Archivo de la categoría: Etnografía

Museo de Oficios Antiguos Monegros


          El Museo de Oficios Antiguos Monegros es un viaje a nuestro pasado, a nuestra memoria etnográfica, un lugar donde redescubrimos como se vivía antes. Pero también, es un viaje que nos permite contemplar el vertiginoso paso del tiempo y el gran desarrollo tecnológico que, en los últimos cincuenta años, ha revolucionado la humanidad.

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            En la monegrina localidad de Sena encontramos el Museo de Oficios Antiguos Monegros, inaugurado el 10 de julio del 2015. El museo es la antigua fonda Felisa y herrería de Florentín, del matrimonio Florentín Nogués y Felisa Inglán. En el interior encontramos cerca de 5.000 utensilios y herramientas, un conjunto museístico dividido en diferentes espacios que recrea, con gran detalle, diferentes oficios perdidos. Herrería, albañilería, barbería, aperos de labranza y siega, la carpintería, la escuela, la habitación de fonda, la tienda, la cocina, la bodega, los juguetes… espacios que, de forma didáctica, desarrollan un recorrido que ellos mismos describen como “fiel imagen del modo de vida de nuestros antepasados que  queda reflejado por medio de sus enseres”.

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            En el museo descubrimos que en Sena había hasta 5 talleres de carros y carruajes que exportaban por todo Aragón, un oficio poco conocido pero de gran complejidad. Trabajaban magistralmente tanto la madera como el hierro y fabricaban a la perfección fabulosos carros de gran belleza y utilidad. En el museo podemos contemplar un gran carro de los antiguos talleres “Tisaire” de Sena. Aquella gran tradición de construcción de carros da origen a una curiosa particularidad de Sena, sus hogares tradicionales con los aros metálicos de las ruedas de los carros. Un mundo de curiosidades, de recuerdos y sentimientos, de sabiduría popular forjada a lo largo de la historia.

 20161119_172526           Cada objeto cobra una enorme dimensión, traen muchos recuerdos y despiertan muchos sentimientos. Algunos los recuerdas y otros los desconoces, en algunos reconoces su nombre y en otros le das tú propio nombre dependiendo de tu zona. Es un museo lleno de detalles y curiosidades, como la primera bicicleta que llegó a Sena y que en la Guerra Civil fue incautada. Cada objeto guarda una profunda historia que Alejandro Campoy Rios narra con profundo cariño y orgullo. Alejandro es el responsable del museo y junto a su padre, ha ido recogiendo, adquiriendo y restaurando la extensa colección. Ha invertido gran esfuerzo y trabajo, su ilusión es ya toda una realidad, el más que recomendable Museo de Oficios Antiguos Monegros.

            Además, Sena ofrece un conjunto de casas solariegas, tales como la de Chavarriga y Blecua, la antigua casa de las Carmelitas descalzas, la iglesia gótica de la Asunción y la Casa Consistorial del siglo XVI; claro ejemplo de arquitectura civil aragonesa y Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés desde el 2002. Sena no deja de ser un pueblo muy recomendable para su visita y cercano al Real Monasterio de Santa María de Sijena.

             Gracias a Alejandro Campoy y a Rocío Sanz por su gran acogida, un museo al que hay que volver.

 

 

 

El cine-teatro Romea de Sariñena


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El sariñenense cine-teatro Romea es inaugurado en 1919, obra del arquitecto-constructor Don José Morera Gimferrer. Debe su nombre al teatro Romea de Barcelona que, como muchos teatros de la época, rinde homenaje a Julián Romea Yanguas (1813-1868), actor español de teatro romántico. Celebre apellido teatral que comparte con Julián Romea Parra (1848-1903), actor y dramaturgo zaragozano. Víctor Vilanova promueve la construcción del cine-teatro Romea de Sariñena, además el empresario zaragozano del espectáculo posee el hotel Paris y varios cines en la capital aragonesa.

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En la planta baja estaba el bar y en la segunda planta se encontraba el cine-teatro. Por el exterior del edificio subían dos escaleras de obra hasta un balcón, dando entrada al cine-teatro, justo por encima de la entrada al bar. Al frente se encontraba el escenario y la pantalla del cine. La sala presentaba inclinación hacía el escenario y por encima de la entrada se encontraba un piso elevado que respondía al gallinero. Con el paso de los años, la sala se transformó en hostal y hoy en día, en el piso de arriba, aún se puede observar el arco de la pantalla del cine. La puerta de los artistas daba a la calle del mercado y por una escalera estrecha se subía hasta los camerinos. Por las paredes de los camerinos aún se pueden leer los gravados que muchos/as artistas dejaron como huella de su paso por el cine-teatro Romea de Sariñena.

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En el bar también se realizan espectáculos de gentes ambulantes, había unos pequeños camerinos para los artistas ambulantes en el mismo bar. La barra era semicircular y estaba recubierta de baldosetas azules. La puerta al bar presentaba un bastidor semicircular acristalado. En la planta baja había seis columnas, se unían con unos nervios encofrados formando bóvedas y el techo era mucho más alto. Las ventanas del bar tenían una forma muy singular, una especie de forma de media Luna. En una sala había un billar americano, un futbolín y una mesa de ping pong. Al principio se realizaba cine todos los días.

Uno de los regentes es el maestro violinista de Sariñena José Guioni Lebetti.

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La Voz de Aragón, 2 de septiembre de 1930. 

Teatrales. — En el coquetón teatro Romea viene actuando con gran éxito la notable y completa Compañía de comedias Conde-Rico, una de las mejores que han desfilado por esta localidad. Debutó con la obra “La Condesa María”, siguiendo con “La venganza de don Mendo”. “La Lola” y “Anacleto se divorcia”.

La Voz de Aragón, 16 de febrero de 1933.

Teatrales Desde el día 1. de Noviembre cambia de empresa el Teatro Romea de esta localidad y se dice que como inauguración de la nueva empresa vamos a tener un grandioso espectáculo digno de la importancia de esta villa.

Heraldo de Aragón 1 de noviembre de 1933.

En la época de la republica española el teatro alberga mítines de Dolores Ibárruri “La pasionaria” y de Federica Montseny, primera mujer europea en ocupar un cargo ministerial. Buenaventura Durruti también participa en un mitin en Sariñena, pero lo hace desde el balcón de casa Frechinacha, que da a la plaza del ayuntamiento. En el edificio existe una bodega que, en tiempos de la guerra civil, es usada como refugio y en la pared de la entrada aparecía pintado “Refugio para 40 personas” (La guerra civil en Sariñena).

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Después de la guerra mucha gente compra los posos del café “el marro”, lo compra la gente más pobre para volver a hacer café. En el teatro actúan muchas compañías de teatro, una vez estuvo José Luis Ozores. La familia de Daniel Puyol  lo comienza a regentar en 1948. Daniel estudia en la escuela de hostelería de Madrid y lo ha regentado en la última época con su mujer María Josefa, hasta que en septiembre del 2012 echan el cierre definitivo.

La etnolingüista francesa Jeanine Fribourg se aloja en el hostal cuando pasa algunos veranos recorriendo las fiestas, anotando todo lo que veía y le contaban: «En cada vista estival traía regalos: fulares, colgantes… era muy generosa».

Mucha gente ha pasado por el Romea, un lugar muy especial que guarda muchas historias.

Gracias a Daniel y a María Josefa por abrirme las puertas del histórico y mítico cine-teatro Romea de Sariñena.

Pili Monter y el quejido monegrino.


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            Los Monegros siempre aparecen como un vasto territorio de escasa biodiversidad, de secarrales, yermos y vacíos horizontes. Al igual sucede con su cultura, etnografía, tradiciones… y especialmente con su música; pero nada más lejos de la realidad, pues Los Monegros poseen una extraordinaria riqueza que continuamente hemos de ir redescubriendo.

            Para conocer su gran riqueza y biodiversidad, hacen falta personas excepcionales y una de ellas es la senense Pilar Monter, con quien nos adentramos en la música monegrina.

“Las tradiciones musicales de Los Monegros son muy, muy importantes para conocer la cultura del territorio. Y todavía es música muy desconocida, incluso dentro de nuestra propia comarca, falta mucho por hacer y por dar a conocer. Me di cuenta porque fui componente del grupo de música tradicional aragonés Chundarata” y dando conciertos por gran parte de Aragón, eché mucho de menos más música monegrina y lo mismo me comentaron algunos músicos, que valoran nuestra música como muy especial y de gran valor dentro de nuestras costumbres.”

Pilar Monter

Ganas de Vivir

            Pilar es una gran conocedora de la música de Los Monegros, una enamorada de sus melodías, que se sumerge en sus raíces y las renueva manteniendo su esencia y dotándolas de una nueva frescura que nos alegra el alma. Musicalmente es polifacética, toca el acordeón, laúd, guitarra, guitarrico, órgano y voz. Comenzó de pequeña de la mano del maestro José Guioni Levetti, quien acudía desde Sariñena para impartir clases de música en Sena. Pronto, su pasión por la música, motivó que ahondara en las raíces musicales de Los Monegros. Con los gaiteros senenses Eduardo y Carlos Plana, transcribieron músicas del dance de Sena, continuando el trabajó que inició mosén Rafael Gudel, cura de la localidad, que transcribió parte de la música del dance, publicada en la “Revista Aragón” en 1934. También el cura Miguel Hubed enseñó música y formó una rondalla de jotas en Sena.

Mosén Rafael Gudel el cura la Galinda (Dña. Marcelina), el “cureta” gracias a él: Allí se escucho la primera “radio de galena” , que se oía por medio de auriculares ,( como los mp3 de ahora… ) Allí se vio el primer cine, con una sábana blanca y todos sentados en las escaleras, dio clases de música para formar una orquesta. Allí, también, enseñó a tallar madera a jóvenes carpinteros. Por él, voces privilegiadas, que como siempre hay, había entonces en Sena, se hubieran educado para ser cantantes profesionales. Hizo gestiones para que el dance fuera a Londres, sacaba a cualquiera de un apuro arreglando una pendiente, un reloj o cualquier cosa. Desde allí proyectaba las expediciones a la masada Simoner a los graneros, a las valletas, etc, con hallazgos que tanto enriquecieron los museos de Zaragoza, Huesca y Lérida.

https://senaartistico.wordpress.com/la-abadia/

            En los últimos años cuando Pilar ha aprendido a tocar el acordeón y la podemos disfrutar junto al grupo de música tradicional de “Xixena”.  El grupo fue creado en el 2001 y va haciendo escuela en la localidad monegrina, enseñando a tocar la gaita de boto, dulzaina y percusión, -¡hay más de 5 jóvenes gaiteros en Sena!-. Mantienen una gran actividad cultural y musical, acompañan los gigantes y cabezudos de Sena y han recuperado la tradición medieval de homenajear, con “bailes y danzas”, a los Reyes de Aragón enterrados en el Panteón Real del Monasterio de Santa María de Sigena, para la Pascua de Navidad.

            Además, cuando Pilar trabajaba en Barcelona, formó parte del grupo de música tradicional aragonesa “Chundarata”, formado en la Casa de Aragón en Barcelona. Actualmente canta albadas y coplillas de Sena para las fiestas del 15 de agosto, las fiestas patronales y santa Quiteria. –Es el folclore más antiguo, los celtas e iberos despertaban con cánticos los días de fiesta.- Ha recogido músicas de Los Monegros y algunas las ha adaptado, es el caso de “Mambo Monegros”, -Es una forma de dar a conocer las músicas y letras de monegros-.

 -La música de Los Monegros parece igual que el paisaje, como bestia y a la vez dulce, fuerte y a la vez sensible, alegre y a la vez puede ser triste… según los expertos es una música que varía repentinamente de un tono mayor a uno menor, “El quejido monegrino”-. 

Pilar Monter 

            Para conservar la música son importantes las grabaciones, hay una gran riqueza: nanas, canciones de bodega, cantos de capilla, tonadas, letras pastoriles… -hay letras preciosas-. Aún queda mucho por descubrir, valorar y dar a conocer, comenta Pilar Monter.  Pasacalles, bailes de palos, de espadas, de espada y broquel, de cintas, de castañuelas, los ofertorios, las despertaderas, los romances o coplas, los cantos corales al son de la gaita, rogativas, gozos, salves, cantos de hoguera, canciones de cuna, infantiles… en definitiva, Los Monegros poseen una magnifica tradición musical que, en personas tan imprescindibles como Pili Monter, vuelve a expresarse  y a inundar los diversos lugares monegrinos con su quebrado quejido monegrino.

Los últimos esquiladores


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         El otro día, charlando  con A. R. M. talabartero de toda la vida,  contertulio impenitente y conocedor de mil historias, me comentó de pasada  un asunto relacionado con las caballerías de Sariñena. Su comentario  me dio pie para indagar sobre los últimos esquiladores que hubo en nuestra villa. Para completar este asunto necesité de otros conocidos tertulianos como José B. S., en otro tiempo contumaz viajero nacional e internacional y Agustín A. A. reputado ganadero de El Tormillo. Entre estos y otros espontáneos abordados en los mentideros más soleados de la localidad (a los que debo de agradecer su implicación), me suministraron  suficientes datos como para pergeñar  un  ilustrativo artículo de etnografía monegrina.

        Allá por los años cincuenta, los burros, machos y mulas abundaban en las zonas rurales de este país. La precaria mecanización nacional hacía de estos  animales sujetos imprescindibles para la realización de las tareas agrícolas. Los cuidados que necesitaban eran mínimos, no obstante, era necesario tenerlos bien atendidos aunque sólo fuese por puro practicismo. Entre las incomodidades estacionales que padecían estas caballerías estaban las que les podía conllevar un exceso de pelaje, o sea, calores, suciedades y parásitos.  Para solventar este problema había en Sariñena cinco personas que  ejercían el antiguo oficio de esquilador. Estos  eran:  Pedro Peralta Royo y sus hijos  Pedro y José, (todos de casa  Chapi) y el tándem formado por Antonio Peralta Royo (apodado Matietas) y su socio José ¿Peralta? de sobrenombre Huesetes.  A pesar de las coincidencias en  nombres y apellidos, parece ser que sólo los tres primeros tenían parentesco entre sí, como ya he reflejado.

         Los cinco eran diestros con los utensilios propios del oficio, a saber: tijeras de distintos tamaños, maquinilla manual, una rasqueta acanalada de metal  para eliminar la porquería que generalmente se adhería al pelo y dificultaba el esquile y un cepillo para dejar perfecto al animal.

          Su lugar de trabajo estaba en la misma calle en la que vivían. Los primeros lo hacían en la Ronda San Francisco, enfrente de donde hoy está el baile del casino y los segundos en los comienzos de la calle Miguel Servet. Esta actividad, al ser de temporada, sólo era un complemento económico para las personas que la ejercían.

       Si el animal era tranquilo o no tenía cosquillas, no se tomaba ningún tipo de precaución, pero si era nervioso o “guito” había que atarle las patas con una “traba” o incluso ponerle el “torcedor”  en la boca  (un artilugio de madera con una cuerda en forma de asa en un extremo con la que se cogía el morro del animal y se tensaba con el palo). Este artefacto podía producirles  mucho dolor si se movían.

          La mejor época para el esquileo de los animales era en primavera y se les arreglaba, especialmente,  crines, colas y lomos.  Primeramente dibujaban con una tijera más pequeña una “rayeta”  para separar el lomo de la panza con el propósito de delimitar la zona esquilable. Con otra tijera de mayor tamaño “hacían” las crines y las colas y con la maquinilla el lomo.  Se evitaba esquilar demasiado ciertas partes del cuello, ancas y barriga con el objeto de minimizar el roce con el collerón o las cinchas. Y también  se les dejaba en el nacimiento de la cola un “floco” o flequillo. Algunos esquiladores solían perfilar cualquier tipo de dibujo como marca de la casa a modo de firma, generalmente en la culera.

        En un burro esquilado exclusivamente a tijera se podían emplear aproximadamente dos horas.  Con la llegada de las maquinillas  manuales a principios de siglo XX el tiempo se redujo a la mitad.

         Las nuevas mecanizaciones terminaron con la preponderancia animal en el campo y de aquel millón de burros que había aproximadamente en la España de los años cincuenta, se han quedado en unos sesenta mil en la actualidad, por lo que pueden ser considerados animales en peligro de extinción. Y la escasa demanda de esquiladores hizo que la mayoría se dedicara a otra cosa.

     La sabiduría popular ideó numerosos refranes para estos inteligentes, fuertes, resistentes, pacíficos, amigables, a veces tercos  y siempre denostados animales. En ningún caso, dichos refranes hablan de agradecimiento por la ayuda que prestaban o alababan sus cualidades. De mulas hay varios con tendencias machistas  y de esquiladores sólo recuerdo uno.

-Ponerse como el chico del esquilador.

-A la mujer y a la mula mano dura.

-A la mujer y a la mula por el  pico se les va la hermosura.

-Burro mal “esquilau” a los siete días “igualau”.

-El que a bodega va y no bebe, burro va y burro viene.

-Después de burro muerto la cebada al rabo.

-El burro delante “pa” que no se espante.

-El burro busca a otro burro “pa “ rascarse.

-Quien a burros favorece, “cosa” merece.

-Para las cuestas de arriba quiero mi burro,…

-Bien sabe el burro en que casa rebuzna.

-A burro viejo no le cambies el camino.

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           En cuanto al esquileo de las ovejas era trabajo de cuadrillas forasteras provenientes de Teruel o Soria. En algunos lugares como por ejemplo en El Tormillo un mismo esquilador local se hacía toda la cabaña.

         El último profesional de dicho pueblo fue Juan José Solano, era tal su destreza que podía esquilar entre cincuenta o sesenta ovejas por jornada, incluso una vez llegó a las ciento una, batiendo todos los record conocidos. Recuerdan sus convecinos que el pobre Juan José se fue a casa después de aquella dura jornada encorvado y sin poder enderezarse.

           En El Tormillo el sistema de pago se hacía por medio de igualas, como las que cobraba el barbero y que subían anualmente a una anega de trigo. Este pago daba derecho a afeitarse todos los sábados del año, por lo que ese día había cola durante buena parte de dicha jornada.

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       El descubrimiento de la ganadería sucedió en la época prehistórica denominada Neolítico. Antes de llegar a este hito social se domesticaron: el perro hace unos 9.500 años,  la oveja 9.000 años atrás, el jabalí (cerdo) 8.000 años y el burro  hace unos 7.000 años.

      Durante la etapa siguiente, la llamada Edad del Bronce se fabricaron numerosas herramientas de dicho metal y una de ellas fue precisamente las tijeras con las que se comenzó a esquilar a animales y personas. Estaban hechas de una sola pieza y no fue hasta el siglo XIV en que se  inventaron las de dos piezas.

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          La mecanización en la Sariñena de antes de la guerra era muy débil y sólo en casas muy ricas se podía ver un tractor oruga que funcionaba con petróleo o algún que otro artefacto con ruedas de hierro. A finales de los años cuarenta la casas fuertes de Sariñena disponían de los siguientes tractores:  Gilaberte un Renault, Regaño un Renault, Guillén un Volvo, Budios un Volvo, Sobella un Volvo, Torres  un Deutz, un Ford y un Fendt, Castanera un Farmall y un Minneapolis Moliné, Blanco un Deutz, Conte un Ford, Ariste un Volvo, Paraled (Sabineta) un Massey Harris Pony y posteriormente un Lanz de 95 caballos, Portera un Normag, Gaspar un Normag y Dupla un Man.

      Con la llegada de Nivelcampo en 1956 se le dio el verdadero empujón a la “tractorización” local y comarcal puesto que algunos agricultores aprovecharon la ocasión que se les brindaba para comprarse tractores y trabajar arrendados en la citada empresa. Posteriormente, con su desaparición en 1962, Nivelcampo  se deshizo de los tractores propios vendiéndolos a excelentes precios, muchos agricultores de la comarca se hicieron con alguno. El precio de venta de los de menos caballaje fue de 20.000 pesetas (unos 123 euros) cuando uno nuevo estaba valorado en 250.000 pesetas  (1.500 euros).

                                                                                                   Manuel Antonio Corvinos Portella

 

 

LA CASA DEL GASTO Y OTROS ASUNTOS DEL DANCE


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Danze de Sariñena, fotografía de Pilar Laín.(Pilarlainphotoblog)

  Conversando  con Domingo Lana y  Daniel Mir me comentaron ciertas actividades que el grupo del dance realizaba en otros tiempos y que, por unas u otras razones, se perdieron a finales de los años sesenta. Como la que se realizaba la víspera de la fiesta cuando algunos danzantes solían ir de madrugada al huerto de los “Pomar” a comer higos acompañados de una buena tajada de pan.

   También el día 2 de septiembre, después de honrar a San Antolín, se  recorrían los barrios más antiguos de la villa  recogiendo con unas canastas lo que los vecinos les regalaban, a saber:  tortas de cucharada o de las de fiesta (éstas las llevaban ensartadas en sus espadas), también madalenas, enfarinosos, chorizos, longanizas o dinero que llevaban ostentosamente en una bandeja y que se utilizaba para renovar el material propio del dance; incluso, en algunos casos muy celebrados, recibían algún cordero de alguna casa “pudiente”. Y, de vez en cuando, se refrescaban con el vino de un porrón o de una bota.

 También se perdió  la antigua “Casa del Gasto”, que aunque llamada de esa forma genérica, el apelativo correspondía a una sola dependencia ubicada en alguna casa de algún danzante veterano. Allí se reunían el segundo día de la fiesta para dar buena cuenta de todas aquellas viandas que los danzantes habían recogido el día de San Antolín, igualmente se utilizaba para guardar cosas propias del dance

  Cuenta Daniel que en casa de su abuela Francisca Laín Carrasquer (de ahí viene el mote Carrasco) de la avenida de Goya estuvo la Casa del Gasto durante siete años También se ubicó durante muchos años en casa de Elías Capitán (Pierretes).

  Como anécdota curiosa cuenta Domingo la que les ocurrió a Antonio Torres, Domingo Lana y Manuel Berdún cuando se trasladaron a Toledo a comprar espadas y alfanjes. Llevaban la dirección de una contrastada fábrica de armas medievales y hacia ella se dirigieron. Al preguntar por el precio se llevaron una desagradable sorpresa puesto que les pidieron por las espadas de acero una cantidad inasumible para el presupuesto que manejaban  y dada la calidad y similitud con las auténticas debían pedir permiso a Gobernación cada vez que fueran a usarlas. No queriendo regresar de vacío decidieron buscar algo más económico y preguntaron dónde podían adquirirlas más baratas. Les indicaron una tienda del centro turístico de la ciudad y se fueron hacia el comercio indicado. Después de realizar la compra regresaron a Sariñena. Llegado el día de San Antolín, salieron los danzantes a las puertas de la iglesia con sus flamantes espadas y alfanjes y al comenzar las mudanzas y en el entrechocar de los aceros empezaron a “brincar” por los aires las guardas de aquellas económicas armas  y ante tal situación ya no se fiaron y decidieron continuar con  los viejos y gastados sables.

   Después del paréntesis de la Guerra Civil, el dance se retomó en 1940  y como primer mayoral ejerció Martín “el Donato” y como rebadán Antonio Susín.

   Me contó Domingo que en los años de la  posguerra se debía cumplir cada año con la normativa vigente, que no era otra que la de pedir permiso a la Guardia Civil para poder utilizar las espadas y los alfanjes, si descontextualizamos el dato podría parecer una extraña petición, pero pensemos que eran tiempos posbélicos.  También  me dijo que los danzantes  tenían la costumbre de salir a danzar en la procesión del Corpus.

      Entre los autores de los dichos recuerdan a  Martín “el Donato”, Antonio Susín, Domingo Lana, Tito Torres y los actuales Jaime Martín y Luis  Blecua.

 

                                                                              M.A. Corvinos Portella.

Manuel Antonio Corvinos Portella, “Cronista de Sariñena”.


Manuel Antonio Corvinos Portella es un escritor que recoge la actualidad sariñenense, un cronista moderno que plasma lo más relevante que sucede en la villa monegrina. Con gran acierto, relata los diferentes acontecimientos, aportando análisis y opinión en su singular sección de “El Observatorio”, en las páginas de “Quio, revista de Sariñena y Los Monegros”. Sin duda, bien lo podríamos nombrar “Cronista Mayor de la Villa de Sariñena”.

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Manuel Antonio con la cerámica del 10º aniversario de «Os Monegros».

Manuel Antonio Corvinos Portella, “Cronista de Sariñena”

      Natural de Sariñena, de casa Corvinos, estudió en las escuelas nacionales y en las monjas de Sariñena, luego marchó a Huesca donde cursó bachillerato y los estudios de magisterio. De familia de comerciantes, sus tíos Emilio y José Portella poseían dos tiendas de ultramarinos, donde Manuel Antonio pasaba los veranos y vacaciones. Ha ejercido de maestro en 24 pueblos de Aragón, Cataluña y Andorra, todo un maestro rural que por tierras monegrinas ejerció 9 años en Cartuja de Monegros y 17 años en Sariñena de forma discontinua. Con sus alumnos de la antigua E.G.B. hacían revistetas para cada clase y les ponían nombres en aragonés como “tremoncillo”. Con los alumnos de la escuela del pueblo de la Cartuja de Monegros editaron la revista escolar “Monegros Norte”. También llegaron a hacer programas de radio en la emisora local que instalaron en el ayuntamiento sariñenense, “cada viernes realizábamos un programa radiofónico”.

“Manuel Antonio Corvinos Portella es una de esas personas que cuando va por la calle todo el mundo para, para preguntar, para saludar o simplemente para contagiarse de esa luz que durante su vida ha sido capaz de crear, superando obstáculos y pruebas que a otros nos parecen insalvables…y que siempre, cuando te lo encuentras, te mira de frente….y sonríe….”

Marga Bretos.

Manuel Antonio, 40 años de maestro

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Manuel Antonio en el diario del Altoaragón.

     Empezó a escribir a principios de la década de los 80: “Cuento lo que veo y lo que vivo”, dando sus primeros pasos en la revista “Quio”, con la sección de “El Observatorio”, toda una seña de identidad. Siempre aparece en las últimas páginas, como colofón de la revista, aunque muchos la comienzan a leer al revés. “El Observatorio” lleva apareciendo desde el número 60, publicado en septiembre de 1998. Pero su actividad va mucho más allá, en la revista nunca faltan sus apartados de fotografías: “Sariñena hoy” y “Fotos para el recuerdo”, un trabajo ingente que la gente espera con ilusión. A lo largo de los años ha escrito artículos de lo más variado, con sus series de “Callejeando por Sariñena” describiendo el origen de los nombres de las calles, “Historia del C.D. Sariñena”, “La cocina de nuestras abuelas”, “La aventura de la vida”… elaboró el “Vocabulario aragonés monegrino” y ha publicado escritos en aragonés en el apartado “Fuella d´Aragonés”, como el cuento “Nuei de bruxas i demonis”. Disfruta entrevistando a personas que nos trasladan a otros tiempos y las publica en las secciones de “Historias en tiempos difíciles” y “Oficios desaparecidos”, que las podemos disfrutar en esta web en la ventana de “Etmografía”. Recientemente ha motivado la recuperación de la hoguera de San Antón y es responsable del insuperable ponche de navidad que anima el Belén viviente de la localidad.

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«El Obseravatorio»     Quio nº 60

“Escribir en la revista “Quio” satisface y realiza intelectualmente y culturalmente. Cada vez que se escribe, exige investigar, hablar con la gente, algunas hay que buscarlas y otras acuden para comentarte hechos e inquietudes. La revista es parte muy importante de Sariñena, es una revista del pueblo, de la gente y a la vez la gente es participe y protagonista de la revista, que por suerte cuenta con una gran aceptación y de suscriptores. Actualmente Sariñena goza de una excelente actividad cultural, a la revista le han seguido diversas actividades, ciclos, tertulias, páginas digitales y una editorial”.

     Manuel Antonio sobretodo es un gran maestro de la sabiduría popular, de su pueblo y sus gentes, de gran bonhomía y familiaridad, siempre muy cercano y comprometido con Sariñena. Personalmente, siempre le he de estar muy agradecido por su ayuda en mis comienzos en el mundo de la etnografía y del aragonés, por su apoyo y consejos, por las empresas emprendidas y por las que están por venir y ante todo por su amistad. Desde el proyecto “Os Monegros” es todo un lujo contar con su colaboración y por ello es un honor reconocerle en este décimo aniversario. Pero para todos los sariñeneses, Manuel Antonio es y será aquellas páginas que buscamos cada vez que recibimos la revista “Quio”, de nuestro día a día, de todos nosotros y como decía Marga Bretos, una persona que cuando va por la calle «te mira de frente y sonríe…» ¡gracias a Macp!: el “Cronista Mayor de la Villa de Sariñena”.

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EL ABUGUERO DESEADO


 

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Abuguero (Pyrus cordata sp.)

 

   Corrían los primeros años de la década de los cincuenta, cuando sucedió esta insólita historia que nos da idea de cómo se solventaban ciertos asuntos en  aquellos rígidos tiempos.

   Pues ocurrió que existía un famoso abuguero situado un poco más abajo de la antigua Casilla Roja. Buena parte de la población juvenil le tenía echado el ojo a aquellas peretas jugosas y dulces de escasa carne y delicioso sabor que aquel árbol tenía a bien producir para gozo de los dueños y de la chavalería.

  El deseado árbol  pertenecía, por aquel entonces, a la adinerada familia Castanera.

  Vamos al grano…, un día, después de salir de las nacionales los mozalbetes decidieron en conciliábulo predemocrático (o sea lo que decretaban los que más mandaban) que merecía la pena hacerle una visita.

   La “arriesgada” empresa mantendría viva la llama de la aventura,  generaría la consiguiente emoción que lleva la transgresión venial  de las normas y, al mismo tiempo, endulzaría aquella tarde de verano sin tele, Internet, piscina u otras actividades variopintas que años después arrasarían desde la abundancia.

  Pues eso…, púsose en marcha la “turbamulta” en alegre  peregrinación a merodear por los aledaños del “árbol del paraíso”. Libres de las exigencias escolares, tardes eternas de aprendizajes difíciles, quemaron adrenalina corriendo como almas en pena en busca de la luz hasta la Casilla Roja. Allí pararon y vigilantes, se aproximaron al lugar del expolio una veintena de chavales. Al no ver “moros en la costa” se metieron en faena y empezaron a comer. De pronto y sin saber por dónde, apareció el guardia Millera y sorprendió in fraganti a la “facción del abugo” que quedó paralizada por unos instantes, los suficientes para que,  a ojo de buen cubero, el guardia anotara mentalmente el nombre, apellido o mote de los componentes de aquella “peligrosa banda”.

    Al día siguiente mozalbetes  y familiares fueron citados en el Ayuntamiento que presidía el alcalde Medina. Después de separar a los buenos de los malos, el munícipe dictó sentencia salomónica y ejemplarizante, pues dictaminó el aislamiento de la banda durante un largo fin de semana en las Escuelas Nacionales.

   Me contaron que era tal el aislamiento que, incluso, tenían que mingitar a través de los barrotes de las ventanas que daban a la calle del Muro, aunque de esto último no estoy seguro de su verosimilitud y más parece que forme parte de las leyendas que generaron aquellos “héroes” de los tiempos oscuros.

 Manuel Antonio Corvinos Portella

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE MARIANO GRAÑÓN “EL VIDRIERO”


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 Iniciada la guerra y debido a los bombardeos pasábamos más tiempo en el monte que en el pueblo. Allí intentábamos normalizar, en lo que cabe, nuestra vida diaria, pero cuando oíamos el sonido ronco de los motores recogíamos hasta la ropa que mi madre ponía a secar para no dar pistas a los temibles aviones. La medida de  ir a vivir al monte, que tomaron mi familia y otras de Sariñena, fue acertada,  puesto que uno de esos días de bombardeos, cayó una bomba en nuestra casa de la calle del Saco (maestro Justo Comín) y haciendo un boquete en el tejado, atravesó la casa y aterrizó en la planta baja, no explotó de milagro. Enseguida se hicieron cargo de la indeseable ocupa los artificieros del ejército.

  Conforme se acercaba la guerra a nuestro pueblo, el miedo se iba adueñando de mis hermanas, sobre todo por las noticias que llegaban de violaciones por parte de las tropas moras de Franco. Así que convencieron a mis padres para irnos a vivir a Barcelona. Cogimos el carro y las mulas, cargamos lo que pudimos e iniciamos aquel extraño éxodo familiar hacia Cataluña. Con mis tres años de edad, aquel viaje fue una mezcla de aventura e intranquilidad difícil de calibrar.

 A la altura de Sena nuestra perra Viola no debió ver el asunto nada claro y se dio la vuelta. Seguimos nuestro particular viaje por la carretera de Fraga. Al llegar al cruce que está cerca del pueblo de Ontiñena giramos a la izquierda y cogimos la vía que nos llevaría a Alcolea, Albalate, Esplús, Binéfar y Tamarite. No recuerdo cuantos días estuvimos viajando, pero debieron pasar entre tres o cuatro cuando entramos en Cataluña y paramos en el pueblo de La Sentiu. Allí mi padre decidió vender las mulas y el carro por un dinero de la república que pronto dejó de tener valor legal y que aún guardo como recuerdo de unos tiempos verdaderamente duros. En aquel lugar de Lérida había un pequeño horno vecinal en el que mi padre aprovechó la ocasión e hizo pan para lo que quedaba del viaje. Al día siguiente cogimos el tren en Balaguer y nos dirigimos a la capital catalana.  Llegados a la ciudad condal mi padre encontró trabajo, con ayuda de unos familiares, en una fábrica de Barcelona y en ella permaneció durante los dos años siguientes. Mi hermana se puso a coser uniformes del ejército y a mi otra hermana y a mí nos metieron en un colegio a media pensión.

  Recuerdo que aquellos maestros me enseñaron una canción que aún me viene a la memoria después de casi ochenta años.

  Pasados los dos años del exilio regresamos en tren sin nada de nada en las maletas. Llegamos a Sariñena y fuimos directamente a nuestra casa, pero… nos llevamos la desagradable sorpresa de que estaba ocupada por una familia del pueblo. Nos dijeron que se había corrido la noticia de que un avión había lanzado una bomba contra el carro y que habíamos muerto todos. El caso es que tuvieron que desalojar nuestra casa y ya nunca más les volvimos a hablar.

  La nota emotiva la puso nuestra perra Viola que nos reconoció enseguida, se llevó una gran alegría y no se quiso marchar con los ocupas.

 Mi padre empezó de nuevo a trabajar como panadero y poco a poco fuimos saliendo adelante.

  Me contaba mi abuela, Manuela Vicente Grañón, que los domingos preparaba  en su casa merienda para una treintena de mozos y que después se iban todos al baile que había en el casino de la casa palaciega de la calle del Sol (ahora Javier Ugarte). Precisamente hubo una anécdota política, propia de aquellos tiempos, ocurrida en aquel casino. Me contó mi padre que cuatro republicanos de antes de la guerra, se empeñaron en la barra del dicho bar, que ese año iban a parar la procesión de San Antolín cuando pasara por la puerta del casino. Llegado el momento salieron a efectuar lo planeado, pero al percatarse de quiénes llevaban al santo, dieron marcha atrás y no llevaron a cabo su “hazaña”. Los portadores del santo eran personas serias y respetadas como Mariano Conte, Vicente Romerales y dos cofrades más que no recuerdo sus nombres.

   Estas historias me las relató Mariano Grañón Rodés (reputado panadero, famoso por sus empanadones, tortetas de cucharada, magdalenas y otras exquisiteces de horno) mientras nos tomábamos un café en una terraza de un conocido bar de la villa una mañana muy calurosa de mediados del mes de agosto del año 2015.     

                                                                           

                                                                         Manuel Antonio Corvinos Portella

 

La memoria del hambre


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La memoria del hambre es la historia de esta árida tierra monegrina, de escasas precipitaciones y malas cosechas, de duros trabajos y de emigración a las grandes urbes. La llegada del regadío ha transformado el medio y nuestra nueva forma de vida deja atrás el hambre, la sed y su memoria, que hoy se asoma para no olvidar de donde venimos y quienes somos.

Además del cultivo del trigo y la cebada, en esta tierra, el panizo nos ha ayudado a sobrevivir; a pesar de su principal producto, el grano, su aprovechamiento abarcaba toda las partes de la planta: la “cascarota” para hacer colchones, el pelo de la “panocha” o “panota” pa infusiones para las infecciones de orina y con el “zuro” y las “cañuflas” s´hacía fuego. En las hogueras se quemaba todo lo que se podía, pues la leña en esta zona escaseaba, se aprovechaba la paja y hasta las “antostas”, el fiemo seco de las cuadras. Cuando aparecían los pelos negros de la panocha, se “espuntaba” el panizo por encima de la panocha y con lo replegau s´hacían fajos para alimentar al “vacumen” (conjunto de ganau vacuno).

La leña la bajaban las gentes de Lanaja desde la sierra d´Alcubierre; de Castejón y Pallaruelo de Monegros traían romeros para vender o cambiar por remolacha o patatas. Alguna casa rica del lugar compraba al año un par de carretas de fajos de romeros y los repartía entre las gentes más necesitadas.

En la festividad de los animales se celebraban las hogueras de San Antonio, ningún animal realizaba faina alguna y las caballerías se quedaban en las cuadras; hasta la Guardia Civil amonestaba a quien hacía trabajar a un animal. En las hogueras se bailaba y se cantaba, en cada barrio s´hacía una hoguera y se asaban patatas. Era la fiesta de las caballerías, los agüelos prendían la hoguera, se sentaban arredol y regañaban a los zagales que enredaban con la hoguera. Un día de fiesta, de descanso, de güen vino y güena compañía.

Con el panizo royo se obtenía la harina con las que se elaboraban las farinetas, alimento básico al igual que la salvadora patata. Las tostadas de vino y azúcar fueron un gran aporte nutricional para los zagales y zagalas de nuestra tierra, ¡toda una gran merendola!.  S´ha comido de todo, verduras que en otros lugares se despreciaban, aquí han sido y son un manjar, como las borrajas y los cardos. Igual ha sucedido con las tripas y vísceras: chiretas, cabezas de cordero, sesos, libianos, madejas… lo que antaño era una necesidad, aura la casquería forma parte de la alta cocina. Lagartos, gurriones fritos, serpientes, tordos e incluso rabosas servían de alimento.  El hambre ha empujado a las gentes a sobrevivir, al furtivismo en la caza, al estraperlo e incluso al bandolerismo, muy célebre en nuestra comarca por la cuadrilla del Cucaracha.

Los huesos del muladar de la Laguna eran cambiados por naranjas. Por la laguna se juntaba el ganau de diferentes casas: vacas y ovejas eran pastaus por los guayateros (encargaus del rebaño común). Muchos zagales iban a buscar, con cantaros de leche, el caldo de cocer las bolas y butifarras de las matacías de las casas más ricas y lo aprovechaban como apreciado caldo. Tamién se iba al Casino para comprar los “posos de café” que se aprovechaban para volver a hacer un café “una miaja flojer” en casa. En los hornos de pan, los zagales pedían algún corrusquer de pan, había un horno en la calleta, entre la casa de Juan Torres y Mariano Torres y otro cerca de la plaza de la iglesia.

De la “pastura”, que es un cocido pa los tozinos con salvado (cascarilla del trigo)  y patatas, recuerda Arturo Morera con los amigos coger algunas patatas antes de que bulcasen el caldero en la zolleta.

Algunas mujeres acudían a las vías del tren a recoger el carbón quemado “cagacierros”, que los maquinistas arrojaban a la vía. Aquellas mujeres daban tanta pena que los maquinistas tiraban alguna que otra vigueta de carbón (carbón sin quemar), que se la disputaban aquellas sufridoras mujeres y que incluso alguna de esa disputa, por la necesitada vigueta, acabó a puñetazo limpio. Las mujeres llenaban pesados sacos que transportaban sobre sus espaldas caminando hasta Sariñena. Muchas portaban el saco sobre su cabeza, llegaban agotadas, negras del carbón, con el miedo a ser interceptadas por la Guardia Civil y les fuera incautada su precaria subsistencia. Muy dura fue la época de la postguerra, de un hambre horrible y una represión terrible. La dignidad de la supervivencia y la lucha de aquellas mujeres es un ejemplo, una memoria, la nuestra, la de nuestro pueblo que no se ha de olvidar.

Zagales y zagalas recibían como “Cabo d´año” un higo seco con una almendra dentro, tamién se hacían collares “zerollos” o “collares zerollicos”, en una cuerda iban poniendo los higos secos con la almendra hasta formar un collar, asinas que, poquer a poquer, se lo iban comiendo.

Muchas gracias a todas las personas que comparten sus recuerdos, aquí quedan plasmados en nuestra revista “Quio”, contribuyendo a recuperar nuestro pasado reciente, de una gran sabiduría de la que es un placer ir aprendiendo. Muy especialmente, gracias a Simone y a los Migueler (padre e hijo)  por abrirme el arcón de los recuerdos de la cadiera monegrina, que no se cierre y olvide nuestra memoria, de la que muchos y muchas, siempre nos sentiremos orgullosos.

Zancarriana w

Los Pierretes


Los Pierretes

 *Foto: Antonio Susín, Carmen la Pomara y Elías Capitán.

      Elías Capitán Inglán, apodado “Pierretes”, debido al amor que su padre José Capitán tenía a los animales, fue “General” del Dance de Sariñena. Elías participó durante muchos años en la representación del duelo entre “Moros y Cristianos”, interpretando al General cristiano. Así aparece elegantemente inmortalizado en una fotografía  de 1940, con un traje militar de alto rango. Su hermano Vicente Capitán Inglán (1899-1967), fue un conocido gaitero del Dance de Sariñena. Vicente aprendió de Sixto Lana “El Rey”, de quien, además de transmitirle su arte, heredó su gaita. Vicente fue huertero, cestero y pregonero. Con la trompeta anunciaba el pregón de asuntos varios del ayuntamiento o anunciaba la presencia de vendedores ambulantes y tocando un tambor anunciaba el pregón sobre asuntos del sindicato de riegos. Vestía un característico traje negro de pana y con su mujer Mónica, con quien hacía las cestas, tuvieron dos hijas, Ilumina y Consuelo.

     Elías Capitán trabajó un pequeño huerto de arriendo por los bancales de Portera, tejía cañizos y blanqueaba con cal. Las brochas las hacía con pelo de burro, triaba el pelo bueno y lo fijaba a un palo con un “modroño” en la punta, con liza iba atando los manojos de pelo hasta formar la brocha. Por aquellos años, Elías y Morcilla eran los únicos blanqueadores del lugar. Para blanquear por lo alto ataba la brocha a una caña. «Pintaba por unas 25 pesetas la habitación» recuerda su hija Josefina Capitán. Josefina es una de las tres hijas de Elías, junto a María y Cristina, y nos ha recibido amablemente en su casa. Mira al pasado con la nostalgia de una época dura, pero en la que se respiraba mayor conciencia de pueblo, más unidad y vecindad: “las puertas de las casas estaban abiertas y nadie entraba”.

     Josefina con sus hermanas tenían que ayudar a su padre, primero era comer antes que la escuela, aunque trataban de faltar lo menos posible. Madrugaban para ir a pelar las cañas y con una hoz las iban pelando de arriba abajo. Su padre cortaba y hacía los fajos de cañas, los tapaba por la noche con las hojas para que no cogieran la rosada y al día siguiente las pelaban. Los cañizos se los compraba Basilio el albañil, a 1,25 pesetas el cañizo. A la hora de comer llegaba su madre con la comida y se la comían en el mismo tajo, con suerte alguna sopa de patetas o de alguna cabeza de cordero. Entre risas, Josefina cuenta la extrañeza que su padre se llevaba al percatarse que a las sardinas de cubo “guardia civiles”, compradas en casa Ancho, siempre les faltaban los ojos, pues Josefina se los comía en el trayecto de vuelta a casa.

   Para las fiestas se mataba un tocino y pollos tomateros, que eran pollos muy tempraneros. Criaban conejos y con una jadeta, Josefina, iba a buscar hierba para criarlos. En casa hacían sogueta, respigaban almendras, arrancaban lino, iban a buscar carbón quemado a la estación para calentarse e iban a comprar romeros que traían de Castejón de Monegros: “amadruga, que te darán los mejores”. Josefina nos recuerda la forma de hacer las criadillas, que las considera mejor que los sesos, para cocinarlas les quita la piel y las hierve un «poquer», las apaña con un poco de aceite y ajo y listas para comer. Con las tripas de cordero hacían sopa, las tenían que lavar muy bien. La forma que tenían para limpiar las tripas era dejarlas a remojo con cal en polvo y al día siguiente se rascaban dejando las tripas limpias y blancas. Muchas personas iban a su casa a comprar cal para limpiar las tripas.

     Gracias a  Josefina Capitán por abrirnos la cadiera monegrina de los recuerdos, siempre un placer aprender de la gran sabiduría popular. Y también gracias a Manuel Antonio Corvinos porque, como siempre, ayuda y hace disfrutar de la aventura de viajar a las raíces de nuestra tierra monegrina.

     * La cal la elaboraban utilizando los hornos que se encuentran en el antiguo puente de Santiago sobre el Alcanadre en Sariñena. (Ampliada la información el 11/11/2014).

Publicau en Os Monegros el 20 de octubre del 2014.

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