsetas y balsetes, ligados a una cultura, especialmente la del aprovechamiento del agua, en un ambiente de escasas precipitaciones. Así, se localizan pequeñas balsas dispersas que aportan puntos de agua favorables para la fauna, importante para aves, anfibios o reptiles.

Víctor Herrero Silvestre (Propuesta de declaración de una red de Espacios Naturales Protegidos en Los Monegros) sostiene que “En razón de su singularidad y representatividad, se hace necesaria la declaración de un Parque Natural de las sierras de Alcubierre y Sigena, que podría abarcar las áreas de las figuras de la Red Natura 2000, lo que implicaría una extensión de en torno a 42.000 hectáreas.”

En Los Monegros la protección del medio ambiente siempre ha estado vista como amenaza al desarrollo. Aunque, sin duda, su protección, valoración y conservación son una oportunidad en el desarrollo sostenible, en la reorientación de políticas activas que apuesten por el medioambiente y el medio rural y que frenen la despoblación, entendiendo los recursos naturales como una oportunidad de futuro. Pues, su fragilidad actual y falta de protección la expone mucho a diferentes actividades que se van desarrollando sin ordenación ni control. Además, su desconocimiento y falta reconocimiento no ha logrado evitar amenazas a su integridad, como pone de manifiesto el Gran  Incendio Forestal de julio de 2019 provocado por un vehículo motorizado tipo buggy.

En definitiva, la sierra de Alcubierre reúne un amplio número de características valedoras de una mayor protección en un entorno único y singular, Los Monegros, que por sus condiciones científicas y técnicas hace tiempo que debería haber sido declarado Parque Nacional.

Consideraciones sobre la sierra de Alcubierre (Los Monegros).

María Teresa Alegre Morel


Entrevista a María Teresa Alegre Morel por Carla Gómez Rivera, 2º Bachillerato IES Gaspar Lax.

Mi abuela, se llama María Teresa Alegre Morel, nació el 18 de abril de 1944 en Belver de Cinca.  Vivía en una finca cerca de Vencillón, en la cual habitaban más familias aparte de la de mi abuela. 

Su padre se dedicaba al pastoreo de ovejas, y su madre se dedicaba a las tareas del hogar, normalmente, aunque había días que también iba con su marido al pastoreo. 

En la familia de mi abuela eran dos hermanos y dos hermanas, pero a día de hoy su hermano mayor Agustín ya no está con nosotros. 

Tiene muchos recuerdos de su infancia, como por ejemplo, el tener que realizar una larga caminata hasta llegar a la escuela, ya que antiguamente no había autobuses, ni coches como ahora para trasladarnos donde nos apetezca en un momento concreto. Además, también se acuerda de cómo eran las clases y las aulas, ya que para calentarse tenían una estufa de leña y solamente llevaban un libro en el que recogían todas las materias. El agua antiguamente no les salía de un grifo como a nosotros, sino que en la finca de mi abuela había un pozo de agua, donde iban a coger el agua necesaria cada día. 

En cuanto al tema de los juegos, se acuerda mucho de jugar a las canicas, a las chapas de las cocacolas o de cualquier botella que llevase chapa y el que más recuerda es el juego de las tabas, que este era bastante peculiar ya que se usaban los huesos de la rodilla del cordero, esos mismos huesos tenían por decirlo de alguna manera 3 funciones al lanzarlo, según la forma en la que caía, es decir podías ser rey, peón o uno más de la partida, pues si al lanzarla te salía rey, mandaba al peón y tenía que hacer lo que le mandase y asi sucesivamente.  

La vida en el pueblo era tranquila, pero a la vez muy dura, ya que si tenías animales y tierras, es un trabajo de realizar todos los días y es bastante cansado, ya que antiguamente no había tractores como los que hay hoy en día y todo lo hacían con animales o en el tiempo de recolectar, lo hacían con sus propias manos, ya que no había máquinas como ahora que recogían el fruto. 

En su casa sí que tenían luz, no como las de ahora, pero sí que tenían luz y un hogar que también les proporcionaba luz aparte de calor. Además también tenían agua potable, ya que la iban a buscar al pozo y esa era el agua que utilizaban para todas sus necesidades, ya que no tenían agua corriente que saliese de los grifos. Mi abuela en su casa tenía toda clase de animales como cerdas y cerdos , patos, pavos, conejos, gallinas y los perros de las ovejas, todos ellos en sus cuadras correspondientes. 

Para divertirse, muchas veces iban a tocar los timbres de las casas o saltaban corrales, además quedaban para ir al monte de paseo, jugaban a los juegos tradicionales. Las fiestas de los pueblos eran parecidas a las de hoy en día ya que había orquestas en las que venía gente a cantar como ahora, quedaban muchas veces entre vecinos y cada uno un día hacía la comida y las celebraban juntos entre vecinos, también hacían concursos de comida normalmente y así la gente se divertía y motivaba para salir. 

Normalmente el trabajo de los jóvenes era en el campo para los hombres y en casa para  las mujeres, ya que hoy en día a las mujeres muchas veces no nos ven capaces de realizar otras actividades que no sean las de casa. 

La casa de mi abuela es bastante grande, pues tiene un comedor en el cual tiene todavía una estufa de leña y en el mismo comedor hay dos habitaciones, después al salir del comedor enfrente hay otra habitación y al girar a la derecha hay otra habitación  y el cuarto de baño a la izquierda con el de las cosas de la limpieza al lado. Y siguiendo el pasillo recto, sales a la cocina y enfrente del pasillo está el hogar. Y una vez que has salido a la cocina enfrente está la puerta del corral.  

El matrimonio en aquella época era un poco duro, ya que la mentalidad de los hombres en muchas ocasiones era un poco machista, pero en el caso de mi abuela no tuvo ningún problema respecto a ese tema, solo que sí que lo recuerda duro, porque en esa época había que trabajar mucho para conseguir las cosas. Las bodas se celebraban normalmente en iglesias, ya que antiguamente la gente era bastante religiosa y celebrarlo en las iglesias era tradición y así quedaba mejor para que la gente no criticase a las familias. Lo que recuerda mi abuela sobre el viaje de novios es algo muy bonito, porque fue la primera vez que salían del pueblo y fueron a Barcelona, recuerda que había bastantes coches que brillaban con la luz del sol por las carreteras, que en Barcelona había muchos edificios y muchas casas ya que en comparación con La Cartuja de Monegros todo era grande. 

El trabajo después de casarse no varió mucho, ya que mi abuela siguió con el trabajo del hogar y de los animales y mi abuelo siguió siendo pastor. Pasaron unos años y mi abuela tuvo 2 hijas,  mi madre, María de los Ángeles y  mi tía Sandra.  El cuidado de los hijos era parecido al de ahora pero quitando el tema de las tecnologías. La alimentación de antes posiblemente fuese mejor ya que no existía la comida basura como hoy en día  y todos los alimentos se preparaban y  criaban en casa, por lo tanto los productos eran mucho más sanos y beneficiosos para el desarrollo de las personas. Para entretenerse mi abuela hacía ropa para sus hijas de lana, les hacía peinados y jugaban a la taba, las canicas etc.. Mi madre y mi tía se divertían con diferentes juegos en la calle como al pilla pilla, el escondite y con los animales en el corral.

La vida en el pueblo ha cambiado bastante ya que antiguamente con los vecinos del pueblo eran como familia ya que si necesitaban algo y si les sobraba algo por ejemplo haber estado el día anterior de matacía, les llevaban algún trozo de carne y así normalmente con todo. En cambio ahora las cosas no son iguales, ya que no se intercambian productos como antiguamente. Ahora como mucho es si se te ha olvidado algo o necesitas algo con mucha urgencia, si no, ya no es como antes, es como que la gente se centra más en sus familias y antes se centraban en las de los vecinos también.  

La mentalidad de la gente ha cambiado bastante ya que estamos viviendo en otra época en cuanto a nuevos avances tecnológicos y quieras o no, eso te cambia la forma de pensar. La mentalidad de mi abuela ha cambiado en cuanto a este tema de las tecnologías ya que se ha modernizado por decirlo de alguna manera pero también tengo que decir que la mentalidad de mi abuela ha sido toda la vida muy abierta en cuanto a temas del amor, ya que siempre nos decía que daba igual con quien estuviésemos mientras nos hiciera  feliz ya que  eso es lo más importante. En los demás temas igual, siempre ha sido muy abierta  y los ha ido aceptando todos. 

Uno de los remedios caseros que mi abuela me dice siempre cuando tengo mal la garganta es beber un vaso de leche caliente con miel. 

Y cómo dicho que mi abuela suele decir mucho es: “va a durar más que un martillo enronao en paja”  esto mi abuela lo suele decir cuando una persona mayor está muy sana y que hace referencia a que al estar tan sana, si sigue así vivirá por muchos años más.  

Y por último y para terminar, las creencias que había eran el catolicismo principalmente, ya que en la familia de mi abuela eran bastante religiosos y todos los domingos iban a misa. 

Joaquina Cáncer Bailo


Para muchas mujeres del mundo rural, servir en las casas ricas fue su única salida laboral. Otras muchas mujeres marcharon a servir a Barcelona, Madrid o Zaragoza, donde ganaban más. Ha sido un trabajo escasamente reconocido, por no decir nulo, no se pagó la seguridad social ni repercutió en su pensión. Pero no todo fue malo y Joaquina guarda muy buenos recuerdos de su época en casa Ruata de Alcubierre y así nos transmite sus memorias con una envidiable y entrañable vitalidad.

Juaquina Rostro

Joaquina Cáncer Bailo

            Joaquina Cáncer Bailo nació en Zaragoza el 3 de febrero de 1938, aunque su vida siempre ha transcurrido en Alcubierre y es toda una alcoberreña de pies a la cabeza. De familia de labradores, sus padres Eulalia Bailo y Antonio Cáncer tuvieron cuatro hijos Pilar, Carmen, Pascual y Joaquina.

            Con el inicio de la guerra de España de 1936, su familia marchó a Zaragoza, junto a sus vecinos de la posada de “La Campana”. Primero pasaron unos días en la posada de Leciñena donde encontraron muy buena acogida, pero ante la falta de trabajo se vieron obligados a continuar su viaje hasta Zaragoza. Una vez en Zaragoza, su padre encontró trabajo en la base militar, gracias al coronel Antonio González Gallarza. Allí trabajó de portero en la base y al finalizar, el teniente González le redactó una carta de recomendación, un salvoconducto. El militar González Gallarza (1898-1986) fue pionero en la aviación española y se retiró en 1957 con el grado de Teniente General.

            La familia de Juaquina marchó a Zaragoza sin nada. Gracias a José Lacruz, natural de Alcubierre, que tenía el establecimiento zaragozano de telas “La Palma”,  cerca de la plaza del Pilar, pudieron tener sabanas y mantas. La madre de Juaquina fue muy buena costurera y junto a una modista prepararon el ajuar necesario para la ordenación de Vicenta Ruata en la orden religiosa de Santa Ana, de la que llegó a ser superiora. La familia Ruata también se había instalado en Zaragoza durante la guerra. Eulalia pasó muchos días cosiendo los hábitos y poco a poco se fueron apañando y pudieron ir tirando adelante.

            Joaquina nació en Zaragoza, en el Barrio del Arrabal, en la Calle las Ranas. Juliana “La Calderera” (hija de Mariano Gavín Campo, hermano de Cucaracha, por parte de padre), tenía teléfono en casa, y cuando Eulalia Bailo tuviese los primeros síntomas de parto, debía telefonear a Ascensión Rufas (esposa de Agustín Ruata) para poner en marcha la asistencia al difícil parto que se avecinaba. Ascensión preparó todo lo necesario (paños, ropa…) y bajó con el médico al domicilio de Eulalia y Antonio.

            A su vuelta a Alcubierre, la familia encontró la casa familiar desvalijada y gracias a unas pocas gallinas y unos tocinos pudieron ir subsistiendo. Compraban al trueque, huevos por lechugas, hortalizas o verduras.., la moneda más común era la cebada o el trigo. Juaquina fue a la escuela hasta los 14 años, recuerda con gran cariño a la maestra Doña Rosario Rodriguez Román, una maestra toledadana que sufrió la represión franquista y fue desterrada de su tierra para acabar ejerciendo en Alcubierre. Su marido vino con ella y trabajó como practicante. De joven, Joaquina iba a segar, las mujeres daban las mies y los hombres ataban los fajetes, cuando tenían 7 u 8 fajetes los ataban con los fencejos. También iban a coger olivas, recogían grandes olivares de familias ricas y se quedaban con una cuarta parte de lo recolectado.

            En Alcubierre había viñas y almendros y siempre ha habido una excelente miel, en casa Andresa (La Leciñenera), casa Licer y casa Barrios. Para la siega llegaban muchos segadores a Alcubierre y en casa Ruata una vez faltaron dos personas para llegar al centenar de segadores. Se formaba una gran fila a la hora de comer, dormían en las cuadras y venían de Murcia, Soria… A Juaquina le gustaban muchos los higos verdes.

            A los 20 años Joaquina sirvió en casa Ruata, durante cinco años, “estuvo muy bien, aunque carrañaba mucho con la dueña, pero siempre en un tono muy familiar”. Una vez discutieron fuertemente Juaquina y la Tía Ruata, Ascensión Rufas Aguareles, Juaquina no quería bajar a la bodega a coger el agua, tenía miedo a las ranas. Tras la discusión, Juaquina se marchó de la casa pero enseguida Ascensión la fue a buscar y Joaquina volvió a casa Ruata. Las tinajas las llenaban en invierno y de ella bebían todo el año, también tenían un deposito y cada día, con cantaros, subían el agua necesaria para la casa. Juaquina trabajó muchísimo: lavó, fregó, planchó… vivía en la misma casa y cobraba 825 pesetas al mes. De cocinera estaba Silvestra, de casa Silvano. Recuerda un cumpleaños del amo Agustín Ruata, el 28 de agosto, cuando a Juaquina la llevaron a Zaragoza para uniformarla de sirvienta, fue una ocasión especial.

            Años más tarde Juaquina marchó a servir a casa del Médico y a casa Gavín, las dos a la vez. Cuando algo se rompía o se hacía perder dinero los amos decían “iras al descuento” y descontaban del jornal la parte proporcional.

            Joaquina se casó en 1977 con Alfredo Valero de casa El Molinero. La familia de Alfredo se encargaba del horno de pan, donde la gente del pueblo llevaba su masa, ya preparada, y la cocían en el horno. La familia de Alfredo construyó el molino, María y Cecilio eran hermanos del padre de Alfredo, vinieron de La Zaida (provincia de Zaragoza, en la Ribera Baja del Ebro), y llevaron la corriente eléctrica para mover el molino, (aún sigue en pie el edificio, aunque por dentro está totalmente cambiado). El viejo horno se encontraba en el edificio que el gremio de Los Ganaderos construyó para aquel fin y donde ahora aún podemos encontrar la tradicional panadería familiar Valero.

            En Alcubierre había y siguen estando dos hornos de pan, el de la familia Valero fue construido por el Tío Calvo. Después de la guerra, la gente iba a cocer el pan al horno llevando las masas en una tabla que la llevaban sobre la cabeza. Como combustible usaban aliagas, paja… “entonces los hornos conservaban mucho el calor”. Juaquina comenzó a trabajar en el horno al pronto de casarse con Alfredo, la gente ya no llevaba la masa y el oficio de panadero era como actualmente lo conocemos, “aún hubo un tiempo que la gente traía su propia harina”. Cada día se hacían unos 180 panes de kilo que las familias consumían durante dos semanas, todo se anotaba en una libreta y se contabilizaba todo lo elaborado. También se hacía alguna barra y algún chusco, cuando el pan se hacía duro lo llamaban pan asentado. Antiguamente se cocía un pan que se llamaba la Polla.

            Joaquina y Alfredo continuaron con la panadería, tuvieron dos hijos, chico y chica, que aún continúan con la panadería. Juaquina trabajó haciendo las faenas de la casa y la panadería, sobretodo atendía en el despacho de pan. Juaquina destaca el trato con la gente, cercano y familiar, en un pueblo que a principios del siglo XX contaba con cerca de 1600 habitantes y que actualmente apenas llega a los 500.

            Tortas de almendra, de anís, de coco, farinosos, empanadicos… y torta legañosa, una torta de pan con aceite y azúcar, una larga tradición panadera y repostera de sabores auténticos. Juaquina aún permanece por la panadería, con sus hijos y nietos, con los recuerdos que tanto marcaron a las generaciones pasadas. Vidas pretéritas que permanecen con el sabor de siempre, en nuestra memoria y en nuestros corazones.

  Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Alberto Lasheras Taira.

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