Archivo de la etiqueta: Fernández

Pancho Villa y el Negus


Durante la guerra civil española, el líder revolucionario mexicano Pancho Villa da sobrenombre al líder del Comité de Grañén. Aunque no es el único, pues muchos son apodados como Pancho Villa o el Negus, en alusión a los lideres revolucionarios, siendo varios los que comparten aquellos alias, como el anarquista Rafael Martí, valenciano que actúa en el frente de Teruel, y que también resulta conocido como “Pancho Villa”.

Foto: Pancho Villa. Alec Wainman. 01-07-1937.

Concretamente, en Grañén llega la columna Carlos Marx, al mando de José Del Barrio, estableciendo su cuartel general en la localidad próxima de Tardienta. En sus Memorias políticas y militares, José Del Barrio relata su llegada a Grañén: «El pueblo no era en realidad de nadie. Ugetistas y cenetistas por un lado u fascistas por otro patrullaban por los alrededores del pueblo, sin que llegaran a dominarlo ni unos ni otros. Nuestra llegada resolvió la situación. Los fascistas huyeron». Barrio continúa sus memorias narrando como, una vez asegurada la posición de Grañén, «Empezó a reinar un anarcosindicalista que se hacía llamar Pancho Villa y que había constituido un comité que pretendía ejercer toda clase de poderes, el tren continuó hasta Tardienta» (Frente de Los Monegros).

Víctor Pardo Lancina recoge al Pancho Villa monegrino en Algunas notas sobre la guerra civil en Los Monegros” a través de la enfermera australiana Agnes Hodgson Un campesino llegado de Lérida al que se dio el apodo de «Pancho Villa» y que fue responsable del comité de Grañén” (Agnes Hodgson. Diario de una enfermera australiana en la guerra civil española). En la misma línea lo cita el historiador Gonzalo Berguer Allí se encontraba un comité anarcosindicalista a las órdenes de un personaje conocido como Pancho Villa” (Les Milícies Antifeixistes de Catalunya. Berguer, Gonzalo).

No obstante, Víctor Pardo apunta varias referencias al Pancho Villa “grañenense” como la escueta y a su vez contundente descripción de Philip Toynbee en su obra The distant drum. Reflections on the Spanish Civil War “Ferviente faísta que jamás se separaba de su larga pistola colgada al cinto”, así mismo la aportada por F. Xavier Bosch en Archie Cochrane:Back to the front: “Pancho Villa creó numerosos problemas de todo tipo, incluso tratando de controlar en su propio beneficio suministros y medicinas. En cierta ocasión, prendió fuego a la gasolina almacenada en el hospital para alimentar un motor, lo que le produjo accidentalmente graves quemaduras que requirieron hospitalización”.

Sobre su verdadera identidad, nos aproxima una pista que viene a partir de un informe presentado por la comisión de la Cruz Roja local de Barcelona, por parte de Estrany y Ràfales, el 21 de mayo de 1937, cuando viajan hasta Grañén para tratar la falta del pago de salarios al personal al servicio de la Cruz Roja, se cita a Pancho Villa como jefe del Sector y de nombre Damians: “Día 21 de mayo: Viaje a Grañén, con el objeto de hablar con el compañero Damians, Pancho Villa (Jefe de aquel sector). Tampoco lo encontramos”. Entendemos por lo tanto que Damians responde al misterioso miliciano apodado “Pancho Villa”, no habiendo establecido, hasta ahora, su verdadera y concreta identidad.

También, la enfermera Agnes Hodgson, en su diario recoge diferentes episodios que reproducimos a continuación:

2.2.37

Otro paseo, esta vez con John y Jerome, que hablan algo de inglés. Hemos visto unas perdices en pleno vuelo. John y Jerome están en Grañén con la misión de purificar agua para «Pancho Villa», porque éste no quiere malgastar gasolina mandando a buscar agua potable cada día a Almuniente. Pero ahora les niega a estos dos muchachos la gasolina que necesitan, de manera que no pueden purificar el agua local. Hay algo de disensión en cuanto a que este hospital siga adscrito al Batallón «Carlos Marx», es decir, al PSUC. Si nos quedamos aquí, o nos integramos en la CNT o estaremos a la greña con la FAI; si seguimos con el «Carlos Marx», tendremos que trasladarnos a otro pueblo, a un kilómetro y medio de Grañén.

16.7.37

El «Pancho Villa» de Tardienta está entre los heridos, y ésta es su quinta herida. Es un fanfarrón como la copa de un pino; dice que no ha habido muchas bajas y que ninguno de los dos bandos ha salido ganando.

La fotografía está acompañada por una nota mecanografiada en francés en la que se cita » En Barcelona, durante la Guerra Civil. N.P.M.: Un pintoresco jefe de milicia, apodado «Pancho Villa», regresa herido del frente. (Foto de nuestro enviado especial). HG/ET/ 86137 (Keystone)» 1937.

De acuerdo con el testimonio de Agnes, Víctor Pardo Lancina se refiere a él como el “Pancho Villa de Tardienta” quien, incluso en determinado momento “Fue en extremo beligerante con médicos y enfermeras que abominaban de su despótico carácter y su peligrosa arrogancia”. Aunque podamos decir que seguramente responde al mismo personaje, quizá puedan ser dos personas distintas.

Sumergiéndonos de nuevo, una interesante referencia y a su vez testimonio viene dada por Manuel Gutiérrez, un miliciano que combate en el Frente de Aragón, concretamente en la 24 Brigada mixta, Batallón 493, sección de Transmisiones. Manuel Gutiérrez recoge sus vivencias en un diario que comienza el 4 de abril de 1937, tras la perdida de otro anterior iniciado con su alistamiento en el cuartel de Sarriá.

Así, Manuel Gutiérrez, en su diario de un miliciano nos aporta detallada descripción de “Pancho Villa”, un ser que, en base al diario, Víctor Pardo Lancina reconoce como “Un tipo engreído y peligroso, proveniente del cuerpo de la Guardia de Asalto, y que como tal había intervenido en la represión de huelgas y movimientos obreros”.

Mi división, Carlos Marx, en Robres tiene un polvorín lleno de armas y municiones modernas y en cambio nuestros fusiles parecen escobas y las municiones que vienen de Cataluña, y que son cápsulas recargadas, el 75% son malas. Cuando menciono al “Mando” me refiero al de la División Carlos Marx, que está lleno de fascistas emboscados. Un ejemplo de lo que digo es un individuo muy popular, que se hace llamar “Pancho Villa”, alto como un San Pau y con pose de perdonavidas, cara de fanfarrón y tipo de matón, que dicen que es muy valiente, que va de permiso a Barcelona cargado de galones y correas con municiones y fusil-ametrallador; era guardia de asalto y me cuenta el compañero Cabrera que en cierta ocasión, en la carretera de Tardienta a la ermita, estaba Pancho Villa hablando con dos chicos y otros guardias y decía a los primero ¿Recordáis aquel día que vino a vuestro pueblo una camioneta de guardias y apaleó a los trabajadores? Pues yo estaba entre ellos y recuerdo haberos apaleado a vosotros. – Y reía con cinismo mientras los dos chicos sonreían para disimular el odio que reflejaban sus ojos. Este desgraciado es el ayudante del comandante de nuestro Batallón. Poca confianza me inspiran estos autómatas al servicio del capitalismo, antes dedicados a perseguir al trabajador y que hoy luchan a nuestro lado porque no pueden luchar al servicio del fascismo, al cual servirían mejor y la mayoría son tan fascistas como los que tenemos delante de las trincheras.” 

En la 4ª Compañía Pancho Villa se ha hecho popular. Al llegar se presentó a la Compañía y dijo: “Me han dicho que la 4ª Compañía es incontrolada. Pues bien; yo también lo soy” y arrancó el número del coche que tenía parado a su lado (…)

Manuel Gutiérrez nombra que nuestro Pancho Villa fue Guardia de Asalto, además expone que Pancho Villa es fusilado ante un pelotón de fusilamiento, condenado tras un desastre en Zuera:

Dicen que Pancho Villa fue fusilado. Se había llevado a cabo una operación brillante en Zuera y toda la artillería rebelde cayó en poder nuestro. Entonces venían fuerzas nuestras y él mandó abrir fuego; en total trescientas bajas y la operación perdida. Un hombre tan presumido nada bueno podía hacer (…)

Dicen que ya han fusilado a “Pancho Villa”. A los componentes del pelotón de fusilamiento se les crisparon los nervios al constatar la sangre fría del condenado. Dijo a los soldados: “Vais a matar a un hombre que no es fascista; durante muchos meses me he portado con dignidad revolucionaria pero la revolución necesita inmolar víctimas inocentes” y dirigiéndose al oficial que por ser amigo suyo estaba tembloroso. “Ten serenidad hombre que no es nada y no te descuides de escribir a mi esposa e hija comunicándoles mi suerte”. Después de examinar la fosa destinada a él y rehusar la gorra y el pañuelo el oficial mandó ¡fuego! Y en medio de la descarga se oyó un grito: “Viva la Revolución” y cayó Pancho Villa con el pecho y la cabeza agujereados por treinta balas. El oficial le clavó otra. Los que lo fusilaron se habían ofrecido voluntarios; todos pertenecían a su batallón y recordaban a los compañeros que habían caído por su culpa.

Trágico final para nuestro misterioso Pancho Villa que recoge Manuel Gutiérrez con gran detalle y del que también Víctor Pardo Lancina se refiere: “Fue fusilado tras el fallido asalto al Vedado de Zuera” (Pardo Lancina, Víctor. Algunas notas sobre la guerra civil en Los Monegros).

El diario de Manuel Gutiérrez es encontrado en el frente de Zuera, por un alférez provisional en septiembre de 1937, junto al cadáver de Manuel Gutiérrez. De acuerdo a estas circunstancias, posiblemente el fusilamiento de nuestro Pancho Villa pueda corresponder a fechas anteriores a la muerte de Manuel Gutiérrez, probablemente sobre julio agosto de 1937.  

Kati Horna. Milicianos de la 28 División [Columna Ascaso] posando entre las fortificaciones en el Carrascal de Banastás. Aragón. 1937. Entre los milicianos se observa a Pancho Villa.

Miguel Vila, el Pancho Villa de la columna Macia-Companys

No obstante, repasando la hemeroteca de la época, aparece otro “Pancho Villa” en el frente de Los Monegros, Esta vez Miguel Vila, apodado Pancho Villa y alistado en la columna Macià-Companys. La columna Macià-Companys se situó entre Robres y Alcubierre con 300 efectivos, llegando a contar con 700. Estaba formada por voluntarios de ERC y en menor parte de Estat Catalá. La unidad acaba respondiendo a la División 30.ª, Brigadas Mixtas 131.ª y 132.ª, al mando de Jesús Pérez Salas.

Su historia aparece recogida en El Diluvio del 5 de noviembre de 1936:

Pancho Villa, miliciano

Allá, en el pueblo de la retaguardia, alguien le sacó el mote “Pancho Villa”. Su aspecto, tan en consonancia con el héroe mejicano, pudo ser la causa de ello. Per más pudo serlo, sus maneras, en todo momento por igual a las que se atribuyen a la figura rebelde del cabecilla. Sus pobladas barbas… Su rechoncho cuerpazo… Y su andar un tanto altanero…

Así, con todo su séquito de amigos, paseando por acá y por allá del simpático pueblo de la retaguardia, en espera del momento en que se le mandase a las líneas de fuego, el Pancho Villa de unos cuantos pasó a serlo para todos los milicianos. Un compañero suyo le dijo un día:

-Oye, Pancho Villa, Piensa en lo que eres ahora. Recuerda que en el momento que sea preciso has de hacer honor a tu nuevo nombre.

Y Miguel Vila, joven aun, que por arte de las mañas del pueblo en transformar cosas y hombres, prometió solemnemente que el Pancho Villa miliciano daría que hablar una vez estuviera en el frente.

¡Y lo cumplió!

En una sierra de nombradía, de estas que abundan en Aragón, los fascistas efectuaban un ataque desesperado, buscando abrir brecha en Ias filas del ejército del pueblo. Nuestros hombres resistían. Aguantaban el esfuerzo rabioso de la casta depravada. Pero se necesitaba algo más. Era preciso darles su merecido. Aprovechar su mismo ataque furioso para abrir la brecha que intentaban con nosotros.

Y se envió el refuerzo de milicianos que para ello se necesitaba, Unas centurias de la cuarta columna Maciá-Companys pasaron, de su punto donde tienen el cuartel general, a las avanzadillas. Entre estas centurias se hallaba Pancho Villa. Llegados entrada la noche, en un día del pasado mes de octubre, en Sariñena, durmieron en dicha ciudad, si dormir se le puede decir echarse sobre montones de paja maloliente en espera de las órdenes que no podían tardar. Que, efectivamente, no tardaron.

Temprano aun, dióse la orden de marcha, camino de las líneas de fuego, donde una lucha sin tregua venía efectuándose desde hacía dos días. Maltrechos por el viaje, con el sueño a cuestas aun, llegaron a lo alto de la sierra los bravos milicianos de la cuarta columna donde al cabo de breves momentos habían de poner a prueba su espíritu luchador. Una prueba dura, de proporciones gigantescas, casi se podría decir demoníaca…

Y es al cabo de unas pocas horas de la llegada, con el cansancio del ajetreo del camino y un corto espacio de tiempo de mal dormir sobre si, cuando Pancho Villa cumplía su promesa. De una manera gloriosa. De una manera sublime…

Solo… Casi solo, por lo que hace el caso. Miguel Vila, el Pancho Villa de la columna Macia-Companys, avanzaba por el terreno de lucha, imponente. Cual una figura legendaria bajada a estos mundos con un propósito prefijado. En una mano, el artefacto mortífero presto a lanzar. El fusil colgado al hombro. De la otra mano más bombas con que hacer retirarse al enemigo traidor y cobarde. Todo él, con su aspecto terrible, por lo claro de sus intenciones hostiles.

Así, pertrechado como el que más, avanzaba Pancho Villa, al igual que debió hacer su anterior en las tierras mejicanas. Ante él podían oponerse a su paso morisca como falangistas. Era igual. Unos y otros habían de sucumbir o dejarle vía libre. A su arrollador avance no podía oponerse nada.

¡Cómo no pudo oponerse ni un carro de asalto enemigo!

Que esta fue la epopeya del Pancho Villa miliciano. Que él, con su «séquito» unos pasos atrás, en su avance incontenible, llegóse a encontrar frente a un tanque. La suerte estaba echada. O el tanque vencía, aniquilando al soldado de la Libertad, o éste dejaba el camino expedito al tanque, ¡Y ni lo uno ni lo otro ocurrió!

Cuando nos lo cuentan lo hacen todos con un dejo de sorprendidos. Nadie pudo llegar a comprender cómo ocurrió ni cómo pudo ser que un hombre solo dispersara los ocupantes de un carro de asalto faccioso, se apoderara de él y, como postres, tomará, además, víveres y municiones junto al armatoste. Créese que unas bombas de mano hicieron explosión cerca del tanque con gran puntería… Y que después de ello, orgulloso de su hazaña, más satisfecho por los bienes que reportaba a los suyos la conquista, Pancho Villa vociferaba, junto con los suyos, que se le unieron rápidamente sobre «su cosa»…

Durante unos días fue el hecho saliente de las milicias que con más animación se comentaba. Y aún hoy día, en que el héroe del hecho reposa en una blanda cama de hospital, curando una herida que pudo ser grave y, por suerte, se quedo en que pudo serlo, todos se maravillan de lo que os relatan como un verdadero milagro. ¡Loor a los valientes de verdad! Alcañiz, noviembre.

Ya anteriormente se habían recogido sus audacias, en esta ocasión, en El Diluvio del 18 octubre de 1936 y en La Publicitat en su edición del 30 de agosto de 1936:

El Diluvio, 18 octubre de 1936.

EN EL SURESTE ARAGONES

La audacia y valor de nuestros milicianos (Por teléfono)

Alcañiz, 17, once noche.

En el día de hoy se ha desarrollado en el frente de Alcubierre una acción en la cual se ha demostrado el valor y la audacia de nuestros milicianos.

La tercera centuria de la columna Francesc Maciá ha logrado arrebatar al enemigo un carro de asalto y mucho material de guerra. Son dignos de mencionar los milicianos José Millás y Miguel Vila, antiguos combatientes de la gran guerra, y el sargento conocido por Pancho Villa.

Todos los milicianos de las columnas F. Maciá y Durruti-Villalba y los aguerridos guardias de asalto que luchan en el frente de Alcubierre están poseídos del mayor entusiasmo.

Debido a la valentía demostrada por la totalidad de nuestros combatientes está en poder nuestro la mayor parte… Alcubierre…

 En el sector de Alcañiz continúa la gran movilidad de combatientes y todo hace creer que no tardarán en producirse acontecimientos de importancia. Velilla Brualla.

El Diluvio, 18 octubre de 1936.

En el frente de Aragón

La tarea del comité de Pina

Las fechorías De los “Boinas Rojas” (Del enviado especial Josep Diaz y Morales).

Barbastro. —Último en este sector ha habido relativa tranquilidad. El otro día, en ausencia de Durruti, voy a entrevistarme con la segunda cabeza de la columna. el camarada Carreño. Al poco rato este me presentó el sargento de artillería Manzana, que aquí todo el mundo conoce por el nombre de Pancho Villa. Toda le admiran por su valor personal y por la su preparación técnica.

La Publicitat, 30 de agosto de 1936.

Boletín oficial de la Brigada no.1 Cruz Roja Comisión Provincial de Barcelona. 1 de julio de 1937.

Columna y Centuria Pancho Villa

Curiosamente, en Grañén se posiciona la centuria denominada Pancho Villa (Solidaridad Obrera 21 de enero de 1937) perteneciente a la División Ascaso. Igualmente aparece la Columna Pancho Villa, ubicada en La Zaida “Centuria que sale el 28 de julio hacía el frente de Aragón. Estaba formada por miembros de la CNT de la ciudad de Barcelona” (Berger Mulattieri, Gonzalo. Frente de Aragón (1936-1938) despliegue, evolución y trazabilidad de unidades militares, combatientes republicanos muertos y lugares de inhumación).

En definitiva, la presencia de Pancho Villa fue más allá de dar nombre a diferentes personajes, siendo, como hemos visto, referencia para toda una columna y una centuria.

El Negus

En Negus también es un alias que muchos milicianos tomaron como sobrenombre o mote, en referencia a Haile Selassie, el emperador de Etiopía que resistió la invasión de los fascistas italianos. Pero también respondía a un avión bombardero republicano que tenía un motor muy ruidoso «El Negus» y a una posición republicana en el sector de Alcubierre en plena sierra.

Como milicianos apodados Negus aparece Hilario Salanova Carreras, líder anarquista de la columna «Los Aguiluchos» y el miliciano Juan Fermín Fernández, del PSUC que estuvo en el frente de Aragón con la Columna Carlos Marx, incluso García Oliver habla del él en sus memorias llamándole el Negus. Juan llega a ser conocido como el «Negus de Tardienta» mientras que Hilario el «Negus del Norte» (Solidaridad Obrera, 21 de febrero de 1937).

El Negus de Tardienta, periódico «Juliol» del 27 de septiembre de 1936.

Sobre Juan Fernández trata “El Negus de Aragón”, publicado en la revista Estampa número 451, en septiembre del 36 sin olvidarse también de Hilario Salanova Carreras:

EL «NEGUS» DE TIERRAS DE ARAGON

Cuando salieron para la línea de fuego del frente aragonés, en ninguno de los dos se veía brillar el deseo vibrante de tocar a degüello. Y, sin embargo, a los pocos días de dar comienzo el avance hacia Zaragoza, sus hazañas ya se contaban en romance popular. Frente a cualquiera de los dos, los valientes milicianos se sentían atraídos, les seguían y se unían a sus grupos. Pronto bautizaron a uno de ellos:

—¡Pero si es el Negus!

¡El Negus!

Por las plazas de los pueblos por donde pasaba le acogía un clamoreo.

—¡Ya está ahí el Negus!

Los vecinos se asomaban a las puertas para contemplarlo. Se ofrecían para formar en su columna los mozos que habían dejado sus pomaradas, sus ganados y sus mujeres; los mozos que llegaban con paso tardo, sorprendidos de los pertrechos mortíferos, navegando de una acera a otra en las calles, estrechas para sus pies campesinos.

—Lo que es éste -decían— no debe espantarse de nada.

Todos querían seguir al Negus y ganar su amistad. Porque, además, ¡es tan leído!

El Negus contaba ya casi con una centuria de hombres seleccionados y decididos. Les largó un discurso, arengándoles con palabras y argumentos nuevos. Le oían sin pestañear, los ojos llenos de alegría, ligeramente abiertas las bocas, atentos todos los sentidos.

—¡Es un tiazo! —fue la exclamación general-.

Mandados por él machacaremos a los fascistas, ¡Nos haremos con ellos en seguida!

Equipados con lo imprescindible, arma al hombro, salieron calle arriba los milicianos del Negus, dando zancadas enormes. Los vecinos corrían a despedirlos, apretujándose para verlos pasar.

-U. H. P.! ¡U. H. P.! ¡Muera el fascismo! ¡Salud, rubia! ¡A Zaragoza!

Las jóvenes y las viejas les animaban:

—¡Buena suerte!

Esto ocurrió, primero en Lérida; después, en Caspe, y en Fraga, y en Barbastro.

La nombradía del Negus crecía y otro grupo de bravos muchachos quiso tener también un Negus. Pero las características de uno y otro se diferencian notablemente.

Debo hacer aquí un paréntesis para presentar a los dos.

El que tiene un parecido perfecto con el que fue rey Rey de reyes de Abisínia es un hombre pálido, de ojos serenos e imponentes barbas, negrísimas. Sus maneras son suaves, su voz fina y delicada y su sencillez admirable. Se llama Juan Fernández, maestro laico, con una escuela en la calle Barbará, de Barcelona, a la que acuden la mayoría de los chiquillos del barrio.

En las jornadas de octubre del año 1934, aunque anduvo pegando tiros con un fusil, no se reveló como ahora su energía y su coraje.

Se lanza al combate sin turbarse y sin frases inflamadas. Ordena de un modo manso, con la ternura de un padre. Pero las órdenes las da con tanta naturalidad como firmeza. En la guerra continúa siendo igual que en la escuela. Vigila la pitanza de su centuria, se preocupa por la ropa de sus soldados, cuida atentamente los asuntos que parecen más vulgares y cree en la importancia de las cosas menudas. De facciones duras, anguloso y alto, Hilario Salanova Carreras, el otro Negus, estuvo en la Legión Extranjera durante varios años. Conoce, pues, las tretas de la lucha de guerrillas, sin que el arrojo excluya la cautela, Manda asimismo una centuria, y sus proezas numerosas, consisten principalmente en apoderarse de las cabezas de ganado de los facciosos para abastecer con ellas a las tuerzas leales.

De vez en cuando se distingue con una acción estratégica. Hace unas semanas, por ejemplo, él y los suyos cortaron el canal que conduce las aguas a Huesca, mientras a doscientos kilómetros de distancia Juan Fernández copaba tres baterías de ametralladora.

Abierta la camisa, sobre el pecho velludo, cubriéndose con un sombrero de paja de amplias alas, Fernández estuvo el otro día unas horas en Barcelona, con objeto de saludar a los niños de su escuela, que le recibieron con caras embobadas ovacionándole después largamente.

—Cuéntenos, maestro, sus hazañas—le pidieron a coro los arrapiezos.

—No tengo hazañas que contar —repuso humildemente-. No he hecho nada que se destaque. Estoy cumpliendo un deber. Todos debemos cumplirlo. A vosotros os corresponde venir a clase diariamente, poniendo más interés que nunca en el estudio. Tenéis que obedecer sin vacilaciones al compañero que me substituye. Al terminar la guerra, si cumplís bien, podré describiros en el mapa las batallas y los pueblos reconquistados para la República. ¡Qué nadie falte a la escuela! Si alguno deja de cumplir su obligación tendrá que vérselas con los fascistas.

Yo no tuve más suerte que los alumnos.

-Mis milicianos valen mucho, mucho. Su bravura es extraordinaria- me dice.

– ¿Dónde tienes el cuartel general?

-Cerca de una de las columnas marxistas de la U.G.T. dirigida inteligentemente por Del Barrio y el periodista Ángel Estivill.

A Fernández le molesta que se hable de él. Sus acciones de Barbastro a Grañén, de Lanaja a Alcubierre las reputa lejanas y sin importancia.

—¿Cómo atacaste la estación de Almudévar, deteniendo el ejército que procedía de Zaragoza?

—No vale la pena. La victoria corresponde únicamente al Partido Socialista Unificado, en el que militamos.

El Negus entró con cinco milicianos en Almudévar. Se le venían encima los traidores. Se entabló un ataque terrible. Las ametralladoras y los cañones, ocultos no se sabía dónde, enviaban tal granizada de balas, que la muerte zumbaba en los oídos de aquella media docena de hombres, sofocados, inútiles en una lucha horrendamente desigual.

Fernández empezó disparando sus ametralladoras hacia un lado- y otro. Disparaba incluso al aire, arrojaba bombas de mano hacia todos los lados, rápidamente, con estrépito aparatoso. Y los facciosos, que atacaban Almudévar por su flanco derecho, huyeron desordenadamente, pensando sin duda que el Negus y sus cinco muchachos verdaderos demonios, eran un batallón compuesto de centenares de milicianos. Aquella noche, arriba, en la Sierra, se reunieron los compañeros de las Juventudes Socialistas, lo milicianos de la U.G.T y los campesinos de su centuria. Carecían de comida. No había cantidad suficiente. Juan Fernández, el Negus, que durante el día no había probado bocado, negose a comer.

-Todo para estos valientes. Y no hubo medio de hacerle tomar un poco de alimento.

Juan Puente.
Fotos Gonsanh.

Personajes de guerra, controvertidos, pero que constituyen parte de nuestra historia, de la guerra civil española a los que nos aproximamos tratando de esclarecer incógnitas que aún quedan por resolver.

Nicolas Andión Pena


Nicolás Andión Pena responde a la figura de médico rural, de beneficencia, aquel cuya disponibilidad abarcaba las 24 horas del día los 365 días del año. Gallego de nacimiento es sariñenense de adopción, localidad a la que dedica su profesión y vida, donde ejerce como médico durante más de 30 años, entre 1942 y 1978. Querido y respetado, nos sumergimos en su memoria y recuerdo gracias a sus hijas Inés y Margarita.

Nicolás Alejandro Andión Peña nace el 15 de diciembre de 1906 en Galicia en el lugar de Famelga/A Coutada- Sta María de Aguasantas, Concello de Cotobade, Pontevedra (hoy Cerdedo-Cotobade tras la fusión de ambos municipios). Lugares muy próximos dentro de la parroquia y separados por apenas 3 km. Hijo de Cándido Andión García, de A Coutada, y Adelina Pena. Fue el mayor de ocho hermanos, aunque dos murieron solo mas nacer, entre ellos Benito, Manuel Félix, María Inés, Cándido y Nicolás.

Estudia medicina en la Universidad de Santiago de Compostela, siempre becado y con muy buenas notas, especializándose en hematología, especialidad encargada de enfermedades de la sangre o hematológicas. Especialización que quiso realizar en Alemania pero que el ascenso de Hitler complica del todo. Finalmente, realiza el MIR en Portugal, Oporto, Lisboa y Coímbra. Durante un tiempo vive en Vigo hasta que, con el estallido de la guerra, es llamado a filas en el bando nacional donde ejerce como médico. Principalmente realiza labores en retaguardia llegando hasta Jaca. Para él, la guerra es muy dura, practica mucho la cirugía, siendo un tremendo aprendizaje.

Así, tras la guerra, Nicolás no quiere quedarse en Galicia como médico, allí llueve mucho y prefiere un lugar más seco. Así que oposita y en 1942, entre sus destinos, elige Sariñena. Le habían quitado Vigo y, al haber estado en Jaca, decide que le gusta mucho más este clima.

Anteriormente, Nicolas había contraído matrimonio con Josefina Bello Fernández, también gallega de Maniños en La Coruña. Una mujer muy culta, que a pesar que no la habían dejado estudiar era una autentica devoradora de libros, una gran lectora. Josefina, de primeras, no viene a Sariñena y permanece por un tiempo en Galicia, en Maniños donde nacen sus dos hijas Inés y Margarita. Gracias a que tiene un salvoconducto para ir a Galicia, Nicolas puede ir a ver a su mujer e hijas con total libertad.

Nicolas, Josefina, Margarita e Inés.

Nicolás encuentra una Sariñena muy destruida por la guerra, sin encontrar casa para poder vivir. Por ello no tiene más remedio que alojarse en el hostal Ispa, Hotel Comercio Ispa, donde permanece bastante tiempo e incluso llega a pasar consulta. También se aloja en el hostal el notario de Sariñena Joaquín, con quien mantiene una gran amistad. Fueron años duros, había mucha miseria y muchas enfermedades, como el tifus, las fiebres de Malta, tuberculosis o la cirrosis; pues se bebía mucho vino.

Al tiempo, por suerte puede vivir en un pisito de la plaza el Salvador, popularmente conocida como plaza de la Iglesia; Inés aún recuerda las casas caídas y la plaza llena de tierra. Después, con la construcción de las casas de la avenida Huesca por Regiones Devastadas le conceden una casa en la actual calle Delicias nº 1, pared con pared con Pedro Cascales, el otro médico de Sariñena. “Años más tarde hacen el cuartel, pero antes solo había huertas”, recuerdan Margarita e Inés, “donde luego se hicieron las escuelas nuevas”. Allí residen y ejerce hasta su jubilación.

Margarita e Inés viven su infancia en Sariñena y guardan muchos y buenos recuerdos, como ir a las monjas, que aún estaban en la calle Rafael Ulled, actualmente parte del casino viejo. Iban con sus botas, como un viaje divertido. Además, en casa tenían un pequeño gallinero, con gallinas y pollos, un cuarto muy pequeño, con un palo, donde les daban de comer.

Nicolás se desvivía por la gente, pura dedicación, no comía hasta que no acababa la consulta y había días que se le hacían las cinco de la tarde, pues había días que igual atendía a 70 personas. Aunque le llamaba a cualquier hora e incluso por las noches, cualquier necesidad o urgencia la atendía, personas heridas o enfermas. Solía tener la sala de espera llena y al principio la gente no tenía ni para pagar, ejercía por pura vocación. “Atendía gratis e incluso hasta daba medicamentos gratis”, recuerda Inés como algunos pagaban con comida y como tenían nevera de hielo, y cabía poco, lo daban a personas que lo necesitaban “Respetaba mucho la vida de los demás, nunca hablaba mal de nadie, ni se metía en la vida de nadie”.

Siempre estaba formándose, por dos veces acude a Barcelona a realizar cursos, a los laboratorios “Grifols”, además recibe un montón de revistas médicas que devora leyendo.  En una ocasión, salva a una persona del tétanos que había cogido al clavarse algo y unos laboratorios le preguntaron que había hecho.

Su mujer Josefina ayuda en la consulta, recibe, escribe las recetas y mantiene la estufa “tenían una estufa de leña de salamandra”, entre muchas otras cosas. La consulta les da mucho trabajo, además de tener que ir a visitar por las casas “vivieron a gusto”. Aunque nunca cogen vacaciones, prácticamente no falta nunca. Pedro Cascales sí que cogía vacaciones, todo el mes de septiembre. Siempre se ayudaban, se mandaban continuamente papeles. También su hija Inés ayuda en la consulta, con las bajas y altas, llevando un fichero muy detallado a máquina, ejerciendo de secretaria. Inés también es una gran lectora, como su madre, de tebeos y novelas. Para Margarita sus mejores recuerdos mejores son de cuando vivíamos en la calle Delicias «aunque luego nos fuimos a estudiar y solo pasábamos las vacaciones».

Como médico también lleva las localidades de Capdesaso y Lastanosa. Al principio va en tartana, no había ni coches hasta que comienza a haber taxis. Una vez casi caen al río Alcanadre con el taxi, “El primer coche que compró era de segunda mano”. Luego, con su coche llega hasta llevar a más de uno al hospital de Huesca. Pedro Cascales lleva Albalatillo y Pallaruelo de Monegros Sin olvidar a Domingo Pardo que ejerce como practicante. Hay un tiempo que, en el edificio conocido como el Hospital, Nicolás y Cascales tallan a los quintos que van a hacer el servicio militar obligatorio.

Nicolas con su hija Margarita y su marido.

Era sano y muy fuerte, siempre había sido de estar por casa y nunca de bares, una vida sana. Hacía vida muy normal, solía subir paseando hasta el barrio de la Estación de Sariñena. Odiaba la sandía y los melones, decía que producían cólicos. Muy amigo del farmacéutico Rafael Loste, del secretario Fidel Bailo y el comerciante Pepe Brunet. Se juntaban en la rebotica o en la parte alta de las Marianitas, la tienda de Pepe Brunet, y hablaban de sus cosas y, como no, de política. Más de una vez, Marga le tuvo que ir a buscar a las Marianitas para avisarle de una urgencia.

Nicolas y Josefina con un nieto, sobre 1980.

Era muy profesional jubilándose en 1978, incluso jubilado ayudaba y atendía a la gente. Muchas de sus pertenecías médicas de la consulta y del laboratorio fueron donadas al museo etnográfico de Sariñena. Solía decir que si volviese a nacer no sería médico, pero nadie le creía.

Nicolas y Josefina en Ordesa.

Fallece a los 76 años de edad el 10 de octubre de 1983, en Lérida junto a sus hijas y resto de familia “Babeaba con sus nietos”. Sin duda, un gran médico que dejó una gran impronta en Sariñena que lo recuerda con gran cariño y donde incluso una calle lleva su nombre. Ambos, Nicolas y Josefina descansan en el cementerio municipal de Sariñena, por voluntad propia.

Gracias a sus hijas Margarita e Inés.