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José Brunet Puertas


José Brunet Puertas fue conocido por regentar el comercio familiar de “Tejidos, Mercería y Confecciones  J. Brunet”, popularmente conocido como “Las Marianitas”. Pero, además, la vida de José presenta una historia fascinante que descubrimos a través de diferente documentación consultada en archivos y hemerotecas. José mantuvo una fuerte relación política con Casimiro Lana Sarrate, como compañeros de partido y director del seminario “Adelante” que publicaron en tiempos de la república en su localidad natal de Sariñena.

José Brunet Puertas nació el 1 de enero de 1900 en Sariñena. Aparece como agricultor en algunos documentos pero principalmente se dedicó al negocio familiar. Su madre, Mariana Puertas Enrech tenía un negocio local que regía tras haberse quedado viuda: “Tejidos, Mercería y Confecciones. Bicicletas  y Máquinas de coser”.

José perteneció al Partido Republicano Radical Socialista, partido por el cual, el también sariñenense, Casimiro Lana Sarrate fue elegido diputado a Cortes. José dirigió el semanario republicano “Adelante”, fundado en 1932 con Casimiro Lana. “Si fue periódico afín al radical socialismo el semanario “Adelante”, que aparece en 1932 en Sariñena dirigido por José Bruned y que, como tantas veces vemos ocurre en esta prensa política, está animado por el diputado del partido, Casimiro Lana, que ha sido elegido en 1931, por la provincia de Huesca. (Prensa y partidos políticos durante la II república. Antonio Checa Godoy Universidad Salamanca, 1989”. También lo recogió Ricardo del Arco en La prensa periódica de la provincia de Huesca: “SARIÑENA. 1932. 200. Adelante. – Semanario, órgano del partido radical-socialista. Director, José Bruned, de Sariñena. Vivió unos diez meses. Lo inspiraba don Casimiro Lana Sarrate, diputado a Cortes por la provincia, hijo de la villa”.

Debió de tener implicación social, con 24 años ya fue vicepresidente de la junta de la asociación cultural Casino de Sariñena junto a Mariano Torres Ballarín que ocupó el cargo de presidente. Les acompañaron Ramón Royo Rodríguez como secretario, Julio Casabona Gracia como vocal contador y Eusebio Ballarín Segura como vocal tesorero (Diario de Huesca – 22/01/1924).

En enero de 1937, José intervino en un gran acto político donde participó, entre otros, La Pasionaria.

Gran acto del frente Popular en Sariñena   El domingo, en Sariñena, ‘se celebró un gran mitin del Frente Popular, organizado por la Oficina de Censura y Propaganda del cuartel general del “frente de Aragón. Al acto asistió un enorme gentío, trasladándose a Sariñena representaciones de diversos pueblos del distrito y de las columnas destacadas, en el frente de guerra próximo, respondiendo a la expectación que había despertado, el acto por la participación de la diputado a Cortes Dolores Ibarruri ,«La Pasionaria».   Presidió Pedro Foix, de la Oficina de Censura y Propaganda. Hicieron uso de la palabra: José Brunet, por Izquierda Republicana; José Duque, consejero del Consejo de Defensa de Aragón; Miguel Alcubierre, delegado de la división Carlos Marx; Miguel Cunillera, diputado del Parlamento catalán, por Esquerra Republicana de Catalunya, quienes coincidieron en la necesidad de llegar a la unidad de mando y a la disciplina que imponen las actuales circunstancias de la lucha contra el fascismo.   Finalmente hizo uso de la palabra «La Pasionaria», la que resaltó el entusiasmo del pueblo aragonés contra el fascismo. Habló, de la gesta heroica de los aragoneses durante la guerra de la Independencia contra el ejército invasor de Napoleón.   Abogó por el mando único en toda España y puso de relieve su firme esperanza de que pronto las milicias que actúan en Aragón corresponderán al entusiasmo del pueblo de Madrid.  

Nuevo Aragón, diario de la mañana. Caspe, 20 de enero de 1937.  

José fue directivo del partido Radical Socialista y de Izquierda Republicana de Sariñena. En su Expediente de Responsabilidades Políticas (J-5596/554) aparece la siguiente descripción Casado una niña de 8 años y un chico de cinco (1939), Elvira y José. Dirigió el Adelante financiado por Casimiro Lana Sarrate”. Así mismo, parece ser que José actuó de locutor como portavoz del Comité de Sariñena, a través de los altavoces del ayuntamiento, y fue acusado de haber sido directivo del S.I.M. (Servicio de Investigación Militar de la República) en la ciudad de Barcelona e Inspector de comedores de la Junta Intermunicipal de Evacuados de Aragón en Barcelona.

Fue secretario del primer Comité revolucionario de Sariñena (La guerra civil en Sariñena) , compuesto José Izco; Gonzalez, factor del ferrocarril (muerto); Joaquín Toro… y también secretario del segundo comité compuesto por Joaquín Toro; Fulgencio Esteban; Manuel Santolaria Castán,  Eusebio Pinós, Fidel Casañola, Joaquín Cabellud, Mariano Lopez Javierre, Rafael Nogués, Pedro Sanz (muerto), Gavino Lavilla, Dionisio Buil Mesple (Expediente de Responsabilidades Políticas J-5596/554).

De acuerdo a su expediente, José fue comisario de un batallón o Brigada de Izquierda Republicana, que actuó a las órdenes de la Jefatura de Barbastro en las montañas de Bielsa. Al expulsar nuestro ejército a los marxistas de aquella zona, huyó a Francia pasando la frontera, ingresando nuevamente en el ejército rojo y prometiendo vengarse. Fue de nuevo comisario político en Solsona, hasta que nuestro ejército lo volvió a echar de aquellas tierras. Al llegar a Cataluña, después de ser arrojado de la Bolsa de Bielsa, publicó unos escritos apostrofando a los nacionales y diciendo que habían fusilado a los vecinos de Sariñena, Manuel Tena, Juan Morén y Simón Aznar que actualmente gozan de buena salud. Dichas publicaciones se afirma, en otra parte del expediente, las firmaba un periodista catalán Amadeo Antón.

La documentación, valores, caja de caudales y máquina de escribir etc, etc… fueron trasladados al Hotel San Agustín de Barcelona calle Hospital donde efectuó operaciones con los vecinos siguientes: José Morera, Antolin Lavilla, Francisco Moren, José Argental, Fulgencio Esteban Gavin, Daniel Millera y otros. 

El relato de su informe nos describe a José en varios escenarios. Es reseñable, significativamente, su citada participación durante la Bolsa de Bielsa, en los duros combates que se sucedieron entre abril y junio de 1938 hasta que se vieron obligados a huir a Francia. De nuevo en España, se le reconoce como comisario político en la ciudad ilerdense de Solsona.

“Que desde luego ha ejercido cargos, siendo comisario político, propagandista, acérrimo marxista, y desde luego ha contribuido enormemente al estado de cosas que provocó el glorioso alzamiento”.

Expediente de Responsabilidades Políticas (J-5596/554)

En el Diario Oficial del Ministerio de Defensa Nacional en Valencia, del 6 de octubre de 1937, aparece una interesante referencia en la cual, por orden de la Secretaria del Comisariado General del Ejército de Tierra,  José Brunet Puertas es nombrado jefe de la unidad 520 batallón de la 130 Brigada Mixta. 

Al final, tras la guerra José se exilió a Francia y luego, tras estar en Republica Dominicana, emigró a México, exactamente a Veracruz  donde llegó el 12 de febrero de 1942. No obstante, pronto José pudo regresar a España, su madre se puso muy enferma, estaba muy mayor y José pudo regresar para cuidar de ella. Ya en Sariñena acabó regentando el negocio familiar, se casó con Asunción Latorre y tuvieron dos hijos, Elvira y José (Pepito).

Digitalización desde una copia de microfilm del Archivo General de la Nación de México. Registro de Inmigrantes Españoles en México. Archivo General de la Administración

Pepe, como cariñosamente se le ha conocido, residió en Sariñena hasta su muerte. Trabajó en su tienda en la calle del medio de Sariñena, la calle Eduardo Dato. Por las tardes solía tomar el café con tres amigos, un café en el piso de arriba de “Las Marianitas”, mientras chicas jóvenes trabajaban cosiendo para el pequeño comercio de confección. Un café tertulia en la que participaban Rafael Loste Bardají, Nicolás Andion Pena, Fidel Bailo y el mismo José Brunet Puertas.

Rafael Loste Bardají, natural de Sariñena ejerció de farmacéutico en la farmacia familiar de Sariñena que tenían en la plaza del ayuntamiento. Durante la guerra, la farmacia fue incautada pasando a ser “Farmacia Militar del ejército rojo” y su hermano Antonio Loste Bardají, encargado entonces de la farmacia, pasó a la farmacia del Hospital Militar de Sariñena. Su Expediente de Responsabilidades Políticas no le atribuye ninguna militancia, ni de partido ni ideológicamente a Antonio, aunque sí que mantuvo buenas relaciones con las autoridades durante la contienda, además de proteger a su hermana  que tenía en tutela. Antonio intercedió a favor de personas de derechas que fueron juzgadas, como fue el caso de Ignacio Ballarin Segura y el Capitán de Regulares Ignacio Gabasa Anoro, “Caballero mutilado”.

Ignacio Gabasa Anoro, natural de Castejón de Monegros, fue un militar español que participó en la campaña de marruecos por lo que fue ampliamente reconocido y condecorado, logrando al final de su carrera el grado de General. El estadillo de la guerra le sorprendió en Sariñena y fue hecho prisionero y liberado varias veces, su vida corrió peligro constantemente. Fue  mandado a Barbastro para que prestase servicios burocráticos en la Comandancia Militar, pero pronto fue encarcelado. Trasladado al tiempo a Tamarite de Litera, aprovecho un bombardeo de la aviación nacional para evadirse y alcanzar el bando nacional cuando este había tomado Monzón. Murió en Madrid en 1974.   Castejón de Monegros: el general Ignacio Gabasa Anoro. Por Santiago Broto Aparicio. http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Id=650282&Sup=1  

Nicolás Andión Peña/Pena fue un médico que ejerció en la localidad sariñenense. Manuel Yzuel lo recuerda en una entrevista en el diario del Altoaragón, destacando su influencia en su vocación médica: “Su interés por la medicina, campo al que ha dedicado gran parte de su vida, le viene de infancia -De niño era paciente de don Nicolás Andión, un hombre enteramente dedicado a la ciencia que hasta hacía análisis de sangre en su casa-“. Su impronta en la villa fue importante, hombre respetado y querido, reconocimiento que queda patente dando nombre a una calle del municipio.

Eduardo Nogués, Juan José Torres, José Trallero, Antonio Torres, un religioso y Fidel Bailo. Año 1961.

La figura de Fidel Bailo Feijoo resulta curiosa. Natural de Bernués, provincia de Huesca, fue nombrado secretario del ayuntamiento de Sariñena en 1954, anteriormente fue secretario del consejo municipal de Caspe, nombrado en 1938, y en la localidad de Sastago. También aparece ejerciendo en Encinas Reales, provincia de Córdoba, en 1952. En 1935, mientras ejercía de secretario en Sastago, Fidel fue procesado y encarcelado en Zaragoza por el “Supuesto delito de coaccionar al vecindario a no pagar la contribución”. Al parecer fue afiliado a Izquierda republicana, en calidad de vocal (https://www.manuelazana.org/militantes-historicos/page/4/). Gracias a Amadeo Barceló se ha seguido su pista por tierras de Sastago y Caspe.

En definitiva, uno de los aspectos más interesantes de José Brunet Puertas fue su faceta de intelectual, tanto como director del seminario Adelante como sus posteriores escritos que debieron de producirse. Se apunta a que algunos fueron firmados por Amadeo Antón, periodista que fue director de “La voz de Aragón”. Desconozco si Amadeo Antón fue el mismo periodista que estuvo en la dirección de “La crónica de Aragón”, diario aragonés editado en Zaragoza entre 1912 y 1920. Quizá, alguna vez pueda aparecer algún ejemplar de aquel semanario “Adelante” o algún articulo de José Brunet Puertas y descubrir parte de nuestra historia, aquella que escribieron personas excepcionales.

Concha Bailo Jaso


En Perdiguera, en plena aridez monegrina, la agricultura de secano, el ganado y la viña ocuparon las principales tareas del campo. En este ambiente la mujer no lo tuvo fácil y el duro trabajo fue una constante para sacar hacía adelante sus familias. Concha es un reflejo de aquellas mujeres que trabajaron sin descanso, contribuyendo, en gran medida, a la complicada y delicada economía familiar.

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         Concha nació en 1934 en la localidad monegrina de Perdiguera, en el seno de una familia dedicada a la agricultura de secano, fueron cinco hermanos, cuatro chicas y un chico. Concha fue a la escuela hasta los catorce años y a partir de los diez las lecciones se repetían demasiado, “llevábamos los mismos libros y por las tardes aprendíamos a coser”. Las clases eran separadas, chicos y chicas en diferentes clases.

      Los domingos hacían baile en el bar de casa Felipe, el bar Murillo, era por la tarde, pues por la noche tenían prohibido salir.

         De chica amasaba el pan y lo llevaba al horno para cocer, lavaba a puño duramente en el bazión, preparaba el mondongo en los terrizos, sacaba el agua de los aljibes, gracias a la carrucha, y llenaba los cántaros, entre otras tantas faenas. Entonces, los aljibes los llenaban con cubas los carreteros, pero años atrás eran las mujeres quienes acudían con sus cántaros a buscar el agua a las balsas: “en invierno a la balsa nueva y a la de la villa”. El agua la filtraba con un paño que se volvía rojo debido a unos diminutos crustáceos y unas arañas rojizas que se encontraban en el agua, “otra forma era dejar reposar el agua y después quitar las impurezas posadas en el fondo”.

         Para blanquear la ropa la ponía en agua caliente en un tenajizo, añadía una cuchara de sosa y la dejaba actuar durante un día. Al día siguiente la desinfectaba con un poco de lejía, la aclaraba y la tendía al sol.

         En casa tenían gallinas, ovejas, cabras y tocinos que su madre mataba, hasta cuatro tocinos mataba al año: “¡menudos mondongos hacía!”. Con un candil, Concha subía al granero el pienso para los machos, en casa tenían hasta seis mulas: “cuando se moría un mulo era un drama”. Además, en casa tenían una maquina de tejer y de hacer punto: “mientras una hermana hilvanaba la lana, la mayor cosía”. Hacían arreglos y jerseys de lana por encargo, sobretodo para gente del pueblo y de Peñaflor.

         Concha recuerda cuando llegó la luz a Perdiguera, era muy cría y la chiquillería iba gritando por las calles “¡ha llegado la luz!”, sería a principios de la década de 1940.

         En 1958 se casó con José Murillo Escuer, de profesión agricultor, con el que tuvo cuatro hijos. Anteriormente hubo una serie de años muy malos de sequías y muchas parejas se vieron obligadas a retrasar su compromiso hasta que llegó un buen año.

          A principios de la década de 1960, Concha adquirió una vaca lechera para abastecer de leche a la familia. Pronto algunos vecinos comenzaron a comprarle la leche sobrante y así empezó la vaquería de Concha, que pronto llegó a contar  hasta con veinte vacas lecheras y unos setenta a ochenta terneros. Al principio ordeñaba a mano, se levantaba a las cinco de la mañana, pero con el tiempo adquirió una ordeñadora. Limpiaba el fiemo, ayudaba cuando parían y se encargaba de cuidarlas durante todo el día. Concha montó una tienda, con tan mala suerte, que al año se tuvo que quitar las vacas porque no le dejaban vender la leche en la tienda.

         Por las tardes se juntaban las mujeres en la era para coser, al sol. Llevaban la ropa en unas canastillas y apañaban la ropa, zurcían todos los rotos y descosidos: “¡había que aprovechar mucho la ropa!”.

         Concha recuerda cuando su madre subía al monte para hacer la comida durante la siega. Llegaban a Perdiguera segadores de Murcia, Soria, Albacete… pasaban días enteros en el monte sin bajar al pueblo, alguno solamente bajaba cada cuatro días para subir el pan. Cuando subían algún ternasco lo colgaban de un árbol para conservarlo, para que ninguna alimaña lo arramblara. En la sierra hubo resineros, se hacía leña y hubo carboneros. Las leñas y el vino los bajaban a vender a Zaragoza, lo que fue una fuente de ingresos muy importante para Perdiguera. También bajaban los corderos al matadero de Zaragoza y  vendían la paja para las papeleras zaragozanas, para la fabricación de papel.

         Tras la guerra de España de 1936 muchas mujeres marcharon a Zaragoza para servir en casas. De la guerra, Concha se acuerda de “El Negus”, un avión que bombardeaba la población, gritaban “¡que viene el Negus!”, mientras la gente corría a refugiarse.

“Pan, pa la zorra!” cuando mataban alguna alimaña, como se suponía que era un bien para el pueblo, la gente necesitada pedía por su contribución, alguna recompensa por las casas del pueblo.

         En épocas duras de sequía las balsas se secaban y tenían que ir a la acequia de Villamayor o a las de San Mateo o Peñaflor a buscar agua. José, el marido de Concha, tuvo que ir más de una vez a buscar agua para la vaquería, pues requerían de abundante agua. El agua corriente, a Perdiguera, no llegó hasta 1977, por lo que el agua fue un bien muy escaso que tuvieron que aprovechar al máximo y reutilizarlo los máximo posible.

          Concha se casó de negro, como entonces se casaban todas las mujeres. Se casó con una mantilla blanca en la iglesia de Perdiguera y el banquete lo celebraron en la famosa Posada de Las Almas de Zaragoza. Muchos recuerdos y muchas historias continúan vivas en su memoria, Gracias Concha por abrirnos la puerta de tu casa, por enseñarnos nuestra memoria y nuestro pasado, a la vez tan lejana y a la vez tan próxima que indudablemente nos agranda y enternece el corazón con tu extraordinaria y entrañable semblanza. ¡Gracias Concha!

            Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Constantino Escuer Murillo.

 

Joaquina Cáncer Bailo


Para muchas mujeres del mundo rural, servir en las casas ricas fue su única salida laboral. Otras muchas mujeres marcharon a servir a Barcelona, Madrid o Zaragoza, donde ganaban más. Ha sido un trabajo escasamente reconocido, por no decir nulo, no se pagó la seguridad social ni repercutió en su pensión. Pero no todo fue malo y Joaquina guarda muy buenos recuerdos de su época en casa Ruata de Alcubierre y así nos transmite sus memorias con una envidiable y entrañable vitalidad.

Juaquina Rostro

Joaquina Cáncer Bailo

            Joaquina Cáncer Bailo nació en Zaragoza el 3 de febrero de 1938, aunque su vida siempre ha transcurrido en Alcubierre y es toda una alcoberreña de pies a la cabeza. De familia de labradores, sus padres Eulalia Bailo y Antonio Cáncer tuvieron cuatro hijos Pilar, Carmen, Pascual y Joaquina.

            Con el inicio de la guerra de España de 1936, su familia marchó a Zaragoza, junto a sus vecinos de la posada de “La Campana”. Primero pasaron unos días en la posada de Leciñena donde encontraron muy buena acogida, pero ante la falta de trabajo se vieron obligados a continuar su viaje hasta Zaragoza. Una vez en Zaragoza, su padre encontró trabajo en la base militar, gracias al coronel Antonio González Gallarza. Allí trabajó de portero en la base y al finalizar, el teniente González le redactó una carta de recomendación, un salvoconducto. El militar González Gallarza (1898-1986) fue pionero en la aviación española y se retiró en 1957 con el grado de Teniente General.

            La familia de Juaquina marchó a Zaragoza sin nada. Gracias a José Lacruz, natural de Alcubierre, que tenía el establecimiento zaragozano de telas “La Palma”,  cerca de la plaza del Pilar, pudieron tener sabanas y mantas. La madre de Juaquina fue muy buena costurera y junto a una modista prepararon el ajuar necesario para la ordenación de Vicenta Ruata en la orden religiosa de Santa Ana, de la que llegó a ser superiora. La familia Ruata también se había instalado en Zaragoza durante la guerra. Eulalia pasó muchos días cosiendo los hábitos y poco a poco se fueron apañando y pudieron ir tirando adelante.

            Joaquina nació en Zaragoza, en el Barrio del Arrabal, en la Calle las Ranas. Juliana “La Calderera” (hija de Mariano Gavín Campo, hermano de Cucaracha, por parte de padre), tenía teléfono en casa, y cuando Eulalia Bailo tuviese los primeros síntomas de parto, debía telefonear a Ascensión Rufas (esposa de Agustín Ruata) para poner en marcha la asistencia al difícil parto que se avecinaba. Ascensión preparó todo lo necesario (paños, ropa…) y bajó con el médico al domicilio de Eulalia y Antonio.

            A su vuelta a Alcubierre, la familia encontró la casa familiar desvalijada y gracias a unas pocas gallinas y unos tocinos pudieron ir subsistiendo. Compraban al trueque, huevos por lechugas, hortalizas o verduras.., la moneda más común era la cebada o el trigo. Juaquina fue a la escuela hasta los 14 años, recuerda con gran cariño a la maestra Doña Rosario Rodriguez Román, una maestra toledadana que sufrió la represión franquista y fue desterrada de su tierra para acabar ejerciendo en Alcubierre. Su marido vino con ella y trabajó como practicante. De joven, Joaquina iba a segar, las mujeres daban las mies y los hombres ataban los fajetes, cuando tenían 7 u 8 fajetes los ataban con los fencejos. También iban a coger olivas, recogían grandes olivares de familias ricas y se quedaban con una cuarta parte de lo recolectado.

            En Alcubierre había viñas y almendros y siempre ha habido una excelente miel, en casa Andresa (La Leciñenera), casa Licer y casa Barrios. Para la siega llegaban muchos segadores a Alcubierre y en casa Ruata una vez faltaron dos personas para llegar al centenar de segadores. Se formaba una gran fila a la hora de comer, dormían en las cuadras y venían de Murcia, Soria… A Juaquina le gustaban muchos los higos verdes.

            A los 20 años Joaquina sirvió en casa Ruata, durante cinco años, “estuvo muy bien, aunque carrañaba mucho con la dueña, pero siempre en un tono muy familiar”. Una vez discutieron fuertemente Juaquina y la Tía Ruata, Ascensión Rufas Aguareles, Juaquina no quería bajar a la bodega a coger el agua, tenía miedo a las ranas. Tras la discusión, Juaquina se marchó de la casa pero enseguida Ascensión la fue a buscar y Joaquina volvió a casa Ruata. Las tinajas las llenaban en invierno y de ella bebían todo el año, también tenían un deposito y cada día, con cantaros, subían el agua necesaria para la casa. Juaquina trabajó muchísimo: lavó, fregó, planchó… vivía en la misma casa y cobraba 825 pesetas al mes. De cocinera estaba Silvestra, de casa Silvano. Recuerda un cumpleaños del amo Agustín Ruata, el 28 de agosto, cuando a Juaquina la llevaron a Zaragoza para uniformarla de sirvienta, fue una ocasión especial.

            Años más tarde Juaquina marchó a servir a casa del Médico y a casa Gavín, las dos a la vez. Cuando algo se rompía o se hacía perder dinero los amos decían “iras al descuento” y descontaban del jornal la parte proporcional.

            Joaquina se casó en 1977 con Alfredo Valero de casa El Molinero. La familia de Alfredo se encargaba del horno de pan, donde la gente del pueblo llevaba su masa, ya preparada, y la cocían en el horno. La familia de Alfredo construyó el molino, María y Cecilio eran hermanos del padre de Alfredo, vinieron de La Zaida (provincia de Zaragoza, en la Ribera Baja del Ebro), y llevaron la corriente eléctrica para mover el molino, (aún sigue en pie el edificio, aunque por dentro está totalmente cambiado). El viejo horno se encontraba en el edificio que el gremio de Los Ganaderos construyó para aquel fin y donde ahora aún podemos encontrar la tradicional panadería familiar Valero.

            En Alcubierre había y siguen estando dos hornos de pan, el de la familia Valero fue construido por el Tío Calvo. Después de la guerra, la gente iba a cocer el pan al horno llevando las masas en una tabla que la llevaban sobre la cabeza. Como combustible usaban aliagas, paja… “entonces los hornos conservaban mucho el calor”. Juaquina comenzó a trabajar en el horno al pronto de casarse con Alfredo, la gente ya no llevaba la masa y el oficio de panadero era como actualmente lo conocemos, “aún hubo un tiempo que la gente traía su propia harina”. Cada día se hacían unos 180 panes de kilo que las familias consumían durante dos semanas, todo se anotaba en una libreta y se contabilizaba todo lo elaborado. También se hacía alguna barra y algún chusco, cuando el pan se hacía duro lo llamaban pan asentado. Antiguamente se cocía un pan que se llamaba la Polla.

            Joaquina y Alfredo continuaron con la panadería, tuvieron dos hijos, chico y chica, que aún continúan con la panadería. Juaquina trabajó haciendo las faenas de la casa y la panadería, sobretodo atendía en el despacho de pan. Juaquina destaca el trato con la gente, cercano y familiar, en un pueblo que a principios del siglo XX contaba con cerca de 1600 habitantes y que actualmente apenas llega a los 500.

            Tortas de almendra, de anís, de coco, farinosos, empanadicos… y torta legañosa, una torta de pan con aceite y azúcar, una larga tradición panadera y repostera de sabores auténticos. Juaquina aún permanece por la panadería, con sus hijos y nietos, con los recuerdos que tanto marcaron a las generaciones pasadas. Vidas pretéritas que permanecen con el sabor de siempre, en nuestra memoria y en nuestros corazones.

  Esta mirada se enmarca dentro de la serie “Rostros”, que va relatando diferentes visiones de mujeres monegrinas y su trabajo en el medio rural de Los Monegros. Muchas gracias a Alberto Lasheras Taira.

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